El rojo es más excitante



Basandose en varios experimentos psicológicos, dos profesores de la universidad de Rochester, lograron demostrar que el color rojo tiene un tinte afrodisíaco y hace que los hombres se sientan más atraídos por una mujer .

Esta investigación aporta las primeras pruebas empíricas que demuestran el porqué el color rojo suele estar en el imaginario social – ligado a temas de amor y sexo.

Y sí cabe alguna duda sobre cómo el color rojo estar ligados a temas de amor, basta recordar que es un color unido a los corazones, al Día de San Valentín, a la ropa sexy, a los distritos rojos, ligados a la prostitución y en general- durante milenios ha sido un símbolo de romanticismo.

Experimentos

Para poder cuantificar los efectos que genera el color rojo, los profesionales estudiaron las respuestas de diversos grupos de hombres cuando se les mostraba fotografías de mujeres vestidas con una variedad de colores.

Por ejemplo, se les mostraba la fotografía de la misma mujer pero enmarcada en un cuadro rojo y en el cuadro azul. Luego, se les preguntaba cual les parecía más linda.

También se les mostraba fotografías de mujeres con vestidos colorados, azules y verdes cuánto dinero y se les preguntaba cuánto dinero estarían dispuestos a gastar en una cita con esa persona.

Las respuestas a todas estas preguntas, invariable y estadísticamente, mostraron que el color rojo convertía a las mujeres de las fotografías en más atractivas y deseables. Pese a que fueran la misma modelo, pero vestida o arreglada con otro tono.

Fuente: http://davepf1.wordpress.com/2008/11/08/el-rojo-es-mas-excitante/

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El sexo matutino es sanísimo

Un estudio revela que hacer el amor por la mañana unas tres veces por semana fortalece las defensas, levanta el ánimo y mejora el funcionamiento del cuerpo

Riiiing! Suena el despertador. La mayoría de las parejas, se levantan somnolientas, se meten en la ducha, desayunan algo rápido y se van corriendo a trabajar. La mayoría no saben que, si se levantaran un poco antes y echaran un buen polvo, aunque sea rápido, su salud mejoraría de forma considerable.

O, al menos, eso es lo que dice un estudio realizado en Londres por la Queen’s University de Belfast y publicado en la revista New Scientist: el buen sexo matutino, practicado un mínimo de tres veces por semana, mejora el funcionamiento de distintos órganos y aumenta notablemente la calidad de vida.

El estudio también revela que hacer el amor por las mañanas multiplica y fortalece anticuerpos que dotan de protección inmunológica al cuerpo humano y lo ayudan en su lucha contra los microorganismos que lo atacan, amén de mejorar la circulación y reducir la presión sanguínea y, por consiguiente, el riesgo de infarto.

Cópulas curativas

Entre otras cosas, el estudio subraya el hecho de que practicar sexo de buena mañana es un ejercicio que quema unas 3.000 calorías por hora y, de esta manera, disminuye el riesgo de padecer diabetes, amén de fortalecer huesos y músculos y aliviar dolencias como la artritis o la migraña.

Además de sanos, los que hagan el amor al comenzar el día estarán más guapos, ya que el orgasmo aumenta los niveles de estrógeno y hormonas directamente relacionados con el brillo y la tersura de la piel y la salud del cabello.

En cuanto a los beneficios que tiene para el género masculino en particular, el estudio londinense afirma que los hombres producen más testosterona si practican sexo matutino, cosa que fortifica los huesos y previene la osteoporosis.

Las mujeres que lo hacen “a pelo” se deprimen menos

En cuanto a al sexo femenino, un estudio de la State University de Nueva York realizado entre 300 estudiantes, reveló que aquellas que hacen el amor por la mañana (y sin preservativo) mejoran de forma importante su estado anímico y son menos propensas a caer en una depresión. Se demuestra así, una vez más, el poder ansiolítico del semen.

Otro estudio reciente, realizado por la Escuela de Medicina de Yale, también recomienda vivamente el sexo matutino, asegurando que protege a la mujer contra la endometriosis (aparición y crecimiento de tejido endometrial fuera del útero).

Así que, nada, contra la depresión, la enfermedad y el mal rollo, ni Prozac, ni vitaminas, ni gaitas: una buena sesión de sexo matutino tres veces a la semana y la vida volverá a sonreir.

