En el interior de una escuela para prostitutas

 

Puta escuela II

Esta no es una escuela común. No es un lugar de los que escuchas hablar en las conversaciones sociales ni el tipo de curso que te recomiendan para salir de la monotonía. No es una clase para mojigatos ni tímidos. Esto es Aprosex, una ONG que realiza un curso para trabajadoras sexuales. 

Algunos la llaman la profesión más antigua del mundo. Es un trabajo del que todas las personas han oído hablar, al que muchos recurren para satisfacer sus necesidades físicas o emocionales y muchas otras lo ejercen, inicialmente, para solventar un problema económico. Sin embargo, la prostitución, a pesar de los grandes avances en derechos e igualdad de la mujer, no ha dejado de ser una profesión llena de estigmas. Para eso es esta universidad. Una de sus fundadoras habló con KienyKe.com.

“Mitos hay muchos, como que somos mujeres, adictas, alcohólicas, madres despreocupadas, que somos violadas y vejadas por nuestros clientes de forma sistemática. La realidad es que somos mujeres como usted, con nuestras familias, padres, madres, hermanas, hijas e hijos a los que llevamos y recogemos del colegio. No somos una raza extraña de mujeres, e incluso, lo más probable es que en su red más cercana de amigas o familiares, haya alguna trabajadora sexual que vive escondiendo cómo gana su dinero, por temor a ser juzgadas”, aseguró Paula VIP, una de las creadoras de este curso.

Esto precisamente es lo que busca Aprosex, luchar por los derechos y la reivindicación de las trabajadoras sexuales. Esta asociación fue creada en el año 2012 como la primera asociación gestionada por profesionales del sexo en España, entre ellos, gigolós, transexuales, lesbianas. 

Lea también: La historia de dos putas, una pobre y una rica

Durante los últimos cinco años se ha consolidado como el único colectivo en España que llevan a cabo un proyecto de estas características y que solo busca lo mismo que todos los colectivos de trabajadores del mundo: “Reclamamos nuestros derechos sociales, civiles y laborales, que a lo largo de la historia se nos viene negando por pura moralina. Las putas precisamos de los mismos derechos que el resto de mujeres. No queremos más, pero exigimos no tener ni uno menos”.

Un curso de estas características indudablemente ha de generar múltiples reacciones. Por un lado, las mujeres que se ven beneficiadas por el curso les han manifestado a las creadoras un alto grado de satisfacción no sólo porque les ha permitido adquirir conocimientos, sino también porque ha permitido generar una red de compañeras en las que pueden confiar; “Y eso siempre viene muy bien en este trabajo, que en muchos casos obliga a una soledad extrema, de nuevo, provocada por el estigma puta”.

Sin embargo, fuera del círculo de trabajadores sexuales, muchos otros se han opuesto con vehemencia. “Es evidente que los grupos abolicionistas han puesto el grito en el cielo”. El estigma las persigue, sin embargo, esto no es ni un límite ni un obstáculo para ellas “proteger y cuidar de nuestras compañeras es nuestra obligación, que se sientan seguras, fuertes, que actúen sin miedos y sin complejos, es nuestra prioridad”.

Partiendo de la primicia de que el trabajo sexual es igual a cualquier otra profesión, estas mujeres, prostitutas veteranas, han decidido compartir los conocimientos y estrategias que han aprendido con el tiempo y la experiencia. Para ellas, ser putas es un trabajo voluntario, que como cualquier otro, se puede aprender y mejorar.

Los cursos de Empoderamiento y Formación se dictan a las nuevas profesionales del sexo para que las mujeres y hombres que los tomen puedan trabajar de forma autónoma y, de esta forma, que sus ingresos les pertenezcan a ellos y no a un tercero; los temas que se abordan en la clase son amplios y variados: desde el estigma que alcanza a todas las mujeres que ejercen la prostitución, hasta cómo promocionarse en las redes sociales para obtener mayores rendimientos económicos.

Además: La prostituta intelectual

Según el temario del curso “Prostitución: Empoderamiento y Formación Básica para Nuevas Profesionales” publicado en la página web de Aprosex, los enfoques del curso son diez, y cuatro de ellos están enfocados en cuestionarse si están preparadas para ejercer este trabajo, mientras los demás buscan darles herramientas y trucos a las mujeres para poder ejercer esta labor: 1. ¿Por qué quiero dedicarme a la prostitución?; 2. Insistiendo…¿De verdad deseo ser prostituta?; 3. ¿Pensaste en los inconvenientes?; 4. Me siento preparada para ejercer esta profesión?; 5. Pequeños y no “tan pequeños” Trucos sobre Sexo; 6. Introducción al Estigma Puta y sus consecuencias anímicas; 7. La Profesionalización de las Trabajadoras del Sexo; 8. Fondos y Planes de Ahorro; 9. Hacienda y Seguridad Social; 10. Marketing para Trabajadoras Sexuales.

Los cursos tienen una duración de cuatro horas, se llevan a cabo los sábados y tienen un costo de 90 euros. Las clases se dan en grupos reducidos para permitirles a los participantes expresar sus dudas y necesidades y así adecuar la lección para ellos.

Aprosex

“Nuestra labor consiste, en gran parte, en formarlas en el aspecto de empoderamiento feminista, comprendiendo de este modo, que el poder lo ejerce siempre la trabajadora sexual y las pautas que debe seguir para evitar que el cliente intente una rebaja o que pretenda quedarse más tiempo del pagado”

Usualmente, las mujeres que deciden comenzar a ejercer como prostitutas se enfrentan a un panorama incierto: tienen que empezar un trabajo nuevo, en el que usualmente no pueden recurrir a ningún asesoramiento, no saben cómo deben actuar y se enfrentan a la desconfianza, temor, estigmas y  secretismo solas.

“Nuestras alumnas tienen mucho miedo a ser descubiertas por sus seres queridos, en primer lugar, y el segundo tema que más les preocupa es la seguridad. En cualquier caso, el acompañamiento es esencial y no termina cuando finaliza el curso, si no que se extiende en el tiempo para que las dudas y consultas que vayan surgiendo al comenzar el trabajo, puedan ir siendo resueltas desde la dirección de Aprosex”, dice VIP en diálogo con este medio. 

Sin embargo, este trabajo, además de las dudas y el miedo, también genera satisfacción. Sobre todo, al estar trabajando en lo que ellas decidieron de manera que no solo subsisten, sino también pueden llevar una vida digna, pagar sus facturas y alimentar a sus familias.

“No hay que ser de ninguna forma especial. Lo que sí es absolutamente necesario, es la formación específica, como en cualquier otra profesión. Porque esto es lo que somos, profesionales del sexo de pago”

Aprosex y Paula VIP defienden la dignidad de este trabajo. Afirman que la única diferencia que existe entre la prostitución y todos los demás trabajos es la moral “Se lleva a cabo un trabajo y se cobra por él. Fin del drama”. Según lo explica, las mujeres deciden qué servicios realizan y filtran los clientes que no les son gratos. Ellas deciden los tiempos y el precio. “Así que no es diferente de cualquier otro trabajo autónomo, a diferencia de que en el nuestro se cobra por adelantado. No hay impagos, algo muy habitual y poco castigado en España”.

Le  puede interesar:La prepago que inventa estudiar en Los Andes para ganar más plata

En España, el ejercicio de la prostitución no es ilegal, así que ellas pueden ejercerlo con tranquilidad. Sin embargo, se vulneran muchos derechos, como no tener baja por maternidad o que poder cobrar una baja si están enfermas. Paula VIP asegura que la moral de los políticos y las políticas no debería interferir en los derechos humanos, sociales, civiles y laborales de un colectivo de mujeres marcadas por el estigma de una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado, antes que legislar con sentido común, justicia y sabiduría. Sin embargo, hay casos de casos.

Los juicios y agresiones están presentes en la vida de estas mujeres constantemente. En la vida personal es difícil comunicarle a sus seres queridos cómo se ganan la vida, terminan inventando historias y mentiras para justificar el dinero que consiguen y el tiempo que le invierten. Se inventan una vida con la que tienen que cargar y revelar la verdad puede ser quitarse una cruz de encima o recibir un rechazo que las hiere profundamente.

Sin embargo, también aseguran que ser prostitutas ayuda a mejorar su vida: su situación económica mejora notablemente, son más independientes y disponen de más tiempo libre, regularizan sus pagos atrasados, pueden acceder a viviendas de alquiler o compra al poder darse de alta como trabajadoras autónomas. No existe ninguna diferencia con cualquier otra trabajadora; “a excepción del maldito estigma, ése que hace que deban mentir acerca de en qué trabajan, para que su círculo cercano no las juzguen, las intenten “salvar”, las discriminen o las avergüencen en público”.

Socialmente, hasta el mismo título que las caracteriza lo utilizan para insultar, pero a ellas no les importa.

“Somos putas, nos autodenominamos putas, porque puta es sólo una palabra. Quien la intenta usar como insulto, se encuentra al otro lado con una mujer que se reafirma como mujer disidente a la sociedad, con una luchadora por sus derechos y los de sus hermanas. Con una feminista convencida y valiente. Puta es una palabra sonora, radical, contundente que nos representa y nos honra”.

“Prostitutas y feministas”

Paula VIP solía ser contadora antes de darle otro rumbo a su vida. Lleva diez años trabajando como prostituta y tras todo este tiempo, no sólo afirma que le gusta su trabajo sino que también lo desarrolla “con mimo” hacía ella misma, sus clientes y compañeras.

Afirma que ser puta ha cambiado su vida a mejor: “He conocido a mujeres increíbles, empoderadas completamente que me han abierto los ojos en lo que al feminismo se refiere y puedo, desde mi posición de profesional del sexo, hacer mucho bien a otras compañeras menos empoderadas, a las novatas, a las que siempre trabajaron para terceras personas, a que por fin se queden con el 100% del dinero que ganan. Este trabajo me llevo a estudiar terapias sexuales, que es mi otra profesión y dejar definitivamente mi antiguo trabajo en contabilidad”.

Para ella, la prostitución es el trabajo donde el patriarcado tiene menos que decir. Ellas mandan y toman las decisiones mientras el cliente asiente y paga; “Así es como las putas han trabajado  a lo largo de toda la historia”. El referente social y cultural de las putas son las cortesanas y hetairas; ellas, como profesionales, dicen declararse muy por encima del sometimiento masculino. “Ellos saben quién manda”.

En su opinión, la institución que mejor vela por el patriarcado es el matrimonio, mientras que la trabajadora sexual define que desea hacer, cobra por adelantado y los pacta por adelantado, “despojamos al hombre de ropa, lo dejamos reducido a su mínima expresión y le instamos a irse cuando pasó el tiempo acordado”.

“Las putas somos feministas en defensa propia contra los grupos abolicionistas a los que tanto les molesta que nos ganemos la vida. Obviando que nosotras deberíamos tener todos y cada uno de los derechos que ellas ostentan y que a nosotras, nos deniegan sistemáticamente”. Además, cuestionan que tan feministas pueden ser quienes las critican y arremeten entre ellas en vez de luchar a su lado para mejorar sus condiciones laborales.

