El «boom» de los hoteles sexuales de Madrid

Establecimientos casi de lujo ofrecen camas de agua, juguetes sexuales y todo lo necesario para cumplir «fantasías», incluso en grupo. Disponen hasta de disfraces de Caperucita y el Lobo

Zouk Hotel

El «boom» de los hoteles sexuales de Madrid

ZOUK HOTEL
Piscina privada en una de las habitaciones de Zouk Hotel

Madrid cuenta ya con varios hoteles eróticos. Sí, como suena. No son pensiones de mala muerte ni los típicos moteles de películasnorteamericanas donde se refugian «fugitivos», no. Se trata de establecimientos con estancias limpias, perfectamente acondicionadas y con mobiliario, al menos si nos atenemos a las fotos de sus webs, que se asemejan más al lujo que a lo chabacano.

Uno de los más conocidos es el Zouk Hotel, situado en Alcalá de Henares. Cuenta con cinco tipos de suites. Para preservar la intimidad de los clientes, el «check in» puede realizarse desde el coche y dirigirse directamente a la habitación, pues cada una cuenta con su propiaplaza de garaje. En este «hotel del amor», que es como se autodenomina, existen tarifas por horas, suites con piscina y jacuzzi y hasta un catálogo de juguetes sexuales. Las tarifas son muy amplias, y van desde los 56 a los 425 euros por estancia.

Luxtal: love rooms por horas

El «boom» de los hoteles sexuales de Madrid

LUXTAL
Una de las habitaciones «love room» de Luxtal

Otra opción es el Luxtal (habitaciones -love rooms- por horas). Enclavado en pleno barrio de Chamartín, no sólo está enfocado para parejas, sino también para la práctica de tríos o sexo en grupos mayores. «Destacan la variedad y amplitud de sus espacios, camas de 2,10 metros de diámetro en forma de media luna y luces de ambiente en diferentes colores…». Los precios, dependiendo de las horas, van desde los 35 a los 140 euros por pareja.

Suites Loob

El «boom» de los hoteles sexuales de Madrid

SUITES LOOB
Habitación con luces domóticas, el jacuzzi, piscina, baño de burbujas de Suites Loob

El establecimiento Suites Loob se vende como «la privacidad más exclusiva de Madrid». No faltan la «boutique erótica», tampoco las luces domóticas, el jacuzzi, piscina, baño de burbujas y el garaje con total privacidad… Se encuentra en Torrejón de Ardoz y sus tarifas varían según las horas (mínimo, cuatro) o días de estancia, desde 62 a 600 euros.

El Motel Los Peñascales, un clásico

El «boom» de los hoteles sexuales de Madrid

MOTEL LOS PEÑASCALES
Habitaciones con sillones támtricos en el Motel los Peñascales

Es un clásico. El Motel Los Peñascales, en el término municipal de Las Rozas, «para parejas con máxima discrección», dispone también de parking privado, habitaciones con sillones támtricos, wifi gratis y las opciones de disfrutar de sauna y jacuzzi. Las tarifas son más económicas, desde 40 a 150 euros, también dependiendo del tiempo de estancia, desde 4 horas a un día.

Spa rural Ars Vivendi, muy cerca de Madrid

El «boom» de los hoteles sexuales de Madrid

ARS VIVENDI

El spa rural Ars Vivendi ofrece hasta comienzos de mayo «una experiencia erótica». Sin estar propiamente en la provincia de Madrid (se encuentra en Segurilla, Toledo, a una hora de la capital), el establecimiento se propone si «hace tiempo que no estás satisfecho con tu vida sexual y estás deseando pasar unos días de pasión con tu pareja».

La «experiencia erótica», de dos noches, ofrece a los clientes incluso un kit con disfraces sexys: médico y enfermera, Caperucita y el Lobo, piloto y azafata, colegiala y empollón, preso y policía o Pedro Picapiedra y Wilma. Así, como suena. Precio: 195 euros por noche y persona.

http://www.abc.es/madrid/tops/20150322/abci-boom-hoteles-sexuales-madrid-201503211324_5.html

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Crece el fenómeno de las mujeres «puma» en busca de «toy boys»

Actrices de Hollywood han dado visibilidad mediática a este tipo de relación

Crece el fenómeno de las mujeres «puma» en busca de «toy boys»

Se dispara el perfil de féminas de más de 40 años, principalmente de clase social alta, que buscan relaciones con chicos mucho más jóvenes que ellas

Crece el fenómeno de las mujeres

La atracción física es una de las bases de los «toy boys» Neto Baldo

ALBERT DOMÈNECH

La definición de mujerespuma” o “cougar”, responde a la descripción de féminas que tienen relaciones con chicos diez o veinte años más jóvenes que ellas. El nombre, de marcado tono machista y despectivo, remite a la idea de hembras que salen a la caza en busca de jovencitos. Ellos tampoco se salvan de ser catalogados con desprecio al formar parte de una relación así: La expresión “toy boy” se traduce en castellano como un tipo de chico juguete, en referencia a un modelo de hombre que es utilizado por la mujer con finalidades sexuales. Esta es una tendencia que, a pesar de haber existido siempre, actualmente ha ganado presencia y visibilidad gracias a ejemplos que nos llegan preferentemente de la industria de Hollywood. Más allá del lenguaje y de las etiquetas, en este caso, nocivas y no siempre realistas, existe una tendencia social en la que cada vez son más las mujeres que adoptan una estrategia o actitud que, tradicionalmente, ha formado parte siempre del universo masculino.

Los perfiles más habituales
El cambio de roles que está experimentado el sexo femenino, unido a su liberación sexual, es clave para entender este tipo de relación que va a más en los últimos años. La psicóloga y terapeuta de pareja, Emma Ribas, cree que el uso de estas etiquetas despectivas para referirse a esta situación “son completamente injustas porque ambas personas han elegido libremente tener una relación así, y no se las puede juzgar”. Ribas asegura que en su consulta son muchos los casos de mujeres que, una vez separadas o divorciadas, se decantan por esta nueva relación: “Son personas que han tenido un rol totalmente asimétrico en su anterior relación, cargando con muchas responsabilidades y mochilas, de las que ahora quieren huir. Es por ello que eligen alguien más joven, fresco, divertido, con el que compartir aficiones y pasarlo bien”. Por su parte, “el hombre más joven se siente atraído por la experiencia o, incluso, por las fantasías que se derivan de una relación novedosa con una mujer más madura que le puede guiar en otras aspectos vitales”, explica Ribas.

Cambio de roles
Una de las actitudes unidas a la reciente y cada vez más extensiva liberación sexual es la que hace referencia a mantener relaciones con hombres mucho más jóvenes que ellas, algo que está más normalizado socialmente cuando es el chico el que sale con una mujer de menos edad. Según el sociólogo y profesor de los estudios de humanidades de la UOC, Francesc Núñez, esta situación refleja un traspaso de estatus que, por poco habitual, es recibido como algo chocante en nuestra sociedad: “Esta situación pone en duda la dominación masculina y los estereotipos que arrastramos desde hace milenios, y esto implica romper unas reglas y oponerte al mainstream general, algo que es percibido como una agresión o como algo que molesta”. Para el sociólogo, es aquí cuando se entra a valorar este tipo de relación en términos de racionalidad instrumental económica, y más si se tiene en cuenta que muchas de las mujeres que deciden apostar por un hombre más joven tienen una posición social alta: “Hay un intercambio de intereses, la parte masculina pone la juventud y la frescura, y la femenina el poder, el dinero y el prestigio. No se trata sólo de una relación sexual, sino un juego de ascensión social”. Para Núñez, “es un clásico de la historia del amor que ahora es más vistoso ya que las mujeres también se han apuntado a ello”.

El sexo, en el punto de mira
El aspecto sexual también es un punto importante a la hora de iniciar una relación así. Ribas alerta de que “la mujer suele tener a partir de los 40 años un renacimiento biológico y sexual, especialmente aquellas féminas que se sienten realizadas y autosuficientes, con un trabajo estable, y que no buscan tener hijos. Esto les lleva a aprovechar que el hombre más joven está en su máxima plenitud sexual, especialmente aquellas edades comprendidas entre los 25 años y los 30 años”. El sociólogo Francesc Núñez matiza que es ahora cuando “el sexo se ha separado de lo que era tradicionalmente el matrimonio, por lo que socialmente se acepta más que uno pueda tener una relación sexual, independientemente de querer buscar a alguien con quien compartir la vida o tener hijos”. Para el profesor de humanidades, “históricamente las mujeres no han tenido el sexo como objetivo, sino que buscaban una relación más duradera que tuviera como base el compromiso, incluso la idea de formar una familia, aunque la edad jugaba en su contra, mientras que el hombre podía estar más años en el mercado y eso les daba más prestigio”. Núñez explica que, “con la actual liberación sexual, las mujeres se sienten cada vez más amas de su cuerpo y de sus emociones, por lo que han pasado a buscar otro tipo de relación afectiva”. Aunque los perfiles son muy diversos, el profesor no descarta en este tipo de relaciones cierto acto de transgresión por parte de las mujeres: “En este momento puede existir un cierto componente de provocación social, como cuando las mujeres decidieron vestirse con pantalones, aún así, sólo es por la rareza del momento ya que la novedad siempre llama la atención y todavía no es un movimiento generalizado”, concluye Núñez.

Las relaciones y el sexo siempre se han centrado en diferentes objetivos: hay quien busca un lazo serio y formar una familia, mientras que otras personas las viven sólo como momentos de placer y diversión. Aunque la etiqueta de “mujer puma” nace básicamente de un interés sexual por el hombre joven, no es descartable que este intercambio culmine también en un tipo de relación más estable. Y es aquí donde pueden surgir algunos problemas, especialmente a la hora de hacerla pública: “Hombres y mujeres sufren más a la hora de explicar su nueva relación a familiares y amigos, por miedo al rechazo o a los prejuicios”, admite Ribas. La psicóloga cree que en estos casos es “de vital importancia comprobar el proyecto de futuro que tiene cada uno de ellos, ya que el problema real surge cuando una de las dos partes quiere seguir con la relación y la otra no, algo que puede derivar en problemas de dependencia”. Por su parte, el sociólogo Francesc Núñez cree que el enamoramiento es más difícil de ver en este tipo de relación: “El amor romántico, el que te arrastra, en este momento de la humanidad y, especialmente en las clases más altas, es menos frecuente porque saben que tienen más a perder que a ganar”.

Modelos mediáticos
Si algo ha hecho visible este tipo de relación en el que mujeres mayores escogen a chicos jóvenes como compañía ocasional o estable, es la industria cinematográfica de Hollywood que, en los últimos años, está plagada de ejemplos de las llamadas “mujeres puma”. La actriz Demi Moore, que tuvo un romance apasionado con el también actor Ashton Kutcher, 16 años menor que ella, es un claro estandarte, aunque hay muchos más nombres: Liz Taylor, Cher, Jennifer Aniston, Madonna o Jennifer López, entre otras. En España el ejemplo más claro durante años ha sido el de la recientemente fallecida Duquesa de Alba, aunque existen otros de renombre como los de Ana Obregón, Susana Uribarri o el romance que mantuvo Carmen Martínez Bordiú con José Campos. “En la vida social los comportamientos se transmiten por imitación.

La globalización actual y el avance de las nuevas tecnologías está facilitando este efecto espejo y la proliferación de nuevos modelos, sean buenos o malos”, asegura el sociólogo Núñez. Emma Ribas, por su parte, cree que el poder mediático del cine y las series de televisión, así como la proliferación de casos famosos, tiene mucho que ver a la hora de dar más visibilidad a este tipo de relaciones, aunque deja claro que “estas mujeres que muestran a su chico joven como si fuera un trofeo” no son el tipo de modelos que suelen abundar en la realidad de su consulta, más cercanos a los factores antes mencionados como la liberación sexual de la mujer o la búsqueda de un lazo con menos responsabilidades. “Las mujeres han tomado conciencia de su potencial y, la mayoría de ellas, tienen muy claro hoy en día lo que quieren y lo que no quieren, y son mucho más maduras”, concluye Ribas.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/vida/20141127/54420253108/crece-fenomeno-mujeres-puma-busca-toy-boys.html#ixzz3KMhEY395

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Por qué los hombres pagan por sexo – BBC Mundo

El acalorado debate sobre si hay algo de malo con comprar sexo y si debería ser ilegal sigue sin resolverse. Lo que rara vez se discute es qué motiva a los hombres a pagarle a una mujer para que se acueste con ellos. He aquí lo que le dijeron algunos a Charlotte McDonald, de la BBC.

Fred y Laura salen a caminar, salen juntos de la ciudad los fines de semana, pasean por mercados y a menudo tienen citas en restaurantes.

Se ríen de cosas que han visto en la televisión. Y también pelean y tienen fuertes discusiones.

