Los mejores museos del sexo del mundo

Los mejores museos del sexo del mundo

Brasil abrirá Erotikaland para el 2018, un megacomplejo dedicado al dios Eros en el que, curiosamente, el sexo no estará permitido.

El hecho de que el sexo empiece a ser motivo para abrir parques temáticos entorno a él puede interpretarse de dos formas: como signo de su desestigmatización, o como prueba de su decadencia, ya que muchos opinan que estos lugares diseñados para el ocio son la pedrada en la frente, la puntilla a muchas actividades divertidas, acontecimientos históricos o iconos culturales, que pasan a ser ridiculizados y rentabilizados en enormes atracciones de feria con dudoso gusto.

Algunos han considerado que Brasil necesitaban de la existencia de un parque temático del sexo, concepto que pretende la diversión pero con una cierta parte didáctica. Así que para el 2018 se prevé que se abrirá Erotikaland, en la ciudad de Piracicaba, a un par de horas de Sao Paulo, y que se convertirá en el primer parque de estas características de toda Sudamérica. Incluso para los descontraídos y sensuales brasileños, la idea de instalar una Disneylandia del sexo en territorio nacional ha generado polémica. “No será un lugar para monjas, pero tampoco trataremos de recrear Sodoma y Gomorra”, ha declarado a los medios Mauro Morata, el hombre que está detrás del proyecto; mientras Matheus Erler, miembro del partido democristiano de Piracicaba, se muestra preocupado porque la localidad pase a ser mundialmente conocida como la capital del sexo. Pero parece ser que eso mismo, las relaciones sexuales, estarán prohibidas en el parque –por eso no habrá hoteles-, ya que lo que se pretende es un acercamiento lúdico-didáctico, pero nunca práctico, a uno de los instintos más primarios del hombre.

La entrada solo se permitirá a los mayores de 18 años, costará alrededor de 87 euros y se prevé que cada día 300 personas visitarán este parque temático sexual, que se muestra restrictivo respecto al sexo, pero que cuenta con diversas atracciones para hacérnoslo todavía más atrayente. De la que más se habla es de un cine en 7D, que convierte al espectador en casi participante de una película porno, con butacas vibratorias y sensación de frío y calor. Pero los 19 millones de euros de presupuesto dan para más: una piscina nudista, un tren de la bruja, pero con bailarines de ambos sexos danzando en cueros y con paradas dedicadas a distintas posturas del Kamasutra o juegos de cama; esculturas eróticas, autos de choque con formas genitales, una noria con cabinas desde las que se podrá observar el exterior sin ser visto, sex shops y restaurantes, en los que imagino los platos serán denominados con algún tipo de jerga erótica. Desde mi punto de vista, el menú de este parque recreativo no podía ser menos apetecible ni más tópico, y si alguna vez vuelvo a Brasil, creo que encontraré mil y una actividades más gratificantes y que me enseñarán más sobre el sexo, que pasearme por este, imagino, Primark de la lujuria.

Los parques temáticos del sexo, ¿evolución o decadencia?

Los parques temáticos del sexo, ¿evolución o decadencia?

Los asiáticos hace tiempo que tienen su parque temático del sexo, que está en Corea del Sur, entre los volcanes y cascadas de la isla de Jeju, a tan solo una hora de avión de Seúl. Durante generaciones esta isla fue uno de los destinos más demandados por los coreanos para pasar su luna de miel, por su paisaje y por su clima semitropical. Pero desde hace tiempo, los recién casados deben también visitar el Jeju LoveLand y hacerse fotos en alguna de las 140 esculturas sexuales hechas por los estudiantes de la Universidad de Hongik, en Seúl. Hay piezas para todos los gustos, pero por alguna extraña razón, todavía inexplicable, las mujeres tienden a fotografiarse con las amigas, sentadas en un enorme falo, en posición horizontal; mientras los hombres lo hacen con su bragueta justo detrás del culo de una mujer de piedra, colocada a cuatro patas. Cuando uno ha acabado la sesión fotográfica y ha subido las instantáneas a Facebook o se las ha enviado a sus amigos, siempre puede ver algún documental o exposición interactiva antes de abandonar el parque, que limita las visitas a un tiempo de 40 minutos.

China también proyectó su atracción entorno al sexo, que estaba situada en la villa de Chongguing. Junto a las obligadas réplicas de genitales y parejas en diversas posiciones coitales, algunas de tamaño gigante, proyectaba realizar exposiciones didácticas sobre aspectos de la educación sexual. Debía abrirse al público en 2009, pero acabó siendo demolido porque las autoridades decidieron que era una influencia negativa para la sociedad china.

Museos con vocación más científica, que sí merece la pena visitar

Mucho más interesantes que los parques temáticos, son los museos del sexo, que contribuyen a quitarle al término ‘turismo sexual’ todas sus connotaciones negativas y llenarlo de sofisticación e intelectualidad. Casi todas las ciudades importantes tienen uno.

El Museum of Sex, más conocido como MoSex, en Nueva York, es la delegación picante del MoMa, situado en plena Quinta Avenida. Un lugar al que hay que ir si se visita la Gran Manzana, para comprobar la profesionalidad y el refinamiento con que puede ser tratada esta cuestión, en el polo opuesto a la filosofía de los parques temáticos. El centro cuenta con una colección permanente de más de 15.000 objetos, que va ampliando y que incluyen piezas de arte, fotografías, revistas, muebles, ropas, máquinas sexuales o pinturas shunga. Pero además, el museo ofrece exposiciones temporales sobre los temas más raros e interesantes. Cuenta también con un espacio llamado Funland, una especie de cama elástica-piscina de bolas, en las que éstas han sido sustituidas por pechos hinchables, y un bar y una tienda en la que apetece comprarlo todo.

En EEUU, uno de los lugares más puritanos del globo, hay dos museos más, dedicados al sexo, a destacar. El Erotic Heritage Museum, en Las Vegas, la ciudad del pecado, ofrece un repaso a la historia del erotismo a través de diferentes frentes, desde portadas de Playboy o carteles de películas porno hasta figuras chinas del 1700. En Miami, elWorld Erotic Art Museum, en el distrito Art Decó, en South Beach, fue fundado por la ya fallecida Noami Wilzing, que dedicó su vida a coleccionar estas piezas eróticas. Entre ellas hay desde cuadros de Rembrandt, Picasso, Dalí o Botero, hasta elementos más kitch, como el arma de homicida, con forma de pene, de La Naranja Mecánica (1962).

La fundadora del museo erótico más grande del mundo, el Beate Uhse Erotic Museum, en Berlín, es otra fémina. En este caso, Beate Uhse, con una vida más que singular, ya que fue una de las primeras mujeres piloto de guerra del mundo y la que creó el concepto de sex shop. Uhse había trabajado con mujeres refugiadas en la Segunda Guerra Mundial y sabía de sus embarazos no deseados. Realizó un folleto titulado Letra X, que hablaba de métodos anticonceptivos y que repartía de puerta en puerta. Su antigua colección privada es la que forma hoy el museo, con especial enfoque en la erótica oriental.

El Musée de l’erotisme, en Paris, en el barrio de Montmartre, por supuesto, es uno de los más serios y rigurosos y pretende recopilar todo objeto o expresión artística relacionada con el sexo. Hay ídolos aztecas de la fertilidad, dildos de madera japoneses, películas porno del cine mudo; además de sus exposiciones temporales, algunas tan fascinantes como la de la historia de los burdeles desde el siglo XIX a la época actual.

En el l Museu de L’ Eròtica de Barcelona se pueden ver obras de Picasso.

En el l Museu de L’ Eròtica de Barcelona se pueden ver obras de Picasso.

La excelente relación que Barcelona ha mantenido siempre con el sexo se materializa en el Museu de L’ Eròtica de esa ciudad, situado en La Rambla, frente al mercado de La Boquería. Entre sus fondos permanentes destaca la vídeo colección erótica privada del Rey Alfonso XIII, un conjunto de películas que constituyen la edad de piedra del porno español, rodadas entorno a 1926 en el barrio chino barcelonés, para deleite de su majestad. Hay también una muestra sobre el Picasso erótico, grabados de la Suite 347, con temática sexual. Y un curioso apartado de fetichismo y sadomasoquismo, con extraños artilugios que parecieran proceder de un museo de la tortura.

Claro que si lo que se quiere es ver máquinas sexuales, hay que acercarse al Sex Machines Museum, en Praga, no suficientemente explotado por las oficinas de turismo. El lugar es todo un tributo a la imaginación humana a la hora de crear máquinas para incrementar el placer –The Throne es quizás la más extravagante-, pero también para reprimirlo, mediante cinturones de castidad o aparatos anti masturbatorios.

San Petersburgo ocupaba el primer puesto en el ranking de ciudades del mundo con mayor actividad sexual, según un estudio de Durex del 2013. Allí está el MusEros, que encabezó los titulares en 2004, cuando adquirió un pene humano de 30,4 cm, que supuestamente pertenecía a Rasputín. Lo más destacado aquí es la gran colección de parafernalia histórica, con un especial interés en la vida sexual de los ex gobernantes rusos; en la que Catalina la Grande, la ninfómana de la que se cuenta que copulaba con caballos, acapara un gran capítulo.

