París lleva la prostitución al museo

Una polémica muestra en Orsay desmenuza el oficio más viejo del mundo | París convirtió la en atractivo turístico, rasgo sociológico y tema de artistas

París lleva la prostitución al museo

Una mujer contempla una de las piezas de esta exposición, recién inaugurada en la capital francesa. Bertrand Guay / AFP

París lleva la prostitución al museo

Ella, de Gustav-Adolf Mossa. MUSEO DE ORSAY

Han desaparecido las salas de filmes X parisinas y el tampoco brilla en la televisión -fue, con el fútbol, el gancho de la televisión de pago- porque internet pasó por ahí. Pero tras un cortinado púrpura, crudas películas con más posiciones que las del Kama sutra atraen a un público inesperado: los visitantes de Esplendor y miserias de la prostitución (1850-1910), en el Museo de Orsay. Son cortos, abiertamente pornográficos -los mismos que coleccionaba el rey Alfonso XIII- resucitados en ese museo, el tercero más visitado de Francia, cuyo imán principal es El origen del mundo, de Courbet.

Personaje peculiar, su director, el polémico Guy Cogeval -en el Museo de los Monumentos Franceses, que dirigió, fueron célebres sus veladas festivas, multitudinarias, con invitados como Madonna, Mickey Rourke o Jean-Paul Gaultier-, encadena una exposición del desnudo masculino, la -espléndida- en torno a Sade y ahora ésta. ¿El museo será el último refugio de lo políticamente incorrecto?

El crítico de Le Monde , incómodo porque «el eje de las exposiciones de Orsay tiene forma de falo», titula con la palabra «racolage», que define en francés la solicitación de una , penalizada por el gobierno de Sarkozy, para definir «la operación de la Gare d’Orsay». Y aunque reconoce que «los recortes de los presupuestos de los museos obligan a sus gestores a buscar dinero», se pregunta «si eso justifica la mul­tiplicación de imágenes de mujeres en posiciones lascivas y de varones que desnudan su vientre».

Excusa cultural: si la prostitución es en el siglo XIX la profesión mejor repartida en Europa -Picasso describía el domingo español: «Misa por la mañana, toros por la tarde y al por la noche»-, sólo París la convirtió en atractivo turístico, rasgo sociológico, tema de artistas y camino transversal de ascensión social y económica de algunas mujeres.

Cogeval, fan de ópera, encargó el decorado a Robert Carsen (cuyo triunfal Cantando bajo la lluvia vuelve en noviembre al Châtelet) quien debió distribuir ciento ­cincuenta óleos, algunos de ­grandes dimensiones, y otras tantas fotografías, además de los filmes a los que, junto a las fotos más osadas, encerró tras las cor­tinas mencionadas. A la entrada de cada espacio, un cartel: «Prohibido a menores de 18 años».

Son dos altos en un camino que arranca con Ambigüedad: espacio público y mujeres públicas. Porque en el París iluminado a partir de 1816, en cuanto se encendían las farolas de gas era necesario distinguir entre las mujeres vedadas y las que se ofrecían. Pantalones y cigarro fueron rápidamente una indicación.

El recorrido de Orsay es más explícito: continúa con París como capital de los placeres; la hora en la que se encendían las farolas de gas; lo que pasa entre basti­dores; de la espera a la seducción el lenguaje del cuerpo; Maison closes, escenas de género; imágenes prohibidas; intimidad entre mujeres; reglamentación versus abolicionismo. Sala importante: la aristocracia del vicio. «Admi­radas en la Opera, seguidas por la prensa, esas demi-mondaines ejercen una verdadera fascinación -dice el catálogo- y dan el tono en materia de moda y de gustos».

