LA MANADA SOMOS NOSOTRAS

Ojalá La Manada fueran los cinco salvajes que agredieron a esa mujer de 18 años en un portal. Es más, ojalá La Manada fueran los 21 que estaban en el chat, riéndoles las gracias a los salvajes. Ojalá fueran feos y chungos y viejos y gordos, pero no. Son atractivos, jóvenes, buen aspecto y son guapetes. Son como tú y como tú.
La Manada sois todos, porque el mundo permite que esto suceda porque el mundo está estructurado y pensado por y para vosotros.
Las mujeres no somos de vuestra propiedad, no estamos aquí para satisfacer tu necesidad de poder y tus ansias destructivas.
No nos da la gana callarnos, ni bailaros más el agua, no nos da la puta gana ser vuestro juguete cuando salís de fiesta.

No sois hombres, sois onvres y los onvres sois hombres de mierda.

Pero hombres, ¿dónde estáis cuándo los onvres os pasan fotos y vídeos de sus novias o amigas? ¿Cuándo levantáis la voz por nosotras? ¿cuándo les decís -mira tío, hasta aquí-?
Todos los días las mujeres sufrimos agresiones, violaciones, maltrato psicológico y físico, palizas, abusos. Cada día de nuestra vida pensamos en qué nos vamos a poner, dependiendo de a la hora que vayamos a regresar y con quién, tenemos cuidado de llevar las llaves en la mano, un spray, un silbato, ir hablando por el móvil con alguien que sepa exactamente dónde estamos cuando regresamos de noche a casa solas. Vosotros sólo tenéis que volver a casa. Así de simple.
A las mujeres nos agreden por ser mujeres.
Los onvres nos agreden porque los hombres se lo permiten.

Nosotras ya no, que lo sepáis. 

 

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PUTAS ENTERAS Y MEDIOS DE DESINFORMACIÓN

 

Ser una puta mediática no sólo no compensa económica ni socialmente, si no que además sirve para que te quieran aleccionar, moralizar y asistir, como si fueras una mujer que sufre algún tipo de psicopatía de grave a severa.

En el último programa que he intervenido junto a mi amiga y compañera M. José, presidenta del Colectivo de Prostitutas de Sevilla, nos han tratado como si fuésemos sus esclavas.

Desde que llegamos a los estudios donde se emite –emitía, porque lo han cancelado- el programa Verde Blanca Verde de Canal Sur, todo fue un despropósito. Preguntas que se había dicho que se formularían de tipo político y de reivindicación de derechos y que se cambiaron por el amarillismo propio de los programas de la tv actual.

Mi compañera María José entró de pleno en un ataque de impotencia, que se acercaba a uno de ansiedad, por el nivel de acoso al que fue sometida para que no se echara atrás en su aparición, que rayaba el maltrato psicológico.

De la peluca y el distorsionador de voz que le prometieron, y que le negaron que hubiese pedido, no había atisbos. En plena crisis, ella estuvo buscando los mensajes de whatsapp donde claramente les exigía esas dos premisas para salir en directo por un estigma familiar que la atraviesa y que el equipo se pasó por el forro de la gabardina.

De las personas que nos dijeron que iban a estar en plató tampoco había ni sombra, Mabel Lozano fue sustituida por la vicepresidenta del Partido Feminista –cuánta gente se enteró de que existía ese partidazo- Valerie Tasso tampoco estaba, a pesar que nos aseguraron que su presencia estaba asegurada. Ambas enfermaron a pocas horas del programa. Venga.

La única pro derechos que quedó en el plató durante dos larguísimas horas, a expensas de todas las voces abolicionistas era una servidora, porque no podemos obviar que Cristina Seguí no defiende los derechos de las trabajadoras, si no de los empresarios.

A todo esto, desde las 21h hasta la 01 de la mañana que salimos de los estudios, lo único que nos ofrecieron fue…agua! Ni un tentempié, ni un zumo, nada!

Previamente les pedimos que hicieran una aportación voluntaria a nuestras asociaciones, de cualquier cantidad, vamos que 20 euros hubieran valido, ya que no nos pagaron ni un puto euro, por lo menos, aporten ustedes a las ONG´s que representamos. La callada fue su respuesta.

Y ahora díganme si no fuimos explotadas, vejadas, humilladas, maltratadas y expuestas, en una tv pública que se mantiene con dinero de todas las ciudadanas, pero que se vale de las putas para castigarlas por ser lo que más jode que se visibilice en esta sociedad represiva y putófoba,  DOS MUJERES LIBRES.

 

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NO ES ALIADA “la aliada” POR MUCHO QUE CREA QUE RELUCE

Cada nuevo día aparecen nuevas aliadas de las putas y de su colectivo prosex.

Con cada nuevo amanecer, un puñado de mujeres feministas se apuntan al carro de luchar por los derechos de las putas.

Y cada anochecer vemos cómo, con el mismo sol que aparecieron por la mañana, se marchan al ocaso. Duran horas, días, meses, depende de las ganas de petardeo que tengan y de lo astutas que seamos a la hora de desenmascararlas.

Porque todas las listillas son majas, simpáticas, han sufrido maltrato, sufren agorafobia o claustrofobia, o ambas. Y son veganas, animalistas, les gustan los niñes –a unas cuidarles y a otras con salsa de tomate-, tienen quince gatetes y postean sobre la anorexia, la gordofobia, son las eternas guerreras del mundo mundial.

Y claro, ahora que está de moda, ¿por qué no echarle unas migajas también a las pobrecillas putas?

Y ahí es donde se les ve el plumero. Cuando las putas no vamos de mujeres blandengues, si no de eternas luchadoras por nuestros derechos – nuestros inexistentes derechos- cuando nosotras nos dejamos la piel todos los días saliendo en medios, dando la cara, rompiendo con el estigma atenazante de la puta guarra que lleva enfermedades a los buenos maridos que cayeron en la tentación, cuando nos pasamos horas haciendo pedagogía gratuita en redes sociales y foros, defendiendo nuestra existencia, ellas, las salvadoras nos creen unas pobrecillas florecillas silvestres, maltratadas por “EL HOMBRE”.

Ya el año pasado, les dimos un repaso a algunas aliadas progres que se adueñaron del 2 de junio, en aras de nuestra lucha. Pues éste –y mira que llevamos poco de año- ya tenemos que plantarnos frente a una horda fétida de “aliadas libres” que pretenden salvarnos usando un tono condescendiente, maternal e infantilizado.

A ver si os enteráis queridas,

SOMOS PUTAS PORQUE QUEREMOS Y PORQUE PODEMOS

No necesitamos pedir permiso, ni perdón por existir, no necesitamos vuestro beneplácito ni vuestros ronroneos de salvadoras de almas perdidas.

Vosotras, que precisáis de una causa perdida cada día, sea intentar que no nieve en invierno o que no haga calor en verano, no sois aliadas de nada ni de nadie.

Y menos aún de las putas.

