AY QUÉ PESADO, QUÉ PESADO…

http://www.youtube.com/watch?v=CxBP2aO3vIc

Los hay. Clientes pesados. Son una auténtica pesadilla con patas. Patas que, tal vez terminan en unos pies malolientes y que parece que se pudran lentamente en unos zapatos que, debieron haber pasado a mejor vida hace un par de años.

Puede que, en lugar de olerles los pies o a pesar de ello, el aliento les huela a perro muerto. Aunque jamás he visto –cuanto menos olido-, a un perro muerto.

Los hay que, son limpios y aseados y a pesar de ello su olor genital, aún después de un buen baño es, absolutamente insoportable. Insoportable de verdad, de los que dan arcadas y te ponen enferma.

También existen los que tienen el cuerpo lleno de pequeñas -y no tan pequeñas-, verrugas y como es lógico, deseen que les acaricies de arriba abajo. Naturalmente, a su pareja le da grima hacerlo y lo echan de menos. Así que, se lo piden a una chica de pago.

Alguno aparece con aspecto desaliñado y parece haberse levantado hace unos segundos de una impresionante caída por un terraplén de 500 metros.

Los menos, aparecen con el rol de cliente/amigo, aunque no les conoces de nada, contándote toda suerte de injusticias que le han pasado en la vida. Y como de todas ellas, ha salido malparado y malherido y siempre se muestra como un ejemplo de generosidad y amor al prójimo más lejano. Todxs huyen de él como de la misma peste por pesado y chupa energías.

También están los que presumen de aparato genital. Sí, sí…porque ellos directamente no tienen pene, ni polla, ellos tienen un Aparato. Potente y Enorme como una manguera del cuerpo de bomberos que, ya cuando la ves, intuyes el dolor que va a producirte.

Más habitual es el Gran Amante, ése que se empeña en que debes correrte haciéndote él, aquello que le da la gana, en lugar de aquello que te gusta para lograr un orgasmo. Me refiero a uno verdadero, por supuesto. Que para fingirlos ya están sus parejas habituales.

En cualquier caso, son clientes que, por una u otra razón te dan cierto reparo, cuando no asco.

Y no aceptan que, tras una primera cita de rigor en la que, es cuando te has podido dar cuenta de sus “pequeños” defectos, no quieras acceder a tener una segunda.

Se ponen muy pesados…mucho. Hasta el punto de que, cuando enciendes el móvil encuentras veinte llamadas perdidas…¡todas de él!. Abres el mail mientras desayunas y se te atraganta el té matutino al encontrarte varios mails de longitud kilométrica explicándote a qué huelen las nubes…Vamos lo que viene siendo un plasta de toda la vida. Pero con el agravante de que, cree que, como eres compañía de pago, debes decir sí o…sí.

 

Otro ejemplo de pesado, pesado, lo tendríamos en los clientes degenerativos.

Ésos que, un día ya muy lejano, fueron buenos clientes y ascendieron a la categoría de compañeros de juegos porque, realmente lo pasabais muy bien juntos. Pero que, por uno o varios motivos comienza a ser un cliente/peñazo. Pretende no pagarte las horas de compañía, sólo las de , exige…sí, sí…exige que se le de un trato más personalizado, que atiendas sus cientos de sms mensuales, que le atiendas en llamadas telefónicas que se alargan hasta más allá de los sesenta largos y tediosos minutos, pero sin pagarte nada a cambio. Por los viejos tiempos, ya si eso. Y te ves, de repente y sin pretenderlo, haciendo de consultora, sexóloga, psicóloga, consejera, contable, matrimonialista, asesora infantil para los problemas de sus hijos y un sinfín de estupideces que no os podéis imaginar.

Cuando tú, precisas de ese precioso tiempo para atender tus propios asuntos y los de tus retoños, que bastante tienes con ellos, como para aconsejar sobre los de los demás.

 

No son ni más majos ni más feos que el resto, ni más altos ni más bajos. Lo mismo da si tienen una larga barba o la cara tan suave como el culito de un bebé. Carece de total importancia si son flacos como un lápiz o gorditos como un Buda.  Pueden ser tan divertidos como unas castañuelas o aburridos como un desfile militar. No importa, el caso es que por uno u otro motivo, no apetece volver a verles ni poco ni mucho. Ni en blanco y negro ni en color.

