Así pasé una hora con una muñeca por 80 euros en el prostíbulo de las sex dolls de Barcelona

Un club de Barcelona es el pionero en Europa. Oferta 4 figuras para practicar sexo: una caucásica, una africana, una asiática y un personaje manga. Son de silicona y pesan 40 kilos. Un reportero de EL ESPAÑOL acudió el día de la inauguración.

Lily, asiática, 1,61 de altura y 40 kilos de peso, es una sex doll.

Lily, asiática, 1,61 de altura y 40 kilos de peso, es una sex doll.

 

Me cuentan en la redacción que está a punto de abrir en Barcelona el primer burdel de Europa de muñecas hinchables. En efecto, aún no lo habíamos visto todo en esta vida. Llamo al teléfono que sale en la web para pedir un reportaje y me atiende Gina, la chica de prensa. “No daremos entrevistas hasta que pase un mes. Ya hay un par de medios más interesados”, se disculpa. 

Se lo explico a mi jefe y le advierto de que, si esperamos, se nos pueden adelantar otros medios, pero que lo que yo no pienso hacer es ir de cliente y zumbarme a una muñeca de plástico. “Yo nunca me he metido en la vida sexual de mis redactores. Tú sabrás qué haces con ella. Pero vas, te haces pasar un cliente y lo cuentas”, me contesta.

De izquierda a derecha: Aki, personaje de manga, Niky, la muñeca caucásica y Lily, la asiática

De izquierda a derecha: Aki, personaje de manga, Niky, la muñeca caucásica y Lily, la asiática

Lumidolls es el nombre del club en cuestión. El nombre ya lo resume todo: lumi (prostituta) y doll (muñeca). Para ir hace falta pedir cita previa con una de las 4 figuras disponibles: Niky, la caucásica, Leyza, la africana, Lily, la asiática estándar y Aki, la asiática de pelo verde que imita a un personaje de manga. En realidad no son muñecas hinchables, sino réplicas humanas hiperrealistas de silicona. Una especie de maniquís articulados con rasgos muy exuberantes. El precio de cada unidad ronda los 5.000 euros. Pasar una hora con una de ellas en Lumidolls, 120 euros.80 estos días, por la promoción inaugural.

CONCERTAR UNA CITA

Escribo un mail pidiendo cita con Aki, porque dado lo bizarro del reportaje, prefiero elegir a la más rara. Me contestan a los pocos minutos. Vuelve a ser Gina, la chica de prensa, que también se encarga de concertar las citas y no sabe que soy yo. Ahora también se disculpa: la única muñeca disponible para el fin de semana es Lily, la asiática estándar. Inauguran el viernes y ya tienen el fin de semana completo. Me maravilla que, sin haber hecho publicidad, ya haya tantísima gente esperando a pagar 80 euros por tirarse a un muñeco.

Leiza es la muñeca africana de Lumidolls

Leiza es la muñeca africana de Lumidolls

Contesto que Lily estará bien. Total, no voy a tener sexo con ella. Mi decisión me enfrenta a las presiones de los sectores más radicales de la redacción de EL ESPAÑOL, que consideran que tengo que consumar por el bien del periodismo. El tema provoca debate, cachondeo y muchas preguntas: ¿Cómo la limpian? ¿Sexo con una muñeca son cuernos?, ¿Cómo desinfectan los orificios?, ¿Hemos tocado fondo como especie?, ¿Seguro que los desinfectan?

PRIMER PERCANCE

Me dan hora con Lily el viernes a las 7 de la tarde. Los problemas empiezan a las 6. Gina me escribe un Whatsapp para decirme que hay un contratiempo y que tendremos que suspender la cita. La llamo para que me lo aclare: “El anterior cliente se ha debido de emocionar mucho, porque le ha roto una teta. Y mira que esta silicona es dura, eh. Pero la ha agujereado. Igual le ha pegado un bocado”, se disculpa. Es la tercera vez que tiene que disculparse y aún no he llegado. Yo no me lo puedo creer y le contesto: “¿Cómo que le han agujereado una teta? ¿Pero me va a poder recibir o no? ¡Porque yo he venido desde Madrid sólo para estar con ella!”. Todo eso lo digo casi a voces en mitad de la calle Ferran de Barcelona, un eje comercial muy transitado. No he medido bien.

El cliente puede elegir con qué ropa y en qué posición espera la muñeca

El cliente puede elegir con qué ropa y en qué posición espera la muñeca

Gina me asegura que sus jefes la están reparando, y que si estoy dispuesto a esperar un ratito más, podré pasar una hora con mi muñeca asiática. Yo doy el OK y llego a Lumidolls con media hora de retraso. El club está en el entresuelo de un viejo edificio, en una callejuela estrecha del centro de Barcelona, muy cerca de la Rambla. Comparte planta con un hostal. Me abre la puerta Gina, que además de atender a la prensa y concertar citas, también se encarga de recibir, cobrar, vestir a la muñeca y proporcionar al cliente preservativos y lubricante.

LILY Y LA GANGRENA

El club en realidad es una casa compuesta por un comedor y varias estancias aparte. Llegamos a la habitación y ahí está Lily. Me espera sentada en la cama y vestida con un camisón rosa. En realidad, el parecido con un ser humano es asombroso. Tanto, que creo ver gangrena en sus brazos. “Oh no, eso es porque el anterior cliente ha pedido que se la vistan de negro y parece que la ropa ha desteñido”, se disculpa (de nuevo) Gina. “¿Y la teta rota?”, le pregunto yo. Ella me la enseña: “Nada, como nueva. Tiene como una pequeña cicatriz. Era un cliente muy alto y muy grande. Creo que le ha pegado una paliza”. También me fijo que cuando la construyeron no calibraron bien las retinas y es estrábica.

El vestido negro que pidió el cliente anterior destiñó en la piel de Lily

El vestido negro que pidió el cliente anterior destiñó en la piel de Lily

Gina me pregunta cómo he conocido Lumidolls. Yo no sé muy bien qué contestarle e improviso que ya está viendo mi barba y mi camisa de cuadros; que soy un hípster, y como somos medio idiotas, nos gusta hacer cosas que no hace el resto de la gente, comprarnos el Iphone el día que sale y esas tonterías. Que yo en realidad esto lo hago para fardar luego. Y que por eso me gustaría que me explicase más cosas sobre las muñecas. Es la única forma que encuentro de sacarle información sin que sepa que soy el periodista que la llamó el día anterior. Y ella me lo cuenta.

ORIFICIOS DE 17 CENTÍMETROS

Las sex dolls son, como su propio nombre indica, muñecas diseñadas para practicar sexo. Están hechas de silicona quirúrgica. Son piezas únicas y no se fabrican en serie. Miden entre 1,60 y 1,70 metros, pesan 40 kilos y sus rasgos son hiperreales. El esqueleto contiene unas varillas metálicas flexibles que le permiten articularse y ponerse en posturas realmente curiosas. Cada muñeca tiene 3 orificios de 17 centímetros de profundidad:boca, vagina y ano. Cuatro en el caso de Lily, que tiene un seno agujereado. Son juguetes que tienen mucho éxito en Japón, la meca de este tipo de fetiches sexuales, aunque estas en concreto están fabricadas en Estados Unidos. El pelo no es natural, pero en Lumidolls ya han programado la compra de pelucas para customizarlas.

“¿Y esto es higiénico?”. Gina, que también es (cómo no) la persona encargada de limpiarlas, me responde que las lavan antes y después de cada uso “con un jabón que se usa en los hospitales. Para los orificios uso una de esas pistolas de presión, tipo Karcher”. Con eso se asegura, me dice, que queden totalmente desinfectadas. No obstante, siempre recomiendan al cliente utilizar un condón; ella misma lo facilita junto al lubricante.

Aunque es una muñeca de silicona, Lily celebra los goles haciendo el arquero, como Kiko Narváez.

Aunque es una muñeca de silicona, Lily celebra los goles haciendo el arquero, como Kiko Narváez.

En la habitación también hay unas velitas para ambientar, toallas, una (sola) copa de cava (no han tenido el detalle de ponerle una a Lily), un bol con fresas, un hilo musical en el que suena algo muy romántico que me recuerda a Michael Bolton y una televisión en la que sólo ponen porno. Elementos más que suficientes para tener el mejor polvo de tu vida con un objeto inanimado.

Gina cierra la puerta y me deja a solas con la muñeca. “Pobre Lily. Qué te han hecho”, le pregunto. Lily no me responde. Tampoco se queja cuando le aprieto la teta, pero la cicatriz se abre y sale una burbuja; como una pompa de chicle de fresa. Eso provoca un desequilibrio dentro del seno y se le queda un agujero encima del pezón, como si la hubiesen apuñalado. Casi tengo el reflejo de pedirle disculpas.

El anterior cliente no controló su fuerza y le destrozó un pecho a Lily

EL ANTERIOR CLIENTE NO CONTROLÓ SU FUERZA Y LE DESTROZÓ UN PECHO A LILY

Lily huele muy bien porque además de lavarla le han puesto colonia. El tacto es bastante curioso. Es mullida pero firme, como esas pelotas antiestrés que se aprietan fuerte con las manos. Está bastante más fría que un ser humano y, sobre todo, pesa mucho. Muchísimo. Me doy cuenta al levantarla para examinarla. Aunque es la más bajita de las cuatro muñecas (mide 1,61), es difícil maniobrar con ella. En uno de esos meneos se le cae la peluca. Lo que le faltaba a Lily. Por detrás se le da un aire a Iván De la Peña. Yo ya había tomado la decisión de respetarla como muñeca y no tener sexo, pero así ya es imposible. Con el brazo engangrenado, la teta pinchada, calva y con un ojo mirando a Tokio, no puede haber nada de libido y sí mucho de compasión.

Lily, contrariada porque es calva y no le gusta que le hagan fotos sin peluca

Lily, contrariada porque es calva y no le gusta que le hagan fotos sin peluca

Como he decidido no probarla sexualmente, paso un buen rato colocándola en posiciones graciosas. La pongo a hacer el saludo surfero de Ronaldinho, o la celebración del arquero de Kiko Narváez. Cuando me canso de símiles futbolísticos la pongo a imitar a un egipcio, a un italiano gesticulando, a un heavy y a Chiquito de la Calzada. Sus 40 kilos de peso me desgastan mucho la espalda y su gangrena me pringa las manos. En cada movimiento, ella queda más maltrecha. El pecho empeora por momentos y cada vez es más difícil recolocarle la peluca, porque los cabellos se le enganchan al cuerpo. Ella me observa impasible con su ojo a la virulé.

SAYONARA LILY

Gina me dijo que me avisaría cuando hubiese pasado una hora. No da lugar. Cuando me he cansado de hacer el imbécil abandono la habitación, advirtiendo de que la buena de Lily ha tenido un debut muy duro y la van a tener que retirar un tiempo, porque está muy lesionada. El seno izquierdo está destrozado. Gina me cobra los 80 euros y se la lleva a lavar con la Karcher, que Lumidolls abre de 10 de la mañana a 10 de la noche (como un Carrefour) y seguro que ya hay otros clientes esperando.

Apretando el pecho de Lily le sale la silicona quirúrgica por la herida

Apretando el pecho de Lily le sale la silicona quirúrgica por la herida

Yo me despido y me marcho repasando las fotos que le he hecho con el teléfono móvil. No es un ser vivo, pero me genera compasión. Eso me permite comprender que haya gente a la que le suscite otro tipo de sentimientos y pague por pasar una hora con estas muñecas. Vuelvo a mirar la foto de la teta pinchada. Pobre muñeca. Qué debut más duro. Sayonara Lily; mañana será otro día.

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170225/196480602_0.html

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Marconi, a carne y fuego

  • El polígono del sur de Madrid es el mayor prostíbulo a cielo abierto de España

  • Allí trabajan día y noche, a veinte euros el servicio, 400 mujeres. Muchas son esclavas sexuales de las mafias

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes.

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes. / Alberto Ferreras

FRANCISCO APAOLAZA

Sobre la acera en la que se ofrece, la mujer ha pergeñado un humilde fuego en el que arden las astillas de un palé de madera roto. Desde un cielo nublado y naranja, industrial y descarnado, desciende, tenaz y cansada, una lluvia que todo lo empapa. La Venus de Milo del Sur de Madrid ha colocado sobre la hoguerita dos tablas de contrachapado que se sujetan una con la otra como un tejado y cubren su lumbre para que el agua y la noche no la apaguen. Posa casi desnuda. Viste un tanga y unos tacones de charol blanco. Todo lo demás es piel erizada y mojada, y sus dos pezones se han contraído por el frío y el agua. El paraguas claro descansa sobre el hombro derecho y ella ladea sobre él la cabeza y suspende la mirada en el vacío, como esas chicas de los jardines de Renoir. Para aprovechar el calor, ha doblado su cuerpo en cuclillas encima del fuego y, sentada sobre los talones, ha abierto las piernas sobre la llama que calienta sus muslos y su sexo, de manera que parece que la mujer está pariendo un puñado de brasas. Desde el otro lado de la calle se puede sentir su perfume mareante de canelas, melocotones y pachulíes que sube de nota conforme uno se acerca a ella. «¿Qué quieres, guapo?», pregunta con amabilidad aunque sin excesiva cercanía. Aleksandra nació en Rumanía, tiene 23 años y ofrece sus servicios de puta en Madrid en el supermercado de la carne, el mayor prostíbulo a cielo abierto de España, un mar de esclavas y de kleenex usados que se conoce como Marconi.

