La SGAE pagó prostitutas de lujo para tener «buenas relaciones con grupos de interés»

Pedro Farré declara a Vanity Fair que todos sus gastos fueron aprobados para «mantener buenas relaciones con grupos de interés».

El número de diciembre de la revista Vanity Fair dedica nada menos que 8 páginas al escándalo de la SGAE. En un reportaje de investigación donde se relatan diferentes conversaciones con implicados en la trama, la revista siembra dudas sobre el alcance de las actividades de Teddy Bautista y su «saga».

En dicho reportaje aparece el entramado de empresas vinculadas a la sociedad general de autores y cómo los sucesivos parabienes legales obtenidos desde la administración convirtieron a una empresa sin ánimo de lucro en un oligopolio voraz que multiplicó los beneficios, constituía una máquina imparable de hacer dinero y alimentaba una «saga» de familias que se enriquecieron con el dinero de los autores y el procedente del canon digital.

De 24 millones de euros que recaudaba en 1983 pasó a facturar 340 en 2010. Todo, gracias a la Ley de propiedad intelectual de 1987, diseñada para proteger a los creadores pero que concedió a la SGAE la capacidad para fijar las tarifas y recaudar los importes. Además, convirtió en delito penal la vulneración de esa propiedad intelectual, es decir, que quien no pagara, iría a la cárcel.

Esto puede traducirse de otra manera: policías, jueces y políticos debían velar por el cumplimiento de esta ley que beneficiaba a una empresa privada: La SGAE. El último empujón lo tuvo en 2003 con la aprobación del canon digital.

Pues bien, la revista se ha puesto en contacto con el ex director de relaciones internacionales de la SGAE, Pedro Farré, entre otros. Farré, que ha quedado en libertad sin cargos, ha contado a la revista que sus gastos en locales de alterne de lujo a cargo de la entidad estaban aprobados por la dirección financiera de la SGAE. Cuando se le pregunta por si fue sólo o acompañado a esos locales de alterne –que figuran en las relaciones de gasto de su tarjeta corporativa- repite que sus gastos estaban aprobados por la dirección financiera y «estaban destinados a mantener las buenas relaciones con los distintos grupos de interés». La revista le pregunta por quiénes eran esos grupos de interés a los que invitaba a prostitutas de lujo: «Jamás se sabrá», insiste. «yo sólo soy el cabeza de turco de este enorme agujero».

Y es que, según investiga la Audiencia Nacional, mediante informes de la Agencia Tributaria, las tarjetas corporativas de Neri y Ramos tienen facturas en el Copacabana Palace en Río; el Ritz de Nueva York; apartamentos; relojes de lujo; joyas; perfumes y hasta un Wonderbra.

El reportaje habla también de José Luis Rodríguez Neri, mano derecha de Bautista y director de SDAE, una sociedad creada para desarrollar nuevos proyectos tecnológicos y dependiente de la SGAE. Señala que es un extrabajador de Telefónica sin formación, primo del famoso ladrón El Dioni, y que tenía libertad para contratar a quien quisiera.

Desviaba fondos al entramado de empresas creado a tal efecto. Mientras, ayudaba a los amigos. Según el presupuesto de la Fundación Autor, se destinaron 250.000 euros a la producción de 19 vídeos que, desinteresadamente, realizaron directores de cine para el disco sobre el poeta Miguel Hernández que publicó Serrat. El gasto finalmente ascendió a 500.000 euros, según señala Vanity Fair.

Pero no fueron sólo artistas de renombre, la hermana de Teddy Bautista, Marta Bautista también fue beneficiada. Un trabajador de la SGAE consultado por la revista, dice que «la fundación tenía que ayudar a artistas noveles pero al final se utilizaba en pago de favores a colegas y familiares de Teddy. En 2009 el Sello Autor, la discográfica de la fundación, empleó en el DVD Orfeo y Eurídice de su hermana, Marta Bautista, 150.000 euros.»

De momento, la Justicia sigue su curso a la espera de descubrir hasta dónde llegaba la red tejida por Teddy Bautista y los suyos.

http://www.libertaddigital.com/sociedad/2011-11-23/la-sgae-pago-prostitutas-para-tener-buenas-relaciones-con-grupos-de-interes-1276442228/

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«Serás mi puta»

Una esclava sexual de Gadafi cuenta su calvario en el harén del coronel

Esclava sexual de Gadafi

Safia (nombre ficticio) de 22 años en la actualidad. Pasó cinco en la compañía forzada de Gadafi.- © KATE BROOKS PARA LE MONDE

Tiene 22 años, es bella como un sol y está destrozada. A veces, se ríe durante unos segundos, y entonces un destello infantil ilumina un rostro arañado por la vida. «¿Cuántos años me echa?», pregunta, quitándose las gafas de sol. Espera un momento, esboza una leve sonrisa y murmura: «Yo me siento como si tuviera 40». Y le parecen muchos.

