“Yo soy trabajadora sexual”


Tengo 31 años y hace un año que soy trabajadora sexual. Cuando tomé la decisión no fue fácil, pues sabía el dolor que podía causar a mis más allegados. Aún sabiendo esto, comencé a trabajar. Hice una campaña publicitaria dando a conocer mis servicios en diferentes periódicos y comencé a recibir llamadas de hombres y de alguna mujer interesada en contratarme. Jamás fue una experiencia traumática ni de humillación hacia mi persona.

Habiendo aclarado que soy una trabajadora sexual independiente, pues también existimos, me gustaría aclarar algunos puntos de los que jamás nadie se atreve a hablar.

La mayoría de las compañeras que conozco son independientes aunque trabajen en algún club, y sé de la falsedad con las que la inmensa mayoría dicen estar explotadas, claro lo dicen a la policía de turno o al cliente de turno para no sé qué fin. Muchas de ellas han intentado cambiar de trabajo y cuando se han visto encerradas en una oficina aguantando al jefe y teniendo que cumplir un horario por 1200€ han dejado el trabajo antes de terminar el mes. Tenéis que ser conscientes de que la que menos gana hace un botín de 3000 € en un mes, y si en su mayoría son mujeres sin estudios y teniendo en cuenta que a veces no trabajas mas de tres horas al día, es un sueldazo.

También me gustaría dejar constancia de que si hoy en día hay un ‘chulo’ es la cocaína, y no soy mas explícita porque no quiero meterme en un lío.

Yo, hoy en día, tengo un problema y es que me siento desprotegida ante tanta infamia, ante tanta mentira. Yo no hago daño a nadie y veo amenazada mi pequeña empresa en donde el producto principal soy yo. Y veo amenazados a mis clientes dando una imagen de ellos poco real, pues los describen como hombres despiadados y sinceramente está muy lejos de la realidad. Suelen ser hombres tímidos o con algún problema de eyaculación que demandan mis servicios, pues de esta forma no se sienten avergonzados ni de su sexo ni de su sexualidad ni de sus fantasías. Sienten que conmigo se pueden expresar con libertad, libertad que no tienen en su vida cotidiana con su mujer o con sus amigos y amigas. Vivimos todos presos de una hipocresía bestial.

A las señoras de alto copete sólo decirles que no somos una amenaza para sus vidas, y me gustaría hacerles una pregunta. ¿Cuántas veces han echo el amor con su pareja sin ganas? Por sus caras, creo que más de una. Esa es otra forma de prostituirse y de una ‘no igualdad sexual’.

Por último decir que no hay tantos clientes como para estar con más de dos hombres en un día, pues si las estadísticas fueran ciertas, mis ingresos serían enormes.

Gracias por dejarme contar mi historia.

Foto: Museo Virtual de la Sanidad/Gobierno de España

Fuente: http://gente5.telecinco.es/blogs/aquicuentastu/?p=42&preview=true

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La prostitución, ¿trabajo o esclavitud?


La prostitución es un tema complejo. En este concepto coinciden sexualidad y poder, incluso el poder puede desplazar a la sexualidad. Se podría definir como el intercambio de conductas o relaciones eróticas (principalmente genitales) por dinero, bienes o favores. Usualmente cuando hablamos de prostitución, pensamos automáticamente en la prostitución femenina, sin embargo, incluye también la compra-venta de relaciones genitales con hombres, con niños y con niñas.

A lo largo de la Historia, la prostitución ha estado presente en muchas culturas en épocas muy diversas. En muchos casos, ha tenido un sentido sagrado. En otros, ha sido denigrada y perseguida, impulsando leyes para su erradicación pero a la vez siendo mantenida por la demanda social de los clientes.

Teniendo en cuenta que a lo largo de la historia, en nuestra cultura (y en muchas otras) el poder económico, político y social ha estado mayoritariamente en manos de varones, no es extraño que en muchos casos hayan sido las mujeres, que disponían de menos recursos, las que hayan intercambiado contactos genitales por recursos económicos.

En la mayoría de los casos, las leyes sociales para su erradicación incluían la persecución y el castigo de la persona que se prostituía (una mujer usualmente), pero no de los clientes. La doble moral con que la sociedad ha juzgado de manera frecuente a los hombres y las mujeres, estigmatizaba a las féminas que se prostituían, pero no reservaba castigo o reproche alguno para el cliente de sus servicios. Incluso a veces, el haber hecho uso de los servicios de una o varias prostitutas, constituye motivo de orgullo o chanza para ciertos varones, especialmente delante de otros varones.

La prostitución como opción… de supervivencia

La ‘trata de blancas’ designa la esclavitud del siglo XXI. La prostitución con frecuencia se asocia a situaciones de explotación por parte de proxenetas, a la pobreza económica de la mujer que se prostituye, a una situación de adicción, a situaciones de abuso infantil o desestructuración familiar, a la falta de permiso de trabajo que impide acceder a otras formas de ganarse la vida, relaciones de dependencia con el chulo o proxeneta, maternidad sin apoyo económico del padre…

La prostitución para mejorar económicamente, por parte de personas pertenecientes a las clases sociales media-alta, es muy minoritaria, pese a que muchas personas mantienen todavía el mito de que la mayoría de las mujeres que se prostituyen “podrían elegir fácilmente otras posibilidades”, e incluso “disfrutan con ello”.

La prostitución masculina frecuentemente adopta la forma de intercambio de contactos genitales por parte de un hombre joven, hacia otro hombre. En cuanto a la prostitución infantil, desgraciadamente las cifras de la misma en todo el mundo son escalofriantes. Hay muchos países, económicamente deprimidos, como Filipinas, Tailandia, Corea del Sur,etcétera, donde las autoridades hacen la vista gorda ante los turistas de los países “ricos” que vienen a mantener contactos genitales a cambio de dinero con niñas y niños pequeños o adolescentes.

En 1949, la Convención de las Naciones Unidas difundió una tesis, según la cual la prostitución constituía una forma de esclavitud. Una mujer adulta o un hombre adulto es libre de cambiar contactos genitales por dinero u otros bienes si así lo desea. Nadie tiene el derecho moral de insultarlo o insultarla, ni denigrarlo o denigrarla por ello. Lo triste es que en muchos casos detrás de este intercambio se encuentra la pobreza, la indefensión, la drogadicción, la situación de explotación o de dependencia de la persona que se prostituye. En muchos casos, no se trata de una libre elección, sino de la elección entre la falta de recursos económicos y la prostitución.

El estigma social que acompaña a la mujer que vende contactos genitales, no es el mismo que acompaña al hombre que hace lo propio. Un hombre no se convierte en un puto con la misma facilidad con que una mujer se transforma en una puta. De hecho, la palabra puto es inusual y no suele aplicarse, ya que fue creada con la finalidad de denigrar a una mujer.

¿Legalización de la prostitución?

Convertir la prostitución en ‘un trabajo más’, ¿vendría a solucionar los problemas de las mujeres que se prostituyen? Es obvio que no debería penalizarse a la mujer que se prostituye, no se debería castigar a nadie por su propia explotación. Ahora bien, ¿debería considerarse ‘un trabajo más’? A veces, con tal consideración de la prostitución se piensa en dignificar a las mujeres que la ejercen, pero lo cierto es que no se dignifica a la mujer, sino que se dignifica a toda la industria del sexo (proxenetas incluidos).

