Entrevista a Cristina Garaizabal, cofundadora de Colectivo Hetaira

«La propuesta de Ciudadanos de legalizar la prostitución está hecha a medida de los empresarios»

Cristina Garaizabal es cofundadora de Hetaira , colectivo pionero que cumple 20 años luchando por los «derechos de las prostitutas y la normalización de su trabajo»

Su postura choca de frente contra buena parte del movimiento feminista, que considera que la prostitución supone la mercantilización del cuerpo de las mujeres

«En la sociedad hay trabajos muy desagradables, pero a nadie se le ocurre que tengan que desaparecer. Lo que hay que hacer es dotarlos de derechos»

Cristina Garaizabal, activista y cofundadora de Hetaira / M.B

Cristina Garaizabal, activista y cofundadora de Hetaira / M.B

Cristina Garaizabal lleva 40 años dedicándose al activismo feminista. Psicóloga especializada en terapia de género y transexualidad, comenzó luchando por el derecho al divorcio y al aborto para, años después, convertirse en una de las referentes en la defensa de los derechos de las prostitutas. El Mundial de fútbol de 1982 las expulsó de los alrededores del campo del Fútbol Club Barcelona. Fue el primer contacto que estableció con ellas, a las que no deja de referirse intencionadamente como trabajadoras del sexo.

Lo hace así porque para Hetaira , colectivo del que es cofundadora y que ha cumplido 20 años, la prostitución voluntaria es un trabajo que urge normalizar y reconocer con derechos laborales. La suya es una de las muchas voces que hablan de prostitución dentro del movimiento feminista. Otras, que representan el abolicionismo, consideran que es una forma de violencia que debe desaparecer, pues supone la mercantilización del cuerpo de la mujer. La controversia se ha trasladado ahora al panorama político, después de que Ciudadanos se mostrara favorable a legalizar la prostitución.

El partido de Albert Rivera ha apostado por legalizar la prostitución e incorporar al mundo laboral a las mujeres que la ejercen como autónomas ¿Qué te parece la propuesta?

La propuesta de Ciudadanos se ha hecho al más puro estilo neoliberal y coincide totalmente con la de ANELA (Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne), es decir, es una propuesta a medida de los empresarios. En primer lugar, la prostitución no se puede legalizar porque no es ilegal. Lo necesario es reconocer los derechos de las trabajadoras que se prostituyen por decisión propia. Creemos que su intención es controlar a las prostitutas, pues hablan de convertir en delito la prostitución en la calle, que es la más autónoma y libre.

Decenas de personas se manifiestan por los derechos de las prostitutas

Una manifiestación de prostitutas por sus derechos en Madrid

Que todas se hagan autónomas se puede convertir en una terrible trampa, sobre todo, planteado por los empresarios. En otros sectores ya se ha hecho y el resultado ha sido la creación de «falsos autónomos». Es muy sospechoso también cuando hablan de salubridad e higiene, pues la experiencia europea nos dice que esto se traduce en controles médicos obligatorios, que alimentan el estigma social de que son ellas las que transmiten enfermedades a los clientes y no al revés, algo que es totalmente falso. Todos sabemos que no hay grupos de riesgo, sino prácticas de riesgo.

A raíz de la propuesta de Ciudadanos, que abrió el debate, ¿cuál ha sido la relación tradicional entre la izquierda y la prostitución?

En la prostitución no hay izquierda ni derecha, por desgracia. Izquierda Unida y el PSOE tienen discusiones fuertes en su seno, pero normalmente las direcciones están presionadas por los grupos internos abolicionistas. Son personas a título individual las que están a favor de los derechos. No obstante, nos alegramos de que Alberto Garzón, tras decir en La Sexta que «la prostitución es el grado más extremo de violencia de género», nos haya concedido una entrevista en cuanto pasen las elecciones. Por lo menos, evidencia una postura más abierta al diálogo.

¿Los partidos políticos suelen escuchar a las prostitutas a la hora de proponer iniciativas que les afectan?

No. Así de tajante y sin matices. Lo que es cierto es que con los que han surgido últimamente, como Podemos o Ahora Madrid, sí tenemos otras posibilidades, aunque en su interior hay debates importantes. Pero en general, cuesta mucho que los políticos escuchen a las trabajadoras del sexo empoderadas, en pie de igualdad. De ellas no se acuerdan nunca, solo cuando los ciudadanos se quejan porque ha ocurrido algo en la calle o en periodo electoral.

La Ley de Seguridad Ciudadana entrará en vigor el próximo julio ¿Cómo afecta al ejercicio de la prostitución esta norma?

Nos va a afectar a todos de forma terrible. Si además añadimos las lindezas que va diciendo Esperanza Aguirre sobre las personas sin hogar y las manifestaciones por ‘perjudicar al turismo’, en este país volvemos al franquismo a la que nos descuidemos. La ley mordaza empeorará las condiciones de las trabajadoras del sexo. No hará que desaparezcan. En el fondo, el objetivo de estas normas es que no se vean.

Una parte del feminismo considera que la prostitución es una forma de sumisión de las mujeres hacia los hombres  que supone la mercantilización y cosificación del cuerpo de la mujer. ¿Es la prostitución violencia de género?

La prostitución como institución, al igual que el matrimonio, tiene que ver con el sistema heteropatriarcal. Por eso las mujeres que ofrecen o compran servicios sexuales están más estigmatizadas que los hombres que lo hacen. Pero cuando se habla de que la prostitución es la compra del cuerpo de las mujeres, lo que se está haciendo es reforzar la idea de que el hombre que va de prostitutas puede hacer lo que quiera porque las está comprando enteramente. Ellas no se venden, ellas lo que hacen es ofrecer servicios sexuales que tienen su precio. Intercambian actos sexuales por dinero, lo cual no tiene mayor problema a pesar de que mayoritariamente sea entre una mujer y un hombre, aunque no exclusivamente.

Hemos sido socializadas desde pequeñas en que existen dos tipos de mujeres: las buenas y las malas

Este tipo de afirmaciones hacen un flaco favor a las trabajadoras del sexo y pasan por alto la necesidad de educar a los hombres en que ir a comprar servicios sexuales es igual que ir al bar a pedir un café, por supuesto, teniendo en cuenta las particularidades del trabajo sexual: por mucho que tras la barra esté una mujer inmigrante sin papeles, tu no te crees con el derecho de comprarla a ella por completo, sino que accedes a un servicio concreto.

¿La prostitución es entonces un trabajo como otro cualquiera?

Tiene sus especificidades como las tienen el resto. La primera es que aparece el sexo de por medio; tiene mucho que ver con la intimidad, por lo que es muy importante que las trabajadoras del sexo se profesionalicen y no hagan aquello con lo que no se sienten cómodas. La segunda es que sobre quien ejerce este trabajo recae un estigma enorme: o bien cometen un pecado o representan el colmo de la traición patriarcal. Mira que hay trabajos desagradables en la sociedad…pero a nadie se le ocurre decir que tendrían que desaparecer, sino que habría que dotarles de derechos para ejercerlos en condiciones dignas.

¿De dónde proviene ese estigma?

De la ideología patriarcal, que las criminaliza porque son mujeres que manejan dinero y que consiguen su independencia económica a través de su sexualidad. Es algo revolucionario porque va contra el control de la sexualidad de las mujeres y la reproducción que pretende el patriarcado. El abolicionismo ayuda a alimentar esta idea cuando dibuja a todas las trabajadoras sexuales, independientemente de que lo hagan de forma voluntaria o no, como víctimas.

¿En qué se traduce ese control de las mujeres que, según afirmas, hace el sistema patriarcal?

Hemos sido socializadas desde pequeñas en que existen dos tipos de mujeres: las buenas y las malas. Las primeras no muestran su sexualidad de forma explícita, son recatadas y no llaman la atención. Luego están las malas mujeres, las putas, las que se muestran claramente sexuales, que van «provocando» y, para colmo, piden dinero por algo por lo que las demás deberíamos estar encantadas de hacer: mantener una relación heterosexual. Las trabajadoras del sexo son las representantes de todo lo que no hay que hacer, según los mandatos patriarcales, que nos indican que las buenas mujeres serán protegidas y las malas no.

¿Hay muchas prostitutas que ejercen la prostitución voluntariamente?

