El porno como educación sexual

El currículo escolar olvida la sexualidad. Con el porno como principal fuente informativa, crece el machismo entre los menores

Más de la mitad de los adolescentes de entre 14 y 17 años han visto porno en Internet.

Almudena no olvidará el impacto que sufrió el día que descubrió que su hija de 15 años tenía el pubis totalmente depilado. “Me quedé boquiabierta”, dice esta madre que no quiere dar su apellido. “Me pregunté ‘¿De dónde ha podido sacar esta idea?’. Dice que lo hace por estética, pero yo creo que lo ha sacado de la pornografía, el único sitio donde se ve como lo más normal del mundo”. A Elena, su hija, no hacerlo le daría vergüenza. “Ellos ven raro que no estemos completamente depiladas”, cuenta ya a solas.

La educación sexual de los menores no vive un buen momento en España. Al contrario que en muchos de nuestros países vecinos, aquí no figura en el currículum escolar. Los expertos la califican de “desastrosa”. “Se deja al criterio de los centros educativos, en muchas comunidades se necesita el consentimiento paterno para que los menores la reciban y la puede impartir cualquiera”, se duele Raquel Hurtado, de la Federación de Planificación Familiar Estatal. A pesar de que cada vez más padres hablan de sexo con sus hijos, la desconexión sigue siendo notable. Los menores tienen acceso a su principal fuente de información sobre el asunto con un simple clic: más de la mitad (el 53,5%) de los adolescentes españoles de entre 14 y 17 años ha visto porno en Internet (el dato, de Protégeles, incluye a chicos y chicas). Entre los 11 y los 12, el 4% reciben contenidos sexuales en sus móviles. Y, mal digerido, el porno provoca nuevos comportamientos que los adultos no entienden. “Nuestros cerebros aprenden”, empieza Juan Madrid, el médico del Centro Joven del Ayuntamiento de Madrid. “Si tú te acostumbras a excitarte viendo determinados vídeos luego condiciona tus preferencias”.

Lo cierto es que los adolescentes mantienen su primera relación sexual a la misma edad media de los últimos años: los 17. Pero los que antes se animan a dar el paso, cada vez son más numerosos. El porcentaje que ha tenido su primera relación sexual antes de los 15 se ha más que duplicado entre 2004 y 2012 pasando del 5,2% al 12,3%,según el último informe de sexualidad del Injuve.

“Si una chica no está integralmente depilada, me da asco”, dice un joven

Las adolescentes están acostumbradas a que chicos mayores que ellas las animen a mantener relaciones antes de que les brote el deseo. Patricia es una de ellas. A sus 17 años, esta alumna de un centro privado madrileño perdió la virginidad hace unos meses porque su pareja de entonces le dijo “si no lo hacemos lo vamos a tener que dejar”. “Al final di el paso y ahora que ya no estamos juntos me arrepiento”. A ejemplos como este se refiere Hurtado cuando dice que no le preocupa que los adolescentes tengan relaciones pronto, “si estas son decididas y lo hacen porque les apetece, y no porque hay gente en mi grupo diciendo que lo haga ya”.

Noemí Sánchez es educadora sexual en institutos de Alcalá de Henares (Madrid). “Los chicos ven porno y deducen que su vida sexual va a ser muy parecida”, dice. Ella tiene en cuenta que las nuevas tecnologías, ahora masivas, están plenamente integradas en sus vidas. El 16 de octubre, 35 alumnos de 12 y 13 años del concertado Nuestra Señora de Los Ángeles, en Villaverde (Madrid) escuchan a dos policías del grupo de Participación Ciudadana de la comunidad que les dan una clase de prevención en la que les advierten del peligro de entablar conversación con desconocidos a través de la Red o de compartir imágenes subidas de tono. Un agente les pregunta si utilizan Whatsapp. Levanta la mano toda la clase menos tres chicos. “¿Y sabéis a partir de qué edad es legal disponer de esta aplicación?”, pregunta de nuevo. Los adolescentes se encogen de hombros. “Los 16 años”. Y recibe como respuesta un montón de rostros sorprendidos.

Al este de Madrid, en Coslada, chicas y chicos de entre 17 y 19 años charla en dos bancos enfrentados. Hablan de un vídeo que ha visto todo el alumnado del centro público en el que estudian: “Una chica se grabó tocándose y luego se lo mandó a su novio. Cuando se pelearon, él se lo reenvió a varias personas hasta que lo vio todo el instituto”. La joven se ha cambiado de instituto pero sigue viviendo en el barrio. La consideran “una guarra y una cerda”. “¿Y qué pensáis del chico que difundió las imágenes?”. Silencio sepulcral.

El machismo que condena a la mujer atrevida frente al hombre va a más en los adolescentes. “La mujer se ve como un elemento de posesión del hombre y el poder de controlar que nos dan las nuevas tecnologías se usa cada vez más”, dice Madrid. Un estudio del Ministerio de Sanidad sobre la evolución de conductas violentas y patrones sexistas entre menores concluía que el porcentaje de chicas que reconocía haber sufrido insultos subió del 14% al 23% entre 2010 y 2013. Por esas fechas una encuesta de la Comunidad de Madrid desveló que al 5,3% de las adolescentes de entre 14 y 16 años “el chico con el que salían le había impuesto conductas de tipo sexual” que ella rechazaba.

Tres adolescentes —alumnas de un centro público madrileño— confirman que reciben comentarios machistas: “Nos lo sueltan en plan bromita: ‘Vete a fregar. Y luego, si ya somos pareja, pueden decirte: ‘Eres solo mía’. ‘No hables con otros chicos’…”. Varios educadores sexuales se confiesan escandalizados por la aceptación que hay entre los menores hacia los celos. “Sus patrones de pareja son muy chapados a la antigua, el chico se entiende que es superior y muy posesivo”, dice Sánchez. “Ellos intentan controlar como visten y ellas los justifican”. Sánchez culpa en parte a los modelos que reciben desde fuera en canciones, películas y televisión.

Depilarse integralmente el pubis se ha puesto de moda entre las adolescentes (y también entre algunas adultas). “Los directores de nuestros centros de belleza lo confirman”, dice Juan Carlos Lorenzo,de la cadena Aires. “Lo hago por estética” es la respuesta más habitual de las menores. Aunque también dan otras: “Lo hago por si ligo”, dice una chica de 16 años. “Yo por higiene”, dice una joven de 17 que se está haciendo la zona con láser gracias a 650 euros que sus padres le regalaron para el tratamiento. “¿Y duele?”, pregunta una amiga. “Un poco. Quema”. Álvaro, de 18 años, sostiene que la exigencia va en ambos sentidos: “¡Yo cada tres días me afeito mis partes porque ellas también lo demandan!”, dice. “Si me topo con una que no está integralmente depilada, me da asco”. Isabel Serrano, ginecóloga, no está segura de que el porno haya impuesto esta moda; ella ve otro motivo de preocupación: “Yo lo ubico en el modelo estético actual de gustar al otro, lo que incluye gustarle desde los genitales. ‘Si le gusto más, no se irá con otras”.

“Ser ‘guay’ cada vez se vincula más a ser agresivo con ellas”, reza un informe

En 2012, la Comunidad de Madrid encargó un informe sobre la violencia hacia las adolescentes. “Queríamos entender qué estaba pasando en edades tempranas”, dice Marisa Pires, de Acciones de Salud contra la violencia de género. “Todos los jóvenes creen en la igualdad de sexos”, reza el informe; “pero la forma en que se desenvuelven sus afectos no demuestra que la igualdad presida habitualmente sus relaciones mutuas. La violencia de pareja hacia las mujeres se cuela por la afectividad y no por la ideología”.

Es habitual que los adolescentes sufran (y emitan) agresiones verbales imponiendo modelos femeninos y masculinos que han interiorizado desde la infancia. “La agresión de género se está empezando a poner de moda en determinados ambientes”, dice el informe. “Ser ‘guay’ cada vez está más vinculado a ser agresivo con ellas”. Al autor del estudio, el sociólogo Luis Seoane, le preocupa que los adultos estemos dejando que la educación sexual de los menores evolucione sola y sin control. “Impera una gran hipocresía”, explica Serrano. “Estudiamos la violencia, pero luego no somos consecuentes con nuestros informes. El Gobierno cree, equivocadamente, que impartir educación sexual hará que aumente el sexo entre adolescentes, cuando es al revés: con una buena educación en la materia son más capaces de decir no”.

En cifras

El 53,5% de los adolescentes españoles de entre 14 y 17 años ha visto porno en Internet. Entre los 11 y los 12, el 4,1% recibe contenidos sexuales en el móvil.

El porcentaje que ha tenido su primera relación sexual antes de los 15 se duplicó entre 2004 y 2012: pasó del 5,2% al 12,3%.

En 2012 aumentó un 30% el número de procesos judiciales por violencia machista en adolescentes en España: pasó de 473 a 632. En 2013, se redujo la cifra: 327.

http://politica.elpais.com/politica/2014/10/22/actualidad/1413971212_944564.html

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Colectivo Hetaira: “Las prostitutas no son traidoras del género ni están haciendo el juego del patriarcado”

El colectivo Hetaira, de Madrid, vela por los derechos de las personas que trabajan en el sexo y lucha por eliminar la estigmatización social que estas prácticas conllevan, criminalizando a las prostitutas y considerándolas siempre como las “eternas menores de edad”. Hablamos con dos de sus integrantes a su paso por Extremadura. 

Silvia Arjona/ AECOS

Alba y Elisa, del colectivo Hetaira en un momento de la entrevista en Plasencia (Cáceres) hablando sobre la prostitución y su estigmatización social./ SAM

La prostitución voluntaria, ¿práctica patriarcal o trabajo sexual? Las respuestas y sus análisis pueden ser muchos y muy variados en función de quién los cuestione y desde dónde los plantee.

Dentro del movimiento feminista y los colectivos de mujeres hay grupos que defienden o condenan estas prácticas, sin llegar a consensos claros. Por ejemplo, el feminismo cultural abole la prostitución por considerarla una forma más de opresión de las mujeres por parte de los hombres, mientras que el feminismo pro sexo lo analiza como un trabajo más basado en un acuerdo comercial entre adultos, para el que hay unas normas establecidas previas.

El colectivo Hetaira, cuyo nombre se refiere a las mujeres libres e independientes de la antigua Grecia que ejercían la prostitución, trabaja desde 1995 con mujeres y transexuales de Madrid con el fin de defender sus derechos como personas trabajadoras del sexo y que puedan organizarse, cotizar a la Seguridad Social, sindicarse… Les interesa acabar con el estigma social que acarrean estas prácticas y que divide a las mujeres entre “las malas” (las putas) y “las buenas” (todas las demás). Su lucha persigue diferenciar entre la prostitución forzada y la voluntaria y en no homogeneizarlas por ser algo muy complejo. Y abogan por el derecho de autodeterminación sexual de las mujeres y porque las prostitutas tengan voz en los lugares donde nunca las tienen en cuenta, como por ejemplo las instituciones.

Hablamos con dos trabajadoras y activistas de Hetaira, Alba Fernández Val y Elisa Arenas López, tras participar en las II Jornadas Trans-formativas. Topologías del Transfeminismo realizadas en Plasencia (Cáceres) a finales de abril y organizadas por el colectivo Extremadura Entiende, para conocer mejor su trabajo y el de las prostitutas.

¿Qué es el colectivo Hetaira?

Elisa. Hetaira es un colectivo de defensa de los derechos de las trabajadoras del sexo, formado por trabajadoras del sexo y por personas que realizan otros trabajos. Es un colectivo mixto que se creó en su origen entre feministas y trabajadoras del sexo con el objetivo principal de defender sus derechos y mejoras condiciones de vida, así como luchar contra el estigma que recae sobre la prostitución.

Consideramos, además, que para aquellas personas que viven mal el ejercicio de la prostitución y quieran dejarlo deben tener alternativas reales, no dejándoles las migajas de los proyectos sociales. Las trabajadoras del sexo lo que reclaman son derechos, de ahí que lo principal que se debe hacer es escucharlas porque existen, salen a la calle y además saben perfectamente lo que quieren y cómo lo quieren.

Alba. Hay que perder la idea de las eternas menores de edad que hemos tenido las mujeres a lo largo de la historia y que ahora la tienen las prostitutas como si no supieran qué es lo que quieren. Hay que escucharlas partiendo de que son sujetos con derecho y con capacidad de decisión.

¿Integráis también a trabajadores sexuales?

Elisa. Estamos especializadas en mujeres bisexuales y trans. También trabajamos con chicos pero en menor medida ya que hay otros colectivos más especializados.

Alba. Las características, situaciones y visibilidad son diferentes, por lo que nos hemos centrado más en trabajar en mujeres cis y trans, aunque colaboramos con otras asociaciones que están especializadas en trabajadores del sexo masculinos.

¿Cómo se trabaja contra la estigmatización del sexo desde la visión hegemónica heteropatriarcal de nuestra sociedad?

Alba. Trabajamos en dos esferas, por un lado de cara al exterior y por otro de cara al interior de nuestro colectivo. De cara a la sociedad, a las instituciones y al movimiento feminista intentamos romper el estigma por varias vías. Una, visibilizando que hay trabajadoras sexuales que ejercen de manera voluntaria, rompiendo la idea de que todas son víctimas y obligadas por mafias y proxenetas -ya que eso es trata de seres humanos con fines de explotación sexual-, y diferenciándolo de las personas trabajadoras sexuales voluntarias que deciden ejercer de manera propia sin coacción, independientemente de las circunstancias que le lleven a trabajar o en las que trabajen.

En definitiva, es romper con la concepción de las buenas y las malas mujeres, de que las prostitutas no son traidoras del género ni están haciendo el juego del patriarcado por el hecho de ejercer la prostitución, sino que es un trabajo que ellas deciden por equis razones, que es un trabajo que les ayuda a empoderarse, que les ayuda a salir de situaciones que con otros trabajos quizás no podrían salir y que les da independencia económica. Hay mujeres que les gusta trabajar en esto y quieren seguir trabajando en ello, por eso, no se las tiene que estigmatizar ni como víctimas ni como traidoras o brujas. Pero, incidimos, ¡es un trabajo, no una forma de ser! Es decir, ¿por qué una fontanera deja de serlo cuando acaba su jornada y se va a casa y una puta lo es siempre?

