Y las llaman maternidades subversivas…

Está a la orden del día hablar sobre maternidad subrogada, pero no me apetece nada comentar el tema hoy, a excepción de dejar clara mi postura de que cada mujer tiene que poder hacer con su cuerpo lo que le de la real gana. Y punto. Así, sin más, porque de eso va el feminismo. ¡De los derechos de TODAS!

Pero no, hoy quiero hablar de lo difícil que es ser madre en estos tiempos de tecnologías, de cursos vía skype, de chats y de teléfonos más inteligentes que algunas personas que conozco. Dicen que lo personal es político y es cierto. Porque la maternidad se ha politizado desde la noche de los tiempos, no hay cursos para poder ser madre, ni buena ni mala, y para ser una de esas bendecidas por la varita del hada madrina, hay que estar atenta a los cambios de la sociedad y a los tips de algunas tipas super guays que nos enseñan los placeres de ser madre. Ajá.

Pero la realidad es que la mayoría de madres criamos a nuestros hijos solas, aún teniendo pareja. Nosotras, tan feministas y emancipadas, trabajamos como lobas fuera de casa por un sueldo de mierda, nos acosan nuestros compañeros de trabajo, nuestros jefes se nos insinúan constantemente, tenemos suerte si de camino al trabajo, no nos han dicho  demasiadas guarradas dignas de Torrente y cuando salimos ya exhaustas porque además del trabajo, el acoso genera un alto nivel de estrés, vamos a por nuestros peques a la guardería o al cole y les llevamos al parque o a la placita cercana para que socialicen con otros niños que no sean los de su clase y expandan su mente y aprendan a interaccionar con otras niñas y niños e incluso a lidiar con sus odiosos padres y madres.

Llegas a casa, por fin, pero tu jornada continúa, deberes, repaso de la agenda escolar, baños, lavadoras, biberones, papillas, cenas, friega los platos, recoge la cocina, encárgate de la comida y la cena del día siguiente, los bocadillos de los niños y sí, siéntete una mamá plena y orgullosa, no te enfades ni  pongas mala cara (lxs niñxs saben leer nuestros gestos), sonríe a la pareja que llega agotada y se tira en el sofá, seguro que al límite de sus fuerzas. Pobre…

Eso si tienes pareja, porque si además no la tienes ni se la espera, ni siquiera puedes compaginar con ella, las visitas al pediatra del peque con los entrenamientos de fútbol, o de baloncesto o las clases de natación o de chino. Ser madre es un trabajo a tiempo completo y ser una buena madre es un acto de responsabilidad, pero ser una madre adecuada, ya es un cantar distinto. Es tener que cumplir con requisitos especiales, máxime si tus retoños asisten a una escuela pública o has tenido la osadía de ir a servicios sociales a pedir alguna ayuda para poder criarles mejor. Que digo yo, que si los sueldos fueran los adecuados, tal vez y sólo tal vez, no habría que rebajarse a pedir dinero a la administración, que no debe ser un trago de gusto. Porque padres yendo a pedir ayuda económica para sus hijos, no sé yo…sólo las mujeres tiene ese honor.

Ser madre no es un chollo. Y cansa, cansa mucho. Es poco gratificante en general y caro, muy caro. Pero nosotras podemos decidir, casi siempre en esta sociedad europea, cómo, cuándo y con quién (aunque tampoco es que haga mucho tiempo que gozamos (¿?) de estos derechos). Lo que no está en nuestras manos decidir, es cómo nos va a tratar la vida, una lucha hasta donde puede, hasta el límite. Y lo cruza, una y mil veces por sus hijas e hijos. Y se siente orgullosa de hacerlo, de quedarse sin cenar para que ellos puedan hacerlo, de tragarse el orgullo y seguir con una pareja odiosa porque sólo con su sueldo no podría salir adelante. 

Es bonito ser madre y algunas siempre hemos deseado serlo y cuidar de nuestrxs hijxs cada día, pero no nos pidan que siempre seamos las mejores, que siempre seamos perfectas, que siempre estemos a punto de que nos revisen. No somos perfectas, las que dicen que lo son, lo son menos aún y las que evalúan…habría que verlas en sus casa y tal, a ver cómo lidian con los bebés, con los niños, los adolescentes y los jóvenes que nunca se van de casa.

Hoy quiero romper una lanza por esas madres de verdad, las que nos equivocamos, las que sufrimos y hacemos sufrir, las que nos levantamos tras cada tropiezo, las que tienen siempre un remedio a mano, las que saben cómo curar una gastroenteritis y unas paperas, las que se preocupan de que no haya piojos en las cabezas de sus hijos, las que enseñan a leer y a hacer raíces cuadradas, las que se lanzan con el dibujo técnico a la vez que preparan unas deliciosas hamburguesas veganas…

Pero ya está, hay un momento en el que una mujer es sólo una mujer. ¡Asúmanlo y déjennos vivir en paz de una jodida vez, coño! 

 

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Un comentario

  1. Me ha encantado y me he reído mucho no por la situación que explicas si no porque tienes más razón que un Santo.

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