Eva Vica: “No hago voluntariado, cobro por ofrecer placer”

Nuria Navarro

NÚRIA NAVARRO

Periodista

Eva Vica (Barcelona, 1986), educadora social, trabaja en una residencia para personas mayores con discapacidad intelectual. Acostumbrada a los cuerpos “abyectos” –que así los define, sin cosmética–, esos que se esconden porque ofenden al canon de la normalidad, hace un par de años se enteró de la figura de la asistente sexual de discapacitados. Probó y, desde entonces, hace un par o tres servicios por semana.

Una asistente sexual no es una prostituta. Para mí no hay diferencia.

Algunas colegas suyas defienden la diferencia. Eso tiene que ver con el estigma de puta. Yo no hago un voluntariado, ni un acto de altruismo. Cobro por ofrecer placer. Es prostitución. Solo que en el trabajo sexual hay especialidades, y la mía requiere un conocimiento de la logística, saber cómo movilizar a una persona que igual pesa más que yo, conocer las ayudas técnicas como la sonda gástrica, la mascarilla de oxígeno o la colostomía.

A la mayoría nos repelería. Porque no están acostumbrados, simple y llanamente. Como no lo estaba yo, ¿eh? El primer día que trabajé como educadora social me impactó la visión de personas a las que se les caía la baba, que gritaban y hacían movimientos estereotipados.

¿Puedo preguntar por el primer día como asistente sexual? ¡Llegué a pensar que tenía que haber pagado yo al señor! Era un invidente de nacimiento que no tenía ninguna dificultad para relacionarse a nivel íntimo.

No todos sus clientes son así. No. Una cosa es alguien con discapacidad física únicamente, que decide lo que quiere, y otra, la persona incapacitada judicialmente que no tiene autodeterminación.

Póngame un caso… extremo. El de una persona con una lesión medular causada por un accidente que le afecta la movilidad y la cognición. No por estar postrado y no poder hablar deja de sentir.

Tiene poco margen. No tener una erección no es una condena a no disfrutar del sexo. El sexo va más allá de la genitalidad. Está en el cerebro. Es cuestión de empatía, paciencia y tacto.

¿Y simultanea el empleo de educadora y el de prostituta? Sí. No puedo dejar mi empleo de educadora social porque una asistente sexual no tiene derechos laborales. En otros países es un servicio regulado y subvencionado por el Estado, aunque es el Estado quien define los requisitos para optar al servicio.

¿Qué requisitos son esos? No entra el coito. El asistente se limita a hacer lo que la persona haría con su cuerpo si no necesitara de la ayuda de otro. El autoerotismo, por ejemplo. Eso se puede reivindicar como un derecho humano, pero yo defiendo el poder acceder al cuerpo del otro.

¿Al suyo? Sí.

Placentero no debe de resultar. Claro que sí. Para mí no son sujetos pasivos. Yo les hago trabajar.

¿A qué dice ‘no’? (…) A determinadas complicaciones higiénicas y, sobre todo, cuando no se respetan los acuerdos a los que hemos llegado en la entrevista previa. A veces es complicado, no por el servicio en sí, sino por la familia, que es quien contrata y se siente con derecho a decirme cómo lo tengo que hacer, a preguntar detalles que me incomodan. Me he llegado a encontrar discutiendo con la persona implicada, la psicóloga y la educadora.

¿Y todo esto por 100 euros el servicio? Sí.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/eva-vica-hago-voluntariado-cobro-por-ofrecer-placer-5859492

Share

La estrategia para vender servicios de prostitución

EXPLOTACIÓN SEXUAL

‘Flyers’ y anuncios para publicitar el sexo de pago

Folletos sobre servicios de prostitución en coches de una calle de Madrid. JAVIER BARBANCHO 

Un estudio analiza los significados y valores que transmiten los folletos que publicitan sexo de pago

Se encuentran sobre todo en los parabrisas de los coches. O tirados por el suelo, alfombrando las aceras. Son folletos promocionales que, en lugar de electrodomésticos en rebajas o saldos de zapatillas deportivas, anuncian cosas como esta: Chicas nuevas en tu zona. Económico. Se trata de impresos con fotos de mujeres de alto contenido erótico y mensajes comerciales del tipo: Chicas. Servicio 24 horas. Salida a hoteles y domicilios. Al fin y al cabo, se trata de vender sexo.

Hablamos de las octavillas, una forma de publicidad que en los últimos años ha irrumpido con fuerza en España para promocionar la prostitución. Porque mientras la publicidad de sexo de pago está prohibida en Estados Unidos y limitada en Alemania, mientras en Francia y en Portugal los folletos comerciales de esas actividades son ilícitos, en España son perfectamente legales. Con el resultado de que esos volantes publicitarios (los flyers, como los llaman algunos ahora) inundan las calles del país y se han convertido en el principal vehículo con el que se anuncian los pisos privados en los que se ejerce la prostitución, las casas de citas.

Pero, como cualquier publicidad, esas octavillas que buscan vender sexo de pago son también una forma de comunicación que transmite significados, valores, modelos, actitudes y comportamientos. Y eso es justo lo que se analiza en un estudio que acaba de ver la luz, que lleva por título Flyers y anuncios de servicios sexuales en Madrid, que pertenece a un proyecto de investigación de I+D+I sobre trata de mujeres con fines de explotación sexual y que han realizado Carmen Meneses, Jorge Uroz y Antonio Rúa, todos ellos profesores e investigadores de la Universidad de Comillas ICAI-ICADE.

220 folletos analizados

Ese equipo ha desvelado las estrategias publicitarias que se emplean para vender sexo tras examinar con lupa 220 folletos de servicios de prostitución recogidos por las calles de Madrid. Se trata de anuncios que tienen a los hombres como claros destinatarios: de esas 220 octavillas, sólo unas pocas incluían también a parejas y únicamente una de ellas ofrecía servicios a mujeres. Pero cuando los investigadores se pusieron en contacto con el publicista, descubrieron que en realidad su clientela estaba compuesta por varones.

Para empezar, el estudio revela que esos folletos transmiten la idea de que los servicios sexuales de pago son un producto más de la sociedad de consumo, que gastarse el dinero en una casa de citas no es muy distinto de irse una tarde de tiendas y que las mujeres prostituidas son en ese sentido similares a objetos. De hecho, la investigación muestra que la palabra más frecuente en todos esos folletos es ‘euros’, lo que subraya su carácter comercial y consumista. Pero también palabras como ‘chicas, ‘años’, ‘añitos’, ‘recibo’, ‘independiente’ o ‘masajes’ son habituales.

Ya entrando en el detalle, en aquellos folletos de personas que se anunciaban como autónomas o independientes sobresalían las palabras ‘zona’,’ independiente’, ‘sola’, ‘años’, ‘discreta’, ‘foto (real)’… Cuando las que se anunciaban eran sin embargo un grupo de mujeres, las palabras más recurrentes eran ‘años’, ‘chicas’, ‘copa gratis’, ‘nuevas’, ‘hoteles’ y ‘domicilios’, para destacar que tenían ‘material’ recién llegado, mercancía nueva. Por su parte, en las octavillas en las que era una empresa o corporación la que ofrecía los servicios sexuales se enfatizan vocablos como ‘masajes’, ‘hoteles’, ‘copa’ y ‘relax’. Y en los flyers agrupados por los investigadores como ‘anuncios asiáticos’, las palabras más repetidas eran minutos y orientales. La referencia al tiempo es importante, ya que el precio varía según el tiempo que el cliente esté con la mujer prostituida.

La iconografía también es fundamental en este tipo de anuncios. Y como una imagen vende más que mil palabras, los volantes que publicitan sexo de pago recurren casi siempre a imágenes con una fuerte carga erótica. Hay tres tipos fundamentales de imágenes de mujeres en los folletos de prostitución: la mujer voluminosa y curvilínea (representada generalmente por mujeres de origen latinoamericano y asociada en la mayoría de los casos a quienes se anunciaban como prostitutas autónomas o independientes), las asiáticas (caracterizadas por sus rasgos aniñados) y las mujeres esbeltas, delgadas, con aspecto de modelos (típicas de los folletos publicitarios con empresas detrás).

“Los mensajes que se desprenden de los anuncios presentan la prostitución como algo voluntario, autónomo y recreativo, una imagen muy diferente a la de los mensajes institucionales, que la muestran como una actividad forzada, involuntaria o fruto de la trata de seres humanos”, concluye el estudio, en el que también se subraya como esos anuncios “contribuyen a una normalización y tolerancia de la oferta de servicios sexuales de pago”.

Explotación sexual

Sin embargo los autores de esta investigación sospechan que detrás de varios de esos anuncios hay explotación sexual o trata de mujeres. Es más: intuyen que es justo en los pisos y casa de citas que se anuncian a través de esas octavillas donde se concentra gran parte de la prostitución coaccionada que se produce en España. “Nos planteamos este estudio investigando sobre trata de mujeres y porque mientras en los clubes de alterne la policía puede llevar a cabo inspecciones y controles al ser locales públicos, en los pisos no puede hacerlo sin la preceptiva orden judicial al ser espacios privados. Sin embargo, quizás estos pisos deberían poder registrarse, como los turísticos, sobre todo para que no se produzca explotación sexual, coacción o trata”, afirma la antropóloga Carmen Meneses, una de las autoras del estudio.

Los investigadores empezaron a pensar que detrás de algunos de esos flyers podría haber coacción, explotación sexual o trata de mujeres cuando cotejaron la información del anuncio de la calle con la de las páginas de internet, los foros de puteros (sí, existen, y se dedican a valorar las prestaciones de las distintas mujeres prostituidas) y las llamadas telefónicas. Porque los autores del estudio llamaron a todos y cada uno de los 153 números de teléfono que en total aparecían en los 220 folletos que analizaron, aunque sólo lograron contactar con 58 de los anunciantes.

Aun así, descubrieron que el sexo oral se ofrece sin ningún tipo de protección siempre que, claro está, se esté dispuesto a pagar más por ello. “Sólo en dos casos nos indicaron explícitamente que todos los servicios se ofrecían con preservativo, para el resto el sexo oral era sin protección”, señala el estudio. Respecto a la penetración, en todos los casos se indicaba que era necesario el uso de condón. En todos… excepto en tres, y esos tres coincidían con anuncios de chicas asiáticas. Y el sexo de pago sin preservativo en algunos casos puede ser un claro indicio de que la prostitución es forzada.

http://www.elmundo.es/sociedad/2017/02/22/58ac80dfe5fdea96148b46a6.html

Share

En el interior de una escuela para prostitutas

 

Puta escuela II

Esta no es una escuela común. No es un lugar de los que escuchas hablar en las conversaciones sociales ni el tipo de curso que te recomiendan para salir de la monotonía. No es una clase para mojigatos ni tímidos. Esto es Aprosex, una ONG que realiza un curso para trabajadoras sexuales. 