Una y otra vez se repite la cifra falsa de que el 90% de las mujeres que ejercen la prostitución son víctimas de trata, pero nadie es capaz de ofrecer estudios concretos que lo avalen. El único informe serio al respecto es de Naciones Unidas, que confirma que una de cada ocho trabajadoras del sexo es víctima de trata. Es decir, en torno a un 85% lo hacen por propia voluntad. Otra cosa es que la capacidad de decisión esté condicionada por las necesidades económicas u otras circunstancias, pero todos lo estamos. La pobreza, aunque empequeñece las alternativas, no elimina la posibilidad de elección. Lo que sí que no se elige son las condiciones de trabajo, que son abusivas por la falta de derechos.

En varias ocasiones habéis alertado del peligro que supone confundir prostitución y trata de seres humanos. ¿Por qué es tan peligroso?

Lo es confundir trata y prostitución voluntaria porque es muy difícil luchar de forma eficaz contra ella cuando no se diferencian bien, pues es más costoso identificar a las víctimas. Meter ambas realidades en el mismo saco hace que no acabe de quedar claro qué es la trata: secuestrar a una persona para someterla a esclavitud. Y esto les pasa a mujeres y hombres y para diversos fines, entre ellos, explotación sexual, pero no solo. No es lo mismo que la prostitución voluntaria.

¿Por qué es tan necesario el reconocimiento laboral de las prostitutas que ejercen por decisión propia?

Porque nadie vive mejor sin derechos. No se puede seguir excluyendo a las trabajadoras del sexo voluntarias porque vivimos en sociedades en las que los derechos ciudadanos se adquieren fundamentalmente a partir de la inserción en el mundo laboral. Con las mujeres inmigrantes ese ha sido uno de los grandes problemas: mujeres que viven en este país y que cuentan con medios autónomos que provienen de la prostitución, no pueden regularizar su situación.

Los derechos y las leyes laborales impedirían que los empresarios plantearan condiciones abusivas en los clubes, pues no serían libres para hacer lo que quisieran. Se deberían regular las relaciones laborales defendiendo la autonomía y la libertad de las mujeres, respetando a qué clientes y qué servicios desean ofrecer. Los derechos servirían, además, para normalizar el trabajo sexual voluntario como lo que es: un trabajo.

http://www.eldiario.es/sociedad/Entrevista-Cristina-Garaizabal_0_387411495.html

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Tenemos chico nuevo en el trabajo más antiguo del mundo

Por Nayra Marrero, (@nayramar)

Vivimos en un sistema económico injusto marcado por la desigualdad. En esas franjas que se crean y que abren las entrañas de la vida de mucha gente, se cuelan crueldades y fraternidades, se forjan ayudas y abusos, desventuras y superaciones.

Vivimos cada día más lejos del Estado de bienestar que nos prometía un paraguas con el que capear las tormentas, aunque fuera el tramo que nos faltaba hasta llegar al portal. Para quienes tenían a dónde volver, quizá la lluvia no ha empapado demasiado pero en muchos los charcos se han instalado en sus mismos huesos.

El otro día conocí a un chaval polaco recién aterrizado en Madrid. No dominaba el idioma ni eligió la ciudad por su amor a la cultura española: vino porque aquí residía un amigo de la infancia que le guarecería al menos de forma temporal. Estudió música pero en el Londres del que partió las clases que daba sólo le daban para cubrir algún gasto puntual, vivía mantenido por un señor que un día se cansó de tenerlo a su lado.

Vino a Madrid a vivir como su amigo, mantenido no por uno sino por varios señores, mayores o jóvenes, que paguen por tenerlo cerca, como hacía su pareja anterior. Vino a Madrid a sobrevivir, a ser chapero, a ser uno más de la lista de los que no le interesan a nadie.

Dos hombres tienen sexo en un coche. Foto de 20minutos.es

Aquí no tenemos trabajo, hay cuatro millones y medio de personas en situación de desempleo; tenemos un sistema de protección social “claramente ineficaz”, según un informe de la Comisión Europea, y una miopía supina en lo que se refiere al trabajo sexual.

Este chico vino a Madrid a prostituirse, a ofrecer servicios sexuales por dinero, pero no a vender su cuerpo: eso ya lo había hecho en Londres donde dependía de un tipo que controlaba su vida al completo. Su amigo le decía que jugarse todo a una carta era un peligro, así que ahora prefiere muchas apuestas pequeñas que le permitan decidir sus propias líneas rojas.

Este chico vino a Madrid a buscarse un presente, ya veremos qué le depara el futuro. Sabe que tiene que aprender a moverse por esta ciudad que no le quiere, en el vaivén de su hipocresía y sus moralinas; entre la transparencia de quien no le va a mirar y los ojos de quienes le buscan.

Nadie le obliga a hacer lo que hace, o quizá lo hagamos todos. En este sistema en el que todo se compra y se vende hay quienes creen que el sexo es un producto más y su precio lo marca el mercado. Como en todo, cuantos menos posibilidades de organizarse y menos derechos, más posibilidades de explotación. Hace sólo unos días celebramos el Día de las y los Trabajadores, ese día que conmemora la lucha por los derechos laborales y que nunca se fija en quienes trabajan en ciertas calles, en ciertos pisos, en ciertos locales, ofreciendo placer a cambio de dinero. Fantasmas de todos los tiempos.

 

Si a alguien le interesa mirar por la mirilla y cuestionarse los lugares comunes, el próximo fin de semana tiene una oportunidad en las Jornadas sobre Derechos Humanos, trabajo sexual y trata que organiza el colectivo Hetaira en Madrid.

 

Tenemos chico nuevo en el trabajo más antiguo del mundo

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La hipocresía de los políticos frente a la prostitución

por Enrique Anarte

Fotografía vía Colectivo Hetaira

Fue hablar Albert Rivera y el asunto saltó a los titulares. El líder de Ciudadanos, formación que se mide ya con los dos grandes partidos tradicionales y Podemos en un cuarteto electoral, anunció el pasado 13 de abril que la regulación de la prostitución iría en su programa para las elecciones generales. Las declaraciones del flamante niño de los ojos de muchos españoles alteraron a muchos pero trajeron pocas propuestas frescas: el polémico proyecto ya lleva tiempo acomodada en los programas del nuevo partido de moda. En respuesta al atrevimiento del catalán, políticos, periodistas y tuiteros en general se lanzaron de cabeza al debate.

El ruido ha sido fuerte, pero la renovación de las caras de una clase política empeñada en regenerarse no han traído ideas nuevas a un asunto, cuando menos, incómodo hasta en los círculos feministas. Las marcadas diferencias que separan a unas y otras fuerzas políticas se desdibujan cuando toca -porque parece ser algo que llega, que nadie se atreve a sacar a colación – hablar del trabajo sexual. Aquí el consenso es la ley y se traduce en un rechazo tajante de la posibilidad de regulación de algo que atenta contra la «dignidad» de las mujeres y que es inherentemente violencia. De izquierda a derecha, los argumentos han sonado vagamente diferentes, pero la conclusión ha sidogrosso modo la misma. La misma de siempre.

«El debate social está muy polarizado entre dos posiciones, la abolición o la regulación, y luego está la gente que directamente no quiere entrar en el debate y que por eso la prostitución está en un limbo jurídico», cuenta a VICE June Fernández, periodista y directora de Pikara Magazine, una publicación feminista y con perspectiva de género que en apenas unos años se ha convertido en una referencia dentro y fuera del Estado español. «También creo que hay una polarización entre victimizar al extremo a todas estas mujeres, sin hacer distinciones, y la postura extrema contraria, que sería decir que la prostitución es una actividad laboral como otra cualquiera», reflexiona.

Sus palabras reflejan el panorama al que se enfrentan quienes pretenden abordar el tema con todos sus matices. ¿Prostitución? Violencia, trata, tráfico. Esas palabras se repiten en la boca de los representantes de todo el espectro político, de izquierda a derecha. Comosi acaso fuesen lo mismo.