Aparta la mirada y se cubre la parte inferior del rostro con el velo negro; unas lágrimas asoman a sus ojos oscuros. «Muamar el Gadafi me ha destrozado la vida». Quiere contarlo todo. Piensa que es peligroso, pero acepta dar su testimonio durante un encuentro de varias horas en un hotel de Trípoli . Sabe que está confusa, que no encontrará palabras para describir el universo de perversión y locura en el que la precipitaron.

Pero necesita hablar. Sus recuerdos constituyen una carga demasiado pesada. «Manchas», dice ella, que le provocan pesadillas. «Por mucho que lo cuente, nadie sabrá nunca de dónde vengo ni lo que he pasado. Nadie puede imaginarlo. Nadie». Sacude la cabeza con un aire de desesperación. «Cuando vi el cadáver de Gadafi expuesto ante la muchedumbre, experimenté un breve momento de placer. Luego sentí un gusto amargo en la boca». Ella hubiera querido que Gadafi sobreviviese, que hubiera sido capturado y juzgado por un tribunal internacional. Durante todos estos meses no pensaba en otra cosa. «Me preparaba para enfrentarme a él, para preguntarle, mirándolo a los ojos: ‘¿Por qué? ¿Por qué me hiciste eso? ¿Por qué me violaste? ¿Por qué me golpeaste, drogaste e insultaste? ¿Por qué me enseñaste a beber y a fumar? ¿Por qué me robaste mi vida?».

Cuando su familia, originaria del este del país, se traslada a Sirte, la ciudad natal del coronel Gadafi, ella tiene cinco años. En 2004, cuando la eligen entre las alumnas del instituto para entregar un ramo de flores al Guía durante una visita al centro escolar, ella tiene 15 años. «Era un gran honor. Yo lo llamaba ‘papá Muamar’ y se me ponía la carne de gallina». El coronel le apoya una mano en el hombro y le acaricia el cabello lentamente. Es una señal para sus guardaespaldas que significa: «A esta la quiero». Ella lo sabrá más tarde.

Al día siguiente, tres mujeres uniformadas al servicio del dictador -Salma, Mabrouka y Feiza- se presentan en el salón de belleza que regenta su madre. «Muamar quiere verte. Desea darte unos regalos». La adolescente -llamémosla Safia- las acompaña de buen grado. «¿Cómo sospechar? Era el héroe, el príncipe de Sirte».

La conducen al desierto, donde la caravana del coronel, de 62 años, se ha instalado para una cacería. La recibe enseguida, hierático, con ojos penetrantes. La interroga sobre su familia, sobre los orígenes de su padre, de su madre, sobre sus medios económicos. Después, le pide fríamente que se quede a vivir con él. La joven está desconcertada. «Tendrás todo lo que quieras: casas, coches…». Ella se asusta, sacude la cabeza, dice amar a su familia y querer estudiar. «Yo me ocuparé de todo», responde él. «Conmigo estarás a salvo. Te aseguro que tu padre lo comprenderá». Y llama a Mabrouka para que se ocupe de la adolescente.

Durante las horas que siguen, Safia, aterrada, ve cómo le adjudican un lote de lencería y ropa sexi. Le enseñan a bailar y a desvestirse al son de la música, así como «otros deberes». Ella solloza y pide que la lleven a casa de sus padres. Mabrouka sonríe. El regreso a una vida normal no forma parte de sus opciones.

Durante las tres primeras noches, Safia baila sola ante Gadafi. Él escucha una casete de un músico «al que más tarde mandará matar». La mira, pero no la toca. Simplemente, dice: «Serás mi puta». La caravana vuelve a Sirte con Safia en el equipaje.

La noche del regreso, ya en palacio, la viola. Ella se resiste. Él le da de palos y le tira del pelo. Ella intenta huir. Mabrouka y Salma intervienen y la golpean. «Continuó durante días. Me convertí en su esclava sexual. Me violó durante cinco años».

Muy pronto se encuentra en Trípoli, en la guarida de Bab el Azizia, un complejo ultraprotegido por tres recintos de murallas en el que viven, en diversos edificios, el amo y señor de Libia, su familia, sus colaboradores y sus tropas de élite. Al principio, Safia comparte una pequeña habitación en la residencia del amo con otra joven de Bengasi, también raptada, pero que un día conseguirá huir. En la misma planta, en unos cuartos minúsculos, hay permanentemente una veintena de muchachas, la mayoría de entre 18 y 19 años, en general reclutadas por las tres emisarias. Estas tres mujeres, brutales, omnipresentes, regentan una especie de harén, en el que las chicas, camufladas como guardaespaldas, están a disposición del coronel. La mayoría solo se queda algunos meses, antes de desaparecer, una vez que el amo se cansa de ellas.

Safia sabe que es la más joven y se pasa el tiempo viendo la televisión en su cuarto. Le niegan lápiz y cuaderno. Consume las horas delante del espejo, hablando sola en voz alta y llorando. Debe estar siempre preparada, por si la llama el coronel; día y noche. Las dependencias de Gadafi están en el piso superior. Al principio, la llama constantemente. Luego, la relega en favor de otras, escogidas entre las amazonas, que a veces consienten -algunas dicen «entregarse al Guía»-, pero en su mayoría forzadas. El coronel sigue reclamándola al menos dos o tres veces por semana. Siempre violento, sádico. Safia tiene moratones, mordeduras y el pecho desgarrado. Sufre hemorragias. Gala, una enfermera ucrania, es su «única amiga». Cada semana practica extracciones de sangre a las jóvenes.

