Así navegan por internet los ‘puteros’ españoles

Los amigos del fornicio de pago buscan buenos precios, interlocutar con las chicas de tú a tú y son muy exigentes

6 min
 
Un usuario de internet visita una web de contenido para adultos / CG

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Es una de las escort más exclusivas del mundo. Esta es su vida de lujos, sexo y viajes exóticos

Por Javiera Irarrázaval

Cobra 600 dólares cada una hora y media.

 

En la presentación de su página web, dice que se considera una “estudiante, viajera, escritora y profesora de yoga”. Lo cierto es que a veces se transforma en una mujer sumamente sensual, donde se reúne con personas a conversar sobre arte, filosofía, literatura y después tienen sexo. Pero antes debe pagarle los 600 dólares que cobra cada hora y media. 

Ava Hudson es una chica de California, una de las escort más exitosas y exclusivas del mundo. Pero esto no es un trabajo cualquiera; antes de tomar un ‘cliente’ ella los estudia detalladamente con una asistente que ve todas sus referencias.

 
Autor Desconocido, ayúdanos a encontrarlo

Ella solamente atiende a clientes súper estudiados previamente. Obviamente todos deben poder pagar los 600 dólares por la hora y media de cita. 

Su historia

Quizás la gran diferencia de esta prostituta con el resto de las mujeres que se dedica al comercio sexual, es su nivel económico; según explica, fue a la universidad y eso le permite cobrar mucho más caro que otras. Eso ha permitido que valorice lo que hace y le pide al resto que lo haga, de hecho, al comienzo, trabajó en un burdel clandestino en Toronto, en Canadá, y la despidieron después que intentara crear un sindicato de trabajadoras para hacer respetar sus derechos. 

 

Trás su paso por varios clubs en Canadá, Hudson logró entrar a la agencia de prostitutas más prestigiosa del país: las Cupid’s Escorts.

“Contaba con chofer propio que me transportaba a cualquier sitio de la ciudad y atendía a mis clientes en las viviendas y los hoteles más elegantes” declaró a Mel Magazine.

Después de un tiempo, decidió emprender y seguir el camino sola con una cartera de clientes exclusivos. Volvió a California y concentra la mayoría de sus encuentros en San Francisco.

Ava Hudson

Desde allí cuenta que sus citas han cambiado mucho:

“Usualmente al inicio del encuentro disfruto de una buena comida y de una amena charla con los clientes. Arte, filosofía, literatura… casi de todo menos política. El cerebro es el mayor órgano sexual, si logras estimular mi mente, entonces cautivas mi cuerpo”.

Entre los lujos y las excentricidades que le ha tocado vivir, está viajar por el mundo en jets privados, gozar masajes eróticos en los mejores clubs de sexo en Barcelona y muuuuchas orgías en todas partes de la orbe.

Finalmente en su entrevista, Ava reflexionó acerca de su trabajo, diciendo que El trabajo sexual añade transparencia y permite un intercambio distinto de intimidad”. 

¿Qué opinas sobre la vida de Ava?

http://www.upsocl.com/cultura-y-entretencion/es-una-de-las-escort-mas-exclusivas-del-mundo-esta-es-su-vida-de-lujos-y-viajes-exoticos/?utm_source=FBppal&utm_medium=Facebook&utm_campaign=fb

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Eva Vica: “No hago voluntariado, cobro por ofrecer placer”

Nuria Navarro

NÚRIA NAVARRO

Periodista

Eva Vica (Barcelona, 1986), educadora social, trabaja en una residencia para personas mayores con discapacidad intelectual. Acostumbrada a los cuerpos “abyectos” –que así los define, sin cosmética–, esos que se esconden porque ofenden al canon de la normalidad, hace un par de años se enteró de la figura de la asistente sexual de discapacitados. Probó y, desde entonces, hace un par o tres servicios por semana.

Una asistente sexual no es una prostituta. Para mí no hay diferencia.

Algunas colegas suyas defienden la diferencia. Eso tiene que ver con el estigma de puta. Yo no hago un voluntariado, ni un acto de altruismo. Cobro por ofrecer placer. Es prostitución. Solo que en el trabajo sexual hay especialidades, y la mía requiere un conocimiento de la logística, saber cómo movilizar a una persona que igual pesa más que yo, conocer las ayudas técnicas como la sonda gástrica, la mascarilla de oxígeno o la colostomía.

A la mayoría nos repelería. Porque no están acostumbrados, simple y llanamente. Como no lo estaba yo, ¿eh? El primer día que trabajé como educadora social me impactó la visión de personas a las que se les caía la baba, que gritaban y hacían movimientos estereotipados.

¿Puedo preguntar por el primer día como asistente sexual? ¡Llegué a pensar que tenía que haber pagado yo al señor! Era un invidente de nacimiento que no tenía ninguna dificultad para relacionarse a nivel íntimo.

No todos sus clientes son así. No. Una cosa es alguien con discapacidad física únicamente, que decide lo que quiere, y otra, la persona incapacitada judicialmente que no tiene autodeterminación.

Póngame un caso… extremo. El de una persona con una lesión medular causada por un accidente que le afecta la movilidad y la cognición. No por estar postrado y no poder hablar deja de sentir.

Tiene poco margen. No tener una erección no es una condena a no disfrutar del sexo. El sexo va más allá de la genitalidad. Está en el cerebro. Es cuestión de empatía, paciencia y tacto.

¿Y simultanea el empleo de educadora y el de prostituta? Sí. No puedo dejar mi empleo de educadora social porque una asistente sexual no tiene derechos laborales. En otros países es un servicio regulado y subvencionado por el Estado, aunque es el Estado quien define los requisitos para optar al servicio.

¿Qué requisitos son esos? No entra el coito. El asistente se limita a hacer lo que la persona haría con su cuerpo si no necesitara de la ayuda de otro. El autoerotismo, por ejemplo. Eso se puede reivindicar como un derecho humano, pero yo defiendo el poder acceder al cuerpo del otro.

¿Al suyo? Sí.

Placentero no debe de resultar. Claro que sí. Para mí no son sujetos pasivos. Yo les hago trabajar.

¿A qué dice ‘no’? (…) A determinadas complicaciones higiénicas y, sobre todo, cuando no se respetan los acuerdos a los que hemos llegado en la entrevista previa. A veces es complicado, no por el servicio en sí, sino por la familia, que es quien contrata y se siente con derecho a decirme cómo lo tengo que hacer, a preguntar detalles que me incomodan. Me he llegado a encontrar discutiendo con la persona implicada, la psicóloga y la educadora.