De cara hacia dentro, lo que realizamos es el trabajo directo con las trabajadoras en lugares donde se ejerce la prostitución. Si es en la calle pues estamos en la zona centro de Madrid y en polígonos, en la Casa de Campo, pero también en los pisos y los clubs donde se ejerce la prostitución, así como en nuestro local, en el centro de Madrid, donde vienen muchas trabajadoras.

¿Qué temas concretos tratáis en y desde Hetaira?

Alba. Trabajamos muy diversos temas como la salud sexual, el empoderamiento de las chicas, habilidades sociales, la cohesión y unidad de grupo para la reivindicación de derechos, la intermediación en conflictos…

También formamos a trabajadoras del sexo que quieren representar a sus compañeras en los medios de comunicación, en ponencias, jornadas, etc., y necesitan saber cómo hacer una entrevista, cómo explicarte mejor para que no te puedan manipular las intervenciones o cómo manejar los nervios.

¿Trabajáis con la otra parte implicada, los clientes?

Elisa. Es muy difícil llegar a los clientes porque ellos también tienen una situación de estigmatización. Hay muy pocos clientes que quieran dar la cara y digan que contratan servicios sexuales. Lo que hacemos son campañas de concienciación hacia el respeto del trabajo sexual porque consideramos que desde las instituciones y sectores abolicionistas hacen campañas culpabilizadoras del cliente donde las putas son víctimas y los clientes hacen lo que quieran con ella. Y esto es súper peligroso porque los clientes son un grupo muy heterogéneo y hay de todo; además, este estereotipo de que el cliente domina es muy desmentido entre las prostitutas. Sin embargo, están en el imaginario colectivo de una manera brutal porque las campañas van dirigidas a reforzar eso, además de reforzar la idea de que se pueda ejercer la violencia contra las trabajadoras sexuales y que se las pierda el respeto. Siempre se fomenta el estigma.

Por ejemplo, el Ayuntamiento de Sevilla que tiene una ordenanza de multa al cliente, en su campaña contra la prostitución decía algo así como “tan poco vales que tienes que pagar” “la prostitución incluye violencia, vejación, sumisión…”. Es una locura decir eso porque el mensaje que estás trasmitiendo es “haz lo que quieras con las trabajadoras sexuales”, fomentando la violencia. Y el punto tiene que ser el contrario, el fomento del respeto, el buen trato y saber que el cliente está teniendo una relación sexual pagada, que es un contrato, donde la trabajadora impone sus límites y donde se negocia lo que se va a llevar a cabo en ese servicio sexual. Las trabajadoras son quienes tienen el poder y el objetivo es que ellas trabajen a gusto bajo sus condiciones y límites.

¿Los medios de comunicación y la publicidad influyen para esa estigmatización?

Elisa. Muchísimo porque la imagen que se ofrece es pésima. Siempre se ven como víctimas y se refleja el lado morboso de la prostitución.

Y en este sentido, ¿qué pensáis de los anuncios de prostitutas en la prensa?

Prostitución

Alba. Es otra manera más de publicitar sus servicios, al igual que un blog, por ejemplo. Es falsa la idea de que los anuncios lo ponen los proxenetas, al igual que se dice que las que están en la calle están ahí por presión de un chulo. Entonces, ¿por qué la policía no lo investiga? ¿Por qué, si en la calle Montera -de Madrid-hay una comisaría, la policía no hace nada? En realidad esto no es cierto.

A ello, además, hay que decir que mucho de los casos que detectamos de trata es porque nos lo dicen los clientes. Es decir, cuando observan algo extraño, creen que algo no va bien, son ellos quienes nos lo comunican por ser quienes más se acercan a ellas.

¿Qué supondría la regulación de la prostitución?

Alba. Desde Hetaira no abogamos por una regulación al estilo de lo que se entiende en otros países de Europa, que es un control por parte del Estado de las trabajadoras del sexo, beneficiando siempre a los empresarios de los clubes y a los Gobiernos. Nosotras apostamos más por una normalización del trabajo con una legislación que ponga en el centro los derechos de las trabajadoras del sexo, no nos vale cualquier tipo de ley.

¿Y ese “no control del Estado” no se podría aplicar a cualquier otro tipo de trabajo?

Elisa. Por supuesto, esto se podría extrapolar a cualquier otro trabajo, lo único que en otros sí que hay un estatuto y unos derechos. Es como si en el sector de la albañilería empezáramos a controlar dónde tienen que trabajar, qué controles sanitarios tienen que hacerse, pero no pueden sindicarse ni organizarse ni tener derechos. La normalización implica los derechos laborales y sociales, y no el control.

Alba. Así, por ejemplo, no por ser puta has de hacerte unos controles médicos estipulados, con toda la estigmatización social que eso conlleva para el personal médico que atiende, sino más bien por ser persona que vive en esta sociedad. Es decir, hay que fomentar que todas las personas por medio de la educación tengamos unos conocimientos claros de la sexualidad y que nos hagamos controles regulares.

Elisa. En definitiva, de lo que se trata es que todas las relaciones humanas tienen que estar guiadas por el respeto y la libertad, ¡todas! Si son comerciales o no, depende de un pacto libre entre adultos.

¿Con cuántas mujeres trabajáis desde Hetaira?

Elisa. No hay datos oficiales del número de prostitutas que hay, pero las que solemos atender desde Hetaira son más del millar de mujeres anuales.

¿Y ante la actual situación económica para muchas personas ha aumentado el número de prostitutas?

Alba. Sí, ha aumentado tanto en personas migrantes como nacionales, pero no es un fenómeno tan masivo como los medios de comunicación propagan. Hay muchas que ejercían y han vuelto o que lo compatibilizan con otros trabajos porque necesitan otro sueldo o porque ejercen la prostitución, y como la crisis también las afecta a ellas, compatibilizan el trabajo con otro fuera de la prostitución.

En definitiva, como que hay una variedad de situaciones muy amplia y no se puede reducir todo a la idea fija que se tiene de la prostitución.

“Si regularizáramos la prostitución hoy estaríamos favoreciendo a las mafias, al tráfico de personas y a los proxenetas”. (Ana Botella, Alcaldesa de Madrid).

Lo más importante es combatir el tráfico de mujeres para su explotación sexual, cuando hayamos conseguido combatirlo hablamos de filosofía”. (Elena Valenciano, Vicesecretaria General del PSOE).

“¿Por qué un gobierno no cierra un club de alterne con la misma energía que cierra una herriko taberna?” (Pablo Iglesias, impulsor de Podemos).

“La prostitución debería legitimarse como un trabajo más y dejar de criminalizar a las mujeres que trabajan el sexo”. (Carolina Hernández, trabajadora sexual y activista de Hetaira).

“No es delito prostituirse, lo que está tipificado en el Código Penal como delito es el proxenetismo, que es lucrarse de la prostitución de terceros, lo que deja un vacío legal a la prostitución porque no reconoce la actividad”. (Elisa Arenas, trabajadora social y activista de Hetaria).

 “Las prostitutas no son traidoras del género ni están haciendo el juego del patriarcado”

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Enganchados al porno ‘online’

Nos adentramos en la vida extrema de los adictos al cibersexo

Noches en vela navegando por chats eróticos. Onanismo fuera de control ante la pantalla. Una doble identidad al margen de la pareja, la familia y el trabajo

Esta realidad paralela crece al calor de las nuevas tecnologías y afecta por igual a mujeres y a hombres. Al otro lado, una industria de contenidos sufre los estragos de la crisis económica

ILUSTRACIÓN DE EMILY FORGOT

EL ARDOR

A media tarde de un lluvioso jueves de primavera, Montse desliza el dedo índice por la pantalla de su tableta electrónica para desbloquearla y muestra uno de sus últimos rastreos por Internet. Sentada sobre un cojín del salón de su pequeño piso alquilado en Barcelona, pincha en un portal gratuito de vídeos pornográficos y aparece un mosaico repleto de imágenes divididas por categorías. Montse aparta la vista de la pantalla con un leve rubor y señala entre las carnales opciones que iluminan el artefacto dos de los variados géneros en liza: amateur y group sex.

“Los amateur me parecen más naturales. Me gusta ver la cara de alguien que no actúa. Por otra parte, en las escenas de sexo en grupo siempre hay alguien que propone algo novedoso. He llegado a quedarme un sábado entero aquí encerrada, viendo esto todo el tiempo y masturbándome hasta 18 o 20 veces. Te tienes que cambiar cuatro o cinco veces las bragas. Entonces caigo en la cuenta de que estoy fuera de control y me doy una ducha. ¿Quién deja de salir un sábado con los amigos, o a ligar, para quedarse viendo porno en casa? Entre semana es distinto. Me centro cuando estoy trabajando. Por la noche, ya en casa, miro vídeos del portátil en mi habitación antes de dormir. Si encuentro lo que me deja a gusto, me quedo tranquila y me duermo. Buscarlo es un chute de adrenalina. Da morbo que se trate de algo secreto. Nadie más sabe que hago esto. Ni mi compañero de piso. Aunque creo que sospecha algo. Bueno, hace 15 días conté todo lo que me pasa en la terapia de grupo a la que voy cada semana”.

He llegado a pasarme un sábado entero encerrada en casa, viendo porno y masturbándome hasta 20 veces»

Montse es guapa y delgada, tiene 33 años y ejerce como médico en un hospital barcelonés. Esta tarde en la que cae barro a plomo sobre Barcelona, fruto de una tormenta de origen sahariano, viste pantalones vaqueros y una blusa clara con estampado de flores. Aquí dentro, en este salón con paredes forradas de repisas vacías y una enorme televisión de plasma que casi siempre permanece apagada, Montse habla sin tapujos. Fuma tabaco suave y encadena con precisión pasajes de su biografía. El sexo no fue objeto de conversación frecuente con sus padres ni con sus dos hermanos mayores. Hija de un ingeniero y de una profesora de inglés y secretaria, descubrió el placer sexual a los 13 años. Vivió una adolescencia normal y una etapa universitaria que se truncó cuando un novio suyo tuvo un accidente de tráfico, permaneció en estado vegetal y murió años después.

Ella había sufrido algún trastorno anterior y a partir de entonces empezó a padecer ataques de pánico. Y algún arrebato suicida. Se acostumbró a losorfidales y a los antidepresivos. Y a mezclarlos con alcohol. Le descubrieron epilepsia del lóbulo temporal. Con el tratamiento, su vida mejoró. Y se instaló en Barcelona. Al principio compartió piso con dos chicas y un chico. Empezó a salir por la noche cada vez con más frecuencia. El alcohol mezclado con la medicación para la epilepsia le hacía perder el control. Cambió de piso y de amistades. Conoció a un compañero de trabajo aficionado a la fiesta y volvió a las andadas nocturnas. Se convirtió en consumidora habitual de cristal y cocaína. Y llevó una vida más que promiscua. Primero, los fines de semana. Poco a poco, también con más frecuencia al salir del trabajo. Una noche cumplió su fantasía: acostarse con dos militares a los que conoció en un after. Alternó incontables escarceos con novios más o menos formales y algún amigo especial que, según ella, aguantaba su ritmo en la cama. “Él y yo éramos capaces de encerrarnos aquí en casa y solo dejar de follar para comer algo. Con el tiempo, mi consumo de alcohol y droga fue en aumento. Perdía el control y me tiraba al primero que encontraba por la noche. También empecé a entrar en chats para conocer gente con la que liarme. Y a ver páginas porno para masturbarme compulsivamente. Hace un año y medio entré en terapia para quitarme de las anfetas que solía tomar para aguantar las guardias en el hospital. Y acabé en la consulta del doctor Navarro Sanchis”.

ILUSTRACIÓN DE EMILY FORGOT

El psiquiatra José Antonio Navarro Sanchis tiene 47 años y coordina el programa de disfunciones sexuales del hospital universitario Vall d’Hebron de Barcelona. Montse es una de los casi treinta pacientes con problemas de este tipo a los que atiende mensualmente en este centro público. En su consulta privada también recibe a adictos de diversa índole. Un 10%, con trastorno de hipersexualidad. Enganchados al sexo. Y al cibersexo. “Muchos presentan también problemas de consumo de otros tóxicos asociados como cocaína y alcohol, y vienen derivados de dispositivos que atienden ese tipo de patologías. No es tan frecuente sin una combinación de consumo compulsivo de coca o de alcohol. Y la adicción al sexo online podría considerarse una derivación de la adicción al sexo físico, como le ocurre a Montse. El porno deja de ser un entretenimiento cuando la mayor parte del tiempo se destina a visualizarlo. A nivel cerebral se activan sistemas de recompensa que producen la sensación de placer que buscan los pacientes. Cuando genera problemas a nivel social, laboral y familiar, estamos ante un caso de enganche que precisa la ayuda de profesionales”.

Hace dos años, USP Dexeus alertaba en un estudio liderado por el especialista Josep Maria Farré sobre el aumento de adictos al sexo debido al cibersexo que afecta por igual a hombres y a mujeres, trasladando del 6% al 8% de la población el baremo de personas que padecen hipersexualidad. En el apartado ‘Psicopatología de la sexualidad e Internet’ del libro Sexualidad y salud mental, coordinado por el doctor Ángel Luis Montejo, director científico de la Asociación Española de Sexualidad y Salud Mental, el pamplonés Javier Aztarain menciona que un 20% de los adictos a Internet lo están en relación con el sexo. “Los hombres tienen una orientación mayoritaria hacia la pornografía, y las mujeres, hacia los chats de contenido erótico”.

No buscan amor por la Red. Ni una pareja estable. Es cibersexo puro. Y duro. Sin prolegómenos ni flirteos. Bajo el caparazón del anonimato en muchos casos. Los intercambios por chat abren la puerta a aventuras que pueden no equipararse a la infidelidad física. Una actividad “accesible, anónima y asequible”, como escribe el catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco Enrique Echeburúa en un artículo de la revista Adicciones titulado ‘¿Existe realmente la adicción al sexo?’. Internet también ha dado paso en la era del porno 2.0 a modalidades peligrosas a través del teléfono móvil. Del sexting, en el que se intercambian experiencias de contenido erótico por Internet como la que dio fama a la exconcejal de Los Yébenes (Toledo) Olvido Hormigos, a lasextorsion, con ataques personales, y el grooming o acoso a menores. Un informe del Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (Inteco) advertía en 2011 que un 1,5% de jóvenes de 10 a 16 años envían mensajes de contenido erótico, mientras que un 4,3% los reciben. Pero los protagonistas de este reportaje no se mueven en el delictivo mundo de la pederastia ni el acoso cibernético. Estas personas son adultas y simplemente buscan sexo adulto de manera compulsiva así en la Red como en la vida real. Hace mucho que pasaron del hobby a la obsesión.

