Marconi, a carne y fuego

  • El polígono del sur de Madrid es el mayor prostíbulo a cielo abierto de España

  • Allí trabajan día y noche, a veinte euros el servicio, 400 mujeres. Muchas son esclavas sexuales de las mafias

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes.

Una prostituta se calienta junto a una hoguera apostada en una esquina del polígono Marconi, en la zona sur de Madrid, a la espera de clientes. / Alberto Ferreras

FRANCISCO APAOLAZA

Sobre la acera en la que se ofrece, la mujer ha pergeñado un humilde fuego en el que arden las astillas de un palé de madera roto. Desde un cielo nublado y naranja, industrial y descarnado, desciende, tenaz y cansada, una lluvia que todo lo empapa. La Venus de Milo del Sur de Madrid ha colocado sobre la hoguerita dos tablas de contrachapado que se sujetan una con la otra como un tejado y cubren su lumbre para que el agua y la noche no la apaguen. Posa casi desnuda. Viste un tanga y unos tacones de charol blanco. Todo lo demás es piel erizada y mojada, y sus dos pezones se han contraído por el frío y el agua. El paraguas claro descansa sobre el hombro derecho y ella ladea sobre él la cabeza y suspende la mirada en el vacío, como esas chicas de los jardines de Renoir. Para aprovechar el calor, ha doblado su cuerpo en cuclillas encima del fuego y, sentada sobre los talones, ha abierto las piernas sobre la llama que calienta sus muslos y su sexo, de manera que parece que la mujer está pariendo un puñado de brasas. Desde el otro lado de la calle se puede sentir su perfume mareante de canelas, melocotones y pachulíes que sube de nota conforme uno se acerca a ella. «¿Qué quieres, guapo?», pregunta con amabilidad aunque sin excesiva cercanía. Aleksandra nació en Rumanía, tiene 23 años y ofrece sus servicios de puta en Madrid en el supermercado de la carne, el mayor prostíbulo a cielo abierto de España, un mar de esclavas y de kleenex usados que se conoce como Marconi.

Siete de la tarde. Unas manzanas más allá, aún recorren las calles chavales con mochila y bocadillo de chocolate que se desfogan en brincos y carreras después del colegio. Una calle separa dos galaxias distintas. A un lado, la inocencia familiar de cualquier urbanización de Madrid a esa hora, el terreno de la indignación vecinal. Al otro, chisporrotea el fueguito de Aleksandra, que es uno entre cincuenta como los faros de una costa desconocida, oscura, atroz y amenazante. Cada pocos metros se eleva una hoguera en mitad de la noche. Cada fuego alumbra el cuerpo de una mujer. En las calles del polígono no hay fábricas, pero sí coches. Circulan despacio porque allí siempre es hora punta. Son cientos. Reducen la marcha para ver de cerca la mercancía, lanzan un grito desde la ventanilla, negocian el precio y, poco después, paran a un lado de la carretera. A través de las ventanillas se adivinan siluetas en diversas posturas, un porno de sombras. Después, ellas bajan y caminan de nuevo sobre una acera tapizada de pañuelos de papel y los coches vuelven a circular.

El mapamundi del sexo

Se calcula que 400 chicas hacen la calle en Marconi, que es como se conoce al polígono de Villaverde y al de El Gato. Esta es una selva antigua, crecida después de que se desmantelara la Casa de Campo, el tradicional caladero de la prostitución madrileña. El mapa del sexo está dividido por países. El corazón de esa geografía es la zona de las hogueras, pero el reino del sexo va mucho más allá. En las afueras de esa ciudad sin ropa, otras chicas remiten a placeres más furtivos. Casi no se las ve. En el extrarradio de Marconi, en un rincón sin luz aguardan los rostros hipermaquillados, fecundos y casi selváticos de las transexuales y la belleza furtiva, discreta y frágil de media docena de muñequitas de porcelana oriental. Allá están las chinas. Más acá, el suelo lo ocupan las rumanas, algo más lejos las ecuatorianas, nigerianas… Cada esquina y cada trozo de acera tiene un dueño, un color de piel y un acento distinto. El producto está ordenado y mapeado en los foros puteros de internet donde aparece el color de piel, el aspecto, el nombre y hasta los servicios que ofrece cada una de ellas. «Aquella acepta no usar preservativo…».

Cada palmo de terreno es un bien codiciado que tiene dueño. Lo controlan las mafias. En cada puesto se relevan las chicas, que pagan un canon de sus beneficios a los señores feudales de ese asfalto. Ellas mismas están controladas en su mayor parte por las mafias y las vigilan otras veteranas. Algunas mujeres pasean entre ellas, les llevan tabaco y por supuesto, cuentan los clientes y las ganancias. Su gesto es servil, pero en realidad son la cadena en el tobillo. Los chulos no se dejan ver. Algunos controlan desde las atalayas de los edificios, en habitaciones calientes lejos del frío y de la lluvia. También vigilan a los reporteros desde furgonetas blancas. Uno de ellos, de pronto, recorre la acera a pie camino de ninguna parte para dar su mensaje a las chicas y al periodista: os estamos vigilando.

Ninguna quiere hablar. Caderas anchas, pechos asomando tras una red de encaje, pongamos que se llama María. Se excusa -«estoy trabajando»-, pero acepta llamar al reportero más tarde. La conversación tiene lugar al día siguiente camino de la farmacia: «No quiero hablar. Tengo mucho miedo». La mayor parte de las chicas no pasa del anuncio de su tarifa. Cuesta creer que aquella veinteañera de metro ochenta de las piernas largas y los ojos de hierbabuena, esa mujer que podría estar en una pasarela o bailando de gogó en una discoteca, esa diosa eslava esté allí pasando frío y haciendo sexo dentro de un coche por veinte euros. Se calcula que son 400. A cuarenta servicios por cabeza, cada día en Marconi sale a 16.000 polvos. A estas alturas del reportaje se habrán imaginado que en esas calles hay más ley que la de la oferta y la demanda.

Sobre cada par de tacones se erige un edificio quebrado, una historia que salió mal. A Lis se le torció la vida el día en el que la echaron de su trabajo de secretaria en un despacho de abogados de Sao Paulo, en Brasil, y de un golpe se le acabó el dinero para pagarse la carrera de Derecho. En esa mala hora conoció a una chica que le ofreció una solución: viajar a Europa a trabajar de camarera y a cuidar niños y viejos. «El plan era ganar en un par de años lo que le costaría después acabar la carrera». Aquella chica fue trabando relaciones de amistad con la gente de Lis y alrededor de ella tejió la tela de araña de la confianza. Pasó un par de meses sopesando la decisión. No suponía entonces que unos años más tarde terminaría esnifando cocaína con un cliente en una cuneta de Villaverde.

Quizás podría haberlo sospechado cuando a las siete chicas del grupo les dieron las instrucciones del viaje: llevar 500 euros encima para justificar ante la Policía de Extranjería que viajaban a Europa de vacaciones, disimular y no dar señales de que conocían a otras chicas. Brasil, Italia, Portugal… Comenzaron a moverlas. «La primera semana nos trataron como reinas». Vivían juntas en un piso, pero el trabajo prometido no llegaba. Entonces, la chica no fue tan simpática. Las reunió en un salón del chalet y, rodeada de cuatro matones, les confesó que ese viaje no era el que habían pensado: «Nos dijo que allí no habíamos venido a cuidar ancianos, sino a ejercer la prostitución». Les quitaron el pasaporte. En ese mismo instante de desconcierto comenzaron las amenazas y las palizas. También les dieron otra noticia: debían 5.800 euros. Entonces Lis ya podría añadir a su currículum un trabajo de esclava sexual en una red de trata de blancas. Pese a todo el dinero que ganaría en adelante, nunca darían esa deuda por satisfecha, así que viviría atrapada por las redes criminales.

El peaje que las mafias reclaman a las africanas es mucho mayor: hasta 50.000 euros por traerlas a España, en la mayor parte de los casos en condiciones infrahumanas y jugándose la vida. Diversas organizaciones han llegado al consenso de que ocho de cada diez prostitutas de las que trabajan en España (se calcula que son 300.000) no lo hace por su propia voluntad y está en manos de los proxenetas y de las mafias, sobre todo rumanas, brasileñas y españolas. No son todas. En 2015 nació en Madrid la Asociación Feminista de Trabajadoras del Sexo que reclama el papel de las mujeres que ejercen libremente.

Drogas por fuerza

«Antes que a Marconi nos llevaron a Sevilla, a una casa. Nos enseñaron a beber mucho alcohol y a usar drogas, porque así los clientes gastaban mucho más. Salvo pincharnos, nos obligaron a tomar todas las drogas». Las adicciones son comunes entre las mujeres. En agosto encontraron a una de ellas muerta por una sobredosis en el polígono. Llevaba dos días cadáver. Ese mismo mes, la Policía encontró el cuerpo de un hombre de 70 años que había fallecido al parecer de un infarto mientras se encontraba consumiendo drogas con una prostituta.

Cuando estaban ‘formadas’, las trajeron a Madrid y anduvieron de aquí allá. «Cada veinte días cambiábamos de ubicación porque los clientes quieren siempre carne fresca». Hay que mover la mercancía, así que cada cierto tiempo cambian. Rocío Mora, de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Ayuda a la Mujer Prostituida (APRAMP), admite que un gran porcentaje de las chicas «no sabe ni en qué ciudad está».

