La circuncisión, de cabo a rabo


Te contamos con pelos y señales cómo es una operación de prepucio, y cuáles son los pros y los contras de este trago por el que han pasado el 30% de los hombres del mundo.

Circuncisión; del latín circumcisio (cortar alrededor). Definición de la Enciclopedia Médica Ferato: “Proceso por medio del cual se corta el prepucio (la piel que recubre el pene), dejando el glande al descubierto, sin protección. Se realiza mediante cirugía irreversible”. La circuncisión puede ser total (cuando se elimina sólo la punta constrictiva del prepucio) o parcial (para que el pene se deslice a gusto, se recorta una pequeña parte de la punta del prepucio o bien se hace un corte dorsal) .

Un corte milenario y sagrado. Como se supone que el prepucio de Abraham fue cortado por imperativo divino, la circuncisión es, según la Torá, obligatoria para todos los judíos desde hace 5.700 años: al principio, los rabinos cortaban el prepucio con sus propios dientes a los niños de ocho días, aunque con el tiempo se pasó a hacer el corte con instrumentos más civilizados. Lo mismo ocurre en otras religiones (como la musulmana) y en la mayoría de las tribus africanas, para las cuales la circuncisión es un rito de paso a la edad adulta.

Curiosamente, aunque se sabe que el niño Jesús fue circuncidado al nacer, la religión católica no se pronuncia sobre el tema. Sin embargo, el origen de la circuncisión es mucho más antiguo que Cristo: los aztecas y otras culturas precolombinas ya la hacían (hasta que llegaron los españoles) y Herodoto la remonta a los egipcios: no en vano, existe un antiguo grabado de la tumba de Ankhamahor en la que puede verse cómo someten a un hombre a una operación de prepucio con una piedra de sílex. En la actualidad, se han cambiado los dientes y armas blancas por asépticos bisturís.

Fimosis. Cuando el prepucio es demasiado estrecho y/o presenta un “anillo fibroso” que impide el paso del pene, provocando dolor y dificultando la penetración, estamos ante un caso de fimosis. Si la fimosis es parcial, es decir, que existe abertura pero es demasiado pequeña como para facilitar el paso del glande, el problema puede solucionarse a base de estiramientos y manipulaciones progresivas, aplicación de esteroides o circuncisión parcial (ver «plastia del prepucio»). Pero si el «agujerito» está muy cerrado, será inevitable cortar por lo sano para facilitar las relaciones sexuales.

La inmensa mayoría de los urólogos modernos opinan que no es conveniente operar sistemáticamente a los niños, siendo preferible esperar a ver la evolución del pene para calibrar si es necesaria o no la intervención. Hay fimosis que nacen y otras que se hacen: por eso, no es bueno practicar retracciones forzadas en la piel del prepucio en los primeros años de vida del chaval, como hacían antes los médicos.

Balanopostitis. Se trata de una inflamación del glande que también afecta al prepucio y puede degenerar en una fimosis que requiera una circuncisión completa. Puede ser debida a una infección, a la falta de higiene y también a un exceso de la misma: un uso exagerado de jabón irritante en la zona puede provocar esta engorrosa inflamación.

Circuncisión neonatal. Si los padres quieren y el pene del bebé no presenta anomalías que requieran intervenciones futuras, la circuncisión puede hacerse sin anestesia poco después de nacer el niño. Las razones suelen ser de higiene y de salud, aunque también se dan por motivos religiosos. En países como Estados Unidos, México, Filipinas o Corea del Sur se aplica de manera indiscriminada. Hoy, la mayoría de los médicos creen que es una medida innecesaria, ya que sólo el 10% de los hombres tienen problemas de fimosis, balanopostitis o infecciones que justifiquen tan molesta intervención.

Plastia del prepucio. Es una circuncisión parcial que se hace en individuos que padecen fimosis y desean anchear el orificio para deslizar su pene a gusto. Para ello sólo hay que recortar la extremidad del prepucio. Es una operación mucho más sencilla que la circuncisión total, en la que se recorta el prepucio de tal manera que el glande queda siempre al descubierto.

Frenulectomía. Cuando el frenillo del pene es demasiado corto, existe un gran riesgo de que duela, se rompa y sangre durante las relaciones sexuales. Por eso, es conveniente pasar por el quirófano y cortarlo para que la cosa fluya bien. La frenulectomía o circuncisión del frenillo es una intervención mucho más sencilla que la de fimosis, con un postoperatorio que dura sólo un par de semanas.

Higiene fálica. Otra de las grandes razones que han motivado la circuncisión. Durante siglos, ha sobrevivido la creencia de que el glande del hombre circuncidado está más “limpio” que el del hombre con prepucio. La realidad nos demuestra que esto no es necesariamente cierto: aunque bajo la piel se produce una maloliente secreción blanca llamada esmegma (vulgarmente conocida como “requesón”) si el hombre se lava bien la zona a diario retirando el prepucio, la mantendrá tan limpia y a salvo de infecciones y edemas como la de un hombre circuncidado. Por otro lado, si bien es cierto que un estudio realizado por el doctor Edgar Shoen en Estados Unidos en 1932 se intentó demostrar la relación entre la acumulación de esmegma y el cáncer de pene, investigaciones posteriores han descartado esta teoría.

Como dice el doctor Dimitri Christakis, de la Universidad de Washington: “Si la Naturaleza nos puso ahí el prepucio, será por algo”. Otros expertos piensan lo contrario y creen que, como las muelas del juicio, el prepucio es un órgano vestigial que, aunque en el pasado cumplía distintas funciones (como proteger al glande del desnudo hombre de las cavernas o mantener el pene húmedo para las primitivas penetraciones rápidas) hoy no es necesario. Entre los defensores de esta corriente, la circuncisión sería, pues, un acto civilizado.

