España, destino de turismo sexual

La falta de legislación, la gran oferta de prostitutas, prostíbulos y webs que ofrecen chicas sitúan a España en el tercer lugar preferido para buscar sexo

Prostitución en la calle Montera JAVIER BARBANCHO

  • IRENE HDEZ. VELASCO

Existe un país en el que, según cálculos de su Gobierno, ejercen como prostitutas unas 45.000 mujeres, aunque hay expertos que estiman que la cifra real podría ser mucho mayor. Donde cientos y cientos de puticlubs y locales de sexo de pago salpican su geografía, algunos de ellos tan enormes que son como parques temáticos en los que prestan servicios sexuales hasta 200 mujeres.

En ese país, la oferta de prostitutas es tan amplia que no sólo se puede elegir entre búlgaras, rumanas, dominicanas, rusas, brasileñas o nigerianas, por citar algunas nacionalidades, sino que los precios son extremadamente competitivos. Por cinco euros, lo que cuesta un par de docenas de huevos, le pueden hacer a uno sexo oral. Y por 60 euros, un completo en una habitación de hotel con sábanas limpias y luces psicodélicas. Según el Instituto Nacional de Estadística de ese país, la prostitución representa el 0,35% del total de su Producto Interior Bruto. Es una de las inversiones más rentables, hasta el punto de que según su Ministerio del Interior genera unos cinco millones de euros al día.

Ese país tiene, además, una legislación sobre prostitución extremadamente laxaen la que en ningún caso se persigue ni condena a quien paga por sexo ni a los locales donde tiene lugar el mismo. Y una cultura social en la que no suele estar mal visto ir a un burdel. Ese país goza de buen clima, playas maravillosas y gente amable. Por todo eso, es uno de los principales destinos de turismo sexual del mundo y a él acuden cada año hordas de personas atraídas por su amplia red de mujeres en prostitución y sus más de 1.500 burdeles, según estimaciones de la Policía.

¿Camboya? ¿Tailandia? No.

¿República Dominicana? ¿Brasil?

Frío, frío. Ese país es España.

España se ha convertido en una de las principales metas de quienes viajan en busca de sexo de pago. Está, y bastante arriba, en la lista de los 10 países más populares para el turismo sexual, junto a destinos clásicos como Tailandia, Brasil, Indonesia, Colombia, Camboya, Kenia, Filipinas, República Dominicana u Holanda. La mayoría de las clasificaciones ya sitúan a España en la tercera posición. “Y algunas incluso en la segunda”, advierte Asunción Miura, representante de la Comisión para la investigación de malos tratos a mujeres y de la Coalición internacional Contra el Tráfico de Mujeres.

“Por supuesto que hay turismo sexual en España, sin duda. Los propios cuerpos de Seguridad del Estado nos lo han confirmado. Sólo hay que ver cómo la mayoría de los clubes de alterne se concentra en las zonas turísticas. En Andalucía, el grueso de burdeles se agrupa en las provincias costeras, no en las del interior. Y en temporada alta, Canarias y Mallorca se llenan de mujeres que ejercen la prostitución y que, en cuanto acaba el periodo turístico, son trasladadas por las mafias a otros lugares”, sostiene Jorge Uroz Olivares, profesor del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad de Comillas y, quien hace dos años, realizó junto a su equipo un estudio sobre prostitución y trata de mujeres para el Ministerio del Interior que ahora está ampliando. “Hasta existen agencias de viajes extranjeras que publicitan España como destino de turismo sexual. Al paso que vamos nos convertiremos en la Tailandia de Europa”.

Foros y ránkings de burdeles en Internet

Internet está repleto de páginas que recomiendan España a todo el que esté interesado en sexo de pago. “España se está convirtiendo en uno de los destinos de turismo sexual más populares del mundo”, subraya la llamada wikisexguide, una web con pretensiones de ser una Wikipedia del sexo, al tiempo que explica algunos atractivos patrios: “La prostitución es como si fuera legal en España, existe un vacío legal. Las trabajadoras sexuales no están penalizadas, mientras que los proxenetas sí. El 90% de las prostitutas son inmigrantes ilegales (muchas procedentes de América del Sur) e introducidas en España a través del tráfico ilegal de seres humanos, lo que deja a muchas en un limbo legal”, destaca.

“España es el país número uno de Europa en turismo sexual, habiéndole tomado la delantera a Ámsterdam. La prostitución es completamente legal, así que montones de colegas acuden allí cada año”, dicen en la web de ocioladsholidayguide.

Hay hasta foros donde los usuarios dan su opinión sobre burdeles. Una especie deTripadvisor que, en lugar de calificar hoteles y restaurantes, valora y puntúa la calidad de los burdeles y sus mujeres (procedencia, características físicas, servicios sexuales…). “Es como un burdel de lujo. Llamas, entras y te da la bienvenida una madam que te ofrece bebida. Luego hace entrar una selección de mujeres jóvenes. Su aspecto varía de medio (6-7) a guapas/sexy (9). Tras elegir a una chica te retiras al dormitorio y acuerdas el precio con ella (media hora, 60 euros; 1 hora, 120 euros). Mientras ella va a por sábanas limpias, tú te puedes duchar. Todo está limpio y ordenado. Las chicas suelen ser simpáticas. Merece la pena una visita”. Según este usuario, “es el mejor de Valencia”. Es la valoración que un talPirateHasLanded hace de EvenOnce, un conocido puticlub de Valencia. “Sí, casi la mitad de nuestro clientes son extranjeros. Algunos vienen en grupo, otros solos. Hay de todo”, nos confirma una empleada de ese local.

En Flowers, un burdel en la autovía Madrid-A Coruña, es frecuente ver extranjeros. Hace unos días vimos allí a un grupo de orientales que había aprovechado un viaje de negocios a la capital española para probar también sus reputados burdeles.

La gran oferta de mujeres en prostitución y lo baratos que son sus servicios son indicados reiteradamente como puntos fuertes de España. Según el listado de precios que incluye la wikisex, por 35 dólares (30 euros) se puede obtener un servicio sexual de una prostituta negra en Madrid.

“Tiene todo el sentido que España sea uno de los mayores destinos del mundo de turismo sexual. Y no me extrañaría que fuera el número uno en turismo de burdeles. Tenemos los dos principales ingredientes: somos un país con una gran oferta de mujeres en situación de prostitución y locales de pago por sexo y uno de los países del mundo que más turistas recibe. Tenemos las dos cosas necesarias: muchísimos potenciales prostituidores -varones que pagan por sexo- y una oferta variada de prostitución”, sostiene María José Barahona, profesora de Trabajo Social en la Universidad Complutense y autora de varios estudios sobre prostitución.

Sin castigo en España

España cuenta con una legislación muy permisiva, que únicamente castiga al proxeneta y sólo en los pocos casos en que se demuestra que lo es. En Suecia o Noruega el cliente es perseguido y corre riesgo de cárcel.

“Tenemos una red gigantesca de burdeles, unos 1.500, a los que sumar montones de pisos privados que ocultan mujeres que ejercen la prostitución y que se publicitan en anuncios de contactos u octavillas por la calle. La oferta es enorme y, como la prostitución no está prohibida ni penada ni quienes pagan por sexo están perseguidos, España es un destino atractivo para el turismo sexual. Por haber hay hasta menores, no es necesario viajar a Tailandia, están aquí. La prostitución mueve más dinero en España que el tráfico de drogas”, subraya Uroz Olivares.

El municipio catalán de La Junquera, fronterizo con Francia, está inundado de puticlubs y macroburdeles como Paradise, que con sus 200 mujeres como oferta, lleva a gala ser el más grande de Europa. Y otro tanto sucede en zonas lindantes con Portugal. Incluso el Plan de Acción para la Erradicación de la Trata, la Prostitución y otras formas de Explotación Sexual (2010-2015) realizado por el Ayuntamiento de Sevilla sostiene que en esa ciudad “hallamos todas las variantes posibles de la prostitución”, incluyendo entre las nuevas formas el “turismo sexual”.

“No tenemos constancia de que existan paquetes turísticos sexuales con destino a España, pero sí la sospecha de que podría haberlos. Y si aún no los hay, al paso que vamos no tardará mucho en haberlos, encontrándonos como nos encontramos dentro de las rutas de turismo de burdel”, pronostica Barahona.

