La prostitución en la calle, vigilada

Bilbao tramita la primera norma en Euskadi sobre un negocio que preocupa a los vecinos – Los colectivos afectados dudan de que su aplicación sea efectiva

Tras más de dos años de bloqueo, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Bilbao presentó hace unos días un proyecto de ordenanza, la primera de este estilo en Euskadi, que se pronuncia sobre la prostitución callejera al prohibir, bajo amenaza de multa, la negociación de servicios sexuales retribuidos y la práctica de estos actos en la vía pública. Precisamente, esta norma, que podrían entrar en vigor en septiembre, se ha incluido en la nueva regulación general del espacio público, que aúna diversos aspectos normativos hasta ahora dispersos en varios textos, para que el colectivo aludido no se sintiera «discriminado», según el concejal de Seguridad Ciudadana, Eduardo Maíz. El Consistorio dejó claro que la ordenanza, inspirada en la aprobada en Barcelona en 2005, no veta la presencia de las prostitutas en la calle ni la prestación de servicios sexuales en pisos o locales de alterne, ya que la regulación de la prostitución no compete a las autoridades municipales, sino que recae en el Gobierno central.

Así las cosas, este paso al frente responde a las constantes quejas de los vecinos de los barrios bilbaínos de Miribilla y Bilbao La Vieja, que protestaban por la «insalubridad, inseguridad ciudadana e intranquilidad» que estas prácticas les provocan desde hace años. No obstante, las intenciones municipales no convencen a los colectivos relacionados con este sector y los afectados, ya que dudan de su efectividad y critican que se sancione a las prostitutas.

De un lado, el servicio bilbaíno de atención a este colectivo, Askabide entiende que era necesario, tal y como el Ayuntamiento ha hecho, «sancionar conductas y no a colectivos», pero abogan por «mejorar la calidad de vida» de las meretrices y no creen que la mejor forma de hacerlo sea «multarlas». Además, la asociación considera que esta ordenanza no «funcionará». «Sólo trasladará el problema, como ya ocurrió en Barcelona», señalan fuentes de la plataforma social. Consciente de que se trata de un problema «difícil de abordar», Askabide considera que es el Estado el que debería poner de su parte para resolver el problema. «Es preciso coger el toro por los cuernos y abrir un debate serio con todas las partes implicadas», apunta la entidad. «Hay un discurso contradictorio: todos estamos de acuerdo en que son víctimas, pero luego les ponen multas», zanja una portavoz de la asociación.

Por su parte, la Asociación Nacional de Locales de Alterne (Anela), que representa a establecimientos vascos, considera positiva la prohibición de la prostitución callejera porque la vía pública «no es lugar» para ejercerla. La falta de seguridad e higiene motiva que esta entidad abogue por centrar esta actividad en clubes o pisos. Sin embargo, Anela considera que es una norma de cara a la galería que apenas tendrá efecto. «El problema seguirá estando en la calle. La prostitución ha existido y seguirá existiendo. Esta norma no va a cumplirse porque, entre otras cosas, ¿cómo va a demostrar el Ayuntamiento que ha existido una negociación entre prostituta y cliente?», se preguntan fuentes de la asociación.

Ese es un punto interesante, ya que demostrar que ha existido una negociación entre clientes y prostitutas no se antoja sencillo. La ordenanza contempla la habilitación de inspectores que vigilen el cumplimiento de la ordenanza, que, en el caso de la prostitución, serán policías municipales de paisano. Fuentes municipales señalan que los agentes tienen métodos para discernir este punto y resaltan que los clientes y meretrices ya son conocidos por la policía, lo que facilitará la labor de vigilancia. En cualquier caso, las mismas fuentes apuntan que su presencia persigue «disuadir» a los clientes, en la línea de los controles de alcoholemia que se hacían hasta ahora en esas zonas.

La ordenanza no ha convencido del todo a los partidos de la oposición. De un lado la candidata del PP a la alcaldía de Bilbao, Cristina Ruiz, defiende que la ordenanza no responde a «lo prometido» por el equipo de gobierno. «Se suponía que iba a ser sobre prostitución y nos hemos encontrado con un párrafo en un artículo de una ordenanza de 134 artículos sobre el uso del espacio público». Su «ambigüedad» y la «falta de garantías» a los vecinos han motivado que los populares hayan presentado cinco alegaciones al texto por considerar que, tal y como está escrita, «no atajará» el problema. Entre otras, Ruiz destaca la necesidad de incluir la palabra «prostitución».

De esta forma, la portavoz popular aboga sustituir el título del artículo 16, donde dice: «Concepto de prácticas sexuales incívicas y ofrecimiento y demanda de servicios sexuales y prohibición» por «Concepto de prácticas sexuales incívicas, prostitución y prohibición».

Por su parte, el PSE-EE se felicita de que el Ejecutivo local articulara la regulación de la prostitución callejera a través de una norma que regulara el espacio público, que es competencia exclusiva del Ayuntamiento, lo que evitaba las posibles complicaciones legales derivadas de crear una norma específica. «Al vecino le da igual que se multe o no, lo que quiere es que desaparezca la prostitución, por eso es preciso tomar medidas eficientes de vigilancia policial y el apoyo social a estas mujeres», señala el portavoz socialista, Txema Oleaga.

Vacío legal en el resto de Euskadi

Bilbao, donde según el edil de Seguridad Ciudadana, Eduardo Maíz, el número de prostitutas «no llega a las dos docenas», ha sido la única provincia en regular la prostitución y de momento, seguirá siendo la única. El motivo es que en Guipúzcoa no hay apenas prostitución callejera y en la capital alavesa se lleva a cabo en las rotondas de las afueras de la ciudad, como la de Abetxuko, y allí no hay vecinos que se quejen. A pesar de ello, el concejal de Seguridad Ciudadana de Vitoria, José Manuel Bully, apuntó hace unos días que la policía municipal se encarga de realizar un trabajo de «protección y complicidad» con las prostitutas callejeras. Bully aseguró que los agentes hablan con las meretrices para «conocer realmente qué pasa en ese mundo y para vigilar si podríamos dar con algún proxeneta o algún posible maltratador». Además, el edil dijo que las prostitutas son colaboradoras de la Policía municipal, ya que suelen alertar de la presencia de vehículos sospechosos en las inmediaciones de los polígonos industriales.

