UN DÍA COMPLETO JUNTO A UNA PROSTITUTA

Faltaban diez minutos para las 11 de la mañana y el teléfono ya comenzaba a sonar. Al principio, las mismas preguntas: “¿Cuál es vuestra dirección?, ¿cómo sois?, ¿a qué hora puedo ir a veros?”. Las agencias de contactos trabajan las 24 horas al día, los siete días de la semana, a la espera de una llamada telefónica para concertar una cita con alguna de las chicas que trabajan para ellas.

“Comenzar a trabajar en una casa de contactos o agencia es bastante fácil. Sólo tienes que llamar a algún teléfono de los muchos que se publicitan en los periódicos buscando chicas para contactos. Incluso en algunos de ellos es posible que te ofrezcan la posibilidad de alojamiento”, explica Miriam, de 24 años, estudiante de Historia y que ejerce la prostitución.

A Miriam no le gusta la palabra prostituta. Prefiere utilizar eufemismos del tipo las-que-nos-dedicamos-a-esto. Pertenece a la clase más elitista, a un grupo de jóvenes que no están sometidas a las mafias, sino que eligen acostarse con un hombre para sacar dinero rápido.

Aunque no existen datos oficiales, Miriam y sus compañeras están seguras de que cada vez son más las que alternan las aulas con la prostitución, un negocio que ya engloba a más de 300.000 mujeres en toda España -la mayoría extranjeras- y que mueve 18.000 millones de euros al año. Miriam trabaja en una casa de contactos situada en la calle Infanta Mercedes, en Madrid, en los aledaños del estadio Santiago Bernabeu. Allí reciben a los clientes que desde por la mañana pasan por esta casa para mantener algún tipo de relación sexual. Muchos de estos clientes son directivos y funcionarios de la zona que hacen un hueco en su jornada laboral para darse un respiro.

“La mayoría de nuestros clientes trabajan cerca de aquí y entre reunión y reunión vienen a desfogarse durante una hora. En ese tiempo, intentamos quitarle el stress con un ligero masaje, un poco de juego amoroso para terminar en el coito. Aunque la mejor hora para nosotras es la del almuerzo. Ellos utilizan la hora de la comida para satisfacer sus fantasías. Pero lo más anecdótico son los días que se juega algún partido importante de fútbol: durante todo ese tiempo ni una sola llamada, pero luego viene más de uno a celebrar la victoria de su equipo”.

En busca de nuevas experiencias sexuales

Sin embargo, para asombro de muchos que todavía tienen en mente el prototipo de macho ibérico, las experiencias y exigencias que demandan cada vez más los clientes de estos servicios son altamente excéntricas. “Por regla general, por cada diez servicios más de la mitad solicita realizar un coito anal (griego en el argot), pero no siempre practicado por el hombre hacía la mujer, sino que sea la mujer quién utilice un vibrador para que el hombre consiga el orgasmo mediante el coito anal”. Los precios de mercado de estos servicios varían en función del status que tenga la casa de citas, pero dentro de un nivel medio-alto la media es de 300 euros la hora. Por supuesto, estos precios van en función del servicio solicitado, donde prima más la calidad que la cantidad.

Para quienes se dan un capricho, de vez en cuando, por alguna de estas casas de contactos, es de sobra conocida la situada en la calle Juan Bravo, también de Madrid, un ático cuyo deleite, para muchos, es el jacuzzi de la terraza -que imita a una terma romana- donde se han dado cita varios clientes famosos: ciertos presentadores de televisión han ido allí buscando una chica para que les haga compañía en la soledad nocturna. “Este jacuzzi es un rincón especial donde los clientes dan rienda suelta a sus más íntimas fantasías. Te sorprenderían los caprichos sexuales de muchos de ellos; cuando los ves en televisión tienen una apariencia tan normal y seria, y luego vienen aquí a comportarse tal como son en realidad”.

“Otras veces, no desean nada más que hablar. Simplemente quieren que les acompañemos a su casa a tomar algo y no paran de hablar de sus problemas personales. Algunos de ellos, no pueden hacer nada debido a lo pasados que están con ciertas drogas. Pero a nosotras estas situaciones nos vienen bien ya que no te obligan a nada y, sin embargo, te pagan las horas que estamos hablando al precio pactado”.