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/10/13/57fe88b2e5fdea63208b4583.html

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Pagar por sexo, normal entre los jóvenes

Los chicos han integrado ir de prostitutas en grupo como parte del ocio

Lo hacen más por una satisfacción emocional que sexual y no sienten ningún dilema ético

Dos chicos jóvenes conversan con una prostituta en Madrid. Reportaje Gráfico: JAVIER BARBANCHO

  • IRENE HDEZ. VELASCO

Lucas y Javier son dos amigos universitarios de 21 años. Cuando llega el sábado y no tienen nada mejor que hacer, cuando no cuentan con un plan más apetecible, se suben en el Ford Focus gris de Lucas y ponen rumbo a la colonia Marconi, en Madrid sur. Dan vueltas, observan divertidos a las mujeres que allí ofrecen sus servicios sexuales a cambio de dinero, hacen comentarios obscenos sobre el cuerpo de ésta o aquella y deciden qué chica les gusta más. Entonces, detienen el vehículo y comienzan a negociar. Cuando han cerrado el precio, uno de ellos sale del coche mientras el otro recibe en el interior el servicio sexual que haya contratado. Y luego, lo mismo con el otro. “Depende de la chica, claro, pero hemos echado polvos de película por sólo 15 euros”, asegura Javier.

No les gusta ir por ahí aireando que van de putas. “Sobre todo entre las chicas, muchas se lo toman mal”. Pero tampoco tienen conciencia de estar haciendo nada malo. “Estoy en contra de las mafias que explotan a mujeres, eso sí, pero éste es el oficio más antiguo del mundo, siempre existirá y las que quieran ejercerlo libremente tienen derecho a hacerlo“, dice Lucas.

Cambiamos de escenario. Un sábado reciente en el café espectáculo (léase puticlub) Flowers, en la carretera Madrid-A Coruña. A la 1.30 horas un grupo de cinco ruidosos veinteañeros sube la escalera de mármol rematada con columnas de estilo romano por la que se accede al local. Saludan a los gorilas vestidos con traje negro que vigilan el acceso, entran, se piden una copas (12 euros el cubata, 10 euros el refresco) y se acodan en la barra ovalada mientras una treintena de mujeres dan vueltas a su alrededor, en plan pasarela, y se van parando sucesivamente junto a ellos para que comprueben el material. Los chavales las observan con deseo y las toquetean entre risas mientras apuran sus cigarros, que como el resto de clientes apagan sin contemplaciones pisándolos contra el suelo. Tienen que elegir una mujer para uno de ellos porque, aunque han hecho un fondo común, esta vez el dinero no les alcanza para todos. Lo han echado a suertes y el ganador tendrá como premio acceder al cuerpo de una mujer a cambio de billetes.

España, ya se sabe, es el tercer país del mundo con mayor demanda de sexo de pago y el primero de Europa, como ya recogía en 2008 un informe de la ONU. Pero la novedad es que cada vez más son chavales los que recurren a él. Representantes policiales llevan algún tiempo alertando de la “bajada escandalosa” de la edad media de quienes pagan a mujeres a cambio de sexo. “Nos imaginamos al señor de corbata de 50 o 60 años, pero la realidad es que el cliente es mucho más joven, de 19 o 20“, señalaba ya en 2015 el inspector jefe José Nieto, al frente del Centro de Inteligencia de Análisis de Riesgo de la Policía Nacional.

“Están cambiando mucho y muy rápidamente los hábitos de los jóvenes. Cada vez es más común que grupos de chavales recurran a prostitutas como mero entretenimiento. Para ellos, el sexo de pago es algo normal. Igual que consumen alcohol y marihuana, la prostitución es una diversión más”, cuenta Luis Mariano García Vicente, profesor de Trabajo Social en la Universidad Complutense y coautor, entre otros, del estudio Una aproximación al perfil del cliente de prostitución femenina en la Comunidad de Madrid, en el que mostraba cómo muchos jóvenes salen en grupo en busca de meretrices con el mero objetivo de divertirse.

Ningún conflicto ni ético ni de ningún tipo

Ya arrojó datos sorprendentes el estudio sobre prostitución que en 2014 García Vicente y otros investigadores realizaron entre estudiantes universitarios masculinos de hasta 25 años de Económicas, Derecho, Trabajo Social y Psicología (eligieron Económicas y Derecho porque de esas carreras suelen salir quienes luego ocupan puestos de poder, y Trabajo Social y Psicología porque son dos disciplinas que se ocupan de la prostitución). Alrededor del 20% de los encuestados declaró que no tendría absolutamente ningún problema en recurrir a los servicios de meretrices y que estaría dispuesto a hacerlo, por lo que el equipo dedujo que muchos ya lo habían hecho.

Los estudiantes de Derecho fueron los que se llevaron la palma. “Para la inmensa mayoría de los que cursaban esa carrera no había conflicto ni religioso ni político ni de ningún tipo con el hecho de recurrir a prostitutas. Para ellos era algo completamente banalizado, que hacían por pura diversión”, asegura María José Barahona, otra de las autoras de la investigación. Según ese mismo estudio, el 89% de los chavales se declaraba a favor de que se regularice la prostitución.

“La prostitución implica violencia de género, una mujer que realiza prácticas sexuales a 10 hombres a cambio de dinero es obvio que es víctima de esta violencia. En mi opinión no se puede regular algo que conlleva violencia de género”, sentencia García Vicente, quien no duda en cargar buena parte de la responsabilidad en la propia sociedad. “Todos los esfuerzos se han concentrado en penalizar el tráfico de seres humanos relacionado con la prostitución y eso ha contribuido a que los jóvenes sean cada vez más permisivos con la prostitución entendida como servicio”.

“Los jóvenes incluyen los clubes de prostitución en su ruta de ocio”, asegura María José Barahona, profesora asimismo de Trabajo Social en la Universidad Complutense de Madrid y, con sus más de 20 años de experiencia a las espaldas, una de las mayores expertas en el estudio de la prostitución de España. “Los chavales van a los puticlubs a tomar unas copas y acaban muchas veces juntos en una misma habitación con una prostituta a la que se intercambian. Y, si no tienen dinero para eso, echan a suertes quién se va con ella”.

Barahona ha visto con sus propios ojos a menores de edad en la Casa de Campo de Madrid, chavales de 14 y 15 años que sorteaban entre ellos quién se ganaba que una prostituta le hiciera sexo oral. “Se trata de un comportamiento que tienen muy normalizado, así que no les provoca ninguna reflexión o debate ético. Lo consideran una diversión, no lo ven como lo que es: un acto de crueldad hacia otro ser humano. En ese sentido, por ejemplo, prefieren no saber si las mujeres a las que pagan son víctimas del tráfico de personas o no“.

Cada vez más jóvenes adictos al sexo

También Fernando Botana, terapeuta y director de Sinadic, un centro de Madrid que lleva 25 años tratando adicciones, ha advertido un gran incremento en el número de chavales que llegan a su consulta. “Antes apenas teníamos pacientes jóvenes, lo primeros nos llegaron hace tres años y ahora alrededor del 30-40% de todas las personas a las que tratamos por adicción al sexo tiene entre 22 y 24 años, por lo que empezaron con 16 o 17 años. Por lo general son chavales adictos a la pornografía y a las citas sexuales, que disponen de unos 600 euros al mes y que se lo gastan todo en prostitutas”.

Este psicólogo también ha constatado que ir de putas se ha convertido en una moda juvenil. “La adolescencia es un periodo en la que el joven adquiere su identidad, y esa identidad se la da el grupo. Ir a prostíbulos se ha convertido en una seña de identidad. Van en grupo, muchos por no querer diferenciarse de los demás”. Según advierte Botana: “Acudir a un prostíbulo con amigos puede parecer que no es grave, pero a esas edades puede desequilibrar enormemente”.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha realizado en total tres encuestas en las que ha abordado el tema de la prostitución -en 1986, 1994 y 2008-, y que revelan cómo la actitud de los españoles respecto al sexo de pago se ha ido suavizando paulatinamente con el paso de los años, hasta el punto de que en la última, cerca del 80% se mostraba “muy o bastante de acuerdo” con que la prostitución es algo inevitable que debe, por tanto, legalizarse. En 2013, un sondeo realizado por la Fundación Atenea también ponía sobre el tapete cómo los jóvenes madrileños entre 16 y 24 años ya tenían una visión bastante particular sobre la prostitución. Sentían profunda indiferencia hacia las mujeres en esa situación y consideraban que la práctica debería legalizarse porque forma parte de la libertad del individual.

La pregunta es: ¿Por qué va a recurrir un joven a una prostituta en una sociedad hipersexualizada en la que existen aplicaciones que te ponen en contacto con personas cercanas que buscan mantener relaciones íntimas? “Los chavales que recurren a prostitutas suelen tener un déficit de habilidad emocional, que no social. Si pagan 20 euros se ahorran todos los prolegómenos. Muchos tienen problemas para contactar con el otro y pagar les permite ir al grano. Además pagar te hace sentir valorado, hace crecer tu autoestima y tu sentimiento de valía, porque al pagar tienes a una mujer que se pone a tu servicio”, resume Fernando Botana.