Al cabo del tiempo, Lis llegó a Marconi y se vio junto a una de esas hogueras. «Pareces muy libre porque enseñas las tetas, pero en realidad allí no hay libertad ninguna», explica. En esa ciénaga de asfalto, se sentía vigilada constantemente por las chicas y también por los proxenetas que observan la maquinaria tras los cristales de un asador cercano. Cada día tenía una misión: cuatrocientos, quinientos, seiscientos euros. Un servicio son 20 euros, pero no siempre. «Hay mujeres deterioradas física y psicológicamente que lo hacen por cinco. Hasta que tenías el dinero no podías volver a casa, así que podías pasar allí el tiempo que fuera. Si volvías sin el dinero, te acusaban de haberlo robado y te pegaban». En casa, las amenazas eran constantes. Muchas de las mujeres prostituidas están advertidas de que, si no siguen con el juego, van a atacar a sus seres queridos en sus países de origen. Llamar a la Policía es, para ellas, un absurdo, pues creen que son cuerpos corruptos y que las van a delatar a las mafias. «Nos hacen creer que la Policía es como la de nuestros países. Nos tienen encadenadas mentalmente». A las nigerianas las controlan con santeros de vudú. Al llegar a casa, si se quejaba, recibía una paliza. «Nos pegaban, pero no en la cara, porque perdíamos valor en la calle». Además de los golpes le ofrecían la excusa: «Cuando los clientes preguntaban, teníamos que decirles que nos habíamos caído o que a otro cliente le gustaba el sado».

Las condiciones en la calle son infrahumanas. Catorce horas trabajando sin comida a base de café, cigarros, alcohol y drogas. El frío siempre termina por hacer mella, así que las chicas enferman. El mensaje es claro: «Tienes que seguir trabajando». A los pocos meses, casi todas arrastran enfermedades, pero la deuda nunca se cubrió. Lis tocó fondo después de pasar una semana con un cliente teniendo sexo y consumiendo cocaína. Facturó 16.000 euros y reclamó que la mafia reconociera que cancelaban su deuda. Se negaron y ella se dio cuenta de que nunca saldría de ese agujero. «Pensé: o me escapo, o me matan». Y voló. La brasileña aceptó por fin la ayuda de APRAMP, que se esfuerza en ofrecer salidas reales a las mujeres. Lis denunció a los que la habían explotado y vivió tres años en un piso de protección. Pasó años rehabilitándose de su adicción a las drogas, aprendiendo oficios y asistiendo a terapia para reconstruir los escombros en los que se había convertido su vida. Meses después, sufrió una trombosis coronaria con la que pagó por todos sus excesos con los clientes. La prostitución estuvo a punto de matarla. «Estaba destruida». Hoy es agente social y patrulla las mismas calles de Marconi en una unidad de rescate de APRAMP que ofrece ayuda a las mujeres que están en su situación.

En Villaverde siguen entrando coches. Abren las ventanillas, negocian el precio de la carne, siguen adelante, vuelven a negociar, se detienen, se van… El servicio no para ni un minuto. «Es una forma más de ocio -admite Lis-, pero la gente no se da cuenta lo que hay detrás. O quizás no quiere verlo. Dicen que el de puta es el oficio más antiguo del mundo, pero yo creo que el más antiguo es el de mirar a otro lado».

En Marconi, a simple vista, los clientes no son más que siluetas. No hay un perfil definido, aunque cada vez son más jóvenes. El mito del putero sesentón se desvanece. Cada vez son más jóvenes y abundan las cuadrillas de adolescentes de hasta 14 años que han integrado las fiestas sexuales en Marconi en su rutina de ocio. Se sabe, según datos de Eurostat, que en España el 33% de los hombres ha ido de putas al menos una vez en su vida.

JOVEN, EXTRANJERA Y CON HIJOS

La prostitución es el segundo negocio que más ingresos genera en el mercado negro internacional, una lista encabezada por la falsificación de medicamentos. El perfil de la prostituta en España es el de una mujer extranjera, de menos de 35 años y con hijos a su cargo. Según un informe de Cáritas, la crisis ha llevado a muchas mujeres españolas a vender su cuerpo para sacar un dinero con el que subsistir; en la mayoría de los casos, sin conocimiento de su entorno familiar. Muchas inmigrantes afincadas en nuestro país que habían abandonado esta forma de vida se han visto obligadas a retomarla a causa de la precariedad económica.

SEXO BARATO

Por zonas: Las prostitutas se distribuyen según su raza y procedencia.

Los clientes: Cada vez más jóvenes, los hay incluso de 14 años.

400 mujeres ofrecen servicios de prostitución en el polígono Marconi, en Villaverde, a las afueras de Madrid.

40 servicios sexuales puede llevar a cabo una mujer en un día. Gran parte de estos ingresos son para los proxenetas.

20 euros es el precio medio de un ‘servicio’ en el polígono Marconi. Las más deterioradas lo hacen por cinco euros.

300.000 prostitutas se ganan la vida en España ofreciendo servicios sexuales a cambio de dinero. La mayoría son extranjeras.

80 de cada cien mujeres que ejercen la prostitución no lo hacen por su propia voluntad. Son controladas por proxenetas y mafias que las trajeron de sus países de origen.

33 de cada cien hombres españoles confiesan haber contratado en alguna ocasión servicios de prostitutas.

http://www.laverdad.es/murcia/sociedad/201701/15/marconi-carne-fuego-20170115005909-v.html

 
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Colau evita multar la prostitución callejera

Las prostitutas aseguran que con la entrada en el gobierno de BComú el trato con los agentes de la Guardia Urbana ha cambiado y ya no imponen sanciones

“No parecen los mismos urbanos. Ya no vienen a la caza y captura de la puta. Hay presión, pero ya no nos multan, como hacía Xavier Trias”. Janet, una de las prostitutas de la calle de Robador del barrio barcelonés del Raval, sostiene que desde que entró Ada Colau en el Ayuntamiento los agentes han dejado de multarlas por ofrecer servicios sexuales en la calle. “Necesitábamos que alguien simplemente nos escuchara. Queremos que coloquen bancos en la calle para trabajar de forma más discreta, tener baños públicos… el Ayuntamiento dice que lo estudia. Ahora, por lo menos, cuando nos precintan un apartamento acusándonos de montar un meublé nos dejan sacar nuestras pertenencias”, se conforma. La estadística da la razón a Janet.

 
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona.
Prostitutas en la calle de Robador de Barcelona. MASSIMILIANO MINOCRI

El exalcalde convergente Xavier Trias, apoyado por el PP, modificó la ordenanza de civismo en 2012 para prohibir la prostitución callejera en Barcelona. En las primeras cinco semanas que la norma estuvo vigente, los urbanos amonestaron a 316 personas (204 de estas denuncias fueron a prostitutas). El convergente conservó la alcaldía un mandato.

 

En junio de 2015, Ada Colau tomó posesión como alcaldesa. Durante todo ese año la urbana interpuso 508 denuncias por ofrecer o contratar servicios sexuales en la vía pública, la mayoría de ellas en los meses que gobernó Trias. Desde la tenencia de alcaldía de Derechos de Ciudadanía y desde la concejalía de Feminismos aclaran que aunque Colau hubiera querido sancionar a las prostitutas —que no quería— no lo hubiera podido hacer porque a los pocos días de haber tomado posesión del cargo entró en vigor Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como ley mordaza. “Esta ley tiene un rango superior a la ordenanza y es de obligado cumplimiento. El texto legal no prevé multar por realizar ofrecimientos sexuales”, defiende una portavoz municipal.

 

La ley mordaza impide sancionar a prostitutas, pero el Consistorio barcelonés añade otros motivos para no multarlas: “Existe una directiva europea que pide que se evite revictimizar a las mujeres en posibles situación de tráfico”. Desde el Consistorio admiten que “no sancionar el ofrecimiento sexual es una práctica consolidada en Barcelona y que, además, no ha tenido ningún impacto sobre el número de prostitutas que ejercen en las calles”.

La portavoz municipal asegura que según las estadísticas con las que cuenta la Agencia para el abordaje integral del trabajo sexual (Abits) el número de meretrices es estable desde hace años. “Las sanciones a las prostitutas no tenían ningún efecto disuasorio y dejar de sancionar no ha supuesto un aumento de trabajadoras sexuales”, concluye la portavoz.

El intendente jefe de la comisaría de Ciutat Vella de la Guardia Urbana de Barcelona, Benito Granados, opina que “quizás antes la administración había perdido un poco la sensibilidad con el tema de la prostitución”. Granados conoce los movimientos que hay en su distrito y más allá. “Actualmente, entre la ronda Sant Antoni, Robador, la Rambla y la Villa Olímpica hay cerca de 60 mujeres ejerciendo la prostitución callejera”. Reconoce que es una población bastante estable.

“Este 2016 en Ciutat Vella no hemos denunciado a ninguna prostituta y hemos multado a unos 80 clientes”, explica Granados. El intendente ha hecho labores de mediación con el colectivo: “Nuestro objetivo es luchar contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Ahora los explotadores no se distribuyen en grandes organizaciones criminales sino que son estructuras pequeñas que explotan a una o dos mujeres siguiendo métodos emocionales que hacen muy complicado nuestro trabajo”.

En los parques de la Villa Olímpica los servicios sexuales pueden costar entre 10 y 15 euros mientras que en Robador o Sant Antoni alcanzan los 20 euros más “5 y 10 euros por la habitación”. “Actualmente hay una decena de meublés en funcionamiento y la propia normativa va en nuestra contra”, asegura Granados.

Relata que cuando los agentes sospechan que un piso funciona como meubléabren un expediente administrativo. Pero que hasta que se resuelve con el cese de las actividades, se precinta el inmueble y el juzgado da la orden de precinto judicial pasan unos meses durante los que los administradores han tenido tiempo para alquilar, u okupar, otro piso donde continuar la misma función.

También la ONG Genera constata el cambio de actitud de los urbanos con las prostitutas. Esta asociación en defensa de los derechos de las mujeres asegura que las multas solo sirvieron para precarizar, más aún, la situación de las mujeres: “Además, a las que más afectó fue a las jóvenes que se encontraban en una situación de trata (el 15% de las prostitutas según la ONG) y no podían moverse de la calle”.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/12/31/catalunya/1483172309_482487.html?id_externo_rsoc=TW_CC

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«Soy puta por elección. No quería trabajar 12 horas por 600 euros»

Valérie May forma parte de un movimiento en España que defiende el trabajo sexual por voluntad propia. «No quiero seguir en este sistema laboral», añade. Natalia Ferrari soportó sólo tres días trabajar en un McDonald’s. «Debería haber empezado a prostituirme mucho antes», se lamenta.