Último tramo: imaginario de la prostitución; prostitución y modernidad; el taller del pintor, teatro de fantasmas y obsesiones; placeres de amateurs; una orgía de formas y colores…

«A través de las luces mecidas por el viento / la prostitución ilumina las calles», poetiza Baudelaire en 1861. El autor de Las flores del mal conjuraba «el pintor de la vida moderna» capaz de «atrapar la vida subterránea de las grandes ciudades».

La prostitución se convierte en un tema dignificado por el artista, politizado por la naciente anarquía. Y la prostituta en modelo. Su divisa está en Orsay: la Olympia de Manet, escándalo del Salon de 1865 «tanto por su tema -una prostituta desnuda representada en un gran formato- como por la libertad del pincel».

La muestra está puntuada por nombres ilustres de la literatura (Balzac, Baudelaire, Flaubert, los hermanos Goncourt, Zola, Maupassant, Huysmans…) y de la pintura: Courbet, Manet, Toulouse-Lautrec, Forain, Van Gogh, Munch, Rouault, Ropp. Degas plantó su caballete en el espacio que separaba, en la Ópera, los camerinos de las bailarinas -adolescentes, algunas de trece años, hijas de planchadoras-, que vivían de otra cosa que del miserable cachet de artista, del escenario. Allí cazaban su presa los señoritos. «El ballet es innoble: una exposición de muchachas en venta», se indigna Hippolyte Taine en su Notes sur Paris (1867).

No podían faltar varios Picasso -¿qué muestra de dos siglos puede obviarlos?-, aunque es una ausencia la que sobrevuela: el canon del tema, esas Demoiselles d’Avignon -por la calle Avinyó, de Barcelona-, la escena de burdel más fundamental de la pintura. Y el malentendido de considerar descripción del placer lo que en realidad era la crónica de una revisión médica, con el fantasma de la sífilis, el sida de la época.

Regreso al presente: el 6 de diciembre del 2011 el Parlamento francés, con rara unanimidad, ­votó un piadoso deseo: «El objetivo de Francia es el de eliminar la prostitución».

En la muestra, látigos de seis colas rematadas por perlas o un sillón sexy, objetos y documentos, son casi trazas arqueológicas, pero relegan los matices de Grey a la biblioteca rosa. Una prehis­toria detallada por diversas publicaciones (además del catálogo, Les prostituées de Maupassant reeditado por Gallimard y ABCdaire de la prostitution), es ilustrada también por conferencias, cine (Las noches de Cabiria, Belle de jour…), ópera filmada (La Traviata, Carmen …). Y el 3, 10 y 15 de octubre, Orsay monta un efímero Café Polisson (pícaro), animado por Nathalie Joly, espléndida chansonnier especializada en el repertorio callejero que precedió a Piaf.

Expuesta como una obra, esta frase de una gallega, Carolina Otero, célebre en París bajo el apelativo de La Bella Otero: «Hice mi fortuna durmiendo… pero no sola».

Mujeres fáciles, vidas difíciles

Las lorettes («joven mujer fácil»), las , las demi-mondaines, las «grandes horizontales» componen una sociedad de clases. En 1802 la Francia napoleónica impone un control médico a esas cortesanas que el teniente Napoléon frecuentaba en los jardines del Palais Royal. Dos años más tarde son reglamentadas las maisons closes, que vivirán en la legalidad casi ciento cincuenta años, también según niveles de confort y calidad. En el nivel más alto, las demi-mondaines. En comisaría las registra un Livret de courtisanes. En el libro, Sarah Ber­nhardt –alternaba el escenario con las habitaciones de hotel y cobraba en ambos recintos–, aparece junto a Valtesse de La Bigne, la que inspiró a Zola su Nana. En Orsay, La Bigne se deja mirar, retratada en 1876 por Henri Gervex. Pero es la fotografía la que, desde 1839, crea un canal paralelo: al trío pros­tituta, macarra, cliente, añade el de fotógrafo, modelo y comprador. «Millares de ojos ávidos se fijaban en las lentes de los estereoscopios: el amor por la obscenidad es tan vivaz en el corazón del hombre como el amor de si mismo», escribe Baudelaire en 1859. La fotografía prolonga el ojo, «ese órgano erógeno» estudiado por Freud quien en sus Tres ensayos sobre la teoría , de 1905, asegura que «la impresión óptica es la #1;vía que más frecuentemente despierta la excitación libi­dinosa». Y con la aparición del cine, y su correlato pornográfico, nacerá un oficio nuevo, pletórico en los diez primeros años del siglo XX.