Barahona comparte esa opinión: “Los chavales no lo hacen tanto por gratificación sexual como psicológica. Ellas les sonríen, les halagan, les hacen sentirse estupendos… Y a ellos les gusta eso y saber que tienen las riendas del poder en esa relación, porque el que paga exige, y luego alardean ante el grupo. Por no hablar de que además así se evitan el cortejo, el tener que salir a cenar con a una chica, ir al cine…” “Con las putas ahorras tiempo y dinero”, reconocen muchos jóvenes entrevistados para este reportaje.

Para esta profesora de Trabajo Social esto “deja en evidencia que hemos avanzado poco en igualdad de género. Porque la prostitución es lo que más descarnadamente muestra el lugar social que ocupa la mujer”.

http://www.elmundo.es/sociedad/2016/09/17/57dc397ae2704ed66e8b4627.html

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El puticlub de las cuñas machistas: “Níscalos rositas, el champiñón lo pones tú”

El Instituto de la Mujer denunciará al club de alterne por ser vejatorias para la mujer. Madame Misisipi se defiende:”no hay más clientes que antes de las cuñas”.

Fachada del polémico puticlub de Aranda de Duero (Burgos)

Fachada del polémico puticlub de Aranda de Duero (Burgos) Youtube

PILAR VIDAL @pilarvidal2014

El Instituto de la Mujer denunciará al club Misisipi (Crta. N-I Madrid-Irún Km 160) por una campaña de cuñas emitidas en la Cadena SER de Aranda del Duero (Burgos), al considera que “dañan la imagen y son vejatorias para las mujeres”.  “Otoño es la mejor época para hacer el amor porque se abre la castaña y crece el nabo. Sube al club Misisipi y comienza el nuevo ciclo limpio de polvo y paja”, son algunos de los eslóganes que contienen los textos de estas promociones picantonas.

Las campañas de radio se han interrumpido asegura la madame del puticlub en conversación con EL ESPAÑOL. “No queríamos ofender a nadie. Las chicas escucharon las cuñas antes de que se emitieran y les parecían bien. Hace falta tener un poco de sentido del humor para entenderlas”, defiende. La emisora de radio tiene entre su lista de clientes a cinco prostíbulos de la zona. De los textos y las locuciones se encargan los redactores de informativos.

El objetivo de la campaña no era otro que aumentar la afluencia de clientes, algo que no ha sucedido. “Tenemos los mismos clientes que antes y después de las cuñas. La gente viene aquí por el trato. Entran muchas mujeres con amigos o con sus parejas para tomar algo y ver el show. Las mujeres de Aranda nos apoyan y no se han sentido ofendidas”, explica la madame.

Lo cierto es que este Halloween el Misisipi 2 ha enmudecido en las ondas y no ha podido anunciar su fiesta especial como era su intención. “Queremos pedir perdón si hemos ofendido a alguien, no era nuestra intención. Esto es un negocio picante, pero como otro cualquiera y tenemos derecho a publicitarlo. Aquí trabajan muchas mujeres y hombres y no se han sentido ofendidos”, matiza. No opinan lo mismo desde el Instituto de la Mujer que piensan actuar con la Ley de Violencia de Género en la mano por publicidad ilícita, dado su carácter machista.

Van a tener trabajo ya que la moda se ha extendido del Misisipi al Dos Escudos, otro night club que sí ha promocionado Halloween siguiendo el mismo estilo: “Llegarás hecho un travieso y saldrás bastante tieso…”.

http://www.elespanol.com/corazon/20151031/75742427_0.html

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Polémica por el anuncio de un prostíbulo en la SER: “Si comes setas te pones burro”

El Instituto de la Mujer denunciará a un puticlub de Aranda de Duero que promociona sus servicios en la radio con «soeces» comparaciones micológicas

Seteros y puteros: una publicidad conflictiva

ANTONIO CORBILLÓN

Semana de las setas en el club Mississippi. Boletus peluda, amanita jamona, lepista desnuda. ¡Todas comestibles! Sube y participa con tu champiñón morado… Y recuerda, quien de setas se alimenta, ¡se pone burro sin darse cuenta!». Es la cuña que suena esta temporada en la cadena SER de Aranda de Duero (Burgos) para promocionar los servicios de un club de alterne de la localidad. Desde que arrancaron hace tres años, los anuncios de esta emisora se han convertido en un clásico, la «comidilla de las tertulias» de este municipio de la ribera del Duero. Ahora ya son virales y las redes sociales han disparado su radio de acción.

Con cada evento, ya sea carnaval o la cosecha, las ondas locales prometen una nueva batería de cuñas. «La crisis nos hizo afinar», reconoce el director de SER Aranda, Fernando Berzosa. Ellos se encargan de los textos y de las grabaciones, que realizan los redactores de los informativos. Empezaron en 2012 incluyendo a los cuatro o cinco prostíbulos de los alrededores en su lista de posibles clientes. «Al principio nos incomodaba un poco –continúa Berzosa–. Pero, tras analizar los textos, llegamos a la conclusión de que no pueden herir a nadie. Es lo más parecido al Club de la Comedia. Nos gusta hacerlos picantones». Puestos a ser cáusticos, los guionistas podían haberse acordado de otras setas que existen en la naturaleza, como la phallus impudicus o la phallus rubicundus. Ambas comestibles, por cierto.

«Las cuñas las sometemos a la sensibilidad de nuestro equipo –diez personas–. Hay varias chicas y nadie se ha quejado», remacha su argumentario Fernando Berzosa, que reconoce que la campaña de este otoño «roza el límite. Le dimos varias vueltas. Las anteriores eran más suaves». Mejor que juzgue cada cual. Ahí van un par de ejemplos de promociones previas:

– Otoño es la mejor época para hacer el amor porque se abre la castaña y crece el nabo. Sube al club Mississippi y comienza el nuevo ciclo limpio de polvo y paja.

– ¿Te has enterado? En Valdocondes (pueblo cerca de Aranda) han vuelvo a abrir el… Donde te limpian el sable, donde te tocan la flauta, donde te pelan el mimbre … Ven a conocer Plan B. Y recuerda: lo mejor para combatir el frío es un trío. (La cuña trata de imitar la voz de ‘Torrente’, el poli cutre de las películas de Santiago Segura).

El caso es que esta publicidad tiene éxito y cumple su objetivo: aumentar la afluencia al Mississippi, el prostíbulo que más éxito tiene en la zona, según confirman en el pueblo. Ubicado a mitad de camino de la conocida ‘ruta del amor’ –la N-1 entre Madrid e Irún–, Aranda ha gozado desde siempre de una amplia oferta de puticlubs, esos escenarios de neón que rompen la monotonía de las cunetas. «Siempre hay ‘bocas malas’. Pero los que hablan mal son los que más vienen por aquí», confirma una de las responsables del Mississippi, con acento inequívocamente foráneo. «Se han multiplicado las llamadas» gracias a las cuñas y, por eso, van a mantenerlas «al menos hasta Navidad».

«Vejatoria para la mujer»

Salvo que el Instituto de la Mujer del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad disponga lo contrario. «Esos anuncios son impresionantemente soeces y vamos a actuar desde la Ley de Violencia de Género por publicidad ilícita, dado su carácter sexista», avanza su directora, Rosa Urbón. Desde esta institución insisten en que no cuestionan los servicios sexuales, «sino su fórmula para promocionarlos». La ley les permite actuar cuando alguna campaña «daña la imagen o es vejatoria para las mujeres». Urbón reflexiona incluso sobre si «no se está produciendo un daño sobre la propia imagen de la ciudad».

Llama la atención el linaje del propietario de la emisora. Fernando Berzosa pertenece a una de las familias más poderosas y conservadoras de Aranda. Su hermano, Raúl, es obispo de Ciudad Rodrigo y su hermana, María José (sor Verónica), ha creado en la cercana Lerma la Iesu Communio, la mayor comunidad religiosa de España, con hilo directo con el Vaticano.

El Mississippi no es el primer puticlub que recurre a la publicidad. El Model’s de Asturias anuncia que «desde que amanece apetece» y el Don Pepe y Don José de Granada ofreció la segunda copa gratis al que apoyara la candidatura de la Alhambra como Patrimonio de la Humanidad. Algunas de sus prostitutas hasta posaron para los medios de comunicación.

guasa popular

¿La inspiración del anuncio de setas?

