Putes Y Demonies

Comienza el 2018 con los tambores de fondo. Vamos a la guerra, las negociaciones de paz han terminado. A las putas se nos mean en la cara las diferentes administraciones de las distintas ciudades, tratándonos como a delincuentes. Y a nuestros clientes, ese servicio se lo cobramos el doble.

Los colectivos de putes se aúnan, aprenden a trabajar juntos para que las campañas sean efectivas y podamos hacer llegar nuestro mensaje de falta de derechos a la sociedad, infoxicada por unos medios de comunicación corruptos y vendidos, que siempre meten el trabajo sexual dentro de la trata de personas, como si fueran la misma cosa, a sabiendas de que es falso. Desinforman a la sociedad porque

1. El mensaje de que las putas debemos ser salvadas, implica que debe haber salvadoras (y les mola ser ellas quienes lo hagan)

2. Es más sencillo dar la razón que luchar por la verdad. El mundo es de las cobardes

No es sencillo pedir unidad, de hecho es casi una utopía, aunque es cierto que debemos pensar en que nuestra lucha es más importante que nosotras mismas. Que nadie se hará rica y famosa por ser activista prosex, que los puestos a dedo en las administraciones ni son la panacea, ni duran para siempre (si eso es a lo que se aspira). La lucha es nuestra y a nosotres nos pertenece. Ni a las aliadas -por mucho que se impliquen- ni a los empresarios -puaj-. A nosotras, que somos las que estamos al pie del cañón cada día, las que sufrimos estigma,  las que no podemos alquilar un piso o comprar un coche porque no podemos explicar de dónde viene nuestro dinero. Somos nosotras las que no sabemos qué va pasar cuando tengamos que jubilarnos, o ser madres, o simplemente coger una gripe y dejemos de generar dinero.

Durante décadas las aliadas han hecho un trabajo prodigioso por nosotres, por todas nosotres. Y algunas aliadas, merecen estar en los primeros puestos de esta lucha que parece no tener fin, pero ya no es necesario que la lideren, porque ahora estamos las putes, ahora tenemos nuestra propia, la alzamos, la hacemos visible y nos dejamos la vida para que se nos tenga en cuenta en espacios que ni siquiera podíamos soñar.

Cuando alguien como yo -a la que llaman privilegiada- empezó a ejercer activismo prosex, éramos cuatro, las mujeres que dábamos la cara en España. Montse Neira fue la primera a quien conocí y me impresionó su mensaje claro y contundente sobre la falta de derechos en nuestro colectivo. Luego me presentaron a otras compañeras, pero siempre sucedía lo mismo, todas éramos mujeres con cierto recorrido y necesitábamos a las jóvenes, sangre nueva, aire fresco, mujeres que aún no estuviesen quemadas por la decepcionante lucha en la que nos habíamos embarcado las más veteranas. 

¡Y llegaron! ¡Mujeres en la veintena, en la treintena, preparadas, fuertes, duras, con argumentario y con ganas de pelea! 

Ahora que somos las suficientes, ha llegado la hora que tanto hemos estado esperando. La de luchar sin descanso pudiendo aunar la fuerza de la juventud con la experiencia de la veteranía. Ha llegado nuestra hora, la de la batalla, la de la lucha sin cuartel. 

¡Que tiemble el mismísimo infiernos porque las PUTES nos hemos levantado!

Paula Vip

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