Os jode que escojamos un trabajo que vosotras no tenéis los ovarios de ejercer, os remueve la vida que nosotras les saquemos a vuestros hombres lo que vosotras no tenéis valor a pedirles y a nosotras nos regalan, os condena al infierno de vuestra vileza que seamos LIBRES en lugar de “libres”.

Dicen que son aliadas, pero en realidad son “aliadas”. Ya no engañáis a nadie, queridas.

Y aún así, seguimos caminando con mujeres feministas que nos apoyan de forma desinteresada, que se parten la boca por nosotras en redes, en publicaciones, que nos dan voz siempre que se les presenta la oportunidad y que se llevan disgustos por nuestra causa.

A vosotras, a las aliadas de la vieja guardia, a las jóvenes promesas, a las adolescentes que gritaron con nosotras en el 8 de marzo por nuestras reivindicaciones, gracias por estar ahí, sean las dos de la tarde o de la madrugada. Gracias por querernos y apoyarnos.

Juntas seguiremos caminando por donde escojamos y seguiremos hasta el infinito.

Y más allá.

Paula Vip

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Reseña del libro que nunca leí y jamás leeré

Jueves 26 de octubre de 2017

Presentación de un libro sobre Chaperos, y Precariedad. Que una ya piensa, ¡genial!, porque lo habrá escrito un compañero chapero.

 Primer error, el libro lo habían escrito dos hombres, por lo menos eran gays o eso aseguraron, el que habló en primer lugar un tal Òscar que en primero nos situó hablándonos un “poquito del prusés” y de su estupendo trabajo como profe de uni en Tarragona y que nos deleitó con una confesión confusa. Nos dijo en petit comité, así sin que se enterase nadie que, de joven (?) él soñaba con ser alguna de las tres pés. Profe, Poli o Prostituto. Palabras textuales.

Risas en la sala. Como policía tuvo una pareja, él acabó siendo profe y romantizó (sic) la profesión de puto como ése hombre que vive su sexualidad sin represión y vive de ella. Es decir, ni puta idea de lo que es el trabajo sexual.

Òscar da paso a Eduardo, el otro autor del libro. Un crack el tipo, economista según recuerdo. Eduardo nos habla del estigma que como no puto no puede conocer, pero es irrelevante porque, los economistas son muy dados a saber de todo, incluso de avisar cuándo se avecina una crisis y tal. El bueno de Edu nos habla de la modelización de la subcultura gay que sirve (a él, suponemos) para centrar el estudio en el post-feminismo. Sí, os lo juro.

Acto seguido nos regala con una frase épica que, sin duda pasará a los anales de la “historia subcultúrea de los economistas gayses”. Edu nos confiesa en tono bajo de confesionario que Él, siempre vió a los chaperos “fundamentalmente como personas”. Os lo juro. Y la audiencia calladita como si estuviesen de acuerdo, aunque cuando mirabas en derredor veías cómo los morros se arrugaban.

Hablaron de Síndrome de Ulises, de la Pirámide de Maslow, del dinero fácil, de la politoxicomanía, el consumismo exacerbado, la depresión y la desesperanza que sufren los chaperos. Y sí, de nuevo, el comentario es textual. Los chaperos parecen felices pero todo es fachada, en el fondo son unos pobrecillos de la vida.

Nos cuentan que ganan mucho dinero pero que nadan en la precariedad económica, emocional y de salud. También nos cuentan que entre el 80 y el 85% de los chaperos son migrantes, pero ese dato no viene corroborado por su investigación. han tirado de datos en la red. Ok. 

Sólo se salvarían esos cuatro “putos privilegiados” que hacen un Circuito Lúdico Global. De nuevo este dato se extrae de internet.

Esta pobre e inculta y precaria puta les formuló algunas inocentes preguntas cómo a cuántos trabajadores habían entrevistado para hacer este libro. Me respondió el bueno de Edu haciendo como que intentaba recordar…-a unos 120 más o menos- me respondió. Me quedé sin saber si unos 120 eran 50 o 3000, porque cuando entrevistas a quienes “-has visto fundamentalmente como a personas-“, digo yo que lo mínimo que podrías hacer es recordar el número, no te pedía que me cantaras sus nombres de memoria, Edu, pero coño..¡.no saber a cuántos seres humanos usaste para hacer un estudio me parece lamentable!..

Tres joyas que dijeron antes de que me levantase y me fuera, tras haber tenido paciencia dura una hora y veinticinco minutos muy larga, la primera es del bueno de Edu quien dijo, así como si nada, que en el estudio “Se separa al sujeto civilizado del otro”. ¡Fantástico Edu! Las otras dos las profirió una tras otra el romántico Òscar quien preguntado por un asistente sobre la industria del porno, respondió aliviado en plan “ésta me la sé”: En el porno siempre se necesita carne fresca y cuerpos jóvenes.

Comprenderéis que me levantara, me despidiera de dos amigas que había en la sala y me pirara con viento fresco hacia mi casa, donde la carne sólo está en la nevera, todos somos personas y nos percibimos como tales y no “como si lo fuésemos” y donde la cordura se lleva estupendamente con el trabajo sexual

Paula Vip 

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Desde la tristeza

Desde hace algún tiempo se puede tocar la violencia en las redes sociales de unas compañeras sobre otres. Insultos, desprecio hacia comentarios de otres trabajadores, menosprecio a las mayores, a las jóvenes, a las listas, a las ciegas y a las sordas. Cualesquiera que no comulguen con sus ataques reiterados a diestra y siniestra.

Será porque estoy de vuelta de muchas cosas, porque sí, ya tengo una edad y hasta cuatro, tal vez sea porque prefiero construir a romper, hablar a insultar, debatir a discutir, debatir a gritar, pero echo de menos cierto grado de afectividad, de asertividad y de moderación con respecto a las limitaciones de otres personas. 

Las veteranas hemos aprendido a respetarnos, a admirarnos, a sacar lo bueno de nosotras mismas y de las demás. Claro que cuando éramos más jóvenes también peleábamos, pero dentro de un cierto respeto para no romper la dignidad de la compañera. Y ahora, no lo veo, lamento decirlo, pero en estos dos últimos años leo amargura, agresión, violencia e incomprensión hacia aquelles que no nos bailan el agua. Tal vez, este período vacacional pueda servir para reflexionar sobre el por qué de esta necesidad de agredir y por qué se usa tanto la violencia en lugar de hablar desde la tranquilidad de saber que llevas razón y debatir con calma.

Ninguna nacimos enseñadas, tuvimos que aprender a golpe de error, quizá se acerca el momento de guiar a quienes saben menos y tienen y demuestran ganas de aprender. Si las enseñamos violencia, violencia tendremos. Sería una pena.

Personalmente, amo mi trabajo. Para mí no es sólo una fuente de ingresos, es un estilo de vida, un arte, una pasión. No puedo, ni deseo, que todes lo vean así, cada una trabaja como puta porque le da la gana y tiene sus razones y motives que no interesan a nadie, salvo a esa persona. Pero entre todas, podemos hacer que sea más llevadero para las que peor lo pasan, o para las nuevas en rrss, o para las que no saben expresarse tan bien frente a un teclado, para las que no nos conocen y tocan una tecla mal…

O haced lo que os salga del coño.

