Putas y putadas

Paula VipPAULA VIP Trabajadora sexual

Putas y putadas

Hasta que no se normalice mi trabajo, no seré una ciudadana de pleno derecho y todo el mundo se atreverá a opinar por mí

Tenemos una sociedad en la que todos nos sentimos preparados para opinar sobre todo. Sin embargo, es necesario tener una mínima formación sobre aquellos temas de los que deseamos hablar, sea a favor o en contra. Ciertamente, la prostitución es uno de esos temas que siempre está candente, siempre crea titulares y desencadena gran cantidad de clics, tuits y ‘likes’ en las redes sociales, tan apreciadas por su rapidez como aventuradas por su falta de veracidad. Un asunto calentito como este da pie a que muchas personas que jamás saldrían a la palestra por mérito propio, lo hagan hablando como supuestas expertas en prostitución.

No obstante, quienes saben realmente sobre este tema, tan manido por seres ajenos, son las trabajadoras sexuales. Las únicas que tienen derecho a expresar una opinión que siente cátedra son las mujeres y hombres, cis (con una identidad conforme al género de su sexo biológico) y transgénero, que todos los días se dejan la piel en un trabajo que los ayuda a salir adelante con el estigma que fabrican los que viven de un sueldo público.

Es hora de hacer saber a la ciudadanía que, lejos de estar fuera de la sociedad y de la ley, las prostitutas exigen y luchan por los mismos derechos que disfrutan quienes, sistemáticamente y por prejuicios morales, se los niegan. Resulta aberrante que, en pleno siglo XXI, cientos de miles de mujeres estén reclamando derechos sociales, laborales y políticos porque los legisladores no son competentes a la hora de elaborar ordenanzas y leyes que estén a la altura de la sociedad actual. Ayer leíamos en estas mismas páginas que la FAVB se proclama a favor de que se multe al cliente de la trabajadora sexual, como si eso no fuera en contra de los intereses de las mujeres que ejercen el trabajo sexual. ¿Acaso multar al cliente de un comercio no atenta claramente contra los derechos del empresario? Pues en este caso, la empresaria es la trabajadora sexual, ya que las prostitutas que ejercen de forma libre y voluntaria, lo hacen en modo mayoritario, de manera autónoma.

DATOS QUE SON AUTÉNTICAS BARBARIDADES

Las declaraciones de la FAVB han sido desafortunadas, máxime cuando a los colectivos proderechos de las trabajadoras sexuales nos consta que en su propio seno hay una gran diversidad de opiniones. Tampoco es nuevo ni excepcional que la FAVB acuda a actos y concentraciones a favor de nuestros derechos. Así pues, entendemos que a alguien, tal vez, se le fue la mano o la lengua.

Porque sí, porque todos se sienten capacitados para opinar sobre prostitución. Se sepa o no de lo que se habla, se dicen barbaridades como que el 99% de mujeres son obligadas al trabajo sexual -nadie sabe de dónde han sacado el porcentaje- o que 500.000 mujeres ejercen la prostitución en España.

Si los periodistas llegaran a preguntar a estos colectivos de dónde sacan los datos que manejan podríamos ver con qué sencillez se derrumba su castillo de mentiras.

Y es que, hasta que no se normalice mi trabajo, no seré una ciudadana de pleno derecho y todo el mundo se atreverá a opinar por mí.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/putas-putadas-5011737

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Prostitución en Marconi: los vecinos denuncian que la Policía Municipal no patrulla el barrio

«Apenas se les ve desde que entró en vigor la Ley de Seguridad Ciudadana», critican. El Ayuntamiento lo niega y ultima un plan para disminuir la lacra

prostitución en Marconi

prostitución en Marconi

Los vecinos de la colonia Marconi, situada en el polo industrial de Villaverde, dicen que están «muy hartos». Desde que en julio pasado entrara en vigor la nueva Ley de Seguridad Ciudadana aseguran que la Policía Municipal apenas patrulla por el barrio, que sigue siendo la zona de mayor concentración de prostitución callejera de España, con cientos de chicas. Tienen una reunión pendiente con la Junta del Distrito para reclamar que se actúe con las misma contundencia que se hacía antes. El presidente de Villaverde, Guillermo Zapata, niega que la presencia de los agentes sea inferior y anuncia un plan para disminuir esta lacra.

«En el último Consejo de Seguridad del distrito ya nos quejamos; pero los mandos policiales negaron que hubiera menos patrullas. Pero la verdad es que ya no se ve a los municipales tanto como antes, que estaban en la zona de día y de noche, haciendo controles a los clientes y pruebas de alcoholemia. Los únicos que siguen patrullando la zona son los policías nacionales», se queja Mabel Díez, representante de los 1.500 residentes en la colonia.

Los mandos de la Policía Municipal presentes en aquella reunión negaron también cosas tan evidentes como que se hubiera desmantelado el Grupo de Atención Zonal (GAZ), dedicado a perseguir la venta ambulante en Villaverde y otros cuatro distritos, y las Unidades Centrales de Seguridad (UCS), los «antidisturbios». «Dijeron que eran cosas que se había inventado la prensa, y que lo que realmente habían hecho era descentralizar a los agentes», añade Díez. En la práctica, tal como ha venido informando ABC, esas unidades sí que han dejado de existir o están en proceso de eliminación, para que quienes las integraban pasen a engrosar las plantillas policiales de los distritos de toda la capital.
Los vecinos de Marconi reconocen que hay menos chicas que hace unos años, que están más alejadas de la zona residencial y más próximas a la empresarial, pero que continúan, a plena luz del día, colocándose medio desnudas en zonas de paso e, incluso, por donde discurre la ruta escolar. De hecho, existen en las inmediaciones un centro docente, el Villamadrid, con 500 alumnos, y una escuela infantil. «Solo vemos a los policías de la comisaría del distrito y a los de la Ucrif (unidad que lucha contra la trata de seres humanos), todos del CNP», insiste la presidenta vecinal.

Los datos de la Delegación del Gobierno hablan de que el Cuerpo Nacional de Policía interpuso durante 2015 un total de 541 denuncias a clientes de la prostitución (en Madrid no se castiga a las chicas, la amplísima mayoría de ellas víctimas de mafias), principalmente en Marconi.

«Sensación subjetiva»
El Ayuntamiento niega que se esté patrullando menos en la zona. El concejal Guillermo Zapata explicó a ABC que «con la nueva Ley de Seguridad Ciudadana se restringen este tipo de sanciones a casos en los que se entorpezca el tráfico»; y la circulación en el polígono no es densa. «La Policía Municipal sigue haciendo el mismo trabajo que antes, pero la nueva legislación no tiene una enorme capacidad de multar; quizá por ello los vecinos tienen esa sensación subjetiva».

Y remite a los datos con que cuenta: «En dos meses, se han apagado casi 300 hogueras [las chicas, en invierno, las prenden por la noche para mitigar las bajas temperaturas] y lo que estamos haciendo es alejar a las mujeres de las zonas habitables». Insiste Zapata en que «no hay la menor instrucción a la Policía Municipal para que deje de patrullar ni de multar».

