El triángulo de la prostitución en Madrid: más de treinta burdeles en medio kilómetro cuadrado

En el Paseo de las Delicias hay dos edificios, el 127 y el 133, que antes tuvieron residentes. Ahora están ocupados por completo por lupanares. Son el símbolo de una gran manzana triangular, entre las paradas de Atocha y Legazpi, con la mayor densidad de prostíbulos clandestinos por metro cuadrado de Madrid. 

El 127 y el 133 del Paseo de las Delicias de Madrid son edificios que están ocupados en su totalidad por burdeles

El 127 y el 133 del Paseo de las Delicias de Madrid son edificios que están ocupados en su totalidad por burdelesMoeh Atitar

DAVID LÓPEZ FRÍAS
 

Madrid también tiene su distrito rojo de la prostitución. Como Amsterdam, pero sin escaparates ni neones. Escondido. Está al salir de la estación de metro de Legazpi. O de la de Atocha. El tercer vértice de esa manzana triangular está en la esquina entre los paseos de las Choperas y Santa María de la Cabeza.

Son poco más de 0,5 kilómetros cuadrados de terreno, pero hay más de treinta prostíbulos. Curiosamente, es una zona en la que no abundan las whiskerías ni clubes de striptease. No se anuncian en público; sólo en la intimidad de internet. La prostitución ya no está en los bares sino en las casas. Desde chicas particulares a clubes ocultos en semisótanos, pasando por consultas de masajistas con final feliz.

Mapa de los burdeles clandestinos en el triángulo de la prostitución de Madrid

Mapa de los burdeles clandestinos en el triángulo de la prostitución de Madrid Alba Martín

Si esa gran manzana roja es la micronación de los burdeles, su capital es el Paseo de las Delicias. Allí se encuentran casi la mitad de los lupanares. Y la densidad la disparan dos bloques: el número 127 y el 133. Son edificios que están ocupados en su totalidad por casas de alterne. Auténticos supermercados del sexo de arriba abajo, que se diferencian de los demás bloques de viviendas porque tienen el portal abierto. Antaño también tuvieron residentes, pero la prostitución fue ganando metros hasta que los echó a todos.

EL 127

De estos dos edificios, el 127 es el más antiguo. Funciona desde hace 40 años y tiene fama de ser la opción “low cost” de la zona, por lo que es muy frecuentado por inmigrantes. Es un edificio muy viejo, de casi 200 años y sin ascensor. Tiene 4 plantas con 4 pisos cada una. Parece que tuvo tiempos mejores. Ahora huele a rancio y da la sensación de que se va a caer a trozos.

Al pasar el portal hay unas escaleras que suben al primer rellano, donde te reciben 4 puertas de madera carcomida. Una de ellas está abierta y en el quicio hay un señor de unos 50 años. Deduzco que peruano, porque lleva una camiseta del Sporting Cristal. Me pregunta que qué horas son estas de venir a fo**ar, que las chicas ya se han ido.

Son las 22:00 y yo creía que era una hora adecuada para ir a un burdel; la noche acaba de caer, la gente empieza a salir de fiesta y la oscuridad proporciona un poco de anonimato. Pero parece que no. El 127, como cualquier otro supermercado, hace un horario muy parecido a un Eroski: de 9 de la mañana a 10 de la noche.

CLIENTES DESDE LAS 9 DE LA MAÑANA

El siguiente día me planto en la puerta del 127 a las 9 de la mañana. Hoy no me pilla el toro. Luego pienso que igual voy a parecer muy desesperado llegando el primero. Prefiero gastar media hora tomando café en la terraza de al lado y observar. En ese rato veo entrar hasta a cinco hombres al edificio. Los hay madrugadores.

En los foros de prostitutas (que los hay y con una cantidad de información ingente sobre el sector) avisan de que en la puerta del 127 hay un tipo con un bate de béisbol que hace las veces de guardia de seguridad. Sería en otros tiempos o sería un mito; ahora no hay nadie que controle y entro.

“LAS WALKING DEAD” DEL PRIMER PISO

También advierten en esos foros de que en el 127 es muy difícil pasar del primer piso. Hay burdeles en las cuatro plantas, pero llegar a la segunda es casi misión imposible. El rellano del primero está lleno de prostitutas con poca ropa, casi todas latinas y rumanas. En los foros son conocidas como “las walking dead”, porque vagan como zombis por las escaleras y se lanzan literalmente a por el cliente. Así sucede. Aún no he asomado la cabeza y ya se me abalanzan en un tono imperativo y casi amenazante. Hay al menos seis. Me miran mal y el ambiente es hostil.

Una chica rumana me tira de la camiseta. Una hondureña enorme es más rápida, me agarra de la muñeca y me introduce de un violento tirón en uno de los pisos. “Vente con la hondureña, papi. 20 euros todo completito” repite en bucle. No son ni las diez de la mañana, pero ya huele a alcohol.Me hace daño en la muñeca y me cuesta muchísimo zafarme de ella, que se queda insultándome. Salgo y subo las escaleras a toda prisa mientras la rumana de antes me dice algo en su idioma. No parece el equivalente a “que pase usted un buen día”.

DESDE 20 EUROS EL SERVICIO

En la segunda planta el ambiente es más tranquilo. Sólo hay un piso abierto. “En los buenos tiempos sí que funcionaban todos los del bloque, los 16. Pero ahora muchos han cerrado. Quedaremos 9 o 10”, me cuenta la mujer brasileña que hace de madame. Se disculpa porque sólo tiene una chica disponible y me pide que la vea sin compromiso. Así funciona este edificio: entras al piso, te muestran a la chica como mercancía y si no te gusta te vas al piso de al lado. Sale una joven mulata adormilada, le digo que me lo pienso y que ahora le diré algo, la chica vuelve a su cuarto y yo me quedo un rato hablando con la madame.

El 127 de Delicias, entre un bar y un bazar, abre las puertas de 9 de la mañana a 10 de la noche

El 127 de Delicias, entre un bar y un bazar, abre las puertas de 9 de la mañana a 10 de la noche D.L.F

Me cuenta que los precios sí que están unificados: “Desde 20 euros. Son los más baratos del barrio; abajo hay otro edificio pero es más caro”, me asegura. También me dice, con poca convicción, que las chicas no viven allí: “Al menos las mías; vienen, trabajan, pagan su habitación y se marchan. Sé que algunas sí que duermen aquí, en algunos pisos, pero yo tampoco les pregunto”. También me dice que cada burdel es independiente de los otros. “Antes nos dejaban abrir por las noches, pero ahora tenemos que cerrar a las diez”, se lamenta. Yo le pregunto que por qué y ella me dice que porque así es la vida. Que si me interesa la chica. Ya le estoy haciendo demasiadas preguntas. Salgo y subo al tercer piso.

UN CARTEL PARA LOS CHINOS

En el tercero también hay una sola puerta abierta. Tiene un cartel en chino, escrito a boli en una hoja de libreta. Aquí están las orientales, pienso. Pero en la puerta hay una señora colombiana que me atiende. “Sí, aquí son las chinas; yo estoy aquí para cobrar y porque no hablan muy bien el español”, me explica. Al parecer hay mucha rotación de prostitutas asiáticas. Mientras me lo cuenta aparece por la puerta un señor latino, muy bajito, que subía detrás de mí. Se conoce que es cliente habitual, porque lo reciben casi con honores de jefe de estado. Yo aprovecho la confusión y me largo.

En el cuarto piso hay otra puerta abierta nada más. Dentro distingo hasta tres voces femeninas con acento latinoamericano. Decido no entrar; ya sé lo que me voy a encontrar. Bajo las escaleras para marcharme y recibo malas miradas y algún improperio al pasar otra vez por el primero, por delante de “las walking dead”.

EL 133

El 133 es otra cosa. Para empezar, en la puerta hay dos ecuatorianos que hacen de seguridad, de guías para los clientes y de recaderos para las prostitutas. El edificio es más nuevo, huele mejor y hay ascensor. Yo decido subir por las escaleras para ver qué me encuentro, pero no hay ni rastro de prostitutas agresivas. Los rellanos están vacíos. Cada piso tiene una sola puerta y hay que tocar. Los apartamentos son más modernos y habitables que en el 127; en cada uno hay dos o tres chicas. Pasas, se presentan y decides.

El 133 de Delicias, con ventanas azules, es más nuevo que el 127. Tiene 5 pisos y guardias de seguridad clandestinos en la puerta

El 133 de Delicias, con ventanas azules, es más nuevo que el 127. Tiene 5 pisos y guardias de seguridad clandestinos en la puerta Moeh Atitar

En uno de los pisos, una de las chicas me dice que está ella sola y que el servicio mínimo son 25 euros. Cinco euros más que en el 127. Le digo que yo no venía a tener sexo sino a hablar. Me dice que bueno, que algunos lo hacen. Yo le aclaro que no es sobre mis penas, sino sobre su trabajo. Que es para escribir un texto en un libro sobre Madrid (para que no salte como un resorte al escuchar la palabra ‘periodista’). Se encoge de hombros y me dice que si le garantizo anonimato, no le hago fotos y le pago, que vale.

Se hace llamar Helen, tiene 27 años, es paraguaya y tiene dos hijos, los dos en su país. Lleva dos años en España y poco más de seis meses en ese piso. Trabajando y viviendo. “Mi compañera y yo dormimos aquí. No pagamos nada de alquiler, pero le tenemos que dar el 50% de lo que saquemos al jefe”, me aclara. En este edificio, al contrario de lo pasa en el 127, todos los burdeles son del mismo propietario, un ecuatoriano que tiene otras casas por Madrid. Helen estuvo antes en un hotel de carretera, pero le obligaban a pagar casi 100 euros diario por la habitación y la comida. “No me salía a cuenta, esto me va mejor. Allí me quedaba con lo que ganaba, pero había épocas muy malas y el gasto era grande”.

TRABAJAN Y VIVEN EN EL BURDEL

Respecto al edificio, dice que está contenta. “A mí es que este mundo me da un poco de miedo, la verdad; yo en Paraguay trabajaba en una tienda.Pero tener a los chicos de seguridad abajo da mucha tranquilidad. Por ejemplo, si desaparece un móvil los llamamos rápidos y ellos bloquean la puerta enseguida para que no salga nadie. O les mandamos que nos hagan la compra si no podemos salir”, cuenta. En cuestión de higiene, explica que “como vivimos aquí, pues tenemos la casa muy limpia, cuidada y perfumada”. Algo que no pasa en el 127, donde el fuerte olor a rancio es uniforme en todo el edificio.

