Puzzle y Vida

Siempre me gustó hacer puzzles. Crear, desde la nada, un lago con patitos, recrear una escena de Blancanieves y la malvada bruja o ver cómo se materializaba un enamorado Micky Mouse en la pequeña mesa que mi mami había destinado a mi hobby, me encantaba. Ahora no hay nada…¡ahora ya se le ve la carita sonriente a Minnie!…
Luego empezaron a regalarme puzzles con más piezas, cada vez más difíciles y complicados. Nunca sabías si era agua o cielo. Hasta q la afición, se tornó en una competición para ver quién me compraba el puzzle que no pudiera resolver. Y dejó de ser divertido. Las piezas sólo encajaban por casualidad o descarte. Se acabó la pasión y comenzó el aburrimiento y la obligación.

Los humanos también somos puzzles. Nos componemos de miles y miles de piezas que encajan, ahora sí…por fín! ¿Pero y ésta otra, dónde demonios va esta desgraciada? Y al final caemos en la cuenta de que pusimos mal una pieza casi al principio. Y parecía encajar bien. Se acoplaba al resto de piezas de su alrededor. Pero no, nos equivocamos y ahora debemos desmontar más de la mitad del puzzle para hacer que las siguientes piezas encajen bien y la imagen tenga sentido.

Del mismo modo, cuántas veces nos encontramos en situaciones incomprensibles que se deben a una pieza que no encajaba en nuestra vida. Una pareja, una carrera, varias hipotecas, créditos, una mala compra, algún timo, algunos engaños…
Sin embargo, al contrario de lo que nos ocurre con esos maravillosos paisajes que terminan como cuadros colgados en las paredes de tu casa y la de algunos masoquistad conocidos o familiares, no puedes alterar el orden de las piezas de tu vida. Y las que encajaste mal, hacen que el conjunto no cobre el verdadero sentido de la bella imagen.

Porque, a fin de cuentas, quién no desea que la imagen de su vida sea lo más agradable posible? Y si además, no sólo lo pareciera si no que, lo hubiésemos hecho bien desde el principio, cada momento importante de nuestras vidas, daría pie a miles de escenas felices y perfectas.
Bellas damas y apuestos caballeros. Sin dolor ni sufrimiento. Sin engaños, ni mentiras. Sin odio ni rencor. Sin envidia ni celos. Encantadores y sanos retoños nos serían concedidos para nuestro deleite al ver transcurrir su buena y dulce vida.

Los puzzles admiten miles de cambios de piezas. Te permiten enfadarte y desmonatarlo entero para, diez minutos después, retomar el trabajo como si nada. Cada día construímos un nuevo puzzle si haber terminado los anteriores. Cada día nos exige un nuevo escenario y una nueva imagen. Cada nuevo día nos recuerda que, miles de piezas, las hemos estado poniendo mal, año tras año. Y las piezas no se quejan, pero el conjunto, distorsionado queda.

Mi agradecimiento, mi admiración más sincera a todas aquellas personas que, cada día, construyen y comienzan un nuevo puzzle y se equivocan. Porque, sólo yerran los valientes que se atreven a colocar las piezas, con el consabido riesgo de meter la pata e incluso la pezuña.

Mi apoyo incondicional a todos aquellos seres humanos que, se levantan cada día, sin saber muy bien por qué o para quién y que aún así, logran cerrar el día si que sobre una pieza, de su puzzle diario. Bien o mal colocadas. Tal vez el original no se parezca a la imagen. ¿Y qué? Acaso no tenemos derecho a equivocarnos? Es más…no tenemos la obligación moral de meter la pata, una y mil veces?

Los seres humanos somos extraños animales de feas costumbres y peores instintos. «El hombre ds un lobo para el hombre». Pero nunca dejamos de confiar y de equivocarnos. Algunos aprenden de sus errores y cada vez, sus puzzles, son más perfectos.

Aunque, si de verdad deseas que el puto puzzle no tenga más piezas cada día y sea más y más complejo, hasta el punto de que construírlo, te aleje de vivir en toda su plenitud, tu vida, toma el control y simplifícala.
Olvídate de lo que no es importante. Tira el lastre y vajarás más ligero y rápido. Ámate porque, nadie lo hará por ti, ayuda a los demás porque crecerás como ser humano, tiende tu mano a tus hermanxs, sin que te importe de dónde vengan ni cómo se llamen. No dejes que al cogerte de la mano, te arrastren y si lo hacen, tus amigos vendrán a rescatarte enseguida.

Sé como tú seas, intentando ser mejor y cada día que pase, cada nuevo amanecer, te ofrecerá un puzzle más simple, más nítido, con menor número de trampas ópticas…sí, espejismos que, en ocasiones, nos alejan del verdadero camino.
Y así es como yo veo a los humanos. Como me veo a mí misma, cómo entiendo, o no, el comportamiento de los que.me rodean…un precioso puzzle compuesto por cientos de miles de bellas y únicas piezas.

Share
Marcar el Enlace permanente.

Comentarios en FaceBook:

Deja un comentario