Fuente: http://www.adn.es/sexo/20081028/NWS-2411-sexo-matutino-es-sanisimo.html

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Sexo con la amante ideal

Todo el mundo ha soñado alguna vez con un compañer@ que fuera un sabio conocedor del arte amatorio. Como ya os comentábamos en un artículo anterior acerca de los hombres que, sin ser príncipes azules, han logrado estar muy cerca de ser el amante ideal, son conocimientos que se pueden aprender y entrenar.
Pero no es algo que sólo anhelen las mujeres, también los caballeros tienen su derecho a buscar esperanzados a la dama que pueda considerarse digna de ser llamada, en el mejor de los sentidos, “la amante ideal”.
Para ello, dejamos atrás la imagen distorsionada de la fémina que quiere sexo a todas horas. Tampoco vamos a recurrir a esos mitos eróticos de las portadas de las revistas, pues hablamos de mujeres en movimiento, que van más allá de una fachada sensual de atributos pagados a base de bisturí. A continuación os recopilamos algunas de las características que los hombres valoran en sus compañeras de juegos amatorios:
– La amante ideal no es una mujer que espera pasiva a que sea su pareja siempre el que comience el contacto. Le gusta que se alternen los papeles, y llevar a veces la iniciativa, porque sabe que no es algo que esté adjudicado a uno de los sexos únicamente y de forma rígida. Se le queda caducado el cliché de señora que no se cuestiona si le apetece o no tener relaciones íntimas, porque cree que es algo que le corresponde decidir al hombre.
– Propone fantasías sexuales, dado que vive con libertad su sexualidad, sin miedos ni culpabilidad. Se ha desmarcado de tabúes, y entiende que expresar sus gustos y preferencias sexuales no sólo no rebaja, como le han hecho creer los sectores machistas de las generaciones anteriores, sino que la dignifica como persona con derechos sexuales legítimos.
– Le gusta sentirse admirada, sensual y femenina, sin pensar que su único valor es el atractivo físico. Cuida su imagen y su cuerpo, como parte de la estética y la salud, sin tener que sentirse una mujer objeto por ello. También, es seductora y disfruta empleando el lenguaje no verbal de su cuerpo como un elemento erótico más.
– No aguarda escondida en el coche a que sea su pareja el que entre en la farmacia a comprar los preservativos. Se responsabiliza de forma equitativa en el uso y adquisición de los métodos anticonceptivos. – No espera resignadamente a que él adivine sus zonas erógenas o lo que le gusta, opta por comunicarse y hablar abiertamente de sexo con su pareja. Hace caso omiso a la creencia de que expresar los gustos, en lugar de adivinarlos, es perder el romanticismo. – Comprende que el deseo sexual es algo que se trabaja, y que no es necesario tener ganas de 10 para compartir unos instantes de afectos y sexo con la pareja, basta con cierta disposición a la intimidad o a la sensualidad del momento.
– Es asertiva y sabe decir “no” cuando no le apetece tener relaciones sexuales, sin tener que mentir, poner excusas, o evitar acostarse al mismo tiempo que su pareja. No necesita fingir un orgasmo, porque sabe explicarle que requiere de más estimulación para conseguirlo, y de todas formas, no quiere hacer de ello el objetivo por excelencia durante los encuentros. – No se violenta cuando su compañero le expresa en voz baja en un sitio público que quiere hacer el amor con ella cuando lleguen a casa, o que está especialmente atractiva. Sabe traducir algunas expresiones de él en este sentido, sin incomodarse con falsas poses puritanas y retrógradas. – No se muestra distante, fría o apática si él tiene un problema de erección, sino que intenta desdramatizarlo con humor, mostrarse comprensiva y ayudarle a relajarse para que se convierta tan sólo en una dificultad a superar entre ambos.
– Ayuda a su compañero a través de la masturbación controlada a entrenarse para prolongar el tiempo del coito, sin que se produzca una eyaculación precoz indeseada. Los reproches y el mutismo no están en su repertorio, ya que es algo que pueden solventar entre los dos. – Separa la sexualidad que ofrecen las películas románticas de la vida real, y no se frustra cuando no se dan al 100% los orgasmos simultáneos de la gran pantalla.
– No asocia la práctica del sexo oral a algo negativo. Si no se encuentra cómoda sabe decir que “no” sin miedo al rechazo, pero está abierta a propuestas y sugerencias sobre cambios sexuales de posturas, juegos, etc, pues le gusta informarse y explorar. – Además de comprar en las tiendas de ropa, es capaz de visitar un sexshop y adquirir artículos curiosos con los que enriquecer su vida y juegos sexuales.
– Bajo ningún concepto menciona las palabras “mis padres” o “los niños” mientras está en la cama. Sabe concederse su espacio de intimidad y reservarse momentos de privacidad con la pareja, separándolos de sus otras áreas personales.
– Cuando está embarazada no se deja invadir por falsas ideas sobre el daño al feto que las relaciones sexuales pueden causar. Tiene una actitud crítica y acude asesorarse a fuentes médicas fiables. Disfruta del sexo durante la gestación, y explora de mutuo acuerdo con su compañero las posturas más recomendables para su estado.
– No se asusta si encuentra películas pornográficas de él, tal vez se decida a ver alguna juntos, aunque sea para criticarla o sacar temas a debatir, y así aproveche la ocasión para intercambiar con él algún relato erótico que ella andaba leyendo.
– Concibe el autoerotismo como una expresión normal de la sexualidad, que no es incompatible con desear plenamente al otro.
La sexualidad de hombres y mujeres es distinta, y como tal hay que aceptarla, conocerla y expresarla. Habría menos decepciones en las alcobas si entendiéramos que igual que la anatomía es diferente, cada género tiene preferencias y ritmos peculiares a la hora de vivir su sexualidad.
Nadie es perfecto, y estamos en continuo aprendizaje, pero si combináramos este perfil de amante perfecta con el de su análogo masculino, el resultado sería más que explosivo: amantes que se cuidan y ejercitan en el arte milenario del sexo y del amor.
Fuente:educasexo.com

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Glory Holes ¿los conoces?

Por zudonna

Seguro que muchos de vosotros habéis escuchado hablar alguna vez de los Glory Holes (agujero glorioso) . también conocidos como pasillo francés.
Para los que no estéis familiarizados con este término, deciros que se trata de un agujero situado de manera estrátegica en la pared, normalmente de baños públicos o cabinas de sex shops, el cual se utiliza para mantener relaciones sexuales de manera anónima con la persona que esté al otro lado.

