Puritanismo de izquierdas

Jorge Marsá:

El puritanismo se asoció siempre con personas de talante reaccionario y retrógrado. Sin embargo, hace ya un tiempo que los puritanos de izquierdas reclaman un puesto de vanguardia en el combate para erradicar las prácticas “contra la moralidad”. Lo curioso es que parece que los de ahora y los de otrora coinciden en los manjares que mayor disfrute proporcionan a sus no muy finos paladares: la prostitución y la pornografía. Siempre obsesionados con el sexo.

A las putas se las persigue, faltaría más, por su bien. Antes, para librarlas del pecado que las condenaba, y en defensa de no se sabe muy bien qué visión de la decencia pública. Ahora, se estigmatiza a las putas de forma más radical, por su condición de mujeres: sostienen los nuevos puritanos que su trabajo es “una actividad indigna y degradante para las mujeres”. Así que, liderados por el gubernamental Instituto de la Mujer, se proponen estos nuevos cruzados de la moral lo mismo que los antiguos: prohibir la prostitución. Y es que no conciben, hoy como ayer, que la libertad de las personas pueda anteponerse en el espacio público a su muy estrecha moralidad.

Y en la cruzada por la salvación de las mujeres, también de sí mismas, no pueden por menos que ignorar un aspecto de la realidad que deja al descubierto el desatino de su intento de regeneración moral: que es creciente el número de mujeres acomodadas que recurren a la prostitución masculina. Porque de tenerlo en cuenta, se pondría de relieve que poco tiene que ver la persecución con la dignidad de las mujeres, que la cuestión sigue siendo la misma que antaño: que les parece inmoral que dos personas libres intercambien favores sexuales por dinero, que les parece tan indigna y denigrante como a las viejas beatas esa forma de practicar el sexo.

Pero cuando la obsesión apretaba… siempre surgía, junto a las beatas, algún cura o estirado burgués dispuesto a colaborar en la estimulante tarea de dar rienda suelta a la indignación. Como hacía el sábado Andrés Trapiello en su columna en el Magazine: “Doscientas organizaciones feministas han pedido a los periódicos la supresión de las páginas llamadas de contactos, y los periódicos han dado la callada por respuesta”. Pues sí, indignado estaba el hombre con que los diarios se hubieran negado a secundar la persecución contra las putas y el intento de hacerles el trabajo imposible en tanto no llega la prohibición.

Claro que si pecado es practicar el sexo de forma inconveniente, no lo es menos mostrar imágenes de tan denigrante actividad. Razón por la cual la pornografía les resulta intolerable. Y el sábado nos informaba El País de que los nuevos puritanos se han ido, en corto y por derecho, a por una de sus más señaladas manifestaciones en nuestro país, a por el Festival de Cine Erótico de Barcelona. Y como tampoco pueden prohibirlo, se han limitado a lo que se hacía en los viejos tiempos, a echarles de la ciudad:

Romà Gubern, intelectual pionero en el estudio de la pornografía y miembro del jurado del festival, considera que la decisión es jurídicamente inatacable, pero penosa en términos morales: “Nos hace retroceder al puritanismo de la era Reagan. La legalización de la pornografía es una conquista que se da en Occidente entre los años setenta y ochenta del siglo pasado. En el siglo XIX, era un lujo elitista y aristocrático. Con la cultura de masas, los ricos perdieron ese privilegio. Ahora que estaba democratizada, algunos se empreñan en volver atrás”.

Pero es, otra vez, por el bien de la mujer: “El Ayuntamiento dice que el festival trata a la mujer como un objeto sexual” (de nuevo resultaría inconveniente referirse a cómo trata al varón, y al también creciente consumo de pornografía por parte de las mujeres), y el “pleno municipal aprobó el jueves no renovar el contrato con los organizadores en 2008”. Y no hablamos de un pequeño ayuntamiento sin importancia, porque Hospitalet tiene cerca de 300.000 habitantes. Y su gobierno de izquierdas. Y su alcalde socialista: Celestino Corbacho Chaves, concejal desde 1983, alcalde durante los últimos doce años y actual presidente de la Diputación de Barcelona en sustitución de José Montilla.

Pero es el caso que lo que fue bien considerado durante nueve ediciones, el festival, se ha convertido en un serio problema desde que se aposentaron en el Gobierno de la nación las puritanas feministas del PSOE. En fin, que en algunas cosas no parece haber tanta diferencia entre el puritanismo de la era Reagan y el de la era Zapatero. Aunque unos se dediquen a perseguir a las putas y a defendernos de la pornografía por reaccionarios y los otros, por progresistas.