Vitoria cuenta con una ordenanza municipal reguladora de los usos, tráfico, circulación y seguridad en las vías públicas de carácter urbano similar a la que tramita Bilbao, que, a diferencia de la de la capital vizcaína, no incluye menciones a la prostitución. Mientras, San Sebastián dispone de otra sobre civismo, uso y limpieza de la vía pública y protección del paisaje urbano que tampoco trata el asunto. Ninguna de las dos capitales tiene entre sus planes inmediatos regular la prostitución a corto plazo.

Datos del INE

– Uno de cada tres vascos ha pagado alguna vez por tener sexo, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Para eso están las 1.820 prostitutas que trabajan en Euskadi.

– El 85% son extranjeras y más de la mitad venden su cuerpo para mantener a sus hijos.

– La mayoría, 1.199, se ofrece en alguno de los 77 ‘puticlubs’ de la comunidad autónoma, a donde principalmente acuden cuadrillas de farra nocturna.

– Otras 570 mujeres prestan servicios en los 211 pisos que se distribuyen por las capitales; aquí, los clientes llegan porque buscan discreción o prácticas sexuales ‘especiales’.

– Por último, en la calle trabajan menos de cien mujeres en el País Vasco. A ellas, la necesidad les obliga a asumir con casi todas las exigencias de sus clientes, según sus propias experiencias.

El artículo 16

Concepto de prácticas sexuales incívicas y de ofrecimiento y demanda de servicios sexuales y prohibición.

1. Se reputan prácticas sexuales incívicas, por atentar contra la convivencia ciudadana al desconsiderar al resto de la ciudadanía mediante la exhibición pública de actos de marcado carácter íntimo y personal, todas aquellas prácticas o actos en las que el sexo esté explicitado, y sea pública y notoria su realización, de forma y manera que resulte imposible no advertirlo o evitarlo por parte de la generalidad de la ciudadanía. Tales prácticas están prohibidas.

2. Se reputan actos de ofrecimiento y de demanda de servicios sexuales los que tengan por objeto concertar servicios sexuales retribuidos, incluyendo la negociación y realización de los mismos servicios. Se consideran atentatorios de la convivencia ciudadana cuando contravengan el uso común del espacio público y produzcan una evidente degradación del mismo y de las correspondientes comunidades vecinales. Tales servicios sexuales serán sancionados.

http://www.elpais.com/articulo/pais/vasco/prostitucion/calle/vigilada/elpepuespvas/20100419elpvas_3/Tes

Share

Prostitución, un negocio a la vuelta de la esquina

La prostitución mueve 18.000 millones de euros al año. :: EL CORREO

La prostitución mueve 18.000 millones de euros al año. :: EL CORREO

 