FANTASÍAS DESBOCADAS

Ua tarde de este pasado invierno, Manu estaba practicando una felación a otro hombre cuando este le pidió su teléfono móvil para tomar una foto de la escena. La mala suerte quiso que el dispositivo estuviera conectado en red a la misma tableta que en el momento de tomarse la instantánea manipulaba la esposa de Manu desde casa. Ella se encontró de repente con aquella imagen de su marido practicando sexo con otro hombre. La mujer de Manu dejó pasar un tiempo prudencial antes de abordar el tema. Una noche, después de hacer el amor con él, le preguntó si había algo que ella no podía darle. Él dijo que no se trataba de eso. Tenía un problema desde hacía mucho tiempo. Más de veinte años.

Manu es un exitoso directivo madrileño de 46 años. Ha ejercido como abogado para grandes empresas nacionales y multinacionales. Sus compañeros de trabajo siempre le han visto como a un líder. Llega a nuestra cita en un bar de la capital conduciendo su flamante Harley-Davidson. Viste camisa a rayas de Ralph Lauren, lustrosos zapatos marrones y pantalones marrón claro de micropana. Luce alianza en la mano derecha, testigo de su segundo matrimonio. Tiene ganas de hablar. De que se conozca su caso por si puede ayudar a otras personas que estén en su misma situación y no sepan dónde acudir. Su relación con el sexo empezó a complicarse en la adolescencia. Se acostumbró a repetir con sus novias un comportamiento promiscuo que siguió desarrollándose el resto de su vida. El esquema era sencillo: salía con una chica y al poco tiempo la compaginaba con una amante simultánea; una vez que la segunda chica entraba en juego, se lanzaba a buscar sexo furtivo en lugares públicos. Tanto con mujeres –las más de las veces– como con hombres. Era la época pre-Internet. Todo se reducía a la caza física.

Mi problema puede estar en que lo que me apetece sexualmente no me atrevo a decírselo a mi pareja»

Se licenció en Derecho a principios de los noventa y comenzó a trabajar para un bufete de abogados. En aquel empleo conoció a una mujer con la que se casó tres años más tarde. Tuvieron un hijo. Él mantuvo encuentros extramaritales de manera esporádica durante aquel primer matrimonio. Hasta que fue a un prostíbulo por primera vez. “Mi problema puede estar en que lo que me apetece sexualmente nunca me atrevo a decírselo a mi pareja”.

Desde aquella primera visita a un lupanar, Manu también frecuentó las secciones de contactos de los periódicos. Una segunda mujer apareció en su vida. “Era sexualmente lo opuesto a mi primera esposa. Más espiritual, más conectada”. Y mientras arrancaba un proceso de divorcio, apareció una tercera mujer en el trabajo. Como director de recursos humanos, mantenía una trayectoria próspera. Y un magnífico sueldo que nunca se ha resentido desde que también se lanzó a buscar sus fantasías sexuales por Internet. Entró de lleno en el cibersexo. Anuncios de pornografía por la Red. Vídeos de alto voltaje. Y sobre todo, chats calientes de rastreadores, como él, de encuentros. Siempre gratis. El enganche fue en aumento.

“Si hacía 100 búsquedas al día, encontraba 50 personas con las que podía mantener conversaciones sobre sexo en vivo. No lo hacía para masturbarme. Se trataba de hablar con otros sobre mis fantasías. Cuanto más explícitas, mejor. Eso es lo que me ponía a cien. Llegado el caso, acababa encontrando a una persona con la que poner en práctica todo aquello en su casa. Mujeres, hombres, transexuales y bisexuales. A veces, también un poco de sado-­light. Más de un 90% de aquellas conversaciones no iban a más. Lo que me enganchaba era preparar esas fantasías. Y retroalimentarlas. Es la búsqueda la que me proporciona placer. Me hace sentirme vivo mentalmente. Feliz, durante un tiempo. Un día normal me levantaba y en el atasco, de camino al trabajo, iba cavilando una fantasía. Después curraba a saco, de manera efectiva, y en el receso para comer trasteaba con el móvil. Ya en casa, al terminar la jornada, daba rienda suelta a los chats. Sobre todo cuando estaba solo. En la Red hay infinidad de portales de enlaces a pornografía real. Dos follan y lo cuelgan. A todo esto, en 2002 conocí a otra mujer que me presentó un amigo. Me enamoré. Y me casé con ella. Hoy es mi esposa. Es la mujer de mi vida”.

ILUSTRACIÓN DE EMILY FORGOT

No es vida estar siempre buscando algo distinto de lo que tienes. Vislumbré que había tocado fondo»

En algún momento de este nuevo matrimonio apareció otra mujer. Y al volver a compaginar ambas relaciones, volvió a intensificarse esa búsqueda de fantasías que a veces se convertían en realidad. Todo desde su propio ordenador. De media, dos horas diarias. En los viajes de trabajo todo se disparaba. Pero era capaz de mantener la cabeza fría en el despacho y una imagen ejemplar ante su familia. Tuvo una hija con su segunda esposa. Y empezó poco a poco a darse cuenta de que aquel frenesí cibersexual le estaba pasando factura psíquica. “Estaba más tiempo fantaseando un encuentro con otro tío o con otra mujer que planificando las vacaciones con mi familia. No es vida estar siempre buscando algo distinto de lo que tienes. Empecé a vislumbrar hace tiempo que había tocado fondo. Entonces fue cuando mi mujer encontró aquella foto en la que yo hacía una felación a otro hombre. Y me dijo: ‘¿Hay algo que yo no puedo darte?’. Ha sido la pregunta que más me ha ayudado en mi vida. Me puse a buscar ayuda. Pero es más fácil encontrar asesoramiento especializado contra la eyaculación precoz que sobre este tipo de cuestiones relacionadas con la sexualidad. Leí algunas entrevistas con el doctor Chiclana y le llamé para pedir cita. Llevo 30 años con esto. Y acabo de ir por primera vez a la consulta de un especialista. Juntos buscamos el candado que hace saltar mi impulso. Aún me llegan mensajes al móvil del tipo: ‘¿Cuándo nos vemos?”.

–¿Qué hacía justo después de poner en práctica sus fantasías con aquellas personas?

–Despedirme. Cuando buscas sexo, no buscas sentimientos. Ni yo iba buscando ser el coach de nadie. Además, al terminar me sentía mal. Y solía decir: “Bueno, me marcho. Si no te importa, mañana tengo que madrugar”.

EL DILEMA

El doctor Chiclana al que acude Manu es especialista en psiquiatría,profesor de Psicopatología en la Universidad CEU-San Pablo de Madrid y autor de Atrapados en el sexo (Almuzara). Entre los síntomas de esta adicción online, Chiclana apunta, como le ocurría a Manu, llegar a preferir obtener el placer a través de Internet antes que con la propia pareja. “Para algunos autores como el doctor Carnes”, prosigue el doctor Chiclana, “Intersex o la adicción al sexo en la Red constituye un subtipo de adicción al sexo y para otros sería un subtipo de adicción a Internet”. En todo caso hay mantenimiento de la conducta a pesar de desencadenar consecuencias adversas y obsesión con la actividad. “Entre los rasgos comunes de mis pacientes adictos al cibersexo hay miedo a la intimidad con otros, dificultades afectivas y una pobre formación de la sexualidad. La terapia con ellos es multidimensional. Se trabaja la regulación emocional, la intimidad, la identidad, y se elaboran planes conductuales para poder dirigir de forma sana el uso del ordenador”.

El doctor Chiclana prefiere hablar de hipersexualidad,“porque puede ser por adicción, por impulsividad, por compulsividad o por un hábito aprendido sin que haya una patología subyacente”. Un asunto, el de su etiqueta como enfermedad, envuelto en polémica científica. Muchos expertos como Carlos Chiclana venían reclamando desde hace años la inclusión del trastorno hipersexualen el estadounidense Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, en sus siglas en inglés), la biblia de los psiquiatras. Estos especialistas confiaban en su aparición en la edición del DSM-V presentada hace un año. Pero no fue así.

“En este terreno estamos envueltos en la polémica”, argumenta en su consulta de Barcelona el doctor Navarro, encargado del seguimiento del caso de Montse. “El DSM-V ha descartado la adicción al sexo basándose en que no es posible definir qué constituye exactamente una actividadnormal sexualmente hablando. Al no poder definir qué es una sexualidadnormal, tampoco ha resultado posible de momento definir lo extraordinario y, por extensión, incluir el trastorno de hipersexualidaden el manual psiquiátrico de referencia. Así que, teóricamente, no existe. En el equivalente europeo, el ICD-10, sí habla de impulso sexual excesivo. Desde luego que otros muchos especialistas y yo hemos tratado a personas con este problema. Y no olvidemos que existe hasta una revista científica especializada: Sexual Addiction and Compulsivity. En lo referente al cibersexo, podríamos hablar de varios grados: leve, moderado o grave, en función de cómo esta realidad afecte a la vida de esa persona”.

Fue en 2000 cuando el doctor Al Cooper, de la Universidad estadounidense de Stanford, estableció las variantes del uso internauta con fines sexuales y el grado de dependencia según su frecuencia de empleo. En su afamado estudio Cybersex: the dark side of the force(Cibersexo: el lado oscuro de la fuerza), basado en un muestreo de 9.000 personas, casi la mitad pasaba menos de una hora desarrollando actividades sexuales online, un 8,3% constituía casos de riesgo y solo un 1% lo vivía como una adicción. Y con ese mismo término, “adicción”, cataloga el catedrático de Psicobiología de la UNED Emilio Ambrosio a los enganchados al cibersexo. Como prueba ilustra el artículo científicoPrelude to passion: Limbic activation by unseen drug and sexual cues, publicado en 2008 por el departamento de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania y en el que se argumenta que tanto la cocaína como las señales sexuales activan el sistema de recompensa cerebral.

Hemos visto a famosos sexoadictos confesos como el golfista Tiger Woods y el actor Michael Douglas. Hemos vivido cómo el cine se ha hecho eco de esta realidad en obras recientes como Shame yNimphomaniac. Y el año pasado, Joseph Gordon-Levitt abordaba estrictamente el fenómeno del enganche al sexo online en Don Jon. “La adicción al cibersexo es un fenómeno más novedoso que la adicción al sexo sin más”, dice Francisco Cabello, director del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología. “Sobre esta última hay controversia científica. Puedo aceptar la discrepancia. Cuando un paciente me dice que es adicto al sexo, le pregunto: ‘¿Cuánta coca tomas?’. Y casi nunca me equivoco. Pero sobre el enganche online no tengo dudas de que es una adicción en sí misma. A mi consulta vienen personas que solo están obsesionadas con eso. Y, por mi experiencia, hay más mujeres en los chats eróticos que hombres. Por otro lado, la pornografía se está convirtiendo en el único modelo educativo sexual de los niños. La posibilidad de acceso por parte de menores sin contrastar una actitud crítica me parece arriesgada. El gran problema es que no hay verdadera educación sexual en la escuela”.

PANTALLAS CALIENTES

El ordenador de un enganchado al porno rezuma sexo. Y no es una metáfora. Lo asegura Andy, de 54 años, que brinda su testimonio a cambio de no decir su verdadero nombre. Todos los dispositivos conectados a Internet que Andy ha tenido, desde el ordenador del trabajo hasta el de casa, la tableta y el móvil, han llegado a rebosar este tipo de imágenes. “Cuando estás tan metido en tu ordenador, todo eso llega a ir por libre. Buscas por la Red cualquier cosa para documentarte en el trabajo, cualquier cartelera para comprar entradas de cine, y aparecen loscookies, los avisos de chat, las tías buenas llamando tu atención. Cuando eres un adicto y ves todo eso, resulta imposible no entrar a ver porno”.

Tu ordenador llega a ir por libre. Buscas cualquier cosa por Internet y salen solos los avisos de tías buenas»

Andy tiene una mirada insondable de color marrón claro que parece sumergida en una ansiedad imposible de controlar. Toma un café con leche y dos cruasanes a media mañana mientras desgrana su vida. Tuvo una infancia idílica en Barcelona. Segundo de los cinco hijos de un próspero empresario y un ama de casa, se crio en un ambiente de clase media-alta. Profundamente tímido y acostumbrado a soñar despierto, desconectaba fácilmente de la realidad. Su primer amor fue una compañera de instituto, su novia de los 15 a los 18. “Una chica espectacular. Tuvimos todo tipo de relaciones sexuales, salvo la penetración. Su carácter me volvía loco. Y me di cuenta a los 18 de que no me iba a casar con ella ni iba a ser la madre de mis hijos. Una tarde, que yo iba dispuesto a dejarla, ella empezó a besarme y me agarró el paquete. Pero yo no estaba excitado. No empalmé. Acababa de convertirme en mayor de edad y pensé que me había vuelto impotente. No permití que volviera a tocarme. Ella tampoco se atrevía a preguntarme al respecto. Y me dejó por otro. Unos meses después empecé a salir con otra chica. Tampoco se me subió. Me dirigí a Dios y le dije: ‘Al parecer, hasta aquí he llegado’. Me di por jodido”.

Andy atribuye todo lo que le ha pasado a una ignorancia supina en la materia. En el colegio apenas le hablaron de sexualidad, más allá del uso de anticonceptivos. Tampoco se atrevió nunca a contar sus inquietudes a los amigos. Ni a sus novias. Ni a un hermano. Ni a nadie de su familia. “No he hablado de esto con nadie en mi vida; el sexo es un tema muy importante que, en cambio, ha sido siempre visto socialmente como algo sucio”, reflexiona hoy. “Yo empecé a tener una especie de bloqueo con las chicas, pero cuando veía una revista porno sí me excitaba. Me pasé de los 18 a los 32 pensando que a la hora de la verdad era impotente. Tras ingresar en la universidad, los estudios se convirtieron en la prioridad. Pensé que si no podía andar con mujeres, lo mejor que podía hacer tras licenciarme como ingeniero era meterme en el seminario”.

