Fotos a los clientes de prostitutas en Hortaleza

  • Un concejal del PP les dice a los vecinos de Las Cárcavas, que denuncian la apertura de tres : “Haced fotos, la gente lohace de tapadillo, quieren anonimato”

Uno de los chalés de Las Cárcavas en los que se asienta un puticlub.

Uno de los chalés de Las Cárcavas en los que se asienta un puticlub. JAVIER BARBANCHO

«Raro era que no hubiesen aparecido antes por aquí». Se sincera Javier Martínez, presidente de la asociación vecinal de Las Cárcavas-San Antonio, un barrio que parece un pueblo. Casi aislado al noreste de la capital, el entramado de Las Cárcavas está formado por casas unifamiliares que, hasta la urbanización de Valdebebas, estaban rodeadas de campo.

El quebradero de cabeza de los vecinos lo provocaban entonces los vertidos ilegales. Ahora que las escombreras se han convertido en un espléndido parque forestal, lo que les trae de cabeza es la proliferación de prostíbulos durante los últimos meses. «Tres para ser exactos, porque el panadero me ha dicho que hay otro nuevo. Esto es como un pueblo».

La solución, según dijo el concejal del distrito, Ángel Donesteve (PP), a los vecinos en el Pleno: «Les pido su colaboración, hagan fotos, disparen los flashes, eso incomoda a la gente que quiere anonimato, que lo hacen de tapadillo. Sólo dándoles la lata podemos desanimar a que sigan allí».

No hay luminosos ni señales que identifiquen las casas de citas. De hecho a simple vista parecen eso, casas. Hace tres meses, Antonia sospechó cuando en el chalet vecino alzaron las vallas que separan ambas viviendas. A pesar de la discreción, el trasiego de clientes durante todo el día delata la actividad en el inmueble colindante.

‘Nos llaman a la puerta’

«A nosotros nos han llamado dos veces a la puerta, confundiendo nuestra casa con el prostíbulo», cuenta esta madre de dos niñas menores de edad. «A otra vecina le tiran preservativos usados al jardín». Dice que todos los días aparecen coches aparcados en los vados, y las maniobras al volante de los puteros dejan huella.

Julio vive enfrente. Una mañana, el vehículo de su mujer apareció con un golpe lateral que inutilizó la puerta del conductor. «Y lo habíamos comprado hacía una semana», lamenta. «Tienen que salir finos», comenta Javier, representante vecinal.

Aunque el lupanar de la calle Antonio López Torres pase desapercibido para el viandante, su página web no deja lugar a dudas. «Todo lo necesario para disfrutar del sin tabúes ni complejos», anuncian en internet. Suites de colores, zona de hidromasaje y horario ininterrumpido: de lunes a domingo las 24 horas. Incluso las chicas tienen su propio perfil personal, con fotografías en las que posan desnudas pero con el rostro difuminado. En sus fichas indican nacionalidad, edad y medidas corporales. También, sus profesiones. Todas dicen ser estudiantes.

«Tenemos al lado los recintos feriales, con mucha gente que viene a congresos, sobre todo hombres», razona el presidente de la asociación vecinal. «También hay oficinas cerca, allí es donde se anuncian. A veces te encuentras en los parabrisas de los coches anuncios de dos de los juntos».

Veinte minutos, 40 euros

A sólo un par de calles, en la vía Hipólito Aragonés (dedicada al padre del Sabio de Hortaleza), se encuentra otro de los prostíbulos. «Llevamos poco tiempo», confirma la mujer madura que abre la puerta y detalla con tono sensual las tarifas del burdel. «Veinte minutos son 40 euros, a partir de ahí lo que quieras. Tenemos chicas de todas las razas, para todos los gustos». Como la competencia, el negocio se camufla en un aséptico chalet. Javier pudo hablar con el dueño. «Es español, viste traje y corbata, y me fue muy claro: existe un vacío legal, y que en su casa hacía lo que quería».

Los argumentos del proxeneta, irónicamente, se asemejan a la respuesta de la Administración. «La es un problema, pero no está prohibida y no podemos hacer mucho legalmente», dijo Donesteve, cuando se denunció la situación en el último pleno, donde una afectada describió cómo «las vecinas son abordadas en la calle por los clientes, no se libran ni las niñas».

«La Policía Municipal nos dice que tienen las manos atadas», apunta el presidente de la asociación. Aunque no se resignan. Ya han recogido 2.000 firmas para exigir al Ayuntamiento que ponga coto a la prostitución, una cifra relevante en un barrio con poco más de un millar de viviendas. «Es que esto no para, ayer mismo una inmobiliaria llamó a una señora interesada en su casa. Y no se cortaron, le dijeron que era para poner un puticlub». Como en un pueblo, en Las Cárcavas las noticias vuelan.

http://www.elmundo.es/madrid/2014/05/24/5380e7ec22601d66048b4577.html

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Un comentario

  1. “Los argumentos del proxeneta, irónicamente, se asemejan a la respuesta de la Administración”

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