Dolor, operación y postoperatorio. “Sí, sí: opera tu fimosis. No lo pienses más, por favor decídete ya, sabes que no te dolerá”, cantaban Siniestro Total en su célebre oda a la circuncisión. Pues bien: o mentían o se equivocaban. Tal vez a ellos no los operaran de fimosis, pero cualquiera que haya pasado por el quirófano para eliminar su prepucio sabrá que no es ningún camino de rosas. Como aperitivo, están los tres o cuatro brutales pinchazos en el glande, para dormir el pene. Salvo que el paciente sea un niño, se utiliza anestesia local, así que luego, tumbado, no ves ni sientes ni padeces, pero sí notas cómo te hurgan en la zona y puedes ver cómo los urólogos sacan de tu entrepierna trozos de pellejo empapados en sangre.

Después, doce puntadas y pa casa. Cuando pasa la anestesia, vuelves a ver las estrellas y no soportas ni el roce de las sábanas. Debes dormir boca arriba y olvidarte de la masturbación durante un mes, por lo menos, apagando las (dolorosísimas y sangrientas) erecciones espontáneas aplicándote bolsas de hielo en los testículos.

Puntos y curas. Si te ponen puntos solubles, no hace falta que te los quiten, se pondrán tiesos y se irán cayendo solitos, provocándote unos cuantos pinchazos. Los que no caigan, tendrás que quitarlos a golpe de tijera, a ser posible con la ayuda de una mano inocente. Eso sí, durante una buena temporada, tendrás entre las piernas algo muy parecido al pene de Frankenstein.

En cuanto a las curas, no son problemáticas, pudiendo lavarse la zona con agua hervida y tibia con una pizca de sal que cure las heridas. Se recomienda olvidarse de los gayumbos y utilizar slips que sujeten bien el «paquete» para que la zona afectada no cuelgue y se mueva lo menos posible.

Placer despellejado. Al principio, el pene circuncidado, sobre todo si en el pasado estuvo afectado de fimosis total, se nota muy sensible al tacto, disparándose el placer sensorial en las relaciones sexuales, e incluso notando molestias al rozar el pantalón o el calzoncillo con la zona. Después, poco a poco, el glande se va encalleciendo, lo cual tiene sus pros y sus contras. Pros, porque con el tiempo la zona se va haciendo más dura, más grande, más poderosa y más resistente al orgasmo (se aguanta más y se alargan los coitos, para regocijo de las mujeres); contras, porque la zona se hace más insensible y se pierde, además, parte de la lubricación y del placer obtenido al deslizar el prepucio por el glande.

Por eso, no es del todo falso lo que dice el doctor S. Mullick, experto en rehabilitación del hospital alemán Luton and Dunstable: “La circuncisión es una mutilación genital de tipo ritual completamente innecesaria que puede provocar disfunciones sexuales”.

Mutaciones en las prácticas onanistas. En ciertos ambientes y países, se ha usado la circuncisión para evitar o disminuir la masturbación en los jóvenes. Y es bien cierto que resulta más complicado masturbarse sin prepucio que con prepucio, pero no es imposible y, al cabo de unos meses de práctica, el propietario del pene suele recaer en el vicio de Onán.

Efectivamente, tras una operación de prepucio, es preciso cambiar la técnica masturbatoria, pasando de autoestimularse «en seco», masajeando todo el pene y moviendo el prepucio sobre el glande, a hacerlo empuñando el mango, siendo necesario el uso de saliva o lubricantes para masajear el glande.

Circuncisión y ETS. Aunque la mismísima ONU ha recomendado a la población masculina heterosexual que se haga la circuncisión para protegerse contra el VIH, los especialistas en la materia no están del todo de acuerdo: aunque es cierto que al cortar el prepucio la epidermis del glande se endurece, no actúa como barrera protectora ni evita el intercambio de fluidos que facilita el contagio del SIDA o de cualquier tipo de infección.

Sintiéndolo mucho, el único método eficaz para burlar al SIDA y demás Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) sigue siendo el viejo condón. Y la mejor prueba es que la tasa de ETS e infecciones peneales en Europa (donde hay menos circuncindados) es inferior a la Norteamericana, país donde, en los años 70, se circuncidaba al 90% de los recién nacidos, cifra que ha descendido hoy hasta un nada despreciable 60%.

El brillante encanto de los penes circuncidados. En Australia, país muy partidario de la circuncisión donde el 50% de los hombres han pasado por el quirófano para cortarse el prepucio, se elaboró hace poco un estudio entre la población femenina, para saber si las mujeres preferían los penes con o sin «capuchón». El resultado inclinaba la balanza muy a favor de los falos sin prepucio.

Para empezar, el número de mujeres emparejadas con hombres circuncidados que decían llegar al orgasmo simultáneamente con su pareja doblaba al de las mujeres de hombres con prepucio. Para seguir, las chicas confesaron tener el triple de orgasmos con penes circuncidados. Por si fuera poco, a la hora de practicar una felación, las mujeres afirmaron preferir un pene circuncidado (82 %) a uno con prepucio (2%). Para colmo, el 75% sentenció que prefería masturbar penes con prepucio que sin prepucio (5%). A la hora de la penetración anal o vaginal, el 71% de las mujeres sintieron más placer al recibir en sus entrañas a un pene circuncidado (71%) que no circuncidado (6%). Y, como colofón, la mayoría de las australianas (76%) considera “más atractivo visualmente” un pene circuncidado que uno no circuncidado (4%).

Así que, al final, tal vez debamos olvidar a la fimosis, la religión, la higiene y demás causas exógenas para concluir que, de ahora en adelante, en plena era de los asesores de imagen y los cirujanos plásticos, la principal causa de la circuncisión será la más simple pero aplastante de todas: las mujeres prefieren los penes sin prepucio.

Fuente: http://www.adn.es/sexo/20081009/NWS-2347-circuncision-cabo-a-rabo.html

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Diccionario del sexo anal

Teórica y práctica de la sodomía: una guía para disfrutar por la «puerta de atrás» sufriendo lo menos posible.