Algunos la llaman la profesión más antigua del mundo. Es un trabajo del que todas las personas han oído hablar, al que muchos recurren para satisfacer sus necesidades físicas o emocionales y muchas otras lo ejercen, inicialmente, para solventar un problema económico. Sin embargo, la prostitución, a pesar de los grandes avances en derechos e igualdad de la mujer, no ha dejado de ser una profesión llena de estigmas. Para eso es esta universidad. Una de sus fundadoras habló con KienyKe.com.

“Mitos hay muchos, como que somos mujeres, adictas, alcohólicas, madres despreocupadas, que somos violadas y vejadas por nuestros clientes de forma sistemática. La realidad es que somos mujeres como usted, con nuestras familias, padres, madres, hermanas, hijas e hijos a los que llevamos y recogemos del colegio. No somos una raza extraña de mujeres, e incluso, lo más probable es que en su red más cercana de amigas o familiares, haya alguna trabajadora sexual que vive escondiendo cómo gana su dinero, por temor a ser juzgadas”, aseguró Paula VIP, una de las creadoras de este curso.

Esto precisamente es lo que busca Aprosex, luchar por los derechos y la reivindicación de las trabajadoras sexuales. Esta asociación fue creada en el año 2012 como la primera asociación gestionada por profesionales del sexo en España, entre ellos, gigolós, transexuales, lesbianas. 

Lea también: La historia de dos putas, una pobre y una rica

Durante los últimos cinco años se ha consolidado como el único colectivo en España que llevan a cabo un proyecto de estas características y que solo busca lo mismo que todos los colectivos de trabajadores del mundo: “Reclamamos nuestros derechos sociales, civiles y laborales, que a lo largo de la historia se nos viene negando por pura moralina. Las putas precisamos de los mismos derechos que el resto de mujeres. No queremos más, pero exigimos no tener ni uno menos”.

Un curso de estas características indudablemente ha de generar múltiples reacciones. Por un lado, las mujeres que se ven beneficiadas por el curso les han manifestado a las creadoras un alto grado de satisfacción no sólo porque les ha permitido adquirir conocimientos, sino también porque ha permitido generar una red de compañeras en las que pueden confiar; “Y eso siempre viene muy bien en este trabajo, que en muchos casos obliga a una soledad extrema, de nuevo, provocada por el estigma puta”.

Sin embargo, fuera del círculo de trabajadores sexuales, muchos otros se han opuesto con vehemencia. “Es evidente que los grupos abolicionistas han puesto el grito en el cielo”. El estigma las persigue, sin embargo, esto no es ni un límite ni un obstáculo para ellas “proteger y cuidar de nuestras compañeras es nuestra obligación, que se sientan seguras, fuertes, que actúen sin miedos y sin complejos, es nuestra prioridad”.

Partiendo de la primicia de que el trabajo sexual es igual a cualquier otra profesión, estas mujeres, prostitutas veteranas, han decidido compartir los conocimientos y estrategias que han aprendido con el tiempo y la experiencia. Para ellas, ser putas es un trabajo voluntario, que como cualquier otro, se puede aprender y mejorar.

Los cursos de Empoderamiento y Formación se dictan a las nuevas profesionales del sexo para que las mujeres y hombres que los tomen puedan trabajar de forma autónoma y, de esta forma, que sus ingresos les pertenezcan a ellos y no a un tercero; los temas que se abordan en la clase son amplios y variados: desde el estigma que alcanza a todas las mujeres que ejercen la prostitución, hasta cómo promocionarse en las redes sociales para obtener mayores rendimientos económicos.

Además: La prostituta intelectual

Según el temario del curso “Prostitución: Empoderamiento y Formación Básica para Nuevas Profesionales” publicado en la página web de Aprosex, los enfoques del curso son diez, y cuatro de ellos están enfocados en cuestionarse si están preparadas para ejercer este trabajo, mientras los demás buscan darles herramientas y trucos a las mujeres para poder ejercer esta labor: 1. ¿Por qué quiero dedicarme a la prostitución?; 2. Insistiendo…¿De verdad deseo ser prostituta?; 3. ¿Pensaste en los inconvenientes?; 4. Me siento preparada para ejercer esta profesión?; 5. Pequeños y no “tan pequeños” Trucos sobre Sexo; 6. Introducción al Estigma Puta y sus consecuencias anímicas; 7. La Profesionalización de las Trabajadoras del Sexo; 8. Fondos y Planes de Ahorro; 9. Hacienda y Seguridad Social; 10. Marketing para Trabajadoras Sexuales.

Los cursos tienen una duración de cuatro horas, se llevan a cabo los sábados y tienen un costo de 90 euros. Las clases se dan en grupos reducidos para permitirles a los participantes expresar sus dudas y necesidades y así adecuar la lección para ellos.

Aprosex

“Nuestra labor consiste, en gran parte, en formarlas en el aspecto de empoderamiento feminista, comprendiendo de este modo, que el poder lo ejerce siempre la trabajadora sexual y las pautas que debe seguir para evitar que el cliente intente una rebaja o que pretenda quedarse más tiempo del pagado”

Usualmente, las mujeres que deciden comenzar a ejercer como prostitutas se enfrentan a un panorama incierto: tienen que empezar un trabajo nuevo, en el que usualmente no pueden recurrir a ningún asesoramiento, no saben cómo deben actuar y se enfrentan a la desconfianza, temor, estigmas y  secretismo solas.

“Nuestras alumnas tienen mucho miedo a ser descubiertas por sus seres queridos, en primer lugar, y el segundo tema que más les preocupa es la seguridad. En cualquier caso, el acompañamiento es esencial y no termina cuando finaliza el curso, si no que se extiende en el tiempo para que las dudas y consultas que vayan surgiendo al comenzar el trabajo, puedan ir siendo resueltas desde la dirección de Aprosex”, dice VIP en diálogo con este medio. 

Sin embargo, este trabajo, además de las dudas y el miedo, también genera satisfacción. Sobre todo, al estar trabajando en lo que ellas decidieron de manera que no solo subsisten, sino también pueden llevar una vida digna, pagar sus facturas y alimentar a sus familias.

“No hay que ser de ninguna forma especial. Lo que sí es absolutamente necesario, es la formación específica, como en cualquier otra profesión. Porque esto es lo que somos, profesionales del sexo de pago”

Aprosex y Paula VIP defienden la dignidad de este trabajo. Afirman que la única diferencia que existe entre la prostitución y todos los demás trabajos es la moral “Se lleva a cabo un trabajo y se cobra por él. Fin del drama”. Según lo explica, las mujeres deciden qué servicios realizan y filtran los clientes que no les son gratos. Ellas deciden los tiempos y el precio. “Así que no es diferente de cualquier otro trabajo autónomo, a diferencia de que en el nuestro se cobra por adelantado. No hay impagos, algo muy habitual y poco castigado en España”.

Le  puede interesar:La prepago que inventa estudiar en Los Andes para ganar más plata

En España, el ejercicio de la prostitución no es ilegal, así que ellas pueden ejercerlo con tranquilidad. Sin embargo, se vulneran muchos derechos, como no tener baja por maternidad o que poder cobrar una baja si están enfermas. Paula VIP asegura que la moral de los políticos y las políticas no debería interferir en los derechos humanos, sociales, civiles y laborales de un colectivo de mujeres marcadas por el estigma de una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado, antes que legislar con sentido común, justicia y sabiduría. Sin embargo, hay casos de casos.

Los juicios y agresiones están presentes en la vida de estas mujeres constantemente. En la vida personal es difícil comunicarle a sus seres queridos cómo se ganan la vida, terminan inventando historias y mentiras para justificar el dinero que consiguen y el tiempo que le invierten. Se inventan una vida con la que tienen que cargar y revelar la verdad puede ser quitarse una cruz de encima o recibir un rechazo que las hiere profundamente.

Sin embargo, también aseguran que ser prostitutas ayuda a mejorar su vida: su situación económica mejora notablemente, son más independientes y disponen de más tiempo libre, regularizan sus pagos atrasados, pueden acceder a viviendas de alquiler o compra al poder darse de alta como trabajadoras autónomas. No existe ninguna diferencia con cualquier otra trabajadora; “a excepción del maldito estigma, ése que hace que deban mentir acerca de en qué trabajan, para que su círculo cercano no las juzguen, las intenten “salvar”, las discriminen o las avergüencen en público”.

Socialmente, hasta el mismo título que las caracteriza lo utilizan para insultar, pero a ellas no les importa.

“Somos putas, nos autodenominamos putas, porque puta es sólo una palabra. Quien la intenta usar como insulto, se encuentra al otro lado con una mujer que se reafirma como mujer disidente a la sociedad, con una luchadora por sus derechos y los de sus hermanas. Con una feminista convencida y valiente. Puta es una palabra sonora, radical, contundente que nos representa y nos honra”.

“Prostitutas y feministas”

Paula VIP solía ser contadora antes de darle otro rumbo a su vida. Lleva diez años trabajando como prostituta y tras todo este tiempo, no sólo afirma que le gusta su trabajo sino que también lo desarrolla “con mimo” hacía ella misma, sus clientes y compañeras.

Afirma que ser puta ha cambiado su vida a mejor: “He conocido a mujeres increíbles, empoderadas completamente que me han abierto los ojos en lo que al feminismo se refiere y puedo, desde mi posición de profesional del sexo, hacer mucho bien a otras compañeras menos empoderadas, a las novatas, a las que siempre trabajaron para terceras personas, a que por fin se queden con el 100% del dinero que ganan. Este trabajo me llevo a estudiar terapias sexuales, que es mi otra profesión y dejar definitivamente mi antiguo trabajo en contabilidad”.

Para ella, la prostitución es el trabajo donde el patriarcado tiene menos que decir. Ellas mandan y toman las decisiones mientras el cliente asiente y paga; “Así es como las putas han trabajado  a lo largo de toda la historia”. El referente social y cultural de las putas son las cortesanas y hetairas; ellas, como profesionales, dicen declararse muy por encima del sometimiento masculino. “Ellos saben quién manda”.

En su opinión, la institución que mejor vela por el patriarcado es el matrimonio, mientras que la trabajadora sexual define que desea hacer, cobra por adelantado y los pacta por adelantado, “despojamos al hombre de ropa, lo dejamos reducido a su mínima expresión y le instamos a irse cuando pasó el tiempo acordado”.