En fin, Orsay recuerda que #1;si no el alma, el cuerpo de aquellas señoras era el más limpio de París. En Splendeur et misères des courtisanes (1847), cuyo título inspiró #1;el de la exposición, Balzac, para quien «la prostitución #1;y el robo son dos protestas vivaces, hembra y macho, #1;del estado natural contra el estado social», retrata a la tipo. «Se bañaba #1;y procedía a una minuciosa toilette, desconocida para la mayor parte de las mujeres de París porque la ceremonia exige tiempo y las cortesanas disponen de todo el día».

Leer más: http://www.lavanguardia.com/cultura/20150928/54437689243/paris-lleva-la-prostitucion-al-museo.html#ixzz3n1G59d6J

París porta la al museu

Una polèmica mostra a Orsay l’ofici més vell del món

París porta la prostitució al museu

Una mujer contempla una de las piezas de esta exposición, recién inaugurada en la capital francesa.

Han desaparegut les sales de films X parisenques i el porno tampoc no brilla a la televisió -va ser, amb el futbol, el ganxo de la televisió de pagament- perquè internet va passar per allà. Però després d’unes cortines porprades, crues pel·lícules amb més posicions que les del atreuen un públic inesperat: els visitants de Esplendor i misèries de la prostitució (1850-1910), al Museu d’Orsay. Són curts, obertament pornogràfics -els mateixos que col·leccionava el rei Alfons XIII-, ressuscitats en aquest museu, el tercer més visitat de França, l’imant principal del qual és L’origen del món, de Courbet.

Personatge peculiar, el seu director, el polèmic Guy Cogeval -al Museu dels Monuments Francesos, que va dirigir, van ser cèlebres les seves vetllades festives, multitudinàries, amb convidats com Madonna, Mickey Rourke o Jean-Paul Gaultier-, encadena una exposició del nu masculí, una d’esplèndida entorn de Sade i ara aquesta. El museu serà l’últim refugi del políticament incorrecte?

El crític de Le Monde , incòmode perquè «l’eix de les exposi­cions d’Orsay té forma de fal·lus», titula amb la paraula «racolage», que defineix en francès la sol·licitació d’una prostituta, penalitzada pel govern de Sarkozy, per definir «l’operació de la Gare d’Orsay». I encara que reconeix que «les retallades dels pressupostos dels museus obliguen els seus gestors a buscar diners», es pregunta «si això justifica la multiplicació d’imatges de dones en posicions lascives i d’homes que despullen el seu ventre».

Excusa cultural: si la prostitució és al XIX la professió millor repartida en Europa -Picasso descrivia el diumenge espanyol: «missa al matí, toros a la tarda i al bordell a la nit»-, només París la va convertir en atractiu turístic, tret sociològic, tema d’artistes i camí transversal d’ascensió so­cial i econòmica d’algunes dones.

Cogeval, fan de l’òpera, va encarregar el decorat a Robert Carsen (el seu triomfal Cantant sota la pluja torna al novembre al Châtelet), qui va haver de distribuir cent cinquanta olis, alguns de grans dimensions, i unes altres tantes fotografies, a més dels films que, al costat de les fotos més agosarades, va tancar rere les cortines esmentades. A l’entrada de cada espai, un cartell: «Prohibit a menors de 18 anys».