En Euskadi viven de su cuerpo casi 2.000 mujeres y la mitad de ellas tienen hijos
El negocio del sexo es un limbo alegal que sólo sale a la luz cuando molesta a los vecinos
Uno de cada tres vascos ha pagado alguna vez por tener sexo, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Para eso están las 1.820 prostitutas que trabajan en Euskadi. El 85% son extranjeras y más de la mitad venden su carne para mantener a sus hijos. La mayoría, 1.199, se ofrece en alguno de los 77 ‘puticlubs’ de la comunidad autónoma, a donde principalmente acuden cuadrillas de farra nocturna. Otras 570 mujeres prestan servicios en los 211 pisos que se distribuyen por las capitales; aquí, los clientes llegan porque buscan discreción o prácticas sexuales ‘especiales’. Por último, en la calle trabajan menos de cien mujeres en el País Vasco. A ellas, la necesidad les obliga a tragar con casi todo.
La radiografía es de Emakunde. Pero los datos hay que tomarlos con precaución porque el sector está cubierto por una densa costra de misterio. Y eso que, según estimaciones del Gobierno central, mueve 18.000 millones de euros al año en España y en él se emplean alrededor de 400.000 meretrices. Una figura incómoda que se mueve en un limbo de alegalidad. Pero de manera periódica se hacen visibles. Eso ocurre ahora: por la polémica de los macroprostíbulos proyectados en Cataluña, por el tiroteo de hace unas semanas en Barcelona -donde dos mossos d’esquadra fueron heridos- y por las protestas de los vecinos de los bilbaínos barrios de Miribilla, Saralegi y San Francisco. De hecho, el Ayuntamiento de la capital vizcaína ha anunciado una normativa para prohibir la prostitución callejera a partir de septiembre; el miércoles empezará a tramitarse una ordenanza que prevé sanciones para clientes y prostitutas de hasta 3.000 euros.
«Nadie se acuerda de ellas más que cuando molestan», resume Marian Arias, psicóloga y coordinadora de la asociación Askabide, cuyo objetivo es asistir en distintos ámbitos a las mujeres que se prostituyen en Euskadi. «Hay un vacío legal impresionante y una doble moral escandalosa». Lo de la moral se mueve por sendas inescrutables. Pero ¿qué pasa con lo legal?
En pisos y clubes
El Código Penal contempla la profesión más vieja del mundo, pero sólo para penalizar el proxenetismo y la explotación ilegal de personas. También la utilización de menores. El ejercicio consentido de la prostitución no es ilegal. O sea, es legal. Pero no está regulado. Así que el asunto se debate sólo cuando la actividad genera protestas vecinales. Y son los Ayuntamientos quienes lo hacen por medio de ordenanzas.
Según Askabide, en Euskadi sólo el Consistorio bilbaíno dispone de una norma en esta materia: procede del año 1999 y tiene carácter urbanístico. Surgió en respuesta a una protesta de los vecinos de la calle General Concha y, entre otros asuntos, establece que debe haber una distancia mínima de 500 metros entre dos clubes de alterne.
Ahora, la capital de Vizcaya está inmersa en otra regulación que pretende prohibir el negocio del sexo en la calle por ocupar espacios públicos para actividades económicas privadas. ¿Por qué no ocurre esto mismo en San Sebastián y Vitoria? Porque en Guipúzcoa no hay prostitución callejera y porque en la capital alavesa se lleva a cabo en las rotondas de las afueras de la ciudad y allí no hay vecinos que se quejen.
Al margen de todo lo anterior, hay un debate latente: la regulación de la prostitución como actividad económica. Es decir, contemplar a las trabajadoras del sexo como autónomas que pagan impuestos y Seguridad Social. Sobre este asunto hay dos percepciones diferentes dentro del mundo del comercio carnal. De un lado, los dueños de locales de alterne, agrupados en la asociación nacional Anela, piden que se regule. Alegan que esto les daría más seguridad jurídica a ellos y que el Estado ingresaría buenos impuestos. La regulación implicaría que sólo se podría ejercer la prostitución en locales específicos para ello. Es decir, en sus clubes de alterne.
Del otro lado están buena parte de las mujeres que se dedican a la prostitución en pisos. Ellas rechazan la legalización: en primer lugar, creen que con una regulación los dueños de ‘puticlubs’ se harían con el monopolio del negocio, porque sólo en sus locales estaría permitido trabajar. Y, por otra parte, no quieren que en su historia laboral aparezca dentro de unos años una profesión que siempre tiene carácter temporal y a menudo vergonzante. Además, tendrían que pagar impuestos.
Por supuesto, todas estas maneras de ver las cosas tienen cara. Aunque sea oculta. EL CORREO ha contactado con varias personas relacionadas con esta actividad, que relatan sus experiencias.
Pandora
«Aquí trabajan mujeres a espaldas de sus maridos»
Pandora no quiere dar su nombre real. Tiene 50 años, ya es abuela y regenta un negocio peculiar. «Nuestro fuerte es el masaje sensitivo». Utiliza un lenguaje original. Las ‘masajistas’ trabajan por horas. Unas llegan por la mañana y otras por la tarde. En total, son unas ocho. «La cifra varía mucho. Aquí vienen mujeres un par de horas, cuando pueden y sin que sepan nada los maridos. Luego se van a por los niños… Aquí no hay prostitutas, hay madres coraje». Porque la mayoría tiene como única pretensión «sacar adelante a sus hijos. Su otra alternativa es fregar escaleras por once euros la hora».
En los papeles, el negocio de Pandora aparece como salón de belleza. Hay jacuzzi, baño corporal… Ella paga impuestos y asegura que a sus chicas les ofrece contrato como autónomas. «Pero la mayoría no quiere para no pagar impuestos o para que no les quiten ayudas sociales». Las chicas se quedan con el 50% de cada servicio y ella con el otro 50%. ¿Acaso no es esto proxenetismo? «No. Las chicas se meten en las cabinas con el cliente para darle un masaje. Cómo termine la cosa es asunto suyo. Cada cual es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo». Una empresa especializada les surte de preservativos, sábanas, toallas… «Después de cada servicio todo se cambia».
Rosaura e Izaskun
«Deseo ahorrar y abrir una peluquería en Colombia»
Las historias de Rosaura e Izaskun son totalmente opuestas. Una es colombiana, y otra, vasca. Una detesta su trabajo y otra parece contenta con él. Una quiere ayudar a su familia, y otra, costearse un tren de vida que la suya no se puede permitir. Las dos trabajan en pisos de Bilbao.
Rosaura lleva tres años en «la mala vida». Estuvo en Alemania, rodó por varios clubs de ciudades españolas y ahora trabaja más tranquila. «Aquí no hay que soportar todo lo malo de la noche, el humo, el licor, las luces… Estamos cuatro chicas que nos llevamos muy bien, tenemos muchos clientes fijos». Lo de legalizar su situación como prostituta le suena raro. «Yo no quiero esta vida. No me queda otro remedio y lo hago. Pero sólo quiero ahorrar. Soy esteticién y en cuanto ahorre voy a poner una peluquería en Colombia». Ya ha pagado la deuda con quien le costeó el ‘pasaje’, «12.000 euros, aunque al final tuve que pagar casi 20.000». Parte de sus ingresos, que prefiere no revelar, se los envía a su familia. «Ellos no hacen preguntas. Pero se imaginan a qué me dedico».
Lo de Izaskun no tiene nada que ver. Es de Santurtzi y estudió Derecho. No le sirvió para lograr un trabajo como el que ella soñaba y durante unos meses se dedicó a la hostelería. Hasta que un anuncio en el periódico donde buscaban «chicas liberales de buena presencia para club» le cambió la vida. Durante un tiempo compatibilizó la hostelería y la prostitución. Pero pronto se dio cuenta de que lo más lucrativo era lo que menos duro se le hacía. «¿Volver al restaurante? ¿Estás loco? Con lo tranquila que estoy aquí y con lo bien que se gana».
Ni sus amigos ni su familia saben nada. Oficialmente, cuida a un anciano por la tarde, cuando sus hijos están trabajando. Los fines de semana se tiene que quedar las 24 horas con el señor, porque la familia se va de excursión. «¡Esto sí que es tener una doble vida!». Suelta una carcajada. Pero luego se pone seria. «La verdad es que yo tengo suerte. Y lo llevo bien. Pero esta vida, para la mayoría, es muy puta».
Propietario de club de alterne
«Somos los que tenemos que aguantar las redadas»
J.M.C. vive en Vitoria y es el propietario de un club de alterne en la muga entre Álava y Navarra. Antes era constructor, pero hace 16 años, cuando llevó a cabo la reforma de un puticlub, vio «la cantidad de dinero que se movía, el constante entrar y salir de gente, y lo bien que estaban las chicas». Así que decidió establecerse por su cuenta. Como en todos estos negocios, funciona legalmente como hotel y pub. «Cobro 40 euros al día a cada chica por pensión completa. Ellas son huéspedes, no trabajadoras mías. Entran y salen cuando les viene en gana». Asegura que no cobra ninguna comisión por cada servicio de las chicas porque «sería ilegal». Además, niega que, al menos en su local, operen mafias y que las prostitutas sean forzadas a trabajar un número de horas determinado, como sí ocurre en muchos otros establecimientos.
En sus buenos tiempos llegó a tener cuarenta chicas ‘alojadas’. Ahora, sólo 18. «A nosotros también nos afecta la crisis. Y a los que tenemos clubs de carretera también el carnet por puntos: mucha gente deja de acercarse porque aquí nadie viene a tomarse un Kas o un agua». J.M.C. es el portavoz de Anela en la zona norte y defiende que se regule la prostitución. «Las mafias trabajan en los pisos y en la calle. Son esas que llevan a las chicas en furgonetas y las van dejando en las rotondas. En estos sitios no hay control. Pero somos nosotros, quienes pagamos impuestos y funcionamos bien, los que tenemos redadas cada poco, porque nuestros locales son públicos».
Buena parte de las chicas que tenía en el pasado se han establecido en pisos. Se juntan tres o cuatro y se ponen por su cuenta. «Para quienes son inmigrantes ilegales es mejor, están más tranquilas sin redadas».
-A los empresarios de clubs se les acusa de que pidiendo la regulación lo único que buscan es monopolizar el negocio.
-Es cierto que nos quitaríamos la competencia. Pero, en todo caso, es competencia ilegal. Nosotros pagamos impuestos.
Share