Siete de la tarde. Unas manzanas más allá, aún recorren las calles chavales con mochila y bocadillo de chocolate que se desfogan en brincos y carreras después del colegio. Una calle separa dos galaxias distintas. A un lado, la inocencia familiar de cualquier urbanización de Madrid a esa hora, el terreno de la indignación vecinal. Al otro, chisporrotea el fueguito de Aleksandra, que es uno entre cincuenta como los faros de una costa desconocida, oscura, atroz y amenazante. Cada pocos metros se eleva una hoguera en mitad de la noche. Cada fuego alumbra el cuerpo de una mujer. En las calles del polígono no hay fábricas, pero sí coches. Circulan despacio porque allí siempre es hora punta. Son cientos. Reducen la marcha para ver de cerca la mercancía, lanzan un grito desde la ventanilla, negocian el precio y, poco después, paran a un lado de la carretera. A través de las ventanillas se adivinan siluetas en diversas posturas, un porno de sombras. Después, ellas bajan y caminan de nuevo sobre una acera tapizada de pañuelos de papel y los coches vuelven a circular.

El mapamundi del sexo

Se calcula que 400 chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato. Esta es una selva antigua, crecida después de que se desmantelara la Casa de Campo, el tradicional caladero de la prostitución madrileña. El mapa del sexo está dividido por países. El corazón de esa geografía es la zona de las hogueras, pero el reino del sexo va mucho más allá. En las afueras de esa ciudad sin ropa, otras chicas remiten a placeres más furtivos. Casi no se las ve. En el extrarradio de Marconi, en un rincón sin luz aguardan los rostros hipermaquillados, fecundos y casi selváticos de las transexuales y la belleza furtiva, discreta y frágil de media docena de muñequitas de porcelana oriental. Allá están las chinas. Más acá, el suelo lo ocupan las rumanas, algo más lejos las ecuatorianas, nigerianas… Cada esquina y cada trozo de acera tiene un dueño, un color de piel y un acento distinto. El producto está ordenado y mapeado en los foros puteros de internet donde aparece el color de piel, el aspecto, el nombre y hasta los servicios que ofrece cada una de ellas. «Aquella acepta no usar preservativo…».

Cada palmo de terreno es un bien codiciado que tiene dueño. Lo controlan las mafias. En cada puesto se relevan las chicas, que pagan un canon de sus beneficios a los señores feudales de ese asfalto. Ellas mismas están controladas en su mayor parte por las mafias y las vigilan otras veteranas. Algunas mujeres pasean entre ellas, les llevan tabaco y por supuesto, cuentan los clientes y las ganancias. Su gesto es servil, pero en realidad son la cadena en el tobillo. Los chulos no se dejan ver. Algunos controlan desde las atalayas de los edificios, en habitaciones calientes lejos del frío y de la lluvia. También vigilan a los reporteros desde furgonetas blancas. Uno de ellos, de pronto, recorre la acera a pie camino de ninguna parte para dar su mensaje a las chicas y al periodista: os estamos vigilando.

Ninguna quiere hablar. Caderas anchas, pechos asomando tras una red de encaje, pongamos que se llama María. Se excusa -«estoy trabajando»-, pero acepta llamar al reportero más tarde. La conversación tiene lugar al día siguiente camino de la farmacia: «No quiero hablar. Tengo mucho miedo». La mayor parte de las chicas no pasa del anuncio de su tarifa. Cuesta creer que aquella veinteañera de metro ochenta de las piernas largas y los ojos de hierbabuena, esa mujer que podría estar en una pasarela o bailando de gogó en una discoteca, esa diosa eslava esté allí pasando frío y haciendo sexo dentro de un coche por veinte euros. Se calcula que son 400. A cuarenta servicios por cabeza, cada día en Marconi sale a 16.000 polvos. A estas alturas del reportaje se habrán imaginado que en esas calles hay más ley que la de la oferta y la demanda.

Sobre cada par de tacones se erige un edificio quebrado, una historia que salió mal. A Lis se le torció la vida el día en el que la echaron de su trabajo de secretaria en un despacho de abogados de Sao Paulo, en Brasil, y de un golpe se le acabó el dinero para pagarse la carrera de Derecho. En esa mala hora conoció a una chica que le ofreció una solución: viajar a Europa a trabajar de camarera y a cuidar niños y viejos. «El plan era ganar en un par de años lo que le costaría después acabar la carrera». Aquella chica fue trabando relaciones de amistad con la gente de Lis y alrededor de ella tejió la tela de araña de la confianza. Pasó un par de meses sopesando la decisión. No suponía entonces que unos años más tarde terminaría esnifando cocaína con un cliente en una cuneta de Villaverde.

Quizás podría haberlo sospechado cuando a las siete chicas del grupo les dieron las instrucciones del viaje: llevar 500 euros encima para justificar ante la Policía de Extranjería que viajaban a Europa de vacaciones, disimular y no dar señales de que conocían a otras chicas. Brasil, Italia, Portugal… Comenzaron a moverlas. «La primera semana nos trataron como reinas». Vivían juntas en un piso, pero el trabajo prometido no llegaba. Entonces, la chica no fue tan simpática. Las reunió en un salón del chalet y, rodeada de cuatro matones, les confesó que ese viaje no era el que habían pensado: «Nos dijo que allí no habíamos venido a cuidar ancianos, sino a ejercer la prostitución». Les quitaron el pasaporte. En ese mismo instante de desconcierto comenzaron las amenazas y las palizas. También les dieron otra noticia: debían 5.800 euros. Entonces Lis ya podría añadir a su currículum un trabajo de esclava sexual en una red de trata de blancas. Pese a todo el dinero que ganaría en adelante, nunca darían esa deuda por satisfecha, así que viviría atrapada por las redes criminales.

El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: hasta 50.000 euros por traerlas a España, en la mayor parte de los casos en condiciones infrahumanas y jugándose la vida. Diversas organizaciones han llegado al consenso de que ocho de cada diez prostitutas de las que trabajan en España (se calcula que son 300.000) no lo hace por su propia voluntad y está en manos de los proxenetas y de las mafias, sobre todo rumanas, brasileñas y españolas. No son todas. En 2015 nació en Madrid la Asociación Feminista de Trabajadoras del Sexo que reclama el papel de las mujeres que ejercen libremente.

Drogas por fuerza

«Antes que a Marconi nos llevaron a Sevilla, a una casa. Nos enseñaron a beber mucho alcohol y a usar drogas, porque así los clientes gastaban mucho más. Salvo pincharnos, nos obligaron a tomar todas las drogas». Las adicciones son comunes entre las mujeres. En agosto encontraron a una de ellas muerta por una sobredosis en el polígono. Llevaba dos días cadáver. Ese mismo mes, la Policía encontró el cuerpo de un hombre de 70 años que había fallecido al parecer de un infarto mientras se encontraba consumiendo drogas con una prostituta.

Cuando estaban ‘formadas’, las trajeron a Madrid y anduvieron de aquí allá. «Cada veinte días cambiábamos de ubicación porque los clientes quieren siempre carne fresca». Hay que mover la mercancía, así que cada cierto tiempo cambian. Rocío Mora, de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Ayuda a la Mujer Prostituida (APRAMP), admite que un gran porcentaje de las chicas «no sabe ni en qué ciudad está».

Al cabo del tiempo, Lis llegó a Marconi y se vio junto a una de esas hogueras. «Pareces muy libre porque enseñas las tetas, pero en realidad allí no hay libertad ninguna», explica. En esa ciénaga de asfalto, se sentía vigilada constantemente por las chicas y también por los proxenetas que observan la maquinaria tras los cristales de un asador cercano. Cada día tenía una misión: cuatrocientos, quinientos, seiscientos euros. Un servicio son 20 euros, pero no siempre. «Hay mujeres deterioradas física y psicológicamente que lo hacen por cinco. Hasta que tenías el dinero no podías volver a casa, así que podías pasar allí el tiempo que fuera. Si volvías sin el dinero, te acusaban de haberlo robado y te pegaban». En casa, las amenazas eran constantes. Muchas de las mujeres prostituidas están advertidas de que, si no siguen con el juego, van a atacar a sus seres queridos en sus países de origen. Llamar a la Policía es, para ellas, un absurdo, pues creen que son cuerpos corruptos y que las van a delatar a las mafias. «Nos hacen creer que la Policía es como la de nuestros países. Nos tienen encadenadas mentalmente». A las nigerianas las controlan con santeros de vudú. Al llegar a casa, si se quejaba, recibía una paliza. «Nos pegaban, pero no en la cara, porque perdíamos valor en la calle». Además de los golpes le ofrecían la excusa: «Cuando los clientes preguntaban, teníamos que decirles que nos habíamos caído o que a otro cliente le gustaba el sado».

Las condiciones en la calle son infrahumanas. Catorce horas trabajando sin comida a base de café, cigarros, alcohol y drogas. El frío siempre termina por hacer mella, así que las chicas enferman. El mensaje es claro: «Tienes que seguir trabajando». A los pocos meses, casi todas arrastran enfermedades, pero la deuda nunca se cubrió. Lis tocó fondo después de pasar una semana con un cliente teniendo sexo y consumiendo cocaína. Facturó 16.000 euros y reclamó que la mafia reconociera que cancelaban su deuda. Se negaron y ella se dio cuenta de que nunca saldría de ese agujero. «Pensé: o me escapo, o me matan». Y voló. La brasileña aceptó por fin la ayuda de APRAMP, que se esfuerza en ofrecer salidas reales a las mujeres. Lis denunció a los que la habían explotado y vivió tres años en un piso de protección. Pasó años rehabilitándose de su adicción a las drogas, aprendiendo oficios y asistiendo a terapia para reconstruir los escombros en los que se había convertido su vida. Meses después, sufrió una trombosis coronaria con la que pagó por todos sus excesos con los clientes. La prostitución estuvo a punto de matarla. «Estaba destruida». Hoy es agente social y patrulla las mismas calles de Marconi en una unidad de rescate de APRAMP que ofrece ayuda a las mujeres que están en su situación.

En Villaverde siguen entrando coches. Abren las ventanillas, negocian el precio de la carne, siguen adelante, vuelven a negociar, se detienen, se van… El servicio no para ni un minuto. «Es una forma más de ocio -admite Lis-, pero la gente no se da cuenta lo que hay detrás. O quizás no quiere verlo. Dicen que el de puta es el oficio más antiguo del mundo, pero yo creo que el más antiguo es el de mirar a otro lado».

En Marconi, a simple vista, los clientes no son más que siluetas. No hay un perfil definido, aunque cada vez son más jóvenes. El mito del putero sesentón se desvanece. Cada vez son más jóvenes y abundan las cuadrillas de adolescentes de hasta 14 años que han integrado las fiestas sexuales en Marconi en su rutina de ocio. Se sabe, según datos de Eurostat, que en España el 33% de los hombres ha ido de putas al menos una vez en su vida.

JOVEN, EXTRANJERA Y CON HIJOS

La prostitución es el segundo negocio que más ingresos genera en el mercado negro internacional, una lista encabezada por la falsificación de medicamentos. El perfil de la prostituta en España es el de una mujer extranjera, de menos de 35 años y con hijos a su cargo. Según un informe de Cáritas, la crisis ha llevado a muchas mujeres españolas a vender su cuerpo para sacar un dinero con el que subsistir; en la mayoría de los casos, sin conocimiento de su entorno familiar. Muchas inmigrantes afincadas en nuestro país que habían abandonado esta forma de vida se han visto obligadas a retomarla a causa de la precariedad económica.

SEXO BARATO

Por zonas: Las prostitutas se distribuyen según su raza y procedencia.

Los clientes: Cada vez más jóvenes, los hay incluso de 14 años.

400 mujeres ofrecen servicios de prostitución en el polígono Marconi, en Villaverde, a las afueras de Madrid.

40 servicios sexuales puede llevar a cabo una mujer en un día. Gran parte de estos ingresos son para los proxenetas.

20 euros es el precio medio de un ‘servicio’ en el polígono Marconi. Las más deterioradas lo hacen por cinco euros.

300.000 prostitutas se ganan la vida en España ofreciendo servicios sexuales a cambio de dinero. La mayoría son extranjeras.

80 de cada cien mujeres que ejercen la prostitución no lo hacen por su propia voluntad. Son controladas por proxenetas y mafias que las trajeron de sus países de origen.

33 de cada cien hombres españoles confiesan haber contratado en alguna ocasión servicios de prostitutas.

http://www.laverdad.es/murcia/sociedad/201701/15/marconi-carne-fuego-20170115005909-v.html

 
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Mónica Oltra: “Hay que respetar a las mujeres que prefieren prostituirse a limpiar pisos”

“Los estereotipos duros en política no sirven para empatizar”/ “Para afrontar el proceso territorial hay que empezar por la financiación”/ “No hace falta un sentimiento independentista cuando es el Estado el que te independiza”.

Mónica Oltra posa para EL ESPAÑOL en Madrid.

Mónica Oltra posa para EL ESPAÑOL en Madrid. Jorge Barreno

MARIANO GASPARET @marianogasparet
JORGE BARRENO
 
 

Mónica Oltra (Neuss, Düsseldorf , 1969) es una de las políticas más brillantes y con más tirón del panorama patrio. La política que representaba a Camps como un forajido del far west y que, con sus camisetas reivindicativas y sus golpes de ingenio y mala uva, hacía trastabillar a Juan Cotino y reír a los periodistas se ha convertido en uno de los iconos más amables de la nueva política, sea lo que sea éste artificio conceptual.