En Amsterdam está el Venus Temple, el museo del sexo más antiguo del mundo, en pleno Barrio Rojo. Una casa del siglo XVII alberga piezas de todas las épocas y culturas, con más detenimiento en la época victoriana, que pretenden indicar como el concepto del sexo es algo tan cambiante y subjetivo como los que lo practican.

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La prostitución se cuela en el museo Van Gogh con ‘Easy Virtue’

Reytato de Juia Thal, conocida como Mademoiselle Alice de Lancey. Charles Carolus-Duran

Además de pinturas, la exposición muestra monedas propias de los burdeles o uno de los registros de meretrices que existían en París

El museo Van Gogh de Ámsterdam exhibe hasta el 19 de junio “Easy virtue”, una muestra que refleja el impacto de la prostitución en el arte francés de hace más de un siglo con más de cien obras de arte de Picasso, Degas, Van Gogh y Toulouse-Lautrec.

La exhibición hace un recorrido por las diferentes modalidades que tenía la prostitución en la capital parisina entre 1850 y 1910.

A lo largo de sus salas se podrá observar desde cuadros de cortesanas que ejercían como trabajadoras del sexo a cambio de grandes sumas de dinero hasta mujeres que, ahogadas en deudas, eran explotadas salvajemente en los burdeles.

Axel Rüger, director del museo Van Gogh, recordó en unas declaraciones a Efe que actualmente la prostitución sigue siendo un tema prominente en Amsterdam. “También lo fue entre mediados y finales del siglo XIX en París, ciudad símbolo de la vida moderna de la época, así que era lógico que los artistas la reflejaran en sus obras”. Rüger aseguró que el mismo Van Gogh visitó algunos burdeles y dejó constancia de ello en cartas escritas por su propio puño y letra.

Uno de los cuadros que saluda al visitante nada más entrar es ‘Mujer en los Campos Elíseos por la noche’, de Louis Anquetin. En él se puede ver a una señora abrigada por un grueso abrigo, mientras al fondo varios caballos trasladan carruajes por las calles de París. Solo tras contemplar detenidamente la pintura se vislumbra que justo detrás de la mujer, casi en las sombras, un hombre ataviado con un sombrero de copa se gira para observarla.

“¿Se trata de un cliente? ¿Un acosador? ¿O un simple transeúnte caminando? No lo sabemos, de ahí la ambigüedad de la obra”, explica Richard Thomson, profesor de Arte de la Universidad de Edimburgo.

Otros cuadros son más explícitos. Uno de ellos es un Baudric titulado ‘La Magdalena penitente’, donde se retrata a la cortesana Blanche d’Antigny recostada en el suelo a cielo abierto, desnuda de cintura para arriba mientras mira al horizonte.

Esta mujer, según reza la inscripción que acompaña la obra, nunca vendió su cuerpo por menos de 500 francos y llegó a cobrarle 2.000 al príncipe Paul Demidoff por una noche.Un precio alto comparado, por ejemplo, con los 3 francos que Van Gogh pagaba por una visita a un burdel de Arles, en el sur de Francia.

La prostitución en la calle estaba legalizada en el París de la época bajo circunstancias especiales. Existía un registro de meretrices y estas solo podían trabajar cuando las lámparas de gas que iluminaban la ciudad por la noche se encendían. Si una mujer era detectada ejerciendo y no estaba inscrita, era detenida por la policía.

Uno de esos registros es exhibido en ‘Easy Virtue’ y en él se puede leer no solo información sobre las mujeres arrestadas, sino también sobre sus clientes, así como los nombres de homosexuales y modelos convictos por aparecer en fotografías pornográficas a principios del siglo XX.

Otros objetos de la muestra son unas monedas propias de los burdeles, que eran compradas por los clientes y canjeadas después por sexo con las prostitutas que trabajaban en ellos. De esta manera las madames, las propietarias de los negocios, evitaban que las chicas tocaran dinero real y, con ello, la posibilidad de que le robaran.

Pablo Picasso está presente en ‘Easy virtue’ con cuatro obras que el Van Gogh ha conseguido de préstamos de otros museos. Uno de ellos es “Desnudo con medias rojas”, cuadro que el genio malagueño pintó cuando apenas tenía 20 años y que enseña a una pelirroja recostada en una especie de sofá blanco. La mujer lleva como única prenda de vestir unas medias que, no casualmente, van a juego con el color de su pelo.

http://www.elmundo.es/cultura/2016/02/20/56c86016e2704e5d678b457f.html

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El momento más lujurioso de la historia de España

Frailes mujeriegos realizando sus ‘menesteres’.

Lo dice Juan Eslava Galán, autor de ‘Lujuria’

Se va a la Edad Media, con los clérigos mujeriegos, un rey impotente y el catálogo de putas de Castilla: Violante, La Mariblanca…

  • JUAN ESLAVA GALÁN

El siglo XV, otoño de la Edad Media, fue quizá la época de la historia de España más proclive al desenfreno sexual.

Los intentos del papa Gregorio VII de imponer el celibato al clero habían fracasado. El problema se arrastraba de antiguo. El concilio de Compostela (1056) había ordenado en vano que los sacerdotes y clérigos casados dejasen a sus mujeres e hicieran penitencia; el concilio de Palencia (1129) que ordenó que las mancebas de los eclesiásticos fuesen repudiadas públicamente, fue igualmente desobedecido y la misma suerte corrió el de Valladolid (1228) cuando dispuso que “denuncien por excomulgadas a todas las barraganas públicas de los dichos clérigos y beneficiados y si se moriren que las entierren en la sepultura de las bestias”. Un siglo después el concilio de Toledo (1324) lamentaba que “se ha introducido la detestable costumbre de que vayan a comer a casa de Prelados y Grandes las mujeres livianas, conocidas vulgarmente con el nombre de soldaderas y otras que con su mala conversación y dichos deshonestos corrompen muchas veces las buenas costumbres”.

El viajero Juan de Abbeville (1228) observó que el clérigo español era más mujeriego que sus colegas europeos. Al final las autoridades cedieron. Un privilegio de Enrique II concedía a los clérigos y prestes de Sevilla el mantenimiento de sus apaños siempre que fuera sin mengua de la castidad: “Que las dichas concubinas en adelante hicieren vida honesta, que les puedan en sus casas de ellas aparejar los manjares y enviarlos a los dichos clérigos a sus casas, y en el tiempo de enfermedad servirlos en cosas lícitas y honestas de día, salvo si el mal fuere muy grave. Y otro sí, que los clérigos y prestes puedan ayudar piadosamente a las dichas mujeres, e hijos ya nacidos, en sus menesteres”.

Las canciones y serranillas de este tiempo son de una desvergüenza y procacidad notables. Un estimulante catálogo de dueñas salidas, clérigos encalabrinados, lances de alcoba y monjiles pechos insomnes caldea los aires en las canciones del pueblo. Los gustos literarios de la nobleza guerrera dirigente no eran muy distintos. El amor cortés había evolucionado hasta hacerse sexual en las novelas de caballerías. El caballero combatía llanamente, por la posesión del himen de la dama, representado por distintos fetiches ensangrentados o manchados de sudor, como esos pañuelos o cintas que la dama otorga al amado para que le traigan suerte en la pelea.

Este ambiente disoluto se refleja incluso en la moda. Las hermosas no desaprovechan ocasión de lucir la pechera. El alemán Münzer, de viaje por España, confiesa, entre encantado y escandalizado: “Las mujeres con excesiva bizarría van descotadas de tal modo que se les pueden ver los pezones, además todas se maquillan y perfuman”. ¿Qué opinaba el rey de todo esto? El monarca era Enrique IV, un hombre que, a pesar del infamante sobrenombre con que ha pasado a la historia (el Impotente), también participaba en las alegrías de sus súbditos. Los cronistas a sueldo de su hermanastra y enemiga, Isabel de Castilla, destacan su homosexualidad y le achacan diversas perversiones sexuales: que gustaba de rodearse de mancebos dudosos y de vestir a la morisca (Alonso de Palencia) que “era hombre efeminado (…) y que era embuelto en luxurias y vicios desordenados y otras cosas feas” (Fernando del Pulgar), que no se allegaba sexualmente a la reina pero la ofrecía al valido, don Beltrán de la Cueva y otras lindezas. Más fundamento parece tener el diagnóstico del doctor Marañón según el cual el rey padecía “de displasia eunucoide con reacción acromegálica”. Debía ser una impotencia intermitente o según con quien porque por otra parte existen testimonios que aseguran que se tenía pistoleadas a las putas de Segovia. Hacia 1510 un clérigo anónimo y conocedor del tema compuso La Carajicomedia, especie de catálogo de las putas de Castilla, obra de valor inestimable en la que se dan muy precisas noticias del estado de la profesión al final de la Edad Media. Entresaquemos algunos nombres:

  1. MARÍA DE VELASCO: “No nació mayor puta, ni hechicera, ni alcahueta sin más tachas descubiertas”.
  2. RABO DE ACERO: “Es Francisca de Laguna, natural de Segovia, hizo la carrera en Salamanca”.
  3. LA NAPOLITANA: “Ramera cortesana, muy nombrada persona y muy gruesa. Tenía la rabadilla muy urdida y tan grande como un canal de agua. Casó con un mozo de espuelas de la reina doña Isabel que la retiró del oficio”
  4. ISABEL LA GUERRERA: (era Isabel Guerra): “A todos da que hacer”.
  5. ISABEL DE TORRES: “Tiene cátedra en Valladolid por mejor escrevir della la fui a ver y a conocer. Es mujer gruesa, de buen parecer, bien dispuesta”.
  6. VIOLANTE DE SALAMANCA: “Residente en Valladolid, gana la vida sufriendo diversos encuentros en su persona. Su rufián le marcó la cara de una cuchillada y ella para evitar la segunda se cubrió la cabeza con las faldas, entonces recibió la herida en la parte expuesta: Diole un picapunto en el culo de razonable tamaño”.
  7. JUANA DE CUETO: “Muy chica de cuerpo, de muy buen gesto y gorda: tiene buenos pechos; es muy soberbia y desdeñosa a la gente pobre, pero con quien tiene oro muchas veces llega a las manos, pero continuamente ha caído la triste de espaldas en tierra. Tiene gran furiosidad en soltar de los pedos”.
  8. LAREZ: “Mujer de increíble gordura; parece una gran tinaja. Ha sido razonable puta, o al menos nunca cubrió su coño por vergüenza de ningún carajo. Se queda en Valladolid manteniendo telas a cuantos carajiventureros cenen”.
  9. LA GRACIA: “Mujer enamorada, gran labrandera; hermosa y dispuesta(…) de continuo está en su puerta labrando y por maravilla passa uno que ella no lo mire(…) publica su coño ser ospital de carajos o ostal de cojones(…) tiene gran afición con todo el brazo eclesiástico”.
  10. ANA DE MEDINA: “Gentil mujer(…) mujer de buen fregado. Autores son mil legiones de carajos fríos y elados, y pertrechos que allí han recibido perfecta curación y escaldación”.
  11. LAS FONSECA: “Hermanas naturales de Toro, residentes en Valladolid. Son gentiles mujeres, especialmente la menor que tiene por amigo al prior de la Merced que en tanto grado la quiere que las paredes del monasterio desuella para dalle”.
  12. LA MALMARIDADA PERALTA: “De pequeña edad y gentil disposición, la cual por sus pecados casó con hombre débil y viejo. De coño veloce, esto es, coño cruel ardiendo que siempre está muerto de hambre”.
  13. ISABEL DE HERRERA: “Primera de todas las putas del universo, la flor de las mujeres enamoradas, la fragua de los carajos, la diosa de la luxuria, la madre de los huérfanos cojones”.
  14. LA MARIBLANCA: “Reside en un mesón de Salamanca, al passo de la vega. Es mujer muy retraída de vergüenza, y que tiene gran abstinencia de castidad. Siendo amiga de un estudiante, una mañana, estando en la cama y aviendo él acabado de passar carrera, ella se hincó de rodillas en la cama puestas las manos contra el cielo mirando a un crucifijo y con lágrimas en los ojos, con devoción, a grandes voces dixo: “¡Señor, por los méritos de tu Santa Pasión, si merced en este mundo me has de hazer, es ésta: que en mis días no carezca de tal ombre como este!”. Esta señora, al tiempo que tiene un carajo en el cuerpo, que se querría hallar en un cerro que está fuera de la ciudad media legua por dar gritos a su plazer”.
  15. LA PEDROSA: “Reside en Salamanca, es mujer gruesa, gran nalguda(…) estando hodiendo está como rabiosa, ando bocados do puede, y a las veces muerde las sábanas o manta o almohadas y atapase las narices y oídos por no resollar”. Ese mundo cambió bruscamente a la llegada de la piadosísima y honesta Isabel la Católica, y no digamos cuando poco después los reinos españoles pasaron a los piadosos Austrias y a ser el nuevo depositario de la promesa divina sobre el pueblo escogido… Pero fue bello mientras duró.

http://www.elmundo.es/cronica/2015/10/11/5617f29722601de0058b459e.html

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París lleva la prostitución al museo

Una polémica muestra en Orsay desmenuza el oficio más viejo del mundo | París convirtió la prostitución en atractivo turístico, rasgo sociológico y tema de artistas

París lleva la prostitución al museo

Una mujer contempla una de las piezas de esta exposición, recién inaugurada en la capital francesa. Bertrand Guay / AFP

París lleva la prostitución al museo

Ella, de Gustav-Adolf Mossa. MUSEO DE ORSAY

Han desaparecido las salas de filmes X parisinas y el porno tampoco brilla en la televisión -fue, con el fútbol, el gancho de la televisión de pago- porque internet pasó por ahí. Pero tras un cortinado púrpura, crudas películas con más posiciones que las del Kama sutra atraen a un público inesperado: los visitantes de Esplendor y miserias de la prostitución (1850-1910), en el Museo de Orsay. Son cortos, abiertamente pornográficos -los mismos que coleccionaba el rey Alfonso XIII- resucitados en ese museo, el tercero más visitado de Francia, cuyo imán principal es El origen del mundo, de Courbet.

Personaje peculiar, su director, el polémico Guy Cogeval -en el Museo de los Monumentos Franceses, que dirigió, fueron célebres sus veladas festivas, multitudinarias, con invitados como Madonna, Mickey Rourke o Jean-Paul Gaultier-, encadena una exposición del desnudo masculino, la -espléndida- en torno a Sade y ahora ésta. ¿El museo será el último refugio de lo políticamente incorrecto?

El crítico de Le Monde , incómodo porque “el eje de las exposiciones de Orsay tiene forma de falo”, titula con la palabra “racolage”, que define en francés la solicitación de una prostituta, penalizada por el gobierno de Sarkozy, para definir “la operación de la Gare d’Orsay”. Y aunque reconoce que “los recortes de los presupuestos de los museos obligan a sus gestores a buscar dinero”, se pregunta “si eso justifica la mul­tiplicación de imágenes de mujeres en posiciones lascivas y de varones que desnudan su vientre”.

Excusa cultural: si la prostitución es en el siglo XIX la profesión mejor repartida en Europa -Picasso describía el domingo español: “Misa por la mañana, toros por la tarde y al burdel por la noche”-, sólo París la convirtió en atractivo turístico, rasgo sociológico, tema de artistas y camino transversal de ascensión social y económica de algunas mujeres.

Cogeval, fan de ópera, encargó el decorado a Robert Carsen (cuyo triunfal Cantando bajo la lluvia vuelve en noviembre al Châtelet) quien debió distribuir ciento ­cincuenta óleos, algunos de ­grandes dimensiones, y otras tantas fotografías, además de los filmes a los que, junto a las fotos más osadas, encerró tras las cor­tinas mencionadas. A la entrada de cada espacio, un cartel: “Prohibido a menores de 18 años”.

Son dos altos en un camino que arranca con Ambigüedad: espacio público y mujeres públicas. Porque en el París iluminado a partir de 1816, en cuanto se encendían las farolas de gas era necesario distinguir entre las mujeres vedadas y las que se ofrecían. Pantalones y cigarro fueron rápidamente una indicación.

El recorrido de Orsay es más explícito: continúa con París como capital de los placeres; la hora en la que se encendían las farolas de gas; lo que pasa entre basti­dores; de la espera a la seducción el lenguaje del cuerpo; Maison closes, escenas de género; imágenes prohibidas; intimidad entre mujeres; reglamentación versus abolicionismo. Sala importante: la aristocracia del vicio. “Admi­radas en la Opera, seguidas por la prensa, esas demi-mondaines ejercen una verdadera fascinación -dice el catálogo- y dan el tono en materia de moda y de gustos”.

Último tramo: imaginario de la prostitución; prostitución y modernidad; el taller del pintor, teatro de fantasmas y obsesiones; placeres de amateurs; una orgía de formas y colores…

“A través de las luces mecidas por el viento / la prostitución ilumina las calles”, poetiza Baudelaire en 1861. El autor de Las flores del mal conjuraba “el pintor de la vida moderna” capaz de “atrapar la vida subterránea de las grandes ciudades”.

La prostitución se convierte en un tema dignificado por el artista, politizado por la naciente anarquía. Y la prostituta en modelo. Su divisa está en Orsay: la Olympia de Manet, escándalo del Salon de 1865 “tanto por su tema -una prostituta desnuda representada en un gran formato- como por la libertad del pincel”.