El presidente de Villaverde avanzó a este periódico que se vienen manteniendo reuniones con los vecinos, empresarios, Cuerpos de Seguridad y con la asociación creada por las prostitutas que hacen la calle en Marconi de manera voluntaria. Se trata de Afemtras (Agrupación Feminista de Trabajadoras del Sexo), presentada el pasado 7 de octubre. Entre sus objetivos, esta entidad busca derogar la Ley de Seguridad Ciudadana, mejorar la relación con los vecinos del barrio, legalizar su trabajo y tener derecho a Seguridad Social.

«Estamos –especifica Zapata– aún en la fase de elaboración de un diagnóstico: cuáles son los problemas que se están produciendo en cada parte y luego darles una solución. Ya he visitado tres veces la zona, una de ellas con la alcaldesa Carmena. Entiendo que existe una urgencia vecinal, pero hay que comprender que en ocho meses no puede hacerse lo que no se ha conseguido en diez años».

En Marconi y en el anejo polígono de El Gato trabajan entre cien y trescientas chicas, dependiendo del momento.

http://www.abc.es/espana/madrid/abci-prostitucion-marconi-vecinos-denuncian-policia-municipal-no-patrulla-barrio-201603120151_noticia.html?ref_m2w=

 

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FOTOGALERÍA | Las mujeres toman las calles de Barcelona el 8-M

Catalunya 8-m

Consignas contra el patriarcado y el capital tiñen de morado la capital catalana en el Día Internacional de la Mujer

Manifestació Dia de la Dona, 8 març 2016

Una mujer hace el gesto feminista delante de la cabecera de la manifestación SANDRA LÁZARO

Miles de mujeres han marchado este martes por Barcelona con motivo del 8 de marzo para reivindicar los valores feministas y contra el patriarcado. La manifestación ha salido desde plaza Universitat a las 19 horas y ha recorrido el centro de la capital catalana tras una cabecera en la que se podía leer «Juntas en la diversidad contra el patriarcado y el capital».

Manifestació Dia de la Dona, 8 març 2016

Una mujer sostiene la pancarta de cabecera mientras grita y alza el puño SANDRA LÁZARO

La reivindicación ha estado trufada de cánticos y gritos reivindicativos, que no han dejado títere con cabeza. « La talla 34 m’apreta la patata«, « no som amigues, ens mengem la figa» o clásicos como «polla violadora, a la licuadora» han conducido la riada de gente, que exhibían algunos carteles como este, que enlaza las actuales reivindicaciones de género con la represión contra las brujas.

Manifestació Dia de la Dona, 8 març 2016

Uno de los carteles exhibidos por las manifestantes SANDRA LÁZARO

Durante la marcha han tenido lugar reivindicaciones de corte laboral, con mención explícita a conflictos como el de Eulen o Caprabo.

Manifestació Dia de la Dona, 8 març 2016

Castelleras durante la manifestación SANDRA LÁZARO

El trabajo sexual y la economía de los cuidados han sido otra de las reivindicaciones constantes durante los parlamentos, que han tenido lugar al finalizar la manifestación en plaza Sant Jaume. Miembros de colectivos como Aprosex, Las Genera o el Colectivo Hetaira han reivindicado la dignidad de la prostitución.

Manifestació Dia de la Dona, 8 març 2016

Paula Vip, presidenta del colectivo de prostitutas independientes Aprosex SANDRA LÁZARO

A la manifestación han asistido caras conocidas de la política catalana. Entre ellas la de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y algunas regidoras de su gobierno municipal, además de representantes de ERC, PSC, ICV, la CUP o Podem.

Manifestació Dia de la Dona, 8 març 2016

Vista panorámica de la marcha feminista del 8M a su paso por Vía Laietana SANDRA LÁZARO

http://www.eldiario.es/catalunya/FOTOGALERIA-mujeres-toman-calles-Barcelona_0_492401875.html

 

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Uno de cada cinco españoles reconoce haber consumido prostitución durante el año pasado

Un 10% de los consumidores de prostitución no denunció la presencia de menores ejerciéndola. (Foto: Getty)

Según un estudio, realizado bajo encargo de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, el 20% de los españoles pagó por servicios sexuales durante el año pasado y el 10% de los consumidores se percató de que había menores ofreciendo estos servicios y no hizo nada por denunciarlo.

Un 20% de los hombres españoles reconoce haber pagado recientemente por servicios sexuales. Además, ese porcentaje no concibe que las mujeres que les atendieron pudieran ser víctimas de trata. El 10% de los españoles se dio cuenta de que entre las prostitutas había menores y no hizo nada por denunciarlo. Un estudio elaborado por la Universidad Pontifica de Comillas arroja estos datos que son, cuanto menos, impactantes.

El informe, realizado bajo encargo de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, se basa en 1.600 entrevistas a hombres en una muestra aleatoria y se complemente con cuestionarios a informantes clave, como ONG, miembros de la judicatura y las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en 10 provincias españolas.

Los investigadores sostienen que si bien la muestra no es del todo representativa, es un termómetro de lo que podría ser la punta del iceberg: “Que un 20 por ciento de los encuestados se atreva a reconocer algo que está siempre tan oculto, indica que deben ser muchos más quienes han pagado por consumir prostitución en España”, recalca Jorge Uroz, uno de los cinco autores del informe.

Los resultados hablan alto y claro: el 20% de los encuestados había pagado por sexo el año anterior y la mayoría “no concibe que las mujeres a las que contrata para ejercer la prostitución puedan estar coaccionadas, no habiendo detectado esta situación”. Un 10% detectó, no obstante, que había trata de menores en ese entorno igual que otro diez por ciento percibió que podía existir algún tipo de coacción de esas mujeres. Sin embargo, ninguno hizo nada para denunciarlo, en palabras de Uroz, “por no meterse en líos” y “porque las propias chicas no lo hacen”.

http://okdiario.com/sociedad/uno-de-cada-cinco-espanoles-reconoce-haber-consumido-prostitucion-durante-el-ano-pasado-74397

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El Ayuntamiento de Barcelona apuesta por la «prostitución voluntaria»

El Ayuntamiento de Barcelona apuesta por la «prostitución voluntaria«

El consistorio propone incorporar a las prostitutas al «mercado laboral»

Prostitutas en el barrio del Raval de Barcelona, en una imagen de archivo
Prostitutas en el barrio del Raval de Barcelona, en una imagen de archivo

El Ayuntamiento de Barcelona es partidario de legalizar la prostitución para combatir el proxenetismo y evitar que «ninguna mujer ejerza la prostitución de forma forzosa». La cuarta teniente de alcaldía, Janet Sanz, así lo ha manifestado en un encuentro con vecinos durante una asamblea sobre turismo sostenible. «Apostamos por ofrecer garantías dignas para que estas mujeres se incorporen al mercado laboral con garantías y dignidad», ha asegurado.

A raíz de una pregunta sobre la prostitución presente en las Ramblas, Sanz ha explicado que «la prioridad es la garantía de los derechos de las mujeres, y poner todos los recursos y las políticas que sean necesarias para que ninguna mujer ejerza la prostitución de forma forzosa y obligatoria». La cuarta teniente de alcalde ha añadido que también quieren «dar apoyo a las mujeres que ejercen la prostitución de forma voluntaria».