Finalmente, sobre cómo esta profesión ha cambiado su vida y la de las mujeres que la ejercen, sobre como su vida ha evolucionado, afirma: “Ya no somos tan “normales”, ya nos desprendimos de las casposas reminiscencias que la sociedad nos hace creer si ejercemos trabajo sexual. Somos más fuertes que antes, somos mujeres libres, feministas, compañeras en la lucha, madres, hijas, hermanas.

Tal vez seamos menos “normales” porque las abolicionistas nos han hecho crecernos ante la adversidad de sus críticas feroces, de sus moralinas de tercera regional, de su concepción de una sexualidad monógama y concéntrica, de un mito del amor romántico enfermizo y que refuerza la figura del macho sobre una mujer dominada”.

http://www.kienyke.com/historias/prostitutas-feministas-y-una-escuela/

Share

Nuevo diccionario de la sexualidad

Foto: fotograma de ‘Kiki, el amor se hace’

  • CARLOS ALCELAY

Se precisa más talento para tener sexo que para dirigir ejércitos”. Esta afirmación de la escritora Ninon de Lenclos es compartida por cualquier experto en asuntos de cama. La sexualidad vive de la imaginación mucho más que de los genitales, por eso puede asegurarse que en este universo de lo erótico siempre hay margen para la inventiva. Lo prueban algunas prácticas de moda, para gustos variados, con las que hemos elaborado el nuevo diccionario de la sexualidad.

  • Abdorgasmos. Algunas mujeres tiene la asombrosa cualidad de alcanzar el clima sexual haciendo ejercicio (bicicleta, yoga, pesas…). Según un estudio realizado por la investigadora de la Universidad de Indiana Debby Herbenick, al menos un 5% de la población femenina ha logrado alguna vez hacer que el deporte sea realmente apasionante.
  • ‘Chemsex’. Se buscan experiencias más intensas y prolongadas utilizando drogas de diseño (mefedrona, cristal, GHB…) que reducen las inhibiciones e incrementan la satisfacción. El término empezó como una definición de las fiestas homosexuales non-stop, aunque ya se ha hecho extensivo a encuentros ‘heteros’ múltiples. Los riesgos son graves: adicciones, daños cognitivos, más probabilidad de infecciones…
  • ‘Cuckholding’. El placer llega rompiendo tabúes masculinos, y cuál mayor que compartir a su pareja. El juego consiste en observar cómo ella disfruta con otro.
  • ‘Dogging’. La práctica de tener sexo en lugares públicos y ser observados se globaliza. Las redes sociales han mejorado la experiencia al facilitar encuentros con desconocidos tanto para que sean la parte activa como para ser el mirón.
  • ‘King Out’. Es un regreso a los primeros encuentros sexuales de la adolescencia, cuando los besos, el roce y las caricias conducían al orgasmo sin existir penetración. Ahora esa emoción ansiosa puede servir para recuperar la pasión en las relaciones largas.
  • ‘Kabe-don’. El término japonés procede del manga y describe una imagen: la mujer apoyada contra una pared, indefensa, frente al hombre que la controla. Una fantasía de dominación que provoca, dicen, una gran tensión sexual y que suele concluir en esa misma posición.
  • El muelle. Parece que se ha convertido en un peligroso juego de adolescentes. Varios chicos se sientan en sillas formando un círculo y las chicas se van colocando sobre ellos, forzando la penetración y cambiando de pareja cada 30 segundos. Pierde el primero que eyacula.
  • Poliamor ‘kink’. Al igual que los ‘poliamorosos’ defienden que los sentimientos no tienen por qué ser exclusivos, los ‘kinks’ sostienen que es imposible que una sola pareja pueda satisfacer todas nuestras fantasías. Se trata de seleccionar una para cada experiencia: de la más clásica a los intercambios, el fetichismo, el voyerismo…
  • ‘Sexetarianos’. Se puede ser vegetariano o vegano también en la cama. Quienes lo hacen tan solo mantienen relaciones con otras personas que sigan su misma dieta ya que los omnívoros pueden transmitirles sustancias animales a través de los fluidos. Además, aseguran que esas parejas son mucho más vigorosas y mejores amantes.
  • ‘Sexting’. El whatsapp puede ser una fuente inesperada de placer si eres lo bastante ingenioso para mandar comentarios, imágenes y archivos de audio que exciten a tu pareja. Puede servir de prólogo o dar lugar a un agradable desenlace.
  • ‘Teledildonic’. La conectividad tecnológica ha dado nuevas posibilidades a los vibradores, que ahora pueden activarse a distancia. Él lo controla y ella lo disfruta a veces en situaciones comprometidas (el trabajo, una comida…), lo que alimenta el morbo.
Share

Así pensaban los arquitectos del sexo

El burdel que imaginó el marqués de Sade, la comuna en que se inspiraron los hippies… Una exposición en Barcelone reflexiona sobre la arquitectura del sexo desde el siglo XVIII.

  • Ignacio Vidal-Folch

Un día José María Valverde -profesor, poeta, intelectual- nos dijo en la universidad: «El hombre no tiene solución. Está condenado, porque se le ofreció una arquitectura a su medida y la rechazó». ¿A qué arquitectura se refería? ¿Qué estilo nos hubiera podido redimir? No me atreví a preguntárselo.

Quizá se refería al racionalismo, que considera el ornato poco menos que delictivo; el racionalismo, donde todos los elementos están pensados atendiendo a la más depurada funcionalidad.

En su libro sobre la Viena del fin del Imperio, Valverde dedicó unas páginas a Adolf Loos, que sostenía que menos es más y cuyo edificio-manifiesto en la Michaelplatz de Viena, delante del palacio del Hofburg, disgustaba tanto al emperador Francisco José que mandó mantener siempre cerradas las persianas de las ventanas de palacio que daban a la desnuda casa de Loos.

Pero ni el más severo racionalista está exento de pasiones. El mismo Loos era una persona con una peculiar sensualidad. La exposición 1.000 metros cuadrados de deseo. Arquitectura y sexualidad, que despliega en el CCCB de Barcelona un muestrario de espacios pensados para el goce a lo largo de los últimos tres siglos, documenta dos obras de Loos bajo el signo de lo erótico. Una, la casa parisiense pensada para la diosa de ébano Josephine Baker, con una piscina dispuesta con tal arte que los huéspedes o visitantes pudieran observar desde todas partes las evoluciones en el agua de la bailarina negra, a la que por otra parte no le costaba nada desnudarse en público. La otra pieza es el dormitorio que Loos diseñó para su esposa Lina, forrado todo él (suelo, techo, paredes y cama) con piel peluda, como un estuche para la preciosa joya: Lina.

Los 1.000 metros cuadrados de deseo de la exposición abundan en piezas como éstas e invitan a pensar en cómo el espacio construido condiciona el deseo y cuánto, en ese deseo, está socialmente inducido y cuánto es íntimo y espontáneo.

Hay un área donde se representan las petites maisons (casitas), los pabellones para el placer de los aristócratas franceses del siglo XVIII, y se puede consultar la copiosa literatura libertina de la época sobre este tema. Ficciones como Point de landemain (Sin mañana) de Vivant Denon; El sofá, de Crébillon; o La petite maison, de Jean-François de Bastide, en colaboración con el teórico de la arquitectura Jacques-François Blondel, que cuenta un desafío amoroso en el que la casita, sus formas, perfumes y volúmenes, se constituye en herramienta irresistible para la persuasión erótica de una joven que se resistía a caer.

Otras salas muestran las casas de placer o burdeles racionalizados, higienizados, pensados para la práctica de una sexualidad comercial sin riesgos para la salud de clientes y prostitutas (como el Partenion, el burdel estatal del escritor Restif de La Bretonne) y el burdel ideal cuyos salones públicos y privados, rituales y ceremonias, imaginó hasta el último detalle, y dibujó, el marqués de Sade.

Las comisarias -Rosa Ferré, jefa de exposiciones del CCCB, y la arquitecta belga Adélaïde de Caters- se han propuesto invitar al visitante de la exposición a que piense «en cómo vivimos la sexualidad y qué espacio y qué tiempo le dedicamos a nuestro deseo». Entre obras de arte, ediciones, instalaciones, maquetas y espacios reconstruidos que con su inesperada, fulgurante contigüidad establecen vínculos por encima de los siglos y sugieren parentescos inesperados, destacan las ciudades utópicas que postuló Charles Fourier.

Fourier (Besançon, 1772- París, 1837) creyó descubrir que existe una Ley de la Atracción Pasional: un fluido o energía erótica que conecta la totalidad del universo y las pasiones humanas. Desdeñando instituciones como el matrimonio, la familia y el orden laboral jerárquico imperante, propuso un minucioso programa alternativo de desarrollo económico y transformación social que se basaba en el reconocimiento de todas las pasiones individuales -salvo que fueran dañinas para el prójimo- y su satisfacción total: planificó con el máximo rigor los falansterios: ciudades que eran paraísos sexuales para la realización de sus habitantes.

Estaba convencido de que la transformación social sólo era posible mediante la arquitectura, de forma que diseñó hasta el último detalle el funcionamiento de sus falansterios: ciudades de explotación agraria e industrial cuyas comunidades trabajan y se divierten, se reúnen y conviven según los gustos naturales o manías de cada miembro, y todos son gobernados por el Deseo, tanto en el trabajo como en el placer, cuyos límites se difuminan y confunden.

Su propuesta fue recibida como un disparate o en el mejor de los casos como una utopía, y como tal quedó hasta los años 60 del siglo XX, cuando el movimiento hippie, en busca de modelos alternativos de convivencia, rescató algunas de sus ideas para regir las comunas.

La exposición habla de éstas y de otras proyecciones del ideal fourierista, por ejemplo en la arquitectura radical de los años 60 y 70 (Ettore Sottsass, los grupos Archigram y Superstudio, etc) y en la enorme instalación que reproduce el Centro de Entretenimientos Sexuales -espacio hecho de sexo, voltios, esculturas cinéticas que bailan y perfume- que diseñó el visionario miembro del movimiento de arquitectura radical francesa Nicolas Schöffer para su utópica ciudad Ville Cybernétique.

Yo salí de la visita recordando a Valverde. Me hubiera gustado preguntarle qué pensaba de Fourier, si era un extravagante, si su arquitectura estaba a la altura del hombre. Me hubiera gustado visitar esta exposición con aquel sabio y preguntarle muchas más cosas.

http://www.elmundo.es/papel/sexo/2017/01/16/587ca294e5fdea53698b4601.html

Share

Dyon, asistente sexual de discapacitadas

Una embolia le cambió la vida, y por eso ahora su labor es dar placer sexual.

