El momento más lujurioso de la historia de España

Frailes mujeriegos realizando sus ‘menesteres’.

Lo dice Juan Eslava Galán, autor de ‘Lujuria’

Se va a la Edad Media, con los clérigos mujeriegos, un rey impotente y el catálogo de putas de Castilla: Violante, La Mariblanca…

  • JUAN ESLAVA GALÁN

El siglo XV, otoño de la Edad Media, fue quizá la época de la historia de España más proclive al desenfreno sexual.

Los intentos del papa Gregorio VII de imponer el celibato al clero habían fracasado. El problema se arrastraba de antiguo. El concilio de Compostela (1056) había ordenado en vano que los sacerdotes y clérigos casados dejasen a sus mujeres e hicieran penitencia; el concilio de Palencia (1129) que ordenó que las mancebas de los eclesiásticos fuesen repudiadas públicamente, fue igualmente desobedecido y la misma suerte corrió el de Valladolid (1228) cuando dispuso que «denuncien por excomulgadas a todas las barraganas públicas de los dichos clérigos y beneficiados y si se moriren que las entierren en la sepultura de las bestias». Un siglo después el concilio de Toledo (1324) lamentaba que «se ha introducido la detestable costumbre de que vayan a comer a casa de Prelados y Grandes las mujeres livianas, conocidas vulgarmente con el nombre de soldaderas y otras que con su mala conversación y dichos deshonestos corrompen muchas veces las buenas costumbres».

El viajero Juan de Abbeville (1228) observó que el clérigo español era más mujeriego que sus colegas europeos. Al final las autoridades cedieron. Un privilegio de Enrique II concedía a los clérigos y prestes de Sevilla el mantenimiento de sus apaños siempre que fuera sin mengua de la castidad: «Que las dichas concubinas en adelante hicieren vida honesta, que les puedan en sus casas de ellas aparejar los manjares y enviarlos a los dichos clérigos a sus casas, y en el tiempo de enfermedad servirlos en cosas lícitas y honestas de día, salvo si el mal fuere muy grave. Y otro sí, que los clérigos y prestes puedan ayudar piadosamente a las dichas mujeres, e hijos ya nacidos, en sus menesteres».

Las canciones y serranillas de este tiempo son de una desvergüenza y procacidad notables. Un estimulante catálogo de dueñas salidas, clérigos encalabrinados, lances de alcoba y monjiles pechos insomnes caldea los aires en las canciones del pueblo. Los gustos literarios de la nobleza guerrera dirigente no eran muy distintos. El amor cortés había evolucionado hasta hacerse sexual en las novelas de caballerías. El caballero combatía llanamente, por la posesión del himen de la dama, representado por distintos fetiches ensangrentados o manchados de sudor, como esos pañuelos o cintas que la dama otorga al amado para que le traigan suerte en la pelea.

Este ambiente disoluto se refleja incluso en la moda. Las hermosas no desaprovechan ocasión de lucir la pechera. El alemán Münzer, de viaje por España, confiesa, entre encantado y escandalizado: «Las mujeres con excesiva bizarría van descotadas de tal modo que se les pueden ver los pezones, además todas se maquillan y perfuman». ¿Qué opinaba el rey de todo esto? El monarca era Enrique IV, un hombre que, a pesar del infamante sobrenombre con que ha pasado a la historia (el Impotente), también participaba en las alegrías de sus súbditos. Los cronistas a sueldo de su hermanastra y enemiga, Isabel de Castilla, destacan su homosexualidad y le achacan diversas perversiones sexuales: que gustaba de rodearse de mancebos dudosos y de vestir a la morisca (Alonso de Palencia) que «era hombre efeminado (…) y que era embuelto en luxurias y vicios desordenados y otras cosas feas» (Fernando del Pulgar), que no se allegaba sexualmente a la reina pero la ofrecía al valido, don Beltrán de la Cueva y otras lindezas. Más fundamento parece tener el diagnóstico del doctor Marañón según el cual el rey padecía «de displasia eunucoide con reacción acromegálica». Debía ser una impotencia intermitente o según con quien porque por otra parte existen testimonios que aseguran que se tenía pistoleadas a las putas de Segovia. Hacia 1510 un clérigo anónimo y conocedor del tema compuso La Carajicomedia, especie de catálogo de las putas de Castilla, obra de valor inestimable en la que se dan muy precisas noticias del estado de la profesión al final de la Edad Media. Entresaquemos algunos nombres:

  1. MARÍA DE VELASCO: «No nació mayor puta, ni hechicera, ni alcahueta sin más tachas descubiertas».
  2. RABO DE ACERO: «Es Francisca de Laguna, natural de Segovia, hizo la carrera en Salamanca».
  3. LA NAPOLITANA: «Ramera cortesana, muy nombrada persona y muy gruesa. Tenía la rabadilla muy urdida y tan grande como un canal de agua. Casó con un mozo de espuelas de la reina doña Isabel que la retiró del oficio»
  4. ISABEL LA GUERRERA: (era Isabel Guerra): «A todos da que hacer».
  5. ISABEL DE TORRES: «Tiene cátedra en Valladolid por mejor escrevir della la fui a ver y a conocer. Es mujer gruesa, de buen parecer, bien dispuesta».
  6. VIOLANTE DE SALAMANCA: «Residente en Valladolid, gana la vida sufriendo diversos encuentros en su persona. Su rufián le marcó la cara de una cuchillada y ella para evitar la segunda se cubrió la cabeza con las faldas, entonces recibió la herida en la parte expuesta: Diole un picapunto en el culo de razonable tamaño».
  7. JUANA DE CUETO: «Muy chica de cuerpo, de muy buen gesto y gorda: tiene buenos pechos; es muy soberbia y desdeñosa a la gente pobre, pero con quien tiene oro muchas veces llega a las manos, pero continuamente ha caído la triste de espaldas en tierra. Tiene gran furiosidad en soltar de los pedos».
  8. LAREZ: «Mujer de increíble gordura; parece una gran tinaja. Ha sido razonable puta, o al menos nunca cubrió su coño por vergüenza de ningún carajo. Se queda en Valladolid manteniendo telas a cuantos carajiventureros cenen».
  9. LA GRACIA: «Mujer enamorada, gran labrandera; hermosa y dispuesta(…) de continuo está en su puerta labrando y por maravilla passa uno que ella no lo mire(…) publica su coño ser ospital de carajos o ostal de cojones(…) tiene gran afición con todo el brazo eclesiástico».
  10. ANA DE MEDINA: «Gentil mujer(…) mujer de buen fregado. Autores son mil legiones de carajos fríos y elados, y pertrechos que allí han recibido perfecta curación y escaldación».
  11. LAS FONSECA: «Hermanas naturales de Toro, residentes en Valladolid. Son gentiles mujeres, especialmente la menor que tiene por amigo al prior de la Merced que en tanto grado la quiere que las paredes del monasterio desuella para dalle».
  12. LA MALMARIDADA PERALTA: «De pequeña edad y gentil disposición, la cual por sus pecados casó con hombre débil y viejo. De coño veloce, esto es, coño cruel ardiendo que siempre está muerto de hambre».
  13. ISABEL DE HERRERA: «Primera de todas las putas del universo, la flor de las mujeres enamoradas, la fragua de los carajos, la diosa de la luxuria, la madre de los huérfanos cojones».
  14. LA MARIBLANCA: «Reside en un mesón de Salamanca, al passo de la vega. Es mujer muy retraída de vergüenza, y que tiene gran abstinencia de castidad. Siendo amiga de un estudiante, una mañana, estando en la cama y aviendo él acabado de passar carrera, ella se hincó de rodillas en la cama puestas las manos contra el cielo mirando a un crucifijo y con lágrimas en los ojos, con devoción, a grandes voces dixo: «¡Señor, por los méritos de tu Santa Pasión, si merced en este mundo me has de hazer, es ésta: que en mis días no carezca de tal ombre como este!». Esta señora, al tiempo que tiene un carajo en el cuerpo, que se querría hallar en un cerro que está fuera de la ciudad media legua por dar gritos a su plazer».
  15. LA PEDROSA: «Reside en Salamanca, es mujer gruesa, gran nalguda(…) estando hodiendo está como rabiosa, ando bocados do puede, y a las veces muerde las sábanas o manta o almohadas y atapase las narices y oídos por no resollar». Ese mundo cambió bruscamente a la llegada de la piadosísima y honesta Isabel la Católica, y no digamos cuando poco después los reinos españoles pasaron a los piadosos Austrias y a ser el nuevo depositario de la promesa divina sobre el pueblo escogido… Pero fue bello mientras duró.

http://www.elmundo.es/cronica/2015/10/11/5617f29722601de0058b459e.html

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Mujeres de mala vida

BÁRBARA ROSILLO

DURANTE el Antiguo Régimen existían en España burdeles públicos sujetos a una serie de disposiciones por parte de las autoridades, eran llamados mancebías y los había en todas las ciudades principales y en las que tenían universidad, ya que eran muy visitados por los estudiantes, se trataba de un fenómeno eminentemente urbano.

Estos establecimientos eran vigilados constantemente por alguaciles y no se permitía entrar en ellos con armas como puñales o dagas. Tampoco estaba permitido que tuvieran taberna, lo que muchas veces no se cumplía y era frecuente que las hubiera alrededor. Contrariamente a lo que nos pueda parecer, en ocasiones los dueños de estos negocios podían ser gente importante y supuestamente honorable. Los encargados de regentar el establecimiento eran llamados padre o madre por las trabajadoras, una sarcástica ironía que plasma Fernando de Rojas en La Celestina. En la tragicomedia comprobamos que las dos rameras a cargo de la alcahueta la llaman madre; este tipo de anciana oportunista no era una fantasía del escritor sino un personaje verdadero de aquella sociedad.

En cuanto al ingreso en la citada «profesión», había que seguir una serie de normas. La joven que quisiera trabajar en un burdel debía presentarse al juez de su barrio con una serie de documentos que atestiguasen una serie de requisitos, como ser mayor de 12 años, haber perdido la virginidad y ser huérfana o de padres desconocidos, es decir, una joven sin familia, abandonada y sin medios económicos para subsistir. Evidentemente una gran mayoría de las mujeres se veían abocadas a la prostitución debido a la miseria, y aunque las que vendían su cuerpo solían provenir de las capas más bajas de la sociedad, lógicamente había rangos. La amancebada vivía con un hombre, las llamadas «mujeres de amor» eran independientes y frecuentadas por hombres con posibles; por último, las cortesanas tenían cierta posición. Bajando el escalafón se encontraba la ramera que vivía en la mancebía y la simple buscona o cantonera que ofrecía sus servicios en plena calle.

Durante el siglo XVI Sevilla fue la urbe más importante de nuestro país, un gran emporio comercial con una superpoblación que necesitaba una solución apremiante en este sentido; de esta manera fue la capital hispalense en 1553 la primera ciudad española donde se establecieron una serie de normas que debían cumplir las «casas de mancebía» para su correcto funcionamiento. Cada ocho días los médicos debían reconocer a las meretrices y si había alguna enferma era enviada al hospital. El establecimiento también era inspeccionado periódicamente por el Cabildo (ayuntamiento) para comprobar que todo estuviera en orden. No se podía trabajar en días festivos, vigilia ni cuaresma. Por otro lado, si la prostituta estaba libre de cargas y deseaba abandonar la profesión era libre de hacerlo. En 1570 estas ordenanzas pasaron al resto de Castilla.

El burdel más famoso de Sevilla se llamaba El Compás y estaba extramuros, en la zona del Baratillo (actualmente calle Castelar), su origen se remontaba al siglo XIV. Se sabe que en el siglo XVII estaba dividido en habitáculos y cada prostituta pagaba un real y medio al día de alquiler. Durante el reinado de Felipe IV el negocio se cerró, pero no definitivamente como querían las autoridades, sino que se trasladó fuera de la puerta de Triana. A lo largo del siglo XVII se intentó por todos los medios erradicar las «casas de mancebía» por medio de decretos y pragmáticas, pero nada se pudo hacer. Se abrieron burdeles ilegales por toda España, con lo que el problema se agudizó.

Hay constancia de un hecho que me ha parecido muy curioso. Durante la Semana Santa el Ayuntamiento de Madrid obligaba a salir a las prostitutas de la ciudad, un regidor era encargado de recogerlas pero, como no podían ganarse el sustento, el mismo Consistorio consideraba apropiado costearles la estancia hasta el Sábado Santo en el que podían regresar a sus quehaceres (no fue un hecho aislado de la capital sino que sucedió en toda Castilla). También estaba fijada como debía ser la indumentaria de las meretrices, consistía en una mantilla corta de color amarillo o azafranado sobre la saya y un medio manto negro. En el Antiguo Régimen las personas vestían conforme al estamento al que pertenecían. La ropa debía dar una información precisa acerca del individuo, la sociedad seguía unos códigos muy estrictos en materia de indumentaria, una dama noble no vestía igual que una burguesa, sólo con ver a una persona se sabía a que estamento pertenecía. Las mujeres de mala vida, más si cabe por su tipo de actividad, debían ser identificadas por el tipo de prendas que usaban.

http://www.eldiadecordoba.es/article/opinion/1392145/mujeres/mala/vida.html

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Prostitución sumergida

No se trata de submarinistas ejerciendo el amor mercenario, sino de la peculiar situación hacia la que deriva esta antigua actividad, asunto que intento tratar con el desapasionamiento del entomólogo que pincha mariposas. O sea, no es asunto personal. Hablo de la prostitución como fenómeno social y adelanto que, en toda mi vida, el trato con este mundo fue superficial, casi platónico y amistoso. En viejos tiempos de cabarets, salas de fiestas nocturnas, solía pegar la hebra con alguna de las habituales, filtradas por el maître, que veían llegar la hora del cierre sin haber conseguido el cliente. Hablábamos con ellas, interesados por las peripecias profesionales, que nos confiaban con gusto y desahogo. Entonces se popularizó el bastante cierto trinomio de las «tres pes»: prostitutas, policías y periodistas. Siempre fuimos los canallescos chivos expiatorios. Comprobé que entre aquella casta había espléndidos seres humanos.