Aunque como tabú está superada en la mayor parte del mundo civilizado, la sodomía sigue siendo, hoy por hoy, una práctica alternativa, una frontera sexual no cruzada por la multitud, una meta a conquistar, la última barrera que romper, la frontera final, que diría un trekkie. Un placer de minorías que, según las últimas encuestas mundiales, es practicado con regularidad sólo por un 10% de las parejas heterosexuales, aunque el 40% de las mujeres lo ha probado una vez, por lo menos. Por supuesto, el sexo anal es mucho más practicado en el mundo gay.

Si se hace mal, el sexo anal puede ser muy doloroso. Si se hace bien, puede dar mucho placer. El caso es equilibrar ambas cosas. Feel the pain, feel the pleasure. Entrar por detrás es todo un arte que ya se puede practicar sin salir de casa (antes, había que irse al burdel). Para aquellos hombres y mujeres que quieran iniciarse en las delicias del sexo anal o perfeccionar su delicada práctica, he aquí algunos consejos de la A a la Z.

Ano: lugar donde la espalda pierde su casto nombre. El Diccionario de la Real Academia Española lo define como el «orificio del conducto digestivo por el cual se expele el excremento», obviando cualquier posible aplicación sexual. Pero, como todos sabemos, el ano está dotado de innumerables terminaciones nerviosas y suele producir placer (unas veces) y dolor (otras) el introducir objetos, dedos, puños, lenguas o penes en su interior.

Bolitas anales: variante de las bolas chinas que tienen menos tamaño que las vaginales y están especialmente indicadas para estimular el ano. Pueden servir para «educar» el esfínter de cara a futuros coitos anales, sí, pero también para complementar la penetración vaginal o el cunnilingus, sacándolas en el momento del clímax.

Especialmente recomendables son las Acrilite, cuatro bolitas moradas unidas por un cordel de nylon que, metidas de golpe con lubricante y sacadas poco a poco pueden hacer tocar el cielo a los amantes más sibaritas. Cuestan sólo 10 euros, en el sex shop Amantis.

Contra natura: es el nombre que la Iglesia Católica le daba a las prácticas anales. «Contra la naturaleza» porque se penetra un orificio que no ha sido puesto ahí por el Creador para hacer el amor, sino para expulsar desechos fecales. Y contra la naturaleza, también, porque al derramar el semen en el conducto anal no se engendran hijos y la Iglesia sólo respeta el sexo con fines reproductivos. O sea que sí, que, como diría un cura moderno, «darse por el culo es pecado, hija mía».

Como siempre, la Iglesia no tiene en cuenta el hecho de que la sexualidad humana va más allá de la reproducción y que el coito anal es un juego sexual practicado desde hace millones de años, por reptiles y otras especies, mucho antes de la (relativamente tardía) aparición de las vaginas. En la actualidad, muchas razas de perros, simios y humanos la practican con fruición.

Culo: según la RAE, «conjunto de las dos nalgas».

Dilatador: juguete erótico usado en los prolegómenos sodomitas para dilatar el esfínter y facilitar la penetración anal. Uno de los más recomendables es el de Boi toyz, que tiene forma de sacacorchos por un lado y de butt plug por otro.

El butt plug es un aparato que tiene diámetro gradual con base ensanchada. Se introduce en el ano lentamente, empujando con el esfinter hacia fuera y con la mano hacia adentro, y luego se deja en su sitio natural mientras se practica el coito vaginal u otros juegos eróticos.

Dedo: instrumento de carne y hueso que, entre otras cosas, sirve para estimular y dilatar el ano. Penes aparte, el sexo anal puede disfrutarse usando uno o varios dedos que se introduce/n en el culo masculino o femenino durante el juego sexual o el coito. En este sentido, se recomienda empapar bien el dedo en saliva o lubricante, introducirlo lentamente y agitarlo con suaves movimientos circulares en las profundidades del recto. Sin rascar.

Dolor: si se practica así, de repente, a traición y sin preparación, el sexo anal puede resultar muy doloroso. La popular y vulgar frase «me han roto el culo» es el mejor ejemplo: nadie dice «me han roto la vagina» después de practicar sexo vaginal. Pero el sexo anal duele porque el conducto es más estrecho y tiene que ir acostumbrándose. El truco es ir poco a poco y jugar con las sensaciones. La cosa irá bien mientras el morbo o el placer sean superiores a las molestias y por supuesto, saber parar cuando duele mucho.

Enculada: acto de «dar por el culo». Uno de los vulgarismos usados popularmente como sinónimo de sexo anal, en las antípodas del refinado verbo «sodomizar» (cuyo origen procede de Sodoma, ciudad bíblica del pecado destruida por la ira de Jehová).

El acto sexual anal también se usa para expresar distintos actos no sexuales, como la coba o adulación excesiva («lamer el culo a»), el esfuerzo insistente por agradar o conseguir algo («perder el culo por») o, todo lo contrario, rechazar radicalmente a una persona («mandar a tomar por el culo»).

Esfínter: es la frontera a franquear. Cada esfínter es un mundo con distintos grados de flexibilidad, anchura y suavidad. Hay esfínteres muy estrechos que no quieren dejar pasar nada que tenga más diámetro que un supositorio. La cuestión es ir dilatando el esfínter poco a poco, primero con lengua, luego con dedos impregnados de lubricante, luego con pequeños vibradores anales, para ir relajándolo hasta que llegue la hora de recibir el pene.

Si no se hace gradualmente, el músculo no estará distendido y él o ella verá las estrellas, arriesgándose a sufrir un desgarro de muy desagradables consecuencias y mucha vergüenza en la pulcra mesa del doctor.

Eyaculación: ¿Qué pasa cuando un hombre eyacula en las profundidades de un ano? Si está sano, poca cosa. Oleadas de calor en las entrañas y luego se elimina poco a poco, mezclado con las heces, en las siguientes deposiciones. A quien le resulte desagradable recibir el semen en su interior, puede pedir al hombre que saque el pene en el momento de la verdad y eyacule sobre las nalgas, por poner un ejemplo al azar.