Fuente: http://www.laopiniondelanzarote.com/2006/10/30/puritanismo-de-izquierdas/

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¿Ganarán las putas de San Francisco su Distrito Rojo?


Signos de que va cambiando la percepción moralista del país: La «propuesta K» en la boleta sanfranciscana. El asunto también se debate en Berkeley.

No estamos en los tiempos de las guerras del siglo XX cuando el país se estremecía con el fantasma de la sífilis. Vivimos tiempos post-SIDA. El sexo no disminuye con el peligro venéreo, sino con la educación. Ejemplos del ostracismo de la ignorancia a la profesión milenaria huelgan: El terror de los años 201. Allan Brandt en su libro No Magic Bullet2, analiza la respuesta social a las enfermedades venéreas durante la primera y segunda guerras y concluye que atacar la prostitución se convirtió en símbolo viable de la propaganda bélica del momento. Por una parte se reafirmaba la dicotomía entre la mujer honesta y la puta (la primera necesitada de protección, la segunda, predadora peligrosa). Los reclutas eran entrenados acerca de los peligros del sexo. Otro frente moral de la guerra (similar al de la guerra contra la mariguana) era proteger los valores familiares: sus madres, hermanas y futuras esposas del peligro de la agresión sexual enemiga. Hay panfletos de la época que acusan a la prostituta de «ayudar a los hunos a debilitar las fuerzas liberadoras de América».

Fuente: http://www.tumiamiblog.com/2008/11/ganarn-las-putas-de-san-francisco-su.html

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El Negocio del Sexo: Libertad a las Putas!

Por: Ignacio Cheade

Hace un par de días, discutía con una amiga en un pub sobre la prostitución y todos sus derivados. Ella por su parte, ferviente defensora de los derechos humanos, me argumentó un montón de ideas lógicas por los cuales la prostitución debía dejar de existir. . Y yo por mi parte, me propuse defender esa honrada labor, la que por cierto, es conocida como uno de los oficios más antiguos del mundo. Total, por algo Cleopatra era conocida como “La Gran Tragona”. En mi mente la palabra no suena ofensiva, ni es más despectiva que profe, notero, loquero o tuerca: Ojalá hubiera Libertad para las Putas.

Puede decirse que existen muchos principios frente a los cuales actuar, pero la realidad es que los dos motores animales que tenemos dentro son el libido y el tanatos, en otras palabras, el instinto de satisfacer nuestros deseos (apetito, posesión, sexual) y el de hacer pebre todo lo que se encuentra a nuestro camino.

Dentro de lo que el libido genera, el negocio de la alimentación está cubierto desde épocas remotas, y el de posesión es la base de todo sistema de mercado. Siendo así ¿por qué tanta discución respecto al sexo? Si alguien quiere afilar todo lo que se mueve ¿no sería más sano que pagara por ello en vez de hacerlo a la mala? Ahora, si más encima existe gente dispuesta a vender ese servicio, o en otras palabras “EL servicio”, entonces no debería haber razón alguna para dejarlo fuera de la legalidad.

Ahora, según me comentaba mi amiga y el sentido común, existen muchas personas que en condiciones precarias o que no ven otra manera de generar los ingresos que desean, caen en la prostitución como opción última, destruyendo toda forma de autoestima y cariño personal para poder mantenerse a sí mismos y a sus seres queridos, generando traumas que son muy difíciles de superar.

Ahí es donde comenzó la verdadera discución… ¿tengo derecho yo de imponer el conocimiento de que “no ahora, pero quizás en un futuro esto te puede producir un daño irreparable” a otro ser humano? Según mi amiga, era nuestro deber como seres pensantes. Según yo, no va al caso.

Nunca he contratado un servicio de estos, pero tampoco se me ha cruzado por la mente en ningún momento criticar a quien lo ofresca, quien lo pida o incluso cerrar las puertas a que quizás en algún momento de la vida busque este servicio (de ser así, LO POSTEO, carerraja), así como tampoco puedo imponer un pensamiento moral sobre otra persona, o una ética de como ver la vida.

Lo que hacemos en nuestras alcobas es tema nuestro. Si hay gente que lo hace con amor, felicidades. Si hay algunos que lo hacen por placer, bien hecho. Si hay gente que lo hace por dinero, los aplaudo por el sacrificio que puede significar. Al mismo tiempo claro, están las personas que lo hacen por placer y aún cobran, a esos si que los vitoreo por vivos.

