Los vecinos del entorno del edificio de la sede de Presidencia del Gobierno de Canarias, en la capital tinerfeña, han podido comprobar cómo desde poco antes del verano la prostitución que de manera histórica se había establecido en los alrededores “se ha ido trasladando hasta delante de nuestras casas, ocupando las aceras del último tramo de la calle Bravo Murillo en cuanto oscurece”.
“Ocupan las puertas de nuestros edificios y también las de los que se encuentran en la avenida de San Sebastián”, una imagen que, según señalan, “no queremos para nuestros hijos menores de edad, que se topan de frente con esta realidad”.
Esta circunstancia, que se detecta desde “hace unos seis meses”, según indican, “se ha puesto de manifiesto ante la Policía, y las comunidades de propietarios ya lo han comunicado por escrito a la Subdelegación del Gobierno”.
Comentan que esta presencia “se nota”, aunque de momento, según dicen, “no se ha traducido ni en robos ni grandes altercados, aunque sí son habituales las discusiones entre las chicas”, un panorama que, aseveran, “no es agradable para los niños ni para el resto de habitantes del lugar”. Añaden que se trata de “una ocupación que está protagonizada por personas de todas las razas y condiciones sexuales”, ya que explican que “hay morenas, rubias o travestis”.
Afirman que la implantación de esta actividad, quizás por las obras de la vía litoral, junto a los edificios San Carlos, Vallehermoso y Urbis, donde viven unas mil personas, “es una pasada, pese a que en estas zonas está prohibida la prostitución”. También lamentan que “se pueden ver algunos preservativos tirados por los rincones, y basura y botellas que se acumulan en jardineras y aceras”.
Los “rastros” del Rastro
Además, ponen de relieve que cada fin de semana “es un auténtico infierno”, pues denuncian que “el Rastro deja mucho rastro tras su celebración, pues antes de las 07:00 ya empiezan los ruidos por el montaje, pero, tras el cierre, a las 14:00, aún queda hasta las cuatro de la tarde para recoger y, a continuación, pasan los servicios de limpieza, con lo que aquí no se descansa nunca”.
Para los habitantes de este lugar, “la huella que deja el Rastro es insoportable, pues por mucho que se limpie, siempre hay papeles y bolsas que salen volando, por no hablar de los ruidos y el humo de los motores para producir electricidad”. Lamentan que las aceras “nunca se limpian del todo y los contenedores de basura están deteriorados porque cada domingo se cambian para poner los puestos”.
Afirman que el acuerdo con los responsables del Rastro para dejar acceso a los garajes “se incumple, ya que este mercadillo se ha expandido hasta el cruce entre San Sebastián y Bravo Murillo, y sólo dejan un carril para entrar y salir”. Dicen que “esta situación es peligrosa para los propietarios y transeúntes, ya que no hay espacio para pasar, todo sin presencia policial”.
Insisten en que el Rastro, “a estas alturas, se ha salido de madre”, y advierten de que, “aunque nunca ha pasado nada, aquí no hay ningún plan establecido”.