Glory hole también da nombre a los agujeros que existen en algunos juguetes sexuales o bien en las muñecas hinchables.

El funcionamiento es muy simple, un hombre introduce el pene en el agujero para que la persona que está al otro lado pueda practicarle sexo oral (es lo más habitual), sexo anal o vaginal si participa una mujer. Es una práctica muy excitante por el hecho de no ver que ocurre al otro lado mientras se recibe placer, pero también puede resultar un tanto peligrosa.
Originariamente era un práctica exclusiva de homosexuales pero con el tiempo se ha extendido mucho y tanto lo practican en ambientes hetereosexuales como homosexuales.
También es muy común encontrarnos glory holes en locales de intercambio de parejas o bien de temática sexual. En estos lugares se les suele conocer más como pasillo francés, ya que como su nombre indica, es un pasillo repleto de agujeros situados a la altura de la pelvis.
Es una manera sencilla y diferente de tener sexo con desconocidos y que cada vez gana más seguidores o curiosos que quieres probarlo.
Otra alternativa de los glory holes puede ser utilizarlos como voyeur, para poder observar o espiar que ocurre al otro lado.
Lo que si que es cierto es que hay que ir con cuidado de donde metes el pene o con quien juegas, ya que no sabes que te puedes encontrar al otro lado y tal vez pueda convertirse en una experiencia desagradable ya sea por transmisión de alguna enfermedad venérea o bien porque la otra persona no tenga delicadeza y pueda llegar a hacer daño.
También ocurre que muchos hombres heterosexuales que quieren experimentar en un pasillo francés no se atreven por miedo a encontrarse con un hombre al otro lado del muro, pero para ello hay algunos trucos. Por ejemplo puedes mirar por el agujero antes de introducir nada para ver quien hay, o bien pactar con una mujer para que se coloque al otro lado.

Cuando un hombre acude a un pasillo francés o glory hole tiene dos alternativas, introducir el pene en un agujero y esperar a que alguien se anime, o bien introducir primero la mano haciendo un gesto de llamada, para saber si hay alguien al otro lado responde con una caricia.
Si no lo has probado nunca y tienes curiosidad, te recomiendo que la primera vez acudas con un conocid@ con el que puedas ponerlo en práctica, así te aseguras una tranquilidad. O bien ir a un lugar donde tengan glory holes y sea de confianza.
Si quieres saber lo que se siente en un glory hole, tienes varios lugares donde probarlo. Por ejemplo para el colectivo gay existen un par de sex shops donde ofrecen esta posibilidad: Boyberry y Nostromo (c/Diputación, 208) en Barcelona y el sex shop de la plaza Cubo en Madrid.
Por otro lado hay locales de intercambio, como comentaba antes, que tienen pasillo francés como Rainbow, Libert ,6y9 o patty club en Barcelona y Sala Trivial, Pub Triángulo o Encuentros de Madrid.
Como ves si tienes curiosidad por saber que se siente no tienes excusa.
¿que te parece la idea? ¿has probado alguna vez un glory hole? ¿te gustaría?
Anímate y cuéntame tu experiencia.

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El clítoris no es un pene pequeño

Por: Josesp Tomás

A mí el monoteísmo siempre me ha parecido un aburrimiento. A la hora de amenizar la fe, agradezco los intentos católicos de generar un santoral extenso y superpoblado, con santos y vírgenes de todo y para todo, como intentó explicar atropelladamente Almodóvar a los americanos, cuando le dieron un Óscar.

Sin embargo, el panteón de los antiguos griegos resulta bastante más entretenido. Y no lo digo sólo por las debilidades y vicios humanos que presentan dichos dioses y figuras mitológicas (adentrarse en la mitología griega es como ver un culebrón venezolano), sino porque en ellos encontramos el origen de muchas palabras, tradiciones y costumbres que han llegado hasta nuestros días, aunque sea travestidas o ligeramente adulteradas. Todo este rollo viene a cuento de la princesa Clítoris.

Para algunos estudiosos de la mitología helénica, Clítoris fue una princesa del reino de los mirmidones que era tan pequeña, tan pequeña, que Zeus tuvo que transformarse en hormiga para poseerla (una de las mayores aficiones del papichulo del Olimpo griego). Para otros expertos, esta teoría es una simple tomadura de pelo y refleja las ganas de quedarse con el personal por parte de algunos cantamañanas, posiblemente seguidores de la serie de dibujos animados ‘Ulises 31’ (la primera toma de contacto con el politeísmo que tuvimos muchos niños).

Sea como sea, llama la atención que los mirmidones fueran hormigas que Zeus metamorfoseó en hombres para repoblar Tesalia y que, al igual que su princesa, eran de complexión menuda pero muy fuertes. Vamos, como un clítoris. Chiquito, pero matón.