Desde siempre ha sido un modelo de economía sumergida, hasta fechas recientes que, según parece, tiene aire del negocio sospechoso, explotador, ultranacional y mafioso. Considero que elegir tal oficio supone una cuota voluntaria y cómoda, para la que se precisa cierta predisposición o tendencia vocacional, en lo que no me meto. Tampoco enjuiciaría si un perito agrícola o un oficial de notarías fuese frustrado campeón olímpico de natación, chocolatero, incluso pinche de gran restaurador. Allá cada cual.

No hacen falta conocimientos ni experiencia para deducir que la prostitución ha cambiado. Lo comprobamos cada mañana con cualesquiera que sean los periódicos consultados: ofertas estremecedoramente explícitas sobre cualidades y servicios ofertados. Salvo los puticlubs de carretera, incluidos en las listas del fisco, el oficio se ejerce por libre y, me parece que, al menos de manera oficial, está excluido de los beneficios de la Seguridad Social.

Como todo lo demás, han cambiado las estructuras: ni la ramera es un ser marginal que tiene que ceder la acera, ni el cliente un insatisfecho del tálamo. A juzgar por la profusión de reclamos publicitarios, la demanda debe ser alta y me considero incapaz, por edad y otras circunstancias, de ponerme en los zapatos del usuario. Quizás exista aún la división clasista entre las de más baja ralea y las de alto vuelo, la del cliente urgido y mezquino y la entretenida que mezclaba refinamientos de geisha con la comprensión de la «querida», entrañable nombre que se le daba a aquella esposa bis. Hoy está todo socializado, popularizado, vulgarizado y en este tema recuerdo aún cuando, en el bar que frecuentaba antaño, me señalaron a las últimas grandes cocottes -¡qué cursimente afrancesado modismo!- que señorearon Madrid en el entorno de la dictadura de Primo de Rivera. Hicieron entrada principesca, llevando una de ellas el consentido pequinés en brazos, algo que no le hubieran consentido a otra mujer. Pidieron sendos cócteles y fumaron en largas boquillas, como si estuvieran en su boudoir. Los camareros más antiguos las saludaron con respeto y viejos clientes se acercaban a besarles la mano que tendían con cierta languidez. Eran conocidas por sus apodos y me parece que coincidieron dos notables: La Caoba y La Brillantes. La primera fue amante del dictador de Jerez de la Frontera y ambas eran mujeres maduras de extraordinaria distinción y belleza. Por supuesto tenían el riñón forrado y ya no dependían de los hombres.

Después de ellas se ha socializado el asunto y, salvo en círculos restringidos, no hay notoriedades, el anonimato ha caído como un demócrata manto sobre la debilidad de la lujuria. Aquellas rutilantes estrellas del fornicio practicaron y predicaron la más importante de sus virtudes: la discreción. No hay memorias -que serían jugosísimas, incluso alejadas de los confines sexuales- porque fueron testigos, cómplices, colaboradoras necesarias muchas veces, de acontecimientos políticos o económicos de fuste. Ignoro si pagaban impuestos, algo que ignoro si cumplimentan los centenares de seres -ahora de ambos sexos- que ejercen una tarea prácticamente pública, burladero de cierta actividad sumergida de considerables proporciones. Un fenómeno se ha producido: apenas hay prostitutas españolas; el Caribe, el este de Europa y la fecunda Asia han echado de las calles a nuestras compatriotas. ¡Pobres chicas!

http://www.elpais.com/articulo/madrid/Prostitucion/sumergida/elpepuespmad/20110502elpmad_8/Tes

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NI «ESO», NI «ÉSTA»

Hace mucho que recibo mails de mujeres que, en algún momento y de manera más o menos  firme, están pensando en dedicarse al mundo de la prostitución como profesionales del sexo de pago. Sigo pensando que puta es una palabra más limpia y clara. Pero no quiero ofender a nadie con ella.

 

Lo que no deja de sorprenderme es, cómo se refieren a nuestro trabajo:

-Estaba pensando en meterme en esto-…

-No sé cómo puede irme en este mundillo-…

-De este ambiente no sé nada-…

Yo defiendo mi trabajo porque es mi manera de ganarme el sueldo, de pagar facturas y de salir adelante sin la ayuda de nadie. Lo defiendo porque, en su momento me salvó de una vida que no quería seguir viviendo y que más pronto que tarde, hubiese terminado conmigo y con mi hijo. Defiendo este trabajo porque me gusta, porque aprendo a diario, porque he conocido a hombres y mujeres excepcionales, porque he podido ver cuántas mentiras encierran los titulares de los periódicos y los programas de tv sensacionalistas y aprovechados.

No me gusta que nadie llame “eso” a mi trabajo. Nadie llama “eso” al ejercicio de la medicina, a la arquitectura, al derecho o a la limpieza doméstica.

No trabajo “en eso”. Soy prostituta, puta, trabajadora sexual. No soy “ésa”, y no trabajo en “eso”.

No estoy enfadada, aunque quizá por  el tono, pudiera parecerlo, en realidad, estoy aturdida.

Intentas hacer llegar mil mensajes, mil consignas, mil verdades. En este blog, en GuiaGeisha, en el Facebook, en cada entrevista, en cada conversación, en cada mail, en cada llamada. Y sólo consigues que el resto del mundo siga refiriéndose a mi trabajo, como “eso”.

Yo no trabajo en un mundillo, ni en un ambiente, ni en “eso”. ¿tan difícil resulta para la sociedad en general, llamar a las cosas por su nombre? Con lo mucho que gusta ahora etiquetarlo todo, hay dos términos que la gente no usa. Uno es la palabra cáncer, -ahora se le llama larga y penosa enfermedad-, y a mi trabajo se lo denomina , “eso”.

Quizá haya algún tipo de lazo que se me escapa, entre ambos términos. Entre cáncer y puta, quiero decir. Lo mismo que aún se asocian las ITS a las profesionales del sexo de pago que, somos las únicas que nos cuidamos y hacemos exámenes con meticulosa regularidad.

Soy puta y trabajo como puta. Si no les gusta, acepto meretriz, ramera, prostituta o trabajadora del sexo de pago. Pero ni “esa” ni “eso”. Las profesiones tienen nombre y el de la mía es muy claro.

Y siguiendo con el principio de esta entrada, me pregunto cómo una mujer, piensa en trabajar en algo a lo que ella misma denomina “eso”.  Hace algún tiempo en este blog una chica nos hablaba de la vergüenza que experimentaba al trabajar como limpiadora y cómo le mentía a su propia familia, sobre su verdadera ocupación. Pero no la llamaba “eso”.

No me pregunto de dónde viene esa vergüenza porque,, es simple. Es aprendida, adquirida. Nada nuevo. Pero sí me pregunto cómo te puedes imaginar trabajando como puta, si ni siquiera puedes nombrar a tu próximo oficio.

Cuando yo me planteé por primera vez trabajar como prostituta, cerré los ojos y me vi. No podía imaginar cuán distinto era porque yo partía de una base falsa, la que siempre nos enseñan los medios de comunicación. Pero, sí me veía intercambiando sexo por dinero con un desconocido. Luego, simplemente, adapté mi trabajo a mi manera de ser y le di mi toque. Como hacemos todos en nuestro puesto de trabajo.

Pero, pido por favor, a todas aquellas mujeres, jóvenes o maduras que, si no pueden autodenominarse puta, prostituta o trabajadora sexual y no pueden admitir que van a trabajar en el mundo del sexo de pago, en lugar de hacerlo en “eso”; que ni siquiera sigan imaginando, fabulando o pensando en entrar en esta profesión.

Porque, no todo el mundo sirve para trabajar en cualquier ramo. Y no todas las mujeres, sirven para ser profesionales del sexo de pago. Putas, al fin y al cabo. Somos muchas las que trabajamos para exigir nuestros derechos y nuestras obligaciones, para hacer que la sociedad conozca de primera mano lo que pensamos, sentimos y cómo trabajamos en nuestro día a día, sin permitir que otros lo hagan por nosotras de oídas.

Dignificamos nuestro trabajo, lo mismo que él nos ha devuelto nuestra dignidad a nosotras.  Seguimos en él porque nos gusta y nos aporta mucho a nuestra vida. Porque, además podemos ayudar a otras personas y ser ayudadas a la par.

“Eso”, se llama prostitución y “ésta”, es Paula.

Gracias

PaulaVip

 

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La lucha por el reconocimiento del trabajo sexual continúa

BUENOS AIRES (dpa) – Esta es la historia de mujeres que son más discriminadas por otras mujeres que por hombres y que ejercen un trabajo que no es reconocido como trabajo.

«No soy puta, no soy prostituta, no soy trapo ni jinetera, no soy cuero, no soy meretriz ni ramera, tampoco cortesana. Soy una mujer trabajadora; una mujer trabajadora sexual». Así hablaba Elena Reynaga ante Fidel Castro en el II Foro Latinoamericano de VIH-sida, celebrado en Cuba en 2003.

Pocos años después, en 2008, ya convertida en una referencia, Reynaga fue la primera trabajadora sexual en exponer en una sesión plenaria de la Conferencia Mundial sobre Sida.

«Las trabajadoras sexuales se están muriendo por falta de servicios de salud, por falta de derechos, no por falta de ninguna máquina de coser». En un encendido discurso, dejó en claro que ella y sus compañeras tenían mucho para aportar. Y concluyó con los brazos en alto y lágrimas en los ojos: «No somos el problema, somos parte de la solución».

Elena Reynaga preside AMMAR, la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina, más conocida como Sindicato de Mujeres Trabajadoras Sexuales de Argentina, y RedTraSex, la Red de Mujeres Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe.

Cuando Reynaga, de 57 años, habla, parece que llevara toda la vida formándose como oradora y cuadro político. Pero no. Aprendió a leer y escribir hace algo más de diez años. Y su trayectoria como activista comenzó hace algo más de 15.

Oriunda de la provincia argentina de Jujuy, se crió en un hogar pobre y la prostitución se le presentó como una alternativa para ganarse el pan.

Con orgullo, habla de lo avanzados que están los países del Mercosur en cuanto a legislación y organización del trabajo sexual, y con tristeza reconoce que en Centroamérica la situación sigue siendo muy grave.

La historia de AMMAR se remonta a mucho tiempo atrás, cuando durante la dictadura se producían muchas detenciones arbitrarias y malos tratos. En democracia, los arrestos duraban menos, pero seguían. Había edictos policiales que penaban la prostitución en la vía pública. Para que no las detuvieran, a veces debían pagar parte de sus ingresos a la policía. En los calabozos, comenzaron a hablar entre ellas y a pensar en qué hacer para detener los atropellos.

«No sabíamos qué ni cómo», recuerda Reynaga. «Además la autodiscriminación estaba muy presente. Teníamos comprado el discurso de que no valíamos nada, que éramos unas putas de mierda».

Hasta que Elena y sus compañeras se enteraron de la existencia de AMEPU, la Asociación de Meretrices Profesionales del Uruguay. «Estaban sindicalizadas, organizadas, ya no las llevaban detenidas y tenían mesas de negociaciones con el Ministerio de Trabajo». ¿Por qué no seguir su ejemplo?

Así empezaron a reunirse en los bares de Buenos Aires. A la policía no le gustó y aprovechaba cualquier ocasión para detenerlas, hasta que entraron en contacto con la Central de los Trabajadores de Argentina (CTA), que les ofreció un lugar para encontrarse.

Al principio eran entre 80 y cien mujeres. Las peleas eran frecuentes. No tenían aún conciencia de lo que era una organización. Y como seguían los arrestos, Reynaga de repente se encontró casi sola.

Con la ayuda de dos abogadas, se concentró sobre todo en sacar a sus compañeras de la cárcel. Pero no estaban solucionando el problema de fondo. Entonces llegó el primer gran objetivo: «Trabajar por la derogación del artículo que le da derecho a la policía a detenernos». Tres años después, en 1998, lo consiguieron.

Paralelamente comenzaron a trabajar en la prevención de enfermedades de transmisión sexual, lo que volvió a involucrar a muchas mujeres. «Hacíamos todo a pulmón. Pedíamos una donación a una fábrica de condones. Y alguna compañera tenía que pedirle a un cliente que la llevara a buscarlos, porque no teníamos plata».

Lo que siguió fue abrir sedes de AMMAR en las provincias. Sólo en el primer año, se armaron cinco organizaciones.

«En 2004 empezamos a pensar que no podíamos ser sólo una organización que trabajara por la derogación de los edictos policiales y la prevención del VIH-sida, sino que había que empezar a trabajar por todos los derechos que tienen los trabajadores». Comenzó la lucha por el reconocimiento del trabajo sexual como tal.

«Queremos una ley que regularice el trabajo sexual. Tener los mismos derechos, oportunidades y obligaciones que tienen todos los trabajadores». Y así acabar con los abusos, el proxenetismo, la prostitución infantil y todas las violaciones a los derechos humanos derivadas de la ilegalidad.

Una de las preguntas con las que Reynaga se topa constantemente es si las trabajadoras sexuales eligen su profesión. «Antes de estar organizada, si alguien me preguntaba si quería dejar la prostitución, yo decía que sí. Daba un discurso totalmente victimista. Porque me sentía terriblemente culpable y necesitaba que los demás me perdonaran».

