Cuba: Sexo, mentiras y cintas de vídeo

Cuba La Habana Foto Robes

Por VICENTE BOTÍN

(Especial Infolatam).- La película de Steven Soderbergh, “Sexo, mentiras y cintas de vídeo” (Sex, Lies and Videotape), no transcurre en Cuba, sino en Baton Rouge, Luisiana, pero su título refleja, como en un espejo, la lacerante realidad de la prostitución en la isla y especialmente en La Habana, una ciudad “caliente” y “deschavada”, como dice el poema de Jesús Díaz, con “el sexo abierto al mar/ el clítoris guiando a los marinos/ como un faro de luz en la bahía”.

Atareado como está en dar lustre al cadáver de la revolución, Raúl Castro y sus trompeteros “reformistas” han pasado por alto sin desmentirlo, como acostumbran, el demoledor informe publicado recientemente por los diarios “The Toronto Star”, de Canadá, y “The Miami Herald”, de Estados Unidos, sobre la prostitución infantil en Cuba. Reporteros de los dos países trabajaron discretamente en la isla caribeña durante cuatro meses después de la publicación en el periódico canadiense de un informe de la Real Policía Montada del Canadá, del año 2011 y desclasificado recientemente, que identifica a Cuba como uno de los principales destinos para los depredadores sexuales canadienses. Cuba, según ese informe, se ha convertido en un verdadero imán para hombres ansiosos de tener relaciones sexuales con niñas impúberes, algunas de tan sólo cuatro años.

De los casi tres millones de turistas que visitaron Cuba el pasado año, mas de un millón proceden de Canadá y aunque el gobierno de Ottawa ha reconocido que los delincuentes sexuales viajan fuera del país para explotar a los niños, “The Toronto Star” afirma que se ha hecho muy poco para detenerlos. Vic Toews, ministro canadiense para la Seguridad Pública, considera que los pederastas deben ser procesados en el país donde cometen el delito. Pero el gobierno de Raúl Castro niega que ese problema exista en Cuba.

El jineterismo, como se denomina a la prostitución, y la explotación de menores, son temas tabú en la isla de los hermanos Castro. En 1961 Fidel Castro envió a miles de prostitutas a campos de “reeducación” y declaró oficialmente abolido el comercio sexual en Cuba: “La revolución –dijo– dignifica a la mujer. A la sociedad capitalista no le importa ni la moral, ni la dignidad de las mujeres… En nuestro país, decenas de miles de mujeres tenían que ejercer la prostitución… Nuestro turismo era un turismo para la prostitución. Hoy en Cuba no hay nada de eso ni lo volverá a haber nunca”. Sin embargo, años más tarde el Comandante en Jefe tuvo que reconocer que la prostitución no solo no había desaparecido sino que era uno de los principales alicientes turísticos de Cuba.

La prostitución generalizada como método rápido para acceder a bienes de consumo se ha agravado en Cuba con la explotación sexual infantil. Los reporteros del “Toronto Star” y del “Miami Herald” investigaron concienzudamente en las calles de La Habana y descubrieron un mundo sórdido y atroz donde por apenas 30 dólares la noche se pueden tener relaciones sexuales con niñas o niños menores de edad. Una red de empleados de hotel, taxistas y proxenetas participan en ese despreciable negocio. También encontraron familias pobres que desesperadas por obtener dinero o deslumbradas por regalos y bienes materiales disponibles solo en pesos convertibles ofrecen a sus hijos menores a los proxenetas.

En enero del 2008 un equipo de la cadena española Telecinco utilizó una cámara oculta para grabar el mundo sórdido de la prostitución con entrevistas a proxenetas y “jineteras” adolescentes vestidas incluso con uniforme escolar. Captaron también la corrupción de policías y maestros que aceptaban sobornos para facilitar los encuentros sexuales de las niñas con extranjeros. El reportaje se emitió en octubre del 2008 con el título “Prostitución infantil en Cuba”. Dos años después, en julio del 2010, Sebastián Martínez Ferraté, uno de los autores del programa, regresó a Cuba como empresario turístico y fue detenido, enjuiciado y condenado a siete años de cárcel por “corrupción de menores”. El gobierno castigaba así al mensajero por atreverse a desvelar un tema tabú. Martínez Ferraté fue liberado después de 17 meses de prisión, gracias a gestiones del Ministerio de Asuntos Exteriores de España.

El 14 de mayo de 2010, la niña Lilian Ramírez Espinosa, de 12 años de edad, murió después de participar junto con una amiga de 13 años en una orgía de sexo y drogas con turistas extranjeros en la ciudad de Bayamo. Algunas escenas fueron grabadas en vídeo y sirvieron como prueba contra dos ciudadanos italianos y diez cubanos que fueron condenados a fuertes penas de prisión, acusados de asesinato y corrupción de menores. La muerte de Lilian destapó la sórdida realidad de la prostitución infantil que las autoridades se empeñan en negar por considerarlo un hecho aislado. Sin embargo, informes elaborados por organizaciones como Fin a la Prostitución y el Tráfico de Niños (End Child Prostitution and Trafficking) o documentos del Departamento de Estado de Estados Unidos, denuncian la laxitud de las autoridades cubanas ante ese escabroso tema. En 2009, un despacho de diplomáticos estadounidenses en La Habana desvelado por Wikileaks denunciaba que “algunos niños cubanos son empujados a la prostitución por sus familias, cambiando sexo por dinero, comida o regalos”.

El silencio del gobierno ante la explotación sexual contrasta sin embargo con la actitud de personajes del régimen como Mariela Castro, hija del actual presidente de Cuba y directora del CENESEX, el Centro Nacional de Educación Sexual. Mariela Castro, empeñada en una cruzada a favor de los derechos de los homosexuales y los transexuales, que sin duda le ha provocado una ceguera crónica ante la violación de otros derechos, considera la prostitución como una opción laboral para cualquier mujer, incluyendo las cubanas. A finales de 2011, después de una visita al barrio rojo de Ámsterdam, la hija de Raúl Castro declaró a Radio Nederland que: “Admiro y respeto el modo en que (las prostitutas) han encontrado una manera digna de hacer su trabajo sexual y de hacerse respetar (…) Lo que más me ha gustado es que han podido procesar y dignificar la manera en que hacen valer este trabajo, porque es un trabajo”.

Pero Mariela Castro llegó más lejos. Haciendo gala de un peculiar sentido del humor la sexóloga cubana afirmó: “En Cuba hay mucha gente que dice tengo que arreglar el baño y no tengo dinero, entonces le da el servicio sexual al albañil hasta que termine el baño, y después no lo hace más porque no le gusta”.

La forma de Mariela Castro de frivolizar el sexo la heredó sin duda de su tío Fidel, quien incapaz de acabar con la prostitución dijo en una ocasión que “las “jineteras” cubanas son las más cultas del mundo”. Y no le faltaba razón. Muchas universitarias prefieren dedicarse a ese viejo oficio, mucho mejor retribuido que los escasos 20 dólares de salario medio mensual que perciben los trabajadores cubanos.

La sexóloga alemana Monika Krause, fundadora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba, ha dicho que las claves para entender el fenómeno de la prostitución en la isla son: “la falta de ingresos y la falta de perspectivas no solo para los jóvenes sino también para las personas desempleadas, incluso para muchas mujeres profesionales; a menudo, prostituirse con turistas extranjeros es el medio más fácil de conseguir “una lasquita de la torta”. Una economía e infraestructuras desastrosas y destruidas, todo eso contribuye a que surja una sociedad enferma. Y para mí, la sociedad cubana está gravemente enferma”.

La prostitución consentida es uno de los síntomas de la grave enfermedad que padece Cuba después de más de medio siglo de dictadura. Pero más vergonzoso y criminal es la explotación sexual infantil que el gobierno niega y esconde con mentiras.

http://www.infolatam.com/2013/04/23/cuba-sexo-mentiras-y-cintas-de-videocuba-sexo-mentiras-y-cintas-de-video/

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Detenido en Cáceres por prostituir a mujeres en un piso

EL AUTOR DE UN DELITO RELATIVO A LA PROSTITUCION TIENE 38 AÑOS Y ES VECINO DE CACERES

Calle Sánchez Manzano, entre las avenidas de Antonio Hurtado y de Isabel de Moctezuma.

Calle Sánchez Manzano, entre las avenidas de Antonio Hurtado y de Isabel de Moctezuma. Foto: JAVIER PULPO

Agentes de la Policía Nacional detuvieron el pasado lunes a un hombre de 38 años por un delito de prostitución de mujeres en un piso de Sánchez Manzano, en el portal número 1 de esta calle. Según informó ayer el Ministerio de Interior en una nota de prensa, el detenido regentaba una casa de citas en la que ofrecían sus servicios sexuales jóvenes de distintas nacionalidades, una de ellas, brasileña, también fue detenida por estancia irregular en España.