Por su parte, el grupo municipal de CiU ha expresado su oposición a los planes del consistorio. El concejal Raimond Blasi ha dicho que su formación apuesta por la «abolición», porque es «la mejor manera de garantizar los derechos de las mujeres, luchar contra la explotación sexual, la mercantilización y la trata de blancas».

http://sociedad.e-noticies.es/el-ayuntamiento-apuesta-por-la-prostitucion-voluntaria-100869.html

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El 10% de los consumidores de prostitución ve menores y no lo denuncia

  • El estudio de la Universidad de Comillas ICAI-ICADE desvela que solo un 10% fue consciente de que las mujeres actuaban bajo coacción.
  • Los consumidores de prostitución son conscientes de que hay menores ofreciendo sexo, pero dicen que no lo son de que tras el negocio se esconda la trata de personas.
Desmantelan un grupo organizado que obligaba a ejercer la prostitución a mujeres en las carreteras

Es la otra cara de la prostitución. La del silencia y la complicidad. La de «voy a echar el rato y nada más el resto no va conmigo». La de ser consciente de que el abuso de menores, pero mirar para otro lado.  Un estudio elaborado en la Universidad Pontificia de Comillas desvela que el 10% detectó que entre las mujeres que actuaban como prostitutas había menores de edad pero no hizo nada por denunciarlo.

El informe, realizado por encargo de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género se basa en 1.600 entrevistas a hombres, telefónicas y a pie de calle, en una muestra aleatoria y se complementa con cuestionarios a informantes clave, como ONG, miembros de la judicatura y las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en 10 provincias españolas.

Por eso, los investigadores de Comillas ICAI-ICADE que lo han elaborado, Carmen Meneses, Jorge Uroz, Antonio Rúa, Cristina Gortázar y María José Castaño, sostienen que si bien la muestra no es del todo representativa, es un termómetro de lo que podría ser la punta del iceberg: la cultura de pagar por sexo sigue viva en España. Paradójicamente, la mayoría «no concibe que las mujeres a las que contrata los servicios sexuales puedan estar coaccionadas, no habiendo detectado esta situación».

Algunos se enganchan a las chicas… para hablar

Un 10% detectó, no obstante, que había trata de menores en ese entorno igual que otro diez por ciento percibió que podía existir algún tipo de coacción de esas mujeres. Sin embargo, ninguno hizo nada para denunciarlo, en palabras de Uroz, «por no meterse en líos» y «porque las propias chicas no lo hacen».

«Hay un sector importante que considera que el tema no va con ellos. También hay un sector que aunque lo supiera, le daría igual, van a quitarse el problema, a echar el rato y nada más. Los que más funcionan son los que se enganchan con las chicas, los que quieren hablar y les preguntan. Pero todos los hombres que van a pagar por servicios sexuales deberían tener los ojos bien abiertos», ha señalado el investigador.

http://noticias.lainformacion.com/asuntos-sociales/prostitucion/el-10-de-los-consumidores-de-prostitucion-ve-menores-y-no-lo-denuncia_0ESNFpq34OuJaPDofoYfy3/

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Revelamos la lista de prostíbulos que se reparte a los chóferes del MWC

  • Cómo funciona y cuánto crece el negocio durante la semana del congreso más importante de Barcelona

Revelamos la lista de prostíbulos que se reparte a los chóferes del MWC

Los clubs de alterne más visitados durante el Mobile World Congress se concentran en la zona alta de Barcelona (Otras Fuentes)

El desembarco de más de 95.000 asistentes en el Mobile World Congress (MWC) en Barcelona revoluciona el comercio en Barcelona. Lejos de los problemas del transporte público, los clientes importantes viajan en coche privado, con chófer y servicio personalizado 24 horas.

Al menos 500 furgonetas con cristales tintados y de matrícula alemana circulan estos días por las calles de la ciudad condal. Las empresas BDRIVEN, MCPlaza y Creagroup contratan a jóvenes conductores para que acompañen a sus clientes del hotel a la feria, de la feria al ocio y del ocio al hotel.

La mayor parte del tiempo, los chóferes esperan. Durante el día matan las horas en la inmediaciones de la Fira de Gran Via. Al caer la tarde abandonan el lugar para esperar de nuevo. Esta vez es en los chaflanes de l’Eixample de la ciudad condal donde el ocio está servido. Restaurantes, bares, clubs, pisos y salas de masajes se frotan las manos ante la perspectiva de hacer el agosto.

Para ofrecer un servicio más completo las compañías de alquiler de coches dotan a los conductores de un listado de lugares donde ir si el cliente exige comida, fiesta … o sexo.

El chófer elige el sito, y ahí es donde entran en juego las comisiones. Los restaurantes, por ejemplo, “acostumbran a compensar con un 10% o un 15% de lo que se gaste el cliente, si el importe supera los 150 euros”, afirma un conductor que lleva dos años trabajando para el MWC y que prefiere mantener el anonimato.

Lista de prostíbulos, provista por la empresa BDRIVEN (se han borrado las direcciones y teléfonos de los locales)
Lista de prostíbulos, provista por la empresa BDRIVEN (se han borrado las direcciones y teléfonos de los locales)

El aumento de la demanda

Descuelga el teléfono: “Sí, soy yo, la Madame de Paseo de Gracia”. Sin tapujos explica que la demanda de sexo pagado aumenta durante la celebración del Mobile World Congress y, que para cubrirla, vienen chicas de toda España.

Reconoce que se abonan comisiones a los conductores que traen clientes, pero insiste que ella no entra en esa práctica. Los chóferes que la han tratado no ofrecen la misma versión. Pueden llegar a llevarse, según explican, “entre 500 y 600 euros por un cliente que pagará 4.500 por una noche”.

Son casos excepcionales. Lo habitual, cuentan los chóferes, es recibir 50 euros por cliente, tarifa que manejan locales como la sala Bacarrá. En total hay casi 30 establecimientos, entre clubs y salas de masajes. Todos se concentran en la zona alta de Barcelona: en l’Esquerra de l’Eixample, Sant Gervasi y Les Corts.

Localización de los clubs de alterne, proveídos en una lista a los chóferes del Mobile World Congress
Localización de los clubs de alterne, proveídos en una lista a los chóferes del Mobile World Congress

El beneficio desigual de la prostitución

Los lugares de alterne incluidos en esta lista configuran el top 20 de los más conocidos, explica Clarissa Velocci, de la Asociación de Defensa de las Trabajadoras Sexuales (Genera). Se trata de pisos pequeños – algunos disponen también de local- que las prostitutas utilizan como espacio para ejercer la prostitución.

La empresa Apricots, propietaria de tres locales en Barcelona explica que no mantienen ninguna relación de control sobre las chicas y que “entran y salen libremente del local”. Velocci, sin embargo, asegura que en este tipo de pisos las condiciones de las mujeres siempre son más vulnerables.

Los negocios de la lista representan una parte muy pequeña del total
CLARISSA VELOCCI

Representante de Genera

Aunque no existen datos oficiales, los negocios listados “representan una parte muy pequeña del total”; existen modelos más autónomos de gestión, donde se pueden autoorganizar.

El problema es que, “por norma general, las prostitutas que trabajan para terceros pierden un elevado porcentaje de cada servicio”, explica Paula Vip, representante de la Asociación de Profesionales del Sexo (Aprosex).