Valérie May tiene 28 años y se define como una escort alternativa.

Valérie May tiene 28 años y se define como una escort alternativa. Adriana Domínguez

 

La vida de Valérie May puede leerse a través de su cuerpo. Su brazo izquierdo lo ocupa, casi por completo, un enorme tatuaje con diferentes dibujos: un cerdo, tomates, una flor de loto… Representan todos ellos el vegetarianismo, régimen alimentario que sigue desde hace tiempo. La gran composición desemboca en un triángulo que se hizo cuando trabajaba como integradora social. Tiene otro tatuaje en las costillas que se hizo con su hermana con la palabra sisters.

En el escote lleva en tinta un cuadro del pintor Alfons Mucha que simboliza el feminismo. Su perro está en la pierna izquierda. En la barriga reposa una estrella japonesa que se hizo a los 17 años y que significa ‘esperanza’. El próximo que se hará será el de una pin-up con la palabra ‘empoderada’ en inglés. Lo hará en honor a su profesión: la de puta.

Valérie May es una de tantas mujeres que hay en España ejerciendo el trabajo sexual por voluntad propia. Putas y feministas que, como si fuese una alfombra, le han dado una sacudida a la palabra hasta hacer caer todos los estigmas que, igual que motas de polvo, viven aferradas a ella. Son mujeres que entienden que el feminismo implica tomar el control de sus propios cuerpos y que sea respetable. Que no glorifican su trabajo, pero que lo defienden por ser la mejor opción para ellas. Por ser su elección.

“La sociedad prefiere que seas camarera trabajando doce horas al día por 600 euros a trabajar en esto”, afirma Valérie May. Se define en su página web como una escort alternativa. Tiene el pelo verde y lleva los labios de color carmín. Se reparte el trabajo entre Tarragona y lo que le sale en Barcelona. Tiene 28 años y lleva algo más de seis meses prostituyéndose.

CASTING PARA ELEGIR CLIENTE

Su madre fue la primera persona en saberlo. Sabe que decidió ejercer esta labor sin esconderse. Sin dobles vidas. Pero muchos conocidos se extrañan. ¿Cómo decidió eso teniendo estudios y experiencia laboral? La respuesta para ella es fácil: “No quiero seguir formando parte de este sistema laboral”, explica.

La primera persona en saber que Valérie ejercía la prostitución fue su madre.

La primera persona en saber que Valérie ejercía la prostitución fue su madre. Adriana Domínguez

Y porque tiene dos dedos de frente, dice. “Una de las cosas que la gente piensa cuando te metes en esto es que te va a dar por el alcohol, las drogas, y que te vas a acostar con cualquiera. Y todo lo contrario. No he fumado en mi vida y escojo a mis clientes. Un masajista ofrece sus manos a cambio de una experiencia concreta. Pues lo mío es lo mismo. No vendo mi cuerpo porque eso es hacerte propiedad de algo. Y yo no me hago propiedad de nadie. Llego a casa con todas mis partes”, dice riéndose.

 
 

Valérie May hace una valoración previa antes de tener un encuentro con uno de sus clientes. Si no cree que vaya a conseguir una conexión desde el principio no queda con ellos. Por ejemplo, no acepta a hombres machistas ni a personas que se crean que están en una situación superior porque ella sea puta. Reconoce que tampoco estaría con un cazador.

Cuenta que con el primer cliente rompió el estigma. Era un chico más joven que ella. “Los clientes son personas completamente normales”, afirma.

Natalia Ferrari se define como vegana, bisexual, atea y antinatalista.

Natalia Ferrari se define como vegana, bisexual, atea y antinatalista. Mai Oltra

La asociación Aprosex ayuda a mujeres que, como Valérie, están iniciándose en la profesión. Una de esas mujeres es Shirley McLaren. Su nombre artístico recuerda al de Shirley MacLaine, la actriz de Irma la dulce. Pero ella recalca que no lo escogió por eso. Lo de Shirley es porque es fan de la cantante escocesa del grupo Garbage. El apellido es porque le apasiona el automovilismo. Y Ferraris ya había unas cuantas.

“Lo que ha pasado con la crisis es que muchas mujeres, al perder su trabajo y no tener problemas con tener sexo con desconocidos se han lanzado a esto. Pero, claro, sin guía. Y como cualquier faena, te tienes que estar reinventando, actualizando. Aprendiendo. El problema es que aquí, como todos follamos, la gente se cree que lo puede hacer bien. Hay gente que puede cocinar muy bien en su casa pero luego no puedes ser jefe de cocina. Aquí pasa lo mismo. Tienes que profesionalizarte, estás atenta a muchas cuestiones”, dice.

Shirley es una mujer transexual que lleva varios años viviendo en España. Nació en México. Allí estudió periodismo. Hace más de una década que ejerce la prostitución. Responde a los abolicionistas con determinación: “Nosotras somos las que tenemos la sartén por el mango. El discursito del abolicionista es que paga por nuestro cuerpo, así que el cliente puede hacer con nosotras lo que quiere. Eso es mentira. Y además es súper peligroso. Al repetirse esa conducta, acaba calando en todos los imaginarios: en las chicas que están empezando, que se acaban creyendo que pueden hacer con ellas lo que quieran; y con los clientes. ¿Las abolicionistas, entonces, nos protegen a nosotras o están protegiendo su modus vivendi?”, se pregunta.

Ferrari encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas

Ferrari encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas Mai Oltra

“Yo no podría trabajar en un matadero porque se me revolverían las tripas, como a otras mujeres se les pueden revolver al comerse la polla de un señor”, explica.

Shirley define a las prostitutas como “artistas del sexo”. “Cada relación no sale igual, es independiente. Es como si tuvieras un huipil (una prenda artesana mexicana). Cada una es diferente porque se hace a mano y es individual. Y eso tiene que tener un coste. No vendemos un producto de necesidad. Vendemos un producto de lujo”, dice. Y eso es algo que no todas las novatas tienen en cuenta a la hora de fijar los precios.

Sobre los clientes tampoco tiene nada malo que decir. Si son educados, limpios y no la regatean, todo está bien. Y si encima tienen buena conversación y le traen regalos, pues mejor. 

LA LUCHA POLÍTICA DE LAS ‘PUTAS INDIGNADAS’

Paula Ezquerra se considera una puta activista. Fue portavoz de la plataforma Putas Indignadas.

Paula Ezquerra se considera una puta activista. Fue portavoz de la plataforma Putas Indignadas. Cedida

Su lucha también va por la rama política. Ha intentado hablar y reunirse con diferentes políticos. Pero todavía no ha obtenido una respuesta clara. “Ciudadanos pide que seamos autónomas. ¿Pero por qué no podemos trabajar para terceros que paguen nuestra seguridad social como cualquier otra empresa? Simplemente porque trabajamos con los genitales”.

Explica que no consigue hablar con Alberto Garzón y que una vez charló cinco minutos con Íñigo Errejón, ambos de Unidos Podemos. Pero ninguno acaba por determinarse a su favor. “Los derechos humanos no se pueden debatir. Sabemos que hay cosas muy feas en nuestro trabajo, eso no lo vamos a negar. Pero igual que en otros sectores. Para hacer un móvil sabemos cómo se consigue el coltán. Pero nadie dice que hay que acabar con la minería o que hay que abolir la industria tecnológica. No. La única industria que dicen que hay que abolir porque hay trata y hay violación de los derechos humanos es la de la prostitución”, asegura.

Además de Aprosex, sólo en Barcelona hay otras tres organizaciones más que velan por los derechos de las trabajadoras sexuales: Putas Indignadas, Putas y Alianzas y la asociación Genera. Durante un tiempo, la portavoz de la primera fue Paula Ezquerra, para dar la cara –“que ellas dan la cara por sí solas, no me necesitan a mí, pero sobre todo ante medios de comunicación por la cuestión del estigma y de la familia”, dice-.

Ahora es portavoz de la asamblea general. Ha hablado con políticos, con organizaciones internacionales. También ha sido consejera de la CUP en el distrito de Ciutat Vella de Barcelona hasta finales de octubre de este año. “Llegué a un acuerdo porque me interesa más concentrar mi lucha en los derechos de las trabajadoras del sexo”, dice. En ese distrito está el barrio del Raval y su calle Robadors, donde se concentran numerosas trabajadoras sexuales.

Shirley es una mujer transexual que ejerce la prostitución desde hace más de una década.

Shirley es una mujer transexual que ejerce la prostitución desde hace más de una década. Adriana Domínguez

Así que Paula Ezquerra es “puta activista”. “O activista puta”. El tema es que lleva desde los 18 años ejerciendo. Ahora tiene 45. Nació en Buenos Aires, tiene doble nacionalidad y ha trabajado en muchas partes del mundo. Y para ella, lo mejor que le ha dado su trabajo es tener tiempo libre. Un beneficio que no habría conseguido con ningún otro empleo, según dice.

“Yo tengo una frase que es: el estigma puta atraviesa a todas las mujeres”, sostiene. “Nosotras nos reapropiamos de la palabra puta, pero creo que todas las mujeres nos la debemos apropiar porque es una manera en la que los hombres nos controlan”. Porque Ezquerra estira el discurso a todas las mujeres, no sólo a las trabajadoras sexuales. “Si tenemos un mayor control sobre nuestro cuerpo y no permitimos que nadie nos diga cómo hacer, o cómo ser o disponer de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad, sensualidad, del erotismo, sin esa mirada acusatoria del patriarcado y del machismo, la sociedad hará un avance impresionante”, dice.

Paula Ezquerra lamenta lo que llaman la “santificación de sus vaginas” y la moralidad impuesta. También que sean expuestas siempre como víctimas, cuando no son vulnerables, sino “vulneradas”.