Como cualquier pareja, tienen sus altibajos.

Pero no son como cualquier pareja.

Fred le paga a Laura para que pase unos ratos con él, lo que incluye tener relaciones sexuales.

Por falta de oportunidad

Se conocen desde hace seis años.

A algunos los motiva el tener compañía femenina tanto como el sexo.

«Nos conocimos online en una sala de chat», cuenta Fred, un hombre retirado. «Le pregunté si quería pasar una noche en un hotel conmigo».

Dice que fue como una primera cita, «empezando a conocernos, examinándonos».

«Ahora nos conocemos tan bien que Fred sencillamente transfiere el dinero a mi banco antes de que nos encontremos», añade Laura.

Fred vive en un área rural remota y durante muchos años tuvo que dedicar todos sus días al cuidado de su mamá. Por eso, le dice a la BBC, no tenía la oportunidad de conocer gente, y decidió pagar por sexo.

«Realmente no era tanto el sexo sino el deseo de contar con la compañía de una mujer, y si uno no está saliendo o socializando, es muy difícil saber cómo conseguir amigas».

Por el matrimonio

Para Robert, la relación con su pareja es excelente; el sexo, no tanto.

Robert ha estado casado durante muchos años.

«Terminé siendo un hombre con una libido muy alta casado con una mujer que realmente no disfruta del sexo… ni siquiera de abrazos, besos, caricias, nada así».

«Ella es una pareja excelente. En todos los otros aspectos, nos llevamos de maravilla; pero en la cama, no».

Robert guarda todo el dinero que puede para comprar sexo.

«No quería que mi matrimonio se acabara», dice. «Quería hacer lo mejor posible para mi esposa, así que lo más obvio fue pagar».

Por evitar el dolor

Mientras que Robert considera el pagar por sexo como una manera de preservar su matrimonio, Graham, de unos 30 años, llegó a creer que era la mejor forma de evitar la complejidad de las relaciones.

Durante los primeros 30 años de su vida, el exfuncionario gubernamental pensó que nunca sería el tipo de persona que daría dinero a cambio de relaciones sexuales.

Pero durante un fin de semana en Ámsterdam, unos hombres a los que acababa de conocer lo convencieron y terminó recorriendo las calles de la zona roja.

La zona roja de Ámsterdam es el lugar más famoso de Europa en el que la prostitución es legal.

Una chica los llamó, dos de los hombres la descartaron diciendo: «Podemos conseguir una mejor».

Pero ella se dirigió a Graham y le dijo: «A ti sí te gusto… quieres venir conmigo, ¿cierto?».

«En ese momento», dice, «no vi ninguna razón para no hacerlo».

La siguió hasta su cabina iluminada de rojo, donde pasó media hora charlando y copulando.

«Fue asombroso. Parecía muy romántico, se sentía como si estuviéramos condensando una relación entera en sólo un par de minutos», señala.

Reflexionando sobre sus relaciones previas y sus dolorosos desenlaces, se preguntó: «Quizás nada de eso sea necesario. Quizás uno puede pagar y tener estos momentos increíbles de espontaneidad, que duran sólo media hora… ¡simplemente, mágico!».

Por timidez

«Si no le pagara, ella ni consideraría acostarse conmigo», dice Simón.

Simón es un hombre tímido a quien nunca le ha resultado fácil conocer mujeres.

Cuando tenía 29 años decidió que iba a pagar para perder la virginidad. Pero no estaba cómodo con la decisión.

«Había leído en internet que para las mujeres no era bueno emocionalmente», explica.

Eso, sin embargo, no ha impedido que desde hace unos años visite regularmente a la misma mujer.

«Yo tengo un apetito e impulso sexual alto y no se trata sólo de que disfruto del sexo sino que si no lo practico, después de un tiempo, me siento terrible físicamente».

Simón prefiere ver a la misma mujer pues así está más relajado.

Pero aunque la conoce bien, no se hace ilusiones.

«Si no le pagara, ella ni consideraría acostarse conmigo».

Ha tenido un par de novias en los últimos años y dice que mientras estaba en esas relaciones dejó de pagar por sexo. Y que espera volver a tener una relación algún día.

«Preferiría que la mujer con la que estoy teniendo relaciones sexuales lo haga porque quiere estar conmigo, no por el dinero».

Por huir del sexo soso

Algunos pagan por realizar fantasías sexuales.

La motivación de Robert va más allá de la necesidad de intimidad. Él paga por sexo para satisfacer sus fantasías.

«Lo que busco son experiencias interesantes, y me justifico pensando que esto compensa todas esas miles de sesiones de sexo doméstico que no puedo tener y que nunca tendré».

Se describe como «un poco exhibicionista» y «voyeur«, y ha organizado orgías.

Brian, de más de 50 años de edad, también dice estar felizmente casado. No obstante, empezó a pagar por sexo mucho antes de conocer a su esposa.

Según él, al sexo en con su pareja le hace falta «un poco de picante».

«Quizás el haber conocido a otras mujeres antes con las que el sexo era muy bueno me dejó malacostumbrado: digamos que el sexo en el matrimonio no es tan bueno», le dice a la BBC.

Por eso y más

En la cocina de Fred lo observamos preparar con mucho empeño la cena, mientras explica que como conoce a Laura desde hace tanto, a menudo se ven como amigos. Pero si se van de vacaciones, él paga la tarifa normal.

Fred admite que está un poco enamorado de ella. ¿Le molesta entonces que Laura tenga otros clientes?

Fred está enamorado de la mujer a la que por años le ha pagado por estar con él.

«No, es su trabajo», contesta.

Por su parte, tras su primer encuentro en la zona roja de Ámsterdam, Graham estaba ansioso por recrear la experiencia.

Pero cuenta que la segunda vez que pagó por sexo no fue igual: la mujer parecía «melancólica».

La tercera vez lo dejó sin ganas de repetir la experiencia jamás, pues la mujer era fría y dura, y la habitación parecía el consultorio de un doctor.

«La miré mientras estábamos teniendo relaciones sexuales y noté que ella no podía enfocar la mirada. Me di cuenta de que estaba copulando con una adicta a las drogas. Me sentí horrible», recuerda.

«Bajé las escaleras y salí a la noche de Ámsterdam; todo el esplendor que había visto antes, todo lo que me había parecido algo exótico, de repente parecía sucio».

A Brian no le pasó lo mismo: sigue llevando una doble vida, con su familia y amigos ajenos al otro lado de su personalidad.

«No creo que les guste saber que pago por sexo, pues honestamente no es algo que hagan las personas respetables, que es lo que soy en todos los otros aspectos».

Algunos de los nombres de esta nota fueron cambiados.

El laberinto ético

«Prefiero vender mi cuerpo que venderle mi mente a una corporación», dice el cartel.

La idea de que los seres humanos puedan venderse es éticamente polémica.

No obstante, las trabajadoras sexuales a menudo dicen que ellas no venden sus cuerpos sino que, como otros trabajadores, sencillamente le fijan precio a sus talentos y habilidades.

Argumentan que si el trabajo sexual fuera descriminalizado y desestigmatizado, casi todos los problemas con la prostitución desaparecerían.

Tras leer este artículo, ¿ha cambiado su opinión?

http://m.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/08/140822_hombres_sexo_finde_dv#orb-banner

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El kamasutra de las pirámides

  • Lo que escondía el célebre papiro de Turín, hallado en una aldea del Valle de los Reyes

  • Nuevos libros y la gran especialista en la vida sexual de los faraones desvelan su secreto

  • ‘Es como si escucháramos detrás de la puerta de un dormitorio’

«¡Ven y hazme el amor

por atrás!, le exige impetuosa

la mujer a su pareja, dotada

de una verga descomunal»

La escena no es porno casero ni siquiera un pasaje de la insólita y gloriosa hazaña del Cipote de Archidona que tanto asombró a Camilo José Cela. La orden, tan fogosa como amenazante, aparece junto a su correspondiente viñeta en un papiro de los tiempos faraónicos que los egiptólogos decimonónicos y mojigatos arrumbaron en un cajón. «Es como si escucháramos detrás de la puerta de un dormitorio», reconoce a Crónica la egiptóloga danesa Lise Manniche, tal vez la mayor especialista en la animada vida sexual de los antiguos egipcios. La única diferencia es, por supuesto, que aquí se trata es de pegar el oído a una alcoba de hace varios milenios.

El bautizado como papiro erótico de Turín -se guarda en el museo egipcio de esa ciudad italiana- es descaradamente singular. Fue descubierto hecho trizas en el siglo XIX en las áridas tierras de Deir el-Medina, un poblado de artesanos y obreros cerca del Valle de los Reyes, en la orilla occidental de Luxor, la antigua Tebas. Su castigado puzle data del reinado de Ramsés II (1279-1213 a.C.) y reúne 12 posturas sexuales con todo lujo de detalles. Los machos, calvos y rollizos, son sementales que retozan con mujeres estilizadas que se retuercen, inclinan y flotan dóciles y flexibles. «El papiro es único. Algunas posturas son conocidas, aunque no demasiadas, pero no en este soporte sino en lascas de piedra caliza o como figurines. Contiene además fragmentos de las conversaciones del hombre y la mujer», apunta Manniche.

Su contenido de alto voltaje ha perturbado a algunos intelectuales -«es una imagen de monstruosa obscenidad», declaró Jean François Champollion, el orientalista francés que descifró los jeroglíficos a partir de la piedra Rosetta- y ha exasperado a quienes han tratado de buscarle un sentido. La última revisión procede precisamente de tierras galas. El divulgador francés Thierry Do Espirito acaba de publicar Pharao-nique! La vie sexuelle au temps des pharaons: Histoire et révélations, una obra que bucea en la libido de los soberanos egipcios.

El papiro sigue siendo la pieza clave del oculto universo sexual del antiguo Egipto. La parte superior, la más divulgada y políticamente correcta,contiene ilustraciones de animales a modo de fábula. La inferior, en cambio, invita, según los expertos, a perderse por un burdel faraónico. O, dicho en su argot, por una «casa de la cerveza». Y es que además del vicio carnal, salpicados por el pergamino aparecen placeres etílicos servidos en jarras. Todo dispuesto para un trago de éxtasis.

«El propósito del papiro no está del todo claro. Como es una docena de escenas de coito diferentes, se podría pensar que se trata de un manual o quizás de alguien que ha encargado dibujar sus juergas», aventura la autora de La esfinge erótica. La vida sexual de los antiguos egipcios, un ensayo publicado en la década de 1980 que fue lo más parecido a un destape que ha conocido la civilización faraónica. «El pliego proviene de Deir el-Medina, cuya población masculina trabajaba en el Valle de los Reyes y podían estar lejos de casa hasta 10 días. Además, sabemos por otras fuentes que las actividades extra matrimoniales no eran inusuales en esta villa», agrega.

«A la finalidad del papiro se le da muchas vueltas. Lo cierto es que la sátira del documento es rotunda», señala a este suplemento el egiptólogo José Miguel Serrano Delgado, profesor de la Universidad de Sevilla y subdirector del proyecto español Djehuty, quien horada cada invierno Luxor en busca de tesoros extraviados.

Es cierto que, si la mirada se detiene y se recrea, las escenas de esta bacanal rezuman hilaridad: los clientes del prostíbulo -probablemente altos dignatarios de la corte y grandes sacerdotes- lucen panzas ajenas al canon de la época -esos trazos de morenos cuerpos fornidos y torsos esculpidos y desnudos que pueblan los templos- y sostienen falos erectos y desmesurados. Por sus gestos parecen hallarse extremadamente cansados, exhaustos como si se les hubiera pasado el tiempo de las correrías. Las meretrices, en cambio, guardan la línea y cuidan su vestuario. Están radiantes. Para más escarnio a la hombría de sus acompañantes, las mujeres «aparecen de forma recurrente tomando la iniciativa», indica el arqueólogo.

¿Es el ardiente croquis del papiro de Turín el Kama Sutra perdido de los antiguos egipcios? «Podría ser porque se representan distintas posiciones de penetración pero el tratamiento del miembro viril es muy chocante. La imagen del hombre es ridícula. Creo que no está pensado tanto para excitar o adoctrinar como para divertir», replica Serrano Delgado. «No es propaganda ni didáctica. Los egipcios también realizaban cosas como los dibujos que puede garabatear un escolar en un pupitre o como las representaciones eróticas que deben decorar las mansiones de algunos millonarios actuales».

«El Kama Sutra es mucho más que un manual con ilustraciones de posturas sexuales. Lo único que tienen en común ambos documentos es el tipo de lector que debía apreciarlo, la élite», esboza Manniche.