Oltra es astuta, llana y tan amable que resulta afectuosa. Su proyección mediática supera con creces los lindes previsibles a su responsabilidad como vicepresidenta y consejera de Igualdad y Política Inclusiva de la Comunidad Valenciana, lo cual puede ser un indicio de una legítima ambición. De momento, gobierna en coalición con el socialista Ximo Puig, a quien un día de estos terminará de comerse: esto último es un juicio de valor del periodista que la entrevistada niega y regatea.

Hablamos de política, de dependencia, de la socialdemocracia, de su relación con Iglesias y Errejón, de Compromís y Podemos, de la crisis del PSOE, del cambio climático, de la reforma de la Constitución, de la discriminación fiscal de la Comunidad Valenciana, de la regularización de la prostitución y la legalización de la drogas, también de feminismo y de porno. Seduce en la proximidad ideológica e interesa en la divergencia. Cita a EL ESPAÑOL en el mercadillo solidario de la Fundación Blas Méndez Ponce que ayuda a los niños que reciben algún tipo de tratamiento oncológico, con la clara intención de darle visibilidad.

¿Qué es eso de feminizar la política?

Es poner en valor lo que tradicionalmente hemos hecho las mujeres. La sociedad de los cuidados es algo que siempre han hecho las mujeres, hay que feminizar la vida.

¿Dar por sentado que son las mujeres las que cuidan de los demás no es machista?

Los hombres también cuidan pero el 80% del cuidado del hogar recae en las mujeres. Por eso no se valora la sociedad de las cuidados, por eso ha sido un trabajo invisible, porque tradicionalmente lo han hecho las mujeres.

El deseo masculino es muy visual, mientras que el femenino es más oral. A nosotras nos ponen las palabras

¿También hay un porno feminista: qué es eso?

A ver, el deseo de los hombres y el de las mujeres no es igual. La industria del porno está dirigida a los hombres independientemente de su orientación sexual. Ahora se han incorporado a esa industria mujeres y guionistas que ponen el acento en el deseo femenino. El deseo masculino es muy visual, mientras que el femenino es más oral. A nosotras nos ponen las palabras. La tradición oral es también patrimonio de las mujeres, que tenemos menos voluntad de trascendencia que los hombres.

¿Se puede ser prostituta y feminista?

Claro que se puede, ¿por qué no?

Bueno hay quien considera que la prostitución es sólo esclavitud: también desde el feminismo.

Esa visión en blanco y negro forma parte de los esquemas patriarcales. Con el feminismo pasa como con la izquierda: hay muchos feminismos y no se debe confundir el género con los órganos genitales. El patriarcado es muy redentor, quiere salvar a los demás: y, oiga, no me salve usted de nada, sólo permítame emanciparme. Hay asociaciones de prostitutas, como Hetaira, que plantean cuestiones muy interesantes.

El redencionismo es despótico, pero no se puede hacer la revolución sin ellas. Yo no me atrevo a decirle a una mujer prostituta qué tiene qué hacer sin preguntarle qué quiere hacer. Lo que hay que conseguir es que ninguna mujer se prostituya sin su voluntad o se vea abocada a la prostitución por necesidad. Hay mujeres que prefieren prostituirse a limpiar pisos y hay que respetarlo.

Mónica Oltra posa en un mercadillo solidario.

Mónica Oltra posa en un mercadillo solidario. Jorge Barreno

¿Se debe regularizar la prostitución?

Sólo si permite ser a las mujeres libres. En ningún caso como trabajadoras por cuenta ajena porque eso es dar cobertura al proxenetismo.

¿Las drogas?

Cuál de ellas… estamos bebiendo cerveza.

Todas.

Es una cuestión que habría que abordar desde espacios geográficos amplios, como la Unión Europea. Ahora, habría que hacer grandes inversiones en educación, formación, prevención… El problema de las drogas es que nos esclavicen. Y eso es más fácil que suceda cuando se sacan de su contexto cultural.

¿Cuál cree que es el principal problema o el principal reto de España?

Hay dos grandes retos en España son económico sociales y territoriales. El Gobierno convirtió la lucha contra el desempleo en una lucha contra el déficit y la deuda, por eso rescató bancos en lugar de rescatar personas. Ligado a este problema tenemos que afrontar el reto de garantizar la protección social de quienes se queden sin trabajo. El otro gran reto es el territorial: hay que solucionar las tensiones territoriales. Esto de meter los problemas en el cajón a ver si se solucionan solos, como hace Rajoy, es absurdo. Defender la Constitución es defender su reforma…

…Luego, el gran problema del mundo, el reto de la humanidad, es el cambio climático. El discurso medioambiental está dramáticamente ausente de la política española. No estamos hablando de un problema que afectará al planeta en 200 años. Estamos hablando de un problema que afectará a nuestros hijos, a las personas que ya viven aquí. La sociedad de los cuidados, la transición ecológica de la economía, el I+D+i y la cultura son los cuatro pilares de la nueva economía.

La Comunidad Valenciana es la única autonomía pobre que paga a comunidades ricas

¿Cómo afrontaría la solución del problema territorial?

Empezaría por la financiación autonómica. La Comunidad Valenciana es la única autonomía pobre que paga a comunidades ricas. Esto es injusto y es una anomalía democrática porque somos cinco millones de españoles a los que se nos castiga. ¿Y por qué? ¿Porque no somos suficientemente beligerantes?

¿Deberían ser más beligerantes?

Estamos empezando a serlo.

¿Esa beligerancia puede dar alas a un sentimiento independentista?

Él problema es el sentirnos castigados. No hace falta un sentimiento independentista cuando es el Estado el que te independiza. ¿Por qué a Madrid, Barcelona y Sevilla se les financia el transporte metropolitano y a Valencia, que es la tercera ciudad de España, no? ¿Por qué no se invierte en el Corredor Mediterráneo con lo que lo necesitamos para generar riqueza en toda la cuenca mediterránea y en toda España? ¿Por qué recibe la Maestranza de Sevilla más dinero que la Ópera de Valencia? Este castigo permanente a los valencianos ahora genera tristeza, pero llegará un momento en el que generará indignación.

¿Y puede haber un problema de independentismo?

Ya ha generado un sentimiento valencianista, por eso el auge de Compromís. Los valencianos nos hemos hartado de ser de segunda y hemos estado callados demasiado tiempo.

¿Referéndum unilateral para Cataluña?

Los problemas se solucionan hablando y todo tiene arreglo. Yo empezaría por la financiación porque las Comunidades de la cuenca mediterránea son las peor financiadas: por este orden, Comunidad Valenciana, Cataluña, Baleares y Murcia. Solucionemos esto, vayamos paso a paso, exploremos una reforma Constitucional federal y con sus asimetrías y, si al final existe un posicionamiento político de independencia, pues habrá que valorarlo a través de las urnas. Pero ese debe ser el final del camino. Rediseñemos qué parte se queda el Estado y qué parte se quedan las Comunidades, que son las encargadas de velar por la felicidad de la gente.

¿No es la asimetría la que ha perjudicado a la Comunidad Valenciana, entre otras?

Asimetría no significa desigualdad porque todo el mundo no necesita lo mismo. Hablo de respetar y proteger la asimetría territorial y la igualdad en derechos. De lo que se trata es de garantizar que si naces en León tienes las mismas oportunidades que si naces en Cantabria.

¿Reforma Constitucional o proceso constituyente?

Nosotros defendemos una reforma constituyente: es decir, reformar partiendo de lo que ya tenemos, porque no hace falta quemar las naves, pero sin apriorismos ni tabúes.

El auge de la extrema derecha es dramático porque la socialdemocracia no encuentra su lugar

¿Tabúes como la unidad del Estado?

Hablemos. El reto es que todas las Comunidades se sientan a gusto en un proyecto común de Estado. A mí me parece importante que haya un proyecto común de Estado, del mismo modo que estoy a favor de que la UE avance hacia una mayor cohesión. El ámbito europeo es fantástico para plantear, por ejemplo, un Ejército común y no 28. Luego, las regiones, los länder, las Comunidades, son el ámbito perfecto para gestionar la sanidad y la educación.

¿Europa va en sentido contrario?

El auge de la extrema derecha y la derechización cada vez más extrema de los partidos conservadores son dramáticos porque la socialdemocracia no encuentra su lugar. El triunfo de los verdes en Austria ha sido una alegría: y ha sido gracias a las mujeres, ojo.

¿Es más cómodo ir en traje que con camisetas reivindicativas?

Yo ya iba cómoda con trajes. Me he puesto camisetas cuando no me dejaban expresarme, cuando pervertían las reglas del juego.

Mónica Oltra.

Mónica Oltra. Jorge Barreno

¿Ahora no las necesita?

No, ahora no necesito camisetas reivindicativas.

¿Es más fácil gobernar que hacer oposición?

Hacer oposición frente a un PP despóstico era muy difícil. Estar en el Gobierno no es fácil, pero te permite mejorar la vida de la gente, mientras que en la oposición sólo podíamos visibilizar injusticias. Ahora en la oposición están más cómodos porque no les tapamos la boca.

¿De qué está más satisfecha después de un año y medio gobernando?

Lo que más me satisface es que 20.000 personas dependientes que estaban en lista de espera ya están dentro del sistema. Había 46.000 personas en lista de espera y 20.000 ya están en el sistema. También me satisface que los libros de texto son gratis en la Comunidad Valenciana por la red de libros (xarxa llibres). Y haber eliminado el copago en centros de día. Y la protección del litoral, con el desastre que teníamos y la corrupción asociada al urbanismo. También estoy muy contenta de que Thyssenkrupp haya vuelto a Sagunto.

¿Asignaturas pendientes?

Hay muchas asignaturas pendientes, pero que en la Administración los plazos sean tan largos me desespera. Hay una excesiva burocratización. La burocratización relajó los controles y eso extendió la corrupción.

La corrupción es un síntoma; el virus es la debilidad de la democracia. 

¿Quiere decir que en parte la culpa fue de los funcionarios, que no controlaban lo suficiente?

La corrupción es un síntoma; el virus es la debilidad de la democracia. Si la democracia se debilita, gobernar se confunde con tener poder. Si el poder se sustantiviza el gobierno se convierte en despótico. Los funcionarios no tenían margen de actuación porque a quien se rebelaba se le purgaba. No hemos sabido blindar a los funcionarios y eso hay que hacerlo. Además, el informe técnico o la intervención decían una cosa y los políticos hacían otra.

¿Tiene coste en ideales el conocimiento de la praxis del gobierno?

Debo de ser una idealista irredenta porque no. Cuando entré en la Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas los dependientes que estaban en el sistema cobraban a los tres meses. Ahora cobran el último o penúltimo día del mes vencido pese a que los funcionarios me decían que no era posible. ¿Cómo? Insistiendo, con voluntad. El cambio ha empoderado a los funcionarios.

¿No afecta a su idealismo gobernar con un PSOE que desilusiona a sus votantes?

Es difícil gobernar en general, pero coincido con el presidente Ximo Puig en que nos gusta este gobierno de mestizaje.

En solitario puedes tener la tendencia a endiosarte o a pensar que tú eres mejor

¿No preferiría gobernar en solitario?

Pues lo hemos hablado alguna vez y no lo sé. En solitario hay menos inteligencia colectiva y puedes tener la tendencia a endiosarte o a pensar que tú eres mejor, cuando nadie es mejor que otro por tener prioridades o ideas políticas distintas. Es un aprendizaje muy bueno asumir que nadie tiene la verdad absoluta. Yo me crié en el norte de Europa y allí las coaliciones son muy habituales.

¿Entonces, una candidatura de unidad PSOE-Compromís?

Bueno, queda mucho para 2019, ahora hay que gobernar.

¿No lo descarta?

Yo en la vida he aprendido a no descartar nada. Pero cada uno tiene su proyecto. Yo creo que Compromís es tecnología política punta porque sí ha sabido entender la nueva política.

¿La política está en la calle, como dice Iglesias, o está también en las instituciones, como defiende Errejón?

Estar en el Gobierno permite cambiar la vida de las personas, pero nosotros también estamos en la calle. El Gobierno valenciano en pleno estuvo el otro día detrás de una pancarta en una manifestación contra la violencia machista.

Esa manifestación es muy fácil.

También estuvimos en una manifestación de Pobreza Cero.

Tampoco es muy difícil eso.

Pero luego nos obliga a ser coherentes.

¿Y quién tiene razón en ese debate Iglesias o Errejón?

Yo desde la oposición trabajé mucho en las instituciones, donde representas a todo el pueblo.

En Compromís hemos inventado la nueva política y solucionamos la diferencia de opiniones sumándolas

¿Es más de la cuerda de Errejón?

Soy de la cuerda de Compromís y creo que Iglesias y Errejón se complementan muy bien. En Compromís, que somos quienes hemos inventado la nueva política, solucionamos la diferencia de opiniones sumándolas, haciendo que no sean excluyentes. En la nueva política el 51% no se impone al 49%. Aunque algunos tenemos más visibilidad, nadie es más que nadie y a mí cualquiera me pone las peras al cuarto en una asamblea.

¿Y una candidatura unitaria con Podemos en la Comunidad Valenciana?

El componente electoral de la política cansa a la gente y es un problema. Yo tengo que ver cómo evoluciona la población y pensar a 15 ó 20 años vista antes de poner una residencia. No puedo ir pensando en las elecciones siguientes para tomar esa decisión, ni tomarla porque el alcalde es mi amigo o es de mi partido, como se ha hecho hasta ahora.