«Pero el crecimiento me hizo reconocerme primero como mujer y sujeto de derechos y después entender que hay una clase de trabajadores», explica. «La señora que limpia tampoco quiere limpiar. El minero seguramente no quiere ser minero. El albañil no quiere romperse la espalda poniendo ladrillos. Pero son los trabajos a los que opta la clase, porque vivimos en un país en el que todavía, lamentablemente, no hay igualdad de condiciones y de oportunidades».

Por eso Reynaga aclara que AMMAR representa a las trabajadoras sexuales humildes, que forman parte de una clase social marginada y excluida, y no a lo que llama «trabajadoras sexuales de cinco estrellas», que no ven la necesidad de organizarse.

«En todo caso, hay muchas trabajadoras sexuales, y me consta, que no quieren serlo, pero hay muchas que sí. Hoy vas a encontrar a muchas compañeras de AMMAR que te van a decir: ¿Qué es lo que te molesta? Yo ejerzo el trabajo sexual con mis genitales y el cuerpo es mío. Y soy libre de elegir».

Tiene claro que a muchas mujeres, sobre todo en algunos foros feministas, les puede molestar su discurso. «No soy hipócrita. Gracias al trabajo sexual he podido dar a mis hijos la oportunidad que yo no tuve, que es educación, la herramienta fundamental para defenderte, para ser libre. He tenido una casa digna, un montón de cosas que muchos trabajadores se rompen el lomo por tener. Y yo también lo hice. Entonces, ¿cuál es el problema?».

Reynaga asegura que, en general, en todos estos años percibió que su lucha es más aceptada por los hombres que por las mujeres. «La mujer nos sigue viendo como la competencia, como la enemiga a combatir, en vez de entender que nos deberíamos unir, que tenemos muchas causas en común».

Pero nada le borra la sonrisa. Y el desafío del trabajo que tiene por delante sólo la llena de más entusiasmo. «Mi sueño es el reconocimiento del trabajo sexual en toda la región. Pero, obviamente, lo máximo es lograr tener unos países mucho más equitativos, más justos, más igualitarios, no solamente para las trabajadoras sexuales, sino para todo el pueblo. Creo que vamos por buen camino».

http://www.elpais.cr/articulos.php?id=41598

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La prostitución, aquí, a plena luz

España es el país de la UE que más recurre al sexo de pago y donde menos se esconde – La tolerancia ha normalizado la percepción social del comercio sexual

Luces rojas, blancas o amarillas. Reclamos de neón con figuras de chicas exuberantes. Largas piernas. Voluptuosos labios. Las carreteras de salida de ciudades como Madrid, Valencia o Sevilla están plagadas de clubes donde se vende sexo. Donde uno puede tomarse una copa y acostarse con una chica (o no) por unos cuantos euros. Burdeles grandes o pequeños. Caros o baratos. La oferta es enorme. Pero tampoco hace falta irse al extrarradio, a la oscuridad de la salida de una autovía. En el centro de las ciudades abundan los burdeles y las zonas en las que las mujeres venden su cuerpo en plena calle y a la luz del día. Puede molestar o no, pero a nadie le extraña.

La Iglesia no cree que la ramera sea una amenaza para la familia; la amante, sí
Hay unas 300.000 meretrices y sus clientes son cada vez más jóvenes
«Los protestantes tienen otra ética personal y social», dice un historiador
Durante el franquismo hubo control sanitario de las profesionales

España, donde la prostitución se mueve en el limbo de la alegalidad, es uno de los países europeos en los que la sociedad es más tolerante hacia este fenómeno. La oferta, además, ha ido aumentando en la última década debido fundamentalmente al crecimiento de la inmigración. En la actualidad, se calcula que hay alrededor de 300.000 meretrices ejerciendo, y sus clientes cada vez son más jóvenes, señal de que las nuevas generaciones observan el intercambio de sexo por dinero más lejos de los tabúes y más cerca de lo socialmente aceptado. Ejemplo para algunos de una forma de entender el ocio, la noche y la vida, y que para otros supone la manifestación de la doble moral católica y de la pervivencia de una sociedad patriarcal que aún contempla a la mujer como objeto; el resto de un tiempo donde la iniciación sexual de muchos hombres tenía lugar en burdeles.

Si se amplía la mirada -separando el foco del inevitable debate de si conviene regular o prohibir la prostitución, de si las mujeres que la ejercen lo hacen libremente o explotadas- y se pasea por la calle Montera de Madrid, a dos minutos de la Puerta del Sol, por el céntrico Raval de Barcelona o por cualquiera de los polígonos industriales donde las mujeres, llueva o truene, aguardan a los clientes, se percibe esa realidad (de aceptación o de ojos vendados, como se prefiera) en la que a muy pocos se les abre la boca de incredulidad ante el paisaje de minifaldas y escotes. La prostitución se observa bajo una lente de normalidad.

Los datos hablan por sí mismos. En España, el 39% de los hombres ha pagado por mantener relaciones sexuales a lo largo de su vida, según datos recogidos por la ONU en su informe Trata de personas hacia Europa con fines de explotación sexual. Nuestro país representa un «valor atípico» en Europa, analiza la ONU, frente a cifras mucho más bajas de otros lugares como Suecia (13%), Holanda (14%) o Suiza (19%). El dato, además, por muy alto que parezca, no es puntual. Según la última Encuesta Nacional sobre Salud Sexual elaborada por el Ministerio de Sanidad, un 32% de los hombres consultados declararon haber pagado alguna vez por sexo. El 4,6% lo había hecho en los últimos 12 meses.

Una radiografía que muestra que en España, a pesar de que no existe un barrio rojo en el que, como ocurre en Holanda, las mujeres se exponen tras vitrinas de cristal, la prostitución está más aceptada y es más visible que en otros países de su entorno. No es casualidad que hace poco se inaugurase en La Jonquera (Girona) -aunque en medio de una gran polémica- el burdel más grande de Europa. Lo que sí puede resultar inquietante, o cuanto menos curioso, es por qué un país de raíz católica tolera y visibiliza de esa forma algo que, teóricamente, es pecado. «Pues precisamente por ese catolicismo», contesta el historiador Jean Louis Guereña, autor del libro La prostitución en la España contemporánea (Marcial Pons, 2003).

De hecho, la Iglesia católica nunca ha sido adversaria de la prostitución. «Era observada como un mal social inevitable, pero como un mal menor. Para esta confesión, lo verdaderamente importante siempre ha sido la familia legítima», explica Guereña. Y la prostituta, al contrario que la amante, no ponía en peligro el matrimonio. «Una querida era observada en cierta manera como otra esposa, con el riesgo de que el marido abandonase su verdadera familia, pero muy pocos señores se casaban o fugaban con una prostituta. Los había, pero eran escasos», aclara el historiador.

Por el contrario, en los países de tradición evangélica ha primado y prevalecido la corriente abolicionista, de forma general en un principio, y con excepciones después, como es el caso de Alemania y Holanda, donde está legalizada. «Los protestantes tienen otra ética personal y social; y han buscado el ideal de protección de toda la comunidad, más que solo el de la familia», argumenta el sociólogo e historiador Jesús Puentes. Los evangélicos, que tradicionalmente han querido volver a la austeridad de os primeros cristianos, siempre han criticado la «vida disoluta» que llevaban los máximos representantes de la Iglesia católica a los que, hasta el Concilio de Trento (1545), se les permitía vivir en concubinato.

Así, en un país católico como España poco cuajaron los discursos abolicionistas que, defendidos por la inglesa y protestante Josephine Butler en el último cuarto del siglo XIX, sí encontraron seguidores en otros países de Europa. Y cuando las intenciones de prohibir esta actividad avanzaban, siempre terminaban por dar un paso atrás. El decreto que prohibía la prostitución adoptado por la II República en 1935 apenas pudo entrar en vigor por el inicio de la Guerra Civil, por ejemplo. Y en 1941, en plena dictadura franquista, los burdeles, cerrados durante la guerra, no solo volvieron a reabrirse sino que se oficializó la prostitución y se realizaban controles sanitarios a las meretrices. Pero España quería entrar en la ONU y fueron las presiones internacionales (Naciones Unidas había firmado un decreto abolicionista) las que motivaron el cierre de las mancebías en 1956.

«Desde entonces, y esencialmente a partir de la democracia, España conoce una situación de tolerancia pasiva hacia la prostitución», sostiene Guereña. «Podemos hablar de una cultura de la prostitución o al menos de su banalización e integración en las prácticas sociales de los varones. Lo que cualquiera puede observar hoy es la variedad de la oferta y su visibilidad, sea en clubes o locales de alterne de carretera o urbanos o en anuncios en prensa», asegura el historiador.

La socióloga italiana Licia Brussa, experta en estudios sobre la prostitución en Europa, también cree que en España este fenómeno es particularmente visible. «En otros países está, pero quizá no se vea tanto, o se limite a lugares más específicos y reducidos», dice. Brussa sabe de lo que habla, afincada en Holanda -un país donde la prostitución es legal y las prostitutas cotizan a la seguridad social- desde hace décadas, lleva mucho tiempo trabajando para Tampep, una asociación que defiende los derechos de las trabajadoras del sexo. Sostiene que la situación en España tiene mucho que ver con la tolerancia de las autoridades y con que las mujeres ejerzan una actividad que no está permitida ni prohibida.

Brussa también habla de cómo la doble moral católica ha contribuido a construir una realidad que percibe la prostitución como forma de placer inmediato. «La Iglesia siente que no molesta. Dicen ‘como es la actividad más antigua del mundo y no podemos acabar con ella’…», afirma.

Ingredientes sociales, históricos y culturales que han contribuido a crear un caldo de cultivo en el que la prostitución se aprecia como algo cada vez más normal. Como una simple transacción rápida de sexo por dinero. Y al abrigo de esa percepción, crecen los jóvenes que la utilizan, o quienes frecuentan los burdeles solo para tomar una copa, o para celebrar un cumpleaños o una despedida de soltero. «No siempre para tener sexo», aclara Ruben C. L. Este funcionario de 35 años reconoce que acude «de vez en cuando» a clubes nocturnos con sus amigos. «Solemos ir porque cierran tarde o prácticamente no cierran, no son desagradables, te echas unas risas y quien quiere pues termina en la cama. No es obligatorio y no todos lo hacen», cuenta. «Además, si lo que quieres es solo sexo ahorras tiempo y el dinero que te cuesta invitar a copas a una chica con la que no quieres nada más que pasarlo bien un rato», añade. Economizan tiempo y sentimientos.

Así, y muestra del culmen de esa normalización, el perfil de cliente de la prostitución en España ha rejuvenecido progresivamente. La imagen de un cincuentón en busca de trato y sexo con una mujer, con la que cumplir sus fantasías en la cama o simplemente desfogarse, ya no es lo más común. Ahora el patrón de usuario o consumidor de prostitución es día a día más parecido a Rubén, o incluso más joven. En 1998 el cliente habitual era un varón casado y con cargas familiares, mayor de 40 años, según los estudios de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (APRAMP). Hace tan solo cinco, nuevos estudios revelaban que la presencia de jóvenes de 20 había aumentado, y que la media de edad se situaba ya en los 30 años.

María del Río, vocal de Derechos Humanos de Médicos del Mundo, profesora de Derecho Penal en la Universidad Pública del País Vasco y experta en temas de prostitución, sostiene que ese cambio paulatino es fruto del germen de una realidad fundamentalmente cultural. «La española es aún una sociedad patriarcal. Se ve a la mujer como objeto de deseo y al hombre como deseante, y parece que la sexualidad de la mujer está al servicio de la los hombres», dice. «Aunque poco a poco se ha ido avanzando, conceptos machistas y patriarcales siguen muy presentes, y no disminuyen en la gente joven», agrega.

¿Qué se quiere terminar bien una cena de negocios? Pues unas copas en un local de alterne. ¿Qué se pretende agasajar a un cliente especial? Un paseíto por uno de los clubes más exclusivos de la ciudad. «Es una costumbre que viene de atrás. Hace muchas décadas ya que se asentó la costumbre de finalizar una cena o una comida en un burdel. Ya en los años veinte era muy habitual acudir a uno de estos locales, aunque fuera solo para jugar a los naipes», cuenta Guereña, que llama la atención sobre una realidad ciertamente impensable en otros países. «En Asturias, a 20 metros de uno de los mejores restaurantes del país hay un burdel. Y así funcionan no pocos ejecutivos: comida de negocios y luego invitan al club», dice.

Brussa, desde Holanda, no lo ve extraño. Sostiene que la prostitución puede ser una forma más de ocio. Y ese es uno de los motivos, añade, de que en un país como España, en el que el ocio está en la calle, se sale mucho y hay un bar en cada esquina, y donde la vida nocturna tiene mucha agitación, sea tan visible y esté tan normalizado. Del Río, sin embargo, lo ve como una forma de violencia de género: «Las personas en una situación débil acaban siendo mercantilizadas», dice- y critica la procacidad con la que se muestra y desarrolla.

Marta Fernández, coordinadora de la ONG Proyecto Esperanza, que trabaja con mujeres víctimas de la trata de seres humanos, se muestra preocupada ante el rejuvenecimiento del cliente y por cómo esa tolerancia hacia el fenómeno de la prostitución puede ocultar la realidad que viven muchas víctimas de la explotación sexual. «Falta concienciación. Los clientes que contratan servicios sexuales no son conscientes de que muchas de esas mujeres, no digo todas, pero sí muchas, pueden ser víctimas de trata. De que no están tomando la decisión de vender su cuerpo forzadas por muchos condicionantes», dice.

Una opinión que comparte Del Río, que llama la atención sobre la circunstancia de que la tolerancia del fenómeno es fundamentalmente hacia el cliente, al que no se critica (o cada vez menos) ni observa de manera negativa. Por el contrario, a la prostituta se la continúa viendo como alguien excluido de la sociedad.