Pero no lo aceptan. ¿Acaso no pagan cómo aquellos a los que sí, les dejamos disfrutar de nuestra compañía? Entonces, exigen su derecho a no ser rechazados.

Derecho a no ser rechazado. ¿Se dan cuenta de la paradoja que supone ser rechazado por una ? Porque no nos engañemos, amigos, en cuanto dices –no-, pasas de ser una de lujo a una vulgar puta de mierda.

Y es que, por más que nos pese, es fácil caer en el insulto, en lo soez y lo más vulgar, cuando un cliente se siente rechazado por una profesional del sexo de pago. No todos están preparados para que se les diga que no, si pueden pagar. Y claro, poder pueden. Por eso se ponen como se ponen…¡porque pueden!

Son una especie de cliente, más habitual de lo que se pueda suponer y aparecen y desaparecen como el Guadiana. Pero siempre, siempre, reaparecen.

Y no siempre como amigos porque, lógicamente “el rechazado”, se pone chulito, agresivo, miente para desprestigiarte, te putea -cuando la puta eres tú-, te culpa de todos sus errores, de sus meteduras de pata y de sus estupideces. Porque, en su lógica diaria, él no tiene la culpa de nada. Es un cliente modelo –según él, claro-. Y farda de ello cuando puede. Y más aún, cuando ya no puede. Y más allá de ello, ÉL es un hombre modelo.

No.

Más que eso.

ÉL ES EL MODELO A SEGUIR.

 

Fanfarrón, patético, cansino, plasta, aburrido, ególatra, fantaseador de su propio ombligo.

Finalmente termina dónde todos los de su calaña. Dónde les dejan. Porque, cuando ya han terminado por putear a todas las mujeres que ha ido contratando y todas, en mayor o menor medida le han dicho –Gracias pero no, gracias a siguientes citas-, tiene que terminar abriendo nuevos horizontes en quienes son más inocentes…

Hay de todo porque, de todo, tiene que haber.

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Esta entrada fue publicada en 02 - A Vuelapluma por Paula y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

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6 respuestas a AY QUÉ PESADO, QUÉ PESADO…

  1. Sara dijo:

    En todas partes hay pesados, pero claro en esta profesión se sufre más. Mucho ánimo para lidiar con los pelmas! Bss.

  2. PaulaVip dijo:

    Más que ánimo, necesitamos pericia, mano izquierda y pelín de mala leche.
    Gracias, Sara!

  3. Elisa dijo:

    Jo Paula… a mí me dan un poco de penita.
    Imagínate que estuvieras llena de verrugas y nadie te quisiera tocar, ni siquiera pagando!!
    Suena demasiado triste, triste…
    Aunque desde luego no tienen derecho a putear a nadie y mucho menos a “obligarte” a estar con ellos, aunque paguen, si no lo deseas.

  4. PaulaVip dijo:

    Forma parte del respeto al otro, estar lo más presentable posible y eso no tiene que ver sólo con la higiene. Unas uñas bien recortadas que, no te produzcan heridas, unos pies que no huelan mal -por mucho que se laven, los hongos huelen mal-, son medidas que los caballeros pueden adoptar sin que les resulte traumático.
    Lo mismo que someterse a un tratamiento para las verrugas. Es grimoso acariciar una cara, una espalda, un cuello, un pecho o una cara, llenos de verrugas.
    Es simple tratamiento las elimina. No hablamos de algo estético, es simplemente, respeto a la persona que tiene que pasar su mano sobre ellas…

    En cuanto a los puteadores, gastan ellos más tiempo y nergía en pretender que digamos que sí, que nosotras en nedir -NO-.

    Un besito preciosa!

  5. Pier Francesco dijo:

    Un texto muy aleccionador, como posible futuro cliente, (si es que algún día me decido y soy admitido), me planteo leerlo muy cuidadosamente para en la medida de lo posible no devenir en un pelma profesional…
    Atentamente, Pier Francesco de Orsini

  6. Atenea dijo:

    He escrito hoy un post muy parecido a este en mi Blog. Hay clientes para todos los colores, y si, que creen que por pagar tienen derecho a todo y olvidan que somos personas. Y si les dices que no a algo…preparate, criticas, malas caras,….

    Aun que hay que reconocer que por suerte, a veces, hay mas clientes buenos que “pesados”.

    Atenea.

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