Sí, es una cuestión de sexo…

Últimos estudios sobre evolución y diferenciación sexual

José Antonio LÓPEZ GUERRERO | Publicado el 20/09/2013 |  Ver el número en PDF

¿Son los pezones masculinos una chapuza evolutiva? ¿Qué función tiene el orgasmo femenino en la reproducción? ¿Por qué más de 4.000 recién nacidos de todo el mundo presentan anomalías en la diferenciación sexual? José Antonio López Guerrero, profesor del CBMSO-UAM, analiza los últimos estudios publicados.

Fotograma de la película Diario de una ninfómana

“¡Tiene usted un hijo preciosa!”. No, no acaba de leer un error de concordancia gramatical. Con esta extraña frase zanjaba el siempre polémico y ficticio doctor House el capítulo donde una bella modelo con alguna disfunción sexual resultó ser, sorprendentemente, un varón, al menos genéticamente hablando; esto es, portaba la pareja cromosómica XY.

Según se ha podido constatar en modelos de ratones transgénicos, una simple -o no tan simple- mutación en un gen del diminuto cromosoma Y puede acarrear que todo el esquema de inducción del desarrollo sexual masculino se vea truncado y, por ende, el patrón base -fenotipo femenino- se imponga con toda su fuerza; con toda su belleza; sin ‘contaminación’ masculina. Dicho en otras palabras; todos -todos y todas- hemos tenido el esquema de desarrollo embrionario que conduce al nacimiento de una niña. Hace falta la activación de toda una batería de genes durante la embriogénesis temprana para inhibir la formación de los conductos de Müller -etapa previa a la formación de los órganos reproductores femeninos- y, con ello, conducir hacia el nacimiento del hermanito.

Precisión genética

Desde luego, se me antoja fascinante la precisión genérica que recae en un pequeño grupo de genes que permitiría abordar -o al menos especular- cuestiones tan esenciales como la evolución divergente que condujo a la formación de sexos distintos, aunque con sus pequeñas muestras de ‘tacañería’ estructural, como parece indicar la presencia de pezones en el hombre, o a la también controvertida -y pido perdón por utilizar adjetivos que no son míos- manifestación del orgasmo en las mujeres.

Fotograma de la película Habitación en Roma.

Según el investigador Pau Carazo (del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford), los pezones masculinos son, entre otras cosas, la prueba de que el famoso ‘diseño inteligente’ no tiene razón de ser. Una chapuza evolutiva que no fue eliminada tras la pérdida de funcionalidad. La evolución se desarrollaría eliminando principalmente aquellas partes de nuestro cuerpo que son costosas de mantener, no simplemente las prescindibles. Al menos, sobre el papel filosófico, el hombre podría haber evolucionado hacia la capacidad de amamantar a sus hijos. Este hecho nos vuelve a recordar la existencia de un patrón único de desarrollo embrionario comentado anteriormente. La formación del patrón femenino -patrón que todos hemos disfrutado durante un breve lapso de tiempo en una etapa temprana de nuestra existencia- tiene que ser inhibida y reconducida hacia un modelo inmerso en el reino de la testosterona…

Cromosoma Y sexo

Tal y como se acaba de señalar, el desarrollo masculino se perfila con la activación de un factor -MIF o factor inhibitorio mülleriano, también conocido como AMH u hormona antimülleriana- que conducirá hacia la inhibición de la formación de los conductos de Müller. En una serie de experimentos muy elegantes aparecidos en la revista Nature, y mediante la elaboración de ratones manipulados genéticamente, se comprobó que si a un ratón XX se le introduce el gen SRY -gen de la región del cromosoma Y determinante del sexo-, esta ‘hembra genotípica’ (genética) se desarrollará fenotípicamente (morfológicamente) como un macho completo.