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Mujer final, vida feliz: Apocalipsis 21-22

He venido tratando de las mujeres del Apocalipsis (Madre, Perseguida, Ramera…). Pues bien, según el Apocalipsis existe un happy end, porque hay Dios…y porque la historia de la vida tiene un sentido. De ese fin feliz, en forma de mujer quiero hoy tratar, con Ap 21-22. Éste es un texto básico de la esperanza de la humanidad. En la imagen un famoso cuadro de Zurbarán: un hermano redentor, vestido de blanco, Pedro Nolasco, sueña en la ciudad de la libertad y de la vida que le muestra el ánge.

Textos

Mientras la Bestia y los Reyes mataban y comían a la Ciudad-Prostituta (Roma), en banquete totémico de dura antropofagia, la Madre-Mujer fugitiva y perseguida seguía en el desierto de la tierra, como hemos evocado (cf. Ap 12, 5.13-17). Pues bien, la muerte de la Ciudad violenta del sistema hace posible la gran inversión, que había sido ha evocada en los cantos de Ana (cf. 1Sam 2, 1-0) y María, la madre de Jesús (Lc 1, 46-55). De esa forma, la misma elegía por la Prostituta (Ap 18, 1-19-8), culmina en un canto de victoria de la Perseguida:

Aleluya! El Señor nuestro Dios todopoderoso empieza a reinar.
Alegrémonos, regocijémonos y démosle gloria,
porque han llegado las bodas del Cordero
y su Esposa se ha engalanado,
y le han concedido vestirse de lino puro, brillante (Ap 19, 6-8)

Frente a la Prostituta, que era Ciudad-Sistema y reinaba a través del entramado de Bestia, Reyes y Comerciantes (cf. Ap 18, 11-19), corruptores de la tierra (cf. 11, 18), se eleva ella, la Mujer-Esposa del Cordero. La Prostituta era Mujer de Bestia, y vivía de matar y beber la sangre de los pobres, edificando así su Ciudad de opresión. La Novia, en cambio, es Mujer del Cordero que ha dado y sigue dando su sangre y vida a favor de los demás, en gesto de gratuidad creadora. Por eso, frente a la antigua Ciudad-Prostituta, morada de violentos, surgirá la Ciudad de la Bodas del cordero, entendida y realizada como pacto de amor.

La Mujer fugitiva y perseguida de la historia no tenía ciudad, sino que vivía en el desierto, mientras la ciudad del mundo estaba en manos de la Prostituta. Sólo al final, cuando el Cordero degollado supere con su amor los poderes de violencia de la historia, podrá elevarse ella, como Ciudad-Paraíso, Mujer plenamente realizada, humanidad de amor definitivo. Así pasamos de la Madre primera (Ap 12) a la nueva Humanidad que bajará del cielo, como Ciudad Novia (Ap 21-22), superando con la Mujer fugitiva y perseguida el riesgo de la Prostituta (Ap 17-18).

La misma Ciudad será entonces la Esposa del Cordero. No seguirá en el cielo antiguo (Ap 12, 1-5), amenazada por el Dragón, ni tendrá que huir, siendo Perseguida hasta el desierto, sino que bajará del alto (llevando en sí la plenitud del cielo nuevo y de la tierra nueva), como Novia de amor del Cordero degollado, que fue capaz de abrir los sellos de la historia (Ap 5).

Ese Cordero es la antítesis del Dragón: no devora a los demás, sino que se deja matar, regalando la vida por ellos. Pues bien, el mismo Cordero viene a desvelarse al fin del drama como amigo, amante esposo, de manera que en su amor culmina la metamorfosis de la Mujer, es decir, la transformación de la humanidad, que ya no es Madre, sino simplemente Amiga o mujer del Cordero. De esa forma, ella invierte la marcha normal de la historia, donde la mujer suele pasar de la juventud y maternidad a la vejez; aquí, en cambio, superada el tiempo de alumbramiento, la mujer-humanidad viene a mostrarse para siempre joven, esposa de amor definitivo, sin más oficio que el amor eterno, sin necesidad de nuevos hijos, pues los hijos, hombres y mujeres, han nacido ya por siempre (19, 7) .

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva,
pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía.
Y la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén,
bajando del cielo, de junto a Dios,
ataviada como Novia que se adorna para su esposo.
Y oí una voz potente, salida del trono, que decía:
Esta es la Tienda de Dios con los humanos: habitará con ellos;
ellos serán sus pueblos y el mismo «Dios-con- ellos» será su Dios (Ap 21, 1-3).

Entonces se me acercó uno de los siete ángeles… y me dijo:
-(Ven! (Te mostraré a la Novia,
la Mujer del Cordero!
Y me llevó en espíritu sobre una Montaña grande y excelsa
y me mostró la Ciudad Santa, Jerusalén,
que bajaba del cielo, desde Dios, con la gloria de Dios.
Su esplendor era como el de una piedra preciosa
Tenía una muralla grande y elevada y doce puertas…. (Ap 21, 9-14) .

Esta imagen de la Novia-Ciudad preside la culminación de la historia, que constituye el tema central de Ap 21-22. La metamorfosis, es decir, el camino creador de la Mujer ha culminado. La Novia es la verdad final del ser humano, figura perfecta de Mujer, humanidad cumplida, como indicaremos resaltando algunos rasgos del texto:

1. Cielo nuevo, tierra nueva (21, 1).

Ha culminado la creación y Juan evoca el tema de Gen 1, 1: «en el principio creo Dios los cielos y la tierra…» . Pues bien, los viejos, han pasado y han llegado ya los nuevos Ahora no existe «mar» (como lugar del que proviene el Dragón: cf. Ap 13, 1), ni hay Dragón, ni tampoco Bestias, pues han sido vencidas por el Cristo (cf. Ap 19, 11-20, 15), Cordero Triunfador. Dios ha permitido que la Ciudad de perversión desaparezca, destruida por los mismos poderes perversos de la historia; su obra de amor ha culminado, primero de forma provisional en el Milenio de triunfo mundano de los justos (20, 1-6), luego de manera definitiva, con los «cielos nuevos y la tierra nueva» (21, 1). La creación de Dios allegado a su plenitud: su acción y gloria se expresa en el cielo nuevo y en la tierra nueva donde se recoge el camino positivo de la historia.

2. Ciudad Santa, Jerusalén Nueva (21, 2).

La primera imagen de plenitud de ese nuevo Cielo-Tierra es la Ciudad, como lugar de encuentro transparente y comunión de Dios para los humanos. No queda la Ciudad-Babel, la Prostituta que ha sido destruida ya (como hemos visto), no hay Bestias ni poderes adversarios: sólo emerge y triunfa la Ciudad de lo humano, que es lugar de plenitud y vida, en gozo de amor, como explicará después Ap 22, 1-5. Ella desciende del cielo, como signo de la gloria de Dios. Bajó en dolor la Madre antigua, perseguida por el Dragón, del cielo a la tierra, para refugiarse en el desierto (Ap 12, 6). Ahora baja la Ciudad-Novia de las bodas finales, que son fuente y encuentro en amor para todos los humanos. El profeta Juan es hombre urbano: ha condenado a la Ciudad-Prostituta porque esperaba otra distinta: la Ciudad-Jerusalén, que es plenitud de la historia y salvación israelita. Esta es una bajada que es subida: la Ciudad viene de Dios, pero al mismo tiempo surge de la historia humana, como hemos ido destacando en todo lo anterior: la Novia de las Bodas es la misma Madre antigua, la Mujer perseguida.

3. Novia (21, 2).

Lo que antes era Ciudad aparece ahora como Mujer, según hemos venido diciendo en todo lo anterior. Pues bien, el texto añade que ella viene «ataviada como Novia que se adorna para su Esposo» (Ap 21, 2). El mismo ángel-guía la llamará después directamente Novia (21, 9): es la humanidad en plenitud, la Madre hecha joven mujer para el gozo de unas bodas que no tienen más finalidad que la comunicación personal y el enriquecimiento mutuo. Por generaciones y generaciones, las mujeres se han tomado y sentido ante todo como madres; luego se han dividido, de manera que algunas han tenido que vivir como Perseguidas, mientras otras se han hecho Perseguidoras, vinculándose a las bestias. Pues bien, ahora al final, todos los salvados, varones y mujeres, aparecen simplemente como Mujer para el amor, personas. La meta de la vida humana no es la vejez ni la muerte; la plenitud de una mujer no está en su maternidad, sino en el amor de bodas, el encuentro personal .

4. Morada de Dios (21, 3).

La Ciudad-Novia viene a presentarse como templo de Dios, pero no en el sentido particular o aislado de Naos o casa para un culto determinado, exclusivo de los limpios, como en la vieja Jerusalén, sino como espacio abierto de encuentro y comunión para todas las personas. No habrá en la ciudad templo especial (cf. 21, 22), porque toda ella es morada y presencia de Dios. Esta palabra (morada: miskan, skênê) significa ante todo Tienda o Tabernáculo, es decir, lugar de diálogo con Dios. Así lo ha explicitado el texto de manera emocionada, en terminología de Pacto (cf. Ap 21, 3-4; cf. 22, 1-6). Ya no habrá Dragón ni Bestia alguna, ni tampoco interferencias que impidan el encuentro, de manera que «Dios habitará con ellos», en transparencia de amor y comunión cumplida. Ella, la Mujer-Novia viene a desvelarse así cómo verdadera Morada de Dios: es Mujer-Persona para el diálogo, pues una persona sólo habita verdaderamente en otra; es Mujer-Casa, signo de encuentro para todos los humanos. De esta forma se evoca y despliega el carácter social de la Mujer-María: ella aparece en la plenitud del Apocalipsis como signo y Sagrario de amor o comunión para los humanos .

5. Mujer del Cordero (21, 5).

Antes, la narración profética (Ap 21, 2) hablaba de la Ciudad-Jerusalén y la presentaba luego como Novia. Ahora se invierte el orden: el Ángel-guía anuncia la llegada de la Novia; pero luego el vidente la descubre como Ciudad. Ya no Novia en general (simple Nynphê), sino Mujer del Cordero (Gynê tou arniou), conforme a una expresión que habíamos hallado en en Ap 19, 7, cuando anunciaba las Bodas del Cordero. La Gynê o Mujer, que Ap12 presentaba como perseguida del Dragón viene a desvelarse ahora como Esposa final del Cordero. Este es el centro y culmen de la gran metamorfosis: de la Mujer con Dragón, que era signo y principio de todos los riesgos del camino humano, hemos pasado a la Mujer del Cordero, que es meta y plenitud de la historia. En medio ha quedado el riesgo de la mujer perseguida, amenazada por la Prostituta, pero ella ha vencido todos esos riesgos y ahora, culminado su camino, puede presentarse como Esposa del Cordero, es decir, como la Mujer definitiva, hecha persona.

6. Jerusalén, Iglesia.

Esta Novia, Mujer del Cordero, humanidad realizada, viene a presentarse luego (en Ap 21, 9-22, 5) como Ciudad de encuentro, donde caben todos los humanos. Es Ciudad y morada de Vida, con las puertas siempre abiertas, para acoger a todos los que vienen. Ella mantiene los signos de Israel (las puertas llevan los nombres de las doce Tribus) y de un modo especial los signos del principio de la iglesia (los pilares son los doce apóstoles del Cordero). Pero se halla abierta para todos los pueblos de Dios (cf. 21, 3), de manera que los reyes de la tierra vendrán trayendo sus dones. De esta forma, la culminación de la historia humana, que se expresa en forma de Ciudad y Mujer, se identifica con el auténtico Israel, realizado y culminado en Cristo .

Culmina así esta historia de metamorfosis de la Mujer, que es signo de la humanidad. Normalmente, los relatos de este mundo suelen hablar de la metamorfosis y camino de un héroe varón, que va superando las diversas pruebas del camino, hasta encontrar su identidad, vinculada de manera general a una mujer. Pues bien, entendido en la línea anterior, el Apocalipsis habla más bien del camino de una mujer, que es signo de humanidad, expresión de iglesia. Desde este fondo podemos presentar unas breves conclusiones, en torno a la mariología del Apocalipsis

http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2010/06/18/mujer-final-vida-feliz-apocalipsis-21-22

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Fin de la Gran Ramera, la muerte del sistema (Ap 17)

Vivimos en un tiempo en que muchos escuchan las trompetas del Apocalipsis y piensan que este sistema se derrumba. Pues bien, el Apocalipsis sabe que de hecho tiene que derrumbarse, pero añade que no lo destruirá Dios desde arriba, sino que el sistema de la Gran Ramnera se destruirá desde dentro, por sus propias contradicciones.
El Apocalipsis sabe que este sistema económico tiene fecha de caducidad, añadiendo que terminará cayendo por las mismas contradicciones del sistema: los reyes y las bestias acabaran “matando” a la Gran Ramera y se matarán de esa forma a sí mismo. Estamos ante uno de los cuadros más sangrientos y esperanzados de la historia humana: la muerte de este sistema podrá ser y será comienzo de una historia nueva de humanidad y de gracia.

Así morirá (se matará a sí mismo) el gran sistema de la Ramera.

Introducciòn

Como sabemos ya, la Mujer prostituta, Ciudad de las Bestias de Violencia militar y Engaño organizado (Roma) aparece en el Apocalipsis como signo y compendio de todos los males, Sistema de Pecado, Prostitución legalizada. Difícilmente se podría haber hallado un simbolismo más intenso, una crítica más honda de la misma institución imperial, interpretada como estructura de perversidad organizada, en la línea del templo de Jerusalén, que el mismo Jesús definió como cueva (sacral) de bandidos, legalizados sacralmente para robar mejor en nombre de Dios (cf. Mc 11, 17, con cita de Jer 7, 11).