Hombres de 50, mujeres de 20

El prostíbulo Flower’s es uno de los más conocidos de la Comunidad

«Un descuento de 15 euros por ser el día de la mujer trabajadora. Normalmente, son 75 euros por un [servicio] completo, pero hoy es a 60», explica una mujer que se fija en las imágenes de una televisión en la que se anunciaba ayer la celebración del Día Internacional de la Mujer. Éste era su reclamo para convencer a los clientes de que se acostaran con ella en las habitaciones del Flower’s. El local, que según el Ayuntamiento de Las Rozas comenzó a operar en 2000, tiene tres permisos de apertura: el primero como apartamento turístico, que se denomina Apartamentos Florida; el segundo como café-espectáculo (Flower’s); y el tercero como bar-restaurante.

El local es uno de los locales de prostitución más conocidos de la Comunidad. Justo al lado de la A-6 y con aparcamiento propio, tiene escrito su nombre encima de la fachada, un letrero luminoso inconfundible. Fuera, sin embargo, un Ferrari rojo, justo enfrente de la entrada, actúa como reclamo para los consumidores de prostitución de la región. Una vez dentro, varios porteros de aspecto fornido controlan la puerta.

Cuando se entra, lo primero que diferencia al local de otros lugares de ocio nocturno es la vestimenta de las mujeres que trabajan allí, exageradamente sugerente. Algunas llegan a mostrar casi todo el cuerpo. Pero también llama la atención la importante diferencia de edad entre las alrededor de 50 mujeres (todas en torno a los 20 años) y los hombres que allí entran, muchos de los cuales superan los 50 años y visten trajes como si acabaran de salir de la oficina. También hay un buen número de treintañeros, que por su comportamiento parecen habituales de un local en el que no hay que pagar entrada. Para compensar, por una cerveza cobran 11 euros y por una copa, 15.

En un día como el de ayer, en el que varios televisores del local transmitían las noticias en las que se destacaba la celebración del Día Internacional de la Mujer, estas jóvenes hacían de tripas corazón y por un puñado de euros vendían su cuerpo. Los hombres, mientras, se dedicaban a manosearlas todo lo que podían.

«Es lo que tenemos que soportar aquí», explica una de las numerosas rumanas, que desconocía que en los medios de comunicación hubieran citado el nombre del local en el que trabajaba como propiedad de Antonio Herrero, que también controla otro de los prostíbulos más conocidos de la región: Factory, en las cercanías de Barajas. Este empresario también es dueño de uno de los dos puticlubs catalanes que en marzo de 2009 fueron cerrados por los Mossos d’Esquadra, que ejecutaban una decisión de un juez en el marco de una investigación sobre corrupción policial vinculada a burdeles en el que las prostitutas eran obligadas a «ingerir vitaminas, medicinas y hormonas».

Preguntadas algunas trabajadoras del sexo acerca de si en el Flower’s les exigían tomar cualquier tipo de sustancia, en ningún caso quisieron responder: «No preguntes esas cosas, que nos metes en un lío», dijo una de ellas, que rápidamente desapareció.

Además de rumanas, las mujeres que allí trabajan proceden de países como Colombia, Rusia, Hungría y Ucrania, lugares con dificultades económicas en los que las mujeres se llevan la peor parte. Algunas de ellas duermen en los apartamentos del local, aunque otras se van a sus casas en cuanto finalizan su jornada laboral, a las seis de la mañana. Desde esa hora hasta las cinco de la tarde, el Flower’s, que abre todos los días del año, permanece cerrado.

http://www.elpais.com/articulo/madrid/Hombres/mujeres/elpepuespmad/20100309elpmad_4/Tes