¿Y todo esto por 100 euros el servicio? Sí.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/eva-vica-hago-voluntariado-cobro-por-ofrecer-placer-5859492

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Cansada del “egoísmo machista” del derecho, esta abogada brasileña decidió cambiar de oficio a Cortesana de lujo

Claudia de Marchi, de 34 años, se mudó a Brasilia para “liberarse” de los hombres del mundo jurídico y ganó cerca de USD 125.000 en un año, mucho más que con su salario como defensora de las leyes brasileñas

Una abogada brasileña contó que ha encontrado satisfacción en su nuevo trabajo, y un mejor salario, después de dejar su carrera en el derecho y convertirse en prostituta. La respetada abogada Claudia de Marchi, experta en derecho constitucional, sorprendió a sus clientes y colegas el año pasado cuando de repente decidió dejar su alta posición en un bufete de abogados y empezó a anunciar sus servicios como una “cortesana de lujo”.

La joven de 34 años se trasladó a Brasilia, la capital del país, donde, en lugar de ampliar su conocimiento de las leyes de Brasil, comenzó a prestar servicios sexuales a empresarios y políticos ricos por USD 185 la hora.

 

Irónicamente, una de las razones de su drástico cambio de dirección fue que ya no podía tolerar el “egoísmo machista y la auto-indulgencia” que había encontrado en el mundo jurídico.

En lugar de eso, la autoproclamada feminista decidió que sólo trataría con hombres dispuestos a pagar por su compañía, alegando que ella prefiere “el orgasmo y el pago” que tener que soportar vivir con “defectos masculinos” todo el día.

 

Ahora, ella afirma que el cambio de oficio fue la “mejor decisión que tomó” después de encontrarse “liberada” de los hombres y ganar cerca de USD 125.000 en un año, mucho más que su salario como abogada.

Y aunque la mayoría de las prostitutas usan un seudónimo para proteger su verdadera identidad, Claudia ha insistido en que se enorgullece de lo que ha logrado e incluso escribe un blog con su nombre real sobre sus encuentros sexuales que ahora obtiene más de 8.000 visitas un día.

 

El blog incluye tutoriales para hombres sobre temas como cómo deben comportarse con las mujeres, cómo ser un “hombre real” y cómo “madurar correctamente”, así como consejos sobre cómo realizar sexo oral a una mujer.

Por otra parte, su madre de 64 años apoya tanto su nueva profesión que recientemente se mudó de su propia ciudad natal a la capital, y ahora vive con su hija en su casa cerca del parlamento brasileño.

 

Cláudia, de Sorriso, en el centro de Brasil, se licenció en derecho en 2005 y trabajó como abogada en la ciudad durante 11 años, especializada en la interpretación de la compleja constitución de Brasil después de completar estudios de postgrado.

Más tarde comenzó a dar conferencias sobre derecho constitucional en la universidad Unic Sorriso local.

 

De Marchi, en la universidad

De Marchi, en la universidad

Pero ella afirma que se cansó de trabajar en el mundo de un hombre, así como una sucesión de relaciones fallidas, incluyendo un matrimonio que duró sólo un año, y cuando fue despedida de su posición en la universidad “por el ego de alguien” en febrero. El año pasado, Claudia decidió repensar cómo quería vivir su vida.

 
http://www.infobae.com/america/america-latina/2017/02/25/cansada-del-egoismo-machista-del-derecho-esta-abogada-brasilena-decidio-cambiar-de-oficio/
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Así pasé una hora con una muñeca por 80 euros en el prostíbulo de las sex dolls de Barcelona

Un club de Barcelona es el pionero en Europa. Oferta 4 figuras para practicar sexo: una caucásica, una africana, una asiática y un personaje manga. Son de silicona y pesan 40 kilos. Un reportero de EL ESPAÑOL acudió el día de la inauguración.

Lily, asiática, 1,61 de altura y 40 kilos de peso, es una sex doll.

Lily, asiática, 1,61 de altura y 40 kilos de peso, es una sex doll.

 

Me cuentan en la redacción que está a punto de abrir en Barcelona el primer burdel de Europa de muñecas hinchables. En efecto, aún no lo habíamos visto todo en esta vida. Llamo al teléfono que sale en la web para pedir un reportaje y me atiende Gina, la chica de prensa. “No daremos entrevistas hasta que pase un mes. Ya hay un par de medios más interesados”, se disculpa. 

Se lo explico a mi jefe y le advierto de que, si esperamos, se nos pueden adelantar otros medios, pero que lo que yo no pienso hacer es ir de cliente y zumbarme a una muñeca de plástico. “Yo nunca me he metido en la vida sexual de mis redactores. Tú sabrás qué haces con ella. Pero vas, te haces pasar un cliente y lo cuentas”, me contesta.

De izquierda a derecha: Aki, personaje de manga, Niky, la muñeca caucásica y Lily, la asiática

De izquierda a derecha: Aki, personaje de manga, Niky, la muñeca caucásica y Lily, la asiática

Lumidolls es el nombre del club en cuestión. El nombre ya lo resume todo: lumi (prostituta) y doll (muñeca). Para ir hace falta pedir cita previa con una de las 4 figuras disponibles: Niky, la caucásica, Leyza, la africana, Lily, la asiática estándar y Aki, la asiática de pelo verde que imita a un personaje de manga. En realidad no son muñecas hinchables, sino réplicas humanas hiperrealistas de silicona. Una especie de maniquís articulados con rasgos muy exuberantes. El precio de cada unidad ronda los 5.000 euros. Pasar una hora con una de ellas en Lumidolls, 120 euros.80 estos días, por la promoción inaugural.

CONCERTAR UNA CITA

Escribo un mail pidiendo cita con Aki, porque dado lo bizarro del reportaje, prefiero elegir a la más rara. Me contestan a los pocos minutos. Vuelve a ser Gina, la chica de prensa, que también se encarga de concertar las citas y no sabe que soy yo. Ahora también se disculpa: la única muñeca disponible para el fin de semana es Lily, la asiática estándar. Inauguran el viernes y ya tienen el fin de semana completo. Me maravilla que, sin haber hecho publicidad, ya haya tantísima gente esperando a pagar 80 euros por tirarse a un muñeco.

Leiza es la muñeca africana de Lumidolls

Leiza es la muñeca africana de Lumidolls

Contesto que Lily estará bien. Total, no voy a tener sexo con ella. Mi decisión me enfrenta a las presiones de los sectores más radicales de la redacción de EL ESPAÑOL, que consideran que tengo que consumar por el bien del periodismo. El tema provoca debate, cachondeo y muchas preguntas: ¿Cómo la limpian? ¿Sexo con una muñeca son cuernos?, ¿Cómo desinfectan los orificios?, ¿Hemos tocado fondo como especie?, ¿Seguro que los desinfectan?

