¿Se trata de la Trata, de la prostitución, de las dos o de ninguna?

«El problema no es que algunas mujeres tengan que vender los servicios de su vagina y unos minutos de ficción pasional para ganar dinero, el problema es que tenemos que siempre vender algo para poder sobrevivir».

Magui Lopez

Foto: notiese.org.

Enseñamos a lxs niñxs a jugar a las “7 diferencias” cuando son pequeñxs. Les solicitamos que aprendan a distinguir una cosa de la otra, por sus grandes, medianas o pequeñas características distintas. Sin embargo, de adultos, usamos la estrategia contraria como forma de debate público. Mezclamos todo, intentando pasar todo como lo mismo. Algo así sucede en las campañas mediáticas que superponen, equiparan y confunden Trabajo Sexual (prostitución, prestación de servicios sexuales, intercambio de sexo por dinero, putas de profesión, etc.) con Trata (que en realidad sería Trata de Mujeres con fines de explotación sexual, porque la trata es un fenómeno amplísimo del cual esta específica es una parte).

Las “putas” incomodan. Parece que no “se dieron cuenta” que lo que hacen está mal, tanto para los centros de opinión de izquierda como de derecha, los religiosos como los ateos. Son las “putas” el problema, escucha una en debate televisivos, no el sistema patriarcal y el capitalismo, sino ellas; o porque no quieren “cerrar las piernas”, o porque atentan contra la moral cristiana, o porque son “funcionales a la trata” (a pesar que muchas de las trabajadoras sexuales organizadas han planteado sólidas razones para considerar que ellas mismas pueden ser denunciantes de caso de trata porque quién mejor que ellas para saber dónde y desde cuándo hay mujeres esclavizadas sexualmente en el ambiente).

En este purismo errático en el que nos enredamos, olvidamos que el problema no es que algunas mujeres tengan que vender los servicios de su vagina y unos minutos de ficción pasional para ganar dinero, el problema es que tenemos que siempre vender algo para poder sobrevivir.

Porque el problema es que un grupo de gente se debate entre trabajos que incluyen 1) alienantes 9 horas de oficina y 2 horas yendo y viniendo de allí, 2) gente a la que propiciar cuidados, porque las mujeres, por familia o por salario, tenemos que hacernos cargo de niñas y niños, ancianas y ancianos, enfermas/os y postrados y cuidarlas/os, alimentarlas/os y darles todo lo que el ser humano necesita para vivir (que también incluye afecto, palabras y gestos de demostración de amor, etc.), 3) casas o edificios que limpiar; 4) hospitales que desinfectar. Porque el porcentaje de gente que puede elegir entre hacer ocio el 60% del día y luego un 40% de lo que le gusta es muy escasa y del que puede elegir vivir de lo que más disfruta hacer, o viajar en vez de trabajar es incluso radicalmente menor.

Porque a nadie le pone nervioso que en algunos locales o restaurantes las mujeres deban atender en culo, o con escotes enormes, o vestidas de conejitas hot. NO, eso no ataca nuestro errático y raro moralismo progre de izquierda.

Las “putas” lo hacen. Porque necesitamos encontrar un chivo expiatorio que duela menos que aceptar que todo el sistema capitalista se ensaña con las mujeres, porque ganamos menos, porque trabajamos de peores cosas, porque tenemos más responsabilidades laboral, porque nos acosan en el trabajo, porque tenemos menos acceso a trabajo que los hombres porque “podemos quedar embarazadas”.

Es mejor culpar a aquellas que encontraron su forma de ganar dinero haciendo algo que eligen por sobre cosas que no eligen (sí, puristas morales, entendamos que eligen eso por sobre otras cosas que prefieren no hacer, porque son personas adultas seleccionando opciones en una lista de opciones escasas). Necesitamos pensarlas malas y caga hogares (en el peor de los casos) o aniñadas e idiotas o simplemente “víctimas de la trata”.

No, las mujeres que venden servicios sexuales no son víctimas de la trata. Las víctimas de trata no venden sexo, son esclavizadas. No son trabajadoras sexuales, son esclavas. Las trabajadoras sexuales (con todas las restricciones que este sistema económico implica) eligen hacer eso que hacen por sobre otras variables.