A precio de oro

En un sector donde cada vez hay más mujeres extranjeras: colombianas, brasileñas o argentinas, los hombres españoles demandan para este tipo de negocio mujeres españolas que, aún teniendo el carácter latino, no sean demasiado melosas.

Yolanda fue “puta”, como ella dice, pero ahora ejerce como madame, es decir, encargada de una agencia que ofrece servicios de escort (acompañamiento) a clientes que sean capaces de pagar 3.000 euros por una noche: “Los señores que vienen aquí buscan una chica de buen físico, pero que no llame demasiado la atención. También piden que tenga cierta cultura, que no les haga quedar en ridículo en una cena. Para ese trabajo, las universitarias son ideales”, afirma.

Lidia comenta que “la agencia es la que cuida de una, sobre todo en cuanto a la seguridad”. Y apunta: “No nos envían a ningún sitio extraño sin antes comprobar que el señor que solicita el servicio coincide con la persona que dice ser”.

Este tipo de agencias no firman ningún contrato con las chicas, pero la mayoría pide que se trabaje con ellas en exclusividad, para que puedan trabajar todas las veces que sean solicitadas por el cliente. Para la casa de citas, el negocio es redondo. Normalmente, estos servicios se enmascaran bajo la epígrafe de masajes o fisioterapeutas, pero no pagan impuestos ni ofrecen ninguna garantía a las chicas que trabajan con ellos. Todas sus ganancias son en negro y los gastos de mantenimiento son una proporción muy pequeña para el beneficio que obtienen.

La tarifa de estas chicas asciende desde los 300 euros por un servicio de una hora, 2.000 por una noche y 3.000 si esa noche la pasa de viaje con un cliente. “La media de lo que saco al mes puede estar en torno a los 4.000 o 4.500 euros, pero a la agencia le corresponde la mitad. Parece mucha pasta, pero tienes que pagar el alquiler de un piso, así que 2.000 euros no es tanto”. Arantxa cree que es justo que sus jefes se queden con el 50% del dinero, “ya que ellos te proporcionan clientes, seguridad y discreción”.

Pero las chicas no tienen tanta libertad como parece, aunque ellas deciden si realizan el servicio o no, las agencias les tienen hipotecadas. “Cuando trabajas en una casa de citas, nos pagan una vez a la semana según lo que hayamos trabajado. Pero a la hora de la verdad, nunca dan el sueldo completo, siempre nos dejan una pequeña parte que, por un motivo u otro, no nos pagan para no caer en la tentación de dejarlos colgados de un día para otro”.

Este oficio no es tan sencillo como parece, las chicas están sujetas a la demanda de los clientes. No siempre hay trabajo para todas las que trabajan en la casa, y no todos los días hay clientes dispuestos a relajarse por una suma alta de dinero. Incluso, deben pasar por trances que dejan, a veces, sin aliento. “A veces tenemos llamadas extrañas, como la de un personaje conocido ya por estos lares, que suele llamar a distintas casas pidiendo siempre lo mismo: pregunta si habría alguna chica capaz de matarle. Él te explica como lo debe hacer, incluso queda en venir a una hora determinada. Hemos tenido suerte y nunca ha aparecido este individuo”.

Los gastos del sexo

En grandes líneas, el coste de una casa de citas depende del nivel que se desee ofrecer a los clientes. Lo más caro es alquilar una vivienda de varias habitaciones que incluyan baños con jacuzzi. Este capricho hace subir de manera considerable el servicio, sobre todo si se tiene en cuenta que el baño va acompañado, normalmente, de una botella de champán.

Algo que se lleva casi todo el capital es la publicidad insertada en los distintos periódicos. “Todas las semanas contratamos varios módulos de publicidad en diarios nacionales y locales, donde con mensajes ardientes intentamos atraer a la clientela. Un truco es poner distintos anuncios con números de teléfono, también diferentes, para que no caigan en el aburrimiento. Los hombres al ver varios teléfonos de contactos llaman a los más nuevos para probar lo que ellos creen chicas nuevas”. El gasto en publicidad suele ser, aproximadamente, 2.000 euros a la semana.