¿Por qué no generar normas legales para este oficio? ¿Acaso es mucho pedir a las instituciones enjuiciadoras y moralistas, olvidarse del doble estandar por un rato y aceptar que ellos también se calientan y buscan como satisfacer sus necesidades? No hay que olvidar que la pareja de cada uno no es sólo una herramienta sexual, sino que es UN SER HUMANO, por ende exigir sexo cuando no hay amor, o buscar amor sólo por sexo, resulta ser una inconsecuencia aún peor que pagar a alguien por algo claro, conciso e intimo como es una relación uno a uno (o dos a uno, o tres a uno o whatever).

Desde la figura literaria de Maria Magdalena que el mundo occidental ridiculiza y lanza piedras sin pensar a personas que de una manera u otra hacen sano lucro de uno de los placeres básicos de nuestra especie. Puedes vender comida, pero no placer. ¿Alguien capaz de tirar la primera piedra?

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Las árabes reivindican el sexo

SEGUNDO FORO DE MUJERES ÁRABES

Polémica discusión sobre masturbación y otros tabúes en el Foro de Mujeres Árabes

JAVIER ESPINOSA
BEIRUT.- «¿Pero es vamos a ser como los animales? ¡Si pensamos que el sexo es una actividad que se puede practicar en público, pues comencemos ahora mismo, en esta misma sala!¡Todos a practicar el sexo, vamos!». La intervención airada de la invitada de Emiratos Arabes Unidos (EAU) al Segundo Foro de Mujeres Árabes provocó una estruendosa carcajada entre todas las presentes y la adhesión fervorosa de un sujeto, que llegó a levantarse de su asiento aplaudiendo a la susodicha y declarándose presto a responder a cualquier requerimiento en tal sentido.

Una libanesa que se identificó como Carole Arayed irrumpió en el debate quejándose de la comparación establecida por la señora. «¡No somos animales, pero las mujeres tenemos derecho a nuestra sexualidad! ¿O es que vamos a terminar como pasó en ese país árabe donde apedrearon a una pareja de camellos porque el camello estaba practicando el sexo con la camella?», soltó a través del micrófono.

Intercambios tan singulares como el presente se prodigaron este viernes durante la clausura del Segundo Foro de Mujeres Árabes que se celebró en Beirut, que dedicó la jornada a debatir sobre sexo y belleza femenina en una región donde esta temática todavía sigue siendo un tabú.

La convocatoria reunió a más de medio millar de empresarias, artistas, políticas, feministas y activistas de los derechos humanos de mundo árabe.

La polémica cineasta

Ateniéndose a su polémica aureola, la directora de cine egipcia Inas al Degheidy suscitó más de un murmullo cuando arremetió contra las «tradiciones» y alabó «lo sublime que es la relación sexual». «No es cierto que los árabes no tengamos relaciones sexuales, ¡las tenemos y a veces muy perversas pero siempre a escondidas!», dijo promoviendo una ovación.

‘El sexo es algo natural, no podemos considerarlo vil’, dice la controvertida directora Inas al Degheidy

A sus 54 años y todavía con un porte ciertamente seductor, Degheidy no sólo es la cineasta más famosa de Egipto sino un personaje repetitivo a la hora de contabilizar escándalos por su audacia a la hora de filmar películas y sus exabruptos de tono erótico.

Ella misma reconoce que «la adora un 10 por ciento» del público egipcio pero que otro «90 por ciento» simplemente la «quiere matar». No es una afirmación banal. La policía egipcia desmanteló en el 2001 un comando islamista que tenía entre sus objetivos asesinar a la realizadora.

El último alboroto mediático lo generó el pasado verano cuando defendió en sendos programas de TV la legalización de la prostitución —»existe en todo el mundo y en Egipto también. Tenemos que aceptar la realidad», dijo—, la homosexualidad y puntualizó que, si no recurría a desnudos completos en sus películas, era sólo porque se lo impedía la censura.

«Yo también crecí en una familia donde el sexo era tratado con repugnancia hasta que descubrí lo que era el placer. El sexo es algo natural, no podemos considerarlo vil», manifestó Deghidy durante su intervención en el Foro.

En defensa de la masturbación femenina

La postura aperturista de la egipcia recibió el apoyo de la libanesa Rania Barghout, presentadora del conocido programa ‘Kalam Nawaem’ (Conversaciones dulces), de la cadena saudí MBC, especializado en «temas prohibidos», que exigió «la completa libertad corporal e intelectual» de las mujeres. «Por ejemplo, aquí siempre se ha presentado la masturbación femenina como un crimen y en nuestro programa trajimos a un famoso ‘sheik’ (experto religioso) que declaró que las mujeres tienen todo el derecho a masturbarse», puntualizó.

