Los Mossos d’Esquadra seguían ayer investigando quien podría ser el autor del golpe que segó la vida de la joven prostituta de 25 años cuyo cadáver apareció en la calle Leandre Cristòfol de la capital del Segrià la mañana del pasado jueves. Los agentes del equipo de investigación de la Policía de la Generalitat tenían ayer una hipótesis abierta que alertaba de que el asesino podría ser un cliente.
Intentaron extraer rastros de ADN y continuaron entrevistando a posibles testigos.
Todo lo que sea necesario para intentar dar con el autor del crimen. Las próximas horas serán cruciales para dar con el malhechor y aplicarle el correspondiente castigo o, por el contrario, que el caso comience a difuminarse de igual manera que ya han desaparecido los regueros de sangre que mancharon la puerta del instituto Joan Oró.
El pasado jueves apareció el cadáver de Daniela Gabriela Mihalcea. Una joven prostituta de 25 años que desde hacía un año y medio alquilaba sus curvas en las rotondas de la capital del Segrià. A Gabriela poco o nada le importó que Àngel Ros se sacará de la chistera una norma que penalizará aún más a las asistentas sexuales. Fue la primera prostituta que se declaró, consciente o inconscientemente, en rebeldía y siguió buscando clientes por las carreteras de la capital del Segrià sin importarle lo que pensaran los políticos de la Paeria. Fue multada repetidas veces e incluso condenada por desobediencia a la autoridad. Pero ningún castigo pudo acabar con ella. Rara era la noche que su cuerpo no deslumbraba a los conductores que entraban o salían de Lleida.
Pese a trabajar en una cuneta, la lista de los clientes de Gabriela era interminable. Lo suficiente para que la joven, que tuvo que abandonar su Rumanía natal para dedicarse a alquilar su cuerpo, pudiera hacerse con varios miles de euros cada mes. Lo necesario para que hubiera obstáculos, como la normativa municipal que le llevó a los tribunales, que le importaran más bien poco o nada.
Los clientes de Gabriela la adoraban. Las compañeras de profesión eran conocedoras de la cantidad de dinero que ganaba y, desgraciadamente, los chulos también. Nunca quiso un proxeneta, ella alquilaba su cuerpo y el 100 % de su trabajo era para ella. Nunca quiso ni intermediarios, ni chulos que vivieran de su trabajo.
Los agentes de los Mossos d’Esquadra buscaba ayer al asesino entre estos tres tipos de personas que rodeaban el mundo de Gabriela: clientes, proxenetas o prostitutas.
¿Quién?
Los policías estaban ayer intentado acabar de montar el rompecabezas que lleve a averiguar quién vio por última vez a Daniela Gabriela Mihalcea con vida. La misma persona que no tuvo escrúpulos en propinarle un fatal golpe con un objeto contundente que rompió el cráneo de la joven y acabó con la vida de la rumana de 25 años. La misma que abandonó su país para intentar ganarse la vida. Una vida que alguien decidió concluir en la cuneta de una carretera del llamado primer mundo.
Una compañera y dos amigos de Daniela Gabriela fueron los primeros en alertar a la Guardia Urbana de Lleida que no se sabía absolutamente nada de la joven desde hacía unas horas.
Normalmente, las trabajadoras sexuales que aparecen en las cunetas de las carreteras tienden a protegerse entre ellas apuntando las matrículas de los clientes con los que se van las otras compañeras. Gabriela fue a trabajar la noche del miércoles. Nadie apuntó la última matricula, la del coche donde subió con su verdugo.
El conductor de ese vehículo pudo ser un proxeneta o una compañera, aunque los agentes entienden que lo más probable es que fuera un cliente.
En ese caso ¿porqué no se apuntó ninguna matrícula? ¿Era un cliente habitual? Todo apunta a que no, aunque en ese caso porqué ninguna compañera ayudó a Daniela y memorizó la placa del vehículo.
Estas preguntas ayer todavía no tenían contestación. Gabriela trabajó ayer, subió en un coche y la golpearon con un objeto contundente (un palo de hierro, un bate de beisbol…). Acto seguido trasladaron el cadáver a la puerta del instituto y desaparecieron.
El vehículo del malhechor es ahora una pieza clave en la investigación. Seguro que en el interior todavía hay rastros de sangre de la joven. Quizás el arma homicida y el ¿por qué? de este nuevo crimen
Si el cliente ha abandonado Lleida la policíabuscará una aguja en un pajar. En el peor de los casos, si el criminal es una especie de psicópata, la policía quizás sólo deba esperar a que vuelva a actuar, aunque esta última hipótesis está casi descartada.
El Ayuntamiento de Lleida realizó ayer una concentración silenciosa en la plaza dels Fanalets de Sant Jaume para condenar el asesinato. El acto tuvo lugar a las 12.00 horas. Justo unos minutos antes la media docena de prostitutas que trabajan en esa zona evitaron encontrarse con los políticos simulando ser clientes de algunos bares. A sólo unos metros de las prostitutas el alcalde aseguraba que la víctima no se había identificado auque tenía muy claro que se dedicaba a la prostitución.
Ros Lamentó el asesinato de la joven y la actividad que no “realizaba voluntariamente”.
Infringir la normativa municipal no acabó con la vida de Gabriela. El criminal que lo hizo sigue libre.