Las redes sociales, atentas a las campañas de promoción del Mississippi, también convirtieron en viral el año pasado una foto que algún gracioso clavó delante del club: muestra uno de los muchos carteles que pueden leerse en otoño en los bosques y pinares y que advierten de los ‘aprovechamientos de setas’ en los cotos micológicos. ¿Fue la inspiración de la campaña que se escucha estos días?

http://www.ideal.es/sociedad/201510/19/seteros-puteros-20151018185123.html

 

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Los clientes que recurren a la prostitución en Madrid son cada vez más jóvenes

El 27 % de los hombres de 18 a 49 años admite haber pagado por tener relaciones sexuales

Los clientes que recurren a la prostitución en Madrid son cada vez más jóvenes

JOSÉ RAMÓN LADRA

El sexo ha encontrado su lugar en la nueva generación de «nativos digitales» y sus nuevas formas de comportamiento y ha provocado un cambio de perfil en el cliente de la prostitución. El acercamiento al sexo de pago resulta, cada vez más, algo socialmente aceptado y empieza a ser habitual que muchas noches de fiesta, cumpleaños o despedidas de soltero terminen en un club de alterne o con compañía de pago. La normalización de la prostitución como una actividad de ocio más también ha hecho que la edad media de los clientes haya descendido considerablemente.

Según los estudios de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (APRAMP), el cliente habitual en 1998 era un hombre casado, con cargas familiares y mayor de cuarenta años. En 2005 la tendencia cambió y comenzaron a predominar los jóvenes de entre veinte y cuarenta. Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística (INE) indica que el 27% de los hombres españoles de 18 a 49 años reconoce haber recurrido alguna vez a los servicios de una prostituta.

«Hasta hace unos años, cuando uno hablaba de los clientes de la prostitución se imaginaba a un señor de cuarenta o cincuenta años. En la actualidad esto ha cambiado y ahora la persona que opta por este servicio es más joven, en torno a los veinte o treinta». Fernando Ríos, psicólogo y experto en comportamientos sexuales, considera que esta bajada de edad es algo «natural» que se debe a que ahora los jóvenes se inician en este ámbito mucho antes y «empiezan a mantener relaciones antes incluso de los catorce años». De este modo, justifica que también tengan inquietud por experimentar antes con prostitutas.

Gratificación inmediata

Asimismo, Ríos establece como un factor clave la necesidad por parte de muchos jóvenes de lograr una gratificación inmediata, lo que se traduce en que «no entienden un no o un más adelante». Es el caso de Tomás. Tiene menos de veinticinco años y una actitud muy clara ante la prostitución. «Ligar cuesta mucho trabajo. Tienes que pasarte varias horas hablando con una tía, invitarla a cenar o a tomar una copa y luego puede decirte que no, no hay ninguna garantía de éxito. En cambio en el ‘puticlub’ llegas, pagas y listo. Es todo mucho más fácil, te evitas las complicaciones y te aseguras que esa noche vas a tener sexo».

Sin embargo, no todos los jóvenes acuden a las prostitutas como forma de tener relaciones rápidas y sin compromiso. Hay quienes ven en el sexo de pago una manera de superar sus miedos y su falta de experiencia. Un ejemplo de ello es Alfonso, quien a sus veintiún años reconoce haber perdido su virginidad con una meretriz. «Soy muy tímido y me cuesta mucho relacionarme con las mujeres. Opté por hacerlo por primera vez con una profesional para quitarme la presión y olvidarme de si iba a quedar bien o no». Además, destaca la facilidad con la que se puede acceder a toda la información que se necesite en internet: «Hay foros en los que la gente cuenta sus experiencias con las chicas con las que han estado y te sirve para llamar a la que mejor se adapta a tus gustos y necesidades».

Alexandra lleva más de diez años dedicándose a ejercer la prostitución en su propio domicilio. En este tiempo ha sido testigo del cambio generacional experimentado por la mayor parte de sus clientes, aunque asegura que no sabe dónde está el problema con la edad. «No me preocupan los años que puedan tener, lo importante es la educación. Se presenta a los jóvenes como culpables y la mayoría de ellos muestran más respeto por nosotras que las propias autoridades». En este sentido, denuncia que a los gobiernos «solo les preocupan las prostitutas en la calle para podermultar y sacar dinero».

Desde Hetaira, la asociación defensora de los derechos de las trabajadoras del sexo, tampoco sitúan la gravedad en la edad de los clientes, sino en la falta de prevención y concienciación por parte de muchos de ellos. Un descenso en la percepción del riesgo respecto al SIDA que conlleva que desde este colectivo hagan especial hincapié «en la exigencia del uso del preservativo».

Más allá de valoraciones, el perfil del cliente de la prostitución ha cambiado, se ha rejuvenecido. El sexo de pago se ha convertido en algo socialmente aceptado, una opción de ocio más para muchos jóvenes.

«Sí» a la legalización

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Puteras

Hay una casa de masajes tantra en Madrid. Pagas desde 60 euros por que una o un profesional te masajée todo el cuerpo en una sala decorada con mimo, llena de futones, cojines, espejos, velitas, incienso… Cuando digo todo el cuerpo, me refiero a que incluye estimulación genital, cuyo resultado en el caso de las mujeres es una concatenación de orgasmos e incluso la misteriosa, temida y ansiada eyaculación femenina. En el caso de los chicos, imagino que se conseguirá tener orgasmos sin eyaculación. ¿Cómo sé todo esto? Porque me lo ha contado una amiga. En serio. Y justo por las mismas fechas, una lectora de Pikara dejó un comentario de lo más eufórico en el artículo sobre eyaculación femenina que tanto éxito sigue teniendo. Mi amiga se lo pasó pipa, vivió cosas muy nuevas para ella, el efecto le duró días, y salió con el firme propósito de regalarse ese pequeño gran placer todos los meses.

Desde que me lo contó, no me quito la idea de la cabeza, y las amigas a las que le he hablado de ello han reaccionado con similar entusiasmo. En una cena de las redactoras pikaras madrileñas, M en Conflicto puso el dedo en la llaga: “Tenéis claro que eso es trabajo sexual, ¿verdad?” En efecto, ¿qué diferencia hay entre ese centro de tantra y los masajes con final feliz que se anuncian en las páginas de contactos de los periódicos (esos que la mayoría de periodistas feministas abogan por prohibir)? M en Conflicto venía a decir que las mujeres necesitamos todo ese halo de sofisticación y profesionalidad para no sentirnos puteras.

Es un poco lo que ha ocurrido con los sex shops: no, nosotras no vamos a esos lugares sórdidos de luces rojas repletos de pollas descomunales y muñecas hinchables; nosotras vamos a tiendas eróticas. No me malinterpretéis: me parece genial que haya negocios ligados al erotismo que resulten finos y atractivos. La cuestión es que en última instancia vuelven a disfrazar la sexualidad de las mujeres, es eufemístico decir que una paga 60 euros para que la masajéen, cuando lo que busca es que un bellezón en paños menores le haga correrse una y otra vez durante media hora.

Diana J. Torres habla en Pornoterrorismo de su iniciativa frustrada de prostitución de mujeres para mujeres: Mujeres horizontales:

Las feministoides se me echaron encima (“qué barbaridad, la explotación de la mujer de la mano de otra mujer”), apenas tuve clientas, y el e-mail que utilizaba para realizar los contactos se me convirtió de la noche a la mañana en un consultorio sentimental (“mi marido no me come el coño”, “quiero probar con una mujer pero no me atrevo”, “quiero ver a mi mujer follando con otra mujer pero no sé cómo hacerlo”, “cuéntame cosas de ti a ver si me decido”, etc, etc). Al final me cansé y pasé de seguir con aquello que no me conducía a ninguna parte, mucho menos a enriquecerme y vivir de mi coño (motivación inicial).

Pero Torres no se desanimó, y puso en marcha un segundo proyecto, Perrxs horizontales. En este caso, ya no se oferta sexo entre mujeres, sino que personas diversas detallan qué tipo de servicios están dispuestas a proporcionar, y a qué tipo de personas. Hay espacio para propuestas creativas, como el safari de cruising, pack noche de desenfreno (incluye ir de fiesta por los antros de las perras), sesiones privadas y comentadas de posporno, lucha de barro, ser tu puta psicóloga… De la mano de viejas conocidas del posporno como María Llopis, Go Fist Foundation o la propia Diana Pornoterrorista.

Descubrir el centro de masajes tantra y Perrxs Horizontales me sirvió para reafirmarme definitivamente en que la prostitución no plantea en principio ningún tipo de dilema moral para mí. Es decir, no encuentro en absoluto denigrante ni cuestionable que una persona decida ofrecer sexo a cambio de dinero; ni que a una persona le apetezca pagar por sexo. Otra cosa es que en una sociedad en la que esa profesión está estigmatizada, la terminen ejerciendo en su mayoría mujeres pobres, inmigrantes, transexuales, etc. Pero así en frío, follar por dinero me parece una opción lícita y no más desagradable físicamente ni dura emocionalmente que un montón de profesiones respetadas. Y entiendo que follar pagando sea una opción morbosa, pragmática o lo que sea para algunas personas. ¿Cómo juzgar el trabajo sexual si leo lo del tantra y lo de la prostitución queer y me parecen propuestas super apetecibles?