“Algunas discapacitadas han llegado a pagarme con poemas”

“Tenemos fases. Hay un ‘café de expectativas’… marcamos los límites. Es cuando decide si desea penetración”

 Dyon en su casa de El Born (Barcelona) JORDI SOTERAS
  • MARTÍN MUCHA

Dimitri abre los ojos y mira aquellos cuerpos, por primera vez, sin compasión. “Nunca”. Lo hace con curiosidad. Queriendo descubrir una anatomía distinta, especial. Almas que desean ser tocadas por primera vez. Son María, Inmaculada, Carmen, Teresa… Ellas se han pasado media vida sin experimentar la caricia erótica de un hombre. Dimitri Zorzos, cuando ejerce Dyon Baco, es el primer asistente sexual de discapacitadas de España. Con 37 años, lleva desde el año 2011 aprendiendo para este puesto. Desvela su nombre real. Da la cara. “No tengo nada que esconder. Si tengo que mostrarme y luchar por esta causa, lo haré”. Lo hace por normalizar la figura del asistente sexual. De su trabajo. Dimitri es hombre de mirada abierta. De apenas parpadear.

Dimitri nació en Atenas en 1979. “A los 15 años mi vida cambió. Leí el reportaje de una asistenta sexual en Francia y me dije, “si fuera mujer lo haría”. Y me quedé con la idea desde entonces”. Muchas cosas cambiaron en su vida. Su familia tenía una imprenta y a eso se dedicó durante un tiempo. Así, entre planchas y tinta, decidió que nada de eso era lo suyo. “Fui detrás de una chica que vivía en Barcelona. Esa fue la excusa para dejarlo todo y cambiar”.

Lo que hizo después fue cambiar vidas. Un testimonio. La primera experiencia con una discapacitada fue así. Lo cuenta ella:

“Llego. Me bajan del tren con la plataforma para sillas de ruedas y, como siempre, alucinan cuando les digo que no me espera nadie y que me voy para el metro. Estoy muy muy nerviosa. Tengo una sesión con Dyon. No tengo claro en qué va a consistir, aunque parece que mi cuerpo intuye algo… o quizá sólo incertidumbre. Contacté con él hace año y medio a través de una mujer a la que acudí en busca de asistentes sexuales para personas con discapacidad. Ella me dijo que no conocía a ninguno -sí a asistentes mujeres- pero me dio el Facebook de Dyon…”

-¿Necesitas ayuda para desvestirte? -me preguntó.

-No.

-Ok, pues toma este pareo para ponerte luego.

-¿Me dejo la braguita o algo?

-No -me dice su voz y mirada dulce, y sale de la habitación…

“Me pregunta si he tenido relaciones sexuales y me indica brevemente que cualquier cosa que me incomode, se lo diga... Mantén los ojos cerrados. Comenzamos. Respiramos… No es una herramienta para mí. Y me indica que me tumbe. Masaje boca arriba, boca abajo… El pareo iba y venía… Con el aceite al fin silencio. Sensaciones. Placer. Y me dejo llevar. Abro los ojos, comienzo a acariciarle. Tanteando. Tímida a la vez que atrevida. Sin pensar. Sólo sintiendo. Poco después llega el masaje genital… Jamás había experimentado algo así. Y nos envuelve el respeto. Nos sobrepasa… De repente otro “cierra los ojos”. Suspiro. Me acuna la paz. Nos sentamos y él me habla. Yo apenas puedo articular. Me dice que tengo suerte de poder disfrutar así de la sexualidad porque mucha gente sin “discapacidad” no puede. Me dice que soy bella. Me dice que tengo una parte muy primitiva. Lo noto y me noto con una alegría desbordante. Estoy eufórica. No recuerdo semejante descarga de endorfinas. Mi silla corre y corre por la gran ciudad. Y yo lloro y lloro por la gran ciudad”.

Este es el relato de la primera vez que Dyon/Dimitri cambió la vida de una chica discapacitada. En sus propias palabras. Ocurrió en 2010. Para ella fue volver a sentir. O sentir por vez primera. Un descubrimiento. Lo fue también para el propio Dimitri en todos los sentidos. De eso se trata esto, de sentir. Él llegó a la Ciudad Condal en 2004. “A buscarme la vida, aprender el idioma, ni siquiera me quedé con quien vine a buscar. Ella se asustó. Tenía ahorros y seguí”. Fue cocinero en un par de locales, uno de ellos llamado La Llorona, hasta mayo de 2006. Ese mismo año pasó a trabajar en Citibank. “Como especialista en prevención de fraudes de tarjetas de crédito. Hasta eso hice”, cuenta al reportero. Todo iba en una dirección. Hasta que le ocurrió una tragedia. De esas aleccionadoras.

-¿Qué sucedió?

-En un momento en 2007, me dio una embolia, en el hemisferio derecho del cerebro. La mitad del cuerpo, mi lado izquierdo, se quedó paralizado. Perdí el control del movimiento. Me convertí en hemipléjico.

-¿Cuánto tiempo?

-Por dos meses.

-¿Aprendió?

-Conocí la frustración. Lo fácil que es perderlo todo. Ni siquiera beber agua. No tenía equilibrio. Tuve que reeducarme de cero.

-Convivió con otros discapacitados. ¿Fue su primera relación cercana con ellos? ¿conocer su carencia de sexo?

-En mi barrio había un hombre que tenía discapacidad. Pero me sorprendía que le trataban como a un niño. Yo lo veía como adulto. Le habían salido hasta canas y le trataban como si fuera pequeño. Me era incomprensible.

-A los 15 años leyó un escrito que descubrió su vocación…

-Era un texto sobre una asistenta sexual francesa que lo hacía para pagar sus estudios. Me emocionó. Decía que no era sólo una prueba para los que piden el servicio, también ella descubría, con cuerpos diferentes, otras sensibilidades… Supe que lo que hacemos traspasa los límites del derecho humano.

Un año después de que Crónica realizara la entrevista con Montse Neira, la primera asistente sexual de discapacitados en España, en 2010, Dimitri se unió a un equipo que quería crear un grupo que siguiera los pasos de la precursora de esta clase de servicios. “Lo lideraba la sexóloga argentina Silvina Peirano, así comencé. Había varias chicas. Pero yo fui el primer hombre de ese grupo, después llegaron otros que se unían y lo dejaban. No es nada sencillo”. Así nació Dyon Baco, su alter ego.

Con ese pseudónimo, no con su nombre real, aparece en el magnífico documental Jo també vull sexe!, del programa Sense Ficció de TV3, estrenado semanas atrás y firmado por Montse Armengou y Ricard Belis, sobre la realidad de este tipo de asistencia en nuestro país. En este aparece Inmaculada Hernández. En silla de ruedas. Luce una camiseta en la que se lee Rock Chic. Tiene el pelo rubio, corto, está radiante. Recorren el viaje en tren con ella hasta que se encuentra con Dyon. Su llegada al hotel. Él besándole los pies. Cargándola y ella acurrucada en su hombro. Más besos. Ahora en la boca.

“Esto es como cuando vas al médico para que te arregle la boca. Pagas. Yo tengo que pagar para que toquen mi cuerpo. Le pago a alguien que me lo toca de maravilla“, dice a cámara Inmaculada. “Con 40 años me pagaron un gigoló mis amigos y no tiene nada que ver. Te folla, se viste y se va. Es distinto”, lo dice orgullosa de su decisión. Del cambio que significó la llegada de Dimitri en su vida.

Para el griego también lo fue. Completa la historia, lo que no se ve en pantalla. “Lleva tiempo esa transformación. La tenías que ver antes. La primera vez me asusté mucho. Ella llevaba el pelo gris. Ella era muy gris. Sin color. Me ha dicho que sus informes médicos incluso han mejorado. En una revisión, el doctor, tras comenzar los acompañamientos, le quitó tres fármacos. Ella no podía aguantar las lágrimas”.

“¡Tengo ganas de vivir!”, soltó Inmaculada, quien padece una parálisis cerebral de nacimiento. Ya en los 50, ella vive en una residencia sola, en Girona. “Ella misma consigue un hotel, casi siempre al lado de la estación de tren donde nos encontramos. Es parte de todo lo que aprenden. A ser independientes, a currárselo”, comenta Dyon. “El paso siguiente es que aprendan a enamorar y que se quieran”.

-¿Hay un proceso definido entonces?

-Tenemos fases. Hay un café de expectativas. Donde conversamos, nos conocemos, marcamos los límites. Es el momento en que se decide si, por ejemplo, desea una penetración. Y el otro dice sí o no. Así el día del encuentro lo tenemos pactado. Conversamos y dejamos claro que esto no es para enamorarse. Esto se hace muy detenidamente. Buscamos que tenga la misma seriedad que con un psicólogo o con un fisioterapeuta. La idea es que podemos tratar su sexualidad. Lo que en la práctica les da la libertad. Ellas, la mayoría de las veces, sólo quieren que las traten como adultos.

Para Dimitri Zorzos todo ha sido un largo proceso también hasta volcarse en exclusiva a asistente sexual. Después de la parálisis, se dedicó al masaje tántrico. Ha sido camarero, guía en excursiones turísticas, hasta conductor de bicitaxis… Ha ido y vuelto entre Barcelona y Santorini, la isla donde nacieron sus padres, hasta decidirse a radicar en España. “Ahora con un proyecto relacionado con la asistencia sexual terapeútica en Valencia también”. Se muda allí para llevar a cabo un nuevo proyecto: Sexualidad Funcional, donde -entre otras cosas- va a contar sus experiencias y preparar a otros asistentes.

Su caso pone sobre la mesa la asistencia sexual. Ya se ha avanzado en el terreno masculino. Menos en el femenino. Y eso que las mujeres son el 60% de la población con discapacidad en España, que se estima en casi cuatro millones, según el Observatorio Estatal de la Discapacidad. Por ende, son 2,4 millones. “No hay datos oficiales de cuántas de ellas requieren este servicio porque es imposible saber cuántas pueden necesitar asistencia sexual”, aseguran fuentes del sector de la discapacidad. Lo cierto es que se puede hablar de decenas de miles. Dimitri aspira a que cualquiera de ellas pueda acceder a su ayuda. Y deja claro: “Yo no soy un gigoló, soy un trabajador sexual”.

-¿Cuánto cobra?

-Son 75 euros. Cierto tipo de experiencias más extensas pueden alcanzar los 200. Pero dada la situación económica y si no tienen capacidad financiera, puedo aceptar que me paguen una parte en metálico y otra con un intercambio. Ellas pueden pensar y ser creativas. Sé que es una necesidad. Y yo soy muy comprensivo. Han llegado a pagarme con poemas.

Como éste: “Aguas extensas y verdes/ Dos más dos son cuatro./ Uno más uno son dos./ Me he hecho una mujer en tu gran océano donde nado libre y amorosamente./ He crecido por nacer en tus aguas donde juego y vivo un recreo feliz./ Mi Farol, mi puerto, mi cobijo./ Mis momentos de reír./ Hay motivos para loas./ Yo siempre era un café./ Ahora que me has endulzado, creo tener un por qué…”.

En total, unos ocho servicios al mes. Completa sus ingresos con terapias, masajes y talleres. “No se puede vivir solamente de los acompañamientos. A los acompañantes que formo procuro enseñarles que tengan otras fuentes de ingreso. No queremos que sea así para no crear dependencia económica”.

-¿Corta alguna vez la relación con sus clientas?

-Cuando siento que están intentando ligar conmigo. Trato por eso de que los acompañamientos sean espaciados. No más de dos veces al mes.

-¿El peor momento?