Regularmente, se celebran fiestas con modelos italianas, belgas y africanas, o con estrellas de esas películas egipcias que aprecian los hijos del coronel y otros dignatarios. Cenas, bailes, música, «orgías». En ellas, Gadafi se muestra generoso. Safia recuerda haber visto maletas llenas de euros y dólares. «Se las daba a los extranjeros, nunca a los libios». Según ella, el coronel tenía también numerosos compañeros sexuales masculinos.

Su mujer y el resto de la familia, que viven en otros edificios de Bab el Azizia, están al tanto de las costumbres del dictador. «Pero sus hijas no querían verlo en compañía de otras mujeres, así que se reunía con ellas el viernes, en su otra residencia, cerca del aeropuerto». En el jacuzzi que tiene en su habitación, y desde el que consulta su ordenador, exige juegos y masajes. Obliga a Safia a fumar, a beber whisky Black Label, a esnifar cocaína. Ella la odia. Tiene miedo. La segunda vez sufre «una sobredosis» y termina en el hospital de Bab el Azizia. Él la consume sin cesar. «Siempre estaba bajo sus efectos y nunca dormía».

En junio de 2007 la lleva a un viaje oficial de dos semanas por África. Malí, Guinea-Conakry, Sierra Leona, Costa de Marfil, Ghana. El coronel le coloca un uniforme caqui y la presenta como guardaespaldas, cosa que no es, pese a que Mabrouka la haya enseñado a recargar, desmontar, limpiar y utilizar un kaláshnikov. «El uniforme azul estaba reservado para los verdaderos guardias entrenados. En general, el uniforme caqui no era sino puro teatro».

Los padres de Safia no han tardado en conocer el destino de su hija. Su madre ha podido ir a verla una vez a palacio. A veces, Safia puede llamarla por teléfono, pero siempre bajo escucha. Le han dicho que si sus padres se quejan, los matarán. El padre está tan avergonzado que no quiere saber nada. Sin embargo, es él quien organiza la fuga de su hija. Pues, harto de verla deprimida, Gadafi la autoriza tres veces a visitar brevemente a su familia en un coche de palacio. Durante la cuarta visita, en 2009, consigue abandonar la casa disfrazada de anciana y, gracias a un cómplice en el aeropuerto, toma un avión hacia Francia.

Permanecerá allí durante un año, para luego volver a Libia, donde tendrá que esconderse, y oponerse a su madre, que quiere casarla enseguida con un viejo primo viudo; más tarde huye a Túnez y, en abril de 2011, se casa en secreto, con la esperanza de partir con su joven marido hacia Malta o Italia. La guerra los separa. Él cae gravemente herido. Safia no tendrá noticias suyas durante meses.

Ahora fuma. Llora a menudo. Se siente «destruida». Quisiera testificar ante un tribunal, pero sabe que, en su país, el oprobio sería tal que se convertirá en una paria. Su vida está en peligro. «Gadafi aún tiene partidarios». Ya no sabe adónde ir.

 © Le Monde | Traducción: José Luis Sánchez-Silva
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Una mujer de Utah pone a la venta a su marido en una revista de clasificados

«Fácil de mantener, solo necesita comida y agua cada 3 o 5 horas», reza el anuncio

Cansada de que su marido se pasara horas absorto jugando a videojuegos, Alyse Bradley, una mujer de la localidad de Logan, en Utah (EEUU), ha decidido darle un toque de atención y lo ha puesto a la venta en una revista on line de clasificados. «Fácil de mantener, solo necesita comida y agua cada 3 o 5 horas», reza el anuncio, en el que Bradley advierte de que su marido también necesita «internet y espacio para jugar».

 

La gota que hizo colmar el vaso de la paciencia de Alyse fue que el pasado 8 de noviembre, día en que se puso a la venta el videojuego Modern Warfare 3, Kyle Bradley, de 22 años, se pasó 48 horas seguidas jugando. Esos días, cuenta Alyse en el Logan Herald, no le vio el pelo. «Así que decidí ponerle a la venta en Craigslist. Mi suegra me dijo que adelante, y así lo hice», ha explicado.

OFERTAS DE SUSTITUTOS

El anuncio, aunque se trata de una broma, ha tenido numerosas respuestas. La mayoría han sido en tono humorístico, aunque también ha habido quien ha expresado su preocupación por la pareja y quien se ha ofrecido a Alyse para sustituir a su marido.