Estoy muy de acuerdo con Alicia a través del espejo, quien en su último postaboga por que la lucha por la igualdad no implique perseguir la prostitución o la poligamia, sino dinamitar los roles por los que el hombre es el que disfruta de todo ello. Es decir, promover que las mujeres puedan comprar sexo y que puedan tener más de una pareja. Claro que no se trata de copiar modelos de dominación sexista, racista y clasista, sino de ir creando espacios en los que los intercambios sexuales se puedan dar de una forma libre, respetuosa y satisfactoria para todo el mundo.

Pero más que este asunto, me interesa otro: cómo nos sentimos las mujeres en cada uno de los papeles. Uno de los argumentos habituales de quienes defienden los derechos de las trabajadoras del sexo es preguntar cuál es la frontera de la prostitución. El matrimonio ha sido históricamente una institución sagrada, pese a que fuera más que habitual que la familia casase a su hija con un hombre acomodado. ¿Eso no es prostitución forzada? No hay que irse tan lejos. Cuando las mujeres no habían accedido masivamente al mercado laboral (o sea, antes de ayer), el matrimonio consistía en un acuerdo por el que la mujer se beneficia del trabajo productivo del hombre, y el hombre se beneficia del trabajo reproductivo de la mujer: es decir, él trae dinero a casa a cambio de que ella limpiase, criase a la prole y mantuviera relaciones sexuales con él.

Hoy en día está muy normalizado que el poderío económico sea una de las bazas para que un hombre tenga éxito con las mujeres. Aunque las cosas van cambiando, aún es habitual que el hombre pague la cena o el cine en la primera cita; que deslumbre a su amante regalándole joyas… El otro día fui con una amiga a un restaurante en Asturias. El propietario, anciano, nos hizo una broma, y el camarero, de mediana edad, le dijo a ver si estaba ligando. El anciano contestó: “No, te van mejor a ti, que eres más joven”. A lo que el camarero replicó: “Sí, pero tú tienes más dinero”. En una sociedad en la que el trabajo sexual está proscrito, ¿cómo puede alguien hacer ese comentario sin que le parezca ofensivo? ¡Nos estaba diciendo a la cara que seguro que nos interesa más el anciano porque tiene dinero! ¡Inconscientemente, nos estaba llamando putas!

Y no tiene por qué haber dinero de por medio. En nuestro imaginario colectivo está muy arraigado que el sexo no es sólo una forma de obtener placer para las mujeres, sino un recurso útil para obtener otras cosas: un ascenso, un marido satisfecho, información privilegiada, un enemigo neutralizado, un público entregado, audiencias altas, una copa gratis, un trato de favor para colarse en un sarao… No hablo sólo de mantener relaciones sexuales, sino también de utilizar la seducción, las llamadas “armas de mujer”. Quien no se haya abierto alguna vez un botón de más en la camisa esperando algún tipo de recompensa que no fuera sexual, que tire la primera piedra.

En cambio, ¿cómo nos sentimos al cambiar los papeles? Yo no lo llevo bien. En Cuba, cuna del jineterismo (vivir de los y las turistas de formas más sutiles que la prostitución tradicional), no llevé bien que el dinero estuviese tan presente en las relaciones. Se me hacía muy raro que nosotras pagásemos las copas y me empeñaba en intentar determinar si lo que le atraía a la gente era mi cartera, si esperaba sacar provecho económico de estar conmigo. Claro que no todas reaccionan así y Cuba es un destino de turismo sexual popular también para las mujeres. Con la ventaja de que, como hablábamos antes, no resulta tan abrupto pagar las copas a un mulato que nos seduce en la discoteca, que ir a un puticlub o llamar a un anuncio de contactos.

Hasta ahora a las mujeres nos ha tocado ser las putas y a los hombres los puteros. Podemos intentar que desaparezcan ambos roles, pero me temo que es imposible. También podemos asumir con normalidad que el sexo a veces es moneda de cambio, que en las relaciones entre personas a veces hay intereses económicos, laborales o de otro tipo. Lo importante es que las desigualdades de género, raza y clase no determinen qué papel le toca a cada persona. Por lo pronto, a mí me parece tentador pagar por abandonarnos al placer, permitirnos recibir más de lo que damos, aparcar la presión de dar la talla, de ser la amante ideal que describe la Cosmopolitan, y limitarnos a disfrutar. Mujeres: ¿Os apetece? ¿Os atreveríais?

*

Sí, este es el post que me he estado reprimiendo por no volver a hablar de sexo y así evitar mensajitos de hombres por Facebook tipo “Me encanta lo liberal que eres, qué bien que haya mujeres a las que les guste tanto el sexo. Me gustaría conocerte más”.

*

Al final no os conté lo de los estudiantes cubanos que nos prometían provocarnos ochenta orgasmos. Nos pusimos a hablar con ellos en la calle y nos contaron que iban a una fiesta universitaria que era gratis. Fuimos con ellos, porque andábamos justas de dinero así que queríamos ir a un sitio en el que no hubiera que pagar entrada.  No había fiesta ni nada. Nos dijeron que empezaba más tarde y nos animaron a pedir mojitos; nos prometieron que eran baratos, que ese era un sitio de estudiantes. Después nos dieron la brasa un buen rato: “Tienes que probar a un cubano (pero blanco como yo, que los negros huelen mal)”, “tengo una pinga descomunal”, “yo te voy a hacer cosas que nadie te ha hecho, yo no tengo escrúpulos” y demás estupideces. Nos reímos un rato de ellos: mi amiga se marcó un speech sobre su prolífica vida sexual en el que dejó claro que no iban a descubrirle nada nuevo. Yo les pregunté si se dejarían dar por culo, y se escandalizaron muchísimo.

Total, pedimos la cuenta para irnos y librarnos de ellos. Nuestros cuatro mojitos valían 20 CUC (carísimo, lo normal es 3 CUC por mojito) justo el dinero que llevábamos encima. A ellos les tocaba poner 10 CUC para pagar sus dos mojitos. Nos dijeron: “¿No nos vais a invitar?” Les dijimos que no, y que además no nos quedaba más dinero. Se pusieron blancos como el papel. “¿Pero qué dices? ¡No puede ser! ¿Y ahora qué hacemos? ¡No tenemos dinero! Mira bien, tienes que tener algún billete por ahí” Pensaban que esa era su noche de suerte: como poco, sacarían mojitos gratis y conversación para fardar delante de sus amigos; si la cosa no se torcía, sacarían un polvo. Tuvieron que dejar sus DNI al propietario del bar e ir a casa de sus madres a pedirles 10 CUC, o sea, más de medio salario. Hubiéramos pagado por ver la escena.

http://gentedigital.es/comunidad/june/2011/08/10/puteras/

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Paula Vip. O el orgullo de ser puta

JAVIER RUIZ PORTELLA

Decía Demóstenes, el célebre orador griego: “Tenemos compañeras (hetairas) para la voluptuosidad del alma, y concubinas (pailakas) para la satisfacción de los sentidos, y mujeres legítimas para darnos hijos de nuestra sangre y ser las guardianas de nuestros hogares.” Dejemos de lado el estatuto de la mujer casada (no existían “hetairos” para ellas…) en un mundo en el que asegurar la descendencia era primordial –hoy parece importarnos un pito– mientras que, por otra parte, no había entonces ningún medio anticonceptivo que fuese de fiar.

Lo que importa de las anteriores palabras es otra cosa: la alta estima –el cristianismo aún no había pasado por ahí– que la sociedad griega otorgaba a la prostitución. Tanto a la callejera o de puticlub (diríamos hoy), como sobre todo a esas hetairas (nuestras escorts, diríamos hoy, salvo por lo que a su reconocimiento se refiere)que eran mujeres no sólo de gran belleza sino también de refinada cultura y alta consideración social. Entre sus amantes, públicamente conocidos por todos, se cuentan dirigentes políticos como Pericles o Alejandro el Magno, filósofos como Sócrates, dramaturgos como Eurípides, escultores como Praxíteles, cuya Friné sirvió de modelo para diversas estatuas de la diosa Afrodita.

Nada que ver, desde luego, con la situación imperante en nuestras sociedades, tan “liberadas sexualmente” como pretenden los beatos y beatas que defienden al mismo tiempo sus rigideces y sus presuntas liberalidades. Basta pensar en lo que ocurriría si Rajoy, Zapatero o quien fuese tuviera como pública y reconocida amante a una escort de altos vuelos…

Para hablarnos de todo ello tenemos hoy con nosotros a Paula Vip, esta barcelonesa que, aunque no ha posado para ningún Praxíteles (tampoco lo hay en nuestros días…), bien pudiera ser considerada, tanto por sus cualidades propias como por su presencia mediática, la más famosa hetaira de nuestro país.