Consumo de sexo femenino

En un congreso donde el 90% de los ponentes son hombres, el perfil que asiste a estos clubs de alterne es de “hombres ejecutivos”. El sexo se compra como un complemento más al ir a tomar la copa. Incluso, explica Paula Vip (Aprosex), muchos pisos habilitan salas para responder a este tipo de demanda.

Más allá de la estacionalidad del evento, la empresa Apricot subraya que “hay clientes de todos los bolsillos y trabajos” e incluso, aunque de forma menor, las mujeres también compran sexo pagado. En este sentido, Paula Vip explica que “acostumbran a ser mujeres ejecutivas y que por norma general piden servicios femeninos, en vez de masculinos”.

Durante la celebración de convenciones de este tipo, el consumo de sexo pagado es “básicamente un ritual social .

http://www.lavanguardia.com/vangdata/20160223/302378899718/prostitucion-mwc-mobile-world-congress.html

 

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La prostitución se cuela en el museo Van Gogh con ‘Easy Virtue’

Reytato de Juia Thal, conocida como Mademoiselle Alice de Lancey. Charles Carolus-Duran

Además de pinturas, la exposición muestra monedas propias de los burdeles o uno de los registros de meretrices que existían en París

El museo Van Gogh de Ámsterdam exhibe hasta el 19 de junio «Easy virtue», una muestra que refleja el impacto de la prostitución en el arte francés de hace más de un siglo con más de cien obras de arte de Picasso, Degas, Van Gogh y Toulouse-Lautrec.

La exhibición hace un recorrido por las diferentes modalidades que tenía la prostitución en la capital parisina entre 1850 y 1910.

A lo largo de sus salas se podrá observar desde cuadros de cortesanas que ejercían como trabajadoras del sexo a cambio de grandes sumas de dinero hasta mujeres que, ahogadas en deudas, eran explotadas salvajemente en los burdeles.

Axel Rüger, director del museo Van Gogh, recordó en unas declaraciones a Efe que actualmente la prostitución sigue siendo un tema prominente en Amsterdam. «También lo fue entre mediados y finales del siglo XIX en París, ciudad símbolo de la vida moderna de la época, así que era lógico que los artistas la reflejaran en sus obras». Rüger aseguró que el mismo Van Gogh visitó algunos burdeles y dejó constancia de ello en cartas escritas por su propio puño y letra.

Uno de los cuadros que saluda al visitante nada más entrar es ‘Mujer en los Campos Elíseos por la noche’, de Louis Anquetin. En él se puede ver a una señora abrigada por un grueso abrigo, mientras al fondo varios caballos trasladan carruajes por las calles de París. Solo tras contemplar detenidamente la pintura se vislumbra que justo detrás de la mujer, casi en las sombras, un hombre ataviado con un sombrero de copa se gira para observarla.

«¿Se trata de un cliente? ¿Un acosador? ¿O un simple transeúnte caminando? No lo sabemos, de ahí la ambigüedad de la obra», explica Richard Thomson, profesor de Arte de la Universidad de Edimburgo.

Otros cuadros son más explícitos. Uno de ellos es un Baudric titulado ‘La Magdalena penitente’, donde se retrata a la cortesana Blanche d’Antigny recostada en el suelo a cielo abierto, desnuda de cintura para arriba mientras mira al horizonte.

Esta mujer, según reza la inscripción que acompaña la obra, nunca vendió su cuerpo por menos de 500 francos y llegó a cobrarle 2.000 al príncipe Paul Demidoff por una noche.Un precio alto comparado, por ejemplo, con los 3 francos que Van Gogh pagaba por una visita a un burdel de Arles, en el sur de Francia.

La prostitución en la calle estaba legalizada en el París de la época bajo circunstancias especiales. Existía un registro de meretrices y estas solo podían trabajar cuando las lámparas de gas que iluminaban la ciudad por la noche se encendían. Si una mujer era detectada ejerciendo y no estaba inscrita, era detenida por la policía.

Uno de esos registros es exhibido en ‘Easy Virtue’ y en él se puede leer no solo información sobre las mujeres arrestadas, sino también sobre sus clientes, así como los nombres de homosexuales y modelos convictos por aparecer en fotografías pornográficas a principios del siglo XX.

Otros objetos de la muestra son unas monedas propias de los burdeles, que eran compradas por los clientes y canjeadas después por sexo con las prostitutas que trabajaban en ellos. De esta manera las madames, las propietarias de los negocios, evitaban que las chicas tocaran dinero real y, con ello, la posibilidad de que le robaran.

Pablo Picasso está presente en ‘Easy virtue’ con cuatro obras que el Van Gogh ha conseguido de préstamos de otros museos. Uno de ellos es «Desnudo con medias rojas», cuadro que el genio malagueño pintó cuando apenas tenía 20 años y que enseña a una pelirroja recostada en una especie de sofá blanco. La mujer lleva como única prenda de vestir unas medias que, no casualmente, van a juego con el color de su pelo.

http://www.elmundo.es/cultura/2016/02/20/56c86016e2704e5d678b457f.html

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El negocio del sexo, uno de los principales beneficiados durante el Mobile World Congress

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Abigail Armengol Paredes

Ferias como el MWC impactan favorablemente sobre los sectores de la hostelería y la restauración, pero también sobre el negocio del sexo y la prostitución. La demanda de los servicios sexuales aumenta considerablemente antes y mientras dura el congreso y es por eso que vienen mujeres del resto del estado y de Europa para trabajar en los prostíbulos de la ciudad.

Poco antes de que comenzara el Mobile World Congress el club de alterne Apricot retiró, a petición de los organizadores del congreso, una valla publicitaria que el local tiene en la Gran Vía, junto a la Feria. El salón de telefonía móvil pretendía así evitar que su imagen se asocie a la prostitución, pero es un hecho que se trata del congreso que más actividad genera alrededor del negocio del sexo. El jefe de comunicación del club Apricot, Eladi Bonastre, confirma que es el evento que más clientes aporta en su local. Explica que la mayoría de los participantes de la feria son hombres de más de 40 años y quese trata de un perfil muy proclive a esta actividad . También asegura que desde principios de febrero mujeres de diferentes procedencias (Sudamérica, este de Europa y España, sobre todo) han acudido a este club para ofrecer sus servicios. Bonastre dice que saben que estos días la ciudad se llena de hombres extranjeros y ven la oportunidad de conseguir un sobresueldo .

En el Club Breston, afirman que aunque la afluencia de clientes aumenta estos días, la facturación ha bajado. En José, propietario del local, explica que hace cuatro años la recaudación durante las ferias y especialmente con el Mobile World Congress era muy superior, pero que la crisis y el aumento del público asiático han contribuido a su reducción. Cada vez hay más marcas provenientes de Asia, y este público, dice José, gasta poco y reclama menos servicios sexuales que los americanos o los ingleses.