El 133 es un edificio más nuevo que el 127 y en los rellanos no hay prostitutas

El 133 es un edificio más nuevo que el 127 y en los rellanos no hay prostitutas D.L.F

El 133 funciona desde hace unos siete u ocho años, le han dicho. Y cierra un poco más tarde que el 127. Concretamente dos horas. “Aquí hasta las doce de la noche están las puertas abiertas y hay gente de guardia abajo”. Lo del tipo con bate de béisbol vigilando en el portal lo ha escuchado, “pero de tiempos pasados. Yo no llegué a verlo. Aquí no hay peleas. A los clientes también les da mucha calma ver que hay alguien de seguridad. Dicen por aquí que cuando abrían toda la noche sí que había más problemas, pero ahora a la luz del día ya no”. Yo recuerdo a la hondureña del 127 apretándome la muñeca y pienso en lo bien que vendría alguien de seguridad allí también, en aquel primer piso loco. Pero al tratarse de un negocio soterrado y en manos de mafias, nadie va a poder reclamarlo.

Cuando salgo del edificio me doy cuenta de que los chicos de seguridad no están. Aparecen a los pocos segundos llevando un carro de la compra cargado de papel higiénico para abastecer a las prostitutas de los cinco pisos.

Los recaderos del 133 llevan un carro lleno de papel higiénico para las chicas

Los recaderos del 133 llevan un carro lleno de papel higiénico para las chicas D.L.F

MASAJISTAS, SÓTANOS, SANTAS Y BEATAS

127 y 133 aparte, el triángulo que conforma esta gran manzana está lleno de burdeles. No son tan accesibles como esos dos edificios, pero una consulta a la página de contactos más grande de España y varias llamadas telefónicas lo confirma: en Paseo de las Delicias hay al menos cinco casas más donde se ofrece sexo. En las calles interiores como Tarragona o Murcia hay varias masajistas con ’final feliz’. Ofrecen masturbación o sexo completo, según lo que pague el cliente. En la calle de Tomás Bretón, en un semisótano cerca de Atocha, hay una casa que tiene a una treintena de chicas, siete por turno. En la calle del Guillermo de Osma hay un par de lupanares históricos que han ido cambiando de ubicación y son poco menos que mitos en internet. También se vende sexo en calles de nombre tan poco apropiado como Beata María Ana de Jesús o Santa María de la Cabeza.

LA OPINIÓN DE LOS PUTEROS

“No sé si es el sitio con más prostitutas de Madrid, porque en [la calle] Montera o en [Colonia] Marconi también hay muchas. Pero es diferente porque están en la calle. Si hablamos de casas, igual sí es la zona donde más concentración hay. También hay muchas por Usera y Vallecas… pero están más repartidas”, cuenta un putero. Así mismo se define él. “No pongas mi nombre, pero sí, soy putero y orgulloso. Desde los 15 años llevo de putas”, presume. Ahora tiene 55 y participa en algunos foros de prostitutas contando sus experiencias. Ahí es donde lo encuentro, junto a otros tres que han colaborado en la elaboración de este reportaje.

Proceden de varias páginas y postean información y experiencias “porque no hay una base de datos oficial que sirva de información. Con estas aportaciones, las personas que nos movemos en este mundillo lo tenemos más fácil. Si no nos ayudamos entre nosotros, con lo mal vistos que estamos…” cuenta otro de los consultados. 

UNA PORRA SEXUAL PARA EL REAL MADRID – JUVE

En dichas páginas hay una cantidad inabarcable de información sobre el sector: direcciones, experiencias (con todo lujo de detalles), advertencias, promociones y hasta una porra para la final de la Champions: la ha propuesto una prostituta que precisamente trabajaba en Guillermo de Osma, en plena zona roja. Promete un servicio gratis al que adivine el resultado del Juventus-Real Madrid. 

El motivo por el que las casas de prostitución se concentran en este triángulo se desconoce. Otro de nuestros ‘expertos’ en prostitución no encuentra una causa en concreto: “Siempre ha habido bastantes por esta zona. Habrá tradición (ríe). Es un sitio bien comunicado. Sólo en este trocito tenemos cinco estaciones de metro y una de Renfe. Está cerca del Centro, pero los pisos no son tan caros… y hay bastante inmigración, por lo que los “low cost” como el 127 tienen bastante éxito”.

EL ORIGEN: LA COLONIA DEL PICO DEL PAÑUELO

Lo que sí que se conoce es el origen de estos lupanares en la zona. Nita García, de la Asociacion de Vecinos de Arganzuela, cuenta que “los primeros se instalaron en la Colonia del Pico del Pañuelo, que es un grupo de unos 70 edificios construidos en tiempos de Primo de Rivera, allá por el 1925”. La Colonia del Pico del Pañuelo es un pequeño triángulo dentro de ese gran triángulo. Comprende tramos de Paseo de las Delicias, Paseo de las Choperas y calle de Guillermo de Osma. “En esa zona empezaron a poner bares de alterne, donde vendían sexo y drogas” cuenta Nita, que cree que la implantación de esos locales pudo provocar un efecto llamada al resto del sector. Y hasta hoy.

Dos hombres hacen guardia ante la puerta del 133 del Paseo de las Delicias

Dos hombres hacen guardia ante la puerta del 133 del Paseo de las Delicias D.L.F

“Hace como 30 años se llevó este asunto a los tribunales, pero un juez dijo que en nuestro país, la prostitución no es legal ni ilegal. Y no hizo nada. En ese vacío seguimos y es lo que les permite seguir desarrollando esas actividades mafiosas e ilegales”, lamenta Nita García.

En 2011 sí que actuaron contra los bares de alterne. Los vecinos recogieron 600 firmas y se cerraron muchos de aquellos clubes, que luego volvieron a abrir pero ya como restaurantes y comercios normales”. Reconoce Nita que “antes, la problemática sí que afectaba mucho a los vecinos. Entre los bares y las casas particulares funcionando las 24 horas, había peleas y conflictos cada noche. Ahora la cosa está algo más tranquila”, reconoce.

No obstante, cree que los locales de alterne siguen siendo una asignatura pendiente de los respectivos gobiernos municipales: “Llevamos 40 años con esta cuestión y nadie la soluciona. Los vecinos se quejan, pero de puertas para dentro. Saben que estos negocios están en manos de mafias y tampoco se la quieren jugar mucho dando la cara. Es comprensible”. 

LA EXPLOTACIÓN, EL VERDADERO PROBLEMA

Repasamos juntos el listado de burdeles que he recopilado y nos damos cuenta de que tal vez esté incompleto:”Creo que hay algún otro. Hay un par de calles cerca de mi casa por las que vas caminando y ves algunos portales con un timbre distinto. Ese es el indicio que nos dice que dentro hay prostitución”, apunta.

De todos modos, Nita García aclara que “lo que realmente nos molesta no es que una persona libremente decida ejercer la prostitución. A mí eso me da igual. Si es una persona particular que recibe en su casa y no da problemas a los demás, me trae sin cuidado lo que haga. Todo el mundo tiene que buscarse la vida. El verdadero problema es la explotación.Sabemos que muchas de esas chicas que se prostituyen en el 127 o en el 133 están forzadas, amenazadas por las mafias y con el pasaporte retirado. No tienen dónde ir. No salen del prostíbulo. No existen. Ese el auténtico problema y está pasando al lado de nuestra casa, sin que nadie se preocupe”, concluye. 

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170603/220978095_0.html

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Es una de las escort más exclusivas del mundo. Esta es su vida de lujos, sexo y viajes exóticos

Por Javiera Irarrázaval

Cobra 600 dólares cada una hora y media.

 

En la presentación de su página web, dice que se considera una “estudiante, viajera, escritora y profesora de yoga”. Lo cierto es que a veces se transforma en una mujer sumamente sensual, donde se reúne con personas a conversar sobre arte, filosofía, literatura y después tienen sexo. Pero antes debe pagarle los 600 dólares que cobra cada hora y media. 

Ava Hudson es una chica de California, una de las escort más exitosas y exclusivas del mundo. Pero esto no es un trabajo cualquiera; antes de tomar un ‘cliente’ ella los estudia detalladamente con una asistente que ve todas sus referencias.

 
Autor Desconocido, ayúdanos a encontrarlo

Ella solamente atiende a clientes súper estudiados previamente. Obviamente todos deben poder pagar los 600 dólares por la hora y media de cita. 

Su historia

Quizás la gran diferencia de esta prostituta con el resto de las mujeres que se dedica al comercio sexual, es su nivel económico; según explica, fue a la universidad y eso le permite cobrar mucho más caro que otras. Eso ha permitido que valorice lo que hace y le pide al resto que lo haga, de hecho, al comienzo, trabajó en un burdel clandestino en Toronto, en Canadá, y la despidieron después que intentara crear un sindicato de trabajadoras para hacer respetar sus derechos. 

 

Trás su paso por varios clubs en Canadá, Hudson logró entrar a la agencia de prostitutas más prestigiosa del país: las Cupid’s Escorts.

“Contaba con chofer propio que me transportaba a cualquier sitio de la ciudad y atendía a mis clientes en las viviendas y los hoteles más elegantes” declaró a Mel Magazine.

Después de un tiempo, decidió emprender y seguir el camino sola con una cartera de clientes exclusivos. Volvió a California y concentra la mayoría de sus encuentros en San Francisco.

Ava Hudson

Desde allí cuenta que sus citas han cambiado mucho:

“Usualmente al inicio del encuentro disfruto de una buena comida y de una amena charla con los clientes. Arte, filosofía, literatura… casi de todo menos política. El cerebro es el mayor órgano sexual, si logras estimular mi mente, entonces cautivas mi cuerpo”.

Entre los lujos y las excentricidades que le ha tocado vivir, está viajar por el mundo en jets privados, gozar masajes eróticos en los mejores clubs de sexo en Barcelona y muuuuchas orgías en todas partes de la orbe.

