La ley de la calle

El Ayuntamiento trata de poner coto a las conductas incívicas con la aprobación de un texto normativo que sanciona desde tirar cáscaras al suelo hasta la práctica del en la calle

la crónica/Sebastián Sánchez | Actualizado 02.10.2010 – 07:15

Tras años de análisis, debate y reclamaciones, Málaga tiene ya una norma sobre qué se puede o no hacer en los espacios públicos. Algo así como el dicho infantil de ‘esto no se hace’. Una especie de ley de la calle con la que evitar que la calle se convierta en una jungla. No tire cáscaras de pipas en la vía pública, ni se le ocurra orinar ni defecar en la misma y, por supuesto, eso de practicar sexo a menos de 200 metros de viviendas, colegios u otras instalaciones, nada de nada. Porque si se le ocurre eludir todas estas consignas, debe saber, vecino de Málaga, que el Ayuntamiento le multará.
Y lo hará, según se mire, con cierta severidad. Sin ir más lejos, si le pilla una pareja de la Policía Local sin poder refrenar su lascivia, le pueden caer, al margen de la vergüenza del momento, una sanción de hasta 1.500 euros. Son los números que ponen severidad a la recién aprobada ordenanza cívica con la que el equipo de gobierno del PP (se quedó solo en la votación realizada en el último Pleno) busca poner coto a los comportamientos inadecuados y poco educados de algunos ciudadanos.
Pero este texto normativo no se queda en eso, puesto que da un paso más en la idea de regular la prohibición del ‘botellón’, así como de la venta de alcohol de los establecimientos más allá de la zona autorizada para ello, y, por supuesto, actos vandálicos como la realización de grafitis, pinturas y daños a mobiliario, situaciones que en ciertos puntos de la urbe se han convertido en habituales.
Acciones todas ellas que ya venían siendo objeto de la atención y la vigilancia municipal pero que ahora, a modo de cajón de sastre, se reúnen en un solo texto normativo. ¿El objetivo? Hacer de Málaga una ciudad más cívica, enseñando el camino a aquellos que se han desviado del mismo con su comportamiento. Entre las conductas a las que se quiere poner coto está la mendicidad o la práctica de juegos que puedan entrañar un peligro físico para los transeúntes, como las acrobacias con bicis, patines o monopatines (hasta 750 euros de multa).
No obstante, esta ordenanza ha pasado a ser conocida por la mayoría de los vecinos como la norma con la que prohibir la prostitución callejera, una lectura incompleta y limitada de la misma. De hecho, en las 23 páginas que componen la citada ‘ley’ municipal, solo un artículo, el 36.5, se refiere a esta materia. «Se prohíben las prácticas y el ofrecimiento, solicitud, negociación y aceptación directa o indirecta de servicios en la vía pública cuando estas prácticas afecten a la convivencia ciudadana», dice.
Los técnicos responsables de su redacción han optado por acotar esa zona de afección a los espacios situados a menos de 200 metros de centros docentes, educativos, parques infantiles, zonas residenciales… Limitación con la que el Ayuntamiento quiere sacar la prostitución del centro y de los polígonos industriales. Y, al tiempo, dar respuesta a la continua reclamación de los vecinos y empresarios que a diario se topan con esta imagen a las puertas de sus viviendas y naves industriales.
El problema al que se enfrenta la iniciativa, según reconocen varios juristas, es que la misma trata por igual a todo ciudadano que se encuentre en esas circunstancias, lo que es considerado como una medida que puede coartar la libertad. Si bien la ordenanza matiza que los agentes que detecten este comportamiento «informarán» a las personas responsables del mismo para que «desistan de su realización en el espacio público», dando paso a la sanción económica si se persiste en la conducta.
Las multas que se recauden por este motivo, que pueden oscilar entre los 750 y los 1.500 euros, se destinarán a sufragar programas municipales de ámbito social, de formación y empleo para las personas que ejerzan el trabajo y, en especial, a las que decidan abandonar su ejercicio.
Y es que, como bien decía el humorista José Luis Coll «un país habrá llegado al máximo de su civismo cuando en él se puedan celebrar los partidos de fútbol sin árbitros». De momento, en Málaga, parece que alguien tiene que tener prestas las tarjetas en el bolsillo y ése es el Ayuntamiento.
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Un comentario

  1. La única ley de la calle es por quién se arrodillan las aceras, por quién se resquebrajan los adoquines, por quién lloran las esquinas, por quién deambulan aquellas extrañas efigies que nunca se encuentran en las miradas de las que van de frente.

    La única ley que cruza de calle es la que no sabe medir, ni esperar, ni ningunear, ni reparar, ni siquiera mirar al espejocielojaulabrújularota. Existen leyes bajo cartones, en portalones, entre las veces y las heces. Leyes sin jueces, leyes sin veredicto, sin castigo y mugrientas.

    Leyes que piden respeto y otorgan un quicio, un delito, un pavor, un horror, un camelo, un trilero, un parque sin niños, una pelota huérfana, unas ancianas sin canas, una persiona grafiteada, un alarido entre andamios y una plaza cuadrada.

    Leyes que aguardan respuestas, pero las calles ya están calladas.

    Olvidando que para caminar basta con pararse a contemplar.

    La ley de la calle es la selva desalmada, donde los monos se calzan, se encorbatan, se relamen… donde las monas se buscan los meñiques, se pavonean, se buscan en el reflejo de un espejo.

    Donde nadie se parece a nadie y todos dejamos de ser iguales.

    Donde las leyes se convierten en las más fuertes ante los más débiles.

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