En su descargo, Kyle Bradley, que ha considerado divertida la iniciativa de su esposa, se ha justificado diciendo que, recién llegado de Afganistán, los videojuegos le permiten seguir conectado con sus compañeros de armas.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/gente/una-mujer-utah-pone-venta-marido-una-revista-clasificados-1232861

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El sexo da felicidad

Ilustración de Raúl Arias

Ilustración de Raúl Arias

La sexualidad a edades avanzadas es un indicador de felicidad. Según un estudio realizado con matrimonios mayores, aquellos que se mantienen activos en sus relaciones íntimas se muestran más felices que los que tienen un poco olvidada esta esfera.

Un total de 238 individuos casados de más de 65 años respondieron a cuestiones del tipo ¿Cuántas veces ha practicado sexo en los últimos 12 meses? Incluyendo como tal sexo vaginal, anal y oral. Adrienne Jackson y su equipo descubrieron que la frecuencia era un indicativo tanto de la felicidad en general como de la matrimonial, incluso teniendo en cuenta otros factores como la edad, el género, el estado de salud y la satisfacción por la situación financiera.

El 40% de los que no reportaban actividad sexual dijeron que eran muy felices con su vida en general. El porcentaje entre los que sí se mantenían activos (más de una vez al mes) ascendía al 60%.

Cuando se les preguntaba por su matrimonio, la diferencia era más notable. El 59% del grupo no activo sexualmente aseguraba ser muy feliz en pareja, frente al 80% de los matrimonios que preservaban sus relaciones íntimas. Así lo refleja una investigación presentada esta semana en Boston en el 64 congreso anual de la Sociedad Gerontológica de América (GSA).

No sólo se sienten más felices, «la percepción de su propia salud es mejor», afirma Francisca Molero, directora del Instituto de Sexología de Barcelona y vicepresidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología.

Como explica esta experta, las relaciones sexuales son una capacidad más de la persona, al igual que el habla, la marcha, etc. «Si se dejan de usar, da sensación de tener un problema, una enfermedad o algo anormal y esto influye en la percepción de la propia salud». En definitiva, «la función hace al órgano y hace que se sientan vivos».

El deseo sexual persiste tras los 70

No hay muchos estudios que analicen estas cuestiones íntimas en la población madura y por eso trabajos como el presentado en Boston ayudan a conocer mejor esta faceta y su repercusión en la salud mental y física del individuo. Se trata de «una franja de edad olvidada pero cada vez son más, se conservan mejor, con más calidad de vida y más activos socialmente», reivindica Molero.

Según Jackson, «la relación entre sexo y felicidad podría facilitar el diseño de intervenciones de salud sexual para mejorar la calidad de vida de estas personas».

A pesar de lo que la gente piensa, agrega la especialista española, «las parejas estables de edad avanzada sí mantienen actividad sexual, siempre y cuando su salud se lo permita (no estén encamados o tengan demencia, por ejemplo)». Y quienes no tienen pareja, siguen teniendo deseo. El problema es que persisten algunos sesgos como que la vida sexual se acaba en la madurez y «no es cierto».

«Socialmente no está aceptado que las mujeres y los hombres a partir de los 70 tengan relaciones sexuales. Es más, cuando se quedan viudos o viudas, muchas veces es la propia familia la que les dificulta encontrar una pareja, pero ellos siguen enamorándose y teniendo deseo sexual», aclara Molero. Siguen teniendo sus necesidades fisiológicas.

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/11/22/noticias/1321966717.html

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Sin sexo, gracias

Una web de citas de EE UU junta a personas que buscan relaciones que no terminen en la cama