Roma es para Juan un sistema de asesinos y ladrones, legal y religiosamente organizados, para extender su prostitución sobre la tierra. Ella, la «diosa Roma» se había envanecido: «me he sentado como Reina, no soy viuda; en modo alguno me podrá llegar tristeza». Pues bien, por haber hablado así «caerán sobre ella en una día sus plagas: muerte, tristeza, hambruna, de manera que será consumida por el fuego» (17, 7-8).

Esta es la afirmación del juicio y muerte de la Prostituta. La Mujer fugitiva y perseguida en el desierto se mantiene en esperanza, de manera que vendrá a convertirse en Novia, para el día eterno de las bodas (Ap 21-22). Por el contrario, la Prostituta triunfadora de la tierra, favorita del Dragón y aliada de las Bestias, se encuentra ya condenada. La mayoría de los filósofos y sabios la cantaban como Diosa eterna (Roma inmortal), pero Juan ha descubierto que es simple Prostituta y que se encuentra condenada a muerte. Detrás de su ropaje y misterio de Dios no es más que una vulgar prostitución, al servicio de la muerte y, por tanto, condenada ella misma a morir. Pues bien, de un modo sorprendente descubrimos que no es necesario que descienda Dios para destruirla, pues lo harán sus mismos falsos amantes. Así ha mostrado Juan su identidad y su caída:

Texto

[

Identidad] 

_ Las siete Cabezas (de la Bestia) son siete montañas donde se asienta la Mujer… _ los diez Cuernos que has visto son diez reyes…,
que darán su fuerza y poder a la Bestia… (Ap 17, 9-13; cf. 17, 3)
_ Las aguas que has visto, sobre las que está sentada la Prostituta,
son pueblos, muchedumbres, razas y lenguas.

[Caída] _

Y los diez Cuernos que has visto y la misma Bestia
despreciarán a la Prostituta, la convertirán en desierto, la desnudarán,
comerán sus carnes y la convertirán en pasto de las llamas.
Porque Dios les ha inspirado para que cumplan su Consejo:
que tengan un único Consejo y entreguen su reino a la Bestia,
hasta que se cumplan las palabras de Dios.

[Identidad]
Y la Mujer que has visto es la Gran Ciudad,
la que domina sobre los reyes de la tierra (Ap 17, 15-18)

Primera explicación

La escena anterior vinculaba a la Prostituta con la Bestia, en simbiosis de egoísmo y sangre, de violencia y mentira que podía parecer eterna. Pues bien, ahora se rompe esa simbiosis: quiebra la unidad anterior de cueva de ladrones (el lenguaje es de Jesús) y el matrimonio de prostitución se vuelve batalla familiar (guerra civil), de forma que sus mismos amantes se elevan con rabia contra la Prostituta (a la que han utilizado) para destruirla. El profeta Juan ha descubierto y contado de esta forma la verdad oculta del sistema perverso que se destruye a sí mismo: no hace falta que vengan poderes exteriores; la misma estructura de prostitución lleva la muerte dentro de sí misma.

La Prostituta tenía su trono en la Bestia de siete cabezas (colinas de Roma) y ejercía su poder sobre los pueblos de la tierra, reflejados en las aguas de su río (o del mar de pueblos en que su poder se asienta) . Ella era un sistema bien trabado por lazos de intereses y dinero. Pero de pronto se desatan los controles y el «orden» anterior se desordena, sin razones exteriores, como una bomba cuando estalla, como el tiempo cuando acaba. La Ciudad era orgullo del mundo, «perla » de la historia; siglos y siglos habían tardado las bestias y reyes en labrarla. Pues bien, de pronto (sin razones que puedan razonarse), Bestia y reyes del mundo (que habían disfrutado de ella) se elevan y vinculan para destruirla, desvelando así un secreto de Dios, expresando una verdad que se halla escrita en la misma entraña de violencia del sistema :

1. Dios les ha inspirado este consejo.

Parecía que Dios se hallaba ciego y sordo, dejando que la tierra se destruya en manos de las Bestias y la Prostituta; pero ahora descubrimos que él mismo ha ido guiando los caminos anteriores, inspirando este «consejo» en las Bestia y los Reyes: que se unan con violencia contra la Ciudad que han construido sobre bases de mentira. Este «consejo» está inscrito en la misma dinámica de la prostitución: en el fondo del amor que ella inspira se halla el odio; la prostitución lleva en sí misma un dinamismo de violencia destructora. Lógicamente, aquellos que la amaban por conveniencia, amando por ella a la muerte, acaban por matarla, realizando así con ella eso lo que en ella han aprendido y ejercido. Este no es un «consejo directo de Dios» (pues Dios es amor), sino el pensamiento y decisión de muerte que brota de la falta de Dios, pues Dios es vida.

2. Paroxismo del mal.

La Ciudad tenía su grandeza y parecía capaz de unificar a los humanos para mantener de esa manera el equilibro del mundo. Por eso, ella inspiraba en Juan un sentimiento En cierro sentido, la misma Ciudad parecía un «baluarte» contra la invasión de los poderes perversos, como quizá evoca el signo apocalíptico famoso del katekhon, es decir, de una realidad que impide por ahora el despliegue total de la maldad sobre la tierra (cf. 2Tes 2, 6-7). Ella, la Ciudad, era de algún una barrera, un impedimento de ley y justicia mundana, contra los poderes totalmente irracionales de lo malo, como supone quizá el mismo Pablo (cf. 1Rom 13, 1-3). Pues bien, ahora, en un momento de paroxismo, la Bestia y los Reyes, se elevan contra ella, para matarla, quemarla y comerla, mostrándose así totalmente perversos, de tal forma que el poder viene a quedar ya directamente en manos de la Bestia, esto es, de la pura violencia, sin intermediarios ni sistemas de tipo legal, como el de la Prostituta .

3. Ritual de destrucción, la destrucción completa.

La Prostituta Roma era un Sistema, una Ciudad organizada sobre bases de violencia (montada sobre la Bestia), pero tenía al menos su legalidad: ofrecía una cobertura económica y social a los habitantes del imperio, de manera que muchos agradecían su asistencia. Pues bien, al fin de un largo período de prostitución, los mismos poderes del mal que la han utilizado (Bestia y Reyes) se elevan contra ella en gesto de asesinato original y final, siguiendo un rito que parece tomado del «ajusticiamiento» de una adúltera: se la desprecia y desertiza, se la desnuda y quema, para comer después su carne .

Los asesinatos anteriores parecían tener un sentido: servían para establecer el orden de los triunfadores, en forma de «sistema legal» o ciudad. Este, en cambio, no tiene ya sentido racional alguno: «los reyes de la tierra entregaron su poder a la Bestia», poniéndolo en manos de la pura destrucción.

Antes, la Ciudad podía servir «contrapeso», como signo de racionalidad humana, en medio de la gran violencia (como supone la elegía: 17, 1-19, 8); Roma era «valiosa»: había logrado ofrecer algo bueno a los humanos, una religión de violencia pero organizada, un sistema que había logrado detener (por miedo, engaño y destrucción) a los poderes destructores. Pero ahora, destruida la Ciudad, con su política y religión de orden impositivo, llega el puro caos: la violencia de una Bestia que es pura violencia, el paroxismo de la muerte que se destruye a sí misma, sin racionalidad alguna.

Aplicación actual

R. Girard, La violencia de lo sagrado, Anagrama, Barcelona 1995, ha destacado este problema de la opresión violenta que termina volviéndose al fin incapaz de controlar la violencia. Esta opresión había servido en otro tiempo para crear culturas sacrificiales, donde religión y política tenían sometidos a los hombres y mujeres a un sistema ambivalente, como el de Roma, que parecía ayudar a los humanos, mientras les tenía sometidos. Pero en un momento determinado de gran crisis sacrificial los mismos poderes de violencia que han creado la ciudad (el sistema) se elevan en contra de él y lo destruyen, para así mostrarse como violencia pura, volviéndose incapaces de crear estructurales de legalidad y orden humano. Esto es lo que el profeta Juan ha descubierto: esta es la crisis apocalíptica que él cuenta en todo su libro. Se derrumba el sistema, se destruye Roma )qué es lo que queda? Sólo una Bestia y unos reyes de violencia que combaten por combatir, sin más norma que la pura fuerza, sin más meta que la pura muerte.

Externamente hablando, Juan profeta se equivocó: terminó derrumbándose Roma, pero el sistema sigue; más aún, la misma iglesia de Jesús ha pactado con ese sistema, convirtiéndose en un elemento de la estructura dominante. Pero en el fondo Juan tenía y sigue teniendo razón, pues lo que cuenta aquí no es un hecho aislado, sino una constante de la realidad humana que, ahora, a principios del 2000, resulta más actual que nunca.

Tenemos un Sistema fuerte: el orden económico-imperial de la antigua Roma se ha extendido de un modo imparable y domina sobre el mundo entero, en forma de neo-capitalismo. Ciertamente es perverso: vive de la sangre de los excluidos; ha convertido todo el mundo en un mercado. A pesar de ello, ese orden imperial tiene un elemento «bueno» pues nos permite vivir. Pero son muchos los que piensan que se acerca el día de la Bestia, es decir, día en que la Fiera y los Reyes desencadenen su poder de destrucción contra el sistema (matando, quemando y comiendo nuevamente a Roma) ¿Cómo podremos vivir entonces? He ofrecido mi interpretación del tema en El Señor de los ejércitos, PPC, Madrid 1997, 197-228, y Sistema, Libertad, Iglesia. Instituciones del Nuevo Testamento, Trotta, Madrid 2001.

Este es el asesinato del asesinato, la destrucción de la destructora, en tema cuyos ecos resuenen en textos tan dispares como en Susana (Dan 13) y la adúltera (Jn 8); pero Daniel o Jesús, de formas diversas, detienen el asesinato. Aquí, en cambio, al final de la historia, ya nadie puede hacerlo: los poderes de violencia del mundo, Bestia y Reyes, acaban odiando, quemando y comiendo a la Prostituta, para encontrarse al fin con su pura violenciaPasados veinte siglos, esta destrucción ritual de la Ciudad prostituida nos sigue horrorizando y admirando: no ha hecho falta que se eleve contra ella el Jinete de Dios, ni que luchen los ángeles del Cristo, como harán después contra las Bestias (cf. 19, 11-21), pues los mismos poderes del mundo que la han utilizado (se han prostituido con ella) la aniquilan y devoran. Esta es la historia de la Prostituta condenada a muerte: quería ser reina, la vuelven esclava; quería vivir, la matarán por siempre; crecía devorando la sangre de los pobres, la devoran su carne sus mismos «amigos».

Al llegar aquí, en un sentido exterior, todo ha terminado. La caída de Roma es para Juan caída y fin del sistema, la destrucción del mundo conocido. Después sólo queda la pura lucha, sin orden, estructura ni sistema: las Bestias y Reyes, que no son pura violencia irracional, enfrentados al Cordero. Pero allí donde acaba todo empieza la esperanza: ha caído la Prostituta, puede elevarse ya la Madre y Mujer perseguida, que es signo de creatividad gratuita, de amor gozoso, en plenitud de bodas.

Notas:

No analizamos aquí la Fiesta por la Caída de la Ciudad, con las elegías y cantos de los implicados (cf. Ap 18, 1-19, 8), sino que nos fijamos en su identidad y ruina (cf. 17, 7-18). Para una aplicación teológica y pastora, cf. X. Alegre, «El Apocalipsis, memoria subversiva y fuente de esperanza para los pueblos crucificados»: Rev. Latinam. Teología 26 (1992) 201-229; 293-323.

http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2010/06/17/fin-de-la-gran-ramera-la-muerte-del-sist

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Los pecados de la Gran Ramera: asesinato y robo (Ap 18, 1-19,8)

Desde el día 1 de este mes (junio 2010) vengo tratando, de forma intermitente, de la Gran Ramera del Apocalipsis, con sus diversos rasgos y matices. Varios lectores han comentado y mejorado lo que he dicho. Creo que es tiempo de “terminar” el tema, y así lo haré en los próximos tres días.

Va a culminar el tema de los “pecados” de la Prostituta Perseguidora, mata y roba a los fieles de Jesús (es decir, a los pobres). El pecado de esta Gran Ramera no es pecado “sexual”, sino social: es asesinato y robo.

Esta Perseguidora es la forma suprema y sistema de opresión del mundo: no es una simple ciudad, un orden político neutral, que regula en bien de todo el aspecto más externo de la vida y deja a cada uno ejerce luego su religión particular, sino que viene a presentarse como Sistema de vida integral, Sociedad destructora de lo humano, que se opone a la experiencia de Jesús, de tal manera que en ella se expresa y culmina el pecado de homicidio y engaño del Dragón antiguo (cf. 12, 4.9, en relación con 18, 24).

Introducción

Jesús había ofrecido su sangre como don, había regalado su vida en favor de los demás, como recuerdan con tonos eucarísticos diversos pasajes del libro (cf. Ap1, 5; 5, 9; 12, 11; 19, 13). Pues bien, invirtiendo ese signo cristiano, esta Ciudad lleva en su mano una copa o Cáliz de Oro (potêrion khrysoun: Ap 17, 4), pero no con un vino de amor y/o de sangre de entrega gozosa en favor de los humanos, sino con la sangre de los inocentes que ella ha derramado para elevarse a sí misma.

