La hipocresía de los políticos frente a la prostitución

por Enrique Anarte

Fotografía vía Colectivo Hetaira

Fue hablar Albert Rivera y el asunto saltó a los titulares. El líder de Ciudadanos, formación que se mide ya con los dos grandes partidos tradicionales y Podemos en un cuarteto electoral, anunció el pasado 13 de abril que la regulación de la iría en su programa para las elecciones generales. Las declaraciones del flamante niño de los ojos de muchos españoles alteraron a muchos pero trajeron pocas propuestas frescas: el polémico proyecto ya lleva tiempo acomodada en los programas del nuevo partido de moda. En respuesta al atrevimiento del catalán, políticos, periodistas y tuiteros en general se lanzaron de cabeza al debate.

El ruido ha sido fuerte, pero la renovación de las caras de una clase política empeñada en regenerarse no han traído ideas nuevas a un asunto, cuando menos, incómodo hasta en los círculos feministas. Las marcadas diferencias que separan a unas y otras fuerzas políticas se desdibujan cuando toca -porque parece ser algo que llega, que nadie se atreve a sacar a colación – hablar del trabajo . Aquí el consenso es la ley y se traduce en un rechazo tajante de la posibilidad de regulación de algo que atenta contra la «dignidad» de las mujeres y que es inherentemente violencia. De izquierda a derecha, los argumentos han sonado vagamente diferentes, pero la conclusión ha sidogrosso modo la misma. La misma de siempre.

«El debate social está muy polarizado entre dos posiciones, la abolición o la regulación, y luego está la gente que directamente no quiere entrar en el debate y que por eso la prostitución está en un limbo jurídico», cuenta a VICE June Fernández, periodista y directora de Pikara Magazine, una publicación feminista y con perspectiva de género que en apenas unos años se ha convertido en una referencia dentro y fuera del Estado español. «También creo que hay una polarización entre victimizar al extremo a todas estas mujeres, sin hacer distinciones, y la postura extrema contraria, que sería decir que la prostitución es una actividad laboral como otra cualquiera», reflexiona.

Sus palabras reflejan el panorama al que se enfrentan quienes pretenden abordar el tema con todos sus matices. ¿Prostitución? Violencia, trata, tráfico. Esas palabras se repiten en la boca de los representantes de todo el espectro político, de izquierda a derecha. Comosi acaso fuesen lo mismo.

Pero la realidad de la prostitución es mucho más compleja: «Cuando se hace el discurso de que la mayor parte de las lo hacen obligadas por mafias, se está obviando que si las mafias existen es porque las mujeres de países de países empobrecidos acuden a estas redes para poder emigrar. Esto pone de manifiesto que, cuando se habla de prostitución, se habla muy poco de extranjería y se habla muy poco de que, por una parte, muchas mujeres terminan en redes de tratas o tráfico de personas como una estrategia para poder emigrar a una Europa construida como una fortaleza, y por otra parte, que incluso las mujeres que vienen a España por otras vías ejercen la prostitución porque esta Ley de Extranjería limita sus posibilidades laborales», critica la periodista. «Esto es, una mujer inmigrante sin papeles básicamente a lo que se puede dedicar es a limpiar casas, a cuidar a ancianos o niños o a la prostitución».

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Cuando se habla de trata, además, hacer números es sencillamente imposible. El limbo jurídico en el que se encuentran la prostitución y las personas que a ella se dedican impide conocer la dimensión real del problema. Pero Fernández va más allá: «Personalmente creo que hay una confusión constante entre trata y prostitución. No creo que sea fácil establecer una línea clara de cuándo estás siendo obligada o cuándo el trabajo es voluntario. Hay un baile de cifras que no representa la realidad. Habrá que definir qué es voluntario y qué es obligado, porque hay veces en que obliga una mafia que secuestra, y veces en que obliga una Ley de Extranjería que no deja trabajar en otra cosa». Desde el año pasado, y por iniciativa del Partido Popular, la prostitución se contabiliza en el PIB español, aunque el compromiso de 2006 del Congreso de los Diputados de confirmar cuánto dinero mueve de verdad esta actividad y cuántas personas la ejercen sigue siendo, casi 10 años después, papel mojado.

La lucha contra la trata se instrumentaliza en función a unos intereses que van más allá de la búsqueda de la «dignidad» o la erradicación de la «violencia». VICE ha entrevistado a Josué González Pérez, activista feminista LGTBI e investigador en cuestiones de género, quien señala las contradicciones de un enfoque cuyas consecuencias son nefastas para muchas prostitutas: «Las políticas restrictivas son legitimadas a través de los medios de comunicación con la exposición de macrorredadas, por ejemplo, en un club de , que se dice que se han producido en pro de la lucha contra la trata, cuando en realidad se trata de un control migratorio. Lo que no se sabe y no se dice es que esas mujeres muchas veces ni siquiera eran víctimas de trata y luego, con frecuencia, son deportadas».