La muestra está puntuada por nombres ilustres de la literatura (Balzac, Baudelaire, Flaubert, los hermanos Goncourt, Zola, Maupassant, Huysmans…) y de la pintura: Courbet, Manet, Toulouse-Lautrec, Forain, Van Gogh, Munch, Rouault, Ropp. Degas plantó su caballete en el espacio que separaba, en la Ópera, los camerinos de las bailarinas -adolescentes, algunas de trece años, hijas de planchadoras-, que vivían de otra cosa que del miserable cachet de artista, del escenario. Allí cazaban su presa los señoritos. “El ballet es innoble: una exposición de muchachas en venta”, se indigna Hippolyte Taine en su Notes sur Paris (1867).

No podían faltar varios Picasso -¿qué muestra de dos siglos puede obviarlos?-, aunque es una ausencia la que sobrevuela: el canon del tema, esas Demoiselles d’Avignon -por la calle Avinyó, de Barcelona-, la escena de burdel más fundamental de la pintura. Y el malentendido de considerar descripción del placer lo que en realidad era la crónica de una revisión médica, con el fantasma de la sífilis, el sida de la época.

Regreso al presente: el 6 de diciembre del 2011 el Parlamento francés, con rara unanimidad, ­votó un piadoso deseo: “El objetivo de Francia es el de eliminar la prostitución”.

En la muestra, látigos de seis colas rematadas por perlas o un sillón sexy, objetos y documentos, son casi trazas arqueológicas, pero relegan los matices de Grey a la biblioteca rosa. Una prehis­toria detallada por diversas publicaciones (además del catálogo, Les prostituées de Maupassant reeditado por Gallimard y ABCdaire de la prostitution), es ilustrada también por conferencias, cine (Las noches de Cabiria, Belle de jour…), ópera filmada (La Traviata, Carmen …). Y el 3, 10 y 15 de octubre, Orsay monta un efímero Café Polisson (pícaro), animado por Nathalie Joly, espléndida chansonnier especializada en el repertorio callejero que precedió a Piaf.

Expuesta como una obra, esta frase de una gallega, Carolina Otero, célebre en París bajo el apelativo de La Bella Otero: “Hice mi fortuna durmiendo… pero no sola”.

Mujeres fáciles, vidas difíciles

Las lorettes (“joven mujer fácil”), las cortesanas, las demi-mondaines, las “grandes horizontales” componen una sociedad de clases. En 1802 la Francia napoleónica impone un control médico a esas cortesanas que el teniente Napoléon frecuentaba en los jardines del Palais Royal. Dos años más tarde son reglamentadas las maisons closes, que vivirán en la legalidad casi ciento cincuenta años, también según niveles de confort y calidad. En el nivel más alto, las demi-mondaines. En comisaría las registra un Livret de courtisanes. En el libro, Sarah Ber­nhardt –alternaba el escenario con las habitaciones de hotel y cobraba en ambos recintos–, aparece junto a Valtesse de La Bigne, la meretriz que inspiró a Zola su Nana. En Orsay, La Bigne se deja mirar, retratada en 1876 por Henri Gervex. Pero es la fotografía la que, desde 1839, crea un canal paralelo: al trío pros­tituta, macarra, cliente, añade el de fotógrafo, modelo y comprador. “Millares de ojos ávidos se fijaban en las lentes de los estereoscopios: el amor por la obscenidad es tan vivaz en el corazón del hombre como el amor de si mismo”, escribe Baudelaire en 1859. La fotografía prolonga el ojo, “ese órgano erógeno” estudiado por Freud quien en sus Tres ensayos sobre la teoría sexual, de 1905, asegura que “la impresión óptica es la #1;vía que más frecuentemente despierta la excitación libi­dinosa”. Y con la aparición del cine, y su correlato pornográfico, nacerá un oficio nuevo, pletórico en los diez primeros años del siglo XX.

En fin, Orsay recuerda que #1;si no el alma, el cuerpo de aquellas señoras era el más limpio de París. En Splendeur et misères des courtisanes (1847), cuyo título inspiró #1;el de la exposición, Balzac, para quien “la prostitución #1;y el robo son dos protestas vivaces, hembra y macho, #1;del estado natural contra el estado social”, retrata a la cortesana tipo. “Se bañaba #1;y procedía a una minuciosa toilette, desconocida para la mayor parte de las mujeres de París porque la ceremonia exige tiempo y las cortesanas disponen de todo el día”.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/cultura/20150928/54437689243/paris-lleva-la-prostitucion-al-museo.html#ixzz3n1G59d6J

París porta la prostitució al museu

Una polèmica mostra a Orsay l’ofici més vell del món

París porta la prostitució al museu

Una mujer contempla una de las piezas de esta exposición, recién inaugurada en la capital francesa.

Han desaparegut les sales de films X parisenques i el porno tampoc no brilla a la televisió -va ser, amb el futbol, el ganxo de la televisió de pagament- perquè internet va passar per allà. Però després d’unes cortines porprades, crues pel·lícules amb més posicions que les del kamasutra atreuen un públic inesperat: els visitants de Esplendor i misèries de la prostitució (1850-1910), al Museu d’Orsay. Són curts, obertament pornogràfics -els mateixos que col·leccionava el rei Alfons XIII-, ressuscitats en aquest museu, el tercer més visitat de França, l’imant principal del qual és L’origen del món, de Courbet.

Personatge peculiar, el seu director, el polèmic Guy Cogeval -al Museu dels Monuments Francesos, que va dirigir, van ser cèlebres les seves vetllades festives, multitudinàries, amb convidats com Madonna, Mickey Rourke o Jean-Paul Gaultier-, encadena una exposició del nu masculí, una d’esplèndida entorn de Sade i ara aquesta. El museu serà l’últim refugi del políticament incorrecte?

El crític de Le Monde , incòmode perquè “l’eix de les exposi­cions d’Orsay té forma de fal·lus”, titula amb la paraula “racolage”, que defineix en francès la sol·licitació d’una prostituta, penalitzada pel govern de Sarkozy, per definir “l’operació de la Gare d’Orsay”. I encara que reconeix que “les retallades dels pressupostos dels museus obliguen els seus gestors a buscar diners”, es pregunta “si això justifica la multiplicació d’imatges de dones en posicions lascives i d’homes que despullen el seu ventre”.

Excusa cultural: si la prostitució és al XIX la professió millor repartida en Europa -Picasso descrivia el diumenge espanyol: “missa al matí, toros a la tarda i al bordell a la nit”-, només París la va convertir en atractiu turístic, tret sociològic, tema d’artistes i camí transversal d’ascensió so­cial i econòmica d’algunes dones.

Cogeval, fan de l’òpera, va encarregar el decorat a Robert Carsen (el seu triomfal Cantant sota la pluja torna al novembre al Châtelet), qui va haver de distribuir cent cinquanta olis, alguns de grans dimensions, i unes altres tantes fotografies, a més dels films que, al costat de les fotos més agosarades, va tancar rere les cortines esmentades. A l’entrada de cada espai, un cartell: “Prohibit a menors de 18 anys”.

Són dos alts en un camí que arrenca amb Ambigüitat: espai públic i dones públiques. Perquè al París il·luminat a partir del 1816, així que s’encenien els fanals de gas era necessari distingir entre les dones vedades i les que s’oferien. Pantalons i cigarret van ser ràpidament una indicació.

El recorregut d’Orsay és més explícit: continua amb París com a capital dels plaers; l’hora en què s’encenien els fanals de gas; el que passa entre bastidors; de l’espera a la seducció el llenguatge del cos; Maison closes , escenes de gènere; imatges prohibides; intimitat entre dones; reglamentació enfront d’abolicionisme. Sala important: l’aristocràcia del vici. “Admirades a l’Òpera, seguides per la premsa, aquestes demi-mondaines exerceixen una veritable fascinació -diu el catàleg- i donen el to en matèria de moda i de gustos”.

Últim tram: imaginari de la prostitució; prostitució i modernitat; el taller del pintor, teatre de fantasmes i obsessions; plaers d’amateurs; una orgia de formes i colors…

“A través dels llums gronxats pel vent / la prostitució il·lumina els carrers”, poetitza Baudelaire el 1861. L’autor de Les flors del mal conjurava “el pintor de la vida moderna” capaç d'”atrapar la vida subterrània de les grans ­ciutats”.

La prostitució es converteix en un tema dignificat per l’artista, polititzat per la naixent anarquia. I la prostituta en model. La seva divisa és a Orsay: l’Olympia de Manet, escàndol del Saló del 1865 “tant pel seu tema -una prostituta nua representada en un gran format- com per la llibertat del pinzell”.

La mostra està puntuada per noms il·lustres de la literatura (Balzac, Baudelaire, Flaubert, els germans Goncourt, Zola, Maupassant, Huysmans…) i de la pintura: Courbet, Manet, Toulouse-Lautrec, Forain, Van Gogh, Munch, Rouault, Ropp. Degas va plantar el seu cavallet en l’espai que separava, a l’Òpera, els camerinos de les ballarines -adolescents, algunes de tretze anys, filles de planxadores-, que vi­vien d’una altra cosa que del miserable caixet d’artista, de l’escenari. Allà caçaven la seva presa els senyorets. “El ballet és innoble: una exposició de noies a la venda”, s’indigna Hippolyte Taine en el seu Notes sur Paris (1867).