Finalmente en su entrevista, Ava reflexionó acerca de su trabajo, diciendo que El trabajo sexual añade transparencia y permite un intercambio distinto de intimidad”. 

¿Qué opinas sobre la vida de Ava?

http://www.upsocl.com/cultura-y-entretencion/es-una-de-las-escort-mas-exclusivas-del-mundo-esta-es-su-vida-de-lujos-y-viajes-exoticos/?utm_source=FBppal&utm_medium=Facebook&utm_campaign=fb

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Barcelona acull el primer prostíbul de nines de silicona d’Espanya

Els clients poden mantenir relacions sexuals amb una figura hiperrealista per 80 euros l’hora

ALFONSO L. CONGOSTRINA

Leiza, una de les nines de LumiDoll.

Leiza, una de les nines de LumiDoll.

Divendres passat va obrir a Barcelona el primer prostíbul de nines inflables d’Espanya, un negoci arrelat a països com el Japó. Els objectes de desig en qüestió són les anomenades Sex Doll, l’evolució de les tradicionals i fetitxistes nines inflables, convertides ara en una mena de maniquins hiperrealistes construïts amb els més avançats polímers i cautxús. Les nines en qüestió estan equipades amb corbes més o menys pronunciades, a gust del consumidor, i amb tres orificis i el seu preu al mercat pot superar els 6.000 euros.

El prostíbul de nines ha estat batejat com Lumidoll. Es tracta d’un nom compost entre el substantiu que s’utilitza, en argot, per denominar a les prostitutes, lumis, i doll que en anglès significa nina. La recepcionista de la primera agència de Sex Doll a Espanya lamenta que pot proporcionar molt poca informació sobre el negoci. També assegura que encara és aviat per valorar com ha estat rebuda la novetat entre els clients d’aquest tipus de fetitxisme sexual ,ja que el negoci no porta prou rodatge.

Lumidoll ofereix, de moment, els suposats serveis sense límits de quatre sex doll. Les tarifes van per períodes de temps. L’hora costa 120 euros (hi ha una oferta de llançament de 80 euros), l’hora i mitja costa 150 euros (100 euros durant l’oferta promocional), dues hores 170 euros (120 euros en oferta).

Una de les grans preguntes és la higiene de les nines. El prostíbul assegura que abans i després de cada servei les desinfecta “amb sabons especials antibacteris”. Tot i així, recomanen l’ús de preservatius que la pròpia empresa proporciona. Per als serveis es demana cita prèvia, on el client indica com desitja que vagi vestida la nina.

Una nova competència?

Conxa Borrell, presidenta de l’Associació de Professionals del Sexe (Aprosex), està convençuda que aquest nou negoci no farà la competència a la prostitució tradicional: “Les sex doll no ens substituiran, compleixen la seva funció com a fantasia però no amenacen la nostra professió”. Borrell considera que “complir fantasies és molt sa i les nines estan en les fantasies de moltes persones”. La presidenta d’Aprosex assegura que el Japó “ens porta tres vides d’avantatge a l’hora de complir fantasies” i confirma que les sex doll seran un autèntic complement “perquè hi haurà clients que voldran tenir una prostituta, una nina o un altre tipus de fantasia”.

http://cat.elpais.com/cat/2017/02/28/catalunya/1488301967_252175.html

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Eva Vica: “No hago voluntariado, cobro por ofrecer placer”

Nuria Navarro

NÚRIA NAVARRO

Periodista

Eva Vica (Barcelona, 1986), educadora social, trabaja en una residencia para personas mayores con discapacidad intelectual. Acostumbrada a los cuerpos “abyectos” –que así los define, sin cosmética–, esos que se esconden porque ofenden al canon de la normalidad, hace un par de años se enteró de la figura de la asistente sexual de discapacitados. Probó y, desde entonces, hace un par o tres servicios por semana.

Una asistente sexual no es una prostituta. Para mí no hay diferencia.

Algunas colegas suyas defienden la diferencia. Eso tiene que ver con el estigma de puta. Yo no hago un voluntariado, ni un acto de altruismo. Cobro por ofrecer placer. Es prostitución. Solo que en el trabajo sexual hay especialidades, y la mía requiere un conocimiento de la logística, saber cómo movilizar a una persona que igual pesa más que yo, conocer las ayudas técnicas como la sonda gástrica, la mascarilla de oxígeno o la colostomía.

A la mayoría nos repelería. Porque no están acostumbrados, simple y llanamente. Como no lo estaba yo, ¿eh? El primer día que trabajé como educadora social me impactó la visión de personas a las que se les caía la baba, que gritaban y hacían movimientos estereotipados.

¿Puedo preguntar por el primer día como asistente sexual? ¡Llegué a pensar que tenía que haber pagado yo al señor! Era un invidente de nacimiento que no tenía ninguna dificultad para relacionarse a nivel íntimo.

No todos sus clientes son así. No. Una cosa es alguien con discapacidad física únicamente, que decide lo que quiere, y otra, la persona incapacitada judicialmente que no tiene autodeterminación.

Póngame un caso… extremo. El de una persona con una lesión medular causada por un accidente que le afecta la movilidad y la cognición. No por estar postrado y no poder hablar deja de sentir.

Tiene poco margen. No tener una erección no es una condena a no disfrutar del sexo. El sexo va más allá de la genitalidad. Está en el cerebro. Es cuestión de empatía, paciencia y tacto.

¿Y simultanea el empleo de educadora y el de prostituta? Sí. No puedo dejar mi empleo de educadora social porque una asistente sexual no tiene derechos laborales. En otros países es un servicio regulado y subvencionado por el Estado, aunque es el Estado quien define los requisitos para optar al servicio.

¿Qué requisitos son esos? No entra el coito. El asistente se limita a hacer lo que la persona haría con su cuerpo si no necesitara de la ayuda de otro. El autoerotismo, por ejemplo. Eso se puede reivindicar como un derecho humano, pero yo defiendo el poder acceder al cuerpo del otro.

¿Al suyo? Sí.

Placentero no debe de resultar. Claro que sí. Para mí no son sujetos pasivos. Yo les hago trabajar.

¿A qué dice ‘no’? (…) A determinadas complicaciones higiénicas y, sobre todo, cuando no se respetan los acuerdos a los que hemos llegado en la entrevista previa. A veces es complicado, no por el servicio en sí, sino por la familia, que es quien contrata y se siente con derecho a decirme cómo lo tengo que hacer, a preguntar detalles que me incomodan. Me he llegado a encontrar discutiendo con la persona implicada, la psicóloga y la educadora.

¿Y todo esto por 100 euros el servicio? Sí.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/eva-vica-hago-voluntariado-cobro-por-ofrecer-placer-5859492

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Cansada del “egoísmo machista” del derecho, esta abogada brasileña decidió cambiar de oficio a Cortesana de lujo

Claudia de Marchi, de 34 años, se mudó a Brasilia para “liberarse” de los hombres del mundo jurídico y ganó cerca de USD 125.000 en un año, mucho más que con su salario como defensora de las leyes brasileñas

Una abogada brasileña contó que ha encontrado satisfacción en su nuevo trabajo, y un mejor salario, después de dejar su carrera en el derecho y convertirse en prostituta. La respetada abogada Claudia de Marchi, experta en derecho constitucional, sorprendió a sus clientes y colegas el año pasado cuando de repente decidió dejar su alta posición en un bufete de abogados y empezó a anunciar sus servicios como una “cortesana de lujo”.

La joven de 34 años se trasladó a Brasilia, la capital del país, donde, en lugar de ampliar su conocimiento de las leyes de Brasil, comenzó a prestar servicios sexuales a empresarios y políticos ricos por USD 185 la hora.

 

Irónicamente, una de las razones de su drástico cambio de dirección fue que ya no podía tolerar el “egoísmo machista y la auto-indulgencia” que había encontrado en el mundo jurídico.

En lugar de eso, la autoproclamada feminista decidió que sólo trataría con hombres dispuestos a pagar por su compañía, alegando que ella prefiere “el orgasmo y el pago” que tener que soportar vivir con “defectos masculinos” todo el día.

 

Ahora, ella afirma que el cambio de oficio fue la “mejor decisión que tomó” después de encontrarse “liberada” de los hombres y ganar cerca de USD 125.000 en un año, mucho más que su salario como abogada.

Y aunque la mayoría de las prostitutas usan un seudónimo para proteger su verdadera identidad, Claudia ha insistido en que se enorgullece de lo que ha logrado e incluso escribe un blog con su nombre real sobre sus encuentros sexuales que ahora obtiene más de 8.000 visitas un día.

 

El blog incluye tutoriales para hombres sobre temas como cómo deben comportarse con las mujeres, cómo ser un “hombre real” y cómo “madurar correctamente”, así como consejos sobre cómo realizar sexo oral a una mujer.

Por otra parte, su madre de 64 años apoya tanto su nueva profesión que recientemente se mudó de su propia ciudad natal a la capital, y ahora vive con su hija en su casa cerca del parlamento brasileño.

 

Cláudia, de Sorriso, en el centro de Brasil, se licenció en derecho en 2005 y trabajó como abogada en la ciudad durante 11 años, especializada en la interpretación de la compleja constitución de Brasil después de completar estudios de postgrado.

Más tarde comenzó a dar conferencias sobre derecho constitucional en la universidad Unic Sorriso local.

 

De Marchi, en la universidad

De Marchi, en la universidad

Pero ella afirma que se cansó de trabajar en el mundo de un hombre, así como una sucesión de relaciones fallidas, incluyendo un matrimonio que duró sólo un año, y cuando fue despedida de su posición en la universidad “por el ego de alguien” en febrero. El año pasado, Claudia decidió repensar cómo quería vivir su vida.

 
http://www.infobae.com/america/america-latina/2017/02/25/cansada-del-egoismo-machista-del-derecho-esta-abogada-brasilena-decidio-cambiar-de-oficio/
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Así pasé una hora con una muñeca por 80 euros en el prostíbulo de las sex dolls de Barcelona

Un club de Barcelona es el pionero en Europa. Oferta 4 figuras para practicar sexo: una caucásica, una africana, una asiática y un personaje manga. Son de silicona y pesan 40 kilos. Un reportero de EL ESPAÑOL acudió el día de la inauguración.