-Me pasó con una chavala que era joven: 28 años. No tenía experiencias. Quería encuentros cada vez más a menudo. Le dije que a lo mejor necesitaba otro acompañante… Ella se lo tomó mal. Me tiró los billetes en la cara como diciéndome “esto es lo único que te interesa”. Me afectó mucho.

-¿Alguna vez ha fallado en su misión amatoria? Puede ser muy hiriente…

-No todo es penetración. Sabemos que el miembro tiene vida propia. Pero hay más factores. Y no todo es la genitalidad. Aunque con mi experiencia, con disciplina tántrica, puedo mantener la erección con control mental, no intento hacerlo así mucho. Quiero que salga naturalmente. Lo otro sería mentir.

-¿Se ha sentido encandilado por alguien siendo asistente sexual?

-Hay una persona. Es un caso diferente. En la mayoría de los casos, yo enseño, descubro la sexualidad de ellas. Esta es una mujer bellísima e interesante de unos 40 ahora. Padece una enfermedad degenerativa. Ella ha vivido una vida normal, ha tenido relaciones. Puede hoy ir a una disco y ligar sin problema. Va perdiendo el movimiento y el habla, pero sigue siendo muy atractiva. Y me ha elegido a mí para su proceso. “Hasta que la muerte nos separe”, me ha dicho.

[Dimitri hace una pausa. Parece tragar saliva. Comenta que ya hay dos o tres parejas constituidas entre asistentes sexuales y quienes requerían sus servicios. Hay un matrimonio incluso].

-¿Se ha podido enamorar de ella?

-Sí.

http://www.elmundo.es/cronica/2017/01/13/5870da06e2704e8f6c8b457a.html

Share

Qué le pasa a tu cuerpo si dejas de tener sexo

  • Tener sexo una o dos veces a la semana aumenta un 30% los niveles de inmunoglobulina, según un estudio

Qué le pasa a tu cuerpo si dejas de tener sexo

Se acabó el sexo. Porque finalizó la relación, porque la suerte no acompaña en los escarceos digitales, porque no te sientes a gusto, porque el estrés te supera, porque hay niños en casa, por la edad o por otros motivos, se ha instalado un paréntesis de inactividad.

Pero el cuerpo humano está planificado para beneficiarse y gozar del sexo. Caricias, abrazos y el orgasmo riegan el cerebro de oxitocina, dopamina y serotonina, sustancias que desencadenan las sensaciones de bienestar, autoestima, placer, calma y amor. Nos hace sentirnos bien, y una buena salud psicológica nos permite tomar buenas decisiones y vivir mejor.

Una sexualidad satisfactoria es un beneficio para la salud
Una sexualidad satisfactoria es un beneficio para la salud

“Tener relaciones sexuales saludables nos aporta bienestar y salud”, asegura Elena Crespi, psicóloga y sexóloga. “Una sexualidad satisfactoria supone un beneficio para la salud, por lo tanto es muy importante que los profesionales de la salud promovamos la sexualidad de nuestros pacientes en cualquier etapa de su vida”, añade Stefanie Redón Fitzl, ginecóloga y sexóloga de Salud de la mujer Dexeus.

Y aunque el cuerpo es sabio y se adapta a las circunstancias, varios estudios señalan que se producen cambios con la ausencia de sexo. Por un lado, “dejar de tener relaciones sexuales puede aportar cierta apatía en esta esfera de nuestra vida, por lo tanto, cuanto menos sexo tengamos, menos deseo se despierta”, advierte Crespi.

Cuanto menos sexo tengamos, menos deseo se despierta
ELENA CRESPI

Psicóloga y sexóloga

Menos sexo, menos defensas

Algunas de las transformaciones son consecuencia de la no secreción de felicidad que genera el contacto humano. Por ello, se ha demostrado que sube el nivel de estrés. Esta tensión se traduce en un aumento de la presión sanguínea y del cortisol, hormona que se libera como consecuencia del agobio y la angustia. Y responsable, también, de aumentar el nivel de azúcar en sangre y de suprimir el sistema inmunológico, entre otras funciones.

En este sentido, quedamos más expuestos a las infecciones, también por otros motivos, como demostró un estudio al analizar los niveles de inmunoglobulina. Estos anticuerpos presentes en el plasma de la sangre defienden el organismo de virus, bacterias y hongos.

La falta de sexo aumenta el nivel de azúcar en sangre y de suprime el sistema inmunológico
La falta de sexo aumenta el nivel de azúcar en sangre y de suprime el sistema inmunológico

Y según la investigación, llevada a cabo en la Wilkes University (EE.UU.), gozar del sexo una o dos veces a la semana eleva hasta un 30% los niveles de inmunoglobulina, con lo que aumenta la protección del organismo.

Más felices, más protegidos y más inteligentes. Científicos de la Universidad de Maryland observaron que la actividad sexual en ratones mejora la producción de nuevas neuronas en el hipocampo. “Después de la exposición continua a largo plazo de la experiencia sexual, la función cognitiva mejoró. Pero cuando se produjo un periodo de abstinencia prolongado, las mejoras en la función cognitiva se perdieron a pesar de la presencia de nuevas neuronas”.

En los intervalos sin sexo sube el nivel de estrés y estamos más desprotegidos ante ciertas infecciones

E investigadores de la Universidad de Konkuk (Corea del Sur) vieron que, además, las relaciones sexuales pueden “favorecer la función de la memoria de reconocimiento” y contrarrestar los efectos negativos del estrés crónico.

Los genitales se debilitan

La ausencia de sexo también pasa factura a los genitales, tanto en hombres como en las mujeres. Ellos se exponen a la disfunción eréctil: “El coito regular protege contra el desarrollo de la disfunción eréctil entre los hombres de 55 a 75 años. Esto puede tener un impacto en la salud general y la calidad de vida”, concluyó un artículo elaborado por expertos del Hospital Universitario Tampere (Finlandia), que fue publicado en The American Journal of Medicine.

El coito protege contra el desarrollo de la disfunción eréctil entre los hombres
El coito protege contra el desarrollo de la disfunción eréctil entre los hombres

La mujeres corren el riesgo de que “la vagina pierda su elasticidad por atrofia, lo que produce menor sensibilidad y dolor” en las relaciones, señala la doctora Redón Fitzl.

Por todo ello, las especialistas sostienen que es importante cuidar la vida sexual. “Tenemos que recomendar unos hábitos de vida saludables, incluyendo reducción del estrés y de la fatiga, pasar más tiempo de calidad con las parejas o mejorar la imagen corporal”, sostiene la ginecóloga y sexóloga de Salud de la mujer Dexeus.

El coito regular protege contra el desarrollo de la disfunción eréctil entre los hombres de 55 a 75 años
HOSPITAL UNIVERSITARIO TAMPERE
http://www.lavanguardia.com/vivo/sexo/20161229/412930299317/que-le-pasa-a-tu-cuerpo-si-dejas-de-tener-sexo.html
Share

“Soy puta por elección. No quería trabajar 12 horas por 600 euros”

Valérie May forma parte de un movimiento en España que defiende el trabajo sexual por voluntad propia. “No quiero seguir en este sistema laboral”, añade. Natalia Ferrari soportó sólo tres días trabajar en un McDonald’s. “Debería haber empezado a prostituirme mucho antes”, se lamenta.

Valérie May tiene 28 años y se define como una escort alternativa.

Valérie May tiene 28 años y se define como una escort alternativa. Adriana Domínguez

 

La vida de Valérie May puede leerse a través de su cuerpo. Su brazo izquierdo lo ocupa, casi por completo, un enorme tatuaje con diferentes dibujos: un cerdo, tomates, una flor de loto… Representan todos ellos el vegetarianismo, régimen alimentario que sigue desde hace tiempo. La gran composición desemboca en un triángulo que se hizo cuando trabajaba como integradora social. Tiene otro tatuaje en las costillas que se hizo con su hermana con la palabra sisters.

En el escote lleva en tinta un cuadro del pintor Alfons Mucha que simboliza el feminismo. Su perro está en la pierna izquierda. En la barriga reposa una estrella japonesa que se hizo a los 17 años y que significa ‘esperanza’. El próximo que se hará será el de una pin-up con la palabra ‘empoderada’ en inglés. Lo hará en honor a su profesión: la de puta.

Valérie May es una de tantas mujeres que hay en España ejerciendo el trabajo sexual por voluntad propia. Putas y feministas que, como si fuese una alfombra, le han dado una sacudida a la palabra hasta hacer caer todos los estigmas que, igual que motas de polvo, viven aferradas a ella. Son mujeres que entienden que el feminismo implica tomar el control de sus propios cuerpos y que sea respetable. Que no glorifican su trabajo, pero que lo defienden por ser la mejor opción para ellas. Por ser su elección.

“La sociedad prefiere que seas camarera trabajando doce horas al día por 600 euros a trabajar en esto”, afirma Valérie May. Se define en su página web como una escort alternativa. Tiene el pelo verde y lleva los labios de color carmín. Se reparte el trabajo entre Tarragona y lo que le sale en Barcelona. Tiene 28 años y lleva algo más de seis meses prostituyéndose.

CASTING PARA ELEGIR CLIENTE

Su madre fue la primera persona en saberlo. Sabe que decidió ejercer esta labor sin esconderse. Sin dobles vidas. Pero muchos conocidos se extrañan. ¿Cómo decidió eso teniendo estudios y experiencia laboral? La respuesta para ella es fácil: “No quiero seguir formando parte de este sistema laboral”, explica.

La primera persona en saber que Valérie ejercía la prostitución fue su madre.

La primera persona en saber que Valérie ejercía la prostitución fue su madre. Adriana Domínguez

Y porque tiene dos dedos de frente, dice. “Una de las cosas que la gente piensa cuando te metes en esto es que te va a dar por el alcohol, las drogas, y que te vas a acostar con cualquiera. Y todo lo contrario. No he fumado en mi vida y escojo a mis clientes. Un masajista ofrece sus manos a cambio de una experiencia concreta. Pues lo mío es lo mismo. No vendo mi cuerpo porque eso es hacerte propiedad de algo. Y yo no me hago propiedad de nadie. Llego a casa con todas mis partes”, dice riéndose.

 
 

Valérie May hace una valoración previa antes de tener un encuentro con uno de sus clientes. Si no cree que vaya a conseguir una conexión desde el principio no queda con ellos. Por ejemplo, no acepta a hombres machistas ni a personas que se crean que están en una situación superior porque ella sea puta. Reconoce que tampoco estaría con un cazador.

Cuenta que con el primer cliente rompió el estigma. Era un chico más joven que ella. “Los clientes son personas completamente normales”, afirma.

Natalia Ferrari se define como vegana, bisexual, atea y antinatalista.

Natalia Ferrari se define como vegana, bisexual, atea y antinatalista. Mai Oltra

La asociación Aprosex ayuda a mujeres que, como Valérie, están iniciándose en la profesión. Una de esas mujeres es Shirley McLaren. Su nombre artístico recuerda al de Shirley MacLaine, la actriz de Irma la dulce. Pero ella recalca que no lo escogió por eso. Lo de Shirley es porque es fan de la cantante escocesa del grupo Garbage. El apellido es porque le apasiona el automovilismo. Y Ferraris ya había unas cuantas.