La investigación se inició el 1 de marzo cuando la policía recibió una llamada en la que se informaba de una fuerte discusión entre tres personas en un domicilio de la calle Sánchez Manzano. El motivo era el pago de un alquiler. Los agentes de la policía identificaron a los presentes en la vivienda, procediendo en ese momento a la detención de la joven de nacionalidad brasileña por estancia irregular en España.

Esta primera detención dio pie a la intervención de agentes de la brigada provincial de Extranjería, que ya habían iniciado una investigación en relación a los que ocupaban la vivienda, en la que se constató que el inquilinó que alquiló el piso había establecido en el mismo un negocio de prostitución y captado a jóvenes de diferentes nacionalidades, además había publicado anuncios en páginas de internet.

La brigada siguió con las investigaciones comprobando que del domicilio de Sánchez Manzano entraban y salían los clientes, además de las mujeres, todas extranjeras, que trabajaban en este domicilio. Los agentes corroboraron que las jóvenes que operaban en la vivienda entregaban al hombre que vivía con ellas la mitad de lo que éstas cobraban por cada servicio sexual que realizaban, «lo que suponía para éste la obtención de un lucro económico por la prostitución de las personas, hecho que está castigado en el Código Penal, aún cuando cuenten con consentimiento de estas personas», según la información detallada en el comunicado del Ministerio del Interior.

Tras obtener las pruebas necesarias, los agentes procedieron a la detención del hombre, que tiene 38 años y que es vecino de Cáceres, por un delito relacionado con la prostitución. El detenido fue trasladado a dependencias policiales. Las detenciones e investigaciones fueron realizadas por agentes de las brigadas de Seguridad Ciudadana y de Extranjería de la comisaría provincial de Cáceres.

En el Código Penal se establece que el que induzca, promueva, favorezca o facilite la prostitución de una persona menor de edad o incapaz será castigado con las penas de uno a cinco años y multa de doce a veinticuatro meses.

http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/caceres/detenido-en-caceres-por-prostituir-a-mujeres-en-un-piso-de-sanchez-manzano_721251.html

 

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Gijón permitirá ejercer la prostitución en los espacios públicos

El borrador de la ordenanza recoge que la actividad sexual no debe alterar la tranquilidad de los vecinos y que se multará a los clientes

Rafael Felgueroso Villar.

Rafael Felgueroso Villar.

J. M. C. El gobierno municipal de Gijón ha modificado uno de los apartados del borrador de la futura ordenanza de protección de la convivencia ciudadana y prevención de actuaciones antisociales en lo concerniente al ejercicio de la prostitución en la calle. En concreto, la Junta de Gobierno aprobó ayer: «queda prohibida la promoción, favorecimiento o contratación de servicios de naturaleza sexual retribuidos en espacios públicos, siempre y cuando altere la tranquilidad y/o seguridad de la ciudadanía, ya sea por la perturbación que imposibilite o dificulte el tránsito de peatones y/o vehículos o por molestias incompatibles con el descanso de los vecinos».
Es decir, el equipo de gobierno no impedirá la prostitución en las vías y espacios públicos, pero ateniéndose la actividad al texto anterior. Sin embargo, se multará a los clientes con sanciones entre 100 y 750 euros. En todo caso, será facultad de los agentes de la Policía Local determinar si se está contratando un servicio sexual pagado y si se está alterando la tranquilidad o la seguridad de los vecinos, señaló el edil Rafael Felgueroso Villar al término de la reunión de la Junta de Gobierno.
El cambio, que según Felgueroso se adoptó tras analizar el casi centenar de alegaciones presentadas a la futura ordenanza, se llevará ahora a la Secretaría del Ayuntamiento y a la próxima Comisión municipal de Movilidad, el día 20 de este mes. Luego se abrirá un período de enmiendas y la idea del gobierno municipal es que la ordenanza se apruebe en el Pleno del mes de abril.
Por otro lado, la Junta de Gobierno aprobó las bases reguladoras del proceso de selección de la segunda edición del plan de empleo «Gijón Inserta», mediante el que se contratará a cien personas durante un año. El presupuesto asciende a 1,6 millones de pesetas.
Para acceder a las plazas se precisa, además de estar en situación de desempleo total, hallarse empadronado en el municipio de Gijón como mínimo desde el 1 de enero de 2013 y no haber estado contratado como beneficiario en alguno de los planes de empleo del Ayuntamiento de Gijón con posterioridad al 1 de enero de 2010.
Asimismo, la Junta de Gobierno desestimó los recursos presentados por dos empresas contra la licitación y adjudicación de la revisión del Plan General de Ordenación (PGO).

http://www.lne.es/gijon/2013/03/13/gobierno-local-permitira-ejercer-prostitucion-espacios-publicos/1381524.html

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La prostitución como punto de ruptura

LA DIVISIÓN ENTRE “MUJER PÚBLICA” Y “MUJER DOMÉSTICA” RESULTA DEL SOMETIMIENTO DE LAS MUJERES Y DE LA FAMILIA BURGUESA SURGIDA DEL SIGLO XIX

Andrea Peniche *

Para el análisis que pretendemos hacer es fundamental primero delimitar el concepto de prostitución que manejamos. Prostitución aquí se entiende como el intercambio de servicios sexuales por dinero, llevados a cabo por mujeres que libremente eligieron esa profesión. Por tanto, en esta discusión, no tiene cabida la trata de personas, ni la prostitución forzada, ni la prostitución de niños y jóvenes. Esas prácticas son criminales y deben ser tratadas como tales. Dentro del amplio campo del trabajo sexual me detendré solamente en la prostitución heterosexual femenina, abogando por su legalización y reconocimiento como trabajo sexual.

Me impresiona el discurso abolicionista por reconocer en él una alianza extraña y peligrosa entre el conservadurismo puritano y misógino con algún tipo de feminismo e incluso, con alguna izquierda, pero no suscribo tampoco los discursos que celebran la prostitución. Para mí, la cuestión no es tanto si estos comportamientos son o no son políticamente correctos sino si de partida, y según parece, forman parte de las manifestaciones sexuales de algunas mujeres (o constituyen una forma de garantizar los ingresos necesarios para su supervivencia) y por tanto no tenemos derecho a condenarlos. Después de todo ¿por qué habríamos de hacerlo?… ¿porque no nos gustan?, ¿porque no nos convencen?, ¿porque va en contra de nuestras concepciones?… (1). Creo que el reconocimiento del trabajo sexual nos obliga, en primer lugar, a reconocer a las prostitutas como seres humanos con derechos, al mismo tiempo que nos “des-instalamos” del “confort” de la “moral burguesa”, con la que, a pesar de todo, nos habituamos a convivir.

¿Podemos hablar las sometidas? (2)

La relación entre el feminismo y las prostitutas, en general, ha sido una no-relación o, en algunos casos, una relación tensa. El debate sobre la prostitución es heredero de los grandes debates acaecidos en los años 80 que enfrentaron a las feministas anti-pornografía con las feministas pro-sexo. El debate sobre la prostitución es, a mi entender y dicho de una forma simplificada, una prolongación de aquella discusión. Por un lado, tenemos a las feministas abolicionistas que ven a las mujeres prostitutas como víctimas del patriarcado, incluso ensayando una nueva normativa en relación con dicha expresión. (3)

La consideración del feminismo conservador de que la prostitución constituye una manifestación del poder patriarcal y, por consiguiente, una forma de violencia de género, coloca a las prostitutas en dos lugares distintos pero ambos despreciables. Por un lado las prostitutas son vistas como traidoras a la causa feminista, dado que destruyen todo el edificio teórico que sacraliza la sexualidad y la encierra en el espacio privado de la intimidad; mientras que, por otro lado, son percibidas como víctimas económicas y culturales, como mujeres que ejercen esta actividad solo porque no tienen otro remedio.

Esta visión, a la vez condenatoria y salvadora, encierra a las prostitutas en el espacio de lo infra-humano y de la infantilización cognitiva: son contempladas, o bien como “viciosas”, ejemplos de la degeneración de la relación sexual púdica, o bien como mujeres incapaces de tomar decisiones, dentro de las lamentables condiciones de su vida y de tomar el camino hacia una supuesta sexualidad feminista. Pero, yo me pregunto: ¿no es la sexualidad un campo de expresión personal que no debe de ser constreñido?; ¿no propone el feminismo una sexualidad liberada de las constricciones de la moral patriarcal?… ¿qué sentido tiene, entonces, sustituirla por otra normativa?; ¿qué lugar queda para la autonomía y para la libertad de las mujeres cuando se prescribe una sexualidad como la “adecuada”?

