El sexo en España.¿Cómo, cuánto, con quién?

PEPAMIRAVET

Querid@s,

Ya nos concoemos un tiempo, así que si les parece bien voy a empezara tutearles. A tutearos, vosotros ya lo hacéis conmigo.

¿Cómo nos lo montamos los españoles en la cama? No me refiero a los entresijos de los juegos de alcoba de cada cual (si te ponen mirando pa Cuenca, te va más el misionero de toda la vida o te quedas encandilado admirando un buen culo), hablo de si follamos poco a mucho, si somos de novios o no va más revolotear de flor en flor. No sé si saben, pero desde hace unos años España se encuentra entre los top 10 de frecuencia sexual. ¿Los primeros en encabezar el ranking? Los griegos, quiénes si no.

¿Con cuántas personas nos acostamos durante nuestra vida? Para todos los gustos encontramos en el territorio español, como en botica. No hay mayorías absolutas en este sentido y entre nosotros hay desde gente tradicional  (12%) que sólo tiene una pareja sexual en toda su vida hasta folladores natos a lo Julio Iglesias. Si damos un paso más encontramos esa parcela más casta y tradicional de la población que se comporta sexualmente de forma moderada y se abstiene de múltiples relaciones sexuales: un 18% de la población se ha acostado con un total de 2 o 3 parejas. Casi un 2% aún está por desvirgar.  En las antípodas de este insignificante porcentaje de vírgenes que habitan nuestro país se encuentran los folladores natos que mientras están vivitos y coleando mantienen relaciones sexuales con más de treinta personas (11%).

 

¿Qué os parece eso de acostarse con más de treinta personas en una vida? Ya me estoy imaginando a muchos de vosotros ojipláticos, indignados y pensando que, especialmente en el caso de las féminas, eso es de golfas, de fulanas, vamos una marranada. Pues he aquí una golfa, eso sí, con principios. Muchos pensarán que 30 es demasiado, pero gracias a Dios cada uno tiene la libertad y el derecho de pasarse por la piedra al numero de personas que quiera y le dejen, haciendo oídos sordos a esas voces que sólo critican e insultan. La gente se aburre demasiado en este país, lo tengo comprobado. Como el periodista Antonio Burgos que se ha cubierto de gloria con su miserable tuit a los deseos de buen viaje de Miguel Bosé a su titánica sobrina Bimba. “Buen viaje ¿dónde? Vaya con el laicismo de la moda del ‘donde quiera que esté”, comentaba el periodistaSerá mamarracho. Bimba, descansa en paz preciosa, dónde quiera que estés.

Pero volvamos a los 30. Pongamos de ejemplo a una chica soltera de 33 años que por decisión propia anda soltera (que no entera), por ejemplo, desde los 27. A ojo de buen cubero y sin pasarme, calculo que la media de parejas sexuales esporádicas de una mujer soltera en la veintena puede ser de 5 anuales. Que si una noche loca con un perfecto desconocido, que si una tarde de lluvia con un ex, que si un follamigo con el que repite de vez en cuando, que si un idilio de verano que al final no llegó a nada, que si un match de Tinder que no tuvo más remedio que acabar tirándose. Una media de una pareja sexual cada dos meses y medio. Creo que no es para tanto. Multipliquemos pues esas cinco personas por los seis años que lleva soltera = 30 parejas sexuales. ¿Golfa? No lo creo señores, no lo creo.

 

¿Cuánto lo hacemos?

El 40% de los españoles mantiene relaciones sexuales entre una y dos veces a la semana, según la página web de encuestas Encuestamos. Poca cosa. A estos les siguen las personas que practican sexo de tres a cinco veces cada siete días, un interesante 24,5%. Me congratula que al menos 1 de cada 4 folléis más que las veces que nos ha tocado ir a votar últimamente. Sólo un 7% lo hace todos los días. Si alguna vez me comprometo con alguien, estaré en ese 7%, os lo aseguro.

Quizá os habéis hecho la picha un lío con tantos datos y estadísticas, mejor contároslo así.

Statista

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

http://blogs.20minutos.es/el-blog-de-lilih-blue/2017/01/27/el-sexo-en-espana-como-cuanto-con-quien/

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Marconi, a carne y fuego

  • El polígono del sur de Madrid es el mayor prostíbulo a cielo abierto de España

  • Allí trabajan día y noche, a veinte euros el servicio, 400 mujeres. Muchas son esclavas sexuales de las mafias

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes.

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes. / Alberto Ferreras

FRANCISCO APAOLAZA

Sobre la acera en la que se ofrece, la mujer ha pergeñado un humilde fuego en el que arden las astillas de un palé de madera roto. Desde un cielo nublado y naranja, industrial y descarnado, desciende, tenaz y cansada, una lluvia que todo lo empapa. La Venus de Milo del Sur de Madrid ha colocado sobre la hoguerita dos tablas de contrachapado que se sujetan una con la otra como un tejado y cubren su lumbre para que el agua y la noche no la apaguen. Posa casi desnuda. Viste un tanga y unos tacones de charol blanco. Todo lo demás es piel erizada y mojada, y sus dos pezones se han contraído por el frío y el agua. El paraguas claro descansa sobre el hombro derecho y ella ladea sobre él la cabeza y suspende la mirada en el vacío, como esas chicas de los jardines de Renoir. Para aprovechar el calor, ha doblado su cuerpo en cuclillas encima del fuego y, sentada sobre los talones, ha abierto las piernas sobre la llama que calienta sus muslos y su sexo, de manera que parece que la mujer está pariendo un puñado de brasas. Desde el otro lado de la calle se puede sentir su perfume mareante de canelas, melocotones y pachulíes que sube de nota conforme uno se acerca a ella. «¿Qué quieres, guapo?», pregunta con amabilidad aunque sin excesiva cercanía. Aleksandra nació en Rumanía, tiene 23 años y ofrece sus servicios de puta en Madrid en el supermercado de la carne, el mayor prostíbulo a cielo abierto de España, un mar de esclavas y de kleenex usados que se conoce como Marconi.

Siete de la tarde. Unas manzanas más allá, aún recorren las calles chavales con mochila y bocadillo de chocolate que se desfogan en brincos y carreras después del colegio. Una calle separa dos galaxias distintas. A un lado, la inocencia familiar de cualquier urbanización de Madrid a esa hora, el terreno de la indignación vecinal. Al otro, chisporrotea el fueguito de Aleksandra, que es uno entre cincuenta como los faros de una costa desconocida, oscura, atroz y amenazante. Cada pocos metros se eleva una hoguera en mitad de la noche. Cada fuego alumbra el cuerpo de una mujer. En las calles del polígono no hay fábricas, pero sí coches. Circulan despacio porque allí siempre es hora punta. Son cientos. Reducen la marcha para ver de cerca la mercancía, lanzan un grito desde la ventanilla, negocian el precio y, poco después, paran a un lado de la carretera. A través de las ventanillas se adivinan siluetas en diversas posturas, un porno de sombras. Después, ellas bajan y caminan de nuevo sobre una acera tapizada de pañuelos de papel y los coches vuelven a circular.