Share

PUTICLUB

Establecimientos propios de las grandes urbes, o de los parajes rurales próximos a las carreteras, los puticlubs modernos y con neones, son herederos de una rancia tradición del comercio carnal que tiene sus orígenes en multitud de babilonias bíblicas e historias del Egipto o la Roma antigua. Putas, ibas, rabizas y colipoterras, han existido desde que el mundo es mundo, y desde que las hijas de Eva comprendieron que era mucho más codiciada una manzana, en el ámbito venal del intercambio, que -permítasenos la vulgaridad- un boniato, como especie vegetal, también surgida en el Paraíso.
En mi pueblo del secano, por ejemplo, no tenemos, que yo sepa, puticlub alguno. Existen, eso sí, vestigios arqueológicos, extramuros del villorrio, que debieron cumplir tal función, en años de mayor bonanza y relajación moral. Nada que ver con la tradición, ininterrumpida, de otras poblaciones y aledaños cuyas mancebías, burdeles, o casas de lenocinio, sirvieron para estimular la economía, aliviar los ímpetus sexuales del mocerío e inspirar los sermones de los curas trabucaires. Locales que servían también, como es lógico, para dar de comer, de cuando en cuando, a unas pobres mujeres que, de no ser por estos negocios, además de oficiar de putas gratis para sus legítimos, hubieran tenido que acarrear leña como un burro, criar a una prole de descarriados, y hacer la colada en los fríos lavaderos del lugar.
Como historiador, yo sé muchas cosas de mancebías y casas similares, un poco por la vida, y las más leídas en libros como el de don Carlo María Cipolla en su obra titulada «Historia económica de la Europa preindustrial». En ella, el ilustre profesor y maestro, trazó un cuadro vivísimo del puticlub antiguo, entre los siglos XVI y XVII. Desde siempre, la puta fue piedra angular de una empresa, en ocasiones, muy rentable. Alimentó una próspera economía que, en manos de la «madame», produjo beneficios para el macarra o rufián y para toda una compleja jerarquía de alcahuetas, correveidiles, mozos de zafa y taberneros que vivían de su esfuerzo. Bajo la tutela de los municipios, muchas veces, estos establecimientos, propiciaron buenas rentas para sus arcas, y no fue raro que, parte de los beneficios de la «puta rica y arrepentida», fuesen a parar a la iglesia en forma subvenciones para capellanías, medias raciones, obras pías o la generosa restauración de algún retablo.
Hoy día, en Bellvei (Tarragona), localidad de 2.000 habitantes, el prostíbulo Club Estel, sito, con gran acierto de la administración local, en su polígono industrial, ha recuperado la antigua costumbre de la beneficencia. Según leo, en las páginas de «Público», colabora con el Ayuntamiento en la subvención de las fiestas del pueblo y surte, gratuitamente, de material deportivo, al equipo de fútbol base -integrado por niños de 3 a 5 años- de la localidad, que luce, en el chándal, el nombre del negocio, sin especificar su cometido. A eso se le llama, discreción. El alcalde considera al Club Estel como «una empresa ejemplar». Un ciudadano ha llegado a comentar a ese diario que «todo el país debería tener locales como éste; las chicas se evitarían la calle y dispondrían de asistencia médica. Y el sexo es necesario tanto para los solteros y los viudos, que caray».
Pero nunca llueve a gusto de todos y, otros políticos del pueblo, solo ven el problema «moral» del asunto, ya que nada se dice sobre el lado perverso de la prostitución, explotando brutalmente a las mujeres por parte de las mafias, y su estado rayano en la esclavitud. A determinados políticos -pienso yo- no les gusta, pura y simplemente, que las putas se metan a financiar eventos culturales y deportivos, porque lo mismo acaban presidiendo la procesión, haciendo el «saque de honor» en la final de fútbol sala de Bellvei, o, quien sabe, presentando un libro en su Casa de Cultura, y dejando sin trabajo al concejal del ramo.
Yo no sé si detrás de todo esto hay gato encerrado. La idea de un puticlub ejemplar y solidario no me desagrada, si anda ausente la violencia de la coacción y reina el libre albedrío en las señoras ¿Y si resulta que, además, se sirven en su barra, correctamente, los Dry Martinis? Por el momento, tal y como está el patio del rigorismo moral en el país, el prestigio que gozan los «sepulcros blanqueados» y la absoluta falta de ganas de los gobernantes para arreglar el viejo problema, no me pronuncio sobre la cuestión. Entre otras cosas porque nunca he creído que, a pesar del caso de Bellvei, en los infiernos que jalean los justos, haya un rayo de luz que proceda del purgatorio.

http://www.diarioinformacion.com/dominical/2009/10/18/puticlub/939756.html

Share

Prostitución, ¿como hacerle frente?

A raíz del post anterior sobre el sexo y la crisis, me he quedado con las ganas de profundizar más en el tema de la prostitución y su situación actual, así que creo conveniente dedicarle un post.

prostitución

La prostitución es un tema de debate desde hace mucho tiempo, y nunca se llega a un entendimiento para que las partes afectadas tengan una solución.

Dentro de las unión europea, en cada país se trata a la prostitución de un modo diferente:

  • La prostitución no está prohibida por ley, pero tampoco está regulada, existe un vacío legal al respecto. Únicamente castiga los que se aprovechan de la explotación sexual de otros, como vienen a ser los proxenetas. Este es el modelo usado en España.
  • La prostitución está penada por ley y se castiga a todos los implicados de alguna manera, por tanto está prohibida por completo. En Suecia por ejemplo sólo se castiga a clientes, las prostitutas son las víctimas.
  • La prostitución no está prohibida, pero si lo están los burdeles. Este modelo existe en Italia o Dinamarca.prostitución
  • Por último la prostitución está totalmente legalizada y regulada por ley, siempre y cuando las prostitutas actúen bajo la ley, está totalmente permitida, tal y como ocurre en Holanda o Alemania.

Como ves en cada país se afronta de un modo distinto, aunque yo quiero analizar más a fondo el primero, que es el que se aplica en España.

La prostitución no esta prohibida pero tampoco hay ninguna ley que la regule. En esta situación, es normal que cada uno lo interprete a su manera y haga lo que quiera, total nadie le puede decir nada ¿no?

En Barcelona, por ejemplo, existen muchos clubs de alterne, burdeles, puticlubs… como los quieras llamar, donde trabajan las chicas y donde muchos clientes acuden en busca de sexo. Es un lugar más o menos seguro para ellas y un lugar más o menos discreto para los clientes.