«DEBERÍA HABER EMPEZADO A PROSTITUIRME ANTES»

Otra de las mujeres que más ha defendido su trabajo como puta en medios de comunicación durante este último año ha sido Natalia Ferrari. Ella, al contrario que otras muchas mujeres, no sólo ha hecho pública su cara. También su nombre.

Cuando comenzó a tomar decisiones sobre cómo iba a trabajar, tenía asumido que debía ponerse un nombre artístico al ver que era lo que todas hacían. “Pero según construía mi discurso y tenía claro que quería trabajar contra el estigma, me di cuenta de que no tenía coherencia para mí ocultarme o separar mi identidad de mi trabajo. Creo que hacerlo es una opción legítima y, teniendo en cuenta que las prostitutas vivimos una discriminación similar a los homosexuales hace 50 o 60 años, en muchos casos el anonimato es más que necesario para nuestra seguridad”, dice.

Y añade: “Muchas compañeras viven con miedo de que en su otro trabajo se enteren y las echen, o sus familias dejen de hablarles, o ya no quieran contratarlas o se nieguen a alquilarles pisos. Sentí que usar mi nombre real y enseñar mi cara no iba a afectarme tanto, pero sí podía marcar una diferencia en otras. Para que se nos vea como personas que hemos decidido este trabajo, que no queremos vivir marginadas y que nos merecemos respeto”.

Natalia Ferrari se define como una mujer “bastante peculiar”. Es vegana, bisexual, atea, antinatalista y sólo practica relaciones abiertas. Dejó el instituto a los 13 años.

Antes de trabajar como meretriz había probado con otros trabajos. “Soportó” estar en un McDonald’s durante tres días y no aguantó más. Lo siguiente fueron otros dos días trabajando como teleoperadora. También estuvo un par de años como vigilante de seguridad y en el servicio de atención al público en un museo. Alguna temporada la pasaba a tiempo completo de voluntaria en una ONG en defensa de los derechos de los animales.

Cuenta que estaba muy cansada de su trabajo, que se veía a sí misma estancada con 30 o 40 años en un empleo precario que no le aportaba nada en el desarrollo personal. Así que entró en pánico. Decidió dejarlo y buscar alternativas. Encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas. 

“La primera vez tenía miedo, por un momento me creí el cuento de que los hombres que pagan son monstruos y que el papel de la puta es el de ser una mujer sumisa. Pero la realidad es que la cita fue incluso más agradable que otras en las que no ha habido dinero de por medio. Tuve la sensación de que debería haber empezado a prostituirme mucho antes”. 

Una manifestación de la plataforma Putas Indignadas, de la que Paula Ezquerra (derecha) fue portavoz.

Una manifestación de la plataforma Putas Indignadas, de la que Paula Ezquerra (derecha) fue portavoz. Cedida

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20161201/174983263_0.html

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«Soy prostituta y feminista»

Ofrecen servicios sexuales y no se sienten explotadas. Es su (polémica) lucha por la igualdad de género. Aquí dan la cara.

Fotografía por Michelle Gentile

Natalia no es de este mundo, como tampoco lo son los unicornios, las hadas y los trasgos. Para una buena parte de la población es imposible que exista una mujer así: que se prostituya por elección propia, sin presiones de ningún hombre, y con cierta pasión por su profesión. Pero lo que ya la convierte en una rareza absoluta para muchos es que, además, se considere una feminista. Una prostituta feminista, o lo que es lo mismo, alguien que lucha por la igualdad entre el sexo masculino y femenino y un justo reparto de roles.

¿Pero es posible? Por supuesto, porque Natalia, María o Amanda no son excepciones, ni son pocas, ni están carentes de opinión. Quieren que su voz se escuche. Son mujeres de carne y hueso. De carne y hueso que, según ellas, no está a la venta. «Nosotras no vendemos nuestro cuerpo, sólo ofrecemos un servicio sexual. Y punto», afirma Natalia Ferrari, una de las chicas más activas, sobre todo en las redes sociales, por la defensa de su libertad de elección y de su profesión: «La prostitución, cuando funciona con condiciones éticas, te ofrece pasar un buen rato con alguien que quiere estar contigo, con un pacto muy claro de lo que va a suceder en la cita y sin que haya complicaciones para ninguna de las partes», dice. A diferencia de la gran mayoría de mujeres y hombres que se dedican a este mundo, ella ha decidido dar la cara (literalmente) en esta lucha.

María Riot es otra de las prostitutas que mezclan su actividad con el activismo. Y tampoco oculta su rostro. «Sí, me considero una puta feminista. Veo a una parte del feminismo como una herramienta muy poderosa de empoderamiento. Nosotras nos creamos nuestro propio feminismo, el de las prostitutas, el más básico y necesario: el de poder hacer de nuestro cuerpo lo que queremos y luchar porque ninguna mujer le diga a otra lo que tiene que hacer con su cuerpo o sus genitales». María es también actriz de cine X, otro de los contextos donde los clichés machistas son más pronunciados: «Nosotras no vendemos nuestro cuerpo, primero porque es nuestro y no se puede vender, y segundo porque nuestra profesión no es otra cosa que ofrecer sexo a cambio de dinero».

¿Tiene sentido la lucha feminista en la prostitución? Probablemente más que en ningún otro ámbito, ya que puede tratarse de una de las trincheras más misóginas de la sociedad, un terreno de juego demasiado propicio para la cosificación de la mujer y su sumisión a los deseos masculinos. Pero el coste personal de esa pelea es elevado, así como el estigma. Y el problema es que los ataques (al menos los más dolorosos) no vienen casi nunca de los hombres, sino de las mujeres, de aquéllas que se consideran, como ellas, feministas: son las que, según la opinión mayoritaria en este movimiento, defienden que la prostitución es el hija del patriarcado y las prostitutas, mujeres sin escapatoria.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, presentó hace dos meses una guía destinada a medios de comunicación en la que recomendaba cambiar términos como prostituta o trabajadora sexual por «mujer en situación de prostitución», o clientes por «prostituidores» o «puteros». El problema es que la publicación no distinguía entre las mujeres que libremente quieren dedicarse a este trabajo y las víctimas de la trata, una de las peores lacras de nuestra sociedad.

En realidad, nadie sabe con certeza qué porcentaje de las meretrices ejercen por obligación y cuáles por elección. En 2010, Naciones Unidas calculó que una de cada siete mujeres prostitutas en Europa eran víctimas de trata. ¿Pero qué sucede con las seis restantes? Para esta guía del Ayuntamiento de Madrid son, de nuevo, como los unicornios. No existen. Pero hablamos de una de las grandes industrias del planeta, con más de 40 millones de mujeres y hombres que ejercen este oficio.

La primera vez. «Decidí dedicarme a la prostitución hace cuatro años», cuenta Ferrari. «Mi trabajo en un museo no aportaba nada a mi desarrollo personal, por lo que decidí dejarlo y buscar alternativas. Y me di cuenta de que el sistema laboral sólo me ofrecía más de lo mismo. No recuerdo muy bien cómo o por qué empecé a considerar la prostitución. Hablando sobre esto una amiga me confesó que era prostituta desde hacía un año. Tener su apoyo y escuchar su experiencia me reafirmó en que esté podría ser un trabajo muy empoderador. Eso y mi necesidad de pagar el alquiler me hizo decidirme. Como apunte diré que la primera vez sentí que tendría que haber empezado a trabajar como prostituta mucho antes».

María Riot tiene una historia paralela. Y una opinión similar: «Desearía haberme dado cuenta antes de que podía ser trabajadora sexual, en vez de pasar años como cajera de supermercado o en locales de ropa, teniendo que soportar jefes, cumpliendo horarios y haciendo tareas insalubres como estar parada sin descanso durante ocho horas seguidas».

Amanda Carvajal es una escort de lujo madrileña. No se considera feminista ni activista, pero lleva igual de mal las acusaciones de otras mujeres: «No conozco un trato más justo e igualitario que el que hay entre una prostituta y un cliente», argumenta. «Yo decido cuánto cobro, la duración de las citas y qué se hace y no en ellas. El cliente acepta y, si no le gustan las condiciones, simplemente el encuentro no se produce. Eso para mí es igualdad de género, pues es un acuerdo en el que tanto él como yo salimos ganando. Y mucho. Incluso, me atrevería decir que yo me siento más beneficiada que ellos, pues el increíble crecimiento personal que he experimentado gracias a mis clientes durante todos estos años es incalculable».

Varias asociaciones de profesionales del sexo, como Aprosex, Hetaira, Genera, Cats y Prostitutas Indignadas llevan tiempo defendiendo los derechos de este colectivo, la despenalización y la diferenciación clara con las redes de trata. «Me han criticado mucho por dar la cara y decir que me gusta mi trabajo y que es una opción laboral legítima», dice Natalia Ferrari. «Parece que si eres una prostituta empoderada no tienes derecho a manifestarte. Si eres una víctima, además, no tienes la capacidad de hacerlo y ya ellas lo hacen por ti».

María Riot se siente cansada del fuego amigo y «de las repartidoras de carnets de feministas». «Lamentablemente he recibido más críticas de mujeres que de cualquier otro grupo. También he visto las mismas etiquetas destinadas a alguna directora de porno con la que he trabajado». Riot se refiere a Erika Lust, autora de cintas que apuestan por una mirada femenina donde la mujer no es utilizada como un objeto sexual, toma la iniciativa y explora sus propios placeres: «Como directora de cine adulto, siempre he fomentado una serie de valores feministas delante y detrás de la cámara. Es decir, que no sólo hago películas donde el placer femenino importa y la representación de las relaciones sexuales es realista, igualitaria y respetuosa, sino que el proceso de producción es ético y fomenta la participación de mujeres en cualquier puesto de trabajo. Mi equipo está compuesto en un 90% por mujeres, desde la operadora de cámara, la ayudante de producción hasta la sonidista», dice una de las pocas cineastas de celuloide X para adultos. «Las mujeres también tenemos derecho a representar nuestra visión de la sexualidad. Muchas veces me dicen que es contradictoria con los valores feministas, pero nada más lejos de la verdad. Disfrutar del sexo explícito en pantalla no es algo intrínsecamente masculino. Creo que nos equivocamos cuando atacamos e insultamos a otras mujeres porque no coincidimos en algo, cuando en realidad podríamos hacer críticas constructivas y ayudarnos entre nosotras para poder debatir y repensar nuestro lugar».