–Tu historia, Paula, es la de una respetable madre de familia que, en un momento dado –hace seis años–, decide, por acuciantes problemas económicos, “saltar al otro lado”, ¿no?
–En efecto, pero sin por ello dejar en lo más mínimo de ser “respetable”, que quede claro.

–Hasta más respetable se puede decir que te has hecho, ¿no?
–Sí, pero ese término de “respetable” no me gusta nada.

–A mí tampoco, es una cursilada. Lo usaba con sorna, por supuesto.
–Digamos que me he hecho más completa, más plena, más realizada. ¡He aprendido tanto en estos años! Del mundo, de la vida, de los hombres, de las mujeres, del placer, del amor… De todo.

–¿Del placer, del tuyo propio también? No me vas a decir que…
–¡Por supuesto que sí! Claro que en mi trabajo también conozco el placer sexual. ¡Mal iríamos, si no! Lo conozco, por supuesto, más o menos intensamente según la disposición y las habilidades de mi amante… y las que yo sepa darle, pero por supuesto que el placer está presente ahí.

–¿Y si te viene un señor feo, con cara de aburrido y con 150 kilos de oronda humanidad?
–Una de dos. O bien descubriré en él ese algo especial que, más allá de su apariencia, le hace excepcional; o si no consigo descubrirlo… pues le diré, con la mayor amabilidad del mundo, que nos falta el mínimo de feeling necesario para ir más adelante. Se lo diré también por su propio interés: nunca podría alcanzar conmigo lo que ha venido a buscar. Más vale no hacer nada que hacer las cosas a medias o mal.

–A eso se le llama buscar la excelencia…
–Llamémoslo así, si te parece. Pero ¿no queda algo… “elitista”, no sé, como “aristocrático”?

–Sí…, y por eso mismo lo decía en tu favor. Pero volvamos al señor de 150 kilos. Supongamos que estás muy acuciada por problemas económicos, ¿no dejarías la excelencia de lado, cerrarías los ojos y harías un pequeño esfuerzo?
–Yo, en todo caso, jamás lo haría. Y aconsejo a todas mis compañeras que tampoco lo hagan. Es la mejor forma de sentirse una fatal, descontenta consigo misma. Y la autoestima es vital. En todas partes, pero aquí aún más. Bastante difícil nos pone las cosas la sociedad…

–Y quien dice autoestima dice orgullo. ¿En serio te sientes “Orgullosa de ser puta”, como se titula uno de los textos de tu Blog?
–Totalmente orgullosa, de verdad. ¿Cómo no me iba a sentir orgullosa de un trabajo bien hecho en el que doy tanto placer… y también lo recibo por parte de mis compis, de mis compañeros de juegos, como me gusta llamarlos? ¿Qué problema hay?

–El problema –te responderán los bienpensantes– es que no vendes cualquier cosa. Vendes tu cuerpo, esa especie de sacrosanto altar.
–Si de pureza hablamos, lo impuro, lo grave, me parece vender su alma al diablo, como la venden a los medios, y en particular a la telebasura, tantos de esos bienpensantes. O bienpensantas, porque los ataques contra nosotras y nuestros amigos clientes provienen sobre todo de las muy progres feministas. Las cuales aún no se han enterado de que aquí no se vende cuerpo alguno. Yo sólo vendo mi tiempo y mis servicios. Para realizar los cuales interviene, es cierto, mi cuerpo, y mi mente, y mi imaginación, y mis sentidos… Como en tantos otros trabajos, por lo demás. Pero mi cuerpo es mío y no está en venta. Se queda conmigo: nadie se lo ha llevado ni se lo llevará.

–Pero a diferencia –te responderían– de los otros trabajos corporales, es el sexo lo que aquí anda en juego…
–En juego, sí… ¡Nunca mejor dicho! En esos deliciosos juegos a través de los cuales la burda sexualidad animal se transforma en algo tan maravilloso, tan refinado, tan exclusivamente humano como es el erotismo. ¿Por qué algo que en sí mismo es un tan extraordinario arte y placer se convertiría en nocivo por el mero hecho de que el dinero está de por medio?

–Habría que preguntárselo a esas damas de las Ligas defensoras de la virtud y las buenas costumbres. Oye, ¿no será que les fastidia que, gracias a vosotras, alcancen ese arte y ese placer gentes que, sin vosotras, bien pocos lo alcanzarían?
–¡A lo mejor sí, vete tú a saber! En cualquier caso lo que también parecen ignorar tales personas es que lo que aquí está en juego no es sólo el placer erótico.

¿Ah, no? ¿Qué más?
–El contacto humano, la búsqueda de cariño, de afecto, la necesidad de compartir cosas que tiene la gente que viene a nosotras. No te puedes imaginar la cantidad de nuestros compis que vienen hasta nosotras buscando —a veces hasta exclusivamente— un calor, un afecto, una compañía…

–Así pues, los hombres acuden a ti movidos no sólo por el deseo sexual…
–¿Los hombres?… ¡Y las mujeres! Que también ellas acuden, también.

¿Te refieres a los tríos que puedes hacer con una pareja?
–Sí, claro, aunque no pensaba sólo en los tríos. Las mujeres también pueden venir por su cuenta y riesgo. Pero cuando lo hacen acompañadas de su pareja, en la inmensa mayoría de los casos acuden no tanto por su propio deseo, sino para satisfacer el de su marido o amante. Y como sé que es así, cuando alguien me propone un trío, le digo que muy bien, pero que antes sea su mujer quien me telefonee, pues me interesa conocer su disposición de ánimo, sus ganas, sus deseos…

–Todo esto es la “cara amable”, llamémosla así, de tu trabajo. Pero también debe de haber una cara difícil, oscura…
–Hay sus dificultades, desde luego. Pero te aseguro que no son mayores que las existentes en cualquier otro trabajo.

–¿No es el tuyo un trabajo de alto riesgo? Encerrada en una habitación con un desconocido…
–Una habitación que suele ser, por lo demás, la de un hotel, no la de una casa particular. Basta por lo demás seguir —eso sí, es indispensable— un riguroso protocolo de seguridad y fiarse de la intuición de una. Es cierto que ésta me falló una vez y tuve que vérmelas con un cafre que me hizo pasar un muy mal rato. Pero una sola vez en seis años…, reconocerás que el porcentaje de riesgo es bien menor que en muchas otras profesiones.

–Queda el problema de las mujeres forzadas por chulos y mafias. Es decir, la trata, ese argumento constantemente alegado por las damas de las Ligas abolicionistas.
–Las cuales parecen ignorar que tanto yo como todas mis compañeras somos las primeras en denunciar la infamia de la trata de mujeres. Pero no somos nosotras quienes podemos solucionarlo: es un asunto que compete única y exclusivamente a la policía. Punto. Para eso están las leyes: para que se cumplan. Pero, además, ¿qué tienen que ver con nosotras la trata y los tratantes? Estrictamente nada. Mira, siempre pongo un ejemplo que lo aclara todo. Lo que hacen con nosotras es como si alguien pretendiera responsabilizar de la existencia de los top manta…¡a las discográficas y a las tiendas de discos! ¡Cómo se les podría responsabilizar de ello si los top manta se dedican a hacerles —ilegalmente, por lo demás— la competencia! ¿Por qué entonces intentan responsabilizarnos a nosotras de la trata, poniéndonos en el mismo cesto que a quienes explotan a esas mujeres?

–Y para que dejen de responsabilizaros de ello, para poner los puntos sobre las íes, estás empeñada, junto con otras compañeras, en multitud de proyectos, ¿no?
–Sí, en cosas como la Tercera Charla-Coloquio sobre la Normalización de la Prostitución, que se celebrará en Barcelona el próximo 4 de junio. O como APROSEX, una Asociación de Profesionales del Sexo de Pago que acabo de constituir junto con otras amigas, y que nace con vocación de servicio y asesoramiento a todo tipo de profesionales del sexo de pago. O como el Foro Guía Geisha, que desde hace dos años existe en Internet, y en el que participan activamente tanto profesionales como usuarios del sexo de pago.

–O dicho más llanamente, participan en dicho Foro tanto putas como puteros…
–¡Oh, sí! Yo soy la primera en usar este lenguaje. No tengo ningún inconveniente.

–Como tampoco tuviste ningún inconveniente en revelar tus actividades a tu hijo y a toda tu familia…

Los cuales lo acogieron, por cierto, con la mayor naturalidad del mundo.