Pero no todas las chicas trabajan en clubs, hay muchísima prostitución en las calles. Si por ejemplo te vas a pasear una noche por las Ramblas de Barcelona, verás como en cada esquina hay varias chicas y además te persiguen para intentar captar clientes. Incluso durante el día también están, cosa que hace crear enfrentamiento con los vecinos y comerciantes, que no ven con buenos ojos tener prostitutas paseando todo el día por el barrio.

Especialmente lo que más conflicto conlleva, es la prostitución de las calles, pero como comentaba en el post anterior, con todo el tema de la crisis, muchas de las chicas se están lanzando a las calles ya que el beneficio que sacan es 100% para ellas y por tanto  les sale más a cuenta.

prostitución

Estos conflictos que se originan con vecinos, comerciantes y transeúntes en general, no ocurriría si tuviéramos el sistema que utilizan en Alemania u Holanda. Legalizar la prostitución y regularla por ley.

Hace tiempo hablé de un burdel que hay en Alemania, donde las chicas tienen su propia habitación y cotizan a la seguridad social como en cualquier otro trabajo, el Pascha.

Creo que si se legalizara la prostitución, todo sería mucho más fácil, ya que las chicas no tendrían porque estar en la calle, estarían aseguradas con una cotización que les serviría para cubrir muchas prestaciones que ahora no tienen, y estarían más protegidas frente a proxenetas, por ejemplo. Cara a los clientes también sería más fácil, ya que tendrían un lugar donde acudir y donde sabrían que pueden encontrar gran variedad de chicas, un poco como los clubs de ahora.

Creo que la idea del burdel Pascha, es ideal para todas las partes, todos se ven beneficiados, ¿no crees?

calle roja HolandaEn definitiva legalizar la prostitución creo que sería algo positivo para todos y se acabarían los problemas. Está claro que desaparecer no desaparecerá jamás. Siempre hay hombres que tendrán la necesidad de estar con prostitutas, y siempre hay chicas que querrán dedicarse a ello porque les gusta, porque es dinero fácil o por cualquier otro motivo, pero ya no será porque alguien las obligue.

Si siempre va a existir, ¿porque no hacerlo más fácil y beneficioso para todos? ¿no crees que regularlo por ley seria una buena solución? ¿cual crees que sería la solución a la problemática de la prostitución?

http://www.elblogdesexo.com/prostitucion-hacerle-frente-349908

Share

El juez condena a De Santos a dos años de cárcel por gastar dinero público en puticlubs

El magistrado Carlos Izquierdo, presidente del tribunal del jurado que la pasada semana juzgó al ex concejal de Urbanismo en el ayuntamiento de Palma, Javier Rodrigo de Santos, ha condenado al acusado a dos años de prisión así como a cuatro años de inhabilitación absoluta, por un delito de malversación de fondos públicos en clubes de alterne y casas de masaje.

Así consta en la sentencia emitida por el magistrado, en la que se tienen en cuenta las atenuantes de reparación del daño y de drogadicción, al considerar probado que reintegró a las arcas municipales más de 50.000 euros desviados y que en el momento de los hechos el ex edil era adicto a la cocaína.

Cabe recordar que el fiscal Juan Carrau rebajó su petición de pena de tres años y medio a tres de prisión para el acusado así como a seis de inhabilitación absoluta, mientras que el letrado del ex edil, José Ignacio Herrero, pedía para su patrocinado cuatro meses y medio de privación de libertad así como un año y medio de inhabilitación absoluta. Contra la sentencia cabe interponer recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJIB) en un plazo de cinco días.

La resolución judicial remarca que De Santos devolvió esta cantidad antes de que fuese iniciado el proceso judicial contra él, de acuerdo a lo defendido por el abogado del ex concejal. Tal y como relata la sentencia, De Santos, aprovechando su cargo como presidente de la Empresa Municipal de Obras y Proyectos Urbanos (EMOP), utilizío la tarjeta municipal de esta compañía «en su propio beneficio y sin intención de decvolver las cantidades» defraudadas. En concreto, entre enero y octubre de 2006 el ex regidor gastó en su propio beneficio un total de 28.468 euros en el local de masajes Casa Alfredo a través de 81 cargos a la tarjeta, ninguno de los cuales superó los 4.000 euros, y girando la facturación a nombre de Alfredo Gómez, propietario del local. Asimismo, en noviembre de ese año realizó otros seis cargos por 1.330 euros en el mismo establecimiento, bajo el nombre del encargado del local Deyan Delchev.

La sentencia señala asimismo que también en Casa Alfredo el condenado gastó 20.349 euros mediante 37 cargos, girando la facturación a nombre de Lavandería Miele, aunque ninguno mayor a 4.000 euros. Mientras tanto, en el local de alterne Prometeo abonó 880 euros, así como 350 en la sauna Sabiniano Gómez Serrano, y 1.825 euros en el Hotel Barceló-Albatros.

Tal y como manifiesta el juez en la sentencia, De Santos era adicto a la cocaína en el momento de los hechos, lo que disminuía de forma «no intensa», como ya había considerado probado el jurado popular en su veredicto, su voluntad para reprimirse en la realización de los gastos.

El proceso judicial contra De Santos se inició el 13 de marzo del pasado año con la interposición de una querella por parte de la Fiscalía, que llevaba investigando los hechos con anterioridad a esa fecha, pesquisas que, tal y como puntualiza la resolución, eran conocidas por De Santos ya que había sido citado a declarar ante el fiscal un día antes.

Además, el juez destaca que el mismo día 13, concretamente a las 17.05 horas, De Santos remitió una carta a la alcaldesa en la que expresaba reconocer el desfase por 50.804 euros e indicaba que procedía a su devolución, que lo atribuía a un error y donde manifestaba quedar a disposición de la primera edil para practicar liquidación. Según la sentencia, la misiva fue enviada por el acusado a fin de reconocer el hecho delictivo. La resolución también remarca que el ex edil ha pedido perdón públicamente así como ante los medios de comunicación.