En Holanda, país en el que la prostitución y el proxenetismo son legales, encontramos que las mujeres que se prostituyen en la mayoría de los casos no se sienten menos estigmatizadas por la legalización y despenalización de la industria del sexo, más bien al contrario, se hace a las mujeres más vulnerables frente al abuso ya que, al tener que registrarse, pierden el anonimato. Por este motivo, la mayoría de las mujeres que se prostituyen, a pesar de todo, prefieren proceder de manera ilegal y clandestina. Según indican APRAMP y la Fundación Mujeres, “los miembros del parlamento que en un principio apoyaron la legalización de los prostíbulos, basándose en el supuesto de que esto iba liberar a las mujeres, están viendo ahora cómo la legalización refuerza la opresión de las mujeres”.

Diversos estudios realizados en países que han legalizado la prostitución y el proxenetismo, considerándolos como un trabajo más, muestran que las mujeres no se ven beneficiadas, pero sí (y mucho) los proxenetas y dueños de clubs, que han prosperado mucho convertidos en honrados empresarios.

A veces, también se presupone que la legalización y despenalización de la prostitución va a regular y limitar la expansión de la industria del sexo y va a suponer un control de dicha industria. Sin embargo, miremos el ejemplo de Holanda, donde la industria del sexo representa ahora un 5% de la economía del país. APRAMP y la Fundación Mujeres señalan que “durante la ultima década, después de que el proxenetismo y los prostíbulos se despenalizasen en Holanda en el año 2000, la industria del sexo se ha expandido un 25%. A cualquier hora del día, mujeres de todas las edades y razas son expuestas, y puestas en venta para el consumo masculino en los conocidos escaparates de los prostíbulos y clubes de Holanda. La mayoría de las mujeres provienen de otros países y probablemente han sido traficadas”.

En definitiva, nos encontramos con un tema complejo. Sin embargo, aún aquellos que defienden que la prostitución debería ser considerada un trabajo, ¿estarían contentos o contentas de ver a sus hijas, a sus madres, o a sus novias, ejerciendo este trabajo como cualquier otro? Muy probablemente no. Tal vez porque en el fondo entendemos que la sexualidad, en un mundo perfecto, debería ser algo compartido por placer y con placer, con buen trato y respeto mutuo, y a ser posible también con algo (o mucho) de cariño y ternura… y elegido libremente, y no como una opción de supervivencia.

*María Victoria Ramírez es psicóloga y sexóloga.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/cache/2008/03/18/96_prostitucion_trabajo_esclavitud.html

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Menores y prostitución

En las últimas dos semanas han sido detenidas tres personas en Tenerife que están acusadas del presunto delito de inducción a la prostitución o contra la libertad sexual de menores. Un experto en Psicología Clínica aboga por luchar contra el problema desde varios frentes para lograr resultados efectivos.

P. FUMERO, S/C de Tenerife

En poco más de una semana, las fuerzas de seguridad han detenido en Tenerife a tres personas acusadas del presunto delito de inducir a la prostitución a menores de edad. Son tres casos diferentes, sin conexión entre sí, y cada uno de ellos tiene sus particularidades. El denominador común es la intención de utilizar a menores para que mantengan relaciones sexuales a cambio de dinero.

Miembros de la Guardia Civil arrestaron a un hombre la pasada semana en el municipio de Güímar, que, según la investigación, ofrecía a través de internet la posibilidad de «comprar» los servicios de adolescentes.

En Icod de los Vinos, profesionales del equipo de Policía Judicial del Instituto Armado del Puerto de la Cruz localizaron y arrestaron a un ciudadano, de 65 años, que durante un mes presuntamente rondó en algunos lugares a chicas de entre 13 y 15 años, hasta que finalmente se acercó a ellas y les ofreció 50 euros a cada una por mantener un «contacto carnal».

Pero el asunto más dramático se hizo público el pasado viernes. La Policía Local de La Laguna, la Fiscalía de Menores y la autoridad judicial desarrollaron una actuación que permitió destapar un presunto delito contra la libertad sexual, donde la víctima era un niño de 10 años de edad. Varios aspectos del caso resultan terribles, sobre todo el origen de esta historia. Dos agentes encuentran a un chico de 15 años cuando éste circulaba en bicicleta por la calle Herradores y, como se conocen, empiezan a charlar. El menor relata que su hermano de 10 años pasa todos los fines de semana con un adulto, de 45 años, con el que no le une ningún lazo familiar y, además, presuntamente le realiza tocamientos a cambio de regalos y dinero.

Al adolescente le preocupa el comportamiento del niño, pues está agresivo con él sin causa aparente. Pero no menos preocupante es que, tras la actuación de los policías, la Fiscalía y la juez, el chico que destapó el caso fuera agredido presuntamente por alguno de sus padres, que están imputados por violencia doméstica e incumplimiento de los deberes legales de la patria potestad. Los dos hermanos ingresaron por orden judicial en el Centro de Acogida Inmediata (CAI) de La Cuesta.

Después de esos titulares casi consecutivos, muchas personas tenderán a preguntarse si los abusos o agresiones sexuales a menores de edad son un fenómeno cada vez más frecuente. Sin embargo, la respuesta de algunos expertos resulta tajante al afirmar que «no». Simplemente, nuestra sociedad se ha vuelto más sensible ante el problema, se tipifican delitos al respecto y los medios de comunicación divulgan esta realidad.

Juan Ignacio Capafons es catedrático de Psicología Clínica en la Universidad de La Laguna. De sus palabras se deduce que el asunto central ni es nuevo ni ha cambiado sustancialmente a lo largo de los siglos. Pero hay «matices» sociales. Según Capafons, «en el siglo XXI ya no soportamos la impunidad; ni la sociedad, ni los profesionales de la psicología ni los dirigentes políticos estamos dispuestos a que se abuse de un menor, tanto en el ámbito sexual como en otros ámbitos».

Y pone un ejemplo claro: «En la Edad Media existía el derecho de pernada y los pobres tragaban porque no les quedaba más remedio».

Aunque no hace falta ir tan lejos. A finales del siglo XIX, como recuerda el catedrático, muchas abuelas tenían que proteger a sus nietas de sus propios padres. Y tales casos de incesto, o se mantenían tapados o no eran algo especialmente detestado por la sociedad de la época.

Esa impunidad ya no puede mantenerse, insiste Capafons, quien añade que «ahora, claramente, está mal visto». Desde ese punto de vista, sí se ha producido una evolución «en positivo», con unas cuotas de concienciación por las que «tenemos que felicitarnos y que hay que seguir potenciando».

Desde el punto de vista de los profesionales de la Psicología, Juan Ignacio apunta que «nos centramos en la víctima; quien más nos interesa y a quien más debemos proteger es al menor».

Recuerda que la respuesta sexual humana es muy potente, provoca altos niveles de placer y, si se encauza adecuadamente, se convierte en una parte muy importante de la vida.

En ese proceso de encauzamiento apropiado resulta clave la interrelación con el otro, desde la salud, el bienestar y el reconocimiento de la otra persona como un ser humano con el que se comparte un deseo.

Sin embargo, como denominador común, esa conducta tiende a deteriorarse cuando un individuo no valora al otro como ser humano, sino como un simple objeto de placer. «Ahí es donde los psicólogos tenemos un trabajo duro», señala Capafons, quien indica que el objetivo consiste en canalizar al «verdugo hacia una sexualidad correcta, tanto para el otro como para sí mismo».

Los casos van desde las personas que tienen un profundo problema de control de los impulsos hasta las psicopatías o los violadores que no están enfermos.

Para el experto en Psicología Clínica, no es lo mismo que un «psicótico, en un proceso alucinatorio, mate a alguien, que un asesino mate a otra persona».