Va montada sobre lomos de Bestia y como humanidad bestial se alimenta de la vida de los sacrificados, en gesto de antropofagia consecuente. Devorar la carne de los otros, emborracharse de su sangre: ese era el gesto más antiguo del Dragón que intentaba comer al Hijo mesiánico (Ap 12, 4); ese el sacrificio de una religión invertida, el pecado de esta Ciudad perversa de la historia, que asesina y roba a los humanos para dominarles y así alzarse por encima de ellos:

Este es una Mujer que se alimenta de la sangre de los santos, culminando así el pecado de aquellos malos pastores de Israel que «devoran la carne» de su pueblo» (cf. Miq 3, 1-3); por eso es impura y abominable (cf. 17, 5-6). En ese fondo ha de entenderse el engaño de su Nombre, escrito sobre la frente. No se llama Roma, Reina, Diosa, sino que lleva un título más ambiguo y engañoso: (Misterio! Conforme a la terminología apocalíptica, Misterio es la revelación de lo escondido en el principio y meta de toda realidad. Ella, la Mujer Prostituta promete a los suyos la revelación definitiva de todo lo que existe, pero sólo les ofrece en realidad mentira y muerte.

Ciertamente, puede haber un misterio femenino positivo: la misma mujer, en su belleza y promesa de vida (y de un modo complementario el varón) es misterio, como ha mostrado E. Neumann, La grande Madre, Astrolabio, Roma 1981. Pero aquí el misterio es signo de mentira y destrucción. En este contexto se descubre el riesgo y poder del sacrificio destructor, que es un elemento básico de la religión como violencia, es decir, de la sangre o muerte que suscita un orden de opresión sobre la tierra, como ha destacado R. Girard, La violencia de lo sagrado, Anagrama, Barcelona 1995.

Primer Pecado: Asesinato (Ap 17, 6; 18, 24).

Ese «pecado original» del Dragón fracasado (Ap 12, 4-5) se concreta y repite ahora a través de esta Mujer, que no es ya enemiga y víctima (como en Ap 12), sino su cómplice de ese Dragón: es la Ciudad montada sobre la Bestia del poder político y militar, que «se emborracha con la sangre de los santos y testigos de Jesús» (Ap 17, 6), de manera que aparece como primera de las asesinas.

La bebida de su Cáliz (17, 4), que debía ser eucaristía gozosa, regalo de vida en favor de los demás, es sangre de injusticia, asesinato sacralizado, siempre repetido y necesario para seguir imponiéndose de un modo violento a los demás. No mata por error o pasión, de un modo ocasional, sino por necesidad sacral, de manera que lleva en una copa de culto religioso la sangre de los asesinados: vive de chupar la vida de los inocentes, como el Vampiro Dragón de Ap 12, 4; no tiene otra realidad ni oficio que matar y alimentarse de la vida de los otros y después lo justifica, diciendo que así impone y mantiene el orden divino sobre el mundo.

Pero el profeta Juan sabe que este es un orden invertido, como indica la elegía de lamento y gozo por su muerte, que condensa en su figura la maldad del conjunto de la historia diciendo que «en ella se encontró (se derramó) la sangre de los profetas y los santos y de todos los asesinados de la tierra» (Ap 18, 24).

La Ciudad Roma ha venido a mostrarse, según eso, como Sistema sacralizado de muerte: vive de matar, mata por necesidad, para así mostrar su grandeza. De esa forma se alimenta y diviniza a sí misma, llevando hasta la meta la lógica de todos los viejos sacrificios de la historia religiosa del poder: se eleva a sí misma abajando a los demás, vive oprimir y matar a los demás, como máquina refinada y malvada de aniquilación sacralizada, conforme a una experiencia que la tradición sinóptica (cf. Mt 23, 35) ha centrado en Jerusalén, diciendo que caerá sobre ella «la sangre de todos los asesinados, desde el comienzo del mundo». Al matar a Jesús, Jerusalén se ha venido a definirse como Ciudad de muerte: ella es signo y compendio de todos los hombres y sistemas que han matado a los demás, con pretensiones de justicia y religión, para así divinizarse a sí mismo. Pues bien, lo que Mt 23, 35 atribuye a Jerusalén lo aplica Ap 17, 6 y 18, 24 a Roma. Por fin, se ha descubierto y desvelado el mal del mundo: el pecado insuperable, la divinización total de la violencia.

Ciertamente, puede haber y hay pecados personales, propios de cada ser humano, como sabe muy bien el evangelio, que nos invita a la conversión personal. Pero este pasaje presenta más bien el pecado original y del sistema, de tal forma que Roma puede presentarse como Ciudad de todas las sangres, condensación y culmen de los asesinatos de la historia: antes había espacios y momentos de humanidad, grupos aislados, naciones diversas; ahora, nuestros textos han logrado descubrir y condensar en Roma todos los pecados de la historia humana, que comienzan (como sabe Mt 23, 35) en el asesinato primero de Caín.

Roma es un Caín hecho sistema social, ciudad que se construye y triunfa sobre bases de asesinato organizado, legalizado, sacralizado. Esto es lo que Jezabel no había reconocido: el triunfo del Sistema de Roma (y de aquellos que se beneficiando de ella: Reyes, Comerciantes, Marinos; cfr. 18, 9-19) está montado sobre la opresión y muerte de los degollados de la tierra (18, 24). Al interpretar la historia y sociedad de este manera, el Apocalipsis no cuenta una experiencia religiosa separada de la vida y de la historia, ni se ocupa de pequeños desajustes personales, sino que está descubriendo desde el evangelio de Jesús la más honda perversión de la humanidad que, por vez primera, puede verse como un todo, que se expresa de un modo ejemplar el Roma: el surgimiento y triunfo de una estructura de política sacral que parece muy gloriosa (la Ciudad imperio del mundo), pero que de hecho es una máquina de muerte.

He desarrollado el asesinato de Jesús como «compendio de todas las muertes» y Pecado original del Sistema, que se expresa en todos los asesinatos de la historia, en Antropología Bíblica, BEB 75, Sígueme, Salamanca 2005. En Sistema, Libertad, Iglesia. Las instituciones del Nuevo Testamento, Trotta, Madrid 2001, he querido «compensar» la posible unilateralidad profética de esta visión del Apocalipsis, destacando los posibles valores humanos del Sistema, siempre que supere su deseo de divinización (que no mate y robe como esta Roma) y deje que crezca a su lado un proyecto y camino no sistémico de libertad y amor mutuo, en el plano del «mundo de la vida».

Segundo pecado: Robo. El llanto de comerciantes (18, 11-13).

Del asesinato pasamos al robo. Conforme a una bella técnica de anticipación, a través del mensaje y lamento de Ap 18, descubrimos que la Ciudad ha sido ya arrasada por el fuego (ha muerto), de tal forma que podemos ver en conjunto lo que ha sido, como en una escena de juicio, que no viene de Dios sino de aquellos que se habían «prostituido» con ella. El texto nos hace escuchar el gemido de los falsos amigos», reyes (17, 9-10) y navegantes (17, 17-19), que habían utilizado a Roma (y habían sido utilizados por ella) para conseguir muchas riquezas. Ellos ahora se lamentan pues quedan en vacío, pobres y frustrados.

De un modo especial gritan los grandes comerciantes, que habían aprovechado el orden imperial para convertir la Ciudad y el Orbe en un mercado de pura compraventa o prostitución legalizada, robando y destruyendo así a los pobres. Cada cosa tenía en ella un precio y se podía conseguir pagando, como indica esta lista de bienes de venta y consumo. Todo se compra y se vende, todo, hasta cuerpos y almas humanas (Ap18, 11-13). Éste es una de las listas de «pecados» más impresionante que conozco. El pecado mortal es comprar y vender todo, incluso cuerpos y almas humanas. Esate es el mercado de la Gran Ramera, fijaós en la lista de «cosas» (personas) en venta:

Metales preciosos, dinero: oro, plata, piedras ricas, perlas.

Tejidos preciosos: lino, púrpura, seda, escarlata.

Materiales de fina construción: sándalo, marfil, madera, bronce, hierro, mármol.

Especias: canela, clavo, perfumes, incienso.

Alimentos para ricos: vino, aceite, flor de harina y trigo.

Animales y transporte: vacas, ovejas, caballos y carros.
Personas: cuerpos (esclavos)y almas humanas.

Esta es la lista de bienes que ofrece el Sistema a quienes quieran disfrutar sus beneficios. Todo se compra y vende, empezando por el oro y acabando en los seres humanos. Repito, pues aquí está el gran «secreto» de la Ramera: todas las cosas que pueden comprarse y venderse, incluidos los cuerpos y las almas. Roma ha creado un espacio de rica libertad para los ricos, convirtiendo el amor en compraventa y la misma vida humana en objeto de cambio y consumo, esclavizando de esa forma a todos los restantes.

Por eso, cuando la Ciudad se va quemando, lloran sin remedio los comerciantes, pues su «negocio» de robo legal y universal, vinculado al sacrificio, que señalábamos atrás ha terminado. La caída de Roma significa el fin de un «orden» económico montado sobre el libre intercambio de bienes para bien de poderosos y opresión de débiles, dentro de un Sistema sacral que se diviniza a sí mismo a costa de la expulsión y muerte de los que no pueden imponer su fuerza. El Pecado de esta Ciudad no es un gesto ocasional, sino todo el sistema: su misma estructura social, su economía de base es Pecado. Por eso, para bien de los pobres y de todos los humanos, es necesario que ella sea destruida.

Pues bien, frente al Sistema de opresión y esclavitud (robo legal) que es la Ciudad del mundo se eleva el signo de la Madre-Mujer perseguida, que no puede establecerse en forma de Ciudad a lo largo de la historia, porque no puede utilizar «armas» de sangre-opresión y de robo. El Apocalipsis no plantea, según eso, una lucha homogénea o de magnitudes equivalentes entre la Ciudad y la Mujer, sino un enfrentamiento de realidades inversas.

La estirpe del Dragón, que culmina en la Ciudad imperial tiene el poder de la sangre-muerte (asesinato) y el dinero, y de esa forma parece dominar de una manera indiscutida sobre el mundo. Por el contrario, la estirpe de la Mujer tiene el poder de la sangre de Jesús (que es la entrega de la vida a favor de los demás) y la palabra del testimonio (cf. 12, 11). Pues bien, todo el resto del Apocalipsis contará la historia de esa guerra en la que, siguiendo la lógica de Jesús, triunfarán muriendo sobre el mundo los sacrificados y expulsados de la historia.

¿Una historia final sin la Gran Ramera? Una conclusión teórica

Por un lado, el Apocalipsis sabe que en este mundo es imposible derrotar a la Gran Ramera, cosa que se logrará sólo cuando lleguen los cielos nuevos y la tierra nueva de la creación definitiva (cf. Ap 21, 1ss); por eso, en este tiempo de Roma y de las Bestias no queda más actitud que la resistencia. Pero, en otra perspectiva, el mismo Apocalipsis sabe que los fieles de Jesús pueden y deben buscar en este mismo tiempo un orden nuevo de fidelidad, expresado en la derrota de la Prostituta y de las Bestias, en el signo del Milenio (cf. Ap 20, 6).

Pues bien, ese Milenio sin Prostituta-Bestias forma sólo un horizonte de esperanza que es necesario (para mantener la promesa profética de la justicia sobre el mundo), pero no puede traducirse en un Orden político o social, es decir, en una Ciudad instituida y triunfadora, en línea «espiritual», como ha podido ser una Iglesia católica triunfante, como sistema sagrado de verdad y de vida que se opone al orden de mentira y muerte de la vieja Roma.

Por eso, la figura de la Mujer buena que se opone a lo largo de este tiempo a la mala Prostituta no es una Iglesia establecida y poderosa, en línea de sistema, sino una comunidad confesante de fugitivos y perseguidos, en las márgenes del mundo. De esa forma, el Apocalipsis nos traslada del centro mentiroso y opresor (de Roma) a la periferia de la verdad liberadora, que se expresa a través de la Mujer iglesia, que puede estar simbolizada por María, la Madre de Jesús y profetisa de los pobres, según la tradición que Lucas recoge en el Magnificat (Lc 1, 46-55).

Este es el sentido más hondo del signo mariano, que nos sitúa en el centro de la esperanza mesiánica, oponiéndose al Sistema de la Prostituta, que domina sobre el mundo con la ayuda de las Bestias. Este es el signo de la Mujer-Humanidad fiel, que mantiene el testimonio de Jesús (el evangelio de la vida) y no mata a los demás para vivir, sino todo lo contrario: es el testimonio de la Mujer que, desde la persecución, puede caminar y camina hacia las bodas finales de la vida, superando de esa forma el orden de un sistema (Ciudad) que se funda en el asesinado y robo estructurado.

Conforme a todo lo anterior, la Prostituta (que quiere presentarse a sí misma como Diosa) es signo y principio de un sistema de opresión social, que se expresa en Roma como Ciudad que ha triunfado y se mantiene por el asesinato y robo legalizado (sacralizado: para bien del orden imperial). Por el contrario, la Mujer perseguida de Ap 12, 6-17, que no quiere hacerse Diosa, representa a todos los que no ponen el fruto de su vida (y su misma vida) en manos del Dragón (cf. 12, 1-5), sino que lo entregan y se entregan por amor, en favor de los demás, en gesto generoso de donación personal y comunicación de bienes, que se expresa simbólicamente en el milenio, que es el triunfo de los sacrificados de la historia (cf. 20, 1-4). Por eso carece de sentido un «culto mariano» vinculado al sistema de opresión de la Prostituta, con su asesinato sistemático y su robo: ella, la Madre y Mujer mesiánica es signo de una vida y comunión humana que se opone a la muerte y robo de la Prostituta.

Vimos antes que la Mujer Perseguida podía presentarse como signo ecológico, pues la misma tierra la ayudaba, absorbiendo el agua destructora de la Bestia (cf. 12, 16). Pero ahora descubrimos que la verdadera ecología de esta Mujer-Madre ha de entenderse en perspectiva de humanidad, es decir, como defensa de la vida de los asesinados y expresión de justicia a favor de los pobres y oprimidos. De esa forma, el signo de la Mujer Celeste (Ap 12, 1-3) recibe sentido y forma social: este es el signo de Mujer-Persona amante, que se opone al «orden» del asesinato y robo, es el signo de una humanidad que se mantiene fiel a Dios, en gesto de amor generoso y comunión humana, tal como ha venido a expresarse simbólicamente en el milenio de la historia profunda y culminar en la escena de las Bodas del Cordero (Ap 21-22). Pues bien, en el camino que lleva hacia esas bodas descubrimos la fragilidad y muerte de la Prostituta.