Lily, asiática, 1,61 de altura y 40 kilos de peso, es una sex doll.

Lily, asiática, 1,61 de altura y 40 kilos de peso, es una sex doll.

 

Me cuentan en la redacción que está a punto de abrir en Barcelona el primer burdel de Europa de muñecas hinchables. En efecto, aún no lo habíamos visto todo en esta vida. Llamo al teléfono que sale en la web para pedir un reportaje y me atiende Gina, la chica de prensa. “No daremos entrevistas hasta que pase un mes. Ya hay un par de medios más interesados”, se disculpa. 

Se lo explico a mi jefe y le advierto de que, si esperamos, se nos pueden adelantar otros medios, pero que lo que yo no pienso hacer es ir de cliente y zumbarme a una muñeca de plástico. “Yo nunca me he metido en la vida sexual de mis redactores. Tú sabrás qué haces con ella. Pero vas, te haces pasar un cliente y lo cuentas”, me contesta.

De izquierda a derecha: Aki, personaje de manga, Niky, la muñeca caucásica y Lily, la asiática

De izquierda a derecha: Aki, personaje de manga, Niky, la muñeca caucásica y Lily, la asiática

Lumidolls es el nombre del club en cuestión. El nombre ya lo resume todo: lumi (prostituta) y doll (muñeca). Para ir hace falta pedir cita previa con una de las 4 figuras disponibles: Niky, la caucásica, Leyza, la africana, Lily, la asiática estándar y Aki, la asiática de pelo verde que imita a un personaje de manga. En realidad no son muñecas hinchables, sino réplicas humanas hiperrealistas de silicona. Una especie de maniquís articulados con rasgos muy exuberantes. El precio de cada unidad ronda los 5.000 euros. Pasar una hora con una de ellas en Lumidolls, 120 euros.80 estos días, por la promoción inaugural.

CONCERTAR UNA CITA

Escribo un mail pidiendo cita con Aki, porque dado lo bizarro del reportaje, prefiero elegir a la más rara. Me contestan a los pocos minutos. Vuelve a ser Gina, la chica de prensa, que también se encarga de concertar las citas y no sabe que soy yo. Ahora también se disculpa: la única muñeca disponible para el fin de semana es Lily, la asiática estándar. Inauguran el viernes y ya tienen el fin de semana completo. Me maravilla que, sin haber hecho publicidad, ya haya tantísima gente esperando a pagar 80 euros por tirarse a un muñeco.

Leiza es la muñeca africana de Lumidolls

Leiza es la muñeca africana de Lumidolls

Contesto que Lily estará bien. Total, no voy a tener sexo con ella. Mi decisión me enfrenta a las presiones de los sectores más radicales de la redacción de EL ESPAÑOL, que consideran que tengo que consumar por el bien del periodismo. El tema provoca debate, cachondeo y muchas preguntas: ¿Cómo la limpian? ¿Sexo con una muñeca son cuernos?, ¿Cómo desinfectan los orificios?, ¿Hemos tocado fondo como especie?, ¿Seguro que los desinfectan?

PRIMER PERCANCE

Me dan hora con Lily el viernes a las 7 de la tarde. Los problemas empiezan a las 6. Gina me escribe un Whatsapp para decirme que hay un contratiempo y que tendremos que suspender la cita. La llamo para que me lo aclare: “El anterior cliente se ha debido de emocionar mucho, porque le ha roto una teta. Y mira que esta silicona es dura, eh. Pero la ha agujereado. Igual le ha pegado un bocado”, se disculpa. Es la tercera vez que tiene que disculparse y aún no he llegado. Yo no me lo puedo creer y le contesto: “¿Cómo que le han agujereado una teta? ¿Pero me va a poder recibir o no? ¡Porque yo he venido desde Madrid sólo para estar con ella!”. Todo eso lo digo casi a voces en mitad de la calle Ferran de Barcelona, un eje comercial muy transitado. No he medido bien.

El cliente puede elegir con qué ropa y en qué posición espera la muñeca

El cliente puede elegir con qué ropa y en qué posición espera la muñeca

Gina me asegura que sus jefes la están reparando, y que si estoy dispuesto a esperar un ratito más, podré pasar una hora con mi muñeca asiática. Yo doy el OK y llego a Lumidolls con media hora de retraso. El club está en el entresuelo de un viejo edificio, en una callejuela estrecha del centro de Barcelona, muy cerca de la Rambla. Comparte planta con un hostal. Me abre la puerta Gina, que además de atender a la prensa y concertar citas, también se encarga de recibir, cobrar, vestir a la muñeca y proporcionar al cliente preservativos y lubricante.

LILY Y LA GANGRENA

El club en realidad es una casa compuesta por un comedor y varias estancias aparte. Llegamos a la habitación y ahí está Lily. Me espera sentada en la cama y vestida con un camisón rosa. En realidad, el parecido con un ser humano es asombroso. Tanto, que creo ver gangrena en sus brazos. “Oh no, eso es porque el anterior cliente ha pedido que se la vistan de negro y parece que la ropa ha desteñido”, se disculpa (de nuevo) Gina. “¿Y la teta rota?”, le pregunto yo. Ella me la enseña: “Nada, como nueva. Tiene como una pequeña cicatriz. Era un cliente muy alto y muy grande. Creo que le ha pegado una paliza”. También me fijo que cuando la construyeron no calibraron bien las retinas y es estrábica.

El vestido negro que pidió el cliente anterior destiñó en la piel de Lily

El vestido negro que pidió el cliente anterior destiñó en la piel de Lily

Gina me pregunta cómo he conocido Lumidolls. Yo no sé muy bien qué contestarle e improviso que ya está viendo mi barba y mi camisa de cuadros; que soy un hípster, y como somos medio idiotas, nos gusta hacer cosas que no hace el resto de la gente, comprarnos el Iphone el día que sale y esas tonterías. Que yo en realidad esto lo hago para fardar luego. Y que por eso me gustaría que me explicase más cosas sobre las muñecas. Es la única forma que encuentro de sacarle información sin que sepa que soy el periodista que la llamó el día anterior. Y ella me lo cuenta.

ORIFICIOS DE 17 CENTÍMETROS

Las sex dolls son, como su propio nombre indica, muñecas diseñadas para practicar sexo. Están hechas de silicona quirúrgica. Son piezas únicas y no se fabrican en serie. Miden entre 1,60 y 1,70 metros, pesan 40 kilos y sus rasgos son hiperreales. El esqueleto contiene unas varillas metálicas flexibles que le permiten articularse y ponerse en posturas realmente curiosas. Cada muñeca tiene 3 orificios de 17 centímetros de profundidad:boca, vagina y ano. Cuatro en el caso de Lily, que tiene un seno agujereado. Son juguetes que tienen mucho éxito en Japón, la meca de este tipo de fetiches sexuales, aunque estas en concreto están fabricadas en Estados Unidos. El pelo no es natural, pero en Lumidolls ya han programado la compra de pelucas para customizarlas.

“¿Y esto es higiénico?”. Gina, que también es (cómo no) la persona encargada de limpiarlas, me responde que las lavan antes y después de cada uso “con un jabón que se usa en los hospitales. Para los orificios uso una de esas pistolas de presión, tipo Karcher”. Con eso se asegura, me dice, que queden totalmente desinfectadas. No obstante, siempre recomiendan al cliente utilizar un condón; ella misma lo facilita junto al lubricante.

Aunque es una muñeca de silicona, Lily celebra los goles haciendo el arquero, como Kiko Narváez.

Aunque es una muñeca de silicona, Lily celebra los goles haciendo el arquero, como Kiko Narváez.

En la habitación también hay unas velitas para ambientar, toallas, una (sola) copa de cava (no han tenido el detalle de ponerle una a Lily), un bol con fresas, un hilo musical en el que suena algo muy romántico que me recuerda a Michael Bolton y una televisión en la que sólo ponen porno. Elementos más que suficientes para tener el mejor polvo de tu vida con un objeto inanimado.

Gina cierra la puerta y me deja a solas con la muñeca. “Pobre Lily. Qué te han hecho”, le pregunto. Lily no me responde. Tampoco se queja cuando le aprieto la teta, pero la cicatriz se abre y sale una burbuja; como una pompa de chicle de fresa. Eso provoca un desequilibrio dentro del seno y se le queda un agujero encima del pezón, como si la hubiesen apuñalado. Casi tengo el reflejo de pedirle disculpas.

El anterior cliente no controló su fuerza y le destrozó un pecho a Lily

EL ANTERIOR CLIENTE NO CONTROLÓ SU FUERZA Y LE DESTROZÓ UN PECHO A LILY

Lily huele muy bien porque además de lavarla le han puesto colonia. El tacto es bastante curioso. Es mullida pero firme, como esas pelotas antiestrés que se aprietan fuerte con las manos. Está bastante más fría que un ser humano y, sobre todo, pesa mucho. Muchísimo. Me doy cuenta al levantarla para examinarla. Aunque es la más bajita de las cuatro muñecas (mide 1,61), es difícil maniobrar con ella. En uno de esos meneos se le cae la peluca. Lo que le faltaba a Lily. Por detrás se le da un aire a Iván De la Peña. Yo ya había tomado la decisión de respetarla como muñeca y no tener sexo, pero así ya es imposible. Con el brazo engangrenado, la teta pinchada, calva y con un ojo mirando a Tokio, no puede haber nada de libido y sí mucho de compasión.

Lily, contrariada porque es calva y no le gusta que le hagan fotos sin peluca

Lily, contrariada porque es calva y no le gusta que le hagan fotos sin peluca

Como he decidido no probarla sexualmente, paso un buen rato colocándola en posiciones graciosas. La pongo a hacer el saludo surfero de Ronaldinho, o la celebración del arquero de Kiko Narváez. Cuando me canso de símiles futbolísticos la pongo a imitar a un egipcio, a un italiano gesticulando, a un heavy y a Chiquito de la Calzada. Sus 40 kilos de peso me desgastan mucho la espalda y su gangrena me pringa las manos. En cada movimiento, ella queda más maltrecha. El pecho empeora por momentos y cada vez es más difícil recolocarle la peluca, porque los cabellos se le enganchan al cuerpo. Ella me observa impasible con su ojo a la virulé.