Una noche loca de sexo desenfrenado hasta el amanecer representa en la sociedad actual lo más parecido al paraíso en la tierra. Y para muchos es un infierno. Le ocurre a Laura Brashier, peluquera californiana de 50 años que como tantas mujeres sufrió un cáncer de cuello de útero (el segundo cáncer más frecuente en mujeres de todo el mundo). Pasó hace doce años y Laura ganó la batalla a la enfermedad, pero su cuerpo nunca fue el mismo. «Seguía siendo la misma mujer apasionada, pero realizar mis funciones sexuales me resultaba tremendamente doloroso». Sin poder llegar al coito por las secuelas físicas que le dejó la terapia, entablar una relación duradera con alguien le suponía un obstáculo insalvable. Hasta que se bloqueó y se refugió en sí misma. Un buen día, pensó que no era la única en quedarse en la casilla de salida, y surgió una idea: juntar a los que, como ella, estaban fuera de la ecuación del sexo, que no del amor. Poco después fundaba 2Date4Love.com (to date for love -citarse para amar-), una red social para personas que no pueden o no quieren practicar sexo.
En unos meses ha conseguido miles de suscriptores afectados por diversas dolencias físicas o psíquicas que les alejan de las relaciones sexuales. Al menos, del coito. Afectados por tratamientos, operaciones, traumatismos… Se apuntan al servicio, reciben peticiones de citas y se encuentran con otros similares a los que no tienen que explicar que no podrán acostarse con ellos ni atormentarse con la casi certeza del rechazo. Funciona a la manera de otras webs como ‘Meetic’ que emparejan a personas con perfiles compatibles para reunirlas en encuentros que podrán terminar en el cine, en un paseo o en un altar, pero no entre las sábanas.
A pesar de la importancia del sexo en la sociedad (es, entre otras cosas, el arma más potente de la publicidad), hay muchos que lo consideran sobrevalorado. Desde hace años prolifera una tendencia que, como tantas nació en Estados Unidos, y que reúne a miles de personas que se declaran asexuales. Según cuentan, están los heterosexuales, los homosexuales, los bisexuales y ellos. Se confiesan herederos de aquello que en los 80 y 90 se llamaba Deseo Sexual Inhibido y Deseo de Desorden Sexual Hipoactivo. Es decir, que ni tienen ganas de ‘encamarse’, ni les importa. En sus webs aseguran que son en torno a un 1% de la población.
Sexo no deseado
¿Se trata de una opción personal o la consecuencia de un desorden psicológico? «No sé si no desean el sexo o no quieren desearlo», aclara Natalia Rubio, sexóloga, psicóloga, presidenta de la Asociación Estatal de Sexualidad y Discapacidad, que advierte de la visión «’coitocentrista’» de lo erótico. «La sexualidad no está solo en los genitales, sino en las relaciones personales y en aprender a disfrutar de todo el cuerpo con otras manifestaciones como las caricias, las masturbaciones…». Cada vez hay más discapacitados que buscan en la consulta de los sexólogos el camino al placer en pareja. «Aquí aprenden a aceptar sus limitaciones y a conocer todo su cuerpo», explica Rubio, que no ve claro ese concepto de ‘asexual’: «Una cosa es no tener hambre y otra muy distinta no tener ganas de comer tal o cual cosa». La clave está, según la experta, en que determinados modelos sexuales -muchos de ellos derivados de la industria del porno- generan frustración en la persona. «Imaginas todos esos coitos, esos cuerpos ideales de la muerte, los orgasmos inacabables, las erecciones eternas… Ahora te pones a ello y te crea una frustración. Si no lo entiendes, rechazas ese modelo. Esa gente no está rechazando la sexualidad, sino algunos tipos de sexualidad».
Los damnificados son legión. Según el Estudio español sobre Hábitos, Preferencias y Satisfacción Sexual en estudiantes universitarios, los índices de insatisfacción por dificultades orgánicas en relaciones coitales arranca en el 7% en los más jóvenes y aumenta con la edad. A partir de los 35 años pueden llegar a entre el 11 y el 13% y a partir de los 40 años supera el 16%. Cuando una persona no ‘cumple’ con los cánones, tiene varias opciones. La más común es callarse y sufrir; la siguiente, acudir a la consulta de un sexólogo con una frase en la boca: «No somos normales». La cuestión es saber cuál es la norma. «No es lo que dice la televisión obviamente». Con 40 años, un matrimonio que lleva 20 años juntos visita preocupado al médico porque tienen dos coitos al mes… «Y eso es perfectamente normal».

http://www.eldiariomontanes.es/v/20111122/sociedad/destacados/sexo-gracias-20111122.html

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Esto es lo que pasa durante el orgasmo femenino

El orgasmo femenino sigue siendo un misterio en muchos de sus aspectos y todavía es una incógnita, sobre todo, para muchos hombres. La mayoría de las mujeres, sin embargo, sabe bien lo que siente al experimentar un orgasmo, pero seguro que no es demasiado consciente de qué es exactamente lo que hace su cerebro durante la petit morte.

Para ellos y para ellas, y sobre todo para poder avanzar en el estudio de la anorgasmia, el científico Barry Komisaruk, de la Universidad Rutgers de Nueva Jersey (EEUU), acaba de hacer público un vídeo en el que se puede ver claramente la actividad cerebral de una mujer que alcanza el clímax.

Gracias a un escáner cerebral, el científico ha podido ‘grabar’ el cerebro de una voluntaria mientras se masturbaba y cuando alcanzaba el orgasmo. Las imágenes han sido coloreadas según los niveles de oxígeno en sangre, que se corresponden con la actividad de las distintas regiones cerebrales (siendo el color rojo el que denota una menor actividad y el amarillo-blanco el que señala el punto más álgido de la excitación sexual).

Las imágenes de resonancia magnética demuestran que las diferentes etapas de la estimulación sexual estimulan distintas zonas del cerebro, lo cual denota la complejidad del orgasmo. Así, con las primeras caricias en la zona genital se ‘enciende’ una región del córtex sensorial y poco a poco la actividad se va expandiendo hacia el sistema límbico, es decir, hacia la zona cerebral vinculada a las emociones, el comportamiento y la memoria a largo plazo.

Cuando la excitación es ya considerable y el orgasmo inminente, el cerebelo y el córtex frontal se iluminan al mismo tiempo que empiezan a contraerse los músculos de la pelvis. Finalmente, cuando la voluntaria alcanza el clímax, prácticamente todo el cerebro ‘despierta’ y, como se ve en el vídeo, se tiñe de amarillo y blanco, lo que denota un altísimo grado de actividad. El punto álgido del proceso lo vive el hipotálamo, que libera oxitocina, la hormona relacionada con las sensaciones placenteras.

