LAZOS Y NUDOS

En algún momento de nuestra vida, todos nos enfrentamos a situaciones inesperadas y espontáneas. Siempre salimos de ellas, conseguimos hallar la manera de hacerlo.

Somos humanos, no tontos. O tal vez seamos bobos, como resultado por ser humanos.

En cualquier caso, avanzamos, sorteamos, superamos y solemos ganar ante los trances más insospechados. Somos unos campeones.

Casi siempre. Porque, en otros momentos, las circunstancias nos superan y precisamos hacer saber a la gente que queremos, qué nos sucede para que nos ampare y proteja.

Odio las cursiladas y los edulcoramientos, propios de series norteamericanas de bajo nivel y mucha audiencia. Creo en las personas, no en la gente. Creo en mi gente, no en la masa.

Creo en Dios y en la bondad de algunas personas. Creo en eso de que, la sangre nunca se torna agua. Y creo que la familia es una piña.

Sí. Yo también he tenido crisis de fe. Soy humana. Y ser humanos, nos exime de casi todos los fallos. Y si además, somos católicos, sabemos que si nos arrepentimos de corazón y hay propósito de enmienda el perdón está garantizado. Por lo menos, el divino.

Nada suele reconfortar más que el apoyo de esos que te han visto crecer, que te cambiaron los pañales alguna vez, que te mecieron cuando llorabas, que te leyeron un cuento cuando no podías conciliar el sueño, de aquellos que, tras una larga jornada laboral, y llegando a deshoras a casa, entraban a hurtadillas en tu habitación para asegurarse de que, todo estaba en orden y te arropaban con cariño. Tú fingías dormir, porque imaginabas que, si le hacías saber que estabas despierta, tal vez, se rompería ese encantador ritual nocturno de devoción y amor.

Algunos, hemos tenido la suerte de crecer siendo niños felices y con las carencias propias de cada carácter y las comparaciones, en ocasiones imposibles, de nuestros papás con los de otras niñas, nos damos cuenta de que tenemos una familia maravillosa que, tiende manos a diestro y siniestro cuando más falta nos hace.

Importante es, escucharles con atención y comprender que los tuyos no lo son por casualidad, si no por genética. La sangre es fuerte. Y el amor inculcado, pesa. Y sientes que el corazón se te ensancha más si cabe, por esos que te enseñaron a amar, pasara lo que pasara. Importante es, comprender que tu gente y no la masa, es quien sabe ver –porque te conoce de toda la vida-, tus cambios y tus vacíos e incluso alguna laguna. Porque, la fuerza de la memoria, de los recuerdos de la niñez, del amor aprendido y del cognitivo, hacen que las fuerzas se unan para ayudar al que lo necesita.

En momentos cercanos, muy duros para mí, mi familia ha sido muy importante. Y reconozco que me he aprovechado al máximo del amor que me han profesado. Del cariño incondicional, de la paciencia desbordada que siempre se ha marcado con una sonrisa amable y un abrazo cariñoso, seguido por cientos, miles de besos adorables. Que saben a niñez, que evocan recuerdos lejanos y que provocan alegría en el alma.

Tender la mano a una persona a la que quieres y respetas muchísimo, no tiene mérito, por malo que sea el momento que atraviese. Si recibiste una educación fundada en el amor por tus hermanos, se convierte en un compromiso fraternal de primer orden.

Gracias a todos/as por estar ahí. Sé que para muchos no es sencillo. Por ello, tiene incluso, más mérito. Y ver cómo nos unimos de nuevo ante nuevas vicisitudes del destino, aún me hace sentir más orgullo y pasión familiar.

Tampoco os paséis ahora eh? Que os veo venir..jeje. Sólo quiero, desde aquí, mi casa, vuestra casa, que sepáis que es mucho lo que nos debemos y que, si somos y estamos es porque, nos hemos esforzado entre todos, en ser y en estar. Los cónyuges son muy importantes en esta historia. Y por supuesto, no voy a olvidarme de ellos/as. Mi agradecimiento a quienes habéis sido más cercanos por vuestra paciencia y fortaleza. Pero, no basta con agradecer y ya está.

Para mí, lo importante era poder mejorar, salir de donde me había metido la vida y sus zancadillas y levantar la cabeza sonriendo sin miedos y sin apuros. Aún no estoy lista del todo. Lo sé y lo sabéis. Pero, sigo caminando para mejorar y que, el esfuerzo y el tiempo invertidos en mí, sean provechosos para todos. Acerté a comprender – tarde, eso sí-, que las gracias no se dan, se demuestran.

Hoy, quisiera que alguien comprendiera que, no es la única persona que pasa por altibajos y que sigue teniendo una familia que la quiere y la apoya. Que somos uno. Una piña. Que nos queremos y que nos preocupamos los unos por los otros. Hermanos y amigos. No se me ocurre que pueda haber algo, más bonito que eso.

Gràcies a tots pel vostre suport!

 

Paula

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2 comentarios

  1. Sin caer en sensiblerías propias de un culebrón sólo quiero dejarte un abrazo, de esos que abrigan y dan calor aunque estemos a 43 grados a la sombra.
    Petonets con sabor castizo y llenitos de color.

  2. Gracias Ike, recibo el abrazo y te lo devuelvo con cariño.
    La generosidad es un valor muy importante en la sociedad, cuanto más, en la familia.

  3. Qué entrada más bonita!! Jo.. me he emocionado… Escribes genial. Sí, señor, como una auténtica periodista o mejor dicho, novelista.

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