 

 

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“No es no, incluso si eres puta”

Concha Borrell, de la asociación Aprosex, celebra la décima edición de un curso para iniciar a las novatas en la prostitución.

Concha Borrell es ‘escort’ y utiliza su experiencia para ayudar a las mujeres que se inician en la profesión.

(HUGO FERNÁNDEZ)

Conxa Borrell lleva 11 años siendo ‘escort’ y desde hace 4 imparte un curso en la asociación Aprosex (Barcelona) para ayudar a “las novatas”.

Este sábado 15 de julio celebra la décima edición.

 

Hay un lugar en Barcelona en el que se imparte un curso de formación… peculiar, donde términos como “felación” o “puta” son habituales sin que el alumnado se sobresalte. Suelen ser unas 20 las mujeres que asisten impulsadas por la necesidad más que por las ganas. Allí —el lugar varía por seguridad— han encontrado nociones básicas para iniciarse en la prostitución. Otras imágenes 2 Fotos Y es que los secretos de muchos oficios se adquieren como aprendiz. Cada sector tiene su modus operandi a la hora de formar a los inexpertos. Pero… ¿y en el sexo? ¿Quién enseña a una prostituta cómo debe ser la relación con un cliente? Eso es lo que demanda la asociación  Aprosex (Barcelona), a la que pertenece Conxa Borrell, una escort con más de una década de experiencia que se dedica a enseñar a las novatas, para que no aprendan a base de errores, como le pasó a ella. El primero lo cometió un 29 de mayo de 2006. “A mi primer encuentro fui sin preservativo. Claro, llevaba toda la vida casada, en lo último en lo que pensé fue en llevarlos”. Esa anécdota fue la primera de muchas, siempre a merced de la inexperiencia. Luego llegaron las dudas. Por ejemplo, ¿se debe cobrar antes o después?, ¿hay que pagar impuestos?, ¿cómo tratar a un hombre con eyaculación precoz?

En los clientes encontró, como tantas otras compañeras, a sus maestros. Tuvo que “tirar de su buena fe” para ser cada día mejor profesional. “Tuve suerte”, reconoce. “No digas eso. Eso es peligroso. Esto mejor así…”, le decían ellos. De ahí la promesa personal de hace años de hacer “un curso” para evitar que otras mujeres aprendieran con el “ensayo-error”. “Parece que las putas lo único que tenemos que hacer es tirarnos en una cama y abrirnos de piernas. Esto es un trabajo, tiene sus trucos”, comenta Conxa con determinación y carácter unos días antes de que el curso Prostitución: nociones básicas para la profesionalización celebre, el sábado, su décima edición. Trucos, como cuenta, hay muchos, pero la experiencia le ha valido además para derribar mitos. “Eso de que el cliente siempre tiene la razón se aleja de la verdad. No es no, incluso si eres puta. Tú tienes la última palabra. Si no hago un francés sin preservativo, no lo hago”. Ella, en 11 años, ha sufrido una agresión: “No es una profesión insegura”, explica, pero sí hay que “tener un par de ovarios”. Y eso, precisamente, es lo que recalca en las clases de cuatro horas que capitanea y que imparte según la demanda. Qué se trabaja en ese curso y en el de ‘putinglish’ El temario, para personas cis y trans, aborda todo tipo de cuestiones, aunque conocer los pros y contras de la profesión ocupa varios apartados. “¿Por qué quiero dedicarme a la prostitución?”, “Hacienda y Seguridad Social”, “marketing para trabajadoras sexuales” o “pequeños y no tan pequeños trucos sobre sexo” lo completan. Este último recoge la parte práctica. Por ejemplo, cómo reaccionar ante un cliente “al que no se le pone firme”, cómo manejar su situación o las de quienes padecen eyaculación precoz… También, técnicas de estimulación: “A nadie le apetece tener sexo todos los días como no le apetece comerse un plato de macarrones cada hora. Por eso les enseñamos a estimularse antes para que no tengan que fingir, para que aprendan a usar su sexualidad y su cuerpo”. Uno de los asuntos más importantes es que las alumnas vean el trabajo “desde un punto de vista empresarial”. “Cómo publicitarse, cómo hacer un blog, cómo darse de alta en la Seguridad Social, porque, claro, se gana mucho dinero, pero hay que pagar impuestos…”.

En este sentido, el Colectivo Hetaria, una asociación madrileña que va de la mano de Aprosex, explica a este medio los motivos por los que es importante este curso. Y es que, cuentan, “son muchas las mujeres” que se acercan para “pedir asesoramiento, darse de alta como autónoma o para aprender a poner en marcha una web”. Por ello, barajan la posibilidad de impartirlo después de verano en la capital si la “situación económica” se lo permite. “Lo tenemos pendiente, hemos aprendido mucho de ellas [Aprosex] porque las mujeres quieren saber”, aseguran. Además, la asociación barcelonesa imparte en paralelo un curso de putinglish porque “cada vez hay más turistas” en la ciudad .”Gemir es igual en todos los idiomas”, explica Conxa, pero algunas necesitan defenderse de cara a una cena, a una comida… o en la cama. Saber cobrar o dominar frases básicas como “¿quieres hacer sexo oral?”, “¿trajiste preservativos?” o “más lento” son fundamentales. “Si no estás en una situación desesperada no te lo planteas” El perfil de las asistentes de todos estos cursos varía, pero todas comparten un común denominador: la necesidad. “Nadie se plantea este trabajo hasta que no está en una situación muy desesperada”, dice Conxa. Es el caso de una madre y una hija desempleadas. “Pensaron que era una buena manera de salir de la crisis”. La desesperación económica también fue el detonante para ella, quien se inició hace 11 años ahogada por las deudas heredadas de su exmarido. Con el sueldo de contable por horas no podía hacer frente a los pagos, y los 300 euros por hora de las escorts eran difíciles de rechazar.

Así, un 29 de mayo de 2006 inició su andadura como autónoma. Pero las mentiras, por culpa del estigma, crecieron a su alrededor. De hecho, el no dar la cara hizo que se encontrara a un íntimo amigo de su padre ya en la habitación. “Tenía mujer, hijos y nietos; estaba en shock. Me dijo que me lo pensara, que él no me iba a hacer daño”. Luego pasó de conocido a cliente asiduo. “El putero es muy fiel. Hablo de puteros, no de esposos. Es difícil encontrar feeling; Si están a gusto, se quedan contigo”. Conxa no “salió del armario” y se lo contó a familiares y amigos hasta el año 2010. No se avergüenza, al contrario. Ahora, con unos 15 clientes habituales —a quienes cobra 300 euros la hora de relax y 150 la de acompañamiento—, va de frente y reivindica mejores condiciones de trabajo para ella y sus compañeras. Por ejemplo, que puedan acogerse a una baja laboral. Pero hasta que eso no sea así, seguirá con su lucha personal en Aprosex para que su conocimiento no caiga en saco roto y poder ayudar con él a quienes lo necesiten. 