He tratado del milenio en Apocalipsis, EVD, Estella 1999, 229-234. El motivo de fondo del milenio (el sentido del triunfo «histórico» de los sacrificados de la historia) constituye uno de los temas básicos dela teología y eclesiología a lo largo de la historia cristiana. Ciertamente, no se trata de un triunfo puramente espiritualista (pues el Apocalipsis no se ha situado nunca en ese plano). Tampoco es un triunfo estructural, propio del sistema de la iglesia, como otros han querido. Posiblemente, ese motivo evoca y abre un proceso de creatividad cristiana, que sólo puede resolverse de forma práctica, en la misma vida y compromiso de la iglesia, como de forma convergente evocan los diversos trabajos (de J. Beutler, B.Andrade, R. Aguirre, X,. Pikaza etc), recogidos en Apocalipsis: )fin de la historia o utopía cristiana?, V Simposio Internacional, Univ. Iberoamericana, México 1999

http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2010/06/16/los-pecados-de-la-gran-ramera-asesinato

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Juan y Jezabel (llamada prostituta): Disputa de profetas (Ap 2-3)

Presenté el día uno el tema de la Gran Ramera del Apocalipsis y, desde entonces, he venido dándole vueltas al tema, con inserciones de diverso tipo (con la Navaja de Ockam que maneja Fernando, el emergentismo de Letelier, las incansables e insaciables citas bíblicas de un tal Orlando…). No sé si algo queda de aquel principio, pero quiero seguir, y aún deseo presentar tres o cuatro escenas (más larga es la Summa Theologica o el Tour de Francia).

La de hoy es de tipo intermedio. Ayer vimos a Jesús que acogía en su casa/comida a la prostituta de Lc 7, conforme a la liturgia, en un texto que nos resultaba intrigante y molesto (han entrado muchos en el blog, pocos han comentado).

Hoy vuelvo al Apocalipsis, esperando la navaja de Fernando, las citas de Orlando etc etc. Recojo algunos temas anteriores para terminar con Jezabel. Por favor, quien quiera saber quién fue en principio esa Señora Jezabel y su pecado (en el Antiguo Testamento) vea el post que colgué anteayer en http://www.21rs.es/ (pinche arriba Blogs y luego Pikaza). Allí ofrezco un retrato de la acción y de la rabia que surgió en su entorno.Aviso a los lectores.

Los que hayan seguido lo que voy diciendo pasen los números 1, 2, 3, 4 y 5 de las reflexión que sigue (pues ya son conocidos; los he venido exponiendo en los días anteriores).

Esos buenos lectores empiezan en el número 6 y lleguen hasta el 10, si tienen tiemmpo (mañana habrá descanso de Apocalipsis). Por favor, lean la Biblia (si les parece) y busquen las razones de Juan profeta… pero también las de la Prostituta Jezabel (quizá ella tiene razón, está llena de estrellitas). Entre un hombre/profeta que puede ser lobo…. y una señora/profeta, que puede ser señuelo de estrellitas falsas, nos lleva el Apocalipsis, libro para pensar y soñar, para sufrir y buscar, hoy, no ayer ni pasado mañana

1) Introducción. Un dragón con dos bestias

Los motivos anteriores (huída y persecución) han sido expresamente aplicados a la Madre por el texto. El nuevo motivo (la amenaza de las bestias) aparece más velado, aunque resulta necesario para entender la trama del libro y el sentido de la Mujer. Seguimos en un plano histórico: Dragón y Mujer se enfrentan ya de forma social sobre la tierra, no en el cielo primigenio. Sabemos, por lo anterior, que el Dragón ha sido incapaz de capturar o anegar a la Mujer y que, por eso, está furioso, pues, como hemos visto ya «se enojó con ella y fue a luchar contra el resto de esperma». Esa lucha tiene un principio y dos agentes principales dentro de la historia:

[Principio] Y (el Dragón) se puso en pie sobre la arena del mar (12, 18).
[Agente 1º] Y vi saliendo del mar una Bestia, con diez cuernos y siete
cabezas… (13, 1)
[Agente 2º] Y vi otra Bestia, subiendo de la tierra,
con dos cuernos como de Cordero… (13, 11)

Habíamos escuchado el lamento cristiano del mar y la tierra, amenazadas por el Dragón furioso (cf. 11, 12). Ahora descubrimos la razón: el Dragón había intentado apresar a la Mujer para matarla, o quizá para pactar con ella y adueñarse de sus hijos, convirtiendo así el proceso de la historia en círculo de muerte; de haberlo conseguido, no habrían sido necesarias Bestias (como en Ap 13), ni tampoco Prostituta (como en Ap 17), pues todo sería bestial, todo estaría prostituido. Pero la Mujer con sus hijos ha opuesto resistencia, manteniendo la confesión de Jesús (cf. Ap 12,11.17).

Por eso, a fin de combatir de un modo social sobre la tierra, el Dragón ha tenido que buscar unos agentes que realicen su tarea a ese nivel y que le representen en la historia se ha «encarnado» en el sistema de la Bestia de Mar y la Bestia de tierra, que acabamos de evocar . Ambas se vinculan: son la representación social del Dragón, son las gestoras históricas de la muerte, presencia y poder del pecado antidivino, que se expresa por los signos del Imperio (=Roma) dentro de la humanidad.

Muchos profetas (desde Amós hasta Ezequiel) habían condenado los poderes imperiales de la historia, mostrando con fuerza el carácter opresor, violento, idolátrico, de las armas militares y el afán de riquezas que destruyen a los pobres. En esa línea habían avanzado, de forma sorprendente, algunos textos apocalípticos como Dan 7 y 1Henoc 83-90, que interpretan y presentan la perversión de la historia en figuras bestiales, de animales destructores: ellos, los poderes del mundo que se divinizan a sí mismo, son en realidad ídolos satánicos, portadores de muerte . Pero nadie que yo sepa había logrado describirlos con la radicalidad y precisión de Ap 13, distinguiendo y vinculando, desde el Dragón original, dos Bestias, una que simboliza el poder político-militar (Roma como Imperio) y otra el ideológico-religioso (Roma como sistema de pensamiento y religión).

2) Continuación. Dos Bestias con una mujer

De esta forma, el Dragón que podía parecer simple figura intemporal, repetida en gran parte de los mitos del origen humano, se encarna en unos poderes sociales bien concretos, que por un lado se aplican al imperio romano y por otro se expanden y pueden aplicarse a todos los sistemas de opresión y destrucción a lo largo de la historia. Estas son las Bestias que van a luchar contra la Mujer y sus Hijos, desde una perspectiva histórica y social:

_ La Bestia del mar (13, 1-10) encarna la perversión de los poderes político-militares que reciben su fuerza del Dragón, para combatir contra «el resto de la estirpe de la mujer», es decir, contra los seguidores de Jesús. Hasta ahora, ningún profeta había presentado con esta radicalidad el mal completo, la opresión sistematizada, encarnándola de modo social en un imperio concreto de la tierra. Se hablaba de potencias sacrales destructoras, pero de manera más parcial, como muestran los textos de Dan 2 y 7 (con 1Hen, 2Bar y 4Es). Pues bien, el profeta Juan ha visto y descrito a la Gran Bestia, descubriéndola directamente en el imperio de Roma, aunque después podrá aplicarse a los restantes imperios perversos de la tierra.

_ La Bestia de la tierra (13, 11-18) es la perversión profético-religiosa y está encarnada en los sacerdotes y/o filósofos de la Bestia, funcionarios de su sistema de violencia. Ap 6, 15 citaba a reyes, nobles, comandantes militares, ricos y poderosos de la tierra. Todos aparecen ahora condensados en esta figura mentirosa al servicio de la violencia del sistema. La Primera Bestia era el Poder militar de la violencia.

Al servicio de ella emerge esta Segunda, que es la religión y/o conocimiento pervertidos; nadie la había presentado de esta forma, desarrollando y destacando con tanta nitidez el poder de la mentira, esto es, la opresión de una cultura (religión o propaganda, filosofía o educación) al servicio del poder algunos y de la muerte de la mayoría. Juan nos ha ofrecido en la figura y rasgos de este Segunda Bestia una radiografía descarnada y demoledora de la «inteligencia sacral» puesta (vendida) al servicio de la Primera Bestia. Hay algo peor que las armas y conquistas militares: la mentira organizada de aquellos que las justifican y defienden, para su propio provecho .

Estas dos Bestias (con la Prostituta que viene después) encarnan eso que pudiéramos llamar el pecado original (o central) de la humanidad, tal como he mostrado en Antropología bíblica, BEB, Sígueme, Salamanca 2005. El judaísmo anterior no tenía conciencia de un «pecado total», en contra de lo que mostrarán (tanto aquí como en Rom 5) los cristianos: ellos han descubierto en Jesús el don total de Dios, la gracia definitiva; desde ese fondo han podido expresar y han expresado el mal completo, que se encarna o concretiza en forma de opresión anti-humana, de poder de muerte, viniendo a expresarse en estas Bestias o sistemas opresores, que culminan en la Prostituta.

3) Profundización. Las Bestias luchan contra una mujer (y prostituyen a la otra)

a) Luchan y esclavizan a una mujer. Estas dos Bestias vinculadas (poder militar y religión, dictadura estatal e ideología) brotan del mar (la 10) y de la tierra (la 20) y luchan, de parte del Dragón, contra la estirpe de la Mujer, es decir, contra la iglesia. Ellas constituyen un peligro real y muy concreto para las comunidades de cristianas de Asia, pues obligan a sus fieles a participar de la vida del Imperio, tanto en el sentido más externo (orden cívico, intercambios económicos: Primera Bestia) como en el que parece más interno (vida religioso-cultural: Segunda Bestia). Ellas son una encarnación social diaria del Dragón, que ya no actúa simplemente sobre el alto de los cielos, sino que ha descendido para combatir a los creyentes en la misma plaza y mercado de la tierra.

En ese contexto, ser cristiano significa oponerse a un tipo de política social e ideología del Imperio, conforme al modelo y testimonio de la Mujer que ha debido escapar al desierto, soportando allí los ataques del Dragón. Pues bien, ese mismo Dragón, burlado pero todavía no del todo vencido, persiste en su intento: por eso suscita estas Bestias, para luchar de forma nueva (histórica y social, militar e ideológica) contra los hijos de la Mujer. Ella era fuente de vida y se había refugiado para defenderse del Dragón. Ahora sus hijos han de imitarla, luchando también contra las Bestias.

Lógicamente, esta Mujer fugitiva, perseguida y amenazada, es ante todo una realidad social: por la forma en que la atacan (en línea de imposición militar, marginación económica y engaño ideológico) conocemos su identidad: ella es lo contrario de la Bestia del poder (que impone su dominio sobre los demás por medio de la fuerza) y contrario a la Bestia de mentira (que engaña y manipula a los humanos). Así podía haberla dejado nuestro autor, como signo de la iglesia perseguida por las Bestias. Pero ha querido precisar su identidad, presentando después de las Bestias (como anti-tipo concreto de la Mujer Perseguida), a la Perseguidora o Prostituta, en la que culminan, como en sistema, todos los males del mundo, el pecado completo.

b) Las dos bestias prostituyen a la otra mujer, es decir, le dan mucho dinero… y la someten. Esta Mujer-Prostituta (que recibe el dinero de las bestias…. y se deja “querer” por ellas será anti-tipo de la Perseguida.

Ciertamente, las Bestias de Ap 13 y la Mujer Prostituta de Ap 17-17 ofrecen valores en línea de sistema. El profeta Juan ha evocado a través de ellas el «orden» de un imperio mundial, de un sistema donde todo se encuentra estructurado en forma militar (1ª Bestia) y cultural (2ª Bestia). El Dragón ha construido por medio de esas Bestias el orden mundial, un sistema perfecto que parece funcionar y promete mantenerse para siempre, en la línea del Diablo de las tentaciones de Jesús (Mt 4 y Lc 4). Pues bien, ese sistema, que los filósofos al servicio de Roma juzgan divino y sagrado (ha extendido un orden «racional» por todo el mundo conocido), constituye para Juan un signo y obra del Dragón, pues se edifica sobre la opresión militar, la expulsión de los disidentes (cf. quien al exilio al exilio, quien deba morir muera: 13, 10) y la mentira sistemática.

En esa línea de sistema opresor han avanzado los diversos sistemas totalitarios de la historia posterior, que K. R. Popper ha condenado en La sociedad abierta y sus enemigos, Paidós, Barcelona 1982 y la misma ideología de la ilustración occidental, que M. Horkheimer y Th. W. Adorno han rechazado en La dialéctica de la Ilustración, Trotta, Madrid 1994. Desde aquí se plantea el problema )puede construirse sobre el mundo un «todo social» sin expulsiones ni opresiones? )no estaremos condenados a soportar siempre a las Bestias y a la Prostituta?. En la línea de Ap 13, rechazando el poder e ideología del todo imperial y cultural se ha elevado, desde las raíces proféticas de Israel, E. Levinas, Totalidad e Infinito, Sígueme, Salamanca 1977. He discutido extensamente estos motivos en Sistema, libertad, iglesia, Trotta, Madrid 2001.

4) Mujer tercera. La gran prostituta. Principio (Ap 17-18).

