Siete impactantes hallazgos del sexo femenino

Desde la excitación que puede producir estar sentado en un silla, hasta los movimientos del útero para reunir el esperma

Siete impactantes hallazgos del sexo femenino

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El sexo sigue siendo objeto de estudio y de descubrimientos. En esta última ocasión, el Dr. Eden Fromberg y Naomi Wolf, autora del libro «Vagina: A New Biography», han recopilado datos de múltiples estudios para ofrecer algunos de los hallazgos más sorprendentes de los últimos tiempos. Estos son algunos de ellos, según ha recogido la revista «Time» en su sección dedicada a Salud y Familia.

Los ciclos de luz afectan a la fertilidad

Aunque tradicionalmente los ciclos de menstruación han estado influidos por el ciclo lunar, coincidiendo la luna llena con el momento de la ovulación, en la actualidad esto ha cambiado. Al vivir en un mundo dominado por la luz artifical, las mujeres ya no están tan en sintonía con el calendario que «marca» la luna.

El uso de tacones puede afectar a los orgasmos

Los tacones muy altos, que fuerzan el empeine, hacen que los talones creen una contracción de la pelvis muy similar al que se produce en una mujer cuando tiene un orgasmo. Esto hace que la musculatura inferior de la pelvis no pueda contraerse más durante el orgasmo lo que, según Fromberg, hace que las mujeres no puedan tener después «una experiencia completa».

La píldora disminuye la libido

Según explican los expertos, cualquier anticonceptivo tiene como efecto secundario la disminución de la libido por motivos psicológicos. Los autores señalan que existen casos en los que, a pesar de que la mujer haya dejado de tomar los anticonceptivos, sigue teniendo problemas para quedarse en estado.

Los orgasmos ayudan a la creatividad

Los orgasmos pueden hacer que las mujeres se sientan más seguras, además de que sean más productivas y creativas. Además, se trata de una situación que se retroalimenta, ya que según explica Fromberg, las mujeres alcanzan la cumbre del placer de una manera más completa cuando están siendo creativas.

Las sillas pueden llevar a la excitación

Ciertos tipos de sillas pueden activar las zonas erógenas de la mujer, al activar los nervios de la región pélvica. La presión sobre estos nervios puede llevar así a la excitación sexual. Sin embargo, es un hecho con doble filo, ya que al estar sentadas la mayor parte del día, también encoge el suelo pélvico y los músculos psoas —músculos esenciales para un orgasmo completo—. Cuando estos músculos están tensos por estar sentado demasiado tiempo, a las mujeres les resulta más difícil lograr un orgasmo.

Cada mujer es diferente

Las terminaciones nerviosas de cada mujer se distribuyen de forma diferente a lo largo de su cuerpo y, especialmente, en las zonas erógenas. De esta manera, cada mujer necesitaría emplear métodos diferentes para lograr un orgasmo.

El útero reúne el esperma

Según explica el experto, las pulsaciones que las mujeres sienten durante el orgasmo son espasmos del útero tratando de reunir el esperma. De hecho, los ligamentos que terminan en los labios mayores «mueven al útero hacia adelante y hacia atrás durante el orgasmo para que el cuello uterino tenga la oportunidad de recolectar el semen hasta que se haya agrupado en la parte posterior», dice Fromberg. Esto aumentaría «las posibilidades de fertilidad».

http://www.abc.es/sociedad/20131021/abci-estudio-sexo-descubrimientos-201310210934.html

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¿Por qué una caricia en el cuello resulta tan sensual?

Un estudio analiza qué hay de mito y realidad respecto a las zonas erógenas y sus diferencias entre hombres y mujeres

¿Por qué una caricia en el cuello resulta tan sensual?

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¿Se ha preguntado alguna vez por qué una caricia en la nuca o un masaje en los pies pueden resultar tan sensuales? Pues algunos neurocientíficos sí. Es más, les parece intrigante la existencia zonas de nuestro cuerpo altamente excitantes, aunque estén muy alejadas de los genitales. Y es que la neurociencia se ha propuesto demostrarnos que tiene mucho que aportar en todas las esferas de nuestra vida, incluidas las más íntimas. Así lo demuestra un estudio publicado en la revista “Cortex”, que aborda por primera vez de forma “científica y sistemática”, según los autores, lo que hay de mito y realidad respecto a las zonas erógenas y otras cuestiones como las posibles diferencias entre hombres y mujeres a la hora de percibir el placer, y las posibles explicaciones al paradójico hecho de que un masaje en la espalda o pueda despertar el deseo sexual.