“Las putas somos feministas en defensa propia contra los grupos abolicionistas a los que tanto les molesta que nos ganemos la vida. Obviando que nosotras deberíamos tener todos y cada uno de los derechos que ellas ostentan y que a nosotras, nos deniegan sistemáticamente”. Además, cuestionan que tan feministas pueden ser quienes las critican y arremeten entre ellas en vez de luchar a su lado para mejorar sus condiciones laborales.

Finalmente, sobre cómo esta profesión ha cambiado su vida y la de las mujeres que la ejercen, sobre como su vida ha evolucionado, afirma: “Ya no somos tan “normales”, ya nos desprendimos de las casposas reminiscencias que la sociedad nos hace creer si ejercemos trabajo sexual. Somos más fuertes que antes, somos mujeres libres, feministas, compañeras en la lucha, madres, hijas, hermanas.

Tal vez seamos menos “normales” porque las abolicionistas nos han hecho crecernos ante la adversidad de sus críticas feroces, de sus moralinas de tercera regional, de su concepción de una sexualidad monógama y concéntrica, de un mito del amor romántico enfermizo y que refuerza la figura del macho sobre una mujer dominada”.

http://www.kienyke.com/historias/prostitutas-feministas-y-una-escuela/

Share

El Supremo delimita la diferencia entre alterne y prostitución: si hay sexo no hay relación laboral

En una sentencia reciente obliga a un empresario a reconocer como trabajadoras a varias mujeres que ejercían el alterne en un local

Son varios los fallos que definen el alterne como la captación y acompañamiento de clientes y constatan que se trata de una actividad laboral

 
Las trabajadores de los clubes que no ofrezcan sexo deben cotizar a la Seguridad SocialLas trabajadores de los clubes que no ofrezcan sexo deben cotizar a la Seguridad Social

Alternar y prostituirse no es lo mismo y no tienen las mismas consecuencias, tampoco en términos de derechos laborales. El Tribunal Supremo dictó hace unas semanas una sentencia en la que marca la diferencia entre una actividad y otra: si hay sexo no es posible reconocer una relación laboral, es decir, esa persona no es una trabajadora. Si no hay sexo y solo alterne, esto es, captación de clientes, acompañamiento y consumo de copas, sí existe relación laboral entre quien ejerce la actividad y quien regenta el local donde se produce.

La sentencia, de la ponente María Luisa Segoviano, de la Sala de lo Social, resuelve un recurso de casación para unificar doctrina. El origen del conflicto es una inspección de trabajo llevada a cabo en club. Fruto de esa visita, la inspección obligó al empresario a reconocer la relación laboral que le unía a doce mujeres que realizaban “la denominada actividad de alterne” en el local. El empresario recurrió y el asunto llegó al Supremo, pues la defensa aseguraba que una sentencia anterior no reconocía la laboralidad a varias mujeres que ejercían la misma actividad y existía, por tanto, una contradicción que resolver.

El Supremo no ve contradicción alguna. En una sentencia anterior, de 2008, se desestimaba la relación laboral de 14 mujeres extranjeras que ejercían la prostitución en un local que también fue visitado por la inspección. La magistrada subraya que en ese caso la actividad principal de esas mujeres era la prostitución “siendo, por lo tanto, de imposible calificación dicha relación como laboral”.

En este caso, sin embargo, las mujeres ejercían el alterne –”consistente en en captación y entretenimiento de clientes, induciéndoles a realizar consumiciones y obteniendo por ello una contraprestación económica”–, pero no la prostitución. Es decir, son trabajadoras que deben estar dadas de alta en la Seguridad Social. 

Es decir, si hay sexo, no puede reconocerse que existe una actividad laboral y, por tanto, el empresario no tiene que dar de alta en la Seguridad Social, algo que sí sucede con el alterne. “La frontera entre alterne y prostitución es muy tibia. Los jueces parten de los hechos que se pueden probar, en este caso que hay alterne, pero no prostitución”, resume el catedrático de Derecho del Trabajo Eduardo Rojo.

La magistrada de lo social y presidenta de la Asociación de Mujeres Juezas, Glòria Poyatos, va más allá: “El alterne es inescindible de la prostitución, forma parte de ella”. La vía de conceder derechos laborales a las trabajadoras del alterne es, dice Poyatos, una forma de proteger de facto a mujeres que ejercen la prostitución, puesto que el ordenamiento actual impide dar de alta a mujeres como prostitutas y reconocer su ejercicio como una actividad laboral. 

Esta no es la primera sentencia ni el primer pronunciamiento del Tribunal Supremo al respecto. Desde los años ochenta existen fallos que definen el alterne como una actividad que anima el baile e incita a la consumición y que la consideran una actividad laboral. Sentencia a sentencia, el límite se ha marcado en el acceso carnal. 

Para que el alterne se reconozca como actividad laboral por cuenta ajena, las sentencias marcan ciertos requisitos, como la existencia de un horario aproximado o adaptado al del local, y que exista una contraprestación económica, aunque esta proceda de la consumición de las bebidas.

http://www.eldiario.es/economia/Supremo-delimita-diferencia-prostitucion-relacion_0_610339227.html

Share

Marconi, a carne y fuego

  • El polígono del sur de Madrid es el mayor prostíbulo a cielo abierto de España

  • Allí trabajan día y noche, a veinte euros el servicio, 400 mujeres. Muchas son esclavas sexuales de las mafias

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes.

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes. / Alberto Ferreras

FRANCISCO APAOLAZA

Sobre la acera en la que se ofrece, la mujer ha pergeñado un humilde fuego en el que arden las astillas de un palé de madera roto. Desde un cielo nublado y naranja, industrial y descarnado, desciende, tenaz y cansada, una lluvia que todo lo empapa. La Venus de Milo del Sur de Madrid ha colocado sobre la hoguerita dos tablas de contrachapado que se sujetan una con la otra como un tejado y cubren su lumbre para que el agua y la noche no la apaguen. Posa casi desnuda. Viste un tanga y unos tacones de charol blanco. Todo lo demás es piel erizada y mojada, y sus dos pezones se han contraído por el frío y el agua. El paraguas claro descansa sobre el hombro derecho y ella ladea sobre él la cabeza y suspende la mirada en el vacío, como esas chicas de los jardines de Renoir. Para aprovechar el calor, ha doblado su cuerpo en cuclillas encima del fuego y, sentada sobre los talones, ha abierto las piernas sobre la llama que calienta sus muslos y su sexo, de manera que parece que la mujer está pariendo un puñado de brasas. Desde el otro lado de la calle se puede sentir su perfume mareante de canelas, melocotones y pachulíes que sube de nota conforme uno se acerca a ella. «¿Qué quieres, guapo?», pregunta con amabilidad aunque sin excesiva cercanía. Aleksandra nació en Rumanía, tiene 23 años y ofrece sus servicios de puta en Madrid en el supermercado de la carne, el mayor prostíbulo a cielo abierto de España, un mar de esclavas y de kleenex usados que se conoce como Marconi.

Siete de la tarde. Unas manzanas más allá, aún recorren las calles chavales con mochila y bocadillo de chocolate que se desfogan en brincos y carreras después del colegio. Una calle separa dos galaxias distintas. A un lado, la inocencia familiar de cualquier urbanización de Madrid a esa hora, el terreno de la indignación vecinal. Al otro, chisporrotea el fueguito de Aleksandra, que es uno entre cincuenta como los faros de una costa desconocida, oscura, atroz y amenazante. Cada pocos metros se eleva una hoguera en mitad de la noche. Cada fuego alumbra el cuerpo de una mujer. En las calles del polígono no hay fábricas, pero sí coches. Circulan despacio porque allí siempre es hora punta. Son cientos. Reducen la marcha para ver de cerca la mercancía, lanzan un grito desde la ventanilla, negocian el precio y, poco después, paran a un lado de la carretera. A través de las ventanillas se adivinan siluetas en diversas posturas, un porno de sombras. Después, ellas bajan y caminan de nuevo sobre una acera tapizada de pañuelos de papel y los coches vuelven a circular.

El mapamundi del sexo

Se calcula que 400 chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato. Esta es una selva antigua, crecida después de que se desmantelara la Casa de Campo, el tradicional caladero de la prostitución madrileña. El mapa del sexo está dividido por países. El corazón de esa geografía es la zona de las hogueras, pero el reino del sexo va mucho más allá. En las afueras de esa ciudad sin ropa, otras chicas remiten a placeres más furtivos. Casi no se las ve. En el extrarradio de Marconi, en un rincón sin luz aguardan los rostros hipermaquillados, fecundos y casi selváticos de las transexuales y la belleza furtiva, discreta y frágil de media docena de muñequitas de porcelana oriental. Allá están las chinas. Más acá, el suelo lo ocupan las rumanas, algo más lejos las ecuatorianas, nigerianas… Cada esquina y cada trozo de acera tiene un dueño, un color de piel y un acento distinto. El producto está ordenado y mapeado en los foros puteros de internet donde aparece el color de piel, el aspecto, el nombre y hasta los servicios que ofrece cada una de ellas. «Aquella acepta no usar preservativo…».

Cada palmo de terreno es un bien codiciado que tiene dueño. Lo controlan las mafias. En cada puesto se relevan las chicas, que pagan un canon de sus beneficios a los señores feudales de ese asfalto. Ellas mismas están controladas en su mayor parte por las mafias y las vigilan otras veteranas. Algunas mujeres pasean entre ellas, les llevan tabaco y por supuesto, cuentan los clientes y las ganancias. Su gesto es servil, pero en realidad son la cadena en el tobillo. Los chulos no se dejan ver. Algunos controlan desde las atalayas de los edificios, en habitaciones calientes lejos del frío y de la lluvia. También vigilan a los reporteros desde furgonetas blancas. Uno de ellos, de pronto, recorre la acera a pie camino de ninguna parte para dar su mensaje a las chicas y al periodista: os estamos vigilando.

Ninguna quiere hablar. Caderas anchas, pechos asomando tras una red de encaje, pongamos que se llama María. Se excusa -«estoy trabajando»-, pero acepta llamar al reportero más tarde. La conversación tiene lugar al día siguiente camino de la farmacia: «No quiero hablar. Tengo mucho miedo». La mayor parte de las chicas no pasa del anuncio de su tarifa. Cuesta creer que aquella veinteañera de metro ochenta de las piernas largas y los ojos de hierbabuena, esa mujer que podría estar en una pasarela o bailando de gogó en una discoteca, esa diosa eslava esté allí pasando frío y haciendo sexo dentro de un coche por veinte euros. Se calcula que son 400. A cuarenta servicios por cabeza, cada día en Marconi sale a 16.000 polvos. A estas alturas del reportaje se habrán imaginado que en esas calles hay más ley que la de la oferta y la demanda.

