En B

En B

El mendigo de la panadería se instala allí alrededor de las nueve. Es un gitano de Rumanía, con la boca trufada de dientes de oro y una gorra de tweed. Ha invertido poco en herramientas: un cartón plastificado con fotos de niños y un vaso de cerveza, de plástico. «Muchas gracias, mucha suerte», grita, mientras persigue a los transeúntes con una energía notable. A las dos finaliza su jornada. Cambia la calderilla por billetes en el bar, pide un bocadillo, que siempre alguien le compra y recoge a su mujer, que trabaja dos esquinas más abajo. Los domingos, o si llueve, no se presenta.

Ayer una anciana le dio una gran bolsa de ropa, trajes de caballero, en su mayoría. Él rebuscó, cogió dos pantalones bastante raídos. El resto apareció desperdigado en una manzana próxima.

Me resulta incomprensible la mezcla de culpa y paternalismo por la que le dan limosna. Raro es el día en el que no cambia 60 o 70 euros, pese a la competencia del nigeriano de La farola, y del acordeonista ruso, que convierten un paseo por la calle en una gincana. Libres de impuestos, de tasas, de seguros sociales. Entre las promesas electorales que buscan que el dinero B, el mercado negro de trabajo, aflore, ¿meterán mano a estos mendigos? ¿O a las decenas de miles de y proxenetas, un sector en auge? ¿O, como es de prever, serán autónomos y empresas quienes, vampirizados de nuevo, soporten cargas fiscales nuevas?

Y no, no me pidan que sienta lástima o compasión por él. Su modelo de negocio es mucho más rentable que el mío.

espidofreire@adn.es

Opini

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3 comentarios

  1. ¡Qué atrevida es la ignorancia!

    Imagino que una debe ser muy pobre, emocionalmente hablando, para sentir envidia de lo que gana un mendigo.
    Supongo que debe ser la caña salir cada mañana de casa, excepto cuando llueve, para llegar a una esquina, montar un tenderete y pedir a plena voz una limosna a cada transeúnte.

    Se conoce que la amiga Espido no se ha percatado de la cantidad de personas sin techo que tenemos actualmente
    y de lo mucho que sufren aquellos que carecen de familia o que, por diferentes motivos, ésta ya no quiere saber nada de ellos. Durmiendo entre cartones y malviviendo
    en las calles.

    Albergues y comedores sociales y religiosos no dan abasto. Los mendigos, piden, sí.
    Y son molestos, sí.
    Tanto como las putas callejeras.
    Estéticamente quedan mal. Rompen con el sofisticado paisaje urbano.
    Farolas con caché tienen prioridad sobre las personas. ¡Qué mundo éste!

    Yo invitaría a la niña Espido a que se coloque en una acera del Barri del Raval o a que se haga un hueco en la calle Montera y sea puta callejera en lugar de puta escribidora. Que deje de poner su mano al servicio de una pluma y la pongo a trabajar
    con un buen plumón.

    Le puedo asegurar, y le aseguro, que serán los mejores 20 €uros ganados, sin tener que pagar impuestos, de toda su vida.

  2. Eso, eso, y a que pague impuestos como las callejeras tan sólo para que LA DEJEN ponerse a trabajar. Pero cómo me enerva eso de dárselas de saber por haber visto de pasada una realidad.

  3. Eso mismo digo yo Paula,no se cuales son las declaraciones de la escritora Espido,no las he leido,pero que dejen ya de criticar esta profesion,yo soy cliente por necesidad,soy timido de naturaleza y soy incapaz de hacercarme a una chica que me guste,por miedo al rechazo,esta es la unica forma que tengo de acercarme,yo siempre que he visto debates en la tele de este tema estoy a fabor vuestro,es un trabajo mas cualquiera y las mujeres teneis el derecho a elegirlo si o no,hay gente como nosotros que si no no hariamos nada,yo lo veo como un cambio de favores,otra cosa es a las señoritas que las tienen amenazadas las mafias asquerosas,la prostitucion tendria que ser voluntaria no obligada.

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