En cuanto al problema concreto de la prostitución de menores, manifiesta que se trata de una realidad que debe afrontarse desde varios frentes, como el de los políticos, las fuerzas de seguridad, los trabajadores sociales o los psicólogos.

Fuente: http://www.eldia.es/2008-11-02/sucesos/sucesos7.htm

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Sexo con la amante ideal

Todo el mundo ha soñado alguna vez con un compañer@ que fuera un sabio conocedor del arte amatorio. Como ya os comentábamos en un artículo anterior acerca de los hombres que, sin ser príncipes azules, han logrado estar muy cerca de ser el amante ideal, son conocimientos que se pueden aprender y entrenar.
Pero no es algo que sólo anhelen las mujeres, también los caballeros tienen su derecho a buscar esperanzados a la dama que pueda considerarse digna de ser llamada, en el mejor de los sentidos, “la amante ideal”.
Para ello, dejamos atrás la imagen distorsionada de la fémina que quiere sexo a todas horas. Tampoco vamos a recurrir a esos mitos eróticos de las portadas de las revistas, pues hablamos de mujeres en movimiento, que van más allá de una fachada sensual de atributos pagados a base de bisturí. A continuación os recopilamos algunas de las características que los hombres valoran en sus compañeras de juegos amatorios:
– La amante ideal no es una mujer que espera pasiva a que sea su pareja siempre el que comience el contacto. Le gusta que se alternen los papeles, y llevar a veces la iniciativa, porque sabe que no es algo que esté adjudicado a uno de los sexos únicamente y de forma rígida. Se le queda caducado el cliché de señora que no se cuestiona si le apetece o no tener relaciones íntimas, porque cree que es algo que le corresponde decidir al hombre.
– Propone fantasías sexuales, dado que vive con libertad su sexualidad, sin miedos ni culpabilidad. Se ha desmarcado de tabúes, y entiende que expresar sus gustos y preferencias sexuales no sólo no rebaja, como le han hecho creer los sectores machistas de las generaciones anteriores, sino que la dignifica como persona con derechos sexuales legítimos.
– Le gusta sentirse admirada, sensual y femenina, sin pensar que su único valor es el atractivo físico. Cuida su imagen y su cuerpo, como parte de la estética y la salud, sin tener que sentirse una mujer objeto por ello. También, es seductora y disfruta empleando el lenguaje no verbal de su cuerpo como un elemento erótico más.
– No aguarda escondida en el coche a que sea su pareja el que entre en la farmacia a comprar los preservativos. Se responsabiliza de forma equitativa en el uso y adquisición de los métodos anticonceptivos. – No espera resignadamente a que él adivine sus zonas erógenas o lo que le gusta, opta por comunicarse y hablar abiertamente de sexo con su pareja. Hace caso omiso a la creencia de que expresar los gustos, en lugar de adivinarlos, es perder el romanticismo. – Comprende que el deseo sexual es algo que se trabaja, y que no es necesario tener ganas de 10 para compartir unos instantes de afectos y sexo con la pareja, basta con cierta disposición a la intimidad o a la sensualidad del momento.
– Es asertiva y sabe decir “no” cuando no le apetece tener relaciones sexuales, sin tener que mentir, poner excusas, o evitar acostarse al mismo tiempo que su pareja. No necesita fingir un orgasmo, porque sabe explicarle que requiere de más estimulación para conseguirlo, y de todas formas, no quiere hacer de ello el objetivo por excelencia durante los encuentros. – No se violenta cuando su compañero le expresa en voz baja en un sitio público que quiere hacer el amor con ella cuando lleguen a casa, o que está especialmente atractiva. Sabe traducir algunas expresiones de él en este sentido, sin incomodarse con falsas poses puritanas y retrógradas. – No se muestra distante, fría o apática si él tiene un problema de erección, sino que intenta desdramatizarlo con humor, mostrarse comprensiva y ayudarle a relajarse para que se convierta tan sólo en una dificultad a superar entre ambos.
– Ayuda a su compañero a través de la masturbación controlada a entrenarse para prolongar el tiempo del coito, sin que se produzca una eyaculación precoz indeseada. Los reproches y el mutismo no están en su repertorio, ya que es algo que pueden solventar entre los dos. – Separa la sexualidad que ofrecen las películas románticas de la vida real, y no se frustra cuando no se dan al 100% los orgasmos simultáneos de la gran pantalla.
– No asocia la práctica del sexo oral a algo negativo. Si no se encuentra cómoda sabe decir que “no” sin miedo al rechazo, pero está abierta a propuestas y sugerencias sobre cambios sexuales de posturas, juegos, etc, pues le gusta informarse y explorar. – Además de comprar en las tiendas de ropa, es capaz de visitar un sexshop y adquirir artículos curiosos con los que enriquecer su vida y juegos sexuales.
– Bajo ningún concepto menciona las palabras “mis padres” o “los niños” mientras está en la cama. Sabe concederse su espacio de intimidad y reservarse momentos de privacidad con la pareja, separándolos de sus otras áreas personales.
– Cuando está embarazada no se deja invadir por falsas ideas sobre el daño al feto que las relaciones sexuales pueden causar. Tiene una actitud crítica y acude asesorarse a fuentes médicas fiables. Disfruta del sexo durante la gestación, y explora de mutuo acuerdo con su compañero las posturas más recomendables para su estado.
– No se asusta si encuentra películas pornográficas de él, tal vez se decida a ver alguna juntos, aunque sea para criticarla o sacar temas a debatir, y así aproveche la ocasión para intercambiar con él algún relato erótico que ella andaba leyendo.
– Concibe el autoerotismo como una expresión normal de la sexualidad, que no es incompatible con desear plenamente al otro.
La sexualidad de hombres y mujeres es distinta, y como tal hay que aceptarla, conocerla y expresarla. Habría menos decepciones en las alcobas si entendiéramos que igual que la anatomía es diferente, cada género tiene preferencias y ritmos peculiares a la hora de vivir su sexualidad.
Nadie es perfecto, y estamos en continuo aprendizaje, pero si combináramos este perfil de amante perfecta con el de su análogo masculino, el resultado sería más que explosivo: amantes que se cuidan y ejercitan en el arte milenario del sexo y del amor.
Fuente:educasexo.com

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Prostitución masculina: una tendencia en aumento

La prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Y cada vez más hombres están dispuestos a ganar dinero rápido. Pros, contras y la situación en España y Latinoamérica.