El responsable del Club Breston cree que hay que cuidar la clientela de siempre que quede contenta y acabe volviendo. De esto también es partidaria Paula, escort de lujo desde hace 10 años que optó por dedicarse a ello cuando pasaba por dificultades económicas. Esta trabajadora sexual explica que estos días toda la ciudad y especialmente el sector de la prostitución se convulsionan. Con todo, asegura que quienes hacen negocio son los empresarios propietarios de clubes de contacto y prostíbulos más que las prostitutas, que trabajan de forma independiente en un piso o van a los hoteles a ofrecer sus servicios. Paula también es representante de ‘Aprosex, la Asociación de Profesionales del Sexo, que lucha por dignificar la profesión, regularizar y poner fin a la explotación laboral.

En el otro extremo encontramos abolicionistas como la abogada Montse Fernández, que afirma que la prostitución es un negocio del que se obtienen los mismos beneficios que el de la droga o el del armamento. En Cataluña y según datos de 2014 de los Mossos, esta actividad mueve alrededor de unos 7.000.000 euros anuales.  Fernández asegura que entre un 96 y un 98% de los casos se trata de mujeres -a veces menores- con pocos recursos económicos y víctimas de explotación. Esta abogada dice que parte de la solución en ámbito local es que los municipios se adhieran a la Red de Ciudades Libres de Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños Destinados a la Prostitución. Santa Coloma es la primera ciudad catalana que a principios de febrero se adhirió. Esto se traduce en que el Ayuntamiento pondrá en marcha campañas de sensibilización y exigirá al gobierno central y la Generalitat la persecución del tráfico de personas y la penalización de los clientes.

http://www.btv.cat/btvnoticies/2016/02/23/el-negoci-del-sexe-un-dels-principals-beneficiats-durant-el-mobile-world-congress/

El negoci del sexe, un dels principals beneficiats durant el Mobile World Congress

Fires com el MWC impacten favorablement sobre els sectors de l’hostaleria i la restauració, però també sobre el negoci del sexe i la prostitució. La demanda dels serveis sexuals augmenta considerablement abans i mentre dura el congrés i és per això que vénen dones de la resta de l’estat i d’Europa per treballar als prostíbuls de la ciutat.

Poc abans que comencés el Mobile World Congress el club de contactes Apricots va retirar, a petició dels organitzadors del congrés, una tanca publicitària que el local té a la Gran Via, a tocar de la Fira. El saló de telefonia mòbil pretenia així evitar que la seva imatge s’associï a la prostitució, però és un fet que es tracta del congrés que més activitat genera al voltant del negoci del sexe. El cap de comunicació del club Apricots, Eladi Bonastre, confirma que és l’esdeveniment que més clients aporta al seu local. Explica que la majoria dels participants de la fira són homes de més de 40 anys i que es tracta d’un perfil molt procliu a aquesta activitat. També assegura que des de principis de febrer dones de diferents procedències (Sud-amèrica, est d’Europa i Espanya, sobretot) han acudit a aquest club per oferir els seus serveis. Bonastre diu que saben que aquests dies la ciutat s’omple d’homes estrangers i veuen l’oportunitat d’aconseguir un sobresou.

Al Club Breston, afirmen que tot i que l’afluència de clients augmenta aquests dies, la facturació ha baixat. En José, propietari del local, explica que fa quatre anys la recaptació durant les fires i especialment amb el Mobile World Congress era molt superior, però que la crisi i l’augment del públic asiàtic han contribuit a la seva reducció. Cada cop hi ha més marques provinents d’Àsia, i aquest públic, diu en José, gasta poc i reclama menys serveis sexuals que els americans o els anglesos.

El responsable del Club Breston creu que cal cuidar la clientela de sempre perquè quedi contenta i acabi tornant. D’això també n’és partidària la Paula, escort de luxe des de fa 10 anys que va optar per dedicar-s’hi quan passava per dificultats econòmiques. Aquesta treballadora sexual explica que aquests dies tota la ciutat i especialment el sector de la prostitució es convulsionen. Amb tot, assegura que els qui fan negoci són els empresaris propietaris de clubs de contacte i prostíbuls més que no pas les prostitutes, que treballen de forma independent en un pis o van als hotels a oferir els seus serveis.La Paula també és representant d’Aprosex, l’Associació de Professionals del Sexe, que lluita per dignificar la professió, regularitzar-la i posar fi a l’explotació laboral.

A l’altre extrem trobem abolicionistes com l’advocada Montse Fernández, que afirma que la prostitució és un negoci del qual s’obtenen els mateixos beneficis que el de la droga o el de l’armament. A Catalunya i segons dades de 2014 dels Mossos d’Esquadra, aquesta activitat mou al voltant d’uns 7.000.000 euros anuals. Fernández assegura que entre un 96 i un 98 % dels casos es tracta de dones -de vegades menors-  amb pocs recursos econòmics i víctimes d’explotació. Aquesta advocada diu que part de la solució en àmbit local és que els municipis s’adhereixin a la Xarxa de Ciutats Lliures de Tràfic de Dones, Nenes i Nens Destinats a la Prostitució. Santa Coloma de Gramenet és la primera ciutat catalana que a principis de febrer s’hi va adherir. Això es tradueix que l’Ajuntament engegarà campanyes de sensibilització i exigirà al govern central i la Generalitat la persecució del tràfic de persones i la penalització dels clients.

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El teólogo que puso un burdel en Nueva York

El prostíbulo de John Allen estaba decorado con Biblias y estampas religiosas. Su historia la cuenta Luc Sante en ‘Bajos fondos’.

Dos prostitutas en Nueva York.

Dos prostitutas en Nueva York.

En el siglo XIX, un joven nacido en el seno de una familia pobre, quizá llegado a Nueva York como inmigrante, podía alimentar ambiciones de riqueza y de estatus. Una chica pobre con semejantes ambiciones normalmente sólo tenía un camino: la prostitución.

Las jóvenes se convertían en prostitutas de diferentes maneras y por distintas razones. La prostitución se asociaba a las posiciones más bajas en el teatro; era uno de los pocos medios de los que disponían las mujeres de clase baja para conocer a hombres de una posición superior; parecía una manera de evitar el fastidioso trabajo doméstico o las fábricas explotadoras; alimentaba la ilusión de permitir a las mujeres el emprendimiento independiente; estaba relacionada con las manifestaciones exteriores de una vida mejor, como las joyas y la ropa sofisticada; se asociaba en el imaginario popular con el terreno del esparcimiento, con la búsqueda del placer.

Dado que Nueva York era una ciudad portuaria, la prostitución probablemente estuvo ahí desde el principio, en las bodegas de los muelles y en las pensiones para marineros, y en los salones de baile y en los colmados que surgieron alrededor de Collect Pond y luego de Five Points.

Cuando los primeros reporteros hablan de «inmoralidad», como en la inmoralidad de las habitaciones compartidas, están usando un eufemismo de prostitución, ya que las menciones explícitas eran un tabú en la prensa respetable; asumían que las formas de convivencia poco convencionales eran el producto o el semillero de la prostitución.

Las resistencias a mencionar la prostitución y a abordarla desde una dimensión social y económica, que en algunos sectores perduraron durante ese siglo y hasta el siguiente, intranquilizaron mucho a la gente. La veían en todos lados. Y estaba en todos lados. Pero no por las razones que imaginaban ni en las formas que creían.

Es revelador, por ejemplo, que en esta época, cuando la prostitución podía verse en cualquier lado y estaba en boca de todos, nadie pareciese ver, o al menos comentarlo por escrito, el comercio sexual inherente al fenómeno de las vendedoras de maíz.