El mapamundi del sexo

Se calcula que 400 chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato. Esta es una selva antigua, crecida después de que se desmantelara la Casa de Campo, el tradicional caladero de la prostitución madrileña. El mapa del sexo está dividido por países. El corazón de esa geografía es la zona de las hogueras, pero el reino del sexo va mucho más allá. En las afueras de esa ciudad sin ropa, otras chicas remiten a placeres más furtivos. Casi no se las ve. En el extrarradio de Marconi, en un rincón sin luz aguardan los rostros hipermaquillados, fecundos y casi selváticos de las transexuales y la belleza furtiva, discreta y frágil de media docena de muñequitas de porcelana oriental. Allá están las chinas. Más acá, el suelo lo ocupan las rumanas, algo más lejos las ecuatorianas, nigerianas… Cada esquina y cada trozo de acera tiene un dueño, un color de piel y un acento distinto. El producto está ordenado y mapeado en los foros puteros de internet donde aparece el color de piel, el aspecto, el nombre y hasta los servicios que ofrece cada una de ellas. «Aquella acepta no usar preservativo…».

Cada palmo de terreno es un bien codiciado que tiene dueño. Lo controlan las mafias. En cada puesto se relevan las chicas, que pagan un canon de sus beneficios a los señores feudales de ese asfalto. Ellas mismas están controladas en su mayor parte por las mafias y las vigilan otras veteranas. Algunas mujeres pasean entre ellas, les llevan tabaco y por supuesto, cuentan los clientes y las ganancias. Su gesto es servil, pero en realidad son la cadena en el tobillo. Los chulos no se dejan ver. Algunos controlan desde las atalayas de los edificios, en habitaciones calientes lejos del frío y de la lluvia. También vigilan a los reporteros desde furgonetas blancas. Uno de ellos, de pronto, recorre la acera a pie camino de ninguna parte para dar su mensaje a las chicas y al periodista: os estamos vigilando.

Ninguna quiere hablar. Caderas anchas, pechos asomando tras una red de encaje, pongamos que se llama María. Se excusa -«estoy trabajando»-, pero acepta llamar al reportero más tarde. La conversación tiene lugar al día siguiente camino de la farmacia: «No quiero hablar. Tengo mucho miedo». La mayor parte de las chicas no pasa del anuncio de su tarifa. Cuesta creer que aquella veinteañera de metro ochenta de las piernas largas y los ojos de hierbabuena, esa mujer que podría estar en una pasarela o bailando de gogó en una discoteca, esa diosa eslava esté allí pasando frío y haciendo sexo dentro de un coche por veinte euros. Se calcula que son 400. A cuarenta servicios por cabeza, cada día en Marconi sale a 16.000 polvos. A estas alturas del reportaje se habrán imaginado que en esas calles hay más ley que la de la oferta y la demanda.

Sobre cada par de tacones se erige un edificio quebrado, una historia que salió mal. A Lis se le torció la vida el día en el que la echaron de su trabajo de secretaria en un despacho de abogados de Sao Paulo, en Brasil, y de un golpe se le acabó el dinero para pagarse la carrera de Derecho. En esa mala hora conoció a una chica que le ofreció una solución: viajar a Europa a trabajar de camarera y a cuidar niños y viejos. «El plan era ganar en un par de años lo que le costaría después acabar la carrera». Aquella chica fue trabando relaciones de amistad con la gente de Lis y alrededor de ella tejió la tela de araña de la confianza. Pasó un par de meses sopesando la decisión. No suponía entonces que unos años más tarde terminaría esnifando cocaína con un cliente en una cuneta de Villaverde.

Quizás podría haberlo sospechado cuando a las siete chicas del grupo les dieron las instrucciones del viaje: llevar 500 euros encima para justificar ante la Policía de Extranjería que viajaban a Europa de vacaciones, disimular y no dar señales de que conocían a otras chicas. Brasil, Italia, Portugal… Comenzaron a moverlas. «La primera semana nos trataron como reinas». Vivían juntas en un piso, pero el trabajo prometido no llegaba. Entonces, la chica no fue tan simpática. Las reunió en un salón del chalet y, rodeada de cuatro matones, les confesó que ese viaje no era el que habían pensado: «Nos dijo que allí no habíamos venido a cuidar ancianos, sino a ejercer la prostitución». Les quitaron el pasaporte. En ese mismo instante de desconcierto comenzaron las amenazas y las palizas. También les dieron otra noticia: debían 5.800 euros. Entonces Lis ya podría añadir a su currículum un trabajo de esclava sexual en una red de trata de blancas. Pese a todo el dinero que ganaría en adelante, nunca darían esa deuda por satisfecha, así que viviría atrapada por las redes criminales.

El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: hasta 50.000 euros por traerlas a España, en la mayor parte de los casos en condiciones infrahumanas y jugándose la vida. Diversas organizaciones han llegado al consenso de que ocho de cada diez prostitutas de las que trabajan en España (se calcula que son 300.000) no lo hace por su propia voluntad y está en manos de los proxenetas y de las mafias, sobre todo rumanas, brasileñas y españolas. No son todas. En 2015 nació en Madrid la Asociación Feminista de Trabajadoras del Sexo que reclama el papel de las mujeres que ejercen libremente.

Drogas por fuerza

«Antes que a Marconi nos llevaron a Sevilla, a una casa. Nos enseñaron a beber mucho alcohol y a usar drogas, porque así los clientes gastaban mucho más. Salvo pincharnos, nos obligaron a tomar todas las drogas». Las adicciones son comunes entre las mujeres. En agosto encontraron a una de ellas muerta por una sobredosis en el polígono. Llevaba dos días cadáver. Ese mismo mes, la Policía encontró el cuerpo de un hombre de 70 años que había fallecido al parecer de un infarto mientras se encontraba consumiendo drogas con una prostituta.

Cuando estaban ‘formadas’, las trajeron a Madrid y anduvieron de aquí allá. «Cada veinte días cambiábamos de ubicación porque los clientes quieren siempre carne fresca». Hay que mover la mercancía, así que cada cierto tiempo cambian. Rocío Mora, de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Ayuda a la Mujer Prostituida (APRAMP), admite que un gran porcentaje de las chicas «no sabe ni en qué ciudad está».

Al cabo del tiempo, Lis llegó a Marconi y se vio junto a una de esas hogueras. «Pareces muy libre porque enseñas las tetas, pero en realidad allí no hay libertad ninguna», explica. En esa ciénaga de asfalto, se sentía vigilada constantemente por las chicas y también por los proxenetas que observan la maquinaria tras los cristales de un asador cercano. Cada día tenía una misión: cuatrocientos, quinientos, seiscientos euros. Un servicio son 20 euros, pero no siempre. «Hay mujeres deterioradas física y psicológicamente que lo hacen por cinco. Hasta que tenías el dinero no podías volver a casa, así que podías pasar allí el tiempo que fuera. Si volvías sin el dinero, te acusaban de haberlo robado y te pegaban». En casa, las amenazas eran constantes. Muchas de las mujeres prostituidas están advertidas de que, si no siguen con el juego, van a atacar a sus seres queridos en sus países de origen. Llamar a la Policía es, para ellas, un absurdo, pues creen que son cuerpos corruptos y que las van a delatar a las mafias. «Nos hacen creer que la Policía es como la de nuestros países. Nos tienen encadenadas mentalmente». A las nigerianas las controlan con santeros de vudú. Al llegar a casa, si se quejaba, recibía una paliza. «Nos pegaban, pero no en la cara, porque perdíamos valor en la calle». Además de los golpes le ofrecían la excusa: «Cuando los clientes preguntaban, teníamos que decirles que nos habíamos caído o que a otro cliente le gustaba el sado».