Fisting anal: también conocido como fist fucking anal, es el arte de introducir un puño en un ano para dar placer. Suele darse más entre homosexuales con esfínteres muy dilatados y hacerlo requiere unas complejas técnicas que quizá estudiaremos en un futuro artículo.

Guía: si este humilde abecedario te parece poca cosa y, aún siguiéndolo, no consigues buenos orgasmos anales, puedes echar mano de otras guías más completas. Entre las muchas que hay en el mercado, cabe destacar la Guía de sexo anal para mujeres, cuatro DVD’s pornográficos dirigidos por la sexóloga norteamericana Tristan Taormino, autora del best seller The ultimate guide to anal sex for women y sobrina de Thomas Pynchon, el misterioso escritor norteamericano. Aunque, como su nombre indica, está especialmente indicada para mujeres, los hombres también pueden seguir sus sabios consejos.

Higiene: si el gusto sexual de los amantes no indica lo contrario, la higiene es fundamental a la hora de entregarse a las prácticas sodomitas. Un culo sucio no es plato de gusto para las personas no aficionadas a la coprofilia, pero para algo existe una cosa llamada bidet.

En cuanto al interior, es recomendable «hacer de vientre» antes de entrar en materia y, si los amantes son muy escrupulosos, se puede recurrir a una lavativa para no encontrarse con sorpresas en el espacio interior. (Véase «Lavativa»). La higiene es más importante para la mujer (que, siempre intentando aparecer pulcra y bienoliente, se suele abochornar si el pene sale sucio de su orificio), que para el hombre, que por regla general tiene menos escrúpulos en la cama y en cualquier otro lugar.

Hombre: individuo que se halla en posesión de un pene. Aunque no es imprescindible, resulta bastante útil para practicar sexo anal ya que, por su textura y peculiaridades, los penes son ideales para la penetración anal (salvo que sean demasiado gruesos, claro).

No hay que olvidar, en ningún caso, que la sodomía también puede ser practicada entre señoritas, utilizando consoladores o un arnés con pene postizo incorporado. De esta misma manera, es posible cambiar los papeles y que una mujer acabe enculando a un hombre para gran satisfacción de ambas partes.

Ilegal: el sexo anal está prohibido en varios lugares del mundo. Sorprende que sea ilegal (incluso dentro del matrimonio) en un puñado estados de Norteamérica, buque insignia de Occidente. En Kansas, si entra un policía en tu casa y te sorprende con las manos en la masa (o sea, con el pene en un trasero de tu mujer) te puede costar seis meses de cárcel; en Maryland, 10 años; en Nebraska, también una década de prisión mas una multa de 5.000 dólares y en Carolina del Sur, hasta un lustro de cárcel con una multa de 500 dólares. En los estados que penan la sodomía homosexual no entramos porque la lista sería interminable.

Infecciones: pueden producirse en la vagina o en la boca como consecuencia del sexo anal. Para evitarlas, es recomendable dejar el sexo anal para el final, es decir, no chupar ni meterse en la vagina el pene después de haberlo pasado por detrás y lavarse cuidadosamente cada vez.

Lavativa: también conocida como enema, es un instrumento que sirve para dejar el recto y el colon como patenas, introduciendo agua tibia a través del conducto anal. Es la única manera de practicar la sodomía con la seguridad de que no se van a encontrar sorpresas engorrosas. La lavativa tarda entre 20 minutos y media hora en hacer efecto.

Cuando la lavativa se convierte en un fin en sí misma, o sea, cuando lo que da placer es poner y/o ponerse un enema, se puede hablar de clismafilia, una parafilia que consiste en usar la lavativa mientras se practican juegos sexuales.

Lubricante: sustancia viscosa o resbaladiza imprescindible para humedecer la zona anal y facilitar la penetración. El ano, a diferencia de la vagina, no segrega fluidos lubricantes, así que han de ser aplicados desde el exterior.

El lubricante puede ser natural (saliva, semen, flujos vaginales, etc.) o artificial. Este último puede ser de base acuosa, que tiene la ventaja de irritar menos la carne del esfínter, o de silicona, que tiene la ventaja de durar más y lubricar mejor la zona.

Hay decenas en el mercado; por ejemplo, el Lubrifist, que ofrece dilatación extra, es hipoalergénico, no mancha ni huele y es compatible con el condón. Está recomendado por el eminente sexólogo Jacques Waynberg y vale 21’95 euros el bote de 200 ml. A la venta en Condonland.

También se pueden comprar en la farmacia algún lubricante anestésico hidrosoluble, que duerma el esfinter y facilite la penetración. Este tipo de lubricante es el que usan los médicos para los tactos rectales y resulta ideal para espacios estrechos y virginales.

Nalgas: compuertas del ano. Si son redondeadas, respingonas, carnosas y, en general, bonitas, pondrán el pene más duro, preparándolo para la penetración. Las nalgas reciben placer a través del palmoteo y de la fricción, que también son excelentes prolegómenos precoitales.

Importante: las mujeres se excitan más con los masajes que les levantan y les abren las nalgas que con aquellos que se las bajan y se las cierran. Los hombres, por su parte, prefieren pellizquitos, palmadas y magreo bruto en general, con especial predilección por las caricias en la zona alta, justo donde se funden culo y espalda. Si son generosas, las nalgas pueden usarse para masturbar un pene, del mismo modo que se hace con los pechos.

Novias / mujeres / amantes: históricamente, son damas que, por represión, higiene o miedo, no han estado predispuestas a catar las mieles de la sodomía. Aunque las cosas han cambiado sensiblemente en este sentido, a veces que convencerlas poco a poco, con tacto y con contacto bien lubricado, para que entren en razón y abran las divinas compuertas de sus nalgas… aunque sólo sea una vez. Si se hace correctamente, lo más probable es que repitan, aunque sea con otro.