Pero la realidad de la prostitución es mucho más compleja: «Cuando se hace el discurso de que la mayor parte de las prostitutas lo hacen obligadas por mafias, se está obviando que si las mafias existen es porque las mujeres de países de países empobrecidos acuden a estas redes para poder emigrar. Esto pone de manifiesto que, cuando se habla de prostitución, se habla muy poco de extranjería y se habla muy poco de que, por una parte, muchas mujeres terminan en redes de tratas o tráfico de personas como una estrategia para poder emigrar a una Europa construida como una fortaleza, y por otra parte, que incluso las mujeres que vienen a España por otras vías ejercen la prostitución porque esta Ley de Extranjería limita sus posibilidades laborales», critica la periodista. «Esto es, una mujer inmigrante sin papeles básicamente a lo que se puede dedicar es a limpiar casas, a cuidar a ancianos o niños o a la prostitución».

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Cuando se habla de trata, además, hacer números es sencillamente imposible. El limbo jurídico en el que se encuentran la prostitución y las personas que a ella se dedican impide conocer la dimensión real del problema. Pero Fernández va más allá: «Personalmente creo que hay una confusión constante entre trata y prostitución. No creo que sea fácil establecer una línea clara de cuándo estás siendo obligada o cuándo el trabajo es voluntario. Hay un baile de cifras que no representa la realidad. Habrá que definir qué es voluntario y qué es obligado, porque hay veces en que obliga una mafia que secuestra, y veces en que obliga una Ley de Extranjería que no deja trabajar en otra cosa». Desde el año pasado, y por iniciativa del Partido Popular, la prostitución se contabiliza en el PIB español, aunque el compromiso de 2006 del Congreso de los Diputados de confirmar cuánto dinero mueve de verdad esta actividad y cuántas personas la ejercen sigue siendo, casi 10 años después, papel mojado.

La lucha contra la trata se instrumentaliza en función a unos intereses que van más allá de la búsqueda de la «dignidad» o la erradicación de la «violencia». VICE ha entrevistado a Josué González Pérez, activista feminista LGTBI e investigador en cuestiones de género, quien señala las contradicciones de un enfoque cuyas consecuencias son nefastas para muchas prostitutas: «Las políticas restrictivas son legitimadas a través de los medios de comunicación con la exposición de macrorredadas, por ejemplo, en un club de alterne, que se dice que se han producido en pro de la lucha contra la trata, cuando en realidad se trata de un control migratorio. Lo que no se sabe y no se dice es que esas mujeres muchas veces ni siquiera eran víctimas de trata y luego, con frecuencia, son deportadas».

Al componente fuertemente xenófobo se le suma el doble rasero de la clase política. Son los mismos partidos que gobiernan y tratan de obviar el debate público al respecto -y, cuando este se hace inevitable, se encierran en sus discursos monolíticos – los que a nivel municipal aprueban ordenanzas que de facto persiguen y criminalizan el ejercicio de la prostitución. Las políticas de control del cuerpo, que en 2012 se cobraron la vida de Mary, una prostituta del Raval, se materializan en multas de hasta 750 euros en ciudades como Barcelona, Madrid, Bilbao, Sevilla, Granada, Málaga o Valencia. Todo ello se enmarca, según algunos, en un proyecto silencioso de gentrificación, que no pretende solucionar el problema sino invisibilizarlo, desplazarlo, con el fin de adecentar la zona.

Quienes mejor conocen estas realidades son ellas mismas. «Aquí en Madrid hemos tenido casos de mujeres prostitutas con una situación de violencia de género en sus familias y los servicios sociales locales les han dicho que primero tenían que dejar la prostitución para luego poder solucionar su problema», cuenta a VICE Mamen Briz, una de las portavoces de Colectivo Hetaira, probablemente el ejemplo más conocido de prostitutas organizadas para defender sus derechos; aunque no el único, como han demostrado, entre otras, las Prostitutas Indignadas de Barcelona. «El PSOE y el tripartito catalán fueron los primeros en poner en marcha normativas cívicas ciudadanas, en concreto en Barcelona, que vinieron a hacer todavía más intolerable la situación de las trabajadoras del sexo, sobre todo de aquellas más vulnerables», critica Briz, quien añade lo siguiente: «El argumento de ‘la prostitución es violencia’ es un argumento que se emplea desde muchos sectores de una manera absolutamente utilitarista e ideologizada».

Fotografía vía Colectivo Hetaira

La dignidad de estas personas, la violencia a la que -casi todos coinciden- están expuestas, deja de ser motivo de preocupación cuando el negocio es suculento. El investigador González Pérez recuerda el caso de Eurovegas: «En este proyecto, uno de los agentes que estaba en la mesa cuando se estaba intentando diseñar era el colectivo de empresarios de alterne, a quienes representa ANELA, que quería impulsar políticas totalmente distintas a las reclamadas por las trabajadoras del sexo». Madridy Cataluña se disputaron ferozmente el título de anfitrión del complejo de juegos que, según Hetaira, facilitaría la apertura de «grandes prostíbulos» donde las trabajadoras no tendría ningún tipo de garantía y las mafias podrían «campar a sus anchas parapetadas en sociedades anónimas». Un ejemplo más en la línea de esa «doble moral» que quiere erradicar la prostitución «que se ve», pero que no se compromete a combatir de manera efectiva la trata de mujeres.

El debate político, sin embargo, no es sensible a esta complejidad. Ante el anuncio de Rivera de la propuesta de regulación del trabajo sexual, PP, PSOE, UPyD y la Izquierda Plural mostraron su rechazo a que se comercialice el cuerpo de las mujeres -como si actualmente no se hiciese, por mucho que su silencio hiciera pensar lo contrario – y a que Ciudadanos lo utilice como reclamo electoral. La pregunta es cuándo creen ellos que deberá abordarse el asunto. Asociaciones y activistas que defienden los derechos de las prostitutas critican el abandono de los partidos gobernantes (fue el PSOE, por ejemplo, el que dejó a estas fuera de la Ley Integral contra la Violencia de Género, y el PP quien modificó una justicia universal que, según critican las asociaciones, es ya incapaz de perseguir a las mafias) y la falta de interés del resto de partidos. «Es significativo», señala González Pérez, «cómo fuerzas que son antagónicas son capaces de difuminar fronteras políticas respecto a este fenómeno y de generar un consenso basado en la exclusión, en este caso la de las trabajadoras del sexo».

Tampoco la izquierda es capaz de articular un discurso diferenciado. El investigador cree que hay un desinterés por la cuestión: «Al fin y al cabo son putas, y las putas poco interesan a la sociedad. Eso tiene que ver con que las organizaciones de izquierda no son impermeables a la ideología patriarcal y a la jerarquización de la sexualidad y de las prácticas sexuales». Sigue vigente, según él, «una clasificación entre buenas y malas mujeres, entre putas y santas, que solo beneficia al patriarcado».

Desde Hetaira dan la bienvenida a la propuesta de Ciudadanos, pero se muestran «críticas» con el enfoque que aparentemente ha adoptado la formación: «Quien quiera ejercer de trabajador sexual va a tener que hacerse autónomo sí o sí, lo quiera o no, ya reúna o no los requisitos para poder serlo. Esto significa que habrá mujeres y hombres que queden excluidos de esta posible legalización. Además habla de que deberá ejercerse siempre en locales convenientemente legalizados. Esto significa que los empresarios de locales de alterne pueden estar muy contentos, porque no se van a tener que responsabilizar en absoluto de que las personas que trabajan en su club tengan los derechos laborales correspondientes: no van a tener derecho como trabajadores a terceros, sino que van a ser una especie de falsas autónomas. Esta norma, además, excluye de manera absoluta a las personas que captan a su clientela en la calle y que por los motivos que sean no van a tener acceso a ningún local o club de alterne. Las más mayores, las menos agraciadas físicamente o cualquiera que tenga una condición que no le guste al cliente no lo van a tener tan fácil».

Hay quien cree, en realidad, es todo una cuestión de dinero. Albert Rivera no ha sido recatado al respecto. El candidato ha enfatizado la «vertiente económica» de la propuesta: está convencido de que el negocio de la prostitución podría ser la tercera actividad económica de España. Las críticas de las asociaciones como Hetaira han señalado que de nuevo el líder de Ciudadanos se centra en los intereses de los empresarios y no atiende a las necesidades reales de las prostitutas: «Algo que nos hace mucha gracia a las mujeres de la calle es cuando se habla de las ingentes cantidades de dinero que mueve la prostitución, ya que es un dinero que por mi bolsillo desde luego no está pasando», ironiza Mamen Briz.