SAYONARA LILY

Gina me dijo que me avisaría cuando hubiese pasado una hora. No da lugar. Cuando me he cansado de hacer el imbécil abandono la habitación, advirtiendo de que la buena de Lily ha tenido un debut muy duro y la van a tener que retirar un tiempo, porque está muy lesionada. El seno izquierdo está destrozado. Gina me cobra los 80 euros y se la lleva a lavar con la Karcher, que Lumidolls abre de 10 de la mañana a 10 de la noche (como un Carrefour) y seguro que ya hay otros clientes esperando.

Apretando el pecho de Lily le sale la silicona quirúrgica por la herida

Apretando el pecho de Lily le sale la silicona quirúrgica por la herida

Yo me despido y me marcho repasando las fotos que le he hecho con el teléfono móvil. No es un ser vivo, pero me genera compasión. Eso me permite comprender que haya gente a la que le suscite otro tipo de sentimientos y pague por pasar una hora con estas muñecas. Vuelvo a mirar la foto de la teta pinchada. Pobre muñeca. Qué debut más duro. Sayonara Lily; mañana será otro día.

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170225/196480602_0.html

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En el interior de una escuela para prostitutas

 

Puta escuela II

Esta no es una escuela común. No es un lugar de los que escuchas hablar en las conversaciones sociales ni el tipo de curso que te recomiendan para salir de la monotonía. No es una clase para mojigatos ni tímidos. Esto es Aprosex, una ONG que realiza un curso para trabajadoras sexuales. 

Algunos la llaman la profesión más antigua del mundo. Es un trabajo del que todas las personas han oído hablar, al que muchos recurren para satisfacer sus necesidades físicas o emocionales y muchas otras lo ejercen, inicialmente, para solventar un problema económico. Sin embargo, la prostitución, a pesar de los grandes avances en derechos e igualdad de la mujer, no ha dejado de ser una profesión llena de estigmas. Para eso es esta universidad. Una de sus fundadoras habló con KienyKe.com.

“Mitos hay muchos, como que somos mujeres, adictas, alcohólicas, madres despreocupadas, que somos violadas y vejadas por nuestros clientes de forma sistemática. La realidad es que somos mujeres como usted, con nuestras familias, padres, madres, hermanas, hijas e hijos a los que llevamos y recogemos del colegio. No somos una raza extraña de mujeres, e incluso, lo más probable es que en su red más cercana de amigas o familiares, haya alguna trabajadora sexual que vive escondiendo cómo gana su dinero, por temor a ser juzgadas”, aseguró Paula VIP, una de las creadoras de este curso.

Esto precisamente es lo que busca Aprosex, luchar por los derechos y la reivindicación de las trabajadoras sexuales. Esta asociación fue creada en el año 2012 como la primera asociación gestionada por profesionales del sexo en España, entre ellos, gigolós, transexuales, lesbianas. 

Lea también: La historia de dos putas, una pobre y una rica

Durante los últimos cinco años se ha consolidado como el único colectivo en España que llevan a cabo un proyecto de estas características y que solo busca lo mismo que todos los colectivos de trabajadores del mundo: “Reclamamos nuestros derechos sociales, civiles y laborales, que a lo largo de la historia se nos viene negando por pura moralina. Las putas precisamos de los mismos derechos que el resto de mujeres. No queremos más, pero exigimos no tener ni uno menos”.

Un curso de estas características indudablemente ha de generar múltiples reacciones. Por un lado, las mujeres que se ven beneficiadas por el curso les han manifestado a las creadoras un alto grado de satisfacción no sólo porque les ha permitido adquirir conocimientos, sino también porque ha permitido generar una red de compañeras en las que pueden confiar; “Y eso siempre viene muy bien en este trabajo, que en muchos casos obliga a una soledad extrema, de nuevo, provocada por el estigma puta”.

Sin embargo, fuera del círculo de trabajadores sexuales, muchos otros se han opuesto con vehemencia. “Es evidente que los grupos abolicionistas han puesto el grito en el cielo”. El estigma las persigue, sin embargo, esto no es ni un límite ni un obstáculo para ellas “proteger y cuidar de nuestras compañeras es nuestra obligación, que se sientan seguras, fuertes, que actúen sin miedos y sin complejos, es nuestra prioridad”.

Partiendo de la primicia de que el trabajo sexual es igual a cualquier otra profesión, estas mujeres, prostitutas veteranas, han decidido compartir los conocimientos y estrategias que han aprendido con el tiempo y la experiencia. Para ellas, ser putas es un trabajo voluntario, que como cualquier otro, se puede aprender y mejorar.

Los cursos de Empoderamiento y Formación se dictan a las nuevas profesionales del sexo para que las mujeres y hombres que los tomen puedan trabajar de forma autónoma y, de esta forma, que sus ingresos les pertenezcan a ellos y no a un tercero; los temas que se abordan en la clase son amplios y variados: desde el estigma que alcanza a todas las mujeres que ejercen la prostitución, hasta cómo promocionarse en las redes sociales para obtener mayores rendimientos económicos.

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Según el temario del curso “Prostitución: Empoderamiento y Formación Básica para Nuevas Profesionales” publicado en la página web de Aprosex, los enfoques del curso son diez, y cuatro de ellos están enfocados en cuestionarse si están preparadas para ejercer este trabajo, mientras los demás buscan darles herramientas y trucos a las mujeres para poder ejercer esta labor: 1. ¿Por qué quiero dedicarme a la prostitución?; 2. Insistiendo…¿De verdad deseo ser prostituta?; 3. ¿Pensaste en los inconvenientes?; 4. Me siento preparada para ejercer esta profesión?; 5. Pequeños y no “tan pequeños” Trucos sobre Sexo; 6. Introducción al Estigma Puta y sus consecuencias anímicas; 7. La Profesionalización de las Trabajadoras del Sexo; 8. Fondos y Planes de Ahorro; 9. Hacienda y Seguridad Social; 10. Marketing para Trabajadoras Sexuales.

Los cursos tienen una duración de cuatro horas, se llevan a cabo los sábados y tienen un costo de 90 euros. Las clases se dan en grupos reducidos para permitirles a los participantes expresar sus dudas y necesidades y así adecuar la lección para ellos.

Aprosex

“Nuestra labor consiste, en gran parte, en formarlas en el aspecto de empoderamiento feminista, comprendiendo de este modo, que el poder lo ejerce siempre la trabajadora sexual y las pautas que debe seguir para evitar que el cliente intente una rebaja o que pretenda quedarse más tiempo del pagado”

Usualmente, las mujeres que deciden comenzar a ejercer como prostitutas se enfrentan a un panorama incierto: tienen que empezar un trabajo nuevo, en el que usualmente no pueden recurrir a ningún asesoramiento, no saben cómo deben actuar y se enfrentan a la desconfianza, temor, estigmas y  secretismo solas.

“Nuestras alumnas tienen mucho miedo a ser descubiertas por sus seres queridos, en primer lugar, y el segundo tema que más les preocupa es la seguridad. En cualquier caso, el acompañamiento es esencial y no termina cuando finaliza el curso, si no que se extiende en el tiempo para que las dudas y consultas que vayan surgiendo al comenzar el trabajo, puedan ir siendo resueltas desde la dirección de Aprosex”, dice VIP en diálogo con este medio. 

Sin embargo, este trabajo, además de las dudas y el miedo, también genera satisfacción. Sobre todo, al estar trabajando en lo que ellas decidieron de manera que no solo subsisten, sino también pueden llevar una vida digna, pagar sus facturas y alimentar a sus familias.

“No hay que ser de ninguna forma especial. Lo que sí es absolutamente necesario, es la formación específica, como en cualquier otra profesión. Porque esto es lo que somos, profesionales del sexo de pago”

Aprosex y Paula VIP defienden la dignidad de este trabajo. Afirman que la única diferencia que existe entre la prostitución y todos los demás trabajos es la moral “Se lleva a cabo un trabajo y se cobra por él. Fin del drama”. Según lo explica, las mujeres deciden qué servicios realizan y filtran los clientes que no les son gratos. Ellas deciden los tiempos y el precio. “Así que no es diferente de cualquier otro trabajo autónomo, a diferencia de que en el nuestro se cobra por adelantado. No hay impagos, algo muy habitual y poco castigado en España”.

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En España, el ejercicio de la prostitución no es ilegal, así que ellas pueden ejercerlo con tranquilidad. Sin embargo, se vulneran muchos derechos, como no tener baja por maternidad o que poder cobrar una baja si están enfermas. Paula VIP asegura que la moral de los políticos y las políticas no debería interferir en los derechos humanos, sociales, civiles y laborales de un colectivo de mujeres marcadas por el estigma de una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado, antes que legislar con sentido común, justicia y sabiduría. Sin embargo, hay casos de casos.

Los juicios y agresiones están presentes en la vida de estas mujeres constantemente. En la vida personal es difícil comunicarle a sus seres queridos cómo se ganan la vida, terminan inventando historias y mentiras para justificar el dinero que consiguen y el tiempo que le invierten. Se inventan una vida con la que tienen que cargar y revelar la verdad puede ser quitarse una cruz de encima o recibir un rechazo que las hiere profundamente.

Sin embargo, también aseguran que ser prostitutas ayuda a mejorar su vida: su situación económica mejora notablemente, son más independientes y disponen de más tiempo libre, regularizan sus pagos atrasados, pueden acceder a viviendas de alquiler o compra al poder darse de alta como trabajadoras autónomas. No existe ninguna diferencia con cualquier otra trabajadora; “a excepción del maldito estigma, ése que hace que deban mentir acerca de en qué trabajan, para que su círculo cercano no las juzguen, las intenten “salvar”, las discriminen o las avergüencen en público”.

Socialmente, hasta el mismo título que las caracteriza lo utilizan para insultar, pero a ellas no les importa.

“Somos putas, nos autodenominamos putas, porque puta es sólo una palabra. Quien la intenta usar como insulto, se encuentra al otro lado con una mujer que se reafirma como mujer disidente a la sociedad, con una luchadora por sus derechos y los de sus hermanas. Con una feminista convencida y valiente. Puta es una palabra sonora, radical, contundente que nos representa y nos honra”.