Sin embargo esta postura chocó contra la que mantenían un sector del respetable —en su mayoría llegadas del Golfo y Arabia Saudí— que defendían la necesidad de adecuar la sexualidad femenina con las costumbres locales. «La reivindicación sexual varía de una sociedad a otra y la libertad de expresión tiene como límite no herir a nadie», manifestó la poetisa saudí Thuraya Al-Arrayed

‘No estamos reclamando una revolución sexual ni el libertinaje sino ser conscientes de que vivimos una contradicción’, dijo una psicoanalista

La discrepancia era incluso obvia en las vestimentas que se apreciaban en la sala donde se entremezclaban los velos y las ‘abayas’ con las minifaldas, transparencias, escotes y el derroche de silicona. Ello no impidió que las disquisiciones se extendieran también a la inexistencia de educación sexual en las escuelas árabes, el culto a la belleza y en especial a la práctica extendida de la cirugía plástica o el incremento de la venta de ropa interior a cada cual más sugerente que marcha de forma paralela a la proliferación del velo.

Otra de las participantes, la psicoanalista Marie Therese Khair Badawi, intentó situarse en un término medio al incidir en la necesidad del «diálogo para entender que el cuerpo de la mujer sigue siendo un tabú en el mundo árabe». «Aquí se defiende la virginidad pero al mismo tiempo tenemos clínicas especializadas en reconstituir el himen. No estamos reclamando una revolución sexual ni el libertinaje sino ser conscientes de que vivimos una contradicción», precisó.

Contra el matrimonio forzado

El auditorio sí coincidió en descalificar una práctica común en Oriente Próximo: el matrimonio forzado de las jóvenes. «Es una violación», lo calificó la argelina Sihem Habchi, presidenta de la Asociación francesa ‘Ni Putas ni Sumisas’ Habchi. «Es pura violencia de la familia», le secundó la saudí al-Arrayed.

Los escasos participantes masculinos tuvieron que refugiarse en la ironía frente a un público crítico con su sexo

En este sentido, Kaltham al Koheji, directora regional de comunicación del banco HSBC, aludió a su caso particular como ejemplo de cómo enfrentarse a este flagelo. La familia de Koheji, natural de EAU, la obligó a desposarse con 13 años con un sujeto de 30 que ni conocía. «Un día llegué a mi casa y estaban bailando. Pregunté: ¿y por qué es la fiesta?. Y me dijeron: es tu fiesta de compromiso. Rompí a llorar y dije que quería continuar mis estudios», recordó.

Koheji aceptó sólo bajo la promesa de que podría continuar estudiando y cuando el futuro marido se retractó de tal pacto le llevó a juicio con el apoyo entonces de sus allegados. «Estamos hablando de hace 25 años, pero conseguí que un tribunal anulara el compromiso. Me casé a los 28 con el hombre que yo elegí y ahora soy madre de dos hijos», añadió.

Los escasos participantes masculinos tuvieron que refugiarse en la ironía para afrontar a un público especialmente crítico con el desempeño de su sexo. El profesor de arte libanés Michel Jabre llegó a proponer que en la lucha femenina a favor de la igualdad estas «impongan un boicot sexual» a los hombres, lo que generó de nuevo las carcajadas y gestos explícitos de varias chicas que menearon la cabeza rechazando de plano tal hipótesis.

El carácter quizás inédito de estos debates no eclipsa la marginalización de las féminas en la región, que se encargó de recordar este jueves la propia responsable de dicha cuestión en la Liga Árabe, Hana Sorour. La egipcia aclaró que un 65% de las árabes son analfabetas y sólo un 30% tiene acceso al mercado laboral.

Un contraste abismal con la concentración de riqueza que se está generando en los países del Golfo, donde las mujeres controlaban 364.000 millones de dólares el año pasado, según cifras reveladas en la cita de Beirut.

«Todas estas discusiones están centradas en una clase media que está desapareciendo. La mujer cuya única preocupación es conseguir pan para que coman sus hijos no tiene tiempo para exigir la liberación sexual», sentenció Farida Farisi, una profesora saudí.

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Ser adicto al sexo no tiene gracia

Los afectados sufren temblores, ansiedad y síndrome de abstinencia – Esta obsesión enfermiza les lleva a buscar sesiones de sexo para mitigar la angustia – El 85% son hombres.