Sobre cada par de tacones se erige un edificio quebrado, una historia que salió mal. A Lis se le torció la vida el día en el que la echaron de su trabajo de secretaria en un despacho de abogados de Sao Paulo, en Brasil, y de un golpe se le acabó el dinero para pagarse la carrera de Derecho. En esa mala hora conoció a una chica que le ofreció una solución: viajar a Europa a trabajar de camarera y a cuidar niños y viejos. «El plan era ganar en un par de años lo que le costaría después acabar la carrera». Aquella chica fue trabando relaciones de amistad con la gente de Lis y alrededor de ella tejió la tela de araña de la confianza. Pasó un par de meses sopesando la decisión. No suponía entonces que unos años más tarde terminaría esnifando cocaína con un cliente en una cuneta de Villaverde.

Quizás podría haberlo sospechado cuando a las siete chicas del grupo les dieron las instrucciones del viaje: llevar 500 euros encima para justificar ante la Policía de Extranjería que viajaban a Europa de vacaciones, disimular y no dar señales de que conocían a otras chicas. Brasil, Italia, Portugal… Comenzaron a moverlas. «La primera semana nos trataron como reinas». Vivían juntas en un piso, pero el trabajo prometido no llegaba. Entonces, la chica no fue tan simpática. Las reunió en un salón del chalet y, rodeada de cuatro matones, les confesó que ese viaje no era el que habían pensado: «Nos dijo que allí no habíamos venido a cuidar ancianos, sino a ejercer la prostitución». Les quitaron el pasaporte. En ese mismo instante de desconcierto comenzaron las amenazas y las palizas. También les dieron otra noticia: debían 5.800 euros. Entonces Lis ya podría añadir a su currículum un trabajo de esclava sexual en una red de trata de blancas. Pese a todo el dinero que ganaría en adelante, nunca darían esa deuda por satisfecha, así que viviría atrapada por las redes criminales.

El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: hasta 50.000 euros por traerlas a España, en la mayor parte de los casos en condiciones infrahumanas y jugándose la vida. Diversas organizaciones han llegado al consenso de que ocho de cada diez prostitutas de las que trabajan en España (se calcula que son 300.000) no lo hace por su propia voluntad y está en manos de los proxenetas y de las mafias, sobre todo rumanas, brasileñas y españolas. No son todas. En 2015 nació en Madrid la Asociación Feminista de Trabajadoras del Sexo que reclama el papel de las mujeres que ejercen libremente.

Drogas por fuerza

«Antes que a Marconi nos llevaron a Sevilla, a una casa. Nos enseñaron a beber mucho alcohol y a usar drogas, porque así los clientes gastaban mucho más. Salvo pincharnos, nos obligaron a tomar todas las drogas». Las adicciones son comunes entre las mujeres. En agosto encontraron a una de ellas muerta por una sobredosis en el polígono. Llevaba dos días cadáver. Ese mismo mes, la Policía encontró el cuerpo de un hombre de 70 años que había fallecido al parecer de un infarto mientras se encontraba consumiendo drogas con una prostituta.

Cuando estaban ‘formadas’, las trajeron a Madrid y anduvieron de aquí allá. «Cada veinte días cambiábamos de ubicación porque los clientes quieren siempre carne fresca». Hay que mover la mercancía, así que cada cierto tiempo cambian. Rocío Mora, de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Ayuda a la Mujer Prostituida (APRAMP), admite que un gran porcentaje de las chicas «no sabe ni en qué ciudad está».

Al cabo del tiempo, Lis llegó a Marconi y se vio junto a una de esas hogueras. «Pareces muy libre porque enseñas las tetas, pero en realidad allí no hay libertad ninguna», explica. En esa ciénaga de asfalto, se sentía vigilada constantemente por las chicas y también por los proxenetas que observan la maquinaria tras los cristales de un asador cercano. Cada día tenía una misión: cuatrocientos, quinientos, seiscientos euros. Un servicio son 20 euros, pero no siempre. «Hay mujeres deterioradas física y psicológicamente que lo hacen por cinco. Hasta que tenías el dinero no podías volver a casa, así que podías pasar allí el tiempo que fuera. Si volvías sin el dinero, te acusaban de haberlo robado y te pegaban». En casa, las amenazas eran constantes. Muchas de las mujeres prostituidas están advertidas de que, si no siguen con el juego, van a atacar a sus seres queridos en sus países de origen. Llamar a la Policía es, para ellas, un absurdo, pues creen que son cuerpos corruptos y que las van a delatar a las mafias. «Nos hacen creer que la Policía es como la de nuestros países. Nos tienen encadenadas mentalmente». A las nigerianas las controlan con santeros de vudú. Al llegar a casa, si se quejaba, recibía una paliza. «Nos pegaban, pero no en la cara, porque perdíamos valor en la calle». Además de los golpes le ofrecían la excusa: «Cuando los clientes preguntaban, teníamos que decirles que nos habíamos caído o que a otro cliente le gustaba el sado».

Las condiciones en la calle son infrahumanas. Catorce horas trabajando sin comida a base de café, cigarros, alcohol y drogas. El frío siempre termina por hacer mella, así que las chicas enferman. El mensaje es claro: «Tienes que seguir trabajando». A los pocos meses, casi todas arrastran enfermedades, pero la deuda nunca se cubrió. Lis tocó fondo después de pasar una semana con un cliente teniendo sexo y consumiendo cocaína. Facturó 16.000 euros y reclamó que la mafia reconociera que cancelaban su deuda. Se negaron y ella se dio cuenta de que nunca saldría de ese agujero. «Pensé: o me escapo, o me matan». Y voló. La brasileña aceptó por fin la ayuda de APRAMP, que se esfuerza en ofrecer salidas reales a las mujeres. Lis denunció a los que la habían explotado y vivió tres años en un piso de protección. Pasó años rehabilitándose de su adicción a las drogas, aprendiendo oficios y asistiendo a terapia para reconstruir los escombros en los que se había convertido su vida. Meses después, sufrió una trombosis coronaria con la que pagó por todos sus excesos con los clientes. La prostitución estuvo a punto de matarla. «Estaba destruida». Hoy es agente social y patrulla las mismas calles de Marconi en una unidad de rescate de APRAMP que ofrece ayuda a las mujeres que están en su situación.

En Villaverde siguen entrando coches. Abren las ventanillas, negocian el precio de la carne, siguen adelante, vuelven a negociar, se detienen, se van… El servicio no para ni un minuto. «Es una forma más de ocio -admite Lis-, pero la gente no se da cuenta lo que hay detrás. O quizás no quiere verlo. Dicen que el de puta es el oficio más antiguo del mundo, pero yo creo que el más antiguo es el de mirar a otro lado».

En Marconi, a simple vista, los clientes no son más que siluetas. No hay un perfil definido, aunque cada vez son más jóvenes. El mito del putero sesentón se desvanece. Cada vez son más jóvenes y abundan las cuadrillas de adolescentes de hasta 14 años que han integrado las fiestas sexuales en Marconi en su rutina de ocio. Se sabe, según datos de Eurostat, que en España el 33% de los hombres ha ido de putas al menos una vez en su vida.

JOVEN, EXTRANJERA Y CON HIJOS

La prostitución es el segundo negocio que más ingresos genera en el mercado negro internacional, una lista encabezada por la falsificación de medicamentos. El perfil de la prostituta en España es el de una mujer extranjera, de menos de 35 años y con hijos a su cargo. Según un informe de Cáritas, la crisis ha llevado a muchas mujeres españolas a vender su cuerpo para sacar un dinero con el que subsistir; en la mayoría de los casos, sin conocimiento de su entorno familiar. Muchas inmigrantes afincadas en nuestro país que habían abandonado esta forma de vida se han visto obligadas a retomarla a causa de la precariedad económica.

SEXO BARATO

Por zonas: Las prostitutas se distribuyen según su raza y procedencia.

Los clientes: Cada vez más jóvenes, los hay incluso de 14 años.

400 mujeres ofrecen servicios de prostitución en el polígono Marconi, en Villaverde, a las afueras de Madrid.

40 servicios sexuales puede llevar a cabo una mujer en un día. Gran parte de estos ingresos son para los proxenetas.

20 euros es el precio medio de un ‘servicio’ en el polígono Marconi. Las más deterioradas lo hacen por cinco euros.

300.000 prostitutas se ganan la vida en España ofreciendo servicios sexuales a cambio de dinero. La mayoría son extranjeras.

80 de cada cien mujeres que ejercen la prostitución no lo hacen por su propia voluntad. Son controladas por proxenetas y mafias que las trajeron de sus países de origen.

33 de cada cien hombres españoles confiesan haber contratado en alguna ocasión servicios de prostitutas.

http://www.laverdad.es/murcia/sociedad/201701/15/marconi-carne-fuego-20170115005909-v.html

 
Share

La Policía apaga en un trimestre 400 hogueras de las prostitutas de Marconi

MADRID-PROSTITUCIÓN MARCONI

Madrid, 24 ene (EFE).- El Ayuntamiento de Madrid trata de revitalizar el área empresarial del polígono Marconi, donde se ejerce la prostitución, además de remitir a la zona patrullas policiales “permanentemente” que han identificado en el último trimestre a 559 personas y apagado 401 hogueras a las prostitutas.

El delegado de Salud, Seguridad y Emergencias, Javier Barbero, ha ofrecido estos datos en la comisión municipal del ramo cuando la edil del PP Inmaculada Sanz le ha preguntado por las actuaciones en esta zona y ha afeado la dejadez con la que se enfrenta Ahora Madrid a los problemas que genera la prostitución a los vecinos.

Tras señalar que la situación es “realmente compleja” y que la vía policial no basta para abordar la prostitución -porque las mujeres se han desplazado a Marconi desde la Casa de Campo o la calle Ballesta-, el delegado de Salud, Seguridad y Emergencias ha señalado que no es cierto que el equipo de Gobierno de Manuela Carmena no remita policía a esa zona.

De hecho, según ha explicado, en turnos de mañana y de tarde hay una patrulla permanente en la colonia Marconi y por la noche trabaja una en la zona de forma “intermitente”, que colabora además en la extinción las hogueras con que las prostitutas tratan de entrar en calor, uno de los principales problemas de convivencia reseñados por los vecinos, ha relatado el edil.

La Policía Municipal colabora con los servicios de limpieza en la extinción de las hogueras en dos intervenciones diarias -una a las 21.00 horas y otra a las dos de la madrugada-, además de controlar a las personas que suministran a las mujeres la madera con las que las hacen.