Són dos alts en un camí que arrenca amb Ambigüitat: espai públic i dones públiques. Perquè al París il·luminat a partir del 1816, així que s’encenien els fanals de gas era necessari distingir entre les dones vedades i les que s’oferien. Pantalons i cigarret van ser ràpidament una indicació.

El recorregut d’Orsay és més explícit: continua amb París com a capital dels plaers; l’hora en què s’encenien els fanals de gas; el que passa entre bastidors; de l’espera a la seducció el llenguatge del cos; Maison closes , escenes de gènere; imatges prohibides; intimitat entre dones; reglamentació enfront d’abolicionisme. Sala important: l’aristocràcia del vici. «Admirades a l’Òpera, seguides per la premsa, aquestes demi-mondaines exerceixen una veritable fascinació -diu el catàleg- i donen el to en matèria de moda i de gustos».

Últim tram: imaginari de la prostitució; prostitució i modernitat; el taller del pintor, teatre de fantasmes i obsessions; plaers d’amateurs; una orgia de formes i colors…

«A través dels llums gronxats pel vent / la prostitució il·lumina els carrers», poetitza Baudelaire el 1861. L’autor de Les flors del mal conjurava «el pintor de la vida moderna» capaç d'»atrapar la vida subterrània de les grans ­ciutats».

La prostitució es converteix en un tema dignificat per l’artista, polititzat per la naixent anarquia. I la prostituta en model. La seva divisa és a Orsay: l’Olympia de Manet, escàndol del Saló del 1865 «tant pel seu tema -una prostituta nua representada en un gran format- com per la llibertat del pinzell».

La mostra està puntuada per noms il·lustres de la literatura (Balzac, Baudelaire, Flaubert, els germans Goncourt, Zola, Maupassant, Huysmans…) i de la pintura: Courbet, Manet, Toulouse-Lautrec, Forain, Van Gogh, Munch, Rouault, Ropp. Degas va plantar el seu cavallet en l’espai que separava, a l’Òpera, els camerinos de les ballarines -adolescents, algunes de tretze anys, filles de planxadores-, que vi­vien d’una altra cosa que del miserable caixet d’artista, de l’escenari. Allà caçaven la seva presa els senyorets. «El ballet és innoble: una exposició de noies a la venda», s’indigna Hippolyte Taine en el seu Notes sur Paris (1867).

No podien faltar diversos Picasso -quina mostra de dos segles pot obviar-los?-, encara que és una absència la que sobrevola: el cànon del tema, aquestes Demoiselles d’Avignon -pel carrer Avinyó, de Barcelona-, l’escena de bordell més fonamental de la pintura. I el malentès de considerar descripció del plaer el que en realitat era la crònica d’una revisió mèdica, amb el fantasma de la sífilis, la sida de l’època.

Retorn al present: el 6 de desembre del 2011 el Parlament francès, amb rara unanimitat, va votar un pietós desig: «L’objectiu de França és el d’eliminar la prostitució».

A la mostra, fuets de sis cues rematades per perles o una butaca sexi, objectes i documents, són gairebé traces arqueològiques, però releguen els matisos de Grey a la biblioteca rosa. Una prehistòria detallada per diverses publicacions (a més del catàleg, Les prostituées de Maupassant reeditat per Gallimard y ABCdaire de la prostitution ), és il·lustrada també per conferèn­cies, cinema (Les nits de la Cabiria, Belle de jour…), òpera filmada (La Traviata, Carmen …). I el 3, 10 i 15 d’octubre, Orsay munta un efímer Café Polisson (picant), animat per Nathalie Joly, esplèndida chansonnier especialitzada en el repertori de carrer que va precedir a Piaf.

Exposada com una obra, aquesta frase d’una gallega, Carolina Otero, cèlebre a París sota l’apel·latiu de La Bella Otero: «Vaig fer la meva fortuna dormint… però no sola».

Leer más: http://www.lavanguardia.com/20150928/54436878058/paris-porta-prostitucio-museu.html#ixzz3n1GJONrf

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