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Aún así, ellas saben que unas elecciones son un momento para intentar encender la chispa del debate que pocos se atreven a sacar del cajón: «En esta ocasión, nosotras hemos decidido adelantarnos y hemos realizado una serie de propuestas de cambio, tanto a nivel nacional como autonómico y local; en relación a la prostitución, pero también a la trata de personas», cuenta Briz. «Estas propuestas se las hemos hecho llegar a todos los partidos políticos, también a Ciudadanos. Es cierto que nos pidieron una entrevista, pero estamos todavía pendientes de ella, no hemos vuelto a tener contacto alguno». Queda por ver si de aquí a que se celebren las elecciones se les dará la oportunidad siquiera de opinar sobre la regulación de su medio de subsistencia.

¿Cómo abordar un debate como este? La periodista June Fernández cree que » es necesario un análisis de género sobre los modelos de sexualidad masculina y femenina y su relación con la prostitución. Por qué una cuarta parte de los hombres españoles ve como una opción recurrir a servicios sexuales, y qué relación hay entre esto y que se mantenga la dicotomía de la santa esposa y la puta. Creo que es importante pensar en profundidad qué hacer con los hombres y, personalmente, no creo que la solución sea la punitiva, criminalizarles, caricaturizarles como explotadores de mujeres, pero tampoco creo que haya que normalizar el consumo de servicios sexuales, sino que hace falta cuestionar el modelo de sexualidad masculina y su forma de entender la prostitución». Está convencida de que son las propias trabajadoras quienes conocen su realidad y sostiene que una perspectiva feminista «implica el reconocimiento de las otras mujeres y de sus propias estrategias de lucha, y mucho ojo con el estereotipo de mujeres oprimidas, indefensas y sin capacidad de acción».

El investigador González Pérez coincide en rechazar los discursos «salvacionistas» y aboga por dar voz a las protagonistas: » A muchas personas les preguntas por la prostitución y parece que han hecho un estudio empírico del sector. En realidad no es más que un discurso prefabricado», critica.

En VICE hemos decidido darles a ellas -«las otras», según June Fernández, «las de abajo», según Josué González – la última palabra. Mamen Briz recuerda que en Hetaira tienen ya 20 años de trabajo a sus espaldas y enumera toda una serie de líneas de actuación: revocar una Ley de Seguridad Ciudadana que amenaza con perseguirlas, inspecciones de trabajo en locales de alterne, permisos de residencia y trabajo para aquellas en situación irregular, etcétera. Ella cree firmemente que la sociedad española está preparada para el debate. Solo queda el resto estemos dispuestos a escucharlas: «Es increíble la cantidad de personas que saben muchísimo sobre la prostitución pero nunca se han tomado un café con una prostituta».

http://www.vice.com/es/read/la-hipocresia-de-los-politicos-frente-a-la-prostitucion-325

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Con las putas

Puede que los motivos que han llevado a Rivera y Ciudadanos a proponer la regulación de la prostitución no sean los más loables –ni loables a secas–, pero al menos han contribuido a que se reabra un debate vital para muchas mujeres, que siempre se cierra en falso y con alguna que otra demonización extra.

Decimos que los motivos de Ciudadanos no son inocentes porque, como buenos neoliberales, están motivados por lo exclusivamente económico («con la regulación de la prostitución se podrían recaudar 6.000 millones de euros», decía Albert Rivera) pero se disfraza de empatía («estas personas parece que no existen, pero sí que están ahí, y tienen su sufrimiento y sus derechos») para humanizar su discurso y conmover a la opinión pública, arañando votos a la vez de dos grandes sectores del electorado: los más preocupados por la economía y los más preocupados por lo social.

No es difícil ver la hipocresía en su argumentario, ya que Ciudadanos no se ha preocupado hasta ahora de sectores oprimidos, más bien se desentiende de ellos: recordemos que ya se ha posicionado claramente en contra de la cobertura sanitaria de los sin papeles, apelando –cómo no– a lo económico. Una regulación desde esta posición tendría el resultado holandés: dura legislación migratoria, correlación de fuerzas favorable para la patronal y muchas mujeres aún excluidas de las garantías que otras ahora obtienen de forma parcial y precaria.

Pero dejemos de lado el motivo mediático que ha reabierto el debate y centrémonos en las reacciones de unos y otros partidos (favorables al feminismo incluidos) que, por unanimidad, han negado la posibilidad de abrir la puerta de la ciudadanía a las mujeres que comercian con servicios sexuales.

De entrada, deberíamos resaltar que no parece muy feminista obviar el hecho de que las putas llevan décadas manifestándose y luchando contra las ordenanzas prohibicionistas y organizándose en colectivos, como Hetaira o Prostitutas indignadas, por todo el mundo, máxime cuando la genealogía feminista es un arma imprescindible para la transformación que nos ocupa.

Luego se pretende plasmar una postura más digna y realista resignificando un debate que hasta ahora no ha sido especialmente democrático ni saludable. Prueba de ello es que el grueso de los “argumentos” utilizados es un amalgama de falacias basadas en la apelación a la misericordia –entre otras– a fin de remover sentimientos: prostituidas, traficadas, comercio de órganos, explotación de niñas, prostituidores, venta del “cuerpo”… Una batería de significantes negativos que hace que cualquiera que les contradiga parezca un monstruo sin sentimientos. Sin embargo, seguiremos intentando defender una posición que tome partido por ellas, que al fin y al cabo son las que tienen más que opinar.

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Ante la propuesta de Ciudadanos, el PSOE expuso que lo que ellos defienden «son sueldos dignos y que nadie tenga la obligación de prostituirse» (como si en los años de Gobierno del PSOE hubieran existido dichos sueldos y no la prostitución), reprochándole a Rivera su aprobación para que «se comercie con los cuerpos de las mujeres» y añadiendo que ellos «estarán siempre a favor de la igualdad y de los derechos de las mujeres, especialmente de las más jóvenes».

Es paradójico que el PSOE, partido que redactó la Ley Integral contra la Violencia de Género y que dejó fuera de su definición –y, por lo tanto, de su cobertura– a las prostitutas y que les niega la posibilidad de otorgarles derechos, se agarre ahora al «estamos a favor de la igualdad y de los derechos de las mujeres».

Por otra parte, resulta lamentable que haya sido Ciudadanos el que ocupe un lugar que deberían estar ocupando fuerzas rupturistas, como IU, que han optado por ignorar siempre generando un impasse en su propia cultura política, que siempre intenta dar voz a los de abajo. Por esto último, resulta incomprensible su veto en el caso de las trabajadoras sexuales. Por lo demás, esperamos que, en el caso de Podemos, la ciudadanía a la que apelan no quede obstruida para estas mujeres.

El Partido Popular, en boca de su portavoz, Rafael Hernando, también se mostró contrario, claro. El PP representa perfectamente a la derecha hipócrita que saca tajada de vincular prostitución con violencia de género para sus intereses religiosos, alegando que regular la prostitución supone legitimar la violencia contra las mujeres o, en palabras de Ana Botella, “la prostitución va contra la dignidad del ser humano”. Lo cierto es que, mientras el mensaje dominante incorpora tintes puritanos y eslóganes liberales, la situación de estas mujeres permanece igual: siguen siendo las de abajo, las grandes ignoradas.

La derecha siempre ha utilizado muy bien el discurso contra la violencia sobre las mujeres para, paradójicamente, limitar su autonomía, produciendo mayor violencia aún sobre ellas. Recordemos las palabras de Gallardón sobre el aborto: “Existe una violencia estructural que obliga a las mujeres a abortar”, y sustituyamos “abortar” por “prostituirse”. Su objetivo es negar la capacidad que tenemos las mujeres, las trabajadoras sexuales en este caso, para tomar las riendas de nuestra vida en un marco estructural no elegido, ya de por sí injusto y duro, que siempre será peor si se niega su capacidad de reflexionar y decidir sobre qué hacer ante su propia realidad. Los discursos que quieren que sean vistas como víctimas irrecuperables son perfectos para desempoderar y negar su capacidad de acción política.

Además de estas políticas ‘salvacionistas’, tenemos las abolicionistas y prohibicionistas que ya se están aplicando en ciudades como Madrid, Barcelona, Málaga o Sevilla, donde se han impulsado todo tipo de atropellos: desde redadas, multas a clientes y a las chicas, restricción de la libre circulación o agresiones por parte de una policía que no es denunciada porque posee los “papeles” que una ecuatoriana o tailandesa ‘trans’ no posee.