Además de esta tarea, en el último trimestre la Policía Municipal ha hecho controles a 498 vehículos, ha realizado 274 controles de alcoholemia, ha detenido a 4 personas y ha interpuesto 18 denuncias de tráfico, según los datos ofrecidos hoy por el edil.

http://www.lavanguardia.com/local/madrid/20170124/413653194286/la-policia-apaga-en-un-trimestre-400-hogueras-de-las-prostitutas-de-marconi.html

Share

Colau evita multar la prostitución callejera

Las prostitutas aseguran que con la entrada en el gobierno de BComú el trato con los agentes de la Guardia Urbana ha cambiado y ya no imponen sanciones

“No parecen los mismos urbanos. Ya no vienen a la caza y captura de la puta. Hay presión, pero ya no nos multan, como hacía Xavier Trias”. Janet, una de las prostitutas de la calle de Robador del barrio barcelonés del Raval, sostiene que desde que entró Ada Colau en el Ayuntamiento los agentes han dejado de multarlas por ofrecer servicios sexuales en la calle. “Necesitábamos que alguien simplemente nos escuchara. Queremos que coloquen bancos en la calle para trabajar de forma más discreta, tener baños públicos… el Ayuntamiento dice que lo estudia. Ahora, por lo menos, cuando nos precintan un apartamento acusándonos de montar un meublé nos dejan sacar nuestras pertenencias”, se conforma. La estadística da la razón a Janet.

 
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona.
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona. MASSIMILIANO MINOCRI

El exalcalde convergente Xavier Trias, apoyado por el PP, modificó la ordenanza de civismo en 2012 para prohibir la prostitución callejera en Barcelona. En las primeras cinco semanas que la norma estuvo vigente, los urbanos amonestaron a 316 personas (204 de estas denuncias fueron a prostitutas). El convergente conservó la alcaldía un mandato.

 

En junio de 2015, Ada Colau tomó posesión como alcaldesa. Durante todo ese año la urbana interpuso 508 denuncias por ofrecer o contratar servicios sexuales en la vía pública, la mayoría de ellas en los meses que gobernó Trias. Desde la tenencia de alcaldía de Derechos de Ciudadanía y desde la concejalía de Feminismos aclaran que aunque Colau hubiera querido sancionar a las prostitutas —que no quería— no lo hubiera podido hacer porque a los pocos días de haber tomado posesión del cargo entró en vigor Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como ley mordaza. “Esta ley tiene un rango superior a la ordenanza y es de obligado cumplimiento. El texto legal no prevé multar por realizar ofrecimientos sexuales”, defiende una portavoz municipal.

 

La ley mordaza impide sancionar a prostitutas, pero el Consistorio barcelonés añade otros motivos para no multarlas: “Existe una directiva europea que pide que se evite revictimizar a las mujeres en posibles situación de tráfico”. Desde el Consistorio admiten que “no sancionar el ofrecimiento sexual es una práctica consolidada en Barcelona y que, además, no ha tenido ningún impacto sobre el número de prostitutas que ejercen en las calles”.

La portavoz municipal asegura que según las estadísticas con las que cuenta la Agencia para el abordaje integral del trabajo sexual (Abits) el número de meretrices es estable desde hace años. “Las sanciones a las prostitutas no tenían ningún efecto disuasorio y dejar de sancionar no ha supuesto un aumento de trabajadoras sexuales”, concluye la portavoz.

El intendente jefe de la comisaría de Ciutat Vella de la Guardia Urbana de Barcelona, Benito Granados, opina que “quizás antes la administración había perdido un poco la sensibilidad con el tema de la prostitución”. Granados conoce los movimientos que hay en su distrito y más allá. “Actualmente, entre la ronda Sant Antoni, Robador, la Rambla y la Villa Olímpica hay cerca de 60 mujeres ejerciendo la prostitución callejera”. Reconoce que es una población bastante estable.

“Este 2016 en Ciutat Vella no hemos denunciado a ninguna prostituta y hemos multado a unos 80 clientes”, explica Granados. El intendente ha hecho labores de mediación con el colectivo: “Nuestro objetivo es luchar contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Ahora los explotadores no se distribuyen en grandes organizaciones criminales sino que son estructuras pequeñas que explotan a una o dos mujeres siguiendo métodos emocionales que hacen muy complicado nuestro trabajo”.

En los parques de la Villa Olímpica los servicios sexuales pueden costar entre 10 y 15 euros mientras que en Robador o Sant Antoni alcanzan los 20 euros más “5 y 10 euros por la habitación”. “Actualmente hay una decena de meublés en funcionamiento y la propia normativa va en nuestra contra”, asegura Granados.

Relata que cuando los agentes sospechan que un piso funciona como meubléabren un expediente administrativo. Pero que hasta que se resuelve con el cese de las actividades, se precinta el inmueble y el juzgado da la orden de precinto judicial pasan unos meses durante los que los administradores han tenido tiempo para alquilar, u okupar, otro piso donde continuar la misma función.

También la ONG Genera constata el cambio de actitud de los urbanos con las prostitutas. Esta asociación en defensa de los derechos de las mujeres asegura que las multas solo sirvieron para precarizar, más aún, la situación de las mujeres: “Además, a las que más afectó fue a las jóvenes que se encontraban en una situación de trata (el 15% de las prostitutas según la ONG) y no podían moverse de la calle”.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/12/31/catalunya/1483172309_482487.html?id_externo_rsoc=TW_CC

Share

Un inspector jefe de la Policía intimida a las mujeres en prostitución en un polígono industrial de Madrid

“Te jodes, te voy a multar para que empieces bien el día de trabajo” es uno de los insultos que el llamado ‘Comisario’ pronuncia en el polígono Marconi de Villaverde desde 2013.

Polígono industrial Marconi, Villaverde.

Polígono industrial Marconi, Villaverde.

SANDRA RODRÍGUEZ

MADRID.- Las mujeres que ejercen la prostitución en el polígono Marconi de Villaverde (Madrid) aseguran que sufren tratos vejatorios e insultos por parte del inspector jefe del Grupo XI de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF), al que conocen como El Comisario, y su compañera policía, perteneciente al mismo organismo.

Diversas ONG dedicadas a proporcionar servicios sociales a las mujeres prostituidas (Médicos del Mundo, Hetaira y Mujeres en Zona de Conflicto, entre otras) han presentado una queja ante la Jefatura Superior de Policía, el Defensor del Pueblo y Delegación de Gobierno, con el fin de que se tomen medidas para erradicar la vulneración de los derechos de estas mujeres.

“Te jodes, te voy a multar para que empieces bien el día de trabajo”, “no vamos a parar hasta echaros de aquí” o comentarios tránsfobos llenan las calles del polígono Marconi de Villaverde, donde muchas mujeres son prostituidas. Las asociaciones de prostitución aseguran que muchas de ellas, la mayoría identificadas como víctimas potenciales de trata, “sienten miedo, se encuentran desprotegidas y temen represalias” ante estos hechos.

Los abusos policiales que declaran las mujeres se producen desde 2013, pero aseguran que se han incrementado este último año, a raíz de la entrada en vigor de la Ley de Seguridad Ciudadana. Esta norma incluye dos maneras de multar a las mujeres prostituidas: por el art. 37.5 (exhibicionismo obsceno) y por el art. 36.6 (desobediencia a la autoridad). Ésta última es la razón más frecuente de las multas en Villaverde.

Las organizaciones que operan en las calles del polígono ofreciendo asistencia sanitaria y servicios sociales a las mujeres aseguran que el llamado Comisario y su compañera, conocida como María, “deberían dedicarse a identificar y perseguir la trata, pero las mujeres no pueden confiar en ellos” debido al trato vejatorio que emplean con ellas. “Ante todo, son personas que tienen los mismos derechos que el resto”, afirman.

“Cuelga el teléfono o te llevo detenida”

Las mujeres afirman sentirse desprotegidas ante las instituciones. No disponen de pruebas que demuestren que El Comisario comete estos tratos vejatorios, humillaciones, insultos y amenazas hacia las mujeres del polígono para presentar una denuncia formal: “Intentar grabar las actuaciones del inspector es peligroso, cuando nos ve con el teléfono nos dice que o colguemos, o nos detiene”, afirman las mujeres.

El Comisario nos multa sin darnos explicaciones, tras entregar sin oponer resistencia nuestro DNI, y nos devuelve la documentación tirándola al suelo”, afirman varias mujeres de Villaverde. También han recibido amenazas por parte del inspector jefe como “la próxima vez os llevo presas” o incluso “os voy a pegar dos hostias”.

Una de las mujeres asegura que, mientras se encontraba haciendo cola en la comisaría de Aluche para renovar sus papeles, el inspector jefe se acercó a ella y le dijo alzando el tono: “Ya sé de qué te conozco, de trabajar de prostituta en el polígono. Luego iré a multarte a ti y a tus amigas”.

Las multas sin explicaciones son constantes. Una de las víctimas de estos tratos vejatorios por parte del llamado El Comisario asegura que le advirtió que “con tanta multa” no ganaría nada de dinero para comer, y él le respondió: “Estás muy gorda, no necesitas comer tanto”.

Los comentarios racistas y tránsfobos forman parte de su rutina: “Vete a zorrear a tu país”, “a limpiar escaleras”, “ojalá volvieran los tiempos de Franco para quitar a esta gente de aquí” o incidir en si las mujeres transexuales del polígono están operadas o no.

Sin medidas contra la vulneración de derechos

Las ONG dedicadas a ofrecer servicios sociales a las mujeres prostitutas han pedido que se tomen medidas tanto administrativas como penales con el inspector jefe de la Policía, según corresponda, ya que a pesar de las numerosas quejas recibidas por parte de las mujeres prostituidas y de las asociaciones que velan por sus derechos, El Comisario y su compañera conocida como María siguen patrullando por el polígono.

El portavoz de la Jefatura Superior de Policía asegura que, tras “investigaciones internas”, no se han demostrado estos hechos y que “todos los Cuerpos de Seguridad destinados al polígono de Villaverde actúan en consonancia con la ética de la policía”.

“Que se demuestre que estamos en un Estado de Derechos”, recalcan las organizaciones.

http://www.publico.es/sociedad/inspector-jefe-policia-intimida-mujeres.html

Share

Mónica Oltra: “Hay que respetar a las mujeres que prefieren prostituirse a limpiar pisos”

“Los estereotipos duros en política no sirven para empatizar”/ “Para afrontar el proceso territorial hay que empezar por la financiación”/ “No hace falta un sentimiento independentista cuando es el Estado el que te independiza”.