Permaneció allí 10 años. Hizo voto de castidad. Cuando miraba a las mujeres por la calle pensaba que no servía para estar solo, a pesar de creer que no podía practicar sexo con ellas. Entró en depresión al darse cuenta de que tampoco servía para ser sacerdote. Por entonces conoció a una chica. Fue amor a primera vista. Él era un joven alto y apuesto a punto de ordenarse sacerdote que vivía interno en el seminario. Traicionó el voto de castidad al declararse ante ella. Pero la chica le rechazó y volvió a entrar en escena la depresión. Habló con un psiquiatra, que le recomendó salir de aquel lugar cuanto antes. “Vio en mí un carácter obsesivo, que cuando está sometido a reglas genera ansiedad. Estando todavía interno, decidí que tenía que resolver la incógnita. Y me fui de putas. Resultó breve y decepcionante. Al poco tiempo volví con otra chica, y ahí sí que funcioné. A mediados de 1993 me invitaron a marcharme del seminario”.

Regresó a casa de sus padres en la treintena. Y buscó novia. “Pero me había vinculado al sexo de pago. Empezó a haber épocas en las que iba cuatro horas por la mañana y otras cuatro por la tarde. Como una jornada laboral. Me convertí en un depredador. Acumulé deudas de varios millones de pesetas. Iba encadenando préstamos de medio millón cada uno. En las épocas duras me pulía las 500.000 en dos días. Pagaba intereses con nuevos préstamos. Una de aquellas mujeres a las que visitaba, no especialmente guapa, pero sí encantadora, se convirtió en mi esposa. Y en la madre de mis hijos. Pensé que al casarme dejaría de estar tan obsesionado con el sexo. No fue así”.

Encadenó empleos en empresas en las que acababa de irrumpir Internet como nueva herramienta de trabajo. Y a través de la Red se entregó al consumo de pornografía de manera compulsiva. Al principio pasaba ratos contemplando fotos. Pero su enganche al sexo era integral y aquellos estímulos propulsaban su fogosidad. “Siempre he tenido despacho en todas las empresas en las que he trabajado. Pero me metía en líos. Acostumbraba a tener varias páginas abiertas al mismo tiempo e iba pasando de una a otra. Mi ordenador del trabajo estaba a rebosar de porno. Siempre en secciones gratuitas. Si veía una foto que me ponía cachondo, la imprimía y me iba al baño a cascármela. Pero donde disfruta el adicto es en la preparación, en la búsqueda. Por eso estás permanentemente visitando esas páginas. Y los chats eróticos donde mantienes conversaciones sobre sexo. Si estás solo en casa, te la cascas. La vas cagando permanentemente. Una vez entró una chica a mi despacho y no me dio tiempo a minimizar los pantallazos. Se quedó de piedra al ver lo que tenía abierto. Y aunque te sientes fatal, aunque sientes vergüenza, es imposible dejarlo. No hace mucho me pilló mi hija trasteando con el móvil y me dejó hecho polvo”.

La adicción al cibersexo se va a disparar en sociedades cada vez más aisladas, con máquinas para fomentarlo»

Su productividad cayó en picado con los años. Pero Andy es de los que resuelven rápido. Ningún jefe suyo le ha pillado nunca en un renuncio. En cuanto empezaba a sentirse incómodo porque notaba que sus compañeros comentaban con sorna sus aficiones en horas de trabajo, buscaba otro empleo. Entretanto, con su mujer siempre ha tenido relaciones sexuales “normales”. “La he querido mucho. El sexo compulsivo, tanto de pago como internauta, es como abstraerse del presente. Una forma de escapar de mi ansiedad. Primero dejé el de pago y me enganché a la pornografía. Después empecé a cambiarla por los juegos de móvil. Ahora trabajo con Carlos Dulanto en conocer qué me produce ansiedad”.

Carlos Dulanto es un especialista en adicciones que tiene consulta en el centro de Madrid. Aquí atiende a pacientes como Andy, quien para Dulanto tiene “una adicción al sexo de larga evolución con la que recuperó su autoestima”. Andy sería, según Dulanto, un adicto al sexo “limpio”, ya que no compatibiliza su relación patológica con esta área con el enganche al alcohol o la cocaína, como sí ocurre en la mayoría de los casos que él analiza. “La adicción arranca cuando la actividad compulsiva empieza a dar más problemas que beneficios. Y otro factor importante es la sensación de culpa. El enganchado al cibersexo o al porno online tiene la ventaja de poder hacerlo en su casa, sin que nadie lo sepa. Sabiendo dónde buscar, tampoco requiere de un gran desembolso económico. Está comenzando a desarrollarse y se va a disparar en sociedades cada vez más aisladas, con tiempo y máquinas capaces de fomentarlo. Como ocurre con la cocaína, con el alcohol o con el juego, la adicción no se cura. Pero se puede sujetar. Todo adicto es un escapador. La terapia comienza intentando recuperar la actividad que las páginas porno han reemplazado. Y tratando de usar el sexo de forma sana, eliminando el componente patológico”.

Andy recaló en la consulta de Dulanto hace tres años. Ha tenido altibajos. A la tercera sesión dejó la prostitución. Y puso toda la carne en el asador virtual, que ya había frecuentado en forma de intercambio de fotos con fines masturbatorios. “Mi mujer siempre ha tenido buen dormir. Y yo me quedaba muchas noches desvelado. Entonces, con ella al lado en la cama, agarraba el móvil y empezaba a chatear a oscuras. Más de un día fui a trabajar sin haber pegado ojo en toda la noche. Ahora, como te digo, he cambiado el porno por los juegos para móvil. Pero no lo he dejado del todo. Me ha costado tres años empezar a recuperar el gobierno sobre mi vida”.

–¿Habla usted de sexo con sus hijos?

–Poco. Se trata de algo que me gustaría hacer más a menudo.

AL OTRO LADO

El barcelonés Conrad Son, de 47 años, es un fucker de primera clase. Cuerpo atlético. Depilado integral. Bien dotado, pero sin llegar al tremendismo. Una estrella del porno ibérico que ha sabido reconvertirse al negocio online. De la época analógica queda para la historia su afamadaLes exxcursionistes calentes, primera película porno rodada íntegramente en catalán. Su ático en Barcelona, donde vive con su pareja, la también actriz del género Evita de Luna, se ha convertido en base de operaciones de un concepto integral para Internet que incluye producciones de series como Xposure with Conrad Son, que acaba de vender a la distribuidora estadounidense Badoink; un programa semanal llamado Conrad Son show, que se emite desde su propia cama y que podría asemejarse a una especie de Sálvame versión porno,y un docu-reality de pago tituladoAmantres, en el que participan Conrad Son, Evita de Luna y la recién llegada a esta casa: Nena Gogó, que también mantiene caliente un canal demultiwebcam erótico de pago. Juntos componen un trío en la vida real que rueda sus propias aventuras. Todos estos contenidos se brindan desde la web personal de Conrad Son, algunos en abierto y otros mediante suscripción. Xavi, el cuñado del actor, productor y director, se encarga de la gestión de la web. Todo queda en casa.

“Me gustaría que mis canales online se convirtieran en el Mediaset del porno”, dice Conrad Son. “Reinventarse o morir. En 2004 yo llegué a rodar y producir con 180.000 euros de presupuesto. Ahora puede que una empresa de las potentes llegue a los 18.000. Y hay gente que rueda escenas por 1.000 euros. De ahí hacia abajo, según el escalafón. Hemos pasado de la superproducción a la escena para Internet. La gente se la casca con el móvil y con la tableta. Y el mercado ha colapsado. Los ­tubbers en abierto han hecho mucho daño. Ruedas una escena y la cuelga un canal en abierto y gratis. A mí la crisis económica me dio de lleno. Pero me ha ido bien por saber evolucionar. Como pasa en el cine convencional, has de buscar otras vías creativas, con más inventiva y mejor rodadas. Ofrecer calidad para alguien que quiera pagar”.

Tres decenios después de la legalización de los cines X en España, la industria nacional atraviesa su particular crisis de renovación tecnológica a la que se unen los estragos de la Gran Recesión. La irrupción de Internet elevó la pornografía a la categoría de mainstream, pasando a ser productoonline de consumo masivo antes vedado a las sórdidas butacas de los cines X, los sex-shops y las estanterías ad hoc de los extintos videoclubes. Del intercambio de ficheros a la consolidación de las webcams y las redes sociales. En la era del porno 2.0 reina el calentón rápido. De usar y olvidar al instante. La escena en vídeo de corta duración se consolida en detrimento del filme. Junto con series, realities, chats en vivo y webcams.El boom se vivió en España en plena época alcista, a partir de 2005. Y cayó en picado desde 2008, acompasado con la crisis económica. El amateurismo y la gratuidad atacaron ferozmente a los profesionales.

De webcams sabe mucho Fernando Chierechetti. Avezado jugador de póquer y miembro de esta industria con dos decenios de experiencia, ha vivido el paso de la cinta de VHS al DVD y a la web. Se hizo cargo de la red comercial de los distribuidores y pioneros servidores fisgonclub.com ySex Olé, este último centrado en las webcams de porno casero desde el cambio de milenio. Años después se convirtió en general manager del conglomerado Invertred y abrió con ellos la línea de producción de la webactricesdelporno.com, una de las más exitosas del mercado español que combina la creación de material profesional con webcams en vivo de actrices y ama­teurs. Todo de pago, por 29,95 al mes o un euro al día. Hoy cuentan con 1.500 suscriptores. Las webcams se pagan aparte, con un contador de minutos. “Hoy tenemos 1.700 webcammers registradas que ofrecen cibersexo en directo”, explica Chierechetti. “El 95% de ellas están en Latinoamérica, operando para el mercado español. Casi todas son mujeres, salvo algunos transexuales y contadísimos hombres. Las más experimentadas pueden llegar a ganar hasta 3.000 o 4.000 euros al mes. Y estamos entrando en la tercera dimensión del género con la comercialización de un aparato con el que el usuario puede tener auténtico sexo cibernético: básicamente es una vagina de plástico que emula los movimientos en vivo de la chica que está al otro lado de lawebcam”.

El gigante del porno Private acusa hoy una «dramática» caída en ventas por la crisis y la piratería

En cuanto a cifras económicas, Chiere­chetti emplea los mismos términos opacos que la mayoría del sector español, que mueve decenas de millones de euros. “No te puedo hablar de números. Empleamos a 30 personas y esto sigue siendo rentable, pero desde luego la crisis afectó de lleno al negocio. Hasta 2008, aquí iba todo viento en popa. A partir de entonces, la industria se ha resentido como la sociedad a la que pertenece”. Otro de los factores del declive de la vertiente profesional, explica Virginia Crener, psicóloga especializada en sexología que llevó durante siete años la imagen de marca de los portales amateur fisgonclub.com y sexole.com,“está en que ya puedes mantener sexo cibernético con tu cámara del móvil y cualquier desconocido o con tu propia pareja; la práctica delsexting está removiendo estos cimientos. Además, ha bajado el consumo de porno duro por cierto componente de rutina”.

Para un gigante global de contenidos como la multinacional Private Media Group, que cotiza en el Nasdaq estadounidense y tiene oficina en Barcelona, la evolución de esta industria se ha visto tocada de lleno en la línea de flotación a causa de la piratería y los canales de emisión en abierto. Su consejero delegado, Charles Prast, sí lo ilustra con datos: “La evolución de las ventas totales en 2010, 2011, 2012 y 2013 ha sido de 23 millones de euros, 7,9 millones, 6,7 millones y 5,5 millones, respectivamente”. Con un descenso “dramático” en ventas, Prast vaticina que el futuro estará en “contenidos de nicho, videochats en vivo para relaciones virtuales y servicios de encuentros y citas y conexionesonline”.

EL DESENFRENO

Susana es una chica normal de Madrid. Hija de una familia normal y corriente de clase media. Su cuerpo es menudo y esbelto. Como el de cualquier otra mujer que podrías encontrar en el metro. O tras un mostrador como azafata de tierra en un aeropuerto, algo para lo que se está formando a sus casi 30 años después de no encontrar trabajo a pesar de una exquisita formación en Dirección y Administración de Empresas y un Máster en Dirección Financiera. Fue una niña exigente consigo misma. No tuvo amigas. Tampoco era alta, ni guapa, ni delgada. A los 15 años padeció anorexia y bulimia. A los 17 mantuvo su primera relación sexual y encadenó varios novios. En la universidad comenzó a salir de fiesta todos los días. De lunes a domingo. De noche, entre la neblina de las discotecas, empezó a sentirse atractiva. Deseada. “Y sentirse deseada crea adicción”, dice hoy en una ­trattoria madrileña.

“Me centraba con una amiga en salir de caza. Nunca me llevaba los tíos a casa. Lo hacía con ellos en las esquinas, en los baños, en el coche. He llegado a tirarme a tíos en plena calle, mientras pasaba gente a nuestro lado. Usaba abrigos largos para taparme. Entonces no veía nada raro en todo aquello. Y la búsqueda de la emoción, de la sexualidad al límite, me tenía enganchada. Después me sentía vacía. Abandonada. Acabando en la universidad, empecé a salir con un chico. Yo estaba empeñada en acostarme con él, y él solo quería hacer manualidades. Un día le hice ver que aquello no era suficiente. Y me violó. Puse un modo bloqueo en mi cerebro. Y empecé otra vez a salir de noche. Cada vez más ansiosa. Entre semana, al salir de clase, tiraba de ­chorboagenda y buscaba algún recurso. También estaba mi porno en Internet. No iba mucho a los chats eróticos porque encontraba lo que quería en la calle. Pero el porno sí lo usaba para consolarme. En los descansos mientras estudiaba en casa. O antes de irme a dormir. Sobre todo veía hentai. Después iba al baño a desahogarme. Pero, sobre todo, lo que me provocaba ansiedad era la caza, esa búsqueda de la emoción y de sentirme deseada”.

Tardó en contarle el episodio de la violación a su hermana. Y por extensión, a sus padres. Hace dos años se sinceró con ellos. Y empezó a ir a terapia con el doctor Carlos Chiclana. Los médicos habían visto en su sexualidad compulsiva un trastorno de la personalidad límite. “Con el doctor Chiclana he empezado a entender que los chicos han de ganarse el derecho a estar conmigo. Y a trabajar relaciones sanas. Desde diciembre tengo pareja. Algo impensable hace un par de años. Me habría gustado estar ya casada, con un hogar, una familia y un perro. Pero todos los planes que tenía para mi vida se fueron al traste. Hoy llevo tatuado un fénix en llamas en el lomo derecho”.