Y si se entendiese la diferencia y se viese a las primeras como mujeres libres (dentro de las posibilidades que este sistema nos da), se podría incluso pensar en alianzas estratégicas para que ellas mismas señalen a los culpables de la trata de mujeres con fines de explotación sexual (que por favor, dejen de ser tan ingenuas/os, los culpables están cómodamente acomodados en despachos en los que estas mujeres limpiarían si no fuesen “putas”). El Estado lleva multimillonarias y generalmente inútiles políticas anti-trata que vulneran más a las no-tratadas y no soluciona la situación de esclavitud a la que son sometidas las sí-tratadas. Muchos brazos de ese mismo Estado están involucrados en que la trata siga existiendo. No son las trabajadoras sexuales las culpables.

Hace poco me preguntaron si yo estaba de acuerdo con el trabajo sexual como algo empoderante. Dije que NO, que no creo que el trabajo en este sistema de explotación empodere (ninguno de ellos) y en el caso del trabajo sexual, que en su amplia mayoría es prestado por mujeres a hombres, tampoco (porque queda atravesado por la dominación capitalista y patriarcal, como otros trabajos). Dije que me preocupa que hay parámetros de belleza y de clase que divide al trabajo sexual (todxs sabemos de la división entre “las putas vip” o “putas escort” –más “bellas”, con mayor “nivel”- y las “putas de la calle o del bulo” –más “guarras”, “menos cultas”, más “grotescas”). Así como también me preocupa la división dentro de una empresa entre hombres y mujeres sólo por el género, como me preocupa que las mujeres más “bellas” encuentren más trabajo que otras menos “agraciadas” sólo por portar una estética preferencial en este sistema bellocrático, como me preocupa la peor paga a la mujer, como me preocupa que sea sometida a situaciones incómodas de parte de sus pares masculinos, como me preocupa que la mujer haga los trabajos de cuidado reproductivo hogareño (o extrahogareño) y sea casi la monopólica dadora de afecto.

Dónde las “putas” ponen su vagina o qué ponen dentro de ella, no es algo que me resulte de interés. Seguramente en otro sistema, ellas no tendrían que hacer eso por dinero para vivir, como yo no tendría que estar 9 horas delante de una computadora, el editor de este diario no tendría que estar corrigiendo artículos todo el tiempo, etc., etc., etc.

Aunque no sabemos cómo sería en otro estado de cosas, sabemos cómo es en este. Y en este, la insistencia purista religiosa-encubierta de confundir trata con trabajo sexual (o prostitución o prestación de servicios sexuales o como quieran llamar) es funcional a que nada cambie. Asimismo, insistir en que si negamos la realidad no existe, hace que mujeres que trabajan cotidianamente en esto se vean expuestas a más violencia, más estigma y más discriminación tanto de las instituciones públicas, como de las mal llamadas “fuerzas del orden”, como de otros hombres que fungen de proxenetas, como de la misma sociedad (no es extraño enterarse que una mujer trans trabajadora sexual fue agredida o que una mujer trabajadora sexual fue echada a patadas de un lugar al grito de “puta de mierda”).

Dejamos para otro día el desarrollo de la categoría puta, que me parece que amerita un tratamiento especial. Quizás, por hoy, tendríamos que empezar solo por entender que esas mujeres tienen derechos, porque existen y son humanas. Que por más que neguemos la realidad, eso no la hace desaparecer (como negar el aborto y dejar que sigan muriendo mujeres, preferentemente pobres… negar el paco y dejar que los pibes de la villa se sigan destruyendo con eso… negar a las “putas” y dejar que la policía abuse de ellas o que no tengan un servicio de salud acorde a sus necesidades o no tengan seguros de retiro).

Sí, es incómodo pensar en esto. Capaz podríamos volver a los ejercicios de la infancia y pensar en las 7 diferencias. Antes solía ser divertido, quizás ahora es incómodo, pero pedagógico.

 

*Integrante del Grupo de Estudios Sociales sobre Paraguay de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

http://ea.com.py/v2/blogs/se-trata-de-la-trata-de-la-prostitucion-de-las-dos-o-de-ninguna/

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