“Lo que ha pasado con la crisis es que muchas mujeres, al perder su trabajo y no tener problemas con tener sexo con desconocidos se han lanzado a esto. Pero, claro, sin guía. Y como cualquier faena, te tienes que estar reinventando, actualizando. Aprendiendo. El problema es que aquí, como todos follamos, la gente se cree que lo puede hacer bien. Hay gente que puede cocinar muy bien en su casa pero luego no puedes ser jefe de cocina. Aquí pasa lo mismo. Tienes que profesionalizarte, estás atenta a muchas cuestiones”, dice.

Shirley es una mujer transexual que lleva varios años viviendo en España. Nació en México. Allí estudió periodismo. Hace más de una década que ejerce la prostitución. Responde a los abolicionistas con determinación: “Nosotras somos las que tenemos la sartén por el mango. El discursito del abolicionista es que paga por nuestro cuerpo, así que el cliente puede hacer con nosotras lo que quiere. Eso es mentira. Y además es súper peligroso. Al repetirse esa conducta, acaba calando en todos los imaginarios: en las chicas que están empezando, que se acaban creyendo que pueden hacer con ellas lo que quieran; y con los clientes. ¿Las abolicionistas, entonces, nos protegen a nosotras o están protegiendo su modus vivendi?”, se pregunta.

Ferrari encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas

Ferrari encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas Mai Oltra

“Yo no podría trabajar en un matadero porque se me revolverían las tripas, como a otras mujeres se les pueden revolver al comerse la polla de un señor”, explica.

Shirley define a las prostitutas como “artistas del sexo”. “Cada relación no sale igual, es independiente. Es como si tuvieras un huipil (una prenda artesana mexicana). Cada una es diferente porque se hace a mano y es individual. Y eso tiene que tener un coste. No vendemos un producto de necesidad. Vendemos un producto de lujo”, dice. Y eso es algo que no todas las novatas tienen en cuenta a la hora de fijar los precios.

Sobre los clientes tampoco tiene nada malo que decir. Si son educados, limpios y no la regatean, todo está bien. Y si encima tienen buena conversación y le traen regalos, pues mejor. 

LA LUCHA POLÍTICA DE LAS ‘PUTAS INDIGNADAS’

Paula Ezquerra se considera una puta activista. Fue portavoz de la plataforma Putas Indignadas.

Paula Ezquerra se considera una puta activista. Fue portavoz de la plataforma Putas Indignadas. Cedida

Su lucha también va por la rama política. Ha intentado hablar y reunirse con diferentes políticos. Pero todavía no ha obtenido una respuesta clara. “Ciudadanos pide que seamos autónomas. ¿Pero por qué no podemos trabajar para terceros que paguen nuestra seguridad social como cualquier otra empresa? Simplemente porque trabajamos con los genitales”.

Explica que no consigue hablar con Alberto Garzón y que una vez charló cinco minutos con Íñigo Errejón, ambos de Unidos Podemos. Pero ninguno acaba por determinarse a su favor. “Los derechos humanos no se pueden debatir. Sabemos que hay cosas muy feas en nuestro trabajo, eso no lo vamos a negar. Pero igual que en otros sectores. Para hacer un móvil sabemos cómo se consigue el coltán. Pero nadie dice que hay que acabar con la minería o que hay que abolir la industria tecnológica. No. La única industria que dicen que hay que abolir porque hay trata y hay violación de los derechos humanos es la de la prostitución”, asegura.

Además de Aprosex, sólo en Barcelona hay otras tres organizaciones más que velan por los derechos de las trabajadoras sexuales: Putas Indignadas, Putas y Alianzas y la asociación Genera. Durante un tiempo, la portavoz de la primera fue Paula Ezquerra, para dar la cara –“que ellas dan la cara por sí solas, no me necesitan a mí, pero sobre todo ante medios de comunicación por la cuestión del estigma y de la familia”, dice-.

Ahora es portavoz de la asamblea general. Ha hablado con políticos, con organizaciones internacionales. También ha sido consejera de la CUP en el distrito de Ciutat Vella de Barcelona hasta finales de octubre de este año. “Llegué a un acuerdo porque me interesa más concentrar mi lucha en los derechos de las trabajadoras del sexo”, dice. En ese distrito está el barrio del Raval y su calle Robadors, donde se concentran numerosas trabajadoras sexuales.

Shirley es una mujer transexual que ejerce la prostitución desde hace más de una década.

Shirley es una mujer transexual que ejerce la prostitución desde hace más de una década. Adriana Domínguez

Así que Paula Ezquerra es “puta activista”. “O activista puta”. El tema es que lleva desde los 18 años ejerciendo. Ahora tiene 45. Nació en Buenos Aires, tiene doble nacionalidad y ha trabajado en muchas partes del mundo. Y para ella, lo mejor que le ha dado su trabajo es tener tiempo libre. Un beneficio que no habría conseguido con ningún otro empleo, según dice.

“Yo tengo una frase que es: el estigma puta atraviesa a todas las mujeres”, sostiene. “Nosotras nos reapropiamos de la palabra puta, pero creo que todas las mujeres nos la debemos apropiar porque es una manera en la que los hombres nos controlan”. Porque Ezquerra estira el discurso a todas las mujeres, no sólo a las trabajadoras sexuales. “Si tenemos un mayor control sobre nuestro cuerpo y no permitimos que nadie nos diga cómo hacer, o cómo ser o disponer de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad, sensualidad, del erotismo, sin esa mirada acusatoria del patriarcado y del machismo, la sociedad hará un avance impresionante”, dice.

Paula Ezquerra lamenta lo que llaman la “santificación de sus vaginas” y la moralidad impuesta. También que sean expuestas siempre como víctimas, cuando no son vulnerables, sino “vulneradas”.

“DEBERÍA HABER EMPEZADO A PROSTITUIRME ANTES”

Otra de las mujeres que más ha defendido su trabajo como puta en medios de comunicación durante este último año ha sido Natalia Ferrari. Ella, al contrario que otras muchas mujeres, no sólo ha hecho pública su cara. También su nombre.

Cuando comenzó a tomar decisiones sobre cómo iba a trabajar, tenía asumido que debía ponerse un nombre artístico al ver que era lo que todas hacían. “Pero según construía mi discurso y tenía claro que quería trabajar contra el estigma, me di cuenta de que no tenía coherencia para mí ocultarme o separar mi identidad de mi trabajo. Creo que hacerlo es una opción legítima y, teniendo en cuenta que las prostitutas vivimos una discriminación similar a los homosexuales hace 50 o 60 años, en muchos casos el anonimato es más que necesario para nuestra seguridad”, dice.

Y añade: “Muchas compañeras viven con miedo de que en su otro trabajo se enteren y las echen, o sus familias dejen de hablarles, o ya no quieran contratarlas o se nieguen a alquilarles pisos. Sentí que usar mi nombre real y enseñar mi cara no iba a afectarme tanto, pero sí podía marcar una diferencia en otras. Para que se nos vea como personas que hemos decidido este trabajo, que no queremos vivir marginadas y que nos merecemos respeto”.

Natalia Ferrari se define como una mujer “bastante peculiar”. Es vegana, bisexual, atea, antinatalista y sólo practica relaciones abiertas. Dejó el instituto a los 13 años.

Antes de trabajar como meretriz había probado con otros trabajos. “Soportó” estar en un McDonald’s durante tres días y no aguantó más. Lo siguiente fueron otros dos días trabajando como teleoperadora. También estuvo un par de años como vigilante de seguridad y en el servicio de atención al público en un museo. Alguna temporada la pasaba a tiempo completo de voluntaria en una ONG en defensa de los derechos de los animales.

Cuenta que estaba muy cansada de su trabajo, que se veía a sí misma estancada con 30 o 40 años en un empleo precario que no le aportaba nada en el desarrollo personal. Así que entró en pánico. Decidió dejarlo y buscar alternativas. Encontró en la prostitución condiciones que le resultaron muy atractivas. 

“La primera vez tenía miedo, por un momento me creí el cuento de que los hombres que pagan son monstruos y que el papel de la puta es el de ser una mujer sumisa. Pero la realidad es que la cita fue incluso más agradable que otras en las que no ha habido dinero de por medio. Tuve la sensación de que debería haber empezado a prostituirme mucho antes”. 

Una manifestación de la plataforma Putas Indignadas, de la que Paula Ezquerra (derecha) fue portavoz.

Una manifestación de la plataforma Putas Indignadas, de la que Paula Ezquerra (derecha) fue portavoz. Cedida

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20161201/174983263_0.html

Share

“Soy prostituta y feminista”

Ofrecen servicios sexuales y no se sienten explotadas. Es su (polémica) lucha por la igualdad de género. Aquí dan la cara.

Fotografía por Michelle Gentile

Natalia no es de este mundo, como tampoco lo son los unicornios, las hadas y los trasgos. Para una buena parte de la población es imposible que exista una mujer así: que se prostituya por elección propia, sin presiones de ningún hombre, y con cierta pasión por su profesión. Pero lo que ya la convierte en una rareza absoluta para muchos es que, además, se considere una feminista. Una prostituta feminista, o lo que es lo mismo, alguien que lucha por la igualdad entre el sexo masculino y femenino y un justo reparto de roles.

¿Pero es posible? Por supuesto, porque Natalia, María o Amanda no son excepciones, ni son pocas, ni están carentes de opinión. Quieren que su voz se escuche. Son mujeres de carne y hueso. De carne y hueso que, según ellas, no está a la venta. «Nosotras no vendemos nuestro cuerpo, sólo ofrecemos un servicio sexual. Y punto», afirma Natalia Ferrari, una de las chicas más activas, sobre todo en las redes sociales, por la defensa de su libertad de elección y de su profesión: «La prostitución, cuando funciona con condiciones éticas, te ofrece pasar un buen rato con alguien que quiere estar contigo, con un pacto muy claro de lo que va a suceder en la cita y sin que haya complicaciones para ninguna de las partes», dice. A diferencia de la gran mayoría de mujeres y hombres que se dedican a este mundo, ella ha decidido dar la cara (literalmente) en esta lucha.

María Riot es otra de las prostitutas que mezclan su actividad con el activismo. Y tampoco oculta su rostro. «Sí, me considero una puta feminista. Veo a una parte del feminismo como una herramienta muy poderosa de empoderamiento. Nosotras nos creamos nuestro propio feminismo, el de las prostitutas, el más básico y necesario: el de poder hacer de nuestro cuerpo lo que queremos y luchar porque ninguna mujer le diga a otra lo que tiene que hacer con su cuerpo o sus genitales». María es también actriz de cine X, otro de los contextos donde los clichés machistas son más pronunciados: «Nosotras no vendemos nuestro cuerpo, primero porque es nuestro y no se puede vender, y segundo porque nuestra profesión no es otra cosa que ofrecer sexo a cambio de dinero».