Estas ordenanzas han sido contestadas desde colectivos como los ya mencionados, en alianza con otros colectivos feministas, sindicales, migrantes, LGTBI y con candidaturas de unidad popular, como Barcelona en Comú. Allá donde hay una normativa de este tipo, es muy seguro que se pretenda gentrificar la zona: un invento neoliberal que consigue limpiar el área de aquello que se quiere invisibilizar y desplazarlo de forma silenciosa, ‘adecentando’ así la zona para que la ocupen sectores de un mayor nivel adquisitivo. Es el caso del barrio del Raval en Barcelona o la trasera de Gran Vía, junto a la plaza de la Luna, en Madrid.

La prostitución no deja de ser un trabajo ejercido en su mayoría por mujeres, muchas de ellas migrantes, que lo valoran como la mejor salida posible, nos guste o no, ante la feminización de la supervivencia. Pero no es un trabajo al uso; si así fuera, no haría falta este alegato, claro. Esta actividad, además de situarse en la tradición patriarcal que minusvalora los trabajos femeninos, conlleva un estigma que prepara a las mujeres para la exclusión y la violencia, que facilita su explotación y que acalla sus voces: relatos que pueden incluso poner en jaque el mito de la independencia masculina, ya que parece obvio que necesitan de sus servicios para tener compañía, comunicación, algún cariño y, en definitiva, los cuidados que sustraen de todas las mujeres, solo que en este caso ellas cobran por ellos. Posiblemente ese sea el gran delito: cobrar por algo que debería ser gratuito y por «amor».

El estigma con el que cargan las prostitutas se crea al compás de la construcción social que se ha hecho de la sexualidad femenina, esa sexualidad con la que las mujeres debemos tener cuidado si no queremos ser acusadas de “puta” y que nos limita. «Puta» es la otra cara de la moneda del «maricón» para los hombres –aquello que no «deben ser»–, una injuria que afecta a todas las mujeres creándose un ‘ellas’ y un ‘nosotras’. Quizás desde aquí habría que pensar que las fracciones de las feministas en torno al trabajo sexual alguna relación pueden tener con esa división ‘ellas’-‘nosotras’.

Y al estigma anterior se añade la caracterización de las mujeres como “esclavas sexuales”. Ante esta etiqueta, las profesionales del sexo apelan a su libertad, pero remarquemos que no ‘libertad’ en su sentido estricto: ninguna somos libres, ni siquiera aquella que cree serlo porque trabaja en el McDonald’s de la calle Montera y no en las esquinas de la misma calle. Esta estigmatización es muy útil para la misoginia porque produce un efecto espejo invertido: define a las prostitutas como el paradigma del sometimiento patriarcal a diferencia de las que no ejercemos la prostitución, haciéndonos creer que somos ajenas a la estructura de dominación masculina. Esto dificulta la toma de conciencia de que la desigualdad nos afecta a todas las mujeres como mujeres.

UPyD también rechazó considerar la prostitución como trabajo, basándose en conceptos igual de superficiales que el resto. Todos los partidos usaron los conceptos «libertad» e «igualdad» en función de sus intereses, apropiándose de su universalidad. La libertad y la igualdad son un punto de llegada y no de partida, así que deberíamos descartar cualquier apelación a esos valores para justificar la existencia de cualquier trabajo, puesto que la articulación misma de ‘trabajo’ en nuestras sociedades, además de androcéntrica, resulta antagónica a la libertad misma. Aunque la industria del sexo es muy amplia y las mujeres pueden gozar de muchas condiciones diferentes entre ellas, hay una cosa que se hace común a todas: la necesidad de garantizar sus condiciones materiales de existencia.

Evidentemente, la trata tiene que ver –coincidiendo con el abolicionismo– con un sistema que empobrece a las mayorías sociales, haciendo de las mujeres “las más pobres entre los pobres”, como diría Dolores Juliano. Esa «feminización» de la pobreza limita sus opciones de vida y, sí, es lo que las empuja a vender servicios sexuales pero también a fregar letrinas y/o limpiar miserias ajenas en unas condiciones que no alarman a nadie.

La dominación masculina persigue a las mujeres en todas las facetas de la vida que les coloca en situaciones de poder frente al colectivo femenino. Esta ideología también niega nuestro estatus de seres sexuados, negándonos una sexualidad propia. Reconocer esto último puede alejarnos de las posiciones feministas que entienden que las relaciones heterosexuales son siempre relaciones de subordinación, donde las mujeres únicamente ocupan una posición de objeto.

Aunque no es un ejemplo de ello, sí que  estas palabras de Beatriz Gimeno van en dicha línea: “Una relación sexual necesita de dos o más personas y aquí solo hay una parte, el hombre, teniendo sexo, mientras que la mujer está, en el mejor de los casos, esperando a que él acabe y en el peor, sufriendo”. No nos parece que recuperar el tópico de la sexualidad masculina siempre depredadora y la femenina siempre sumisa sea la mejor estrategia feminista, ya que no las reconoce como personas que intervienen en una realidad concreta con unos intereses propios, perdiendo así un principio fundacional del feminismo.

Cuando magnificamos la institución de la prostitución y la convertimos en el paradigma de la subordinación, es interesante sacar a colación a feministas como Simone de Beauvoir, Kollontai o Mary Wollstonecraft, que encontraban analogías entre el matrimonio y la prostitución, como dos caras de la misma moneda dentro del sistema que subordina las mujeres a los hombres: ¿cuánto de libres son las muchísimas mujeres que llevan décadas casadas con hombres a los que no les une ya el amor pero sí deudas, hipotecas e hijos; hombres con los que ya solo tienen en común el nivel de pobreza?

Otras posiciones se basan en la trata para defender su postura abolicionista, pero deberíamos optar por separar la trata de la prostitución porque, aunque permanece en el campo de la industria sexual, nos encontramos con dos realidades diferenciadas que necesitan respuestas específicas, al igual que nunca será igual la actuación política para el matrimonio «voluntario» que para los matrimonios forzosos. La posibilidad de ser objeto de trata representa, como toda violencia sexista, una forma de intimidación que se traduce en la necesidad del patriarcado de colectivizar y explotar a las mujeres como una propiedad de los varones.

Pero aun teniendo esto en cuenta, el discurso de la trata puede ser muy perverso, ya que se está usando para camuflar la actuación de todo un conjunto de prácticas represivas contra las mujeres inmigrantes que ejercen la prostitución: la legislación migratoria (creada para combatir la inmigración ilegal) es uno de los agentes que crea estas mafias de tratas, pero en vez de cambiarse esta legislación para acabar con las mafias se decide perseguir la prostitución. No deja de ser un argumento hipócrita que, además, nos recuerda todas las veces que hemos escuchado a políticos proclamar que las famosas cuchillas o concertinas en Ceuta son un mecanismo para “disuadir a las mafias de la inmigración».

La conclusión es que no deberíamos comulgar con la filosofía del policía en las espaldas de las prostitutas y sí apostar por su autoorganización. Reconocerles derechos desde su posición de trabajadoras no implica abrir paso a la mercantilización de la sexualidad: no estamos proponiendo inventar algo sino actuar sobre lo que ya existe. Nadie debería aprobar la idea imperante de que es mejor que estén sin derechos que con ellos, más aún sabiendo que las políticas abolicionistas no acaban con la prostitución. Si a esto le añadimos, que no reconocer la prostitución como un trabajo con derechos supone enviar un mensaje a la sociedad que maquilla como éticamente aceptable la situación de marginación y explotación que sufren las trabajadoras sexuales (al final, son putas y ellas se lo buscan).

Decía Marx que los seres humanos hacemos nuestra propia historia a partir de unas circunstancias no elegidas, heredadas pero afrontables. La historia no deja de demostrar que cada colectivo oprimido tiene que edificar las condiciones de su propia liberación a través de su autoorganización y su articulación como sujeto político. Y esto ocurre cuando ellas se reafirman como trabajadoras sexuales y no como mujeres “prostituidas”. Se trataría, en este caso, de luchar contra el trabajo desde el puesto de trabajo, a través de prácticas políticas creadas en torno a colectivos sociales; un proyecto alternativo al neoliberalismo y al patriarcado. Solo así se puede abolir no la prostitución en sí, sino las condiciones que consiguen que sea una actividad practicada masivamente.