JOSEBA ELOLA 12/10/2008

Vale ya de chistes fáciles. Ser adicto al sexo es ser un adicto. Es como ser yonqui. Miedo, temblores, mono. Sesiones de horas de sexo que no producen placer y que sólo mitigan por unos instantes la angustia, la ansiedad. El infierno por el que pasó Ricardo, que perdió sus dos trabajos y a su mujer, nos servirá para entender de qué hablamos. Vale ya de chistes fáciles. Ser un adicto al sexo no tiene ninguna gracia.
Luis llegó a gastarse 2.400 euros en una noche en el prostíbulo
Practicar sexo tres veces al día no quiere decir que uno sea adicto
«No hay diferencia entre el drogadicto y adicto al sexo», dice un experto
Ricardo perdió una casa y dos trabajos por su adicción. Su mujer le dejó
La adicción al sexo está en el centro del debate. Y no porque el actor David Duchovny haya pasado por una clínica. Hoy por hoy, no está reconocida como tal en el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (Disease Statistical Manual -DSM IV TR-), la biblia de los psiquiatras, el manual que permite efectuar un diagnóstico. Stricto sensu, no existe. Muchos de los que en Estados Unidos preconizan que se incluya en la próxima revisión de esta biblia, en 2012, otorgan una dimensión moral al debate, un cierto puritanismo. En España, un buen número de los que apoyan su incorporación al DSM abogan porque se reconozca una realidad innegable. El debate está abierto y lleno de matices. Pero hay algo en lo que todos, psiquiatras, terapeutas, sexólogos y pacientes, coinciden: estar enganchado al sexo no tiene ninguna gracia.
Las luces de los clubes de carretera, cada dos por tres, saliendo a su paso. Para Luis, circular de noche con su coche era exponerse a volver a caer. Luis es un nombre ficticio. Sólo su familia sabe que es adicto al sexo. El estigma social en torno a esta enfermedad es una losa.
Le cuesta contar su historia. Sentado en una consulta del Centro para el Tratamiento y la Rehabilitación de Adicciones Sociales (Cetras) de Valladolid, recuerda sus días de calvario. Las luces de colores de los clubes eran como la musiquilla que llama al ludópata para que eche otra moneda a la máquina. «Todo está perfectamente pensado para atraerte», dice, y tuerce el gesto: «La tentación es más grande que la voluntad».
Luis tiene 44 años y trabaja como comercial. O sea, viaja constantemente. Su trabajo le ofreció durante años una cierta cobertura, un catálogo de coartadas para su mujer. Hasta que llegaron los problemas de dinero. Entonces ya no hubo modo de tapar la evidencia con más mentiras.
Empezó a frecuentar prostíbulos con los libros de la Facultad bajo el brazo. Siempre iba solo. El trabajo trajo dinero, y el dinero, más visitas a los clubes. Noches cada vez más largas. Despertares junto a dos chicas. Prostitutas que le vendían coca para aguantar toda la noche. La factura de esas escapadas fue creciendo. Llegó a gastarse 2.400 euros en una noche.
Comenzó a llegar tarde a sus citas laborales. A utilizar su dinero y el de la empresa. A vigilar el buzón para interceptar las cartas del banco. Llegó un momento en que abría las páginas de contactos de los periódicos y sólo con ver el teléfono sabía en qué club se encontraba la chica del anuncio. «Los últimos tres meses fueron de locura, iba de putas todas las noches». Hasta que se encontró en un callejón sin salida, hace cuatro años. «El dinero me faltaba, la empresa me lo podía reclamar. Piensas en desaparecer, en estamparte contra un camión. Pero tuve un momento de lucidez y llamé a mis hermanos», dice subiendo la voz.
Necesitaba 8.000 euros. Le dijeron que no. Que pidiera un préstamo y que hiciera frente al problema ingresando en el Cetras. «Ahora agradezco que no me dejaran ese dinero, enfrentarme a mi problema fue lo mejor que podía hacer».
Cuatro años de terapia han pasado. Luis sigue acudiendo todos los miércoles por la tarde a este centro situado junto al campus universitario de Valladolid. Su mujer le dio una oportunidad y la ha aprovechado. Ha superado «el distanciamiento» que le separaba de ella. Ha aprendido a disfrutar de «los pequeños placeres de la vida». Juega de nuevo con su hijo. «Hay que pedir ayuda antes de llegar al límite», dice. Eso sí, nunca más podrá llevar una visa en el bolsillo.
«Es una patología de la libertad», dice Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco. Cuando hay adicción, la persona lo pasa mal, no encuentra satisfacción, es incapaz de frenar y su obsesión interfiere en su vida. Afecta a su trabajo, a su capacidad de concentración, a su economía.