Por otro lado, tenemos a las feministas pro-sexo que defienden la búsqueda del placer y del disfrute sexual por la mujer, reconocen la existencia de grandes diferencias entre las mujeres a la hora de expresar su sexualidad y la necesidad de permitir -sin coerciones- las búsquedas personales. Todo esto redunda en una especie de proteccionismo benevolente: las prostitutas son víctimas de una situación económica que las obliga a “la mala vida” y, por consiguiente, la respuesta social debe ser capaz de prevenir su entrada en esa actividad, por un lado y redimir y rehabilitar a aquellas que ya estuvieran en ese mundo, por otro. En este imaginario conservador y “salvador”, la decisión de continuar siendo prostituta es ilegítima; las “buenas” prostitutas deben antes confesar su arrepentimiento y pedir ayuda para “dejar la mala vida”.

Curiosamente, el debate sobre la prostitución se realiza sin las prostitutas. Kate Millet decía que para discutir sobre la prostitución la única figura relevante era la de las propias prostitutas y que, sin su participación, el debate se convierte en una especie de escolástica. Comprender como se ven ellas, cuales son las representaciones que hacen de sí mismas y del trabajo que ejercen, es un paso fundamental para abandonar el discurso heterónomo sobre la prostitución. Cuando las prostitutas se asumen a sí mismas y son reconocidas como sujeto de su propio discurso, lo que dicen desestructura las concepciones y los perjuicios que se crean sobre ellas y sobre su trabajo.

Escucharlas permite darse cuenta de que la gran mayoría percibe su actividad como un trabajo. No tienen baja autoestima, no se ven como víctimas y tampoco sienten que su trabajo sea indigno. (4) Si se sienten víctimas, no es por la actividad que ejercen sino por el estigma que las coloca en un lugar social de sometimiento, siendo este estigma, precisamente, el que da lugar a sentimientos ambivalentes hacia su trabajo.

Consideramos a la prostitución como un trabajo, una actividad que se puede ejercer de muchas y diferentes maneras. Pensamos que es muy importante distinguir entre aquellas que lo hacen obligadas por terceros de quienes lo hacen por una decisión individual. Aunque, obviamente, esa decisión esté condicionada por las circunstancias personales, como lo está todo lo que hacemos cualquiera en la vida. Para nosotros, la existencia de la prostitución tiene que ver, no solo con la situación de desigualdad de las mujeres respecto de los hombres, sino también con la pobreza, con las desigualdades Norte-Sur, con la sociedad mercantil, etc. Concebimos a las prostitutas dueñas de toda su dignidad y su capacidad para decidir sobre sí mismas y sobre sus condiciones de vida. Son, en definitiva, trabajadoras a las que se deberían reconocer los mismos derechos que tienen el resto de las trabajadoras. (5)

La ceguera epistemológica establece una dicotomía que coloca a las prostitutas en “otro” lugar, el de la transgresión de la norma, al mismo tiempo que afirma un “Nos” amputado, un “Nos” que no reconoce a las prostitutas como parte de la categoría mujeres, ni tampoco admite que haya prostitutas feministas. Un “Nos” portador de una sexualidad autorizada y que califica la transgresión de esa norma como “pecado patriarcal”.

Las trabajadoras sexuales feministas no se sienten avergonzadas de su trabajo. De hecho, se sienten muy orgullosas de no sentir vergüenza y de haber superado tabúes y perjuicios sexuales. No consideran que nadie deba decidir por ellas y sobre si su trabajo es opresivo, perjudicial o humillante. (6) Para mí, la prostitución nunca ha sido degradante porque siempre he creído que el sexo es algo positivo, ya sea hecho con amor o como un servicio. Cuando es algo que se hace consensuado es positivo. (7)

Así pues, el feminismo debe preguntarse sobre la forma en la que se reproduce la opresión; debe percibir la necesidad de integrar a las trabajadoras sexuales en el feminismo para que éste sea la suma de un proyecto emancipatorio donde tengan cabida todas las mujeres. En verdad, los derechos de las mujeres están inexorablemente ligados a los derechos de las trabajadoras sexuales, aunque solo sea porque el estigma de “puta” se usa para descalificar a cualquier mujer que manifiesta iniciativa sexual o económica.

A través del estigma se aísla a la prostituta y se crea una categoría, la de puta, que nos divide entre putas y no putas; asimismo, se aplica a aquellas que no entran en la categoría en sentido estricto, pero que pueden ser calificadas como tales por diversas razones: por el tipo de trabajo, por el color de su piel, por su clase social, por su sexualidad, por su orientación sexual, por una historia de abusos, por su estado matrimonial o, simplemente, por el estatuto de género. (8)

El reconocimiento del trabajo sexual como actividad profesional saca a las prostitutas del lugar “Otro” y las rescata para un “Nosotras” comprensivo y diverso. Disolver esta frontera permitirá la integración de las prostitutas en el movimiento feminista de la misma forma que obligará al feminismo a romper con la malla estrecha y conservadora de una moral que margina a las prostitutas del discurso y de la propuesta emancipatoria. De la disolución de la frontera entre las mujeres “buenas” (Nosotras) y las “malas” mujeres (las Otras) debe emerger un nuevo sujeto social diverso y polifónico.

¿Y si el género nos aprisionara?

Con frecuencia escuchamos caracterizar la prostitución como “el oficio más viejo del mundo”. Esta caracterización sugiere un fijismo histórico que nada tiene que ver con la realidad. Engels afirmaba que la familia no es una emanación divina sino un producto histórico que ha conocido diversas formas a lo largo de dos siglos. Lo que dice sobre la familia sería también valido para la prostitución.

A pesar de que la prostitución tiene forzosamente que tratar el aspecto de género, centrarse cuasi exclusivamente en él implica perder muchos elementos de una realidad contradictoria y de más complejidad. Por tanto, será necesario buscar en otros conocimientos y ampliar el horizonte de nuestra comprensión.

El papel y la representación social de las prostitutas ha variado a lo largo de las épocas: en la antigüedad era una actividad reconocida y sobre la que no pendía estigma de indignidad o victimización. Las Heteras tenían gran relevancia social y eran, incluso, las mujeres mejor instruidas en Grecia. Frecuentaban libremente el espacio público masculino, participaban en actividades reservadas a los hombres y eran formadas en escuelas donde aprendían literatura, filosofía y retórica. Aspasia, por ejemplo, fue una prostituta admirada por sus cualidades intelectuales.

La moral judeo-cristiana vino a imponer un control férreo sobre la sexualidad en general y sobre la prostitución en particular. Con la Reforma del siglo XVI, el puritanismo pasó a dictar normas sobre las costumbres y la moral. La acción conjunta de las Iglesias Católica y Protestante no acabó con la prostitución, pero la enterró bajo tierra condenándola a la clandestinidad. Fue con la llegada de la Revolución Industrial y el ascenso de la moral y de la familia burguesa, cuando la prostitución dibujó nuevos contornos.

Auguste Bebel, en 1879, afirmaba que a pesar de que la prostitución haya existido tanto en la Antigua Grecia y Roma como en el Feudalismo, es con el Capitalismo cuando se convierte en un fenómeno de masas. Incluso, presentaba datos para analizar la prostitución en términos de clase, explicando que la mayoría de las prostitutas lo eran debido a la pobreza y la necesidad, a pesar de existir una minoría que la practicaba por otras razones. “La prostitución se convierte en una institución social necesaria para la sociedad burguesa, como la policía, el ejército, la iglesia y la clase capitalista”. (9)

La división entre “mujer pública” y “mujer doméstica” es el resultado de la posición de sometimiento de las mujeres y una emanación de la familia burguesa que surgió del siglo XIX. El ideal burgués de familia implicaba esa dicotomía entre las mujeres: de un lado la esposa, mujer decente y virtuosa, sin sexualidad propia, sometida a un deber conyugal que no es recíproco, reina del hogar, de lo doméstico y de la maternidad legítima. Para los hombres, el complemento ideal de esta figura era la prostituta, su reverso: personificación del sexo –mujer viciosa- (…) y encarnación, si ese fuere el caso, de la maternidad ilegítima. En común, esas dos mujeres tienen el hecho de que ambas están al servicio del hombre. (10)

El matrimonio fue, durante mucho tiempo, contemplado como una relación económica de transmisión de propiedad y de tutela sobre las mujeres. Era un rito a través del cual estas pasaban de la tutela del padre a la del marido. La posición de las mujeres en este negocio era el de “socia minoritaria”: sin poder, sin voz y sin voto. El matrimonio no era la consumación de una relación de amor sino la respuesta a la necesidad de garantizar la propiedad y salvaguardar su trasmisión, imponiendo para ello reglas de moral y de conducta diferenciadas: la monogamia femenina como forma de control sobre la legitimidad de los hijos-herederos y la tolerancia hacia la poligamia masculina. El matrimonio garantiza “(…) el sustento económico y la protección dados por el hombre a cambio del sometimiento en todos los aspectos y la asistencia sexual y doméstica gratuita dada por la mujer” (11), o sea, garantiza el monopolio sexual del hombre sobre su esposa, considerada de su propiedad, asimilando esta relación contractual al servilismo entre señor/amo y siervo, donde la sometida es totalmente destituida y privada de derechos morales, sociales, sexuales, políticos y legales.

