Es increíble cómo cambian las sociedades y, a veces, en muy poco tiempo. Quería en este blog compartir reflexiones sobre un tema preocupante, que es de nueva aparición en nuestra práctica diaria.
Hace pocas semanas, me asomé a la puerta de mi consulta para llamar al siguiente paciente y observé a un chico adolescente solo en la sala de espera. Me dije; problema de disfunción eréctil.
Es cierto que los problemas de erección (muchas veces de componente psicológico) son el motivo de consulta más frecuente en pacientes varones muy jóvenes, junto con la eyaculación precoz. Pero esta vez, era un caso especial.
Tan sólo hace 10-15 años, cuando yo disfrutaba de mis últimos años de colegio y los primeros de universidad, sin duda, la voz cantante en el proceso de ‘ligar’ la llevaban los hombres, aunque había excepciones.
Este chico venía a la consulta en busca de una receta para tomar Viagra, no porque tuviera problemas de erección, sino por miedo a fallar, a no estar a la altura que, al parecer, exige la población femenina actual. Todos sus amigos e, incluso varias parejas que había tenido anteriormente, hablaban explícitamente de cómo deber ser una relación sexual, el número de las mismas, etc.
Al parecer, él sentía que no era capaz de cumplir esas expectativas, que otros, le contaban que era ‘normal’.
La verdad, me quedé de una pieza y le pregunté con detalle. Al parecer, esta sociedad que tenemos, que no pone límite a nada, hace creer a la juventud, claramente inexperta en temas de sexualidad y relaciones humanas y con una importante falta de madurez, que lo normal en las relaciones sexuales son las películas pornográficas o las declaraciones de personajillos de baja estofa que salen en el ‘papel couché’
.Esto, acompañado de una ‘desinformación web’ en la era de la ‘superinformación’, crea a nuestros jóvenes un lío colosal. Parece mentira que con tanta ‘igualdad’ de pacotilla, no seamos capaces de dar a nuestros hijos e hijas una adecuada información sexual, que evite llegar a este tipo de situaciones realmente aberrantes.
Estas conductas pueden suponer un problema real en el aprendizaje sexual y en muchas ocasiones puede representar un verdadero trauma, que acompañe al individuo durante toda su vida. ¿Cómo es posible que un joven se plantee tomar medicación sin tener ningún problema sólo para ‘estar a la altura’?
Nuestra labor como médicos, en este caso, es convertirnos en educadores y, claramente marcar prioridades, normalidad y realidades.
Me gustaría conocer las opiniones de nuestros cibernautas más jóvenes. Hasta la semana que viene amigos y amigas.
http://www.elmundo.es/blogs/salud/saludsexual/2011/03/15/el-cazador-cazado-o-el-pendulo-sexual.html








