Parejas abiertas, ¿funcionan?

Prejas abiertas

En la cultura de los indios mohave de Norteamérica, las mujeres casadas no tienen impedimento en mantener relaciones con otras. Los kuikuru, habitantes de la selva brasileña, asumen la libertad sexual como parte fundamental de la convivencia. Entre algunos pueblos esquimales existe la llamada hospitalidad femenina, por la que las esposas pueden acostarse con terceros para estrechar vínculos de amistad. En Magaia, una isla ubicada en el Pacífico, los jóvenes se inician en el sexo siempre con mujeres casadas, con el consentimiento de sus parejas. Una costumbre secular en otra tribu americana es que la esposa encinta elija entre sus amigas quién la sustituye en el lecho conyugal hasta que dé a luz.

¿Qué entienden todos ellos por fidelidad? Es evidente que en su definición no se contempla la exclusividad como pilar de una relación amorosa. Tampoco lo es para quienes en esta sociedad de parejas cerradas a cal y canto han decidido romper códigos y vivir sus afectos con reglas propias. «Más del 50% de los matrimonios acaban en divorcio. Algo no funciona en el tipo de relaciones que establecemos y yo creo que el sexo tiene mucho que ver en ello», afirma Noelia, casada desde hace 23 años y decidida desde siempre a vivir el amor en libertad. «Nosotros nos lo planteamos en un principio. Nada de sentirnos atados, esclavos sexuales del otro y de los convencionalismos que nos imponen. Los dos necesitamos sentir que tenemos una convivencia feliz, que no concebimos la vida el uno sin el otro, y que cuando estamos juntos es porque queremos, no porque debemos. Lo que hagamos fuera de casa importa poco.»

El doctor José Díaz Morfa, psiquiatra y presidente de la Asociación Española de Sexología Clínica, maneja estudios que afirman que entre el 5% y el 8% de las relaciones estables podrían considerarse como parejas abiertas, en las que el sexo con terceros se consiente. «Ese tipo de unión solo es viable si la forman personas seguras de sí mismas, con un criterio propio poco influenciable y menos dependientes del otro. Y si funcionan es precisamente porque hay un amor profundo y sano que demuestra ante todo respeto», afirma el especialista. Sin embargo, al igual que en las parejas convencionales, a menudo los vínculos se establecen sobre acuerdos viciados: «Uno de los dos puede admitir que la relación sea libre como una forma de canalizar su inseguridad: ‘No quiero perderte, por eso te permito que estés con otros’. En ese caso el conflicto es inevitable y las posibilidades de fracaso se disparan», añade el doctor.

«En un mundo sin ideas preconcebidas, la libertad dentro de las relaciones sería un elemento enriquecedor.» Marta Ibáñez Sainz-Pardo, psicóloga especialista en terapia sexual

El filósofo y pedagogo José Antonio Marina afirma que «somos un híbrido entre biología y cultura», lo que resultaría una respuesta diplomática al debate abierto desde siempre entre los que buscan argumentos para explicar las conductas humanas en los genes o en las costumbres, en la moral o en lo instintivo. El amor y el sexo son campos de batalla para ambos bandos: ¿qué nos impulsa a permanecer fieles, o al menos a intentarlo? ¿Acaso una relación resulta mejor si es exclusiva? Marta Ibáñez Sainz-Pardo, psicóloga especialista en terapia sexual, tiene una respuesta a partir de su experiencia profesional: «Es muy posible que las parejas abiertas sean una opción más natural. La monogamia es solo parte de una convención cultural, que te dice cuál es el amor correcto. En un mundo sin ideas preconcebidas, la libertad dentro de las relaciones sería un elemento enriquecedor. Pero claro, eso es pura teoría, porque la carga de nuestra educación es demasiado pesada».

«Yo lo intenté, pero no podía evitar los celos y la culpa.» Luisa es divorciada, aunque ella no ha dejado de estar enamorada de su pareja. Lo primero que aclara al relatar su experiencia es que no se sintió obligada por él a establecer una relación abierta. «No, yo también estaba convencida de que era lo más racional y equilibrado. Pero luego la realidad y los sentimientos me desbordaron. Durante mucho tiempo no hubo terceras personas. Fui la primera que probó. Se lo conté, claro, y él lo aceptó perfectamente. Me sentía mal. Luego supe que de vez en cuando se acostaba con una chica del trabajo… Fue muy duro. Le dije que no podía seguir con ese tipo de relación y todo empezó a ir mal. Fue él quien decidió divorciarse.»