Novios / maridos / amantes: históricamente, son unos señores que quieren meterse a toda costa por la puerta de atrás. Si les dices que no, pueden llegar a obsesionarse, insistiendo mucho para entrar en esa pequeña habitación prohibida que tienes cerrada con llave. En este aspecto las cosas no han cambiado en absoluto.

La cultura popular moderna, particularmente la nueva ola de series desprendidas y liberales como Sexo en Nueva York y Mujeres desesperadas indican que, para que no pierdan la cabeza ni se vayan por ahí a buscar otra con la que hacerlo, lo mejor es dejarles probar. En un capítulo de esta última, el personaje de Eva Longoria le decía a una amiga que sí, que al hombre había que darle sexo anal para convencerlo de que le habías entregado esa parte de ti, pero que luego no era necesario repetir la experiencia, ni él tampoco insistiría mucho.

Esta teoría coincide con los porcentajes: el 40% lo prueba, pero sólo el 10% repite habitualemente. Insistimos: eso es que la primera vez se hizo sin experiencia, sin tacto o sin manual.

Orgasmo anal: momento de máxima excitación del ano en el que se experimenta un placer muy intenso y espasmódico, seguido de una agradable relajación. No todo el mundo es capaz de conseguir un clímax puramente anal, sin tocarse los genitales y con contracciones rectales de puro placer que hiperestimulan por presión al pene introducido en la cavidad.

Penetración anal: ha de hacerse con sumo cuidado para no producir dolor. Con el esfínter bien dilatado por juegos previos y el pene empapado en lubricante, se pega la punta del glande al esfínter y se masajea ligeramente para luego, muy poco a poco, ir introduciéndolo en el recto sin volver atrás hasta que se haya introducido el pene en su totalidad. La persona que recibe puede hacer el acto más fácil relajando su esfínter y, empujando un poco a veces, como si estuviera defecando pero con menos fuerza, para que el ano se dilate más y reciba mejor al miembro viril.

Pasado el primer trago, el resto es sencillo: coger un buen ritmo entre ambos amantes y dejarse llevar por el instinto.

Próstata: punto G masculino. Aunque se puede estimular a través del perineo (ver «Perineo»), la mejor forma es introduciendo un dedo, consolador o pene en el recto y masajeando la próstata en el interior. Así se consiguen orgasmos intensísimos y, aparentemente, con el ejercicio se previenen enfermedades tan letales como el cáncer de próstata.

Perineo: zona comprendida entre los órganos genitales y el ano extremadamente sensible al contacto de lenguas, dedos y otros inventos. A las mujeres les encanta que les acaricien el perineo haciendo circulitos con el dedo. Y a los hombres, aún más, ya que tienen la zona del perineo ultrasensible, porque bajo ella se encuentra la próstata.

Para estimular el perineo masculino hay que pulsar de forma intermitente, durante un segundo, justo detrás del escroto. Este ejercicio funciona aún mejor si se compagina con sexo oral.

Riesgos: cuando un@ está acostumbrad@, el sexo anal puede llegar a ser muy placentero, incluso más que el vaginal o el oral. Pero… el problema es que estamos hablando una práctica sexual de alto riesgo, ideal para contraer un SIDA, una gonorrea y demás enfermedades de transmisión sexual. Además, puede generar infecciones, fisuras, almorranas, desgarros, condilomatosis, oxiurasis (esta última afecta sobre todo a homosexuales) y muchos más trastornos del trasero.

Por eso es mejor hacerlo relajado, con alguien de confianza y con mucho cuidado. Y, de hacerlo en un portal con un desconocido y sin lubricante, lo mejor es ponerse un par de condones por si las moscas. Sobre todo si se trata de un acto entre caballeros.

Tabú: desde la Edad Media, época en la que se quemaba a los sodomitas en la hoguera, la práctica del sexo anal fue considerada un tabú innombrable propio de herejes. Hoy, el sexo anal pasivo sólo es tabú entre los hombres heterosexuales, que se niegan en redondo a experimentar con su ano y con los placeres de la próstata.

La doctora Patricia Smith, experta en sexología, afirma que «la zona anal sigue siendo la región tabú del cuerpo masculino. Pese a ser muy erótica y contar con gran cantidad de receptores que la hacen muy sensible, muchos hombres no permiten que la mujer estimule su ano». La causa de este tabú reside en el mito del macho activo que, sobre todo en los países latinos, es indestructible, así como el temor casi supersticioso de los hombres heteros a realizar cualquier tipo de práctica que roce la homosexualidad.

Virginidad: la sodomía es practicada por muchas chicas jóvenes que quieren disfrutar del sexo con amantes esporádicos sin sacrificar su virginidad vaginal, que entregarán al hombre con el que se casen o del que estén enamoradas.

Es como un regalo especial que muchas chicas quieren entregar al amor de su vida y, mientras tanto, no se aburren. En razas como la gitana, donde la tradición le otorga al marido el derecho de exigir pruebas de la virginidad de la mujer, es importante mantener intacto el himen. Pero al esfínter, por suerte, no se le puede hacer la prueba del algodón.

Fuente: http://www.adn.es/sexo/20080922/NWS-1965-diccionario-del-sexo-anal.html

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Ser o no ser bisexual


Mientras los psicólogos no tienen claro si es posible sentirse atraído por ambos sexos por igual, España celebraba su primer Día de la Bisexualidad.

Doctor, me gustan los hombres y las mujeres, ¿es grave? Es una pregunta que muchas personas le hacen a su sexólogo o terapeuta, alarmadas por sentirse atraídas por ambos sexos. En un mundo dividido entre homos y heteros, el bisexual es una rara avis mirada con recelo por los demás, acusado de indecisión y con una no siempre merecida fama de vicios@.