Susana empezó a renacer tras contar lo que le pasaba a su familia. Sigue acudiendo con frecuencia a la misma consulta del doctor Carlos Chiclana que Manu, el exitoso directivo, ha empezado a visitar tras un enganche masivo y prolongado al cibersexo. Él acaba de arrancar con la terapia. Confía en que saldrá de esto. Es un hombre inteligente y alguien a quien todos ven como a un líder. Ahora cree que si hubiera tenido a alguien con quien hablar sobre lo que le pasaba, quizá no habría tensado tanto la cuerda y podría haber puesto antes un freno. Antes de despedirse y volver a montar en su Harley de camino al trabajo, recuerda el día en que confesó a su mujer que tenía un problema. “¿Sabes qué me respondió?: ‘Me alegro de que hayamos tenido esta conversación como dos personas adultas”.

http://elpais.com/elpais/2014/04/29/eps/1398771596_048410.html

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La palabra puta nos da poder

La profesional cree que la mayoría de sus clientes tienen carencias afectivas importantes

«La palabra puta nos da poder»

La prostituta y terapeuta sexual Concha Borrell es una de las profesionales que imparte los cursos de sexo de pago que se están celebrando en Barcelona

ALBERT DOMÈNECH 

“Trabajar en el mundo del sexo de pago no es sencillo”. Bajo esta premisa y, después de siete años de experiencia en el sector de la prostitución, la terapeuta Conxa Borrell ha decidido emprender una promesa que se hizo a ella misma cuando empezó a trabajar con sus primeros clientes: montar unos cursos de asesoramiento para aquellas mujeres que empezaban o que querían tener más información acerca del sexo de pago. La soledad o la vergüenza son, según Borell, dos de los estigmas a los que se tiene que enfrentar una puta que quiere ejercer libremente su profesión. La terapeuta cree que la palabra puta les da poder y anima a la sociedad a dejar los prejuicios morales a un lado y a humanizar el sector del sexo de pago y a sus clientes, a los que considera hombres normales con muchas carencias afectivas: “El mantra que tanto se repite de que los clientes nos vejan, nos humillan y nos violan cada vez que tenemos una cita con ellos, es falso”. Borrell rechaza las críticas que han recibido estos cursos por parte de algunos colectivos de mujeres y confiesa haberse sentido “vejada, humillada y violada por sus comentarios y mentiras que cuentan de un trabajo del que no conocen absolutamente nada”. La primera convocatoria de estos cursos organizados por la Asociación de Profesionales del Sexo (APROSEX), y que también cuenta con la asesoría de la psicóloga clínica Cristina Garaizábal, tuvo tanto éxito de convocatoria que han decidido hacer una segunda sesión este mismo fin de semana.

-¿Qué les ha llevado a impulsar un curso de prostitución?
-Esta iniciativa surge en el momento en el que yo empiezo a trabajar como prostituta, hace ocho años. En ese instante, yo no sabía a quién dirigirme, a quién preguntar, dónde tenía que llevar a mis clientes, cómo manejarlos, etc. Fue ahí cuando pensé cómo era posible que no hubiera alguien que impartiera un curso para las que empezamos.

-Se sentía insegura, vaya.
-Es un sector en el que te encierras dentro de cuatro paredes con alguien que no conoces de nada, y tu trabajo consiste en crear un clima íntimo. Eché mucho de menos que alguien me enseñara a manejar todo esto, así que me prometí a mí misma que, si continuaba en el sector del sexo de pago, tarde o temprano sería yo la que impulsaría esta iniciativa.

-¿Cómo se sentía usted en ese momento, y en quién confió?
-La soledad es lo peor de este trabajo. Hacer sexo con desconocidos es algo que asumes en el momento en el que decides dedicarte a la prostitución, pero vives la soledad de no poder contarle a nadie cómo te estás ganando la vida, tener que mentir a la gente que vive contigo, incluso a tus padres o a tu propia pareja. Significa inventarte una vida paralela para justificar unos ingresos de dinero que te hacen sentir mal y culpable, no porque estés haciendo algo malo, sino porque si eres prostituta la sociedad te señala.

-La palabra puta no tiene ninguna acepción positiva en nuestro entorno…
-A mí me gusta utilizar la palabra puta porque creo que da poder a las trabajadoras sexuales. Es nuestra palabra.

-¿Se hizo puta por necesidad económica?
-En el momento en el que tomé esta decisión tenía dos trabajos, pero no ganaba lo suficiente como para mantenerme. Mantuve el trabajo como contable en una empresa de servicios, mientras que por las tardes empecé a ejercer como puta.

-¿Su entorno entendió esa decisión, o se vio obligada a crear una vida paralela?
-Estuve cuatro años en el armario, sólo llevo tres fuera de él. Te puedo asegurar que estos tres años han sido de lo más gratificantes.

-¿Por qué decidió contarlo?
-No puedes vivir así. ¿Sabes lo que es mirar a los ojos de la gente a la que quieres y mentirles todos los días sobre las cosas que habías hecho? ¿Mentir a tu hijo cuando te pregunta por qué has llegado tarde ese día? Para las madres, las personas más importantes en la vida son nuestros hijos, y lo que yo llevaba peor era mirarle a los ojos a mi hijo y tener que mentirle.

-¿Usted cree que en nuestra sociedad se puede ejercer la prostitución y llevar una vida convencional?
-Está claro que no todos los hombres están capacitados para entender que tu trabajo es acostarte con otros hombres. Necesitas una pareja con una mente abierta, pero nuestra vida, en general, es absolutamente convencional. Nosotras no vamos por la calle con el cartelito de “soy puta”: vamos a comprar al mercado, llevamos a nuestros hijos al colegio, somos hijas, madres o hermanas. No vivimos de espaldas a la sociedad sino que formamos parte de ella.

-El sexo es adictivo. ¿Ha pensado alguna vez en dejarlo y no ha podido?
-¿Porque necesito sexo? No. El sexo no es adictivo, a no ser que tengas una enfermedad concreta y, en ese caso, son personas que no se dedican al sexo de pago porque dependen mucho de sus impulsos, pero no como una profesión. Nuestro trabajo es mucho más que dedicarse al sexo, una penetración o abrir la boca para hacer una felación. El sexo es algo mucho más amplio, hay que crear un espacio cálido en el que tanto tú como la persona que acabas de conocer puedan estar cómodos. Los clientes del sexo de pago son los mismos hombres que andan por las calles. Nada les define como puteros al igual que a nosotras nada nos define como a putas. El sexo no es una droga, no crea una adicción a no ser que estés predispuesto a ello. Hay muchísimas mujeres que lo dejan porque no les gusta el trabajo que hacen: logran sus objetivos y desaparecen.

-Veo que su discurso trata de humanizar la profesión del sexo de pago…
-Cuando el hombre busca sexo de pago, ya sea ojeando la sección de contactos o a través de internet, y se fija en las mujeres que se ofertan de manera libre y voluntaria, cree realmente que está buscando un desahogo sexual y que lo que va a tener es una relación sexual fantástica, sin ataduras; y aquí paz y después gloria. Normalmente, lo que luego te encuentras son seres humanos que tienen sus problemas y sus carencias afectivas, y que cuando están en una habitación encerrados contigo te suelen pedir más que les acaricies la espalda y el pelo, a que les hagas un trabajo puramente sexual. Se notan mucho las carencias afectivas en este trabajo y, por ello, uno de los refuerzos en el curso trata de enseñar a las mujeres a dar y a recibir el cariño que nos dan a nosotras.

-¿Es habitual que reciban cariño de sus clientes?
-Muchísimo. El primer interesado en que el contacto salga bien es el propio cliente que es el que paga. Por la cuenta que le trae, él ya intenta crear un clima de confianza, tranquilidad y de seguridad para que te sientas cómoda. Eso crea una empatía entre los dos de mucho cariño y humanidad. Es lo que se viene llamando el sexo afecto que, a veces, es mucho más efectivo que el sexo a secas. Una de las cosas que más les gusta a los hombres es proporcionar placer, les encanta. Una relación sexual de pago es exactamente igual que una de no pago, lo único que hay un sobre de por medio que cierra todas las normas que queramos imponer nosotras al cliente. Una buena profesional tiene que ser una buena amante, tiene que saber resolver problemas por estrés, una eyaculación precoz, etc.
-¿Hasta al punto que, al final, no se acaba consumando el acto sexual?
-Pasa muchas veces.

-¿Esa faceta humana es más habitual en la prostitución de lujo?
-Este término me aburre. Nosotras tenemos mucho contacto con mujeres que trabajan en la calle y, de hecho, hace tres años tuve la suerte de participar en una ponencia que se hizo en Madrid sobre prostitución para hablar sobre los clientes, y conocí a una chica que captaba a los suyos en un polígono pero que, en el fondo, tenían el mismo perfil que los míos. Le pedían lo mismo que a mí: cariño, besos, caricias, hablar y, muchas veces, se van sin echar un polvo. Normalmente, cuando un hombre busca sexo de pago en la red cree que necesita sexo, pero cuando llega a nosotras se deshace y dejar ver otra carencia mucho más humana y afectiva.

-En el temario de su curso hay varios puntos que insisten en la necesidad o no de enrolarse a esta profesión. ¿Intentan convencer a las mujeres primero para que no ejerzan?
-Dedicamos cuatro puntos de ese curso a desanimarlas (Ríe). Este es un trabajo realmente muy duro, en el que hay que usar mucho la psicología, interactuar mucho con la otra persona. A pesar de lo que diga la sociedad, tú eres un ser humano y el trato es directa e íntimamente con otro ser humano. Cuando les dije a mis amigos o mis hermanos que era una puta no lo entendían, tenían una imagen distinta de lo que es ser puta. En esos cuatro puntos lo que hacemos es decirles “cuidado chicas, porque este es un trabajo para el que no vale cualquiera”. No se trata de convencer a nadie, sino de contar la realidad tal y como es: no es un cuento de hadas, pero tampoco el último eslabón de la sociedad.

-¿Cuál es, entonces, el perfil que hay que tener para ejercer la prostitución?
-La empatía tiene que estar siempre ahí: tienes que estar dispuesta a crear ese clima de cordialidad que tiene el cliente. Tener muy claro las normas que tú tienes: tus horarios, tu manera de trabajar, lo que le pides a los clientes. Les decimos a las chicas que se olviden de todo lo que han visto en los medios de comunicación en los últimos 30 años y que entiendan que ellas son las profesiones y las que llevan las riendas de todas y cada una de las relaciones que mantengan con sus clientes. Las empoderamos muchísimo para que entiendan de una vez que estamos hartas de oír que no somos más que un trozo de carne con ojos tiradas en una cama y que el cliente puede hacer con nosotras lo que le da la gana. No hay nada más falso que esa afirmación. Las chicas deben tener un perfil de terapeuta sexual ya que saber manejarse en ese espacio es muy importante. Hay que trabajarlo todo y esa es la base de una buena profesional, crear ese clima que va desde la primera mirada hasta que le despides.

-Creo que no todas las chicas que se dedican al sexo de pago tienen esta situación tan idílica que me describe. No me negará que hay un tipo de prostitución, desgraciadamente muy visible, en la que las chicas sufren un trato inhumano…
-Eso no es prostitución, eso es trata de personas, y es un delito. Cuando se desmantela una red de personas obligadas a trabajar en talleres clandestinos de costura, nadie dice que se ha desmantelado una red de modistas y sastres. Las mujeres y hombres obligados a trabajar en un régimen de trata y con explotación sexual no son prostitutas o prostitutos, son víctimas de la trata de personas. Prostituta sólo lo es la que decide serlo libremente.

-¿Ese es el perfil de las chicas que acuden a su curso?
-Efectivamente. Hay muchas mujeres primerizas, que realmente quieren aprender a ejercer este oficio, aunque también es cierto que nos hemos encontrado con mujeres que llevan tiempo ejerciendo pero quieren aprender más. Les enseñamos a promocionarse en internet, a crear sus propios perfiles, a que tengan claras cuales son sus decisiones. Todas las profesiones necesitan de información y formación.

-¿Se sorprendió ante la expectación del primer curso?
Muchísimo. Se creó un clima de mucha confianza en el que las mujeres se abrieron muchísimo y contaron cosas muy íntimas, con dudas y preguntas muy interesantes que no habíamos puesto sobre la mesa. Fueron cuatro horas que pasaron muy rápido y salimos con la sensación de que tendríamos que haberlo organizado mucho antes. ¿Por qué nos ha dado tanto miedo decir, sí, soy puta, ¿i qué?

-¿Cuáles fueron las preocupaciones que más afloraron en la primera sesión del curso?
-El hecho de que les pudieran hacer daño. Este estigma que cae sobre el putero de que es un hombre violento, que sólo busca satisfacer su propio placer, que le da igual la mujer que tiene delante, hacerle daño o no. Es un mito falso con el que hay que romper definitivamente. El otro día una mujer muy sabia del Raval nos hizo una reflexión muy, muy dura: “Es absurdo pensar que alguien va a pagarte por pegarte, porque el hombre que quiere pegar a una mujer pega a la suya gratis”. Es una sentencia muy dura, pero cierta. Sólo hace falta echar una ojeada a las estadísticas.

-¿Qué estigma hay que normalizar de un putero?
-¡Que es un hombre normal y corriente! Tendrán un estatus más alto o más bajo pero, al final, las carencias afectivas del ser humano son las mismas.

-¿Las consecuencias anímicas de la estigma de una puta son más demoledoras que las de un putero?
-Sentirte avergonzada, sucia. Recuerdo que durante los primeres meses que ejercí, y a pesar de ducharme tras el último servicio que había realizado, necesitaba llegar a mi casa y volver a ducharme. Pensaba que no le podía dar un beso a mi hijo porque venía de ser puta. Como es algo que nosotras hemos vivido, pero que nadie nos cuenta, y sabemos cómo se siente una con ese estigma, queremos avanzarles los sufrimientos que van a tener para que puedan conocerlos, reconocerlos y solicitar la ayuda que necesiten con otras compañeras y amigas. Eso alivia muchísimo esta tensión.