Por último se encuentran los gastos de manutención propios de la casa como son toallas, jabones, zapatillas de baño, aceites para masajes y los distintos artilugios necesarios para los juegos eróticos. Las chicas pueden realizar al día entre diez o quince servicios a 300 euros cada uno y sólo se llevan el 50% de este beneficio, el resto es para el dueño que no aparece por allí ni para hacer caja.

Miriam desea matizar muchas de las cosas que se han escrito sobre la prostitución de lujo en España. “Esto es muy distinto a lo que te venden en la tele. No es verdad que seamos adictas a la cocaína. No es verdad que estemos todos los días de fiesta, ni que lo hagamos por comprar ropa cara, ni que seamos unas ninfómanas. Yo termino de hacer mi trabajo y soy una tía normal, igual que cualquier compañera de facultad”.

No es fácil, según dicen, ser trabajadora del sexo y estudiar al mismo tiempo: “La doble vida te exige discreción. Vives con el miedo pegado al cuerpo, a que te descubran tus compañeros de facultad, a que te reconozca tu familia… No es dinero fácil, ni mucho menos”. Lidia es de la misma opinión: “Tengo que pensar en dos personas diferentes. Mi vida normal y mi otra vida. Cuando necesito ropa compro de dos tipos: la del día y la de la noche”

Fuente: http://www.sitiosespana.com/notas/agosto-2005/prostituta.htm

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¿Ganarán las putas de San Francisco su Distrito Rojo?


Signos de que va cambiando la percepción moralista del país: La «propuesta K» en la boleta sanfranciscana. El asunto también se debate en Berkeley.

No estamos en los tiempos de las guerras del siglo XX cuando el país se estremecía con el fantasma de la sífilis. Vivimos tiempos post-SIDA. El sexo no disminuye con el peligro venéreo, sino con la educación. Ejemplos del ostracismo de la ignorancia a la profesión milenaria huelgan: El terror de los años 201. Allan Brandt en su libro No Magic Bullet2, analiza la respuesta social a las enfermedades venéreas durante la primera y segunda guerras y concluye que atacar la prostitución se convirtió en símbolo viable de la propaganda bélica del momento. Por una parte se reafirmaba la dicotomía entre la mujer honesta y la puta (la primera necesitada de protección, la segunda, predadora peligrosa). Los reclutas eran entrenados acerca de los peligros del sexo. Otro frente moral de la guerra (similar al de la guerra contra la mariguana) era proteger los valores familiares: sus madres, hermanas y futuras esposas del peligro de la agresión sexual enemiga. Hay panfletos de la época que acusan a la prostituta de «ayudar a los hunos a debilitar las fuerzas liberadoras de América».

Fuente: http://www.tumiamiblog.com/2008/11/ganarn-las-putas-de-san-francisco-su.html

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Prostitución masculina: una tendencia en aumento

La prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Y cada vez más hombres están dispuestos a ganar dinero rápido. Pros, contras y la situación en España y Latinoamérica.