Es una buena noticia, pues, que se celebre al fin en España el Día del Orgullo Bisexual, una efeméride que lleva desde 1999 festejándose en los cinco continentes coincidiendo con el aniversario de la muerte de Sigmund Freud, el primer teórico que habló de bisexualidad, una tendencia sexual que comenzó a estudiarse tarde (mediados del siglo XIX) y de la que más de medio siglo después aún no existe unanimidad si se trata de un estado transitorio o una opción sexual más.

Lo cierto es que Freud y sus contemporáneos tenían muy claro la existencia de bisexuales y, yendo aún más allá, Alfred Kinsey estableció en sus famosos estudios con encuesta realizados en los años 40-50 que sólo un 10% de la población podía clasificarse dentro de las casillas homosexual o heterosexual (quedando así un 90% de bisexuales). “No hay dos poblaciones diferenciadas de homosexuales y heterosexuales», dijo Kinsey. «Sería como dividir el mundo entre ovejas y cabras”.

Entre el Yin y el Yang

Pese a las pioneras conclusiones de Freud y Kinsey, la existencia de la bisexualidad ha sido cuestionada una y otra vez en los últimos tiempos. La aparición del SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual ha creado un clima de rechazo ante los bisexuales, y una ola de bifobia (rechazo hacia los bisexuales y hacia la bisexualidad) que exige a los amantes de ambos sexos que se decidan por una única opción: o carne o pescado. Pero el bisexual es omnívoro y no quiere ni puede escoger.

En el año 2005, un estudio realizado por un equipo de psicólogos de Chicago y Toronto, echó más leña al fuego bifóbico cuestionando seriamente la bisexualidad en general y la masculina en particular. Fue un estudio fiable, por hacerse midiendo el grado de excitación de personas supuestamente «bi» frente a imágenes eróticas de ambos sexos.

El resultado fue que la mayoría de los varones “bisexuales” se excitaban con uno de los dos sexos, con especial preferencia por el masculino. En el caso de las mujeres, la cosa estaba más indefinida, y podían (mas)turbarse con imágenes de ambos sexos, aunque siempre mostraban inclinación por alguno. El estudio, publicado en la revista Psychological Science, provocó una gran polémica y muchos psicólogos se echaron las manos a la cabeza tachando los resultados de poco fiables: resultaba muy arriesgado sentar cátedra sobre un tema tan espinoso, resbaladizo y enigmático como la identidad (bi)sexual.

«Me enamoro de personas, no de sexos»

En enero de 2008, otro estudio (realizado en la Universidad de Utah) desmentía el anterior, afirmando que la bisexualidad, al menos entre las mujeres, no era un período efímero o confuso, sino una orientación sexual más, tan estable como la homo o la hetero. El estudio hizo un seguimiento sexual de una década a 79 mujeres bisexuales entre 18 y 25 años. El resultado, publicado en la revista de la Asociación Estadounidense de Psicología, no dejó lugar a dudas: las mayoría de las mujeres (más del 70%) mantuvieron relaciones estables de más de un año con personas de ambos sexos.

La directora del estudio, Lisa Diamond, declaró que “la sexualidad femenina es menos rígida que la masculina” y, por eso, incluso las lesbianas podían tener relaciones con hombres, asegurando que “me enamoro de personas, no de sexos”.

Con esta última frase, entramos en el territorio de la pansexualidad, o “atracción estética, romántica o sexual por otra persona independientemente de su género”. La diferencia está en la zona del cuerpo: mientras la bisexualidad es un asunto más lúbrico y cambiante (y también más masculino, más proclive a construir barreras macho/hembra) la pansexualidad es patrimonio del corazón, una condición más estable, femenina y espiritual.

Así las cosas, tal vez sería interesante dejar de encasillar y etiquetar al personal y vivir la sexualidad como algo más libre y espontáneo. La vida da muchas vueltas y autodefinirse es limitarse. Por eso, no estaría mal celebrar un Día del Orgullo Pansexual o la Fiesta del Sexo, sin más, una efeméride dionisíaca en la que tuvieran cabida todos los tipos de sexualidad humana. Porque el que hoy come pescado, mañana puede comer carne sin necesidad de cruzar a la acera de enfrente.

Fuente: http://www.adn.es/sexo/20080923/NWS-1963-ser-o-no-bisexual.html

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Así se chupa un pene


Todo sobre la felación, una de las prácticas sexuales más populares de nuestro tiempo que, según un estudio reciente, ha sido recibida alguna vez por un 74’5% de los hombres | Además de los datos, te damos las instrucciones.

A estas alturas, todos sabemos lo que es una felación (del latín fellare, “chupar”). Esto no es la revista Loka y no hace falta explicar que estamos hablando de una práctica sexual basada en agarrar un pene, metérselo en la boca y chuparlo hasta que eyacule (o no). También sabemos que ayer fue una práctica “de culto” y que hoy ya está «democratizada», extendida entre homo, bi, pan y heterosexuales, en todas las capas de la sociedad y en todos los países del mundo.

Más allá del “francés”, nombre aún le dan a la felación en los burdeles más sibaritas, la estimulación bucal del pene tiene cientos de sinónimos, que van desde los anglosajones “head” o “blow job” hasta el argentino “lustrar el pelado”, pasando por el españolísimo “mamada” (también usado en otros países hispanoparlantes), el portoriqueño “cabecear” o el mexicano “bajarse por los chescos”.

Pero… ¿de dónde viene la felación? ¿Cuál es su historia? ¿Además del hombre y de la libélula, qué animales la practican? ¿Dónde está prohibida? ¿Cómo se hace bien? ¿Provoca, como dicen por ahí, cáncer de boca? Son preguntas que intentaremos responder en las próximas líneas, sin pelos (púbicos) en la lengua.

Historia de la “mamada”

Históricamente, resulta difícil estimar cuándo nació la felación. Teniendo en cuenta que los bononos (o chimpancés pigmeos) la practican de toda la vida, podemos aventurarnos a afirmar que el hombre (y la mujer) «comía pollas» mucho antes de ser hombre (y mujer), aunque no se han encontrado pinturas rupestres de felaciones.

