Razones y sinrazones de la prostitución

Por Luis Antonio de Villena, escritor y colaborador de EL MUNDO y responsable del programa La/s acera/s de enfrente, de Radio 5 de RNE (EL MUNDO, 22/11/08):

Se ha dicho -acaso con razón- que la prostitución (posiblemente con la caza) es «el oficio más viejo del mundo». En España las mancebías o casas de lenocinio fueron legales hasta 1956. Quien esto escribe -niño aún- recuerda colas de soldados en ciertos establecimientos, y a la muchacha de casa, que sin que yo lo entendiera (nada me explicaba) decía: «No mires». Ahora la vigente corrección política no sabe qué hacer con el tema, y se diría que tampoco mira con demasiadas anteojeras. Para afrontar el fenómeno de la prostitución -femenina o masculina- hay primero que diferenciar pecado de delito. Obviamente, para católicos y cristianos la prostitución es un pecado, pero también lo es acostarse con la novia sin estar casado. El legislador (que ha de ser laico, pues legisla para todos) no puede confundir pecado -una falta religiosa- con delito, que es un daño o un mal social.

Hay dos temas asociados con la prostitución que claramente son delito: el proxenetismo y la trata de blancas. Por lo primero entiendo obligar a prostituirse a mujeres que no desean hacerlo, y por lo segundo (aunque suele andar muy vecino), el hecho de que una mujer trabaje con su cuerpo para un hombre que la explota. Lo que se dice afrancesadamente un macró, o en español castizo, chulo. Haya falta mayor o menor, lo cierto es que nadie dudará que en esos casos de explotación y extorsión hay delito y debe como tal perseguirse.

Pero, ¿qué ocurre con la mujer o el hombre que voluntariamente desea alquilar su cuerpo, con las trabajadoras del sexo, de las que ya habló Gutiérrez Solana? La respuesta del puritano (de fondo religioso) suele ser contundente: no hay tal cosa. Nadie es puta por vocación. Quizá por vocación no -aunque mucho cabría matizar- pero sí por necesidad de vida. ¿Se es picador de mina por vocación? ¿Se friegan suelos por vocación? Hay muchos -muchos- trabajos duros en los que la palabra vocación carece de sentido. Se es albañil o taxista (a veces doce horas de curro) porque la vida te ha llevado ahí. No por vocación. Pero hay mujeres -y hombres- que prefieren alquilar su sexo en lugar de encallecer sus manos. Es una opción. Ni recomendable ni punible. Algo que debiera hacerse en el estricto ejercicio de la libertad individual. Pero ocurre que el fondo religioso tradicional que vive en muchas de nuestras opiniones, a veces subconscientemente, sigue la axiología, es decir, la teoría de los valores, que las religiones semíticas han otorgado a las partes del cuerpo: alquilar tu cerebro para trabajar es nobilísimo, alquilar tus manos (arar, pescar, trabajar en la mina o cargando sacos) es muy noble, por más que sea durísimo, pero alquilar el sexo -sólo otra parte del cuerpo- es abyecto.

Como vemos esto no es sino un resabio del cristianismo. En la Antigüedad pagana hubo santuarios donde existía la prostitución sagrada. Estas mujeres que los griegos llamaron hieródulas se ofrecían gratuitamente para hacer el amor con el visitante del templo famoso. Por ejemplo en los cultos a dioses y diosas del amor y la fertilidad que se adoraban en el hoy egipcio oasis de Siwah…

En realidad, no hay sino un problema de organización de la libertad individual desde un espíritu aconfesional. En una moderna sociedad libre, la prostitución debiera ser legal, como pide el colectivo Hetaira, integrado por trabajadoras del sexo, que declaran hacerlo voluntariamente. De ese modo, se quitaría la prostitución de la calle, que ni es bonito ni sobre todo digno, y se podría ofrecer a prostitutas y clientes lugares con higiene, cuidados médicos, seguridad social y la certeza (para lo que podría firmarse un documento) de que quien desea trabajar con el sexo no está obligada por nadie, es mayor de edad y autónoma en su desempeño. Luego vendría lo de siempre -aunque el fenómeno perdería visibilidad y escándalo-: el que quiere va y el que no quiere no va…

Es moda culpabilizar a los clientes, hay oferta porque hay demanda, como en todo. Pero pocas frases tan inocentes como ese eslogan que se pretende usar en contra de los tales: ¿Tan poco vales? Está mal formulada la pregunta. El cliente que frecuenta la prostitución a veces busca sexo rápido. Hacer en unas horas y sin secuelas lo que en un cortejo normal (que suele presuponer fines amorosos) tardaría días o semanas. Hay hombres mayores que acuden a la prostitución porque si buscasen sexo o compañía con una chica guapa -sin dinero-, literalmente, no se comerían una rosca. Esto es más notorio en parte del colectivo gay, donde con frecuencia un hombre poco después de los 40 es ya un carroza.

El mundo interno de la prostitución es muy complejo, pero el tipo de cliente tímido y acomplejado (¿tan poco vales?) no es, desde luego, el mayoritario. Si la sociedad funcionase a la perfección, también en la intimidad y la psicología de cada uno, acaso la prostitución fuera innecesaria. Pero no es el caso: parejas rotas, deseo de sexo sin amor, búsqueda de compañía sentimental, necesidad de romper una rutina… Todo eso lo cubre una prostitución digna, que a veces pasa casi desapercibida, como las famosas queridas de la época de nuestros padres y abuelos en un mundo altoburgués, donde el señor llegaba a veces a formar una segunda e ilegal familia. Ello provenía, a menudo, de retirar a una chica. Dejarla sólo para ti, con amor y dinero a la vez. En Cuba decían a eso sacarla a particular, es decir, la chica dejaba la casa común para irse con su protector. Generalmente no se habla de estas viejas prácticas, que hoy siguen existiendo de otros modos, cuando se nombra el término prostitución. También suele ignorarse que, a partir de la emancipación femenina, muchos chicos tienen clientas (no sólo clientes), generalmente mujeres de mediana edad y buena posición económica. A menudo, casadas también, como otros…

Tampoco relacionamos con la prostitución (al menos públicamente) a mujeres muy elegantes y preparadas que se lían una temporadita con caballeros de alto standing. Por supuesto, en esos casos no se paga el acto sexual concreto, sino el conjunto, que a ojos exteriores hasta puede parecer un idilio (ella siempre muy guapa) aunque su base, quizá no única, evidentemente está en el dinero y los regalos de moda y joyería… Al hablar de esto, todos pensamos en algún nombre concreto y respetable. No pensamos en putas de esquina, claro es.

Se dijo que las llamadas demi-mondaines (Carolina Otero, Cleo de Mérode, Liane de Pougy), hermosísimas y sofisticadísimas mujeres, eran algo del pasado, un fruto extinto de la Belle époque, pero las semi-mundanas siguen existiendo aunque, quién lo diría pues nos tenemos por más libres, se tapan más. Que antes no ocultaban su condición de insignes hetairas lo dice su nombre mismo. No eran mondaines (mundanas) señoras de su casa con título o muchos valores, sino sólo demi-mondaines, es decir, medio mundanas, precisamente por su oficio, trabajado con esplendor pero no secreto.