Una pareja abierta no significa que no se establezcan normas. «Al contrario, todo hay que tenerlo muy bien atado», apunta Marta Ibáñez. «El acuerdo entre ambos ha de ser claro y debe recoger los aspectos en los que se van a basar tanto la relación propia como las ajenas.» En el caso de Luisa, ella rompió el acuerdo y eso generó un conflicto. «En última instancia todos tendemos a controlar lo que ocurre a través de un código compartido. ‘Sé lo que está pasando y estoy conforme mientras se cumplan las reglas’. No las sociales, sino las que ellos establecen. Cuando no es así, el sentimiento de traición es el mismo que el que produce la infidelidad en una pareja convencional», subraya Díaz Morfa.

Por la consulta de Stephen J. Betchen, especialista en terapia de familia en la Universidad Thomas Jefferson (EEUU), han pasado varios casos que demuestran cómo las conductas más liberales fijan sus propias líneas rojas. Jan y Tim llevaban ocho años casados y seis de relaciones abiertas, bajo una condición: no podían tener más de cuatro encuentros sexuales con el mismo amante. La crisis llegó cuando Jan no supo renunciar a la intensa experiencia física de una de sus aventuras. Finalmente lo hizo, pero Tim fue incapaz de superar el desconcierto y la inseguridad que le provocó la situación. También les fue bien durante mucho tiempo a Pat y Sean, hasta que ella tuvo sexo con un desconocido en la cama del matrimonio. Sean entendía que su casa y su dormitorio eran espacios íntimos que solo ellos podían compartir. Cambió el mobiliario de la habitación, pero esto no le ayudó a dejar de sentirse traicionado. Fue el mismo sentimiento que Jake experimentó cuando Allison, su mujer, le planteó que además de sexo deseaba compartir sentimientos con otros hombres. Él se negó y ella le dejó.

«Se siente la pareja estable como algo que nos aísla del entorno y nos hace menos atractivos.» Rosario Castaño, directora de Psicología y Sexualidad del Instituto Palacios

La fidelidad, como sinónimo de exclusividad, hace aguas. Aunque quizá siempre las ha hecho. Un estudio de la empresa Sondea realizado hace un par de años establecía que algo más de la tercera parte de la población adulta en España había sido infiel en algún momento. El porcentaje era similar en hombres y mujeres. Esa cifra se elevaría hasta el 50% en ellos y el 40% en ellas en el caso de tener la total seguridad de que sus parejas nunca lo iban a saber. No parece por tanto tan extraño que algunas relaciones intenten convertir una realidad innegable en una normalidad que no perturbe su vida en común, eliminando obligaciones, engaños e hipocresías que condicionan el amor.

«Se vive con la obsesión de seducir y de mostrar lo mejor de cada uno, por eso con frecuencia se mira hacia fuera de la pareja con la sensación de estar perdiéndose algo interesante», afirma Rosario Castaño, directora de Psicología y Sexualidad del Instituto Palacios. «Se siente la pareja estable como algo que nos aísla del entorno y nos hace menos atractivos.» Cambiar esa percepción requeriría reformular de alguna manera las relaciones: «Observo en mi consulta que las personas con capacidad para tolerar la frustración; para confiar en sí mismos y, por lo tanto, en la pareja; de ser empáticos y de explorar emociones propias a través de la intimidad tienen más posibilidades de crear vínculos afectivos y una relación sólida. Así funciona también en una pareja abierta, que tiene tantos riesgos de fracaso como cualquier otra. Lo importante son las reglas entre ellos, sobre todo las inconscientes, que son las que más influyen».

Noelia comparte esa visión: intimidad, complicidad, respeto al código acordado. «Esa manera de entender nuestro amor nos llevó a no poner límites donde no era necesario, o a volverlos a establecer cuando lo consideramos oportuno. Nuestra pareja se convirtió en exclusiva al tener a los niños. Pensamos que nada nos podía distraer de la tarea de ser padres. Cuando ellos han crecido, la hemos vuelto a abrir. Eso no quiere decir que nos hayamos lanzado a buscar sexo fuera, solo que si surge no lo rechazamos. De hecho, hace dos años que ni busco ni surge ni lo necesito.»