No podien faltar diversos Picasso -quina mostra de dos segles pot obviar-los?-, encara que és una absència la que sobrevola: el cànon del tema, aquestes Demoiselles d’Avignon -pel carrer Avinyó, de Barcelona-, l’escena de bordell més fonamental de la pintura. I el malentès de considerar descripció del plaer el que en realitat era la crònica d’una revisió mèdica, amb el fantasma de la sífilis, la sida de l’època.

Retorn al present: el 6 de desembre del 2011 el Parlament francès, amb rara unanimitat, va votar un pietós desig: “L’objectiu de França és el d’eliminar la prostitució”.

A la mostra, fuets de sis cues rematades per perles o una butaca sexi, objectes i documents, són gairebé traces arqueològiques, però releguen els matisos de Grey a la biblioteca rosa. Una prehistòria detallada per diverses publicacions (a més del catàleg, Les prostituées de Maupassant reeditat per Gallimard y ABCdaire de la prostitution ), és il·lustrada també per conferèn­cies, cinema (Les nits de la Cabiria, Belle de jour…), òpera filmada (La Traviata, Carmen …). I el 3, 10 i 15 d’octubre, Orsay munta un efímer Café Polisson (picant), animat per Nathalie Joly, esplèndida chansonnier especialitzada en el repertori de carrer que va precedir a Piaf.

Exposada com una obra, aquesta frase d’una gallega, Carolina Otero, cèlebre a París sota l’apel·latiu de La Bella Otero: “Vaig fer la meva fortuna dormint… però no sola”.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/20150928/54436878058/paris-porta-prostitucio-museu.html#ixzz3n1GJONrf

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Polémica exposición sobre la prostitución entre 1850 y 1910 llega al Museo de Orsay en París

La muestra reúne obras conocidas de pintores de renombre como Picasso, Van Gogh, Degas, Toulouse-Lautrec o Manet, pero también con fotos y películas pornográficas de la época que pueden suscitar controversia.

“Les deux amies” de Toulouse-Lautrec (1892)

El Museo de Orsay de París, presentará a partir del próximo martes 22, una muestra sobre la prostitución desde 1850 a 1910 a partir de la mirada de reconocidos pintores, como lo fue Picasso, Van Gogh, Degas, Toulouse-Lautrec, Manet, entre otros. además, se expondrán fotos y películas pornográficas de la época.

Una polémica que asume el presidente del museo, Guy Cogeval, que en declaraciones publicadas hoy por Le Parisien justifica que quieren atraer a un público más joven, como ya hicieron en otras galerías anteriores que también le produjeron problemas.

Una referencia a la de los desnudos masculinos de 2013, con imágenes de los atributos sexuales bien visibles, o a la del marqués de Sade en 2014, de nuevo con imágenes explicitas.

Cogeval, homosexual que se reivindica como tal y casado con un brasileño, afirma que no soporta las exposiciones “sin puesta en escena, que no cuentan nada, cuando Manet, Maupassant y tantos otros murieron de la sífilis porque se pasaban el tiempo en los burdeles, centrales en el arte y en la literatura de la época”.

El pasaje que corre el riesgo de generar más suspicacias de “Esplendores y miserias. Imágenes de la prostitución, 1850-1910” -que permanecerá abierta hasta el próximo 17 de enero- son dos pequeñas salas prohibidas a los menores de edad y separadas del resto por unas gruesas cortinas.

En ellas se pueden contemplar fotografías que representan escenas de lupanar recreadas en estudio por autores que no dejaban su nombre para evitar procedimientos judiciales, que pasaban de mano en mano.

También películas pornográficas de los años 1900, en los albores del cine, con felaciones y penetraciones no simuladas.

Más allá de ese reducto, germen potencial de escándalo en uno de los grandes templos del arte en París, el núcleo de la exposición lo forma un centenar de cuadros, entre los cuales la “Mujer con pañuelo” de Picasso (1902), “L’Olympia” de Manet (1863), “Femme à la terrasse d’un café le soir” de Degas (1877) o “Les deux amies” de Toulouse-Lautrec (1892).

Algunos, como la citada obra de Manet, causaron escándalo cuando se dieron a conocer por primera vez.

Todo eso acompañado de -según la descripción de los organizadores- “un rico material documental que permite evocar el estatuto ambivalente de las prostitutas”, desde el “esplendor” de las que brillaron en el mundo del espectáculo a la “miseria” de las simples jornaleras del oficio.

Isolde Pludermacher, una de las comisarias, explicó, en declaraciones publicadas por Le Journal du Dimanche, que “al principio los artistas jugaban a la ambigüedad con los espectadores y eso daba lugar a escenas pintorescas, un poco picantes. Pero Manet o Degas tenían la voluntad de provocar y de tratar temas contemporáneos”.

http://www.latercera.com/noticia/cultura/2015/09/1453-648005-9-polemica-exposicion-sobre-la-prostitucion-entre-1850-y-1910-llega-al-museo-de.shtml

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Todo lo que siempre quisiste saber sobre las geishas y no te atrevías a preguntar

Pocas personas conocen qué ocurre en la intimidad de las geishas japonesas. Una de esas privilegiadas es Kyoko Aihara, que convivió con algunas de las que viven en los hanamachi de Kioto

Cuando un occidental piensa en una geisha, suele acudir a su cabeza una mezcla de lujo, exotismo y sensualidad que poco tiene que ver con la realidad. Un estereotipo que han alimentado de forma externa novelas como Memorias de una geisha de Arthur Golden y, de forma interna, ciertos estereotipos que sobre estas mujeres han circulado en Japón. El hermetismo de los hanamachi, las áreas de las ciudades japonesas donde residen las geishas, tampoco ha ayudado a esclarecer muchas dudas.

Con el objetivo de separar el grano de la paja, la periodista y fotógrafa Kyoko Aihara se internó en los hanamachi de Kioto, donde se concentra la mayoría de practicantes de esta tradición, para alumbrar Geisha: a Living Tradition (Carlton Books). Este libro es una bella mezcla de imagen y texto que desvela la realidad de estas mujeres en la sociedad del siglo XXI, dos siglos después de su gran período de esplendor, cuando más de 3.000 trabajaban en las 700 casas de té de Gion. Divididas entre maikos (en período de aprendizaje) y geikos, son profesionales del entretenimiento que disfrutan de una compleja educación, ante todo, artística. Aihara resuelve a El Confidencialtodas nuestras dudas unas horas antes de ofrecer una conferencia en laFundación Japón Madrid.

PREGUNTA. ¿Cuáles son las nociones equivocadas que mantenemos los occidentales sobre el mundo de las geishas?

RESPUESTA. En los hanamachi de Kioto lo más importante es el arte, que se practica de forma muy rigurosa. Puede ser la práctica del shamisen o el taiko, flautas o prácticas de canto. Incluso las trabajadoras que hayan llegado al título de natori, es decir, de maestra, siguen practicando a los 90 años en las escuelas. Son como pianistas o bailarinas que practican durante toda su vida profesional.

P. ¿Hay muchas mujeres con vocación de convertirse en geikos? ¿Qué proceso siguen?

R. No hay muchas, pero también es cierto que el oficio de maiko se ha popularizado y es una figura que está en el punto de mira gracias al turismo, como si fuesen Micky Mouse. Más chicas quieren ser maikos que hace 30 años. En los cinco hanamachis de Kyoto había 66 maikos y 177 geikos en diciembre del año pasado.

¿Cómo convertirse en una de ellas? Primero tiene que contactar con okiya, que es la residencia, y tiene que vivir allí junto a okâsan, cuya traducción directa es “madre”, pero que en realidad es la propietaria de la residencia, y onêsan, que significa “hermana mayor”. Allí aprenden todos los protocolos, también las jergas y palabras propias del hanamachi. Habitualmente se tarda un año en que puedan ser maikos, y otro año más para ser geikos. Incluso hay personas que se saltan el proceso de ser maiko y consiguen ser geiko en un año.

P. ¿Vivir en un hanamachi es una dedicación absoluta?

R. Deben tener total dedicación a su oficio, es una profesión total. No se puede compaginar con otros estudios o trabajos. Hay muchas maikos que más tarde prefieren estudiar en una universidad y dejar de serlo, o el caso inverso, que una chica que ha terminado una carrera universitaria, en lugar de entrar en una compañía, se plantee ser geiko.

El debut de una maiko cuesta unos 30 millones de yenes (más de 200.00 euros)

P. Usted investigó a fondo los hanamachi. ¿Qué fue lo que más le sorprendió de lo que allí vio?

R. Una de las cosas que más me sorprendió es que una geiko que ha llegado a ser natori siga acudiendo a la escuela todos los días para practicar. También la vestimenta que llevan, que es carísima. Un kimono que puedo llevar yo tiene tres metros de largo, pero los de ellas son de cinco, y además tejidos y pintados a mano. Todo está hecho de seda.