–Ojalá sea el conjunto de la sociedad la que, como en Grecia, lo vuelva a acoger así algún día.
–En cierto sentido, ya lo está haciendo. Tampoco hay que imaginarse que el conjunto de la sociedad comulga con la histeria de las Damas de la Virtud, como las llamabas antes.

–Tienes razón. Hay una gran ambigüedad en la forma como la gente se relaciona con vosotras. O bien se os ofende llamando “hijo de puta” a cualquier infame personaje. O bien se os exalta hasta lo más alto.
–Lo del insulto es evidente. Pero ¿a qué te refieres con lo otro?

–Me refiero a las alabanzas que se os dirigen miles de veces al día. Cada vez que de algo o de alguien se dice: ¡eso está de puta madre!
–¡Ja, ja, ja! Sí, tienes razón. Y en medio de tanta ambigüedad vamos escurriéndonos, felinas, nosotras.

http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=4019

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Un red de puticlubs pagó la campaña electoral del alcalde de Buenos Aires

Reelección de Mauricio Macri en 2011

Un red de puticlubs pagó la campaña electoral del alcalde de Buenos Aires

De pie y abrazados, el juez Norberto Oyarbide y el proxeneta Raúl Luis Martins. | La AlamedaDe pie y abrazados, el juez Norberto Oyarbide y el proxeneta Raúl Luis Martins. | La Alameda

La Alameda, una ONG argentina contra la explotación y trata de mujeres, ha denunciado este miércoles que una red de proxenetas “financió la campaña de Mauricio Macri” para su reelección en 2011 como jefe de Gobierno de la Ciudad (alcalde) de Buenos Aires.

Como fundamento de tan grave acusación la entidad destapó en su bloglaalameda.wordpress.com la denuncia penal que Lorena Cristina Martins hizo contra su padre, Raúl Luis Martins Coggiola, como (México).

La organización La Alameda incluso ha hecho pública una foto de Macri y su esposa, Juliana Awada, que, según aquella, “aparecendentro de un cabaret de Martins en México. Concretamente, en el prostíbulo Mix Sky Lounge de Cancún.

“Macri se reúne con Martins y (su mujer Estela) Percival en el mismo local que éstos tienen en México y en donde se ejerce latrata de personas y promoción de la prostitución“, sostiene la denunciante, quien ha precisado que el político “los contacta con su mano derecha, Raúl Oscar Ríos (ex presidente de la Agencia Gubernamental de Control), y éste cuando renuncia a su cargo les presenta al municipal José Alonso”.

Ambos funcionarios municipales, Ríos y Alonso, según la joven Lorena Cristina, habrían cobrado supuestamente los aportes de Martins a la campaña electoral de Macri en la sede que “PRO (Propuesta Republicana) tiene en la comuna 7, en el barrio de Flores”.

“Según consta en intercambio de mails entre Martins y sus secuaces”, según su hija “habría colaborado en la última campaña política” de Macri “que lo llevara a renovar su mandato como Jefe de Gobierno Porteño” para que “los prostíbulos puedan seguir funcionando y consigan sus habilitaciones sin respetar las más mínimas medidas de seguridad”, ha denunciado.

Trato de favor

En ese sentido, ha asegurado que “ante una reciente inspección municipal no avisada al Club Swinger de la calle Anchorena 1121, cuando los municipales se disponían a clausurar por no responder a las mínimas normativas de seguridad contra incendio y capacidad, un simple llamado de mi padre Raúl Martins al influyente ex jefe de inspectores municipales Oscar Ríos, hizo que los municipales se retiraran del lugar“.

La Alameda ha alertado que “llama poderosamente la atención que la causa (contra el supuesto proxeneta) quedó en manos del juez federal Norberto Oyarbide, quien es íntimo de Raúl Martins en los negocios de proxenetismo y trata de personas en la Ciudad de Buenos Aires en esta red mafiosa”.

Incluso el blog ha publicado una foto en la que puede verse a un grupo de comensales en un restaurante. En ella aparecen “abrazados el juez Oyarbide y el proxeneta Martins”. Ese magistrado fue grabado por una cámara oculta durante 90 minutos junto a un joven dentro de un cuarto del prostíbulo masculino Spartacus.

En su denuncia, Lorena Martins ha distinguido los puticlubs que supuestamente pertenecerían a su padre: The One (en el bulevar Kukulcan, km. 9), Party Center (de la zona hotelera de Cancún), más los locales Divas, Ellegance, Maxims (playa del Carmen) y Mix Sky Lounge.

En Buenos Aires, supuestamente regentaría el puticlub The One, además de Rouge, Brut, New Manhattan, Fama, Hot Area, Top Secret, Oba Oba, Apart Hotel y Swinger Club Anchorena.

La joven vivía en España con su madre, pues el matrimonio lleva años separado, y viajó a México, donde se ganó la confianza de su padre consiguiendo infiltrarse en sus negocios.

http://www.elmundo.es/america/2012/01/11/argentina/1326305295.html

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Sexo en rebajas

‘Polvos a 15 euros’. Las cifras dicen que los españoles son los más puteros de Europa, que gastan 50 millones al día en alterne, pero los clubes se vacían y las prostitutas ganan la mitad

Sexo en rebajas

Una prostituta del barrio del Raval de Barcelona saca varios preservativos de su bolso. :: VICENS GIMÉNEZ

Sexo en rebajas

Serena, en la suite de 60 metros cuadrados de El Romaní (Valencia). :: DAMIÁN TORRES

Ana tiene 32 esplendorosos años y unos ojazos negros tan tristes como chispeantes. Cuerpo espigado y tacones vertiginosos. Desde ahí arriba mira el mundo. El frío corta en la lujosa terraza del club El Romaní de Valencia. Entre estatuas griegas, fuentes y palmeras enanas, Ana se calienta las manos con el calor de un vaso de cartón lleno de expreso de máquina. El frío también aprieta por dentro. Su mirada se congela cuando echa la vista atrás. Añora a la familia que dejó en Rumanía para ganarse la vida vendiendo su cuerpo en España. Nadie la engañó. Sabía a lo que venía. Su mirada se torna amarga al revivir la cara del hombre que un día la amó, el mismo que se convirtió en exnovio al saber que ella estaba cada día en manos de otro, el mismo que se volvió a ‘enamorar’. de su cuenta corriente. Su mirada también brilla de esperanza cuando echa un vistazo al frente. Y sueña: «Algún día quiero dejarlo. Casarme, tener hijos. Ser una persona normal.».