Como suele decirse, cada pareja es un mundo con leyes propias en el que no existen fórmulas de éxito ni seguros contra el fracaso. En efecto, así lo demuestra el incremento casi continuo de separaciones. Quizá el mayor problema radique en ofrecer una sola horma en la que todos encajen. «Poseemos unas ideas sobre la pareja que no se corresponden con lo que necesitamos en realidad», concluye la psicóloga Marta Ibáñez. «Es lógico que se busquen nuevos caminos, que se llegue a otros acuerdos. Alcanzarlos solo tiene una senda: hablar para entender y complementarse de verdad.»

http://www.elmundo.es/yodona/2013/12/06/52a073b30ab74003338b457f.html

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Paula Vip: «Hay quien piensa que las putas sólo somos muñecas hinchables»

PRESIDENTA DE APROSEX

Paula Vip: «Hay quien piensa que las putas sólo somos muñecas hinchables»

La prostituta de lujo Paula Vip ha contado los secretos de una profesión que «necesita regularización» para evitar la trata de blancas.

 Paula Vip posa en su página | www.paulavip.com

Su nombre artístico es Paula Vip y es presidenta de la Asociación de Profesionales del Sexo, Aprosex. Su nombre real es Concha Borrell y es prostituta de lujo. Ayanta Barilli y Eva Guillamón la entrevistaron en Es Sexo donde contó su experiencia, sus vivencias y los secretos de un mundo que es desconocido o del que sólo se conoce su vertiente oscura.

Paula habló de «regularización» de un sector «como otro cualquiera» y advirtió que las personas que «están en situación de trata» no tienen «nada que ver con el sector». Esas personas «están movidas por mafias» por lo que «es injusto» decir que representan a la totalidad del mundillo.

En los casos de trata de blancas Paula Vip cree que «el cliente no tiene la capacidad de discernir». Dijo que «hay veces qué está más claro» y añadió, como opinión personal y «no como presidenta de Aprosex», que «culpabilizar al cliente es injusto». En multitud de casos el cliente «suele estar casado» y no se atreve a llevarlo a las autoridades por miedo. Denunció que «en muchos casos se llevan y ahí se queda».

«Si la prostitución no estuviese tan mal vista se harían más cosas» afirmó la presidenta de Aprosex que señaló que debido a esa situación es más necesaria la regularización. Porque «en el momento que prohíbes algo a alguien más ganas tiene de hacerlo». Esa sería la forma de acabar con la trata y para las trabajadoras voluntarias «serviría para visibilizarnos» y que se acabaran los perjuicios.

«Es una decisión difícil»

La mayor parte de las personas que ejercen la prostitución en España lo hacen de manera voluntaria. Paula Vip contó los motivos que le llevaron a intercambiar sexo por dinero. Es «una decisión difícil» que tomó en «un momento crucial y complicado» en su vida.

Antes de ejercer como prostituta de lujo, hace más de siete años, Paula estaba casada, tenía trabajo y una casa. Los problemas llegaron a raíz de ese matrimonio. Su marido «decidió montar una empresa» y ella le avaló «con todo». Al final le llegaron a ella «las deudas» porque «no pagaba ni a sus empleados ni a Hacienda» ha contado la escort.

Entonces vio «un reportaje en televisión» en el que se hablaba de la prostitución de lujo y enseguida se cuestionó si sería capaz de «intercambiar sexo por dinero». Paula explicó que estuvo investigando y tomó la decisión muy rápido. «La gran pregunta que tienes que hacerte es si puedes hacer sexo con desconocidos» ha confesado la presidenta de Aprosex que ha indicado que al fin y al cabo «no hay nadie que pueda obligarte a meterte en la cama con un señor».

Relación con el cliente

Paula también contó el tipo de relación que se establece con el cliente y la experiencia sexual que se tiene como prostituta. Afirmó que en muchos casos «hay clientes que te dan asco» o «mal rollo» pero como «profesional libre e independiente» se les puede «decir adiós y que no va a funcionar».

Comentó que «corres el mismo riesgo» como prostituta que «cuando te ligas a un tío en un bar». «Siempre ha alguien que sabe donde vamos a estar» y eso se le hace saber eso al cliente dijo Paula que indicó que «en un ligue de una noche nadie hace eso». Sin embargo«a veces te encuentras con un loco» confesó la escort que una vez se encontró «con un psicópata» que la agredió.