Hay parejas que practican sexo dos o tres veces al día y eso no significa que sean adictos al sexo. «Eso es la pasión de una relación que comienza, por ejemplo», declara la sexóloga Miren Larrazábal, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología. Hay personas que se masturban dos veces al día, dice, y eso no tiene por qué ser patológico. «Si eso no les causa problemas con su pareja, si no interfiere en su vida, si saben controlarlo, no hay problema. La persona que sufre adicción sólo obtiene placer en el momento, al final del clímax sexual ya se siente mal, vuelve la ansiedad, que va a más y que necesita volver a aplacar con más sexo».
De hecho, más de uno se agarra a la cantinela de la adicción al sexo para justificar su comportamiento en pareja. La sexóloga Charo Castaño, que atiende a mujeres en el Instituto Palacios, cuenta que en ocasiones ellas vienen acompañadas del marido, que dice que la mujer no le da lo que él quiere y que por eso lo busca fuera de casa, que no lo puede evitar. Francisco Cabello, presidente de la Liga Internacional para la Promoción de la Salud Sexual, asegura que es una coartada frecuente. «Si un hombre es infiel, no es que tenga una enfermedad, es que ha roto con sus valores. También hay gente que utiliza con frecuencia la prostitución y no tiene una adicción al sexo». Cabello también recibe a parejas en las que el hombre plantea que su mujer tiene adicción porque lo quiere hacer todos los días: «Son casos de falta de deseo masculino, hacerlo todos los días no es malo, ¿acaso decimos que alguien es adicto cuando ve dos partidos de fútbol al día?».
Fernando Pérez del Río, autor del libro Nuevas adicciones, ¿adicciones nuevas?, defiende que hace falta un diagnóstico común para todas las adicciones. «No hay gran diferencia entre el adicto al sexo y el drogadicto. No podemos estar inventando una nueva adicción cada tres años, se crea alarma social». En el Cetras de Valladolid, de hecho, uno de los centros pioneros en adicciones sociales en España, los adictos a las compras, a Internet y al sexo hacen terapia juntos.
Miércoles pasado, 18.30. Nueve pacientes están sentados en corro. Adelina Bernardo, la terapeuta, dirige la sesión. Hay una nueva incorporación al grupo, una mujer de mediana edad que se ha vuelto adicta al messenger, así que toca que cada uno de los pacientes se presente. Luis, el único adicto al sexo que acude a la terapia esta tarde, da el paso adelante y cuenta su caso. Poco después interviene Juan. «Yo entré aquí en el año 2000. Dejé el alcohol y lo cambié por una adicción a las compras. Me mentía a mí mismo y mentía a todos los demás». Olga, de 26 años, sentada a su lado, asiente. Ella padece bulimia y dependencia emocional, una adicción en la que una persona se convierte en el objeto adictivo de la otra. Todos tienen la sensación de tener mucho en común.
«Cuando escucho a alguien contar su adicción a la coca o al alcohol, siento que ésa es mi historia», dice Ricardo, otro de los nueve pacientes adictos al sexo que acuden a este centro, «el sudor, los temblores, la angustia, el miedo, el deseo desenfrenado de conseguir lo que necesitas». Ricardo -nombre ficticio-, de 49 años, perdió una casa y dos puestos de trabajo por su espiral adictiva. Su mujer le dejó. Cuando entraba en un restaurante, fijaba la mirada en una mujer, le daba igual que estuviera acompañada. La miraba y hacía un gesto. Si ella se levantaba al baño, aprovechaba el momento y se acercaba a proponerle un encuentro furtivo. «No me importaba que me diera una bofetada, si lo lograba, conseguía mi objetivo. No tenía reglas, ni moral, ni respeto por nada», dice, sujetando su cabeza entre las manos. Tuvo una recaída el pasado mes de enero. Dejó de comer, perdió 22 kilos, se le empezó a caer el pelo. Su mujer, de la que se separó un tiempo, ha vuelto junto a él para apoyarle.
Los adictos al sexo consultados dicen que siempre les faltó personalidad. Que no sabían decir que no. Que existía una enorme falta de autoestima y de confianza en sí mismos. Como Pedro, que trabaja solo en casa y cuya vida cambió con la llegada de Internet. Casado y con tres hijos, lleva cinco años en terapia. «Podía visitar páginas porno durante 12 o 14 horas al día. Acabé con molestias en el codo, de tanto usar el ratón», cuenta, apesadumbrado. Aún no ha salido del túnel, sigue trabajando en casa, e Internet está ahí. «Es como tener un mechero en una mano y un cigarro en otra para un adicto al tabaco».
Hay clínicas que ofrecen soluciones milagrosas al problema en 45 días. De hecho, los famosos suelen ingresar en centros de los que salen al poco tiempo. «En 45 días da tiempo a que la persona se centre y se dé cuenta de que tiene un problema», dice Adelina Bernardo. Hacen falta entre seis meses y un año para que la persona se estabilice. Y como ella suele explicar, ser adicto al sexo es como tener diabetes. Hay que mantenerse vigilante toda la vida, como el alcohólico que no debe volver a probar un sorbo. Eso sí, con la terapia se puede volver a la vida, salir del infierno.