Lo que sí sabemos es que el milenario Kama Sutra sí recoge decenas de posturas centradas en la felación, si bien su importancia era relativa: Vatsyayana, su autor, no consideraba la “unión sexual con la boca” como la quintaesencia del amor sagrado, pero sí una guarrería que tenía su función en la sexualidad, aunque en aquellos tiempos fuera practicada sobre todo por los amos con sus eunucos, chavales disfrazados de mujeres que bañaban a sus amos y luego les propinaban ocho tipos diferentes de mamadas.

Ligada en varias especies de animales a la homosexualidad, los arqueólogos descubrieron imágenes de sexo oral pintadas y talladas en baños públicos romanos donde merodeaban protochaperos, muy a pesar de que estas prácticas estaban terminantemente prohibidas.

Felación y prostitución

Las meretrices de Fenicia y del antiguo Egipto dominaban perfectamente el arte de la felación, no en vano fueron las primeras en usar lápices de labios, cuya función era llamar la atención de sus clientes sobre su principal herramienta de trabajo para estos menesteres. Incluso la mismísima Cleopatra fue una felatriz consumada, y según sus enemigos ordeñaba los penes de sus soldados para beber su semen y así conservar su juventud.

En los burdeles más convencionales sólo se hace la «felación de puta» habitual en la era del SIDA: con condón, muy mecánica y casi sin usar la boca (lo hace todo con la mano), aunque pagando bastante más dinero puedes escoger entre otros tres tipos de francés: el bebido (con eyaculación en el interior de la boca), el profundo (o Garganta profunda, en clara referencia al clásico del cine X, que consiste en engullir el pene entero como hacía Linda Lovelace en la citada película) y el natural (sin condón).

Pero en Shangai, la nueva Meca del vicio, ya hay hoteles de lujo que ofrecen la carta Seven textures, para que el cliente escoja entre siete tipos de felación, a saber: al té (en la que se alterna té helado con té caliente para estimular el pene), al eucalipto, con burbujas de champagne o cualquier otra bebida carbonatada, con agua casi hirviendo, con hielo picado, con batido o la traca final con Peta Zetas, que asegura un fantástico orgasmo lleno de grumos y chasquidos.

Por supuesto, no hay que ser profesional del sexo para proceder con arte y elegancia; de hecho, sólo hacen falta tres cosas: ganas, un pene y un buen manual.

Fuente: http://www.adn.es/sexo/20080910/NWS-1940-asi-se-chupa-pene.html

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Practica la gimnasia sexual


Todas hemos practicado la gimnasia… ¿pero que hay de la gimnasia sexual?
Hacer trabajar esta parte del cuerpo tan íntima conlleva beneficios evidentes y ¡sobre todo muy agradables!

* Sensaciones, orgasmo y placer compartido

Más sensaciones Cuando los músculos de la zona sexual están bien trabajados, la sensación de placer es mucho mas intensa.

El orgasmo mas fácil

Con un poco de entrenamiento a la gimnasia sexual, el orgasmo llega más rápidamente.

Los ejercicios sexuales forman parte de la prescripción médica de los sexólogos a los pacientes que tienen dificultades para llegar al orgasmo.

Incluso en las mujeres que funcionan bien sexualmente, el orgasmo se controla mejor cuando se practica la gimnasia sexual.

Mayor placer para él

Cuando una mujer tiene una excelente musculatura sexual, puede apretar la vagina más fácilmente alrededor del pene.

Este sencillo movimiento a veces es calificado de “caricia interior” porque es suave y agradable.

Puede parecer divertido practicar la gimnasia sexual, pero trabajar los músculos íntimos va mucho más allá. Ciertas mujeres sienten una necesidad real: para aquellas que nunca han sentido un orgasmo, después de un parto, etc. En cualquier caso es bueno para disfrutar plenamente de la vida sexual

* Una actividad necesaria en ciertos casos

Después de un parto

El parto estira todos los músculos en torno a la vagina, por lo que un buen trabajo de musculación le permite recuperar rápidamente una buena tonicidad y las sensaciones de placer intactas… o incluso mayores.

Esta es una de las razones que anima a las mujeres a hacer una reeducación del perineo.

Tenemos tendencia a pujar demasiado … ¡cuando vamos al baño!

Puede parecer trivial pero este esfuerzo es exactamente lo contrario de lo que es bueno para el cuerpo.

Pujar no es un buen movimiento y normalmente se debería orinar sin tener que hacer un esfuerzo suplementario ya que estira las fibras musculares.

A veces nos quejamos de un pene demasiado pequeño

En realidad si experimentas pocas sensaciones, puede que no sea debido a la talla del pene de tu pareja.

Una musculación insuficiente de tu vagina también puede ser una de las causas.

Las paredes de la vagina se tocan siempre, así que incluso si el sexo es demasiado pequeño tiene que hacerse sitio.

Si los músculos de las paredes de la vagina no están muy tónicos y se relajan con demasiada facilidad las sensaciones disminuyen.

(enfemenino.com)

Fuente: http://www.elmanana.com.mx/notas.asp?id=90248

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¿Clasificas tus orgasmos?


Aunque la sexualidad se manifestó en el hombre desde los inicios mismos de la especie humana, y aunque ríos de tinta han corrido sobre el tema enfocado desde los más diversos puntos de vista (religiosos, prácticos, biológicos, etc.), lo cierto es que el estudio sistemático y detallado de la sexualidad humana no sobrepasa algunas décadas.

Los más destacados estudiosos de la psiquis humana, clérigos encumbrados, médicos de renombre, todos han esbozado más de una teoría sobre los aspectos más increíbles de una actividad tan natural como comer o dormir. Y si existe un tema sobre el cuál existen aún mitos y leyendas, es el orgasmo femenino. ¿Cuántos tipos de orgasmo hay? ¿Cómo descubrirlos?