¿Y qué cree que va a pasar en España y en Europa en unas décadas? El envejecimiento de la población es un problema grave, no hay políticas de natalidad…

Esas son las decisiones de calado: hay que poner en el centro la vida, los procesos tecnológicos que quitan puestos de trabajo deben aportar empleo o tiempo para todos. Sí hay riqueza, el problema es que está mal distribuida. El problema es que la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen es cada vez mayor. Desde un Gobierno autonómico se pueden hacer políticas de proximidad, pero estas grandes cuestiones requieren decisiones a nivel europeo…

… El envejecimiento de la población es un problema. Las parejas tienen un hijo o medio porque no pueden tener más. Me temo que la UE está tomando decisiones contraproducentes con las migraciones. Las migraciones son un chollo para los países ricos, no son un problema como quieren hacernos ver. Viene gente formada a enriquecer tu sistema productivo.

La sociedad de los cuidados genera trabajo, empleo de calidad, bien remunerado y no deslocalizable

Pero mantener el estado del bienestar de una población cada vez más envejecida con sistemas asistenciales más caros parece inviable.

Eso es una equivocación. Invertir en asistencia es rentable, es muy rentable. La sociedad de los cuidados genera riqueza. El problema es que es algo que hemos hecho tradicionalmente las mujeres y por eso no se le ha dado importancia. La sociedad de los cuidados genera trabajo, empleo de calidad, bien remunerado y no deslocalizable. El retorno por cada euro público invertido en cuidar a las personas mayores o a los dependientes es de 1,4 euros. Creces un 40% por euro invertido, como mínimo, porque esa gente consume y paga impuestos. El austericidio ha eliminado la inversión de ese euro y con ello se ha cargado un motor de crecimiento potentísimo.

Usted es percibida como la versión amable de Pablo Iglesias.

Vamos a ver, primero estaba Compromís y luego llegó Podemos, eh. Me acuerdo de un artículo que escribí para una revista de la Universitat de València, mucho antes de que existiera Podemos, en el que defendía la necesidad de hacer una transición amable para un cambio profundo. Nosotros acuñamos esa manera de entender la política. Los estereotipos amargos o duros no sirven para empatizar.

¿Prefiere la ‘sonrisa de un país’ a la rabia y la indignación?

Prefiero vehicular la rabia y la indignación con una sonrisa.

España es demasiado grande, Compromís es muy de la ‘terreta’

¿Tiene recorrido Compromís más allá de la Comunidad Valenciana?

Nuestro ámbito natural es la Comunidad Valenciana. En las generales fuimos con Podemos porque entendíamos que tampoco era bueno que obligaras a elegir a la gente entre proyectos parecidos. Preferimos sumar porque sabemos sumar, pero España es demasiado grande, Compromís es muy de la terreta.

¿Se imagina compitiendo con Pablo Iglesias o con Ada Colau en una candidatura de unidad?

No, me imagino colaborando como hasta ahora, pero no compitiendo.

Pero sí se imagina de presidenta de la Generalitat.

Bueno, por eso me presenté como cabeza de lista de Compromís. Ahora estoy muy a gusto de vicepresidenta y tenemos los roles muy compartidos el presidente Puig y yo. Yo quiero que al presidente le vaya bien.

¿Le preocupa la crisis del PSOE?

Obviamente, y no comparto que se haya facilitado la Presidencia a Rajoy, que es el peor presidente de la democracia con diferencia: los recortes de 2012, la reforma laboral, la ley de educación, la ley mordaza… Han sido torpedos en la línea de flotación del Estado.

Pedro Sánchez planteó su pacto con Ciudadanos como un plato de lentejas

¿Y en esto de que gobierne Rajoy es más responsable el PSOE que Podemos, que dio portazo al pacto PSOE-Ciudadanos?

Yo creo que sí porque Pedro Sánchez planteó su pacto con Ciudadanos como un plato de lentejas. Creo que él se ha arrepentido, por lo que dijo en un programa de televisión. No es justo sentarse a negociar diciendo que tal o cual cosa es innegociable.

Pablo Iglesias lo hizo antes: anunció, tras verse con el rey, que quería la vicepresidencia y seis ministerios como condición para sentarse con el PSOE.

No lo veo igual porque quien tenía el encargo de formar gobierno era Pedro Sánchez. Además, creo que la propuesta de Iglesias no era innegociable. Se interpretó como una imposición pero, por lo que yo vi y por lo que el propio Iglesias me contó, fue el modo de decir que se iba a mojar, que se iba a comprometer. Pero ese error se pagó: tú tienes que respetar a la persona con la que negocias.

Mónica Oltra posa para EL ESPAÑOL.

Mónica Oltra posa para EL ESPAÑOL. Jorge Barreno

http://www.elespanol.com/espana/20161216/178732509_0.html

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“Soy prostituta y feminista”

Ofrecen servicios sexuales y no se sienten explotadas. Es su (polémica) lucha por la igualdad de género. Aquí dan la cara.

Fotografía por Michelle Gentile

Natalia no es de este mundo, como tampoco lo son los unicornios, las hadas y los trasgos. Para una buena parte de la población es imposible que exista una mujer así: que se prostituya por elección propia, sin presiones de ningún hombre, y con cierta pasión por su profesión. Pero lo que ya la convierte en una rareza absoluta para muchos es que, además, se considere una feminista. Una prostituta feminista, o lo que es lo mismo, alguien que lucha por la igualdad entre el sexo masculino y femenino y un justo reparto de roles.

¿Pero es posible? Por supuesto, porque Natalia, María o Amanda no son excepciones, ni son pocas, ni están carentes de opinión. Quieren que su voz se escuche. Son mujeres de carne y hueso. De carne y hueso que, según ellas, no está a la venta. «Nosotras no vendemos nuestro cuerpo, sólo ofrecemos un servicio sexual. Y punto», afirma Natalia Ferrari, una de las chicas más activas, sobre todo en las redes sociales, por la defensa de su libertad de elección y de su profesión: «La prostitución, cuando funciona con condiciones éticas, te ofrece pasar un buen rato con alguien que quiere estar contigo, con un pacto muy claro de lo que va a suceder en la cita y sin que haya complicaciones para ninguna de las partes», dice. A diferencia de la gran mayoría de mujeres y hombres que se dedican a este mundo, ella ha decidido dar la cara (literalmente) en esta lucha.

María Riot es otra de las prostitutas que mezclan su actividad con el activismo. Y tampoco oculta su rostro. «Sí, me considero una puta feminista. Veo a una parte del feminismo como una herramienta muy poderosa de empoderamiento. Nosotras nos creamos nuestro propio feminismo, el de las prostitutas, el más básico y necesario: el de poder hacer de nuestro cuerpo lo que queremos y luchar porque ninguna mujer le diga a otra lo que tiene que hacer con su cuerpo o sus genitales». María es también actriz de cine X, otro de los contextos donde los clichés machistas son más pronunciados: «Nosotras no vendemos nuestro cuerpo, primero porque es nuestro y no se puede vender, y segundo porque nuestra profesión no es otra cosa que ofrecer sexo a cambio de dinero».

¿Tiene sentido la lucha feminista en la prostitución? Probablemente más que en ningún otro ámbito, ya que puede tratarse de una de las trincheras más misóginas de la sociedad, un terreno de juego demasiado propicio para la cosificación de la mujer y su sumisión a los deseos masculinos. Pero el coste personal de esa pelea es elevado, así como el estigma. Y el problema es que los ataques (al menos los más dolorosos) no vienen casi nunca de los hombres, sino de las mujeres, de aquéllas que se consideran, como ellas, feministas: son las que, según la opinión mayoritaria en este movimiento, defienden que la prostitución es el hija del patriarcado y las prostitutas, mujeres sin escapatoria.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, presentó hace dos meses una guía destinada a medios de comunicación en la que recomendaba cambiar términos como prostituta o trabajadora sexual por «mujer en situación de prostitución», o clientes por «prostituidores» o «puteros». El problema es que la publicación no distinguía entre las mujeres que libremente quieren dedicarse a este trabajo y las víctimas de la trata, una de las peores lacras de nuestra sociedad.

En realidad, nadie sabe con certeza qué porcentaje de las meretrices ejercen por obligación y cuáles por elección. En 2010, Naciones Unidas calculó que una de cada siete mujeres prostitutas en Europa eran víctimas de trata. ¿Pero qué sucede con las seis restantes? Para esta guía del Ayuntamiento de Madrid son, de nuevo, como los unicornios. No existen. Pero hablamos de una de las grandes industrias del planeta, con más de 40 millones de mujeres y hombres que ejercen este oficio.

La primera vez. «Decidí dedicarme a la prostitución hace cuatro años», cuenta Ferrari. «Mi trabajo en un museo no aportaba nada a mi desarrollo personal, por lo que decidí dejarlo y buscar alternativas. Y me di cuenta de que el sistema laboral sólo me ofrecía más de lo mismo. No recuerdo muy bien cómo o por qué empecé a considerar la prostitución. Hablando sobre esto una amiga me confesó que era prostituta desde hacía un año. Tener su apoyo y escuchar su experiencia me reafirmó en que esté podría ser un trabajo muy empoderador. Eso y mi necesidad de pagar el alquiler me hizo decidirme. Como apunte diré que la primera vez sentí que tendría que haber empezado a trabajar como prostituta mucho antes».

María Riot tiene una historia paralela. Y una opinión similar: «Desearía haberme dado cuenta antes de que podía ser trabajadora sexual, en vez de pasar años como cajera de supermercado o en locales de ropa, teniendo que soportar jefes, cumpliendo horarios y haciendo tareas insalubres como estar parada sin descanso durante ocho horas seguidas».

Amanda Carvajal es una escort de lujo madrileña. No se considera feminista ni activista, pero lleva igual de mal las acusaciones de otras mujeres: «No conozco un trato más justo e igualitario que el que hay entre una prostituta y un cliente», argumenta. «Yo decido cuánto cobro, la duración de las citas y qué se hace y no en ellas. El cliente acepta y, si no le gustan las condiciones, simplemente el encuentro no se produce. Eso para mí es igualdad de género, pues es un acuerdo en el que tanto él como yo salimos ganando. Y mucho. Incluso, me atrevería decir que yo me siento más beneficiada que ellos, pues el increíble crecimiento personal que he experimentado gracias a mis clientes durante todos estos años es incalculable».

Varias asociaciones de profesionales del sexo, como Aprosex, Hetaira, Genera, Cats y Prostitutas Indignadas llevan tiempo defendiendo los derechos de este colectivo, la despenalización y la diferenciación clara con las redes de trata. «Me han criticado mucho por dar la cara y decir que me gusta mi trabajo y que es una opción laboral legítima», dice Natalia Ferrari. «Parece que si eres una prostituta empoderada no tienes derecho a manifestarte. Si eres una víctima, además, no tienes la capacidad de hacerlo y ya ellas lo hacen por ti».

María Riot se siente cansada del fuego amigo y «de las repartidoras de carnets de feministas». «Lamentablemente he recibido más críticas de mujeres que de cualquier otro grupo. También he visto las mismas etiquetas destinadas a alguna directora de porno con la que he trabajado». Riot se refiere a Erika Lust, autora de cintas que apuestan por una mirada femenina donde la mujer no es utilizada como un objeto sexual, toma la iniciativa y explora sus propios placeres: «Como directora de cine adulto, siempre he fomentado una serie de valores feministas delante y detrás de la cámara. Es decir, que no sólo hago películas donde el placer femenino importa y la representación de las relaciones sexuales es realista, igualitaria y respetuosa, sino que el proceso de producción es ético y fomenta la participación de mujeres en cualquier puesto de trabajo. Mi equipo está compuesto en un 90% por mujeres, desde la operadora de cámara, la ayudante de producción hasta la sonidista», dice una de las pocas cineastas de celuloide X para adultos. «Las mujeres también tenemos derecho a representar nuestra visión de la sexualidad. Muchas veces me dicen que es contradictoria con los valores feministas, pero nada más lejos de la verdad. Disfrutar del sexo explícito en pantalla no es algo intrínsecamente masculino. Creo que nos equivocamos cuando atacamos e insultamos a otras mujeres porque no coincidimos en algo, cuando en realidad podríamos hacer críticas constructivas y ayudarnos entre nosotras para poder debatir y repensar nuestro lugar».

Aunque la verdadera diana del feminismo más ortodoxo es la actriz porno Amarna Miller: «la feminista favorita de los machistas», según la define una de sus detractoras. La intérprete, poeta, escritora, fotógrafa y musa de Podemos está acostumbrada a recibir insultos de odiadoras de redes sociales, pero ella sigue dando la cara: «Dedicarte al trabajo sexual en una sociedad mayoritariamente machista es complejo y te hace enfrentarte a muchos estereotipos», comenta en el descanso de su último filme. «Es muy fácil teorizar sobre el trabajo sexual cuando nunca has estado en un set de rodaje, pero no tanto dar la cara cuando eres tú misma la que se enfrenta al estigma todos los días».

Vídeo polémico. Miller ha estado en la picota desde que protagonizó un polémico vídeo promocional del Festival Erótico de Barcelona donde denunciaba la hipocresía de la sociedad española: «Muchísimas de nosotras somos mujeres empoderadas que nos dedicamos a esto porque queremos. Hay sectores abolicionistas que no conciben que el trabajo sexual pueda ser una forma de empoderamiento femenino, mientras otras ramas del feminismo nos plantean que el trabajo sexual es una forma de recuperar el control sobre nuestro propio cuerpo y nuestra sexualidad».