Insisto: estamos (para legalizar la prostitución) sólo ante un problema del uso de la libertad individual -que es la libertad genuina, en la que se apoya la colectiva- dejando de lado múltiples prejuicios casi todos de origen religioso (aunque cada cual hará lo que quiera, como debe ser) y de ese modo ante la posibilidad de erradicar de un oficio regulado -trabajadoras del sexo- el proxenetismo y la trata de blancas, obvios males como quedó dicho. Persigan al proxeneta y al mafioso, no a quienes libremente y de común acuerdo alquilan su cuerpo por dinero. Un gran poeta inglés (catedrático universitario de latín), homosexual, que en Inglaterra se contenía por la severidad a principios del siglo XX de sus leyes antihomosexuales, pagaba en sus viajes a chaperos de otros países. Hablo del gran A. E. Housman (1859-1936), que siempre pensó bien de los chicos que le ayudaban a estar menos solo y más contento, y a los que alude en este bello poema de doble sentido: «Epitafio para un ejército de mercenarios. Estos, el día que se derrumbaba el cielo, / en la hora en que se hundían los cimientos de la Tierra, / siguieron siendo mercenarios: / recibieron sus pagas y están muertos. / Sostuvieron el cielo suspendido de sus hombros: / porque ellos resistieron, resisten los cimientos de la Tierra. / Lo que abandonó Dios, ellos lo defendían / y lo salvaron todo por dinero». Más claro…

Fuente: http://www.almendron.com/tribuna/22925/razones-y-sinrazones-de-la-prostitucion/

Share

Prostitutas, puede; esclavas, no

El debate entre regulación y abolición distrae del problema más claro y acuciante: los derechos humanos – Miles de extranjeras son violadas, aisladas y explotadas en Europa por las mafias

CARMEN MORÁN 24/09/2008

La mirada que lanza la sociedad hacia las prostitutas ha ido cambiando con los años. Por no ir siglos atrás, en la posguerra española se veía con naturalidad que se tapara el hambre vendiendo servicios sexuales. Pasadas unas décadas se aplicó un prisma moral, de pecado y de vicio, pero a pesar de las prohibiciones, ahí siguieron las minifaldas y los escotes generosos. En los ochenta, prostitución y drogas viajaban en el mismo barco. Y, siempre, la compraventa de sexo ha estado ligada a una paupérrima situación económica que ahora se denomina, de forma globalizada, feminización de la pobreza.

Hasta hace poco, las posturas políticas al respecto se antojaban simples: prohibir o legalizar la prostitución. Pero un fenómeno nuevo, la inmigración, ha llenado de matices el debate. Las cifras que reconoce el Gobierno como buenas indican que el 90% de las prostitutas son extranjeras y un 80% del total son víctimas de la trata, es decir, que no han optado por trabajar en la calle para llevar ingresos a casa, sino que están en manos de mafias sin posibilidad alguna de elegir. Los que están de acuerdo con este análisis califican la situación de esclavitud del siglo XXI y retratan torturas, secuestros, aislamiento y violaciones sistemáticas para domesticar la voluntad de unas mujeres que han viajado engañadas en busca de otros empleos. Esta es la postura del Gobierno, que está ultimando un Plan Integral en el que participan 11 ministerios para tratar de atender estas situaciones.

Pero hay algunas organizaciones y partidos políticos del ala más izquierdista que casi dan la vuelta a esas cifras. Afirman que un 80% de las prostitutas ejercen voluntariamente y son minoría las que lo hacen sin escapatoria alguna. La organización más representativa de esta versión, Hetaira, entiende que en ambos casos hay mucho que hacer y no creen que se esté en el buen camino. Estas son las que se denominan -siempre con matices- regulacionistas. Piden que el Estatuto de los Trabajadores ampare a aquellas que se prostituyen voluntariamente «porque estas trabajadoras eligen el oficio, no así las condiciones en las que lo ejercen, ni los horarios, ni el salario que perciben, ni los servicios sexuales que han de ofrecer», explica Cristina Garaizabal, portavoz de Hetaira. Este colectivo alabó hace unos días las declaraciones de Miguel Ángel Revilla, el presidente de Cantabria, que reconoció haberse estrenado con una prostituta.

La asociación Apramp, con presencia en varias comunidades, informa a unas 500 mujeres distintas en la calle o en burdeles cada día. «Si ellas nos pidieran que regularan su situación laboral no nos negaríamos, pero lo que estamos viendo es una esclavitud: mujeres maltratadas, violadas cada día, que las encierran en pisos y nadie habla con ellas hasta que deciden hacer la calle», explica Rocío Mora. Por eso, Apramp se encuadra entre las abolicionistas, aunque saben «que eso puede ser utópico».

La situación es tan compleja, que, hartas de debates entre abolir y regular, Rocío Mora lo que pide son soluciones inmediatas para las miles de mujeres que están pasando por una mala situación ahora. En el caso de la trata, aunque no hay acuerdo en la cifra, sí coinciden unas y otras en que es un caso de derechos humanos y como tal hay que abordarlo. La primera medida que toman las mafias que trafican con estas mujeres es despojarlas de sus papeles para que no puedan acceder a un permiso de trabajo ni de residencia. Son prisioneras. También de las amenazas, que se extienden a sus familias en los países de origen.

La ONU calcula que la prostitución mueve entre cinco y siete billones de dólares anuales (entre tres y cinco billones de euros) y afecta a cuatro millones de víctimas.

Cuando la policía irrumpe en un burdel las mujeres pueden denunciar a quienes las han reclutado a la fuerza. Si lo hacen pasan a ser tratadas como testigos protegidos. ¿Pero lo estarán sus familias en Brasil, en Rumania, en Polonia? Los golpes, las torturas y las amenazas hacen una espiral en sus cabezas. Prácticamente ninguna mujer se atreve a ir a la policía, aunque eso parezca la salida más fácil.

«Esto es como la violencia de género, que se les pide que denuncien pero no siempre lo hacen. Pero peor, porque estas mujeres han sufrido unos malos tratos tremendos. Por eso hemos pedido al Gobierno que se les conceda al menos un mes para que podamos trabajar con ellas desde un punto de vista psiquiátrico, si no, no denunciarán nunca». Así será. «Nosotros les demostramos en ese tiempo que todo es un gran negocio, que nadie les está ayudando, como les dicen», cuenta Rocío Mora, de Apramp. Pero, desgraciadamente, reconoce que cada vez es más difícil recuperar a las prostitutas porque los problemas psiquiátricos que presentan ahora no tienen nada que ver con los que había años atrás.

En Hetaira van más allá, creen que el llamado «periodo de reflexión» de 30 días no sirve. «Esas mujeres que han sido traficadas deben recibir todas las atenciones que se merecen por haber sufrido esa situación, no condicionar su estancia en España a que denuncien o den detalles sobre las mafias».

Derechos es lo que piden unas y otras. Soluciones inmediatas, con independencia de que el Gobierno se decida a hacer un Plan Integral o a decantarse por penalizar al cliente o no. Salidas para esas mujeres que están sufriendo ya ese maltrato.

Sobre las que actúan en libertad, la asociación Apramp no cree ni que existan. «Si preguntas a cualquiera de las que están en la calle te dirán que lo hacen voluntariamente, porque a veces necesitamos meses para que reconozcan que son víctimas de trata. Si son tan libres, ¿por qué desaparecen del club en el que trabajan cuando nos acercamos a hablar con ellas más de 10 minutos? Si van acompañadas hasta a la peluquería. Si algunas no cierran la puerta del baño meses después porque están acostumbradas a una vigilancia permanente, si las cronometran cuando están con los hombres en su habitación según el servicio que tengan que darles, si los carteles que ponen en algunos de esos pisos en lugar de recomendaciones sanitarias indican todo lo contrario», recalca Rocío Mora.

«¿Cómo vamos a pedir que se regule la situación laboral de estas mujeres? Sería tanto como pedir que se dé amparo legal a una situación mafiosa», añade Mora. Apramp tiene dos pisos en Madrid con 9 habitaciones cada uno y mucha falta de plazas para alojar a estas mujeres que se atreven a dejarlo. Algunas de ellas trabajan como topos para conseguir que otras abandonen también la prisión en la que están. A otras les ofrecen talleres y colaboran con otras organizaciones para proporcionarles algún trabajo, por lo general en el servicio doméstico o cuidando ancianos. Pero la labor de documentarlas es ardua y eso es lo primero que tienen que hacer y para lo que piden ayuda a la administración. «No son inmigrantes ilegales a quienes repatriar, son víctimas».