Controversias aparte, lo que sí desnuda el pergamino son las posturas con las que se desfogaban los habitantes del Nilo. «La posición representada con más frecuencia y que podríamos etiquetar como popular es la del hombre de pie con las piernas de la mujer rodeando su cuello. También se muestra a menudo a la mujer acostada encima», enumera la investigadora. El Libro de los Ataúdes, no obstante, recomienda la posición contraria: «Él copulará en esta tierra de noche y de día; el orgasmo de la mujer llegará debajo de él cada vez que copule».

«Las representaciones iconográficas y las figurillas revelan que hacían el amor como todo el mundo. Por delante y por detrás y en posiciones como la del misionero o la cópula a tergo (el hombre penetra a la mujer por su parte trasera, tanto por la vagina como por el ano)», asevera el profesor de la Hispalense. Una de las escenas más llamativas del pliego es precisamente la que muestra el coito anal de una una mujer subida a un carro de guerra tirado por dos muchachas diminutas. El amante la penetra mientras su mano izquierda se aferra a sus cabellos y su derecha sostiene un tarro. «Cabría pensar que el frasco contendría algún tipo de ungüento que permitiría una mayor facilidad en la penetración anal», subraya Marc Orriols i Llonch, egiptólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona, en un artículo que desentraña la cópula a tergo a partir del léxico y la iconografía erótica del Antiguo Egipto. Y concluye: «El tipo de coito más recurrente en la imaginería es aquel en el que el hombre penetra a la mujer por su parte trasera. Dentro de estas representaciones se distinguen dos tipos de documentos con finalidades muy distintas. Por una parte, los satíricos, en los que la penetración anal simbolizaría la degradación del personaje sodomizado. Y, por otra, los cotidianos, que reflejarían las fantasías sexuales de los hombres del antiguo Egipto.

El ardor del faraón y sus súbditos tiene una frontera: la felación y el cunnilingus. No se ha hallado hasta la fecha una prueba que confirme su práctica. Lo más aproximado son algunas «figuras obscenas»que enseñan a una mujer sosteniendo y aproximando a la boca el falo, también de tamaño XXL, de su compinche. Pero, como dice Serrano Delgado, negar su existencia es aventurar demasiado. «Tampoco existe este tipo de representación en otras culturas. Hay ciertas cosas que no hay por qué decirlas ni por qué inmortalizarlas», arguye. De lo que sí hay constancia es del gusto por fetiches como pelucas femeninas abundantes y de color azabache. «Parece que la peluca enviaba un mensaje de deseo sexual», apunta el académico.

A diferencia de los arqueólogos pacatos que se escandalizaron al descubrir el trajín de las alcobas faraónicas, sus habitantes vivían sus escarceos sin tabúes, con una libertad difícil de entender para los corsés de cristianos y musulmanes. «Era entendido como algo muy natural, desligado de lo ético y moral y de cualquier noción de pecado», sugiere Serrano Delgado. Lo del matrimonio no era aún un trámite lleno de formalismos y no existía el voto de llegar virgen al altar.

La corte del faraón soñaba en los goces que les depararía la vida de ultratumba y, quien tenía bolsillo para construirse un enterramiento, reproducía en sus muros escenas dignas de las revistas porno de hoy.Se conocían técnicas abortivas y la homosexualidad masculina estaba aceptada, tanto que algunas de sus tórridas relaciones han llegado a nuestros días talladas en algunas tumbas. Pero, más allá del bendito placer, la sexualidad era reproducción. Un papiro médico recoge, por ejemplo, el primer test de embarazo de la Historia: un rudimentario sistema de dos tiestos con cereales, uno con avena y otro con cebada, que son regados por la orina de la mujer. Si crece el grano, hay estado de buena esperanza.

En la mitología egipcia, el sexo fue la verdadera gasolina del mundo. La creación nació de una masturbación. Atum-Re, el dios supremo se hallaba terriblemente solo en el universo. A falta de hembra, no tuvo más remedio que tomar su falo y -como detallan los escritos- «hacer el amor con su mano». De la eyaculación surgieron los hermanos Shu y Tefnut y con ellos las leyes del deseo por las que aún perdemos el sentido.

http://www.elmundo.es/cronica/2014/08/10/53e61004e2704ebc0d8b4577.html

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Sexo oral a un hombre

HOMBRE Y SEXUALIDAD

Sexo oral a un hombre

¿Son tan fáciles como pensamos los hombres? ¿Con un tipo de estimulación es suficiente para hacerle feliz mientras recibe sexo oral? ¿O podemos hacer distintas cosas para hacer que el juego sea variado?

Una pareja, en la cama.

Marin

Una pareja, en la cama.

Hace poco comentábamos que el sexo oral es una de las prácticas más placenteras que puede ofrecernos nuestro cuerpo cuando jugamos íntimamente. Y así como son muchas las mujeres que quizás rehúyen la posibilidad de que jueguen con sus genitales, a la mayoría de hombres les encanta que jueguen oralmente con su pene.

Posiblemente el juego que tiene la boca y la lengua, la movilidad, las posibilidades que hay en esta parte del cuerpo no es la misma que en la vagina o en el ano. Eso no significa que una sea peor que la otra, sencillamente ofrece distintas posibilidades.

En el espacio que dedicamos al sexo oral a la mujer dijimos que uno de los requisitos principales era no correr, ir lentos y no ir directamente a la zona genital. ¿Sirve la misma norma para un hombre? ¿Qué pensáis?

Posiblemente muchos de vosotros diréis que a un hombre se le puede atacar directamente en la entrepierna… ¿es cierto?

Quizás no directamente sin hacer nada previo (aunque en las fantasías de muchos hombres así sea) pero el tiempo para preparar el terreno suele ser más breve que el de la mujer. Parece que los hombres están mucho más conectados con su sexualidad y con sudeseo y eso hace que se pueda ir un poco más de prisa con ellos.

¿Cómo hacerle sexo oral a un hombre?

Veamos el ritmo del hombre, en general (teniendo en cuenta que siempre hay excepciones, evidentemente):

-Aunque no se suele empezar por el sexo oral, el contacto directo con los genitales suele ser bien aceptado

-No es necesario que el pene esté en erección para iniciar el sexo oral, se puede lamer aunque esté en estado de reposo

-Al pasar por la zona genital, es importante no olvidar a los vecinos del pene… los testículos. Ala mayoría de hombres suele gustarles la estimulación testicular mientras reciben estimulación del pene

-Para aumentar las ganas y hacer “agonizar” un poco al hombre, puede ser una buena idea empezar muy lentamente

-Y se puede combinar con ritmo más acelerado para aumentar la pasión

-Por lo que, la combinación de ritmos siempre es bien recibida

-No olvidemos las zonas de contacto: el tronco del pene es importante y la zona más sensible suele ser el glande. Combinar la estimulación oral de ambas zonas es importante

-Tipo de presión: la boca se cierra y se abre y podemos jugar con distintos ángulos de obertura de la boca para ejercer más o menos presión sobre el pene

-La lengua… no la abandonemos, no solamente podemos introducir el pene en la boca, la lengua también puede juguetear…

¿Qué debemos preguntar antes de hacerlo?

-Hay hombres que desean que se les estimule la zona anal mientras reciben sexo oral… pero mejor preguntar antes que hacerlo sin más

-¿Morder o no morder? Hay penes que les gusta recibir mordiscos y otros penes que lo detestan… ¿Y si lo hablamos con el propietario del pene?

Evidentemente, es importante la comunicación entre la pareja porque si a el hombre que recibe el sexo oral no leg usta lo que su pareja le está haciendo o desearía que lo hiciera de otra manera… debe comentárselo sin ningún problema de la manera más natural y tranquila posible. Al mismo tiempo, quien da el sexo oral debe exponer sus dudas si en algún momento le aparece alguna…

Cosas que nos pueden ayudar para practicar sexo oral

Preservativos de sabores: la protección es crucial al practicar sexo oral. Muchas personas creen que no es una práctica de mucho riesgo pero la verdad es que puede ser de gran riesgo para contraer distintas infecciones de transmisión sexual (ITS), por lo que recomendamos usar condón para practicar sexo oral a no ser que:

* Seáis pareja estable

* Seáis fieles (o si hay infidelidad sea con preservativo)

*Tengáis pruebas médicas que corroboren que no tenéis ninguna ITS

-La comida también puede darnos un buen juego… es importante recordar aquí que es importante mantener buena higiene después del sexo oral, sobretodo si se usa comida…

Tus ideas

¿Y tú? ¿Tienes alguna otra idea para hacer más divertido el sexo oral? ¿La compartes con nosotros?

Gracias!

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Sexe oral a un home

¿Els homes són tan fàcils com ens pensem? ¿Amb un tipus d’estimulació n’hi ha prou per fer-lo feliç mentre rep sexe oral? ¿O podem fer diferents coses per fer que el joc sigui variat?

Fa poc comentàvem que el sexe oral és una de les pràctiques mésagradables que ens pot oferir el cos quan juguem íntimament. I així com són moltes les dones que potser defugen la possibilitat que juguin amb els seus genitals, a la majoria d’homes els encanta que juguin oralment amb el seu penis.

Possiblement el joc que té la boca i la llengua, la mobilitat, les possibilitats que hi ha en aquesta part del cos no és la mateixa que a la vagina o l’anus. Això no significa que una sigui pitjor que l’altra, senzillament ofereix diferents possibilitats.

En l’espai que vam dedicar al sexe oral a la dona vam dir que un dels requisits principals era no córrer, anar lents i no anar directament a lazona genital. ¿Serveix la mateixa norma per a un home? ¿Què en penseu?

Possiblement molts de vosaltres direu que a un home se’l pot atacar directament a l’entrecuix… ¿és cert?

Potser no directament sense fer res previ (encara que a les fantasies de molts homes sigui així) però el temps per preparar el terreny sol ser més breu que el de la dona. Sembla que els homes estan molt més connectats amb la seva sexualitat i amb el desig i això fa que es pugui anar una mica més de pressa amb ells.

¿Com fer-li sexe oral a un home?

Vegem el ritme de l’home, en general (tenint en compte que sempre hi ha excepcions, evidentment):

-Encara que no s’acostuma a començar pel sexe oral, el contacte directe amb els genitals sol ser ben acceptat

-No cal que el penis estigui en erecció per iniciar el sexe oral, es pot llepar encara que estigui en estat de repòs

-Al passar per la zona genital, és important no oblidar els veïns del penis… els testicles. A la majoria d’homes els sol agradar l’estimulació testicular mentre reben estimulació del penis

-Per augmentar les ganes i fer “agonitzar” una mica l’home, pot ser una bona idea començar molt lentament

-I es pot combinar amb ritme més accelerat per augmentar la passió

-La combinació de ritmes sempre és ben rebuda

-No oblidem les zones de contacte: el tronc del penis és important i la zona més sensible sol ser el gland. Combinar l’estimulació oral de les dues zones és important

-Tipus de pressió: la boca es tanca i s’obre i podem jugar amb diferents angles d’obertura de la boca per exercir més o menys pressió sobre el penis

-La llengua… no l’abandonem, no només podem introduir el penis a la boca, la llengua també pot jugar…

¿Què hem de preguntar abans de fer-ho?

-Hi ha homes que desitgen que se’ls estimuli la zona anal mentre reben sexe oral… però val més preguntar abans que fer-ho d’entrada

-¿Mossegar o no mossegar? Hi ha penis als quals els agrada rebre mossegades i altres penis que ho detesten… ¿I si ho parlem amb el propietari del penis?

Evidentment, és important la comunicació entre la parella perquè si a l’home que rep el sexe oral no li agrada el que la seva parella li està fent o desitjaria que ho fes d’una altra manera… l’hi ha de comentar sense cap problema de la manera més natural i tranquil·la possible. Al mateix temps, qui dóna el sexe oral ha d’exposar els seus dubtes si en algun moment n’hi apareix algun…

Coses que ens poden ajudar per practicar sexe oral

Preservatius de gustos: la protecció és crucial al practicar sexe oral. Moltes persones creuen que no és una pràctica de molt risc però la veritat és que pot ser de gran risc per contraure diferentsinfeccions de transmissió sexual (ITS), així que recomanem fer servir condó per practicar sexe oral tret que:

* Sigueu parella estable

* Sigueu fidels (o si hi ha infidelitat sigui amb preservatiu)

*Tingueu proves mèdiques que corroborin que no teniu cap ITS

-El menjar també ens pot donar un bon joc… és important recordar aquí que és important mantenir bona higiene després del sexe oral, sobretot si s’utilitza menjar…

Les teves idees

¿I tu? ¿Tens alguna altra idea per fer més divertit el sexe oral? ¿La comparteixes amb nosaltres?

Gràcies!

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Erika Trejo: «Me gusta hacer pupa por los derechos de la mujer»

Esta mexicana rebelde pone su cuerpo al servicio del arte, la política y la mazmorra. Es un ama dominante.