La prostitución, el oficio más antiguo del mundo, consiste en vender servicios de índole sexual a otra(s) persona(s) con la intención de ganar dinero o cualquier otra retribución. De hecho, a los que ejercen la prostitución se les denomina prostituta o prostituto; pero también existen términos como dama u hombre de compañía que conllevan una carga menos peyorativa. En España, se les suele decir de manera coloquial puta o chapero; del otro lado, en Latinoamérica la palabra puto, además de ser muy despectiva, no tiene significación de prostituto sino más bien de homosexual.
De hecho, si bien hay dos maneras diferentes de llamar a las personas que ejercen este oficio, para muchos, la palabra prostitución solo tiene género femenino puesto que al referirse a ella solo se toman en cuenta casos de mujeres vendiendo su cuerpo a cambio de dinero y, si bien en la mayoría de los casos se encuentran féminas ejerciendo el oficio, existe también un cierto sector de hombres que se dedican al mismo. Este sector por ser de menor número está prácticamente olvidado de las propuestas sociales de ayuda o de campañas que puedan orientar, motivar o proteger a estos hombres.
En España, según la Fundación Triángulo de Madrid, la mayoría de los hombres que ejercen el oficio son inmigrantes en donde la ilegalidad es un tema con el que hay que lidiar a diario, por lo que es usual ver a jóvenes con edades entre los 19 y 25 años ejerciéndola durante algún tiempo hasta que encuentran un trabajo y así, pueden regularizar su situación.
Un estudio enfocado en este tema, ha demostrado que el perfil del hombre que ejerce la prostitución en este país, es de unos 25 años y en su mayoría son latinos. Así, casi un 97 por ciento por ciento de ellos afirma que sí se cuida para tener relaciones con sus clientes lo que se contradice con el alto número de infecciones que se han registrado entre ellos.
De hecho, un tema bastante fuerte con respecto a esta actividad es el contagio del sida; este llega a un 13,1 por ciento dentro de la población masculina que ejerce esta actividad. Si bien es cierto las mujeres solo llegan a un 0,8 por ciento se piensa que esto es debido a un cuidado mayor en ellas por temas como la procreación. Esta investigación dio como resultados a un 13,1 por ciento de hombres que presentaron el virus del VIH en la primera prueba y luego un 6 por ciento que presentó el virus en una segunda.
Así, cuando se les ha entrevistado, ellos son conscientes de los riesgos a los que están expuestos a través de dicha actividad, pero en el momento de hacer «algo» (es decir, usar preservativos), no lo hacen. En realidad, esto puede demostrar dos cosas: que les da asco la pareja por lo que deciden utilizar preservativo o que todo lo contrario, no lo usan porque son parejas constantes; también existen algunos clientes que se lo piden expresamente o también deciden hacerlo cuando el cliente es homosexual, puesto que si es mujer, no usan nada para protegerse.
Esto es lo contradictorio de estos trabajadores puesto que afirman que el preservativo lo usan solo de manera «simbólica», porque su uso establece una barrera con el cliente. Por lo que cuando tienen relaciones privadas, deciden no usarlo. Así, según los investigadores, el condón «es como una barrera que les permite a los trabajadores hacer una gran distinción entre las relaciones sexuales comerciales y las privadas».
El trabajador masculino tiene un riesgo 25 veces mayor al de una mujer que ejerza la misma actividad de contraer sida. En líneas generales, esto se debe a que siempre se le ha visto a la prostitución como un tema de mujeres y no de hombres, por lo que la falta de información hace que el trabajador masculino descuide elementos importantes para ejercer el oficio. Así, es la prostitución masculina un tema prácticamente invisible a nuestra sociedad por lo que se afianza como algo muy vulnerable al mismo tiempo.
De otro lado, Iván Zaro, integrante de esta fundación viene desde hace un tiempo demandando la creación de casas para acoger tanto a hombres como a mujeres que ejercen la prostitución, dice Zaro además que lo que se requiere son medidas que sean efectivas y no campañas en donde por ejemplo, se penalice a los clientes. Además, esta entidad trabaja por una igualdad y también por los derechos de gays y lesbianas, por lo que el año pasado llevo a cabo unas 8 mil intervenciones.
Con info de Urgente24 / Fotografía: Spiralman – Bryan Sanchez / La imagen ilustrativa no denota necesariamente la sexualidad o condición laboral de la persona que allí aparece.
© AG Magazine / ActitudGay.com

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Las árabes reivindican el sexo

SEGUNDO FORO DE MUJERES ÁRABES

Polémica discusión sobre masturbación y otros tabúes en el Foro de Mujeres Árabes

JAVIER ESPINOSA
BEIRUT.- «¿Pero es vamos a ser como los animales? ¡Si pensamos que el sexo es una actividad que se puede practicar en público, pues comencemos ahora mismo, en esta misma sala!¡Todos a practicar el sexo, vamos!». La intervención airada de la invitada de Emiratos Arabes Unidos (EAU) al Segundo Foro de Mujeres Árabes provocó una estruendosa carcajada entre todas las presentes y la adhesión fervorosa de un sujeto, que llegó a levantarse de su asiento aplaudiendo a la susodicha y declarándose presto a responder a cualquier requerimiento en tal sentido.

Una libanesa que se identificó como Carole Arayed irrumpió en el debate quejándose de la comparación establecida por la señora. «¡No somos animales, pero las mujeres tenemos derecho a nuestra sexualidad! ¿O es que vamos a terminar como pasó en ese país árabe donde apedrearon a una pareja de camellos porque el camello estaba practicando el sexo con la camella?», soltó a través del micrófono.

Intercambios tan singulares como el presente se prodigaron este viernes durante la clausura del Segundo Foro de Mujeres Árabes que se celebró en Beirut, que dedicó la jornada a debatir sobre sexo y belleza femenina en una región donde esta temática todavía sigue siendo un tabú.

La convocatoria reunió a más de medio millar de empresarias, artistas, políticas, feministas y activistas de los derechos humanos de mundo árabe.

La polémica cineasta

Ateniéndose a su polémica aureola, la directora de cine egipcia Inas al Degheidy suscitó más de un murmullo cuando arremetió contra las «tradiciones» y alabó «lo sublime que es la relación sexual». «No es cierto que los árabes no tengamos relaciones sexuales, ¡las tenemos y a veces muy perversas pero siempre a escondidas!», dijo promoviendo una ovación.

‘El sexo es algo natural, no podemos considerarlo vil’, dice la controvertida directora Inas al Degheidy

A sus 54 años y todavía con un porte ciertamente seductor, Degheidy no sólo es la cineasta más famosa de Egipto sino un personaje repetitivo a la hora de contabilizar escándalos por su audacia a la hora de filmar películas y sus exabruptos de tono erótico.

Ella misma reconoce que «la adora un 10 por ciento» del público egipcio pero que otro «90 por ciento» simplemente la «quiere matar». No es una afirmación banal. La policía egipcia desmanteló en el 2001 un comando islamista que tenía entre sus objetivos asesinar a la realizadora.

El último alboroto mediático lo generó el pasado verano cuando defendió en sendos programas de TV la legalización de la prostitución —»existe en todo el mundo y en Egipto también. Tenemos que aceptar la realidad», dijo—, la homosexualidad y puntualizó que, si no recurría a desnudos completos en sus películas, era sólo porque se lo impedía la censura.

«Yo también crecí en una familia donde el sexo era tratado con repugnancia hasta que descubrí lo que era el placer. El sexo es algo natural, no podemos considerarlo vil», manifestó Deghidy durante su intervención en el Foro.

En defensa de la masturbación femenina

La postura aperturista de la egipcia recibió el apoyo de la libanesa Rania Barghout, presentadora del conocido programa ‘Kalam Nawaem’ (Conversaciones dulces), de la cadena saudí MBC, especializado en «temas prohibidos», que exigió «la completa libertad corporal e intelectual» de las mujeres. «Por ejemplo, aquí siempre se ha presentado la masturbación femenina como un crimen y en nuestro programa trajimos a un famoso ‘sheik’ (experto religioso) que declaró que las mujeres tienen todo el derecho a masturbarse», puntualizó.

Sin embargo esta postura chocó contra la que mantenían un sector del respetable —en su mayoría llegadas del Golfo y Arabia Saudí— que defendían la necesidad de adecuar la sexualidad femenina con las costumbres locales. «La reivindicación sexual varía de una sociedad a otra y la libertad de expresión tiene como límite no herir a nadie», manifestó la poetisa saudí Thuraya Al-Arrayed

‘No estamos reclamando una revolución sexual ni el libertinaje sino ser conscientes de que vivimos una contradicción’, dijo una psicoanalista

La discrepancia era incluso obvia en las vestimentas que se apreciaban en la sala donde se entremezclaban los velos y las ‘abayas’ con las minifaldas, transparencias, escotes y el derroche de silicona. Ello no impidió que las disquisiciones se extendieran también a la inexistencia de educación sexual en las escuelas árabes, el culto a la belleza y en especial a la práctica extendida de la cirugía plástica o el incremento de la venta de ropa interior a cada cual más sugerente que marcha de forma paralela a la proliferación del velo.