En toda Europa hay cuatro modelos para legislar sobre la prostitución. Los más prohibicionistas penalizan a los que compran y a los que venden sexo y esos son el 60% de los países, con un caso aislado, Suecia, que solo multa a los clientes. Otros tienen regulada la situación, con ciertos derechos laborales y obligaciones sanitarias, pero eso deja aparte a las que no tienen papeles, que, según las cifras, son las más. En otro grupo están los que llaman abolicionistas, como España, aunque en la práctica se traduce en políticas de no intervención. La situación en España es alegal. Y hay lo que se llama nuevo abolicionismo que sería el caso Italiano, similar al enfoque español. Pero eso ha cambiado recientemente hacia un prohibicionismo total, que impide ejercer en la calle.

Las abolicionistas en España tienen una certeza firme: se trata de víctimas de mafias y hay que acabar con ello y permitirles a estas mujeres otra vida. Pero las regulacionistas afirman que campañas como la del Ayuntamiento de Sevilla, que ataca a los clientes de la prostitución -«¿Tan poco vales que tienes que pagar?», rezan las vallas publicitarias- no hacen sino estigmatizar más a las prostitutas, como «si fueran ellas las que no valen nada», dice Garaizabal. «Si no hay anuncios en la prensa muchas perderán sus trabajos». Los clientes a veces son fundamentales para detectar cuando hay trata, dicen en Hetaira. Esta asociación no fue invitada a la reunión de ayer en el Ministerio de Igualdad con ONG que trabajan con prostitutas. «No quieren oír que en los países donde se ha regulado la prostitución tienen menos cabida las mafias».

Plan del Gobierno
El Gobierno ultima un Plan Integral para la prostitución con medidas como éstas:

– Un mes de reflexión. Para convencer a las prostitutas extranjeras sin papeles que se decidan a denunciar, con garantías jurídicas y de seguridad. Tendrán ayuda económica. Las que no denuncien serán repatriadas.

– Formación policial. Habrá mejoras en la formación de los agentes.

– Sensibilización. Habrá campañas para concienciar a la sociedad de que tras las prostitutas hay una mujer víctima de la trata de seres humanos.

– Cooperación. Se trabajará con los países de origen de las mujeres para impedir que sean víctimas de la trata. Y con las asociaciones del sector.

– Calendario. El Plan debe estar aprobado antes de que termine 2008 y está previsto para tres años.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Prostitutas/puede/esclavas/elpepusoc/20080924elpepisoc_1/Tes

Share

La prostitución es un Trabajo

Texto: Concha García (*)
Presentación: La Insignia. España, enero del 2006.

La ofensiva contra los derechos de los trabajadores del sexo, tradicionalmente dirigida en España desde la extrema derecha y las organizaciones afines a la Iglesia católica, tiene nuevos y tal vez inesperados referentes. En el año 2005, el Partido Comunista de España (PCE) se sumaba a las fuerzas prohibicionistas, ocultas ahora -en consonancia con la moda de la mayoría moral estadounidense- bajo el eufemismo de abolición. Esta misma semana, la Unión General de Trabajadores (UGT) hacía lo propio y abría un sorprendente capítulo en la crisis de la izquierda, el dedicado al sindicalismo que criminaliza a los trabajadores y se niega a representarlos.
La Insignia ofrece hoy a sus lectores un necesario contrapunto al despropósito anterior: tres de las intervenciones que se pudieron oir en mayo del 2005 durante las jornadas «Derechos de ciudadanía para las trabajadoras y los trabajadores del sexo», organizadas en Madrid por el sindicato Comisiones Obreras (CCOO).

El colectivo en defensa de los derechos de las prostitutas tiene sus orígenes en los años noventa, cuando hicimos aquellas jornadas de reflexión y empezamos y comenzamos a trabajar con algunas trabajadoras del sexo y empezamos a conocernos mutualmente, hasta que en 1995 decidimos entre todas abrir un centro y crear el colectivo Hetaira.

Nuestro centro fundamentalmente se abre en la zona de Desengaño- Ballesta [Madrid], porque desde el principio tratamos de estar con aquellas trabajadoras sexuales que sufren el estigma por el ejercicio en sí. Pensamos que aunque el estigma recae sobre todas las mujeres que ejercen la prostitución, es cierto que las prostitutas de calle, que captan a los clientes en la calle, sufren un plus de estigma, y sobre todo porque sufren la marginación, la exclusión y el desprecio social.

Nuestra pretensión era y sigue siendo crear un espacio de mujeres, las cuales unas trabajan en la prostitución y otras en otros tipos de actividad laboral, y sobre todo es una asociación que luchará contra el estigma que he dicho anteriormente y sobre la división de origen patriarcal entre las mujeres, las buenas y las malas, siendo las prostitutas las que representan por excelencia a las malas mujeres.

Para nosotras tiene una gran importancia el promover los lazos de solidaridad y apoyo entre las trabajadoras del sexo, que sirvan de embrión organizativo. Aunque esta tarea no está exenta de problemas, como son la gran movilidad, el tipo de trabajo tan competitivo con horarios tan dispares, las condiciones de vida difíciles para un amplio sector de prostitutas de calle, los diferentes intereses entre ellas, que frecuentemente provocan enfrentamientos, las dificultades de autoidentificarse como trabajadoras, hace que la conciencia colectiva esté muy poco desarrollada y que sólo se manifieste en momentos concretos ante agresiones que les afectan de forma colectiva.

Nos preocupa especialmente la diversidad de intereses entre ellas y las contradicciones que de ello se derivan, como son aprender a resolver las diferencias, a encontrar los puntos que unen por encima de los que las dividen, aprender a mediar y a negociar entre ellas, pero también con los vecinos. Y ahí hemos tenido algunas experiencias concretas con algunos vecinos de Montera, de Casa de Campo, de Villaverde. Aunque esto no está exento, como todo, de dificultades.

Otro de nuestros objetivos es la formación de líderes, el capacitarlas para las apariciones públicas, el dotarlas de una propia voz. También hacemos un apoyo concreto a sus problemas cotidianos, a través de asesorías (asesoría psicológica, social, jurídica, sanitaria) que tenemos en el centro de la calle Desengaño.

También disponemos de una unidad móvil que recorre las diferentes zonas de prostitución en nuestra ciudad de Madrid, donde se reparten preservativos, un folleto al estilo cómic, del que ya han hablado anteriormente mis compañeras de él, donde se explican las enfermedades de transmisión sexual y tener cuidado sobre tu propio cuerpo.

También se les ofrece un apoyo social desde esta unidad móvil, un apoyo legal también en muchas ocasiones, porque sí que es cierto y antes una de las cosas que a mí me gustaría resaltar es que cada vez más en las calles de Madrid lo que fundamentalmente hay son mujeres inmigrantes. Y ésta es una realidad con la que nosotras tenemos que trabajar fundamentalmente, por las dificultades que esto conlleva muchas veces de papeles, que yo creo que es lo que atraviesa absolutamente a todas las mujeres inmigrantes que hoy están en nuestro país.

De nuestra experiencia en Hetaira es importante señalar que nos encontramos ante una realidad diversa y nada homogénea. La primera, y desde nuestro punto de vista muy importante, es si ésta está ejercida y es obligada por terceros. Ante esta situación se debe aplicar el Código Penal y perseguir a mafias y extorsionistas. Pero también ofrecer a las mujeres la posibilidad de realizar ésta u otra actividad laboral, realizando políticas reales de formación. O por si, al contrario, ejercen la prostitución como decisión individual, una decisión que obviamente está condicionada, como todas las decisiones que los seres humanos tomamos en la vida, por múltiples factores sociales, culturales y personales.

Creo que éstas son muy variadas y obviamente las fundamentales son de orden económico y de supervivencia. Incluso para algunas mujeres los motivos que les llevaron a la prostitución pueden ser terribles (drogodependencias, huir de familias desestructuradas y con altos niveles de violencia intrafamiliar, ser mujer transexual y tener las puertas cerradas para encontrar otro tipo de actividad). Pero lo importante para nosotras es contemplar qué dicen las mujeres que ejercen, y si quieren o no seguir ejerciendo, pues en la vida muchas veces los motivos por los que empiezas algo tiene poco que ver con aquello por lo que tú continúas haciendo esa actividad.