El matrimonio-negocio revela como era entendida la sexualidad femenina: mínima o inexistente, pura y marital. Las mujeres eran des-sexualizadas a favor del “hada del hogar” y de la procreadora. La prostitución es, por tanto, un territorio prohibido donde hay mujeres que practican y exploran su sexualidad; es el territorio de los placeres ilícitos: para ellas, que se transforman en seres sexuados, portadoras de deseo, y para ellos, que realizan sus inconfesables fantasías sexuales, sin poner en peligro su identidad social. La existencia de la prostitución representa, en última instancia, el reconocimiento cabal de la hipocresía y de la quiebra de la moral sexual burguesa.

Esta diversidad histórica y los discursos que surgirán, a través de la toma de palabra por parte de las prostitutas, muestran que la categoría de género, que ve en la prostitución una manifestación del dominio masculino sobre el cuerpo de las mujeres, es demasiado estrecha para comprender esta problemática en toda su complejidad. La opresión sexual no es la única interpretación posible de la prostitución. Las mujeres no solo tienen derecho a escoger libremente como usar de su cuerpo –sea interrumpiendo un embarazo no deseado, sea comercializando servicios sexuales- sino que también tienen derecho a reivindicar el placer o el sexo como una fuente de ingresos.

Desestabilizar la teoría

En el análisis de Engels, la prostitución es el resultado de la monogamia impuesta. Esta monogamia tiene una base económica y su finalidad es la transmisión de la propiedad y el mantenimiento del linaje. “La monogamia no aparece en la historia (…) como la reconciliación entre el hombre y la mujer y menos aún, como la forma más elevada de matrimonio. Al contrario, surge bajo la forma de esclavización de un sexo sobre otro, como la proclamación de un conflicto entre los sexos (…)”. (12)

En la sociedad socialista está, para Engels, la respuesta del futuro: Allí las relaciones serán libres y emanarán del “amor sexual individual” (13), basado en la reciprocidad y en la igualdad de derechos. Este “amor sexual individual”, que Engels generosamente anuncia como resultado de la liberación humana, no tiene, sin embargo, ningún respaldo histórico: no ha acontecido en los países de “socialismo real” ni en los países capitalistas que vivieron la segunda ola feminista. Así que, afirmar que el hombre nuevo y la mujer nueva que surgirán del socialismo, libres de los constreñimientos económicos impuestos por los matrimonios de raíz económica y liberados en todas sus expresiones sexuales, construirán una nueva sociedad donde la prostitución no tendrá cabida, y no porque sea reprimida sino porque no será necesaria, no deja de ser conmovedor y a la vez, pueril. Pero y sobre todo, no es bueno proyectar el problema hacia el futuro; debemos enfrentarlo ahora como es ahora y tener políticas concretas para personas concretas.

La imposición de la monogamia como relación autorizada explica, no solo la existencia y el papel social de la prostitución, como demuestra el que este precepto no sirve ni para los hombres ni para las mujeres: “Con la monogamia, aparecen dos figuras sociales constantes y características, hasta entonces desconocidas: el del inevitable amante de la mujer casada y el del marido cornudo. (…) El adulterio, prohibido y castigado rigurosamente, pero irreprimible, se convirtió en una institución social inevitable, junto con la monogamia y el heterismo”. (14)

Esta constatación parece autorizar la conclusión de que las sociedades conviven bien con la hipocresía que envuelve las relaciones monógamas, ya sean de raíz económica o se asienten en el más profundo “amor sexual individual”. Pero entonces, el problema de la prostitución no reside en que sean relaciones sexuales adúlteras, sino más bien en el hecho de que el sexo sea percibido como mercancía e intercambiado por dinero.

Del mismo modo que la mayoría de las transacciones en el capitalismo, la prostitución se basa en la compra-venta de mercancías o servicios. El sexo es pues convertido en una mercancía, en un bien de las mujeres. Como pregunta la prostituta Margot St. James, “¿Que parte del cuerpo es la que vende usted para pagar sus cuentas? ¿Sus dedos de mecanógrafa? ¿Su voz de telefonista? ¿El cerebro con el que piensa?…”. (16)

Como muchos servicios e industrias productivas capitalistas, la prostitución adopta formas muy diversas, teniendo las prostitutas relaciones diferentes con los medios de producción y con los compradores de servicios sexuales. Muchas ven en la prostitución placer, la vivencia y la manifestación de su sexualidad; muchas otras la contemplan como una fuente de ingresos más. Si unas se realizan profesionalmente, las otras preferirían ejercer alguna otra actividad. Algunas son trabajadoras por cuenta propia y otras asalariadas. Una expresión muy común dice que “las prostitutas venden sus cuerpos”. Sin embargo, como ellas explican, lo que venden son servicios sexuales, dado que, al final de la transacción su cuerpo no es propiedad del cliente.

Como explicó el propio Marx, “el propietario de la fuerza de trabajo debe venderla sólo por un periodo definido, puesto que si tratase de venderla (…) de una vez por todas, estaría vendiéndose él y se convertiría al hombre libre en esclavo, de propietario de una mercancía pasaría a ser, el mismo, mercancía”. (15) Una mercancía es, por lo tanto, el sexo o el servicio sexual y es el cliente quien paga un porcentaje a la trabajadora a través o no de la intermediación de un patrón. La mayor parte de ellas, trabajan de forma independiente, es decir: venden los servicios sexuales directamente. En su mayoría, son trabajadoras precarias y sin ninguna protección social. Sobre todas recae el estigma de la indignidad que las coloca al lado de la transgresión moral y se las desprecia como mujeres, fragilizando, en consecuencia, su posición, en la relación que establecen con los clientes. Sí, a veces, algunos clientes oprimen a las prostitutas, tratándolas de forma degradante y violenta, el Estado, al negarles la dignificación a través del reconocimiento de su trabajo y la protección laboral consecuente, lo hace sistemáticamente. (17) El reconocimiento del trabajo sexual es, en ese sentido, la respuesta más justa para la vida concreta de estas mujeres. Sin embargo, ¿puede ser considerado el trabajo sexual igual que los otros trabajos? Evidentemente que no, puesto que ningún otro trabajo es estigmatizado como la prostitución.

Una de las cuestiones que algunos sectores del feminismo y de la izquierda plantean es que, reconociendo derechos laborales a las prostitutas se está, implícitamente, reconociendo su actividad como legítima, cuando lo que se pretende es cuestionar el sistema patriarcal. Lejos de eso, lo que se pretende legitimar es a las mujeres, hasta ahora deslegitimadas por el trabajo que ejercen, y no al patriarcado.

La prostitución se confronta también con la organización social que prescribe comportamientos y protagonistas diferenciados para las esferas pública y privada (señalada como fuente de opresiones variadas. (18) La sexualidad femenina es, sin duda, un asunto de la esfera privada, del trabajo reproductivo. Ahora bien, si observamos la prostitución desde el punto de vista de las prostitutas y no desde el de sus clientes, percibimos que ellas atraviesan esa frontera: el sexo sale del espacio privado de la intimidad e invade el espacio público y el mercado. Juzgar ésta actividad como indigna sólo se entiende por la aplicación de una moralidad que se autoproclama como superior. Este escrutinio sobre la indignidad o dignidad de una profesión solo sucede con la prostitución. El hecho de ser mayoritariamente ejercida por mujeres y representar una vivencia y una experiencia sexual que escapan a los cánones de lo moralmente lícito, no parece que sea, desde luego, insignificante.

Aunque la creciente sexualización de la vida y de la cultura pudieran conllevar una mayor libertad en las costumbres de las sociedades actuales, sin embargo y paradójicamente, los discursos y los posicionamientos sobre la prostitución parecen anunciar precisamente lo contrario.

Luchar contra el estigma que la sociedad impone a las trabajadoras sexuales, reconociendo y legalizando su actividad es, en último análisis, desestabilizar la teoría y la idea de que existen “buenas” y “malas” mujeres en consonancia de cómo manifiesten su autonomía, sea sexual o profesionalmente. Es hora de dejar de “tirarle piedras a Geni” (*) porque ella no solo no está “hecha para aguantar” sino tampoco es solo “buena para escupirla”. (19)

Notas:

1. OSBORNE, Rachel (1989). Las Mujeres en la Encrucijada de la sexualidad. Barcelona: Lasal, Edicions de les Dones.

2. Cf. SPIVAK, Gayatri (1988). “Can the subaltern speak”. En NELSON, Cary e GROSSBERG, Lawrence (eds.), Marxism and the Interpretation of Culture. Londres: Macmillan.