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/3089211/0/no-es-no-incluso-si-eres-puta-curso-prostitutas-barcelona/#xtor=AD-15&xts=467263

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Eva Vica: “No hago voluntariado, cobro por ofrecer placer”

Nuria Navarro

NÚRIA NAVARRO

Periodista

Eva Vica (Barcelona, 1986), educadora social, trabaja en una residencia para personas mayores con discapacidad intelectual. Acostumbrada a los cuerpos “abyectos” –que así los define, sin cosmética–, esos que se esconden porque ofenden al canon de la normalidad, hace un par de años se enteró de la figura de la asistente sexual de discapacitados. Probó y, desde entonces, hace un par o tres servicios por semana.

Una asistente sexual no es una prostituta. Para mí no hay diferencia.

Algunas colegas suyas defienden la diferencia. Eso tiene que ver con el estigma de puta. Yo no hago un voluntariado, ni un acto de altruismo. Cobro por ofrecer placer. Es prostitución. Solo que en el trabajo sexual hay especialidades, y la mía requiere un conocimiento de la logística, saber cómo movilizar a una persona que igual pesa más que yo, conocer las ayudas técnicas como la sonda gástrica, la mascarilla de oxígeno o la colostomía.

A la mayoría nos repelería. Porque no están acostumbrados, simple y llanamente. Como no lo estaba yo, ¿eh? El primer día que trabajé como educadora social me impactó la visión de personas a las que se les caía la baba, que gritaban y hacían movimientos estereotipados.

¿Puedo preguntar por el primer día como asistente sexual? ¡Llegué a pensar que tenía que haber pagado yo al señor! Era un invidente de nacimiento que no tenía ninguna dificultad para relacionarse a nivel íntimo.

No todos sus clientes son así. No. Una cosa es alguien con discapacidad física únicamente, que decide lo que quiere, y otra, la persona incapacitada judicialmente que no tiene autodeterminación.

Póngame un caso… extremo. El de una persona con una lesión medular causada por un accidente que le afecta la movilidad y la cognición. No por estar postrado y no poder hablar deja de sentir.

Tiene poco margen. No tener una erección no es una condena a no disfrutar del sexo. El sexo va más allá de la genitalidad. Está en el cerebro. Es cuestión de empatía, paciencia y tacto.

¿Y simultanea el empleo de educadora y el de prostituta? Sí. No puedo dejar mi empleo de educadora social porque una asistente sexual no tiene derechos laborales. En otros países es un servicio regulado y subvencionado por el Estado, aunque es el Estado quien define los requisitos para optar al servicio.

¿Qué requisitos son esos? No entra el coito. El asistente se limita a hacer lo que la persona haría con su cuerpo si no necesitara de la ayuda de otro. El autoerotismo, por ejemplo. Eso se puede reivindicar como un derecho humano, pero yo defiendo el poder acceder al cuerpo del otro.

¿Al suyo? Sí.

Placentero no debe de resultar. Claro que sí. Para mí no son sujetos pasivos. Yo les hago trabajar.

¿A qué dice ‘no’? (…) A determinadas complicaciones higiénicas y, sobre todo, cuando no se respetan los acuerdos a los que hemos llegado en la entrevista previa. A veces es complicado, no por el servicio en sí, sino por la familia, que es quien contrata y se siente con derecho a decirme cómo lo tengo que hacer, a preguntar detalles que me incomodan. Me he llegado a encontrar discutiendo con la persona implicada, la psicóloga y la educadora.

¿Y todo esto por 100 euros el servicio? Sí.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/eva-vica-hago-voluntariado-cobro-por-ofrecer-placer-5859492

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En el interior de una escuela para prostitutas

 

Puta escuela II

Esta no es una escuela común. No es un lugar de los que escuchas hablar en las conversaciones sociales ni el tipo de curso que te recomiendan para salir de la monotonía. No es una clase para mojigatos ni tímidos. Esto es Aprosex, una ONG que realiza un curso para trabajadoras sexuales. 

Algunos la llaman la profesión más antigua del mundo. Es un trabajo del que todas las personas han oído hablar, al que muchos recurren para satisfacer sus necesidades físicas o emocionales y muchas otras lo ejercen, inicialmente, para solventar un problema económico. Sin embargo, la prostitución, a pesar de los grandes avances en derechos e igualdad de la mujer, no ha dejado de ser una profesión llena de estigmas. Para eso es esta universidad. Una de sus fundadoras habló con KienyKe.com.

“Mitos hay muchos, como que somos mujeres, adictas, alcohólicas, madres despreocupadas, que somos violadas y vejadas por nuestros clientes de forma sistemática. La realidad es que somos mujeres como usted, con nuestras familias, padres, madres, hermanas, hijas e hijos a los que llevamos y recogemos del colegio. No somos una raza extraña de mujeres, e incluso, lo más probable es que en su red más cercana de amigas o familiares, haya alguna trabajadora sexual que vive escondiendo cómo gana su dinero, por temor a ser juzgadas”, aseguró Paula VIP, una de las creadoras de este curso.

Esto precisamente es lo que busca Aprosex, luchar por los derechos y la reivindicación de las trabajadoras sexuales. Esta asociación fue creada en el año 2012 como la primera asociación gestionada por profesionales del sexo en España, entre ellos, gigolós, transexuales, lesbianas. 

Lea también: La historia de dos putas, una pobre y una rica

Durante los últimos cinco años se ha consolidado como el único colectivo en España que llevan a cabo un proyecto de estas características y que solo busca lo mismo que todos los colectivos de trabajadores del mundo: “Reclamamos nuestros derechos sociales, civiles y laborales, que a lo largo de la historia se nos viene negando por pura moralina. Las putas precisamos de los mismos derechos que el resto de mujeres. No queremos más, pero exigimos no tener ni uno menos”.

Un curso de estas características indudablemente ha de generar múltiples reacciones. Por un lado, las mujeres que se ven beneficiadas por el curso les han manifestado a las creadoras un alto grado de satisfacción no sólo porque les ha permitido adquirir conocimientos, sino también porque ha permitido generar una red de compañeras en las que pueden confiar; “Y eso siempre viene muy bien en este trabajo, que en muchos casos obliga a una soledad extrema, de nuevo, provocada por el estigma puta”.

Sin embargo, fuera del círculo de trabajadores sexuales, muchos otros se han opuesto con vehemencia. “Es evidente que los grupos abolicionistas han puesto el grito en el cielo”. El estigma las persigue, sin embargo, esto no es ni un límite ni un obstáculo para ellas “proteger y cuidar de nuestras compañeras es nuestra obligación, que se sientan seguras, fuertes, que actúen sin miedos y sin complejos, es nuestra prioridad”.

Partiendo de la primicia de que el trabajo sexual es igual a cualquier otra profesión, estas mujeres, prostitutas veteranas, han decidido compartir los conocimientos y estrategias que han aprendido con el tiempo y la experiencia. Para ellas, ser putas es un trabajo voluntario, que como cualquier otro, se puede aprender y mejorar.