La combinación con la cocaína
«Veo muchos adictos combinados sexo-coca», dice el director del Instituto Andaluz de Sexología, Francisco Cabello. Personas que en sus noches de desenfreno tienen que recurrir además a la viagra para no perder la erección que el consumo de cocaína produce.
La psicóloga Adelina Bernardo explica que, en muchos casos, detrás de la adicción al sexo hay episodios de abusos sexuales en la infancia. O padres que han hecho que los hijos desarrollen un sentimiento de culpabilidad frente al sexo.
El Instituto Dexeus de Barcelona realizó un estudio clínico entre sus pacientes hace dos años. De los 65 adictos al sexo que estudiaron, el 85% eran hombres. El 32% presentaban adicción a tóxicos; un 18% habían sido compradores compulsivos, y un 5%, eran jugadores patológicos. El 21% sufría un cuadro depresivo.
El psiquiatra Josep Maria Farré, que lleva años estudiando este fenómeno, explica que hoy por hoy la adicción al sexo no está reconocida como tal por la comunidad científica. Y que lo que se está planteando es su inclusión en el grupo de los trastornos del control de impulsos, un capítulo en el que hoy se hallan la ludopatía, la piromanía, la cleptomanía o la tricotilomanía (arrancarse el cabello). «Debemos aceptar que es un fenómeno que existe y estudiarlo».
Enrique Echeburúa también se muestra partidario de que se reconozca su existencia. Eso sí, ambos se desmarcan de la cuestión moral que acompaña al debate en Estados Unidos. «La sexualidad está siendo patologizada», explica por teléfono desde la Universidad de Indiana el investigador Brian Hodge.
Farrés dice que, entre los adictos al sexo, los más impulsivos pueden llegar a ser acosadores sexuales. El doctor Blas Bombín, fundador del Cetras, asegura que la adicción al sexo es la única adicción que no es atenuante y que puede llegar a ser agravante en un juicio. «El clima de alarma social es de rechazo a estos adictos, se les estigmatiza como si no tuvieran remedio. Pero son personas rehabilitables».
Añade que el perfil del violador es distinto: en el caso del violador hay un trastorno de la personalidad. «El reconocimiento de la adicción al sexo es políticamente incorrecto en la medida en que puede acabar convirtiéndose en atenuante en determinados delitos», sentencia.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Ser/adicto/sexo/tiene/gracia/elpepisoc/20081012elpepisoc_1/Tes

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El RESPETO debido entre la PUTA y el PUTERO

La RAE define, entre otras entradas, el respeto como:
Miramiento, consideración, deferencia.

En ocasiones, hablando con otras compañeras sobre el respeto, éso tan complicado que nos debemos las personas, y que, como es lógico, en nuestro trabajo es absolutamente indispensable, hay siempre posiciones y opiniones encontradas.

Algunas profesionales opinan que al cobrar menos, los usuarios se toman más libertades, al menospreciar a la profesional. Si cobra menos, personalmente vale menos.

En el otro extremo, encontramos trabajadoras cuya opinión es la de que al pagar más, el cliente se siente con más derecho a hacer cuanto le place, bajo el prisma: -“puesto que pago más, tengo más derechos”-

Suponemos que todos valemos lo mismo. Partimos de la base de que hombres y mujeres somos iguales. Lo dice la Constitución no?