Aunque la verdadera diana del feminismo más ortodoxo es la actriz porno Amarna Miller: «la feminista favorita de los machistas», según la define una de sus detractoras. La intérprete, poeta, escritora, fotógrafa y musa de Podemos está acostumbrada a recibir insultos de odiadoras de redes sociales, pero ella sigue dando la cara: «Dedicarte al trabajo sexual en una sociedad mayoritariamente machista es complejo y te hace enfrentarte a muchos estereotipos», comenta en el descanso de su último filme. «Es muy fácil teorizar sobre el trabajo sexual cuando nunca has estado en un set de rodaje, pero no tanto dar la cara cuando eres tú misma la que se enfrenta al estigma todos los días».

Vídeo polémico. Miller ha estado en la picota desde que protagonizó un polémico vídeo promocional del Festival Erótico de Barcelona donde denunciaba la hipocresía de la sociedad española: «Muchísimas de nosotras somos mujeres empoderadas que nos dedicamos a esto porque queremos. Hay sectores abolicionistas que no conciben que el trabajo sexual pueda ser una forma de empoderamiento femenino, mientras otras ramas del feminismo nos plantean que el trabajo sexual es una forma de recuperar el control sobre nuestro propio cuerpo y nuestra sexualidad».

Les molesta además el «acoso» a los clientes, que no deben pagar, según ellas, la persecución a la que se somete «desde el Estado» a las trabajadoras sexuales. «El problema de las leyes que persiguen a los clientes como si fueran criminales no es únicamente que los estigmatizan: es que nos hacen vulnerables a la violencia a nosotras», denuncia Natalia Ferrari. «El riesgo de multas hace que las profesionales trabajen en zonas más apartadas e inseguras. Muchas tienen que bajar tarifas, hacer prácticas sexuales que no quieren, o aceptar que les negocien el uso del condón. Si un cliente tiene miedo, no querrá darme su nombre real ni su número de teléfono y eso me pone en peligro porque dificulta mis medidas de seguridad. Está demostrado que perseguir la demanda no sirve para proteger a las mujeres, y fuerza a las putas a trabajar en condiciones lamentables, dándole poder a los agresores».

Además, no comparten la denominación prostituidor, ya que entienden que son ellas quienes toman la decisión de prostituirse, y no ellos. «La gente que contrata estos servicios busca disfrutar, sentirse bien, comprendido, respetado y poder desconectar», afirma Ferrari. María Riot añade que «es básicamente un intercambio económico por un servicio sexual, que muchas veces es más psicológico que físico y que muchas personas necesitan o desean. Es un trabajo que disfruto mucho y que me da muchas satisfacciones. Hoy en día no podría imaginarme trabajando de otra cosa».

La mayoría de estas chicas salen y entran en el trabajo sexual dependiendo de su situación personal o económica del momento. «Desde que empecé a trabajar, he dejado la prostitución varias veces», cuenta Ferrari. «Lo hago por desconectar o porque no es compatible con los proyectos de vida que tengo en ese momento. Una de las ventajas de ser prostituta es que puedes dejarlo y volver cuando quieras. Y siempre tendrás trabajo. No pienso en dejarlo a largo plazo, sé que cuando lo considere conveniente podré hacerlo y que también podré volver cuando me dé la gana».

http://www.elmundo.es/papel/historias/2016/11/30/583c18dcca4741ed098b4601.html

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Admiradores de La Veneno piden se dedique calle a la ‘vedette’

Más de un centenar de personas se concentraron en Madrid en memoria del icono de los 90. Solicitan una placa en el Parque del Oeste donde fue «una puta feliz».

De Calle López Iboz a Calle La Veneno: la petición de los fans de la vedette

De Calle López Iboz a Calle La Veneno: la petición de los fans de la vedette @edusanzmurillo
 

«Si Franco levantara la cabeza», dijo La Veneno cuando fue recibida con vítores en su pueblo gracias a la fama que había conseguido con sus apariciones en Esta noche cruzamos el Mississipi. Pues si la levantara vería como curiosamente el final de la vedette ha estado ligado al del dictador.

La Veneno moría hace dos semanas en el mismo hospital donde lo hizo el hombre que gobernó nuestro país con mano dura durante 40 años. Y este domingo, cuando se cumplían 41 años de la muerte del caudillo, mientras sus seguidores se concentraban en una parte de Madrid, un centenar de admiradores de La Veneno hacían lo propio en la plaza de Chueca a pesar de la lluvia. La libertad contra el fascismo.

«La Veneno también representa la historia de la transición política de este país, la falta de oportunidades para las personas transexuales, de la discriminación, de la marginación, la exclusión, el rechazo, el estigma. Realmente este homenaje es muy merecido. Y todo lo que se haga bien hecho estará», confesaba la activista y política, Carla Antonelli (57 años), a EL ESPAÑOL.

Se refiere a la petición de la asociación Arcópoli de solicitar una calle en honor de la popular vedette. «La Veneno es un símbolo de los 90, de cuando la invisibilidad de nuestro colectivo era muy fuerte, de cuando sólo tres años se había producido las caza de bruja del Arny. Ella, con su optimismo y su desparpajo, nos hizo ver que había una luz al fondo de nuestro armario», comenta Rubén López, portavoz de la asociación.

«La visibilidad trans tiene que tener su presencia en nuestras calles, en nuestros parques. (…) Todos somos La Veneno. Lo único que nos diferencia entre unas personas y otras, son las familias que nos han tocado, los momentos, los caminos que nos ha tocado andar y las oportunidades», añade Antonelli.

«Si ella no se hubiese dado a conocer tal y como lo hizo, prácticamente la transexualidad en vez de avanzar iría para atrás. Ya quisieran algunas mujeres tener esa garra y esa firmeza como mujer», comenta Sandra, una de las amigas de la vedette y compañera de celda durante los tres años que estuvo encerrada en la cárcel de Aranjuez.

Homenaje a La Veneno

Homenaje a La Veneno @edusanzmurillo

¿UNA PLACA O UNA CALLE?

Pero, ¿qué calle van a solicitar? «Tenemos que valorar cuál es. Con la cantidad de calles homófobas que hay, sería todo un símbolo que la alcaldía cambiara una calle como, por ejemplo, López Ibor -que hacía trepanaciones en el cerebro para que se pudieran curar-, por la calle Cristina Ortiz. Aunque si queremos hacerla en Chueca, ella cuando vino, estuvo en la Travesía de San Mateo. Y como ya está la calle San Mateo….», explica López. «También hemos pensado una placa en el Parque del Oeste, que es donde ella quiso que se lanzaran sus cenizas». Donde fue «una puta feliz».

El acto no sólo sirvió para reclamar una calle para Cristina, sino también para recordarla leyendo fragmentos de su tan polémica biografía en la que, además de relatar su difícil infancia y adolescencia, contaba que había mantenido relaciones sexuales con políticos y futbolistas.

«Al leer el libro que estamos leyendo no dejas de pensar en el hecho de que esas personas que van a cobrar los derechos de autor de este libro, nos dice cuánta rapiña hay sobre los cuerpos cuando en vida no les hicieron ni caso», critica Antonelli.

«Escribió sus memorias no por venganza, sino para dar entender que aquellos que intentan hacer callar a las transexuales u homosexuales, son los que desgraciadamente más tienen que callar», cuenta Sandra, que cree que la muerte de su amiga no se ha debido a una accidente doméstico. «Creo que han intentado taparle la boca. Ojalá cojan a los que han acabado con ella y se les caiga el pelo».

http://www.elespanol.com/corazon/famosos/20161120/172233049_0.html

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Asociaciones de prostitutas, sobre la guía del Ayuntamiento: «servirá de poco a los periodistas»

Las asociaciones consideran que la guía «servirá de poco a los profesionales del periodismo y de muy poco a las periodistas»

Imagen de archivo de una mujer ejerciendo la prostitución. ANTONIO HEREDIA

El colectivo Hetaira y la Agrupación Feminista de Trabajadoras del Sexo (AFEMTRAS) ha lamentado que la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ceda «ante las ideas abolicionistas y prejuicios que el PSOE enarboló durante su campaña electoral» al tiempo que creen que la guía presentada el pasado viernes«servirá de poco a los profesionales del periodismo y de muy poco a las prostitutas».

En un comunicado que encabezan con la declaración de intenciones ‘Señores periodistas, llámenme puta’, ambos colectivos muestran sus recelos ante la guía de recursos para periodistas y añaden que las opiniones de la alcaldesa «no representan las diferentes sensibilidades dentro de Ahora Madrid y barrena su propio programa electoral».

Lamentan que con la guía se «ignora a las trabajadoras del sexo organizadas que están reclamando el acceso a derechos laborales y sociales en igualdad de condiciones al resto de la ciudadanía». Desde AFEMTRAS y el Colectivo Hetaira ven con normalidad que se elaboren guías ofreciendo pautas a periodistas sobre cómo nombrar y acercar realidades pero «es determinante saber cómo estos colectivos se autonombran y no privarles de capacidad de decisión como si necesitaran tutela».

«Es responsabilidad del periodismo mostrar la realidad en toda su diversidad, por tanto, también debe reflejar la de las trabajadoras del sexo que así quieren ser llamadas. La guía tampoco cuestiona la violencia que supone que las instituciones, en este caso, el Ayuntamiento de Madrid, invisibilice e ignore sistemáticamente a un colectivo de mujeres que está reclamando ser escuchado», han añadido.