Les molesta además el «acoso» a los clientes, que no deben pagar, según ellas, la persecución a la que se somete «desde el Estado» a las trabajadoras sexuales. «El problema de las leyes que persiguen a los clientes como si fueran criminales no es únicamente que los estigmatizan: es que nos hacen vulnerables a la violencia a nosotras», denuncia Natalia Ferrari. «El riesgo de multas hace que las profesionales trabajen en zonas más apartadas e inseguras. Muchas tienen que bajar tarifas, hacer prácticas sexuales que no quieren, o aceptar que les negocien el uso del condón. Si un cliente tiene miedo, no querrá darme su nombre real ni su número de teléfono y eso me pone en peligro porque dificulta mis medidas de seguridad. Está demostrado que perseguir la demanda no sirve para proteger a las mujeres, y fuerza a las putas a trabajar en condiciones lamentables, dándole poder a los agresores».

Además, no comparten la denominación prostituidor, ya que entienden que son ellas quienes toman la decisión de prostituirse, y no ellos. «La gente que contrata estos servicios busca disfrutar, sentirse bien, comprendido, respetado y poder desconectar», afirma Ferrari. María Riot añade que «es básicamente un intercambio económico por un servicio sexual, que muchas veces es más psicológico que físico y que muchas personas necesitan o desean. Es un trabajo que disfruto mucho y que me da muchas satisfacciones. Hoy en día no podría imaginarme trabajando de otra cosa».

La mayoría de estas chicas salen y entran en el trabajo sexual dependiendo de su situación personal o económica del momento. «Desde que empecé a trabajar, he dejado la prostitución varias veces», cuenta Ferrari. «Lo hago por desconectar o porque no es compatible con los proyectos de vida que tengo en ese momento. Una de las ventajas de ser prostituta es que puedes dejarlo y volver cuando quieras. Y siempre tendrás trabajo. No pienso en dejarlo a largo plazo, sé que cuando lo considere conveniente podré hacerlo y que también podré volver cuando me dé la gana».

http://www.elmundo.es/papel/historias/2016/11/30/583c18dcca4741ed098b4601.html

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En Navarra cerca de 2.000 hombres hacen uso de la prostitución cada día

Un estudio detecta que entre 700 y 800 mujeres y adolescentes ejercen la prostitución en Navarra – El INDJ publica una guía de sensibilización ante la trata de mujeres para explotación sexual, tras constatarse que se recurre al consumo a edad cada vez más jóven

PAMPLONA. Sólo en Navarra se estima que existe un flujo constante de entre 700 y 800 mujeres y adolescentes que ejercen la prostitución. Se trata de jóvenes mujeres procedentes de Nigeria, Rumanía, Paraguay, China, Brasil o República Dominicana, en su mayoría. Asimismo, se calcula que 2.000 hombres hacen uso de la prostitución cada día en la Comunidad Foral, sin que exista un perfil concreto de edad, situación social, familiar o procedencia.

Según Naciones Unidas, España es el primer país en Europa en consumo de prostitución, y el tercero en el mundo, por detrás de Puerto Rico y Tailandia.

Para contribuir a resolver esta realidad, el Instituto Navarro de Deporte y Juventud realiza una apuesta decidida por la concienciación de las personas jóvenes en materia de trata de mujeres con fines de explotación sexual. Con este objetivo está impulsando la difusión de una guía elaborada por la asociación Acción contra la Trata.

Según se afirma en la guía: “La trata es un delito que consiste en captar a través de engaños, falsas promesas o a la fuerza, a personas en cualquier situación de desventaja, con el objetivo de trasladarlas a otro lugar donde son explotadas y convertidas en mercancía. Se trata de una forma de esclavitud”.

Añade que “las personas en situación de trata pueden ser explotadas sexualmente, laboralmente, en el servicio doméstico, pueden ser utilizadas para contraer matrimonios forzosos, para la extracción y venta de sus órganos, para pedir limosna, etc.”

La guía informa de que España es el tercer país del mundo en consumo de prostitución, después de Tailandia y Puerto Rico. El 99,7% de los consumidores de prostitución son hombres. Las víctimas de la explotación en nuestras ciudades se mantienen apartadas, aisladas e incapaces de denunciar su situación por múltiples causas, entre otras, las amenazas que sufren ellas y sus seres queridos.

Cada vez más jóvenes recurren al consumo de prostitución como oferta de ocio

El esfuerzo del Instituto por sensibilizar a los jóvenes en este tema se basa en la comprobación que cada vez hombres más jóvenes recurren al consumo de prostitución como oferta de ocio, evidenciándose una escasa reflexión y responsabilidad acerca de la situación de las mujeres con las que mantienen sexo ocasional. “Esto, unido a la hipersexualización de la vida, la invasiva presencia de contenidos y valores del porno y la cosificación de las mujeres -continúa la guía- conforma un caldo de cultivo perfecto para la violencia machista, ejercida también ahora desde edades más tempranas”.

Esta guía se impulsa también como medida de prevención, teniendo en cuenta que la mayor demanda masculina genera también un incremento del acopio de mujeres para su explotación sexual, y que la trata se nutre muchas veces de mujeres en situación de vulnerabilidad.

La guía se compone de siete unidades didácticas que analizan algunos conceptos clave: violencia sexual, mujeres objeto, la trata y sus fases, el consumidor, el amor romántico, el reflejo de las mujeres en los medios de comunicación y el cambio social como realidad posible.

Como ha afirmado el director gerente del Instituto Navarro de Deporte y Juventud (INDJ), Rubén Goñi, “Tenemos el deber de que la juventud conozca esta realidad, esté preparada, se posicione y forme parte activa del cambio, demostrando que las relaciones igualitarias son la única fórmula que existe para la convivencia, el desarrollo personal y el de todas las personas.”

http://m.noticiasdenavarra.com/2016/11/17/sociedad/navarra/en-navarra-cerca-de-2000-hombres-hacen-uso-de-la-prostitucion-cada-dia

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Los mejores museos del sexo del mundo

Los mejores museos del sexo del mundo

Brasil abrirá Erotikaland para el 2018, un megacomplejo dedicado al dios Eros en el que, curiosamente, el sexo no estará permitido.

El hecho de que el sexo empiece a ser motivo para abrir parques temáticos entorno a él puede interpretarse de dos formas: como signo de su desestigmatización, o como prueba de su decadencia, ya que muchos opinan que estos lugares diseñados para el ocio son la pedrada en la frente, la puntilla a muchas actividades divertidas, acontecimientos históricos o iconos culturales, que pasan a ser ridiculizados y rentabilizados en enormes atracciones de feria con dudoso gusto.

Algunos han considerado que Brasil necesitaban de la existencia de un parque temático del sexo, concepto que pretende la diversión pero con una cierta parte didáctica. Así que para el 2018 se prevé que se abrirá Erotikaland, en la ciudad de Piracicaba, a un par de horas de Sao Paulo, y que se convertirá en el primer parque de estas características de toda Sudamérica. Incluso para los descontraídos y sensuales brasileños, la idea de instalar una Disneylandia del sexo en territorio nacional ha generado polémica. “No será un lugar para monjas, pero tampoco trataremos de recrear Sodoma y Gomorra”, ha declarado a los medios Mauro Morata, el hombre que está detrás del proyecto; mientras Matheus Erler, miembro del partido democristiano de Piracicaba, se muestra preocupado porque la localidad pase a ser mundialmente conocida como la capital del sexo. Pero parece ser que eso mismo, las relaciones sexuales, estarán prohibidas en el parque –por eso no habrá hoteles-, ya que lo que se pretende es un acercamiento lúdico-didáctico, pero nunca práctico, a uno de los instintos más primarios del hombre.

La entrada solo se permitirá a los mayores de 18 años, costará alrededor de 87 euros y se prevé que cada día 300 personas visitarán este parque temático sexual, que se muestra restrictivo respecto al sexo, pero que cuenta con diversas atracciones para hacérnoslo todavía más atrayente. De la que más se habla es de un cine en 7D, que convierte al espectador en casi participante de una película porno, con butacas vibratorias y sensación de frío y calor. Pero los 19 millones de euros de presupuesto dan para más: una piscina nudista, un tren de la bruja, pero con bailarines de ambos sexos danzando en cueros y con paradas dedicadas a distintas posturas del Kamasutra o juegos de cama; esculturas eróticas, autos de choque con formas genitales, una noria con cabinas desde las que se podrá observar el exterior sin ser visto, sex shops y restaurantes, en los que imagino los platos serán denominados con algún tipo de jerga erótica. Desde mi punto de vista, el menú de este parque recreativo no podía ser menos apetecible ni más tópico, y si alguna vez vuelvo a Brasil, creo que encontraré mil y una actividades más gratificantes y que me enseñarán más sobre el sexo, que pasearme por este, imagino, Primark de la lujuria.

Los parques temáticos del sexo, ¿evolución o decadencia?

Los parques temáticos del sexo, ¿evolución o decadencia?

Los asiáticos hace tiempo que tienen su parque temático del sexo, que está en Corea del Sur, entre los volcanes y cascadas de la isla de Jeju, a tan solo una hora de avión de Seúl. Durante generaciones esta isla fue uno de los destinos más demandados por los coreanos para pasar su luna de miel, por su paisaje y por su clima semitropical. Pero desde hace tiempo, los recién casados deben también visitar el Jeju LoveLand y hacerse fotos en alguna de las 140 esculturas sexuales hechas por los estudiantes de la Universidad de Hongik, en Seúl. Hay piezas para todos los gustos, pero por alguna extraña razón, todavía inexplicable, las mujeres tienden a fotografiarse con las amigas, sentadas en un enorme falo, en posición horizontal; mientras los hombres lo hacen con su bragueta justo detrás del culo de una mujer de piedra, colocada a cuatro patas. Cuando uno ha acabado la sesión fotográfica y ha subido las instantáneas a Facebook o se las ha enviado a sus amigos, siempre puede ver algún documental o exposición interactiva antes de abandonar el parque, que limita las visitas a un tiempo de 40 minutos.

China también proyectó su atracción entorno al sexo, que estaba situada en la villa de Chongguing. Junto a las obligadas réplicas de genitales y parejas en diversas posiciones coitales, algunas de tamaño gigante, proyectaba realizar exposiciones didácticas sobre aspectos de la educación sexual. Debía abrirse al público en 2009, pero acabó siendo demolido porque las autoridades decidieron que era una influencia negativa para la sociedad china.

Museos con vocación más científica, que sí merece la pena visitar

Mucho más interesantes que los parques temáticos, son los museos del sexo, que contribuyen a quitarle al término ‘turismo sexual’ todas sus connotaciones negativas y llenarlo de sofisticación e intelectualidad. Casi todas las ciudades importantes tienen uno.

El Museum of Sex, más conocido como MoSex, en Nueva York, es la delegación picante del MoMa, situado en plena Quinta Avenida. Un lugar al que hay que ir si se visita la Gran Manzana, para comprobar la profesionalidad y el refinamiento con que puede ser tratada esta cuestión, en el polo opuesto a la filosofía de los parques temáticos. El centro cuenta con una colección permanente de más de 15.000 objetos, que va ampliando y que incluyen piezas de arte, fotografías, revistas, muebles, ropas, máquinas sexuales o pinturas shunga. Pero además, el museo ofrece exposiciones temporales sobre los temas más raros e interesantes. Cuenta también con un espacio llamado Funland, una especie de cama elástica-piscina de bolas, en las que éstas han sido sustituidas por pechos hinchables, y un bar y una tienda en la que apetece comprarlo todo.

En EEUU, uno de los lugares más puritanos del globo, hay dos museos más, dedicados al sexo, a destacar. El Erotic Heritage Museum, en Las Vegas, la ciudad del pecado, ofrece un repaso a la historia del erotismo a través de diferentes frentes, desde portadas de Playboy o carteles de películas porno hasta figuras chinas del 1700. En Miami, elWorld Erotic Art Museum, en el distrito Art Decó, en South Beach, fue fundado por la ya fallecida Noami Wilzing, que dedicó su vida a coleccionar estas piezas eróticas. Entre ellas hay desde cuadros de Rembrandt, Picasso, Dalí o Botero, hasta elementos más kitch, como el arma de homicida, con forma de pene, de La Naranja Mecánica (1962).

La fundadora del museo erótico más grande del mundo, el Beate Uhse Erotic Museum, en Berlín, es otra fémina. En este caso, Beate Uhse, con una vida más que singular, ya que fue una de las primeras mujeres piloto de guerra del mundo y la que creó el concepto de sex shop. Uhse había trabajado con mujeres refugiadas en la Segunda Guerra Mundial y sabía de sus embarazos no deseados. Realizó un folleto titulado Letra X, que hablaba de métodos anticonceptivos y que repartía de puerta en puerta. Su antigua colección privada es la que forma hoy el museo, con especial enfoque en la erótica oriental.

El Musée de l’erotisme, en Paris, en el barrio de Montmartre, por supuesto, es uno de los más serios y rigurosos y pretende recopilar todo objeto o expresión artística relacionada con el sexo. Hay ídolos aztecas de la fertilidad, dildos de madera japoneses, películas porno del cine mudo; además de sus exposiciones temporales, algunas tan fascinantes como la de la historia de los burdeles desde el siglo XIX a la época actual.

En el l Museu de L’ Eròtica de Barcelona se pueden ver obras de Picasso.

En el l Museu de L’ Eròtica de Barcelona se pueden ver obras de Picasso.

