El momento más lujurioso de la historia de España

Frailes mujeriegos realizando sus ‘menesteres’.

Lo dice Juan Eslava Galán, autor de ‘Lujuria’

Se va a la Edad Media, con los clérigos mujeriegos, un rey impotente y el catálogo de de Castilla: Violante, La Mariblanca…

  • JUAN ESLAVA GALÁN

El siglo XV, otoño de la Edad Media, fue quizá la época de la historia de España más proclive al desenfreno .

Los intentos del papa Gregorio VII de imponer el celibato al clero habían fracasado. El problema se arrastraba de antiguo. El concilio de Compostela (1056) había ordenado en vano que los sacerdotes y clérigos casados dejasen a sus mujeres e hicieran penitencia; el concilio de Palencia (1129) que ordenó que las mancebas de los eclesiásticos fuesen repudiadas públicamente, fue igualmente desobedecido y la misma suerte corrió el de Valladolid (1228) cuando dispuso que «denuncien por excomulgadas a todas las barraganas públicas de los dichos clérigos y beneficiados y si se moriren que las entierren en la sepultura de las bestias». Un siglo después el concilio de Toledo (1324) lamentaba que «se ha introducido la detestable costumbre de que vayan a comer a casa de Prelados y Grandes las mujeres livianas, conocidas vulgarmente con el nombre de soldaderas y otras que con su mala conversación y dichos deshonestos corrompen muchas veces las buenas costumbres».

El viajero Juan de Abbeville (1228) observó que el clérigo español era más mujeriego que sus colegas europeos. Al final las autoridades cedieron. Un privilegio de Enrique II concedía a los clérigos y prestes de Sevilla el mantenimiento de sus apaños siempre que fuera sin mengua de la castidad: «Que las dichas concubinas en adelante hicieren vida honesta, que les puedan en sus casas de ellas aparejar los manjares y enviarlos a los dichos clérigos a sus casas, y en el tiempo de enfermedad servirlos en cosas lícitas y honestas de día, salvo si el mal fuere muy grave. Y otro sí, que los clérigos y prestes puedan ayudar piadosamente a las dichas mujeres, e hijos ya nacidos, en sus menesteres».

Las canciones y serranillas de este tiempo son de una desvergüenza y procacidad notables. Un estimulante catálogo de dueñas salidas, clérigos encalabrinados, lances de alcoba y monjiles pechos insomnes caldea los aires en las canciones del pueblo. Los gustos literarios de la nobleza guerrera dirigente no eran muy distintos. El amor cortés había evolucionado hasta hacerse sexual en las novelas de caballerías. El caballero combatía llanamente, por la posesión del himen de la dama, representado por distintos fetiches ensangrentados o manchados de sudor, como esos pañuelos o cintas que la dama otorga al amado para que le traigan suerte en la pelea.

Este ambiente disoluto se refleja incluso en la moda. Las hermosas no desaprovechan ocasión de lucir la pechera. El alemán Münzer, de viaje por España, confiesa, entre encantado y escandalizado: «Las mujeres con excesiva bizarría van descotadas de tal modo que se les pueden ver los pezones, además todas se maquillan y perfuman». ¿Qué opinaba el rey de todo esto? El monarca era Enrique IV, un hombre que, a pesar del infamante sobrenombre con que ha pasado a la historia (el Impotente), también participaba en las alegrías de sus súbditos. Los cronistas a sueldo de su hermanastra y enemiga, Isabel de Castilla, destacan su homosexualidad y le achacan diversas perversiones : que gustaba de rodearse de mancebos dudosos y de vestir a la morisca (Alonso de Palencia) que «era hombre efeminado (…) y que era embuelto en luxurias y vicios desordenados y otras cosas feas» (Fernando del Pulgar), que no se allegaba a la reina pero la ofrecía al valido, don Beltrán de la Cueva y otras lindezas. Más fundamento parece tener el diagnóstico del doctor Marañón según el cual el rey padecía «de displasia eunucoide con reacción acromegálica». Debía ser una impotencia intermitente o según con quien porque por otra parte existen testimonios que aseguran que se tenía pistoleadas a las putas de Segovia. Hacia 1510 un clérigo anónimo y conocedor del tema compuso La Carajicomedia, especie de catálogo de las putas de Castilla, obra de valor inestimable en la que se dan muy precisas noticias del estado de la profesión al final de la Edad Media. Entresaquemos algunos nombres:

  1. MARÍA DE VELASCO: «No nació mayor , ni hechicera, ni alcahueta sin más tachas descubiertas».
  2. RABO DE ACERO: «Es Francisca de Laguna, natural de Segovia, hizo la carrera en Salamanca».
  3. LA NAPOLITANA: « , muy nombrada persona y muy gruesa. Tenía la rabadilla muy urdida y tan grande como un canal de agua. Casó con un mozo de espuelas de la reina doña Isabel que la retiró del oficio»
  4. ISABEL LA GUERRERA: (era Isabel Guerra): «A todos da que hacer».
  5. ISABEL DE TORRES: «Tiene cátedra en Valladolid por mejor escrevir della la fui a ver y a conocer. Es mujer gruesa, de buen parecer, bien dispuesta».
  6. VIOLANTE DE SALAMANCA: «Residente en Valladolid, gana la vida sufriendo diversos encuentros en su persona. Su rufián le marcó la cara de una cuchillada y ella para evitar la segunda se cubrió la cabeza con las faldas, entonces recibió la herida en la parte expuesta: Diole un picapunto en el culo de razonable tamaño».
  7. JUANA DE CUETO: «Muy chica de cuerpo, de muy buen gesto y gorda: tiene buenos pechos; es muy soberbia y desdeñosa a la gente pobre, pero con quien tiene oro muchas veces llega a las manos, pero continuamente ha caído la triste de espaldas en tierra. Tiene gran furiosidad en soltar de los pedos».
  8. LAREZ: «Mujer de increíble gordura; parece una gran tinaja. Ha sido razonable puta, o al menos nunca cubrió su coño por vergüenza de ningún carajo. Se queda en Valladolid manteniendo telas a cuantos carajiventureros cenen».
  9. LA GRACIA: «Mujer enamorada, gran labrandera; hermosa y dispuesta(…) de continuo está en su puerta labrando y por maravilla passa uno que ella no lo mire(…) publica su coño ser ospital de carajos o ostal de cojones(…) tiene gran afición con todo el brazo eclesiástico».
  10. ANA DE MEDINA: «Gentil mujer(…) mujer de buen fregado. Autores son mil legiones de carajos fríos y elados, y pertrechos que allí han recibido perfecta curación y escaldación».
  11. LAS FONSECA: «Hermanas naturales de Toro, residentes en Valladolid. Son gentiles mujeres, especialmente la menor que tiene por amigo al prior de la Merced que en tanto grado la quiere que las paredes del monasterio desuella para dalle».
  12. LA MALMARIDADA PERALTA: «De pequeña edad y gentil disposición, la cual por sus pecados casó con hombre débil y viejo. De coño veloce, esto es, coño cruel ardiendo que siempre está muerto de hambre».
  13. ISABEL DE HERRERA: «Primera de todas las putas del universo, la flor de las mujeres enamoradas, la fragua de los carajos, la diosa de la luxuria, la madre de los huérfanos cojones».
  14. LA MARIBLANCA: «Reside en un mesón de Salamanca, al passo de la vega. Es mujer muy retraída de vergüenza, y que tiene gran abstinencia de castidad. Siendo amiga de un estudiante, una mañana, estando en la cama y aviendo él acabado de passar carrera, ella se hincó de rodillas en la cama puestas las manos contra el cielo mirando a un crucifijo y con lágrimas en los ojos, con devoción, a grandes voces dixo: «¡Señor, por los méritos de tu Santa Pasión, si merced en este mundo me has de hazer, es ésta: que en mis días no carezca de tal ombre como este!». Esta señora, al tiempo que tiene un carajo en el cuerpo, que se querría hallar en un cerro que está fuera de la ciudad media legua por dar gritos a su plazer».
  15. LA PEDROSA: «Reside en Salamanca, es mujer gruesa, gran nalguda(…) estando hodiendo está como rabiosa, ando bocados do puede, y a las veces muerde las sábanas o manta o almohadas y atapase las narices y oídos por no resollar». Ese mundo cambió bruscamente a la llegada de la piadosísima y honesta Isabel la Católica, y no digamos cuando poco después los reinos españoles pasaron a los piadosos Austrias y a ser el nuevo depositario de la promesa divina sobre el pueblo escogido… Pero fue bello mientras duró.

http://www.elmundo.es/cronica/2015/10/11/5617f29722601de0058b459e.html

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