[Agarra el libro y señala una horquilla] Este no tiene precio, los más baratos podrían llegar a costar 200.000 yenes, algo así como 1.500 euros. Cuando una se hace maiko y es admitida, debe tener kimono de invierno, de verano y primavera/otoño, y todos los accesorios adaptados a cada estación. El debut de una maiko cuesta unos 30 millones de yenes. Este obi, por ejemplo, lleva un diamante de dos kilates en el centro. Los okobos (el calzado), parecen baratos, pero también cuestan unos 200.000 yenes.

P. ¿Cómo se financia todo esto?

R. Es uno de los problemas actuales, porque antiguamente los clientes y patrones no tenían por qué ser patrón de una única maiko, a veces se hacían regalos porque sí. Se llegaban a regalar casas y mansiones. Eran clientes de lujo y alto standing que donaban el dinero necesario. Hoy en día hay unas tasas de transacción por realizar un obsequio, algo que antiguamente no existía. Era una cultura para clientes de gran poder adquisitivo, algo que es cada vez más difícil.

Pero se ahorraron muchos de los obsequios que hacían los antiguos patrones, y con ese dinero se sobrellevan estos costes. En cualquier caso, las maikos no tienen que financiar este tipo de complementos, a cambio de no cobrar honorarios durante cinco años. Los okiyas le suministran los kimonos y costean sus gastos de vivienda, comida, etc.

P. ¿Cuál es la relación que mantienen actualmente con sus clientes?

R. Yo también pensaba que todos los clientes eran patrones, personas que aportaban dinero. Pero según empecé a entrevistar a las implicadas, averigüé que incluso antes de la guerra, muchas personas sólo venían para disfrutar de su tiempo y se gastaban lo que les correspondía sin ser patrones.

P. Esa relación entre patronos y geishas las ha llevado a ser equiparadas con prostitutas.

R. Exactamente. Además, la confusión ha sido generada por las propias mujeres que se dedicaban a la prostitución y se consideraban geishas, algo que ocurrió en todo Japón. Por otro lado, cuando se habla del patrón, existe la idea errónea de que busca una relación sexual, pero no es así. Por ejemplo, algunos encargaban un kimono y se lo hacían vestir a una geiko para ver cómo quedaba, o artesanos que confeccionaban un obi y utilizaban a las geikos como modelo para ver cómo quedaba, si era mejor otro color… Las utilizaban como modelos para ver el resultado de su trabajo.

La relación entre el cliente y las geikos es muy duradera, se puede alargar durante 10 o 20 años

Antes de la guerra había muchos hombres que tocaban shamisén. Actualmente la virtud del hombre es trabajar, pero antes muchos tocaban mientras las geikos bailaban. Había muchos hombres que iban con geikos o maikos a las escuelas de arte para practicar, o incluso acudían juntos a ver la función de kabuki como aprendizaje.

En este sentido, la relación entre el cliente y las geikos es muy duradera, una relación de compañeros que se alarga durante 10 o 20 años. Si fuese prostitución, esta relación no duraría tanto y no existiría el sistema por el que no se permiten clientes no acreditados. El objetivo no es sexual, sino de acompañamiento.

P. No sólo los hombres pueden ser clientes de las geishas, sino que también acompañan a mujeres o participan en celebraciones familiares.

R. Exactamente. En este momento muchas mujeres se interesan por esta cultura, porque las chicas se visten con kimono y se fijan en las geikos y maikos. Una vez di una conferencia en la que reunimos a los no acreditados: era un evento abierto, y casi todas las asistentes eran mujeres.

P. ¿Cómo sería el día a día de una de ellas?

R. Primero se levanta, se viste con su kimono, y acude a la escuela para estudiar arte. El estudio, dependiendo del arte que practique, puede durar menos o abarcar hasta la tarde, pero termina entre las dos y las tres de la tarde, cuando almuerza y luego empieza la preparación del salón (ozashiki). Sobre las seis de la tarde va aochaya, el salón. Una vez allí esperan en la sala de la propietaria a que entren los clientes, y les siguen. Allí empieza el banquete de cena, que suele tener lugar entre las seis y media y ocho y media. Cuando termina, a partir de las nueve, empiezan a llegar clientes que van a tomar algo. Habitualmente se quedan entre las nueve y las once de la noche. Si los clientes quieren que les acompañen a otro sitio, también lo hacen. Esto dura desde las doce de la noche hasta la una o las dos, y cuando terminan, llaman para decir que han terminado y vuelven. El trabajo suele terminar a las dos de la mañana.

P. Usted que ha convivido con muchas de ellas, ¿cuáles son sus deseos y motivaciones y qué explicaban de la profesión que habían elegido?

R. Tienen la vocación de exhibir su habilidad artística. ¿A qué aspiran? A llegar a ser una geiko como las que exhiben su música o su arte en el teatro kabuki o las maestras que enseñan a tomar shamisen en las televisiones. Llegar a este nivel es su máxima aspiración.

P. ¿Cuál es la actitud que el resto de la sociedad japonesa mantiene hacia ellas?

R. Se les ve como personas que viven en otro mundo, por así decirlo. Antes también había muchos estereotipos negativos sobre ellas, pero eso ha cambiado gracias a que maikos y geikos realizan sus presentaciones en muchos lugares, llegando incluso a Estados Unidos para promocionar sus actividades o la ciudad de Kioto. Allí hablan de sus oficios o incluso presentan sus artes, que pueden ser baile o música. Muchas de las asistentes son mujeres que tienen interés en los vestidos que llevan por lo bonitos que son.

Japón era un país muy pobre, por lo que esta era una buena opción para que las niñas tuviesen dónde vivir

P. ¿Cuáles son las principales diferencias entre las geikos y maikos de antes de la guerra y las que se pueden encontrar hoy en día?

R. Antes de la guerra, Japón era un país muy pobre. En esa situación, muchos padres no podían criar a sus hijos. Una alternativa para las niñas era ingresarlas en una okiya que garantizase su residencia y comida, y en el caso de los chicos, internarlos en un templo o que trabajasen desde pequeños en los establecimientos. Los hanamichi eran una de las opciones. Después de la guerra, las maikos o geikos lo son por su propia voluntad o porque es una profesión que se ha llevado a cabo en su familia.

P. Lo que explica es similar a lo que ocurría con muchas religiosas en España. Pero los hanamachi se organizan en estructuras muy jerarquizadas y guiadas por la tradición. ¿A qué se parecen? ¿A un convento, a una escuela femenina, a un ejército..?

R. Es cierto que es parecido a un convento, pero en los hanamachi se les garantizaba una vida mejor. ¿A qué se asemejan? También he investigado los templos y, tras ver a los jóvenes sacerdotes, creo que tienen una cierta similitud con la vida en un hanamachi, ya que hay unos protocolos que se han de respetar rigurosamente. Por ejemplo, los jóvenes deben esperar de rodillas a que pase un sacerdote mayor por la puerta, algo que también ocurre con una okasan cuando entra a una habitación.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-04-05/todo-lo-que-siempre-quisiste-saber-sobre-las-geishas-y-no-te-atrevias-a-preguntar_735747/

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La prostitución en la antigua Roma

La prostitución en la antigua Roma

La prostitución es, como suele decirse, el oficio más viejo del mundo, ese al que le sigue la política, tal y como dijo una vez Ronald Reagan, aunque ambos en algunas ocasiones puedan parecerse. Un periodo interesante donde ambos oficios alcanzaron la mayor cuota de corrupción, rencillas y traiciones, fue durante el Imperio Romano, ahí donde los burdeles llegaron a abundar en gran cantidad, tanto en Grecia como en Roma.

La sexualidad era algo muy exaltado en la sociedad romana, de ahí sus múltiples representaciones en murales y exquisitos mosaicos que a día de hoy podemos seguir contemplando. Y es que era social y legalmente aceptable que los hombres romanos tuvieran sexo, al igual que las mujeres, con prostitutos o esclavos. Leyes como la Lex Scantinia, Lex Iulia y Lex Iulia lo permitían, mientras que otras como la Lex Scantiniacomo para la milicia romana ponían algún que otro límite, pero cualquier barrera se rompía desde el momento en que los esclavos o los llamados “bárbaros” no eran considerados personas, sino “cosas”, de ahí que podían ser utilizados de modo legal para cualquier finalidad sexual.

Ser prostituta o prostituto no era algo que nadie elegía ni de lo que se disfrutaba, hemos de matizarlo. Muchos eran explotados, la mayoría eran esclavos o esclavas sometidas a estas prácticas y a quienes se les compraba para dicho fin. El Derecho romano, por su parte, defendía a las meretrices y no las castigaba, ahora bien, eran etiquetadas como “probrosae”, es decir, personas que no disponían de derecho para poder casarse con ciudadanos romanos nacidos libres. Veamos pues qué tipos de prostitución existía en esta época.