PRIMER PERCANCE

Me dan hora con Lily el viernes a las 7 de la tarde. Los problemas empiezan a las 6. Gina me escribe un Whatsapp para decirme que hay un contratiempo y que tendremos que suspender la cita. La llamo para que me lo aclare: “El anterior cliente se ha debido de emocionar mucho, porque le ha roto una teta. Y mira que esta silicona es dura, eh. Pero la ha agujereado. Igual le ha pegado un bocado”, se disculpa. Es la tercera vez que tiene que disculparse y aún no he llegado. Yo no me lo puedo creer y le contesto: “¿Cómo que le han agujereado una teta? ¿Pero me va a poder recibir o no? ¡Porque yo he venido desde Madrid sólo para estar con ella!”. Todo eso lo digo casi a voces en mitad de la calle Ferran de Barcelona, un eje comercial muy transitado. No he medido bien.

El cliente puede elegir con qué ropa y en qué posición espera la muñeca

El cliente puede elegir con qué ropa y en qué posición espera la muñeca

Gina me asegura que sus jefes la están reparando, y que si estoy dispuesto a esperar un ratito más, podré pasar una hora con mi muñeca asiática. Yo doy el OK y llego a Lumidolls con media hora de retraso. El club está en el entresuelo de un viejo edificio, en una callejuela estrecha del centro de Barcelona, muy cerca de la Rambla. Comparte planta con un hostal. Me abre la puerta Gina, que además de atender a la prensa y concertar citas, también se encarga de recibir, cobrar, vestir a la muñeca y proporcionar al cliente preservativos y lubricante.

LILY Y LA GANGRENA

El club en realidad es una casa compuesta por un comedor y varias estancias aparte. Llegamos a la habitación y ahí está Lily. Me espera sentada en la cama y vestida con un camisón rosa. En realidad, el parecido con un ser humano es asombroso. Tanto, que creo ver gangrena en sus brazos. “Oh no, eso es porque el anterior cliente ha pedido que se la vistan de negro y parece que la ropa ha desteñido”, se disculpa (de nuevo) Gina. “¿Y la teta rota?”, le pregunto yo. Ella me la enseña: “Nada, como nueva. Tiene como una pequeña cicatriz. Era un cliente muy alto y muy grande. Creo que le ha pegado una paliza”. También me fijo que cuando la construyeron no calibraron bien las retinas y es estrábica.

El vestido negro que pidió el cliente anterior destiñó en la piel de Lily

El vestido negro que pidió el cliente anterior destiñó en la piel de Lily

Gina me pregunta cómo he conocido Lumidolls. Yo no sé muy bien qué contestarle e improviso que ya está viendo mi barba y mi camisa de cuadros; que soy un hípster, y como somos medio idiotas, nos gusta hacer cosas que no hace el resto de la gente, comprarnos el Iphone el día que sale y esas tonterías. Que yo en realidad esto lo hago para fardar luego. Y que por eso me gustaría que me explicase más cosas sobre las muñecas. Es la única forma que encuentro de sacarle información sin que sepa que soy el periodista que la llamó el día anterior. Y ella me lo cuenta.

ORIFICIOS DE 17 CENTÍMETROS

Las sex dolls son, como su propio nombre indica, muñecas diseñadas para practicar sexo. Están hechas de silicona quirúrgica. Son piezas únicas y no se fabrican en serie. Miden entre 1,60 y 1,70 metros, pesan 40 kilos y sus rasgos son hiperreales. El esqueleto contiene unas varillas metálicas flexibles que le permiten articularse y ponerse en posturas realmente curiosas. Cada muñeca tiene 3 orificios de 17 centímetros de profundidad:boca, vagina y ano. Cuatro en el caso de Lily, que tiene un seno agujereado. Son juguetes que tienen mucho éxito en Japón, la meca de este tipo de fetiches sexuales, aunque estas en concreto están fabricadas en Estados Unidos. El pelo no es natural, pero en Lumidolls ya han programado la compra de pelucas para customizarlas.

“¿Y esto es higiénico?”. Gina, que también es (cómo no) la persona encargada de limpiarlas, me responde que las lavan antes y después de cada uso “con un jabón que se usa en los hospitales. Para los orificios uso una de esas pistolas de presión, tipo Karcher”. Con eso se asegura, me dice, que queden totalmente desinfectadas. No obstante, siempre recomiendan al cliente utilizar un condón; ella misma lo facilita junto al lubricante.

Aunque es una muñeca de silicona, Lily celebra los goles haciendo el arquero, como Kiko Narváez.

Aunque es una muñeca de silicona, Lily celebra los goles haciendo el arquero, como Kiko Narváez.

En la habitación también hay unas velitas para ambientar, toallas, una (sola) copa de cava (no han tenido el detalle de ponerle una a Lily), un bol con fresas, un hilo musical en el que suena algo muy romántico que me recuerda a Michael Bolton y una televisión en la que sólo ponen porno. Elementos más que suficientes para tener el mejor polvo de tu vida con un objeto inanimado.

Gina cierra la puerta y me deja a solas con la muñeca. “Pobre Lily. Qué te han hecho”, le pregunto. Lily no me responde. Tampoco se queja cuando le aprieto la teta, pero la cicatriz se abre y sale una burbuja; como una pompa de chicle de fresa. Eso provoca un desequilibrio dentro del seno y se le queda un agujero encima del pezón, como si la hubiesen apuñalado. Casi tengo el reflejo de pedirle disculpas.

El anterior cliente no controló su fuerza y le destrozó un pecho a Lily

EL ANTERIOR CLIENTE NO CONTROLÓ SU FUERZA Y LE DESTROZÓ UN PECHO A LILY

Lily huele muy bien porque además de lavarla le han puesto colonia. El tacto es bastante curioso. Es mullida pero firme, como esas pelotas antiestrés que se aprietan fuerte con las manos. Está bastante más fría que un ser humano y, sobre todo, pesa mucho. Muchísimo. Me doy cuenta al levantarla para examinarla. Aunque es la más bajita de las cuatro muñecas (mide 1,61), es difícil maniobrar con ella. En uno de esos meneos se le cae la peluca. Lo que le faltaba a Lily. Por detrás se le da un aire a Iván De la Peña. Yo ya había tomado la decisión de respetarla como muñeca y no tener sexo, pero así ya es imposible. Con el brazo engangrenado, la teta pinchada, calva y con un ojo mirando a Tokio, no puede haber nada de libido y sí mucho de compasión.