En el clítoris convergen más de 8000 terminaciones nerviosas. Más que en cualquier otro órgano o parte del cuerpo humano. Teniendo en cuenta que todo ese entramado nervioso (dos veces mayor que el del pene) no participa en ninguna función orgánica más que la que tiene, proporcionar un inmenso placer y grandes sonrisas, no es de extrañar que muchas organizaciones místico-religiosas a lo largo de la Historia hayan intentado ignorarlo o, en el peor de los casos, extirparlo. Se calcula que entre 100 y 140 millones de niñas y mujeres en todo el mundo han sufrido una mutilación genital. La más habitual es la clitoridectomía, es decir, la extirpación total o parcial del clítoris. Como consecuencia de esta barbaridad, muchas niñas mueren a causa de infecciones y hemorragias. Las que no, quedan incapacitadas físicamente para experimentar sensaciones placenteras derivadas de la actividad sexual para el resto de su vida.

La mayoría de estas mutilaciones se producen en países del área subsahariana de África, de religión musulmana o animista, aunque hay que decir que ninguna práctica religiosa tiene el ‘copy right’ de semejante burrada. Algunas sectas fundamentalistas cristianas en Estados Unidos también la practican. Eso sí, en un quirófano.

¿Qué tiene el clítoris que pone tan nerviosos a algunos? Sobre todo su inmenso poder a la hora de proporcionar placer. No hay que olvidar que la mayoría de las mujeres llegan al orgasmo mediante su estimulación. Esto ha llevado a muchos a identificar a la también llamada campanilla o placer de Venus con el pene. Dicha comparación es incorrecta, aunque algunos sólo la utilicen como chascarrillo recurrente a la hora de cabrear a una feminista militante. Aunque el clítoris también aumenta de tamaño durante el acto sexual y se corresponde con el pene en su desarrollo embrionario, en su interior no se encuentra la uretra. Simplemente es un manojo de nervios más espectacular que Belén Esteban en un plató de televisión. Y en cuanto al tamaño, uno de los temas estrella cuando hablamos de los genitales, más de uno se llevaría una sorpresa si supiera que algunos clítoris son más grandes que un pene. Sólo una décima parte del clítoris está a la vista, recubierto parcialmente por los labios menores. En total, se calcula que mide unos 10 centímetros de promedio. No suele ser habitual, pero se dan casos de mujeres cuya porción visible de clítoris llega a medir más de seis centímetros. O sea, más que lo que les cuelga a algunos entre las piernas. En muchos de estos casos se trata de una simple cuestión natural, aunque el uso de esteroides, como los que utilizan las atletas para aumentar la masa y la fuerza muscular, puede ocasionar este exagerado desarrollo como efecto secundario.

Para los interesados en este fascinante mundo de la sexualidad femenina, para algunos emparentado con la ciencia ficción, recomiendo echar un vistazo a esta web. No es un prodigio de diseño, pero no desprende el tufillo de anuncio de compresas tan habitual cuando se abordan estos temas.

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Marcar paquete

Por Josep Tomás

De la manera más tonta. Como quien no quiere la cosa. El otro día estaba yo navegando por la Red, una de esas tardes en las que simplemente te dejas llevar sin buscar nada en concreto cuando, de pronto, el título de un vídeo me llamó poderosamente la atención: ‘Big Sarko’.

Sabiendo cómo se las gasta Nicolás Sarkozy y su reconocida afición a montar pollos, pensé que se trataba de alguna de las clásicas salidas de tono del presidente francés durante una entrevista o en la inauguración de una feria agrícola. También me pasó por la cabeza que quizás se trataba de un discurso vibrante del señor Bruni, durante la última campaña electoral, lleno de orgullo, patriotismo y ‘grandeur’.

Ya, todo esto lo pensé mientras se cargaba el vídeo. Definitivamente, tengo que comprarme un ordenador, porque el que tengo va a pedales… En fin, en cuanto sonó el consabido clic y empezaron a sucederse las imágenes, me quedé de pasta de boniato. Sí, en el vídeo se puede apreciar cierta ‘grandeur’. Concretamente de bajos. Los del señor Sarkozy. Aquí os lo dejo.

Juzgad por vosotros mismos e imaginaos por qué Carla Bruni sonríe tanto y canta tan bajito. Será para no despertar a la bestia, digo yo.

Además de alucinar con que alguien se haya dedicado a poner fondo musical de película de acción al descenso de la pirámide de Sarkozy y su baguette-entrepierna, no deja de sorprender la afición por marcar paquete de muchos hombres. Incluso estadistas de talla internacional, como es este caso. Por supuesto, en aquellos hombres en los que la naturaleza ha sido más generosa, hay formas y bultos que son difíciles de evitar. Sin embargo, con no ponerse unos pantalones muy ceñiditos, problema solucionado. Se conoce que Nicolás Sarkozy hacía tiempo que no salía de excursión, en plan ‘sport’, y los vaqueros le han quedado estrechos por culpa de tanta cena oficial.

En la actualidad, entre los especímenes más jóvenes del sexo masculino no se lleva nada marcar paquete. De hecho, la estética imperante y mayoritaria consiste en llevar unos pantalones tres tallas más grandes, caídos a medio culo y con los calzoncillos más arriba de la cintura (tipo Julián Muñoz). Sin embargo, hasta hace pocos años, marcar paquete procedía. Sobre todo si eras ‘heavy’. Yo tenía unos vaqueros en los que me tenía que embutír pegando botes. Todavía no sé cómo no se me gangrenaron las piernas. O me dio una embolia. Lo que sí recuerdo perfectamente es la incomodidad y la tortura atroz que suponía llevar esos pantalones (además, manchados de lejía, para desazón y berrinche de mi señora madre). Por suerte, gracias a mis dimensiones genitales más modestas que las de ‘Big Sarko’, apenas provocaron desmanes o desórdenes públicos durante mi turbulenta pubertad.