 NÚRIA NAVARRO

 

«Me gusta hacer pupa por los derechos de la mujer»_MEDIA_1

Erika Trejo es hija de una feminista mexicana. Quizá por eso toleraba mal la violencia machista que veía a su alrededor en México DF. «Pegaban a mis amigas, y a las madres de mis amigas, y yo no podía salir a la calle en shorts», cuenta. Sintió que tenía que dar la cara, y lo hizo convirtiendo su cuerpo en una plataforma artística y política. Pero también en su herramienta de trabajo. Es un ama dominante. De las de látigo y látex y mazmorra.

-Doble vida, usted. ¿Por dónde empezamos?

-Por el Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena de México DF, donde aprendí danzas y tradiciones orales y vi que existía un pensamiento colonizador en el arte que ahogaba la cultura ancestral. Acabé los estudios en 1999, y llegó la marcha zapatista al DF. Montamos un espectáculo con ellos y, como muchos de mi generación, viajé a Chiapas, a trabajar para la comunidad.

-Esa etapa de compromiso acabó.

-En el 2000 decidí recorrer las capitales del arte europeas. Pensaba que bastaba con coger el avión y ya está, pero en Madrid fui una simpapeles. Así que empecé a trabajar como estríper. Con el dinero, pateé Europa viendo arte. Y fui descubriendo que había un discurso que podía hacer con mi cuerpo. Me puse a trabajar temas feministas como artista visual.

-Ha expuesto en Londres, Nueva York, La Habana. ¿Me explica alguna pieza suya?

-Le explicaré una sobre la colonización que presenté en Copenhague: la inicié con una danza salvaje -que es la percepción que creo que tiene Occidente de otros pueblos-,

y empecé a sacarme sangre, y le pedí a una persona del público que me pintara con ella «1492» en mi cuerpo desnudo.

-¡Caray! De Madrid saltó a Murcia, y ha acabado en Barcelona. Raro itinerario.

-Vine a Barcelona porque aquí nació el

postporno y hay una sólida industria del erotismo. Pero llevo solo seis meses. Aquí estoy trabajando una pieza de cinco horas sobre iconos femeninos mexicanos: la Coatlicue, la Virgen de Guadalupe, Juana Inés de la Cruz, Frida Kahlo… México es extremadamente machista, pero su backstage cultural es femenino. Creo que el origen de la violencia contra la mujer quizá esté en la Malinche, que tuvo hijos con el conquistador. De repente, todas somos malinches. Poseemos un cuerpo que puede ser destrozado.

-Una hipótesis interesante. Pero usted no se gana la vida con esto.

-Me la gano como dómina. Es un trabajo que encaja con mi acción política y artístico, y con mi feminismo.

-¿Con su feminismo, dice?

-En la dominación hay un juego de roles muy interesante. ¡Esa mujer prostituida, engañada por las mafias… resulta que es la que azota! Me gusta hacer pupa por los derechos de la mujer.

-No hay escuelas para dóminas, ¿o sí?

-La dominación tiene mucho de representación, y de eso sé bastante. Aun así, durante un año funcioné como sumisa, para conocer los límites del cuerpo y saber cómo tratar el del otro. Es un trabajo de sensibilidad, de respeto, de mucha psicología.

-¿Qué tipo de gente pide sus servicios?

-Gente educada, de alto nivel, con mucha responsabilidad y mucha presión.

-Un oficio muy físico, claro.

-Es un trabajo que requiere fuerza, porque en la mazmorra hay que atar y pegar.

-¿Ningún momento de apuro?

-Alguno he tenido. No por los clientes, sino por mí. La gente tiene fantasías que a menudo debe esconder y que, al final, pueden salir en avalancha. Así que si te piden algo muy loco, temes que te falte la destreza suficiente… Yo hago esto para pagar las facturas y porque me permite trabajar lo subjetivo en el arte, pero si no me hiciera falta el dinero no sé yo si lo dejaría…

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/erika-trejo-gusta-hacer-pupa-por-los-derechos-mujer-3276275

GENT CORRENT

Erika Trejo: «M’agrada fer pupa pels drets de la dona»

Aquesta mexicana rebel posa el seu cos al servei de l’art, la política i la masmorra. És una dòmina.

Erika Trejo és filla d’una feminista mexicana. Potser per això tolerava malament la violència masclista que veia al seu voltant a Mèxic DF. «Pegaven a les meves amigues, i a les mares de les meves amigues, i jo no podia sortir al carrer en shorts», explica. Va sentir que havia de donar la cara, i ho va fer convertint el seu cos en una plataforma artística i política. Però també en la seva eina de treball. És una dòmina. De les de fuet i làtex i masmorra.

-Doble vida, llavors. ¿Per on comencem?

-Pel Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena de Mèxic DF, on vaig aprendre danses i tradicions orals i vaig veure que existia un pensament colonitzador en l’art que ofegava la cultura ancestral. Vaig acabar els estudis el 1999, i va arribar la marxa zapatista al DF. Vam muntar un espectacle amb ells i, com molts de la meva generació, vaig viatjar a Chiapas, a treballar per a la comunitat.

-Aquella etapa de compromís es va acabar.

-El 2000 vaig decidir recórrer les capitals de l’art europees. Pensava que només havia d’agafar l’avió i ja està, però a Madrid vaig ser una sense papers. Així que vaig començar a treballar com a stripper. Amb els diners, vaig viatjar per Europa veient art. I vaig anar descobrint que hi havia un discurs que podia fer amb el meu cos. Em vaig posar a treballar temes feministes com a artista visual.

-Ha exposat a Londres, Nova York, l’Havana. ¿M’explica alguna peça seva?

-N’hi explicaré una sobre la colonització que vaig presentar a Copenhaguen: la vaig iniciar amb una dansa salvatge -que és la percepció que crec que té Occident d’altres pobles-,

i vaig començar a treure’m sang, i li vaig demanar a una persona del públic que em pintés amb ella «1492» al meu cos nu.

-¡Carai! De Madrid va saltar a Múrcia, i ha acabat a Barcelona. Un itinerari estrany.

-Vaig venir a Barcelona perquè aquí va néixer el postporno i hi ha una sòlida indústria de l’erotisme. Però només fa sis mesos que hi sóc. Aquí estic treballant una peça de cinc hores sobre icones femenines mexicanes: la Coatlicue, la Verge de Guadalupe, Juana Inés de la Cruz, Frida Kahlo… Mèxic és extremadament masclista, però el seubackstage cultural és femení. Crec que l’origen de la violència contra la dona potser està en la Malinche, que va tenir fills amb el conquistador. De sobte, totes som malinches. Posseïm un cos que pot ser destrossat.

-Una hipòtesi interessant. Però vostè no es guanya la vida amb això.

-Me la guanyo com a dòmina. És una feina que encaixa amb la meva acció política i artística, i amb el meu feminisme.

-¿Amb el seu feminisme, diu?

-En la dominació hi ha un joc de rols molt interessant. ¡La dona prostituïda, enganyada per les màfies… resulta que és la que pega! M’agrada fer pupa pels drets de la dona.

-No hi ha escoles per a dòmines, ¿o sí?

-La dominació té molt de representació, i d’això en sé bastant. Tot i així, durant un any vaig funcionar com a submisa, per conèixer els límits del cos i saber com tractar el de l’altre. És un treball de sensibilitat, de respecte, de molta psicologia.

-¿Quin tipus de gent demana els seus ­serveis?

-Gent educada, d’alt nivell, amb molta responsabilitat i molta pressió.

-Un ofici molt físic, és clar.

-És una feina que requereix força, perquè a la masmorra s’ha de lligar i pegar.

-¿Cap moment de dificultat?

-N’he tingut algun. No pels clients, sinó per mi. La gent té fantasies que sovint ha d’amagar i que, al final, poden sortir disparades. Així que si et demanen una cosa molt boja, tems que et falti l’habilitat suficient… Faig això per pagar les factures i perquè em permet treballar la subjectivitat en l’art, però si no em fessin falta els diners no sé si ho deixaria…

http://www.elperiodico.cat/ca/noticias/societat/erika-trejo-magrada-fer-pupa-pels-drets-dona-3276275

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Los secretos sexuales de las mujeres

Foto: Gtresonline

¿Cuáles son las fantasías sexuales de las mujeres? ¿Son las mismas a todas las edades? ¿Nos gustan los juguetes eróticos? Para desvelar estas incógnitas, la cadena de tiendas eróticas SexPlace ha realizado una encuesta entre 1.800 mujeres de 18 a 40 años. La primera conclusión: ocho de cada 10 utilizan habitualmente juguetes eróticos en sus encuentros sexuales. ¿El motivo? La búsqueda de la originalidad y la sorpresa. Y, por último, que en cuanto a juguetes también hay preferencias, y la encuesta establece el ‘top 8’ de los favoritos de las mujeres:

  1. Las bolas chinas
  2. Vibradores
  3. Aceites para masajes
  4. Lubricantes con sabores
  5. Ropa interior comestible
  6. Lencería erótica
  7. Disfraces
  8. Productos relativos al baño

¿Y en cuanto a las fantasías eróticas? Aquí el ‘ranking’ de preferencias no es igual para todas, y según la edad ellas sueñan con dar rienda suelta a la pasión de una u otra manera.

El 75% de las mujeres de 18 a 23 años confiesa que su principal fantasía es practicar sexo con sus parejas en lugares como medios de transporte y espacios públicos cerrados como unos baños. El 25% de esta franja de edad, en cambio, daría vía libre a su pasión en lugares públicos como una playa, un parque o unas zonas deportivas. Tanto unas como otras, las mas jóvenes se quedan para animar sus juegos eróticos con las esposas, los antifaces, vibradores y vibradores acuáticos.

El 20% de las mujeres de 26 a 30 años prefieren los lugares privados, lejos de miradas furtivas, y dan rienda suelta a la imaginación mediante la interpretación: disfraces de enfermeras, servicio de limpieza, policías… Por otro lado, el 45% de esta franja de edad, no tiene preferencia por el lugar, pero sí por la frecuencia, y se queda con los encuentros sexuales esporádicos. ¿Su juguete preferido? Los vibradores. El 35% restante sueña con un famoso y utilizaría con él vibradores, aceites para masajes, plumas y lencería erótica.

De los 31 a los 40 años, el 23% se confiesa fan absoluta de la novela ‘Cincuenta Sombras de Grey‘ y se convertiría en su protagonista, objetos sado incluidos. El 51% centra sus fantasías en sus compañeros de trabajo; la oficina o un viaje de negocios es el lugar perfecto, y las esposas, los lubricantes y las bolas chinas, sus accesorios preferidos para estos encuentros. El 12%, en cambio, se deja llevar por el romanticismo y fantasea con sus parejas en un hotel con encanto, donde no puede faltar ni la lencería, los aceites o los productos de baño. Por último, un 14% sueña con algún amigo cercano con el que utilizarían todas sus armas en forma de lencería erótica, disfraces, vibradores y productos de baño.

http://www.elmundo.es/yodona/2014/05/12/5370a8c5268e3ee9688b456f.html

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Enganchados al porno ‘online’

Nos adentramos en la vida extrema de los adictos al cibersexo

Noches en vela navegando por chats eróticos. Onanismo fuera de control ante la pantalla. Una doble identidad al margen de la pareja, la familia y el trabajo

Esta realidad paralela crece al calor de las nuevas tecnologías y afecta por igual a mujeres y a hombres. Al otro lado, una industria de contenidos sufre los estragos de la crisis económica

ILUSTRACIÓN DE EMILY FORGOT

EL ARDOR

A media tarde de un lluvioso jueves de primavera, Montse desliza el dedo índice por la pantalla de su tableta electrónica para desbloquearla y muestra uno de sus últimos rastreos por Internet. Sentada sobre un cojín del salón de su pequeño piso alquilado en Barcelona, pincha en un portal gratuito de vídeos pornográficos y aparece un mosaico repleto de imágenes divididas por categorías. Montse aparta la vista de la pantalla con un leve rubor y señala entre las carnales opciones que iluminan el artefacto dos de los variados géneros en liza: amateur y group sex.

“Los amateur me parecen más naturales. Me gusta ver la cara de alguien que no actúa. Por otra parte, en las escenas de sexo en grupo siempre hay alguien que propone algo novedoso. He llegado a quedarme un sábado entero aquí encerrada, viendo esto todo el tiempo y masturbándome hasta 18 o 20 veces. Te tienes que cambiar cuatro o cinco veces las bragas. Entonces caigo en la cuenta de que estoy fuera de control y me doy una ducha. ¿Quién deja de salir un sábado con los amigos, o a ligar, para quedarse viendo porno en casa? Entre semana es distinto. Me centro cuando estoy trabajando. Por la noche, ya en casa, miro vídeos del portátil en mi habitación antes de dormir. Si encuentro lo que me deja a gusto, me quedo tranquila y me duermo. Buscarlo es un chute de adrenalina. Da morbo que se trate de algo secreto. Nadie más sabe que hago esto. Ni mi compañero de piso. Aunque creo que sospecha algo. Bueno, hace 15 días conté todo lo que me pasa en la terapia de grupo a la que voy cada semana”.

