Las tres mafias del sexo de pago


Nigerianos, chinos y los grupos de Europa del Este controlan un negocio que mueve millones en MallorcaDeudas astronómicas, agresiones y ritos de vudú son la clave para someter a las chicas

  • LAURA JURADO
  • Palma

Con servicios a 20 euros afrontan una deuda que puede llegar a los 50.000. Y que nunca deja de crecer. Antes de recibir al primer cliente, muchas mujeres han tenido que para pagar un viaje que empieza en Benín City (Nigeria) o en el pueblo más remoto de China. Luego, una vez en la Mallorca que les vendieron como la utopía de la felicidad, llegan las amenazas. Y los golpes. Para muchas, también, la droga con la que sobrellevar un infierno de y angustia al que difícilmente ven salida.

Sólo en 2015, la Policía Nacional ha desarrollado en la Isla cuatro operaciones contra la trata de seres humanos con fines de explotación . Las tramas nigerianas, chinas y de Europa del Este lideran un turbio negocio que ha dejado una veintena de detenidos en los últimos meses y al menos una decena de mujeres liberadas. «Pero las cadenas que las someten no se cortan sólo con un arresto», advierten.

Las ‘mamis’ africanas

El Plan de lucha contra la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual impulsó una labor silenciosa que en Baleares ejerce la Unidad Contra las Redes de Inmigración y Falsificación (UCRIF) de la Policía Nacional y que sirvió para colocar a las víctimas en el centro de todo el proceso. «Antes estaban los explotadores», afirman.

Ahí se situaban las mamis: captadoras y nigerianas. Peligrosas y violentas, consiguieron asentarse en dos clanes principales en Playa de Palma con los que controlaban a al menos una veintena de chicas. La mayoría procedentes de la sureña Benín City. «Son grupos itinerantes: en verano hacen temporada aquí y luego se trasladan en invierno a Canarias», explican los responsables del grupo especializado contra la trata ilegal de seres humanos de la UCRIF.

Sus víctimas son jóvenes de zonas deprimidas y de un entorno que conocen lo suficiente como para poder amenazarlas con matar a sus familias. Esa supuesta «vida mejor» en España se traduce, de entrada, en una deuda que alcanza los 50.000 euros y cuyo límite de pago se reduce a una o dos temporadas. A eso suman un viaje que cruza el continente y acaba en patera de la mano de las grandes mafias de transporte de norte de África. Muchas llegan a prostituirse en el camino para poder pagar los traslados. «Cuando haces 10.000 kilómetros para llegar a un país, tu miedo no es la Policía ni lo que te pase a ti, sino lo que ocurra con tus familiares», señalan.

Llegan en situación irregular. Algunas consiguen contratos falsos en empresas ficticias y otras se mueven con una petición de asilo. Ya en Mallorca, las bandas se reparten las calles de Playa de Palma y Magaluf. Servicios a 20 euros que apenas roen una deuda sigue aumentando con cerca de 200 euros mensuales por alojamiento y 50 semanales por comida.

Robo turistas

El paso al robo de turistas llega solo. Las mamis las obligan a asaltarles en plena calle con la excusa de ofrecerles sus servicios . Para ellas, el botín -siempre a repartir- es una manera de aumentar ingresos. «Lo bueno lo venden aquí. En sólo un verano hemos recuperado 40.000 euros en joyas y teléfonos de alta gama», destacan desde la UCRIF. El resto, lo introducen en furgonetas que sellan para convertirlas en contenedores móviles que envían a Nigeria.

La violencia y las amenazas componen un día a día que transcurre siempre bajo la atenta vigilancia de las proxenetas. «En su país pueden tener hasta palacios, pero aquí las mamis viven en pisos de Son Gotleu incluso con la luz cortada», señalan los agentes.

Los novios búlgaros

En las mafias de Europa del Este -Rusia, Rumanía y Bulgaria-, las mujeres ocupan el papel de víctimas. Los líderes son, paradójicamente, sus novios. Compatriotas que ejercen como sus parejas y que dibujan la llegada a España como la oportunidad para tener un futuro juntos. La idea se disipa en cuanto cruzan nuestras fronteras. Algo que, desde la entrada de varios de estos países en la Unión Europea, se produce de forma legal y cada vez más sencilla tanto en avión como en coche.

Primero intentan convencerlas: necesitan dinero y la es una forma rápida de conseguirlo. «Después llega la violencia para controlarlas. Rumanía y Bulgaria proporcionan muchas mujeres a la trata, pero los rusos son los más violentos», aseguran. El control se ejerce casi de tú a tú, sin grandes grupos. En la intimidad de una falsa relación en la que, además, y sin que ellas lo sepan, un hombre explota a varias mujeres a la vez.

Ellas son las que llenan los de la Playa de Palma. «La mayoría, con contratos y permisos de trabajo aunque sean ellas quienes pagan su propia seguridad social». Ellos las vigilan de cerca. Son los que requisan el dinero y se lo funden en salones recreativos, en fiestas regadas con droga. En el Jaguar que conducen sin pudor por la zona. «También hay amenazas a su familia y son reales, no se quedan en algo verbal», explican los agentes. En su memoria sigue el caso de una joven rumana de 17 años a quien sus proxenetas cazaron llamando a su madre. Aquella llamada bastó para localizarles en Rumanía y extorsionarles.

Yuyu-Vudú y violencia

El pasado mes de febrero el Supremo condenaba a 85 años de cárcel a seis acusados de y trata de seres humanos con fines de explotación sexual en Palma y Magaluf. El testimonio de las víctimas reveló las prácticas de estas organizaciones nigerianas que a menudo recurren a la brujería para controlarlas. El comienzo es una suerte de ‘rito de iniciación’ en el que las jóvenes se comprometen a hacer frente a la deuda. En ellos suelen participar un brujo y algún familiar como testigo e incluye que les quiten pelo de la cabeza, restos de su menstruación, así como las uñas de pies y manos para asegurarse de que devolverán el dinero.

El brujo los custodia para utilizarlos en rituales de yuyu-vudú si no cumplen. ¿Cuál era el castigo? Para algunas, la muerte de ellas o de sus familiares. Para otras, volverse locas. Ya en España el control continuaba a base de golpes; algunas relataron que fueron agredidas incluso con una fregona. Las que tenían hijos, se exponían a que los menores pasaran a estar bajo custodia de la trama. A una que se quedó embarazada durante un servicio la obligaron a abortar en Madrid.

http://www.elmundo.es/baleares/2015/11/09/5640664f268e3e6b4b8b45f9.html

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