Cuando menos en sentido figurado, eran las niñas y no el maíz lo que estaba a la venta. Como en la prostitución literal, el sustento de las niñas dependía de su juventud, de su atractivo y de su condición novedosa; entregaban sus ganancias a su patrocinador; deambulaban por la calle ante hombres de una clase social superior. Pero las vendedoras de maíz podían ser idealizadas, y por eso mantenerse libres de mancha. Representaban la promesa del sexo sin su consumación.

Unas prostitutas en Nueva York.

Unas prostitutas en Nueva York.

REZAR ENTRE PROSTITUTAS

Antes de la Guerra de Secesión, los burdeles –llamados bagnios, disorderly houses o free-and-easys– se limitaban en su mayoría al muelle y a los arrabales, a las calles Cherry y Water, a Five Points y al Bowery. Los salones de baile, en cambio, eran establecimientos multiusos en esos mismos distritos que reunían bajo el mismo techo un saloon, un hotel y un burdel, con servicios, clientes y empleados que coincidían en parte.

El local más famoso y prominente de este tipo fue el de John Allen, en el número 304 de la calle Water. Allen venía de una familia de teólogos; dos de sus hermanos eran ministros presbíteros, y un tercero era predicador bautista. Él mismo había sido estudiante de teología en el Union Theological Seminary, pero de algún modo dio un giro a su carrera, y abrió un prostíbulo con su esposa alrededor de 1850.

El sitio, pese a que contaba con una clientela de marineros a quienes trataban casi como lo hacían sus violentos reclutadores, tenía una apariencia ostentosa, y se dice que proporcionó a sus dueños unos 100 000 dólares en una década. El personal estaba compuesto por veinte mujeres con corpiños negros de satén, faldas y medias de color escarlata, y botas con el borde rojo y adornadas con pequeñas campanas.

La casa contaba además con una baza extra que le añadía picante: Allen había decorado sus instalaciones con motivos religiosos. Tres días a la semana, justo a mediodía, antes de abrir el negocio, llevaba a las prostitutas y a los camareros a una lectura de la biblia, e incluso en su horario de apertura algunas veces reunía a sus empleados y los dirigía en el canto de unos himnos procedentes de una colección llamada The Little Wanderers’ Friend.

Las cabinas de este bagnio incluían biblias; las mesas del saloon tenían periódicos cristianos y revistas devotas; las paredes estaban decoradas con estampas religiosas; en ocasiones especiales, Allen regalaba Nuevos Testamentos a sus clientes. Nada de esto impedía que la prensa popular calificara a Allen como el «hombre más perverso de Nueva York».

La afición de Allen por lo sagrado desató su caída. En mayo de 1868 un clérigo llamado A. C. Arnold, dueño de la cercana misión Howard, visitó la casa de Allen y lo encontró como una cuba. Se aprovechó de la situación para convencerlo de que le dejara hacer reuniones para rezar en su local. Los servicios religiosos, al principio, eran una novedad graciosa para los clientes, pero pronto se cansaron y se fueron alejando.

En agosto, Arnold y otros predicadores anunciaron que el garito quedaba clausurado, que las Marías Magdalenas de Allen estaban disponibles para su contratación como empleadas domésticas en hogares cristianos, y que Allen se había convertido y reformado.

Mientras, los ministros empezaron a tener el mismo efecto mágico en otros locales del barrio, incluido el Rat Pit de Kit Burns. Durante un tiempo estos sitios atrajeron a los devotos de la ciudad, que acudían para escuchar el servicio religioso y de paso para admirar las huellas restantes del libertinaje (los reporteros que acudieron a las reuniones en el tugurio de Burns repararon en la pestilencia que emanaba de los cadáveres de perros y ratas enterrados en la tierra bajo la gradería).

Al final, el New York Times publicó una exclusiva en la que revelaba que la milagrosa reforma era un fraude, que los clérigos pagaban 350 dólares mensuales a Allen por el privilegio de convertir tanto a su local como a él mismo, y que se repartía un soborno similar al resto de propietarios, incluidos unos 150 dólares mensuales a Burns.

Además, se decía que los feligreses reunidos en aquellos servicios eran miembros respetables de la clase media, y que no había ningún vicioso –más allá de los dueños–, el tipo de seres descarriados que eran el objetivo de la reforma. Sin duda suena plausible, aunque la pregunta sigue siendo si 350 dólares mensuales eran suficientes para que Allen compensara la pérdida del negocio, o los 150 dólares para Burns. Quizá la zona había empezado su declive y vieron en esta treta publicitaria la única posibilidad de mantenerse en el negocio, aunque fuera por un tiempo breve.

En cualquier caso, el reportaje del Times tuvo el efecto de alejar a los predicadores, pero sin que volvieran los viejos clientes, así que Allen se quedó sin recursos. En diciembre del mismo año, su mujer y algunas de las chicas fueron acusadas de robar 15 dólares a un marinero. La última declaración pública de Allen antes de perderse en la oscuridad fue que le habían tendido una trampa.

Mujeres haciendo la calle en la ciudad.

Mujeres haciendo la calle en la ciudad. Getty

LA MANCHA SE EXTIENDE

Inmediatamente después de la Guerra de Secesión, la complexión moral de la ciudad cambió, y quizá ésa fue la verdadera explicación para los problemas de Allen: la prostitución se había extendido por toda la ciudad.

Los burdeles, ahora identificados por luces rojas en su entrada, brotaron con rapidez en las calles laterales del oeste de Broadway, en lo que entonces era la parte media de la ciudad, y pronto lo hicieron a lo largo del Tenderloin. En el distrito de Broadway había una progresión en precio y calidad conforme uno avanzaba hacia el norte, de las casas cercanas a la calle Canal, que atendían a marineros, a los lujosos establecimientos de Clinton Place (ahora llamada calle 8). Todos ellos, al margen de su estilo y su precio, eran esencialmente iguales: casas residenciales de ladrillo rojo, con nombres pintados en blanco sobre la puerta: the Gem, the Forget-Me-Not, Sinbad the Sailor, the Black Crook.

Las más elegantes, llamadas parlor houses, se distinguían por una atmósfera decorosa en sus salones, donde el licor se vendía y se consumía con control y sofisticación, y en las que un pianista, siempre llamado el Profesor, ponía la nota cultural. Flora’s y Lizzie’s se encontraban entre los locales más caros y famosos; el de Josephine Woods, en Clinton Place, entre Broadway y University, vendía botellas de champán por el entonces exorbitante precio de ocho dólares y era célebre por su fiesta anual de la gallina ciega, que se hacía la víspera de Año Nuevo, y porque abría todo el día de Año Nuevo.

Aún más elegante, en la calle 25, cerca de la Séptima Avenida, era Seven Sisters’ Row, donde siete mujeres procedentes de un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra y que decían ser hermanas –aunque también se comentaba que habían tomado su nombre de la revista musical de Laura Keane de 1860– dirigían siete locales adyacentes. Eran casas muy pulcras y caras, con salones donde las jóvenes, tan bien educadas como si hubieran crecido en un convento, que en cierto sentido lo habían hecho, tocaban la guitarra y practicaban el refinado arte de la conversación.