3. OSBORNE, Rachel (1989). Las Mujeres en la Encrucijada de la sexualidad. Barcelona: Lasal, Edicions de les Dones.

4. OLIVEIRA, Alexandra (2011). Andar na Vida. Prostituição de Rua e Reação Social. Coimbra: Livraria Almedina.

5. Hetaira – Colectivo en Defensa de los Derechos de las Trabajadoras del sexo. Disponible en: http://www.colectivohetaira.org/web/

6. NICOLÁS, Gemma (2005). Planteamientos feministas entorno al Trabajo sexuales.

7. ALMODOVAR, Norma Jean (1993). Cop to Call Girl: Why I Left the LAPD to Make an Honest Living as a Beverly Hills Prostitute. Nova Iorque: Simon & Schuster.

8. OSBORNE, Raquel (2000). «En primera persona: las prostitutas, el nuevo sujeto de la prostitución». In Unidad y diversidad. Un debate sobre la identidad de género. Materiales para reflexión. Secretaría de la Mujer de la Federación de Enseñanza de CCOO..

9. BEBEL, August [2009 (1a ed.: 1879)]. Woman under Socialism. Disponível em: http://www.gutenberg.org/files/30646/30646-h/30646-h.ht

10. OSBORNE, Raquel (2000). “En primera persona: las prostitutas, el nuevo sujeto de la prostitución”. In Unidad y diversidad. Un debate sobre la identidad de género. Materiales para reflexión. Secretaría de la Mujer de la Federación de Enseñanza de CCOO.

11. PATEMAN, Carole, (1993). O Contrato Sexual. Rio de Janeiro: Paz e Terra.

12. Engels, Friedrich [1985 (1 ª ed: 1884.)]. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Río de Janeiro: La civilización brasileña. 13 – Ibid.

14. Ibid.

15. Marx, Karl (1887). El Capital, vol. 1, p. 88. Disponible en: http://libcom.org/files/Capital-Volume-I.pdf

16. ST. JAMES, Margot (1989). In PHETERSON, Gail (ed.), Vindication of the Rights of the Whores. Seattle: Seal Press.

17. MACHADO, Helena (2007). Moralizar para Identificar. Cenários da Investigação Judicial da Paternidade. Porto: Edições Afrontamento. En este libro, la autora concluye que la investigación judicial de la paternidad “es una interrelación compleja, híbrida y difusa entre el sistema de patriarcado, el poder judicial y científica” (p. 223). Las demandas son la expresión de un derecho absolutamente masculinizado y reafirma las desigualdades de género para operar por descalificación / o supresión de la dominación femenina, sobre todo cuando se trata de mujeres cuyas conductas sexual y reproductiva, no obedecen al marco jurídico y social ideal de la mujer (que debería ser fiel, casta y limitar su actividad al espacio privado).

18. Cf. FRASER, Nancy (1992). “Rethinking the public sphere: a contribution to the critique of actually existing democracy”, In CALHOUN, Craig (ed.), Habermas and the Public Sphere, Londres: MIT Press.

19. Buarque, Chico (1979). «Geni e o Zepelim«. En Opera do Malandro.

*(N.d.T: frase sacada del estribillo de la canción de Chico Buarque: “Geni e o zepelim”: “… joga pedra na Geni / joga pedra na Geni / ela é feita para apanhar / ela é boa de cuspir / ela dá para qualquer um maldita Geni…”)

* Andrea Peniche es miembro del comité de redacción de la revista portuguesa Virus, editada por el Bloco de Esquerda: http://www.esquerda.net/virus/ Traducción para www.sinpermiso.info: Lola Rivera.

http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2013020403

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Compromís anuncia que no apoyará la ordenanza de prostitución de Valencia

‘NO DÁ RESULTADO, LAS MAS PERJUDICADAS SON LAS MUJERES’

CONSOL CASTILLO, COMPROMÍS. F. ARC

CONSOL CASTILLO, COMPROMÍS. F. ARC

Compromís anuncia que no apoyará el proyecto de ordenanza que, todo parece indicar, ya ha sido pactada entre el PP y el PSOE, a espaldas del resto de grupos. Consol Castillo, concejala deCompromís, ha declarado que «ya sabíamos que el PP y el PSOE se ponen de acuerdo siempre en temas de Estado, como por ejemplo, en la reforma exprés de la Constitución para priorizar que se le pague la deuda a los bancos por encima del pago a las personas. En València dan un paso más y pactan una ordenanza contra la prostitución que, por lo que hemos podido leer en la prensa porque aún no nos la han hecho llegar, será una norma meramente punitiva».

Compromís considera que las normativas punitivas no son la solución para solucionar el tema de la prostitución. «Ya tenemos experiencias previas al respecto, en Barcelona y Madrid ya hace años que existen y no han dado ningún resultado. Las más perjudicadas serán las mujeres que ejercen la prostitución. Tanto PP y PSOE, con esta norma, las hará más vulnerablesporque deberán negociar el servicio sexual en condiciones escondidas y por tanto, la prostituta se verá más expuesta a agresiones o por ejemplo, no tendrá tanta capacidad de negociación para reclamar la uso del preservativo al cliente, de forma que estará más expuesta a infecciones de transmisión sexual», ha declarado la concejala de la formación valencianista, ecologista y de izquierdas.

Compromís vuelve a poner sobre la mesa sus propuestas para regular el uso del espacio público sin perjudicar ni a vecinos ni a prostitutas. En primer lugar, a través de su representante Sergi Campillo en la comisión especial que se creó y que por decisión unilateral del concejal Miquel Domínguez nunca se ha vuelto a convocar, se propuso la creación de una Mesa para la Convivencia en el barrio. «¿Cómo es posible que desde los despachos de los concejales del PP y PSOE se ponga sobre la mesa una norma para prohibir la prostitución sin ni siquiera haber contado con las personas que la ejercen?», ha añadido Castillo. Desde Compromís también propusimos que se iniciara una campaña contra el tráfico de drogas. En tercer lugar, propusimos un plan de reactivación económica del barrio que pasara por poner a disposición de emprendedores los bajos de AUMSA que ahora mismo están cerrados, como los de la plaza dels Triadors, junto al núcleo de prostitución callejera más fuerte. Y en cuarto lugar, un plan de reinserción sociolaboral de mujeres que quisieran dejar la prostitución. Todas estas propuestas fueron rechazadas por el PP.

A no ser que el PP y PSOE quieran convertir Velluters en un barrio policial no habrá manera de acabar con este problema. Y además, en el supuesto de que se consiguiera, lo único que pasaría es que las mujeres irán a otro lugar de la ciudad. Porque en realidad lo que se persigue no es que no haya prostitución, lo que se quiere con esta normativa es que las mujeres prostitutas desaparezcan de la vista, expulsarlas a polígonos industriales o en zonas semiurbanizadas. No se trata de defenderlas, como se dice hipócritamente. Se trata de expulsarlas, simple y llanamente. Desde Compromís apostamos por soluciones a medio y largo plazo que estén acordadas con los vecinos del barrio, las mujeres prostitutas y las ONG que trabajan con ellas. «No hay otra manera de solucionar una situación que, no lo olvidemos, tiene siglos de duración. Con una ordenanza punitiva no se solucionará nada, como ha ocurrido en Barcelona y Madrid», ha declarado para finalizar Consol Castillo.

http://www.informavalencia.com/noticias/ampliar/3281/compromis-anuncia-que-no-apoyara-la-ordenanza-de-prostitucion-

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La policía coloca controles para que las prostitutas no se extiendan por el centro de Valencia

Las meretrices se colocan cada vez más cerca de la plaza del Ayuntamiento, en las calles peatonales que rodean Velluters

La policía coloca controles para que las prostitutas no se extiendan por el centro

La calle Adressadors, ayer, una de las zonas donde son frecuentes los controles policiales :: JESÚS SIGNES

La futura ordenanza contra la prostitución callejera no será suficiente para acabar con esta lacra en el barrio de Velluters. Es más, el problema se ha extendido tanto en los últimos meses que la Policía Local ha tenido que colocar agentes en un perímetro más amplio, en dirección a la plaza del Ayuntamiento, para evitar que las meretrices se extiendan por el centro. Así, uno de los plantones, vehículo policial que permanece a todas horas en el mismo sitio, se encuentra en la calle Adressadors, donde se ha detectado este tipo de servicios sexuales pagados.