Como prostituta dijo que «sientes mucho placer» porque «la mayoría de los hombres que van a practicar sexo no saben hacer nada» y cuando les enseñan y ellos aprenden, es una «experiencia muy placentera». El sexo, contó Paula, «es un juego» y si no te gusta «no te metas a puta».

En muchos casos se establece una «relación afectiva» porque cuando el hombre «sale pensando que busca sexo» en realidad «lo que busca es afecto». Cuando «no hay sexo no hay afecto». La presidenta de Aprosex cree que en la relación puta-cliente la gente «sigue pensando en Pretty Woman» porque «parece que buscamos más allá de nuestro trabajo».

«Parece que nosotras somos incapaces de dar y ofrecer un amor verdadero» remarcó Paula Vip que piensa que a las personas «lo que nos cuesta ser fieles en pareja» ya que según ella «no está en nuestra naturaleza». Contó que entre sus clientes hay parejas con las que tiene «muy buen rollo» y se va «de compras o a tomar un té». Esas parejas le han enseñado «muchas cosas a nivel personal y profesional».

En los casos de intercambios de parejas o de parejas abiertas ella entiende que cuando uno de los miembros de esa pareja le dice al otro que lo prueben «es algo importante» porque «quiere compartirlo». Paula afirmó que en gran parte de los casos son parejas que están «muy unidas».

Talleres de sexo

La presidenta de Aprosex explicó que desde su asociación han creado una serie de talleres para «trasladar su experiencia» y «mejorar la vida sexual» de las mujeres que participen en él. Ha especificado que estos talleres están dirigidos a las a «mujeres no prostitutas» para «enseñarles nuestros secretos de alcoba».

Estos seminarios no son para «sus parejas» porque para que se tengan ganas de tener sexo «tiene que resultar placentero». En caso contrario «las ganas desaparecen». Paula Vip afirmó que «es habitual que haya mujeres que digan que no les gusta el sexo» por ese motivo en estos talleres «les vamos a decir que aprendan y que exploren».

En estos talleres llamados ‘Putas y Santas’ hay varios tipos. Uno de ellos es ‘Sexo sin complejos’ en el que trabajadoras del sexo enseñan a las mujeres a estar cómodas en su cuerpo. Otro sobre ‘El arte de la felación’ incluso uno que enseña a las mujeres a vestirse y sentirse bien con ellas mismas. En este sentido remarcó que «hay que tener un sentido de follabilidad», porque «es muy importante que tú te gustes».

Paula explicó además que «hay gente que piensa que las putas somos poco más que muñecas hinchables» y en estos talleres sirven para que las conozcan y que puedan muestrar sus conocimientos a otras mujeres para que descubran «su sexualidad».

http://www.libertaddigital.com/chic/vida-estilo/2013-05-23/paula-vip-hay-quien-piensa-que-las-putas-solo-somos-munecas-hinchables-1276490964/

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Trios en sexualidad

Para conocer sobre los triángulos amorosos consentidos por parejas que gustan de introducir a una tercera persona en sus vínculos eróticos.


Ana, 40 años: Las relaciones sexuales con mi pareja son buenas, pero tengo fantasías de relaciones con dos hombres. ¿Esto se practica en alguna parte del mundo? ¿Es una perversión? ¿En nuestro país especialmente?

Carlos, 32 años: ¿Es beneficioso incluir un tercero en las relaciones sexuales? Nosotros lo hicimos y nos sentimos bien.

Luciano, 38: Me gusta ver a mi mujer teniendo relaciones sexuales con otro hombre o con otra mujer. ¿Esto es algo que se considera anormal?

Vamos a referirnos a aquellos que comparten su pareja con un tercero, lo que se dio en llamar ménage à trois, consistiendo en que una pareja incluye a otro varón u otra mujer para que mire como la pareja tiene relaciones sexuales o comparta el sexo con alguno de ellos o con los dos, pudiendo darse una de las variantes o varias de ellas.

Es lógico suponer que hay una combinación de voyeurismo (ver como la pareja hace el amor con un tercero y excitarse así), exhibicionismo cuando quieren que el tercero los mire o relaciones homoeróticas cuando lo hace la mujer con otra mujer o un varón con otro.