He llegado a pasarme un sábado entero encerrada en casa, viendo porno y masturbándome hasta 20 veces»

Montse es guapa y delgada, tiene 33 años y ejerce como médico en un hospital barcelonés. Esta tarde en la que cae barro a plomo sobre Barcelona, fruto de una tormenta de origen sahariano, viste pantalones vaqueros y una blusa clara con estampado de flores. Aquí dentro, en este salón con paredes forradas de repisas vacías y una enorme televisión de plasma que casi siempre permanece apagada, Montse habla sin tapujos. Fuma tabaco suave y encadena con precisión pasajes de su biografía. El sexo no fue objeto de conversación frecuente con sus padres ni con sus dos hermanos mayores. Hija de un ingeniero y de una profesora de inglés y secretaria, descubrió el placer sexual a los 13 años. Vivió una adolescencia normal y una etapa universitaria que se truncó cuando un novio suyo tuvo un accidente de tráfico, permaneció en estado vegetal y murió años después.

Ella había sufrido algún trastorno anterior y a partir de entonces empezó a padecer ataques de pánico. Y algún arrebato suicida. Se acostumbró a losorfidales y a los antidepresivos. Y a mezclarlos con alcohol. Le descubrieron epilepsia del lóbulo temporal. Con el tratamiento, su vida mejoró. Y se instaló en Barcelona. Al principio compartió piso con dos chicas y un chico. Empezó a salir por la noche cada vez con más frecuencia. El alcohol mezclado con la medicación para la epilepsia le hacía perder el control. Cambió de piso y de amistades. Conoció a un compañero de trabajo aficionado a la fiesta y volvió a las andadas nocturnas. Se convirtió en consumidora habitual de cristal y cocaína. Y llevó una vida más que promiscua. Primero, los fines de semana. Poco a poco, también con más frecuencia al salir del trabajo. Una noche cumplió su fantasía: acostarse con dos militares a los que conoció en un after. Alternó incontables escarceos con novios más o menos formales y algún amigo especial que, según ella, aguantaba su ritmo en la cama. “Él y yo éramos capaces de encerrarnos aquí en casa y solo dejar de follar para comer algo. Con el tiempo, mi consumo de alcohol y droga fue en aumento. Perdía el control y me tiraba al primero que encontraba por la noche. También empecé a entrar en chats para conocer gente con la que liarme. Y a ver páginas porno para masturbarme compulsivamente. Hace un año y medio entré en terapia para quitarme de las anfetas que solía tomar para aguantar las guardias en el hospital. Y acabé en la consulta del doctor Navarro Sanchis”.

ILUSTRACIÓN DE EMILY FORGOT

El psiquiatra José Antonio Navarro Sanchis tiene 47 años y coordina el programa de disfunciones sexuales del hospital universitario Vall d’Hebron de Barcelona. Montse es una de los casi treinta pacientes con problemas de este tipo a los que atiende mensualmente en este centro público. En su consulta privada también recibe a adictos de diversa índole. Un 10%, con trastorno de hipersexualidad. Enganchados al sexo. Y al cibersexo. “Muchos presentan también problemas de consumo de otros tóxicos asociados como cocaína y alcohol, y vienen derivados de dispositivos que atienden ese tipo de patologías. No es tan frecuente sin una combinación de consumo compulsivo de coca o de alcohol. Y la adicción al sexo online podría considerarse una derivación de la adicción al sexo físico, como le ocurre a Montse. El porno deja de ser un entretenimiento cuando la mayor parte del tiempo se destina a visualizarlo. A nivel cerebral se activan sistemas de recompensa que producen la sensación de placer que buscan los pacientes. Cuando genera problemas a nivel social, laboral y familiar, estamos ante un caso de enganche que precisa la ayuda de profesionales”.

Hace dos años, USP Dexeus alertaba en un estudio liderado por el especialista Josep Maria Farré sobre el aumento de adictos al sexo debido al cibersexo que afecta por igual a hombres y a mujeres, trasladando del 6% al 8% de la población el baremo de personas que padecen hipersexualidad. En el apartado ‘Psicopatología de la sexualidad e Internet’ del libro Sexualidad y salud mental, coordinado por el doctor Ángel Luis Montejo, director científico de la Asociación Española de Sexualidad y Salud Mental, el pamplonés Javier Aztarain menciona que un 20% de los adictos a Internet lo están en relación con el sexo. “Los hombres tienen una orientación mayoritaria hacia la pornografía, y las mujeres, hacia los chats de contenido erótico”.

No buscan amor por la Red. Ni una pareja estable. Es cibersexo puro. Y duro. Sin prolegómenos ni flirteos. Bajo el caparazón del anonimato en muchos casos. Los intercambios por chat abren la puerta a aventuras que pueden no equipararse a la infidelidad física. Una actividad “accesible, anónima y asequible”, como escribe el catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco Enrique Echeburúa en un artículo de la revista Adicciones titulado ‘¿Existe realmente la adicción al sexo?’. Internet también ha dado paso en la era del porno 2.0 a modalidades peligrosas a través del teléfono móvil. Del sexting, en el que se intercambian experiencias de contenido erótico por Internet como la que dio fama a la exconcejal de Los Yébenes (Toledo) Olvido Hormigos, a lasextorsion, con ataques personales, y el grooming o acoso a menores. Un informe del Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (Inteco) advertía en 2011 que un 1,5% de jóvenes de 10 a 16 años envían mensajes de contenido erótico, mientras que un 4,3% los reciben. Pero los protagonistas de este reportaje no se mueven en el delictivo mundo de la pederastia ni el acoso cibernético. Estas personas son adultas y simplemente buscan sexo adulto de manera compulsiva así en la Red como en la vida real. Hace mucho que pasaron del hobby a la obsesión.

FANTASÍAS DESBOCADAS

Ua tarde de este pasado invierno, Manu estaba practicando una felación a otro hombre cuando este le pidió su teléfono móvil para tomar una foto de la escena. La mala suerte quiso que el dispositivo estuviera conectado en red a la misma tableta que en el momento de tomarse la instantánea manipulaba la esposa de Manu desde casa. Ella se encontró de repente con aquella imagen de su marido practicando sexo con otro hombre. La mujer de Manu dejó pasar un tiempo prudencial antes de abordar el tema. Una noche, después de hacer el amor con él, le preguntó si había algo que ella no podía darle. Él dijo que no se trataba de eso. Tenía un problema desde hacía mucho tiempo. Más de veinte años.

Manu es un exitoso directivo madrileño de 46 años. Ha ejercido como abogado para grandes empresas nacionales y multinacionales. Sus compañeros de trabajo siempre le han visto como a un líder. Llega a nuestra cita en un bar de la capital conduciendo su flamante Harley-Davidson. Viste camisa a rayas de Ralph Lauren, lustrosos zapatos marrones y pantalones marrón claro de micropana. Luce alianza en la mano derecha, testigo de su segundo matrimonio. Tiene ganas de hablar. De que se conozca su caso por si puede ayudar a otras personas que estén en su misma situación y no sepan dónde acudir. Su relación con el sexo empezó a complicarse en la adolescencia. Se acostumbró a repetir con sus novias un comportamiento promiscuo que siguió desarrollándose el resto de su vida. El esquema era sencillo: salía con una chica y al poco tiempo la compaginaba con una amante simultánea; una vez que la segunda chica entraba en juego, se lanzaba a buscar sexo furtivo en lugares públicos. Tanto con mujeres –las más de las veces– como con hombres. Era la época pre-Internet. Todo se reducía a la caza física.

Mi problema puede estar en que lo que me apetece sexualmente no me atrevo a decírselo a mi pareja»

Se licenció en Derecho a principios de los noventa y comenzó a trabajar para un bufete de abogados. En aquel empleo conoció a una mujer con la que se casó tres años más tarde. Tuvieron un hijo. Él mantuvo encuentros extramaritales de manera esporádica durante aquel primer matrimonio. Hasta que fue a un prostíbulo por primera vez. “Mi problema puede estar en que lo que me apetece sexualmente nunca me atrevo a decírselo a mi pareja”.

Desde aquella primera visita a un lupanar, Manu también frecuentó las secciones de contactos de los periódicos. Una segunda mujer apareció en su vida. “Era sexualmente lo opuesto a mi primera esposa. Más espiritual, más conectada”. Y mientras arrancaba un proceso de divorcio, apareció una tercera mujer en el trabajo. Como director de recursos humanos, mantenía una trayectoria próspera. Y un magnífico sueldo que nunca se ha resentido desde que también se lanzó a buscar sus fantasías sexuales por Internet. Entró de lleno en el cibersexo. Anuncios de pornografía por la Red. Vídeos de alto voltaje. Y sobre todo, chats calientes de rastreadores, como él, de encuentros. Siempre gratis. El enganche fue en aumento.

“Si hacía 100 búsquedas al día, encontraba 50 personas con las que podía mantener conversaciones sobre sexo en vivo. No lo hacía para masturbarme. Se trataba de hablar con otros sobre mis fantasías. Cuanto más explícitas, mejor. Eso es lo que me ponía a cien. Llegado el caso, acababa encontrando a una persona con la que poner en práctica todo aquello en su casa. Mujeres, hombres, transexuales y bisexuales. A veces, también un poco de sado-­light. Más de un 90% de aquellas conversaciones no iban a más. Lo que me enganchaba era preparar esas fantasías. Y retroalimentarlas. Es la búsqueda la que me proporciona placer. Me hace sentirme vivo mentalmente. Feliz, durante un tiempo. Un día normal me levantaba y en el atasco, de camino al trabajo, iba cavilando una fantasía. Después curraba a saco, de manera efectiva, y en el receso para comer trasteaba con el móvil. Ya en casa, al terminar la jornada, daba rienda suelta a los chats. Sobre todo cuando estaba solo. En la Red hay infinidad de portales de enlaces a pornografía real. Dos follan y lo cuelgan. A todo esto, en 2002 conocí a otra mujer que me presentó un amigo. Me enamoré. Y me casé con ella. Hoy es mi esposa. Es la mujer de mi vida”.

ILUSTRACIÓN DE EMILY FORGOT

No es vida estar siempre buscando algo distinto de lo que tienes. Vislumbré que había tocado fondo»

En algún momento de este nuevo matrimonio apareció otra mujer. Y al volver a compaginar ambas relaciones, volvió a intensificarse esa búsqueda de fantasías que a veces se convertían en realidad. Todo desde su propio ordenador. De media, dos horas diarias. En los viajes de trabajo todo se disparaba. Pero era capaz de mantener la cabeza fría en el despacho y una imagen ejemplar ante su familia. Tuvo una hija con su segunda esposa. Y empezó poco a poco a darse cuenta de que aquel frenesí cibersexual le estaba pasando factura psíquica. “Estaba más tiempo fantaseando un encuentro con otro tío o con otra mujer que planificando las vacaciones con mi familia. No es vida estar siempre buscando algo distinto de lo que tienes. Empecé a vislumbrar hace tiempo que había tocado fondo. Entonces fue cuando mi mujer encontró aquella foto en la que yo hacía una felación a otro hombre. Y me dijo: ‘¿Hay algo que yo no puedo darte?’. Ha sido la pregunta que más me ha ayudado en mi vida. Me puse a buscar ayuda. Pero es más fácil encontrar asesoramiento especializado contra la eyaculación precoz que sobre este tipo de cuestiones relacionadas con la sexualidad. Leí algunas entrevistas con el doctor Chiclana y le llamé para pedir cita. Llevo 30 años con esto. Y acabo de ir por primera vez a la consulta de un especialista. Juntos buscamos el candado que hace saltar mi impulso. Aún me llegan mensajes al móvil del tipo: ‘¿Cuándo nos vemos?”.

–¿Qué hacía justo después de poner en práctica sus fantasías con aquellas personas?

–Despedirme. Cuando buscas sexo, no buscas sentimientos. Ni yo iba buscando ser el coach de nadie. Además, al terminar me sentía mal. Y solía decir: “Bueno, me marcho. Si no te importa, mañana tengo que madrugar”.