La época dorada del paquete marcado hay que situarla en los años 70 del siglo pasado. La revolución sexual y el aire de libertad imperante en aquellos años contagiaron inmediatamente al mundo de la moda, subiendo faldas, vaporizando tejidos y, en el caso de los hombres, marcando genitales. El resultado estético, a años vista, no sólo es dudoso sino que en algunos casos incluso es cómico. Basta recordar a los cantantes melódicos de aquella época (Pablo Abraira, Juan Bau o el mismo Camilo Sesto), cantándole al amor de manera sentida, con unas protuberancias inauditas a la altura de la entrepierna. ¿Quizás se ayudaban de un calcetín para conseguir tales espectaculares efectos visuales? No se sabe. La moda tiene estas cosas.

A pesar de todo, algo parece indicar que el tema del paquete vuelve a estar de moda, después de la epidemia metrosexual y andrógina de los últimos años. En la Red es posible encontrar entusiastas del paquete masculino, como los responsables de esta página. La galería de fotos de famosos es inenarrable. Incluso está George Bush, el día que se disfrazó de aviador para anunciar que se había acabado la guerra de Irak. Marcaba paquete. También hay que destacar que algunos fabricantes de ropa interior masculina han creado unos slips cuya característica fundamental es que realzan la genitalidad del usuario gracias a su diseño. Todo para arriba, que decía Paulina Rubio. En cualquier caso, no está de más recordar que una ropa interior o unos pantalones excesivamente ajustados pueden dañar seriamente la capacidad fertilizadora del hombre debido a la temperatura elevada a la que se somete a los testículos. De todas maneras, estoy seguro que la fertilidad no es la máxima preocupación de los potenciales compradores de estos calzoncillos. Creo.

¿Y las mujeres? Pues también marcan paquete. O pueden hacerlo. En este caso, los anglosajones llaman al fenómeno ‘camel toe’ (pezuña de camello) y parece ser que también goza de muchos seguidores y practicantes. Al menos, para ir a la playa. Cuestión de poderío. Ah, y en esta web venden unas prótesis estupendas para marcar pezuña. Si es que está todo inventado…

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El arte de la felación

Ilustración: Ricardo Fumanal

Por Josep Tomás

Hace unos años, en el programa ‘Me lo dices o me lo cuentas’ nos pasó algo muy gordo. Tanto, que está colgado en Youtube desde hace tiempo y su protagonista debe estar maldiciendo la hora en la que decidió ir a la tele.
La anécdota la protagonizó una chica que vino al programa a preguntarle a Lorena Berdún cómo debía realizar correctamente una felación a su pareja, puesto que él siempre se quejaba del daño que le hacía. Cuando la chica llegó a los estudios de Telemadrid nos dimos cuenta de la dimensión del problema: su dentadura era tremendamente aparatosa. Ni qué decir tiene que en cuanto salió al aire su testimonio, el ataque de risa del público de plató fue mayúsculo.
Los problemas de ortodoncia suelen despertar la crueldad de los demás, sin duda. Sin embargo, a mí me pareció un acto muy valiente que la chica se atreviera a exponer en público sus problemas en esas artes, sobre todo teniendo en cuenta la mala prensa que siempre ha tenido la felación entre la población en general, desde los albores de la Humanidad. Para hacernos una idea, incluso los romanos, con lo que eran, consideraban la felación como una práctica sexual indigna para un ciudadano.
Como explica Alfonso Cuatrecasas en su obra ‘Eros en Roma’ toda práctica sexual que implicara la pasividad (en este caso dar placer con la boca) estaba muy mal vista socialmente. De hecho, uno de los peores insultos que te podían decir en el foro era ‘irrumabo te’, textualmente, ‘haré que me la mames’… De todas maneras, para las prostitutas romanas, la felación era un auténtico señuelo para captar clientes. Muchas de ellas masticaban hojas de menta antes de entrar en materia para dar más placer a sus clientes. El clásico contraste frío-calor que algunos siguen practicando con unos enjuagues de elixir Licor del Polo. Vamos, que está todo inventado.
En algunos grafittis descubiertos en Pompeya se puede leer: «Lais la chupa por dos ases» o «Félix la chupa por un as»… Vamos, como la página de contactos de cualquier periódico actual… Bueno, ahora le llamamos beso francés. A este respecto, hay que aclarar que el ‘french kiss’ anglosajón es el beso con lengua o morreo de toda la vida. ¿Por qué en castellano a la felación se la denomina francés? No sé, quizás se deba al espíritu del 2 de mayo tan arraigado en nuestro inconsciente colectivo. O puede que la causa sea la tradicional identificación de todo lo ‘francés’ con un erotismo elaborado y desatado. No en vano, la estimulación oral de los órganos sexuales masculinos no ha sido algo muy frecuente en muchos dormitorios hasta hace cuatro días… Sea como sea, y ya que me he levantado didáctico, la felación es sólo una de las diferentes modalidades del sexo oral. Los entendidos en la materia también hablan de la irrumación. La diferencia entre ambas se debe al rol pasivo o activo de quien realiza la estimulación oral de los genitales masculinos. Si mantiene una actitud activa, se trata de una felación. Si se limita a abrir la boca, dejando que sea el dueño del pene el que se mueva, estamos hablando de una irrumación.
Personalmente nunca he creído demasiado en ‘manuales tipo Aprenda alemán en 7 días’, sobre todo cuando se trata de cuestiones sexuales. Aunque está bien tener una buena base, este tipo de divertimentos se aprenden, sobre todo, practicando. Sin embargo, para los más inquietos en cuestiones orales, les recomiendo la lectura de ‘El arte de la felación’, del sexólogo francés Mark Emme (seudónimo de Christian Boisson-Jacob), una auténtica eminencia en este campo en el país vecino. Se trata de una completa guía de posturas orales con nombres tan poéticos como Cibeles, Agripina, Artemisa o Cleopatra, por cierto, una extraordinaria felatriz según la historiografía más apócrifa.