En la década de los 90 del siglo pasado, el neurólogo Vilayanur Ramachandran dio una explicación al hecho de que una caricia en la zona del cuello próxima a la oreja o en el pie pueda resultar tan erótica. Para ello se basaba en representación de estas zonas corporales en el cerebro, en concreto en la corteza somatosensorial, y en lo que se conoce como el homúnculo sensorial de Penfield. En 1950 el neurocirujano canadiense Wilder Penfield, observó que al estimular distintas zonas del cerebro de sus pacientes podía establecer una representación topográfica del cuerpo en la corteza cerebral, una especie de «cuerpo virtual». En esta representación más de la mitad de la corteza cerebral corresponde a las manos y la cara, dos zonas muy sensibles al tacto, mientras que zonas como la espalda no tienen una gran representación.

 

¿Por qué una caricia en el cuello resulta tan sensual?

Representación en la corteza somatosensorial de las distintas partes del cuerpo, en función del lugar donde se reconocen, organizan e integran las sensaciones que provienen de las distintas partes del cuerpo

 

Argumentaba Ramachandran, basándose en esa representación, que las partes inferiores del cuerpo, y en especial los pies, se representan en la corteza somatosensorial muy próximas a los genitales, mientras que las zonas de la parte superior, como el cuello o los oídos, mapean cerca de la mama. De ahí que una caricia en estas áreas produjeran una sensación erótica al activar los órganos genitales adyacentes en la represetanción en la corteza somatosensorial.

Esta explicación tiene sus pegas, replican los autores del artículo publicado en “Cortex” basándose en una observación del propio Penfield: “Curiosamente –decía el neurocirujano- nunca hemos provocado sensaciones eróticas con ningún tipo de estímulo en la corteza”. Algo extraño porque estimulando estas zonas durante las operaciones lograban todo tipo de sensaciones, excepto las eróticas.

Empezando por los pies

Para investigar lo que había de verdad en la hipótesis de Ramachandran sobre las zonas erógenas, Marilyn Lucas, de la facultad de Psicología de la Universidad de Witwatersrand, Johannesburgo, Sudáfrica, que lidera el trabajo, y sus colaboradores reclutaron a 793 participantes, (304 hombres y 389 mujeres), con una edad media de 24,7 años, procedentes en su mayoría de las islas británicas o África subsahariana. El 84% se declararon heterosexuales, cerca de un 5% homosexuales y 6% bisexuales.

Recopilaron datos por medio de un cuestionario sobre zonas erógenas en el que los participantes debían señalar en una escala de 0 a 10 la capacidad de 41 zonas eróticas para producir excitación sexual.

El primer resultado sorprendente fue, que a diferencia de la creencia popular, la puntuación obtenida por los pies en la casa erógena fue muy baja independientemente de la edad de los encuestados, su orientación sexual, nacionalidad, raza o sexo. “Nuestro estudio sugiere que el pie, que mapea en la corteza somatosensorial cerca de los genitales, no es una fuente de placer para 3 de cada 4 participantes”, explican.

Los resultados señalan que hombres y mujeres coinciden en sus zonas erógenas, pero las mujeres informaban de una mayor sensibilidad en varias partes del cuerpo. De hecho asignaban una puntuación superior a 7 a seis partes del cuerpo, mientras los hombres solo alcanzaban este nivel en dos de ellas.

Zonas erógenas femeninas

Las mujeres dieron a la espalda, nuca y cuello, caderas, muslos, boca/labios, pezones, omóplatos, hombros, estómago y muñecas una puntuación significativamente mayor que los hombres. Según los investigadores, el hecho de que las mujeres se muestran más sensibles correlaciona bien con otros estudios que las atribuyen más sensibilidad al tacto en general. Sin embargo, la afirmación de que las mujeres tienen mayor diversidad de zonas erógenas que los hombres no tendría fundamento, según este estudio.

Además, en contra de lo que sostiene Ramachandran, los investigadores concluyen que la distribución erógena no se correlaciona con la representación del cuerpo en la corteza somatosensorial, como ya intuía Penfield por su observación de que al estimularla nunca despertaron sensaciones eróticas en los pacientes. Y proponen que estas zonas erógenas deben estar representadas en otras zonas del cerebro.

Donde reside el placer sensual

Lo más probable es que el origen de las zonas erógenas haya que buscarlo en la ínsula o corteza insular, una parte del cerebro donde tiene lugar la integración emocional y multisensorial. Situada en el interior del surco lateral (cisura de Silvio), que separa las cortezas temporal y parietal inferior, la ínsula es activada por receptores de la piel que responden a toques ligeros y lentos, que concuerdan muy bien con las caricias eróticas.

Estos resultados de agosto de este año están en la línea de los obtenidos en 2012 en un estudio llevado a cabo en la Universidad de Ginebra (Suiza), que mostraba que la parte posterior de la ínsula se activa con el deseo sexual en las imágenes de resonancia magnética funcional, mientras que la parte anterior de esta zona del cerebro responde a los sentimientos de amor. Sin embargo, el origen del amor romántico, como indica este estudio de Ginebra, hay que buscarlo en el sistema de recompensa del cerebro.

http://www.abc.es/ciencia/20131023/abci-cerebro-erotico-201310221815.html

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