“Prostitutas y feministas”

Paula VIP solía ser contadora antes de darle otro rumbo a su vida. Lleva diez años trabajando como prostituta y tras todo este tiempo, no sólo afirma que le gusta su trabajo sino que también lo desarrolla “con mimo” hacía ella misma, sus clientes y compañeras.

Afirma que ser puta ha cambiado su vida a mejor: “He conocido a mujeres increíbles, empoderadas completamente que me han abierto los ojos en lo que al feminismo se refiere y puedo, desde mi posición de profesional del sexo, hacer mucho bien a otras compañeras menos empoderadas, a las novatas, a las que siempre trabajaron para terceras personas, a que por fin se queden con el 100% del dinero que ganan. Este trabajo me llevo a estudiar terapias sexuales, que es mi otra profesión y dejar definitivamente mi antiguo trabajo en contabilidad”.

Para ella, la prostitución es el trabajo donde el patriarcado tiene menos que decir. Ellas mandan y toman las decisiones mientras el cliente asiente y paga; “Así es como las putas han trabajado  a lo largo de toda la historia”. El referente social y cultural de las putas son las cortesanas y hetairas; ellas, como profesionales, dicen declararse muy por encima del sometimiento masculino. “Ellos saben quién manda”.

En su opinión, la institución que mejor vela por el patriarcado es el matrimonio, mientras que la trabajadora sexual define que desea hacer, cobra por adelantado y los pacta por adelantado, “despojamos al hombre de ropa, lo dejamos reducido a su mínima expresión y le instamos a irse cuando pasó el tiempo acordado”.

“Las putas somos feministas en defensa propia contra los grupos abolicionistas a los que tanto les molesta que nos ganemos la vida. Obviando que nosotras deberíamos tener todos y cada uno de los derechos que ellas ostentan y que a nosotras, nos deniegan sistemáticamente”. Además, cuestionan que tan feministas pueden ser quienes las critican y arremeten entre ellas en vez de luchar a su lado para mejorar sus condiciones laborales.

Finalmente, sobre cómo esta profesión ha cambiado su vida y la de las mujeres que la ejercen, sobre como su vida ha evolucionado, afirma: “Ya no somos tan “normales”, ya nos desprendimos de las casposas reminiscencias que la sociedad nos hace creer si ejercemos trabajo sexual. Somos más fuertes que antes, somos mujeres libres, feministas, compañeras en la lucha, madres, hijas, hermanas.

Tal vez seamos menos “normales” porque las abolicionistas nos han hecho crecernos ante la adversidad de sus críticas feroces, de sus moralinas de tercera regional, de su concepción de una sexualidad monógama y concéntrica, de un mito del amor romántico enfermizo y que refuerza la figura del macho sobre una mujer dominada”.

http://www.kienyke.com/historias/prostitutas-feministas-y-una-escuela/

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Marconi, a carne y fuego

  • El polígono del sur de Madrid es el mayor prostíbulo a cielo abierto de España

  • Allí trabajan día y noche, a veinte euros el servicio, 400 mujeres. Muchas son esclavas sexuales de las mafias

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes.

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes. / Alberto Ferreras

FRANCISCO APAOLAZA

Sobre la acera en la que se ofrece, la mujer ha pergeñado un humilde fuego en el que arden las astillas de un palé de madera roto. Desde un cielo nublado y naranja, industrial y descarnado, desciende, tenaz y cansada, una lluvia que todo lo empapa. La Venus de Milo del Sur de Madrid ha colocado sobre la hoguerita dos tablas de contrachapado que se sujetan una con la otra como un tejado y cubren su lumbre para que el agua y la noche no la apaguen. Posa casi desnuda. Viste un tanga y unos tacones de charol blanco. Todo lo demás es piel erizada y mojada, y sus dos pezones se han contraído por el frío y el agua. El paraguas claro descansa sobre el hombro derecho y ella ladea sobre él la cabeza y suspende la mirada en el vacío, como esas chicas de los jardines de Renoir. Para aprovechar el calor, ha doblado su cuerpo en cuclillas encima del fuego y, sentada sobre los talones, ha abierto las piernas sobre la llama que calienta sus muslos y su sexo, de manera que parece que la mujer está pariendo un puñado de brasas. Desde el otro lado de la calle se puede sentir su perfume mareante de canelas, melocotones y pachulíes que sube de nota conforme uno se acerca a ella. «¿Qué quieres, guapo?», pregunta con amabilidad aunque sin excesiva cercanía. Aleksandra nació en Rumanía, tiene 23 años y ofrece sus servicios de puta en Madrid en el supermercado de la carne, el mayor prostíbulo a cielo abierto de España, un mar de esclavas y de kleenex usados que se conoce como Marconi.

Siete de la tarde. Unas manzanas más allá, aún recorren las calles chavales con mochila y bocadillo de chocolate que se desfogan en brincos y carreras después del colegio. Una calle separa dos galaxias distintas. A un lado, la inocencia familiar de cualquier urbanización de Madrid a esa hora, el terreno de la indignación vecinal. Al otro, chisporrotea el fueguito de Aleksandra, que es uno entre cincuenta como los faros de una costa desconocida, oscura, atroz y amenazante. Cada pocos metros se eleva una hoguera en mitad de la noche. Cada fuego alumbra el cuerpo de una mujer. En las calles del polígono no hay fábricas, pero sí coches. Circulan despacio porque allí siempre es hora punta. Son cientos. Reducen la marcha para ver de cerca la mercancía, lanzan un grito desde la ventanilla, negocian el precio y, poco después, paran a un lado de la carretera. A través de las ventanillas se adivinan siluetas en diversas posturas, un porno de sombras. Después, ellas bajan y caminan de nuevo sobre una acera tapizada de pañuelos de papel y los coches vuelven a circular.

El mapamundi del sexo

Se calcula que 400 chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato. Esta es una selva antigua, crecida después de que se desmantelara la Casa de Campo, el tradicional caladero de la prostitución madrileña. El mapa del sexo está dividido por países. El corazón de esa geografía es la zona de las hogueras, pero el reino del sexo va mucho más allá. En las afueras de esa ciudad sin ropa, otras chicas remiten a placeres más furtivos. Casi no se las ve. En el extrarradio de Marconi, en un rincón sin luz aguardan los rostros hipermaquillados, fecundos y casi selváticos de las transexuales y la belleza furtiva, discreta y frágil de media docena de muñequitas de porcelana oriental. Allá están las chinas. Más acá, el suelo lo ocupan las rumanas, algo más lejos las ecuatorianas, nigerianas… Cada esquina y cada trozo de acera tiene un dueño, un color de piel y un acento distinto. El producto está ordenado y mapeado en los foros puteros de internet donde aparece el color de piel, el aspecto, el nombre y hasta los servicios que ofrece cada una de ellas. «Aquella acepta no usar preservativo…».

Cada palmo de terreno es un bien codiciado que tiene dueño. Lo controlan las mafias. En cada puesto se relevan las chicas, que pagan un canon de sus beneficios a los señores feudales de ese asfalto. Ellas mismas están controladas en su mayor parte por las mafias y las vigilan otras veteranas. Algunas mujeres pasean entre ellas, les llevan tabaco y por supuesto, cuentan los clientes y las ganancias. Su gesto es servil, pero en realidad son la cadena en el tobillo. Los chulos no se dejan ver. Algunos controlan desde las atalayas de los edificios, en habitaciones calientes lejos del frío y de la lluvia. También vigilan a los reporteros desde furgonetas blancas. Uno de ellos, de pronto, recorre la acera a pie camino de ninguna parte para dar su mensaje a las chicas y al periodista: os estamos vigilando.

Ninguna quiere hablar. Caderas anchas, pechos asomando tras una red de encaje, pongamos que se llama María. Se excusa -«estoy trabajando»-, pero acepta llamar al reportero más tarde. La conversación tiene lugar al día siguiente camino de la farmacia: «No quiero hablar. Tengo mucho miedo». La mayor parte de las chicas no pasa del anuncio de su tarifa. Cuesta creer que aquella veinteañera de metro ochenta de las piernas largas y los ojos de hierbabuena, esa mujer que podría estar en una pasarela o bailando de gogó en una discoteca, esa diosa eslava esté allí pasando frío y haciendo sexo dentro de un coche por veinte euros. Se calcula que son 400. A cuarenta servicios por cabeza, cada día en Marconi sale a 16.000 polvos. A estas alturas del reportaje se habrán imaginado que en esas calles hay más ley que la de la oferta y la demanda.

Sobre cada par de tacones se erige un edificio quebrado, una historia que salió mal. A Lis se le torció la vida el día en el que la echaron de su trabajo de secretaria en un despacho de abogados de Sao Paulo, en Brasil, y de un golpe se le acabó el dinero para pagarse la carrera de Derecho. En esa mala hora conoció a una chica que le ofreció una solución: viajar a Europa a trabajar de camarera y a cuidar niños y viejos. «El plan era ganar en un par de años lo que le costaría después acabar la carrera». Aquella chica fue trabando relaciones de amistad con la gente de Lis y alrededor de ella tejió la tela de araña de la confianza. Pasó un par de meses sopesando la decisión. No suponía entonces que unos años más tarde terminaría esnifando cocaína con un cliente en una cuneta de Villaverde.

Quizás podría haberlo sospechado cuando a las siete chicas del grupo les dieron las instrucciones del viaje: llevar 500 euros encima para justificar ante la Policía de Extranjería que viajaban a Europa de vacaciones, disimular y no dar señales de que conocían a otras chicas. Brasil, Italia, Portugal… Comenzaron a moverlas. «La primera semana nos trataron como reinas». Vivían juntas en un piso, pero el trabajo prometido no llegaba. Entonces, la chica no fue tan simpática. Las reunió en un salón del chalet y, rodeada de cuatro matones, les confesó que ese viaje no era el que habían pensado: «Nos dijo que allí no habíamos venido a cuidar ancianos, sino a ejercer la prostitución». Les quitaron el pasaporte. En ese mismo instante de desconcierto comenzaron las amenazas y las palizas. También les dieron otra noticia: debían 5.800 euros. Entonces Lis ya podría añadir a su currículum un trabajo de esclava sexual en una red de trata de blancas. Pese a todo el dinero que ganaría en adelante, nunca darían esa deuda por satisfecha, así que viviría atrapada por las redes criminales.