De hecho, al contrario que en humanos, la reversión sexual de ratones no implica esterilidad. Sin embargo, si a un ratón XY se le muta SRY, tendremos una hembra física y mentalmente completa. En humanos existe una serie de síndromes o disfunciones asociadas a este gen. Por ejemplo, al menos en el 15-20% de las personas con el síndrome Swyer -disgénesis gonadal 46,XY- se ha observado mutaciones en SRY. Un feto con esta mutación se desarrollará como niña. Por el contrario, un feto con un cromosoma X portador del gen SRY -propio del “desorden testicular del desarrollo sexual 46,XX”- desarrollará características masculinas a pesar de no tener el cromosoma Y. Por si fuera poco, también podemos encontrarnos casos intermedios con genitales ambiguos. En resumen, resulta realmente fascinante ver cómo la expresión de un único gen es capaz de modificar completamente un proceso tan maravillosamente complicado como la diferenciación sexual en mamíferos. 

Presude-to-desire de Kitagawa Utamaro.

Afortunadamente, el ser estéril o fértil no forma parte de los criterios a la hora de enmarcar a los humanos en uno u otro sexo. Sería muy llamativo en caso contrario, ¿no creen? Por supuesto, un factor como el SRY tan crítico para el desarrollo sexual requiere de una regulación exhaustiva. Dicho regulador tiene nombre: Gadd45g. Más de 4.000 recién nacidos en el mundo presentan anomalías en cuanto a la diferenciación sexual sin que, hasta la fecha, en la mayoría de los casos esté definido el diagnóstico.

Cuestión de fertilidad

Según publica PLoS ONE, un estudio llevado a cabo por investigadores del CSIC -en colaboración con el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares y la Complutense de Madrid- demuestra que el gen Gadd45g regula positivamente SRY. Su inactivación, mutación o ausencia frenaría el desarrollo de las gónadas masculinas y favorecería la aparición de los ovarios -aunque el individuo sea XY-. Según afirma desde el Centro Nacional de Biotecnología Jesús Salvador, director del proyecto, Gadd45g se revela esencial en la fertilidad, determinación y definición del sexo, siendo importante durante el estudio y análisis de la etiología de estas anomalías geno y fenotípicas.

Soy consciente de lo espinoso que puede parecer hablar del orgasmo femenino en un contexto en el que estamos tratando esa evolución ‘tacaña’ que aprovecha grupos estructurales durante la generación, incluso, del dimorfismo genérico -diferencias morfológicas entre sexos-. Al contrario que en el hombre, el orgasmo femenino puede prolongarse varios minutos. Sin embargo y curiosamente también al contrario que en el hombre, dichos orgasmos femeninos no parecen influir directamente en la capacidad procreadora -el fin último de cualquier especie-. Entonces, ¿a qué obedecen? Algunos estudios, considerados con cautela, hablan de la necesidad de dejar inmovilizada a la mujer tras el acto para favorecer la mayor movilidad de los espermatozoides y su inyección en el útero. En el extremo opuesto, el científico norteamericano Stephen Jay Gould llegó a insinuar que, al igual que los pezones en los hombres, el orgasmo femenino no tendría por qué tener ninguna función esencial. En su Natural History, este gran comunicador nos proponía la posibilidad de que el orgasmo femenino, como el clítoris, pudiera ser parte del patrón unisex de desarrollo morfológico humano comentado anteriormente.

¿Cosa de monos?

Del mismo modo opina la historiadora Elisabeth Lloyd, quien llegó a decir que el orgasmo de la mujer no era ninguna adaptación evolutiva. Por supuesto, su enfrentamiento con amplios sectores femeninos de la sociedad estuvo cantado. En este sentido, una de las investigadoras más beligerantes con dicha opinión, fue la antropóloga Sarah Blaffer, para quien el orgasmo femenino podría ser realmente necesario para la procreación. Una mujer con orgasmo, antropológicamente hablando lógicamente, podría tender a copular con varios machos y, de esta forma, desconocer quién es el padre de su prole, por lo que se garantizaba el cuidado de varios machos y no correrían peligro real los más pequeños, como sí se ha observado con algunos monos, los cuales podrían matar a los retoños de otras hembras para favorecer la competencia de su propia prole. Cosas de monos que, cuando pasan a los humanos, parecen perder vigencia… ¿o no?

http://www.elcultural.es/version_papel/CIENCIA/33311/Si_es_una_cuestion_de_sexo

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