La prostitución, el oficio más antiguo del mundo, consiste en vender servicios de índole sexual a otra(s) persona(s) con la intención de ganar dinero o cualquier otra retribución. De hecho, a los que ejercen la prostitución se les denomina prostituta o prostituto; pero también existen términos como dama u hombre de compañía que conllevan una carga menos peyorativa. En España, se les suele decir de manera coloquial puta o chapero; del otro lado, en Latinoamérica la palabra puto, además de ser muy despectiva, no tiene significación de prostituto sino más bien de homosexual.
De hecho, si bien hay dos maneras diferentes de llamar a las personas que ejercen este oficio, para muchos, la palabra prostitución solo tiene género femenino puesto que al referirse a ella solo se toman en cuenta casos de mujeres vendiendo su cuerpo a cambio de dinero y, si bien en la mayoría de los casos se encuentran féminas ejerciendo el oficio, existe también un cierto sector de hombres que se dedican al mismo. Este sector por ser de menor número está prácticamente olvidado de las propuestas sociales de ayuda o de campañas que puedan orientar, motivar o proteger a estos hombres.
En España, según la Fundación Triángulo de Madrid, la mayoría de los hombres que ejercen el oficio son inmigrantes en donde la ilegalidad es un tema con el que hay que lidiar a diario, por lo que es usual ver a jóvenes con edades entre los 19 y 25 años ejerciéndola durante algún tiempo hasta que encuentran un trabajo y así, pueden regularizar su situación.
Un estudio enfocado en este tema, ha demostrado que el perfil del hombre que ejerce la prostitución en este país, es de unos 25 años y en su mayoría son latinos. Así, casi un 97 por ciento por ciento de ellos afirma que sí se cuida para tener relaciones con sus clientes lo que se contradice con el alto número de infecciones que se han registrado entre ellos.
De hecho, un tema bastante fuerte con respecto a esta actividad es el contagio del sida; este llega a un 13,1 por ciento dentro de la población masculina que ejerce esta actividad. Si bien es cierto las mujeres solo llegan a un 0,8 por ciento se piensa que esto es debido a un cuidado mayor en ellas por temas como la procreación. Esta investigación dio como resultados a un 13,1 por ciento de hombres que presentaron el virus del VIH en la primera prueba y luego un 6 por ciento que presentó el virus en una segunda.
Así, cuando se les ha entrevistado, ellos son conscientes de los riesgos a los que están expuestos a través de dicha actividad, pero en el momento de hacer «algo» (es decir, usar preservativos), no lo hacen. En realidad, esto puede demostrar dos cosas: que les da asco la pareja por lo que deciden utilizar preservativo o que todo lo contrario, no lo usan porque son parejas constantes; también existen algunos clientes que se lo piden expresamente o también deciden hacerlo cuando el cliente es homosexual, puesto que si es mujer, no usan nada para protegerse.
Esto es lo contradictorio de estos trabajadores puesto que afirman que el preservativo lo usan solo de manera «simbólica», porque su uso establece una barrera con el cliente. Por lo que cuando tienen relaciones privadas, deciden no usarlo. Así, según los investigadores, el condón «es como una barrera que les permite a los trabajadores hacer una gran distinción entre las relaciones sexuales comerciales y las privadas».
El trabajador masculino tiene un riesgo 25 veces mayor al de una mujer que ejerza la misma actividad de contraer sida. En líneas generales, esto se debe a que siempre se le ha visto a la prostitución como un tema de mujeres y no de hombres, por lo que la falta de información hace que el trabajador masculino descuide elementos importantes para ejercer el oficio. Así, es la prostitución masculina un tema prácticamente invisible a nuestra sociedad por lo que se afianza como algo muy vulnerable al mismo tiempo.
De otro lado, Iván Zaro, integrante de esta fundación viene desde hace un tiempo demandando la creación de casas para acoger tanto a hombres como a mujeres que ejercen la prostitución, dice Zaro además que lo que se requiere son medidas que sean efectivas y no campañas en donde por ejemplo, se penalice a los clientes. Además, esta entidad trabaja por una igualdad y también por los derechos de gays y lesbianas, por lo que el año pasado llevo a cabo unas 8 mil intervenciones.
Con info de Urgente24 / Fotografía: Spiralman – Bryan Sanchez / La imagen ilustrativa no denota necesariamente la sexualidad o condición laboral de la persona que allí aparece.
© AG Magazine / ActitudGay.com

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EL ORGULLO DE SER PUTA

¿Os parece extraño que una puta pueda sentirse orgullosa del trabajo que realiza?
¿Os suena insólito?

Los que ya sois usuarios del sexo de pago con independientes, con más o menos asiduidad, no os sorprenderá tanto.
Los que sois clientes de otros sectores, es lógico que sí os pueda parecer una afirmación surrealista. Es comprensible. Puesto que cuando trabajas para otra/s personas/s, todo cambia. No eres tú quién elige.

Está claro que las independientes somos unas privilegiadas. No tenemos que dar explicaciones a nadie de cómo manejamos nuestra agenda, de a cuánto cobramos nuestros servicios, de cuándo y en qué condiciones vamos a trabajar.
De qué servicios queremos, o no, realizar.
Somos unas auténticas freelance.

Pero, claro, eso también requiere de un esfuerzo personal, del estar ahí, día a día, de tener siempre una predisposición para realizar este trabajo, ni más duro, ni más costoso que cualquier otro.
Éste, más que cualquier otro menester, trabajo, ocupación, profesión u oficio, requiere esfuerzo, dedicación, tiempo, atención, respeto, educación, higiene, sanidad, buena presencia, cierta cultura, nociones básicas en política, religión, arte, cine, teatro, literatura, música…y un largo etc de conocimientos, que la independiente a través de sus lecturas, estudios, búsqueda, intuición, y curiosidad va adquiriendo día a día.