Otra de las participantes, la psicoanalista Marie Therese Khair Badawi, intentó situarse en un término medio al incidir en la necesidad del «diálogo para entender que el cuerpo de la mujer sigue siendo un tabú en el mundo árabe». «Aquí se defiende la virginidad pero al mismo tiempo tenemos clínicas especializadas en reconstituir el himen. No estamos reclamando una revolución sexual ni el libertinaje sino ser conscientes de que vivimos una contradicción», precisó.

Contra el matrimonio forzado

El auditorio sí coincidió en descalificar una práctica común en Oriente Próximo: el matrimonio forzado de las jóvenes. «Es una violación», lo calificó la argelina Sihem Habchi, presidenta de la Asociación francesa ‘Ni Putas ni Sumisas’ Habchi. «Es pura violencia de la familia», le secundó la saudí al-Arrayed.

Los escasos participantes masculinos tuvieron que refugiarse en la ironía frente a un público crítico con su sexo

En este sentido, Kaltham al Koheji, directora regional de comunicación del banco HSBC, aludió a su caso particular como ejemplo de cómo enfrentarse a este flagelo. La familia de Koheji, natural de EAU, la obligó a desposarse con 13 años con un sujeto de 30 que ni conocía. «Un día llegué a mi casa y estaban bailando. Pregunté: ¿y por qué es la fiesta?. Y me dijeron: es tu fiesta de compromiso. Rompí a llorar y dije que quería continuar mis estudios», recordó.

Koheji aceptó sólo bajo la promesa de que podría continuar estudiando y cuando el futuro marido se retractó de tal pacto le llevó a juicio con el apoyo entonces de sus allegados. «Estamos hablando de hace 25 años, pero conseguí que un tribunal anulara el compromiso. Me casé a los 28 con el hombre que yo elegí y ahora soy madre de dos hijos», añadió.

Los escasos participantes masculinos tuvieron que refugiarse en la ironía para afrontar a un público especialmente crítico con el desempeño de su sexo. El profesor de arte libanés Michel Jabre llegó a proponer que en la lucha femenina a favor de la igualdad estas «impongan un boicot sexual» a los hombres, lo que generó de nuevo las carcajadas y gestos explícitos de varias chicas que menearon la cabeza rechazando de plano tal hipótesis.

El carácter quizás inédito de estos debates no eclipsa la marginalización de las féminas en la región, que se encargó de recordar este jueves la propia responsable de dicha cuestión en la Liga Árabe, Hana Sorour. La egipcia aclaró que un 65% de las árabes son analfabetas y sólo un 30% tiene acceso al mercado laboral.

Un contraste abismal con la concentración de riqueza que se está generando en los países del Golfo, donde las mujeres controlaban 364.000 millones de dólares el año pasado, según cifras reveladas en la cita de Beirut.

«Todas estas discusiones están centradas en una clase media que está desapareciendo. La mujer cuya única preocupación es conseguir pan para que coman sus hijos no tiene tiempo para exigir la liberación sexual», sentenció Farida Farisi, una profesora saudí.

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El clítoris no es un pene pequeño

Por: Josesp Tomás

A mí el monoteísmo siempre me ha parecido un aburrimiento. A la hora de amenizar la fe, agradezco los intentos católicos de generar un santoral extenso y superpoblado, con santos y vírgenes de todo y para todo, como intentó explicar atropelladamente Almodóvar a los americanos, cuando le dieron un Óscar.

Sin embargo, el panteón de los antiguos griegos resulta bastante más entretenido. Y no lo digo sólo por las debilidades y vicios humanos que presentan dichos dioses y figuras mitológicas (adentrarse en la mitología griega es como ver un culebrón venezolano), sino porque en ellos encontramos el origen de muchas palabras, tradiciones y costumbres que han llegado hasta nuestros días, aunque sea travestidas o ligeramente adulteradas. Todo este rollo viene a cuento de la princesa Clítoris.

Para algunos estudiosos de la mitología helénica, Clítoris fue una princesa del reino de los mirmidones que era tan pequeña, tan pequeña, que Zeus tuvo que transformarse en hormiga para poseerla (una de las mayores aficiones del papichulo del Olimpo griego). Para otros expertos, esta teoría es una simple tomadura de pelo y refleja las ganas de quedarse con el personal por parte de algunos cantamañanas, posiblemente seguidores de la serie de dibujos animados ‘Ulises 31’ (la primera toma de contacto con el politeísmo que tuvimos muchos niños).

Sea como sea, llama la atención que los mirmidones fueran hormigas que Zeus metamorfoseó en hombres para repoblar Tesalia y que, al igual que su princesa, eran de complexión menuda pero muy fuertes. Vamos, como un clítoris. Chiquito, pero matón.

En el clítoris convergen más de 8000 terminaciones nerviosas. Más que en cualquier otro órgano o parte del cuerpo humano. Teniendo en cuenta que todo ese entramado nervioso (dos veces mayor que el del pene) no participa en ninguna función orgánica más que la que tiene, proporcionar un inmenso placer y grandes sonrisas, no es de extrañar que muchas organizaciones místico-religiosas a lo largo de la Historia hayan intentado ignorarlo o, en el peor de los casos, extirparlo. Se calcula que entre 100 y 140 millones de niñas y mujeres en todo el mundo han sufrido una mutilación genital. La más habitual es la clitoridectomía, es decir, la extirpación total o parcial del clítoris. Como consecuencia de esta barbaridad, muchas niñas mueren a causa de infecciones y hemorragias. Las que no, quedan incapacitadas físicamente para experimentar sensaciones placenteras derivadas de la actividad sexual para el resto de su vida.

La mayoría de estas mutilaciones se producen en países del área subsahariana de África, de religión musulmana o animista, aunque hay que decir que ninguna práctica religiosa tiene el ‘copy right’ de semejante burrada. Algunas sectas fundamentalistas cristianas en Estados Unidos también la practican. Eso sí, en un quirófano.

¿Qué tiene el clítoris que pone tan nerviosos a algunos? Sobre todo su inmenso poder a la hora de proporcionar placer. No hay que olvidar que la mayoría de las mujeres llegan al orgasmo mediante su estimulación. Esto ha llevado a muchos a identificar a la también llamada campanilla o placer de Venus con el pene. Dicha comparación es incorrecta, aunque algunos sólo la utilicen como chascarrillo recurrente a la hora de cabrear a una feminista militante. Aunque el clítoris también aumenta de tamaño durante el acto sexual y se corresponde con el pene en su desarrollo embrionario, en su interior no se encuentra la uretra. Simplemente es un manojo de nervios más espectacular que Belén Esteban en un plató de televisión. Y en cuanto al tamaño, uno de los temas estrella cuando hablamos de los genitales, más de uno se llevaría una sorpresa si supiera que algunos clítoris son más grandes que un pene. Sólo una décima parte del clítoris está a la vista, recubierto parcialmente por los labios menores. En total, se calcula que mide unos 10 centímetros de promedio. No suele ser habitual, pero se dan casos de mujeres cuya porción visible de clítoris llega a medir más de seis centímetros. O sea, más que lo que les cuelga a algunos entre las piernas. En muchos de estos casos se trata de una simple cuestión natural, aunque el uso de esteroides, como los que utilizan las atletas para aumentar la masa y la fuerza muscular, puede ocasionar este exagerado desarrollo como efecto secundario.