Atraían a clientes enviando invitaciones impresas a empresarios importantes que se alojaban en hoteles de la Quinta Avenida. Algunas noches sólo se admitía a los clientes que vistieran con traje de noche y llevaran un ramo de flores para las muchachas. Las ganancias de la Nochebuena se donaban a la caridad, y este hecho recibía mucha atención de la prensa.

Mientras tanto, en los estratos más bajos, un fenómeno curioso, que por lo menos duró 30 años, era el cigar store battery. En apariencia los locales eran estancos, pero un cliente no iniciado encontraría nada más entrar un surtido muy pobre de puros y a una tendera, generalmente mujer, que no mostraba mucho interés en venderlos. El cliente intencional, en cambio, sería conducido al burdel de la parte trasera o del piso superior. Estos negocios crecieron cerca de la calle Canal, sobre todo en la calle Greene, abrían durante el día, y la hora pico era la de la comida. No lejos de ahí estaban los salones de conciertos, con una clientela mayoritaria de marineros.

El primero de estos, el Melodeon, se inauguró en Broadway en 1860, y pronto aparecieron docenas, muchos con nombres como el Sailor’s Welcome Home, el Sailor’s Retreat, el Jolly Tar, el Flowing Sea Inn. Las empleadas femeninas, a veces en atuendos turcos, con pantalones harén, eran lo que ahora se conoce como alternadoras. Ocupaban casi todo su tiempo animando a los clientes a beber, por lo que recibían un tercio de los desorbitados precios, cinco dólares por una botella de vino, por ejemplo, y si querían llevar su interacción más allá, lo tenían que hacer fuera de las instalaciones y en su tiempo libre.

Más abajo en la escala estaban las prostitutas de calle, o las cruisers, que entonces solían trabajar en los parques (Washington Square, Union Square, Madison Square), pero que gradualmente se mudaron a las esquinas, y con el tiempo a Broadway. Y al mismo tiempo, ahí estaba el Tenderloin, donde podía encontrarse cualquier cosa.

Una mujer se prostituye en Manhattan.

Una mujer se prostituye en Manhattan. Getty

EL OBISPO METODISTA

En un discurso de 1866 en Cooper Union, el obispo metodista Matthew Simpson se quejó de que las prostitutas eran igual de numerosas en la ciudad que los metodistas. Un poco más tarde, en un sermón en la St. Paul’s Methodist Episcopal Church, mencionó cifras. Declaró que había 20.000 prostitutas: el equivalente a una cuadragésima parte de la población de la ciudad.

Las cifras causaron sensación cuando se recogieron en la prensa, pero la policía insistía en que eran una exageración. Según ellos, había apenas 2.670 prostitutas (o quizá 3.300, porque los informes diferían), 621 lupanares y 99 casas de citas.

A juzgar por los relatos de la época, esas cifras podían servir para ilustrar únicamente la situación en el Tenderloin. En las manzanas entre las calles 24 y 40, y entre las avenidas Quinta y Séptima —la zona conocida como Satan’s Circus—, se apiñaban abundantes y variadas encarnaciones del comercio del sexo, entre otras instituciones del vicio (en 1885 se estimaba que la mitad de los edificios de la zona se dedicaban a algún tipo de inmoralidad). En esta área, donde el territorio se dividía minuciosamente en especialidades –en la calle 28, por ejemplo, estaban las casas de apuestas de alto nivel, y en la calle 27, las salas de billar con apuestas–, las calles reservadas para los burdeles eran la 24, 25, 32 y 35, y eso sin contar las casas de citas que aparecían en cualquier lado. Los locales iban, en cuestión de estilo, desde las casas de las siete hermanas hasta los lugares donde el sexo era secundario y el robo era lo principal.

Estaban también las panel houses, por ejemplo, donde, una vez que el cliente estaba a lo suyo en alguna cama, un empleado de la casa, conocido como «enredadera», salía silenciosamente a través de un panel desmontable en la pared e iba directo a los bolsillos de los pantalones que apropiadamente colgaban de una silla cercana.

Todavía más sofisticado era el badger game. El gánster Shang Draper, por ejemplo, tenía un saloon en la Sexta Avenida con la calle 29 donde los clientes se emborrachaban por voluntad propia o a causa de su inocencia. Cuando un cliente estaba suficientemente alcoholizado, una de las 40 empleadas le atraía hacia un burdel en Prince y Wooster. Cerca del momento culminante de su encuentro con la chica, un hombre enfurecido derribaba la puerta. Era, según decía, el marido de la mujer.

Enfurecido por lo evidente del adulterio, amenazaba con dejar al cliente inconsciente, con matarlo, con llevarlo ante el juez. Pero quizá, dejaba entrever, podía apaciguarse a cambio de retribución monetaria significativa.

Escenas idénticas sucedían al mismo tiempo en cada uno de los cuartos del local. Otra de las casas de Draper empleaba a niñas de entre nueve y 14 años. En esta variante, eran los padres de la niña quienes entraban: la madre golpeaba tan fuerte a la niña en la cara que acababa sangrando por la nariz y el padre extorsionaba al incauto. Se calcula que cada mes caían en este engaño unos 100 hombres.

Quizá la campeona de este embuste fue una tipa del Tenderloin llamada Kate Phillips, quien en una noche engatusó a un comerciante de café y té de St. Louis. En el calor de su abrazo apareció un «policía», que «arrestó» al comerciante y lo llevó a un tribunal, donde un juez lo multó con 15 000 dólares por adulterio. Kate, de acuerdo con los relatos, recibió el dinero y nunca más se supo del hombre.

La demanda de chicas nuevas por parte de los dueños de los burdeles era tal que el negocio de las captadoras de mujeres se convirtió en algo muy lucrativo. En la década de 1870 las figuras más importantes en este campo eran Red Light Lizzie y Hester Jane Haskins (conocida como Jane the Grabber). Cada una de ellas controlaba a un grupo de cadetes que salía a los arrabales y al campo para seducir y engatusar a jóvenes y reclutarlas para el negocio de la prostitución en Nueva York.

Ambas mujeres regentaban lupanares, además de abastecer de trabajadoras a los demás, y tenían la reputación de conseguir únicamente hijas de buenas familias. Las procuradoras también reclutaban a menudo a niñas muy jóvenes, que vendían a personas que las empleaban vendiendo flores en los hoteles y en las avenidas. Otras niñas preadolescentes se acercaban a los hombres en la calle y les pedían un centavo. Y lo que es más, había locales en las calles cercanas al Bowery y a Chatham Square especializados en niñas, a las que tenían secuestradas en las trastiendas.

Unos jóvenes homosexuales en el Village.

Unos jóvenes homosexuales en el Village. Getty

LA DOBLE MORAL

Estas prácticas prosperaron durante el momento álgido de la moral victoriana, cuando cualquier indicio de obscenidad, por muy remoto y abstracto que fuese, en la literatura, en el vestuario y en los escenarios se condenaba enérgicamente desde los púlpitos y desde la prensa.

Los mismos periódicos que podían denunciar lo insinuante de los bailes de Lola Montez llevaban en sus páginas de anuncios por palabras, discretamente codificados, anuncios de casas de citas, de prostitutas independientes que se habían establecido en hoteles residenciales y de abortistas.