Al final, qué cosas, las realmente abolicionistas vamos a ser nosotras, las que estamos con las putas.

http://www.eldiario.es/zonacritica/ciudadanos-prostitucion_6_379072091.html

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Los clientes que recurren a la prostitución en Madrid son cada vez más jóvenes

El 27 % de los hombres de 18 a 49 años admite haber pagado por tener relaciones sexuales

Los clientes que recurren a la prostitución en Madrid son cada vez más jóvenes

JOSÉ RAMÓN LADRA

El sexo ha encontrado su lugar en la nueva generación de «nativos digitales» y sus nuevas formas de comportamiento y ha provocado un cambio de perfil en el cliente de la prostitución. El acercamiento al sexo de pago resulta, cada vez más, algo socialmente aceptado y empieza a ser habitual que muchas noches de fiesta, cumpleaños o despedidas de soltero terminen en un club de alterne o con compañía de pago. La normalización de la prostitución como una actividad de ocio más también ha hecho que la edad media de los clientes haya descendido considerablemente.

Según los estudios de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (APRAMP), el cliente habitual en 1998 era un hombre casado, con cargas familiares y mayor de cuarenta años. En 2005 la tendencia cambió y comenzaron a predominar los jóvenes de entre veinte y cuarenta. Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística (INE) indica que el 27% de los hombres españoles de 18 a 49 años reconoce haber recurrido alguna vez a los servicios de una prostituta.

«Hasta hace unos años, cuando uno hablaba de los clientes de la prostitución se imaginaba a un señor de cuarenta o cincuenta años. En la actualidad esto ha cambiado y ahora la persona que opta por este servicio es más joven, en torno a los veinte o treinta». Fernando Ríos, psicólogo y experto en comportamientos sexuales, considera que esta bajada de edad es algo «natural» que se debe a que ahora los jóvenes se inician en este ámbito mucho antes y «empiezan a mantener relaciones antes incluso de los catorce años». De este modo, justifica que también tengan inquietud por experimentar antes con prostitutas.

Gratificación inmediata

Asimismo, Ríos establece como un factor clave la necesidad por parte de muchos jóvenes de lograr una gratificación inmediata, lo que se traduce en que «no entienden un no o un más adelante». Es el caso de Tomás. Tiene menos de veinticinco años y una actitud muy clara ante la prostitución. «Ligar cuesta mucho trabajo. Tienes que pasarte varias horas hablando con una tía, invitarla a cenar o a tomar una copa y luego puede decirte que no, no hay ninguna garantía de éxito. En cambio en el ‘puticlub’ llegas, pagas y listo. Es todo mucho más fácil, te evitas las complicaciones y te aseguras que esa noche vas a tener sexo».

Sin embargo, no todos los jóvenes acuden a las prostitutas como forma de tener relaciones rápidas y sin compromiso. Hay quienes ven en el sexo de pago una manera de superar sus miedos y su falta de experiencia. Un ejemplo de ello es Alfonso, quien a sus veintiún años reconoce haber perdido su virginidad con una meretriz. «Soy muy tímido y me cuesta mucho relacionarme con las mujeres. Opté por hacerlo por primera vez con una profesional para quitarme la presión y olvidarme de si iba a quedar bien o no». Además, destaca la facilidad con la que se puede acceder a toda la información que se necesite en internet: «Hay foros en los que la gente cuenta sus experiencias con las chicas con las que han estado y te sirve para llamar a la que mejor se adapta a tus gustos y necesidades».

Alexandra lleva más de diez años dedicándose a ejercer la prostitución en su propio domicilio. En este tiempo ha sido testigo del cambio generacional experimentado por la mayor parte de sus clientes, aunque asegura que no sabe dónde está el problema con la edad. «No me preocupan los años que puedan tener, lo importante es la educación. Se presenta a los jóvenes como culpables y la mayoría de ellos muestran más respeto por nosotras que las propias autoridades». En este sentido, denuncia que a los gobiernos «solo les preocupan las prostitutas en la calle para podermultar y sacar dinero».

Desde Hetaira, la asociación defensora de los derechos de las trabajadoras del sexo, tampoco sitúan la gravedad en la edad de los clientes, sino en la falta de prevención y concienciación por parte de muchos de ellos. Un descenso en la percepción del riesgo respecto al SIDA que conlleva que desde este colectivo hagan especial hincapié «en la exigencia del uso del preservativo».

Más allá de valoraciones, el perfil del cliente de la prostitución ha cambiado, se ha rejuvenecido. El sexo de pago se ha convertido en algo socialmente aceptado, una opción de ocio más para muchos jóvenes.

«Sí» a la legalización

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Un chat pionero para quebrar el aislamiento de los trabajadores del sexo

A un lado, una persona que vive de la prostitución. Al otro, la voz de una psicóloga, una trabajadora social o una mujer con su misma experiencia
Foto: (Reuters)

A un lado de la red está una (o un, las menos veces) trabajadora del sexo. Al otro, una experta de Hetaira: una psicóloga, una trabajadora social o una mujer con experiencia en ese mismo trabajo. El chat que les permite comunicarsees anónimo y confidencial, una conversación a dos en la que la primera pregunta, o cuenta alguna experiencia, según los casos y las necesidades, y la otra intenta dar respuesta, ayudar o, simplemente, escuchar. Se trata de unaherramienta pionera en España aunque con larga implantación en países como Finlandia, que hace posible, sobre todo, romper el aislamiento de aquellas mujeres que tienen poco o difícil contacto con las organizaciones que operan en este ámbito e, incluso, con sus propias compañeras.

«Está dirigido a todos los trabajadores del sexo, pero especialmente a quienes hacen sus contactos a través de internet, bien poniendo anuncios en portales o bien promocionándose a través de un blog. Eso les permite tener independencia y cierta confidencialidad a la hora de, por ejemplo, poner fotos en las que no se les reconozca, pero al tiempo hace que su trabajo sea muy solitario«, explica Elisa Arenas, coordinadora de esta iniciativa -denominadaChat Indoors– y una de esas personas que se sientan a ‘este’ lado del chat. Arenas añade algo que desde hace tiempo se reitera en organizaciones como Hetaira: «El estigma de la prostitución hace que se realice a escondidas. Hay falta de información, de espacios donde compartir experiencias, dudas».

Vídeo: «Igualdad de derechos», lanzado dentro del marco del Proyecto Indoors.

 

Hasta la fecha, el chat está en fase experimental, y sólo 35 personas (34 mujeres y un hombre) han hecho uso de él. Nacido dentro del Proyecto Indoors que le da nombre -dedicado a la investigación y la atención a trabajadores del sexo en clubes y pisos, y subvencionado por la Unión Europea dentro del Programa Daphne-, es una vía más de consulta de los trabajadores del sexo, como lo puede ser el perfil en Facebook de Hetaira, pero cuenta con una ventaja: «El funcionamiento en directo». Los temas más frecuentes versan sobre los recursos a los que pueden acudir (por ejemplo, sobre salud, embarazos, pruebas de VIH), la situación legal de la prostitución en nuestro país y su mosaico de normativas municipales, la situación en otros países europeos, donde muchas migran para trabajar «por temporadas» (la crisis hace mella también en este trabajo), y dudas muy relacionadas con la vida diaria: problemas de custodia de hijos, de ley de extranjería, etc.

En otros casos, la necesidad es más de contar y compartir que de preguntar. Sucede en cierta medida con los casos de abusos y agresiones: «Lo primero que se hace es escuchar y dar apoyo. E informar sobre las vías legales a las que pueden acceder», comenta Arenas. En ocasiones, de hecho, quien escribe al chat lo hace sólo «para compartir experiencias y reflexiones. Muchas veces no entran para resolver ninguna duda, sino simplemente para hablar del propio trabajo sexual, del estigma de la prositución, de la discriminación…».