Lily, contrariada porque es calva y no le gusta que le hagan fotos sin peluca

Lily, contrariada porque es calva y no le gusta que le hagan fotos sin peluca

Como he decidido no probarla sexualmente, paso un buen rato colocándola en posiciones graciosas. La pongo a hacer el saludo surfero de Ronaldinho, o la celebración del arquero de Kiko Narváez. Cuando me canso de símiles futbolísticos la pongo a imitar a un egipcio, a un italiano gesticulando, a un heavy y a Chiquito de la Calzada. Sus 40 kilos de peso me desgastan mucho la espalda y su gangrena me pringa las manos. En cada movimiento, ella queda más maltrecha. El pecho empeora por momentos y cada vez es más difícil recolocarle la peluca, porque los cabellos se le enganchan al cuerpo. Ella me observa impasible con su ojo a la virulé.

SAYONARA LILY

Gina me dijo que me avisaría cuando hubiese pasado una hora. No da lugar. Cuando me he cansado de hacer el imbécil abandono la habitación, advirtiendo de que la buena de Lily ha tenido un debut muy duro y la van a tener que retirar un tiempo, porque está muy lesionada. El seno izquierdo está destrozado. Gina me cobra los 80 euros y se la lleva a lavar con la Karcher, que Lumidolls abre de 10 de la mañana a 10 de la noche (como un Carrefour) y seguro que ya hay otros clientes esperando.

Apretando el pecho de Lily le sale la silicona quirúrgica por la herida

Apretando el pecho de Lily le sale la silicona quirúrgica por la herida

Yo me despido y me marcho repasando las fotos que le he hecho con el teléfono móvil. No es un ser vivo, pero me genera compasión. Eso me permite comprender que haya gente a la que le suscite otro tipo de sentimientos y pague por pasar una hora con estas muñecas. Vuelvo a mirar la foto de la teta pinchada. Pobre muñeca. Qué debut más duro. Sayonara Lily; mañana será otro día.

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170225/196480602_0.html

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La estrategia para vender servicios de prostitución

EXPLOTACIÓN SEXUAL

‘Flyers’ y anuncios para publicitar el sexo de pago

Folletos sobre servicios de prostitución en coches de una calle de Madrid. JAVIER BARBANCHO 

Un estudio analiza los significados y valores que transmiten los folletos que publicitan sexo de pago

Se encuentran sobre todo en los parabrisas de los coches. O tirados por el suelo, alfombrando las aceras. Son folletos promocionales que, en lugar de electrodomésticos en rebajas o saldos de zapatillas deportivas, anuncian cosas como esta: Chicas nuevas en tu zona. Económico. Se trata de impresos con fotos de mujeres de alto contenido erótico y mensajes comerciales del tipo: Chicas. Servicio 24 horas. Salida a hoteles y domicilios. Al fin y al cabo, se trata de vender sexo.

Hablamos de las octavillas, una forma de publicidad que en los últimos años ha irrumpido con fuerza en España para promocionar la prostitución. Porque mientras la publicidad de sexo de pago está prohibida en Estados Unidos y limitada en Alemania, mientras en Francia y en Portugal los folletos comerciales de esas actividades son ilícitos, en España son perfectamente legales. Con el resultado de que esos volantes publicitarios (los flyers, como los llaman algunos ahora) inundan las calles del país y se han convertido en el principal vehículo con el que se anuncian los pisos privados en los que se ejerce la prostitución, las casas de citas.

Pero, como cualquier publicidad, esas octavillas que buscan vender sexo de pago son también una forma de comunicación que transmite significados, valores, modelos, actitudes y comportamientos. Y eso es justo lo que se analiza en un estudio que acaba de ver la luz, que lleva por título Flyers y anuncios de servicios sexuales en Madrid, que pertenece a un proyecto de investigación de I+D+I sobre trata de mujeres con fines de explotación sexual y que han realizado Carmen Meneses, Jorge Uroz y Antonio Rúa, todos ellos profesores e investigadores de la Universidad de Comillas ICAI-ICADE.

220 folletos analizados

Ese equipo ha desvelado las estrategias publicitarias que se emplean para vender sexo tras examinar con lupa 220 folletos de servicios de prostitución recogidos por las calles de Madrid. Se trata de anuncios que tienen a los hombres como claros destinatarios: de esas 220 octavillas, sólo unas pocas incluían también a parejas y únicamente una de ellas ofrecía servicios a mujeres. Pero cuando los investigadores se pusieron en contacto con el publicista, descubrieron que en realidad su clientela estaba compuesta por varones.

Para empezar, el estudio revela que esos folletos transmiten la idea de que los servicios sexuales de pago son un producto más de la sociedad de consumo, que gastarse el dinero en una casa de citas no es muy distinto de irse una tarde de tiendas y que las mujeres prostituidas son en ese sentido similares a objetos. De hecho, la investigación muestra que la palabra más frecuente en todos esos folletos es ‘euros’, lo que subraya su carácter comercial y consumista. Pero también palabras como ‘chicas, ‘años’, ‘añitos’, ‘recibo’, ‘independiente’ o ‘masajes’ son habituales.

Ya entrando en el detalle, en aquellos folletos de personas que se anunciaban como autónomas o independientes sobresalían las palabras ‘zona’,’ independiente’, ‘sola’, ‘años’, ‘discreta’, ‘foto (real)’… Cuando las que se anunciaban eran sin embargo un grupo de mujeres, las palabras más recurrentes eran ‘años’, ‘chicas’, ‘copa gratis’, ‘nuevas’, ‘hoteles’ y ‘domicilios’, para destacar que tenían ‘material’ recién llegado, mercancía nueva. Por su parte, en las octavillas en las que era una empresa o corporación la que ofrecía los servicios sexuales se enfatizan vocablos como ‘masajes’, ‘hoteles’, ‘copa’ y ‘relax’. Y en los flyers agrupados por los investigadores como ‘anuncios asiáticos’, las palabras más repetidas eran minutos y orientales. La referencia al tiempo es importante, ya que el precio varía según el tiempo que el cliente esté con la mujer prostituida.