Las condiciones en la calle son infrahumanas. Catorce horas trabajando sin comida a base de café, cigarros, alcohol y drogas. El frío siempre termina por hacer mella, así que las chicas enferman. El mensaje es claro: «Tienes que seguir trabajando». A los pocos meses, casi todas arrastran enfermedades, pero la deuda nunca se cubrió. Lis tocó fondo después de pasar una semana con un cliente teniendo sexo y consumiendo cocaína. Facturó 16.000 euros y reclamó que la mafia reconociera que cancelaban su deuda. Se negaron y ella se dio cuenta de que nunca saldría de ese agujero. «Pensé: o me escapo, o me matan». Y voló. La brasileña aceptó por fin la ayuda de APRAMP, que se esfuerza en ofrecer salidas reales a las mujeres. Lis denunció a los que la habían explotado y vivió tres años en un piso de protección. Pasó años rehabilitándose de su adicción a las drogas, aprendiendo oficios y asistiendo a terapia para reconstruir los escombros en los que se había convertido su vida. Meses después, sufrió una trombosis coronaria con la que pagó por todos sus excesos con los clientes. La prostitución estuvo a punto de matarla. «Estaba destruida». Hoy es agente social y patrulla las mismas calles de Marconi en una unidad de rescate de APRAMP que ofrece ayuda a las mujeres que están en su situación.

En Villaverde siguen entrando coches. Abren las ventanillas, negocian el precio de la carne, siguen adelante, vuelven a negociar, se detienen, se van… El servicio no para ni un minuto. «Es una forma más de ocio -admite Lis-, pero la gente no se da cuenta lo que hay detrás. O quizás no quiere verlo. Dicen que el de puta es el oficio más antiguo del mundo, pero yo creo que el más antiguo es el de mirar a otro lado».

En Marconi, a simple vista, los clientes no son más que siluetas. No hay un perfil definido, aunque cada vez son más jóvenes. El mito del putero sesentón se desvanece. Cada vez son más jóvenes y abundan las cuadrillas de adolescentes de hasta 14 años que han integrado las fiestas sexuales en Marconi en su rutina de ocio. Se sabe, según datos de Eurostat, que en España el 33% de los hombres ha ido de putas al menos una vez en su vida.

JOVEN, EXTRANJERA Y CON HIJOS

La prostitución es el segundo negocio que más ingresos genera en el mercado negro internacional, una lista encabezada por la falsificación de medicamentos. El perfil de la prostituta en España es el de una mujer extranjera, de menos de 35 años y con hijos a su cargo. Según un informe de Cáritas, la crisis ha llevado a muchas mujeres españolas a vender su cuerpo para sacar un dinero con el que subsistir; en la mayoría de los casos, sin conocimiento de su entorno familiar. Muchas inmigrantes afincadas en nuestro país que habían abandonado esta forma de vida se han visto obligadas a retomarla a causa de la precariedad económica.

SEXO BARATO

Por zonas: Las prostitutas se distribuyen según su raza y procedencia.

Los clientes: Cada vez más jóvenes, los hay incluso de 14 años.

400 mujeres ofrecen servicios de prostitución en el polígono Marconi, en Villaverde, a las afueras de Madrid.

40 servicios sexuales puede llevar a cabo una mujer en un día. Gran parte de estos ingresos son para los proxenetas.

20 euros es el precio medio de un ‘servicio’ en el polígono Marconi. Las más deterioradas lo hacen por cinco euros.

300.000 prostitutas se ganan la vida en España ofreciendo servicios sexuales a cambio de dinero. La mayoría son extranjeras.

80 de cada cien mujeres que ejercen la prostitución no lo hacen por su propia voluntad. Son controladas por proxenetas y mafias que las trajeron de sus países de origen.

33 de cada cien hombres españoles confiesan haber contratado en alguna ocasión servicios de prostitutas.

http://www.laverdad.es/murcia/sociedad/201701/15/marconi-carne-fuego-20170115005909-v.html

 
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La Policía apaga en un trimestre 400 hogueras de las prostitutas de Marconi

MADRID-PROSTITUCIÓN MARCONI

Madrid, 24 ene (EFE).- El Ayuntamiento de Madrid trata de revitalizar el área empresarial del polígono Marconi, donde se ejerce la prostitución, además de remitir a la zona patrullas policiales “permanentemente” que han identificado en el último trimestre a 559 personas y apagado 401 hogueras a las prostitutas.

El delegado de Salud, Seguridad y Emergencias, Javier Barbero, ha ofrecido estos datos en la comisión municipal del ramo cuando la edil del PP Inmaculada Sanz le ha preguntado por las actuaciones en esta zona y ha afeado la dejadez con la que se enfrenta Ahora Madrid a los problemas que genera la prostitución a los vecinos.

Tras señalar que la situación es “realmente compleja” y que la vía policial no basta para abordar la prostitución -porque las mujeres se han desplazado a Marconi desde la Casa de Campo o la calle Ballesta-, el delegado de Salud, Seguridad y Emergencias ha señalado que no es cierto que el equipo de Gobierno de Manuela Carmena no remita policía a esa zona.

De hecho, según ha explicado, en turnos de mañana y de tarde hay una patrulla permanente en la colonia Marconi y por la noche trabaja una en la zona de forma “intermitente”, que colabora además en la extinción las hogueras con que las prostitutas tratan de entrar en calor, uno de los principales problemas de convivencia reseñados por los vecinos, ha relatado el edil.

La Policía Municipal colabora con los servicios de limpieza en la extinción de las hogueras en dos intervenciones diarias -una a las 21.00 horas y otra a las dos de la madrugada-, además de controlar a las personas que suministran a las mujeres la madera con las que las hacen.

Además de esta tarea, en el último trimestre la Policía Municipal ha hecho controles a 498 vehículos, ha realizado 274 controles de alcoholemia, ha detenido a 4 personas y ha interpuesto 18 denuncias de tráfico, según los datos ofrecidos hoy por el edil.

http://www.lavanguardia.com/local/madrid/20170124/413653194286/la-policia-apaga-en-un-trimestre-400-hogueras-de-las-prostitutas-de-marconi.html

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Así pensaban los arquitectos del sexo

El burdel que imaginó el marqués de Sade, la comuna en que se inspiraron los hippies… Una exposición en Barcelone reflexiona sobre la arquitectura del sexo desde el siglo XVIII.