¿Tiene sentido la lucha feminista en la prostitución? Probablemente más que en ningún otro ámbito, ya que puede tratarse de una de las trincheras más misóginas de la sociedad, un terreno de juego demasiado propicio para la cosificación de la mujer y su sumisión a los deseos masculinos. Pero el coste personal de esa pelea es elevado, así como el estigma. Y el problema es que los ataques (al menos los más dolorosos) no vienen casi nunca de los hombres, sino de las mujeres, de aquéllas que se consideran, como ellas, feministas: son las que, según la opinión mayoritaria en este movimiento, defienden que la prostitución es el hija del patriarcado y las prostitutas, mujeres sin escapatoria.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, presentó hace dos meses una guía destinada a medios de comunicación en la que recomendaba cambiar términos como prostituta o trabajadora sexual por «mujer en situación de prostitución», o clientes por «prostituidores» o «puteros». El problema es que la publicación no distinguía entre las mujeres que libremente quieren dedicarse a este trabajo y las víctimas de la trata, una de las peores lacras de nuestra sociedad.

En realidad, nadie sabe con certeza qué porcentaje de las meretrices ejercen por obligación y cuáles por elección. En 2010, Naciones Unidas calculó que una de cada siete mujeres prostitutas en Europa eran víctimas de trata. ¿Pero qué sucede con las seis restantes? Para esta guía del Ayuntamiento de Madrid son, de nuevo, como los unicornios. No existen. Pero hablamos de una de las grandes industrias del planeta, con más de 40 millones de mujeres y hombres que ejercen este oficio.

La primera vez. «Decidí dedicarme a la prostitución hace cuatro años», cuenta Ferrari. «Mi trabajo en un museo no aportaba nada a mi desarrollo personal, por lo que decidí dejarlo y buscar alternativas. Y me di cuenta de que el sistema laboral sólo me ofrecía más de lo mismo. No recuerdo muy bien cómo o por qué empecé a considerar la prostitución. Hablando sobre esto una amiga me confesó que era prostituta desde hacía un año. Tener su apoyo y escuchar su experiencia me reafirmó en que esté podría ser un trabajo muy empoderador. Eso y mi necesidad de pagar el alquiler me hizo decidirme. Como apunte diré que la primera vez sentí que tendría que haber empezado a trabajar como prostituta mucho antes».

María Riot tiene una historia paralela. Y una opinión similar: «Desearía haberme dado cuenta antes de que podía ser trabajadora sexual, en vez de pasar años como cajera de supermercado o en locales de ropa, teniendo que soportar jefes, cumpliendo horarios y haciendo tareas insalubres como estar parada sin descanso durante ocho horas seguidas».

Amanda Carvajal es una escort de lujo madrileña. No se considera feminista ni activista, pero lleva igual de mal las acusaciones de otras mujeres: «No conozco un trato más justo e igualitario que el que hay entre una prostituta y un cliente», argumenta. «Yo decido cuánto cobro, la duración de las citas y qué se hace y no en ellas. El cliente acepta y, si no le gustan las condiciones, simplemente el encuentro no se produce. Eso para mí es igualdad de género, pues es un acuerdo en el que tanto él como yo salimos ganando. Y mucho. Incluso, me atrevería decir que yo me siento más beneficiada que ellos, pues el increíble crecimiento personal que he experimentado gracias a mis clientes durante todos estos años es incalculable».

Varias asociaciones de profesionales del sexo, como Aprosex, Hetaira, Genera, Cats y Prostitutas Indignadas llevan tiempo defendiendo los derechos de este colectivo, la despenalización y la diferenciación clara con las redes de trata. «Me han criticado mucho por dar la cara y decir que me gusta mi trabajo y que es una opción laboral legítima», dice Natalia Ferrari. «Parece que si eres una prostituta empoderada no tienes derecho a manifestarte. Si eres una víctima, además, no tienes la capacidad de hacerlo y ya ellas lo hacen por ti».

María Riot se siente cansada del fuego amigo y «de las repartidoras de carnets de feministas». «Lamentablemente he recibido más críticas de mujeres que de cualquier otro grupo. También he visto las mismas etiquetas destinadas a alguna directora de porno con la que he trabajado». Riot se refiere a Erika Lust, autora de cintas que apuestan por una mirada femenina donde la mujer no es utilizada como un objeto sexual, toma la iniciativa y explora sus propios placeres: «Como directora de cine adulto, siempre he fomentado una serie de valores feministas delante y detrás de la cámara. Es decir, que no sólo hago películas donde el placer femenino importa y la representación de las relaciones sexuales es realista, igualitaria y respetuosa, sino que el proceso de producción es ético y fomenta la participación de mujeres en cualquier puesto de trabajo. Mi equipo está compuesto en un 90% por mujeres, desde la operadora de cámara, la ayudante de producción hasta la sonidista», dice una de las pocas cineastas de celuloide X para adultos. «Las mujeres también tenemos derecho a representar nuestra visión de la sexualidad. Muchas veces me dicen que es contradictoria con los valores feministas, pero nada más lejos de la verdad. Disfrutar del sexo explícito en pantalla no es algo intrínsecamente masculino. Creo que nos equivocamos cuando atacamos e insultamos a otras mujeres porque no coincidimos en algo, cuando en realidad podríamos hacer críticas constructivas y ayudarnos entre nosotras para poder debatir y repensar nuestro lugar».

Aunque la verdadera diana del feminismo más ortodoxo es la actriz porno Amarna Miller: «la feminista favorita de los machistas», según la define una de sus detractoras. La intérprete, poeta, escritora, fotógrafa y musa de Podemos está acostumbrada a recibir insultos de odiadoras de redes sociales, pero ella sigue dando la cara: «Dedicarte al trabajo sexual en una sociedad mayoritariamente machista es complejo y te hace enfrentarte a muchos estereotipos», comenta en el descanso de su último filme. «Es muy fácil teorizar sobre el trabajo sexual cuando nunca has estado en un set de rodaje, pero no tanto dar la cara cuando eres tú misma la que se enfrenta al estigma todos los días».

Vídeo polémico. Miller ha estado en la picota desde que protagonizó un polémico vídeo promocional del Festival Erótico de Barcelona donde denunciaba la hipocresía de la sociedad española: «Muchísimas de nosotras somos mujeres empoderadas que nos dedicamos a esto porque queremos. Hay sectores abolicionistas que no conciben que el trabajo sexual pueda ser una forma de empoderamiento femenino, mientras otras ramas del feminismo nos plantean que el trabajo sexual es una forma de recuperar el control sobre nuestro propio cuerpo y nuestra sexualidad».

Les molesta además el «acoso» a los clientes, que no deben pagar, según ellas, la persecución a la que se somete «desde el Estado» a las trabajadoras sexuales. «El problema de las leyes que persiguen a los clientes como si fueran criminales no es únicamente que los estigmatizan: es que nos hacen vulnerables a la violencia a nosotras», denuncia Natalia Ferrari. «El riesgo de multas hace que las profesionales trabajen en zonas más apartadas e inseguras. Muchas tienen que bajar tarifas, hacer prácticas sexuales que no quieren, o aceptar que les negocien el uso del condón. Si un cliente tiene miedo, no querrá darme su nombre real ni su número de teléfono y eso me pone en peligro porque dificulta mis medidas de seguridad. Está demostrado que perseguir la demanda no sirve para proteger a las mujeres, y fuerza a las putas a trabajar en condiciones lamentables, dándole poder a los agresores».

Además, no comparten la denominación prostituidor, ya que entienden que son ellas quienes toman la decisión de prostituirse, y no ellos. «La gente que contrata estos servicios busca disfrutar, sentirse bien, comprendido, respetado y poder desconectar», afirma Ferrari. María Riot añade que «es básicamente un intercambio económico por un servicio sexual, que muchas veces es más psicológico que físico y que muchas personas necesitan o desean. Es un trabajo que disfruto mucho y que me da muchas satisfacciones. Hoy en día no podría imaginarme trabajando de otra cosa».

La mayoría de estas chicas salen y entran en el trabajo sexual dependiendo de su situación personal o económica del momento. «Desde que empecé a trabajar, he dejado la prostitución varias veces», cuenta Ferrari. «Lo hago por desconectar o porque no es compatible con los proyectos de vida que tengo en ese momento. Una de las ventajas de ser prostituta es que puedes dejarlo y volver cuando quieras. Y siempre tendrás trabajo. No pienso en dejarlo a largo plazo, sé que cuando lo considere conveniente podré hacerlo y que también podré volver cuando me dé la gana».

http://www.elmundo.es/papel/historias/2016/11/30/583c18dcca4741ed098b4601.html

Share

¿Por qué algunas mujeres no llegan al orgasmo?

Mujer con la cabeza agachada

Puede haber momentos en los que el estrés, la ansiedad o la dispareunia dificulten llegar al orgasmo.

Ana es una mujer aparentemente sana, lleva años con su pareja, le atrae, siente deseo, se excita y mantiene y disfruta de las relaciones sexuales con él. Sin embargo, no es capaz de alcanzar el orgasmo. El caso de Eva les ocurre a más mujeres y es motivo de consulta recurrente a los expertos.

Si buscamos cifras sobre la cantidad de mujeres que tienen esta incapacidad, éstas bailan. Se dice que cerca del 60 por ciento de las mujeres no alcanza el orgasmo, pero este dato es antiguo y tal y como confirma Silvia Carpallo, periodista especializada en salud y sexóloga, se refiere únicamente al orgasmo a través de la penetración vaginal y se olvida de que el clítoris es el encargado del placer sexual.

Respecto a las causas, Rosario Castaño, directora de la Unidad de Psicología Clínica y de Sexología del Centro Médico Instituto Palacios, indica que una mujer puede tener sexo sin orgasmo; las causas de que esto ocurra generalmente suelen ser psicológicas. “No debemos pensar sólo en traumas infantiles. Se puede deber a una educación estricta donde las mujeres tienen que tener un papel subordinado al varón y además responder a unos estereotipos en los que una mujer respetable no debería manifestar ningún tipo de sensación o sentimiento sexual”, y continúa, “esto unido a un carácter controlador, a mitos o miedos infundidos, o baja autoestima sexual puede provocar anorgasmia. En estos casos, la mujer se adapta a los deseos y necesidades de su pareja y no consigue desinhibirse, no olvidemos que el orgasmo no deja de ser una autoafirmación de sí mismo, tanto en la mujer como en el varón”.

Sin embargo, en algunos casos esto se debe a otros problemas como la dispareunia, por ejemplo, pasando por una infección que provoca dolor vaginal, hasta una endometriosis, o como consecuencia del efecto secundario de algún medicamento, como los antidepresivos. Además, si la anorgasmia es secundaria (se han tenido anteriormente orgasmos, pero ahora no) las causas pueden ser debido a problemas con la pareja actual, o con la edad, como consecuencia del síndrome menopáusico, ya que el déficit de hormonas sexuales provoca la incapacidad para alcanzar el ciclo de la respuesta orgásmica.

¿Ya no voy a disfrutar de la intimidad con mi pareja?

La respuesta es no. “Yo lo explico diciendo que hay que dejar de ver el sexo como una carrera en la que solo nos obsesionamos con llegar a la meta y empezar a verlo con un paseo, en el que podemos disfrutar de las vistas, de la compañía, de pequeños momentos…”, señala Carpallo, autora del libro El orgasmo de mi vida.