La iconografía también es fundamental en este tipo de anuncios. Y como una imagen vende más que mil palabras, los volantes que publicitan sexo de pago recurren casi siempre a imágenes con una fuerte carga erótica. Hay tres tipos fundamentales de imágenes de mujeres en los folletos de prostitución: la mujer voluminosa y curvilínea (representada generalmente por mujeres de origen latinoamericano y asociada en la mayoría de los casos a quienes se anunciaban como prostitutas autónomas o independientes), las asiáticas (caracterizadas por sus rasgos aniñados) y las mujeres esbeltas, delgadas, con aspecto de modelos (típicas de los folletos publicitarios con empresas detrás).

“Los mensajes que se desprenden de los anuncios presentan la prostitución como algo voluntario, autónomo y recreativo, una imagen muy diferente a la de los mensajes institucionales, que la muestran como una actividad forzada, involuntaria o fruto de la trata de seres humanos”, concluye el estudio, en el que también se subraya como esos anuncios “contribuyen a una normalización y tolerancia de la oferta de servicios sexuales de pago”.

Explotación sexual

Sin embargo los autores de esta investigación sospechan que detrás de varios de esos anuncios hay explotación sexual o trata de mujeres. Es más: intuyen que es justo en los pisos y casa de citas que se anuncian a través de esas octavillas donde se concentra gran parte de la prostitución coaccionada que se produce en España. “Nos planteamos este estudio investigando sobre trata de mujeres y porque mientras en los clubes de alterne la policía puede llevar a cabo inspecciones y controles al ser locales públicos, en los pisos no puede hacerlo sin la preceptiva orden judicial al ser espacios privados. Sin embargo, quizás estos pisos deberían poder registrarse, como los turísticos, sobre todo para que no se produzca explotación sexual, coacción o trata”, afirma la antropóloga Carmen Meneses, una de las autoras del estudio.

Los investigadores empezaron a pensar que detrás de algunos de esos flyers podría haber coacción, explotación sexual o trata de mujeres cuando cotejaron la información del anuncio de la calle con la de las páginas de internet, los foros de puteros (sí, existen, y se dedican a valorar las prestaciones de las distintas mujeres prostituidas) y las llamadas telefónicas. Porque los autores del estudio llamaron a todos y cada uno de los 153 números de teléfono que en total aparecían en los 220 folletos que analizaron, aunque sólo lograron contactar con 58 de los anunciantes.

Aun así, descubrieron que el sexo oral se ofrece sin ningún tipo de protección siempre que, claro está, se esté dispuesto a pagar más por ello. “Sólo en dos casos nos indicaron explícitamente que todos los servicios se ofrecían con preservativo, para el resto el sexo oral era sin protección”, señala el estudio. Respecto a la penetración, en todos los casos se indicaba que era necesario el uso de condón. En todos… excepto en tres, y esos tres coincidían con anuncios de chicas asiáticas. Y el sexo de pago sin preservativo en algunos casos puede ser un claro indicio de que la prostitución es forzada.

http://www.elmundo.es/sociedad/2017/02/22/58ac80dfe5fdea96148b46a6.html

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El Supremo delimita la diferencia entre alterne y prostitución: si hay sexo no hay relación laboral

En una sentencia reciente obliga a un empresario a reconocer como trabajadoras a varias mujeres que ejercían el alterne en un local

Son varios los fallos que definen el alterne como la captación y acompañamiento de clientes y constatan que se trata de una actividad laboral

 
Las trabajadores de los clubes que no ofrezcan sexo deben cotizar a la Seguridad SocialLas trabajadores de los clubes que no ofrezcan sexo deben cotizar a la Seguridad Social

Alternar y prostituirse no es lo mismo y no tienen las mismas consecuencias, tampoco en términos de derechos laborales. El Tribunal Supremo dictó hace unas semanas una sentencia en la que marca la diferencia entre una actividad y otra: si hay sexo no es posible reconocer una relación laboral, es decir, esa persona no es una trabajadora. Si no hay sexo y solo alterne, esto es, captación de clientes, acompañamiento y consumo de copas, sí existe relación laboral entre quien ejerce la actividad y quien regenta el local donde se produce.

La sentencia, de la ponente María Luisa Segoviano, de la Sala de lo Social, resuelve un recurso de casación para unificar doctrina. El origen del conflicto es una inspección de trabajo llevada a cabo en club. Fruto de esa visita, la inspección obligó al empresario a reconocer la relación laboral que le unía a doce mujeres que realizaban “la denominada actividad de alterne” en el local. El empresario recurrió y el asunto llegó al Supremo, pues la defensa aseguraba que una sentencia anterior no reconocía la laboralidad a varias mujeres que ejercían la misma actividad y existía, por tanto, una contradicción que resolver.

El Supremo no ve contradicción alguna. En una sentencia anterior, de 2008, se desestimaba la relación laboral de 14 mujeres extranjeras que ejercían la prostitución en un local que también fue visitado por la inspección. La magistrada subraya que en ese caso la actividad principal de esas mujeres era la prostitución “siendo, por lo tanto, de imposible calificación dicha relación como laboral”.

En este caso, sin embargo, las mujeres ejercían el alterne –”consistente en en captación y entretenimiento de clientes, induciéndoles a realizar consumiciones y obteniendo por ello una contraprestación económica”–, pero no la prostitución. Es decir, son trabajadoras que deben estar dadas de alta en la Seguridad Social. 

Es decir, si hay sexo, no puede reconocerse que existe una actividad laboral y, por tanto, el empresario no tiene que dar de alta en la Seguridad Social, algo que sí sucede con el alterne. “La frontera entre alterne y prostitución es muy tibia. Los jueces parten de los hechos que se pueden probar, en este caso que hay alterne, pero no prostitución”, resume el catedrático de Derecho del Trabajo Eduardo Rojo.

La magistrada de lo social y presidenta de la Asociación de Mujeres Juezas, Glòria Poyatos, va más allá: “El alterne es inescindible de la prostitución, forma parte de ella”. La vía de conceder derechos laborales a las trabajadoras del alterne es, dice Poyatos, una forma de proteger de facto a mujeres que ejercen la prostitución, puesto que el ordenamiento actual impide dar de alta a mujeres como prostitutas y reconocer su ejercicio como una actividad laboral. 

Esta no es la primera sentencia ni el primer pronunciamiento del Tribunal Supremo al respecto. Desde los años ochenta existen fallos que definen el alterne como una actividad que anima el baile e incita a la consumición y que la consideran una actividad laboral. Sentencia a sentencia, el límite se ha marcado en el acceso carnal. 