La inclusión del tercero no debe verse como aquella relación de infidelidad cuando un miembro de la pareja tiene otra relación pues acá el factor excitante es gozar ambos miembros de la pareja con el tercero en cuestión.

Cuando esto se convierte en una condición excluyente y siempre necesaria para la excitación puede constituir una parafilia, en este caso llamada troilismo (del francés trois= tres).

En esta época de ideología monogámica floreciente los triángulos amorosos y la infidelidad se han extendido largamente. Una de las grandes hipocresías sociales es que mucha gente dice en público que es monógama y fiel, pero mantiene relaciones extramatrimoniales en forma clandestina.

Si bien una relación amorosa deseable o permanente contiene en su seno numerosos núcleos conflictivos, uno de los más importantes sería el que se da por una parte cuando hay disminución, temporal o definitiva, del deseo sexual y, por la otra, con el crecimiento de la ternura por la pareja.

Efectivamente, en toda pareja, tarde o temprano, con mayor o menor frecuencia, aparecen períodos de débil atracción sensual, o de ausencia total de deseo. Es un hecho de experiencia sobre el cual ningún precepto moral o religioso hace efecto, ya que el interés sexual no admite órdenes.

Todas las personas se encuentran expuestas a nuevos estímulos sexuales que parten de personas distintas a la pareja actual. Estos estímulos son neutralizados en la buena etapa de la relación y estos deseos son desechados por la satisfacción de la relación existente.

Pero cuando el deseo para con otros se hace más acuciante, reacciona sobre la relación establecida, acelerando la debilitación del deseo y también la disminución del placer en el acto. La relación sexual se vuelve día a día más una costumbre y un deber que una fuente de goce.

Entonces, el adulterio o las fantasías aparecen tanto como un factor desequilibrante del matrimonio, como un estabilizador de éste, ya que muchas personas mantienen sus matrimonios gracias a las relaciones paralelas.

La infidelidad en el caso del varón es, en cierta manera, promovida y aceptada socialmente, pero no sucede lo mismo con la mujer. Por otra parte, las mujeres son educadas desde la infancia en la imposición de que no se debe tener relaciones más que con un solo hombre, siempre por amor y, si es posible, llegar virgen al matrimonio.

Wilheilm Reich decía que la razón inconsciente podría resumirse en esta ecuación: “mi madre ha soportado su horrible matrimonio toda su vida, yo debo pues, hacer otro tanto”. Los aspectos ideológicos de la institución matrimonial se expresan a través de las prescripciones religiosas de que dure de por vida y de que se mantenga en el marco de una monogamia estricta.

Pero, los seres humanos igual se escapan de estas ataduras externas a través de la infidelidad, los tríos, las fantasías, las parejas abiertas, las prácticas swingers o la masturbación.

Hay quien trata de probar que el matrimonio monogámico es un fenómeno natural, casi biológico, «innato» al ser humano, negando así toda evolución y todo cambio de formas sexuales.

Pero, cuando las condiciones materiales lo exigen, la sociedad cambia su ideología: después de la guerra de los 30 años la población europea quedó diezmada; en 1650 la Dieta de Nüremberg promulga un decreto de abolición de la monogamia: “Puesto que las necesidades del Santo Imperio Romano exigen que se reemplace la población diezmada por la guerra, el hambre y la enfermedad, todo varón tendrá derecho, durante los próximos 10 años, a desposar a dos mujeres”.

El reacomodamiento de la mujer en la escala productiva, tanto en las sociedades capitalistas como en las socialistas, con los cambiantes roles que esto implica, también ha producido una crisis en la sociedad patriarcal. Actualmente, una mujer que satisface sus necesidades sexuales con más de un varón no es considerada como una prostituta o con un «carácter infantil», sino que simplemente se asume que no se conforma con la prescripción impuesta por la moralidad convencional.

La obligación de fidelidad que el marido impone a su esposa tiene también motivos individuales: el miedo de un rival, para colmo de un rival más viril, o bien el miedo de ser públicamente señalado como un «cornudo».

La infidelidad de una esposa muestra ante la gente que el marido no ha sabido hacer respetar sus derechos de propietario, quizá también que no ha sido lo bastante varonil en el terreno sexual como para retener a su mujer. Como dijimos antes, es sabido que muchos matrimonios, en etapas de crisis, consiguen compensarse y recuperar el deseo, a pesar de las leyes y de la moral autoritaria, a partir de la infidelidad conyugal.

