La prostitución, ese “infame oficio”

PALLARÉS

David Lema

David Lema

Defendía Antonio Maura, un católico convencido, que para regenerar la sociedad había que organizarla según los comportamientos de los ciudadanos. Una premisa que le llevó, a principios del siglo XX, a proponer la regulación del juego y de la prostitución. El argumento, traducido, (demasiado zarrapastroso): si existe una fuerte oferta y una mayor demanda, hagamos lo posible para que la actividad se desarrolle en las mejores condiciones.
No fue Maura un iluminado en el asunto. En 1845, se instauró en Zaragoza un reglamento que obligó a las a pasar un reconocimiento médico semanal (según ‘La prostitución en la España contemporánea’) para que no pudieran contagiar ninguna enfermedad. Se creaba así una especie de registro. Y cien años antes, el Conde de Cabarrús, que consideraba la prostitución un “infame oficio” (‘Cartas del Conde de Cabarrús al señor D. Gaspar de Jovellanos’), mantenía que había que restablecer “las mancebías” que se había cargado Felipe IV otros cien años antes porque la fornicación con , en lenguaje de la época, era “inevitable”. A todos les preocupaba la sanidad pública, no las condiciones degradantes en las que se movían las prostitutas, y veían en la regularización la única forma de defenderla.
El PSOE quiere ahora “desmantelar la industria del ” multando a los clientes de prostitutas, prohibiendo los e introduciendo en el Código Penal “el proxenetismo lucrativo medie o no el consentimiento de la persona . Con estas medidas, los socialistas pretenden sacar a un buen número de mujeres de la marginación y la delincuencia. Ardua empresa la de eliminar  una actividad  alegal que en España generó en 2010, según el INE, 3.783 millones de euros (el 0,35% del PIB). No está nada ‘mal’, contando que somos 46 millones de españoles…
Prohibir la prostitución es el camino más corto para agravar las inhumanas situaciones en las que trabajan la mayoría de las mujeres (sí, trabajan, así lo sentenció un juez de lo social de Barcelona este año que reconoció derechos laborales)  y el camino más largo para erradicarla. Pues si la mayoría de las prostitutas ya se sienten al margen del engranaje de la sociedad, criminalizar a lo que se dedican, forzosa o voluntariamente, las pondrá, todavía más, a los pies de las mafias.
Ponerle coto a pecho descubierto y a la fuerza a una actividad que se basa  en obligar a las mujeres (según varios informes, un 80%) a es imposible. Ojo al dato, los mismos documentos revelan que a un 20% de ellas nadie las fuerza, lo que tampoco implica que lo hagan a gusto, aunque las haya también.
Con este enrevesado panorama, el único camino -aunque largo- para mejorar la vida de las prostitutas y el único para acabar con la prostitución -más largo todavía- parece ser su regularización. Para empezar, se otorgaría a las mujeres que de forma voluntaria quieren ofrecer servicios protección social y jurídica (firmar contratos, cotizar a la Seguridad Social y pagar impuestos). Un tramo recorrido. Por otro lado, habría que sacar legalmente esta ya ocupación profesional de las calles.Desplazar la prostitución a locales acondicionados acabaría con buena parte del hábitat de las mafias. Todo esto sería humo si no va acompañado de un severo control de los y, aunque sea obvio, la persecución de los .
Decía Cabarrús: “Un desorden funesto, pero casi inevitable, mientras no se atajen sus principales causas”. Para todo lo demás, moralinas e hipocresía.

@davidlema_perez

http://www.elmundo.es//elmundo/fueradelinea/2015/10/20/la-prostitucion-ese-infame-oficio.html

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