Para que el alterne se reconozca como actividad laboral por cuenta ajena, las sentencias marcan ciertos requisitos, como la existencia de un horario aproximado o adaptado al del local, y que exista una contraprestación económica, aunque esta proceda de la consumición de las bebidas.

http://www.eldiario.es/economia/Supremo-delimita-diferencia-prostitucion-relacion_0_610339227.html

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Marconi, a carne y fuego

  • El polígono del sur de Madrid es el mayor prostíbulo a cielo abierto de España

  • Allí trabajan día y noche, a veinte euros el servicio, 400 mujeres. Muchas son esclavas sexuales de las mafias

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes.

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes. / Alberto Ferreras

FRANCISCO APAOLAZA

Sobre la acera en la que se ofrece, la mujer ha pergeñado un humilde fuego en el que arden las astillas de un palé de madera roto. Desde un cielo nublado y naranja, industrial y descarnado, desciende, tenaz y cansada, una lluvia que todo lo empapa. La Venus de Milo del Sur de Madrid ha colocado sobre la hoguerita dos tablas de contrachapado que se sujetan una con la otra como un tejado y cubren su lumbre para que el agua y la noche no la apaguen. Posa casi desnuda. Viste un tanga y unos tacones de charol blanco. Todo lo demás es piel erizada y mojada, y sus dos pezones se han contraído por el frío y el agua. El paraguas claro descansa sobre el hombro derecho y ella ladea sobre él la cabeza y suspende la mirada en el vacío, como esas chicas de los jardines de Renoir. Para aprovechar el calor, ha doblado su cuerpo en cuclillas encima del fuego y, sentada sobre los talones, ha abierto las piernas sobre la llama que calienta sus muslos y su sexo, de manera que parece que la mujer está pariendo un puñado de brasas. Desde el otro lado de la calle se puede sentir su perfume mareante de canelas, melocotones y pachulíes que sube de nota conforme uno se acerca a ella. «¿Qué quieres, guapo?», pregunta con amabilidad aunque sin excesiva cercanía. Aleksandra nació en Rumanía, tiene 23 años y ofrece sus servicios de puta en Madrid en el supermercado de la carne, el mayor prostíbulo a cielo abierto de España, un mar de esclavas y de kleenex usados que se conoce como Marconi.

Siete de la tarde. Unas manzanas más allá, aún recorren las calles chavales con mochila y bocadillo de chocolate que se desfogan en brincos y carreras después del colegio. Una calle separa dos galaxias distintas. A un lado, la inocencia familiar de cualquier urbanización de Madrid a esa hora, el terreno de la indignación vecinal. Al otro, chisporrotea el fueguito de Aleksandra, que es uno entre cincuenta como los faros de una costa desconocida, oscura, atroz y amenazante. Cada pocos metros se eleva una hoguera en mitad de la noche. Cada fuego alumbra el cuerpo de una mujer. En las calles del polígono no hay fábricas, pero sí coches. Circulan despacio porque allí siempre es hora punta. Son cientos. Reducen la marcha para ver de cerca la mercancía, lanzan un grito desde la ventanilla, negocian el precio y, poco después, paran a un lado de la carretera. A través de las ventanillas se adivinan siluetas en diversas posturas, un porno de sombras. Después, ellas bajan y caminan de nuevo sobre una acera tapizada de pañuelos de papel y los coches vuelven a circular.

El mapamundi del sexo

Se calcula que 400 chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato. Esta es una selva antigua, crecida después de que se desmantelara la Casa de Campo, el tradicional caladero de la prostitución madrileña. El mapa del sexo está dividido por países. El corazón de esa geografía es la zona de las hogueras, pero el reino del sexo va mucho más allá. En las afueras de esa ciudad sin ropa, otras chicas remiten a placeres más furtivos. Casi no se las ve. En el extrarradio de Marconi, en un rincón sin luz aguardan los rostros hipermaquillados, fecundos y casi selváticos de las transexuales y la belleza furtiva, discreta y frágil de media docena de muñequitas de porcelana oriental. Allá están las chinas. Más acá, el suelo lo ocupan las rumanas, algo más lejos las ecuatorianas, nigerianas… Cada esquina y cada trozo de acera tiene un dueño, un color de piel y un acento distinto. El producto está ordenado y mapeado en los foros puteros de internet donde aparece el color de piel, el aspecto, el nombre y hasta los servicios que ofrece cada una de ellas. «Aquella acepta no usar preservativo…».

Cada palmo de terreno es un bien codiciado que tiene dueño. Lo controlan las mafias. En cada puesto se relevan las chicas, que pagan un canon de sus beneficios a los señores feudales de ese asfalto. Ellas mismas están controladas en su mayor parte por las mafias y las vigilan otras veteranas. Algunas mujeres pasean entre ellas, les llevan tabaco y por supuesto, cuentan los clientes y las ganancias. Su gesto es servil, pero en realidad son la cadena en el tobillo. Los chulos no se dejan ver. Algunos controlan desde las atalayas de los edificios, en habitaciones calientes lejos del frío y de la lluvia. También vigilan a los reporteros desde furgonetas blancas. Uno de ellos, de pronto, recorre la acera a pie camino de ninguna parte para dar su mensaje a las chicas y al periodista: os estamos vigilando.

Ninguna quiere hablar. Caderas anchas, pechos asomando tras una red de encaje, pongamos que se llama María. Se excusa -«estoy trabajando»-, pero acepta llamar al reportero más tarde. La conversación tiene lugar al día siguiente camino de la farmacia: «No quiero hablar. Tengo mucho miedo». La mayor parte de las chicas no pasa del anuncio de su tarifa. Cuesta creer que aquella veinteañera de metro ochenta de las piernas largas y los ojos de hierbabuena, esa mujer que podría estar en una pasarela o bailando de gogó en una discoteca, esa diosa eslava esté allí pasando frío y haciendo sexo dentro de un coche por veinte euros. Se calcula que son 400. A cuarenta servicios por cabeza, cada día en Marconi sale a 16.000 polvos. A estas alturas del reportaje se habrán imaginado que en esas calles hay más ley que la de la oferta y la demanda.

Sobre cada par de tacones se erige un edificio quebrado, una historia que salió mal. A Lis se le torció la vida el día en el que la echaron de su trabajo de secretaria en un despacho de abogados de Sao Paulo, en Brasil, y de un golpe se le acabó el dinero para pagarse la carrera de Derecho. En esa mala hora conoció a una chica que le ofreció una solución: viajar a Europa a trabajar de camarera y a cuidar niños y viejos. «El plan era ganar en un par de años lo que le costaría después acabar la carrera». Aquella chica fue trabando relaciones de amistad con la gente de Lis y alrededor de ella tejió la tela de araña de la confianza. Pasó un par de meses sopesando la decisión. No suponía entonces que unos años más tarde terminaría esnifando cocaína con un cliente en una cuneta de Villaverde.