La estrategia para «ignorar a este colectivo de mujeres» se basa en «no reflejar la diversidad de situaciones que se dan en el mundo de la prostitución». «Se confunde intencionadamente prostitución y trata como si fueran la misma cosa», han indicado

http://www.elmundo.es/madrid/2016/09/27/57ea947cca4741e6748b4637.html

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CARTA ABIERTA A MANUELA CARMENA, LA MUJER ALCALDEIZADA

CARTA ABIERTA A MANUELA CARMENA, LA MUJER ALCALDEIZADA

Siempre se ha dicho que el nuestro, es el trabajo más antiguo del mundo.

Sin embargo, es posible que lo fuese la política, o concretamente una forma de hacer política, chapucera, a destiempo y moralista, el primer oficio desacreditado.

Nos preguntamos y últimamente lo hacemos muy a menudo, de dónde saca su moralina la política de izquierdas. De dónde tanto odio hacia lo que no desea comprender y cómo es posible que, desde las instituciones públicas, recibamos las putas, tanta violencia.

Porque sí, señora Carmena, lo suyo ha sido violencia. De la dura. De la que te parte el labio, te fractura la mandíbula, te rompe un brazo y te deja llorando en un rincón, sólo para venir luego con cara de salvadora de la vieja moral a hacernos sentir víctimas por ser culpables de su violencia.

Hemos visto muchos de estos comportamientos las mujeres, como para no saber identificarlos, señora Carmena. Los hemos padecido a mano de nuestros padres, de nuestros novios, de nuestros maridos, algunas han tenido la desgracia de sufrirlo a manos de sus propios hijos.

Se llama violencia machista, señora Carmena.

El pasado día 23 de septiembre de 2016, como alcaldesa de Madrid se alzó de su trono y arremetió con toda su furia machista contra las miles de mujeres que, en España, ejercen la prostitución de forma libre y voluntaria.

Pero no sólo eso, además se jactó de ser la mujer que mejor sabe discernir entre el bien y el mal y de ese modo, grotesco, de ejercer política, se abalanzó contra las mujeres víctimas de trata y de explotación laboral, ninguneándolas hasta el total exterminio de su amor propio.

Porque a las mujeres en situación de trata, créanos, no les favorece que se las minimice en su dolor y en su desamparo. Estas mujeres no precisan de soberbia institucionalista y generosidad de adviento.

Deles usted, señora Carmena, políticas municipales reales, hagan ustedes que se ejecuten las leyes, asegúrense de que el tratado de Palermo se cumple a rajatabla y se las trata como a seres humanos con derechos, que es lo que son, en lugar de hablar de ellas, como si fuesen seres de otro planeta.

Las mujeres en situación de trata son explotadas laboralmente, lo hagan en el contexto del sexo de pago, de la agricultura, de la industria textil o del servicio doméstico.

Pero, con ese mismo poco tacto que le caracteriza en este tema, ha obviado a todas las demás víctimas y creemos saber por qué.

Una guía para “salvar” mujeres del servicio doméstico no vende. Cuando se habla de prostitución y de sexo, todo el mundo abre los oídos y queda expectante a absorber la proclama del día.

A ninguna de las personas que han elaborado esta guía les importan las mujeres en situación de trata, señora Carmena, les importa salirse con la suya y abolir la prostitución.

Usted, señora Carmena, está en situación de mujer alcaldeizada y asúmalo, no es capaz de verlo.

No puede, porque los satélites que pululan a su alrededor le impiden ver la realidad de lo que la sociedad demanda.

Como mujer en situación de alcaldeizada nos vamos a referir a usted a partir de ahora, tal como usted nos trata a nosotras, como si no tuviésemos dos dedos de frente para saber qué nos conviene.

Vive usted de espaldas a la realidad de cientos de miles de mujeres que trabajan en el sector del sexo de pago y demandan, precisa, necesitan, exigen sus derechos laborales, sociales y civiles.

Eso que vienen siendo los derechos humanos, ¿le suenan de algo señora alcaldeizada?

En agosto del 2015 Amnistía Internacional declara que se debe dejar de perseguir y criminalizar a todo el colectivo puta, pero al Excelentísimo Ayuntamiento de la Villa de Madrid, las noticias sobre Amnistía Internacional, se conoce que se le traspapelaron.

También ha hecho usted caso omiso, aunque entendemos que debe ser por su situación de mujer alcaldeizada, el hecho de que desde 2010 tanto la ONU como la OIT sean referentes genuinas y genéricas en cuanto a la defensa del trabajo sexual y por lo tanto de los derechos, de las mujeres que trabajan en el sector del sexo de pago, o por entendernos con más facilidad, en prostitución.

Al mismo tiempo, se hace referencia con gran claridad, a la diferencia entre el ejercicio libre de un trabajo y la trata de personas con fines de explotación laboral.

Se lo repetiremos hasta la saciedad, señora alcaldeizada, explotación laboral.

Porque, si no hacemos este reconocimiento, seguimos excluyendo y degradando a las mujeres, unas estarán por encima de otras y eso, no es feminismo. Es otro atentado machista, más doloroso aún, por venir de una mujer que puede hacerlo bien o mal y que ha optado por hacerlo peor.

Señora Carmena, mujer alcaldeizada, no queremos dejar pasar por alto tampoco el hecho de que a nuestros clientes se les pretenda llamar prostituidores.

Tal vez, a sus votantes haya que denominarles alcaldeizadores, pues.

No vemos otra salida a este tejemaneje de palabras que parecen salidas directamente de la mente perversa de la santa inquisición. ¡Vamos a quemar a las putas. Porque ellas hacen que no obtengamos la mayoría absoluta!

Lucharemos como siempre lo hemos hecho, con pocos recursos, no como ustedes.

Las asociaciones pro-derechos de las mujeres que ejercen prostitución, nos centraremos en lo importante que es ayudar a nuestras compañeras, estén en la situación que estén.

Aunaremos nuestros esfuerzos para derogar ordenanzas y batallar contra iniciativas desproporcionadas y claramente putófobas como la suya.

Y pondremos al servicio de la sociedad la verdad de nuestra realidad, de nuestro trabajo, de nuestra vida, porque señora Carmena, putas hay en todos lados, alguna de sus vecinas podría serlo, quizá alguna mujer de su familia, quién sabe si alguna compañera de trabajo, pero lo que sí resulta cierto y sencillo de comprender es que las formas y las maneras son importantes y que ni puede, ni se debe, hacer política desde el desprecio a quienes la rodean.

Y menos aún, intentar sobrevivir del bucle de la mentira tantas veces contada de que prostitución es igual a trata, porque de ese modo insulta a las profesionales y a las víctimas.

Estamos deseosas de que esta carta abierta, haya podido serle útil y que sea usted capaz de volver a ser la alcaldesa a la que nos tenía acostumbradas, librándose de la ponzoña malintencionada y dejando de ser de una buena vez, Carmena, la mujer alcaldeizada.

APROSEX

Asociación de Profesionales del Sexo

Colectivo Hetaira

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REFELEXIONES DE UNA PUTA. LOS DIEZ AÑOS DE PAULAVIP

REFLEXIONES DE UNA PUTA VETERANA

LOS DIEZ AÑOS DE PAULA VIP

Cuando empecé a ejercer como prostituta, hace ya una década, no pensaba que fuera a estar tanto tiempo en este sector laboral, como no pensaba que algún día yo pudiera formar a nuevas profesionales. No me planteé que pudiera aparecer en los medios, ni que otras compañeras se sumaran a un activismo tan poco gratificante, como es la lucha por los derechos de las personas que ejercen de forma libre y voluntaria la prostitución. Sin embargo, los caminos recorridos han sido los que se me han ido poniendo por delante porque, tampoco es que me planteara en demasía, si recorrerlos o no. Simplemente fueron surgiendo a mi paso y me apeteció seguir sus llanos, sus senderos, sus subidas agotadoras y sus alocadas bajadas, los escarpados barrancos, los fangos, las piedras, la hierba, las flores que me hacen estornudar y un cielo siempre abierto, hiciese el clima que hiciese. El espacio para pensar qué hacer, no era tan importante como el hacerlo sin más.

Tampoco estaba en mi imaginario el tropezarme con el feminismo, que para mí siempre habían sido tres locas viejunas y lesbianas. Sin embargo, una puede ser feminista sin saberlo. Puede practicar feminismo sin pretenderlo e incluso puede que aplique el feminismo a su vida con argumentarios que, pese a haber sido escritos por famosas luchadoras por los derechos de las mujeres, no haya leído jamás.

Así que, de pronto, había pasado de putilla a señora puta. En un artículo de un periódico de tirada nacional han llegado a llamarme sra. Vip…(os lo juro jajaja) Y si bien es cierto que nadie me pide autógrafos por la calle -sólo eso me faltaría-, también lo es el hecho de que, tener unas amigas tan luchadoras, tan putas, tan feministas y tan poderosas me ha hecho que pueda estar medianamente a su altura.

Siempre, manteniéndome en un plano más alejado porque, soy una recién llegada, después de todo. Tanto, que a veces, siento que sólo la férrea voluntad de mis compañeras, permite que yo siga en esta lucha que siento que me arrastra por los caminos y senderos del mundo.

Puta declarada desde hace diez años.

Puta desde que nací.

Puta mamá.

Puta trabajadora.

Puta orgullosa.

Puta a pesar del estigma.

Puta por convicción.

Puta para siempre.

Porque quiero y porque puedo!