EL DILEMA

El doctor Chiclana al que acude Manu es especialista en psiquiatría,profesor de Psicopatología en la Universidad CEU-San Pablo de Madrid y autor de Atrapados en el sexo (Almuzara). Entre los síntomas de esta adicción online, Chiclana apunta, como le ocurría a Manu, llegar a preferir obtener el placer a través de Internet antes que con la propia pareja. “Para algunos autores como el doctor Carnes”, prosigue el doctor Chiclana, “Intersex o la adicción al sexo en la Red constituye un subtipo de adicción al sexo y para otros sería un subtipo de adicción a Internet”. En todo caso hay mantenimiento de la conducta a pesar de desencadenar consecuencias adversas y obsesión con la actividad. “Entre los rasgos comunes de mis pacientes adictos al cibersexo hay miedo a la intimidad con otros, dificultades afectivas y una pobre formación de la sexualidad. La terapia con ellos es multidimensional. Se trabaja la regulación emocional, la intimidad, la identidad, y se elaboran planes conductuales para poder dirigir de forma sana el uso del ordenador”.

El doctor Chiclana prefiere hablar de hipersexualidad,“porque puede ser por adicción, por impulsividad, por compulsividad o por un hábito aprendido sin que haya una patología subyacente”. Un asunto, el de su etiqueta como enfermedad, envuelto en polémica científica. Muchos expertos como Carlos Chiclana venían reclamando desde hace años la inclusión del trastorno hipersexualen el estadounidense Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, en sus siglas en inglés), la biblia de los psiquiatras. Estos especialistas confiaban en su aparición en la edición del DSM-V presentada hace un año. Pero no fue así.

“En este terreno estamos envueltos en la polémica”, argumenta en su consulta de Barcelona el doctor Navarro, encargado del seguimiento del caso de Montse. “El DSM-V ha descartado la adicción al sexo basándose en que no es posible definir qué constituye exactamente una actividadnormal sexualmente hablando. Al no poder definir qué es una sexualidadnormal, tampoco ha resultado posible de momento definir lo extraordinario y, por extensión, incluir el trastorno de hipersexualidaden el manual psiquiátrico de referencia. Así que, teóricamente, no existe. En el equivalente europeo, el ICD-10, sí habla de impulso sexual excesivo. Desde luego que otros muchos especialistas y yo hemos tratado a personas con este problema. Y no olvidemos que existe hasta una revista científica especializada: Sexual Addiction and Compulsivity. En lo referente al cibersexo, podríamos hablar de varios grados: leve, moderado o grave, en función de cómo esta realidad afecte a la vida de esa persona”.

Fue en 2000 cuando el doctor Al Cooper, de la Universidad estadounidense de Stanford, estableció las variantes del uso internauta con fines sexuales y el grado de dependencia según su frecuencia de empleo. En su afamado estudio Cybersex: the dark side of the force(Cibersexo: el lado oscuro de la fuerza), basado en un muestreo de 9.000 personas, casi la mitad pasaba menos de una hora desarrollando actividades sexuales online, un 8,3% constituía casos de riesgo y solo un 1% lo vivía como una adicción. Y con ese mismo término, “adicción”, cataloga el catedrático de Psicobiología de la UNED Emilio Ambrosio a los enganchados al cibersexo. Como prueba ilustra el artículo científicoPrelude to passion: Limbic activation by unseen drug and sexual cues, publicado en 2008 por el departamento de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania y en el que se argumenta que tanto la cocaína como las señales sexuales activan el sistema de recompensa cerebral.

Hemos visto a famosos sexoadictos confesos como el golfista Tiger Woods y el actor Michael Douglas. Hemos vivido cómo el cine se ha hecho eco de esta realidad en obras recientes como Shame yNimphomaniac. Y el año pasado, Joseph Gordon-Levitt abordaba estrictamente el fenómeno del enganche al sexo online en Don Jon. “La adicción al cibersexo es un fenómeno más novedoso que la adicción al sexo sin más”, dice Francisco Cabello, director del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología. “Sobre esta última hay controversia científica. Puedo aceptar la discrepancia. Cuando un paciente me dice que es adicto al sexo, le pregunto: ‘¿Cuánta coca tomas?’. Y casi nunca me equivoco. Pero sobre el enganche online no tengo dudas de que es una adicción en sí misma. A mi consulta vienen personas que solo están obsesionadas con eso. Y, por mi experiencia, hay más mujeres en los chats eróticos que hombres. Por otro lado, la pornografía se está convirtiendo en el único modelo educativo sexual de los niños. La posibilidad de acceso por parte de menores sin contrastar una actitud crítica me parece arriesgada. El gran problema es que no hay verdadera educación sexual en la escuela”.

PANTALLAS CALIENTES

El ordenador de un enganchado al porno rezuma sexo. Y no es una metáfora. Lo asegura Andy, de 54 años, que brinda su testimonio a cambio de no decir su verdadero nombre. Todos los dispositivos conectados a Internet que Andy ha tenido, desde el ordenador del trabajo hasta el de casa, la tableta y el móvil, han llegado a rebosar este tipo de imágenes. “Cuando estás tan metido en tu ordenador, todo eso llega a ir por libre. Buscas por la Red cualquier cosa para documentarte en el trabajo, cualquier cartelera para comprar entradas de cine, y aparecen loscookies, los avisos de chat, las tías buenas llamando tu atención. Cuando eres un adicto y ves todo eso, resulta imposible no entrar a ver porno”.

Tu ordenador llega a ir por libre. Buscas cualquier cosa por Internet y salen solos los avisos de tías buenas»

Andy tiene una mirada insondable de color marrón claro que parece sumergida en una ansiedad imposible de controlar. Toma un café con leche y dos cruasanes a media mañana mientras desgrana su vida. Tuvo una infancia idílica en Barcelona. Segundo de los cinco hijos de un próspero empresario y un ama de casa, se crio en un ambiente de clase media-alta. Profundamente tímido y acostumbrado a soñar despierto, desconectaba fácilmente de la realidad. Su primer amor fue una compañera de instituto, su novia de los 15 a los 18. “Una chica espectacular. Tuvimos todo tipo de relaciones sexuales, salvo la penetración. Su carácter me volvía loco. Y me di cuenta a los 18 de que no me iba a casar con ella ni iba a ser la madre de mis hijos. Una tarde, que yo iba dispuesto a dejarla, ella empezó a besarme y me agarró el paquete. Pero yo no estaba excitado. No empalmé. Acababa de convertirme en mayor de edad y pensé que me había vuelto impotente. No permití que volviera a tocarme. Ella tampoco se atrevía a preguntarme al respecto. Y me dejó por otro. Unos meses después empecé a salir con otra chica. Tampoco se me subió. Me dirigí a Dios y le dije: ‘Al parecer, hasta aquí he llegado’. Me di por jodido”.

Andy atribuye todo lo que le ha pasado a una ignorancia supina en la materia. En el colegio apenas le hablaron de sexualidad, más allá del uso de anticonceptivos. Tampoco se atrevió nunca a contar sus inquietudes a los amigos. Ni a sus novias. Ni a un hermano. Ni a nadie de su familia. “No he hablado de esto con nadie en mi vida; el sexo es un tema muy importante que, en cambio, ha sido siempre visto socialmente como algo sucio”, reflexiona hoy. “Yo empecé a tener una especie de bloqueo con las chicas, pero cuando veía una revista porno sí me excitaba. Me pasé de los 18 a los 32 pensando que a la hora de la verdad era impotente. Tras ingresar en la universidad, los estudios se convirtieron en la prioridad. Pensé que si no podía andar con mujeres, lo mejor que podía hacer tras licenciarme como ingeniero era meterme en el seminario”.

Permaneció allí 10 años. Hizo voto de castidad. Cuando miraba a las mujeres por la calle pensaba que no servía para estar solo, a pesar de creer que no podía practicar sexo con ellas. Entró en depresión al darse cuenta de que tampoco servía para ser sacerdote. Por entonces conoció a una chica. Fue amor a primera vista. Él era un joven alto y apuesto a punto de ordenarse sacerdote que vivía interno en el seminario. Traicionó el voto de castidad al declararse ante ella. Pero la chica le rechazó y volvió a entrar en escena la depresión. Habló con un psiquiatra, que le recomendó salir de aquel lugar cuanto antes. “Vio en mí un carácter obsesivo, que cuando está sometido a reglas genera ansiedad. Estando todavía interno, decidí que tenía que resolver la incógnita. Y me fui de putas. Resultó breve y decepcionante. Al poco tiempo volví con otra chica, y ahí sí que funcioné. A mediados de 1993 me invitaron a marcharme del seminario”.

Regresó a casa de sus padres en la treintena. Y buscó novia. “Pero me había vinculado al sexo de pago. Empezó a haber épocas en las que iba cuatro horas por la mañana y otras cuatro por la tarde. Como una jornada laboral. Me convertí en un depredador. Acumulé deudas de varios millones de pesetas. Iba encadenando préstamos de medio millón cada uno. En las épocas duras me pulía las 500.000 en dos días. Pagaba intereses con nuevos préstamos. Una de aquellas mujeres a las que visitaba, no especialmente guapa, pero sí encantadora, se convirtió en mi esposa. Y en la madre de mis hijos. Pensé que al casarme dejaría de estar tan obsesionado con el sexo. No fue así”.

Encadenó empleos en empresas en las que acababa de irrumpir Internet como nueva herramienta de trabajo. Y a través de la Red se entregó al consumo de pornografía de manera compulsiva. Al principio pasaba ratos contemplando fotos. Pero su enganche al sexo era integral y aquellos estímulos propulsaban su fogosidad. “Siempre he tenido despacho en todas las empresas en las que he trabajado. Pero me metía en líos. Acostumbraba a tener varias páginas abiertas al mismo tiempo e iba pasando de una a otra. Mi ordenador del trabajo estaba a rebosar de porno. Siempre en secciones gratuitas. Si veía una foto que me ponía cachondo, la imprimía y me iba al baño a cascármela. Pero donde disfruta el adicto es en la preparación, en la búsqueda. Por eso estás permanentemente visitando esas páginas. Y los chats eróticos donde mantienes conversaciones sobre sexo. Si estás solo en casa, te la cascas. La vas cagando permanentemente. Una vez entró una chica a mi despacho y no me dio tiempo a minimizar los pantallazos. Se quedó de piedra al ver lo que tenía abierto. Y aunque te sientes fatal, aunque sientes vergüenza, es imposible dejarlo. No hace mucho me pilló mi hija trasteando con el móvil y me dejó hecho polvo”.

La adicción al cibersexo se va a disparar en sociedades cada vez más aisladas, con máquinas para fomentarlo»

Su productividad cayó en picado con los años. Pero Andy es de los que resuelven rápido. Ningún jefe suyo le ha pillado nunca en un renuncio. En cuanto empezaba a sentirse incómodo porque notaba que sus compañeros comentaban con sorna sus aficiones en horas de trabajo, buscaba otro empleo. Entretanto, con su mujer siempre ha tenido relaciones sexuales “normales”. “La he querido mucho. El sexo compulsivo, tanto de pago como internauta, es como abstraerse del presente. Una forma de escapar de mi ansiedad. Primero dejé el de pago y me enganché a la pornografía. Después empecé a cambiarla por los juegos de móvil. Ahora trabajo con Carlos Dulanto en conocer qué me produce ansiedad”.

Carlos Dulanto es un especialista en adicciones que tiene consulta en el centro de Madrid. Aquí atiende a pacientes como Andy, quien para Dulanto tiene “una adicción al sexo de larga evolución con la que recuperó su autoestima”. Andy sería, según Dulanto, un adicto al sexo “limpio”, ya que no compatibiliza su relación patológica con esta área con el enganche al alcohol o la cocaína, como sí ocurre en la mayoría de los casos que él analiza. “La adicción arranca cuando la actividad compulsiva empieza a dar más problemas que beneficios. Y otro factor importante es la sensación de culpa. El enganchado al cibersexo o al porno online tiene la ventaja de poder hacerlo en su casa, sin que nadie lo sepa. Sabiendo dónde buscar, tampoco requiere de un gran desembolso económico. Está comenzando a desarrollarse y se va a disparar en sociedades cada vez más aisladas, con tiempo y máquinas capaces de fomentarlo. Como ocurre con la cocaína, con el alcohol o con el juego, la adicción no se cura. Pero se puede sujetar. Todo adicto es un escapador. La terapia comienza intentando recuperar la actividad que las páginas porno han reemplazado. Y tratando de usar el sexo de forma sana, eliminando el componente patológico”.

Andy recaló en la consulta de Dulanto hace tres años. Ha tenido altibajos. A la tercera sesión dejó la prostitución. Y puso toda la carne en el asador virtual, que ya había frecuentado en forma de intercambio de fotos con fines masturbatorios. “Mi mujer siempre ha tenido buen dormir. Y yo me quedaba muchas noches desvelado. Entonces, con ella al lado en la cama, agarraba el móvil y empezaba a chatear a oscuras. Más de un día fui a trabajar sin haber pegado ojo en toda la noche. Ahora, como te digo, he cambiado el porno por los juegos para móvil. Pero no lo he dejado del todo. Me ha costado tres años empezar a recuperar el gobierno sobre mi vida”.

–¿Habla usted de sexo con sus hijos?