Quizás podría haberlo sospechado cuando a las siete chicas del grupo les dieron las instrucciones del viaje: llevar 500 euros encima para justificar ante la Policía de Extranjería que viajaban a Europa de vacaciones, disimular y no dar señales de que conocían a otras chicas. Brasil, Italia, Portugal… Comenzaron a moverlas. «La primera semana nos trataron como reinas». Vivían juntas en un piso, pero el trabajo prometido no llegaba. Entonces, la chica no fue tan simpática. Las reunió en un salón del chalet y, rodeada de cuatro matones, les confesó que ese viaje no era el que habían pensado: «Nos dijo que allí no habíamos venido a cuidar ancianos, sino a ejercer la prostitución». Les quitaron el pasaporte. En ese mismo instante de desconcierto comenzaron las amenazas y las palizas. También les dieron otra noticia: debían 5.800 euros. Entonces Lis ya podría añadir a su currículum un trabajo de esclava sexual en una red de trata de blancas. Pese a todo el dinero que ganaría en adelante, nunca darían esa deuda por satisfecha, así que viviría atrapada por las redes criminales.

El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: hasta 50.000 euros por traerlas a España, en la mayor parte de los casos en condiciones infrahumanas y jugándose la vida. Diversas organizaciones han llegado al consenso de que ocho de cada diez prostitutas de las que trabajan en España (se calcula que son 300.000) no lo hace por su propia voluntad y está en manos de los proxenetas y de las mafias, sobre todo rumanas, brasileñas y españolas. No son todas. En 2015 nació en Madrid la Asociación Feminista de Trabajadoras del Sexo que reclama el papel de las mujeres que ejercen libremente.

Drogas por fuerza

«Antes que a Marconi nos llevaron a Sevilla, a una casa. Nos enseñaron a beber mucho alcohol y a usar drogas, porque así los clientes gastaban mucho más. Salvo pincharnos, nos obligaron a tomar todas las drogas». Las adicciones son comunes entre las mujeres. En agosto encontraron a una de ellas muerta por una sobredosis en el polígono. Llevaba dos días cadáver. Ese mismo mes, la Policía encontró el cuerpo de un hombre de 70 años que había fallecido al parecer de un infarto mientras se encontraba consumiendo drogas con una prostituta.

Cuando estaban ‘formadas’, las trajeron a Madrid y anduvieron de aquí allá. «Cada veinte días cambiábamos de ubicación porque los clientes quieren siempre carne fresca». Hay que mover la mercancía, así que cada cierto tiempo cambian. Rocío Mora, de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Ayuda a la Mujer Prostituida (APRAMP), admite que un gran porcentaje de las chicas «no sabe ni en qué ciudad está».

Al cabo del tiempo, Lis llegó a Marconi y se vio junto a una de esas hogueras. «Pareces muy libre porque enseñas las tetas, pero en realidad allí no hay libertad ninguna», explica. En esa ciénaga de asfalto, se sentía vigilada constantemente por las chicas y también por los proxenetas que observan la maquinaria tras los cristales de un asador cercano. Cada día tenía una misión: cuatrocientos, quinientos, seiscientos euros. Un servicio son 20 euros, pero no siempre. «Hay mujeres deterioradas física y psicológicamente que lo hacen por cinco. Hasta que tenías el dinero no podías volver a casa, así que podías pasar allí el tiempo que fuera. Si volvías sin el dinero, te acusaban de haberlo robado y te pegaban». En casa, las amenazas eran constantes. Muchas de las mujeres prostituidas están advertidas de que, si no siguen con el juego, van a atacar a sus seres queridos en sus países de origen. Llamar a la Policía es, para ellas, un absurdo, pues creen que son cuerpos corruptos y que las van a delatar a las mafias. «Nos hacen creer que la Policía es como la de nuestros países. Nos tienen encadenadas mentalmente». A las nigerianas las controlan con santeros de vudú. Al llegar a casa, si se quejaba, recibía una paliza. «Nos pegaban, pero no en la cara, porque perdíamos valor en la calle». Además de los golpes le ofrecían la excusa: «Cuando los clientes preguntaban, teníamos que decirles que nos habíamos caído o que a otro cliente le gustaba el sado».

Las condiciones en la calle son infrahumanas. Catorce horas trabajando sin comida a base de café, cigarros, alcohol y drogas. El frío siempre termina por hacer mella, así que las chicas enferman. El mensaje es claro: «Tienes que seguir trabajando». A los pocos meses, casi todas arrastran enfermedades, pero la deuda nunca se cubrió. Lis tocó fondo después de pasar una semana con un cliente teniendo sexo y consumiendo cocaína. Facturó 16.000 euros y reclamó que la mafia reconociera que cancelaban su deuda. Se negaron y ella se dio cuenta de que nunca saldría de ese agujero. «Pensé: o me escapo, o me matan». Y voló. La brasileña aceptó por fin la ayuda de APRAMP, que se esfuerza en ofrecer salidas reales a las mujeres. Lis denunció a los que la habían explotado y vivió tres años en un piso de protección. Pasó años rehabilitándose de su adicción a las drogas, aprendiendo oficios y asistiendo a terapia para reconstruir los escombros en los que se había convertido su vida. Meses después, sufrió una trombosis coronaria con la que pagó por todos sus excesos con los clientes. La prostitución estuvo a punto de matarla. «Estaba destruida». Hoy es agente social y patrulla las mismas calles de Marconi en una unidad de rescate de APRAMP que ofrece ayuda a las mujeres que están en su situación.

En Villaverde siguen entrando coches. Abren las ventanillas, negocian el precio de la carne, siguen adelante, vuelven a negociar, se detienen, se van… El servicio no para ni un minuto. «Es una forma más de ocio -admite Lis-, pero la gente no se da cuenta lo que hay detrás. O quizás no quiere verlo. Dicen que el de puta es el oficio más antiguo del mundo, pero yo creo que el más antiguo es el de mirar a otro lado».

En Marconi, a simple vista, los clientes no son más que siluetas. No hay un perfil definido, aunque cada vez son más jóvenes. El mito del putero sesentón se desvanece. Cada vez son más jóvenes y abundan las cuadrillas de adolescentes de hasta 14 años que han integrado las fiestas sexuales en Marconi en su rutina de ocio. Se sabe, según datos de Eurostat, que en España el 33% de los hombres ha ido de putas al menos una vez en su vida.

