Año Impar, Año PUTA

AÑO IMPAR, AÑO PUTA

Dice el calendario que hoy es el último día del año y debe ser cierto porque todo el mundo se desea lo mejor aunque, en realidad, no congeniemos en nada con la persona a la que estamos dándole esos buenos deseos de paz, amor, armonía y dinero para el 2019.

El 18 no ha sido un mal año, en mi caso se ha caracterizado por grandes cambios en mi vida familiar, pero todos han sido buenos, así que por ese lado todo está ok.
En tema trabajo, una toca tantos palos que no le da el año más que para el 20% de los proyectos que tenía en mente.
Mi trabajo como profesional del sexo sigue siendo mi mayor fuente de ingresos, también se estabiliza Aprosex como una ONG de referencia en el ámbito internacional y eso me da mucha fuerza para seguir tirando proyectos hacia adelante, sin complejos ni miedos.
Desde que comencé a hacer activismo pro-sex, allá por el 2007, se me ha atacado de una forma visceral y sin medida llamándome proxeneta, negando mi existencia como profesional del sexo de pago, poniendo en duda mi credibilidad como mujer autónoma que decide hacer con su cuerpo lo que mejor le viene en gana.
Este año, una becaria se ha atrevido a publicar tantas difamaciones sobre mí que las ha gastado todas, cosas de la juventud estúpida que vive esta tipa.

Sin embargo, lo que no publican es que mi relación con mis dos parejas se ha estabilizado y ha crecido y madurado- manteniéndome en una relación poliamorosa de primer orden-, que el grupo activista al que pertenezco se ha internacionalizado y ha estado presente en toda Europa, pero también en Tailandia, Estados Unidos, Argentina y México.
Lo que los grupos abolicionistas no dicen, ni publican es que, gracias a la fuerza y credibilidad de Aprosex, hemos podido crear el Sindicato OTRAS, con el consabido malestar que éste ha traído al gobierno “más feminista”. Tan feminista, que se congratula de pretender ilegalizar nuestro Sindicato, sin haberlo conseguido.
Gracias a las Diosas, las leyes permiten que las trabajadoras sexuales se organicen y creen sus propios espacios donde poder crecer como grupo y luchar por nuestros derechos, que nos niegan sistemáticamente las mujeres abolicionistas, a las que les damos más miedo nosOTRAS, unas simples trabajadoras precarizadas y abandonadas a su suerte, que la ignonimia de reconocer que sus teorías son falaces y sus prácticas atentan contra la supervivencia de millones de mujeres.

No hay que olvidar que, las trabajadoras sexuales, somos personas que nos sublevamos ante el sistema machista heteropatriarcal y lo hacemos de un modo innovador –pese a los siglos que llevamos plantando cara al sistema-.

Las feministas de bien, las salvadoras de las putas, las bien vistas y siempre tan prudentes con el patriarcado, han permitido que el sistema de los cuidados siga siendo gratuito o absolutamente precarizado, incluyendo el sexo.
Todas las mujeres y algunos hombres, principalmente gays, saben lo que es acabar cediendo a la presión de una pareja-permanente o volátil- para tener sexo gratuito con un hombre. Las trabajadoras sexuales hemos hecho de ese cuidado sexual un trabajo remunerado, lo hemos convertido en valor y nos hemos profesionalizado, haciendo que sea el patriarcado quien se arrodille ante un acto de pago, donde es la persona profesional la que manda y tiene el poder.
Sabemos que éste es un tema que erosiona las débiles teorías abolicionistas, porque quienes las defienden saben de forma interiorizada y por experiencias propias que tenemos el poder de la razón. Al fin y al cabo, ellas también han sido presionadas, violentadas y agredidas en diversas ocasiones a lo largo de su vida, por parejas masculinas.

 2018 termina dejándome un buen sabor de boca, el grupo al que pertenezco, ha sido capaz de poner en jaque a toda la administración del PSOE dejándoles en ridículo con sus conspiraciones paranoicas de unos peligros que sólo existen en sus fantasías más delirantes. A esa administración le deseo toda la serenidad posible para gobernar con justicia y equidad y su pronta salida del gobierno español. También les deseo que puedan volver a emplear las palabras obrera y socialista, sin sonrojarse, ni hacernos sentir a las feministas obreras y socialistas, vergüenza ajena.

Quiero agradecer a las personas que conforman los grupos de Aprosex y OTRAS su esfuerzo, su talento-tantas veces puesto al servicio del activismo-, su sororidad, su amistad, su fuerza de trabajo y tantas y tantas horas de trabajo no visto.

FELIZ 2019

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