La excelente relación que Barcelona ha mantenido siempre con el sexo se materializa en el Museu de L’ Eròtica de esa ciudad, situado en La Rambla, frente al mercado de La Boquería. Entre sus fondos permanentes destaca la vídeo colección erótica privada del Rey Alfonso XIII, un conjunto de películas que constituyen la edad de piedra del porno español, rodadas entorno a 1926 en el barrio chino barcelonés, para deleite de su majestad. Hay también una muestra sobre el Picasso erótico, grabados de la Suite 347, con temática sexual. Y un curioso apartado de fetichismo y sadomasoquismo, con extraños artilugios que parecieran proceder de un museo de la tortura.

Claro que si lo que se quiere es ver máquinas sexuales, hay que acercarse al Sex Machines Museum, en Praga, no suficientemente explotado por las oficinas de turismo. El lugar es todo un tributo a la imaginación humana a la hora de crear máquinas para incrementar el placer –The Throne es quizás la más extravagante-, pero también para reprimirlo, mediante cinturones de castidad o aparatos anti masturbatorios.

San Petersburgo ocupaba el primer puesto en el ranking de ciudades del mundo con mayor actividad sexual, según un estudio de Durex del 2013. Allí está el MusEros, que encabezó los titulares en 2004, cuando adquirió un pene humano de 30,4 cm, que supuestamente pertenecía a Rasputín. Lo más destacado aquí es la gran colección de parafernalia histórica, con un especial interés en la vida sexual de los ex gobernantes rusos; en la que Catalina la Grande, la ninfómana de la que se cuenta que copulaba con caballos, acapara un gran capítulo.

En Amsterdam está el Venus Temple, el museo del sexo más antiguo del mundo, en pleno Barrio Rojo. Una casa del siglo XVII alberga piezas de todas las épocas y culturas, con más detenimiento en la época victoriana, que pretenden indicar como el concepto del sexo es algo tan cambiante y subjetivo como los que lo practican.

Los mejores museos del sexo del mundo

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El morbo sexual de comprar ropa interior usada para excitarse

‘BOOM’ DE LA BURUSERA

“No soy un enfermo”, declara Pep, un fetichista que participa en este negocio importado de Japón. Algunas famosas venden su ropa íntima.

El boom de la burusera llega a España.

El boom de la burusera llega a España. Fernando Ruso

PEPE BARAHONA

Suena el timbre en un piso escondido en el laberíntico barrio de Gracia de Barcelona. Tras la mirilla espera el cartero con un paquete pequeño y delgado en la mano. Pep, un tipo alto, joven, bien parecido y con barba de varios días, abre la puerta y recibe el sobre acolchado de color marrón. Tras dar el portazo desprecinta con las manos el bulto y saca unas braguitas blancas de su interior. Las mira con detenimiento, se le ilumina la cara y se las lleva a la nariz. Aspira.

“Lo que me excita es que la haya llevado una persona. Me basta con tocarlas, olerlas o rozarlas por mi sexo. Me resulta satisfactorio”, detalla con normalidad este joven que prefiere permanecer en el anonimato. Pep no es su verdadero nombre. “Soy taxista y no quiero problemas”, aclara. “La gente no entiende esto”, se lamenta.

 (Vídeo: Fernando Ruso)

No se encuentra cómodo con la definición de fetichista aunque responda al enunciado. Su pasión es la ropa interior usada. La descubrió a los veinte años cuando la que por entonces era su pareja se dejó unas olvidadas en su piso después de mantener ambos relaciones sexuales. “Ella, extrañada por no encontrarlas, me preguntaba por si yo las había visto. Más tarde le confesé para qué las usaba”, confiesa.

“Las chicas suelen reaccionar bien. Normalmente las pido y me las dan, ellas piensan que las quiero como un trofeo. Aprovecho cuando se quedan dormidas para irme con sus bragas. Comprarlas, sí, algunas. Pero prefiero que haya conexión con la vendedora”, asegura. Ahora tiene cinco braguitas aunque ha llegado a tener más.

“No soy un enfermo”, defiende el fetichista. “No creo que haya nada de malo en ello. Me considero una persona normal y, bajo mi punto de vista, creo que esto no es algo extraordinario. Cualquiera puede pensar que soy un enfermo –recalca–, pero me da igual”.

Sin embargo, pocos conocen en su entorno esta afición por la lencería de segunda mano. “Se lo he contado a algún amigo, de noche, tras irnos de copas, y se echan a reír, no se lo creen”, recuerda este joven de anchas espaldas, extrovertido confeso, con facilidad –según dice– para ligar y entusiasta usuario del gimnasio. No tiene relación estable pero las ha tenido.

– ¿Qué es lo que te excita de la lencería usada?

– El tacto, sobre todo, el olor… es un cúmulo de cosas. La imaginación se dispara. No llego a extremos.

UNA TENDENCIA QUE VIENE DE JAPÓN

Pep no es un caso aislado, la burusera, término japonés con el que se define el fetichismo por la ropa usada, está bastante extendida por el mundo. Sobre todo en Japón, donde se registran las mayores transacciones de este tipo y país en el que incluso hay maquinas expendedoras de lencería sucia. En España, esta tendencia está en auge. Y cada vez más mujeres lo perciben como una oportunidad de negocio.

“Como decía Buñuel, la imaginación no delinque. Y hay que desdramatizar esta actividad”, reclama la escritora y periodista Roser Amills, vendedora de lencería usada. Tiene 41 años, una veintena de libros publicados y una vitalidad desbordante.

Roser Amills / Foto: Fernando Ruso

Roser Amills / Foto: Fernando Ruso

“Me parece interesante saber que aquellos que compran mis braguitas las usan como juguetes eróticos”, detalla entre las estanterías repletas de libros de la librería Taifa, en el barrio de Gracia. “Da la sensación de que repartes alegría sin hacer ningún esfuerzo y pienso que hay gente que sentirá gratitud hacia mí. Me alegra saber que en algunos casos, en personas que tienen problemas, ya sea por enfermedad o timidez, usan estas braguitas para tener una vida sexual que de otra forma le estaría negada”, esgrime la autora de Me gusta el sexo o Las 1.001 fantasías más eróticas y salvajes de la historia

“Ve a la página 109, a la cita de James Joyce”, dice. Expedito, el reportero abre el libro, que desprende un fuerte olor a tabaco, por la citada hoja. “Lee”, manda. Es una carta que el escritor irlandés escribe a su esposa Nora en 1919. “Compra bragas de puta, amor, y asegúrate de rociarlas con algún agradable aroma y también de mancharlas un poquito atrás”, señala el texto.

“También hay citas de Umbral, que era superfetichista, o de Sánchez Dragó”, aclara Amills, que defiende que el fetichismo de ropa interior usada se remonta siglos atrás en la historia.

Su lectura de esta afición va más allá de ser una práctica banal y la compara con el movimiento de las primeras sufragistas del siglo XVIII. “Se quitaron los corsés y fueron tildadas de vulgares y provocadoras porque hicieron algo que estaba mal vista en esa época. Me gusta recordar que siempre hubo pioneras y que la venta de nuestra ropa interior es una parte más en el proceso de liberación de la mujer”, argumenta.

En su casa, prepara el sobre para su último cliente. Dobla con cuidado unas braguitas verdes y con ellas introduce un ejemplar de ‘La bachillera’, su última novela. También una foto dedicada. Otras veces una piruleta. El comprador “me ha dicho que no es muy de leer, pero que se leerá este. Gracias a las braguitas he hecho un nuevo lector, ojalá compre muchos libros más, también más braguitas”.

En el rellano se topa con Rosi, una vecina de 71 años. “Yo las vendería, pero a mi edad… ¿quién las compraría? ¡Ahora llevo unas cacho bragas!”, confiesa entre risas. “Hay colecciones de muchas cosas, de sellos o de vinos ¿por qué no de braguitas usadas? Hay gente para todo. Y si las usa para aliviarse, pues mejor para él”, añade. “Y no hacen daño a nadie”, sentencia la septuagenaria, divorciada, con mucho sentido del humor.

Rosi Aulés / Foto: Fernando Ruso

Rosi Aulés / Foto: Fernando Ruso

La tesis de Rosi coincide con la del biólogo y sexólogo catalán Jordi Gascón, responsable de la web erotonomía.com. A juicio del experto, los fetichistas de bragas usadas “están tan enfermos como los que compran sellos, que es otro tipo de fetichismo. Lo que hace la enfermedad es la obsesión, ya sea por unas bragas o por unos sellos”.

En el siglo XIX, del psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing, autor de ‘Psychopathia Sexualis’, decidió que todo aquello que no estaba ligado a la reproducción era enfermizo. Antes había sido un delito y antes, un pecado: la sodomía. De ahí vienen las parafilias, que se traduce a paralelo al amor verdadero.

Los años han ido variando esta percepción y en la actualidad, usos como los juguetes eróticos, antes percibidos como enfermizos, se han normalizado. “Por eso no me gusta hablar de parafilias, sí de peculiaridades”, detalla.

Jordi Gascón / Foto: Fernando Ruso

Jordi Gascón / Foto: Fernando Ruso

EL FETICHISMO, UN PLATO DE ALTA COCINA

Y el fetichismo de ropa interior usada es “una forma de erotismo bastante elevada porque, entre otras cosas, no hay contacto directo entre las dos personas, sí hay relación a través del olor y necesita un grado de sofisticación muy alto”, explica el sexólogo. “Está muy culturizado”, detalla. “Y la imaginación juega un papel vital, porque la que ofrece su ropa supone lo que va a hacer el consumidor con ella; y el que la recibe, imagina lo que podría hacer con la chica que la ha llevado”, argumenta.

Si se tratase de gastronomía, esta forma de fetichismo sería un plato de alta cocina. “El erotismo en humanos es básicamente simbólico. Las cosas son más o menos eróticas en función del contexto en el que están. En este caso, estas prendas representan a la persona con la que nos gustaría establecer una relación”, defiende Gascón mientras pasea por una de las salas del museo erótico de Barcelona.

Placer para ellos y para ellas. “De la misma manera que el exhibicionista y el voyeur se complementan, existe como en todas las relaciones eróticas un doble camino entre el fetichista y la vendedora. Ambos disfrutan. Y para ellas es una forma de subirse la autoestima”, sentencia.

“Yo recomiendo que vendan su ropa interior usada a cualquier mujer, especialmente a aquellas que atraviesan momentos bajos, ya sea porque entre en la menopausia o una enfermedad, o simplemente que no se encuentre guapa”, diserta Gemma Vesta mientras que se baja las braguitas rojas de encaje hasta llevarlas a las rodillas. Lo hace en uno de los túneles del metro de Barcelona próximo a la parada Passeig de Gràcia, junto a la casa Batlló, obra de otro trasgresor, Antoni Gaudí.

El máximo representante del modernismo catalán y Gemma Vesta, vendedora de braguitas usadas, tienen algo en común: a ambos les gustan las curvas. Y ambos las exhiben, el primero en su obra arquitectónica; la segunda, en su perfil de Twitter, donde cuelga sus desnudos para que los vean sus más de 3.500 seguidores.

Hace cuatro años le detectaron un cáncer de mama. “Fue de un día a otro. El mundo se me cayó encima. Todo se modifica, también la piel. Y descubres que tienes que adaptarte a ella. Y una forma de quererla es sentirte sensual, ya sea vendiendo la ropa íntima o mostrando el cuerpo humano tal como es en cada etapa del proceso. Era una forma de cerrar la herida”, esgrime.

En su cuerpo, que todavía trata con medicamentos para superar el cáncer, ya no hay evidencias aparentes de la mastectomía. Tiene dos pechos, que exhibe sin complejos. “Es un juego y vender la ropa íntima también lo es. Me gusta saber que está en manos de desconocidos”, confirma. “Esta es una buena forma de fomentar el sentirte deseada”, explica esta contable de 48 años, de Barcelona, separada y con tres hijos.

“El hecho de vender tu ropa íntima y que alguien esté interesado te hace que tú misma tengas esa alegría que tenías cuando eras más joven y la sensualidad formaba parte de ti”, subraya.

UN NEGOCIO REDONDO

La ex actriz porno María Lapiedra / Foto: Fernando Ruso

La ex actriz porno María Lapiedra / Foto: Fernando Ruso

Más allá de un potenciar un estado mental positivo. La venta de lencería usada es un negocio en sí mismo. “Una vez llegué a vender un conjunto de braguitas y sujetador por 500 euros”, confiesa la ex actriz porno María Lapiedra, autora del libro Follar te vuelve loco, empresaria y colaboradora de televisión. La venta alcanzó esa cifra porque las prendas fueron usadas en Sálvame Deluxe y la ropa “tiene mucho más valor si ha salido en la tele porque así corroboran que te lo has puesto tú”.

En la web Secretpanties.com se pueden adquirir varios productos de María Lapiedra. Desde prendas que usó en su pasado como stripper a sus braguitas actuales.

“La gracia de esto está en el no saber a quién se lo estás vendiendo”, aclara. “Siempre he recibido muchos mensajes, vía email o Twitter, de hombres que querían mis braguitas, también zapatos o calcetines. Me decían que querían tener algo mío y yo les preguntaba que cuánto estarían dispuestos a pagar. Era una especie de juego”, explica.

Ahora, gracias a esta web, pionera en España en este tipo de productos, puede conseguir dinero y renovar su armario. “La compras, la usas y la vendes por mucho más que lo que te han costado. Y además te ahorras dinero en lavadoras”, ironiza. Además, “para mí es una forma de estar en contacto con el personaje de María Lapiedra”, confiesa María Pascual, su verdadero nombre.