Ya dentro del club Romaní todo es ostentación. Serena, otros 32 esplendorosos años, es brasileña, morena, de ojos verdes azulados tan intensos que parecen lentillas y prostituta desde hace cinco meses. Pasa su mano sobre unas arrugas en la colcha de la cama redonda de una suite. Sesenta metros cuadrados de suelos de mármol, jarrones de porcelana, jacuzzi y terraza con vistas. Acepta ser fotografiada, aunque sin que aparezca su cara. «Mi familia cree que soy relaciones públicas». Pide 50 euros a cambio. «¡Estoy trabajando!». Ella no se acuesta con cualquiera. Elige a sus clientes. Juega la baza de sus 175 centímetros de despampanante estatura. Hasta 220 euros la hora. Pero no para de soñar. «No creo que tarde más de un año en dejarlo y volver a Brasil. Quiero retomar mis estudios de Empresariales, montar un negocio… ¡y no dejo de jugar al Euromillón!».
Ana y Serena son dos chicas normales, con aspiraciones normales, en un mundo que la gente no deja de ver como anormal. El del oficio más antiguo del mundo. Como dice Serena: «Existimos desde la época de Cristo». Un universo a menudo sórdido, furtivo y clandestino, pero no un mundo aparte. Ni una burbuja a salvo de la crisis. Hasta los instintos más primarios se apagan con los bolsillos vacíos. El fantasma del cierre y su reconversión en hotel o restaurante no cesa de sobrevolar El Romaní, el club más renombrado de Valencia y uno de los mayores de España. El rey de los lupanares junto a la A-7: en 20 kilómetros de autopista, en la entrada a Valencia desde Alicante, se concentran media docena de locales de alterne. Pero en El Romaní apenas hay hoy 20 chicas; hace un año eran 150. El freno de la inmigración también ha cerrado el grifo de las ‘trabajadoras sexuales’: el 90% de las prostitutas en España son extranjeras. Pasaron los tiempos en los que un sábado se vendían 1.500 entradas; hoy el dueño de El Romaní da brincos si son 100. «Los clientes apuran hasta los hielos de las copas. La gente no tiene la misma alegría para gastar», insiste un camarero. La caja ha caído un 60%, aunque no hay forma de saber cuánto facturan ahora.
De todas formas, las cifras que mueve el sector de la prostitución en España siguen siendo mareantes. Las fuentes oficiosas hablan de 50 millones de euros al día. 18.000 millones de euros al año. Porque en Europa bo hay país más golfo que España. Cuatro de cada diez españolitos se han ido alguna vez ‘de putas’ -el 39%, según las últimas cifras de la Unión Europea-. A años luz de Suecia (13%), Países Bajos (14%) o la cívica Suiza (19%). «El perfil no es el de jóvenes acuciados por la erupción hormonal», desmiente el estudio europeo. La mayoría, hombres de 30 a 55 años y con pareja. Más de la mitad, con hijos. «Pues que nos digan dónde se mueve ese dinero y esa gente, porque nosotros estamos paraditos…», lamentan desde la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (Anela). Dicen que hoy apenas funciona «bien» la zona de La Jonquera (Girona), sede del ‘Paradise’, el mayor puticlub de Europa, y de decenas de locales que jalonan de luces rojas la frontera.
Sin ‘ruta del amor’
La sala de baile de El Romaní está desierta a media tarde. Huele a tapicería y suena música latina. Unas diez chicas se acodan hastiadas en la barra. Apenas dos clientes intiman en rincones velados. Y sin visos de que la jornada mejore. Afuera, la noche cae con seis coches en un aparcamiento con capacidad para decenas. «Si me pagas 2.000 euros, puedes fotos (sic)», suelta con boca afilada una nigeriana enorme, de piel de ébano y vestida con un corsé. La crisis aprieta. «El fin de semana, con las motos (Gran Premio de Cheste), la cola para subir a las habitaciones atravesaba la sala, pero ahora…», suspira otra prostituta. Aún así, sus ‘sueldos’ tampoco deslumbran. La rumana Ana confiesa llevarse 2.000 euros al mes. «Yo puedo ganar unos 4.000. No mucho…», musita Serena. Calderilla al lado de ‘jornales’ que hace poco eran de cinco cifras. Y no cotizan, no tienen paro, ni el horizonte convencional de una plácida jubilación. No tienen más que lo que se ganan sobre el colchón y esconden debajo.
Las redadas policiales también han dejado temblando a los puticlubes (945 en España, según los últimos censos de la Guardia Civil). Ya no brilla ni la ‘ruta del amor’. Así se bautizó en 2009 a un tramo de la N-301, en Cuenca, entre Casas de los Pinos y El Provencio. Una decena de locales de alterne en diez kilómetros. 3.000 vecinos y 400 prostitutas. Dicen que los divorcios se dispararon. Hoy la mitad ha cerrado. Dos operaciones policiales acabaron con medio centenar de prostitutas y proxenetas apresados en un mes. En una de ellas participaron 120 agentes. Y ahora los neones apenas titilan. «Ellas no se meten con nadie, ni están por el pueblo. Si vas por la carretera, ves las luces. Y como digo yo: el que quiere entra y el que no, a casa con la parienta», resume Fulgencio, funcionario del Ayuntamiento de El Provencio.
Y eso que la presión policial ha bajado. Y mucho. «Antes había una ‘ley tácita’ de hacer una inspección de un local de alterne por semana. Ahora, las expulsiones han caído a la mitad». Lo confiesa a este periódico el mando de una Unidad Contra las Redes de Inmigración y Falsedades Documentales (Ucrif) de España. Lo que antes se llamaba Extranjería, una palabra hoy políticamente incorrecta. Pasó el ‘boom’ de las prostitutas de Europa del Este. La entrada en la UE de Bulgaria y Rumanía y la exención de visado para las chicas las liberó en parte de las garras de las mafias. La crisis ha reducido casi a cero la llegada de jóvenes sudamericanas. Pero el yugo de las redes sí continúa exprimiendo a las jóvenes subsaharianas. Se prostituyen en la calle, por un puñado de euros y atemorizadas por la ‘magia negra’ que los proxenetas usan con ellas: muñecos vudú que confeccionan con pelos púbicos de las chicas para amenazarlas con una muerte segura si se van de su lado.
Dos por uno
«Nuestro trabajo se centra ahora en pisos e internet», confiesa el policía. El sector tampoco es una excepción en una realidad repetida en otros ámbitos: China empieza a ser potencia. En Holanda e Italia, las jóvenes chinas ya son el colectivo extranjero más explotado. En España basta echar un vistazo a los anuncios de contactos. La oferta de ‘orientales’, ‘japonesas’ o ‘masajes shiatsu con final feliz’ se ha disparado. Aunque de ‘japonesas’ tengan poco más que los ojos rasgados… «El 90% son chinas y a menudo pinchamos en hueso al investigar si hay mafias detrás. Por su cultura, jamás denuncian ni delatan a nadie», lamenta el agente. Su arma, sus agresivas tarifas. Un ‘completo’ por 30 euros.
Los ‘flyers’ se agolpa en los limpiaparabrisas de los coches en las grandes ciudades. Sexo en rebajas. A 15 euros coito. Y dos por uno. ‘Dos polvos, 60 euros’; ‘dos chicas, 50 euros’, rezan un par de anuncios. Con eslóganes directos o malsonantes: ‘Hago todo lo que tu mujer no hace’; ‘Limpieza de bajos’…
En El Romaní, Serena se ajusta las medias. Piensa en el mes que pasará en Brasil por Carnavales. Sin trabajo. Treinta días con su familia. Allí es ‘relaciones públicas’. Espera que pronto no haya viaje de vuelta. «Esto es solo una etapa indecente. No aguanto esta doble vida. Hay que tener cabeza y saber retirarse». Ana apura su café de máquina en la terraza del club. Se limpia el rímel corrido de sus ojos humedecidos. Hace años que no ve a su madre. Profesora jubilada, sola desde que su padre la dejó. Cree que su niña es camarera. Y su niña no deja de mandar dinero a casa. Lucha cada día por ganarse la vida con la cabeza alta. «Pero esto es muy duro. ¡Tan duro…!».
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Jaume Sanllorente: hay que dejar de frivolizar sobre el puticlub de carretera

“Hay que dejar de frivolizar en torno a los ‘puticlubes’ de carretera y denunciar estas situaciones si se conocen. Estamos hablando de esclavitud”, asegura Sanllorente en una entrevista con Efe.

El periodista barcelonés recuerda que España figura entre los principales países de destino, sobre todo de mujeres dedicadas a la prostitución, según la Oficina de las Naciones Unidas sobre Droga y Crimen.

Para escribir “La canción de la concubina” (Espasa), el autor vivió varios meses en Manila, la ciudad donde se desarrolla la novela, visitando burdeles para entrevistarse con prostitutas y con los proxenetas que las explotan.

“La clave de que se mantengan estas situaciones es la falta de denuncia por parte de los clientes, porque muchos usuarios saben que estas chicas están retenidas en contra de su voluntad, porque incluso algunos de los trabajadores del sexo les confiesan a sus clientes que están retenidos”.

Sanllorente pretende borrar el mito de que las autoridades de muchos países asiáticos son corruptas y también el de que una persona sola poco puede hacer para ayudar a las explotadas.

“Es muy importante, ahora que se acerca el verano, que el turista que viaje, cuando detecte una situación que le pueda parecer algo sospechosa la denuncie, aunque pierda toda una mañana, porque tenemos el prejuicio equivocado de que la Policía de estos países es totalmente corrupta, no siempre, cada vez menos, hay una lucha tremenda en países como Filipinas, Tailandia o Camboya, para tener cada vez un mayor nivel de control del tráfico humano”, excplica.

Con un tono amable, el autor relata a través de unos personajes ficticios una realidad “que nos es por desgracia ajena”, la historia de dos hermanas gemelas que son vendidas a un proxeneta por su padre.

Muchas de las niñas caen en estas redes de explotación “por pobreza, por desafección o por ignorancia de las familias”, explica el periodista, por eso, cuando alguna de estas víctimas consigue ser liberada “no quiere volver a su casa, porque tiene la gran duda de si su familia sabía a dónde iba”.

“Las personas filipinas de zonas rurales son muy soñadoras: desean vivir en el extranjero, en casa de alguna actriz famosa, donde recibirán la educación y la formación que no tienen”.

De ello se aprovechan los proxenetas, “personas sin alma, despiadadas, que no tienen ni un ápice de bondad”.

“La primera sensación en mis primeras visitas a prostíbulos es la de ‘no están tan mal’, pero cuando entras en contacto con organizaciones contra el tráfico humano y empiezas a ver lo que pasa entre bambalinas, es tremendo”, indica el autor.

“Es un tema muy serio, el señor de negocios que está entrando a un prostíbulo a tomar una copa con una chica, a quien invita, está construyendo un barrote más; ese señor es lo que era hace tiempo un negrero literal, de los que llevaba negros a EEUU en sus barcos”, reflexiona. EFE

http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=846744

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