Para las personas que quieren seguir ejerciendo la prostitución, que hacen de ésta una forma de ganarse la vida, desde Hetaira exigimos los mismos derechos que para el resto de los trabajadores y trabajadoras en este país. Es decir, derechos a una pensión, a un seguro que te cubra en caso de estar enfermo, a poder denunciar a tu jefe si incumple el contrato, si se produce un despido improcedente. Pero también a la hora de trabajar esta realidad es importante tener en cuenta que existen otras diferencias entre las personas que ejercen la prostitución, porque no es lo mismo captar los clientes en la calle que en un club, en un piso o a través de un anuncio en el periódico.

Por lo general, las personas que captan a sus clientes en la calle suelen estar peor vistas, y se les hace responsables del deterioro de los barrios y de la delincuencia. Estamos viviendo una experiencia muy concreta en estos momentos, como es el conflicto de Villaverde, aquí en Madrid, donde lo primero que se ha hecho ha sido cerrar al tráfico una zona, que es la primera medida que se ha habilitado para resolver los problemas de un barrio que, desde nuestro punto de vista, tiene muchos otros problemas, pero lo primero que se ha hecho ha sido impedir el ejercicio de la prostitución.

Los podemos públicos, desde nuestro punto de vista, siempre han ofrecido una única solución: expulsar de un lugar a otro a las personas que ejercen la prostitución. En Madrid hemos podido vivir algunos de estos conflictos con los vecinos, con el Ayuntamiento y con la policía. Pocas veces hemos llegado a sentarnos a dialogar, pero cuando lo hemos hecho, al menos durante un tiempo, hemos conseguido mejorar la situación de todas las partes.

Nosotras siempre hemos planteado que los espacios públicos han de ser negociados por todos, y hemos defendido que si bien los vecinos tienen sus razones, las trabajadoras sexuales tienen las suyas, y por lo tanto ambas partes han de ponerse de acuerdo y debe establecerse una negociación. Pero éstas han de llevarse en pie de igualdad entre todas las partes implicadas (los vecinos y las trabajadoras sexuales).

Actualmente ejercer la prostitución, como ya se ha dicho aquí anteriormente, no es un delito. Aunque parezca mentira a la luz de determinadas actuaciones de la Policía Municipal y en algunos momentos de la Policía Nacional en este último año en Madrid. Pero tampoco es una actividad reconocida como legítima, ya que la gente que trabaja en ello no tiene reconocidos sus derechos, esta situación de alegalidad es la que mueve hoy la prostitución. Creemos que ésta es cada vez más difícil de mantener.

Por un lado, existen desde hace tiempo fuertes presiones por parte de los empresarios de los clubes de alterne, ANELA para que se reconozca el alterne como actividad legítima. Esta presión puede llevar a que se legalice la situación irregular que hoy tienen los clubes, admitiendo la actividad de alterne como los empresarios plantean, pero dejando sin reconocimiento legal el ejercicio de la prostitución que se da en estos locales, ejercicio que hoy se da bajo las condiciones que imponen los empresarios, sin que las trabajadoras puedan gozar de ningún derecho que recorte las tendencias empresariales de sobreexplotación laboral.

Por otro lado, las plataformas abolicionistas de un sector del movimiento feminista parece que se alían, al menos en Madrid, con la derecha más cavernícola para exigir la abolición de la prostitución. Este planteamiento suele compenetrarse con el sector más vulnerable de prostitutas, las que más se ven porque trabajan en la calle, de tal manera que tanto el PP como algunos sectores del PSOE plantean acabar con la prostitución de calle, con la excusa de luchar contra la esclavitud sexual. Me estoy refiriendo al plan contra la esclavitud sexual que se está realizando en Madrid. Excusa que no sabemos a quién pretende convencer, pues es sabido que las mafias se mueven sobre todos en los locales cerrados, mientras que las que captan a su clientela en la calle suelen ser las que más autónomamente trabajan.

No obstante, este sector es el que más suscita también las iras ciudadanas, y son el objetivo preferido de las insatisfacciones vecinales, que ven en las prostitutas un chivo expiatorio apropiado para descargar sus frustraciones, aun cuando éstas nada tienen que ver con ellas.

Esta situación y estas presiones parece que llevan a que la tendencia sea criminalizar la prostitución de calle, teniendo como modelo lo que se ha hecho en Suecia, y regularizar la situación en los clubes.

Paso a continuación a plantear una serie de alternativas que nosotras hemos podido ir discutiendo.

Desde nuestro punto de vista, hay que tener en cuenta dos cuestiones fundamentales: por un lado, la diversidad de situaciones, especialmente en lo que hace a las condiciones de trabajo (obligadas o por decisión propia; dentro de las segundas, autónomas y dependientes de terceros); y además, otra de las cuestiones sería contar con la voz de las trabajadoras sexuales, que además también es diversa.

Las políticas que pretenden que desaparezca la prostitución que capta su cliente en espacios públicos crean más problemas de los que supuestamente pretenden resolver. Obviamente no acaban con la prostitución de calle, sino que desplazan el problema de unas zonas a otras, pero lo fundamental es que empeoran las condiciones de trabajo de las trabajadoras sexuales, recortan sus derechos ciudadanos y favorecen el desarrollo de mafias y chulos en torno a las trabajadoras para protegerlas que los desmanes que la policía comete contra ellas. Además la penalización de los clientes recorta la posibilidad de negociación del precio y de la salud, y eso favorece a los clientes, siempre.

Según la experiencia de otros Estados que han desarrollado políticas concretas sobre la prostitución, lo que sí podemos decir es que hay algunas formas de reglamentación de la prostitución que no tienen en cuenta los intereses de las prostitutas y que implican una mayor discriminación de éstas. Así, consideramos que no es justo que se creen impuestos especiales, tanto para las trabajadoras como para los empresarios que se dedican a esta actividad. Los impuestos deben ser equiparables a los de otros sectores laborales que se desarrollan en condiciones sociales similares, teniendo en cuenta las diferencias económicas que se dan dentro de la prostitución, según dónde y cómo se ejerza ésta. Gravar más la prostitución que otras actividades similares conlleva que el Estado se convierta en el nuevo proxeneta de las prostitutas.

Tampoco nos parece adecuado establecer controles sanitarios obligatorios para las prostitutas como forma de prevenir el sida y las enfermedades de transmisión sexual. Primero, porque no sirven para nada: se ha demostrado ampliamente que esta medida para lo único que sirve es para que los clientes se queden tranquilos y se nieguen rotundamente a utilizar el preservativo, con lo que, si la prostituta es infectada por un cliente, cosa bastante más frecuente de lo que pensamos, transmitirá el virus a todos aquellos con los que tenga relaciones hasta el siguiente control, con lo que la expansión del virus está garantizada.

Hoy está más que demostrado que no existen grupos de riesgo, sino prácticas de riesgo, y que prevenir esas prácticas es la única forma eficaz de frenar la expansión del virus. Pero además, obligar a las prostitutas a controles sanitarios es considerarlas grupos de riesgo y estigmatizarlas más de lo que ya están. Y eso, además de moralmente cuestionable, es totalmente ineficaz, pues redunda en el mito de que son las prostitutas las que contagian y no los clientes. Mito que, además de falso, reafirma la actitud de irresponsabilidad ante este tema por parte de muchos hombres que hacen del no ponerse el preservativo una cuestión de masculinidad y de vigor sexual.

A la luz de la experiencia de otros países, otro aspecto que a nosotras nos parece importante es que lo que se legisle sobre la prostitución se dé en el marco de las relaciones comerciales (Código Mercantil y Laboral y no en el Código Penal). Para nosotras el actual Código Penal es un instrumento más que suficiente para defender a las trabajadoras del sexo de los abusos y las agresiones. Así, quien obliga a otra persona a prostituirse ya está considerado delito en él. Ante los abusos y agresiones físicas, psíquicas y sexuales ya existen también dentro del Código Penal artículos que permiten su denuncia y castigo. Pero ante los abusos económicos y las malas situaciones de trabajo son necesarias leyes laborales, que defiendan los derechos de las trabajadoras.