JOVEN, EXTRANJERA Y CON HIJOS

La prostitución es el segundo negocio que más ingresos genera en el mercado negro internacional, una lista encabezada por la falsificación de medicamentos. El perfil de la prostituta en España es el de una mujer extranjera, de menos de 35 años y con hijos a su cargo. Según un informe de Cáritas, la crisis ha llevado a muchas mujeres españolas a vender su cuerpo para sacar un dinero con el que subsistir; en la mayoría de los casos, sin conocimiento de su entorno familiar. Muchas inmigrantes afincadas en nuestro país que habían abandonado esta forma de vida se han visto obligadas a retomarla a causa de la precariedad económica.

SEXO BARATO

Por zonas: Las prostitutas se distribuyen según su raza y procedencia.

Los clientes: Cada vez más jóvenes, los hay incluso de 14 años.

400 mujeres ofrecen servicios de prostitución en el polígono Marconi, en Villaverde, a las afueras de Madrid.

40 servicios sexuales puede llevar a cabo una mujer en un día. Gran parte de estos ingresos son para los proxenetas.

20 euros es el precio medio de un ‘servicio’ en el polígono Marconi. Las más deterioradas lo hacen por cinco euros.

300.000 prostitutas se ganan la vida en España ofreciendo servicios sexuales a cambio de dinero. La mayoría son extranjeras.

80 de cada cien mujeres que ejercen la prostitución no lo hacen por su propia voluntad. Son controladas por proxenetas y mafias que las trajeron de sus países de origen.

33 de cada cien hombres españoles confiesan haber contratado en alguna ocasión servicios de prostitutas.

http://www.laverdad.es/murcia/sociedad/201701/15/marconi-carne-fuego-20170115005909-v.html

 
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La Policía apaga en un trimestre 400 hogueras de las prostitutas de Marconi

MADRID-PROSTITUCIÓN MARCONI

Madrid, 24 ene (EFE).- El Ayuntamiento de Madrid trata de revitalizar el área empresarial del polígono Marconi, donde se ejerce la prostitución, además de remitir a la zona patrullas policiales “permanentemente” que han identificado en el último trimestre a 559 personas y apagado 401 hogueras a las prostitutas.

El delegado de Salud, Seguridad y Emergencias, Javier Barbero, ha ofrecido estos datos en la comisión municipal del ramo cuando la edil del PP Inmaculada Sanz le ha preguntado por las actuaciones en esta zona y ha afeado la dejadez con la que se enfrenta Ahora Madrid a los problemas que genera la prostitución a los vecinos.

Tras señalar que la situación es “realmente compleja” y que la vía policial no basta para abordar la prostitución -porque las mujeres se han desplazado a Marconi desde la Casa de Campo o la calle Ballesta-, el delegado de Salud, Seguridad y Emergencias ha señalado que no es cierto que el equipo de Gobierno de Manuela Carmena no remita policía a esa zona.

De hecho, según ha explicado, en turnos de mañana y de tarde hay una patrulla permanente en la colonia Marconi y por la noche trabaja una en la zona de forma “intermitente”, que colabora además en la extinción las hogueras con que las prostitutas tratan de entrar en calor, uno de los principales problemas de convivencia reseñados por los vecinos, ha relatado el edil.

La Policía Municipal colabora con los servicios de limpieza en la extinción de las hogueras en dos intervenciones diarias -una a las 21.00 horas y otra a las dos de la madrugada-, además de controlar a las personas que suministran a las mujeres la madera con las que las hacen.

Además de esta tarea, en el último trimestre la Policía Municipal ha hecho controles a 498 vehículos, ha realizado 274 controles de alcoholemia, ha detenido a 4 personas y ha interpuesto 18 denuncias de tráfico, según los datos ofrecidos hoy por el edil.

http://www.lavanguardia.com/local/madrid/20170124/413653194286/la-policia-apaga-en-un-trimestre-400-hogueras-de-las-prostitutas-de-marconi.html

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Esta casa de retiro para prostitutas jubiladas muestra lo que pasa con ellas tras abandonar la calle

Por Ruben Peña Blanco

Su nombre es Xochiquetzal, que se refiere a la diosa azteca de la actividad erótica y las relaciones sexuales ilícitas.

En pleno corazón de Ciudad de México se encuentra la casa la Casa Xochiquetzal, un proyecto que surgió hace 8 años y que hoy cuenta con ayuda del Estado, para dar refugio a todas las prostitutas retiradas del oficio y que han envejecido, naturalmente señaladas por la sociedad, y que necesitan de una ayuda para poder comer por lo que les resta de vida.

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Como para las otras prostitutas de edad, no hay espacio para ella en la calle y, mucho menos, en los burdeles. “Las chicas nuevas que andan trabajando andan diciendo que no han sacado nada. Si las jovencitas que están guapitas andan batallando, las pobres niñas, con mayor razón yo, que ya soy grande”, dijo a Univisión Norma Ruiz, antigua trabajadora sexual, de 70 años.

 

Un punto en común de estas mujeres es que todas son madres olvidadas por hijos, parejas y familiares.

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Tras instaurar un sistema gubernamental que proporcionara una vida digna a estas mujeres, el gobierno del Distrito Federal de México autorizó el préstamo de un inmueble en el Centro Histórico para habilitarlo y fungir como albergue de atención integral.

El objetivo del albergue es rendir honor a su nombre, Xochiquetzal, el cual se refiere a la diosa azteca de la actividad erótica y las relaciones sexuales ilícitas.

Univisión
 

También se les otorga terapias psicológicas, ya que muchas de las ancianas presentan serios problemas frutos del maltrato y de sus condiciones de vida por esta dura experiencia para ganarse la vida. Sin pedir nada a cambio Casa Xochiquetzal abre las puertas a todas aquellas mujeres como una nueva esperanza.

Los pleitos entre las residentes son habituales y las relaciones a menudo tensas. Son mujeres acostumbradas a pelear para sobrevivir y que arrastran muchos problemas de autoestima.

REX/Shutterstock

El director y fotógrafo inglés Malcolm Venville visitó el lugar y capturó varias fotografías de su proyecto  “Las mujeres de la Casa X”. En las fotos se advierten los cuerpos que cargan todo el peso de una vida desgastante noche tras noche, el paso de los años ha transformado lo que en principio ha consistido su herramienta de trabajo y el deterioro es evidente, que, por supuesto, no perdona.

Malcolm Venville

http://www.upsocl.com/mundo/esta-casa-de-retiro-para-prostitutas-jubiladas-muestra-lo-que-pasa-con-ellas-tras-abandonar-la-calle

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