El problema para la mujer, especifica Castaño, comienza cuando aparece la frustración al no conseguir calmar la excitación por medio del orgasmo y sienten que les falta algo y que tienen un problema físico que deben resolver. “La mujer no consigue algo que considera que todas las tienen de forma natural, suele ocurrir cuando además, tiene una pareja que no para de preguntar qué tal le ha ido en cada relación y no quiere mentir, lo que le hace sentir como si tuviera que cumplir con una obligación”, apostilla.

En estas circunstancias conseguir un orgasmo puede llegar a convertirse en una obsesión e impedir a la mujer disfrutar de su sexualidad.

Causas y soluciones: ¿por dónde empiezo?

En muchos casos la situación puede ser más frustrante para la mujer puesto que ella sola mediante la masturbación sí llega al orgasmo, pero en pareja no. “Puede ser que la mujer a solas se concentre en su placer y que en pareja se sienta más dispersa y le cueste llegar; puede ser que sepa lo que le gusta, pero que le cueste comunicarlo, o puede ser que la pareja tenga dificultad para llevarlo a cabo, o que se trate de parejas ocasionales con las que sea más difícil tener confianza… Son muchos factores, por ello lo más importante es la comunicación, ver qué puede ser lo que nos está dificultando esa experiencia y buscar, juntos, la forma de que se vuelva igual de placentera para ambos”, recomienda Carpallo.

A la falta de comunicación en la pareja se le añade otro factor, la vergüenza. Castaño explica que la vergüenza es el primer sentimiento humano que se instala y es necesario pues marca la diferencia entre una persona y otra y contribuye a formar nuestra identidad. Sin embargo, el exceso de vergüenza, el sentimiento de avergonzarse de uno mismo, es uno de los que más bloquean la espontaneidad en la relación sexual.

El primer paso para acabar con esta frustración es seguir un tratamiento de terapia individual que ayude a la mujer a entender su propia sexualidad. En la mayoría de los casos a este tratamiento inicial se suma la terapia de pareja “porque la relación sexual es una cosa de dos y el peligro es considerar que el problema y la responsabilidad de la buena marcha de una relación sexual es sólo de uno de sus miembros”, según especifica la directora de la Unidad de Psicología y Sexología del Instituto Palacios.

Ambas tranquilizan a las mujeres: pueden conseguir el orgasmo. Castaño da una serie de recomendaciones: en primer lugar hay que aprender a pensar en una misma, conseguir una autoestima sexual, aprender a hacerse cargo de sus sensaciones sexuales, trabajar el sentimiento de vergüenza y la capacidad para la iniciativa en la relación y posteriormente investigar sobres sus fantasías sexuales.

“Este tema suele ser complejo precisamente porque las personas confunden fantasías sexuales con lo que superficialmente se entiende por hacer sexo de una u otra manera, y en realidad de lo que estamos hablando es de cómo se fantasea alguien en el sexo, como se ve a sí misma como persona sexual, no se trata tanto de saber qué le gusta o no el sexo”, aclara. Por otra parte, es importante trabajar qué se le pide a la pareja, o qué no por miedo y miedo a qué.

Es un aprendizaje continuo. No se trata de vivir la búsqueda del orgasmo con ansiedad, sino como un juego en el que ir descubriendo nuevas sensaciones, ir probando cosas”, concluye Carpallo.

http://www.dmedicina.com/vida-sana/sexualidad/femenina/2016/10/07/por-mujeres-llegan-orgasmo-132283.html?cid=SIN00101

Share

‘El escort masculino número uno del mundo’ lo cuenta todo: así se triunfa

‘JUST A GIGOLO’

Es el sueño húmedo de muchos hombres: ser tan atractivo y tan buen amante que las mujeres paguen por estar entre sus brazos. Pero todo trabajo tiene sus gajes
Foto: Imagínemoslo, por ejemplo, así. (iStock)
Imagínemoslo, por ejemplo, así. (iStock)

RAQUEL MÁRQUEZ

Es relativamente fácil documentarse sobre prostitución femenina. Es más numerosa, vende más y preocupa a los activistas, tanto a favor como en contra. Hay testimonios en primera persona de todo tipo: desde los discursos complacientes que dicen lo que la mayoría de clientes potenciales quiere oír (“Siempre me encantó el sexo y es fantástico vivir de ello y hacerme rica sin trabajar”) hasta venganzas dolidas de prostitutas que se consideran víctimas de su situación.

¿Qué pasa con los hombres? ¿Realmente son esos seres elegantes, poderosos y chulescos que hemos visto en las películas? ¿Viven tan bien como parece, subvencionados por ricas decadentes que invariablemente se enamoran de ellos? ¿O su vida se parece más a la de esas curtidas mujeres de la calle con ‘piel de pantera’ y ‘vírgenes del miedo’ de las que hablaba Javier Álvarez?

En ‘Reddit‘, el foro ‘online’ de los testimonios anónimos, uno de los hilos estrella de estos días ha sido el inaugurado por un usuario que se hace llamar ‘AussieMaleEscort’ y dice ser “el escort masculino número uno del mundo”, porque es, asegura, el primer resultado independiente que aparece al teclear “male escort” en Google. Ha dejado que los internautas le pregunten “todo lo que quieran saber”, sin tapujos, y ha tenido que vérselas con más de 100 comentarios sobre todo tipo de detalles relacionados con su día a día. Él es bisexual, castaño y australiano, aunque vive en Londres, y a sus 29 años dice que tiene siete de experiencia, en los que ha llegado a dominar la materia. Dice que es atractivo y atlético (así que hay excusa para nuestra foto) y esto es lo que ha compartido con el mundo, siempre bajo pseudónimo.

¿Acompañar? Sobre todo en la cama

Aunque ‘escort‘ significa “acompañante”, o “escolta”, “no es más que un eufemismo para hablar de prostitución”, confiesa. “A veces voy a cenar con clientes, a espectáculos, casinos, e incluso a veces a sus yates, aviones privados, etc., pero normalmente vienen a mi apartamento, voy a su casa o quedamos en un hotel”. No imaginemos pues una vida emocionante las 24 horas, aunque dice que ha ejercido en Tailandia, Shanghái, Dubai, Australia y últimamente en EEUU.

Explica la diferencia con lo que sucede en Estados Unidos, ya que muchos usuarios de ‘Reddit’ son norteamericanos: “Aquí en Londres la prostitución es legal, EEUU es de los pocos países en los que no. Es una pena, porque la ilegalidad dificulta que los trabajadores sexuales puedan pedir ayuda a las fuerzas del orden cuando son víctimas de delitos de verdad, como la violación, el robo, el asalto… También complica la posibilidad de anunciarse como autónomo y funcionar según reglas propias, lo que pone más control en manos de chulos, burdeles, etc”.

El primer chasco para las fantasías heterosexuales medias sobre ser un ‘gigolo’ llega cuando le preguntan si, al recibir dinero por sexo, ha cambiado su forma de verlo fuera, como un cocinero que no lo hace en su casa: “Casi todos mis clientes son hombres, pero yo estoy más en el extremo heterosexual de la bisexualidad, así que prefiero a mujeres y transexuales cuando lo hago por diversión. No es que me disguste el sexo con mis clientes hombres, lo disfruto, pero es una parte pequeña de mi sexualidad y si solo me acostara con hombres por trabajo no estaría satisfecho. Si alguna vez perdiera interés en el sexo por diversión, fuera de mi agenda profesional, haría un paréntesis largo o quizá lo dejaría”.

La vida de nuestro protagonista es como 'American Gigolo', pero con patadas en los testículos.
La vida de nuestro protagonista es como ‘American Gigolo’, pero con patadas en los testículos.

¿Y sus clientes, cómo son? “La mayoría son solteros, pero también veo a parejas, hago dúos con ‘escorts’ femeninas y dominación a dos bandas, fantasías de infidelidad… Los hombres a veces son gais pero lo más habitual es que sean bisexuales o curiosos. Muchos tienen mujeres o novias“.

Probablemente los menos afortunados no tienen tanto tiempo ni ganas de hablar en ‘Reddit’ de su experiencia pero, por lo que a él respecta, no encuentra nada degradante en su trabajo, ni se siente explotado de ninguna forma: “Me sentía explotado trabajando en atención al cliente para grandes empresas, porque sabía que estaban beneficiándose de mi empleo mucho más que yo, les importaba una mierda y me trataban como a un perro. Ahora soy mi propio jefe, completamente libre para elegir mis horarios, los servicios que ofrezco y los que no y a quién ofrecérselos”.

Uno de los participantes del foro le dice que, si fuera millonario, le pagaría para acompañar a su perrito al parque, por puro capricho. ¿Tienes muchos encargos de este tipo? AussieMaleEscort se ríe: “Suena genial. Ahora tengo una novia escort que a veces me pide que baje a su perro cuando está ocupada. Es genial, toda la diversión de ir por ahí con un perro (y montones de atención por parte de las mujeres del parque) sin la responsabilidad de que sea tuyo. Pero no, casi todas mis citas pasan por algún tipo de contacto sexual. No todo el mundo quiere una experiencia sexual completa. Tengo muchos clientes fetichistas que piden todo tipo de cosas sin penetración. Pero casi todos quieren terminar con un orgasmo”.

¿Y qué le piden? “Sobre todo masajes desnudos con aceite, sexo oral y sexo“. Le preguntan también cuál es su momento favorito trabajando como ‘escort’: “Si tengo que elegir solo uno, me encanta cuando un cliente reserva cita conmigo y una ‘escort’ femenina a la vez, o cuando un cliente pide varias ‘escorts’ femeninas y a mí”. Habla de una en concreto con la que trabaja y que describe como una “sumisa profesional”: “Nuestros trabajos a dúo y sesiones de vídeo son siempre muy intensas. Hace poco, un caballero holandés nos contrató para una sesión con doble penetración y resultó que él pesaba lo mismo que yo y su pene era casi del mismo tamaño que el mío, 22 cm, y encajaba perfectamente. Jugamos por turnos a que forzábamos a mi compañera a hacer una doble garganta profunda”.

También hubo doble penetración vaginal y anal. Intensa es la palabra, desde luego, si fue tal como lo cuenta: “Ella es realmente sumisa, así que ser dominada y forzada sin sensibilidad por dos hombres grandes y fuertes es su idea del paraíso. Le dimos como nunca, y estuvo gritando de orgasmo en orgasmo la hora entera. ¡Ha habido momentos muy especiales en mi trabajo!”. Desde luego, no es lo que la mayoría contamos cuando llegamos a casa cansados tras la jornada laboral.

Lo que el dinero puede comprar

Dice que cobra más de 250 euros por las salidas de una hora y que tiene muchos clientes regulares. “A veces alguno ‘se enamora’ de mí. En el mejor de los casos es incómodo. Significa que me dicen que me quieren y tengo que salir con alguna respuesta que no sea ‘yo también te quiero’ pero que no hiera sus sentimientos. Lo mejor que puedo decir es algo tipo: ‘Ohhh, eso es muy dulce, me encanta pasar tiempo contigo’. Así he perdido a muchos habituales, cuando no podían evitar sentir cosas por mí y sabían que nunca sería recíproco. La peor conclusión posible es que el cliente se convierta en acosador. A mí no me ha pasado, pero a las chicas que ofrecen experiencias que simulan noviazgos les ocurre constantemente”.