Al componente fuertemente xenófobo se le suma el doble rasero de la clase política. Son los mismos partidos que gobiernan y tratan de obviar el debate público al respecto -y, cuando este se hace inevitable, se encierran en sus discursos monolíticos – los que a nivel municipal aprueban ordenanzas que de facto persiguen y criminalizan el ejercicio de la prostitución. Las políticas de control del cuerpo, que en 2012 se cobraron la vida de Mary, una del Raval, se materializan en multas de hasta 750 euros en ciudades como Barcelona, Madrid, Bilbao, Sevilla, Granada, Málaga o Valencia. Todo ello se enmarca, según algunos, en un proyecto silencioso de gentrificación, que no pretende solucionar el problema sino invisibilizarlo, desplazarlo, con el fin de adecentar la zona.

Quienes mejor conocen estas realidades son ellas mismas. «Aquí en Madrid hemos tenido casos de mujeres prostitutas con una situación de violencia de género en sus familias y los servicios sociales locales les han dicho que primero tenían que dejar la prostitución para luego poder solucionar su problema», cuenta a VICE Mamen Briz, una de las portavoces de Colectivo Hetaira, probablemente el ejemplo más conocido de prostitutas organizadas para defender sus derechos; aunque no el único, como han demostrado, entre otras, las Prostitutas Indignadas de Barcelona. «El PSOE y el tripartito catalán fueron los primeros en poner en marcha normativas cívicas ciudadanas, en concreto en Barcelona, que vinieron a hacer todavía más intolerable la situación de las trabajadoras del , sobre todo de aquellas más vulnerables», critica Briz, quien añade lo siguiente: «El argumento de ‘la prostitución es violencia’ es un argumento que se emplea desde muchos sectores de una manera absolutamente utilitarista e ideologizada».

Fotografía vía Colectivo Hetaira

La dignidad de estas personas, la violencia a la que -casi todos coinciden- están expuestas, deja de ser motivo de preocupación cuando el negocio es suculento. El investigador González Pérez recuerda el caso de Eurovegas: «En este proyecto, uno de los agentes que estaba en la mesa cuando se estaba intentando diseñar era el colectivo de empresarios de alterne, a quienes representa ANELA, que quería impulsar políticas totalmente distintas a las reclamadas por las trabajadoras del sexo». Madridy Cataluña se disputaron ferozmente el título de anfitrión del complejo de juegos que, según , facilitaría la apertura de «grandes prostíbulos» donde las trabajadoras no tendría ningún tipo de garantía y las mafias podrían «campar a sus anchas parapetadas en sociedades anónimas». Un ejemplo más en la línea de esa «doble moral» que quiere erradicar la prostitución «que se ve», pero que no se compromete a combatir de manera efectiva la trata de mujeres.

El debate político, sin embargo, no es sensible a esta complejidad. Ante el anuncio de Rivera de la propuesta de regulación del trabajo sexual, PP, PSOE, UPyD y la Izquierda Plural mostraron su rechazo a que se comercialice el cuerpo de las mujeres -como si actualmente no se hiciese, por mucho que su silencio hiciera pensar lo contrario – y a que Ciudadanos lo utilice como reclamo electoral. La pregunta es cuándo creen ellos que deberá abordarse el asunto. Asociaciones y activistas que defienden los derechos de las prostitutas critican el abandono de los partidos gobernantes (fue el PSOE, por ejemplo, el que dejó a estas fuera de la Ley Integral contra la Violencia de Género, y el PP quien modificó una justicia universal que, según critican las asociaciones, es ya incapaz de perseguir a las mafias) y la falta de interés del resto de partidos. «Es significativo», señala González Pérez, «cómo fuerzas que son antagónicas son capaces de difuminar fronteras políticas respecto a este fenómeno y de generar un consenso basado en la exclusión, en este caso la de las trabajadoras del sexo».

Tampoco la izquierda es capaz de articular un discurso diferenciado. El investigador cree que hay un desinterés por la cuestión: «Al fin y al cabo son putas, y las putas poco interesan a la sociedad. Eso tiene que ver con que las organizaciones de izquierda no son impermeables a la ideología patriarcal y a la jerarquización de la sexualidad y de las prácticas ». Sigue vigente, según él, «una clasificación entre buenas y malas mujeres, entre putas y santas, que solo beneficia al patriarcado».