Hay quien postula mecanismo edípicos puestos en juego en los triángulos aunque podríamos teorizar siguiendo a Freud que, en toda relación sexual, hay por lo menos cuatro en la cama, aludiendo a la presencia fantasmática de la constelación edípica, representando así que siempre uno se conecta con sus vínculos primarios familiares en cada elección erótica.

 

Si bien muchas parejas llevan a cabo estas relaciones triangulares
nadie debería aceptar este tipo de prácticas si lesiona su
voluntad, integridad o incluso su físico.

 

* Dr. Adrián Sapetti, médico psiquiatra, sexólogo clínico, autor del libro “Confesiones íntimas. Historias reales de sexo y pasión” (Ediciones B, 2009).

http://www.sexovida.com/educacion/trios_sexualidad.htm

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Parejas abiertas

Facebook ha revitalizado el término «en una relación abierta», ese clásico de los sesenta, aunque de momento no sea un estado civil reconocido. Angelina Jolie presumió recientemente de haber dejado atrás la monogamia, pero los practicantes de este estilo de vida van más allá de Hollywood. Varias parejas cuentan su experiencia.

Sólo hace falta echar un vistazo en Facebook. Abundan los usuarios que se declaran «en una relación abierta». ¿Cómo de abierta? La frontera entre la pareja liberal y la infidelidad mal escondida puede ser difusa.

Angelina Jolie está entre las practicantes de este estilo de vida, heredero del Verano del Amor de los sesenta. En diciembre declaró a un diario alemán que la fidelidad no es para ella clave de una relación. Desde entonces los tabloides han aireado sus supuestos amantes, peleas con Pitt e incluso acuerdos de separación. Ayer la pareja demandaba al británico News of the World por publicar lo último. Pero no desmentía que lo suyo sea una relación abierta.

Los Jolie-Pitt son una actualizaciónglamourosa de un estilo antes asociado con intelectuales como Jean Paul Sartrey Simone de Beauvoir, cuya (no) convivencia no fue el edén sexual e intelectual que parecían proyectar.

La realidad y el deseo

Miren Larrazábal, sexóloga, psicóloga clínica experta en pareja y presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología, cree que la relación abierta es otra fórmula más a medio camino entre dos pulsiones: «la tendencia hacia la seguridad afectiva y la atracción por la novedad sexual». Dicho de otro modo: «Si en el matrimonio se lucha contra el instinto de atracción hacia otra persona, en la pareja abierta, contra el deseo de exclusividad sexual, la creencia de que la persona que tengo en casa es sólo mía».

Según Larrazábal, la pareja abierta «fue un modelo que se empezó a fraguaren los sesenta, en plena ebullición del amor libre, pero que no ha acabado de fraguar». Elisabeth G. Iborra, autora de Sexmentiras, apunta una causa: «Hemos sido educados para creer en un tipo de pareja determinado y cerrado, y es difícil cambiar; siempre hay una parte notan preparada para saber que su amado tiene amantes».

«La clave para que una pareja así dure es que se negocien bien los límites. Aunque suele ser difícil de mantener en el tiempo. Conflictos, celos y rivalidad son comunes», sigue Larrazábal.

La sexóloga pone en duda que el ser humano sea monógamo. «En parejas de larga duración es raro que no haya algún pensamiento, sentimiento o acción hacia una tercera persona».

Según un estudio de Match.com, el 41 % de los españoles confiesa haber sido infiel. En España por cada cuatro nuevos matrimonios, tres se rompen. Entonces, ¿cuáles la solución? Larrazábal asegura que aún estamos » en busca de la fórmula inteligente de pareja». Pero apuesta por un modelo audaz: elliving apart together.Cada uno en su casa y con su vida, pero con una relación con otra persona. Iborra es partidaria de que cada cual elija, pero «que no se autoengañe pensando que es más liberal de lo que en el fondo es».

DOS FÓRMULAS DE CONVIVENCIA

«En una relación así ya no tienes nada que perder,¿qué vas a ocultar?»

Raúl, estilista madrileño de 28 años llevaba dos años con su chico, de 2 cuando se plantearon que lo único que fallaba en sus vidas es que no estaban preparados para una relación cerrada para toda la vida. Pero, a la vez, querían seguir juntos. «Veíamos que la tensión sexual iba a menos y que si seguíamos así acabaríamos rompiendo», rememora. Así que decidieron abrir un poco el rango, permitir entrar a terceras personas en sus vidas, airearse y evitar un ambiente que empezaba a estar un poco viciado.