  • Ignacio Vidal-Folch

Un día José María Valverde -profesor, poeta, intelectual- nos dijo en la universidad: «El hombre no tiene solución. Está condenado, porque se le ofreció una arquitectura a su medida y la rechazó». ¿A qué arquitectura se refería? ¿Qué estilo nos hubiera podido redimir? No me atreví a preguntárselo.

Quizá se refería al racionalismo, que considera el ornato poco menos que delictivo; el racionalismo, donde todos los elementos están pensados atendiendo a la más depurada funcionalidad.

En su libro sobre la Viena del fin del Imperio, Valverde dedicó unas páginas a Adolf Loos, que sostenía que menos es más y cuyo edificio-manifiesto en la Michaelplatz de Viena, delante del palacio del Hofburg, disgustaba tanto al emperador Francisco José que mandó mantener siempre cerradas las persianas de las ventanas de palacio que daban a la desnuda casa de Loos.

Pero ni el más severo racionalista está exento de pasiones. El mismo Loos era una persona con una peculiar sensualidad. La exposición 1.000 metros cuadrados de deseo. Arquitectura y sexualidad, que despliega en el CCCB de Barcelona un muestrario de espacios pensados para el goce a lo largo de los últimos tres siglos, documenta dos obras de Loos bajo el signo de lo erótico. Una, la casa parisiense pensada para la diosa de ébano Josephine Baker, con una piscina dispuesta con tal arte que los huéspedes o visitantes pudieran observar desde todas partes las evoluciones en el agua de la bailarina negra, a la que por otra parte no le costaba nada desnudarse en público. La otra pieza es el dormitorio que Loos diseñó para su esposa Lina, forrado todo él (suelo, techo, paredes y cama) con piel peluda, como un estuche para la preciosa joya: Lina.

Los 1.000 metros cuadrados de deseo de la exposición abundan en piezas como éstas e invitan a pensar en cómo el espacio construido condiciona el deseo y cuánto, en ese deseo, está socialmente inducido y cuánto es íntimo y espontáneo.

Hay un área donde se representan las petites maisons (casitas), los pabellones para el placer de los aristócratas franceses del siglo XVIII, y se puede consultar la copiosa literatura libertina de la época sobre este tema. Ficciones como Point de landemain (Sin mañana) de Vivant Denon; El sofá, de Crébillon; o La petite maison, de Jean-François de Bastide, en colaboración con el teórico de la arquitectura Jacques-François Blondel, que cuenta un desafío amoroso en el que la casita, sus formas, perfumes y volúmenes, se constituye en herramienta irresistible para la persuasión erótica de una joven que se resistía a caer.

Otras salas muestran las casas de placer o burdeles racionalizados, higienizados, pensados para la práctica de una sexualidad comercial sin riesgos para la salud de clientes y prostitutas (como el Partenion, el burdel estatal del escritor Restif de La Bretonne) y el burdel ideal cuyos salones públicos y privados, rituales y ceremonias, imaginó hasta el último detalle, y dibujó, el marqués de Sade.

Las comisarias -Rosa Ferré, jefa de exposiciones del CCCB, y la arquitecta belga Adélaïde de Caters- se han propuesto invitar al visitante de la exposición a que piense «en cómo vivimos la sexualidad y qué espacio y qué tiempo le dedicamos a nuestro deseo». Entre obras de arte, ediciones, instalaciones, maquetas y espacios reconstruidos que con su inesperada, fulgurante contigüidad establecen vínculos por encima de los siglos y sugieren parentescos inesperados, destacan las ciudades utópicas que postuló Charles Fourier.

Fourier (Besançon, 1772- París, 1837) creyó descubrir que existe una Ley de la Atracción Pasional: un fluido o energía erótica que conecta la totalidad del universo y las pasiones humanas. Desdeñando instituciones como el matrimonio, la familia y el orden laboral jerárquico imperante, propuso un minucioso programa alternativo de desarrollo económico y transformación social que se basaba en el reconocimiento de todas las pasiones individuales -salvo que fueran dañinas para el prójimo- y su satisfacción total: planificó con el máximo rigor los falansterios: ciudades que eran paraísos sexuales para la realización de sus habitantes.

Estaba convencido de que la transformación social sólo era posible mediante la arquitectura, de forma que diseñó hasta el último detalle el funcionamiento de sus falansterios: ciudades de explotación agraria e industrial cuyas comunidades trabajan y se divierten, se reúnen y conviven según los gustos naturales o manías de cada miembro, y todos son gobernados por el Deseo, tanto en el trabajo como en el placer, cuyos límites se difuminan y confunden.

Su propuesta fue recibida como un disparate o en el mejor de los casos como una utopía, y como tal quedó hasta los años 60 del siglo XX, cuando el movimiento hippie, en busca de modelos alternativos de convivencia, rescató algunas de sus ideas para regir las comunas.

La exposición habla de éstas y de otras proyecciones del ideal fourierista, por ejemplo en la arquitectura radical de los años 60 y 70 (Ettore Sottsass, los grupos Archigram y Superstudio, etc) y en la enorme instalación que reproduce el Centro de Entretenimientos Sexuales -espacio hecho de sexo, voltios, esculturas cinéticas que bailan y perfume- que diseñó el visionario miembro del movimiento de arquitectura radical francesa Nicolas Schöffer para su utópica ciudad Ville Cybernétique.

Yo salí de la visita recordando a Valverde. Me hubiera gustado preguntarle qué pensaba de Fourier, si era un extravagante, si su arquitectura estaba a la altura del hombre. Me hubiera gustado visitar esta exposición con aquel sabio y preguntarle muchas más cosas.

http://www.elmundo.es/papel/sexo/2017/01/16/587ca294e5fdea53698b4601.html

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Esta casa de retiro para prostitutas jubiladas muestra lo que pasa con ellas tras abandonar la calle

Por Ruben Peña Blanco

Su nombre es Xochiquetzal, que se refiere a la diosa azteca de la actividad erótica y las relaciones sexuales ilícitas.

En pleno corazón de Ciudad de México se encuentra la casa la Casa Xochiquetzal, un proyecto que surgió hace 8 años y que hoy cuenta con ayuda del Estado, para dar refugio a todas las prostitutas retiradas del oficio y que han envejecido, naturalmente señaladas por la sociedad, y que necesitan de una ayuda para poder comer por lo que les resta de vida.

REX/Shutterstock

Como para las otras prostitutas de edad, no hay espacio para ella en la calle y, mucho menos, en los burdeles. “Las chicas nuevas que andan trabajando andan diciendo que no han sacado nada. Si las jovencitas que están guapitas andan batallando, las pobres niñas, con mayor razón yo, que ya soy grande”, dijo a Univisión Norma Ruiz, antigua trabajadora sexual, de 70 años.

 

Un punto en común de estas mujeres es que todas son madres olvidadas por hijos, parejas y familiares.

REX/Shutterstock

Tras instaurar un sistema gubernamental que proporcionara una vida digna a estas mujeres, el gobierno del Distrito Federal de México autorizó el préstamo de un inmueble en el Centro Histórico para habilitarlo y fungir como albergue de atención integral.