El oficio más antiguo del mundo en la Antigua Roma

En primer lugar hemos de hablar de un escenario básico relacionado con la prostitución romana: el lupanar.Ubicado normalmente al final de las calles más importantes de la ciudad, los clientes accedían a estos centros que quedaban algo disimulados para los transeúntes. Por eso, en ocasiones, se dejaban algunas señales en paredes o en las calzadas para indicar la dirección del lupanar o “prostíbulo”, pequeños dibujos que se representaban en diminutos “falos” orientando la dirección adecuada.

La palabra lupanar deriva de lupae y ensalza tanto a la figura de las lobas como de las prostitutas. De aquí viene, por ejemplo, la clásica imagen de la loba amamantando a Rómulo y Remo, de la cual surgió la propia Roma a raíz de este término, que no es más que el de esa mujer que se dedica precisamente al oficio más viejo del mundo.

El lupanar disponía de dos plantas, arriba estaban los clientes más distinguidos y acaudalados en el cual se abría a su vez un balcón donde las mujeres, podían seducir a los viandantes más ricos. Por su parte, en la planta baja se reunía la prole o personas sin demasiados recursos que esperaban su turno a que las meretrices les atendieran. Normalmente en esta planta inferior se distribuían cinco habitaciones también llamadas “fornices”

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¿Te has preguntado alguna vez de donde proviene la palabra prostituta? Deriva de “pro statuere”, es decir, estar colocado delante o, sencillamente, “mostrarse”. Una práctica que estas mujeres realizaban tanto en los lupanares como en los diferentes escenarios donde ofrecieran sus servicios, de ahí que existieran diferentestipos de prostitutas (y prostitutos, no podemos pasarlos por alto) que pasamos seguidamente a describirte:

Delicatae

En esta primera categoría entraban aquellas mujeres que ofrecían sus servicios a quien ellas elegían. Eran meretrices caras y distinguidas entre las que podríamos incluir perfectamente a Valeria Messalina, la famosa esposa del emperador Claudio, famosa por sus comportamientos lividinosos y escandalosos.

Copae

Mujeres que trabajan en la Caupona, es decir, una  tienda de bebida y comida donde los hombres acudían para tomar “algo rápido”.

La pala

En este término entrarían la gran mayoría de personas sometidas a la prostitución de la época. O bien porque habían sido compradas o porque se veían obligadas a mantenerse a sí mismas y a su familia, eran las meretrices que no podían elegir y que aceptaban a todo aquel que les pagara una moneda.

El leno

Figura que sigue existiendo a día de hoy. No es más que el proxeneta o persona que cobra una comisión de la prostituta y que intenta mantener el orden.

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Mujeres que se situaban a las afueras de las ciudades, en caminos alejados o calzadas de las afueras para ofrecer sus servicios

Bustuariae

Posiblemente las más curiosas de todas, las más valientes y a la vez inquietantes. Las meretrices a las que se les llamaba bustuariae, se situaban cerca de los cementerios para quedar con sus clientes.

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Términos curiosos que te invitamos a ampliar con libros como “Los olvidados de Roma” de Robert C. Knapp, donde se nos descubre este oficio tan clásico que forma parte de nuestra historia, y que, por qué no, merece la pena también conocer.

http://www.tumundofantastico.com/es/blog/114_La-prostituci%C3%B3n-en-la-antigua-Roma

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Secretos de la erótica medieval sin clichés

La exposición parisina «L’amour courtois» («El amor cortés») recoge ilustraciones de manuscritos medievales acompañados de textos que arrojan luz sobre la práctica de sexo en esa época, alejando esterotipos como el cinturón de castidad

EFE

Las costumbres amatorias de la Edad Media se presentan bajo un enfoque inédito en una exposición en París que busca derribar estereotipos de la sexualidad medieval como la generalización delcinturón de castidado de los matrimonios precoces.

«L’amour courtois» («El amor cortés»), que puede visitarse hasta el próximo 9 de noviembre en la Torre Jean Sans Peur, consiste en un conjunto de ilustraciones de manuscritos medievalesacompañadas de textos orientados a arrojar luz sobre la práctica del sexo en esa época.

Se trata, según la responsable de comunicación, Agnès Lavoye-Nbeoui, de «un período de la Historia muy desconocido por su larga extensión», sobre el que «todas las ideas negativas que tenemos, como la falta de higiene o el cinturón de castidad, son más propias del Renacimiento».

Entre ellas, la de los matrimonios precoces, puesto que los hombres medievales, a excepción de los reyes, se casaban tarde porque resultaba complicado reunir la dote necesaria para pagar la boda.

Períodos liberales

La Iglesia consentía además ciertas prácticas sexuales ahora censuradas, como la prostitución femenina, porque, según refleja la muestra, se consideraba un oficio de salubridad pública y unaimportante actividad económica.

En la Edad Media, entre los siglos V y XV, hubo «períodos más liberales de lo que se cree», en los que se cuestionaba el celibato eclesiástico y cerca de un 30 por ciento de los sacerdotes vivía en concubinato, asevera Lavoye-Nbeoui.

Aunque es cierto que la doctrina religiosa no siempre fue permisiva y marcó reglas como la prohibición del sexo durante dos tercios del año por respeto al calendario católico, fue a raíz de la expansión del protestantismo de Martín Lutero, en el siglo XVI, cuando «comenzó a imponer una doctrina más rígida para combatirlo».

La única posición sexual permitida era la «natural», en la que el esposo se extendía sobre su mujer con el único objetivo de procrear, y los clérigos tenían la obligación de instruirse en todas las posturas conocidas para poder imponer las penitencias.

El adulterio, aunque era un pecado reconocido, solo se condenabacuando lo cometía una mujer, a las que se solía sancionar con el pago de una multa, mientras que sobre el hombre adúltero no caían reprimendas porque su error era visto como una falta «espiritual».

El reflejo ilustrado de esas costumbres se realizaba de forma recurrente a través de símbolos y metáforas, en las que abundan las representaciones de los atributos masculinos como pájaros o elementos de charcutería y de los senos femeninos con porciones de queso tierno y blanco.

Estos símbolos «son muy sutiles, pero al mismo tiempo muy directos», señala Lavoye-Nbeoui, porque basculan entre los principios del etéreo «amor cortés» y representaciones «mucho más directas y sorprendentes en las que se plasman los órganos sexuales».

La historiadora Danièle Alexandre-Bidon, comisaria encargada de seleccionar las imágenes de la muestra, escogió muchas de las ilustraciones presentes en el libro del siglo XIV «Decamerón» del italiano Giovanni Bocaccio, que narra algunas historias de adulterio femenino.

Escenas como la de “Ménage à trois”, tomada de esta obra maestra medieval, en la que dos mujeres desnudas yacen en una cama junto a un hombre vestido y plasman que la realidad de la relación amorosa en la Edad Media distaba del púdico “amor cortés”

http://www.abc.es/cultura/arte/20140624/abci-secretos-erotica-medieval-cliches-201406241054.html?ns_campaign=APPWA&ns_source=BT&ns_linkname=Bottom&ns_fee=0&ns_mchannel=EM

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Tríos, prostitución y sacerdotes: una exposición desmonta los mitos del sexo en la Edad Media

La muestra ‘L’amour courtois’ (‘El amor cortés’) se inaugura en París en noviembre con ilustraciones y textos medievales de la vida sexual de la época.

“Las ideas negativas como la falta de higiene o el cinturón de castidad son más propias del Renacimiento”, explican los responsables de la exposición.

Entre los siglos V y XV, un tercio de los sacerdotes vivía en concubinato, el adulterio masculino no era una falta grave y la prostitución estaba regulada.

El sacerdote y los esposos

 

La muestra ‘L’amour courtois’ (‘El amor cortés’) se inaugura en París en noviembre con ilustraciones y textos medievales de la vida sexual de la época. “Las ideas negativas como la falta de higiene o el cinturón de castidad son más propias del Renacimiento”, explican los responsables de la exposición. Entre los siglos V y XV, un tercio de los sacerdotes vivía en concubinato, el adulterio masculino no era una falta grave y la prostitución estaba regulada.

L’amour courtois (El amor cortés), que puede visitarse hasta el próximo 9 de noviembre en la Torre Jean Sans Peur, consiste en un conjunto de ilustraciones de manuscritos medievales acompañadas de textos orientados a arrojar luz sobre la práctica del sexo en esa época. Se trata, según la responsable de comunicación, Agnès Lavoye-Nbeoui, de “un período de la Historia muy desconocido por su larga extensión”, sobre el que “todas las ideas negativas que tenemos, como la falta de higiene o el cinturón de castidad, son más propias del Renacimiento”. Entre ellas, la de los matrimonios precoces, puesto que los hombres medievales, a excepción de los reyes, se casaban tarde porque resultaba complicado reunir la dote necesaria para pagar la boda. La Iglesia consentía además ciertas prácticas sexuales ahora censuradas, como la prostitución femenina, porque, según refleja la muestra, se consideraba un oficio de salubridad pública y una importante actividad económica. En la Edad Media, entre los siglos V y XV, hubo “períodos más liberales de lo que se cree”, en los que se cuestionaba el celibato eclesiástico y cerca de un 30% de los sacerdotes vivía en concubinato, asevera a Lavoye-Nbeoui. Aunque es cierto que la doctrina religiosa no siempre fue permisiva y marcó reglas como la prohibición del sexo durante dos tercios del año por respeto al calendario católico, fue a raíz de la expansión del protestantismo de Martín Lutero, en el siglo XVI, cuando “comenzó a imponer una doctrina más rígida para combatirlo”. Sólo una postura permitida La única posición sexual permitida era la “natural”, en la que el esposo se extendía sobre su mujer con el único objetivo de procrear, y los clérigos tenían la obligación de instruirse en todas las posturas conocidas para poder imponer las penitencias.