Sin duda, las Bestias, que reciben su poder del Dragón y persiguen a la Mujer (o a sus hijos), repiten en clave histórica el enfrentamiento primigenio de Ap 12, 1-5, desde una perspectiva imperial y cultural. Sin embargo, ellas no agotan la furia del Dragón, pues no expresan del todo la perversión total de la historia. El Dragón necesita todavía otra figura para realizar su obra y de esa forma se «encarna» todavía (y finalmente) en otro signo más concreto y fuerte de pecado, de tipo femenino o, mejor dicho, de sistema: en la perversión de la misma Madre, que se vuelve aliada del Dragón, apareciendo como Prostituta sobre el mundo. Se oponen así las dos mujeres (que parecen las dos ciudades de la historia).

(a) Por un lado, como destacaban los textos anteriores (Ap 12), la Madre celeste ha venido a expresarse en la Mujer perseguida, que es la Iglesia, fugitiva en el desierto.

(b) Por otro lado hallamos que hay una Mujer perversa, que se deja amar-engañar por el Dragón, sentándose como Reina del mundo, sobre el trono (a lomos) de la Primera Bestia (Ap 17, 3). Ella aparece así como expresión final y cumplimiento del sistema que el Dragón intenta edificar sobre la tierra: es la racionalidad política encarnada en la ciudad del Roma, que muchos entendían como el mayor de todos los prodigios sociales que hasta entonces se habían logrado construir sobre la tierra.

5) No empecemos condenando a la Prostituta

Por eso, no es bueno condenar desde el principio a esta llamada Mujer-Prostituta, sin escuchar primero sus razones: ella puede defenderse, diciendo que representa el orden social y garantiza la riqueza y comercio, la relación y unidad entre todos los pueblos de la tierra. Muchos, entre ellos los grandes filósofos y sabios del imperio, la llaman Diosa y la veneran, quemando en su honor el buen incienso. Incluso Jesús pudo haber dicho «dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mc 12, 17): ella es la Ciudad y orden del César, de manera que resulta coherente afirmar que tiene derecho al dinero de un tributo que garantiza el equilibrio de la vida económica y social sobre la tierra. El mismo Pablo la aceptó, diciendo que es preciso someterse a su poder, pues Dios le ha dado su encargo, para mantener la justicia y legalidad económica en el mundo, de manera que puede llevar con derecho la espada y cobrar con razón los tributos (cf. Rom 13, 1-7).

Pues bien, a pesar de eso, Juan la ha condenado, presentándola como aliada de las Bestias, encarnación social del Dragón sobre la tierra. Es muy posible que exagere en sus matices, como iremos viendo, pero su juicio profético resulta sobrecogedor y certero: el profeta ha visto y destacado algo que normalmente no vemos, el riesgo de un sistema que se diviniza a sí mismo sobre bases de imposición y engaño (bestias), encarnándose en un orden político que expulsa y niega a los disidentes y contrarios. Ella es «la otra cara de Eva». La Mujer en la historia puede ser perseguida o perseguidora: esta es la Perseguidora, pues se ha prostituido para conseguir sus bienes; vive de matar; es el anti-tipo de la Madre perseguida y de la Novia definitiva de las bodas.

6) Una sorpresa. La Prostituta en la iglesia. Ap 2-3

Las dos mujeres centrales del esquema anterior (Perseguida y Perseguidora) no son teoría, objeto de elaboración y trabajo de libros eruditos, sino que aparecen de manera concreta, dentro de la historia, y de un modo especial en el entorno de la iglesia. Como hemos indicado ya, la Perseguida es la Madre iglesia; la Perseguidora debe ser (y es) su contraria, es decir, la Ciudad-Roma. Pero el mismo texto empieza diciéndonos con sorpresa que la Prostituta de Roma no se encuentra simplemente fuera, sino que ella se expresa y actúa también dentro de la iglesia, a través de una de una profetisa comunitaria, a la que el texto llama la Mujer Jezabel, la prostituta. Frente a la iglesia perseguida, que mantiene el testimonio de Jesús (y se convierte luego en Novia del Cordero) se eleva en Tiatira ella. Así habla Jesús, Hijo de Dios (2, 18) a esa iglesia, diciendo que la Mujer Jezabel es profeta y prostituta:

[Profetisa] Permites a la mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñar y engañar a mis siervos para que se prostituyan y coman idolocitos.

[Prostituta] Le he dado tiempo para que se convierta, pero no quiere convertirse de su prostitución. Pues bien, voy a arrojarla en el lecho

[Adúltera]y a quienes adulteran con ella (les arrojaré) en una gran tribulación, a menos que se conviertan de sus obras (malas).

[Madre mala de hijos malos ]Y a sus hijos, los heriré de muerte… (Ap 2, 20-23) .

Se trata de una persona concreta, a la que enfáticamente dicen la mujer (tên gynaika: 2, 20), sin nombre propio, pero a la que Juan (profeta autor del Ap) insulta presentándola como Jezabel, nombre despreciativo de una reina fenicia perversa que fomentó la idolatría en Israel (cf. 1Rey 21 y 1Rey 2). Ella actúa como profetisa y es evidente una mujer que goza de mucha autoridad, pues Juan ha querido cambiarla y no ha podido.

Debo recordar que Ap 2, 14 presenta a un tal Balaam, que es varón también con nombre denigrante, con el mismo «pecado» y función de Jezabel, para mostrar así que este es un problema masculino y femenino. Aquí destaco el aspecto femenino del símbolo de Jezabel. Analizo el contexto y sentido de esta acusación en Apocalipsis 61-73, poniendo de relieve los aspectos espirituales y materiales del tema. Cf. M. Navarro, «Jezabel (Ap 2, 18-29). Un conflicto eclesial»: Reseña Bíblica 27 (2000) 21-30.

7) Una prostituta llamada Jezabel (¿pero es prostituta?)

Juan Profeta la condena… pero me gustaría que hablara ella, que dijera lo que piensa, que se defendiera….

Es evidente que esta Jezabel (cuyo nombre ignoramos) fue una mujer importante que se opuso a Juan Profeta. Es persona de mando: pertenece al estamento dirigente o jerarquía (si vale esta palabra), de la iglesia y son muchos los que aceptan su «doctrina», que Juan concibe como un riesgo para la comunidad. Juan dice que ella no es esposa fiel que conserva el amor de Jesús, ni es madre buena, que educa a sus hijos en la resistencia cristiana, sino prostituta, que vende su amor por unos idolocitos y adúltera, pactando con Roma, enseñando esa misma doctrina (moikheuein: cf. 2, 22-23) a sus hijos o partidarios.

Debía mantener la fidelidad, pero ha preferido el engaño, apartando a la Iglesia de Dios y de Cristo (su esposo), para que siga la economía y política social, humana y religiosa de Roma. Comer idolocitos significa promover un orden injusto, simbolizado en el comida (carne ofrecida a los dioses). Adulterar supone someterse por provecho al orden social y sagrado del imperio, como base de convivencia cívica.

a) Jezabel podría defenderse, diciendo que ella desacraliza el imperio: toma su estructura social y economía como un elemento neutral, que no implica ningún tipo de veneración religiosa. Al mismo tiempo, ella espiritualiza el evangelio: lo entiende como expresión de una religión interior, que no colisiona con la estructura económica y social de Roma. De esa forma interpreta y aplica el «dar al César lo del César y a Dios lo que es de Dios»: acepta el orden económico y social del imperio, como realidad que sólo afectaría a la experiencia externa de la vida; el evangelio vendría a situarse, según eso, en un nivel de fidelidad interna.

b) Juan profeta entiende el mensaje de Jesús de un modo distinto. A su juicio, la estructura de conjunto de Roma constituye una forma de «religión idolátrica»: el pan y la carne de su imperio son «idolocitos» manchados, pues han sido ofrecidos a los dioses del poder y la injusticia

; por su parte, la fidelidad al orden imperial es un «adulterio», pues se opone al amor gratuito de Cristo. La misma Roma como sistema es contraria a la fidelidad del evangelio. Eso significa que los fieles de la iglesia deben rechazar el orden económico y social de ese sistema, «huyendo al desierto», como hijo la Madre mesiánica (cf. 12, 6.14), para crear de esa forma una alternativa de fidelidad humana y gratuidad, fuera de las estructuras del imperio.

8) ¿No tendrá razón Jezabel, la Prostituta?

Es evidente que hubo conflicto entre Juan profeta y Jezabel profetas. No sabemos cómo ha terminado la disputa. Es posible que los «hijos» (discípulos) de Jezabel hayan terminado siendo gnósticos ¿)montanistas?)… Es muy posible que los hijos de Jezabel terminan triunfando: la iglesia oficial (la de Roma…) habría dado la razón externa a Juan profeta, pero ha cambiado su doctrina, terminando por pactar de algún modo con Roma, como quería Jezabel.

En otras palabras. La Iglesia oficial acabaría diciendo que la doctrina de Juan era la buena, pero aceptando de hecho, quizá hasta hoy, la de Jezabel. De esa forma, el Apocalipsis sería un libro de aviso…. Un libro que la Iglesia de Jezabel (la nuestra) conserva pero no cumple….

De todas formas, ignoramos el verdadero argumento de Jezabel, a quien sólo conocemos por la crítica de Juan, mientras que el Ap ha sido incluido en el canon de la Biblia y de esa forma puede y debe seguir iluminando el camino cristiano.

Esta mujer-profetisa constituye según Juan un riesgo para la iglesia: ella no quiere vivir en el destierro, como la Madre perseguida; piensa que es posible y conveniente un pacto con Roma, de manera que la experiencia de Jesús se convierte en una religión aceptada dentro del imperio. Ella asume de esa forma (según Juan) el orden básico de la Ciudad, sus comidas (que Juan llama idolocitos), sus fidelidades sociales (que Juan llama adulterio), planteando con ello el tema central de lo que sigue, el motivo básico de la mariología y de la historia posterior de la iglesia. Podemos suponer que ella tiene parte de razón (como la tienen casi todas las herejías cristianas). Pero llevada al extremo su postura supondría destruir el evangelio:

_ La iglesia de Jezabel es una iglesia piadosa, hecha de pactos, de tipo gnóstico o sacral, centrada en las «profundidades divinas del alma» (que Juan interpreta, de forma insultante, como «honduras de Satanás»: 2, 24). La vida exterior (economía, política) podría así quedar en manos del sistema, es decir, de la autoridad reconocida del imperio; la religión y el amor en cuanto experiencia y camino de salvación serían una realidad básicamente interior, independiente del orden social y las comidas..

_ La Iglesia de Jezabel es una Iglesia de las almas, iglesia que pacta con el mundo sagrado del entorno… para crear unas estructuras de conocimiento y celebración sagrada…. El evangelio es, según eso, independiente del compromiso social y de la historia, de manera que los cristianos podrían ser fieles a Jesús aceptando en un nivel externo la economía y fidelidad social de Roma .

9) Juan profeta, una voz en el desierto… un insulto arriesgado

Pues bien, en contra de eso, Juan profeta defiende una iglesia (y una visión de la mujer) distinta… Por eso opone al orden social y económico de Roma que, a su juicio, está defendiendo Jezabel. Estas son las razones del profeta Juan:

a) El Apocalipsis no quiere que la iglesia se eleve como otro imperio en contra del que existe, en un nivel económico-político, pero piensa que ella debe rechazar el sistema de Roma, pues se funda sobre base de engaño y de muerte: en la prepotencia de los poderosos y la expulsión de los inocentes, en la imposición de los ricos y el engaño de los pretendidos sabios.

b) Juan profeta no defiende un alzamiento militar (como los celotas judíos de la guerra del 67-70 d. de C.), pero tampoco un pacto de interioridad, sino un gesto firme de resistencia social y huída al desierto. Desde ese fondo se entiende su visión y condena de la Prostituta Roma (Ap 17-18).

c) Juan profeta piensa que el camino de Jezabel (del pacto con el Imperio de Roma) termina pervirtiendo a la Iglesia… Pero quizá no se da cuenta de que Jezabel representa la racionalidad política, la sabiduría filosófica… todos los valores de Grecia y Roma.

d) La Iglesia oficial de Roma (la Iglesia del Imperio, la nuestra)… sería de hecho heredera de Jezabel, aunque conserve en la Biblia el libro de Juan Profeta.

Aquí está el tema, aquí los cruces de interpretaciones y contra-interpretaciones. Pienso que es bueno hacer caso al Profeta Juan, pero diciéndole que deje de insultar y que valore tambièn a Jezabel. Más aún, pienso que sin Jezabel nuestra Iglesia no había existido… Porque en las iglesias actuales (las grandes iglesias) hay mucho más de Jezabel que de Juan profeta (para mal… y para algo de bien).

¿Volver a Juan sin glosa? Quizá sí, pero sin cuidado. De los riesgos de un profetismo literal y absolutizado hablaremos otros día.

10) El profeta Juan insulta a la iglesia de Jezabel con el mayor insulto que un hombre experto en Biblia podía elevar en aquel tiempo….

Juan dice que esa iglesia es putí-sima (la encarnación de la Gran P. del AT que es Jezabel…). Quizá tiene razón. Yo estoy contento de tener al Apocalipsis en mi Biblia… Pero me hubiera gustado que en ella se conservara también el libro de «Jezabel», que a lo mejor se llamaba María Magdalena (una María Magdalena en la línea de algunos tratados gnósticos).

Soy un apasionado del apocalipsis… aunque pienso que se deben tomar con humor sus insultos a Jezabel… De todas formas, parece que Juan tuvo que sufrir por lo que decía y pensaba…. (en la isla de Parmos, al sol y al mar más duro), mientras que la llamada Jezabel podía gozar de los privilegios de Roma, comiendo los idolocitos….

(el tema sigue).

http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2010/06/11/juan-y-jezabel-llamada-prostituta-disput

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