El objetivo del albergue es rendir honor a su nombre, Xochiquetzal, el cual se refiere a la diosa azteca de la actividad erótica y las relaciones sexuales ilícitas.

Univisión
 

También se les otorga terapias psicológicas, ya que muchas de las ancianas presentan serios problemas frutos del maltrato y de sus condiciones de vida por esta dura experiencia para ganarse la vida. Sin pedir nada a cambio Casa Xochiquetzal abre las puertas a todas aquellas mujeres como una nueva esperanza.

Los pleitos entre las residentes son habituales y las relaciones a menudo tensas. Son mujeres acostumbradas a pelear para sobrevivir y que arrastran muchos problemas de autoestima.

REX/Shutterstock

El director y fotógrafo inglés Malcolm Venville visitó el lugar y capturó varias fotografías de su proyecto  “Las mujeres de la Casa X”. En las fotos se advierten los cuerpos que cargan todo el peso de una vida desgastante noche tras noche, el paso de los años ha transformado lo que en principio ha consistido su herramienta de trabajo y el deterioro es evidente, que, por supuesto, no perdona.

Malcolm Venville

http://www.upsocl.com/mundo/esta-casa-de-retiro-para-prostitutas-jubiladas-muestra-lo-que-pasa-con-ellas-tras-abandonar-la-calle

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Dyon, asistente sexual de discapacitadas

Una embolia le cambió la vida, y por eso ahora su labor es dar placer sexual.

“Algunas discapacitadas han llegado a pagarme con poemas”

“Tenemos fases. Hay un ‘café de expectativas’… marcamos los límites. Es cuando decide si desea penetración”

 Dyon en su casa de El Born (Barcelona) JORDI SOTERAS
  • MARTÍN MUCHA

Dimitri abre los ojos y mira aquellos cuerpos, por primera vez, sin compasión. “Nunca”. Lo hace con curiosidad. Queriendo descubrir una anatomía distinta, especial. Almas que desean ser tocadas por primera vez. Son María, Inmaculada, Carmen, Teresa… Ellas se han pasado media vida sin experimentar la caricia erótica de un hombre. Dimitri Zorzos, cuando ejerce Dyon Baco, es el primer asistente sexual de discapacitadas de España. Con 37 años, lleva desde el año 2011 aprendiendo para este puesto. Desvela su nombre real. Da la cara. “No tengo nada que esconder. Si tengo que mostrarme y luchar por esta causa, lo haré”. Lo hace por normalizar la figura del asistente sexual. De su trabajo. Dimitri es hombre de mirada abierta. De apenas parpadear.

Dimitri nació en Atenas en 1979. “A los 15 años mi vida cambió. Leí el reportaje de una asistenta sexual en Francia y me dije, “si fuera mujer lo haría”. Y me quedé con la idea desde entonces”. Muchas cosas cambiaron en su vida. Su familia tenía una imprenta y a eso se dedicó durante un tiempo. Así, entre planchas y tinta, decidió que nada de eso era lo suyo. “Fui detrás de una chica que vivía en Barcelona. Esa fue la excusa para dejarlo todo y cambiar”.

Lo que hizo después fue cambiar vidas. Un testimonio. La primera experiencia con una discapacitada fue así. Lo cuenta ella:

“Llego. Me bajan del tren con la plataforma para sillas de ruedas y, como siempre, alucinan cuando les digo que no me espera nadie y que me voy para el metro. Estoy muy muy nerviosa. Tengo una sesión con Dyon. No tengo claro en qué va a consistir, aunque parece que mi cuerpo intuye algo… o quizá sólo incertidumbre. Contacté con él hace año y medio a través de una mujer a la que acudí en busca de asistentes sexuales para personas con discapacidad. Ella me dijo que no conocía a ninguno -sí a asistentes mujeres- pero me dio el Facebook de Dyon…”

-¿Necesitas ayuda para desvestirte? -me preguntó.

-No.

-Ok, pues toma este pareo para ponerte luego.

-¿Me dejo la braguita o algo?

-No -me dice su voz y mirada dulce, y sale de la habitación…

“Me pregunta si he tenido relaciones sexuales y me indica brevemente que cualquier cosa que me incomode, se lo diga... Mantén los ojos cerrados. Comenzamos. Respiramos… No es una herramienta para mí. Y me indica que me tumbe. Masaje boca arriba, boca abajo… El pareo iba y venía… Con el aceite al fin silencio. Sensaciones. Placer. Y me dejo llevar. Abro los ojos, comienzo a acariciarle. Tanteando. Tímida a la vez que atrevida. Sin pensar. Sólo sintiendo. Poco después llega el masaje genital… Jamás había experimentado algo así. Y nos envuelve el respeto. Nos sobrepasa… De repente otro “cierra los ojos”. Suspiro. Me acuna la paz. Nos sentamos y él me habla. Yo apenas puedo articular. Me dice que tengo suerte de poder disfrutar así de la sexualidad porque mucha gente sin “discapacidad” no puede. Me dice que soy bella. Me dice que tengo una parte muy primitiva. Lo noto y me noto con una alegría desbordante. Estoy eufórica. No recuerdo semejante descarga de endorfinas. Mi silla corre y corre por la gran ciudad. Y yo lloro y lloro por la gran ciudad”.

Este es el relato de la primera vez que Dyon/Dimitri cambió la vida de una chica discapacitada. En sus propias palabras. Ocurrió en 2010. Para ella fue volver a sentir. O sentir por vez primera. Un descubrimiento. Lo fue también para el propio Dimitri en todos los sentidos. De eso se trata esto, de sentir. Él llegó a la Ciudad Condal en 2004. “A buscarme la vida, aprender el idioma, ni siquiera me quedé con quien vine a buscar. Ella se asustó. Tenía ahorros y seguí”. Fue cocinero en un par de locales, uno de ellos llamado La Llorona, hasta mayo de 2006. Ese mismo año pasó a trabajar en Citibank. “Como especialista en prevención de fraudes de tarjetas de crédito. Hasta eso hice”, cuenta al reportero. Todo iba en una dirección. Hasta que le ocurrió una tragedia. De esas aleccionadoras.

-¿Qué sucedió?

-En un momento en 2007, me dio una embolia, en el hemisferio derecho del cerebro. La mitad del cuerpo, mi lado izquierdo, se quedó paralizado. Perdí el control del movimiento. Me convertí en hemipléjico.

-¿Cuánto tiempo?

-Por dos meses.

-¿Aprendió?

-Conocí la frustración. Lo fácil que es perderlo todo. Ni siquiera beber agua. No tenía equilibrio. Tuve que reeducarme de cero.

-Convivió con otros discapacitados. ¿Fue su primera relación cercana con ellos? ¿conocer su carencia de sexo?

-En mi barrio había un hombre que tenía discapacidad. Pero me sorprendía que le trataban como a un niño. Yo lo veía como adulto. Le habían salido hasta canas y le trataban como si fuera pequeño. Me era incomprensible.

