Sexo tántrico: ¿Sabemos controlar nuestro cuerpo?

Hace unos días hablábamos sobre las drogas y su uso en el sexo citaba de forma escueta el tántrico, por eso, esa semana salió a colación en una charla entre ese quórum de sabias del que ya les he hablado alguna vez, pero acompañadas también por hombres. Para la mayoría de los allí presentes, el sexo tántrico era poco más o menos que una leyenda urbana, pero también había quién aseguraba haberlo probado y alababa sus maravillas.

Lejos de ser una técnica fácil, el sexo tántrico requiere de práctica, y cuanto más, mejor. Toda una filosofía de vida sostiene estas técnicas ancestrales, y en las que prima el respeto por la persona que nos acompaña en esa búsqueda del placer que es el sexo tántrico. Para empezar, cuando buscamos información sobre estas prácticas, lo primero que nos encontramos es con un cambio en la terminología. El pene deja de serlo para recibir la denominación sánscrita: lingam, que significa báculo de luz. Por su parte, la vagina recibe el apelativo de yoni (templo sagrado).

Tras eso aparecen las posturas –remitámonos al para obtener la guía completa- y la búsqueda de un placer que no necesariamente tiene que ver con el orgasmo. Y es que el sexo tántrico basa toda su idiosincrasia en una cuestión más de generosidad con el otro que de buscar el propio placer y, sobre todo, olvidar el reloj y relajarse.

La penetración tiene el mismo valor que cada una de las caricias o gestos que envuelven a lo que se podría considerar los prolegómenos. No hay prisas, no hay tiempo que parar, por eso no extraña que algunos de los que lo practican aseguren que pueden estar durante horas. Si deciden probarlo, no duden en escribirme un mail contándome la experiencia. Piensen que lo peor que puede pasar es que resulte inocuo. En ese caso siempre pueden volver a la práctica habitual.

http://www.vanitatis.com/el-eroticon/tantrico-otros-mecanismos-controlar-orgasmo-20101015-305.html

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