 

ya no eres nada para mi PUTA - Tu no quisiste valorar nada (mirame a la cara) Si tienes suficiente dignidad dispara! Voy a volver a coger mi revolver por no perder mi orgullo no intentes jugar conmigo recuerda que ya no soy tuyo Fui yo, fuiste tu kien se ekivoco(o los 2) Odio tener q odiarte, odio tener q decir adios Decir a DIOS q' me deje entrar en el puto cielo Porque fui tonto al creerte cuando me decias te kiero Estoy hasta la polla de tus mentiras y de tus enfados no puedo mirarte con los mismos ojos me has desepcionado puta disfruta de este momento viendo como me consumo el humo del porro y las pastillas hoy son mi desayuno pedirme un tiempo fue el mayor error q has cometido me di cuenta de q humo eres, me di cuenta de q me has mentido ¿como puedes ser tan falsa? (¿Como?) Explicamelo Zorra! Por mas q lo intente el tiempo q pase contigo no se borra no kiero volver a sufrir por ti, ni por ninguna cria mas Y si me amas de verdad, suicidate, deja encendido el gas para no volverte a ver, sino te matare yo joder. volvi para creerte, volvi contigo para engañarme otra vez para creer q eres quien de verdad no eres Idiota! q cosa te has echo q odias todas las mujeres Mira tia, por favor no te lo repito mas y dispara recuerda siempre que tu siN MI no eres ni vales nada Kiero beber alcohol y olvidarme de q existes Kiero verte morir, kiero robarte lo q tu jamas me diste Pagaras por todo y aunq en el fonfo te kiera y tu me kieras Te juro que... Ahora mismo yo... Desearia que... Murieras!!!!! - Fotolog

 

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El morbo sexual de comprar ropa interior usada para excitarse

‘BOOM’ DE LA BURUSERA

«No soy un enfermo», declara Pep, un fetichista que participa en este negocio importado de Japón. Algunas famosas venden su ropa íntima.

El boom de la burusera llega a España.

El boom de la burusera llega a España. Fernando Ruso

PEPE BARAHONA

Suena el timbre en un piso escondido en el laberíntico barrio de Gracia de Barcelona. Tras la mirilla espera el cartero con un paquete pequeño y delgado en la mano. Pep, un tipo alto, joven, bien parecido y con barba de varios días, abre la puerta y recibe el sobre acolchado de color marrón. Tras dar el portazo desprecinta con las manos el bulto y saca unas braguitas blancas de su interior. Las mira con detenimiento, se le ilumina la cara y se las lleva a la nariz. Aspira.

“Lo que me excita es que la haya llevado una persona. Me basta con tocarlas, olerlas o rozarlas por mi sexo. Me resulta satisfactorio”, detalla con normalidad este joven que prefiere permanecer en el anonimato. Pep no es su verdadero nombre. “Soy taxista y no quiero problemas”, aclara. “La gente no entiende esto”, se lamenta.

 (Vídeo: Fernando Ruso)

No se encuentra cómodo con la definición de fetichista aunque responda al enunciado. Su pasión es la ropa interior usada. La descubrió a los veinte años cuando la que por entonces era su pareja se dejó unas olvidadas en su piso después de mantener ambos relaciones sexuales. “Ella, extrañada por no encontrarlas, me preguntaba por si yo las había visto. Más tarde le confesé para qué las usaba”, confiesa.

“Las chicas suelen reaccionar bien. Normalmente las pido y me las dan, ellas piensan que las quiero como un trofeo. Aprovecho cuando se quedan dormidas para irme con sus bragas. Comprarlas, sí, algunas. Pero prefiero que haya conexión con la vendedora”, asegura. Ahora tiene cinco braguitas aunque ha llegado a tener más.

“No soy un enfermo”, defiende el fetichista. “No creo que haya nada de malo en ello. Me considero una persona normal y, bajo mi punto de vista, creo que esto no es algo extraordinario. Cualquiera puede pensar que soy un enfermo –recalca–, pero me da igual”.

Sin embargo, pocos conocen en su entorno esta afición por la lencería de segunda mano. “Se lo he contado a algún amigo, de noche, tras irnos de copas, y se echan a reír, no se lo creen”, recuerda este joven de anchas espaldas, extrovertido confeso, con facilidad –según dice– para ligar y entusiasta usuario del gimnasio. No tiene relación estable pero las ha tenido.

– ¿Qué es lo que te excita de la lencería usada?

– El tacto, sobre todo, el olor… es un cúmulo de cosas. La imaginación se dispara. No llego a extremos.

UNA TENDENCIA QUE VIENE DE JAPÓN

Pep no es un caso aislado, la burusera, término japonés con el que se define el fetichismo por la ropa usada, está bastante extendida por el mundo. Sobre todo en Japón, donde se registran las mayores transacciones de este tipo y país en el que incluso hay maquinas expendedoras de lencería sucia. En España, esta tendencia está en auge. Y cada vez más mujeres lo perciben como una oportunidad de negocio.

“Como decía Buñuel, la imaginación no delinque. Y hay que desdramatizar esta actividad”, reclama la escritora y periodista Roser Amills, vendedora de lencería usada. Tiene 41 años, una veintena de libros publicados y una vitalidad desbordante.

Roser Amills / Foto: Fernando Ruso

Roser Amills / Foto: Fernando Ruso

“Me parece interesante saber que aquellos que compran mis braguitas las usan como juguetes eróticos”, detalla entre las estanterías repletas de libros de la librería Taifa, en el barrio de Gracia. “Da la sensación de que repartes alegría sin hacer ningún esfuerzo y pienso que hay gente que sentirá gratitud hacia mí. Me alegra saber que en algunos casos, en personas que tienen problemas, ya sea por enfermedad o timidez, usan estas braguitas para tener una vida sexual que de otra forma le estaría negada”, esgrime la autora de Me gusta el sexo o Las 1.001 fantasías más eróticas y salvajes de la historia

“Ve a la página 109, a la cita de James Joyce”, dice. Expedito, el reportero abre el libro, que desprende un fuerte olor a tabaco, por la citada hoja. “Lee”, manda. Es una carta que el escritor irlandés escribe a su esposa Nora en 1919. “Compra bragas de puta, amor, y asegúrate de rociarlas con algún agradable aroma y también de mancharlas un poquito atrás”, señala el texto.

“También hay citas de Umbral, que era superfetichista, o de Sánchez Dragó”, aclara Amills, que defiende que el fetichismo de ropa interior usada se remonta siglos atrás en la historia.

Su lectura de esta afición va más allá de ser una práctica banal y la compara con el movimiento de las primeras sufragistas del siglo XVIII. “Se quitaron los corsés y fueron tildadas de vulgares y provocadoras porque hicieron algo que estaba mal vista en esa época. Me gusta recordar que siempre hubo pioneras y que la venta de nuestra ropa interior es una parte más en el proceso de liberación de la mujer”, argumenta.

En su casa, prepara el sobre para su último cliente. Dobla con cuidado unas braguitas verdes y con ellas introduce un ejemplar de ‘La bachillera’, su última novela. También una foto dedicada. Otras veces una piruleta. El comprador “me ha dicho que no es muy de leer, pero que se leerá este. Gracias a las braguitas he hecho un nuevo lector, ojalá compre muchos libros más, también más braguitas”.

En el rellano se topa con Rosi, una vecina de 71 años. “Yo las vendería, pero a mi edad… ¿quién las compraría? ¡Ahora llevo unas cacho bragas!”, confiesa entre risas. “Hay colecciones de muchas cosas, de sellos o de vinos ¿por qué no de braguitas usadas? Hay gente para todo. Y si las usa para aliviarse, pues mejor para él”, añade. “Y no hacen daño a nadie”, sentencia la septuagenaria, divorciada, con mucho sentido del humor.

Rosi Aulés / Foto: Fernando Ruso

Rosi Aulés / Foto: Fernando Ruso

La tesis de Rosi coincide con la del biólogo y sexólogo catalán Jordi Gascón, responsable de la web erotonomía.com. A juicio del experto, los fetichistas de bragas usadas “están tan enfermos como los que compran sellos, que es otro tipo de fetichismo. Lo que hace la enfermedad es la obsesión, ya sea por unas bragas o por unos sellos”.

En el siglo XIX, del psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing, autor de ‘Psychopathia Sexualis’, decidió que todo aquello que no estaba ligado a la reproducción era enfermizo. Antes había sido un delito y antes, un pecado: la sodomía. De ahí vienen las parafilias, que se traduce a paralelo al amor verdadero.

Los años han ido variando esta percepción y en la actualidad, usos como los juguetes eróticos, antes percibidos como enfermizos, se han normalizado. “Por eso no me gusta hablar de parafilias, sí de peculiaridades”, detalla.

Jordi Gascón / Foto: Fernando Ruso

Jordi Gascón / Foto: Fernando Ruso

EL FETICHISMO, UN PLATO DE ALTA COCINA

Y el fetichismo de ropa interior usada es “una forma de erotismo bastante elevada porque, entre otras cosas, no hay contacto directo entre las dos personas, sí hay relación a través del olor y necesita un grado de sofisticación muy alto”, explica el sexólogo. “Está muy culturizado”, detalla. “Y la imaginación juega un papel vital, porque la que ofrece su ropa supone lo que va a hacer el consumidor con ella; y el que la recibe, imagina lo que podría hacer con la chica que la ha llevado”, argumenta.

Si se tratase de gastronomía, esta forma de fetichismo sería un plato de alta cocina. “El erotismo en humanos es básicamente simbólico. Las cosas son más o menos eróticas en función del contexto en el que están. En este caso, estas prendas representan a la persona con la que nos gustaría establecer una relación”, defiende Gascón mientras pasea por una de las salas del museo erótico de Barcelona.

Placer para ellos y para ellas. “De la misma manera que el exhibicionista y el voyeur se complementan, existe como en todas las relaciones eróticas un doble camino entre el fetichista y la vendedora. Ambos disfrutan. Y para ellas es una forma de subirse la autoestima”, sentencia.

“Yo recomiendo que vendan su ropa interior usada a cualquier mujer, especialmente a aquellas que atraviesan momentos bajos, ya sea porque entre en la menopausia o una enfermedad, o simplemente que no se encuentre guapa”, diserta Gemma Vesta mientras que se baja las braguitas rojas de encaje hasta llevarlas a las rodillas. Lo hace en uno de los túneles del metro de Barcelona próximo a la parada Passeig de Gràcia, junto a la casa Batlló, obra de otro trasgresor, Antoni Gaudí.