–Poco. Se trata de algo que me gustaría hacer más a menudo.

AL OTRO LADO

El barcelonés Conrad Son, de 47 años, es un fucker de primera clase. Cuerpo atlético. Depilado integral. Bien dotado, pero sin llegar al tremendismo. Una estrella del porno ibérico que ha sabido reconvertirse al negocio online. De la época analógica queda para la historia su afamadaLes exxcursionistes calentes, primera película porno rodada íntegramente en catalán. Su ático en Barcelona, donde vive con su pareja, la también actriz del género Evita de Luna, se ha convertido en base de operaciones de un concepto integral para Internet que incluye producciones de series como Xposure with Conrad Son, que acaba de vender a la distribuidora estadounidense Badoink; un programa semanal llamado Conrad Son show, que se emite desde su propia cama y que podría asemejarse a una especie de Sálvame versión porno,y un docu-reality de pago tituladoAmantres, en el que participan Conrad Son, Evita de Luna y la recién llegada a esta casa: Nena Gogó, que también mantiene caliente un canal demultiwebcam erótico de pago. Juntos componen un trío en la vida real que rueda sus propias aventuras. Todos estos contenidos se brindan desde la web personal de Conrad Son, algunos en abierto y otros mediante suscripción. Xavi, el cuñado del actor, productor y director, se encarga de la gestión de la web. Todo queda en casa.

“Me gustaría que mis canales online se convirtieran en el Mediaset del porno”, dice Conrad Son. “Reinventarse o morir. En 2004 yo llegué a rodar y producir con 180.000 euros de presupuesto. Ahora puede que una empresa de las potentes llegue a los 18.000. Y hay gente que rueda escenas por 1.000 euros. De ahí hacia abajo, según el escalafón. Hemos pasado de la superproducción a la escena para Internet. La gente se la casca con el móvil y con la tableta. Y el mercado ha colapsado. Los ­tubbers en abierto han hecho mucho daño. Ruedas una escena y la cuelga un canal en abierto y gratis. A mí la crisis económica me dio de lleno. Pero me ha ido bien por saber evolucionar. Como pasa en el cine convencional, has de buscar otras vías creativas, con más inventiva y mejor rodadas. Ofrecer calidad para alguien que quiera pagar”.

Tres decenios después de la legalización de los cines X en España, la industria nacional atraviesa su particular crisis de renovación tecnológica a la que se unen los estragos de la Gran Recesión. La irrupción de Internet elevó la pornografía a la categoría de mainstream, pasando a ser productoonline de consumo masivo antes vedado a las sórdidas butacas de los cines X, los sex-shops y las estanterías ad hoc de los extintos videoclubes. Del intercambio de ficheros a la consolidación de las webcams y las redes sociales. En la era del porno 2.0 reina el calentón rápido. De usar y olvidar al instante. La escena en vídeo de corta duración se consolida en detrimento del filme. Junto con series, realities, chats en vivo y webcams.El boom se vivió en España en plena época alcista, a partir de 2005. Y cayó en picado desde 2008, acompasado con la crisis económica. El amateurismo y la gratuidad atacaron ferozmente a los profesionales.

De webcams sabe mucho Fernando Chierechetti. Avezado jugador de póquer y miembro de esta industria con dos decenios de experiencia, ha vivido el paso de la cinta de VHS al DVD y a la web. Se hizo cargo de la red comercial de los distribuidores y pioneros servidores fisgonclub.com ySex Olé, este último centrado en las webcams de porno casero desde el cambio de milenio. Años después se convirtió en general manager del conglomerado Invertred y abrió con ellos la línea de producción de la webactricesdelporno.com, una de las más exitosas del mercado español que combina la creación de material profesional con webcams en vivo de actrices y ama­teurs. Todo de pago, por 29,95 al mes o un euro al día. Hoy cuentan con 1.500 suscriptores. Las webcams se pagan aparte, con un contador de minutos. “Hoy tenemos 1.700 webcammers registradas que ofrecen cibersexo en directo”, explica Chierechetti. “El 95% de ellas están en Latinoamérica, operando para el mercado español. Casi todas son mujeres, salvo algunos transexuales y contadísimos hombres. Las más experimentadas pueden llegar a ganar hasta 3.000 o 4.000 euros al mes. Y estamos entrando en la tercera dimensión del género con la comercialización de un aparato con el que el usuario puede tener auténtico sexo cibernético: básicamente es una vagina de plástico que emula los movimientos en vivo de la chica que está al otro lado de lawebcam”.

El gigante del porno Private acusa hoy una «dramática» caída en ventas por la crisis y la piratería

En cuanto a cifras económicas, Chiere­chetti emplea los mismos términos opacos que la mayoría del sector español, que mueve decenas de millones de euros. “No te puedo hablar de números. Empleamos a 30 personas y esto sigue siendo rentable, pero desde luego la crisis afectó de lleno al negocio. Hasta 2008, aquí iba todo viento en popa. A partir de entonces, la industria se ha resentido como la sociedad a la que pertenece”. Otro de los factores del declive de la vertiente profesional, explica Virginia Crener, psicóloga especializada en sexología que llevó durante siete años la imagen de marca de los portales amateur fisgonclub.com y sexole.com,“está en que ya puedes mantener sexo cibernético con tu cámara del móvil y cualquier desconocido o con tu propia pareja; la práctica delsexting está removiendo estos cimientos. Además, ha bajado el consumo de porno duro por cierto componente de rutina”.

Para un gigante global de contenidos como la multinacional Private Media Group, que cotiza en el Nasdaq estadounidense y tiene oficina en Barcelona, la evolución de esta industria se ha visto tocada de lleno en la línea de flotación a causa de la piratería y los canales de emisión en abierto. Su consejero delegado, Charles Prast, sí lo ilustra con datos: “La evolución de las ventas totales en 2010, 2011, 2012 y 2013 ha sido de 23 millones de euros, 7,9 millones, 6,7 millones y 5,5 millones, respectivamente”. Con un descenso “dramático” en ventas, Prast vaticina que el futuro estará en “contenidos de nicho, videochats en vivo para relaciones virtuales y servicios de encuentros y citas y conexionesonline”.

EL DESENFRENO

Susana es una chica normal de Madrid. Hija de una familia normal y corriente de clase media. Su cuerpo es menudo y esbelto. Como el de cualquier otra mujer que podrías encontrar en el metro. O tras un mostrador como azafata de tierra en un aeropuerto, algo para lo que se está formando a sus casi 30 años después de no encontrar trabajo a pesar de una exquisita formación en Dirección y Administración de Empresas y un Máster en Dirección Financiera. Fue una niña exigente consigo misma. No tuvo amigas. Tampoco era alta, ni guapa, ni delgada. A los 15 años padeció anorexia y bulimia. A los 17 mantuvo su primera relación sexual y encadenó varios novios. En la universidad comenzó a salir de fiesta todos los días. De lunes a domingo. De noche, entre la neblina de las discotecas, empezó a sentirse atractiva. Deseada. “Y sentirse deseada crea adicción”, dice hoy en una ­trattoria madrileña.

“Me centraba con una amiga en salir de caza. Nunca me llevaba los tíos a casa. Lo hacía con ellos en las esquinas, en los baños, en el coche. He llegado a tirarme a tíos en plena calle, mientras pasaba gente a nuestro lado. Usaba abrigos largos para taparme. Entonces no veía nada raro en todo aquello. Y la búsqueda de la emoción, de la sexualidad al límite, me tenía enganchada. Después me sentía vacía. Abandonada. Acabando en la universidad, empecé a salir con un chico. Yo estaba empeñada en acostarme con él, y él solo quería hacer manualidades. Un día le hice ver que aquello no era suficiente. Y me violó. Puse un modo bloqueo en mi cerebro. Y empecé otra vez a salir de noche. Cada vez más ansiosa. Entre semana, al salir de clase, tiraba de ­chorboagenda y buscaba algún recurso. También estaba mi porno en Internet. No iba mucho a los chats eróticos porque encontraba lo que quería en la calle. Pero el porno sí lo usaba para consolarme. En los descansos mientras estudiaba en casa. O antes de irme a dormir. Sobre todo veía hentai. Después iba al baño a desahogarme. Pero, sobre todo, lo que me provocaba ansiedad era la caza, esa búsqueda de la emoción y de sentirme deseada”.

Tardó en contarle el episodio de la violación a su hermana. Y por extensión, a sus padres. Hace dos años se sinceró con ellos. Y empezó a ir a terapia con el doctor Carlos Chiclana. Los médicos habían visto en su sexualidad compulsiva un trastorno de la personalidad límite. “Con el doctor Chiclana he empezado a entender que los chicos han de ganarse el derecho a estar conmigo. Y a trabajar relaciones sanas. Desde diciembre tengo pareja. Algo impensable hace un par de años. Me habría gustado estar ya casada, con un hogar, una familia y un perro. Pero todos los planes que tenía para mi vida se fueron al traste. Hoy llevo tatuado un fénix en llamas en el lomo derecho”.

Susana empezó a renacer tras contar lo que le pasaba a su familia. Sigue acudiendo con frecuencia a la misma consulta del doctor Carlos Chiclana que Manu, el exitoso directivo, ha empezado a visitar tras un enganche masivo y prolongado al cibersexo. Él acaba de arrancar con la terapia. Confía en que saldrá de esto. Es un hombre inteligente y alguien a quien todos ven como a un líder. Ahora cree que si hubiera tenido a alguien con quien hablar sobre lo que le pasaba, quizá no habría tensado tanto la cuerda y podría haber puesto antes un freno. Antes de despedirse y volver a montar en su Harley de camino al trabajo, recuerda el día en que confesó a su mujer que tenía un problema. “¿Sabes qué me respondió?: ‘Me alegro de que hayamos tenido esta conversación como dos personas adultas”.

http://elpais.com/elpais/2014/04/29/eps/1398771596_048410.html

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¿Que te haga qué?

TERESA MORALES

Decía Woody Allen que el sexo es lo más divertido que se puede hacer sin necesidad de reír. Por eso, a la hora de poner en práctica las artes amatorias, tener una actitud saludable y conocer lo que de verdad te provoca satisfacción y placer es un ‘must’. Pero resulta imprescindible afrontar estos temas con cierta destreza y siempre en perfecta sintonía con la pareja. Este es un objetivo tan esencial como que Cupido acierte con sus flechas en el candidato idóneo. Y, como dice el doctor Antoni Bolinches, psicólogo, sexólogo, terapeuta de pareja y autor del libro ‘Sexo sabio’ (Ed. DeBolsillo): «También lo es el saber conjugar la diversión con la responsabilidad. Ese es uno de los grandes retos de la sexualidad. Porque tanto en nuestro país como en el resto del mundo queda mucho camino por andar en la prevención de embarazos no deseados y en evitar conductas de riesgo susceptibles de transmitir enfermedades sexuales».

Una de las herramientas que permite relacionarse con el sexo de una forma más inteligente son los cada vez más solicitados talleres, como los que organiza la tienda erótica La Alegre Conchita (‘laalegreconchita.com’), en Valencia. Los programas formativos sobre sexualidad son tan imprescindibles como el catálogo completo de juguetes y complementos eróticos. «Los espacios de aprendizaje de autoconocimiento sexual que ofrecemos facilitan el crecimiento erótico personal y de pareja, muy necesario para que cada uno pueda revisar su conducta, qué anhelos y dificultades tiene, cómo se siente deseando o siendo deseado… Todo esto repercute de forma positiva en la autoestima del usuario y también en una mayor satisfacción de sus propias vivencias», explica la sexóloga Raquel Lobato, propietaria de La Alegre Conchita. Hasta el punto de que a mejor sexo, léase más placentero y respetuoso hacia uno mismo y la pareja, mejor humor y relación. Al menos, es lo que confirma el último informe Durex de Bienestar Sexual, que revela que el 61% de los españoles se siente menos estresado si mantiene lo que considera una vida sexual estupenda, y el 51% declara que practicar sexo sano los convierte, a ellos y a sus parejas, en mejores compañeros en general, ya sea en calidad de marido o de esposa.

¿Hablar de tus intimidades en grupo? Sí, has leído bien, ¡y ojo!, porque esto no es lo último. De Estados Unidos ya hemos adoptado el ‘Sex Coach’, donde un experto asesora en privado sobre cómo solucionar ciertos problemillas y mejorar las técnicas para aumentar el placer. No solo a nivel teórico, sino que a veces la consulta se realiza en vivo y en directo para que el entrenador pueda valorar in situ cuáles son los errores, tal y como vimos con el personaje de Helen Hunt en la película ‘Las sesiones’.

La mujer tiene más zonas erógenas y capacidad orgásmica, y está más dispuesta a innovar que el hombre.