Hace algún tiempo, unos meses, escribí una pequeña reflexión, de cómo creía que sería mi clientela, antes de empezar. Os la copio aquí, por ser auténticamente cierto cuanto pensaba sobre el “otro lado” de la prostitución:

“-Así es. Cuando yo pensé en meterme en este mundillo, lo que más me asustaba era el «personal» con el que me iba a encontrar.Mis motivos? Al igual que el de muchas compañeras, una precaria situación económica, que obviamente, no viene al caso. Creía, falsamente ahora lo se, que el putero era el coco. Hombres sucios, maleducados, desaliñados, retrógrados, machistas, depravados, degenerados…pero niña al toro. Necesitas pasta y la necesitas YA!!
Y hasta que no pasas por ello, lo que más tienes, os lo aseguro, no es miedo, es simplememte pavor.

Y héte aquí que me encuentro a un hombre maravilloso, mis besitos más dulces para mi niño Jaguar, que nunca supo que fue el primero. Tan nerviosa e inexperta era que ni siquiera pensé en que necesitaría preservativos…sin comentarios, lo sé, lo sé. Todos tenemos un pasado.

Y tras este caballero, aparecieron otros, todos en la misma línea, siempre con la sensación de haber compartido un ratito con un buen amigo, o con un desconocido al que atacas sin compasión….pobres jejeje

Asi que…sí lo reconozco. Yo también he cambiado. Nuestros compis de juegos no son ese coco que yo había imaginado. Sólo hombres que buscan lo que nosotras ofrecemos. Nuestro tiempo, nuestros mimos, nuestra capacidad de escuchar, nuestra conversación, risas compartidas. Qué sería del sexo sin risas???

Me siento orgullosa de realizar este oficio, de volver a mi casa y saber que hice que alguien, durante un ratillo, estuviese a gusto y se fuese más feliz de lo que vino. El nuestro, la mayor parte de las veces, es un trabajo gratificante. Jamás hubiese imaginado cuando empecé a ejercerlo que dijera esto….pero así es.

En fin…cambiamos. Y en este caso, creo que tod@s lo hemos hecho para mejor. –“

Así. Con estos pensamientos, iba yo a mi primer encuentro. Y ya entonces, no sentía vergüenza por tener que prostituirme. Me asombraba que, tras todo lo pasado a lo largo de mi vida, puesto que no soy una jovencita de 20 años, me encontrara en semejante situación. Puta. Iba a ser puta. Qué cosas!!
Pero nunca lo ví de una manera vergonzante. Y menos aún, pasado el tiempo.
Hoy por hoy, diría que mi mayor desazón, es no poder gritarlo a los cuatro vientos, a la gente que me rodea. Sí, a padres, hermanos, amigos, hijos. Lo tenemos que esconder porque aún la sociedad no está preparada para una noticia de ese nivel.
Yo misma, no sé cómo hubiese reaccionado si una amiga mía me hubiera dicho que se dedicaba a la prostitución.
De hecho, sólo conozco un caso, de primera mano, el de estimada amiga Montse (Marien), que ha sido lo suficientemente valiente como para no callar. Ella da la cara, y no sólo por ella, si no por todo un colectivo. Fue mi mentora, mi guía sin saberlo, y de ella he aprendido mucho, muchísimo. Nunca podré agradecerle lo suficiente lo que su valor, su arrojo y su aplomo me ayudaron en momentos difíciles.
Hoy casi dos años y medio después de haber comenzado, me siento bien realizando este trabajo.
Me siento orgullosa de lo que doy y lo que recibo.
Ante todo, respeto. Puedo decir que mis compis de juego (hombres y mujeres), han sido siempre personas consideradas, educadas y respetuosas.