-Sus cursos de prostitución han sido criticados por algunos colectivos de mujeres. ¿Les sorprende más que afecta?
-Nosotros también somos un colectivo y somos mujeres, ¿no? La gente tiene derecho a emitir su opinión, lo que ya me parece más preocupante es que emitan juicios de valor que, además, están llenos de moralina. Nadie me puede decir que es feminista en el momento en el que se está luchando contra los derechos laborales, políticos y sociales de todo un colectivo de mujeres. Se les ha olvidado lo que es ser feminista. Feministas somos nosotras que estamos dando la cara y estamos luchando por nuestros derechos. Ellas sabrán hacia dónde van, y por qué cada vez tenemos jóvenes más sumisas a sus parejas, o por qué mueren por violencia machista chicas más y más jóvenes. Un poco de autocrítica no les iría mal.

-El modelo del patriarcado suele imponerse en la mayoría de las redes de prostitución, ¿no tiene esta percepción?
-Nostras somos putas, somos mujeres feministas y empoderadas. ¿A qué patriarcado te refieres? Si somos nosotras las que llevamos las riendas de nuestra vida, de nuestra economía, de nuestra sexualidad. Uno de los cursos más importantes del temario es el que enseña a las mujeres a descubrir su sexualidad. No enseñamos a ser las esclavas de nuestros clientes sino a disfrutar del trabajo que hacemos. Muchas mujeres jóvenes de hoy en día aprenden antes a fingir orgasmos que a tenerlos. Tendríamos que plantearnos qué tipo de educación sexual le estamos dando a nuestros hijos en casa y en la escuela.

-¿Se sienten perseguidas en Barcelona con las nuevas ordenanzas municipales sobre el sector?
-En Barcelona y en todas las ciudades. ¿Cómo se puede criminalizar a un cliente si existe una oferta? ¿A cuántos tontos estamos pagando el sueldo todos los meses? Las putas no son víctimas, son trabajadoras. Sé de muchas que se han reunido con el alcalde Xavier Trias para decirle que lo único que quieren son derechos, espacios y horarios para poder trabajar en el Raval y la única respuesta que han recibido es que no se preocupen que podrán ir a los comedores sociales. El alcalde las trata de mendigas cuando son trabajadoras.

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Lucatto, el ‘escort’ más reputado de Europa: El guardián del diario secreto

Leonardo Lucatto, exescort de lujo

Leonardo Lucatto, exescort de lujo (Jorge París)

Leonardo Lucatto (brasileño de 35 años) fue uno de los ‘escorts’ de lujo más demandados de Europa y entre sus clientes había futbolistas y políticos. Ahora está casado y retirado del mundo del sexo. «En general, nunca cobré menos de 150 euros la hora, aunque si me solicitaban servicios adicionales la cifra podía llegar a los 500», afirma. Acaba de publicar una novela autobiográfica en la que narra su vida como prostituto experto en sadomasoquismo.

Leonardo Lucatto es uno de los ‘exescorts’ de lujo más reputados de Europa. Experto en bondage y en sadomasoquismo, entre su agenda de clientes hay desde futbolistas hasta sacerdotes y políticos, pero a lo largo de la entrevista nunca menciona un nombre a pesar de adentrarse sin tapujos en los terrenos más escabrosos del sexo y la prostitución. Lucatto lleva dos años retirado del mundo de los acompañantes, pero todavía se considera un profesional de la discreción: «Jamás desvelaría la identidad de un cliente por dinero», asegura. Acaba de publicar una novela autobiográfica: «El guardían del diario secreto» Lleva dos años retirado, pero solo tiene 35 años. ¿Por qué este libro ahora? Tenía una profesión a la que dedicaba muchísimo tiempo. 24 horas al día, con total disponibilidad. Tenía cuatro teléfonos y viajaba por todo el mundo. Pero ahora llegó el momento de vivir mi vida, de dedicarme a mi familia, a estudiar, a formarme… En el libro cuenta que fue su abuela la que le introdujo en el mundo de la prostitución. Ella no me introdujo. Tenía casas de alterne y había dedicado su vida a la prostitución. Toda la familia lo sabía. Eso hizo que en mi casa el sexo nunca fuera un tabú. Siempre tuvimos mucha libertad con ese tema y desde muy jóvenes nuestra abuela nos contaba en qué consistía su profesión. Dejando de lado la trata de blancas, ¿la prostitución se ejerce por necesidad o por vocación? Sí que es verdad que hay mucha gente que llega a este mundo con la esperanza de ganar dinero. El famoso dinero fácil, que al final no es nada fácil, porque se trata de un trabajo como otro cualquiera, con su agenda, sus horarios y sus obligaciones. Pero en mi caso fue una decisión racional, no una necesidad. Vengo de una familia de clase media, sin apuros económicos. Mientras estudiaba estuve cuatro años haciendo mis pinitos, pero al final decidí dedicarme de forma plena y exclusiva a este trabajo con un objetivo: ser el mejor. Estaba especializado en bondage. En el libro describe auténticas performances con roles muy determinados. Cuando trabajaba, ¿era usted mismo y se dejaba llevar o interpretaba un papel? Era una interpretación, un personaje, sin duda. Yo solo decía lo que la gente quería escuchar. Me pagaban por eso. Yo actuaba porque tú me pagabas. Mi obligación era cumplir tu fantasía. Ahora bien, tampoco era ningún hipócrita. Solo un profesional. Es como cuando acudes a un hotel de lujo y todo el mundo te sonríe y te trata con cortesía. No es falsedad, es negocio. También fue actor porno. ¿Qué diferencias hay entre el porno y la prostitución de lujo? Sí, hice una película que se vendió en EE UU que tuvo mucho éxito y algunos vídeos. Hay muchos actores porno (tanto chicas como chicos o travestis) que también se dedican a la prostitución. Pero no tiene nada que ver. Yo actuaba ante mi cliente y un actor lo hace ante la cámara, donde hay un director. En la prostitución tú eres el director y el responsable de todo lo que ocurre en la escena. Si entras en mi casa y estás una hora conmigo, yo soy responsable de tu bienestar. Te tengo que cuidar. ¿Qué ocurriría si te pasa algo, si te da un infarto? Hay mucha gente que entra en este mundo por el dinero fácil, pero no es nada fácil Sí, pero en ambos trabajos se tiene sexo con otras personas por dinero. Sin embargo, en el porno hay un star system muy reconocible y sus profesionales se exhiben ante los medios sin ninguna vergüenza. Y eso no es tan común entre los ‘escorts’ de lujo. ¿Por qué tanta oscuridad? ¿Es por la discreción que le deben a los clientes? Puede ser. En Austria, donde trabajé un tiempo, existen hoteles donde los famosos y políticos acuden sin que nadie les vea. Máximo secreto. Pero yo no creo que sea por los clientes. Más bien me parece que es por una cuestión política. ¿Cuánto cobraba por sus servicios? Dependía de muchas cosas. De lo que me pidieran, del tiempo que tuviera que estar disponible… no era lo mismo la contratación por semanas que por horas. Y tampoco cobraba lo mismo cuando estaba empezando que cuando ya era un experto. En general, nunca cobré menos de 150 euros la hora, aunque si me solicitaban servicios adicionales la cifra podía llegar a los 500. ¿Se siente orgulloso de su pasado? No, orgulloso no, pero sí realizado. He hecho un acto social. Hay muchas parejas que acudieron a mí y que han mejorado su relación gracias a mi servicio, que siempre fue de primera calidad. ¿Qué es lo que más buscaban los clientes? ¿Compañía?, ¿afecto?, ¿solo sexo? Hay gente que se siente muy sola y únicamente quiere charlar. Otros van solo para tener sexo de cinco minutos. Y otros acudían para aprender, como en el caso del sadomasoquismo, donde se necesita un maestro, porque sobre este campo no hay mucha información disponible. Yo les descubría nuevos mundos, sus fetiches, sus fantasías. Era como un sexólogo, pero un sexólogo de la vida, que vale mucho más. No quiero desprestigiar a estos profesionales, pero ellos trabajan estudiando. Yo lo he vivido. Más vale la práctica que la teoría. ¿Tienen los sexólogos ideas equivocadas sobre el sexo? Muchas. El sexo es sobre todo una vivencia, no un estudio. Por ejemplo, sobre el tema de la lluvia dorada. Si tú acudes a un sexólogo preocupado porque tienes la fantasía de que te meen en la cara, él te va a contar las mil teorías que aparecen en los libros. Pero conmigo todo era mucho más natural y sencillo. Si te gusta pues te gusta, no hay que darle tantas vueltas. En su libro cuenta como hay grandes ejecutivos que preferían acogerse al rol de sumiso cuando practicaban sado. ¿Tenía alguna relación con su papel de líderes en la vida real? Hay de todo. Muchos ejecutivos con exceso de presión en su vida diaria acudían al bondage como válvula de escape. La sexualidad es infinita, pero con la vida el ser humano se va cuadriculando. Y de ahí sale lo peor, que es culpar a la bebida o a la droga de tus actos sexuales. No, la verdad es que tú querías eso, pero has puesto el alcohol como excusa para llegar hasta donde querías llegar. ¿Había muchos casos de infidelidad entre su clientela? Depende, yo considero infidelidad dejar de amar a tu pareja. También me contrataban muchísimas mujeres, y eran más exigentes que los hombres Me refiero a que actuasen escondiéndose de su pareja. Cuando alguien entraba por la puerta yo no hacía preguntas sobre su vida. Yo no soy tu pariente o esposa. Soy un profesional. Le contrataban tanto hombres como mujeres. ¿Hay diferencias entre lo que le pedían? Sí, me contrataron muchísimas mujeres. Ellas eran mucho más exigentes y buscaban más  la compañía. Normalmente eran grandes profesionales solteras que te contrataban para que fueses con ellas a alguna fiesta o cualquier otro acto social. Pedían detalles que los hombres solemos dejar de lado, como abrirles la puerta o retirarles la silla. No querían el típico chulazo creído. Querían ser tratadas como damas. Pero también tenía muchos casos de «mi marido no llega». Esa frase se me ha quedado grabada. La decían mucho. El marido no las satisfacía porque no sabían cómo tratarlas o dónde tocarlas. Eso no era una infidelidad, porque en realidad estaban intentando recuperar su amor. Acudían a mis servicios y entonces ellas descubrían su sexualidad y empezaban a conectar mejor con sus esposos. Yo era como un eje de unión. No es lo mismo un gigoló (que solo sirve a mujeres), que un chapero (solo va con chicos) o un escort, que ofrece servicios de compañía completos, tanto para hombres como para mujeres. Es como comparar a un periodista del corazón con otro de deportes. ¿Se considera heterosexual, bisexual u homosexual? Amo a hombres y mujeres por igual. ¿Desde pequeño? Desde que entendí lo que era la sexualidad. ¿La orientación sexual nace o se hace? Sobre ese tema hay gente más preparada que seguro que tiene una opinión más formada. Yo no tengo teorías al respecto, pero creo que las personas pueden cambiar y optar en su vida. ¿Cree que la prostitución debería legalizarse? Yo no es que esté a favor ni levante ninguna bandera. Yo levanto mi bandera, porque he llegado hasta aquí solo, sin la ayuda de nadie. Yo sí la legalizaría. Ahora mismo, con la crisis que hay, con todas esas familias buscando comida en la basura… ¿Tú sabes la cantidad de dinero que mueve el mundo de la prostitución? ¿Por qué no hacemos como en Holanda o en Alemania, donde sí es legal? Ahora mismo hay prostitutas ganado 2.000 o 3.000 euros al mes y que no cotizan ni pagan impuestos. Eso sería dinero para el estado. Además, si la prostitución se legalizara, habría menos paro. ¿O es mejor ser hipócrita y dejar que la gente siga buscando comida en la basura? Haz una prueba, teclea en Google «Escorts España» y verás cuantos anuncios salen. Muchísimos. Y si hay anuncios es porque hay gente detrás trabajando, porque los anuncios se pagan. Ha desarrollado su profesión en Italia, Alemania, Francia, España… ¿es cierto que la sexualidad se vive de forma distinta dependiendo del país? Depende. Mi familia por ejemplo venía de una tradición católica, apostólica y romana. Mi bisabuelo era de un pequeño pueblo de la Toscana y viajó a Brasil a buscarse la vida. Ella eligió su camino y no influyó el país. Pero sí que es cierto que Brasil vende sexo desde siempre. Sexo y samba. Aunque Italia, por ejemplo, no vende esa imagen pero es donde más funciona la prostitución en la calle y donde operan las mayores mafias de tratas de blancas del mundo. Yo no vendía solo mi cuerpo. Yo me diferenciaba por mi clase, mi cultura y mis conocimientos Pero el trato con los clientes, ¿cambia dependiendo de la nacionalidad? Sí, hay muchas diferencias entre una francesa y un inglés. Pero creo que no es tanto por la personalidad sino por la economía. Si te gastas 350 euros la hora, como español que estás en un país en crisis quieres aprovechar esa hora al máximo. En Dinamarca pueden pagar una hora y a los cinco minutos quedarse contentos e irse. ¿Cómo llegó a tener tanto éxito? ¿Cuál era la clave? Yo no vendía solo mi cuerpo. Había chicos muchos más guapos que yo. Yo me diferenciaba por mi clase, por mi cultura y por mis conocimientos de sadomasoquismo. También era consultor de parejas. Escuchaba, intentaba que la otra persona pasara un rato agradable. Siempre he sido muy profesional pero a la vez muy humano en el trato. Ahora está casado. ¿Es posible tener una relación a largo plazo dedicándose a la prostitución? Yo conocí a mi actual pareja cuando estaba trabajando y mira, hasta hoy. Nunca hubo conflictos. Eso sí, siempre me preguntaba lo mismo: «¿Por qué no paras? Ya tienes tu casa, dinero, no necesitas nada más». Y yo sí necesitaba más. No quería dejarlo hasta estar totalmente seguro y tranquilo. Ahora estoy jubilado, aunque suene un poco raro eso de jubilarse a los 35 años. ¿Y cómo es el sexo en pareja cuando estás experimentando todo el día fuera de casa? El sexo no se vive con la pareja. Con la pareja vives el amor y dentro del amor ya vives el sexo. Yo no descubrí el sexo con mi pareja. Yo era un profesional y ya lo sabía todo. Fue mi pareja la que me descubrió. En su libro no da nombres, pero asegura haberse acostado con muchos futbolistas famosos. ¿Nos da alguna pista para satisfacer el morbo de los lectores? Cuando mi cliente pagaba lo hacía también por la discreción y la privacidad. Jamás desvelaría la identidad de un cliente por dinero. Hay mucha gente que lo hace, sí, pero no es mi caso. En cuanto a los futbolistas, si eran del Barça, del Madrid… Digamos que eran nivel de Champions League. Y hasta ahí puedo leer. No solo futbolistas, también sacerdotes, políticos… ¿qué tipo de políticos acudían más a sus servicios, los de derechas o los de izquierdas? En el sexo y en el sado no existe la ideología. Existe la persona. Siempre sabía cuál era su partido, por supuesto, pero ahí entra la privacidad. Ten en cuenta que muchas veces me hacían firmar un contrato blindado que me prohibía dar ninguna pista o detalle sobre nuestra relación. Eso incluía el partido político, la edad… a veces hasta se presentaban con abogados. Me hacían firmar contratos en los que se me prohibía desvelar la identidad de mi cliente¿Ha sufrido alguna vez un gatillazo? Tu cuerpo siempre tiene un límite y tú debes saber dónde está. No puedes pretender acostarte con 50 personas en un día y luego seguir rindiendo igual. Es como un aforo. Ya, pero, ¿no le ha ocurrido nunca que su cuerpo pudiera pero su mente no? Por ejemplo, con un cliente que le resultara desagradable. Con estas cosas hay muchos factores que se deben tener en cuenta. El primero es ser un profesional. No estás ahí para evaluar a esa persona como guapa o simpática. No estoy ahí para que seas mi tipo. No existe mi morbo, existe tu morbo. Luego está la humanidad. Como profesional, si me contratas tengo que intentar sacarte el máximo morbo y partido, que estés a gusto conmigo. Además, ten en cuenta que muchas veces ni siquiera llegaba a tener una relación sexual completa, sobre todo en el sadomasoquismo. Pero el sexo no deja de ser algo muy íntimo. ¿Tampoco le ha pasado lo contrario, que se enamorase o se sintieras atraído por un cliente? Ninguna vez. Nunca. La gente del gremio me solía decir que yo era un mercenario de primera. Sí, lo era. Estaba allí por el dinero. Punto. No juzgaba a la gente por su belleza o su carisma… Mientras me pagasen la tarifa yo trataba a todos igual. Sí que había gente más simpática, menos simpática, más abiertos, más cerrados (como los sacerdotes). Pero era una relación profesional, no personal. ¿Cómo se las apañaba la gente famosa para no ser descubierta? Era como una película de James Bond. Entrabas por una puerta secreta, salías por otra. A veces hasta se ponían peluquín. Otras incluso tenía que cogerme vuelos para ir a otros países. Se publica mucha rumorología sobre este mundo en las revistas del corazón e Internet. ¿Resulta fiable lo que cuentan estos medios? Puede llegar a ser fiable, pero hasta cierto punto. A veces exageran. ¿Por qué un actor famoso contrata a un escort con tantos fans y admiradores dispuestos a tener sexo con él? Porque yo no les trataba como ídolos, sino por lo que eran: personas normales y corrientes. Eso es lo que buscaban. En el libro cuenta experiencias muy fuertes: fisting, orgías con travestis… ¿ha habido algo que se negara a hacer? Nunca me ha chocado o impresionado nada, porque siempre intentaba entender la fantasía de la otra persona. Pero hubo un caso que cuento en el libro y que me produjo mucha tristeza. Un sumiso me ofreció una cantidad extra para hacer una sesión privada en su casa en la que teníamos que llegar «hasta el final». Quería que yo acabara con su vida. Se trataba de un señor que llevaba más de 30 años practicando sadomasoquismo y pensaba que la forma total de entregarse a un amo era entregar su vida. Pero la vida no tiene precio. Rechacé. Luego leí en un periódico que otro sí había aceptado el trabajo. Por eso la prostitución se tiene que legalizar. Así estas cosas no pasarían. Y dejaría de ser un mundo tan oscuro. Se ve oscuro, sí, pero en realidad hay mucho más claros que oscuros.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2081424/0/leonardo-lucatti/prostitucion-escort/paro/#xtor=AD-15&xts=467263