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Ser adicto al sexo no tiene gracia

Los afectados sufren temblores, ansiedad y síndrome de abstinencia – Esta obsesión enfermiza les lleva a buscar sesiones de sexo para mitigar la angustia – El 85% son hombres.

JOSEBA ELOLA 12/10/2008

Vale ya de chistes fáciles. Ser adicto al sexo es ser un adicto. Es como ser yonqui. Miedo, temblores, mono. Sesiones de horas de sexo que no producen placer y que sólo mitigan por unos instantes la angustia, la ansiedad. El infierno por el que pasó Ricardo, que perdió sus dos trabajos y a su mujer, nos servirá para entender de qué hablamos. Vale ya de chistes fáciles. Ser un adicto al sexo no tiene ninguna gracia.
Luis llegó a gastarse 2.400 euros en una noche en el prostíbulo
Practicar sexo tres veces al día no quiere decir que uno sea adicto
«No hay diferencia entre el drogadicto y adicto al sexo», dice un experto
Ricardo perdió una casa y dos trabajos por su adicción. Su mujer le dejó
La adicción al sexo está en el centro del debate. Y no porque el actor David Duchovny haya pasado por una clínica. Hoy por hoy, no está reconocida como tal en el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (Disease Statistical Manual -DSM IV TR-), la biblia de los psiquiatras, el manual que permite efectuar un diagnóstico. Stricto sensu, no existe. Muchos de los que en Estados Unidos preconizan que se incluya en la próxima revisión de esta biblia, en 2012, otorgan una dimensión moral al debate, un cierto puritanismo. En España, un buen número de los que apoyan su incorporación al DSM abogan porque se reconozca una realidad innegable. El debate está abierto y lleno de matices. Pero hay algo en lo que todos, psiquiatras, terapeutas, sexólogos y pacientes, coinciden: estar enganchado al sexo no tiene ninguna gracia.
Las luces de los clubes de carretera, cada dos por tres, saliendo a su paso. Para Luis, circular de noche con su coche era exponerse a volver a caer. Luis es un nombre ficticio. Sólo su familia sabe que es adicto al sexo. El estigma social en torno a esta enfermedad es una losa.
Le cuesta contar su historia. Sentado en una consulta del Centro para el Tratamiento y la Rehabilitación de Adicciones Sociales (Cetras) de Valladolid, recuerda sus días de calvario. Las luces de colores de los clubes eran como la musiquilla que llama al ludópata para que eche otra moneda a la máquina. «Todo está perfectamente pensado para atraerte», dice, y tuerce el gesto: «La tentación es más grande que la voluntad».
Luis tiene 44 años y trabaja como comercial. O sea, viaja constantemente. Su trabajo le ofreció durante años una cierta cobertura, un catálogo de coartadas para su mujer. Hasta que llegaron los problemas de dinero. Entonces ya no hubo modo de tapar la evidencia con más mentiras.
Empezó a frecuentar prostíbulos con los libros de la Facultad bajo el brazo. Siempre iba solo. El trabajo trajo dinero, y el dinero, más visitas a los clubes. Noches cada vez más largas. Despertares junto a dos chicas. Prostitutas que le vendían coca para aguantar toda la noche. La factura de esas escapadas fue creciendo. Llegó a gastarse 2.400 euros en una noche.
Comenzó a llegar tarde a sus citas laborales. A utilizar su dinero y el de la empresa. A vigilar el buzón para interceptar las cartas del banco. Llegó un momento en que abría las páginas de contactos de los periódicos y sólo con ver el teléfono sabía en qué club se encontraba la chica del anuncio. «Los últimos tres meses fueron de locura, iba de putas todas las noches». Hasta que se encontró en un callejón sin salida, hace cuatro años. «El dinero me faltaba, la empresa me lo podía reclamar. Piensas en desaparecer, en estamparte contra un camión. Pero tuve un momento de lucidez y llamé a mis hermanos», dice subiendo la voz.
Necesitaba 8.000 euros. Le dijeron que no. Que pidiera un préstamo y que hiciera frente al problema ingresando en el Cetras. «Ahora agradezco que no me dejaran ese dinero, enfrentarme a mi problema fue lo mejor que podía hacer».
Cuatro años de terapia han pasado. Luis sigue acudiendo todos los miércoles por la tarde a este centro situado junto al campus universitario de Valladolid. Su mujer le dio una oportunidad y la ha aprovechado. Ha superado «el distanciamiento» que le separaba de ella. Ha aprendido a disfrutar de «los pequeños placeres de la vida». Juega de nuevo con su hijo. «Hay que pedir ayuda antes de llegar al límite», dice. Eso sí, nunca más podrá llevar una visa en el bolsillo.
«Es una patología de la libertad», dice Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco. Cuando hay adicción, la persona lo pasa mal, no encuentra satisfacción, es incapaz de frenar y su obsesión interfiere en su vida. Afecta a su trabajo, a su capacidad de concentración, a su economía.