Lo sé, algunos aún estáis ojipláticos y boquiabiertos.
¿Orgullosa de ser puta?
¡¡Esta chica se ha vuelto majara!!
Pues no amigos.
Cuando estás con una persona, compartiendo, departiendo, jugando, riendo y disfrutando de un juego de adultos, el mayor y más complicado, por la cantidad de reglas no escritas que hay en él…no te sientes puta. Simplemente una mujer.
Cuando estás en esa situación, que siempre es distinta, siempre diferente, aún con el mismo compañero de juego, las situaciones, son únicas.
Y si entre ambos hay esa complicidad, absolutamente necesaria para que el juego acabe en tablas, te sientes bien. Tremendamente bien.
Porque esa persona, que se ha tomado la molestia de leer tu publi, de seguir tus xp´s, de contactarte, de llamarte, de ser galante y educado y que va a pagarte por ese rato estipulado. Ya no es un cliente. Es, durante ese rato, “EL COMPAÑERO DE JUEGO”.

Y de nuevo hablo de respeto, porque hay que ser respetuosa con los servicios que ofreces, con los que vas a compartir, con la imagen que das de ti misma, a nivel personal y a través de tus fotografías.

Los tópicos más típicos:

-No es un trabajo fácil.
Aunque, que yo recuerde, ninguno lo es.

-Se gana dinero.
Si eres constante y te labras un prestigio. Como en tantos otros.

-Te menosprecian.
Sólo si tienes la mala suerte de dar con algunos cafres. Por eso hay que usar la intuición femenina, y hacerte valer.

-Te sientes sucia.
Únicamente si tú lo vives de manera acomplejada y vergonzante.

-La trabajora sexual no disfruta del sexo.
Este trabajo, desde la independencia, nos da esa pequeña licencia. Disfrutamos, porque nuestros servicios son pocos y bien escogidos.
Lo que no puede estar más claro, es que si no te gusta el sexo, si vas a terminar una cita de dos horas en 20 min…tu credibilidad y prestigio se van al traste. Y para poder jugar, para disfrutar ambos del SEXO, debe gustarte. No hay más verdad que ésa.
Lo demás lo dejo para expertos en textos de corrillos, sabihondos del no se sabe qué.

– Las trabajadoras sexuales se vuelven insensibles al sexo
Sé que no es para reírse, pero cuanto menos me sonrío, cuando leo estas perlas.

Es un trabajo más. Que aún debemos llevar a escondidas, pero cada vez algo menos.
Pero lo más importante, es que…cuando te despides de un cliente, cuando le miras a los ojos, cuando le das el último beso y ves su cara de…sí demonios! ¡¡De satisfacción!!
Y te vas a casa. Y repasas mentalmente el encuentro.
¿Estaría bien realmente? ¿Acaso fingió?
Su risa era franca, sus manos buscaban terrenos inexplorados, deconocidos por él, su boca se perdía en tu cuerpo, sus labios sorbían, su pene mostraba alegrías varias…

Si duda, el encuentro más satisfactorio, es el compartido.
Está bien dejarse hacer por la profesional, pero sin temor a equivocarme, y desde mi exigua experiencia, diría que el hombre que más disfruta de estos encuentros, es el que sabe compartir generosamente el placer recibido.

Y sí.
Me siento orgullosa de ser PUTA.

Paula

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El RESPETO debido entre la PUTA y el PUTERO

La RAE define, entre otras entradas, el respeto como:
Miramiento, consideración, deferencia.

En ocasiones, hablando con otras compañeras sobre el respeto, éso tan complicado que nos debemos las personas, y que, como es lógico, en nuestro trabajo es absolutamente indispensable, hay siempre posiciones y opiniones encontradas.

Algunas profesionales opinan que al cobrar menos, los usuarios se toman más libertades, al menospreciar a la profesional. Si cobra menos, personalmente vale menos.

En el otro extremo, encontramos trabajadoras cuya opinión es la de que al pagar más, el cliente se siente con más derecho a hacer cuanto le place, bajo el prisma: -“puesto que pago más, tengo más derechos”-

Suponemos que todos valemos lo mismo. Partimos de la base de que hombres y mujeres somos iguales. Lo dice la Constitución no?

Observemos un argumento habitual en algunos usuarios:

Todas mienten/mentimos, todas ofrecen servicios que a la hora de la verdad no realizan, todas son nuevas, novatas, recién salidas de una nube rosa, todas mentimos sobre la edad, todas mentimos sobre nuestra altura, todas mentimos sobre nuestra talla de pecho, todas sobre nuestro peso, todas sobre nuestros estudios y educación, y así podríamos seguir llenado páginas y páginas.

