Autor invitado: JoanG. (periodista, Barcelona)
Me encargan ELLAS que me introduzca en algo de lo que, me temo, no sé bien cómo voy a salir. Me van ustedes a freír, lo estoy viendo. El caso es que tengo en mis manos dos libros, dos… con los que lidiar aquí. Uno es muy gráfico. El otro, muy teórico y sesudo. Y ambos sobre el mismo asunto: genitales femeninos, es decir, vulvas, coños, o como quieran definirlo (hay de todo: chochos, panochas, chichis y hasta cuevecitas…)
Y lo hago porque ELLAS (las autoras de este blog) prometen sacar en breve otro comentario similar aquí sobre penes (o pollas, para equiparar), que espero ansioso. En fin, de conejos y sus variedades va esto. Tantos y tan distintos he visto para escribir este texto que me he llegado, incluso, a marear de tanto mirar y ver tanto pozo sin fondo explícito (sí, lo que oyen, también me pasa con nuestros aparatos, ¡que le voy a hacer, se ve que la abundancia para mí es mal plan!).Abrumado estoy por la variedad, digamos. Y muy excitada mi curiosidad, claro. Sensaciones tan variadas he tenido a la hora de ponerme manos a la obra que… Curioso, abrumado, hastiado… ¿será que soy un asexual como decía Venus aquí hace poco?
El primer volumen es el Big Book of Pussy, de la editorial Taschen (que incluye esta foto de Alva Bernadine), un verdadero catálogo (incluso por tamaño) de delicias vaginales vistas desde todas las posiciones y ángulos posibles (piernas abiertas a unos 180º, diría yo, lo más repetido), tamaños, formas, colores… y uno imagina hasta sabores y olores… pero no me voy a pasar… para que no me reprochen.Verdaderamente big el asunto.
El libro está editado, cómo era de esperar, por Dian Hanson. Y en la introducción dicen así: “Primero fue The Big Book of Breasts, después The Big Penis Book, The Big Book of Legs y el voluminoso Big Butt Book. ¿Qué podía venir a continuación sino una exploración en profundidad de la parte pudenda femenina, ese codiciado orificio del que el hombre se pasa nueve meses tratando de salir y toda una vida intentando volver a entrar?”. Pues sí, tras pechos, penes y piernas, un buen colofón es llegar a esto. Un cierre de serie con propuesta arriesgada, sin duda.
La historia visual de una parte del cuerpo femenino en el que la editora hurga para mostrar cómo ha sido codiciado, temido, agraviado e idolatrado por civilizaciones de todo el mundo. Mucha foto de muchas enseñandolo todo a lo largo y ancho de un siglo y pico, el pasado y el actual. “Dado que la representación de esa parte del cuerpo ha estado mucho tiempo envuelta en una vergüenza injustificable, The Big Book of Pussy replantea el tema con modelos que exhiben su parte más privada con entusiasmo, felices, con una sonrisa tan amplia como…, en fin, la idea queda clara”. Y los textos tampoco tienen desperdicio: desde Pussyman; el ex policía que convirtió la masturbación en millones con un juguete llamado Fleshlight; la gran Vanessa del Rio de la que ya se escribió aquí; la jugosa Flower Tucci; la artista de performances vaginales Mouse, y el singular Buck Angel...
La mano de Dian Hanson, fuera de tópicos y miramientos, se aprecia en todo el libro. Con más de 400 fotografías de alta calidad, energía y densidad, con todo tipo de opciones, como dije, desde lo delicado y artístico hasta lo plenamente provocativo, de autores como Terry Richardson, Richard Kern, Ralph Gibson, Jan Saudek (que me encanta), Guido Argentini, Ed Fox... Yo les recomiendo que miren detenidamente… y para ver allí minas, precipicios, mundos desconocidos, vaivenes, promontorios, auténticos barrancos, simas y profundidades submarinas. Lo juro. A Hanson lo sutil no le va. En cada obra que toca deja caer un poco poquito de su gusto, como esas gotitas pre eyaculación que van cargadas de material siempre susceptible de ser fértil. Valiente esta tía donde las haya, se edita libros complicadísimos de tetas, culos, pollas y vaginas con una tranquilidad pasmosa. Yo la imagino con las manos en la masa: es decir, rodeada de fotos de hombres y mujeres desnudas por todas partes menos por una, cual península perfecta.
Se que ELLAS tienen siempre pendiente que nos escriba aquí unas palabras contándonos algún making of. Para abrir boca les enlazo aquí el vídeo de preparación de los culos, que da mucho juego y de paso sirve para aprender cómo mantenerlo saleroso y terso. Ahí sí, señoras y señores: chicas y chicos en acción me entretienen más que la simple exposición de un órgano genital tras otro, sea el que sea.
¿Y el otro libro? El otro es un trabajo pionero de la hindoalemana Mithu M. Sanyal. Si titula simplemente Vulva. La revelación del sexo invisible, de Anagrama. No tienen desperdicio ninguno de los dos. Pero este segundo daría para otra entrega porque es una historia cultural del genital femenino y un contundente manifiesto “a favor de la visibilidad de un órgano exhibido y ocultado, deseado y temido”.Dicen que la autora visitó prostíbulos japoneses, iglesias irlandesas y bares de strippers en busca de reconstruir la significación cultural del genital silenciado; revisa el mito adánico, compara la orla que envuelve a la Virgen en las representaciones medievales con los labios de una vulva, repasa el antiguo ritual matrimonial hindú consistente en untar la vulva de la novia con miel para que su esposo se arrodillara ante ella y la adorara, y discute la representación de la vulva en el arte contemporáneo y su reivindicación por parte de los colectivos de rock y punk feminista de nuestros días.
Todo eso es así y es mucho más. Si usted quiere saber qué se esconde desde este agujero primigenio, ahí esta. Lean este fragmento introductorio y verán. Ha dado tanto de sí, que hay hasta museos de la vulva hay. Y muros se han construido con ella/s. En el plano artístico. Aquí les dejo el vídeo de James Lane con la historia del proyecto Design A Vagina para que se hagan idea. Se trata de una escultura compuesta de cinco paneles (arriba uno) y realizada con los moldes de las partes pudendas de 200 mujeres distintas entre 18 y 64 años de edad.
Para terminar, me detengo en un nombre que, como Annie Sprinkle o Carolee Schneemann, podría mencionarse en ambos volúmenes: la artista conceptual Mouse, una suerte de espejo, reflejo y/o musa del fotógrafo también conceptual Alva Bernadine (que no es para todos los gustos, rompedor, provocador, crítico, no deja nunca indiferente, la foto en blanco y negro de arriba es suya) sobre la que tiene mucho que decir, puesto que el mismo es hombre, dice, de vanguardia (se define a sí mismo como I am a one man subculture). Mouse es experta en lanzamiento de pelotas con el aparato genital. Aquí les pego el enlace de uno de sus vídeos, por aquello de que investigar siempre es jugoso (y porque ELLAS me dicen que, verdaderamente, esto de lanzar y encestar… no saben si les va a costar un disgusto). Veánlo, pues no lo olvidarán.
Veánlo y opinen, que yo aunque ando impresionado, como periodista deportivo que soy, creo que los campeonatos de esta disciplina (y la de tiro con pene, pongamos) tendrían un éxito arrollador.