-A los 15 años leyó un escrito que descubrió su vocación…

-Era un texto sobre una asistenta sexual francesa que lo hacía para pagar sus estudios. Me emocionó. Decía que no era sólo una prueba para los que piden el servicio, también ella descubría, con cuerpos diferentes, otras sensibilidades… Supe que lo que hacemos traspasa los límites del derecho humano.

Un año después de que Crónica realizara la entrevista con Montse Neira, la primera asistente sexual de discapacitados en España, en 2010, Dimitri se unió a un equipo que quería crear un grupo que siguiera los pasos de la precursora de esta clase de servicios. “Lo lideraba la sexóloga argentina Silvina Peirano, así comencé. Había varias chicas. Pero yo fui el primer hombre de ese grupo, después llegaron otros que se unían y lo dejaban. No es nada sencillo”. Así nació Dyon Baco, su alter ego.

Con ese pseudónimo, no con su nombre real, aparece en el magnífico documental Jo també vull sexe!, del programa Sense Ficció de TV3, estrenado semanas atrás y firmado por Montse Armengou y Ricard Belis, sobre la realidad de este tipo de asistencia en nuestro país. En este aparece Inmaculada Hernández. En silla de ruedas. Luce una camiseta en la que se lee Rock Chic. Tiene el pelo rubio, corto, está radiante. Recorren el viaje en tren con ella hasta que se encuentra con Dyon. Su llegada al hotel. Él besándole los pies. Cargándola y ella acurrucada en su hombro. Más besos. Ahora en la boca.

“Esto es como cuando vas al médico para que te arregle la boca. Pagas. Yo tengo que pagar para que toquen mi cuerpo. Le pago a alguien que me lo toca de maravilla“, dice a cámara Inmaculada. “Con 40 años me pagaron un gigoló mis amigos y no tiene nada que ver. Te folla, se viste y se va. Es distinto”, lo dice orgullosa de su decisión. Del cambio que significó la llegada de Dimitri en su vida.

Para el griego también lo fue. Completa la historia, lo que no se ve en pantalla. “Lleva tiempo esa transformación. La tenías que ver antes. La primera vez me asusté mucho. Ella llevaba el pelo gris. Ella era muy gris. Sin color. Me ha dicho que sus informes médicos incluso han mejorado. En una revisión, el doctor, tras comenzar los acompañamientos, le quitó tres fármacos. Ella no podía aguantar las lágrimas”.

“¡Tengo ganas de vivir!”, soltó Inmaculada, quien padece una parálisis cerebral de nacimiento. Ya en los 50, ella vive en una residencia sola, en Girona. “Ella misma consigue un hotel, casi siempre al lado de la estación de tren donde nos encontramos. Es parte de todo lo que aprenden. A ser independientes, a currárselo”, comenta Dyon. “El paso siguiente es que aprendan a enamorar y que se quieran”.

-¿Hay un proceso definido entonces?

-Tenemos fases. Hay un café de expectativas. Donde conversamos, nos conocemos, marcamos los límites. Es el momento en que se decide si, por ejemplo, desea una penetración. Y el otro dice sí o no. Así el día del encuentro lo tenemos pactado. Conversamos y dejamos claro que esto no es para enamorarse. Esto se hace muy detenidamente. Buscamos que tenga la misma seriedad que con un psicólogo o con un fisioterapeuta. La idea es que podemos tratar su sexualidad. Lo que en la práctica les da la libertad. Ellas, la mayoría de las veces, sólo quieren que las traten como adultos.

Para Dimitri Zorzos todo ha sido un largo proceso también hasta volcarse en exclusiva a asistente sexual. Después de la parálisis, se dedicó al masaje tántrico. Ha sido camarero, guía en excursiones turísticas, hasta conductor de bicitaxis… Ha ido y vuelto entre Barcelona y Santorini, la isla donde nacieron sus padres, hasta decidirse a radicar en España. “Ahora con un proyecto relacionado con la asistencia sexual terapeútica en Valencia también”. Se muda allí para llevar a cabo un nuevo proyecto: Sexualidad Funcional, donde -entre otras cosas- va a contar sus experiencias y preparar a otros asistentes.

Su caso pone sobre la mesa la asistencia sexual. Ya se ha avanzado en el terreno masculino. Menos en el femenino. Y eso que las mujeres son el 60% de la población con discapacidad en España, que se estima en casi cuatro millones, según el Observatorio Estatal de la Discapacidad. Por ende, son 2,4 millones. “No hay datos oficiales de cuántas de ellas requieren este servicio porque es imposible saber cuántas pueden necesitar asistencia sexual”, aseguran fuentes del sector de la discapacidad. Lo cierto es que se puede hablar de decenas de miles. Dimitri aspira a que cualquiera de ellas pueda acceder a su ayuda. Y deja claro: “Yo no soy un gigoló, soy un trabajador sexual”.

-¿Cuánto cobra?

-Son 75 euros. Cierto tipo de experiencias más extensas pueden alcanzar los 200. Pero dada la situación económica y si no tienen capacidad financiera, puedo aceptar que me paguen una parte en metálico y otra con un intercambio. Ellas pueden pensar y ser creativas. Sé que es una necesidad. Y yo soy muy comprensivo. Han llegado a pagarme con poemas.

Como éste: “Aguas extensas y verdes/ Dos más dos son cuatro./ Uno más uno son dos./ Me he hecho una mujer en tu gran océano donde nado libre y amorosamente./ He crecido por nacer en tus aguas donde juego y vivo un recreo feliz./ Mi Farol, mi puerto, mi cobijo./ Mis momentos de reír./ Hay motivos para loas./ Yo siempre era un café./ Ahora que me has endulzado, creo tener un por qué…”.

En total, unos ocho servicios al mes. Completa sus ingresos con terapias, masajes y talleres. “No se puede vivir solamente de los acompañamientos. A los acompañantes que formo procuro enseñarles que tengan otras fuentes de ingreso. No queremos que sea así para no crear dependencia económica”.

-¿Corta alguna vez la relación con sus clientas?

-Cuando siento que están intentando ligar conmigo. Trato por eso de que los acompañamientos sean espaciados. No más de dos veces al mes.

-¿El peor momento?

-Me pasó con una chavala que era joven: 28 años. No tenía experiencias. Quería encuentros cada vez más a menudo. Le dije que a lo mejor necesitaba otro acompañante… Ella se lo tomó mal. Me tiró los billetes en la cara como diciéndome “esto es lo único que te interesa”. Me afectó mucho.

-¿Alguna vez ha fallado en su misión amatoria? Puede ser muy hiriente…

-No todo es penetración. Sabemos que el miembro tiene vida propia. Pero hay más factores. Y no todo es la genitalidad. Aunque con mi experiencia, con disciplina tántrica, puedo mantener la erección con control mental, no intento hacerlo así mucho. Quiero que salga naturalmente. Lo otro sería mentir.

-¿Se ha sentido encandilado por alguien siendo asistente sexual?

-Hay una persona. Es un caso diferente. En la mayoría de los casos, yo enseño, descubro la sexualidad de ellas. Esta es una mujer bellísima e interesante de unos 40 ahora. Padece una enfermedad degenerativa. Ella ha vivido una vida normal, ha tenido relaciones. Puede hoy ir a una disco y ligar sin problema. Va perdiendo el movimiento y el habla, pero sigue siendo muy atractiva. Y me ha elegido a mí para su proceso. “Hasta que la muerte nos separe”, me ha dicho.