Fuentes municipales precisaron que el propósito es limitar el perjuicio que causa la prostitución, así como presionar a los clientes que acudan para ahuyentarlos. El mismo sistema se utiliza en otras zonas en el entorno de la avenida Barón de Cárcer, así como en los aledaños de la calle Viana, quizá la más significativa entre las denuncias vecinales.
Como publicó ayer LAS PROVINCIAS, el grupo popular y el socialista han pactado un borrador de ordenanza que será llevado al pleno, casi con seguridad en febrero. El concejal de Seguridad Ciudadana, Miquel Domínguez, y el portavoz del PSPV, Joan Calabuig, acordaron incidir en las multas a los clientes de las prostitutas, con sanciones que podrán llegar a 2.000 euros en los casos más graves.
Esto sucederá cuando los agente sorprendan la oferta, petición o realización de un servicio sexual pagado a menos de 200 metros de un colegio. El borrador sigue casi al pie de la letra la normativa marco de la Federación Española de Municipios y Provincias.
El pacto entre los dos grupos mayoritarios provocó ayer las primeras reacciones en el resto de formaciones. La concejala de Esquerra Unida Rosa Albert adelantó que no apoyarán la ordenanza contra la prostitución callejera «sin medidas de inserción sociolaboral» para las mujeres, según. La edil apuntó que defenderán una ordenanza que «vaya a la raíz del problema, que no es otro que luchar contra la trata con fines de explotación social».
La normativa que se ultima para llevar al pleno no incluye multas a las prostitutas, aunque fuera de la ordenanza sí que se precisa que podrán ser sancionadas en caso de que se produzca una desobediencia al agente de la Policía Local. Esto, como indicó el portavoz socialista, Joan Calabuig, no era motivo de negociación porque se encuentra ya vigente como norma.
Albert comento que la prostituta «ha de tener la consideración de víctima, ya que nosotros la entendemos como una forma de violencia de género». Por esto opinó que una ordenanza «elaborada desde la perspectiva de la seguridad ciudadana está abocada al fracaso y a empeorar las condiciones de vida de este colectivo».

http://www.lasprovincias.es/v/20130117/valencia/policia-coloca-controles-para-20130117.html

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«Se debe abrir un debate para regularizar la prostitución»

«Se debe abrir un debate para regularizar la prostitución»

La catedrática de Derecho Penal de la UPV participó ayer en un simposio sobre prostitución en el campus de Donostia

«Hay que distinguir entre la prostitución ejercida en libertad de la forzada»

«Como las prostitutas son una minoría no muy bien vista, quedan fuera de la agenda política»

Adela Asua, magistrada del Tribunal Constitucional y catedrática de Derecho Penal de la UPV, considera que se debe distinguir entre la prostitución realizada en el «ejercicio de la libertad» de la que supone una explotación para «abrir un debate sobre su regularización». Una actividad que, en la actualidad, se encuentra en un «limbo legal» en el Estado. Asua participó ayer en la facultad de Derecho de Donostia en el IV Simposio de la Red de Estudios de Género y Tradición Jurídica Romana, que abordó la prostitución en clave histórico-jurídica. El simposio continúa hoy en Bilbao.

– Se dice que la prostitución es una de las profesiones más antiguas del mundo. Si es tan antigua, ¿cómo es que no se ha regulado en la mayoría de los países?
– La prostitución es el oficio más antiguo del mundo, cierto, pero la prestación sexual con entrega de precio a lo largo de la historia ha tenido distintas manifestaciones. Por ejemplo, en el simposio, el profesor Jose Ángel Tamayo nos ha explicado cómo se concebía la prostitución como oficio sagrado en la época del Código de Hammurabi, en la antigua Mesopotamia. El precio se entregaba a los dioses. Era una prostitución con un estatus muy considerado. Frente a esta existe otra prostitución que sí se ha considerado como una maldición o que ha ido acompañada de estigma.
– ¿Pero por qué no se ha regulado en la mayoría de países?
– Se ha regulado históricamente multitud de veces. En el medievo, por ejemplo, la prostitución estuvo muy regulada respecto a dónde podía practicarse, que era fuera de la ciudad; qué signos distintivos portaban las prostitutas para que se les reconociera como, por ejemplo, unas sayas con picos amarillos que se vieran por debajo de la falda… De ahí viene el dicho ‘Tras los picos van los chicos’. Hoy en día está regulada en muchos países. Aquí hubo un proyecto de ley catalana para regularla como un trabajo, con derecho a la seguridad social. Pero la regulación depende de la conceptualización de qué es la prostitución.
– ¿A qué se refiere?
– Que es muy importante hacer distinciones. Por un lado, está la prestación de servicio sexual en el ejercicio de la libertad de la persona que los presta. Esta es una prostitución desarrollada con libertad en la que se ejerce la autonomía de la voluntad. Y aquí podemos discutir, porque para algunos es degradante. Todo lo demás está prohibido, es decir, aquella imposición forzada a personas para realizar actos sexuales contra su voluntad aprovechándose o abusando de su vulnerabilidad o su precariedad. Son cosas totalmente distintas. Todo aquello que vaya contra la dignidad de las personas y su libertad es algo prohibido. Ojalá no se llamara prostitución sino simplemente agresión sexual.
– ¿Cuál es la situación legal de la prostitución en el Estado?
– Dejando claro que hay una práctica prohibida en el Código Penal y que es delito, con el resto, en el que se ejerce la autonomía de la voluntad, nos encontramos en una no regulación. No está prohibido; está permitido pero queda fuera del campo del derecho. Por eso hay grupos de prostitutas que piden que se regule como actividad, que paguen sus impuestos, tengan cobertura sanitaria y seguridad social. Ese es el debate en estos momentos.
– ¿Hay un limbo legal?
– Sí, hay un limbo legal. Cuando algo no está bien regulado en derechos fundamentales se favorece que esa actividad esté próxima a la clandestinidad y se asocie y se confunda con otras prácticas que puedan estar en el ámbito penal. Es complejo porque en este campo confluyen muchos estereotipos, tópicos y estigmas sobre las personas que libremente ejercen la prostitución. La clave es diferenciar entre quienes lo practican libremente y quienes no.
– ¿Qué derechos tienen las personas que actualmente ejercen la prostitución en España?
– Laborales y sociales no tienen. Otra cosa es que aparezcan dadas de alta en la Seguridad Social como si fueran empleadas en un bar. Además, estas mujeres pueden estar dadas de alta de autónomas pero con otro nombre de actividad. Tienen que encubrir su verdadera actividad para poder estar registradas como personas que desempeñan un trabajo, ya sea como autónomas o por cuenta ajena.
– ¿Cree que se debería regular la prostitución en España?
– Para que se pueda regular creo que tiene que haber un debate. Tiene que calar en la opinión pública y en la mentalidad la idea de que el respeto a la dignidad de las personas, su libertad y su dignidad puede estar por encima de ciertos prejuicios. En todo caso, depende en qué términos se haga esa regulación, porque podría tratarse de una regulación que lo prohibiera.
– ¿Qué beneficios traería la regulación para las prostitutas?
– En la tutela de derechos sociales y sanitarios puede ser positivo. Lo que sería bueno es que se clarificara y se eliminaran ciertos prejuicios respecto a la forma de regulación. Se debe abrir un debate riguroso para clarificar el ejercicio autónomo de la libertad y la posibilidad de regularlo en esos casos distintos a los que se ataca a la libertad de la persona.
– ¿Qué inconvenientes tiene que siga sin regularizarse?
– Toda actividad que queda fuera de las reglas del derecho crea inseguridad y desprotección. Con una regulación se podría proteger, pero habría que ver cómo se hace. Todo lo que sea reconocer derechos laborales y sociales está bien pero tiene que ir en consonancia con un debate previo social y parlamentario.
– ¿Y cuál es la solución? ¿Seguir como hasta ahora o hacer algún tipo de regulación?
– El legislador y la opinión pública tiene que tomar posición. Pero si aquellos que tienen interés en que se regule no tienen ni fuerza, porque su voz no se oye, va a ser difícil conocer cuál es la posición de estas personas. El problema de toda actividad que se realiza en la opacidad es que es complicado conocer el alcance de sus problemas. El de la prostitución es un tema que crea debate y voces bruscas y airadas, por eso se elude el debate.
– Pero mientras tanto sigue habiendo personas que ejercen la prostitución sin derechos…
– Es una actividad que socialmente se ha considerado contraria a las buenas costumbres pero, por otro lado, también se cree que es una actividad que lesiona el prestigio de las mujeres o que reproduce estereotipos de sumisión sexual. Estamos en esa discusión, sobre la valoración social de si debe ser permitida o debe ser una actividad que tiene que quedar excluida.
– Si se regula, habrá voces que digan que se da carta legal a una profesión que denigra ala mujer…
– Incluso dentro de grupos feministas hay quienes piensan que sería legalizar tratos degradantes a la mujer. Otros grupos feministas, en cambio, creen que la degradación no está en el hecho de que se ofrezcan servicios sexuales con precio sino en la sumisión a una tercera persona sin libertad. La clave es la autonomía y la decisión libre. El legislador no toma una posición porque sabe que es un tema difícil. Y como al final el grupo de personas que están en la prostitución es una minoría no muy bien vista, quedan fuera de la agenda política.
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Informe exclusivo: así se mueve el mercado de la prostitución masculina en Cali

La prostitución masculina va en alza, aunque con tarifas más bajas que la femenina. Y no sólo atiende el mercado gay, sino el de hombres que le buscan ‘un amante’ a su esposa o novia.