Ella es una de las vendedoras VIP de esta web, que aúna a más de 900 vendedoras en toda España y que tiene a la venta más de 1.500 artículos entre braguitas, tangas o sujetadores. Todos usados y sin lavar. Desde que se lanzó, en el pasado mes de febrero, recibe la visita de 3.500 usuarios únicos al día con un tiempo de retención media de 5,29 minutos. Venden una prenda al día que cuesta, de media, unos 39 euros. “Somos el Instagram de las bragas usadas”, afirma Katia Ehlert, CEO de Secretpanties.com.

Katia Ehlert / Foto: Fernando Ruso

Katia Ehlert / Foto: Fernando Ruso

En apenas tres meses se han convertido en el mayor marketplace de lencería usada de Europa y estiman que pueden ser los terceros del mundo.

El éxito de los primeros meses los ha llevado a traducir la página a varios idiomas para poder acceder al mercado europeo, americano y entrar con fuerza en Japón, la meca del negocio de las prendas usadas.

“La idea nació ya hace bastante tiempo. Conocí a una modelo sueca que me contó que vendía sus braguitas a hombres japoneses a través de un blog que se había creado”, explica Ehlert. “Se sacaba dinero y cada vez trabajaba menos gracias a la venta de lencería usada. Me pareció extraño pero seguí dándole vueltas en mi cabeza. No terminaba de entender que alguien se gastase dinero en unas braguitas usadas”, añade.

Entre las vendedoras hay mujeres de todas las edades. Madres, embarazadas, jóvenes, estudiantes… “cualquiera que tenga ganas de vivir esta experiencia, que se lo tomen como un juego o que simplemente quieran un dinero extra”, explica Ehlert.

De otro lado están los compradores. “Teníamos la imagen de alguien oscuro, pero nos ha sorprendido saber que la mayoría de ellos son gente joven, trabajadores, estudiantes, con poder adquisitivo medio alto o padres de familia que simplemente despiertan sus fantasías sexuales con este tipo de productos”, detalla.

En el horizonte ya está el objetivo de alcanzar en un año un volumen de ventas de unos 70.000 euros al año. La escalabilidad del proyecto, de rápido crecimiento, ha convencido a cinco inversores de diversos sectores de la economía catalana.

VENTAS ANÓNIMAS Y DINERO FÁCIL

A pesar del éxito, “la sociedad no está preparada para un negocio como este. Pero estamos orgullosos porque estamos abriendo camino a un negocio que esperamos se normalice en el futuro”, afirma Ehlert, que explica que ha encontrado apoyos en su familia y amigos. “¡A mi abuela le encanta la idea! Le parece algo divertido”, subraya.

La web nace como respuesta a un problema: la venta en mano. Una práctica que pocos recomiendan. “Uno de los nuestros valores es el anonimato y la confidencialidad para compradores y vendedoras. Aconsejamos que se conozcan a través del chat pero que no den sus datos personales, por su seguridad”, recalca Ehlert. “Es importante que la gente se proteja. Nunca sabes quién es el que compra y las ventas en mano pueden ser peligrosas”, añade.

Con la confidencialidad protegida, muchas mujeres anónimas se han animado a poner a la venta sus braguitas. Ya no hay miedos y el negocio parece redondo.

“Es dinero fácil”, precisa Mary Thunder, una chica de 29 años que tiene cubierto su cuerpo por medio centenar de tatuajes. “La venta de mis braguitas es rentable porque me ayuda en mis caprichitos. No me limito a trabajar para pagar facturas. Así consigo vender un poco mejor”, completa.

Mary Thunder / Foto: Fernando Ruso

Mary Thunder / Foto: Fernando Ruso

En Secretpanties.com “pones una descripción del producto: tipo, material, uso que se le ha dado… Acompaño los mensajes de fotos donde aparecen las braguitas y ellos te van preguntando”, enumera Mary. “Lo normal es que me pidan braguitas con un uso de varios días y con restos de flujo, porque cuanto más tiempo de uso tiene, más precio pueden alcanzar”, detalla.

Su experiencia ha llevado a muchas amigas a hacerse vendedoras. “Son todo beneficios”, aclara. “Ellos son felices oliendo las bragas –concluye– y mí me interesa venderlas; una vez que las tienen en su poder, que hagan lo que quieran. Ya son suyas”.

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Los hombres también fingen: uno de cada cinco lo hace para acabar más rápido

Los hombres también fingen orgasmo

AMERICAN PIE

Un estudio revela que la televisión y el cine tienen mucho que ver en nuestros comportamientos y creencias sexuales

  • BEATRIZ G. PORTALATÍN

La memoria no alcanza a recordar cuántas escenas de sexo hemos visto en el cine y la televisión a lo largo de nuestra vida, sin embargo y con toda seguridad muchas de ellas nos han parecido poco menos que escenas de ciencia ficción. ¿Refleja verdaderamente la pantalla cómo son las relaciones sexuales del común de los mortales? Pese a a saber que lo que vemos no es más que ficción, las series y las películas nos han influido de algún modo en nuestras creencias y comportamientos sexuales. Más de lo que nos pudiéramos imaginar.

Según un estudio realizado por empresa Bijoux Indiscrets, más de la mitad de las mujeres (52%) reconoce haber fingido alguna vez un orgasmo, fundamentalmente por dar por finalizada una relación o por satisfacer a su pareja. Pero ¿qué pasa con ellos? Según esta encuesta, más del 20% de los hombres confiesa haber fingido alguna vez y el 20% lo finge para dar por finalizada una relación sexual. Sin embargo, somos reacios a cree que nuestra pareja lo haga: sólo el 10% de las mujeres y el 15% de los hombres creen que su pareja actual finge sus orgasmos.

Según las conclusiones de este trabajo en el que han sido encuestadas más de 1500 personas mayores de 18 años de todas las comunidades autónomas(aquí puede ver el estudio completo) la tele y el cine tienen algo (o bastante) que ver en estos comportamientos. De hecho, otros datos de este estudio dicen que el 66% de los participantes considera que las películas ofrecen una visión distorsionada del sexo y el 21,9% afirma que esa visión ha influido negativamente en sus relaciones sexuales.

Relaciones idílicas, pero falsas

Según explica a FCINCO Elisa Viegas, cofundadora de Bijoux y una de las responsables de este trabajo, las películas y las series muestran en muchas ocasiones unas relaciones sexuales idílicas donde la pareja se complementa a la perfección, llegan juntos al orgasmo y por supuesto, éste ha de ser el fin de todo acto sexual. Hay gente que por culpa de ellas ha crecido con una idea equivocada del sexo, pensado que el único fin de acto sexual es tan sólo llegar al orgasmo.

Tal es así que, según el informe, casi un 60% de las mujeres usan el gemido para excitar a sus parejas durante el acto sexual y un 42% de los hombres y un 30% de las mujeres consideran que, a medida que te acercas a un orgasmo, los gritos deben ser rítmicos y mecánicos.

“Las películas muestran el orgasmo como la principal fuente de placer, cuando realmente no es así. Está claro que tener un orgasmo es importante, pero no es lo único. Hay otras muchas cosas más con las que disfrutar en una relación sexual. Debemos ser nosotros mismos, no tener presiones de ningún tipo y ser libres en nuestra intimidad“, afirma Viegas.

Ellas, romancismo; ellos, porno

Aun sabiendo que lo que vemos es ficción, el 44,7% de las mujeres reconoce que preferiría que el sexo que ellas practican se pareciese más al de las películas románticas y el 38,2% de los hombres al de las películas porno. De modo que “el cine nos marca unos comportamientos a seguir, nos dice incluso hasta cuántas parejas sexuales son adecuadas o no, sin fijarte en lo que a ti te gusta o en lo que a ti te apetece. La comedia romántica What’s is number? (Dime con cuántos, en castellano) es un ejemplo de ello”, apunta Viegas.

Por ello, es imprescindible quitarse la presión que ejercen los medios y la sociedad sobre cómo debemos ser en las relaciones sexuales: “Nos sigue preocupando mucho lo que piensen los demás, también incluso dentro de nuestra intimidad y nuestro placer, y debemos ser libres y saber qué es lo que nos gusta, qué es lo que queremos y lo que no, sin dejarnos llevar por nada más, ni mucho menos por lo que nos dicen lo que es adecuado o no”, aconseja esta experta.

La vulnerabilidad de los más jóvenes

No cabe duda de que mucha de la realidad de las relaciones sexuales es bien distinta a como se proyecta en la ficción, y los años y la experiencia dan cuenta de ello. El despertar sexual y la curiosidad comienza en la adolescencia, justamente en la etapa más vulnerable del ser humano: todo lo que pase ahí influye de forma significativa en la forma de pensar, de comportarse y relacionarse.

Esta influencia que ejerce sobre los más jóvenes ha sido expuestas en la bibliografía científica. Un estudio elaborado por profesionales del Instituto Pacífico de Investigación y Evaluación de EEUU y publicado en el año 2012 enMedia Psychology mostraba que, efectivamente, los contenidos sexuales mostrados en la televisión influyen de forma directa en los comportamientos, expectativas y creencias de los adolescentes.

“Si la única educación sexual que se ha tenido en esta etapa ha sido lo que se ha visto en cine y en televisión es normal que se tenga una idea totalmente equivocada de los que son las relaciones sentimentales y sexuales“, afirma la psicóloga y sexóloga Ana Yáñez Otero, directora del Instituto Clínico Extremeño de Sexología. Si, por el contrario, “desde pequeño has tenido una buena educación sexual, sin duda tu vida sexual de adulto será mucho más feliz y satisfactoria”, añade.

Fuera mitos

Pero la tele y el cine no solo influyen en las relaciones sexuales en sí, también en las sentimentales, y en el modo y la forma de comportarse en ellas. Los medios actúan en los jóvenes como modelo de comportamiento, y en muchas películas, series y programas de televisión se siguen viendo los mismos mitos románticos de siempre (que si el príncipe azul, que si los celos son la mayor prueba de amor, que si la media naranja…). “Hemos de desterrar cuanto antes estos mitos porque no hacen más que reflejar unas ideas que para nada se corresponden con el amor”, recuerda Yáñez.

Las altas expectativas que tienen los chicos sobre el sexo hacen que luego se den de bruces con la realidad. No hay que olvidar que las primeras experiencias sexuales pueden condicionar las futuras.

Según explica Yáñez, si tienes unas altas expectativas sobre el sexo (por influencia por ejemplo, de los medios) y te das cuenta de que no es así, pueden aparecer inseguridades, falta de autoestima o determinadas exigencias que no deberían producirse. “Muchos chicos han aprendido que tienen que aguantar cuanto más, mejor, y si no lo hacen lo ven como fracaso, algo que mina su seguridad y autoestima y puede condicionar en próximas relaciones”, afirma la experta.

Lo ideal sería, por tanto, “apostar por una buena educación desde la base, sobre todo desde casa pero también desde los centros escolares”, concluye Yáñez.

http://www.elmundo.es/f5/2016/04/15/5711120ae2704e93358b4651.html

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Chuck Palahniuk y la industria del perfecto orgasmo femenino

Chuck Palahniuk y la industria del perfecto orgasmo femenino

orgasmo femenino

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Chuck Palahniuk, en Madrid, en 2010. GONZALO ARROYO

‘Eres hermosa’, la última novela del autor de ‘El club de la lucha’ se dirige a las mujeres feministas que promueven un completo empoderamiento de la sexualidad de la mujer y tiene un mensaje: “Cuidado con lo que deseas”

  • JAVIER BLÁNQUEZ
  • Barcelona

Snuff comenzaba con una actriz porno que estaba intentando batir el récord mundial de gang bang -o sea, sexo con varios hombres a la vez, en este caso contándose por centenares-, y Pigmeo nos presentaba a un terrorista que debía esconder sus intenciones reales a una familia americana que, muy amablemente, le había acogido en su casa. Los comienzos en las novelas de Chuck Palahniuk son importantes, no sólo porque proponen ideas escandalosas o delirantes que enganchan, sino porque en ellas está el germen de una literatura que, a partir del entretenimiento y la sátira, aborda casi siempre cuestiones que preocupan a la sociedad moderna. El sexo, la seguridad, el consumo, la pérdida de valores e ideales: se ha dicho de Palahniuk que es un nihilista, o un provocador, pero en realidad lo que hace es observar su mundo a través de una lente de aumento tan poderosa que termina por mostrarnos algo que no es la realidad en sí. Es una sección fea, incompleta, deformada. En cierto modo, Palahniuk se ha convertido en el gran maestro de lo grotesco.

Su literatura quiere ser, ante todo, venenosa, y aunque no mata, casi siempre irrita. Su última novela, Eres hermosa (Mondadori, 2016), no es una excepción: esta vez le toca recibir a la mujer. Bajo la apariencia de lo de siempre desde que debutó con El club de la lucha (1996) -o sea, una sátira del consumismo aborregado y la obsesión por satisfacer todos nuestros deseos hedonistas-, Eres hermosa es un artefacto pensado para mofarse de la moda reciente de la literatura erótica para señoras insatisfechas, pero también de los discursos feministas, hoy tan en boga, que hablan de ‘empoderamiento’, derecho al uso y disfrute del propio cuerpo para explorar los límites de la sexualidad y, como consecuencia de todo esto, un rechazo al hombre en tanto que representación de los males de la sociedad patriarcal.