Aparte de estas recientes iniciativas ‘made in Manhattan’, en España también nos hemos acostumbrado a los libros y las películas subidas de tono que, como la reciente ‘Nymphomaniac’, de Lars Von Trier, contribuyen a la aceptación de un sexo cuyo abanico de posibilidades y fantasías es mucho más amplio que la tradicional postura del misionero o el hasta hace poco papel sumiso de la mujer. En el mencionado informe Durex, por ejemplo, uno de cada cuatro españoles confesó que está abierto a nuevas experiencias. Y el 23% manifestó que le gustaría practicar sexo con más de una persona a la vez. ¿Demasiado escandaloso? No, siempre y cuando la pareja acepte la propuesta, pues, como sugiere el doctor Bolinches, «todo está permitido si hay consenso. La relación ideal es aquella que surge cuando el código de las partes es sintónico y ambos actúan desde la regla de oro de una evolución natural». El listado de antojos en nuestro país sigue con un 11% aficionado a los ‘strip tease’ y un 10% al que le gustaría incluir los masajes -tanto darlos como recibirlos- entre sus prácticas habituales. «Es que no existe un modelo de lo atrevido», explica la sexóloga Raquel Lobato. «Para algunos puede ser el ‘bondage’, para otros el sadomasoquismo, y hay a quienes la nafefilia (placer producido al tocar y ser tocado) les resulte la bomba. Las formas de dar y obtener placer en cada persona son muy peculiares», dice la experta.

La trilogía ‘Cincuenta sombras de Grey’, de la escritora británica E.L. James, también ha contribuido ¡y mucho! a esta liberación sexual. Sus ventas han superado los tres millones de ejemplares en nuestro país y es obvio que lo que ha hecho que este romance entre un millonario y una estudiante de literatura arrase en todo el planeta ha sido el ingrediente sexo, con escenas explícitas en las que el deseo desenfrenado lleva a momentos de sumisión y sadomasoquismo. Seguramente, tres millones de personas enganchadas a las artes amatorias de estos personajes de ficción se habrán preguntado en alguna ocasión si ellas también podrían hacer algo así en

su vida real: atarse, esposarse, fustigarse…, en un entorno amoroso, por supuesto.

La cuestión es: ¿cómo se lo planteo a mi pareja? «La forma más delicada de pedirlo es que no necesites hacerlo, sino que surja de forma espontánea por la química entre los dos y el clima que aporta la situación. Porque solicitar de pronto las cosas casi nunca resulta positivo», señala Antoni Bolinches. La buena noticia es que, por muy atrevida que parezca, cualquier innovación sexual resultará sana y placentera para ambos si se siguen las pautas que él aconseja: «Haz todo lo que quieras, no hagas nada que no te guste, hazlo siempre desde el deseo previo, y de acuerdo con tu escala de valores sexuales».

Las tendencias eróticas de los últimos años no se ciñen solo a técnicas casi «perversas». El morbo también aparece en el ‘King Out’ (procurarse caricias y besos sin llegar a la penetración), el ‘Booty Call’ (tener sexo con alguien a quien conoces y a quien llamas solo para la ocasión) y hasta el sensual ‘Footjob’, con el que se

excita a a través de un masaje en los pies. Además están los juegos visuales, como el ‘Splosh’, donde uno de los dos encuentra el máximo placer en ver el cuerpo de su pareja untado de alguna sustancia como pintura, aceite o chocolate, y el ‘Dogging’ (practicar sexo en lugares públicos), que hace del riesgo de ser pillados in fraganti el elemento más ‘hot’ de la acción.

Llegados hasta aquí, solo nos queda decir que, al igual que Anastasia Steele en la ficción, las féminas se han apuntado al carro de probar nuevas experiencias. ¿Por qué? Por una razón tan sencilla y maravillosa como la que apunta el doctor Bolinches: «La mujer tiene más zonas erógenas y capacidad orgásmica, pero también mayor plasticidad y creatividad sexual, lo cual significa que está más dispuesta que el hombre a innovar y experimentar». ¡Ahí queda eso!

http://www.elmundo.es/yodona/2014/03/07/5319aa8e268e3e47658b456d.html

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Las fantasías sexuales más comunes entre las mujeres

El sexo en espacios públicos es una de las fantasías más frecuentes entre las mujeres. (Corbis)

En grupo, mientras otros miran, en espacios públicos, con amantes mucho más jóvenes, con actores, haciendo de dominatrix o de sumisa. Estas son algunas de las fantasías sexuales más comunes entre las mujeres, ya sean jóvenes, mayores, casadas o solteras. Lo cuenta y, sobre todo, lo recrea para deleite del lector, la periodista y escritora (erótica) Celia Blanco en Con dos tacones(La Esfera de los Libros). Disfrutar al máximo del sexo es un arte, tan creativo como necesario y que puede y debe aprenderse. Es más, para la autora,todos tendríamos que tener “la sana costumbre de invertir mucho más tiempo en sexo. Es algo fundamental en nuestras vidas”.

Sin complejos ni tabús, Blanco se regocija en los placeres más íntimos de las mujeres. Con un tono desenfadado, y en ocasiones canalla, narra en forma de historia aquellas fantasías más recurrentes que, aunque poco tienen que ver con convencionalismos e imaginarios construidos en torno al amor romántico, están instauradas en lo más profundo de la psique femenina. Después de interrogar a mujeres de toda edad y condición para documentar los cuentos eróticos que componen el libro, la escritora rompe con un primer mito: las mujeres que más disfrutan en la cama no son las jóvenes, sino las maduritas.

“Las mujeres le cogemos el punto al sexo cuando ya somos mayores, cuando sabemos lo que realmente queremos. Yo, que nunca he tenido problemas en acostarme con quien quisiese, con 20 años me iba a comer el mundo, pero ahora (21 años después) es cuando realmente disfruto de las relaciones sexuales”, asegura Blanco. Quizá por ello cree que la mejor educación sexual no es la que se recibe en los libros o el colegio, sino en la cama. “Las mujeres de entre 35 y 45 años han tenido una educación sexual muy buena, pero porque se preocuparon en encontrarla por ellas mismas”.

Una condición que reúnen, en mayor medida, “las mujeres que fueron universitarias, con profesiones liberales y que empezaron a vivir solas a edades tempranas”. Sin embargo, esta “libertad” ha dejado de ser la norma entre los más jóvenes, y las diferencias generacionales en lo que respecta a esta educación sexual basada en la práctica y la experimentación, observa la autora, comienzan a notarse. “Las jóvenes son menos pudorosas que las mayores, sí, pero que la actual situación no les permita hacer su vida, que sigan sin emanciparse, supone un freno”.

Plenitud sexual en la madurez: “sabemos mejor lo que queremos”

Para Blanco, las mujeres cada vez son más conscientes de que hay vida (sexual) más allá del matrimonio o de la pareja y hoy en día ya es frecuente “sentirse con la fuerza suficiente como para saber que si no somos felices podemos dejar a la persona con la que estamos porque ya no es una rareza divorciarse o dejar a un novio. Muchas mujeres con 50 o 60 años deciden separarse, a pesar de llevar casadas toda la vida, porque saben que el sexo no se limita a una edad o a una condición concreta”.

Ni hablar de príncipes azules. Basta con leer el subtítulo de su obra: Las fantasías sexuales de las mujeres que dejaron de soñar con ser princesas.“Por favor, no necesito que ningún príncipe me corone. A las mujeres nos apetece compartir, gozar y disfrutar de los encuentros sexuales, ya se trate de orgías veraniegas o de un lío con un joven que viaja en el mismo vagón del Ave (en referencia a dos de los cuentos eróticos recogidos en el libro). A mí me cuesta mucho creer en los príncipes azules, pero bueno, nos hemos criado así y eso aún peso mucho”, reconoce.

¿Princesas? ¿Para qué? Se pregunta la autora en la introducción del libro, que anticipa el tono desenfadado, y un tanto canalla, de las historias eróticas que recoge. “Nos transformamos en las protagonistas absolutas de nuestros mejores cuentos, esos en los que nos acostamos con quien nos da la santa gana, sin rendirle cuentas a nadie y sin ninguna necesidad de justificarnos. En vez de un príncipe queremos dos. A veces hasta más de tres. Que nos vean, que nos aten, que se dejen atar. Que haya otras mujeres, que nuestros amantes sean más jóvenes. Que elijamos y sepamos hasta los detalles más escabrosos de nuestra fantasía”.

El novio de la hija de la vecina del quinto

La heterogeneidad de las fantasías sexuales aumenta con la edad, y hay casi tantas como mujeres, pero indudablemente unas se repiten más que otras. “Que nos miren mientras mantenemos relaciones es algo que suele excitar a muchas mujeres, casi tanto como el sexo oral”, que es otro de los placeres siempre presentes en la imaginación femenina. Otra de las fantasías prototípicas: “tener relaciones con otras mujeres”. Sí, los encuentros lésbicos son los reyes de las fantasías femeninas.

Entre las maduras, sobre todo a partir de los 40 años, explica Blanco, “las relaciones sexuales con chicos mucho más jóvenes forman parte del guion de todas sus fantasías. Sea del tipo que sea, siempre tienen como protagonista a un hombre joven”. Para prueba, ‘El novio de la hija de la vecina del quinto’, uno de los cuentos que componen el libro. Sería inútil cualquier intento de reseña. Léanlo. Escandalícense de placer o de conservadurismo. Además, como apunta la autora, “tener fantasías no tiene por qué deberse a que el sexo no funcione bien en la vida real. En la mayoría de los casos, se trata simplemente de buscar una vida sexual diferente a la que ya se tiene, al margen de nuestra cama”.

Entre las mujeres que aseguran contar con una vida sexual plena, existe una fantasía que siempre se repite en ellas, asegura Blanco. Se trata del sexo en grupo. “Cuando hablamos de más de dos, luego le subimos al trío y después doblamos la apuesta, hablamos respectivamente de gente que está satisfecha, muy satisfecha y plenamente satisfecha con su vida sexual”.

Los concurridos pisos orgiásticos

Entre las maduras, sobre todo a partir de los 40 años, explica Blanco, “las relaciones sexuales con chicos mucho más jóvenes forman parte del guion de todas sus fantasías. Sea del tipo que sea, siempre tienen como protagonista a un hombre joven”. Para prueba, ‘El novio de la hija de la vecina del quinto’, uno de los cuentos que componen el libro. Sería inútil cualquier intento de reseña. Léanlo. Escandalícense de placer o de conservadurismo. Además, como apunta la autora, “tener fantasías no tiene por qué deberse a que el sexo no funcione bien en la vida real. En la mayoría de los casos, se trata simplemente de buscar una vida sexual diferente a la que ya se tiene, al margen de nuestra cama”.

Entre las mujeres que aseguran contar con una vida sexual plena, existe una fantasía que siempre se repite en ellas, asegura Blanco. Se trata del sexo en grupo. “Cuando hablamos de más de dos, luego le subimos al trío y después doblamos la apuesta, hablamos respectivamente de gente que está satisfecha, muy satisfecha y plenamente satisfecha con su vida sexual”.

Los concurridos pisos orgiásticos

Con dos tacones promete escandalizar, pero no tanto a las mujeres, las verdaderas protagonistas de los testimonios que Blanco convierte en cuentos, sino a los hombres. “A juzgar por lo que me han dicho los lectores, algunos de estos cuentos gustan especialmente a los hombres”, a la par que escandalizan, reconoce la autora. Sin embargo, en la escritura de Blanco no tiene adornos forzados más allá de la naturalidad, la honestidad y el placer. Quizá sea porque, como ella misma explica, “es un tema que puedo mirar de frente por mi experiencia sexual. No me escandaliza”.

La escandalera provocada por cuestiones sexuales no parece formar parte de la mentalidad de Blanco ni del creciente número de personas que, cada vez más, se apuntan a la moda de los pisos orgiásticos o, como prefieren llamarlos sus usuarios, encuentros sexuales. “Son reuniones fantásticas y adorables en pisos a los que sólo puedes entrar con una invitación muy férrea. Allí puedes tener relaciones con quien quieras, donde quieras y como quieras”.

Al fin y al cabo, insiste Blanco, el placer es algo personal e intransferible. Cada uno tiene sus gustos y fantasías, que le puede gustar llevar a cabo o no. Eso sí, para disfrutar al máximo del sexo es fundamental la desinhibición y, sobre todo, la honestidad. “Si somos honestos con nosotros mismos podremos disfrutar más porque sabremos qué es lo que realmente nos apetece. Podrás decirte a la cara cómo quieres que te besen, te acaricien, te aten, muerdan o lleven a ese lugar fantástico al que todos vamos cuando tenemos enfrente a la persona con la que mejor nos lo vamos a pasar en las próximas horas”.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-02-23/las-fantasias-sexuales-mas-comunes-entre-las-mujeres_91974/#lpu6ntyQVn2yidjv

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