También nos parece fundamental que el reconocimiento de la prostitución no implique un recorte de libertad de movimiento y de opciones que se dan dentro de este tema. En este sentido nos oponemos a los registros obligatorios controlados por la policía o el Ministerio del Interior y, como he dicho antes, tampoco nos parece una solución que se legalice la prostitución regulando cómo debe ser ejercida (lugares, zonas, horarios), y se criminalice a todas aquellas trabajadoras del sexo que no quieren o no pueden ejercer en esas condiciones.

Nuestras propuestas. Para las inmigrantes, legalización de las que ya están aquí. Y en el futuro, que el trabajo sexual sea considerado un medio de vida para conseguir legalidad, la residencia.

La prostitución de calle… No puedo ir más deprisa. Para la prostitución de calle, negociar la utilización de los espacios públicos, considerando en pie de igualdad los derechos de las trabajadoras del sexo y de los vecinos. Una posible solución sería la creación de zonas o barrios rojos. Hoy existen muchas mujeres que se pronuncian por establecer zonas específicas de ejercicio de la prostitución y en las que se pueda trabajar tranquilas y seguras y que cuente con una serie de servicios que les facilite el desempeño de su trabajo al estilo de los barrios rojos de algunas ciudades europeas.

A nosotras, en principio, esto nos parece siempre y cuando estas medidas se vayan imponiendo a partir de políticas persuasivas en lugar de políticas criminalizadoras. En primer lugar porque, como la experiencia ha demostrado, las políticas prohibicionistas y criminalizadoras no acaban con el problema, sino que lo agravan al empeorar las condiciones de trabajo de las mujeres, y favorecen el desarrollo de mafias y chulos que encuentran en la ilegalidad un caldo de cultivo propicio para sus intereses.

Pero, en segundo lugar, estamos convencidas de que si existen lugares seguros y tranquilos para el ejercicio del trabajo sexual, la gran mayoría de las mujeres se establecerá en esas zonas, pues ellas son las primeras interesadas en trabajar en buenas condiciones. Y así sólo quedarían fuera de esas zonas sectores muy minoritarios de trabajadoras sexuales que podrían ser asumidos por el vecindario sin generar grandes tensiones.

Para la prostitución en clubes hay que entrar a regular las relaciones laborales cuando median terceros. Para ello es fundamental que se derogue la última modificación que se hizo del artículo 188 del Código Penal, que considera delito lucrarse de la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma. Este añadido implica que los tratos comerciales de las prostitutas con terceros… y enmascara las relaciones que hoy se dan en muchos clubes, donde los empresarios participan en las ganancias de las trabajadoras del sexo que están en ellos e imponen sus condiciones de sobreexplotación laboral, horarios sin descansos, sin vacaciones, imposición de los clientes y los actos que se venden.

Nosotras creemos que hay que tener en cuenta que la prostitución no es un trabajo como cualquier otro, sino que tiene características especiales, tanto por el estigma que recae sobre quien lo ejerce como por ser actos sexuales lo que se vende. Teniendo en cuenta esto y la situación actual, en la que los empresarios hacen lo que les da la gana, sin que las trabajadoras tengan reconocido ningún derecho, las leyes no pueden contemplar sólo los aspectos de licencia, localización de locales, aspectos sanitarios, etc., sino que deben defender la capacidad de autodeterminación de las trabajadoras en su trabajo, especialmente en relación a qué actos están dispuestas a vender y a quién.

En este sentido es importante que se recorten las prerrogativas de la patronal; las licencias que se concedan para montar locales de alterne deberán tener en cuenta lo siguiente: permisos preferentes para los locales autogestionados y cooperativas de trabajadoras sexuales; no conceder licencia a los clubes ni a personas individuales que tengan antecedentes penales por tráfico de drogas o agresiones (somos conscientes de que defendiendo esto entramos en un conflicto de derechos, pero tomamos parte por los derechos de las trabajadoras, aunque eso implique cierta discriminación para aquellas personas que han tenido antecedentes penales); no permitir que la patronal imponga el tipo de prácticas sexuales o las condiciones de trato con los clientes; horarios pactados por ambas partes y en las que entre turno y turno haya como mínimo diez horas para descansar, no a la disponibilidad total; libertad de movimiento para entrar y salir y libertad para romper el contrato en cualquier momento por parte de la trabajadora, teniéndosele que liquidar el dinero cuando ella lo solicite.

Parece evidente que los cambios que se pueden producir en la consideración social de las trabajadoras del sexo pasan, en primer lugar, por revindicar que la prostitución es un trabajo que no puede definir a quien lo ejerce. Nombrar a las prostitutas «trabajadoras del sexo» es un elemento importante en este cambio. Además, que un sindicato como Comisiones Obreras organice unas jornadas como éstas y tenga la intención de empezar a reclamar sus derechos nos parece sólo un salto importantísimo en el camino que hace ya diez años en Hetaria emprendimos para que se reconozcan plenamente la dignidad y los derechos de las trabajadoras sexuales.

Muchas gracias.

(*) Concha García es una militante feminista histórica, ha trabajado en grupos de mujeres de barrios y desde 1995 lo hace en Hetaira, un colectivo que lucha en defensa de los derechos de las prostitutas, formado por personas voluntarias y compuesto por mujeres que ejercen la prostitución y mujeres que se dedican a otro tipo de actividades.

Fuente: http://www.lainsignia.org/2006/enero/cul_028.htm

Share

Hetaira celebra la sentencia del TSJC porque "sienta un precedente" en el reconocimiento laboral de la prostitución

MADRID, 6 Oct. 2008 (EUROPA PRESS) –

La portavoz del colectivo Hetaira de trabajadoras del sexo, Cristina Garaizábal, celebró hoy la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) que reconoce una relación laboral entre la prostituta de un club de alterne y el dueño del local. Según afirmó, «sienta un precedente» en el camino al reconocimiento laboral de la prostitución.

En declaraciones a Europa Press, Garaizábal incidió en que esta es la primera vez en que una sentencia aborda así la situación de la prostituta de un club de alterne y destacó la «complejidad» de la decisión adoptada por el TSJC, ya que nunca antes se había reconocido la relación laboral entre la meretriz y el propietario del bar, porque éste podía incurrir en un delito de proxenetismo al beneficiarse de la actividad sexual de un tercero.

La sentencia en cuestión reconoce la relación laboral encubierta entre las 20 inmigrantes irregulares que trabajaban como prostitutas en el club de alterne del punto kilométrico 155,5 de la carretera nacional C-31, en Cunit (Tarragona), cuando en marzo de 2006 una Inspección de Trabajo visitó el establecimiento.

En aquel momento, se impuso una sanción a los propietarios de 132.460,3 euros y tras los recursos planteados por la Abogacía del Estado, finalmente el TSJC ha fallado en reconocimiento de las trabajadoras.

Para Garaizábal, la decisión judicial es un paso «importantísimo» que abre la puerta al reconocimiento de los derechos laborales de las trabajadoras del sexo, más allá del artículo del Código Penal que castiga el proxenetismo.

Fuente: http://www.colectivohetaira.org/senttsjc061008.html

Share

Sí a la legalización: defender a todas las prostitutas

Cristina Garaizabal
Diario Público. – Colectivo Hetaira – 24/09/2008

Es importante distinguir entre prostitución forzada y la que se ejerce por decisión propia. Aquellas que están coaccionadas a ejercer la prostitución sufren un grave atentado a los Derechos Humanos que debe ser combatido. Perseguir eficazmente el delito de la trata de personas exige contemplar este problema al margen de los problemas migratorios.

Las víctimas de trata son consideradas inmigrantes ilegales y, en algunos casos, testigos; consecuentemente las medidas de protección funcionan como contrapartidas a su colaboración con la policía. Se debe contemplar la trata en toda su globalidad.