Al final, para un determinado sector de clientes son/somos unas embusteras. ¿Y cómo se desquitan? Creyendo que su dinero le da más poder, más derechos que aquellos que ha contratado. Y cómo no. Usando la bendita palabra PUTA!!

Esa palabra, que algunos retrógrados aún utilizan como si fuera estandarte de algún movimiento imaginario, se sienten en plena cruzada. Verdaderos guerreros defensores de grandes causas. Contra las PUTAS!!

Putas somos. Y no es ninguna vergüenza. Es un trabajo. ¿Que se pueden usar otros términos políticamente más correctos?…bien.

Veamos algunos ejemplos:
Prostitutas, rameras, furcias, pelanduscas, busconas, zorras, meretrices, cortesanas, pepas, lumis, escorts (término en inglés muy en boga en los últimos tiempos), trabajadoras sexuales….

Puta está bien. Es coloquial, es corto y todo el mundo sabe de qué hablamos. De Putas. Los puteros no van de pepas, van de putas. Hay que ser realista. Puta. Puta. Digámoslo alto y claro. Porque de no defender nosotras mismas esa palabra en concreto, será usada por unos cuantos gallitos de corral como término despectivo y soez. Intentando denigrar no a una profesión, no a una profesional, si no a una Persona.

Y siguiendo el razonamiento de este tipo de usuario, encontramos que como la mujer que tiene delante, sólo es una Puta, la trata como mejor le place.

Si este cliente pagó un precio considerado bajo, menosprecia a la prostituta como persona y profesional diciéndole que si realmente fuese guapa, tuviera buen cuerpo y valiese para follar, cobraría más,

pero…”-sólo eres una puta barata!!!!-“

Si el mismo tipo de cliente, paga por estar con una profesional de más alto caché, “entiende” que por el preció que abonó tiene “derechos adquiridos”.

“-Oye puta, por muy buena que estés y por mucho que cobres, no eres más que una puta!!!-“

No hay diferencia, pues, entre este tipo de clientes a nivel emocional por su parte. El dinero del que uno disponga para acceder a un servicio de sexo de pago, no le hace mejor persona, ni más empático, ni siquiera le predispone a pasárselo mejor. Porque en algunos casos, este tipo de cliente, se concentra más en los posibles o imaginarios fallos, que en que su encuentro sea lo más satisfactorio posible.

Es pues el cliente que usa la palabra PUTA un cliente abusivo?
En general, por supuesto que no.

Lo es, única y exclusivamente el que usándola en sentido peyorativo y despectivo trata de menospreciar a la persona que tiene delante, pague lo pague y sea el trato de la profesional, malo, bueno o excelente. Lo mismo le da.

Se siente fuerte tras esa palabra. Más hombre. En fin…

Sin embargo, no hay que olvidar que, en el fragor de un buen juego sexual, hay palabras que incitan, excitan, provocan, y ésa es una de ellas. Yo añadiría incluso que es la palabra estrella. Y que a muchas mujeres, no sólo a profesionales, les gusta que se lo digan.

Así pues, volvemos al principio del texto, el respeto. Ése que sin duda cualquier profesional de cualquier sector le debe a sus clientes, pero que sin duda alguna debe ser correspondido en su justa medida.

No somos muñecas de porcelana, no nos rompemos, no hay que tratarnos como si fuésemos de cristal. Somos como el resto de seres humanos. Nos afectan las mismas cosas, sean buenas o malas, excelentes o regulares.

Y los usuarios, no son diferentes de cualquier otro hombre con el que tengamos que tratar. Merece nuestra total atención en el tiempo que nos ha contratado, merece nuestra mejor sonrisa, nuestra mayor consideración, el servicio que se nos ha requerido, (ya pactado normalmente) y eso es Respeto.

Y el Respeto es básico para cualquier relación, para cualquier negocio, para cualquier transacción.

Deberíamos aprender a usar el Respeto para con las Putas.
Así como las Putas deberíamos tener como dogma de fé, el Respeto debido para con nuestros compañeros de juego. Quid pro quo.

Todo hay que ganárselo. No nacemos sabiendo, aprendemos día a día.
Nosotras como profesionales y nuestros clientes como usuarios.

Paula

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