«Como escuchar una melodía conocida»

El proceso es, en opinión del doctor Carlos Tejero, de la Sociedad Española de Neurología (SEN), “lógico y esperable”, y se asimila al que cualquiera de nosotros puede experimentar cuando escucha una canción que le trae buenos recuerdos. “Si una melodía consigue erizarnos el vello, el proceso que ha provocado esa sensación es el mismo, aunque menos intenso, que éste que muestra Komisaruk”, explica.

Eso sí, Tejero avisa de que el de este video no tiene porqué ser el patrón general del orgasmo femenino. “Es peligroso sacarlo de contexto. De momento sabemos lo que le ocurre a esta señora en concreto cuando tiene un orgasmo, pero las circunstancias nunca son las mismas”.

Tejero alerta del hecho de que una mujer que se autoestimula dentro de una máquina que escanea su cerebro quizá no experimente las mismas sensaciones (y, por tanto, reacciones cerebrales) que otra que disfrute tranquilamente en una cama y con su pareja.

Lo que más llama la atención de Tejero del vídeo es el papel del cerebelo, un pequeño agente que siempre se ha considerado responsable únicamente del equilibrio pero que últimamente toma cada vez mayor protagonismo en las reacciones neurológicas.

¿La cura de la anorgasmia?

La reacción cerebral ante el orgasmo no es uno de los campos más explotados por los neurocientíficos que, como explica Tejero, suelen centrarse en “aquello que entorpece la independencia del individuo, como los problemas de lenguaje, memoria o funciones motoras”. Por eso el vistoso vídeo de Komisaruk ha llamado tanto la atención. Pero, más allá de poner color sobre este interesante proceso, la intención del estadounidense es poder avanzar en los tratamientos de algunas patologías sexuales.

«Esperamos que esta película, una representación dinámica de la acumulación gradual de la actividad cerebral hacia un clímax, seguida de la resolución, facilite la comprensión de  patologías como la anorgasmia, fijándonos en qué punto se rompe esta secuencia”, explica Komisaruk en el diario The Guardian.

Además el investigador, que ya había realizado investigaciones anteriores sobre el placer sexual femenino, considera que sus estudios pueden tener implicaciones más allá de la sexualidad, y asegura que de lo que se trata, en definitiva, es de comprender la actuación del cerebro que experimenta una sensación placentera.

Sin embargo, Tejero es escéptico ante esas posibilidades y considera que los estadounidenses quizá “se aventuren un poco” al buscar las causas de la anorgasmia en vídeos como este. “En el campo de la sexualidad no sólo juega el cerebro, hay muchos otros factores, y de hecho la mayor parte de los problemas sexuales están relacionados con el aparato genital, no con el cerebro”, asegura.

Aún así, celebra la llegada de este tipo de iniciativas, gracias a las que podemos visualizar procesos hasta ahora ocultos a los ojos de todo el mundo.

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El Supremo absuelve al gerente de un club de alterne por indefensión

La Audiencia le impidió saber la identidad de tres testigos protegidos que declararon contra él

Pasillos del juzgado donde se celebró la causa por coacción a la prostitución.  J. vALLINA Pasillos del juzgado donde se celebró la causa por coacción a la prostitución. J. vALLINA

20/11/2011 00:00 / Pilar Campo Oviedo

Los testigos protegidos están amparados por la ley para declarar detrás de un biombo y testificar alejados de la mirada de los acusados, pero ese anonimato no puede actuar como patente de corso para colocar en una situación de indefensión a los procesados. Y a ese argumento se ha agarrado el Tribunal Supremo para absolver a L.E., gerente del club de alterne Evelyn, ubicado en La Franca (Ribadedeva), a quien el alto tribunal acaba de reconocer que la Audiencia Provincial de Oviedo vulneró su derecho de defensa cuando, el año pasado, impidió que conociera la identidad de las tres mujeres brasileñas que le denunciaron por delitos de coacción a la prostitución.

Por dos veces, el tribunal asturiano rechazó la petición de la defensa para que le facilitaran la filiación de las víctimas, a pesar de que su testimonio fue la prueba de cargo que sirvió para juzgarle. La Audiencia le condenó a ocho años de prisión.

“El conocimiento de la identidad de los testigos de cargo resulta elemento esencial para que el acusado, coordinadamente con su defensa, pueda argumentar las razones de que dispusiera para cuestionar la credibilidad de tales testimonios, en atención, por ejemplo, a anteriores motivos de animadversión o malquerencia de los deponentes contra su persona u otras razones espurias que pudieran alojarse en la razón de ser de sus manifestaciones incriminatorias”, razona la resolución judicial.

El ponente de la sentencia, el magistrado José Manuel Maza, sostiene que la posibilidad de defensa ha quedado “claramente cercenada” desde el momento en que “la identidad no se ha facilitado”, lo que origina la nulidad de las pruebas practicadas.