Desde los albores del psicoanálisis, y de la mano del recordado Sigmund Freud, la ciencia estableció que sólo existía el orgasmo vaginal. No es menester ser un experto para descubrir por qué esta teoría poco encontró de cierto en la realidad de millones de mujeres que se autodefinieron como anorgásmicas (o peor aún: frígidas) ante la imposibilidad de alcanzar el clímax sólo a través de la penetración.

Luego llegarían otros expertos que lanzaron la hipótesis del “orgasmo clitoridiano“, con lo cual se abrió para las mujeres un nuevo mundo de posibilidades y algunas hasta entonces selladas puertas del placer. Sin embargo, Master y Johnson, dos especialistas reconocidos mundialmente por sus aportes en el campo de la sexualidad, determinaron que sólo es posible alcanzar el orgasmo mediante la estimulación directa o indirecta del clítoris. La confusión crecía. Con la multiorgasmia, el caos fue mayor.

Otros se atrevieron a clasificar hasta 15 maneras diferentes de alcanzar el orgasmo, dependiendo del punto donde éste se originara, y las mujeres se lanzaron a la aventura de identificar (justo en ese momento) dónde sentían ese irrefrenable placer, pocas lo logran.

Contar los orgasmos, saber dónde se producen, clasificarlos de algún modo, es un interés puramente humano. La naturaleza poco sabe de clasificaciones estrictas y sólo se limita a manifestarse en cada individuo de manera particular.

Fuente: http://www.desexualidad.com/%C2%BFclasificas-tus-orgasmos/

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¿Por qué les gustan los senos?


A las mujeres nos encanta que a la hora de tener momentos íntimos, estimulen nuestros senos, por ser una de nuestras zonas erógenas, el estimularlos es indispensable para excitarnos. Es muy evidente que los hombres lo saben, es por ello que forman parte de las 5 razones de ser sus favoritos, aparecen en nivel de importancia:

♥ La excitación: Los buenos amantes saben que el besar, acariciar, lamer… o estimular de cualquier manera los senos femeninos, lograra que se exciten y lo demuestren de forma muy apasionada. Podría decirse que los senos son la llave para lograr el contacto sexual o por lo menos tienen una gran influencia para esto. No importa el tamaño de los senos, si no lo que logren hacer con ellos.

♥ Atracción Visual: Como todos sabemos, para los hombres la estimulación visual es fundamental, mostrar un buen escote mostrando un busto firme y con una textura suave, provocará en ellos el deseo. En los momentos de intimidad, unos pezones erectos provocaran que se exciten y el líbido se eleve. A la mayoría de ellos les encantan las posiciones donde la féminas se encuentran arriba… les encanta ver sus movimientos al compas de sus caderas.

♥ Entretenimiento: Al estimular un par de senos con las manos, la lengua, los dedos o… alguna parte del cuerpo, puede llegar a entretenerlos más que un partido de futbol (bueno algunos varones pueden estar en desacuerdo, pero dudo que prefieran ver un partido del que pueden ver una repetición, a la oportunidad de tener una sesión de entretenimiento tangible dentro de las sábanas).

♥ Selección Natural: Como el resto de la apariencia de la pareja potencial, el tener un par de senos firmes de apariencia sana y “antojable”, son señal de que la portadora de dichos ejemplares tiene una buena condición y un magnífico potencial genético. Esto se relaciona por la necesidad innata de reproducción, el buscar a una pareja que sea idónea para lograr este objetivo, y como mencione antes, en el caso de los hombres esto inicia con la vista.

♥ Tranquilizantes: De forma subconsciente los senos son para ellos tranquilizantes para ellos, pues en parte les recuerda a la seguridad que se tenia cuando bebes, y sobrevivían en base a la alimentación materna (suena extraño, pero es cierto).

Fuente: http://www.tupuntog.org/general/%c2%bfpor-que-les-gustan-los-senos/

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Orgasmo clitoriano


Hablemos de clitoris y pungo G

El Clitoris y el punto G permiten llegar hasta el clímax, pero la combinación de ambos hace posible un orgasmo a lo grande, un orgasmo doble que se puede conseguir con la estimulación de ambos puntos al mismo tiempo.

Se trata del orgasmo mixto o doble, un fantástico fin para una gran fiesta.

El orgasmo clitoriano es más fácil de conseguir por su fácil acceso, mientras que el del punto G, situado en la cara anterior de la vagina, permite un orgasmo más intenso y profundo que reververa en el interior del cuerpo.

Por tanto, ¿cómo sería el orgasmo perfecto?

Evidentemente, la combinación de ambos, ideal para dejarte sin aliento a tí y a tu pareja, a quien le supondrá un doble esfuerzo y le ayudará a durar más.

Además, tu chico se volverá loco viéndote estallar de pasión por lo que su orgasmo también se verá beneficiado.

Conseguirlo es muy sencillo.

Si prefieres experimentar sola primero, puedes hacerlo estimulando primero el clítoris, para después encontrar tu punto G y dedicarte a este punto.

Después, estimula los dos puntos a la vez y déjate llevar por la explosión de placer.

Después, pudes vivir la aventura con tu chico.

La mejor postura para la estimulación del punto G es la siguiente: túmbate en la cama con las piernas colgando en los bordes.

Tu chico debe colocarse delante sin tumbarse mucho sobre ti para poder tener movilidad (si te colocas unos cojines en el trasero conseguirás levantar la vagina y conseguir un mayor roce en el punto G).

Alterna la penetración con la estimulación del clítoris.

Cuando estés a punto de alcanzar el clímax con el punto G, pídele que pare y que estimule el clítoris y pide de nuevo la penetración cuando lo vayas a alcanzar en este punto.

Repítelo varias veces hasta que no puedas aguantar ni un segundo más y prepárate para el orgasmo más explosivo.

(muymoderna.com)

Fuente: http://www.elmanana.com.mx/notas.asp?id=91562

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