Mónica Oltra posa para EL ESPAÑOL en Madrid.

Mónica Oltra posa para EL ESPAÑOL en Madrid. Jorge Barreno

MARIANO GASPARET @marianogasparet
JORGE BARRENO
 
 

Mónica Oltra (Neuss, Düsseldorf , 1969) es una de las políticas más brillantes y con más tirón del panorama patrio. La política que representaba a Camps como un forajido del far west y que, con sus camisetas reivindicativas y sus golpes de ingenio y mala uva, hacía trastabillar a Juan Cotino y reír a los periodistas se ha convertido en uno de los iconos más amables de la nueva política, sea lo que sea éste artificio conceptual.

Oltra es astuta, llana y tan amable que resulta afectuosa. Su proyección mediática supera con creces los lindes previsibles a su responsabilidad como vicepresidenta y consejera de Igualdad y Política Inclusiva de la Comunidad Valenciana, lo cual puede ser un indicio de una legítima ambición. De momento, gobierna en coalición con el socialista Ximo Puig, a quien un día de estos terminará de comerse: esto último es un juicio de valor del periodista que la entrevistada niega y regatea.

Hablamos de política, de dependencia, de la socialdemocracia, de su relación con Iglesias y Errejón, de Compromís y Podemos, de la crisis del PSOE, del cambio climático, de la reforma de la Constitución, de la discriminación fiscal de la Comunidad Valenciana, de la regularización de la prostitución y la legalización de la drogas, también de feminismo y de porno. Seduce en la proximidad ideológica e interesa en la divergencia. Cita a EL ESPAÑOL en el mercadillo solidario de la Fundación Blas Méndez Ponce que ayuda a los niños que reciben algún tipo de tratamiento oncológico, con la clara intención de darle visibilidad.

¿Qué es eso de feminizar la política?

Es poner en valor lo que tradicionalmente hemos hecho las mujeres. La sociedad de los cuidados es algo que siempre han hecho las mujeres, hay que feminizar la vida.

¿Dar por sentado que son las mujeres las que cuidan de los demás no es machista?

Los hombres también cuidan pero el 80% del cuidado del hogar recae en las mujeres. Por eso no se valora la sociedad de las cuidados, por eso ha sido un trabajo invisible, porque tradicionalmente lo han hecho las mujeres.

El deseo masculino es muy visual, mientras que el femenino es más oral. A nosotras nos ponen las palabras

¿También hay un porno feminista: qué es eso?

A ver, el deseo de los hombres y el de las mujeres no es igual. La industria del porno está dirigida a los hombres independientemente de su orientación sexual. Ahora se han incorporado a esa industria mujeres y guionistas que ponen el acento en el deseo femenino. El deseo masculino es muy visual, mientras que el femenino es más oral. A nosotras nos ponen las palabras. La tradición oral es también patrimonio de las mujeres, que tenemos menos voluntad de trascendencia que los hombres.

¿Se puede ser prostituta y feminista?

Claro que se puede, ¿por qué no?

Bueno hay quien considera que la prostitución es sólo esclavitud: también desde el feminismo.

Esa visión en blanco y negro forma parte de los esquemas patriarcales. Con el feminismo pasa como con la izquierda: hay muchos feminismos y no se debe confundir el género con los órganos genitales. El patriarcado es muy redentor, quiere salvar a los demás: y, oiga, no me salve usted de nada, sólo permítame emanciparme. Hay asociaciones de prostitutas, como Hetaira, que plantean cuestiones muy interesantes.

El redencionismo es despótico, pero no se puede hacer la revolución sin ellas. Yo no me atrevo a decirle a una mujer prostituta qué tiene qué hacer sin preguntarle qué quiere hacer. Lo que hay que conseguir es que ninguna mujer se prostituya sin su voluntad o se vea abocada a la prostitución por necesidad. Hay mujeres que prefieren prostituirse a limpiar pisos y hay que respetarlo.

Mónica Oltra posa en un mercadillo solidario.

Mónica Oltra posa en un mercadillo solidario. Jorge Barreno

¿Se debe regularizar la prostitución?

Sólo si permite ser a las mujeres libres. En ningún caso como trabajadoras por cuenta ajena porque eso es dar cobertura al proxenetismo.

¿Las drogas?

Cuál de ellas… estamos bebiendo cerveza.

Todas.

Es una cuestión que habría que abordar desde espacios geográficos amplios, como la Unión Europea. Ahora, habría que hacer grandes inversiones en educación, formación, prevención… El problema de las drogas es que nos esclavicen. Y eso es más fácil que suceda cuando se sacan de su contexto cultural.

¿Cuál cree que es el principal problema o el principal reto de España?

Hay dos grandes retos en España son económico sociales y territoriales. El Gobierno convirtió la lucha contra el desempleo en una lucha contra el déficit y la deuda, por eso rescató bancos en lugar de rescatar personas. Ligado a este problema tenemos que afrontar el reto de garantizar la protección social de quienes se queden sin trabajo. El otro gran reto es el territorial: hay que solucionar las tensiones territoriales. Esto de meter los problemas en el cajón a ver si se solucionan solos, como hace Rajoy, es absurdo. Defender la Constitución es defender su reforma…

…Luego, el gran problema del mundo, el reto de la humanidad, es el cambio climático. El discurso medioambiental está dramáticamente ausente de la política española. No estamos hablando de un problema que afectará al planeta en 200 años. Estamos hablando de un problema que afectará a nuestros hijos, a las personas que ya viven aquí. La sociedad de los cuidados, la transición ecológica de la economía, el I+D+i y la cultura son los cuatro pilares de la nueva economía.

La Comunidad Valenciana es la única autonomía pobre que paga a comunidades ricas

¿Cómo afrontaría la solución del problema territorial?

Empezaría por la financiación autonómica. La Comunidad Valenciana es la única autonomía pobre que paga a comunidades ricas. Esto es injusto y es una anomalía democrática porque somos cinco millones de españoles a los que se nos castiga. ¿Y por qué? ¿Porque no somos suficientemente beligerantes?

¿Deberían ser más beligerantes?

Estamos empezando a serlo.

¿Esa beligerancia puede dar alas a un sentimiento independentista?

Él problema es el sentirnos castigados. No hace falta un sentimiento independentista cuando es el Estado el que te independiza. ¿Por qué a Madrid, Barcelona y Sevilla se les financia el transporte metropolitano y a Valencia, que es la tercera ciudad de España, no? ¿Por qué no se invierte en el Corredor Mediterráneo con lo que lo necesitamos para generar riqueza en toda la cuenca mediterránea y en toda España? ¿Por qué recibe la Maestranza de Sevilla más dinero que la Ópera de Valencia? Este castigo permanente a los valencianos ahora genera tristeza, pero llegará un momento en el que generará indignación.

¿Y puede haber un problema de independentismo?

Ya ha generado un sentimiento valencianista, por eso el auge de Compromís. Los valencianos nos hemos hartado de ser de segunda y hemos estado callados demasiado tiempo.

¿Referéndum unilateral para Cataluña?

Los problemas se solucionan hablando y todo tiene arreglo. Yo empezaría por la financiación porque las Comunidades de la cuenca mediterránea son las peor financiadas: por este orden, Comunidad Valenciana, Cataluña, Baleares y Murcia. Solucionemos esto, vayamos paso a paso, exploremos una reforma Constitucional federal y con sus asimetrías y, si al final existe un posicionamiento político de independencia, pues habrá que valorarlo a través de las urnas. Pero ese debe ser el final del camino. Rediseñemos qué parte se queda el Estado y qué parte se quedan las Comunidades, que son las encargadas de velar por la felicidad de la gente.

¿No es la asimetría la que ha perjudicado a la Comunidad Valenciana, entre otras?

Asimetría no significa desigualdad porque todo el mundo no necesita lo mismo. Hablo de respetar y proteger la asimetría territorial y la igualdad en derechos. De lo que se trata es de garantizar que si naces en León tienes las mismas oportunidades que si naces en Cantabria.

¿Reforma Constitucional o proceso constituyente?

Nosotros defendemos una reforma constituyente: es decir, reformar partiendo de lo que ya tenemos, porque no hace falta quemar las naves, pero sin apriorismos ni tabúes.

El auge de la extrema derecha es dramático porque la socialdemocracia no encuentra su lugar

¿Tabúes como la unidad del Estado?

Hablemos. El reto es que todas las Comunidades se sientan a gusto en un proyecto común de Estado. A mí me parece importante que haya un proyecto común de Estado, del mismo modo que estoy a favor de que la UE avance hacia una mayor cohesión. El ámbito europeo es fantástico para plantear, por ejemplo, un Ejército común y no 28. Luego, las regiones, los länder, las Comunidades, son el ámbito perfecto para gestionar la sanidad y la educación.

¿Europa va en sentido contrario?

El auge de la extrema derecha y la derechización cada vez más extrema de los partidos conservadores son dramáticos porque la socialdemocracia no encuentra su lugar. El triunfo de los verdes en Austria ha sido una alegría: y ha sido gracias a las mujeres, ojo.

¿Es más cómodo ir en traje que con camisetas reivindicativas?

Yo ya iba cómoda con trajes. Me he puesto camisetas cuando no me dejaban expresarme, cuando pervertían las reglas del juego.

Mónica Oltra.

Mónica Oltra. Jorge Barreno

¿Ahora no las necesita?

No, ahora no necesito camisetas reivindicativas.

¿Es más fácil gobernar que hacer oposición?

Hacer oposición frente a un PP despóstico era muy difícil. Estar en el Gobierno no es fácil, pero te permite mejorar la vida de la gente, mientras que en la oposición sólo podíamos visibilizar injusticias. Ahora en la oposición están más cómodos porque no les tapamos la boca.

¿De qué está más satisfecha después de un año y medio gobernando?

Lo que más me satisface es que 20.000 personas dependientes que estaban en lista de espera ya están dentro del sistema. Había 46.000 personas en lista de espera y 20.000 ya están en el sistema. También me satisface que los libros de texto son gratis en la Comunidad Valenciana por la red de libros (xarxa llibres). Y haber eliminado el copago en centros de día. Y la protección del litoral, con el desastre que teníamos y la corrupción asociada al urbanismo. También estoy muy contenta de que Thyssenkrupp haya vuelto a Sagunto.

¿Asignaturas pendientes?

Hay muchas asignaturas pendientes, pero que en la Administración los plazos sean tan largos me desespera. Hay una excesiva burocratización. La burocratización relajó los controles y eso extendió la corrupción.

La corrupción es un síntoma; el virus es la debilidad de la democracia. 