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Practicar sexo es bueno para el cerebro: da memoria y quita migrañas

No solo relaja, proporciona placer, y quema calorías. Además mitiga el dolor de las migrañas, podría reducir el riesgo de cáncer de próstata e incluso estimular la generación de neuronas. Éstos son sólo algunos de los beneficios del sexo según estudios llevados a cabo por la Universidad de Maryland publicados a comienzos de año, y refrendados por otros realizados en la de Nottingham, que señalan también que una sesión de 25 minutos equivale a 20 de caminata cuesta arriba, 40 de yoga, o 19 de remo ligero. «Tradicionalmente el ejercicio cardiovascular de un coito se ha comparado también con los 100 metros lisos», indica el doctor Pedro Villegas, sexólogo clínico con 30 años de experiencia.

Para poder notar dichos beneficios, eso sí, la práctica debería ser diaria. Una utopía para españoles (1,7 veces por semana según el Estudio Europeo sobre Satisfacción Sexual llevado a cabo por Pfizer), y sus vecinos europeos (1,6 veces), especialmente en momentos de crisis. Pero precisamente para combatirla, se deben mantener los niveles: las hormonas liberadas durante el coito ayudan a combatir el estrés y la depresión.

Óxido nítrico.

Un estudio publicado por la revista Headache acaba de descatalogar el dolor de cabeza como razón para no practicar sexo. Realizado entre 83 mujeres aquejadas de migraña crónica, el documento refleja que un 50% experimentó alivio tras mantener relaciones. «Esto es posible porque se sabe que en muchas ocasiones la migraña tiene origen vascular. Generalmente, en una relación sexual se pone óxido nítrico en movimiento, que mejora la circulación periférica, así que podría aliviar los síntomas». Villegas, sin embargo, advierte de que «existe una tendencia a presentar el sexo como una panacea, y aunque se sabe de sus efectos beneficiosos, no se puede recetar como remedio para patologías».

Y más memoria.

A más sexo, ¿más memoria? Sí. Lo afirma la Universidad de Maryland tras un experimento llevado a cabo con ratas adultas, según el cual éstas producen más neuronas tras la copulación. Llamado neurogénesis, se cree que este proceso podría ayudar a restaurar las funciones cerebrales dañadas por el envejecimiento, como la memoria, aunque no se ha podido comprobar que los efectos se mantengan en el tiempo, ni que sean extrapolables al seso humano. Lo que sí se puede afirmar, apunta el doctor Villegas, es que el coito beneficia la función cerebral «pues con él se libera dopamina, y oxitocina [la hormona del amor]. La primera estimula el pensamiento positivo -durante una depresión hay un exceso de serotonina-, y la oxitocina favorece la comunicación».

También el riesgo de padecer cáncer de próstata podría reducirse con la práctica regular de sexo. Para afirmarlo, la Universidad de Nottingham se basa en un estudio entre 840 varones de los cuales aquellos con una vida sexual activa a partir de los 50 -más de 10 coitos mensuales- eran menos proclives a padecerlo. Aunque las razones no están claras, algunos expertos afirman que expulsar el esperma equivaldría a una «limpieza de tuberías que reduciría el riesgo de que células viejas se convirtieran en cancerosas». Estas conclusiones se han visto respaldadas por las de otra investigación más amplia 829.000 varones) del National Cancer Institut de EEUU, que concluyó que aquellos con más orgasmos reducían el riesgo de cáncer en un tercio. Villegas, profesor, entre otros, del máster de sexualidad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Huelva, se muestra escéptico. «La próstata es sólo un lugar de paso para los espermatozoides. Lo que es cierto es que el coito provoca contracciones y relajación de la próstata, lo que es beneficioso para la prostatitis».

El mejor relajante.

Los alemanes adultos que mantienen relaciones al menos una vez cada dos semanas experimentan menos estrés al hablar en público, ysu presión sanguínea se mantiene más baja, dicen estudios llevados a cabo en Alemania. El efecto tranquilizante del coito traspasa fronteras: Villegas señala que entre sus pacientes se ha encontrado a menudo casos de personas que se masturban antes de los exámenes o de una charla en público, «algo que reflejan también las estadísticas, sobre todo entre la gente joven».

http://www.elmundo.es/cronica/2014/02/08/52f636b7e2704e8f7a8b4573.html

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Ribéry y Benzema, absueltos del cargo de sexo con una prostituta menor

PARÍS (Reuters) – El internacional francés Franck Ribéry y Karim Benzema han sido exculpados de haber recurrido a losservicios de una prostituta menor de edad, dijo el jueves el Tribunal Correccional de París.

Benzema, delantero del Real Madrid, y Ribéry, del Bayern de Múnich, no acudieron a la vista judicial en la que estaban acusados de haber pagado a la prostituta convertida en modelo Zahia Dehar cuando ella tenía 16 y 17 años.

Ribéry ha admitido haber pagado a cambio de sexo, pero dijo que no sabía su edad. Benzema ha negado haber mantenido ninguna relación sexual con Dehar.

Pagar a cambio de sexo no es ilegal en Francia pero la prostitución de menores sí lo es.

En diciembre pasado, la Asamblea Nacional aprobó un proyecto de ley para multar a los clientes de las prostitutas, pero aún tiene que pasar por el Senado y ser rubricado por el presidente François Hollande.

http://es.reuters.com/article/sportsNews/idESMAEA0T02Z20140130

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Los diputados galos aprueban la penalización al cliente de la prostitución

Una prostituta, en Bois de Boulogne, en Paris

Una prostituta, en Bois de Boulogne, en Paris Reuters.

La Asamblea Nacional refrendó hoy en París el controvertido proyecto de ley que propone sancionar a los clientes de las prostitutas conmultas de hasta 3.750 euros, con 268 votos a favor, 138 en contra y 79 abstenciones. Un resultado de mayoría simple bastante ajustado para un proyecto que se remonta a la anterior legislatura, que ha sido defendido en la cámara baja por los diputados Maud Olivier (Partido Socialista) y Guy Geoffroy (Unión por un Movimiento Popular) y que cuenta con el aval de los grupos mayoritarios.

Ayudas para la reinserción

El texto, que ahora deberá ser debatido en el Senado, no ha logrado convencer a la totalidad de los parlamentarios ni a buena parte de la opinión pública francesa. Y eso que, bajo el título de «Ley para incrementar la lucha contra las redes de prostitución», propone una serie de medidas para erradicar el proxenetismocomo son ordenar a los proveedores de internet filtrar aquellas páginas web que infrinjan la legislación francesa y favorecer la reinserción de las profesionales que quieran dejar el oficio,ofreciendo a las extranjeras una estancia legal de medio año y una ayuda de 336 euros mensuales: plan para el cual el Gobierno ha realizado una provisión de fondos de 20 millones de euros.

El borrador aboga por suprimir igualmente el delito de incitación pública que se aplicaba hasta ahora a las prostitutas, creado en 2003 cuando Nicolas Sarkozy era Ministro del Interior, y por el cuallas chicas arriesgaban 3.750 euros de multa y dos meses de prisión. «En el espíritu de la ley, las putas han dejado de ser culpables para ser consideradas víctimas», explica el diario ‘Libération’.

Sin embargo, hay dos puntos que no agradan a un 68% de los franceses, según la última encuesta de CSA. El primero es la concesión de un permiso de residencia provisional para aquellas profesionales foráneas dispuestas a abandonar su actividad. Una iniciativa que el jefe de filas de la conservadora UMP, Christian Jacob, considera descabellada ya que provocará un «efecto llamada» para la inmigración ilegal.

El segundo y más importante punto en discordia es la idea desancionar al cliente, que viene aplicándose en Suecia desde 1999y ha reducido allí a la mitad la prostitución callejera en diez años. El proyecto prevé una multa de 1.500 euros para quien pague por sexo o la obligación de asistir a un curso de concienciación o bien las dos cosas. En caso de reincidencia, la multa asciende a 3.750 euros.

La criminalización del usuario del sexo retribuido ha divido en las últimas semanas a la sociedad gala entre quienes la creen necesaria para proteger a las mujeres y quienes la consideran moralista. Para el diputado ecologista Sergio Coronado, dicha amenaza obligará a las prostitutas a ejercer su oficio de forma más clandestina y facilitará la actividad de las mafias.

Por estas razones, a la hora de la votación todas las formaciones políticas representadas en el Palais Bourbon dieron a sus representantes la libertad de votar en conciencia esta proposición de ley que responde a una de las promesas electorales realizadas por el Presidente de la República François Hollandedurante la campaña al Elíseo de 2012.

A la hora de la verdad, el grupo socialista y el Frente de Izquierda han votado mayoritariamente a favor del texto, mientras que los ecologistas y la izquierda radical se han declarado en contra y, entre los centristas de UDI y los miembros de la UMP, ha habido división de opiniones.

Según un estudio del gobierno socialista, el 90% de las más de 20.000 personas que se prostituyen en el Hexágono lo hacen debidos a una amenaza «física o económica». Para Najat Belkacem-Vallaud, Ministra de Derechos de la Mujer, «la prostitución implica una relación sexual forzada y que ha de ser castigada».

Manifestaciones

A la salida del Palais Bourbon, como el resto de los días, se manifestaban este miércoles representantes de los dos colectivos quese han echado a la calle en favor o en contra del proyecto. ParaOsez le Feminisme, la futura norma «protege la libertad sexual de todos». Mientras que para el Sindicato del Trabajo Sexual (STRASS), «esta ley no va a acabar con la prostitución sino a hacerla más peligrosa».

Por alguna razón incomprensible, se personó también a las puertas del hemiciclo la asociación opositora al matrimonio homosexual La Manif pour Tous, que efectuó una suelta de gallinas. La acción alteró momentáneamente el orden del público, obligó a intervenir a la policía y se saldó con cuatro aves muertas.

La Cámara Alta francesa tienen ahora la responsabilidad de examinar este borrador y enmendarlo o refrendarlo antes de junio de 2014. Así que el debate sobre las prostitutas y sus clientes no concluye aquí.

http://www.elmundo.es/internacional/2013/12/04/529f5ee80ab7407a128b4570.html

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El poder del sexo para prolongar la juventud

Los estudios demuestran que no solo nos vuelve más sanos, felices y relajados, también retrasa el paso del tiempo sin necesidad de pasar por el quirófano.

RITA ABUNDANCIA

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¿El sexo la mejor manera de mantenerse joven?