Las mujeres que acceden a un servicio sexual masculino pagado, lo hacen casi siempre manipuladas por su propio cónyuge. Sin embargo, los terapeutas de pareja asocian el hecho con crisis de pareja.

Especial para El País.

Increíble, pero cierto. Los grandes clientes de la prostitución masculina no son ejecutivas solteras ni separadas solas ni viudas adineradas. Son los mismos hombres los que solicitan servicios sexuales de un acompañante masculino para sus esposas.

La mayoría de las llamadas provienen de maridos ávidos de aventura. “A mí me llaman las señoras a cotizar, pero cuando llega la hora de cuadrar el precio me dicen: ‘espere un momento le paso a mi marido’”, explica el Hombre X, un ‘agente de prepagos masculinos’ que aceptó contarle a El País la parte más oscura de este negocio, a cambio del anonimato.

Las solicitudes obedecen al deseo masculino de “cumplir una fantasía sexual o porque la pareja desea oxigenar la relación, darle un nuevo aire”, deduce el sujeto que hace los contactos entre los clientes y unos doce jóvenes que trabajan con él a cambio de un porcentaje del servicio.

“Las mujeres nunca piden un servicio por sí mismas, lo hacen más para complacer al marido o al novio; ellas son más reservadas, tímidas para esto, o seguro les da temor también estar a solas con un desconocido”, dice el dueño de un portal de Internet que mercadea servicios sexuales masculinos.

De hecho, el sexólogo Luis Alberto Montejo coincide en que estas mujeres por lo general son manipuladas por sus cónyuges y actúan presionadas por ellos.

“No es una conducta deseable por ellas, sino que ellos se vuelven muy obsesivos hasta llevarlas a aceptar y muchas terminan lamentándose después”, sostiene.

Eso sí, estos señores dejan muy claro cuándo desean que el servicio es para formar un trío, es decir, que el trabajador sexual interactúe con él y con su esposa, y cuándo no: “Conmigo, nada qué ver, sólo con ella”, le dicen al Hombre X, un individuo trigueño, de unos 33 años y unos 1,70 metros de estatura, mimetizado en jeans, camiseta y morral como cualquier universitario.

Montejo considera que no en todos, pero sí en muchos casos, esta tendencia se puede explicar a partir de un componente bisexual muy fuerte del esposo.
“Son hombres en los que el componente femenino es bastante alto”, dice.

La otra explicación al fenómeno es una conducta voyerista, en la que al hombre le gusta observar a su mujer con otro hombre. “He atendido casos de maridos que le piden a su señora que tenga relaciones sexuales con un hombre contratado para ello; a algunos les gusta ver directamente, otros no asisten y prefieren que les graben el video para después verlo solo o con ella y obtener placer sexual”, dice el especialista.

Ellos también suelen preguntar por el perfil del galán que les van a mandar: estatura, edad, color, aspecto físico, entre otras características.

“Lo que más exigen es que sea aseado y esté bien presentado, que sea discreto y bien hablado”, dice y desmiente mitos: “Eso de que sea musculoso está mandado a recoger; tampoco que los negros son los más solicitados, es mentira; al contrario, es más frecuente escuchar expresiones como ‘negro no, por favor’”, revela el Hombre X, que tiene en su grupo dos afrodescendientes.

Una de las condiciones al ser reclutado para ese trabajo es estar dispuesto a todo. “Uno tiene que estar preparado para enfrentar a todo tipo de personas; por ejemplo, tener claro si va a atender sólo a heterosexuales, sólo a homosexuales, o ambos”, dice un universitario que atiende solo encuentros con mujeres.

Sin embargo, muchos como él, si a las dos o tres semanas no les resulta ni una cita, llaman a su intermediario y le piden que los tenga en cuenta para servicios homosexuales porque necesitan dinero. “Luego los llamo para saber cómo les fue y me dicen que bien”, relata el Hombre X.

El psicoterapeuta Carlos Alberto Segura advierte que si bien la prostitución, sea masculina o femenina, tiene la causal económica, también tiene la motivación del placer. “Es una decisión personal optar por esa actividad”, dice.

Y la escasez de estudios sobre prostitución masculina, comparada con la abundancia de investigaciones sobre la prostitución femenina, la atribuye a que la actividad ha estado oculta por mucho tiempo, al perfil machista que todavía conserva el país, y sobre todo, al impacto social de la misma. “En la prostitución femenina, por lo general, hay mujeres con hijos y el rol de madre es más señalado cuando hay niños en abandono, que si ese abandono es del padre”, argumenta.

El negocio

El negocio de los hombres prostitutos siempre ha existido, solo que ahora es más visible y surge más, debido al desempleo que acosa a los jóvenes urgidos de dinero para suplir necesidades propias de su edad como la rumba, salir con la novia o con los amigos, acceder a las nuevas tecnologías, pagar la universidad o vestir bien.

Esa es la percepción de uno de los ‘chicos prepago’ al servicio del Hombre X. “La mayoría está entre los 20 y los 32 o 33 años y por lo general, son universitarios”, dice y aclara que sólo atiende domicilios, sean residenciales o en moteles.

El Hombre X acepta que cada vez hay más demanda de clientes que preguntan por un sitio especial para los encuentros. “Mucha gente quisiera una casa como las de damas, por privacidad o por seguridad, no quieren llevar a un extraño a su casa, ni que los vean entrar a un motel, si la relación es homosexual, o tener que dejar la autorización de que va una tercera persona para un trío”, explica el Hombre X. Por eso, su meta es abrir una casa para prestar servicios sexuales masculinos.

Él conoce el tema desde su infancia. Un tío suyo tenía una casa de citas de mujeres. Y su mejor amiga vivía de lo que le dejaba un reservado de damas. Allí fue mesero, servía el licor o coordinaba citas.

Hace tres años, al ver el creciente mercado de hombres que solicitaban hombres (homosexual), se independizó. Y ahora el negocio se ha extendido a los que solicitan hombres para atender a su esposa o novia.

Los jóvenes le llegan referenciados por otro que ya está en la red, y admite que rotan mucho, algunos no alcanzan a durar sino meses o hasta días. “No sé porqué a este trabajo lo llaman de la vida fácil, pero no es fácil, para nada. Muchos llegan porque necesitan, pero a los pocos días me llaman y me dicen que no trabajan más, que no aguantan”, afirma el Hombre X.

Lo curioso del mercadeo es que a los ‘prepago’ poco les gusta colgar su foto en los portales de Internet que crean los intermediarios para el que trabajan, a diferencia de las chicas ‘prepago’ que no tienen pudor en hacerlo. “Ellos son más penosos, dicen que la novia, que la casa, que la U, la oficina y prefieren no publicitar sus fotos, pero se exponen a que los devuelvan si un cliente los rechaza. Y me los han devuelto, pocas veces, pero ha ocurrido”, confiesa el Hombre X.

Por ello, él prefiere mandar la foto al ‘blackberry’ del cliente para que lo apruebe. Sino, lo manda sin compromiso y si no le gusta al solicitante, éste solo dice: ‘Gracias, no es lo que mi esposo o esposa está buscando’ o ‘no me pareció’ y algunos hasta les pagan lo del taxi.
Lo más importante es estar muy seguro de que va a responder a las peticiones del cliente. “En esto no se puede salir con que fui y no pude”, dice el universitario.

Para eso les hacen una entrevista en la que les preguntan si saben de qué se trata el trabajo, si lo han hecho antes y les dan unas recomendaciones generales como ser muy pulcros y cuidar la presentación personal, tener ropa interior bonita, ser atentos y capaces de sostener una conversación, sobre todo cuando sel cliente es una pareja porque se requiere un preámbulo para romper el hielo, y que sepan manejar la situación.

El mercado homo

Un día iba caminando por el parque Alameda cuando un hombre lo llamó. Con la curiosidad que le asiste a un joven a los 15 años, Samy se acercó. El hombre lo invitó a tomar o comer algo. El encuentro terminó en una habitación de un apartahotel de la ciudad.

“Yo fui por experimentar, pero cuando el hombre se despidió, me dejó dinero y pensé, ‘si esto es así, qué bueno’, desde entonces me quedó gustando”, confiesa Samy, un joven que se reconoce como gay.