Elaborar un plan sólo contra la trata con fines de explotación sexual, excluyendo la que tiene por finalidad otros sectores de la producción o los matrimonios forzosos, no parece ser el mejor camino. Lo fundamental debe ser la defensa de los derechos de las víctimas y no las actividades a las que se dirige la trata, más cuando sólo un 20% de las personas traficadas van a la industria del sexo.

Quienes ejercen la prostitución voluntariamente sufren también discriminaciones. Muchas no han podido elegir las condiciones de su trabajo en precario. Los empresarios de los clubes imponen sus normas sin ninguna ley que defienda a las trabajadoras; las que captan su clientela en la calle sufren las consecuencias de ordenanzas municipales que posibilitan coacciones y abusos.

Es necesario defender los derechos de todas las personas que ejercen la prostitución. Para que la lucha contra la trata sea eficaz es necesario legalizar la prostitución voluntaria, porque, si no, las redes criminales se amparan en la alegalidad en la que se mueve la prostitución.

Las campañas contra los clientes empeoran las condiciones de trabajo de las prostitutas. Es importante tener en cuenta la experiencia de otros países en los que los clientes suelen ser unos agentes valiosos en la detección de las situaciones de prostitución forzada. La libertad, la autonomía y los derechos de las mujeres que ejercen la prostitución no pueden servir de excusa para proclamas ideológicas.

Fuente: http://www.colectivohetaira.org/crisgar240908.html

Share

El problema de la prostitución


Para hablar seriamente sobre un tema como la prostitución, hay que hacer un esfuerzo para dejar atrás conceptos tan profundamente arraigados en nuestra mente y en nuestra cultura que imposibilitan ver el fondo real del problema.

En primer lugar, es necesario dejar fuera los conceptos morales. Éstos sólo sirven para estigmatizar a las prostitutas. En segundo lugar, hay que dejar atrás –o por lo menos, aparcar momentáneamente- la creencia, defendida por un amplio sector del feminismo, de que la prostitución no es más que la expresión de la máxima explotación de la mujer. Es así en muchos casos, pero no en todos. Además, ¿dónde se encuadra, siguiendo esta visión, la prostitución masculina, que es también una realidad? Por otra parte, otro sector del feminismo tiene una visión radicalmente opuesta, como veremos más adelante.

En tercer lugar, la respuesta no debe ser sólo policial: ésta no conduce más que a la criminalización de las personas que se prostituyen –generalmente a las más indefensas de entre ellas-, a más marginación y a más abusos.

Hay prostitutas que se ven empujadas por la necesidad: pobreza o droga. Hay prostitutas/os que eligen cuándo, cómo y con quién. Hay personas que se prostituyen ocasionalmente y hay personas a quienes obligan o engañan para que se prostituyan.

Hay personas que se prostituyen, y hay personas que requieren esos servicios.

Las razones son muchas, las opiniones sobre el tema son diversas, pero en todos, o en casi todos los análisis y las soluciones propuestas se olvida al sujeto principal del problema –la persona que se prostituye-, con lo que, se ofrezca la respuesta que se ofrezca, ésta seguirá fracasando.

Hasta ahora ninguna medida ha eliminado la prostitución: ni la legalización, ni la prohibición. En países como Holanda, donde se ha legalizado la prostitución, ha surgido una prostitución ilegal: inmigrantes sin papeles, por ejemplo. La prohibición, es evidente que no ha arreglado el problema, porque ha seguido existiendo de forma ilegal en aquellos países que han aplicado esas medidas.

Los abolicionistas, que buscan la desaparición de esta actividad por considerarla una explotación de la mujer, piden también la prohibición ante la imposibilidad de arreglar de forma inmediata lo que consideran la raíz del problema: la desigualdad de la relación entre hombre y mujer. Olvidan que hay prostitutas que lo han elegido pudiendo optar por otra forma de vida. Olvidan que también hay hombres que se prostituyen. Además, el abolicionismo lo que hace es reducirlo todo a un problema policial y tiene como efecto colateral el desarrollo inevitable de todo un submundo clandestino porque, desde luego, no acaba con la prostitución. Más al contrario, no favorece en nada a los derechos como seres humanos de las prostitutas, atrapadas entre la ilegalidad y unos abusos de los que difícilmente podrán escapar.

No se puede analizar la prostitución ni buscar soluciones, si no se cuenta con la opinión ni se respetan las necesidades de los actores principales: las prostitutas. Como afirmó Carla Corso, miembro del Comité Italiano a Favor de los Derechos de las Prostitutas, “el contrato que la prostituta tiene con el cliente es un contrato privado, no se puede reglamentar con ninguna ley. Si reconocemos esto, reconoceremos también la dignidad de la mujer prostituta. Tenemos que reconocer dos derechos: el de prostituirse y también el de salir de la prostitución”.

Claro que Carla Corso se refería exclusivamente a aquellas personas que han elegido ejercer voluntariamente esta actividad.

Una visión realista y, finalmente, práctica del tema nos obliga a buscar formas para garantizar los derechos de las prostitutas y nos lleva a analizar qué tipo de legislación o de medidas puede contribuir a mejorar su situación.

No se trata de legalizar o de ilegalizar. Se trata, y esto es lo más difícil, de reconocer que es una relación contractual individual que genera unos derechos y unas obligaciones.

¿Debe considerarse realmente un problema la prostitución? ¿Nos molesta moralmente? ¿Nos molesta estéticamente? ¿Es preferible que ésta se concentre en lugares determinados, fuera de la vista de la gente? ¿Es bueno condenar barrios a ser únicamente barrios chinos? ¿Se sentirá mejor la ciudadanía quitándose la prostitución de la vista, aunque sepa que ésta sigue existiendo?

La respuesta más sensata a estas preguntas y las soluciones más viables pasarían por el abordaje del tema desde un punto de vista multidisciplinar, nada rígido –porque el campo en el que nos movemos no lo es- y eminentemente práctico.

Se debe, en primer lugar, tener en cuenta los deseos, sentimientos e inquietudes de los actores principales –las prostitutas-. Se debe, por supuesto, luchar contra las mafias, pero sin penalizar a las chicas, que son, en este caso, víctimas. Se debe, sí, garantizar el derecho a dejar la prostitución si se quiere, pero no podemos impedir que quién desee libremente ejercer ese contrato privado entre dos personas –como hemos señalado anteriormente- lo haga.

Y en este caso, garantizar los derechos que les corresponderían como trabajadoras del sexo: los derechos dignifican a la persona. Una mujer inmigrante sin papeles que ejerce la prostitución sufre, actualmente, una doble o triple discriminación: por ser inmigrante, por no tener papeles y por ser prostituta. E incluso una cuarta: por ser mujer. Son criminalizadas y empujadas a una clandestinidad que permite que sean víctimas de todo tipo de abusos. Son víctimas, en muchas ocasiones, de sus clientes y son víctimas de las mafias.

Si una mujer que decide –o se ve empujada por las circunstancias- a ejercer la prostitución tiene unos derechos laborales reconocidos, tiene la posibilidad de pagar impuestos y seguros, tiene el derecho a recibir algo a cambio de dichos impuestos, se dignifica como ciudadana. Puede elegir, puede disponer de mejores medios para desempeñar su trabajo, puede optar a obtener permiso de trabajo y salir de la clandestinidad, puede denunciar los abusos, puede, si así lo desea, abandonar esa actividad y dedicarse a otra cosa. En cualquier caso, lo que es seguro es que su autoestima como persona crecerá y eso contribuirá en mucho a garantizarle incluso su propia seguridad: podrá decidir cómo y con quién.

Muchas veces se llega a la prostitución al carecer de otra alternativa para ganarse la vida. Quizás deberíamos reflexionar sobre este hecho y sobre la mayor vulnerabilidad que tienen las mujeres en situaciones de crisis económica y precariedad laboral.