Observemos un argumento habitual en algunos usuarios:

Todas mienten/mentimos, todas ofrecen servicios que a la hora de la verdad no realizan, todas son nuevas, novatas, recién salidas de una nube rosa, todas mentimos sobre la edad, todas mentimos sobre nuestra altura, todas mentimos sobre nuestra talla de pecho, todas sobre nuestro peso, todas sobre nuestros estudios y educación, y así podríamos seguir llenado páginas y páginas.

Al final, para un determinado sector de clientes son/somos unas embusteras. ¿Y cómo se desquitan? Creyendo que su dinero le da más poder, más derechos que aquellos que ha contratado. Y cómo no. Usando la bendita palabra PUTA!!

Esa palabra, que algunos retrógrados aún utilizan como si fuera estandarte de algún movimiento imaginario, se sienten en plena cruzada. Verdaderos guerreros defensores de grandes causas. Contra las PUTAS!!

Putas somos. Y no es ninguna vergüenza. Es un trabajo. ¿Que se pueden usar otros términos políticamente más correctos?…bien.

Veamos algunos ejemplos:
Prostitutas, rameras, furcias, pelanduscas, busconas, zorras, meretrices, cortesanas, pepas, lumis, escorts (término en inglés muy en boga en los últimos tiempos), trabajadoras sexuales….

Puta está bien. Es coloquial, es corto y todo el mundo sabe de qué hablamos. De Putas. Los puteros no van de pepas, van de putas. Hay que ser realista. Puta. Puta. Digámoslo alto y claro. Porque de no defender nosotras mismas esa palabra en concreto, será usada por unos cuantos gallitos de corral como término despectivo y soez. Intentando denigrar no a una profesión, no a una profesional, si no a una Persona.

Y siguiendo el razonamiento de este tipo de usuario, encontramos que como la mujer que tiene delante, sólo es una Puta, la trata como mejor le place.

Si este cliente pagó un precio considerado bajo, menosprecia a la prostituta como persona y profesional diciéndole que si realmente fuese guapa, tuviera buen cuerpo y valiese para follar, cobraría más,

pero…”-sólo eres una puta barata!!!!-“

Si el mismo tipo de cliente, paga por estar con una profesional de más alto caché, “entiende” que por el preció que abonó tiene “derechos adquiridos”.

“-Oye puta, por muy buena que estés y por mucho que cobres, no eres más que una puta!!!-“

No hay diferencia, pues, entre este tipo de clientes a nivel emocional por su parte. El dinero del que uno disponga para acceder a un servicio de sexo de pago, no le hace mejor persona, ni más empático, ni siquiera le predispone a pasárselo mejor. Porque en algunos casos, este tipo de cliente, se concentra más en los posibles o imaginarios fallos, que en que su encuentro sea lo más satisfactorio posible.

Es pues el cliente que usa la palabra PUTA un cliente abusivo?
En general, por supuesto que no.

Lo es, única y exclusivamente el que usándola en sentido peyorativo y despectivo trata de menospreciar a la persona que tiene delante, pague lo pague y sea el trato de la profesional, malo, bueno o excelente. Lo mismo le da.

Se siente fuerte tras esa palabra. Más hombre. En fin…

Sin embargo, no hay que olvidar que, en el fragor de un buen juego sexual, hay palabras que incitan, excitan, provocan, y ésa es una de ellas. Yo añadiría incluso que es la palabra estrella. Y que a muchas mujeres, no sólo a profesionales, les gusta que se lo digan.

Así pues, volvemos al principio del texto, el respeto. Ése que sin duda cualquier profesional de cualquier sector le debe a sus clientes, pero que sin duda alguna debe ser correspondido en su justa medida.

No somos muñecas de porcelana, no nos rompemos, no hay que tratarnos como si fuésemos de cristal. Somos como el resto de seres humanos. Nos afectan las mismas cosas, sean buenas o malas, excelentes o regulares.

Y los usuarios, no son diferentes de cualquier otro hombre con el que tengamos que tratar. Merece nuestra total atención en el tiempo que nos ha contratado, merece nuestra mejor sonrisa, nuestra mayor consideración, el servicio que se nos ha requerido, (ya pactado normalmente) y eso es Respeto.

Y el Respeto es básico para cualquier relación, para cualquier negocio, para cualquier transacción.

Deberíamos aprender a usar el Respeto para con las Putas.
Así como las Putas deberíamos tener como dogma de fé, el Respeto debido para con nuestros compañeros de juego. Quid pro quo.

Todo hay que ganárselo. No nacemos sabiendo, aprendemos día a día.
Nosotras como profesionales y nuestros clientes como usuarios.

Paula

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