El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: hasta 50.000 euros por traerlas a España, en la mayor parte de los casos en condiciones infrahumanas y jugándose la vida. Diversas organizaciones han llegado al consenso de que ocho de cada diez prostitutas de las que trabajan en España (se calcula que son 300.000) no lo hace por su propia voluntad y está en manos de los proxenetas y de las mafias, sobre todo rumanas, brasileñas y españolas. No son todas. En 2015 nació en Madrid la Asociación Feminista de Trabajadoras del Sexo que reclama el papel de las mujeres que ejercen libremente.

Drogas por fuerza

«Antes que a Marconi nos llevaron a Sevilla, a una casa. Nos enseñaron a beber mucho alcohol y a usar drogas, porque así los clientes gastaban mucho más. Salvo pincharnos, nos obligaron a tomar todas las drogas». Las adicciones son comunes entre las mujeres. En agosto encontraron a una de ellas muerta por una sobredosis en el polígono. Llevaba dos días cadáver. Ese mismo mes, la Policía encontró el cuerpo de un hombre de 70 años que había fallecido al parecer de un infarto mientras se encontraba consumiendo drogas con una prostituta.

Cuando estaban ‘formadas’, las trajeron a Madrid y anduvieron de aquí allá. «Cada veinte días cambiábamos de ubicación porque los clientes quieren siempre carne fresca». Hay que mover la mercancía, así que cada cierto tiempo cambian. Rocío Mora, de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Ayuda a la Mujer Prostituida (APRAMP), admite que un gran porcentaje de las chicas «no sabe ni en qué ciudad está».

Al cabo del tiempo, Lis llegó a Marconi y se vio junto a una de esas hogueras. «Pareces muy libre porque enseñas las tetas, pero en realidad allí no hay libertad ninguna», explica. En esa ciénaga de asfalto, se sentía vigilada constantemente por las chicas y también por los proxenetas que observan la maquinaria tras los cristales de un asador cercano. Cada día tenía una misión: cuatrocientos, quinientos, seiscientos euros. Un servicio son 20 euros, pero no siempre. «Hay mujeres deterioradas física y psicológicamente que lo hacen por cinco. Hasta que tenías el dinero no podías volver a casa, así que podías pasar allí el tiempo que fuera. Si volvías sin el dinero, te acusaban de haberlo robado y te pegaban». En casa, las amenazas eran constantes. Muchas de las mujeres prostituidas están advertidas de que, si no siguen con el juego, van a atacar a sus seres queridos en sus países de origen. Llamar a la Policía es, para ellas, un absurdo, pues creen que son cuerpos corruptos y que las van a delatar a las mafias. «Nos hacen creer que la Policía es como la de nuestros países. Nos tienen encadenadas mentalmente». A las nigerianas las controlan con santeros de vudú. Al llegar a casa, si se quejaba, recibía una paliza. «Nos pegaban, pero no en la cara, porque perdíamos valor en la calle». Además de los golpes le ofrecían la excusa: «Cuando los clientes preguntaban, teníamos que decirles que nos habíamos caído o que a otro cliente le gustaba el sado».

Las condiciones en la calle son infrahumanas. Catorce horas trabajando sin comida a base de café, cigarros, alcohol y drogas. El frío siempre termina por hacer mella, así que las chicas enferman. El mensaje es claro: «Tienes que seguir trabajando». A los pocos meses, casi todas arrastran enfermedades, pero la deuda nunca se cubrió. Lis tocó fondo después de pasar una semana con un cliente teniendo sexo y consumiendo cocaína. Facturó 16.000 euros y reclamó que la mafia reconociera que cancelaban su deuda. Se negaron y ella se dio cuenta de que nunca saldría de ese agujero. «Pensé: o me escapo, o me matan». Y voló. La brasileña aceptó por fin la ayuda de APRAMP, que se esfuerza en ofrecer salidas reales a las mujeres. Lis denunció a los que la habían explotado y vivió tres años en un piso de protección. Pasó años rehabilitándose de su adicción a las drogas, aprendiendo oficios y asistiendo a terapia para reconstruir los escombros en los que se había convertido su vida. Meses después, sufrió una trombosis coronaria con la que pagó por todos sus excesos con los clientes. La prostitución estuvo a punto de matarla. «Estaba destruida». Hoy es agente social y patrulla las mismas calles de Marconi en una unidad de rescate de APRAMP que ofrece ayuda a las mujeres que están en su situación.

En Villaverde siguen entrando coches. Abren las ventanillas, negocian el precio de la carne, siguen adelante, vuelven a negociar, se detienen, se van… El servicio no para ni un minuto. «Es una forma más de ocio -admite Lis-, pero la gente no se da cuenta lo que hay detrás. O quizás no quiere verlo. Dicen que el de puta es el oficio más antiguo del mundo, pero yo creo que el más antiguo es el de mirar a otro lado».

En Marconi, a simple vista, los clientes no son más que siluetas. No hay un perfil definido, aunque cada vez son más jóvenes. El mito del putero sesentón se desvanece. Cada vez son más jóvenes y abundan las cuadrillas de adolescentes de hasta 14 años que han integrado las fiestas sexuales en Marconi en su rutina de ocio. Se sabe, según datos de Eurostat, que en España el 33% de los hombres ha ido de putas al menos una vez en su vida.

JOVEN, EXTRANJERA Y CON HIJOS

La prostitución es el segundo negocio que más ingresos genera en el mercado negro internacional, una lista encabezada por la falsificación de medicamentos. El perfil de la prostituta en España es el de una mujer extranjera, de menos de 35 años y con hijos a su cargo. Según un informe de Cáritas, la crisis ha llevado a muchas mujeres españolas a vender su cuerpo para sacar un dinero con el que subsistir; en la mayoría de los casos, sin conocimiento de su entorno familiar. Muchas inmigrantes afincadas en nuestro país que habían abandonado esta forma de vida se han visto obligadas a retomarla a causa de la precariedad económica.

SEXO BARATO

Por zonas: Las prostitutas se distribuyen según su raza y procedencia.

Los clientes: Cada vez más jóvenes, los hay incluso de 14 años.

400 mujeres ofrecen servicios de prostitución en el polígono Marconi, en Villaverde, a las afueras de Madrid.

40 servicios sexuales puede llevar a cabo una mujer en un día. Gran parte de estos ingresos son para los proxenetas.

20 euros es el precio medio de un ‘servicio’ en el polígono Marconi. Las más deterioradas lo hacen por cinco euros.

300.000 prostitutas se ganan la vida en España ofreciendo servicios sexuales a cambio de dinero. La mayoría son extranjeras.

80 de cada cien mujeres que ejercen la prostitución no lo hacen por su propia voluntad. Son controladas por proxenetas y mafias que las trajeron de sus países de origen.

33 de cada cien hombres españoles confiesan haber contratado en alguna ocasión servicios de prostitutas.

http://www.laverdad.es/murcia/sociedad/201701/15/marconi-carne-fuego-20170115005909-v.html

 
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Colau evita multar la prostitución callejera

Las prostitutas aseguran que con la entrada en el gobierno de BComú el trato con los agentes de la Guardia Urbana ha cambiado y ya no imponen sanciones

“No parecen los mismos urbanos. Ya no vienen a la caza y captura de la puta. Hay presión, pero ya no nos multan, como hacía Xavier Trias”. Janet, una de las prostitutas de la calle de Robador del barrio barcelonés del Raval, sostiene que desde que entró Ada Colau en el Ayuntamiento los agentes han dejado de multarlas por ofrecer servicios sexuales en la calle. “Necesitábamos que alguien simplemente nos escuchara. Queremos que coloquen bancos en la calle para trabajar de forma más discreta, tener baños públicos… el Ayuntamiento dice que lo estudia. Ahora, por lo menos, cuando nos precintan un apartamento acusándonos de montar un meublé nos dejan sacar nuestras pertenencias”, se conforma. La estadística da la razón a Janet.

 
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona.
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona. MASSIMILIANO MINOCRI

El exalcalde convergente Xavier Trias, apoyado por el PP, modificó la ordenanza de civismo en 2012 para prohibir la prostitución callejera en Barcelona. En las primeras cinco semanas que la norma estuvo vigente, los urbanos amonestaron a 316 personas (204 de estas denuncias fueron a prostitutas). El convergente conservó la alcaldía un mandato.

 

En junio de 2015, Ada Colau tomó posesión como alcaldesa. Durante todo ese año la urbana interpuso 508 denuncias por ofrecer o contratar servicios sexuales en la vía pública, la mayoría de ellas en los meses que gobernó Trias. Desde la tenencia de alcaldía de Derechos de Ciudadanía y desde la concejalía de Feminismos aclaran que aunque Colau hubiera querido sancionar a las prostitutas —que no quería— no lo hubiera podido hacer porque a los pocos días de haber tomado posesión del cargo entró en vigor Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como ley mordaza. “Esta ley tiene un rango superior a la ordenanza y es de obligado cumplimiento. El texto legal no prevé multar por realizar ofrecimientos sexuales”, defiende una portavoz municipal.

 

La ley mordaza impide sancionar a prostitutas, pero el Consistorio barcelonés añade otros motivos para no multarlas: “Existe una directiva europea que pide que se evite revictimizar a las mujeres en posibles situación de tráfico”. Desde el Consistorio admiten que “no sancionar el ofrecimiento sexual es una práctica consolidada en Barcelona y que, además, no ha tenido ningún impacto sobre el número de prostitutas que ejercen en las calles”.

La portavoz municipal asegura que según las estadísticas con las que cuenta la Agencia para el abordaje integral del trabajo sexual (Abits) el número de meretrices es estable desde hace años. “Las sanciones a las prostitutas no tenían ningún efecto disuasorio y dejar de sancionar no ha supuesto un aumento de trabajadoras sexuales”, concluye la portavoz.

El intendente jefe de la comisaría de Ciutat Vella de la Guardia Urbana de Barcelona, Benito Granados, opina que “quizás antes la administración había perdido un poco la sensibilidad con el tema de la prostitución”. Granados conoce los movimientos que hay en su distrito y más allá. “Actualmente, entre la ronda Sant Antoni, Robador, la Rambla y la Villa Olímpica hay cerca de 60 mujeres ejerciendo la prostitución callejera”. Reconoce que es una población bastante estable.