Los cursos de Empoderamiento y Formación se dictan a las nuevas profesionales del sexo para que las mujeres y hombres que los tomen puedan trabajar de forma autónoma y, de esta forma, que sus ingresos les pertenezcan a ellos y no a un tercero; los temas que se abordan en la clase son amplios y variados: desde el estigma que alcanza a todas las mujeres que ejercen la prostitución, hasta cómo promocionarse en las redes sociales para obtener mayores rendimientos económicos.

Además: La prostituta intelectual

Según el temario del curso “Prostitución: Empoderamiento y Formación Básica para Nuevas Profesionales” publicado en la página web de Aprosex, los enfoques del curso son diez, y cuatro de ellos están enfocados en cuestionarse si están preparadas para ejercer este trabajo, mientras los demás buscan darles herramientas y trucos a las mujeres para poder ejercer esta labor: 1. ¿Por qué quiero dedicarme a la prostitución?; 2. Insistiendo…¿De verdad deseo ser prostituta?; 3. ¿Pensaste en los inconvenientes?; 4. Me siento preparada para ejercer esta profesión?; 5. Pequeños y no “tan pequeños” Trucos sobre Sexo; 6. Introducción al Estigma Puta y sus consecuencias anímicas; 7. La Profesionalización de las Trabajadoras del Sexo; 8. Fondos y Planes de Ahorro; 9. Hacienda y Seguridad Social; 10. Marketing para Trabajadoras Sexuales.

Los cursos tienen una duración de cuatro horas, se llevan a cabo los sábados y tienen un costo de 90 euros. Las clases se dan en grupos reducidos para permitirles a los participantes expresar sus dudas y necesidades y así adecuar la lección para ellos.

Aprosex

“Nuestra labor consiste, en gran parte, en formarlas en el aspecto de empoderamiento feminista, comprendiendo de este modo, que el poder lo ejerce siempre la trabajadora sexual y las pautas que debe seguir para evitar que el cliente intente una rebaja o que pretenda quedarse más tiempo del pagado”

Usualmente, las mujeres que deciden comenzar a ejercer como prostitutas se enfrentan a un panorama incierto: tienen que empezar un trabajo nuevo, en el que usualmente no pueden recurrir a ningún asesoramiento, no saben cómo deben actuar y se enfrentan a la desconfianza, temor, estigmas y  secretismo solas.

“Nuestras alumnas tienen mucho miedo a ser descubiertas por sus seres queridos, en primer lugar, y el segundo tema que más les preocupa es la seguridad. En cualquier caso, el acompañamiento es esencial y no termina cuando finaliza el curso, si no que se extiende en el tiempo para que las dudas y consultas que vayan surgiendo al comenzar el trabajo, puedan ir siendo resueltas desde la dirección de Aprosex”, dice VIP en diálogo con este medio. 

Sin embargo, este trabajo, además de las dudas y el miedo, también genera satisfacción. Sobre todo, al estar trabajando en lo que ellas decidieron de manera que no solo subsisten, sino también pueden llevar una vida digna, pagar sus facturas y alimentar a sus familias.

“No hay que ser de ninguna forma especial. Lo que sí es absolutamente necesario, es la formación específica, como en cualquier otra profesión. Porque esto es lo que somos, profesionales del sexo de pago”

Aprosex y Paula VIP defienden la dignidad de este trabajo. Afirman que la única diferencia que existe entre la prostitución y todos los demás trabajos es la moral “Se lleva a cabo un trabajo y se cobra por él. Fin del drama”. Según lo explica, las mujeres deciden qué servicios realizan y filtran los clientes que no les son gratos. Ellas deciden los tiempos y el precio. “Así que no es diferente de cualquier otro trabajo autónomo, a diferencia de que en el nuestro se cobra por adelantado. No hay impagos, algo muy habitual y poco castigado en España”.

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En España, el ejercicio de la prostitución no es ilegal, así que ellas pueden ejercerlo con tranquilidad. Sin embargo, se vulneran muchos derechos, como no tener baja por maternidad o que poder cobrar una baja si están enfermas. Paula VIP asegura que la moral de los políticos y las políticas no debería interferir en los derechos humanos, sociales, civiles y laborales de un colectivo de mujeres marcadas por el estigma de una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado, antes que legislar con sentido común, justicia y sabiduría. Sin embargo, hay casos de casos.

Los juicios y agresiones están presentes en la vida de estas mujeres constantemente. En la vida personal es difícil comunicarle a sus seres queridos cómo se ganan la vida, terminan inventando historias y mentiras para justificar el dinero que consiguen y el tiempo que le invierten. Se inventan una vida con la que tienen que cargar y revelar la verdad puede ser quitarse una cruz de encima o recibir un rechazo que las hiere profundamente.

Sin embargo, también aseguran que ser prostitutas ayuda a mejorar su vida: su situación económica mejora notablemente, son más independientes y disponen de más tiempo libre, regularizan sus pagos atrasados, pueden acceder a viviendas de alquiler o compra al poder darse de alta como trabajadoras autónomas. No existe ninguna diferencia con cualquier otra trabajadora; “a excepción del maldito estigma, ése que hace que deban mentir acerca de en qué trabajan, para que su círculo cercano no las juzguen, las intenten “salvar”, las discriminen o las avergüencen en público”.

Socialmente, hasta el mismo título que las caracteriza lo utilizan para insultar, pero a ellas no les importa.

“Somos putas, nos autodenominamos putas, porque puta es sólo una palabra. Quien la intenta usar como insulto, se encuentra al otro lado con una mujer que se reafirma como mujer disidente a la sociedad, con una luchadora por sus derechos y los de sus hermanas. Con una feminista convencida y valiente. Puta es una palabra sonora, radical, contundente que nos representa y nos honra”.

“Prostitutas y feministas”

Paula VIP solía ser contadora antes de darle otro rumbo a su vida. Lleva diez años trabajando como prostituta y tras todo este tiempo, no sólo afirma que le gusta su trabajo sino que también lo desarrolla “con mimo” hacía ella misma, sus clientes y compañeras.

Afirma que ser puta ha cambiado su vida a mejor: “He conocido a mujeres increíbles, empoderadas completamente que me han abierto los ojos en lo que al feminismo se refiere y puedo, desde mi posición de profesional del sexo, hacer mucho bien a otras compañeras menos empoderadas, a las novatas, a las que siempre trabajaron para terceras personas, a que por fin se queden con el 100% del dinero que ganan. Este trabajo me llevo a estudiar terapias sexuales, que es mi otra profesión y dejar definitivamente mi antiguo trabajo en contabilidad”.

Para ella, la prostitución es el trabajo donde el patriarcado tiene menos que decir. Ellas mandan y toman las decisiones mientras el cliente asiente y paga; “Así es como las putas han trabajado  a lo largo de toda la historia”. El referente social y cultural de las putas son las cortesanas y hetairas; ellas, como profesionales, dicen declararse muy por encima del sometimiento masculino. “Ellos saben quién manda”.