Para los interesados en este fascinante mundo de la sexualidad femenina, para algunos emparentado con la ciencia ficción, recomiendo echar un vistazo a esta web. No es un prodigio de diseño, pero no desprende el tufillo de anuncio de compresas tan habitual cuando se abordan estos temas.

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Ser adicto al sexo no tiene gracia

Los afectados sufren temblores, ansiedad y síndrome de abstinencia – Esta obsesión enfermiza les lleva a buscar sesiones de sexo para mitigar la angustia – El 85% son hombres.

JOSEBA ELOLA 12/10/2008

Vale ya de chistes fáciles. Ser adicto al sexo es ser un adicto. Es como ser yonqui. Miedo, temblores, mono. Sesiones de horas de sexo que no producen placer y que sólo mitigan por unos instantes la angustia, la ansiedad. El infierno por el que pasó Ricardo, que perdió sus dos trabajos y a su mujer, nos servirá para entender de qué hablamos. Vale ya de chistes fáciles. Ser un adicto al sexo no tiene ninguna gracia.
Luis llegó a gastarse 2.400 euros en una noche en el prostíbulo
Practicar sexo tres veces al día no quiere decir que uno sea adicto
«No hay diferencia entre el drogadicto y adicto al sexo», dice un experto
Ricardo perdió una casa y dos trabajos por su adicción. Su mujer le dejó
La adicción al sexo está en el centro del debate. Y no porque el actor David Duchovny haya pasado por una clínica. Hoy por hoy, no está reconocida como tal en el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (Disease Statistical Manual -DSM IV TR-), la biblia de los psiquiatras, el manual que permite efectuar un diagnóstico. Stricto sensu, no existe. Muchos de los que en Estados Unidos preconizan que se incluya en la próxima revisión de esta biblia, en 2012, otorgan una dimensión moral al debate, un cierto puritanismo. En España, un buen número de los que apoyan su incorporación al DSM abogan porque se reconozca una realidad innegable. El debate está abierto y lleno de matices. Pero hay algo en lo que todos, psiquiatras, terapeutas, sexólogos y pacientes, coinciden: estar enganchado al sexo no tiene ninguna gracia.
Las luces de los clubes de carretera, cada dos por tres, saliendo a su paso. Para Luis, circular de noche con su coche era exponerse a volver a caer. Luis es un nombre ficticio. Sólo su familia sabe que es adicto al sexo. El estigma social en torno a esta enfermedad es una losa.
Le cuesta contar su historia. Sentado en una consulta del Centro para el Tratamiento y la Rehabilitación de Adicciones Sociales (Cetras) de Valladolid, recuerda sus días de calvario. Las luces de colores de los clubes eran como la musiquilla que llama al ludópata para que eche otra moneda a la máquina. «Todo está perfectamente pensado para atraerte», dice, y tuerce el gesto: «La tentación es más grande que la voluntad».
Luis tiene 44 años y trabaja como comercial. O sea, viaja constantemente. Su trabajo le ofreció durante años una cierta cobertura, un catálogo de coartadas para su mujer. Hasta que llegaron los problemas de dinero. Entonces ya no hubo modo de tapar la evidencia con más mentiras.
Empezó a frecuentar prostíbulos con los libros de la Facultad bajo el brazo. Siempre iba solo. El trabajo trajo dinero, y el dinero, más visitas a los clubes. Noches cada vez más largas. Despertares junto a dos chicas. Prostitutas que le vendían coca para aguantar toda la noche. La factura de esas escapadas fue creciendo. Llegó a gastarse 2.400 euros en una noche.
Comenzó a llegar tarde a sus citas laborales. A utilizar su dinero y el de la empresa. A vigilar el buzón para interceptar las cartas del banco. Llegó un momento en que abría las páginas de contactos de los periódicos y sólo con ver el teléfono sabía en qué club se encontraba la chica del anuncio. «Los últimos tres meses fueron de locura, iba de putas todas las noches». Hasta que se encontró en un callejón sin salida, hace cuatro años. «El dinero me faltaba, la empresa me lo podía reclamar. Piensas en desaparecer, en estamparte contra un camión. Pero tuve un momento de lucidez y llamé a mis hermanos», dice subiendo la voz.
Necesitaba 8.000 euros. Le dijeron que no. Que pidiera un préstamo y que hiciera frente al problema ingresando en el Cetras. «Ahora agradezco que no me dejaran ese dinero, enfrentarme a mi problema fue lo mejor que podía hacer».
Cuatro años de terapia han pasado. Luis sigue acudiendo todos los miércoles por la tarde a este centro situado junto al campus universitario de Valladolid. Su mujer le dio una oportunidad y la ha aprovechado. Ha superado «el distanciamiento» que le separaba de ella. Ha aprendido a disfrutar de «los pequeños placeres de la vida». Juega de nuevo con su hijo. «Hay que pedir ayuda antes de llegar al límite», dice. Eso sí, nunca más podrá llevar una visa en el bolsillo.
«Es una patología de la libertad», dice Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco. Cuando hay adicción, la persona lo pasa mal, no encuentra satisfacción, es incapaz de frenar y su obsesión interfiere en su vida. Afecta a su trabajo, a su capacidad de concentración, a su economía.
Hay parejas que practican sexo dos o tres veces al día y eso no significa que sean adictos al sexo. «Eso es la pasión de una relación que comienza, por ejemplo», declara la sexóloga Miren Larrazábal, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología. Hay personas que se masturban dos veces al día, dice, y eso no tiene por qué ser patológico. «Si eso no les causa problemas con su pareja, si no interfiere en su vida, si saben controlarlo, no hay problema. La persona que sufre adicción sólo obtiene placer en el momento, al final del clímax sexual ya se siente mal, vuelve la ansiedad, que va a más y que necesita volver a aplacar con más sexo».
De hecho, más de uno se agarra a la cantinela de la adicción al sexo para justificar su comportamiento en pareja. La sexóloga Charo Castaño, que atiende a mujeres en el Instituto Palacios, cuenta que en ocasiones ellas vienen acompañadas del marido, que dice que la mujer no le da lo que él quiere y que por eso lo busca fuera de casa, que no lo puede evitar. Francisco Cabello, presidente de la Liga Internacional para la Promoción de la Salud Sexual, asegura que es una coartada frecuente. «Si un hombre es infiel, no es que tenga una enfermedad, es que ha roto con sus valores. También hay gente que utiliza con frecuencia la prostitución y no tiene una adicción al sexo». Cabello también recibe a parejas en las que el hombre plantea que su mujer tiene adicción porque lo quiere hacer todos los días: «Son casos de falta de deseo masculino, hacerlo todos los días no es malo, ¿acaso decimos que alguien es adicto cuando ve dos partidos de fútbol al día?».
Fernando Pérez del Río, autor del libro Nuevas adicciones, ¿adicciones nuevas?, defiende que hace falta un diagnóstico común para todas las adicciones. «No hay gran diferencia entre el adicto al sexo y el drogadicto. No podemos estar inventando una nueva adicción cada tres años, se crea alarma social». En el Cetras de Valladolid, de hecho, uno de los centros pioneros en adicciones sociales en España, los adictos a las compras, a Internet y al sexo hacen terapia juntos.
Miércoles pasado, 18.30. Nueve pacientes están sentados en corro. Adelina Bernardo, la terapeuta, dirige la sesión. Hay una nueva incorporación al grupo, una mujer de mediana edad que se ha vuelto adicta al messenger, así que toca que cada uno de los pacientes se presente. Luis, el único adicto al sexo que acude a la terapia esta tarde, da el paso adelante y cuenta su caso. Poco después interviene Juan. «Yo entré aquí en el año 2000. Dejé el alcohol y lo cambié por una adicción a las compras. Me mentía a mí mismo y mentía a todos los demás». Olga, de 26 años, sentada a su lado, asiente. Ella padece bulimia y dependencia emocional, una adicción en la que una persona se convierte en el objeto adictivo de la otra. Todos tienen la sensación de tener mucho en común.
«Cuando escucho a alguien contar su adicción a la coca o al alcohol, siento que ésa es mi historia», dice Ricardo, otro de los nueve pacientes adictos al sexo que acuden a este centro, «el sudor, los temblores, la angustia, el miedo, el deseo desenfrenado de conseguir lo que necesitas». Ricardo -nombre ficticio-, de 49 años, perdió una casa y dos puestos de trabajo por su espiral adictiva. Su mujer le dejó. Cuando entraba en un restaurante, fijaba la mirada en una mujer, le daba igual que estuviera acompañada. La miraba y hacía un gesto. Si ella se levantaba al baño, aprovechaba el momento y se acercaba a proponerle un encuentro furtivo. «No me importaba que me diera una bofetada, si lo lograba, conseguía mi objetivo. No tenía reglas, ni moral, ni respeto por nada», dice, sujetando su cabeza entre las manos. Tuvo una recaída el pasado mes de enero. Dejó de comer, perdió 22 kilos, se le empezó a caer el pelo. Su mujer, de la que se separó un tiempo, ha vuelto junto a él para apoyarle.
Los adictos al sexo consultados dicen que siempre les faltó personalidad. Que no sabían decir que no. Que existía una enorme falta de autoestima y de confianza en sí mismos. Como Pedro, que trabaja solo en casa y cuya vida cambió con la llegada de Internet. Casado y con tres hijos, lleva cinco años en terapia. «Podía visitar páginas porno durante 12 o 14 horas al día. Acabé con molestias en el codo, de tanto usar el ratón», cuenta, apesadumbrado. Aún no ha salido del túnel, sigue trabajando en casa, e Internet está ahí. «Es como tener un mechero en una mano y un cigarro en otra para un adicto al tabaco».
Hay clínicas que ofrecen soluciones milagrosas al problema en 45 días. De hecho, los famosos suelen ingresar en centros de los que salen al poco tiempo. «En 45 días da tiempo a que la persona se centre y se dé cuenta de que tiene un problema», dice Adelina Bernardo. Hacen falta entre seis meses y un año para que la persona se estabilice. Y como ella suele explicar, ser adicto al sexo es como tener diabetes. Hay que mantenerse vigilante toda la vida, como el alcohólico que no debe volver a probar un sorbo. Eso sí, con la terapia se puede volver a la vida, salir del infierno.