De eso han pasado tres años y Raúl no se atreve a dar la cifra exacta de terceros con los que ha compartido parte de su tiempo, en este lapso de tiempo Los celos no han desaparecido, pese a lo reiterado de la práctica. «De hecho, yo preferiría que estuviéramos los dos juntos con un tercero, porque cuando se hace por separado y luego se cuenta inevitablemente sienta mal». Quizá para evitar males mayores, Raúl y su chico, que viven juntos hace cuatro años, tienen una especie de normas de convivencia: «No repetimos varias veces con la misma persona y las relaciones con terceros son esporádicas, para no descuidar la relación principal», resume.

Gracias a su nueva dinámica, Raúl asegura haber ganado confianza con su chico sin perder nada a cambio. «No por querer acostarte con otras personas quieres menos a tu pareja. No hay que confundir el sexo por el sexo con el querer», reivindica. Aunque Raúl asume que no todo el mundo comparta sus postulados, también asegura que «hay más parejas abiertas de lo que se cree, porque algunos lo ocultan». Sólo hay una cosa que él no perdonaría: la falta de sinceridad. «En una pareja así ya no tienes nada que perder, ¿qué vas a ocultar?»,

«Mi ex compañero creyó que podría afrontarlo, pero es monógamo»

Sofía es licenciada en una carrera sanitaria y vive en un país nórdico. Tiene 35 años y lleva ocho meses en una relación abierta, aunque lo suyo viene de lejos. «Desde que tuve mi primer novio a los 12 años entendí que no encajaba en el modelo establecido para tener relaciones», evoca Sofía por e-mail. Su «libertad» para tener relaciones le granjeó insultos de sus compañeros, hasta que «tras una lucha de muchos años a base de ensayo y error» decidió que la monogamia no entraba en sus planes. Su batalla empezó entonces para encontrar un compañero que aceptara su planteamiento.

Tras varias relaciones cortas estuvo 10 años con una misma persona, pero la cosa no funcionó. «Mi ex compañero creyó que podría afrontarlo, pero es monógamo y ha sufrido mucho durante el proceso», reconoce Sofía. Tras esa ruptura, en el momento actual, su pareja es abierta y está en la fase de descubrir «cuáles son los límites de la relación y cuánto puede dar de sí». Por de pronto, ambos mantienen una relación emocional muy cercana con sus respectivos ex sin ninguna polémica.

Sofía habla de pareja primaria y secundaria o de pareja oficial con soltura y ve claros los beneficios de su situación: «No tengo ninguna necesidad de mentir, me siento libre para iniciar otras relaciones sexuales y/o emocionales si llega el caso o para mantener las que ya he tenido durante muchos años».

Entiende que el camino de la monogamia habría sido más fácil, pero se alegra de haber elegido el difícil y estar hoy con otra persona «que comparte esos mismos principios, en vez de querer imponer los suyos, sean los que sean» . Aunque para ello haya tenido que salir de España: «En los países nórdicos impera la monogamia, pero hay mucho más espacio para la exploración personal».

CASOS CÉLEBRES

Libertad, aún a riesgo de «cadáveres»

«Es cierto que ex el amor, pero también hubo cadáveres». Henriette Nizan, amiga de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, se refirió así a la que fue la pareja abierta más sonada del siglo XX. El filósofo y la escritora tuvieron decenas de amantes, ella de ambos sexos y llegaron a compartir a alguna. En una ocasión, firmaron un contrato por dos años comprometiéndose a la máxima intimidad que pudieran asumir.

Otra pareja de artistas, los autores de cómic Robert y Aline Crumb parecen haber hallado una fórmula menos dolorosa: forman un cuarteto armónico con sus sendos amantes. La actriz Tilda Swinton mantiene también una pareja abierta con su marido, John Byrne, al que compagina con otra pareja más joven.

Will y Jada Pinkett Smith han admitido en alguna ocasión tener un matrimonio abierto, aunque ella se retractó en una entrevista. La nominada actriz Mo’Nique y la cantante Dolly Parton también aplican políticas de puertas abiertas con sus parejas.

http://www.adn.es/lavida/20100210/NWS-0197-Parejas-abiertas.html

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