En su opinión, la institución que mejor vela por el patriarcado es el matrimonio, mientras que la trabajadora sexual define que desea hacer, cobra por adelantado y los pacta por adelantado, “despojamos al hombre de ropa, lo dejamos reducido a su mínima expresión y le instamos a irse cuando pasó el tiempo acordado”.

“Las putas somos feministas en defensa propia contra los grupos abolicionistas a los que tanto les molesta que nos ganemos la vida. Obviando que nosotras deberíamos tener todos y cada uno de los derechos que ellas ostentan y que a nosotras, nos deniegan sistemáticamente”. Además, cuestionan que tan feministas pueden ser quienes las critican y arremeten entre ellas en vez de luchar a su lado para mejorar sus condiciones laborales.

Finalmente, sobre cómo esta profesión ha cambiado su vida y la de las mujeres que la ejercen, sobre como su vida ha evolucionado, afirma: “Ya no somos tan “normales”, ya nos desprendimos de las casposas reminiscencias que la sociedad nos hace creer si ejercemos trabajo sexual. Somos más fuertes que antes, somos mujeres libres, feministas, compañeras en la lucha, madres, hijas, hermanas.

Tal vez seamos menos “normales” porque las abolicionistas nos han hecho crecernos ante la adversidad de sus críticas feroces, de sus moralinas de tercera regional, de su concepción de una sexualidad monógama y concéntrica, de un mito del amor romántico enfermizo y que refuerza la figura del macho sobre una mujer dominada”.

http://www.kienyke.com/historias/prostitutas-feministas-y-una-escuela/

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Marconi, a carne y fuego

  • El polígono del sur de Madrid es el mayor prostíbulo a cielo abierto de España

  • Allí trabajan día y noche, a veinte euros el servicio, 400 mujeres. Muchas son esclavas sexuales de las mafias

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes.

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes. / Alberto Ferreras

FRANCISCO APAOLAZA

Sobre la acera en la que se ofrece, la mujer ha pergeñado un humilde fuego en el que arden las astillas de un palé de madera roto. Desde un cielo nublado y naranja, industrial y descarnado, desciende, tenaz y cansada, una lluvia que todo lo empapa. La Venus de Milo del Sur de Madrid ha colocado sobre la hoguerita dos tablas de contrachapado que se sujetan una con la otra como un tejado y cubren su lumbre para que el agua y la noche no la apaguen. Posa casi desnuda. Viste un tanga y unos tacones de charol blanco. Todo lo demás es piel erizada y mojada, y sus dos pezones se han contraído por el frío y el agua. El paraguas claro descansa sobre el hombro derecho y ella ladea sobre él la cabeza y suspende la mirada en el vacío, como esas chicas de los jardines de Renoir. Para aprovechar el calor, ha doblado su cuerpo en cuclillas encima del fuego y, sentada sobre los talones, ha abierto las piernas sobre la llama que calienta sus muslos y su sexo, de manera que parece que la mujer está pariendo un puñado de brasas. Desde el otro lado de la calle se puede sentir su perfume mareante de canelas, melocotones y pachulíes que sube de nota conforme uno se acerca a ella. «¿Qué quieres, guapo?», pregunta con amabilidad aunque sin excesiva cercanía. Aleksandra nació en Rumanía, tiene 23 años y ofrece sus servicios de puta en Madrid en el supermercado de la carne, el mayor prostíbulo a cielo abierto de España, un mar de esclavas y de kleenex usados que se conoce como Marconi.

Siete de la tarde. Unas manzanas más allá, aún recorren las calles chavales con mochila y bocadillo de chocolate que se desfogan en brincos y carreras después del colegio. Una calle separa dos galaxias distintas. A un lado, la inocencia familiar de cualquier urbanización de Madrid a esa hora, el terreno de la indignación vecinal. Al otro, chisporrotea el fueguito de Aleksandra, que es uno entre cincuenta como los faros de una costa desconocida, oscura, atroz y amenazante. Cada pocos metros se eleva una hoguera en mitad de la noche. Cada fuego alumbra el cuerpo de una mujer. En las calles del polígono no hay fábricas, pero sí coches. Circulan despacio porque allí siempre es hora punta. Son cientos. Reducen la marcha para ver de cerca la mercancía, lanzan un grito desde la ventanilla, negocian el precio y, poco después, paran a un lado de la carretera. A través de las ventanillas se adivinan siluetas en diversas posturas, un porno de sombras. Después, ellas bajan y caminan de nuevo sobre una acera tapizada de pañuelos de papel y los coches vuelven a circular.

El mapamundi del sexo

Se calcula que 400 chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato. Esta es una selva antigua, crecida después de que se desmantelara la Casa de Campo, el tradicional caladero de la prostitución madrileña. El mapa del sexo está dividido por países. El corazón de esa geografía es la zona de las hogueras, pero el reino del sexo va mucho más allá. En las afueras de esa ciudad sin ropa, otras chicas remiten a placeres más furtivos. Casi no se las ve. En el extrarradio de Marconi, en un rincón sin luz aguardan los rostros hipermaquillados, fecundos y casi selváticos de las transexuales y la belleza furtiva, discreta y frágil de media docena de muñequitas de porcelana oriental. Allá están las chinas. Más acá, el suelo lo ocupan las rumanas, algo más lejos las ecuatorianas, nigerianas… Cada esquina y cada trozo de acera tiene un dueño, un color de piel y un acento distinto. El producto está ordenado y mapeado en los foros puteros de internet donde aparece el color de piel, el aspecto, el nombre y hasta los servicios que ofrece cada una de ellas. «Aquella acepta no usar preservativo…».

Cada palmo de terreno es un bien codiciado que tiene dueño. Lo controlan las mafias. En cada puesto se relevan las chicas, que pagan un canon de sus beneficios a los señores feudales de ese asfalto. Ellas mismas están controladas en su mayor parte por las mafias y las vigilan otras veteranas. Algunas mujeres pasean entre ellas, les llevan tabaco y por supuesto, cuentan los clientes y las ganancias. Su gesto es servil, pero en realidad son la cadena en el tobillo. Los chulos no se dejan ver. Algunos controlan desde las atalayas de los edificios, en habitaciones calientes lejos del frío y de la lluvia. También vigilan a los reporteros desde furgonetas blancas. Uno de ellos, de pronto, recorre la acera a pie camino de ninguna parte para dar su mensaje a las chicas y al periodista: os estamos vigilando.

Ninguna quiere hablar. Caderas anchas, pechos asomando tras una red de encaje, pongamos que se llama María. Se excusa -«estoy trabajando»-, pero acepta llamar al reportero más tarde. La conversación tiene lugar al día siguiente camino de la farmacia: «No quiero hablar. Tengo mucho miedo». La mayor parte de las chicas no pasa del anuncio de su tarifa. Cuesta creer que aquella veinteañera de metro ochenta de las piernas largas y los ojos de hierbabuena, esa mujer que podría estar en una pasarela o bailando de gogó en una discoteca, esa diosa eslava esté allí pasando frío y haciendo sexo dentro de un coche por veinte euros. Se calcula que son 400. A cuarenta servicios por cabeza, cada día en Marconi sale a 16.000 polvos. A estas alturas del reportaje se habrán imaginado que en esas calles hay más ley que la de la oferta y la demanda.