“Este 2016 en Ciutat Vella no hemos denunciado a ninguna prostituta y hemos multado a unos 80 clientes”, explica Granados. El intendente ha hecho labores de mediación con el colectivo: “Nuestro objetivo es luchar contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Ahora los explotadores no se distribuyen en grandes organizaciones criminales sino que son estructuras pequeñas que explotan a una o dos mujeres siguiendo métodos emocionales que hacen muy complicado nuestro trabajo”.

En los parques de la Villa Olímpica los servicios sexuales pueden costar entre 10 y 15 euros mientras que en Robador o Sant Antoni alcanzan los 20 euros más “5 y 10 euros por la habitación”. “Actualmente hay una decena de meublés en funcionamiento y la propia normativa va en nuestra contra”, asegura Granados.

Relata que cuando los agentes sospechan que un piso funciona como meubléabren un expediente administrativo. Pero que hasta que se resuelve con el cese de las actividades, se precinta el inmueble y el juzgado da la orden de precinto judicial pasan unos meses durante los que los administradores han tenido tiempo para alquilar, u okupar, otro piso donde continuar la misma función.

También la ONG Genera constata el cambio de actitud de los urbanos con las prostitutas. Esta asociación en defensa de los derechos de las mujeres asegura que las multas solo sirvieron para precarizar, más aún, la situación de las mujeres: “Además, a las que más afectó fue a las jóvenes que se encontraban en una situación de trata (el 15% de las prostitutas según la ONG) y no podían moverse de la calle”.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/12/31/catalunya/1483172309_482487.html?id_externo_rsoc=TW_CC

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Las trabajadoras sexuales que venden el acceso a sus vidas privadas a través de las redes sociales

Se están dando cuenta que interesan tanto sus salidas a comprar alimentos y sus chistes malos, como sus cuerpos

BORROSA LA LÍNEA DIVISORIA ENTRE AQUELLOS CON QUIENES TENEMOS UNA RELACIÓN VERDADERA Y AQUELLOS QUE NO
Chris Stokel-Walker
Las redes sociales solo son el mercado más reciente en el que se venden y se compran favores sexuales.
 

Como cualquiera que ejerza la profesión más vieja del mundo, Cortana Blue vende intimidad.

Lo que la hace diferente es que ella utiliza las redes sociales para establecer esa conexión personal con sus clientes. Tan solo en un año ha logrado que 1.000 personas se suscriban a su cuenta en Snapchat.

Internet libera del sentimiento de culpa a quienes buscan pagar por sexo. Pero el campo se está ampliando a otras formas de intimidad.

En esa plataforma sus seguidores no solo pueden verla desnuda a diario, sino que también tienen acceso a su vida cotidiana.

“Puedes chatear conmigo cuando quieras”, dice.

Las nuevas generaciones de trabajadoras sexuales online se están dando cuenta que el público está tan interesado en sus salidas a comprar alimentos y en sus chistes malos, como en sus cuerpos al descubierto.

Más que sexo

“Si miras con un microscopio lo que está ocurriendo en la industria del sexo, te darás cuenta de que dice mucho de lo que está pasando en el resto de nuestras relaciones sociales”, comenta Teela Sanders, de la Universidad de Leicester, en Reino Unido.

Las redes sociales están haciendo más borrosa la línea divisoria entre aquellos con quienes tenemos una relación verdadera y aquellos que no.

Celebridades como Kim Kardashian y Taylor Swift tienen ejércitos de fieles seguidores atentos a cada nuevo post que colocan en sus cuentas de Instagram.
Pero aplicaciones como Snapchat, que promueven el intercambio de mensajes individuales, pueden hacer sentir algunas relaciones como más personales, e incluso recíprocas.

Las redes proveen a los fans con acceso al contacto íntimo las 24 horas del día.

En opinión de Sanders, quien tiene 15 años investigando la industria del sexo, internet cambió el significado del trabajo sexual.

La fórmula tradicional era intercambiar sexo por dinero, pero ahora existen diversos niveles de interacción sexual -desde contacto físico hasta interacción a través de una pantalla- lo cual atrae a personas que anteriormente no se hubiesen atrevido a adentrarse en este mundo.

La simple transmisión de personas desnudas con una cámara conectada a la computadora (webcamming) surgió poco después del advenimiento mismo de la red.

El “cibersexo” (transmisión de actos sexuales vía online) despegó en la década de los 90, gracias a su inmediatez, pero también por su interacción básica entre el emisor y la audiencia.

Sanders resalta que, a través de estas plataformas, la interacción se hizo psicológicamente más fácil para las personas, porque al no tener el contacto físico sentían que no están haciendo nada malo, que no afectaban sus relaciones “verdaderas”.

Sexo y las redes sociales

La industria del sexo se ha adaptado rápidamente al cambio en los hábitos de sus consumidores, incluyendo las redes sociales.
Momoka Koizumi es una trabajadora sexual que forma parte de los 150 millones de usuarios que dice tener Snapchat, una aplicación donde las personas intercambian fotos y videos por tiempo específico.

La joven de 23 años se convirtió en camgirl (una modelo que a diario se muestra desnuda a través de las redes sociales), cuando comenzó a estudiar en la universidad.

En ese entonces realizaba trabajos de medio tiempo que no le gustaban, hasta que su prometido le sugirió que se dedicara a ser modelo en internet.

Para emprender su nuevo trabajo Momoka comprendió que debía analizar muy bien el mercado, y contar con una presencia en redes sociales.

Algunos creen que somos permanentemente conscientes de nuestra imagen online, así que nunca revelamos nuestros verdadero ser.

“Revisé una docena de perfiles de exitosas camgirls y descubrí que todas tenían una cuenta en Snapchat”.

Estas modelos de internet venden el acceso a sus cuentas privadas en Snapchat, donde el seguidor podrá observar contenido sexual y no sexual. Al menos 10% de los ingresos de Koizumi provienen de su cuenta en Snapchat.

De la misma manera que muchas personas contratan los servicios de una prostituta porque desean compañía tanto como sexo, las personas que se suscriben a las cuentas de modelos en Snapchat buscan algo más que gratificación sexual.
Esta aplicación les permite contacto permanente con sus chicas favoritas. Kiozumi ofrece acceso de por vida a su cuenta personal por US$45.

De los 10 contenidos diarios que comparte en su red, solo la mitad tiene material explícito.

No es tan fácil

En palabras de Grant Blank, del Instituto de Internet de Oxford, Snapchat probablemente ofrece una conexión más personal que la vía tradicional por medio de una cámara de computadora.

Pero no es tan simple como suena.

Koizumi explica que para mantener una agenda que le permita producir contenido del show y tener dos días libres a la semana tiene que actuar como si se tratara de un trabajo a tiempo completo, porque actualizar las redes sociales no permite descanso o que te ausentes porque te sientas enferma.

“Desde que abrí la cuenta creo que no ha pasado un día sin que haya colocado un post”, señala.

Blue también pasa largas jornadas trabajando.

“Paso buena parte de mi día en Snapchat. Si no estoy colocando fotos o videos, estoy contestando los mensajes de mis seguidores, lo cual puede exigir bastante tiempo”, advierte.
Snapchat es la plataforma donde Blue vende más suscripciones, pero también utiliza Kik, otro servicio instantáneo de mensajería, e incluso su teléfono.

Trabajo rentable, pero ¿legal?

El éxito de estas trabajadoras sexuales en Internet ha sido tal, que ha despertado el interés de intermediarios, firmas administradoras que ofrecen servicios gerenciales para todos aquellos que se quieran dedicar a este negocio.

Una de estas compañías se llama SeeSnaps, ubicada en Reino Unido, la cual cuenta en su portafolio de clientes a unas 40 modelos que venden -desde la página de la empresa- acceso a sus cuentas en Snapchat.

SeeSnaps se queda con 20% del monto de la suscripción por la cuenta de la modelo, lo cual puede representar entre US$19,99 a US$37.

Vender acceso a cuentas de Snapchat sin la autorización escrita de esta compañía es técnicamente una violación de los términos de servicio de esta red social. Transmitir contenido pornográfico también lo es.

BBC Future le preguntó a Snap qué opinaba al respecto, y un vocero de la empresa se limitó a proporcionar unos enlaces a los lineamientos y términos de servicios que rigen a las comunidades vinculadas con la aplicación.

Ahí se establece que la cuenta puede ser eliminada si se determina que hubo una infracción de esos términos de uso.

La cuenta en Snapchat de Blue ha sido reportada y eliminada dos veces desde que la abrió en enero del 2015.

De hecho, muchas modelos consultadas para elaborar este artículo optaron por no participar, a fin de no despertar el interés de supervisores y autoridades que condujeran al cierre de sus cuentas.
A pesar de esto, trabajar al margen de la ley no es un tema desconocido para estas modelos, y muchas afirman que las autoridades deberían considerar que al no haber contacto físico, es una manera segura y sana en la que las trabajadoras sexuales pueden hacer dinero.

El futuro

Ya nada es inusual cuando hablamos de tener relaciones íntimas a través de la red.

Daniel Miller, de la Universidad de Londres, ha estudiado el impacto de las transmisiones a través de internet en las relaciones humanas, asumiendo que la interacción con otra persona utilizando una cámara de video puede ser tan íntima como un contacto cara a cara, o incluso más.

“Es totalmente posible que Snapchat permita cierta forma de intimidad que otros formatos no ofrecen”, advierte Miller.

En opinión de Blue, el sentido de intimidad es bidireccional.

“Disfruto el tener una conexión privada con uno de mis fanáticos, que nadie más puede ver o tener”, explica.

A ella le gusta saber qué está haciendo la personada que está conectada del otrolado, cuál es su apariencia física, en qué pasa el tiempo.

“Realmente me gusta que mis seguidores sepan que estoy aquí para ellos si quieren hablar de lo que pasó en sus días, o si me quieren enviar memes, o hablar sobre videojuegos o gatos”.

http://www.periodistadigital.com/america/sociedad/2017/01/05/las-trabajadoras-sexuales-que-venden-el-acceso-a-sus-vidas-privadas-a-traves-de-las-redes-sociales.shtml

 
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