- La prostitución mueve al año en Valladolid 30 millones de euros
- De éstos, medio millón llega a la prensa a través de anuncios de contactos
- En ocasiones es una forma de ganarse la vida elegida libremente
Por lo que sabemos, en la ciudad de Valladolid la prostitución afecta directamente a unos pocos centenares de mujeres que la ejercen, algunas decenas de hombres y travestis, los empresarios y proxenetas y unos pocos miles de clientes.
Indirectamente también afecta en ocasiones a sus familias (cuando viven de los ingresos obtenidos), a los vecinos de pisos, clubes y calles ‘marcadas’. Y también, no lo olvidemos, a los medios de comunicación donde se anuncian ‘contactos’.
Porque se ha calculado que la prostitución mueve anualmente, sólo en Valladolid capital, una cifra anual cercana a los 30 millones de euros, de los que en torno a medio millón llega a la prensa.
Todos hemos oído hablar de los asuntos relacionados con esta actividad: la trata de personas, la esclavización y el proxenetismo; la inmigración irregular, las mafias, la violencia contra las mujeres; la inseguridad, los problemas sanitarios, la drogadicción, los aspectos laborales o fiscales, los educativos, los distintos lugares donde se ejerce (en la calle, en clubs, en pisos); las molestias a los vecinos y la degradación del espacio urbano; la mujer como mercancía, la soledad y la autoestima personal (¿cuál es el mayor insulto que se le puede hacer a una mujer?)
Pero también, no lo olvidemos, es una forma de ganarse la vida (no siempre bajo coacción o engaño, a veces como una opción económica de urgencia), que se decide con libertad.
Demasiados asuntos para un solo tema, que además se debate siempre con pasión.
Se discute la posible legalización o su contrario, la abolición; el posible reconocimiento jurídico de la profesión, el reconocimiento fiscal, zonas donde -según algunos- explícitamente debería prohibirse, el régimen de sanciones, la cobertura social, las garantías sanitarias, el papel y las ayudas de algunas ONGs, la información, el asesoramiento, la sensibilización.
Desde el punto de vista legal cada país es un mundo y hay ejemplos de lo más diverso. Las regulaciones se establecen desde leyes estatales (como en Dinamarca), autonómicas (como en los Länder alemanes), o en las mismas ordenanzas municipales (como en Holanda). Hay de todo.
¿Cómo enfocar el asunto? Ante la duda, lo mejor es acudir a los clásicos. Es decir, mirar a los derechos. Lo que significa ponernos en la piel de la última ciudadana que ejerce la profesión. No la de perfil más común (mujer –un 90%-, inmigrante –otro tanto-, con poco más de 30 años, que ha decidido libremente ejercer esta actividad y está orgullosa de poder ayudar a su familia, que trabaja en pisos y vive «con iguales»). Sino la última: una mujer ya mayor (algunas tienen más de 60 años), española, que por muy pocos euros trabaja en la calle (en Valladolid son pocas: apenas un par de decenas), drogadicta y aislada de su familia; que, doliente, afirma haber sufrido agresiones físicas y psicológicas por parte de clientes, compañeras, de su pareja y de la policía. Que bien podría repetirnos aquella frase (tremenda, de puro elemental) de la Canción de la prostituta de Bertolt Brecht: “Al fin y al cabo también yo soy persona”.
Manuel Saravia es portavoz del Grupo Municipal de Izquierda Unida en Valladolid
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/11/27/valladolid/1322412087.html