El adulterio, aunque era un pecado reconocido, solo se condenaba cuando lo cometía una mujer, a las que se solía sancionar con el pago de una multa, mientras que sobre el hombre adúltero no caían reprimendas porque su error era visto como una falta “espiritual”. El reflejo ilustrado de esas costumbres se realizaba de forma recurrente a través de símbolos y metáforas, en las que abundan las representaciones de los atributos masculinos como pájaros o elementos de charcutería y de los senos femeninos con porciones de queso tierno y blanco. Estos símbolos “son muy sutiles, pero al mismo tiempo muy directos”, señala Lavoye-Nbeoui, porque basculan entre los principios del etéreo “amor cortés” y representaciones “mucho más directas y sorprendentes en las que se plasman los órganos sexuales”. La historiadora Danièle Alexandre-Bidon, comisaria encargada de seleccionar las imágenes de la muestra, escogió muchas de las ilustraciones presentes en el libro del siglo XIV Decamerón del italiano Giovanni Bocaccio, que narra algunas historias de adulterio femenino. Escenas como la de Ménage à trois, tomada de esta obra maestra medieval, en la que dos mujeres desnudas yacen en una cama junto a un hombre vestido y plasman que la realidad de la relación amorosa en la Edad Media distaba del púdico “amor cortés”.

1/5 EL SACERDOTE Y LOS ESPOSOS Fotografía facilitada por la Bibliothèque de l’Arsenal del Decameron (Decamerón) (el clérigo comparte una comida con una pareja y se acuesta con la esposa mientras que el marido reza en la terraza), Giovanni Boccacio, Paris, folio 108 verso, mediados del siglo XV. (EFE)

El sacerdote y los esposos

2/5 UN TRÍO Fotografía facilitada por la Bibliothèque de l’Arsenal de Ménage à trois (Un trío), Décaméron, siglo XIV, Paris, ms 5070,folio 170 verso (siglo XV). (EFE)

Un trío

3/5 PROSTITUCIÓN MEDIEVAL Fotografía facilitada por BnF de La prostitution, un lieu ouvert dans la ville (La prostitución, un lugar abierto en la ciudad) (EFE)

Prostitución medieval

4/5 UNA ESPOSA ENTUSIASTA Fotografía facilitada por BnF de Une épouse enthousiaste (Una esposa entusiasta), Roman du comte d’Artois, Paris, ms Français 11610, folio 87 verso (siglo XV). (EFE)
Una esposa entusiasta

5/5 AYUDA DIVINA Fotografía facilitada por la Bibliothèque de l’Arsenal de Une procréation assistée par le Ciel (Una procreación asistida por el cielo), Traité divers, Paris, ms 5206, folio 174 (siglo XV). (EFE)

Ayuda divina

http://www.20minutos.es/noticia/2173905/0/exposicion/desmonta-mitos/sexo-edad-media/

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Clases de prostitutas en Sumeria

 Javier Sanz

En Sumeria el sexo se vivía y practicaba con mucha desinhibición. La diosa que llegó a ser la más grande del panteón sumerio fue Inanna (más tarde Ishtar), diosa del amor, del sexo y de la guerra, así como protectora de la corona y… de las prostitutas. ¿Cómo era posible que una gran diosa protegiese a las prostitutas?

Cuando hoy en día pronunciamos la palabra “prostitución”, nos vienen a la cabeza imágenes de esclavitud sexual, de trato de blancas y de vejación a la mujer. Un mundo sórdido, en suma. Esto no era así entre los sumerios. Entre ellos las prostitutas gozaban de prestigio y posición social. Era un oficio más, con el añadido de considerarse importantísimo, ya que la diosa Inanna era, a su vez, la cortesana de los dioses. Debemos tener en cuenta que los dioses sumerios ignoraban a los humanos. La única divinidad que tenía detalles con la humanidad era Inanna, que les entregaba su propio sexo.

Inanna de mi paisano Luis Royo

La labor de las distintas prostitutas cambiaba según las épocas y las ciudades, por lo que es difícil desentrañar la madeja de nombres que ha llegado hasta nuestros días. Generalizando un poco podemos distinguir los siguientes tipos, en orden creciente de importancia:

  • Las de nivel más bajo eran las simples prostitutas del pueblo llano, que buscaban a sus clientes en los puertos y en las entradas de las ciudades. Se las respetaba, pues como dije, era un simple trabajo más. No presentaba connotación negativa alguna, salvo en el caso de las “esposas de la cerveza”, que eran esclavas al servicio de las tabernas con las que los clientes podían yacer, incluso delante de todo el mundo (ya lo dije, eran muy desinhibidos). A estas últimas se las despreciaba, pero no por ser prostitutas, sino por ser esclavas.
  • Las Shamhatum eran jóvenes agraciadas que se dedicaban a la prostitución de alto nivel. Lo que hoy denominaríamos como una “escort”. Tenían prestigio social, cultura y colaboraban en determinadas fechas con los templos para atender a los fieles de forma gratuita a cambio de más reconocimiento social.
  • Las Kulmashitum (a veces esa palabra se usaba para designar al personal laboral del templo) eran sacerdotisas prostitutas sagradas – hieródulas – de bajo nivel. A veces sin estudios o cultura. Muchas veces una viuda o una huérfana humilde se acogía como hieródula en un templo de Inanna. Con ello escapaba del hambre y adquiría prestigio social. Lo malo es que solamente se aceptaba a aquellas que no tuvieran defectos físicos.
  • Las Kezertum eran hieródulas que se distinguían de las demás por llevar los cabellos rizados y largos (algunos también opinan que podrían llevar una especie de rastas). Se cree que actuaban en la calle, posiblemente ayudando a las prostitutas laicas y controlando los pequeños altares de barrio.
  • Los Assinum eran hombres que se vestían y se maquillaban como mujeres (travestidos). Los sumerios aceptaban la homosexualidad aunque con cierto humor y burla -del lesbianismo no se hablaba-.
  • Las Ishtaritum (mujeres) y los Ishtarium (hombres) eran el clero sagrado de alto nivel. Obviamente solo se acostaban con ricos/as y gente de mucho poder. Algunas Ishtaritum, como las Nin-Dingir (dama-diosa), lo hacían con el rey o el gobernador, pues eran la diosa reencarnada en el mundo. Al practicar el acto sexual con el gobernante le transmitían sus poderes de mando. Sin ese acto de sexo, el mandamás de turno no podía ser ratificado en el cargo.

Cuando una sacerdotisa hieródula se acostaba con uno de los fieles, era la propia diosa la que lo hacía a través de la sacerdotisa, como un curioso instante de transustanciación sexual. En suma, y aunque parezca extraño, era una prostitución por motivos religiosos y por compasión. Las sacerdotisas representaban el único acto de clemencia que un miembro del panteón divino tenía hacia sus sirvientes humanos. Ningún marido se ofendía porque su churri se fuera de picos pardos con un Ishtarium, ni ellas le tiraban un jarrón a la cabeza al Manolo de turno por haber estado con una Kezertu. Lo consideraban algo normal y de lo que sentirse orgulloso si la pareja había estado con alguien de alto nivel. Obviamente se entregaba una cantidad a la hieródula para el mantenimiento del templo; ya se sabe que  todas las religiones pasan el cepillo,  aunque en este caso tenía un carácter burocrático, pues en la sociedad sumeria se pagaban impuestos casi hasta por respirar. Si además añadimos que los templos eran gestionados por las propias sacerdotisas, obtenemos una imagen exótica de un mundo que hoy nos repugna y que, indudablemente, nos cuesta comprender.

En todo caso, con el tiempo la sociedad sumeria se fue volviendo cada vez más patriarcal y, en época de los babilonios,  las sacerdotisas ya no contaban nada, no gestionaban ni dirigían asunto alguno y eran los hombres los que manejaban el cotarro tratando a las sacerdotisas como meros objetos para sexo. Como dijo cierto historiador en una ocasión:

Cuando los hombres comenzaron a dirigir la sexualidad de las mujeres, la prostitución pasó de ser un acto sagrado a convertirse en un vulgar y terrible acto de esclavitud sexual.

Colaboración de Joshua BedwyR autor de En un mundo azul oscuro

Clases de prostitutas en Sumeria

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