Sobre cada par de tacones se erige un edificio quebrado, una historia que salió mal. A Lis se le torció la vida el día en el que la echaron de su trabajo de secretaria en un despacho de abogados de Sao Paulo, en Brasil, y de un golpe se le acabó el dinero para pagarse la carrera de Derecho. En esa mala hora conoció a una chica que le ofreció una solución: viajar a Europa a trabajar de camarera y a cuidar niños y viejos. «El plan era ganar en un par de años lo que le costaría después acabar la carrera». Aquella chica fue trabando relaciones de amistad con la gente de Lis y alrededor de ella tejió la tela de araña de la confianza. Pasó un par de meses sopesando la decisión. No suponía entonces que unos años más tarde terminaría esnifando cocaína con un cliente en una cuneta de Villaverde.

Quizás podría haberlo sospechado cuando a las siete chicas del grupo les dieron las instrucciones del viaje: llevar 500 euros encima para justificar ante la Policía de Extranjería que viajaban a Europa de vacaciones, disimular y no dar señales de que conocían a otras chicas. Brasil, Italia, Portugal… Comenzaron a moverlas. «La primera semana nos trataron como reinas». Vivían juntas en un piso, pero el trabajo prometido no llegaba. Entonces, la chica no fue tan simpática. Las reunió en un salón del chalet y, rodeada de cuatro matones, les confesó que ese viaje no era el que habían pensado: «Nos dijo que allí no habíamos venido a cuidar ancianos, sino a ejercer la prostitución». Les quitaron el pasaporte. En ese mismo instante de desconcierto comenzaron las amenazas y las palizas. También les dieron otra noticia: debían 5.800 euros. Entonces Lis ya podría añadir a su currículum un trabajo de esclava sexual en una red de trata de blancas. Pese a todo el dinero que ganaría en adelante, nunca darían esa deuda por satisfecha, así que viviría atrapada por las redes criminales.

El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: hasta 50.000 euros por traerlas a España, en la mayor parte de los casos en condiciones infrahumanas y jugándose la vida. Diversas organizaciones han llegado al consenso de que ocho de cada diez prostitutas de las que trabajan en España (se calcula que son 300.000) no lo hace por su propia voluntad y está en manos de los proxenetas y de las mafias, sobre todo rumanas, brasileñas y españolas. No son todas. En 2015 nació en Madrid la Asociación Feminista de Trabajadoras del Sexo que reclama el papel de las mujeres que ejercen libremente.

Drogas por fuerza

«Antes que a Marconi nos llevaron a Sevilla, a una casa. Nos enseñaron a beber mucho alcohol y a usar drogas, porque así los clientes gastaban mucho más. Salvo pincharnos, nos obligaron a tomar todas las drogas». Las adicciones son comunes entre las mujeres. En agosto encontraron a una de ellas muerta por una sobredosis en el polígono. Llevaba dos días cadáver. Ese mismo mes, la Policía encontró el cuerpo de un hombre de 70 años que había fallecido al parecer de un infarto mientras se encontraba consumiendo drogas con una prostituta.

Cuando estaban ‘formadas’, las trajeron a Madrid y anduvieron de aquí allá. «Cada veinte días cambiábamos de ubicación porque los clientes quieren siempre carne fresca». Hay que mover la mercancía, así que cada cierto tiempo cambian. Rocío Mora, de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Ayuda a la Mujer Prostituida (APRAMP), admite que un gran porcentaje de las chicas «no sabe ni en qué ciudad está».

Al cabo del tiempo, Lis llegó a Marconi y se vio junto a una de esas hogueras. «Pareces muy libre porque enseñas las tetas, pero en realidad allí no hay libertad ninguna», explica. En esa ciénaga de asfalto, se sentía vigilada constantemente por las chicas y también por los proxenetas que observan la maquinaria tras los cristales de un asador cercano. Cada día tenía una misión: cuatrocientos, quinientos, seiscientos euros. Un servicio son 20 euros, pero no siempre. «Hay mujeres deterioradas física y psicológicamente que lo hacen por cinco. Hasta que tenías el dinero no podías volver a casa, así que podías pasar allí el tiempo que fuera. Si volvías sin el dinero, te acusaban de haberlo robado y te pegaban». En casa, las amenazas eran constantes. Muchas de las mujeres prostituidas están advertidas de que, si no siguen con el juego, van a atacar a sus seres queridos en sus países de origen. Llamar a la Policía es, para ellas, un absurdo, pues creen que son cuerpos corruptos y que las van a delatar a las mafias. «Nos hacen creer que la Policía es como la de nuestros países. Nos tienen encadenadas mentalmente». A las nigerianas las controlan con santeros de vudú. Al llegar a casa, si se quejaba, recibía una paliza. «Nos pegaban, pero no en la cara, porque perdíamos valor en la calle». Además de los golpes le ofrecían la excusa: «Cuando los clientes preguntaban, teníamos que decirles que nos habíamos caído o que a otro cliente le gustaba el sado».

Las condiciones en la calle son infrahumanas. Catorce horas trabajando sin comida a base de café, cigarros, alcohol y drogas. El frío siempre termina por hacer mella, así que las chicas enferman. El mensaje es claro: «Tienes que seguir trabajando». A los pocos meses, casi todas arrastran enfermedades, pero la deuda nunca se cubrió. Lis tocó fondo después de pasar una semana con un cliente teniendo sexo y consumiendo cocaína. Facturó 16.000 euros y reclamó que la mafia reconociera que cancelaban su deuda. Se negaron y ella se dio cuenta de que nunca saldría de ese agujero. «Pensé: o me escapo, o me matan». Y voló. La brasileña aceptó por fin la ayuda de APRAMP, que se esfuerza en ofrecer salidas reales a las mujeres. Lis denunció a los que la habían explotado y vivió tres años en un piso de protección. Pasó años rehabilitándose de su adicción a las drogas, aprendiendo oficios y asistiendo a terapia para reconstruir los escombros en los que se había convertido su vida. Meses después, sufrió una trombosis coronaria con la que pagó por todos sus excesos con los clientes. La prostitución estuvo a punto de matarla. «Estaba destruida». Hoy es agente social y patrulla las mismas calles de Marconi en una unidad de rescate de APRAMP que ofrece ayuda a las mujeres que están en su situación.

En Villaverde siguen entrando coches. Abren las ventanillas, negocian el precio de la carne, siguen adelante, vuelven a negociar, se detienen, se van… El servicio no para ni un minuto. «Es una forma más de ocio -admite Lis-, pero la gente no se da cuenta lo que hay detrás. O quizás no quiere verlo. Dicen que el de puta es el oficio más antiguo del mundo, pero yo creo que el más antiguo es el de mirar a otro lado».

