Montserrat Neira: «Me metí a prostituta por necesidad y a estudiante por rebeldía»

MONTSERRAT NEIRA, LICENCIADA EN CIENCIAS POLÍTICAS Y TRABAJADORA DEL SEXO

«Me metí a prostituta por necesidad y a estudiante por rebeldía»

La catalana ofreció en el Artium su visión sobre su profesión en una jornada organizada por la Comisión Anti-sida de Álava
«Me metí a prostituta por necesidad y a estudiante por rebeldía»

Montserrat Neira posa en el exterior del Artium. :: J. ANDRADE
Montserrat Neira (Barcelona, 1960) desmonta mitos y tópicos a cada palabra que pronuncia sobre . Se reivindica como trabajadora autónoma y es de las pocas profesionales que presta sus servicios con gente discapacitada, tanto física como psíquica. Invitada de excepción en la jornada ‘ a debate’, que Sidálava -la comisión anti-sida de Álava- organizó ayer en el Artium, esta catalana que ejerce desde 1989 no duda en relatar su experiencia sin tapujos. Libre de tabúes. Y es que Neira, que habla despacio y se muestra tímida hasta cerrarse el abrigo cuando le hacen una fotografía, también es desde hace dos años licenciada en Ciencias Políticas de la Administración por la Universidad Autónoma de Barcelona.

Afirma que lo aprendido en «el dormitorio» le sirve de mucho en el ámbito académico. «Tengo un conocimiento de campo innegable. He estado metida en los clubes y en los pisos. Al final, puedo ofrecer otro punto de vista al que no acceden los sociólogos», argumenta.
A la prostitución entró por necesidad de dinero, y a la Universidad por rebeldía. «Mi vida estaba irremediablemente abocada a la marginalidad. Tenía en mente el ejemplo de mi madre. Ella había trabajado toda su vida en limpieza doméstica y no ganaba un duro. Yo decidí que quería tener dinero, que no quería pasar apuros. Y en 1989, sabía que con esta profesión se podía ganar dinero, así que me decidí».
La inclusión en las aulas, en cambio, fue porque «quería ver que yo podía hacerlo. Decidí ascender, y al final por tener estudios también mi precio ha ascendido. Fui a donde la asistente social y le dije que quería estudiar. Ella me dijo que lo mejor con mis cincuenta años era que me metiera a fregar platos. Así que decidí que para demostrar que valía para mucho más, lo mejor era matricularme. Además quería formarme porque sentía que todo lo que me habían contado hasta entonces era mentira. Y así es», resume.
Dueña de sus beneficios
Todavía ejerce, pero ya es autónoma y, por tanto, dueña de sus beneficios. Denuncia que las profesionales que trabajan por sí mismas en pisos «no saben que tienen derechos. Porque la Ley del Estatuto del Trabajo Autónomo permite a cualquiera que haga el trabajo de manera independiente darse de alta en Hacienda y en la Seguridad Social para cotizar como los demás». Es lo que animó a hacer en su conferencia. «Yo misma lo hice y no me pusieron ninguna traba», relata.
A Montserrat no le gusta que le confundan con la prostitución de lujo. «Sí, trabajo por mi cuenta, pero mi tarifa no supera los 200 euros. Si fuera de altas esferas cobraría 3.000 euros y me codearía con la élite del país», admite con sorna. Pero tampoco trabaja con cualquiera. Si otras se fijan en «la camisa del cuello», ella exige a sus clientes «ciertas normas». «En mis anuncios pido a hombres entre 40 y 50 años con un cierto estatus económico. Creo que con eso está todo dicho. Si alguien me llama y me pregunta a ver de qué color son las bragas que llevo puestas, le cuelgo», advierte.
Ella, además, es una de las pocas del gremio que trabaja con discapacitados. «Es diferente, hay que tener cuidado con ellos y al principio no puedes evitar sentir un poco de lástima. Pero ellos quieren que seas sexy y provocadora. ¡Buscan eso! Me di cuenta cuando un cliente me dijo: ‘no quiero que sientas pena, ¡lo que yo quiero es una mujer!’».
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