Foto: Everett Collection

Cuando a las cincuentonas famosas y de buen ver, que parecen haber pactado con el diablo, les preguntan sobre sus trucos de belleza se limitan a decir banalidades: beber mucha agua, tomar aceite Omega 3, abrazar la doctrina vegetariana o macrobiótica, practicar el stand up paddle… Casi nadie cuenta la verdad: los entrenadores personales, los dietistas que les diseñan regimenes a medida, las abultadas facturas en comida orgánica y suplementos alimenticios, los tratamientos de desintoxicación en centros ayurvédicos en Kerala (India) o las operaciones en las mejores clínicas de cirugía estética del mundo. Todo esto nos lleva a pensar que en un futuro no muy lejano, los ricos se diferenciaran de los pobres básicamente en un punto, los sin recursos envejecerán y los pudientes vivirán eternamente jóvenes, como las medusas. (Se cree que la especieTurritopsis nutricula puede volver atrás en su ciclo vital).

Pero no todo en la vida es cuestión de dinero y la naturaleza ha puesto a nuestro alcance un método fácil, económico y, sobre todo divertido, de engañar al reloj: el sexo.Recientes estudios científicos demuestran que mantener relaciones sexuales a menudo es bueno para la piel, alarga la vida, la hace más apasionante y mantiene el cerebro en forma. Los orgasmos son una cierta manera de resetear el disco duro que guardamos en el interior de nuestras cabezas y si queremos evitar el alzheimer, lo mejor es olvidarse de los sudokus y optar por los bukkakes, por continuar en el terreno de los vocablos japoneses.

El neuropsicólogo David Weeks, ex jefe de Psicología para la Tercera Edad del Hospital Real de Edimburgo, mantiene, como los slogans de algunas cremas de belleza, que el sexo puede rejuvenecer hasta diez años. En un estudio que llevó a cabo entre 3.500 individuos de diferentes edades y que duró una década, Weeks constató que las personas de entre 40 y 50 años que se mantenían más jóvenes tenían relaciones sexuales una media de tres veces por semana. Este científico sostiene también que el riesgo de mortalidad baja un 50% en quienes tienen cubierta su “cuota de orgasmos “ – dos veces por semana-. “La calidad de la vida sexual, en adultos mayores predice el estado de salud en general y el bienestar” sostenía Weeks en una conferencia pronunciada en la Facultad de Psicología de Colchester, Inglaterra, el pasado julio y recogida en un artículo de la web The British Psychology Society.

Dos investigadores de Nueva Jersey, el psicólogo Barry Komisaruk y la sexóloga Beverly Whipple están llevando a cabo otro experimento sobre el impacto del orgasmo en el cerebro humano, y si este puede ayudar a retrasar el envejecimiento. Parece ser que hacer ejercicios mentales, tipo sudoku, aumenta la actividad pero sólo en determinadas regiones del cerebro. En cambio, un orgasmo lo hace en la totalidad de este órgano, ya que al llegar al clímax un flujo de sangre riega el cerebro, aumentando tanto el aporte de nutrientes como de oxígeno.

Komisaruk se dedica desde 1982 al estudio del placer enfocado a la mujer. En el inicio de sus experimentos investigó con ratas llegando a la conclusión de que el orgasmo es capaz de inhibir las sensaciones negativas. Más tarde se animó a trabajar con humanos, y entre sus hallazgos descubrió que el placer máximo en el sexo es capaz de bloquear el dolor. Komisaruk trabajó con mujeres que tenían paralizadas las piernas y a las que sus médicos les habían dicho que no podrían tener ninguna sensación sexual. Tras analizar sus casos, descubrió un nervio en el exterior de la medula espinal por el que la sensación de orgasmo se trasladaba al cerebro. Así estas pacientes lograron alcanzar el clímax.

La doctora Benedetta Leuner y sus colegas del Instituto de Neurociencia de la Universidad de Princeton (EEUU) realizaron un estudio publicado en la revista científica PloS One, en julio del 2010, que demostraba que mientras el estrés reduce la neurogénesis adulta –formación de nuevas neuronas– y restringe la arquitectura dendrítica del hipotálamo, la actividad sexual tiene el efecto contrario.

Según Guillermo García Ribas, neurólogo y coordinador del grupo de conducta y de demencias de la Sociedad Española de Neurología, “las hipótesis apuntan a que tenemos una reserva cognitiva, es decir un número determinado de sinopsis o conexiones y que estas se van deteriorando con los años. Más que mantener el número de neuronas, lo importante es no perder las relaciones entre ellas, que es lo que hace que el cerebro siga funcionando, porque las neuronas pueden reproducirse aunque en un número limitado”.

Benedetta resumía las conclusiones de su experimento en la revista: “Ratas adultas fueron expuestas a una hembra sexualmente receptiva una vez (aguda) o una vez diariamente por 14 días (crónica) y se midieron sus niveles de circulación glucorticoide. Los resultados mostraron que experiencias sexuales agudas incrementaron los niveles de circulación corticoide y el número de neuronas en el hipocampo. La experiencia sexual crónica dejó de producir un incremento en los niveles corticoides pero continuó promoviendo la neurogénesis y estimuló el crecimiento de las espinas dendríticas y la arquitectura dendrítica. La experiencia sexual crónica también redujo el comportamiento relacionado con la ansiedad”.

Si tenemos en cuenta que el sexo entre humanos es mucho más complejo y rico que el de las ratas, podremos hacernos una idea de las conclusiones de este estudio si se extrapola a las personas.

Cuanto más sexo practicamos, más bajos son los niveles de estrés del organismo, mayor es el número de neuronas de nuestro cerebro –estas se destruyen a un ritmo más lento– y mayores son las conexiones entre las mismas.

En el terreno de la belleza el sexo hace milagros, especialmente a la hora de cuidar la piel. La sexóloga de Georgia (EEU), Gloria G. Bramer, sostenía en un artículo de la revista realbeauty.com, del 2011 que “el orgasmo es una de las cosas más saludables que uno puede darse al día. Desde el punto de vista sexológico debería estar incluido en las rutinas diarias, como cepillarse los dientes o lavarse el pelo”.Durante una relación sexual aumenta la circulación sanguínea y se bombea oxígeno hacia la piel, lo que hace que esta esté más brillante, permite eliminar toxinas y aumenta la producción de colágeno, que evita la flacidez , las arrugas y las manchas de la piel. Además, durante el coito se suda, lo que entraña una limpieza facial gratuita, liberando la piel de sus impurezas. Nars Orgasm Blush es un colorete de esta firma cosmética que trata de imitar el rubor que la actividad sexual deja en las mejillas.

El semen es otro derivado del sexo que últimamente se reivindica como producto de belleza. Con propiedades antioxidantes, de reducción de arrugas y alivio en casos de acné, la empresa noruega, Bioforskning, lo ha sintetizado y lo comercializa bajo el nombre de spermina, como ingrediente de una de sus cremas faciales.

Una buena y fructífera vida sexual puede paliar también la atrofia vaginal. Con el paso de los años la producción de estrógenos disminuye, lo mismo que sus efectos sobre el aparato genital femenino, ya que estas hormonas son las responsables de mantener en buenas condiciones el epitelio de la vagina. La mucosa vaginal se vuelve más fina y seca, se producen cambios en el pH y el equilibrio de su flora, lo que puede producir infecciones y cistitis. “Siempre digo que la función hace al órgano”, sostiene Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga y directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, “Mantener una actividad sexual regular mejora la función vaginal, preservando su elasticidad, previniendo su estrechamiento y manteniéndola joven”.

Pero si alguien confía plenamente en el poder del sexo para prolongar la juventud esas son las Tigresas Blancas, una sociedad secreta taoísta, formada exclusivamente por mujeres, cuyo objetivo es restaurar su juventud y conseguir la inmortalidad espiritual a través del sexo, ya que la energía sexual, según esta filosofía, es la más poderosa de todas. Se cree que esta sociedad nació en la época del Emperador Amarillo (2.500 a.c.) en China. Como se explica en el libro Enseñanzas sexuales de la tigresa blanca: los secretos de las maestras taoistas de Hsi Lai (Obelisco), existe todo un protocolo y unas fases para hacerse tigresa blanca y su principal actividad es practicar el mayor número de felaciones posibles, porque ellas creen que es la manera más eficaz y rápida de absorber la energía sexual masculina. Su nombre hace referencia al tigre, el símbolo de la mujer y del yin. Las hembras de esta especie deben copular más de cien veces para quedarse preñadas, ya que necesitan una cantidad superior de esperma al de otros animales, por eso se dice que son muy seductoras, ya que tienen que atraer a muchos machos. Los tigres blancos son muy poco comunes, nada convencionales y solitarios. La leyenda afirma que si se siguen las practicas de este grupo una mujer puede rejuvenecer entre cinco y quince años. Este colectivo rechaza la cirugía estética y recurre a métodos naturales para mantenerse joven. Sus practicas tratan de imitar el comportamiento sexual de las adolescentes. El sexo debe tener esa parte lúdica de la primera juventud, cuando hay una excitación y exploración sin límites. Con los años, la mayor parte de la gente pierde este espíritu. Las tigresas blancas tratan de alimentar constantemente el deseo y retrasan al máximo la menopausia. Muchas, se dice, la hacen hasta desaparecer.

http://smoda.elpais.com/articulos/tener-relaciones-sexuales-la-mejor-terapia-antienvejecimiento/3942

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Las siete llaves del orgasmo

La imaginación, la compenetración con tu pareja y la ruptura de tabúes, algunos de los secretos para alcanzar el máximo placer

Las siete llaves del orgasmo

JOSÉ MANUEL RÍOS VALIENTE / FLICKR

Decía Isabel Allende que escribir era como hacer el amor. «No te preocupes por el orgasmo, preocúpate del proceso». Pese a que en el viaje íntimo hacia el placer el destino es lo más importante, el camino hasta llegar a ello determinará el nivel de satisfacción que nos provoque. La culminación del acto sexual debe ser un momento extemadamente placentero al que no debe renunciar ninguna de las dos partes implicadas en el juego amatorio.

Sin embargo, para la mujer, alcanzar el clímax es una tarea mucho más laboriosa y requiere una mayor atención. Ellas, eso sí, juegan con una baza a favor muy importante: su cuerpo contiene un mapa infinito para descubrir rutas orgásmicas. ¿Cómo explotar entonces todas esas posibilidades que nos brinda la naturaleza humana?

Según un estudio en 2011 de la Universidad de Central Lancashire, en Gran Bretaña, más de un cuarto de las mujeres gimen habitualmente durante el sexo, pero no por placer, sino para manipular a su pareja y hacerle creer que ha alcanzado la cúspide sexual. Recientes estudios elevan la cifra de mujeres que no llegan al orgasmo al 61%, un dato «sorprendente» para Isabel María Navarro, sexóloga y psicóloga. «La forma de sentir la sexualidad viene marcada por condicionantes culturales y también por las experiencias personales. Cada mujer tiene su propia historia y hemos vivido el placer de una manera distinta. Si por ejemplo tienes desconfianza hacia la relación en la que te encuentras porque las anteriores no han sido satisfactorias, creas una coraza que te impide disfrutar plenamente de una relación sexual. Al estar cohibida o pudorosa, la excitación también puede ser menor. Quizá haya placer, pero no orgasmo»

¿De qué manera podemos entonces romper esas barreras y facilitar el camino hacia el placer? La imaginación, la compenetración con tu pareja y la ruptura de tabúes son las claves para alcanzarlo.

1. PRELIMINARES. Los juegos sexuales previos a la penetración son una parte fundamental para la mujer. Ellas necesitan preservar una relación estrecha con el hombre y sentirse deseadas y queridas. Es óptimo crear un ambiente cálido y acogedor a nuestro alrededor. Hay que besar, tocar, chupar… jugar con el otro. Si eso no existe y se va a la penetración muy rápido, la excitación difícilmente llega al orgasmo.

2. RETRASAR EL PLACER. Los preliminares permiten alargar la relación sexual, pero siempre el ritmo ha de ser constante. No se puede caer en el aburrimiento ni tampoco en lo rutinario, ya que podemos apagar la llama. Cada relación sexual debe servir para afianzar la confianza y también explorar nuevas sensaciones. Y algo muy importante: mientras más alarguemos la excitación sexual, mayor será la explosión de placer.

3. DIÁLOGO ENTRE LA PAREJA. Siempre es importante conocer cuál es la llave para el placer de tu pareja, y eso en muchos casos sólo se consigue hablando con ella. Hay que conectar con su deseo, saber qué quiere de nosotros. Y también es importante saber qué queremos nosotros, cuál es nuestro anhelo, y buscarlo en la otra persona. En ocasiones, olvidamos nuestro deseo para centrarnos exclusivamente en agradar al otro.

4. CONÓCETE TÚ MISMA. Una premisa básica es conocer tu cuerpo, explorarlo y experimentar con él. Si uno mismo no sabe lo que le gusta, entonces no podrá disfrutar a plenitud de las relaciones sexuales con su pareja. Un paso decisivo para ello es la masturbación, puesto que es una oportunidad inmejorable para conocerte a fondo.

5. DEJAR LOS PROBLEMAS FUERA DE LA HABITACIÓN.A veces la rutina y la vorágine del trabajo erosionan nuestro sentimiento de deseo. El tema del placer lo dejamos siempre para última hora, y eso nunca debe permitirse.

6. BUSCARSE Y QUERERSE. En parejas que llevan mucho tiempo, es importante la mirada, el roce, decir algo agradable. Es necesario sentir que siempre hay un contacto donde la otra persona sabe que estás ahí y que le gustas. Y eso te lleva a tener relaciones sexuales. Si eso no existe, es más complicado llegar a esa situación. Y cuanto más lo vas dejando, más cuesta después retomarlo.

7. ABRIRSE A NUEVAS EXPERIENCIAS. Muchas veces somos nosotros los que ponemos las barreras. ¿Para qué voy a utilizar un consolador? ¿Por qué he de practicar el sexo en esta postura? Sin embargo, es bueno abrirse a nuevas sensaciones. El chocolate, las fresas o los juegos eróticos pueden ayudarnos a alcanzar el orgasmo.

Los sexólogos, sin embargo, aseguran que no llegar a él tampoco puede provocarnos una decepción. «Es algo muy común por ejemplo en chicas jóvenes que están teniendo sus primeras relaciones. Tienen cualquier problema sexual y piensan que es por un problema suyo. Eso aumenta su inseguridad y, por tanto, más les cuesta alcanzar el orgasmo. Es como el pez que se muerde la cola», asegura también Isabel María.

http://www.abc.es/sociedad/20130831/abci-orgasmo-sexo-placer-sexologia-201308291532.html

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