Imaginemos que todo ocurrió así: un día, cae en las manos de Palahniuk un ejemplar de 50 sombras de Grey y su mente sucia empieza a maquinar una respuesta a esa aberración literaria y al boom de la literatura erótica que trae consigo. Si en el best seller de E. L. James tenemos a una chica insatisfecha que un día se cruza con un macho alfa con aspecto de follador excepcional, pero que en realidad es un aficionado a los latigazos y otras prácticas sádicas, en Eres hermosatenemos a Penny Harrigan, una joven que trabaja de becaria en el bufete de abogados más importante de Nueva York y que, lejos de trepar, lo que prefiere es sumergirse en la lectura del periodismo gonzo de Gloria Steinem o los ensayos feministas de Susan Sontag. Un día traba conocimiento accidental -y humillante: derrama varios litros de café de Starbuck’s sobre una moqueta carísma, lo que la deja con el culo al aire frente a sus jefes- con el hombre más rico del mundo: C. Linus Maxwell.

Podrían haberla despedido en ese momento, pero Maxwell decide invitarla a cenar. Ha visto algo excepcional en ella y no sabemos qué. A Maxwell la prensa le conoce como C.LiMax porque, cuenta la leyenda, es la bestia sexual más codiciada del planeta. Sus antiguas amantes -la reina de Inglaterra, la presidenta de Estados Unidos, la actriz más laureada del mundo- nunca superaron sus respectivos abandonos. No hay mujer que no esté obsesionada con Maxwell, pero Maxwell se fija en la becaria torpe y mal depilada que ha arrojado café hirviendo sobre sus zapatos. Podría ser el comienzo de una bella historia de amor, la reactivación del cuento de Cenicienta en la opulenta Manhattan.

También podría ser un episodio de Sexo en Nueva York, o una novela de la serie deBridget Jones, pero esto es Chuck Palahniuk, el tipo obsesionado con la asfixia, las reuniones de alcohólicos anónimos, las explosiones de edificios y los sedantes, o sea, un enfermo. Rápidamente la novela se transforma en algo más perturbador. No se trata ya de juegos sexuales al límite, como en la chick-lit con azotainas de E. L. James, sino de algo más retorcido: el perfeccionamiento del juguete sexual. Maxwell, después de haber hecho una fortuna en la informática, planea revolucionar el mercado de los geles estimulantes, las bolas vaginales, la estimulación clitoriana y los vibradores de última generación, de modo que Penny no se convierte en su amante, sino que es de facto su cobaya. Según Maxwell, ella tiene un sexo anatómicamente perfecto, ideal para experimentar la ducha vaginal -algo así como una presión palpitante de champán con sabor a frutas en la cavidad del útero-, la libélula y las bolas peruanas, unidas por un imán y que operan simultáneamente en la pared que separa el ano de la vagina. Parecen esos típicos objetos que aparecen en las películas japonesas hentai -dibujos animados eróticos-, donde se penetra a las mujeres con aparatos estrambóticos y tentáculos viscosos. Los orgasmos, pues, son prolongados, constantes y escandalosos, hasta el punto de que los juguetes de Maxwell crean una adicción poderosa en quien los prueba.

La línea de productos se llama Eres Hermosa (Beautiful You, en el original), y en el momento en el que salen al mercado provocan lo inevitable: millones de mujeres en todo el mundo deciden que ya no necesitan a los hombres para proporcionarse placer, y hay tal variedad de orgasmos, de tantas intensidades y duraciones, que el 98% de la población femenina acaba enganchada a Eres Hermosa y ven reducidas sus vidas al nivel Whitney Houston, o sea, el de adictas al crack, siempre tiradas en la cama o en un rincón sin hacer nada, sin hambre ni ganas de moverse, convertidas en desechos, en yonquis del orgasmo. El sueño feminista más radical -un mundo en el que los hombres no sean necesarios ni para procrear ni para complementar las relaciones sexuales- acaba, en manos de Palahniuk, ridiculizado por la vía esperpéntica e imagina una distopía al estilo Un mundo feliz, de Aldous Huxley, pero en el que la droga que controla a la población no es el soma, sino una diabólica gama de objetos para el placer íntimo.

Como en casi todas las novelas de Palahniuk, y Eres hermosa no es una excepción, se da una mezcla entre un punto de partida espectacular -tras varias novelas dedicadas a los fantasmas y lo sobrenatural, apetecía un regreso al Chuck pornográfico- y una escritura delirante, además de rica en tecnicismos anatómicos, con un desarrollo argumental cada vez más disparatado. Eres hermosa va de más a menos, la segunda parte de la novela es sencillamente un despiporre sin sentido -en el que aparece la única persona, una legendaria gurú sexual de más de 100 años (hoy la llamaríamos coach), que puede detener al malévolo Maxwell, tirano del mundo gracias a los orgasmos que provoca a distancia-. Nada que nos deba sorprender: Palahniuk siempre ha sido irregular en las culminaciones de sus novelas, pero extremadamente divertido de leer si aplicamos aquello que los ingleses llaman la “suspensión de la incredulidad”. Y en un momento de extremadamente corrección en el lenguaje y las ideas, está ese atrevimiento -que quizá sólo podría practicar él, porque está loco y porque, ya se sabe, es un escritor homosexual dicharachero al que se le puede tolerar la misoginia- al ridiculizar buena parte del dogma feminista, convirtiendo una de las aspiraciones revolucionarias del movimiento -la autonomía sexual, un mundo de placeres sin hombres- en una distopía descacharrante.

http://www.elmundo.es/cultura/2016/04/19/5715de88468aeb714d8b45cc.html

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¿Cómo convertir tu fantasía erótica en realidad?

Hacer una Fantasía Erótica realidad

Fantasía erótica

Fantasía erótica

La directora de cine erótico Erika Lust departiendo con uno de sus actores. ADRIANA SKENAZI

Si tienes ganas, tu deseo más íntimo puede convertirse en un corto pornográfico gracias a la red social de los seguidores de Erika Lust: X Confessions

  • REBECA YANKE
  • Madrid

El desconocido, el jefe, el profesor, el trío, la prostituta, la relación homosexual… Nada hay más íntimo, más propio, más personal, que la imaginación. Aquello que se da entre quien imagina y su cerebro. Aquello que se relaciona con lo irreal, con lo fantasioso, con lo imposible y con el deseo. Aquello, también, de lo que no se habla porque, según el último informe del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre la sociedad española ante el deseo y la sexualidad, elaborado en 2014,“una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres no se atreve a hablar de sus deseos sexuales”.

Por eso, cuando la directora de cine adulto independiente Erika Lust decidió rodar filmes inspirados en fantasías reales, llamó a su proyecto X Confessions, confesiones X, algo que sólo conocen esta cineasta de origen sueco afincada en Barcelona y la persona que decide contar su fantasía erótica. El lema es precisamente ése: “Entre tú y Erika Lust”. Es más, según el estudio citado anteriormente, “la vida sexual de los españoles ha permanecido oculta a lo largo de los años, tan solo tenían acceso a ella los sacerdotes y los médicos higienistas. Esta información pertenecía al espacio más íntimo de la privacidad, esfera que a menudo también era desconocida para la propia pareja”.

Ahora esa intimidad puede ser pública porque, desde 2013, Lust estrena un corto erótico inspirado en fantasías reales “cada dos semanas”. “Es mi proyecto más ambicioso, una plataforma de crowdsourcing erótica. Se me ocurrió tras percatarme de que todo el mundo quería contarme sus fantasías para que las filmara. Gente de todo el mundo me envía ahora sus historias eróticas, que pueden ser un recuerdo, una fantasía o un deseo. Las leo, elijo algunas y las transformo en películas”, resume. Tras tres años, son más de 130.000 los suscriptores de esta web de confesiones y, a día de hoy, “3.000 personas pagan” por ver las fantasías eróticas de otros.

La pregunta es: ¿Qué se desea? Y Lust responde en imágenes: acudir a lugares prohibidos y realizar actos que, presuntamente, también lo son, seducir a extraños, hacer el amor con desconocidos, acostarse con el jefe (o la jefa), tener una doble vida (la matrimonial y la adúltera), recibir un ‘final feliz’, hacer un trío y poder tocar ambos palos (hombre y mujer) a la vez, hacer el amor con tu pareja en la cocina vacía de un restaurante, o hacerlo en la casa de los vecinos, satisfacer a tu pareja con juguetes sexuales o dejarse controlar por una Dominatrix… Éstas son sólo algunas de las posibilidades. Sin embargo, una de las fantasías preferidas de Lust es una relacionada con la lluvia. Y no la dorada.

“Llegó una confesión sobre hacer tener sexo en autobús mientras llovía, y me tenía intrigadísima. Me fascinó al leerla e intenté rodarla durante una jornada de lluvia pero, al final, tuve que hacerlo en un coche y no en un autobús”. Ese fantasía contada sottovoce es ahora un filme de casi 12 minutos que se rodó en 2015: Car Sex Generation, la generación de los que practican sexo en el coche. Reza así la sinopsis: “Vivir con tus padres cuando tienes 20 años puede ser complicado por muchas razones pero, para mí, la principal es que no consigo tener intimidad, especialmente para compartirla con increíble y preciosa novia”. La única diferencia entre la fantasía anónima y el corto erótico es que, en lugar de haber sexo en un autobús, lo hubo en un coche. Los rodajes son complicados siempre pero si se trata de porno, cine erótico, adulto o como se le quiera llamar, aún más.

EL MUNDO asistió recientemente a uno de los cortos que se van a lanzar en mayo.Una confesión erótica que recreaba una historia de humo, alcohol y sexo en los años 40 del pasado siglo. La protagonizaban los actores Max Deeds y Zoe Davis, para los que, rodar con Erika Lust significa no rodar porno al uso. Según Davis, actriz porno de origen holandés, la diferencia fundamental entre “el porno mainstream y el trabajo de Lust es que en el de esta última hay pasión”. “Es maravilloso que Erika haga películas con las ideas que le dan sus seguidores, creo que es la mejor manera de mostrar lo que la gente quiere ver y, además, hay quien quiere ver porno más artístico”, sostiene esta mujer que, por un día, se convirtió enfemme fatale, tal y como soñó, tiempo atrás, una persona anónima.

Max Deeds opina igual. Fue su partneaire en el corto y reconoce a este diario que “hace mucho tiempo que deseaba trabajar con Lust”. “Tenía algunas escenas en las que consideró que yo podía hacerlo bien y, cuando me lo pidió, no me lo podía creer, sus películas tienen mucho de artístico y da muchas posibilidades actorales. Erika cuida hasta el mínimo detalle, todo tiene que estar perfecto a sus ojos. El resultado no es exactamente porno sino algo más erótico. Ha sido de mis mejores rodajes y estoy deseando repetir”, cuenta. Tanto Davis como Deeds son “maduros, inteligentes y disfrutan de una sexualidad positiva”: Esto es así porque éstas son las cualidades indispensables para que Lust elija a un performer para sus cortos.

“Tienen que conocer y entender las implicaciones de ser una estrella del cine para adultos y no simplemente actuar bajo un impulso o por presión personal o financiera. Suelo decir que en el cast de XConfessions están algunas de las personas más interesantes que he conocido en mi vida. Son personas impresionantes, inteligentes, con muchas pasiones diferentes, con muchas ganas y mucho valor. Así como en cualquier otra industria, para ellos el cine para adultos sólo es una faceta en su larga lista de intereses”.

Lust acostumbra a preguntar a los autores con quién se sienten cómodos trabajando – “si ellos están a gusto, entonces yo estoy a gusto, habrá mejor química en las escenas y el resultado será más erótico”- y muchos de ellos incluso le piden participar en XConfessions. “Se ponen en contacto porque les gusta el proyecto, la estética y la producción”.

EL MUNDO también puede confirmar las palabras de Deeds cuando afirma que Lust cuida hasta el detalle más pequeño, y también que el feminismo campa a sus anchas en los rodajes y en los resultados. Su equipo es casi por completo femenino. Y para Lust, no es posible desligar lo erótico de lo feminista. “Es primordial. Tenerlo en mente es esencial para romper estereotipos, para lograr escenas que sean realistas, bonitas y seductoras. Quizás debería aclarar a todos aquellos lectores que no estén muy familiarizados con el término que el feminismo no quiere decir la supremacía de la mujer, y que el porno feminista no significa que sólo disfruten las mujeres. Estamos hablando de igualdad, de ofrecer a la mujer la oportunidad de decir qué le gusta y de qué manera le gusta. La industria mainstream le deniega esto, y nosotras directoras mujeres se lo estamos devolviendo. Por ello, en mis producciones, le doy mucha importancia al placer de la mujer. También intento mostrar siempre a hombres y mujeres variopintos. En mis películas, hombres y mujeres reciben placer real, lo disfrutan de manera natural y elegante, sin caer en las máximas chauvinistas con las que estábamos acostumbrados», reflexiona.

El estudio del CIS que asegura que a muchas personas les cuesta confesar sus fantasías eróticas también sostiene que “el siglo XXI es el siglo del sexo virtual”. Sin embargo, el informe apunta que un 73% de las mujeres españolas sigue identificando “las relaciones sexuales con el amor, frente al 36% de los hombres”. “Ellas son las que en mayor medida se identifican con el ideal de amor romántico, en el que la sexualidad simboliza la unión de la pareja más allá del acto físico, mientras que ellos tienen una mayor probabilidad de vivir su sexualidad como algo más biológico e instintivo”.

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/04/23/57079e3822601dc4488b464c.html

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