Julia Fernández y Daniel Duque, de Accem; el subdelegado, Cecilio Vadillo y Marta Reglero, responsable del área de Bienestar Social del Ayuntamiento, en el Patio Herreriano. :: HENAR SASTRE
No querían, pero al final, salió. Los pros y los contras de la legalización del ejercicio de la prostitución planearon durante la mesa redonda ‘Perspectivas y retos de trabajo ante la intervención con víctimas de trata’, y eso a pesar de la estrategia de alguno de los ponentes, quienes intentaron centrar la atención sobre el tema de la jornada y no tomar partido en un debate que, a fin de cuentas, tiene que abrir el Gobierno y en el que tiene que participar toda la sociedad civil. Pero, ante la insistencia del público, apostillaron que la prostitución «es una trata y no un trabajo». Esa fue, por ejemplo, la opinión de Rocío Mora, coordinadora de proyectos de la asociación de asistencia a mujeres prostituidas (Apramp).
La organización que representa, con sede central en Madrid, atiende en su «unidad de rescate» al año a una media de 280 mujeres de 45 nacionalidades distintas que se dedican al oficio. Tienen entre 18 y 30 años (algunas son menores de edad), nivel educativo bajo, cargas familiares y desconocen el idioma. De ellas, unas 15 «rompen la esclavitud y pasan al centro de acogida», indicó la experta. Según su experiencia de años en la asistencia «individualizada» de estas personas, «ninguna mujer viene el primer día y nos cuenta: nos cuesta meses que reconozca que ha sido captada y explotada, es muy difícil». Este es el trabajo previo que se realiza para que, finalmente, se atreva a denunciar y que la policía pueda actuar contra las redes de trata. «Para que una mujer denuncie se tiene que sentir apoyada y tener alternativas de vida». Mora considera que es imprescindible» trabajar en red y coordinados con consulados y embajadas, porque la prevención no se puede hacer sin los países de origen».
Otros colectivos del tercer sector consideran que sería más fácil combatir la explotación sexual si se contempla como actividad laboral. El jefe de la Inspección, Francisco Javier Calderón, apuntó que en los clubes de alterne, a las mujeres que están en la barra se les contempla como ‘comisionistas’. «Si no hay permiso de trabajo sancionamos y al resto se les da de alta, pero se diferencia la captación de clientes en la barra del ejercicio de la prostitución en habitaciones».
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