¿Quiere decir que en parte la culpa fue de los funcionarios, que no controlaban lo suficiente?

La corrupción es un síntoma; el virus es la debilidad de la democracia. Si la democracia se debilita, gobernar se confunde con tener poder. Si el poder se sustantiviza el gobierno se convierte en despótico. Los funcionarios no tenían margen de actuación porque a quien se rebelaba se le purgaba. No hemos sabido blindar a los funcionarios y eso hay que hacerlo. Además, el informe técnico o la intervención decían una cosa y los políticos hacían otra.

¿Tiene coste en ideales el conocimiento de la praxis del gobierno?

Debo de ser una idealista irredenta porque no. Cuando entré en la Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas los dependientes que estaban en el sistema cobraban a los tres meses. Ahora cobran el último o penúltimo día del mes vencido pese a que los funcionarios me decían que no era posible. ¿Cómo? Insistiendo, con voluntad. El cambio ha empoderado a los funcionarios.

¿No afecta a su idealismo gobernar con un PSOE que desilusiona a sus votantes?

Es difícil gobernar en general, pero coincido con el presidente Ximo Puig en que nos gusta este gobierno de mestizaje.

En solitario puedes tener la tendencia a endiosarte o a pensar que tú eres mejor

¿No preferiría gobernar en solitario?

Pues lo hemos hablado alguna vez y no lo sé. En solitario hay menos inteligencia colectiva y puedes tener la tendencia a endiosarte o a pensar que tú eres mejor, cuando nadie es mejor que otro por tener prioridades o ideas políticas distintas. Es un aprendizaje muy bueno asumir que nadie tiene la verdad absoluta. Yo me crié en el norte de Europa y allí las coaliciones son muy habituales.

¿Entonces, una candidatura de unidad PSOE-Compromís?

Bueno, queda mucho para 2019, ahora hay que gobernar.

¿No lo descarta?

Yo en la vida he aprendido a no descartar nada. Pero cada uno tiene su proyecto. Yo creo que Compromís es tecnología política punta porque sí ha sabido entender la nueva política.

¿La política está en la calle, como dice Iglesias, o está también en las instituciones, como defiende Errejón?

Estar en el Gobierno permite cambiar la vida de las personas, pero nosotros también estamos en la calle. El Gobierno valenciano en pleno estuvo el otro día detrás de una pancarta en una manifestación contra la violencia machista.

Esa manifestación es muy fácil.

También estuvimos en una manifestación de Pobreza Cero.

Tampoco es muy difícil eso.

Pero luego nos obliga a ser coherentes.

¿Y quién tiene razón en ese debate Iglesias o Errejón?

Yo desde la oposición trabajé mucho en las instituciones, donde representas a todo el pueblo.

En Compromís hemos inventado la nueva política y solucionamos la diferencia de opiniones sumándolas

¿Es más de la cuerda de Errejón?

Soy de la cuerda de Compromís y creo que Iglesias y Errejón se complementan muy bien. En Compromís, que somos quienes hemos inventado la nueva política, solucionamos la diferencia de opiniones sumándolas, haciendo que no sean excluyentes. En la nueva política el 51% no se impone al 49%. Aunque algunos tenemos más visibilidad, nadie es más que nadie y a mí cualquiera me pone las peras al cuarto en una asamblea.

¿Y una candidatura unitaria con Podemos en la Comunidad Valenciana?

El componente electoral de la política cansa a la gente y es un problema. Yo tengo que ver cómo evoluciona la población y pensar a 15 ó 20 años vista antes de poner una residencia. No puedo ir pensando en las elecciones siguientes para tomar esa decisión, ni tomarla porque el alcalde es mi amigo o es de mi partido, como se ha hecho hasta ahora.

¿Y qué cree que va a pasar en España y en Europa en unas décadas? El envejecimiento de la población es un problema grave, no hay políticas de natalidad…

Esas son las decisiones de calado: hay que poner en el centro la vida, los procesos tecnológicos que quitan puestos de trabajo deben aportar empleo o tiempo para todos. Sí hay riqueza, el problema es que está mal distribuida. El problema es que la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen es cada vez mayor. Desde un Gobierno autonómico se pueden hacer políticas de proximidad, pero estas grandes cuestiones requieren decisiones a nivel europeo…

… El envejecimiento de la población es un problema. Las parejas tienen un hijo o medio porque no pueden tener más. Me temo que la UE está tomando decisiones contraproducentes con las migraciones. Las migraciones son un chollo para los países ricos, no son un problema como quieren hacernos ver. Viene gente formada a enriquecer tu sistema productivo.

La sociedad de los cuidados genera trabajo, empleo de calidad, bien remunerado y no deslocalizable

Pero mantener el estado del bienestar de una población cada vez más envejecida con sistemas asistenciales más caros parece inviable.

Eso es una equivocación. Invertir en asistencia es rentable, es muy rentable. La sociedad de los cuidados genera riqueza. El problema es que es algo que hemos hecho tradicionalmente las mujeres y por eso no se le ha dado importancia. La sociedad de los cuidados genera trabajo, empleo de calidad, bien remunerado y no deslocalizable. El retorno por cada euro público invertido en cuidar a las personas mayores o a los dependientes es de 1,4 euros. Creces un 40% por euro invertido, como mínimo, porque esa gente consume y paga impuestos. El austericidio ha eliminado la inversión de ese euro y con ello se ha cargado un motor de crecimiento potentísimo.

Usted es percibida como la versión amable de Pablo Iglesias.

Vamos a ver, primero estaba Compromís y luego llegó Podemos, eh. Me acuerdo de un artículo que escribí para una revista de la Universitat de València, mucho antes de que existiera Podemos, en el que defendía la necesidad de hacer una transición amable para un cambio profundo. Nosotros acuñamos esa manera de entender la política. Los estereotipos amargos o duros no sirven para empatizar.

¿Prefiere la ‘sonrisa de un país’ a la rabia y la indignación?

Prefiero vehicular la rabia y la indignación con una sonrisa.

España es demasiado grande, Compromís es muy de la ‘terreta’

¿Tiene recorrido Compromís más allá de la Comunidad Valenciana?

Nuestro ámbito natural es la Comunidad Valenciana. En las generales fuimos con Podemos porque entendíamos que tampoco era bueno que obligaras a elegir a la gente entre proyectos parecidos. Preferimos sumar porque sabemos sumar, pero España es demasiado grande, Compromís es muy de la terreta.

¿Se imagina compitiendo con Pablo Iglesias o con Ada Colau en una candidatura de unidad?

No, me imagino colaborando como hasta ahora, pero no compitiendo.

Pero sí se imagina de presidenta de la Generalitat.

Bueno, por eso me presenté como cabeza de lista de Compromís. Ahora estoy muy a gusto de vicepresidenta y tenemos los roles muy compartidos el presidente Puig y yo. Yo quiero que al presidente le vaya bien.

¿Le preocupa la crisis del PSOE?

Obviamente, y no comparto que se haya facilitado la Presidencia a Rajoy, que es el peor presidente de la democracia con diferencia: los recortes de 2012, la reforma laboral, la ley de educación, la ley mordaza… Han sido torpedos en la línea de flotación del Estado.

Pedro Sánchez planteó su pacto con Ciudadanos como un plato de lentejas

¿Y en esto de que gobierne Rajoy es más responsable el PSOE que Podemos, que dio portazo al pacto PSOE-Ciudadanos?

Yo creo que sí porque Pedro Sánchez planteó su pacto con Ciudadanos como un plato de lentejas. Creo que él se ha arrepentido, por lo que dijo en un programa de televisión. No es justo sentarse a negociar diciendo que tal o cual cosa es innegociable.

Pablo Iglesias lo hizo antes: anunció, tras verse con el rey, que quería la vicepresidencia y seis ministerios como condición para sentarse con el PSOE.

No lo veo igual porque quien tenía el encargo de formar gobierno era Pedro Sánchez. Además, creo que la propuesta de Iglesias no era innegociable. Se interpretó como una imposición pero, por lo que yo vi y por lo que el propio Iglesias me contó, fue el modo de decir que se iba a mojar, que se iba a comprometer. Pero ese error se pagó: tú tienes que respetar a la persona con la que negocias.

Mónica Oltra posa para EL ESPAÑOL.

Mónica Oltra posa para EL ESPAÑOL. Jorge Barreno

http://www.elespanol.com/espana/20161216/178732509_0.html

Share

“Soy puta por elección. No quería trabajar 12 horas por 600 euros”

Valérie May forma parte de un movimiento en España que defiende el trabajo sexual por voluntad propia. “No quiero seguir en este sistema laboral”, añade. Natalia Ferrari soportó sólo tres días trabajar en un McDonald’s. “Debería haber empezado a prostituirme mucho antes”, se lamenta.

Valérie May tiene 28 años y se define como una escort alternativa.

Valérie May tiene 28 años y se define como una escort alternativa. Adriana Domínguez

 

La vida de Valérie May puede leerse a través de su cuerpo. Su brazo izquierdo lo ocupa, casi por completo, un enorme tatuaje con diferentes dibujos: un cerdo, tomates, una flor de loto… Representan todos ellos el vegetarianismo, régimen alimentario que sigue desde hace tiempo. La gran composición desemboca en un triángulo que se hizo cuando trabajaba como integradora social. Tiene otro tatuaje en las costillas que se hizo con su hermana con la palabra sisters.

En el escote lleva en tinta un cuadro del pintor Alfons Mucha que simboliza el feminismo. Su perro está en la pierna izquierda. En la barriga reposa una estrella japonesa que se hizo a los 17 años y que significa ‘esperanza’. El próximo que se hará será el de una pin-up con la palabra ‘empoderada’ en inglés. Lo hará en honor a su profesión: la de puta.

Valérie May es una de tantas mujeres que hay en España ejerciendo el trabajo sexual por voluntad propia. Putas y feministas que, como si fuese una alfombra, le han dado una sacudida a la palabra hasta hacer caer todos los estigmas que, igual que motas de polvo, viven aferradas a ella. Son mujeres que entienden que el feminismo implica tomar el control de sus propios cuerpos y que sea respetable. Que no glorifican su trabajo, pero que lo defienden por ser la mejor opción para ellas. Por ser su elección.

“La sociedad prefiere que seas camarera trabajando doce horas al día por 600 euros a trabajar en esto”, afirma Valérie May. Se define en su página web como una escort alternativa. Tiene el pelo verde y lleva los labios de color carmín. Se reparte el trabajo entre Tarragona y lo que le sale en Barcelona. Tiene 28 años y lleva algo más de seis meses prostituyéndose.