En Marconi, a simple vista, los clientes no son más que siluetas. No hay un perfil definido, aunque cada vez son más jóvenes. El mito del putero sesentón se desvanece. Cada vez son más jóvenes y abundan las cuadrillas de adolescentes de hasta 14 años que han integrado las fiestas sexuales en Marconi en su rutina de ocio. Se sabe, según datos de Eurostat, que en España el 33% de los hombres ha ido de putas al menos una vez en su vida.

JOVEN, EXTRANJERA Y CON HIJOS

La prostitución es el segundo negocio que más ingresos genera en el mercado negro internacional, una lista encabezada por la falsificación de medicamentos. El perfil de la prostituta en España es el de una mujer extranjera, de menos de 35 años y con hijos a su cargo. Según un informe de Cáritas, la crisis ha llevado a muchas mujeres españolas a vender su cuerpo para sacar un dinero con el que subsistir; en la mayoría de los casos, sin conocimiento de su entorno familiar. Muchas inmigrantes afincadas en nuestro país que habían abandonado esta forma de vida se han visto obligadas a retomarla a causa de la precariedad económica.

SEXO BARATO

Por zonas: Las prostitutas se distribuyen según su raza y procedencia.

Los clientes: Cada vez más jóvenes, los hay incluso de 14 años.

400 mujeres ofrecen servicios de prostitución en el polígono Marconi, en Villaverde, a las afueras de Madrid.

40 servicios sexuales puede llevar a cabo una mujer en un día. Gran parte de estos ingresos son para los proxenetas.

20 euros es el precio medio de un ‘servicio’ en el polígono Marconi. Las más deterioradas lo hacen por cinco euros.

300.000 prostitutas se ganan la vida en España ofreciendo servicios sexuales a cambio de dinero. La mayoría son extranjeras.

80 de cada cien mujeres que ejercen la prostitución no lo hacen por su propia voluntad. Son controladas por proxenetas y mafias que las trajeron de sus países de origen.

33 de cada cien hombres españoles confiesan haber contratado en alguna ocasión servicios de prostitutas.

http://www.laverdad.es/murcia/sociedad/201701/15/marconi-carne-fuego-20170115005909-v.html

 
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Colau evita multar la prostitución callejera

Las prostitutas aseguran que con la entrada en el gobierno de BComú el trato con los agentes de la Guardia Urbana ha cambiado y ya no imponen sanciones

“No parecen los mismos urbanos. Ya no vienen a la caza y captura de la puta. Hay presión, pero ya no nos multan, como hacía Xavier Trias”. Janet, una de las prostitutas de la calle de Robador del barrio barcelonés del Raval, sostiene que desde que entró Ada Colau en el Ayuntamiento los agentes han dejado de multarlas por ofrecer servicios sexuales en la calle. “Necesitábamos que alguien simplemente nos escuchara. Queremos que coloquen bancos en la calle para trabajar de forma más discreta, tener baños públicos… el Ayuntamiento dice que lo estudia. Ahora, por lo menos, cuando nos precintan un apartamento acusándonos de montar un meublé nos dejan sacar nuestras pertenencias”, se conforma. La estadística da la razón a Janet.

 
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona.
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona. MASSIMILIANO MINOCRI

El exalcalde convergente Xavier Trias, apoyado por el PP, modificó la ordenanza de civismo en 2012 para prohibir la prostitución callejera en Barcelona. En las primeras cinco semanas que la norma estuvo vigente, los urbanos amonestaron a 316 personas (204 de estas denuncias fueron a prostitutas). El convergente conservó la alcaldía un mandato.

 

En junio de 2015, Ada Colau tomó posesión como alcaldesa. Durante todo ese año la urbana interpuso 508 denuncias por ofrecer o contratar servicios sexuales en la vía pública, la mayoría de ellas en los meses que gobernó Trias. Desde la tenencia de alcaldía de Derechos de Ciudadanía y desde la concejalía de Feminismos aclaran que aunque Colau hubiera querido sancionar a las prostitutas —que no quería— no lo hubiera podido hacer porque a los pocos días de haber tomado posesión del cargo entró en vigor Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como ley mordaza. “Esta ley tiene un rango superior a la ordenanza y es de obligado cumplimiento. El texto legal no prevé multar por realizar ofrecimientos sexuales”, defiende una portavoz municipal.

 

La ley mordaza impide sancionar a prostitutas, pero el Consistorio barcelonés añade otros motivos para no multarlas: “Existe una directiva europea que pide que se evite revictimizar a las mujeres en posibles situación de tráfico”. Desde el Consistorio admiten que “no sancionar el ofrecimiento sexual es una práctica consolidada en Barcelona y que, además, no ha tenido ningún impacto sobre el número de prostitutas que ejercen en las calles”.

La portavoz municipal asegura que según las estadísticas con las que cuenta la Agencia para el abordaje integral del trabajo sexual (Abits) el número de meretrices es estable desde hace años. “Las sanciones a las prostitutas no tenían ningún efecto disuasorio y dejar de sancionar no ha supuesto un aumento de trabajadoras sexuales”, concluye la portavoz.

El intendente jefe de la comisaría de Ciutat Vella de la Guardia Urbana de Barcelona, Benito Granados, opina que “quizás antes la administración había perdido un poco la sensibilidad con el tema de la prostitución”. Granados conoce los movimientos que hay en su distrito y más allá. “Actualmente, entre la ronda Sant Antoni, Robador, la Rambla y la Villa Olímpica hay cerca de 60 mujeres ejerciendo la prostitución callejera”. Reconoce que es una población bastante estable.

“Este 2016 en Ciutat Vella no hemos denunciado a ninguna prostituta y hemos multado a unos 80 clientes”, explica Granados. El intendente ha hecho labores de mediación con el colectivo: “Nuestro objetivo es luchar contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Ahora los explotadores no se distribuyen en grandes organizaciones criminales sino que son estructuras pequeñas que explotan a una o dos mujeres siguiendo métodos emocionales que hacen muy complicado nuestro trabajo”.

En los parques de la Villa Olímpica los servicios sexuales pueden costar entre 10 y 15 euros mientras que en Robador o Sant Antoni alcanzan los 20 euros más “5 y 10 euros por la habitación”. “Actualmente hay una decena de meublés en funcionamiento y la propia normativa va en nuestra contra”, asegura Granados.

Relata que cuando los agentes sospechan que un piso funciona como meubléabren un expediente administrativo. Pero que hasta que se resuelve con el cese de las actividades, se precinta el inmueble y el juzgado da la orden de precinto judicial pasan unos meses durante los que los administradores han tenido tiempo para alquilar, u okupar, otro piso donde continuar la misma función.

También la ONG Genera constata el cambio de actitud de los urbanos con las prostitutas. Esta asociación en defensa de los derechos de las mujeres asegura que las multas solo sirvieron para precarizar, más aún, la situación de las mujeres: “Además, a las que más afectó fue a las jóvenes que se encontraban en una situación de trata (el 15% de las prostitutas según la ONG) y no podían moverse de la calle”.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/12/31/catalunya/1483172309_482487.html?id_externo_rsoc=TW_CC

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