El máximo representante del modernismo catalán y Gemma Vesta, vendedora de braguitas usadas, tienen algo en común: a ambos les gustan las curvas. Y ambos las exhiben, el primero en su obra arquitectónica; la segunda, en su perfil de Twitter, donde cuelga sus desnudos para que los vean sus más de 3.500 seguidores.

Hace cuatro años le detectaron un cáncer de mama. “Fue de un día a otro. El mundo se me cayó encima. Todo se modifica, también la piel. Y descubres que tienes que adaptarte a ella. Y una forma de quererla es sentirte sensual, ya sea vendiendo la ropa íntima o mostrando el cuerpo humano tal como es en cada etapa del proceso. Era una forma de cerrar la herida”, esgrime.

En su cuerpo, que todavía trata con medicamentos para superar el cáncer, ya no hay evidencias aparentes de la mastectomía. Tiene dos pechos, que exhibe sin complejos. “Es un juego y vender la ropa íntima también lo es. Me gusta saber que está en manos de desconocidos”, confirma. “Esta es una buena forma de fomentar el sentirte deseada”, explica esta contable de 48 años, de Barcelona, separada y con tres hijos.

“El hecho de vender tu ropa íntima y que alguien esté interesado te hace que tú misma tengas esa alegría que tenías cuando eras más joven y la sensualidad formaba parte de ti”, subraya.

UN NEGOCIO REDONDO

La ex actriz porno María Lapiedra / Foto: Fernando Ruso

La ex actriz porno María Lapiedra / Foto: Fernando Ruso

Más allá de un potenciar un estado mental positivo. La venta de lencería usada es un negocio en sí mismo. “Una vez llegué a vender un conjunto de braguitas y sujetador por 500 euros”, confiesa la ex actriz porno María Lapiedra, autora del libro Follar te vuelve loco, empresaria y colaboradora de televisión. La venta alcanzó esa cifra porque las prendas fueron usadas en Sálvame Deluxe y la ropa “tiene mucho más valor si ha salido en la tele porque así corroboran que te lo has puesto tú”.

En la web Secretpanties.com se pueden adquirir varios productos de María Lapiedra. Desde prendas que usó en su pasado como stripper a sus braguitas actuales.

“La gracia de esto está en el no saber a quién se lo estás vendiendo”, aclara. “Siempre he recibido muchos mensajes, vía email o Twitter, de hombres que querían mis braguitas, también zapatos o calcetines. Me decían que querían tener algo mío y yo les preguntaba que cuánto estarían dispuestos a pagar. Era una especie de juego”, explica.

Ahora, gracias a esta web, pionera en España en este tipo de productos, puede conseguir dinero y renovar su armario. “La compras, la usas y la vendes por mucho más que lo que te han costado. Y además te ahorras dinero en lavadoras”, ironiza. Además, “para mí es una forma de estar en contacto con el personaje de María Lapiedra”, confiesa María Pascual, su verdadero nombre.

Ella es una de las vendedoras VIP de esta web, que aúna a más de 900 vendedoras en toda España y que tiene a la venta más de 1.500 artículos entre braguitas, tangas o sujetadores. Todos usados y sin lavar. Desde que se lanzó, en el pasado mes de febrero, recibe la visita de 3.500 usuarios únicos al día con un tiempo de retención media de 5,29 minutos. Venden una prenda al día que cuesta, de media, unos 39 euros. “Somos el Instagram de las bragas usadas”, afirma Katia Ehlert, CEO de Secretpanties.com.

Katia Ehlert / Foto: Fernando Ruso

Katia Ehlert / Foto: Fernando Ruso

En apenas tres meses se han convertido en el mayor marketplace de lencería usada de Europa y estiman que pueden ser los terceros del mundo.

El éxito de los primeros meses los ha llevado a traducir la página a varios idiomas para poder acceder al mercado europeo, americano y entrar con fuerza en Japón, la meca del negocio de las prendas usadas.

“La idea nació ya hace bastante tiempo. Conocí a una modelo sueca que me contó que vendía sus braguitas a hombres japoneses a través de un blog que se había creado”, explica Ehlert. “Se sacaba dinero y cada vez trabajaba menos gracias a la venta de lencería usada. Me pareció extraño pero seguí dándole vueltas en mi cabeza. No terminaba de entender que alguien se gastase dinero en unas braguitas usadas”, añade.

Entre las vendedoras hay mujeres de todas las edades. Madres, embarazadas, jóvenes, estudiantes… “cualquiera que tenga ganas de vivir esta experiencia, que se lo tomen como un juego o que simplemente quieran un dinero extra”, explica Ehlert.

De otro lado están los compradores. “Teníamos la imagen de alguien oscuro, pero nos ha sorprendido saber que la mayoría de ellos son gente joven, trabajadores, estudiantes, con poder adquisitivo medio alto o padres de familia que simplemente despiertan sus fantasías sexuales con este tipo de productos”, detalla.

En el horizonte ya está el objetivo de alcanzar en un año un volumen de ventas de unos 70.000 euros al año. La escalabilidad del proyecto, de rápido crecimiento, ha convencido a cinco inversores de diversos sectores de la economía catalana.

VENTAS ANÓNIMAS Y DINERO FÁCIL

A pesar del éxito, “la sociedad no está preparada para un negocio como este. Pero estamos orgullosos porque estamos abriendo camino a un negocio que esperamos se normalice en el futuro”, afirma Ehlert, que explica que ha encontrado apoyos en su familia y amigos. “¡A mi abuela le encanta la idea! Le parece algo divertido”, subraya.

La web nace como respuesta a un problema: la venta en mano. Una práctica que pocos recomiendan. “Uno de los nuestros valores es el anonimato y la confidencialidad para compradores y vendedoras. Aconsejamos que se conozcan a través del chat pero que no den sus datos personales, por su seguridad”, recalca Ehlert. “Es importante que la gente se proteja. Nunca sabes quién es el que compra y las ventas en mano pueden ser peligrosas”, añade.

Con la confidencialidad protegida, muchas mujeres anónimas se han animado a poner a la venta sus braguitas. Ya no hay miedos y el negocio parece redondo.

“Es dinero fácil”, precisa Mary Thunder, una chica de 29 años que tiene cubierto su cuerpo por medio centenar de tatuajes. “La venta de mis braguitas es rentable porque me ayuda en mis caprichitos. No me limito a trabajar para pagar facturas. Así consigo vender un poco mejor”, completa.

Mary Thunder / Foto: Fernando Ruso

Mary Thunder / Foto: Fernando Ruso

En Secretpanties.com “pones una descripción del producto: tipo, material, uso que se le ha dado… Acompaño los mensajes de fotos donde aparecen las braguitas y ellos te van preguntando”, enumera Mary. “Lo normal es que me pidan braguitas con un uso de varios días y con restos de flujo, porque cuanto más tiempo de uso tiene, más precio pueden alcanzar”, detalla.

Su experiencia ha llevado a muchas amigas a hacerse vendedoras. “Son todo beneficios”, aclara. “Ellos son felices oliendo las bragas –concluye– y mí me interesa venderlas; una vez que las tienen en su poder, que hagan lo que quieran. Ya son suyas”.

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PROSTITUCIÓN: EMPODERAMIENTO Y FORMACIÓN BÁSICA PARA NUEVAS PROFESIONALES

PROSTITUCIÓN: EMPODERAMIENTO Y FORMACIÓN BÁSICA PARA NUEVAS PROFESIONALES

 

Regresamos en APROSEX con la 5ª Edición de los Cursos de Profesionalización y Empoderamiento para Nuevas Trabajadoras Sexuales.

Como en ediciones anteriores, el curso está abierto a mujeres y hombres, cis y trans. Porque en APROSEX creemos que la enseñanza del trabajo sexual debe poder llegar a cualquier persona que lo precise.

Nadie nace sabiendo un idioma, ni propio ni extranjero. Tampoco sabemos hacer un cocido como el de mamá, ni nos manejamos bien con las hojas de Excel.

Quizá lo peor de nuestra sociedad actual, donde está tan estigmatizado todavía ser puta por elección propia, sea la hipocresía de pretender que el trabajo sexual se aprende por generación espontánea.

Sin embargo, nadie nos enseña a amar y por supuesto, nadie nos enseña a practicar sexo. ¿Por qué regla de tres, entonces, deberíamos las putas saber ejercer una profesión tan compleja y donde se trabaja con elementos tan importantes como el sexo-afecto?

 

the-darkness

 

RESUMEN DEL TEMARIO:

-¿Por qué quiero dedicarme a la prostitución?

-Insistiendo…¿De verdad deseo ser prostituta?

-¿Pensaste en los inconvenientes?

-Me siento preparada para ejercer esta profesión?

-Pequeños y no “tan pequeños” Trucos sobre Sexo

-Introducción al Estigma Puta y sus consecuencias anímicas

-La Profesionalización de las Trabajadoras del Sexo

-Hacienda y Seguridad Social

-Márketing para Trabajadoras Sexuales

¿Cuándo?

SÁBADO 28 de mayo  DE 09.30h. a 13.30h.

¿Cuánto?

90 €uros

El pago se efectuará mediante ingreso o transferencia bancaria, tras confirmar asistencia a

formacion@aprosex.org

Efectúa el pago en efectivo en cualquiera de los cajeros de LaCaixa (más discreto)  2100- 3043- 45-  22.00.49.65.28

o en ventanilla o incluso por transferencia bancaria (aunque te cobrarán comisiones).

Haz una foto del ingreso o escanéalo y mándalo con tu nombre (real o ficticio) a formación@aprosex.org

Una vez más y por motivos puramente de discreción y pensando en la intimidad de todas las personas que acudirán al curso, no daremos la dirección hasta el día anterior. Se comunicará por mail a todas las personas que, previamente, hayan efectuado el ingreso correspondiente.

Equipo de APROSEXISTAS

http://www.aprosex.org/prostitucion-empoderamiento-y-formacion-basica-para-nuevas-profesionales-2/

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