CASTING PARA ELEGIR CLIENTE

Su madre fue la primera persona en saberlo. Sabe que decidió ejercer esta labor sin esconderse. Sin dobles vidas. Pero muchos conocidos se extrañan. ¿Cómo decidió eso teniendo estudios y experiencia laboral? La respuesta para ella es fácil: “No quiero seguir formando parte de este sistema laboral”, explica.

La primera persona en saber que Valérie ejercía la prostitución fue su madre.

La primera persona en saber que Valérie ejercía la prostitución fue su madre. Adriana Domínguez

Y porque tiene dos dedos de frente, dice. “Una de las cosas que la gente piensa cuando te metes en esto es que te va a dar por el alcohol, las drogas, y que te vas a acostar con cualquiera. Y todo lo contrario. No he fumado en mi vida y escojo a mis clientes. Un masajista ofrece sus manos a cambio de una experiencia concreta. Pues lo mío es lo mismo. No vendo mi cuerpo porque eso es hacerte propiedad de algo. Y yo no me hago propiedad de nadie. Llego a casa con todas mis partes”, dice riéndose.

 
 

Valérie May hace una valoración previa antes de tener un encuentro con uno de sus clientes. Si no cree que vaya a conseguir una conexión desde el principio no queda con ellos. Por ejemplo, no acepta a hombres machistas ni a personas que se crean que están en una situación superior porque ella sea puta. Reconoce que tampoco estaría con un cazador.

Cuenta que con el primer cliente rompió el estigma. Era un chico más joven que ella. “Los clientes son personas completamente normales”, afirma.

Natalia Ferrari se define como vegana, bisexual, atea y antinatalista.

Natalia Ferrari se define como vegana, bisexual, atea y antinatalista. Mai Oltra

La asociación Aprosex ayuda a mujeres que, como Valérie, están iniciándose en la profesión. Una de esas mujeres es Shirley McLaren. Su nombre artístico recuerda al de Shirley MacLaine, la actriz de Irma la dulce. Pero ella recalca que no lo escogió por eso. Lo de Shirley es porque es fan de la cantante escocesa del grupo Garbage. El apellido es porque le apasiona el automovilismo. Y Ferraris ya había unas cuantas.

“Lo que ha pasado con la crisis es que muchas mujeres, al perder su trabajo y no tener problemas con tener sexo con desconocidos se han lanzado a esto. Pero, claro, sin guía. Y como cualquier faena, te tienes que estar reinventando, actualizando. Aprendiendo. El problema es que aquí, como todos follamos, la gente se cree que lo puede hacer bien. Hay gente que puede cocinar muy bien en su casa pero luego no puedes ser jefe de cocina. Aquí pasa lo mismo. Tienes que profesionalizarte, estás atenta a muchas cuestiones”, dice.

Shirley es una mujer transexual que lleva varios años viviendo en España. Nació en México. Allí estudió periodismo. Hace más de una década que ejerce la prostitución. Responde a los abolicionistas con determinación: “Nosotras somos las que tenemos la sartén por el mango. El discursito del abolicionista es que paga por nuestro cuerpo, así que el cliente puede hacer con nosotras lo que quiere. Eso es mentira. Y además es súper peligroso. Al repetirse esa conducta, acaba calando en todos los imaginarios: en las chicas que están empezando, que se acaban creyendo que pueden hacer con ellas lo que quieran; y con los clientes. ¿Las abolicionistas, entonces, nos protegen a nosotras o están protegiendo su modus vivendi?”, se pregunta.

Ferrari encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas

Ferrari encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas Mai Oltra

“Yo no podría trabajar en un matadero porque se me revolverían las tripas, como a otras mujeres se les pueden revolver al comerse la polla de un señor”, explica.

Shirley define a las prostitutas como “artistas del sexo”. “Cada relación no sale igual, es independiente. Es como si tuvieras un huipil (una prenda artesana mexicana). Cada una es diferente porque se hace a mano y es individual. Y eso tiene que tener un coste. No vendemos un producto de necesidad. Vendemos un producto de lujo”, dice. Y eso es algo que no todas las novatas tienen en cuenta a la hora de fijar los precios.

Sobre los clientes tampoco tiene nada malo que decir. Si son educados, limpios y no la regatean, todo está bien. Y si encima tienen buena conversación y le traen regalos, pues mejor. 

LA LUCHA POLÍTICA DE LAS ‘PUTAS INDIGNADAS’

Paula Ezquerra se considera una puta activista. Fue portavoz de la plataforma Putas Indignadas.

Paula Ezquerra se considera una puta activista. Fue portavoz de la plataforma Putas Indignadas. Cedida

Su lucha también va por la rama política. Ha intentado hablar y reunirse con diferentes políticos. Pero todavía no ha obtenido una respuesta clara. “Ciudadanos pide que seamos autónomas. ¿Pero por qué no podemos trabajar para terceros que paguen nuestra seguridad social como cualquier otra empresa? Simplemente porque trabajamos con los genitales”.

Explica que no consigue hablar con Alberto Garzón y que una vez charló cinco minutos con Íñigo Errejón, ambos de Unidos Podemos. Pero ninguno acaba por determinarse a su favor. “Los derechos humanos no se pueden debatir. Sabemos que hay cosas muy feas en nuestro trabajo, eso no lo vamos a negar. Pero igual que en otros sectores. Para hacer un móvil sabemos cómo se consigue el coltán. Pero nadie dice que hay que acabar con la minería o que hay que abolir la industria tecnológica. No. La única industria que dicen que hay que abolir porque hay trata y hay violación de los derechos humanos es la de la prostitución”, asegura.

Además de Aprosex, sólo en Barcelona hay otras tres organizaciones más que velan por los derechos de las trabajadoras sexuales: Putas Indignadas, Putas y Alianzas y la asociación Genera. Durante un tiempo, la portavoz de la primera fue Paula Ezquerra, para dar la cara –“que ellas dan la cara por sí solas, no me necesitan a mí, pero sobre todo ante medios de comunicación por la cuestión del estigma y de la familia”, dice-.

Ahora es portavoz de la asamblea general. Ha hablado con políticos, con organizaciones internacionales. También ha sido consejera de la CUP en el distrito de Ciutat Vella de Barcelona hasta finales de octubre de este año. “Llegué a un acuerdo porque me interesa más concentrar mi lucha en los derechos de las trabajadoras del sexo”, dice. En ese distrito está el barrio del Raval y su calle Robadors, donde se concentran numerosas trabajadoras sexuales.

Shirley es una mujer transexual que ejerce la prostitución desde hace más de una década.

Shirley es una mujer transexual que ejerce la prostitución desde hace más de una década. Adriana Domínguez

Así que Paula Ezquerra es “puta activista”. “O activista puta”. El tema es que lleva desde los 18 años ejerciendo. Ahora tiene 45. Nació en Buenos Aires, tiene doble nacionalidad y ha trabajado en muchas partes del mundo. Y para ella, lo mejor que le ha dado su trabajo es tener tiempo libre. Un beneficio que no habría conseguido con ningún otro empleo, según dice.

“Yo tengo una frase que es: el estigma puta atraviesa a todas las mujeres”, sostiene. “Nosotras nos reapropiamos de la palabra puta, pero creo que todas las mujeres nos la debemos apropiar porque es una manera en la que los hombres nos controlan”. Porque Ezquerra estira el discurso a todas las mujeres, no sólo a las trabajadoras sexuales. “Si tenemos un mayor control sobre nuestro cuerpo y no permitimos que nadie nos diga cómo hacer, o cómo ser o disponer de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad, sensualidad, del erotismo, sin esa mirada acusatoria del patriarcado y del machismo, la sociedad hará un avance impresionante”, dice.

Paula Ezquerra lamenta lo que llaman la “santificación de sus vaginas” y la moralidad impuesta. También que sean expuestas siempre como víctimas, cuando no son vulnerables, sino “vulneradas”.

“DEBERÍA HABER EMPEZADO A PROSTITUIRME ANTES”

Otra de las mujeres que más ha defendido su trabajo como puta en medios de comunicación durante este último año ha sido Natalia Ferrari. Ella, al contrario que otras muchas mujeres, no sólo ha hecho pública su cara. También su nombre.

Cuando comenzó a tomar decisiones sobre cómo iba a trabajar, tenía asumido que debía ponerse un nombre artístico al ver que era lo que todas hacían. “Pero según construía mi discurso y tenía claro que quería trabajar contra el estigma, me di cuenta de que no tenía coherencia para mí ocultarme o separar mi identidad de mi trabajo. Creo que hacerlo es una opción legítima y, teniendo en cuenta que las prostitutas vivimos una discriminación similar a los homosexuales hace 50 o 60 años, en muchos casos el anonimato es más que necesario para nuestra seguridad”, dice.

Y añade: “Muchas compañeras viven con miedo de que en su otro trabajo se enteren y las echen, o sus familias dejen de hablarles, o ya no quieran contratarlas o se nieguen a alquilarles pisos. Sentí que usar mi nombre real y enseñar mi cara no iba a afectarme tanto, pero sí podía marcar una diferencia en otras. Para que se nos vea como personas que hemos decidido este trabajo, que no queremos vivir marginadas y que nos merecemos respeto”.

Natalia Ferrari se define como una mujer “bastante peculiar”. Es vegana, bisexual, atea, antinatalista y sólo practica relaciones abiertas. Dejó el instituto a los 13 años.

Antes de trabajar como meretriz había probado con otros trabajos. “Soportó” estar en un McDonald’s durante tres días y no aguantó más. Lo siguiente fueron otros dos días trabajando como teleoperadora. También estuvo un par de años como vigilante de seguridad y en el servicio de atención al público en un museo. Alguna temporada la pasaba a tiempo completo de voluntaria en una ONG en defensa de los derechos de los animales.

Cuenta que estaba muy cansada de su trabajo, que se veía a sí misma estancada con 30 o 40 años en un empleo precario que no le aportaba nada en el desarrollo personal. Así que entró en pánico. Decidió dejarlo y buscar alternativas. Encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas. 

“La primera vez tenía miedo, por un momento me creí el cuento de que los hombres que pagan son monstruos y que el papel de la puta es el de ser una mujer sumisa. Pero la realidad es que la cita fue incluso más agradable que otras en las que no ha habido dinero de por medio. Tuve la sensación de que debería haber empezado a prostituirme mucho antes”. 

Una manifestación de la plataforma Putas Indignadas, de la que Paula Ezquerra (derecha) fue portavoz.

Una manifestación de la plataforma Putas Indignadas, de la que Paula Ezquerra (derecha) fue portavoz. Cedida

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20161201/174983263_0.html

Share