No puede contárselo a su familia porque dice que se preocuparían, “viven mejor sin esa información”. Entendemos bien esa discreción, por ejemplo cuando le preguntan qué es lo más raro que le han pedido. “Un cliente habitual, tras un intercambio de palabras muy corto, se quitaba los vaqueros pero se dejaba puestos los calzoncillos”, explica. “Abría las piernas y yo, totalmente vestido y calzado, tenía que darle patadas en los testículos. He hecho artes marciales desde niño y he luchado profesionalmente, puedo patear duro. Él lo aguantaba. Cuando estaba listo, se tumbaba en el suelo y se masturbaba dentro del calzoncillo. Lo grabamos una vez y tengo un vídeo que se puede ver en mi blog, por si os interesa”.

Y si te interesa ya sabes, nosotros no te juzgamos.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2016-10-26/escort-masculino-gigolo-cuenta-como-es-su-trabajo-que-le-piden-ellas_1279580/

Share

El nuevo método de masturbación masculina mediante la sonoridad

Por

Nuestros cuerpos son máquinas autogestivas de placer, pilares de una sexualidad que poco hemos experimentado como hombres, ya que desde pequeños se nos ha implantado una educación basada en la inhibición de la sensibilidad, a la par de la cultura de masas que convierte al hombre en una autoridad dominante en lugar de forjar una masculinidad que domine las sensaciones corporales propias, estén ocultas o no.

La mayoría necesita imperativamente la imagen o el cuerpo de una mujer para ejercer la masturbación, ya sea en un video pornográfico, en una revista “para hombres” o con la simple imaginación de alguna persona que le provoque excitación o una tremenda atracción.

Este artículo, además de crear una ruptura con estas prácticas tan comunes –y que pecan de monótonas-, es un llamado a los hombres para emplear la potencia de su imaginación y convertir el trato erótico de su cuerpo en unacto onírico, logrando reducir la dependencia y el papel de la mujer como objeto de deseo. Querámonos y entendámonos como cuerpos individuales para así poder compartirnos de forma más placera con nuestra o nuestras parejas.

orgasmomasculino


Consideraciones sobre la masturbación masculina y la pornografía

masturbacionmasculina

Para la sociología y la estadística, los hombres se masturban en mayor cantidad que las mujeres, variando enormemente según el país, la edad y las condiciones materiales de cada sujeto. La autoexploración en esta práctica se presenta como una costumbre cotidiana que dirige su atención hacia la eyaculación, disfrutada como la única forma de consolidar un orgasmo y a su vez, como un objetivo que se antepone a las paredes de las demás zonas erógenas en el hombre y el interés por encontrar otros caminos hacia el placer mental y corpóreo.

La primera referencia para la masturbación desde la pubertad es la pornografía, viralizada en la década de los 90 por el fenómeno del Internet, y que hoy contempla el 14 por ciento de las temáticas buscadas en la web. En síntesis, este sistema virtual de símbolos sexuales hermetiza las formas de placer masculino en tres: penetración (vaginal y anal), sexo oral y algunas escenas de fetiches como el footjob, bondage, etc. En todas ellas es inherente la participación de una segunda persona (ya sea hombre y mujer) para que el protagonista disfrute del acto sexual.

masturbacionmasculinapormediodelporno
La masturbación no es un hobbie o algo aleatorio, sino un acto fisiológico que ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. Entre un 41 y 50 por ciento de los hombres que participaron en un estudio en 2007 con 751 personas en el Centro de Estudios Sexuales y Maritales de Long Beach, California, afirmaron masturbarse una vez por día y sentir algo de culpa, como si de una “adicción” se tratase. He aquí la importancia de romper con las formas de masturbación vacías y ligadas a los falsos sistemas morales para entendernos como seres activamente sexuales desde el nacimiento hasta la tumba. Adicionalmente, los participantes expresaron a través de cuestionarios que desearían conseguir una pareja para tener relaciones sexuales.

La dependencia sexual  (que en términos concretos, también va ligada a la dependencia emocional y económica en las parejas de la sociedad moderna) resta toda alternativa de erotización que provenga desde uno mismo y su imaginación. Con esto no quiero decir que sean eliminadas las demás personas de nuestra imaginación, sino que ampliemos el recuerdo de las huellas de nuestras experiencias incrustadas en nuestra memoria por dichas percepciones, para utilizarlas como herramientas secundarias en nuestros ejercicios de masturbación. “La masturbación es una antología sexual, una compilación de los mejores coitos”, diría el cantautor Facundo Cabral, y en ese sentido va la propuesta de la que hablaré.
¿Provoca mayor satisfacción el recuerdo de una sensación que se haya experimentado, imaginar una nueva o la mera imagen de una mujer desnuda con la que no tenemos una interacción directa?

La sonoridad de los cuerpos durante el acto sexual y la relajación por ondas binaurales

masturbacionmasculina

Para esta experiencia vincularemos el poder de la sonoridad como elemento físico y, al mismo tiempo, autónomo de la música en relación a los distintos referentes sexuales que tengamos en la memoria: los sonidos de los besos, los gemidos, los cuerpos frotándose durante el coito, el sexo oral, etc. En la pornografía se juntanla imagen y el sonido, predominando la primera sobre todas las propiedades del sonido.

Método

masturbacionmetodo

En un lugar cómodo y sin ruidos molestos, escucharemos con auriculares cualquiera de las siguientes pistas sonoras del proyecto Binaural Beats, que combinan sonidos reales de actos sexuales y una progresión de ondas binaurales (al final de artículo explicaré su utilidad).


(Este es el más recomendable, a partir de ahí sale la lista de reproducción de otras pistas).

En el mayor estado de relajación posible, cerraremos los ojos para comenzar a controlar nuestra respiración por la nariz y enfatizaremos la sensación de la exhalación por nuestra boca. Con los sonidos reales trataremos de imaginar una situación que nos provoque afinidad erótica, es decir, que logremos acoplar nuestro pensamiento con algún modelo de persona (o alguna ya conocida) con quien deseemos desde un revolcón esporádico hasta varias series de encuentros sexuales. De igual forma y considerando la subjetividad universal en cuanto a intereses, motivaciones y gustos, no es necesario contar con la imagen mental de una persona, es válido usar cualquier pensamiento que nos genere impulsos eróticos.

Acariciando suavemente todas las partes del pene y de las zonas donde tengamos mayor sensibilidad, iremos aumentando gradualmente la frotación y el ritmo a la par con la pista, para no cometer los mismos errores de masturbarnos como si fuese una línea vertical ascendente que culmine con la eyaculación. Hagamos este ejercicio como si fuera una línea irregular con altos y bajos. Demos a nuestro cuerpo distintas intensidades para conocer nuestras preferencias.

El promedio mundial de duración de las relaciones sexuales es de 19.16 minutos, por lo que la duración de la masturbación es considerablemente menor a estas cifras. Así, nuestro método ha de dirigirse hacia la expansión del tiempo de relajación corporal y la preparación del proceso orgásmico: que no sólo termine con una potente eyaculación, sino con el estremecimiento de piernas y abdomen, sitios del organismo donde se acumulan mayores impulsos de excitación durante la masturbación. Lograr la llamada “piel chinita”, temblores involuntarios y orgasmos más duraderos son algunas virtudes de nuestro método.

masturbacionmet

Una recomendación es escuchar estas piezas semidesnudo o completamente desnudo, ya que después de algunos minutos las ondas irán de tus oídos a todas tus extremidades, en un placero ‘blanqueamiento’ y vibración que te adormecerá principalmente las piernas.

Es importante recalcar que incluso con la ayuda de las ondas binaurales y estas técnicas, experimentar este método puede ser un fracaso si no se tiene el interés generalizado por sentir más allá de lo que estamos acostumbrados.

 

Sobre las ondas binaurales, las bases eléctricas y la actividad psicológica

ondas

Las ondas y la música binaurales, son progresiones de ondas con determinadas alturas que buscan alterar los estados de la conciencia con ciertos fines: terapeúticos, medicinales o por experimentación artística. Suelen combinarse con sonidos temperados de instrumentos acústicos o sintetizadores, ya que escuchar directamente alguna progresión binaural puede resultar una acción pesada para quien apenas se introduce a ella. En el caso del proyecto Binaural Beats, se ocupan sonidos de actos sexuales para estimular la relajación del cuerpo así como de la imaginación, para proceder al método de masturbación que he descrito en este artículo.

¿Cuál es la explicación científica? Nuestro cerebro y sistema nervioso trabajan con ciertas frecuencias de ondas eléctricas que son transportadas desde el nivel parasimpático hasta las 14 mil millones de células nerviosas, número aproximado que integra el cuerpo humano. En 1924, el neuropsiquiatra alemán Hans Berger realizó estudios clínicos y experimentales mediante el electroencefalógrafo (abreviado como E.E.G.) con los cuales determinó el hito científico de que tanto los órganos como los pensamientos, se basan en impulsos de cargas eléctricas. Entre las ondas que registra el cerebro se encuentran:

– Ondas beta: Abarcan de los 13 a los 40 Hz. Son las más rápidas y registradas por el cerebro cuando nos encontramos en un estado positivo, es decir, en contacto con la exterioridad, en situaciones de alerta y cuando nos planteamos objetivos determinados como transportarnos a la escuela o escribir un artículo.
– Ondas alfa: Se sitúan entre los 8 y 13 Hz. Son las que apoyan los procesos de imaginación y relajación, por ejemplo: tomar una siesta, hacer un dibujo, reposar después de comer o escuchar música mientras estamos acostados. Representan una paz interior con el organismo en general, desaparecen miedos, preocupaciones y responsabilidades.

masturbación masculina

– Ondas theta: Van de los 4 a los 8 Hz. Se caracterizan por ser casi imperceptibles e integrar parte del subconsciente. Pueden ser registradas en momentos de extrema creatividad, en impases de la mente como “shocks” y la asimilación de recuerdos desagradables que la mente va borrando gradualmente, como si fuera un “sistema de seguridad” que no controlamos. Son utilizadas en tratamientos contra la adicción a ciertas drogas por sus propiedades de llevar a un estado psíquico de sueño e hipnosis.

– Ondas delta: Están entre los 0.1 y los 4 Hz. Mis preferidas, ya que estas no son activadas por la mayor parte de las personas, a excepción de espacios mentales donde se recuerda información almacenada por largo tiempo, por ende, estas ondas agilizan la capacidad mnémica (memoria) y por ser las más graves, largas y ondulantes, crean un efecto de “adormecimiento consciente” que funciona perfectamente como terapia de salud mental y relajación corpórea. En las pistas binaurales las personas no escuchan estas ondas o les provoca dolor en los oídos por la enorme densidad que conllevan.

¿Y ahora?, a practicarlo y comprobemos los resultados.

http://culturacolectiva.com/el-nuevo-metodo-de-masturbacion-masculina-mediante-la-sonoridad/

Share