Hay parejas que practican sexo dos o tres veces al día y eso no significa que sean adictos al sexo. «Eso es la pasión de una relación que comienza, por ejemplo», declara la sexóloga Miren Larrazábal, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología. Hay personas que se masturban dos veces al día, dice, y eso no tiene por qué ser patológico. «Si eso no les causa problemas con su pareja, si no interfiere en su vida, si saben controlarlo, no hay problema. La persona que sufre adicción sólo obtiene placer en el momento, al final del clímax sexual ya se siente mal, vuelve la ansiedad, que va a más y que necesita volver a aplacar con más sexo».
De hecho, más de uno se agarra a la cantinela de la adicción al sexo para justificar su comportamiento en pareja. La sexóloga Charo Castaño, que atiende a mujeres en el Instituto Palacios, cuenta que en ocasiones ellas vienen acompañadas del marido, que dice que la mujer no le da lo que él quiere y que por eso lo busca fuera de casa, que no lo puede evitar. Francisco Cabello, presidente de la Liga Internacional para la Promoción de la Salud Sexual, asegura que es una coartada frecuente. «Si un hombre es infiel, no es que tenga una enfermedad, es que ha roto con sus valores. También hay gente que utiliza con frecuencia la prostitución y no tiene una adicción al sexo». Cabello también recibe a parejas en las que el hombre plantea que su mujer tiene adicción porque lo quiere hacer todos los días: «Son casos de falta de deseo masculino, hacerlo todos los días no es malo, ¿acaso decimos que alguien es adicto cuando ve dos partidos de fútbol al día?».
Fernando Pérez del Río, autor del libro Nuevas adicciones, ¿adicciones nuevas?, defiende que hace falta un diagnóstico común para todas las adicciones. «No hay gran diferencia entre el adicto al sexo y el drogadicto. No podemos estar inventando una nueva adicción cada tres años, se crea alarma social». En el Cetras de Valladolid, de hecho, uno de los centros pioneros en adicciones sociales en España, los adictos a las compras, a Internet y al sexo hacen terapia juntos.
Miércoles pasado, 18.30. Nueve pacientes están sentados en corro. Adelina Bernardo, la terapeuta, dirige la sesión. Hay una nueva incorporación al grupo, una mujer de mediana edad que se ha vuelto adicta al messenger, así que toca que cada uno de los pacientes se presente. Luis, el único adicto al sexo que acude a la terapia esta tarde, da el paso adelante y cuenta su caso. Poco después interviene Juan. «Yo entré aquí en el año 2000. Dejé el alcohol y lo cambié por una adicción a las compras. Me mentía a mí mismo y mentía a todos los demás». Olga, de 26 años, sentada a su lado, asiente. Ella padece bulimia y dependencia emocional, una adicción en la que una persona se convierte en el objeto adictivo de la otra. Todos tienen la sensación de tener mucho en común.
«Cuando escucho a alguien contar su adicción a la coca o al alcohol, siento que ésa es mi historia», dice Ricardo, otro de los nueve pacientes adictos al sexo que acuden a este centro, «el sudor, los temblores, la angustia, el miedo, el deseo desenfrenado de conseguir lo que necesitas». Ricardo -nombre ficticio-, de 49 años, perdió una casa y dos puestos de trabajo por su espiral adictiva. Su mujer le dejó. Cuando entraba en un restaurante, fijaba la mirada en una mujer, le daba igual que estuviera acompañada. La miraba y hacía un gesto. Si ella se levantaba al baño, aprovechaba el momento y se acercaba a proponerle un encuentro furtivo. «No me importaba que me diera una bofetada, si lo lograba, conseguía mi objetivo. No tenía reglas, ni moral, ni respeto por nada», dice, sujetando su cabeza entre las manos. Tuvo una recaída el pasado mes de enero. Dejó de comer, perdió 22 kilos, se le empezó a caer el pelo. Su mujer, de la que se separó un tiempo, ha vuelto junto a él para apoyarle.
Los adictos al sexo consultados dicen que siempre les faltó personalidad. Que no sabían decir que no. Que existía una enorme falta de autoestima y de confianza en sí mismos. Como Pedro, que trabaja solo en casa y cuya vida cambió con la llegada de Internet. Casado y con tres hijos, lleva cinco años en terapia. «Podía visitar páginas porno durante 12 o 14 horas al día. Acabé con molestias en el codo, de tanto usar el ratón», cuenta, apesadumbrado. Aún no ha salido del túnel, sigue trabajando en casa, e Internet está ahí. «Es como tener un mechero en una mano y un cigarro en otra para un adicto al tabaco».
Hay clínicas que ofrecen soluciones milagrosas al problema en 45 días. De hecho, los famosos suelen ingresar en centros de los que salen al poco tiempo. «En 45 días da tiempo a que la persona se centre y se dé cuenta de que tiene un problema», dice Adelina Bernardo. Hacen falta entre seis meses y un año para que la persona se estabilice. Y como ella suele explicar, ser adicto al sexo es como tener diabetes. Hay que mantenerse vigilante toda la vida, como el alcohólico que no debe volver a probar un sorbo. Eso sí, con la terapia se puede volver a la vida, salir del infierno.