La combinación con la cocaína
«Veo muchos adictos combinados sexo-coca», dice el director del Instituto Andaluz de Sexología, Francisco Cabello. Personas que en sus noches de desenfreno tienen que recurrir además a la viagra para no perder la erección que el consumo de cocaína produce.
La psicóloga Adelina Bernardo explica que, en muchos casos, detrás de la adicción al sexo hay episodios de abusos sexuales en la infancia. O padres que han hecho que los hijos desarrollen un sentimiento de culpabilidad frente al sexo.
El Instituto Dexeus de Barcelona realizó un estudio clínico entre sus pacientes hace dos años. De los 65 adictos al sexo que estudiaron, el 85% eran hombres. El 32% presentaban adicción a tóxicos; un 18% habían sido compradores compulsivos, y un 5%, eran jugadores patológicos. El 21% sufría un cuadro depresivo.
El psiquiatra Josep Maria Farré, que lleva años estudiando este fenómeno, explica que hoy por hoy la adicción al sexo no está reconocida como tal por la comunidad científica. Y que lo que se está planteando es su inclusión en el grupo de los trastornos del control de impulsos, un capítulo en el que hoy se hallan la ludopatía, la piromanía, la cleptomanía o la tricotilomanía (arrancarse el cabello). «Debemos aceptar que es un fenómeno que existe y estudiarlo».
Enrique Echeburúa también se muestra partidario de que se reconozca su existencia. Eso sí, ambos se desmarcan de la cuestión moral que acompaña al debate en Estados Unidos. «La sexualidad está siendo patologizada», explica por teléfono desde la Universidad de Indiana el investigador Brian Hodge.
Farrés dice que, entre los adictos al sexo, los más impulsivos pueden llegar a ser acosadores sexuales. El doctor Blas Bombín, fundador del Cetras, asegura que la adicción al sexo es la única adicción que no es atenuante y que puede llegar a ser agravante en un juicio. «El clima de alarma social es de rechazo a estos adictos, se les estigmatiza como si no tuvieran remedio. Pero son personas rehabilitables».
Añade que el perfil del violador es distinto: en el caso del violador hay un trastorno de la personalidad. «El reconocimiento de la adicción al sexo es políticamente incorrecto en la medida en que puede acabar convirtiéndose en atenuante en determinados delitos», sentencia.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Ser/adicto/sexo/tiene/gracia/elpepisoc/20081012elpepisoc_1/Tes

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España aún teme a la Píldora…30 años depués!!!!

El atraso que vivió España en contracepción aún tiene secuelas, y una de ellas es el escaso uso de la píldora y los mitos que perviven sobre ella.

En la década de los setenta, aún se leían en los periódicos españoles cosas como éstas:

«El uso continuado de la píldora puede ser mortal»,

«su empleo puede provocar cáncer, formaciones anormales de la sangre, artritis y otras anomalías biológicas y genéticas»; el doctor Serrano se despachaba así: «Como hombre, soy contrario a la píldora»; «la píldora, peor que la talidomida», decía otro titular; y desde Caracas llegaba un alarmante informe: «Mil mujeres calvas por tomar la píldora». Ni una más ni una menos.

Es el método más usado en Francia (49%). En España lo utiliza el 28%

Muchos de los que usan el condón no se lo ponen en algunas relaciones

Franco prometía un piso a quien tuviera muchos hijos; no hubo tantos pisos

El anovulatorio lo inventó un católico, y la Iglesi lo condenó en 1969

El nacionalcatolicismo inoculado en las mentes españolas durante 40 años se deja sentir todavía en algunos ámbitos. Sin esos penosos antecedentes no se podría explicar, por ejemplo, que el consumo de píldoras anticonceptivas sea muy inferior entre las españolas que en otros países europeos.

Los ginecólogos lamentan que muchos de aquellos mitos -no los más irrisorios, desde luego- perduren aún, cuando los conocimientos científicos «demuestran, además, las muchas ventajas que puede tener la anticoncepción hormonal para la salud de la mujer», dice el presidente de la Federación Española de Contracepción (FEC), Ezequiel Pérez Campos.

Hoy se celebra el primer día mundial de la anticoncepción y los colectivos que se dedican a esto han puesto de manifiesto lo mucho que hay que hacer todavía en España para un buen uso de los métodos anticonceptivos, porque detrás de ello están los embarazos no deseados, que son casi la mitad de los 28 millones de embarazos que se cuentan al año en el mundo.

El 36% acaban en aborto.

Y en España las interrupciones del embarazo no han dejado de crecer.

En 2005 se registraron 91.664, la mayoría de ellos entre los 20 y los 29 años.