Si se sigue viendo la prostitución bajo una óptica moralista, se imposibilita ver a la prostituta como “persona”. Se la sigue viendo como prostituta incluso cuando no trabaja: se la obliga a llevar una vida clandestina porque son pocas las que se atreven a enfrentarse a semejante estigmatización social. Realmente, lo que parece que molesta a la sociedad, no es que se produzcan relaciones sexuales, sino que se cobre dinero por ello y que el precio esté fijado por adelantado.

Ese estigma que arrastran las prostitutas tiene, además, unos efectos demoledores en la salud física y psíquica de las mujeres: la culpabilidad por lo “inmoral” de la actividad, la obligación de ocultar la fuente de sus ingresos –para familiares, conocidos, vecinos-, la soledad a que conlleva esa vida clandestina, en muchos casos acaba por hacerle perder a la mujer su autoestima.

En este sentido es interesante las reflexiones del Colectivo Hetaira, que trabaja a favor de los derechos de las prostitutas. Lo que defiende este grupo es el derecho a la autodeterminación y el derecho de estas personas a participar en los debates en los que se habla del tema.

Parece sensato entonces, hacer caso a quienes conocen el asunto desde dentro. Coincidimos con este colectivo, como ya hemos dicho, en la conveniencia de tratar la prostitución desde el Derecho Laboral, no a través del Código Penal, que sólo criminalizaría a las mujeres que no cumplieran los requisitos previstos por la ley (nacionalidad, permiso de residencia, etc.).

Hay que aceptar, además, que la prostitución se ejerce en una gran variedad de modalidades: en locales, en pisos, como asalariadas, como autónomas, en la calle… Conocer este hecho ayudará a identificar los problemas y los abusos que se producen en cada modalidad.

Por eso, insistimos en que la regularización no es suficiente ni adecuado, a tenor de las diversas experiencias que en este sentido se han llevado a cabo en otros países: se acotan zonas para la prostitución (con el consiguiente problema de creación de guetos y la expulsión de las que no se adaptan a la normativa), se imponen controles sanitarios obligatorios, convirtiendo a la prostituta en “sospechosa” de transmitir enfermedades –grupo de riesgo- cuando en realidad son más vulnerables al no poder negociar en muchas ocasiones con sus clientes, y se les somete a impuestos desproporcionados.

Volviendo a la otra visión del feminismo que considera que la prostitución puede ser considerada como una actividad laboral perfectamente aceptable si es elegida o ejercida sin violencia y en libertad encontramos que puede ser la más adecuada para enfrentar el asunto. Esta corriente aboga por estimular, además, el asociacionismo, la capacitación, la mediación en conflictos.

Esa toma de conciencia que vendría derivada de la aceptación de la prostitución como una actividad laboral contribuiría, además, a la reducción del riesgo de contraer el VIH entre las prostitutas que ahora están en situación de riesgo por la escasa capacidad para decidir o cuidarse.

Para recapitular, digamos que la visión moralista debe quedar fuera, se deben tomar medidas en derecho laboral para garantizar que el ejercicio de esta actividad se aproxime lo más posible a un trabajo en lo que se refiere a derechos y deberes, se debe intensificar la lucha contra las mafias y los abusos, se debe trabajar para lograr la dignificación de las prostitutas y se debe aspirar, por qué no, a que algún día nadie se vea empujado por la necesidad, a hacer algo que no quiera.

Fuente: http://www.lacoctelera.com/pilarestebanez/post/2008/11/08/el-problema-la-prostitucion-20-10-2008

Share

Cristina y Rocío: a favor y en contra de la prostitución legal

Por: Mariana Viltnizky

Ambas luchan por mejorar la situación social que viven las prostitutas, pero desde posiciones muy distintas.

Cristina Garaizábal y Rocío Mora nos explican sus razones para defender o atacar la legalización de la prostitución.

Prostitución legal… Cristina Garaizábal

BIO Tiene 50 años. Vive en pareja, pero no está casada. Es psicóloga, portavoz y cofundadora de Hetaira, una asociación en defensa de los derechos de las prostitutas.

¿Por qué está a favor de la legalización de la prostitución?

Porque creo que para muchas trabajadoras del sexo sí es un trabajo, y es bueno que se le reconozcan sus derechos.

¿Cuáles son las características de la prostitución en Madrid?

El 90% son inmigrantes. De ellas, un 85% sabía antes de venir que iba a trabajar en ello.

¿A las inmigrantes les gusta el trabajo o es una necesidad?

Como en cualquier trabajo, la mayor parte de la gente no se pregunta si le gusta. Me consta que el 85% de las que elige, prefiere prostituirse a lo que les ofrece el mercado laboral: ser explotadas las 24 horas como empleadas domésticas.

¿No se intensificaría el sometimiento?

De hecho, puede hacer que disminuyan las mafias. En Holanda se ha demostrado.

Prostitución ilegal… Rocío Mora

BIO Tiene 36 años y está soltera. Es abogada. Coordina la Unidad Móvil de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (Apramp).

¿Por qué está en contra de la legalización de la prostitución?

En Apramp vemos diaria-mente a 287 personas que la ejercen. Todas quieren dejarlo.

¿Cuáles son las características de la prostitución en Madrid?

Son inmigrantes en el 90% de los casos. Si pudieran no trabajarían en ello. De hecho, cuando pueden buscan otras salidas.

¿Cuál es la solución que usted ve?

Prefiero las alternativas integrales: sanitarias, sociales, jurídicas y formativas. Que el que lo desee tenga otras posibilidades.

¿No se podría dar libertad a quien sí desea ejercer la prostitución?

Yo no conozco un solo caso que lo desee. Son gente que termina con problemas psíquicos. Cuando se regula, se está reglamentando la explotación. Y no se puede regular el abuso.

Fuente: http://www.20minutos.es/noticia/109515/0/Prostitucion/legal/Garaizabal/

Share

Las prostitutas no quieren dejar la calle



Las meretrices que ejercen en la vía pública han pedido al Ayuntamiento de Granada que nos les dañe el negocio con la nueva ordenanza sobre convivencia, en preparación

JOSÉ R. VILLALBA

Las prostitutas de Granada defienden con uñas y dientes su trabajo. No quieren que nada y nadie les perjudique en su trabajo en unos momentos difñiciles para ganarse el pan. No quieren dejar la calle. Ese es el mensaje trasladado al concejal de Participación Ciudadana y Seguridad, Eduardo Moral, tras la reunión mantenida la pasada semana entre el Ayuntamiento y los representantes de las oenegés que trabajan con prostitutas en la capital.

Las medidas adoptadas por el Ayuntamiento de Barcelona de multar a los clientes, no se impondrán en Granada. «Aquí no podemos regular la prostitución, sólo nos limitamos a controlar la ocupación de la vía pública a través de la ordenanza de convivencia en la que estamos trabajando», apunta el edil.

El principal problema de la prostitución en las calles de Granada está localizado en la carretera de Jaén. «De forma puntual nos hemos encontrado algo por la zona del Salón, pero poco más». En la Zona Norte, los vecinos se han quejado en más de una ocasión de las consecuencias derivados por el ejercicio libre de las meretrices: problemas de salubridad, de trapicheo de drogas y de inseguridad. «No vamos a mirar para otro lado, aunque la solución es complicada. Estamos intentando hablar con vecinos y con los portavoces de prostitutas para alcanzar soluciones de consenso», apunta Moral.

Soluciones

¿Cuáles serán esas soluciones? Nadie las conoce o nadie se atreve a plantearlas abiertamente aún. El Ayuntamiento de Granada ha consultado las acciones adoptadas en Madrid, Barcelona, Sevilla o Marbella, entre otras para saber qué hacer. «Aunque no encontramos la solución», esgrime Moral. Las posibilidad de sacar a estas trabajadoras del sexo al extrarradio de la ciudad ha quedado descartada para evitar poner en peligro su seguridad.