La combinación con la cocaína
«Veo muchos adictos combinados sexo-coca», dice el director del Instituto Andaluz de Sexología, Francisco Cabello. Personas que en sus noches de desenfreno tienen que recurrir además a la viagra para no perder la erección que el consumo de cocaína produce.
La psicóloga Adelina Bernardo explica que, en muchos casos, detrás de la adicción al sexo hay episodios de abusos sexuales en la infancia. O padres que han hecho que los hijos desarrollen un sentimiento de culpabilidad frente al sexo.
El Instituto Dexeus de Barcelona realizó un estudio clínico entre sus pacientes hace dos años. De los 65 adictos al sexo que estudiaron, el 85% eran hombres. El 32% presentaban adicción a tóxicos; un 18% habían sido compradores compulsivos, y un 5%, eran jugadores patológicos. El 21% sufría un cuadro depresivo.
El psiquiatra Josep Maria Farré, que lleva años estudiando este fenómeno, explica que hoy por hoy la adicción al sexo no está reconocida como tal por la comunidad científica. Y que lo que se está planteando es su inclusión en el grupo de los trastornos del control de impulsos, un capítulo en el que hoy se hallan la ludopatía, la piromanía, la cleptomanía o la tricotilomanía (arrancarse el cabello). «Debemos aceptar que es un fenómeno que existe y estudiarlo».
Enrique Echeburúa también se muestra partidario de que se reconozca su existencia. Eso sí, ambos se desmarcan de la cuestión moral que acompaña al debate en Estados Unidos. «La sexualidad está siendo patologizada», explica por teléfono desde la Universidad de Indiana el investigador Brian Hodge.
Farrés dice que, entre los adictos al sexo, los más impulsivos pueden llegar a ser acosadores sexuales. El doctor Blas Bombín, fundador del Cetras, asegura que la adicción al sexo es la única adicción que no es atenuante y que puede llegar a ser agravante en un juicio. «El clima de alarma social es de rechazo a estos adictos, se les estigmatiza como si no tuvieran remedio. Pero son personas rehabilitables».
Añade que el perfil del violador es distinto: en el caso del violador hay un trastorno de la personalidad. «El reconocimiento de la adicción al sexo es políticamente incorrecto en la medida en que puede acabar convirtiéndose en atenuante en determinados delitos», sentencia.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Ser/adicto/sexo/tiene/gracia/elpepisoc/20081012elpepisoc_1/Tes

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CRUISING

El fenomen del ‘cruising’ arrela gràcies a Internet
Barcelona disposa d’una trentena de llocs públics d’intercanvi sexual publicitats pels usuaris a través de la xarxa.

Als lavabos de plaça Catalunya hi ha molta moguda”

Als lavabos de l’estació de Plaça Catalunya hi ha molta moguda, però de vegades està molt brut.
A l’edifici nou de la universitat, a la plaça Universitat, primera i segona planta, s’està molt bé”.
Aquesta és una de les moltes entrades que es troben a Internet, on les persones que practiquen el cruising pengen indicacions de llocs, hores més concorregudes, nivell de vigilància dels guàrdies de seguretat, etcètera. A la xarxa es poden trobar vídeos d’aquestes trobades sexuals a Barcelona.

“Molts encara no han sortit de l’armari i per això no van a llocs d’ambient.”Nacho

Practicar sexe casual amb persones desconegudes en espais públics, com lavabos o a l’aire lliure, sense cap retribució econòmica entre les parts.
Això és el cruising, un terme anglès que designa una pràctica sexual duta a terme essencialment pel col·lectiu gai.
A la capital catalana, com a tantes altres ciutats del món, també es fa.
“El cruising es pot trobar a tot arreu a Barcelona, és una ciutat molt tolerant”, s’explica en una pàgina web anglesa on s’indiquen dos dels punts calents d’aquest fenomen:
La platja de Chernobyl de Badalona o el Bosquet de la plaça de les Glòries.
Sortir de l’armari. Només cal escriure a qualsevol cercador d’Internet les paraules clau i apareix un nombre considerable d’ubicacions on es pot practicar sexe en espais públics a la capital catalana i voltants.
“Normalment es tracta de persones que no han assumit la seva condició d’homosexual, és a dir, que no han sortit de l’armari, i no van als llocs d’ambient de la ciutat: solen ser pares de família, obrers, etcètera”, explica Nacho, una persona que ha realitzat aquesta pràctica a Barcelona ciutat.
Segons es detalla a diverses pàgines web de la xarxa, els principals punts on es practica el cruising a Barcelona són als serveis de la Fnac del Triangle, als del Corte Inglés de plaça Catalunya i de Portal de l’Àngel, a l’Illa Diagonal, al pàrquing del carrer Lleida de Montjuïc o a la facultat de Filologia de la UB, per citar-ne alguns.
Sortint de la capital catalana també s’indiquen altres punts d’actuació, com és el cas d’ àrees de descans de l’AP-7 o bé a una antiga fàbrica de fusta de Molins de Rei, entre d’altres.
Alguns establiments consultats per Metro (però que no volen fer-ho públic) han incrementat la seguretat per evitar la proliferació del fenomen.
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