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-11-02/un-chat-pionero-para-quebrar-el-aislamiento-de-los-trabajadores-del-sexo_429329/

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El fotógrafo Rubén García edita mediante ‘crowfunding’ un libro con retratos sobre la prostitución

Prostitución. Retratos de una vida en la calle

Uno de los retratos que aparece en la obra del fotógrafo almeriense. (Rubén García)

La obra cuenta cómo se vive la prostitución callejera en los barrios almerienses de El Puche y Pescadería. El autor ha expuesto su obra en Madrid, Oporto, Arezzo, Vigo y Tokio. El catálogo enseña «la cara más dura de la prostitución callejera en Almería.

El fotógrafo almeriense Rubén García ha editado un libro con la obra recopilada en su trabajo documental ‘Prostitución. Retratos de una vida en la calle’ que el autor que el autor ha expuesto durante los últimos años en ciudades como Madrid, Oporto, Arezzo, Vigo o Tokio para narrar, mediante retratos y entrevistas, cómo se vive la prostitución callejera en los barrios almerienses de El Puche y Pescadería. García realiza desde hace varios años fotografía de retrato documental centrándose en proyectos de carácter personal en los que explora diversos temas del entramado social almeriense. En este caso, la obra ha sido editada con motivo de la exposición celebrada en el Centro Português de Fotografia de Oporto de julio a noviembre de 2014.

En plena vía pública

El catálogo enseña «la cara más dura de la prostitución callejera en Almería, a través de retratos de desnudo y semidesnudo tomados en plena vía pública, mostrando a las prostitutas y a sus amigos, clientes y chulos posando de pie frente a la cámara en un contexto mínimo, y de una serie de entrevistas realizadas por el autor a las prostitutas», indica el fotógrafo en una nota. El autor se sirve de la fotografía para realizar su denuncia social y destacar la situación de precariedad económica, drogadicción y marginación que sufren las prostitutas, la mayoría inmigrantes. «El ataque de los delincuentes o la alta posibilidad de contraer enfermedades venéreas, son algunos de los principales riesgos con los que estas personas tienen que convivir diariamente», apunta García. La campaña de mecenazgo se llevó a cabo a través de la plataforma de crowdfunding kuabol.com durante los dos últimos meses de 2014, en los que contó con cerca de 150 mecenas que apoyaron el proyecto. Autoedición La obra, que es una autoedición, acaba de ser imprimida en Artes Gráficas M-3 de Almería, y tiene una tirada de 500 ejemplares, e incluye 30 fotografías del autor impresas en cuatricromía, teniendo un formato de 20 x 24,5 cm y una encuadernación rústica con solapas, cosido con hilo vegetal. Se trata de una edición bilingüe, en dos idiomas: español y portugués. Entre otros, participan en el libro el colectivo Hetaira, que defiende los derechos de las prostitutas en Madrid; el reconocido fotógrafo Pepe Frisuelos, y el responsable del centro cultural El Foro de Pozuelo de Alarcón, Jesús Gironés. La obra también recoge un poema del poeta almeriense Aníbal García, y otro de Pilar Barranco.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2424821/0/fotografo-ruben-garcia/edita-crowfunding-libro/retratos-prostitucion-almeria/#xtor=AD-15&xts=467263

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La Ley de Seguridad Ciudadana castiga (por la puerta de atrás) a las prostitutas

La ‘ley mordaza’ sólo castiga, en apariencia, a los «demandantes» de sexo, pero las prostitutas pueden incurrir en desobediencia si lo siguen ofreciendo
Foto: Las prostitutas pueden cometer una infracción grave si ofrecen sexo en ciertas zonas. (Reuters)
Las prostitutas pueden cometer una infracción grave si ofrecen sexo en ciertas zonas. (Reuters)

Tres visitas de la policía en mes y medio. Los agentes acuden a los locales donde trabajan algunos de los y las cooperativistas, preguntan a todos si están dados de alta como tales, y, tras verificar sus papeles, se marchan. Siempre «cordiales», según reitera Jaume Bonet, coordinador de Sealeer, la primera cooperativa de trabajadores del sexo española. Nació en Ibiza el año pasado y suma ya cien altas en la Seguridad Social, entre mujeres y hombres, lo que les permite eludir la situación de alegalidad o ilegalidad (según dónde se ejerza) que acompaña la prostitución. Sin embargo, la puerta legal y laboral que ha entreabierto esta iniciativa vuelve a toparse con la realidad jurídica de este país: la Ley de Seguridad Ciudadana -rebautizada en algunos sectores como ‘ley mordaza’- que ha aprobado el Congreso castiga no sólo a los clientes, sino también a las prostitutas que negocian en las calles, como hacen muchos de los cooperativistas. Aunque, eso sí, lo hace de una forma un tanto retorcida.

La ley, contra la que ayer sábado se manifestaron miles de personas en distintas ciudades, comenzó su polémica andadura sancionando comoinfracción grave, en el ámbito de la prostitución, «el ofrecimiento, solicitud, negociación o aceptación de servicios sexuales retribuidos» en ciertas zonas (lugares de uso de menores, carreteras…). Es decir, castigaba a prostitutas y clientes. Han pasado los meses, y el articulado cambió, limitando aparentemente el castigo a los clientes, como sucede en Suecia y propugna la corriente del nuevo abolicionismo. Aparentemente.

Espacios de menores y carreteras, vetados para prostitutas por la 'ley mordaza'. (Reuters)
Espacios de menores y carreteras, vetados para prostitutas por la ‘ley mordaza’. (Reuters)

Desobediencia y resistencia a la autoridad

El artículo 36.11 del texto salido ahora del Congreso tipifica como infracción grave (de 601 a 30.000 euros) «la solicitud o aceptación por el demandante de servicios sexuales retribuidos» en los lugares antes mencionados. La sanción, de quedarse ahí, sería para el cliente, pero el caso es que en un segundo párrafo, la ley añade: «Los agentes de la autoridad requerirán a las personas que ofrezcan estos servicios para que se abstengan de hacerlo en dichos lugares, informándoles de que la persistencia podría constituir una infracción del párrafo 6 de este artículo». El párrafo 6 estipula, de nuevo, una infracción grave, en este caso por «desobediencia» o «resistencia a la autoridad». Es decir, las prostitutas son igualmente castigadas, o al menos se deja abierta esa posibilidad.

La Ley contraviene de esta forma la última resolución del Parlamento Europeosobre el tema -que subraya que no debe penalizarse a quienes ejercen la prostitución y pide la derogación de toda legislación represiva- y recomendaciones de algunas asociaciones y expertos, como las recogidas esta misma semana por el proyecto Indoors, subvencionado por la UE, que alerta de que la criminalización del trabajo sexual aumenta la vulnerabilidad de quienes lo ejercen.

Vídeo: «Igualdad de derechos», del Proyecto Indoors.

 

Abocadas a los clubes

Además, la norma ha tenido la ‘virtud’ de poner de acuerdo (en su contra) asensibilidades contrarias respecto al tema de la prostitución. Rosario Carracedo, portavoz de la Plataforma de Organizaciones de Mujeres por la Abolición y partidaria del castigo al cliente, recuerda que cuando se comenzó a barajar el proyecto de ley fueron a visitar a los distintos grupos políticos, «y hubo un gran consenso, incluido el PP, en que las mujeres no iban a ser sancionadas. Es inadmisible. La prostitución no se puede abordar desde la sanción, sino desde la asistencia y la oferta de alternativas. La sanción sólo agrava la situación de la mujer prostituida». Para el colectivo Hetaira, que defiende la normalización del trabajo de las prostitutas, la ley es un nuevo ejemplo «de hipocresía y de maquillaje de la realidad: es algo que podrían firmar muchos sectores, porque parece que no se persigue a las prostitutas. Sin embargo, las empuja a los clubes o a la pobreza, si no entran dentro de los parámetros que los clubes quieren», según explica su portavoz, Mamen Briz.

Glòria Poyatos, jueza decana de Lanzarote, pone el acento en que la prostitución libre es legal, con lo que sancionar su ofrecimiento, solicitud o negociación vulnera la libre elección de trabajo y la libertad de empresa. Y añade: «Y no se ofrecen alternativas. Se las lleva a lugares ocultos donde será más fácil que sufran agresiones y violaciones«.