Hetaira, una asociación constituida por prostitutas, ha calificado de «fracaso» el plan contra la prostitución desarrollado en la capital madrileña. Las campañas de información sobre la explotación sexual dirigidas a los clientes, los carteles informativos, el mayor control policial y los intentos de expulsión de estas mujeres de ciertas calles céntricas de Madrid han servido de poco. Según Hetaira, el número de mujeres que salen a vender su cuerpo en las calles madrileñas pasó de 158 a 258 entre 2004 y 2007. El Ayuntamiento de Madrid asegura que en ese mismo periodo su campaña sirvió para sacar de la calle a cincuenta meretrices, tal y como recoge el diario 20 minutos.

Según los datos manejados por Eduardo Moral, el 99% de las prostitutas que trabajan en la calle son inmigrantes. «Nos dicen que la crisis está empujando a muchas mujeres a trabajar en la calle porque no les queda otra salida». Lo curioso es que pese a la imagen de que la gran mayoría de meretrices son obligadas a ejercer, los colectivos consultados por el Ayuntamiento granadino han comunicado que más bien es al contrario.

Eduardo Moral comunica que la nueva ordenanza sobre la convivencia no estará preparada antes de seis meses. «Vamos a escuchar a todas las partes y encontraremos una solución de consenso entre todos. No queremos perjudicar a nadie», dice.

Fuente: http://www.ideal.es/granada/20081103/granada/prostitutas-quieren-dejar-calle-20081103.html

Share

Prostitutas que quieren ser prostitutas


Carolina Hernández, prostituta de la sede de la asociación Hetaira, en Madrid. /REYES SEDANO

BELÉN TOLEDO – 07/12/2007 19:55

Es difícil que una prostituta se deje fotografiar para una entrevista. Pero Carolina Hernández no duda al teléfono: «Fotos, todas las que quieras». Después, se explica: «Un grupo de las chicas que trabajamos en la calle hemos decidido dar la cara. Que la gente vea que somos de carne y hueso, mujeres como las demás, y que lo único que queremos es que nos dejen trabajar».

Se define como una trabajadora del sexo y miembro de Hetaira, una asociación para la defensa de los derechos de las prostitutas. Asegura que comenzó a ejercer su trabajo por decisión propia, hace doce años, recién llegada de Ecuador: «Una amiga y yo veníamos, en principio, para seis meses. Pero pronto comprobamos cómo podían ganar dinero dos mujeres bonitas».

¿Esclavas o trabajadoras?

Carolina es un ejemplo de prostitución ejercida libremente. Según los colectivos que quieren erradicar este oficio, su caso forma parte del ridículo 5% de las prostitutas que lo son por voluntad propia. Sin embargo, este porcentaje sube hasta el 85% en las estadísticas de las asociaciones que luchan por que esta actividad sea regulada como un trabajo más.

La diferencia entre los cálculos de abolicionistas y partidarios de la regulación es abismal. Muestra de lo alejadas que están las posturas a pesar de lo viejo que es el debate. Hoy, en unas «Jornadas de Pensamiento Crítico» celebradas en Leganés (Madrid) tres estudiosos del tema, alineados con la segunda opción, han expuesto sus argumentos.

Clientes, mafias, derechos y policía

«Dicen que todas las prostitutas están dominadas por mafias pero no tienen datos. Parece que la palabra ‘mafia’ es una excusa para sus diatribas ideológicas». La frase es de Cristina Garaizábal, presidenta de Hetaira y una de las ponentes. Su crítica va dirigida al «Informe sobre la situación actual de la prostitución», realizado y presentado en el Congreso de los Diputados el pasado mes de mayo. Este documento se ha convertido en la principal victoria que esgrimen los colectivos abolicionistas. En resumen, sostiene que la prostitución es violencia de género y que la inmensa mayoría de las personas que la ejercen están bajo el control y la coacción de mafias.

Según Garaizábal, el informe no respeta la voluntad de las que venden sexo de forma consentida. Esto es lo que más ha molestado a asociaciones como Hetaira, que defienden que la decisión de una mujer de vender servicios sexuales es respetable y sería segura si la policía no se empeñara en hacerles difícil su trabajo.

¿Ya es legal y no nos habíamos enterado?

La prostitución como opción libre también se ha defendido desde un punto de vista jurídico. Carolina Gala, profesora de Derecho del Trabajo en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha explicado que una sentencia de la Audiencia Nacional del año 2003 ya reconoció la licitud de este oficio desempeñado por cuenta propia. El tribunal debía dilucidar si varias mujeres podían fundar una sociedad para la prostitución llamada «Mesalina». Su fallo fue positivo.

Entre los clubes, la calle y los anuncios por palabras

Carolina, por su parte, tiene clara su opinión en este debate. «Ahora tengo 33 años y he hecho de todo: clubes, anuncios en el periódico, sociedad con otras chicas en una casa particular… pero lo que más me gusta es la calle. Ahí puedo elegir al cliente y negociar. Por eso quiero que la regulen».

Fuente: http://www.publico.es/025691/prostitutas/quieren/prostitutas

Share

Madrid: Revisiones Sanitarias Gratuitas para Trabajadoras/es Sexuales

PARA CUIDAR TU SALUD
ALGUNOS SITIOS DÓNDE TE ATENDERÁN Y TE
ASESORARÁN DE FORMA GRATUITA
Y ANÓNIMA
EN MADRID:
Centro de Enfermedades de Transmisión Sexual Y VIH
C/ Montesa nº 22 Tfno. 91-558-51-42
Metro: Manuel Becerra
De 09 a 11h. Sin Cita Previa
Prevención de VIH y ETS (consulta y consejo)
Grupos de apoyo emocional
Médicos Del Mundo
C/ Aguileñas nº 15
Tfno. 91-315-60-94
Metro: Valdeaceras
De 11 a 13.30 y de 15.30 a 18h.
Atención sanitaria, psicológica y social.
También consultas sobre transexualidad.
Centro Joven de Anticoncepción Y Sexualidad
C/ S. Vicente Ferrer nº 86 Bajo
91- 531-03-00 // 91- 531-66-55
Metro: Noviciado
Lunes: de 09.30 a 14.30 y de 16 a 19.30h.
Resto de la semana de 16 a 19.30h.
Atención a menores de 29 años: test de embarazo, tratamiento post-coital, información y asesoramiento.
Centro Sanitario Sandoval
C/ Sandoval nº 7
91- 445-23-28 // 91- 445-25-62
Metro: Bilbao
De 08.45 a 12h.
Diagnóstico de ETS, VIH, etc…
PARA DENUNCIAR AGRESIONES O ABUSOS
Juzgados de Plaza de Castilla
Metro: Castilla
Policía Municipal: 900-222-100
Si necesitas de alguna otra información o atención por parte de profesionales de Trabajo Social, la Abogacía y la Salud, (en centros públicos y gratuitos o privados y de pago) ó simplemente deseas pasarte a charlar y tomar un café, puedes dirigirte a:
HETAIRA:
Colectivo en Defensa de los Derechos de las ProstitutasC/ Desengaño nº 16 1º Tfno: 91- 523- 26-78Metro: Gran VíaDe Lunes a Jueves de 16 a 20h.

Revisiones Sanitarias Gratuitas para Trabajadores Sexuales

FUNDACIÓN TRIÁNGULO
Atención a trabajadores del sexo masculinos
C/ Eloy Gonzalo. 25, 1º ext.
Metro Iglesia
Tlfno. 91 593 05 40 y 91 446 63 94
Horario de atención: L-J de 10:00 a 14:00
y de L-V de 16:30 a 20:30

Si estás en situación de trata o conoces a quién lo esté:


PROYECTO ESPERANZA
Para mujeres que estén ejerciendo la prostitución en situación de trata, es decir, obligadas por alguien para ejercer la prostitución y sometidas a algún tipo de explotación y que deseen salir de esa situación.
Alojamiento en casa de acogida, información y asesoría jurídica, sociolaboral y sanitaria.
Tlfnos. 91 386 06 43 y 607 542 515 (disponible 24 h.)
Share