El dinero ‘por desgracia era para pagar droga

Durante el juicio celebrado del 14 al 16 de septiembre en la Audiencia Provincial de Palma, el encausado alegó que el dinero que desvió era «por desgracia para pagar droga ya que la adicción que tengo es a la droga, no al sexo».

Mientras tanto, en la última sesión de la vista y haciendo valer su derecho a la última palabra, se dirigió al tribunal del jurado «como drogadicto y no como culpable, que lo soy», para transmitirle que «he vivido engañado» debido a su dependencia ya que «tenía un perjuicio y pensaba que lo podía dejar». Asimismo, manifestó que «mi verdad es sincera porque se basa en hechos reales y es que mi voluntad nunca fue la de apropiarme de dinero público».

Encausado en otros dos procedimientos

Cabe recordar que De Santos también será juzgado los días 5, 6 y 7 de octubre, en este caso por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, acusado por presuntos abusos sexuales a menores. En concreto, la Fiscalía pide 24 años y tres meses de cárcel por cuatro supuestos delitos de abuso sexual, dos contra la salud pública y un último de corrupción de menores o alternativamente otro contra la integridad moral, pese a que su defensa niega que se produjesen estos hechos y pide la libre absolución del procesado.

Es por esta causa por la que De Santos abandonó el pasado 30 de marzo la cárcel de Palma, en la que se encontraba de forma preventiva desde el 27 de junio de 2008. Por otro lado, el ex concejal también está inculpado en un tercer procedimiento, relacionado con las supuestas irregularidades cometidas en la adquisición del castillo de juegos infantiles de Sa Riera y aún en fase de instrucción.

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/09/24/baleares/1253781781.html

Share

La calle sin ley

Andrea está preñada, pero piensa dejar la prostitución en un mes y volver a Rumanía. Allí la espera su novio. Ahora ejerce en Granada, sin miedo a las multas que impone la nueva ordenanza de la convivencia