Entre las menores de edad, casi la mitad de los embarazos acaban en aborto.

Y cerca de 1.500 jóvenes de entre 15 y 19 años se sometieron por segunda o más veces a esa intervención.

La píldora anticonceptiva no se despenalizó en España hasta 1978, cuando en Europa ya llevaba años. A ese retraso hubo que sumar, en la década de los ochenta la aparición del sida, que supuso un frenazo a la anticoncepción hormonal.

Fue entonces cuando el Gobierno puso en marcha aquella campaña tan polémica entre los conservadores del «Póntelo, pónselo». El preservativo se imponía como la barrera más eficaz para las enfermedades de transmisión sexual, justo cuando las mujeres empezaban a vivir una sexualidad más libre gracias a las pastillas de la calvicie.

Todo ello ha desembocado en unas cifras de uso de la píldora que separan a España del resto de los países del entorno europeo. Mientras que la media europea de uso de píldora está en un 28% respecto al total de los métodos usados, España está 10 puntos abajo.

Y muy alejados de países de referencia para los expertos, como Francia, donde la píldora es el método más usado, un 49%, o Alemania (38%) o Reino Unido (31%).

«En España triunfa el preservativo, con un 39% de uso, pero a veces este método simplemente tranquiliza las conciencias. La gente responde que su método es el condón, pero en ocasiones, sobre todo entre los jóvenes, no se lo ponen, o se lo ponen tarde y no da los resultados que debería», advierte el jefe de Ginecología del Hospital Severo Ochoa de Leganés, Javier Martínez Salmeán. «El riesgo es mayor entre los 20 y los 25 años, porque son los que declaran, casi la mitad, un peor uso del preservativo, es decir, que no se lo ponen siempre o lo hacen tarde.

Las mujeres dicen que no toman nada, que lo haga él, pero él ejerce su poder y tampoco usa preservativo. Con eso, el cóctel ya es terrible, y la que se queda embarazada es ella, claro», afirma Martínez Salmeán.

Efectivamente, ambos se pueden contagiar cualquier enfermedad de transmisión sexual, pero si eso no ocurre, sólo ella corre el riesgo añadido: un embarazo no deseado.

«Creo que hay que responsabilizar a los hombres de su obligación de ponerse el preservativo», dice este ginecólogo.



«Si las mujeres tomaran la píldora, al menos el embarazo no lo tenían», coincide con él Ezequiel Pérez Campos, de la FEC. «Creo que estaría bien combinar ambas cosas, el preservativo, que es un buen método y la píldora u otro anticonceptivo hormonal. Pero estos tienen el sambenito de que no son naturales, cuando ahora sabemos que son buenos para las jóvenes y que incluso previenen la aparición de algunos tipos de cánceres, como el de endometrio, ovario y colon», añade Pérez Campos.



Pero la realidad es muy otra.

Pareciera que se ha dado la vuelta a la tortilla por completo desde que el empírico doctor Serrano decía en los periódicos que él, «como hombre», era contrario a la píldora. Si se les preguntara ahora a los jóvenes casi pedirían lo contrario: «Yo, como hombre, prefiero la píldora, no los preservativos».

Pero los mitos sobre la dichosa pastilla permanecen entre las mujeres, a pesar de los esfuerzos de los expertos por desterrarlos.

La ginecóloga Isabel Serrano Fuster, que junto a Martínez Salmeán y otros expertos del Equipo Daphne, acaban de constatarlo en su estudio Beneficios de la píldora (Elsevier Masson). Serrano aclara algunas creencias que, a su entender, no tienen base científica: «No disminuye el deseo sexual. En muchas de las mujeres que nos dicen eso, descubrimos, que hay algo más, apatía, estrés, no sólo la píldora, a la que echan la culpa. Tampoco es cierta la sequedad vaginal que algunas achacan a la píldora», sigue Serrano. «Y no disminuye la fertilidad ni las posibilidades de un embarazo tras un periodo de tomar la píldora», aclara.

«Y, desde luego, no incrementa el riesgo global de cáncer, ni mucho menos».

Isabel Serrano se esfuerza, sin embargo, en desvelar esos beneficios que relata en su libro.

«La píldora protege la fertilidad, protege del embarazo ectópico (cuando el bebé se desarrolla fuera de la matriz) y de la enfermedad inflamatoria pélvica; y lo estamos recetando para otras cosas que nada tienen que ver con la contracepción por sus ventajas, como, por ejemplo, para evitar el dolor en la menstruación», añade.

Y no es baladí este último asunto, porque Serrano habla de un 50% de mujeres que sufren dismenorrea; «en un 17% de los casos los fuertes dolores de la regla son causa de absentismo laboral».

Todo esto se ha ido sabiendo con el tiempo, aunque en España no hagan tanta mella las verdades científicas como las falsas leyendas. Serrano afirma, por su experiencia en la consulta, que hasta la población inmigrante, con menos información que las españolas, es más proclive al uso de la píldora u otros métodos hormonales.

El científico americano John Rock (1890-1984), un ferviente religioso y ginecólogo de Harvard, fue el inventor de la píldora anticonceptiva femenina.

Fue él mismo el que convenció a las católicas de que podían utilizar este método con la conciencia tranquila. En 1960 se aceptó este anovulatorio en Estados Unidos y la Iglesia lo condenó nueve años más tarde, pero entre las que ya lo usaban, católicas incluidas, la disuasión no fue sencilla.

Los trabajos con hormonas sintéticas habían arrancado a finales de los treinta y fueron dos mujeres, Margaret Sanger y Katharine McCormick, una feminista activa millonaria las que impulsaron las investigaciones.

El control de la natalidad apareció como una necesidad social tras la Guerra Mundial mientras que en España se premiaba todo lo contrario: el Régimen franquista prometía pisos a quienes tuvieran muchos hijos. Y hubo muchos niños y poca vivienda.

Con la llegada de la democracia las mujeres fueron soltando amarras en España, pero los ecos del doctor Manuel Serrano todavía resonaban: «Pienso que, por encima del disfrute, el matrimonio implica responsabilidad en la formación de una familia», decía en alguna de sus conferencias.

Con el habitual desprecio por lo foráneo, algún titular de periódico decía: «Otras dos inglesas mueren por tomar la píldora». Y ahí siguen los miedos.

Pero los temores son muchos, y los ginecólogos recordarán hoy, con motivo del primer día mundial de la contracepción que también existen los embarazos no deseados y el consiguiente aborto, las enfermedades de transmisión sexual.

Estas últimas están aumentando entre la población joven, que parece haberle perdido el miedo al sida y otras infecciones.

Siendo como es el preservativo el método más usado, parece que algo no se está haciendo bien.

La ineficaz marcha atrás se impone entre muchos jóvenes y no hay sistema más de riesgo que ese, afirman los expertos. Por eso este año, el lema del día mundial de la contracepción será contra los embarazos no deseados.

Para evitarlos, los expertos no se conforman sólo con trasladar una buena formación a la sociedad sobre los métodos anticonceptivos; quieren que en las escuelas se transmita una correcta formación sexual, que se facilite el acceso a los anticonceptivos, algo que no está al alcance siempre de los adolescentes y que la administración se vuelque en los colectivos más desprotegidos, jóvenes, mujeres mayores de 40 años e inmigrantes, explica Ezequiel Pérez Campos.

Con la llegada de la píldora las españolas disfrutaron del sexo desligado del embarazo.

Pero los abortos no dejan de crecer.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Espana/teme/pildora/elpepisoc/20080926elpepisoc_1/Tes

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