[Dimitri hace una pausa. Parece tragar saliva. Comenta que ya hay dos o tres parejas constituidas entre asistentes sexuales y quienes requerían sus servicios. Hay un matrimonio incluso].

-¿Se ha podido enamorar de ella?

-Sí.

http://www.elmundo.es/cronica/2017/01/13/5870da06e2704e8f6c8b457a.html

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Colau evita multar la prostitución callejera

Las prostitutas aseguran que con la entrada en el gobierno de BComú el trato con los agentes de la Guardia Urbana ha cambiado y ya no imponen sanciones

“No parecen los mismos urbanos. Ya no vienen a la caza y captura de la puta. Hay presión, pero ya no nos multan, como hacía Xavier Trias”. Janet, una de las prostitutas de la calle de Robador del barrio barcelonés del Raval, sostiene que desde que entró Ada Colau en el Ayuntamiento los agentes han dejado de multarlas por ofrecer servicios sexuales en la calle. “Necesitábamos que alguien simplemente nos escuchara. Queremos que coloquen bancos en la calle para trabajar de forma más discreta, tener baños públicos… el Ayuntamiento dice que lo estudia. Ahora, por lo menos, cuando nos precintan un apartamento acusándonos de montar un meublé nos dejan sacar nuestras pertenencias”, se conforma. La estadística da la razón a Janet.

 
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona.
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona. MASSIMILIANO MINOCRI

El exalcalde convergente Xavier Trias, apoyado por el PP, modificó la ordenanza de civismo en 2012 para prohibir la prostitución callejera en Barcelona. En las primeras cinco semanas que la norma estuvo vigente, los urbanos amonestaron a 316 personas (204 de estas denuncias fueron a prostitutas). El convergente conservó la alcaldía un mandato.

 

En junio de 2015, Ada Colau tomó posesión como alcaldesa. Durante todo ese año la urbana interpuso 508 denuncias por ofrecer o contratar servicios sexuales en la vía pública, la mayoría de ellas en los meses que gobernó Trias. Desde la tenencia de alcaldía de Derechos de Ciudadanía y desde la concejalía de Feminismos aclaran que aunque Colau hubiera querido sancionar a las prostitutas —que no quería— no lo hubiera podido hacer porque a los pocos días de haber tomado posesión del cargo entró en vigor Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como ley mordaza. “Esta ley tiene un rango superior a la ordenanza y es de obligado cumplimiento. El texto legal no prevé multar por realizar ofrecimientos sexuales”, defiende una portavoz municipal.

 

La ley mordaza impide sancionar a prostitutas, pero el Consistorio barcelonés añade otros motivos para no multarlas: “Existe una directiva europea que pide que se evite revictimizar a las mujeres en posibles situación de tráfico”. Desde el Consistorio admiten que “no sancionar el ofrecimiento sexual es una práctica consolidada en Barcelona y que, además, no ha tenido ningún impacto sobre el número de prostitutas que ejercen en las calles”.

La portavoz municipal asegura que según las estadísticas con las que cuenta la Agencia para el abordaje integral del trabajo sexual (Abits) el número de meretrices es estable desde hace años. “Las sanciones a las prostitutas no tenían ningún efecto disuasorio y dejar de sancionar no ha supuesto un aumento de trabajadoras sexuales”, concluye la portavoz.

El intendente jefe de la comisaría de Ciutat Vella de la Guardia Urbana de Barcelona, Benito Granados, opina que “quizás antes la administración había perdido un poco la sensibilidad con el tema de la prostitución”. Granados conoce los movimientos que hay en su distrito y más allá. “Actualmente, entre la ronda Sant Antoni, Robador, la Rambla y la Villa Olímpica hay cerca de 60 mujeres ejerciendo la prostitución callejera”. Reconoce que es una población bastante estable.

“Este 2016 en Ciutat Vella no hemos denunciado a ninguna prostituta y hemos multado a unos 80 clientes”, explica Granados. El intendente ha hecho labores de mediación con el colectivo: “Nuestro objetivo es luchar contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Ahora los explotadores no se distribuyen en grandes organizaciones criminales sino que son estructuras pequeñas que explotan a una o dos mujeres siguiendo métodos emocionales que hacen muy complicado nuestro trabajo”.

En los parques de la Villa Olímpica los servicios sexuales pueden costar entre 10 y 15 euros mientras que en Robador o Sant Antoni alcanzan los 20 euros más “5 y 10 euros por la habitación”. “Actualmente hay una decena de meublés en funcionamiento y la propia normativa va en nuestra contra”, asegura Granados.

Relata que cuando los agentes sospechan que un piso funciona como meubléabren un expediente administrativo. Pero que hasta que se resuelve con el cese de las actividades, se precinta el inmueble y el juzgado da la orden de precinto judicial pasan unos meses durante los que los administradores han tenido tiempo para alquilar, u okupar, otro piso donde continuar la misma función.

También la ONG Genera constata el cambio de actitud de los urbanos con las prostitutas. Esta asociación en defensa de los derechos de las mujeres asegura que las multas solo sirvieron para precarizar, más aún, la situación de las mujeres: “Además, a las que más afectó fue a las jóvenes que se encontraban en una situación de trata (el 15% de las prostitutas según la ONG) y no podían moverse de la calle”.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/12/31/catalunya/1483172309_482487.html?id_externo_rsoc=TW_CC

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Las trabajadoras sexuales que venden el acceso a sus vidas privadas a través de las redes sociales

Se están dando cuenta que interesan tanto sus salidas a comprar alimentos y sus chistes malos, como sus cuerpos

BORROSA LA LÍNEA DIVISORIA ENTRE AQUELLOS CON QUIENES TENEMOS UNA RELACIÓN VERDADERA Y AQUELLOS QUE NO
Chris Stokel-Walker
Las redes sociales solo son el mercado más reciente en el que se venden y se compran favores sexuales.
 

Como cualquiera que ejerza la profesión más vieja del mundo, Cortana Blue vende intimidad.

Lo que la hace diferente es que ella utiliza las redes sociales para establecer esa conexión personal con sus clientes. Tan solo en un año ha logrado que 1.000 personas se suscriban a su cuenta en Snapchat.

Internet libera del sentimiento de culpa a quienes buscan pagar por sexo. Pero el campo se está ampliando a otras formas de intimidad.

En esa plataforma sus seguidores no solo pueden verla desnuda a diario, sino que también tienen acceso a su vida cotidiana.

“Puedes chatear conmigo cuando quieras”, dice.

Las nuevas generaciones de trabajadoras sexuales online se están dando cuenta que el público está tan interesado en sus salidas a comprar alimentos y en sus chistes malos, como en sus cuerpos al descubierto.

Más que sexo

“Si miras con un microscopio lo que está ocurriendo en la industria del sexo, te darás cuenta de que dice mucho de lo que está pasando en el resto de nuestras relaciones sociales”, comenta Teela Sanders, de la Universidad de Leicester, en Reino Unido.