El relato La denuncia había partido de una de las brasileñas, quien llamó a la Comisaría de Gijón, el 25 de octubre de 2007, para pedir a los agentes que la rescataran del club de alterne donde manifestaba estar retenida en contra de su voluntad “porque no aguantaba más la situación”.

Según su relato, ella y varias compatriotas mantenían relaciones sexuales y alternaban con los clientes sin recibir un pago directo por su trabajo.

La denunciante aseguraba que todas las chicas del local cobraban 55 euros por mantener relaciones sexuales. En el primer pase se descontaban 25 euros por alojamiento y comida, ya que vivían en el club, y 5 euros por las sábanas y el preservativo que utilizaban en todos los pases. Cada vez que alternaban cobraban 32 euros por consumición, de los que 16 euros eran destinados a la casa y los otros 16 eran descontados de la deuda contraída del viaje desde su país a España.

Su horario comprendía desde las 21 horas hasta las 4 de la madrugada, durante la semana, y de 21 horas a las 6 de la madrugada los fines de semana. Si se ponían enfermas, debían pagar una sanción de 15 euros diarios por el alojamiento, con lo que la deuda contraída iba aumentando y cada vez resultaba más difícil de saldar.

Las salidas del recinto estaban restringidas y sólo podían abandonar el club si iban acompañadas de otras personas que desempeñaban algún cargo de responsabilidad en el establecimiento.

Desde el inicio de las diligencias, las denunciantes, que carecían de permiso de residencia en España y de contrato de trabajo, fueron incorporadas al programa de protección de testigos.

La defensa del gerente del club de alterne de La Franca interesó “al menos en dos ocasiones” ante los magistrados de la sección segunda de la Audiencia Provincial, tal y como se recoge en la sentencia del Tribunal Supremo, que “se facilitasen los datos referentes a la identidad de las testigos para permitirle ejercer plenamente su derecho de defensa y al comienzo del juicio oral, obteniendo como respuesta la negativa de los juzgadores a esa pretensión”. Una negativa que le ha valido su absolución.

http://www.lavozdeasturias.es/asturias/Supremo-absuelve-gerente-alterne-indefension_0_594540560.html

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Las prostitutas se mudan a medias al sombrío solar del polígono Guadalhorce

El descampado donde deben trasladarse las prostitutas para no ser multadas. | ELMUNDO.esEl descampado donde deben trasladarse las prostitutas para no ser multadas. | ELMUNDO.es

Un descampado sombrío y desangelado de unos dos kilómetros, sin asfaltar, pantanoso cuando llueve, con montículos de escombros por todos lados de donde salen ratas y entre dos desguaces y el río Guadalhorce. Este es el nuevo panorama que deben aceptar las prostitutas del polígono para seguir prestando sus servicios sin ser hostigadas por la Policía con multas de hasta 1.500 euros.

La mayoría de las 200 meretrices que ejercen en estas calles acogieron de buen agrado la alternativa que les propuso el Ayuntamiento de Málaga, pero no a cualquier precio. El solar cumple con lo establecido en la ordenanza municipal que entró en vigor en enero y que prohibe ofrecer o realizar servicios sexuales a menos de 200 metros de comercios, colegios o zonas residenciales. Pero para las prostitutas no reúne las condiciones necesarias para poder trabajar con comodidad.

Esas necesidades que reclaman mantienen activo el conflicto. «Sabemos que molestamos a los empresarios y a los ciudadanos, por eso queremos marcharnos a esa zona, pero si la adecentan. De lo contrario, seguiremos en las calles», advierte Daniela, una portavoz del colectivo de las trabajadoras del sexo.

‘Es una ratonera y sólo nos trasladaremos cuando esté acondicionado’

Esta venezolana, que lleva más de 10 años ejerciendo la prostitución, asegura que se han mudado a medias ya que muchas chicas «no quieren ir a la nueva ubicación porque tienen miedo a ser agredidas y porque perderán clientes». La luz tenue que proyectan las farolas que el Consistorio colocó en el camino que conduce a esta parcela es la única iluminación que tienen. «Sí en las calles sufrimos agresiones y robos, en el campo a oscuras y con una única entrada y salida corremos mayor peligro», añade.

Para Elías Ruiz, de Médicos del Mundo, «la zona está muy mal comunicada, es un callejón sin salida y no reúne las condiciones adecuadas. El único fin que se persigue con esta ordenanza es disminuir la visibilidad de estas realidades». Se sienten desprotegidas y por ello captan a los clientes en las carreteras cerca de las naves para después trasladarse al solar.

Desde la Asociación de Mujeres, Transexuales y Travestis Trabajadoras del Sexo (Amtttse) sopesan contratar servicios de vigilancia privada por la inseguridad que les genera el emplazamiento. «Este descampado es una ratonera, sólo queremos trabajar con dignidad. Cuando el recinto esté totalmente acondicionado nos marcharemos», subraya Tatiana García, presidenta del colectivo.