La nueva ley se suma a una legislación en torno a la prostitución que se resume, sobre todo, en un mapa variopinto de ordenanzas municipales. Mientras, en Ibiza, los policías y los trabajadores del sexo mantienen una relación hasta tal punto cordial que, según narra el coordinador de la cooperativa de trabajadores de sexo, Jaume Bonet, los propios agentes han informado a varias prostitutas de la existencia de esta asociación para que puedan legalizar su situación.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-12-21/la-ley-de-seguridad-ciudadana-castiga-de-rebote-a-las-prostitutas_596187/

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¿Por qué los jóvenes acuden cada vez antes a las prostitutas?

PROSTITUCION

Accesibilidad, inmediatez, comodidad… La sociedad modifica sus comportamientos al ritmo que marcan las generaciones nativas de la era ‘conectada’, criada en la gestión rápida y sin esfuerzo de tantas cosas antaño tediosas. Pero no todo son papeleos, exámenes ni compras. El sexo también ha encontrado su hueco. Sexo de pago que asegura el fin y ahorra el cortejo.

El inspector jefe del Centro de Inteligencia de Análisis de Riesgo de la Policía Nacional, José Nieto , alertaba recientemente en la cadena Cope  de una «bajada escandalosa» en la edad media del cliente de prostitución, explicando que «nos estamos imaginando al señor de corbata de cincuenta o sesenta años, pero la realidad es que es mucho más joven, de 19 o 20 años».

Según fuentes policiales consultadas por El Huffington Post, no se trata de un muestreo ni un estudio estadístico oficial, pero sí de «una apreciación real en base a lo visto en diferentes inspecciones y actuaciones policiales con sus respectivas identificaciones». Así, la Policía aclara que no pretende dar una media numérica exacta, «sino trasladar lo que se está observando de un tiempo a esta parte, que es una bajada de edad grande».

¿POR QUÉ CADA VEZ MÁS JÓVENES?

La presidenta de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAM) , asegura que hay un problema de base en la educación digital y en el fácil acceso a determinados contenidos. «Los anuncios y el mal uso de internet han degenerado en una normalización de la prostitución como una actividad de ocio más y de la imagen de la mujer como un objeto de consumo».

Asimismo, destaca que el carácter nativo digital de los jóvenes, cada vez más precoces en curiosear por la barra libre de internet, contribuye a la aceleración de un proceso «en el que falta mucha prevención».

En este sentido, Mamen Britz, portavoz de Hetaira, asociación defensora de los derechos de las trabajadoras del sexo , comparte la idea de la temprana iniciación, pero no la connotación negativa. En su opinión, la bajada de edad es algo natural que puede deberse a que ahora los jóvenes «empiezan a tener relaciones a los 13 o 14 años», lo que hace que también tengan inquietud por experimentar antes con prostitutas, «ya sea por miedo, falta de experiencia o ganas de aprender».

Enrique García Huete, director de Quality Psicólogos  y experto en comportamientos sexuales, considera que hay un cambio de valores que tiene que ver con la gratificación inmediata. «La pornografía, por ejemplo, está ahora a dos clics de distancia», comenta. En su opinión, «muchos jóvenes de hoy no tienen capacidad de frustración» porque han sido educados en la cultura consumista y consentida del «lo quiero, lo tengo» hasta llegar, en ocasiones, «a ser pequeños dictadores».

Así, explica, «los chicos salen, beben e intentar ligar con chicas, pero si no lo consiguen no tienen por qué irse a casa cabizbajos porque saben que lo tienen ahí y pueden satisfacer sus necesidades por 20 euros», una fácil accesibilidad que viene acompañada por el exotismo de la variedad. «Ahora pueden acceder a personas exóticas, de muchos países y con rasgos diferentes, es decir, se introduce en el ámbito del sexo un elemento más original», ese morbo que, a su juicio, hace que el estímulo sea más grande.

Por último, García Huete critica que se haya permitido «el gran descenso de la percepción de riesgo» respecto al SIDA. «No ha habido una sola campaña en los últimos años, no se oye hablar de ello y los jóvenes de hoy no tienen miedo. Esa relajación en la concienciación es muy perversa», concluye.

DISCUSIÓN EN TORNO A LAS MAFIAS

La Policía asegura que con su mensaje de alerta pretende concienciar los a los más jóvenes de que «esto no es un juego ni una chiquillada» en la que primero te vas de copas y luego terminas la noche con prostitutas. «Detrás de ese juego puede haber una red que esté explotando a una chica. Tenemos que tomar conciencia de esto para erradicar las mafias», sentencia.

Esta estrategia de disuasión, coincidente con el argumento de APRAM de que «si no hay demanda, no hay venta o explotación de mujeres», es lo que más irrita a las defensoras de la prostitución. Concha Borrell, presidenta de la Asociación de Profesionales del Sexo (Aprosex) , afirma a este diario que es un «error tremendo» hablar solo de mafias. «Me encantaría que se acabara con la mafias, pero no solo en prostitución, también en textil… Las mafias no tienen nada que ver con la actividad de la prostitución».

Borrell cree que las mafias son una excusa para estigmatizar a los clientes y aconseja a las autoridades que «si tienen esos datos, que yo los desconozco y dudo mucho de ellos», actúen contra esas mafias. «No sé a qué esperan para salvar a todas esas mujeres. Pero que no persigan a los clientes. ¿Qué tiene de malo que un hombre de 20 años vaya con prostitutas? La gente joven por lo menos aprenderá a hacer un buen sexo, aprenderán algo, aprenderán a tratarlas…» defiende apasionada.

En este mismo sentido, Mamen Briz, asegura que no sabe dónde está el problema con la edad del cliente. «No nos preocupa la edad, lo importante es el respeto. No podemos asumir que un estado que discrimina a las prostitutas sin derechos laborales, utilice a los jóvenes como chivo expiatorio».

«PUTAS SÍ, TONTAS NO»

Las responsables de Hetaira y Aprosex denuncian que el estado usa a las prostitutas cuando le conviene y aconsejan a las autoridades que, si realmente quieren terminar con la trata de mujeres, regularicen a nivel laboral el trabajo sexual. Para Briz es un problema de voluntad política en el que «está todo por hacer en materia de derechos» y a los gobiernos «sólo les preocupan las prostitutas en la calle y multar».

Por su parte, Borrell concluye de una forma mucho más tajante. «Para incrementar el PIB somos buenísimas, pero para todo lo demás somos los peor porque no tenemos derechos. Mire, putas sí, pero tontas no. Todo el mundo habla de prostitución, se les llena la boca… pero a nosotras nadie nos pregunta. ¿Sabe acaso la Policía lo que se siente al ponerse de rodillas y hacer una felación? No, eso lo sé yo».

http://www.huffingtonpost.es/2015/03/03/jovenes-prostitutas_n_6719286.html

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EN M80 RADIO, SAMANTA VILLAR DENUNCIA: CURSOS DE PROSTITUCIÓN

prostitutas

Se llama ‘nociones básicas para la profesionalización y protección de la mujer prostituta’. Lo imparten dos profesoras: Cristina Garaizabal, psicóloga clínica y presidenta de Hetaira, el colectivo en defensa de las trabajadoras del sexo y Paula Vip, que se dedica a la prostitución desde hace ocho años.

En un momento de crisis actual, son muchas las mujeres que han optado por la prostitución como forma de ganarse la vida o complementar su trabajo, y, ante la desinformación que existe en el medio, ambas mujeres han abierto un curso para dar pautas a estas mujeres.

El curso, tal y como nos dicen, va dirigido a chicas jóvenes que están pensando en la posibilidad de ejercer la prostitución, aunque también acuden a él otras mujeres que llevan muchos años trabajando y sentían la necesidad de compartir sus experiencias con otras compañeras del oficio. “Lo primero que deben saber es que, si acuden a la prostitución libremente, no deben sentirse trozos de carne con ojos y siempre tienen que hacer lo que ellas quieran”, nos adelantan.

¿En qué consiste? Son cursos intensivos de 8 horas con un coste de 90 euros en el que se enseñan consejos fiscales, sexuales sanitarios… Incluso advertencias de seguridad, como disponer de un número de teléfono operativo para informar en todo momento dónde y con quién están. Nuestras invitadas aseguran que no es un modo de persuadir a chicas indecisas, pues incluso los primeros puntos del mismo sirven para disuadir a aquellas que se lo están pensando.

Escucha la sección completa:

http://blog.m80radio.com/80-y-la-madre/2014/11/13/samanta-denuncia-cursos-de-prostitucion/

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