Las redes sociales están haciendo más borrosa la línea divisoria entre aquellos con quienes tenemos una relación verdadera y aquellos que no.

Celebridades como Kim Kardashian y Taylor Swift tienen ejércitos de fieles seguidores atentos a cada nuevo post que colocan en sus cuentas de Instagram.
Pero aplicaciones como Snapchat, que promueven el intercambio de mensajes individuales, pueden hacer sentir algunas relaciones como más personales, e incluso recíprocas.

Las redes proveen a los fans con acceso al contacto íntimo las 24 horas del día.

En opinión de Sanders, quien tiene 15 años investigando la industria del sexo, internet cambió el significado del trabajo sexual.

La fórmula tradicional era intercambiar sexo por dinero, pero ahora existen diversos niveles de interacción sexual -desde contacto físico hasta interacción a través de una pantalla- lo cual atrae a personas que anteriormente no se hubiesen atrevido a adentrarse en este mundo.

La simple transmisión de personas desnudas con una cámara conectada a la computadora (webcamming) surgió poco después del advenimiento mismo de la red.

El “cibersexo” (transmisión de actos sexuales vía online) despegó en la década de los 90, gracias a su inmediatez, pero también por su interacción básica entre el emisor y la audiencia.

Sanders resalta que, a través de estas plataformas, la interacción se hizo psicológicamente más fácil para las personas, porque al no tener el contacto físico sentían que no están haciendo nada malo, que no afectaban sus relaciones “verdaderas”.

Sexo y las redes sociales

La industria del sexo se ha adaptado rápidamente al cambio en los hábitos de sus consumidores, incluyendo las redes sociales.
Momoka Koizumi es una trabajadora sexual que forma parte de los 150 millones de usuarios que dice tener Snapchat, una aplicación donde las personas intercambian fotos y videos por tiempo específico.

La joven de 23 años se convirtió en camgirl (una modelo que a diario se muestra desnuda a través de las redes sociales), cuando comenzó a estudiar en la universidad.

En ese entonces realizaba trabajos de medio tiempo que no le gustaban, hasta que su prometido le sugirió que se dedicara a ser modelo en internet.

Para emprender su nuevo trabajo Momoka comprendió que debía analizar muy bien el mercado, y contar con una presencia en redes sociales.

Algunos creen que somos permanentemente conscientes de nuestra imagen online, así que nunca revelamos nuestros verdadero ser.

“Revisé una docena de perfiles de exitosas camgirls y descubrí que todas tenían una cuenta en Snapchat”.

Estas modelos de internet venden el acceso a sus cuentas privadas en Snapchat, donde el seguidor podrá observar contenido sexual y no sexual. Al menos 10% de los ingresos de Koizumi provienen de su cuenta en Snapchat.

De la misma manera que muchas personas contratan los servicios de una prostituta porque desean compañía tanto como sexo, las personas que se suscriben a las cuentas de modelos en Snapchat buscan algo más que gratificación sexual.
Esta aplicación les permite contacto permanente con sus chicas favoritas. Kiozumi ofrece acceso de por vida a su cuenta personal por US$45.

De los 10 contenidos diarios que comparte en su red, solo la mitad tiene material explícito.

No es tan fácil

En palabras de Grant Blank, del Instituto de Internet de Oxford, Snapchat probablemente ofrece una conexión más personal que la vía tradicional por medio de una cámara de computadora.

Pero no es tan simple como suena.

Koizumi explica que para mantener una agenda que le permita producir contenido del show y tener dos días libres a la semana tiene que actuar como si se tratara de un trabajo a tiempo completo, porque actualizar las redes sociales no permite descanso o que te ausentes porque te sientas enferma.

“Desde que abrí la cuenta creo que no ha pasado un día sin que haya colocado un post”, señala.

Blue también pasa largas jornadas trabajando.

“Paso buena parte de mi día en Snapchat. Si no estoy colocando fotos o videos, estoy contestando los mensajes de mis seguidores, lo cual puede exigir bastante tiempo”, advierte.
Snapchat es la plataforma donde Blue vende más suscripciones, pero también utiliza Kik, otro servicio instantáneo de mensajería, e incluso su teléfono.

Trabajo rentable, pero ¿legal?

El éxito de estas trabajadoras sexuales en Internet ha sido tal, que ha despertado el interés de intermediarios, firmas administradoras que ofrecen servicios gerenciales para todos aquellos que se quieran dedicar a este negocio.

Una de estas compañías se llama SeeSnaps, ubicada en Reino Unido, la cual cuenta en su portafolio de clientes a unas 40 modelos que venden -desde la página de la empresa- acceso a sus cuentas en Snapchat.

SeeSnaps se queda con 20% del monto de la suscripción por la cuenta de la modelo, lo cual puede representar entre US$19,99 a US$37.

Vender acceso a cuentas de Snapchat sin la autorización escrita de esta compañía es técnicamente una violación de los términos de servicio de esta red social. Transmitir contenido pornográfico también lo es.

BBC Future le preguntó a Snap qué opinaba al respecto, y un vocero de la empresa se limitó a proporcionar unos enlaces a los lineamientos y términos de servicios que rigen a las comunidades vinculadas con la aplicación.

Ahí se establece que la cuenta puede ser eliminada si se determina que hubo una infracción de esos términos de uso.

La cuenta en Snapchat de Blue ha sido reportada y eliminada dos veces desde que la abrió en enero del 2015.

De hecho, muchas modelos consultadas para elaborar este artículo optaron por no participar, a fin de no despertar el interés de supervisores y autoridades que condujeran al cierre de sus cuentas.
A pesar de esto, trabajar al margen de la ley no es un tema desconocido para estas modelos, y muchas afirman que las autoridades deberían considerar que al no haber contacto físico, es una manera segura y sana en la que las trabajadoras sexuales pueden hacer dinero.

El futuro

Ya nada es inusual cuando hablamos de tener relaciones íntimas a través de la red.

Daniel Miller, de la Universidad de Londres, ha estudiado el impacto de las transmisiones a través de internet en las relaciones humanas, asumiendo que la interacción con otra persona utilizando una cámara de video puede ser tan íntima como un contacto cara a cara, o incluso más.

“Es totalmente posible que Snapchat permita cierta forma de intimidad que otros formatos no ofrecen”, advierte Miller.

En opinión de Blue, el sentido de intimidad es bidireccional.

“Disfruto el tener una conexión privada con uno de mis fanáticos, que nadie más puede ver o tener”, explica.

A ella le gusta saber qué está haciendo la personada que está conectada del otrolado, cuál es su apariencia física, en qué pasa el tiempo.

“Realmente me gusta que mis seguidores sepan que estoy aquí para ellos si quieren hablar de lo que pasó en sus días, o si me quieren enviar memes, o hablar sobre videojuegos o gatos”.

http://www.periodistadigital.com/america/sociedad/2017/01/05/las-trabajadoras-sexuales-que-venden-el-acceso-a-sus-vidas-privadas-a-traves-de-las-redes-sociales.shtml

 
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