Desde Hetaira dan la bienvenida a la propuesta de Ciudadanos, pero se muestran «críticas» con el enfoque que aparentemente ha adoptado la formación: «Quien quiera ejercer de trabajador sexual va a tener que hacerse autónomo sí o sí, lo quiera o no, ya reúna o no los requisitos para poder serlo. Esto significa que habrá mujeres y hombres que queden excluidos de esta posible legalización. Además habla de que deberá ejercerse siempre en locales convenientemente legalizados. Esto significa que los empresarios de locales de alterne pueden estar muy contentos, porque no se van a tener que responsabilizar en absoluto de que las personas que trabajan en su club tengan los derechos laborales correspondientes: no van a tener derecho como trabajadores a terceros, sino que van a ser una especie de falsas autónomas. Esta norma, además, excluye de manera absoluta a las personas que captan a su clientela en la calle y que por los motivos que sean no van a tener acceso a ningún local o . Las más mayores, las menos agraciadas físicamente o cualquiera que tenga una condición que no le guste al cliente no lo van a tener tan fácil».

Hay quien cree, en realidad, es todo una cuestión de dinero. Albert Rivera no ha sido recatado al respecto. El candidato ha enfatizado la «vertiente económica» de la propuesta: está convencido de que el negocio de la prostitución podría ser la tercera actividad económica de España. Las críticas de las asociaciones como Hetaira han señalado que de nuevo el líder de Ciudadanos se centra en los intereses de los empresarios y no atiende a las necesidades reales de las prostitutas: «Algo que nos hace mucha gracia a las mujeres de la calle es cuando se habla de las ingentes cantidades de dinero que mueve la prostitución, ya que es un dinero que por mi bolsillo desde luego no está pasando», ironiza Mamen Briz.

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Aún así, ellas saben que unas elecciones son un momento para intentar encender la chispa del debate que pocos se atreven a sacar del cajón: «En esta ocasión, nosotras hemos decidido adelantarnos y hemos realizado una serie de propuestas de cambio, tanto a nivel nacional como autonómico y local; en relación a la prostitución, pero también a la trata de personas», cuenta Briz. «Estas propuestas se las hemos hecho llegar a todos los partidos políticos, también a Ciudadanos. Es cierto que nos pidieron una entrevista, pero estamos todavía pendientes de ella, no hemos vuelto a tener contacto alguno». Queda por ver si de aquí a que se celebren las elecciones se les dará la oportunidad siquiera de opinar sobre la regulación de su medio de subsistencia.

¿Cómo abordar un debate como este? La periodista June Fernández cree que » es necesario un análisis de género sobre los modelos de sexualidad masculina y femenina y su relación con la prostitución. Por qué una cuarta parte de los hombres españoles ve como una opción recurrir a servicios sexuales, y qué relación hay entre esto y que se mantenga la dicotomía de la santa esposa y la . Creo que es importante pensar en profundidad qué hacer con los hombres y, personalmente, no creo que la solución sea la punitiva, criminalizarles, caricaturizarles como explotadores de mujeres, pero tampoco creo que haya que normalizar el consumo de servicios sexuales, sino que hace falta cuestionar el modelo de sexualidad masculina y su forma de entender la prostitución». Está convencida de que son las propias trabajadoras quienes conocen su realidad y sostiene que una perspectiva feminista «implica el reconocimiento de las otras mujeres y de sus propias estrategias de lucha, y mucho ojo con el estereotipo de mujeres oprimidas, indefensas y sin capacidad de acción».

El investigador González Pérez coincide en rechazar los discursos «salvacionistas» y aboga por dar voz a las protagonistas: » A muchas personas les preguntas por la prostitución y parece que han hecho un estudio empírico del sector. En realidad no es más que un discurso prefabricado», critica.

En VICE hemos decidido darles a ellas -«las otras», según June Fernández, «las de abajo», según Josué González – la última palabra. Mamen Briz recuerda que en Hetaira tienen ya 20 años de trabajo a sus espaldas y enumera toda una serie de líneas de actuación: revocar una Ley de Seguridad Ciudadana que amenaza con perseguirlas, inspecciones de trabajo en locales de alterne, permisos de residencia y trabajo para aquellas en situación irregular, etcétera. Ella cree firmemente que la sociedad española está preparada para el debate. Solo queda el resto estemos dispuestos a escucharlas: «Es increíble la cantidad de personas que saben muchísimo sobre la prostitución pero nunca se han tomado un café con una prostituta».

http://www.vice.com/es/read/la-hipocresia-de-los-politicos-frente-a-la-prostitucion-325

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