El joven admite que ese hecho coincidió con la separación de sus padres, e influyó bastante en que tomara este camino. No había mucho dinero en casa, él estaba en bachillerato y vio que ese era el modo de ayudar a su mamá y a su hermano menor.

Fueron contactos esporádicos los que tuvo en ese entonces, pues era menor de edad y no estaba acostumbrado. Pero a los 17, los encuentros fueron aumentando. Cuando llegó a la mayoría de edad, trabajó en un sitio clandestino para homosexuales. Duró un mes porque no se gana lo mismo. “Uno tiene que ir todo el día hasta la noche. Sino resultan clientes, no gana nada, y si resultan, le descuentan el 40% para el dueño del negocio”, dice Samy.

Conoce personas que viven de comerciar con cuerpo ajeno. “Ellos tienen sus amigos y se los presentan a uno, le hacen los contactos y cobran su porcentaje”, dice. Buscando mejores ingresos, probó suerte en un establecimiento para hombres en Bogotá, pero le fue peor. Había que estar de planta disponible todo el tiempo y sino se presentaba, debía cancelar al dueño una multa equivalente a un servicio.

Entonces hace un año decidió ser independiente. “Acá (en Cali) se tiene la libertad de trabajar cuando uno quiere”, dice Samy. Así pudo empezar una carrera técnica de ingeniería de sistemas y tomar en alquiler un apartamento, donde presta sus servicios, cuando no hace domicilios.

¿Por qué no deja este oficio? “He mandado muchas hojas de vida, me llaman, me entrevistan, pero como que ese instituto donde estudié no era el mejor porque me preguntan cosas que jamás vi en toda la carrera, entonces no me contratan. Igual, he llevado hojas de vida a almacenes de cadena para cualquier otro empleo y tampoco me resulta. Mientras tanto, toca seguir así”, afirma este joven delgado, ojiclaro y de 1.68 metros de estatura.

Como los clientes los prefieren jóvenes, sus 19 años lo favorecen frente a la competencia que ya anda en los 23, 24 años. Y les encanta que Samy es versátil y descomplicado, no tiene problema en cambiar de rol, ser activo o pasivo en el encuentro.

No es gay de clóset

Samy visita a su familia cada ocho días. Su mamá y su hermano saben a qué se dedica, pero no lo juzgan. Es más, no los sorprendió cuando se los confesó. Ya se lo imaginaban.

Cuando le va bien, al término de una semana y sin trabajar todos los días, máximo cuatro servicios en un día, reúne $300.000 o $400.000. “Ella sabe de qué es ese dinero, pero dice que no se metan en su vida, que ella no se mete en la de nosotros y creo que por eso no me dice si lo que hago es bueno o malo, solo me dice que me cuide mucho”, cuenta.

La única vez que se sintió intimidado fue con un cliente que consumía drogas. “Hay gente que le gusta y pretende que uno lo haga, pero eso está en uno decidir si lo consume o no, y a mí no me gusta”.

Sin embargo, lo más difícil para Samy es no tener una relación sentimental estable: “Es lo que uno quisiera porque hace falta, pero no es fácil que lo acepten sabiendo lo que uno hace”.

http://www.elpais.com.co/elpais/cali/noticias/conozca-como-mueve-mercado-prostitucion-masculina

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Alberto Fernández es presidente del Grupo del PP en el Ayuntamiento de Barcelona multa a la prostitución.

ALBERTO FERNÁNDEZ
Día 02/08/2012 – 09.52h

El pasado 25 de julio el Pleno municipal del Ayuntamiento de Barcelona certificó que una de las propuestas exigidas por el PP durante años avanzaba como acuerdo de gobierno. La prostitución en la calle queda prohibida a partir del 1 de agosto, tras la modificación de la Ordenanza de Civismo (artículos 39 y 40), prohibiendo que se ofrezca, solicite, negocie o acepte cualquier servicio sexual retribuido en el espacio público. Era evidente que la Ordenanza de 2006 no había sido eficaz para evitar la prostitución en la calle, ya que este problema se ha ido agravando en el tiempo y degradando algunos barrios de Barcelona. Ahora el Ayuntamiento debe poner en marcha una doble actuación: una policial, para acabar con las mafias que mueven la prostitución, teniendo en cuenta que el 90% de estas mujeres están explotadas, y otra social, para dar respuesta a aquellas personas que practican la prostitución pero buscan otra alternativa en la vida.

También se tiene que considerar infractoras no sólo a las personas que ofrecen servicios sexuales retribuidos, sino a las que lo demandan. El acuerdo del PP con el gobierno municipal para prohibir la prostitución representa un acuerdo de gobierno: el veto permitirá que la Guardia Urbana ya no tenga que realizar un aviso previo ante un caso de prostitución en la calle, pasando de una prostitución hasta ahora autorizada con excepciones a una prohibición de la práctica sin excepciones y con agraventes con mayores sanciones. A partir de ahora, pedir y anunciar servicios sexuales en la vía pública estará sancionado con multas de entre 1.000 y 1.200 euros. Subirán hasta 1.200 y 1.500 si se da a menos de 200 metros de una escuela y si se mantienen relaciones sexuales retribuidas en la calle, será de 1.500 a 3.000.

También se multará a las trabajadoras sexuales, con cantidades menores, de entre 100 y 300 euros, y estas pueden evitar la multa si participan en cursos de ayuda de la Agencia para el Abordaje Integral del Trabajo Sexual .Esta medida termina con la problemática que el anterior gobierno municipal socialista no supo resolver con firmeza. Además ahora el PSC critica esta medida y la tacha de hipócrita. Cuando hace 20 años durante las Olimpiadas del 92, fueron los primeros en sacar la prostitución de las calles para vender una mejor imagen de la ciudad: cuestión de hipocresía.

Alberto Fernández es presidente del Grupo del PP en el Ayuntamiento de Barcelona.

http://www.abc.es/20120802/local-cataluna/abci-mejor-ordenanza-civismo-201208020952.html

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La Crisis incrementa la prostitución en España

Madrid, España. – Las prostitutas cargan sobre su espalda no solo con un estigma procedente de buena parte de la sociedad, sino que además son víctimas del limbo legal que existe sobre ellas a nivel estatal.

«El trabajo sexual no es indigno. Indignas son las situaciones en las que estamos. Tener que hacerlo en parques y coches porque no tenemos seguridad para ejercer nuestro trabajo», dice Alejandra, presidenta del primer sindicato de trabajadoras sexuales en España. Como señala Alejandra, se ha visto un mayor crecimiento de la prostitución en las estudiantes, muchas de las cuales se dedican a este antiguo oficio para pagar sus estudios. Todo ello, por la crisis en la que está sumido el país.

Jóvenes prostitutas en las calles de Madrid
Las organizaciones especializadas en la prostitución reconocen que la falta de exactitud en las cifras es alarmante. No hay estudios rigurosos y, según algunos analistas, los números que aparecen como oficiales están hinchados ostensiblemente.

«Si partimos de que la cifra real de mujeres son 50.000 o 80.000 tendríamos que hablar de cien mil servicios al día. Esas cifras de un millón de servicios al día o de 50 millones de euros diarios son cifras encadenadas que parten de una cifra original errónea que son las 300.000 o 400.000 prostitutas», afirma Josu Mezo, periodista especializado.

Mientras los prostíbulos, respaldados por la ley, son un negocio que continúa dando millones de euros al año, las trabajadoras y trabajadores sexuales carecen de legalidad en España. Su actividad no está regulada, pero tampoco está prohibida.

«Hay muchas mujeres que quieren introducirse en el mundo de la prostitución porque quieren una salida a la crisis»

En la calle, actualmente, un servicio sexual completo puede costar 20 euros. Según algunas meretrices, ellas cobran 3 veces menos que hace unos años porque el poder adquisitivo de los consumidores también ha descendido. No obstante, muchas reconocen que lo más difícil es la doble vida que llevan, trabajando por las mañanas en un lugar normal y corriente, y por las noches echándose a la calle. Antes la mayoría de los prostitutas procedían de otros países, pero con el tema de la crisis hay cada vez más españoles ofreciendo este servicio.

«Ahora hay muchas mujeres que quieren introducirse en el mundo de la prostitución porque quieren una salida a la crisis, pero lo que ha pasado es que ha caído la demanda y están cayendo los precios. Ya solo sirve para tapar agujeros, no para solucionarte la vida», dice una prostituta experimentada.

La prostitución tiene tantas aristas como problemas que surgen a su paso, pero quienes desde fuera intentan ayudar a estas personas aseguran que más que culpables, como las que quiere hacer sentir una parte de la sociedad, son cabezas de turco de un negocio de abundantes beneficios  y de transgresiones constantes de la ley.

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