Unos almendrados y despampanantes ojos negros siguen la trayectoria de una furgoneta blanca cargada con tres jóvenes españoles. Los tipos sacan la cabeza por la ventanilla y jalean a la mujer que los mira. El destartalado vehículo se detiene un momento. La prostituta, rumana, piel clara, pelo brillante y negro, guapa y parca en palabras, 27 años, los mira desafiante, con desprecio.
«Son unos payasos, yo no me monto. Son muchos tíos juntos. Sólo quieren reírse», espeta frunciendo el ceño Andrea, debajo de la farola y una valla publicitaria donde suele pasar unas seis horas al día, con las interrupciones propias de su trabajo: el encuentro con los clientes, que se efectúa unos metros más allá, dentro del coche de ellos o entre los matorrales. Pero ahora, viernes por la noche, no va a ser. Está embarazada de casi dos meses, se acaricia la barriga. Andrea no quiere correr riesgos con esos tres energúmenos.
Hay unos campesinos rumanos a 3.500 kilómetros de aquí que ignoran por completo que su hija se gana la vida ‘vendiendo’ sexo. Andrea oculta su profesión a sus padres, finge ser camarera, pero acumula en su cuerpo cuatro años haciendo la calle, dos de ellos aquí, en la carretera de Jaén. En estas aceras anda cada noche con parsimonia y descaro, casi siempre escoltada por sus compatriotas y compañeras de oficio Diana y Bianca, también veinteañeras.
Los días durmiendo
Andrea se sitúa una rotonda más arriba de los travestis y una más abajo de las «negritas». Ésa es la dirección de su trabajo. Su hogar es un modesto piso en el barrio de La Chana. En él, vive con sus dos hermanos. Ellos trabajan en la obra. Apenas coinciden, los días para esta prostituta pasan con la persiana bajada, recuperando el sueño que perdió la madrugada anterior.
Las horas pasan, la noche avanza y la conversación a la intemperie se alarga. Hasta el momento en que la periodista se marcha, los clientes son pocos. Sólo uno. «Te juro que aquí no se gana mucho, unos 1.500 euros. El negocio es duro. La crisis también se nota. Y los precios… 20 euros por una felación y 30 por un completo», me dice levantando la voz.
Los proxenetas están en desuso, asegura esta ciudadana europea. «Yo voy por libre», profiere antes de dirigirse con lentitud a unos matorrales de los que extrae una Coca Cola de dos litros. Al otro lado de la carretera varias chicas son controladas por un chulo. Sin embargo, estas tres mujeres comparten, además de la botella de Coca Cola, la ‘libertad’. Entre la hierba está el menú de la noche: el refresco, pipas de girasol y el tabaco.
Andrea, Bianca y Diana se han conocido en España, ya trabajando de prostitutas. Antes, en Rumanía, fueron al colegio como niñas normales de clase baja, cada una en un pueblo diferente. Con un futuro ligado a la actividad agrícola.
Evocando su pasado -que aún no sabe el sexo de su bebé porque no ha ido al médico- anuncia que está dispuesta a dar un portazo. «Me vuelvo a Rumanía en un mes, ¿qué hago yo aquí con un barrigón? Esto no es bueno para un hijo».
¿Y abortar? «No, no, no… Si estoy embarazada de mi novio, y nos queremos. Él ya se ha ido a nuestro país, trabaja en la obra. Me espera allí», detalla con cuentagotas una mujer que ofrece a los clientes un sexo sin fantasía, exento de glamour, lleno de sordidez y con condón. «Siempre con goma, mi cuerpo vale más que el dinero. Aunque los clientes paguen más por hacerlo a pelo, los billetes se van y el cuerpo se queda».
Andrea se queja, critica el panorama, y sus colegas la secundan. Ya no ingresan lo suficiente para mandar algunos euros a Rumanía. La crisis económica cortó hace un año el reguero de clientes en los aledaños del Polígono. Aún así, ellas trabajan casi todas las noches, pero en algunas jornadas laborales sólo tienen uno o dos servicios. Casi nada: «Sólo 40 ó 50 euros».
«Viene a saludarme»
El reloj marca las 22.00 horas. Un Seat Ibiza azul metalizado, tuneado y conducido por un musculoso treintañero, se para. Andrea se acerca y mete la cabeza en la ventanilla. Dos besos. Unas palabras. Y la prostituta vuelve debajo de la farola. Él, de nacionalidad española, se marcha sonriendo. «Ha venido a saludarme -cuenta Andrea encendiéndose otro cigarro-, dice que hoy no tiene dinero».
Transcurren diez minutos. La fila de coches continúa en la carretera de Jaén, una zona en obras. Muchos vehículos pitan a las chicas. Otros les chillan. Todos, hombres y mujeres, las miran. De pronto reaparece el Ibiza azul metalizado. Andrea retorna a la ventanilla del coche. Y retrocede a la acera.
«Me ha dicho que va a coger a otra chica rubia que trabaja más arriba, en la parada del autobús. Hoy la quiere a ella». A lo lejos, se divisa un cabellera platino montándose en el coche azul. Puta y cliente desaparecen a todo trapo. «Yo no me enfado», sonríe Andrea, que evita a los clientes rumanos «porque son muy pesados y al final se enamoran».
Se lo dice la experiencia. Antes de recalar en Granada, esta mujer de silueta modélica y preñado incipiente trabajó en Barcelona dos años. Allí empezó todo. Desde aquel primer hombre que vio cómo Andrea se echaba a llorar tras el servicio prestado, hasta alguna incursión en clubes de alterne. «Los puticlubs son un rollo porque a las seis de la tarde se empieza por obligación».
«Ahora ya sólo pienso en los clientes como dinero. Mientras hago lo que me piden sólo pienso en los 20 ó 30 euros más que estoy ganado. Te acostumbras así», confiesa Bianca. A su lado, la futura madre asiente mientras observa que un conocido Suzuki Vitara dorado se acerca hasta su puesto de trabajo.
«Anda, vente si quieres», le dice con buenos modos, sin mirarla a la cara y casi en sordina, su ocupante, un señor de unos cincuenta años, de buen aspecto, con la cara curtida por el sol.
La prostituta sonríe, lo ha hecho toda la noche. Y se despide. El Suzuki arranca y en breves minutos Andrea ya sólo pensará en los 20 ó 30 euros que va a ganar. Hemos quedado en volver a vernos al día siguiente.
El sábado
Son las 19.00 de la tarde. Sábado. Había quedado con Andrea para tomar café a las siete, en su barrio, cerca de su casa. Llamo al móvil de Diana, el único contacto que me han proporcionado. Me cuenta con voz de sueño que Andrea tiene trabajo. Tendrá que ser otro día. Además, anoche terminaron muy tarde. Extenuadas.
Tres días después me doy cuenta de que le he perdido la pista a la futura mamá. «Andrea se ha ido a Murcia. No trabaja hoy. Andrea no quiere saber nada del periódico», me cuenta Diana al otro lado del teléfono o a pie de carretera en diferentes ocasiones. Insisto.
Andrea ha desaparecido del que era su lugar de trabajo, según compruebo in situ. Sé que aún no se ha marchado a Rumanía y expreso mi inquietud por ella. «No te preocupes, está bien», zanja el tema con una sonrisa Diana, con la cara hinchada y evidente cansancio.
Termino el reportaje pensando dónde y cómo se encontrará Andrea. La vida de las mujeres de la calle es una espiral en la que se repiten escenarios, algunos clientes, los escasos ropajes de las chicas, las mecánicas prácticas sexuales y las conversaciones entre ellas en mitad de la noche.
Sin embargo, en el horizonte de la profesión más antigua del mundo se atisba una novedad que sí inquieta a sus ‘empleadas’ en Granada: en cuestión de tres semanas serán perseguidas y multadas hasta con 3.000 euros todas las chicas que ejerzan justo en el lugar por donde ahora merodean Bianca y Diana. A mí, por lo pronto, me sigue rondando la pregunta de dónde estará Andrea, un nombre falso, por supuesto.
Share

Hablando de putas

LEÍAMOS ayer en este periódico que el negocio de la prostitución está de capa caída. Y más que lo estará si los gobiernos hacen caso a las conclusiones de un Seminario sobre la Prostitución organizado por la Santa Sede, en el que se pide a los poderes públicos que sancionen a los clientes. O sea, que se multe a los puteros como a delincuentes que son por «violación de los derechos fundamentales». No seré yo quien niegue el aspecto vejatorio que, en teoría, conlleva el recurso a la prostitución por parte del cliente. En teoría, insisto, el usuario ejerce un acto de violencia contra la mujer, una ofensa a su dignidad, porque se supone que la profesional se somete por dinero a un acto que le repugna o que, al menos, no le apetece necesariamente. Entiendo que este abuso es aún más censurable si tenemos en cuenta el elevadísimo porcentaje de mujeres que ejercen la prostitución contra su voluntad, obligadas por el chantaje, o por el hambre, o por el desarraigo. Pero no va a ser fácil, a menos que se cree una unidad especial que se infiltre en puticlubs, meublés y moteles varios, o controle esquinas, aceras y rastrojeras. Más difícil aún parece pillar a tales delincuentes en plena infracción, circunstancia ésta que debería ser necesaria para sancionarle. Aunque se pueda coincidir con las generales de la ley, aunque los curas, obispos, monjas y psicólogos que se reunieron para elaborar tan honestas conclusiones tengan razón, no lo tienen fácil las autoridades civiles para reducir a multazos el censo de clientes prostibularios. Y es que, ya se sabe, el asunto ese no tiene enmienda.

Fuente: http://www.noticiasdegipuzkoa.com/ediciones/2009/01/13/opinion/d13opi3.1387768.php

Share