Las prostitutas piden asfaltar parte del terreno, focos de luz en algunos tramos del camino, contenedores y papeleras para mantener la zona limpia, la plantación de árboles para crear más sombra en verano y casetas donde poder resguardarse. Sin embargo, las peticiones son «inviables e incompatibles» por estar junto a un paraje natural, según el concejal de Seguridad Ciudadana e impulsor de la ordenanza, Julio Andrade. «No se puede asfaltar ni construir en los márgenes de un río. Además, el suelo es propiedad de la Junta de Andalucía», explica.

El edil apunta que el Ayuntamiento limpió el solar, adecentó el acceso y colocó farolas. «Nos falta llevarles papeleras, es lo máximo que podemos hacer. En Málaga hemos hecho un gran esfuerzo, más que en otras ciudades», agrega. Ahora, el Ayuntamiento confía en que estas mujeres den un paso al frente y se trasladen. «Esperamos que colaboren porque vamos a seguir sancionando si ejercen en las calles», advierte Andrade.

Visita al descampado

EL MUNDO de Málaga acudió al descampado para conocer la opinión de las prostitutas, muchas de las cuales insisten en que seguirán en el polígono. Daniela se afana por convencer a sus compañeras del traslado a través de folletos traducidos en varios idiomas, pero no siempre logra su objetivo. «Algunas se muestran reacias porque tienen miedo a que les ocurra algo», dice.

Esta joven llega sobre las nueve de la noche y se marcha a las dos de la madrugada. «Por la mañana trabajo en tareas de limpieza en pisos, pero no me alcanza para pagar el alquiler y dar de comer a mi hijo. No soy una delincuente, lo hago por necesidad, es difícil encontrar trabajo si no tienes papeles. Prefiero vender mi cuerpo que irme a robar», relata.

El Ayuntamiento ve inviable las peticiones de las meretrices por ser un paraje natural

Asegura que antes sacaba más dinero, pero con la crisis y las multas, calcula que no llega a los 1.000 euros al mes, y afirma que la demanda ha bajado en un año un 50%: «La competencia es tan férrea que hay mujeres que revientan los precios y realizan servicios por 5 y 10 euros».

En otra esquina del polígono, María, una rumana de 20 años que se protegía junto a varias compatriotas de la fresca noche junto a una pequeña fogata, lo confirma. «No hay clientes y hay que bajar el precio si quieres sacar algo de dinero con el que sobrevivir», aclara. Ha sido sancionada en un par de ocasiones, pero asegura no temer las consecuencias. «Nos han puesto multas de 750 por ir semidesnudas, por eso ahora vamos más tapadas, pero no iremos a ese campo», avisa.

Cerca del polígono Santa Bárbara se asientan las subsaharianas. Son las más jóvenes, las más numerosas y también las más controladas por las mafias. A pesar de que han sido informadas sobre la ordenanza, ninguna está dispuesta a dejar de ejercer en la calle una actividad que «nos da de comer mientras no tengamos otra alternativa», señala una joven nigeriana. «No tenemos documentos y si no trabajamos en esto no comeremos y tendremos serios problemas», apostilla.

Piden cursos formativos con el dinero de las multas

Desde que la ordenanza de convivencia entró en funcionamiento, la Policía Local ha interpuesto unas 250 multas a prostitutas y clientes, según datos del Ayuntamiento. Pero las asociaciones y meretrices del polígono aseguran que las sanciones superan las 600 por ofrecer o realizar sexo en la vía pública. «La policía nos persigue mucho. Psicológicamente te derrumbas porque te sientes como una delincuente que huye de las autoridades. Siempre vives con miedo», lamenta Daniela.

Fuentes del Consistorio malagueño explican que con el dinero recaudado se financia el Plan de Intervención Psicosocial y Sanitaria que pretende mejorar las condiciones de vida de estas mujeres. Un proyecto del que recelan desde el colectivo de trabajadoras del sexo, que pide que se invierta en cursos de formación y que sean ellas mismas las que lo gestionen.

«Uno de los objetivos de nuestra asociación es trabajar con las administraciones públicas para que las chicas dejen la prostitución. El 95% son extranjeras -latinoamericanas, subsaharianas y de países de Europa del Este-, muchas no conocen el idioma, no tienen papeles y les da mayor confianza que desde la asociación creemos cursos para su reinserción», apunta Daniela.

En el descampado que negociaron con el Ayuntamiento para poder ejercer la prostitución sin ser sancionadas, hay varios edificios abandonados que pretenden utilizarlos como sede de la asociación para reuniones y como aulas para cursos sobre idiomas, corte y confección, peluquería y belleza, camareras de piso o artesanía.

«Queremos salir de la calle, pero nos faltan medios para lograrlo. De momento, vamos a pintar los edificios y acondicionarlos, pero no contamos con dinero suficiente porque lo poco que ganamos con la prostitución lo empleamos para comer y sufragar gastos corrientes», añade una de las portavoces del colectivo.

«Creamos una asociación para pelear por nuestros derechos y llegaremos hasta donde haga falta por defenderlos. Si nos siguen discriminando y no atienden nuestras necesidades básicas, no descartamos volver a manifestarnos por las calles de Málaga», sostienen.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/11/21/andalucia_malaga/1321893719.html

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