El aborto se consideraba algo inaceptable en la buena sociedad, que, paradójicamente, se encontraba relativamente a salvo y resguardada. Todo esto cambió en algún momento de la década de 1870, cuando la reputación de una abortista, madame Restell, fue conocida por todo el mundo. Nacida alrededor de 1820 como Ann Trow, emigró desde Inglaterra a Nueva York, y a sus 16 años se casó con un falso médico, el doctor Charles Loham, de quien aprendió los rudimentos de la medicina.

En 1850 ella regentaba su propio consultorio abortista, que promocionaba en los anuncios por palabras, en los cuales se mostraba como una «maestra de asistencia en el parto», ofrecía «pastillas francesas infalibles para mujeres» y garantizaba «una cura en una sola consulta». Empezó a llamarse a sí misma Madame Restell por la creencia popular de que en las cuestiones íntimas nadie sabía más que los franceses. Fue lo suficientemente astuta como para relacionarse con personalidades de [la organización política] Tammany Hall, a quienes pagaba un tributo.

Pronto estaba cobrando de 500 a 1000 dólares por consulta, especializándose en las amantes de los hombres prominentes, quienes le pagaban una cuota fija para que atendiese a sus cambiantes parejas sexuales. Su consultorio estaba tan afianzado como para adquirir una casa de cuatro plantas en la Quinta Avenida con la calle 52 (al haber presentado una oferta mejor que el arzobispo católico John Hughes, que la quería para convertirla en su residencia episcopal).

Mientras, mantenía sus oficinas en el distrito financiero de la intersección de Chambers y Greenwich. En algún momento, se filtró la existencia de su negocio y se rumoreó que había sido acusada de asesinato, pero que había aplacado la demanda con 100.000 dólares en sobornos.

Se informó de que los niños pequeños empezaron a correr al lado de su carruaje mientras se dirigía de su casa a su oficina, y le gritaban: «¡Oye! ¡Tu casa está construida sobre cráneos de bebés!», y empezaron a llamarla, igual que sus padres, «Madame Asesina».

Al final fue arrestada en 1878 por Anthony Comstock, el omnipresente y autónomo cruzado antivicio, que posiblemente había filtrado los primeros rumores, y que se había presentado en su consultorio fingiendo ser un esposo preocupado. Más adelante dijo que ella, de camino hacia la corte municipal de Jefferson Market, le había ofrecido un soborno de 40.000 dólares. Fue encarcelada en Las Tumbas, pero salió bajo fianza, regresó a su casa, se preparó un baño y se cortó el cuello.

James Gordon Bennett, el honrado editor del New York Herald, anunció que publicaría la lista de sus clientes en el periódico. Esto provocó un considerable pánico entre la gente de alcurnia y, sin mucha sorpresa, las listas desaparecieron antes de que pudieran imprimirse.

Después de aquello, el negocio del aborto pasó a ser más clandestino y se convirtió en algo mucho más peligroso para los implicados; en la década de 1890, se informó de que las mujeres habían recurrido al uso de calisaya, un extracto de la quinina disponible comercialmente, porque supuestamente tenía propiedades abortivas.

A comienzos de la década de 1880, el epicentro del entretenimiento sexual se había desplazado desde el burdel hacia un tipo de establecimiento que mezclaba el saloon y el salón de baile, y que invariablemente incluía cubículos privados y cortinados donde los clientes podían recibir la visita de las bailarinas y las camareras.

Es posible hacerse una idea clara de los distritos sórdidos de la ciudad en 1890 a partir de una curiosa publicación llamada Vices of a Big City, que vio la luz bajo los auspicios de la New York Press.

Como el libro de Howe y Hummel, este panfleto aparenta ser una advertencia, un índice de las áreas que evitar o redimir. Pero en realidad es claramente un vademécum para visitantes en busca de acción. Sus listados de burdeles, salones de conciertos, salones de baile y otros antros similares son exhaustivos y están extraordinariamente detallados. Las listas se organizan geográficamente y por especialidad.

En el número 207 del Bowery se encontraba, por ejemplo, el salón de conciertos de Bertrand Myer: «El local se llena cada noche con mujeres que fuman cigarrillos y beben ginebra». Existen los «antros de ron» en la calle Baxter, las «casas de citas» de la calle Canal y Slide, de Frank Stephenson, en el número 157 de Bleecker, que se describe como el «sitio más bajo y desagradable. El lugar se llena cada noche con entre 100 y 300 personas, la mayoría hombres, pero indignos de llamarse así. Son afeminados, corruptos y adictos a vicios inhumanos y antinaturales».

El turista homosexual de la época no debía de tomarse muy a pecho esa retórica. El más raro de los locales listados era el saloon de Catherine Vogt, en la calle 4 Oeste con la calle Thompson, con una clientela consistente casi por completo en mujeres maduras, de todas las razas y «degradadas», por lo que quizá era un local para prostitutas retiradas. Al final hay un capítulo que pretende describir el «éxito de la cruzada», el cual fue útil para poner sobre aviso a los clientes potenciales de los locales que ya habían cerrado. Lo más valioso de esta guía es que su afán reformista le lleva a representar, guste o no guste, todas las opciones y todos los grados del vicio, sin favoritismos.

EL OPIO ENTRA EN EL BURDEL

Unos años más tarde, las cosas se pusieron peor.

La adicción al opio se extendió entre las prostitutas, con resultados devastadores; en 1894, los esfuerzos del Comité Lexow llevaron a muchas mujeres a la cárcel con sentencias importantes, y las prisiones se llenaron de prostitutas con síndrome de abstinencia. Emma Goldman, que entonces era la reclusa encargada de la enfermería en la isla Blackwell, apuntó en sus memorias que casi todas las prostitutas que llegaban allí lo sufrían.

Unos cuantos años más tarde, la Ley Raines, que permitió a docenas de antros servir licor los domingos siempre que se presentaran como hoteles, también obligó al cierre de muchos burdeles. O no a cerrar exactamente sino a transformarlos en casas cuyas internas tenían que ofrecerse en las calles, bajo cualquier clima y llevarse a los clientes a lo que había sido el burdel para convencerlos de que se tomaran una copa de la que se llevarían una comisión. A las chicas no se les permitía subir a las habitaciones hasta que el cliente estaba completamente borracho.

Frente a estos estándares, el vicio que dominó el Tenderloin y el Bowery una década antes parecía positivamente arcádico. La prostitución callejera, la adicción a las drogas, el incontenible protagonismo de los proxenetas, los sobornos crecientes y su persecución y las sentencias de cárcel en nombre del reformismo se convirtieron en los principales caballos de batalla para las prostitutas en las décadas siguientes.

La prohibición, que relajó algunos de los valores morales, no les hizo la vida más sencilla, ya que supuso la llegada de sindicatos nuevos y más grandes que controlaban el negocio del sexo de una forma tan criminal e impersonal como lo hacían con el licor y el juego.

Luc Sante es un escritor belga afincado en el estado de Nueva York. Este texto es un extracto de su libro ‘Bajos fondos’, publicado en español por la editorial Libros del KO. En su página lo puedes comprar. 

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